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SEN

El capítulo aborda el problema del hambre y las hambrunas en el mundo moderno, desafiando la noción de que son inevitables y proponiendo que se pueden erradicar mediante medidas adecuadas. Se enfatiza la importancia de la libertad económica y los derechos de propiedad para que los individuos y familias accedan a alimentos, y se analiza cómo las crisis económicas pueden afectar la capacidad de compra de alimentos. Además, se destaca la interdependencia de factores económicos y sociales en la producción y distribución de alimentos, sugiriendo que la solución al hambre requiere un enfoque integral que considere estas dinámicas.
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El capítulo aborda el problema del hambre y las hambrunas en el mundo moderno, desafiando la noción de que son inevitables y proponiendo que se pueden erradicar mediante medidas adecuadas. Se enfatiza la importancia de la libertad económica y los derechos de propiedad para que los individuos y familias accedan a alimentos, y se analiza cómo las crisis económicas pueden afectar la capacidad de compra de alimentos. Además, se destaca la interdependencia de factores económicos y sociales en la producción y distribución de alimentos, sugiriendo que la solución al hambre requiere un enfoque integral que considere estas dinámicas.
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Amartya Sen i “~:% se I oe CAP{TULO 7 Las hambrunas y otras crisis Vivimos en un mundo en el que esta muy extendido el problema del hambre y la desnutricién y en el que son frecuentes las hambrunas. ