Matalaché
PERSONAJES:
José Manuel Sojo (Paola)
María Luz(Brenda)
Juan Francisco de los Ríos (Laura)
Casilda(Antuane)
Rita(D´anguela)
Baltasar Rejón de Meneses (Damaris)
Miguel Jerónimo Seminario y Jaimes(Brigitte)
El cura Sota(Alexa)
Nicanor de los Santos Seminario(Celeste)
La enfermera Ña Martina(Ashley)
El negro Congo(Stphanie)
Antuco(Lizbet)
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Narradora: La escena transcurre en la ciudad de Lima, en el siglo XVIII. La sociedad está dividida
entre criollos y mulatos, y las tensiones entre ambos grupos son cada vez [Link] Baltazar
Rejón de Meneses es un hombre poderoso y rico, dueño de una gran hacienda de ganado. Está
casado con una mujer celosa y posesiva, y tiene una esclava llamada [Link] Juan Francisco es un
amigo cercano de Don Baltazar, y lo visita en su hacienda para discutir asuntos de negocios.
Don Baltazar Rejón de Meneses: Don Juan Francisco, mi querido amigo, espero que haya estado
muy bien. Mire usted, le traigo noticias, que las cosas por la capital no están muy [Link] las
conspiraciones de criollo y mulatos. Imagínese si estos personajes gobernaran el país. Dios nos libre
de ello.
Don Juan Francisco: En eso, tiene usted toda la razón, amigo mío. Me preocupa que eso repercuta
en el negocio de las pieles, no solo como productor, también como consumidor deberíamos temer por
tal situación. Pero, dígame, ¿Cómo se encuentra Doña Jesusita?
Don Baltazar: Ella está muy bien. A propósito, mi vista tiene que ver en parte con un encargo de mi
esposa. Resulta, que la señora se siente algo celosa de una de las esclavas, llamada Rita. Entonces,
me ha pedido que le pida a su merced la venia para que si mulato reproductor pueda tener un
encuentro con la muchacha. Sabemos la gran fama que tiene este mulato, realmente envidiable.
Don Juan Francisco: Ya veo porque Doña Jesusita se encuentra algo insegura con usted y esa
esclava, Don Baltazar.
Don Baltazar: Bueno, Don Juan, me retiro. Le agradezco por todo.
Narradora: Don Juan Francisco se quedó pensativo, con la mirada fija en el suelo. La petición de
Don Baltazar le había tomado por sorpresa, y no estaba seguro de cómo [Link] pronto, se
escuchó un ruido en la puerta. El mayordomo entró apresuradamente, anunciando la llegada de una
visita inesperada.
Antuco: Mi amo, su hija, la niña María Luz acaba de llegar.
Don Juan Francisco: (asombrado) ¿Qué cosa?, Lo que faltaba. Y, ahora, ¿Qué hago? ...¡Hija mía!,
¡qué alegría verte!. Pero, dime, ¿Cuál es la causa de tu llegada así, tan intempestiva?
Narradora: Don Juan Francisco se sorprendió al ver a su hija, María Luz, de pie en la entrada de su
hacienda. No la había visto en años, y no podía creer que hubiera llegado de repente.
María Luz: Hola padre, mi tía le envía esta carta. (le entrega)
Narradora: María Luz, una joven de mirada triste y cansada, le entregó una carta a su padre. Don
Juan Francisco la tomó con cuidado, sintiendo una punzada de preocupación al ver el sello de cera
que la sellaba.
Don Juan Francisco: (se dispone a leer la carta. Luego, de un momento) Vaya, aquí me dice que
en el callao las cosas están muy feas. A ver. Donde te instalo. (Luego de pensarlo). Definitivamente,
te instalaras en la parte alta de La Tina. CASILDA!, ayudale a mi hija a subir sus cosas.
Narradora: Don Juan Francisco observó cómo María Luz y Casilda se retiraban, con una sensación
de alivio y de incertidumbre. No sabía qué hacer con su hija, ni cómo lidiar con la situación que se
había presentado, con una mirada firme y decidida, le dijo al mayordomo que no quería más
apareamientos en su casa.
Don Juan Francisco: Dile a la Casilda que no quiero mas apareamientos en la casa. No puedo
permitir ese tipo de actividades promovidas por el anterior amo de la hacienda.
Antuco: si ,mi amo
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Narradora: María Luz suspiró, con la mirada perdida en el horizonte. Recordaba con nostalgia los
momentos que había pasado en el Callao, junto a su [Link] viaje a la hacienda había sido largo y
agotador, lleno de peligros y de incertidumbre. Pero ahora, en la tranquilidad de su habitación, María
Luz podía permitirse soñar con el pasado.
María Luz: Me siento bastante aburrida con este encierro, pero no puedo decírselo a mi padre. Aun
así, debo confesar que me encanta el sol, es lo que relaja y distrae. Recuerdo los momentos que
pasé aquí con mi difunta madre. Después, el viaje a esta tierra, lleno de temores en el camino.
Narradora: Después, sale de su habitación y le pide a Casilda que salga con ella en mitad de camino
se encuentra con un joven mulato que pasa cerca de ella y la saluda.
José Manuel: Buenos días, señorita.
María Luz: Buenos días. . . Casilda, ¿Quién es ese muchacho?
Casilda: Él es el esclavo mulato que le hable el otro día, niña. (Con sonrisa pícara) ¿Recuerda? El
que se va“pal ajuntamiento con las negritas”
María Luz: ¿Cómo?
Casilda: Si, amita, y yo misma las preparo para que se vayan con ese gavilán, por orden de sus
amitos.
María Luz: (asqueada) Ya basta, Casilda. No quiero oír más nada del asunto. ¿ Está claro?
Casilda: Como usted mande, amita.
Narradora: María Luz se quedó perpleja, con la mirada fija en Casilda. No podía creer que Casilda
estuviera hablando de ese tipo de cosas, y menos aún que lo hiciera con tanta naturalidad, se sintió
incómoda, y no supo qué decir.
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Narradora: María Luz decidió aprovechar la oportunidad para explorar la hacienda. Su padre había
salido a la ciudad a resolver unos asuntos, y ella no tenía nada mejor que hacer.
Rita: Niña María Luz, José Manuel ya está abajo, esperando.
María Luz: Muy bien, Rita. Vamos a dar un paseo por la fábrica. Quiero conocerla completamente.
Aprovecho que mi padre ha salido a la ciudad a resolver unos asuntos.
Narradora: Rita aceptó con gusto la propuesta de María Luz. Le encantaba la fábrica, y siempre
estaba dispuesta a mostrársela a los nuevos visitantes.
José Manuel: Buen día, señorita María Luz. estoy presto a iniciar el recorrido por La Tina cuando
usted guste.
María Luz: Buenos días, José Manuel. No hay que perder tiempo, vamos.
Narradora: María Luz y José Manuel caminaron por la fábrica, observando con curiosidad las
máquinas y los trabajadores. María Luz hacía preguntas sobre el funcionamiento de la fábrica, y José
Manuel se las respondía con paciencia.
María Luz: ¿y ese molino?
José Manuel: para que usted pueda apreciar el molino en actividad, llamaré a otro esclavo
Narradora: José Manuel Tocó Silbato y al punto apareció un negro joven,estrábico y de
chimpancesco mentón. Su negrura y fealdad al lado de la arrogante figura de José
Manuel resaltan enormemente.
José Manuel: Engancha el macho, para que la señorita vea cómo funciona.
Narradora: María Luz se sintió incómoda, y no supo qué decir. No entendía por qué el Congo se
estaba comportando de esa manera, ni por qué estaba tan molesto.
Congo:“Cógela, cógela, José Manue. Mátala, mátala, mátala, che”
Casilda: ¡Ya deja de gritar así, negro malcriado!
María Luz: ¿Cómo te atreves a comportarte de esta manera? , ¿quieres acaso, que te mande a
azotar?
Congo: No, mi amita. Perdóneme, ute.
Narradora: El grupo cruzó la peletería, llena de rumias de pieles, separadas y clasificadas
comercialmente, y fue a parar en la almena, que era la pieza fundadora de La Tina.
Maria Luz: ¿Y esos torreones...? ( preguntó ella, con la voz estrangulada todavía por la
emoción)
Martina: Son los hornos de fundir, señorita, en los que se sueldan o rehacen las piezas que se
rompen. Uno de ellos está malogrado. Ya le he dicho al patrón que convendría ponerlo.
Maria Luz: ¿Y esos otros dos?
Martina:Los hornos, para el ladrillo.
Narradora: Pasaron de largo por la almona nueva y fueron a visitar la enfermería, en la cual solo
había una persona, que era la enfermera, una zamba madura y entrecana, de aire avisado y
marrullero, perceptible a cien leguas de distancia, y la cual, al ver a María Luz, salió a recibirla con
muchas genuflexiones, al mismo tiempo que enhebraba un ovillo de algodón pardo.
Maria Luz: Hasta hoy solo te había visto de lejos. ¿Cómo te llamas tú?
Martina: Martina, señorita, pa serví a su mercé.
Narradora: Y dirigiéndose a los demás, en tono adulador y seguramente con la intención de que la
ama la oyese
Martina: ¡Mi señó der Güerto!, que se me caigan los ojo orita mesmo si en mi vida e visto nada más
mejó. ¡Jesú, la mesma Virgen!"
Maria Luz: ¡Vaya, que todas ustedes habían sido igualmente adulatoras! ¿Qué, no has enido otra
cosa más apropiada para comparar?
…
María Luz: ¿y esta habitación?
José Manuel: (algo nervioso) Esta cerrado todo el año, señorita.
María Luz: bueno, José Manuel, te agradezco el hecho de que me hayas mostrado la fábrica.
José Manuel: No tiene por qué agradecerme, niña María Luz. Ha sido todo un placer para mí.
Narradora: María Luz, con una mirada de desconfianza, observó cómo José Manuel se retiraba,
dejando a Casilda sola con ella. No entendía por qué José Manuel se había ido tan rápido, ni por qué
Casilda se había quedado.
María Luz: ¿Qué uso tiene ese cuarto?
Casilda: Ese es el empreñadero, amita.
María Luz: (asqueada)… No digas más… Por eso en los lares se ven muchas porquerías.
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Narradora:María Luz, en la habitación de su hacienda, se encontraba sumida en sus pensamientos.
María Luz: Por más que lo intento no puedo dejar de pensar en él, Por más que lo intento. Y si él
estuviera enamorado de alguna mujer. Y si alguna mujer estuviera enamorada de él. Tengo que
averiguarlo. Llamaré a Rita. ¡RITA!
Narradora:Rita entró en la habitación de María Luz, con una sonrisa tímida.
María Luz: Rita, ¿estás interesada en el esclavo José Manuel?
Rita: (algo nerviosa) ¿yo amita? Para nada, niña.
María Luz: y, ¿Por qué te trajeron aquí para encontrarte con él?
Rita: Eso fue por decisión de mis amitos, niña. Yo estoy enamorada de otro.
María Luz: ¿Ah?, así? ¿ y quién es el afortunado?
Rita: estoy enamorada de mi chapetón pulpero. El me ha prometido matrimonio ( triste). Pero no creo
que mis amitos me den la libertad para casarme con él.
María Luz: (compasiva) No te preocupes, Rita, que de mi cuenta te casas con tu godo. Pediré a mi
padre que te compre a tus amos y luego le pediré tu libertad.
Rita: (emocionada) ¡Muchas gracias, mi niña María Luz! ¡Dios se lo pague!
María Luz: Pero estoy pensando en cómo le dirás a tu chapetón que estuviste con el esclavo la otra
noche.
Rita: Eso no es verdad, amita. Yo entré a su cuarto, pero no pasó nada de nada, amita. José Manuel
me respeto y me dijo que no le gustaba estar con las mujeres a la fuerza. Así que salió de la
habitación.
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Narradora: En una época de esclavitud y luchas de independencia, en las tierras piuranas de don
Sojo, un hacendado prominente, nació un joven mulato llamado Matalaché. Criado como blanco,
aprendió a leer y escribir, desempeñando labores de contabilidad, pero su destino estaba lejos de lo
que imaginaba.
Matalaché (Jose Manuel): (pensando) Aunque nací esclavo, fui criado como alguien libre. Pero
ahora, todo ha cambiado. Tras la muerte de don Sojo, he sido reducido a lo que siempre fui para los
demás... un esclavo.
Narradora: Matalaché, cuyo origen se rumoraba era el de hijo ilegítimo del hacendado, pronto se vio
obligado a realizar los trabajos más duros, aquellos destinados a los esclavos de la hacienda.
Matalaché (Jose Manuel): (con tono de superioridad) Estos hombres... no son como yo. ¿Por qué
debería compartir su destino?
Narradora: Aunque despreciaba su condición, Matalaché simpatizaba secretamente con los patriotas
y separatistas que soñaban con un Perú libre de la dominación española.
Antuco: (enfadado) ¡Matalaché! ¡No debes olvidarte de cuál es tu lugar!
Matalaché: (con rebeldía) ¿Mi lugar? No tengo nada en común con los demás esclavos, pero eso
no significa que deba soportar tus abusos.
Narradora: Un día, la tensión entre Matalaché y el mayordomo alcanzó su punto máximo.
Antuco: (amenazante) ¡Basta! ¡Ya he tenido suficiente de ti! Si sigues así, provocarás una revuelta.
Narradora: Temiendo una insurrección, el amo decidió vender a Matalaché a La Tina, una fábrica
donde las condiciones eran aún más duras. Allí, el destino lo cruzaría con Juan Francisco, un
personaje clave en su historia.
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Narradora: En la habitación de María Luz, ella se encuentra pensativa, ensimismada, meditando en
las palabras de José Manuel.
Casilda: Niña, María Luz, le tengo que deci que José Manue anda muy distraído. Yo creo que quien
lo distrae es la Rita y que ña Martina es la apañadora. También debo decirle que el mulato este no
toca su guitarra.
María Luz: Eso no es posible, Casilda. Para José Manuel, Rita no es un imposible. Y lo que un
hombre desea es un imposible. Además, no vería una ofensa en que José Manuel no confesara su
amor, pero no le perdonaría que él lo anduviera diciendo por ahí. Y te confieso otra cosa, Casilda. Yo
también estoy enamorada de él.
Casilda: ¡Niña! Pero, cualquier señorón, uno de estos días viene a pedir su mano para un hijo suyo.
María Luz: Le diría que todavía no pienso casarme. Además, le haría ver que yo misma elegiría al
amor de mi vida.
Casilda:( Aterrorizada) Ay, niña. José Manue la ha embrujao. Este secreto no lo sabra nadie ma, mi
niña.
María Luz: Ay Casilda, te confieso que a veces se me ocurren cosas diabólicas, o imposibles. Las
mujeres estamos propensas a caer en la tentación. Porque nos tientan o porque nos dejamos.
Casilda: Ay, amita, es mejor espera a que a una le propongan el amor que a proponelo.
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Narradora: Después de cuatro semanas, en la habitación de María Luz, José Manuel llega con el
trabajo que ella le encargó.
José Manuel: Niña María Luz, aquí le traigo el trabajo encargado por usted.
María Luz: (muy contenta) Gracias, José Manuel. ¡Se ve precioso! Estoy realmente impresionada.
Narradora:Rita entra en la habitación de María Luz, con un ramo de flores en la mano.
Rita: Niña, le traigo flores.
María Luz: No tengo ganas de tener invitados esta noche. Toma, te regalo las flores.
Rita: Gracias, amita, ¡Ete trabajo eta realmente bello! Con razón, había dejado la guitarra y no
admitía interrupciones.
María Luz: Así es. Dime, Rita. Tenemos que preparar todo para la reunión de esta noche.
Vendrán el cura Sota y tus amos, los Rejón de Meneses.
Rita: Si, amita María Luz. Esos blancos que los quieren todo…. ¡Pero que bellos zapatos!
María Luz: ¿No adivinas quien de aquí lo pudo haber hecho?
Rita: (pensativa) Pue, no
María Luz: Los hizo José Manuel.
Rita: ¡Ese es un brujo!
María Luz: No diga eso. En fin. Te daré la peineta que te prometí como regalo de bodas.
Narradora: Todo se desarrolla en la plaza frente al oratorio. Varios invitados están presentes. El cura
Sota, entusiasmado, se levanta para hablar.
Cura Sota:¡Queridos amigos! Estamos aquí, en esta ocasión especial, para celebrar la inauguración
del oratorio de La Tina. Pero... (con picardía) ¿no creen que hace falta algo más para darle vida a
este evento?
Juan Francisco:¿Algo más, padre?
Miguel Jerónimo:¿Qué tienes en mente, Sota?
Cura Sota:¡Una competencia! He oído decir que tú, Juan Francisco, tienes al mejor guitarrista de la
región, ¿es cierto?
Juan Francisco:(ríe) No lo digo yo, lo dice su talento. ¡José Manuel, alias Matalaché, no tiene igual
con la guitarra!
Miguel Jerónimo:(sonríe desafiantemente) ¡Ah, pero Nicanor, mi Mano de Plata, no se queda
atrás! Sus dedos hacen maravillas con las cuerdas.
Cura Sota:(levantando las manos) Entonces, propongo una apuesta. Un duelo musical entre
vuestros guitarristas. Que toquen ante todos, y que el mejor gane. Pero... (pausa dramática) ¡El
perdedor pasará al servicio del amo del ganador!
Narradora: Todos los presentes murmuran sorprendidos. Matalaché y Mano de Plata se miran con
inquietud, conscientes de lo que está en juego.
Juan Francisco:(ríe) ¡Acepto la apuesta! Matalaché no perderá.
Miguel Jerónimo:(con una sonrisa fría) Yo también acepto. Nicanor no tiene rival.
Cura Sota:¡Excelente! Entonces que comience el duelo. Que la música decida el destino de estos
dos hombres. ¡Que gane el mejor guitarrista!
Narradora: Matalaché y Mano de Plata toman sus guitarras, preparándose para el duelo. La tensión
en el aire es palpable mientras los invitados esperan el inicio de la competencia.
Narradora:El destino de dos hombres se decide en un duelo de cuerdas, donde el talento y el orgullo
serán puestos a prueba...
Maria Luz: Y si Nicanor ganara…. Tendría que despedirme para siempre de él. No, esto es
demasiado intenso.
—
Narradora: Aquí todo se desarrolla en el patio central de La Tina, decorado para la ocasión. Hay
mesas con comida y bebida, y una pequeña tarima en el centro donde Matalaché y Nicanor se
preparan para el duelo. La alta sociedad piurana se ha reunido para presenciar el evento. Los jueces
observan atentamente.
Cura Sota:(levantando la voz) ¡Bienvenidos, bienvenidos todos a este duelo especial! Hoy, ante
ustedes, dos de los mejores guitarristas de la región se enfrentarán en una competencia única. No
solo tocarán melodías populares, ¡también improvisarán, al estilo de los grandes payadores
argentinos! Que la música hable por sí sola.
(La multitud aplaude con entusiasmo.)
Miguel Jerónimo:(confidente a Nicanor) No tienes nada de qué preocuparte, Mano de Plata. Has
superado pruebas más duras.
Nicanor:(tenso) Lo sé, amo. Pero este joven... tiene una destreza que no había visto antes.
Juan Francisco:(dirigiéndose a Matalaché) Este es tu momento. No me falles, Matalaché. Eres el
mejor, y hoy lo demostrarás.
Matalaché:(seguro) No les decepcionaré, amo.
Cura Sota:(levantando las manos) ¡Que comience el duelo! Primero, las melodías tradicionales.
Cada guitarrista tendrá la oportunidad de mostrar su arte.
Narradora:Nicanor empieza tocando una pieza clásica, con maestría, pero sus movimientos son más
lentos que los de su juventud. La audiencia asiente con respeto. Luego, Matalaché toma su turno,
tocando con una energía y precisión que cautiva al público.
Juan Francisco:(susurrando a Miguel Jerónimo) Parece que los años pesan, ¿eh?
Miguel Jerónimo:(apretando los dientes) No cantes victoria aún.
Cura Sota:(con entusiasmo) ¡Muy bien! Ahora, la parte final: la improvisación. Este es el verdadero
reto, donde se pondrán a prueba la creatividad y la destreza de nuestros músicos. ¡Que empiece
Nicanor!
Narradora:Nicanor comienza a improvisar, pero se nota que le cuesta seguir el ritmo y su creatividad
no fluye como antes. El sudor cae por su frente mientras lucha por mantener la compostura.
Matalaché:(observando con calma) Es mi turno.
Narradora: Matalaché toma la guitarra y empieza a improvisar con una fluidez y pasión que deja sin
palabras a los jueces y al público. Cada nota es perfecta, cada acorde refleja su juventud y talento
innato.
Cura Sota:(impresionado) ¡Qué despliegue de habilidad! ¡Es asombroso!
(La multitud estalla en aplausos, mientras Nicanor baja la cabeza, derrotado.)
Cura Sota:(declarando) ¡El ganador es Matalaché!
(La gente aplaude mientras Juan Francisco celebra la victoria.)
Nicanor:(con desesperación, mirando sus manos) He perdido. Mi mano... no volveré a tocar.
Narradora: En un acto dramático, Nicanor toma un cuchillo y se corta la mano derecha, para nunca
más tocar la guitarra.
Cura Sota:(horrorizado) ¡Dios mío! ¿Qué has hecho?
Matalaché:(conmovido) No era necesario...
Narradora:Así terminó el duelo, no solo con una victoria musical, sino con una tragedia que selló el
destino de Nicanor, el guitarrista que perdió más que una apuesta... perdió su arte.
—
Maria Luz: (Susurrando) No se que estoy haciendo, pero esto que siento por él es demasiado
intenso.
(Alguien se acerca. Es Jose Manuel)
Jose Manuel:Aprovechando que he venido, te voy a decir que no me gusta que vayas a verme con
el pretexto de la peineta que te estoy haciendo por orden de la niña Maria Luz. Te recuerdo que estás
comprometida y yo no quiero saber nada de mujeres con compromiso. Y no puedo ni pronunciar
quien es.
Narradora: Maria Luz en un impulso se reclina sobre el pecho del esclavo Y Jose Manuel la aleja
pensando que es Rita
Maria Luz:Tu sabes que también te quiero, Jose Manuel.
(Jose Manuel, voltea a verla sorprendido)
Jose Manuel: Ay niña.. estoy tan feliz por esto.
Maria Luz: Tengo miedo de que pierdas la apuesta y que te alejen.
Jose Manuel: Eso no va pasar, niña linda. Yo le aseguro que, gracias a usted, seré el vencedor.
Narradora: El se desliza hasta quedar arrodillado frente a ella, ella le acaricia la cabeza para que
luego el chico la bese
Maria Luz: La puerta, Jose Manuel, cierra la puerta…
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Narradora: Pasaron tres largos meses, pero algo no estaba bien Maria Luz se empezo a sentir mal
Maria Luz: No quiero saber nada de médicos ni de medicinas, ni de hierbas. ¡Solo quiero morirme!
Casilda: Pero, niña Maria Luz, tómese estas hierbitas para que se sienta mejor. Le van a hacer bien.
Le van hacer bien. Es verdad
Maria Luz: ¿Es que no me entiendes? Lo que yo quiero es quitarme la vida. Solo me quedan dos
caminos: el de la muerte o el del opribio y, para ser sincera, prefiero el primero. ¿Acaso no te has
dado cuenta de lo que tengo? ¡Mira! (le enseña su vientre de embarazo)
Casilda: (Asombrada) Ay, amita, si me lo hubiera contado antes. Yo tal vez la habría podido salvar
de todo esto.
Maria Luz: No, Casilda. Rechazó la idea de botar a este hijo, fruto del amor y de la desgracia. Y la
única responsable de todo esto soy yo, pues, así que váyanse. No quiero nada más de ustedes.
Narradora: Entonces Casilda decide salir de la habitación, se encuentra con su amo
Artina: Amo, la niña Maria Luz ahorita va a dormir.
Don Juan Francisco: Muy bien. Entonces, hablaré con ella mañana. Ahora, esperame tu en la sala
que necesito hablar contigo.
Congo: Cógela, cógela, Jose Manue; Matala, matala , matala ¡che! No te la comas tu salo, piti, Deja
una alita siquiera pa mi.
Don Juan Francisco: ¿ Se puede saber cómo te atreves a cantar esa copia delante de mí?
Congo(asustado): Perdoneme, amito. La copia etaba dirigida pa Jose Manue
Don Juan Francisco:Jose Manuel sube por estas escaleras ¿ Y a quien visitaba si en las
habitaciones de arriba solo están mi hija y Casilda? ¡Contesta!
Congo: Pues, iba a visitar a Casilda
Don Juan Francisco: ¡No te creo nada! Pero ya verán. ¡Que venga Casilda!
Casilda:¿Me llama el amito?
Don Juan Francisco:¿Jose Manuel subía a tu cuarto?
Casilda:(Nerviosa) No, amito, a la Rita. No no ¡A mi, amito, a mi me visitaba!
Don Juan Francisco: ¡Negra mentiroso! ¡Si tu ya estas vieja ¡ ( A Casilda y al congo) ¡Sigan de
aquí los dos! (A Casilda) ¿Por qué mi hija te decía que prefería la muerte? ¿Eh? Ella es a la que
José Manuel visitaba, ¿no es así?
Martina:¡Algo peor que eso, amito! ¡Ella está embarazada!
Don Juna Francisco: ( Ya reaccionando de la terrible noticia) ¡Lárgate de aquí! Y si esa
muchacha te pide que la mates ¡Matala!
Narradora: Al día siguiente, en la habitación de don Juan Francisco, el viejo mayordomo espera las
indicaciones de su amo
Antuco: Todo está listo, amo
Don Juan Francisco: Dame entonces la capa y el sombrero
Narradora: Salen juntos, el mayordomo lleva un farol en la mano para alumbrar en medio de la
oscuridad y llegan a un lugar en donde esta Jose Manuel prisionero, con grilletes.
Don Juan Francisco: Vas a pagar por tu deslealtad, negro ¡Tienes el alma de perro!
José Manuel: Reconozco que debo pagar por mi falta y me pregunto ahora ¿quién es más bestia
usted o yo?
Narradora: Hay una tina de jabón hirviendo donde lo van a arrojar unos esclavos por orden del amo
y en esa fila estaba Jose Manuel que iba ser ejecutado.
Don Juan Francisco:¡Ejecuten!
José Manuel: ¡ahí le dejo ese hijo a la niña María Luz que será seguramente más generoso y noble
que usted.
Narradora: María Luz, con un suspiro de tristeza, mira hacia el suelo. Las palabras de José Manuel
le han recordado la crueldad del destino, y no puede evitar sentir un profundo dolor por la pérdida de
su padre..
Fin.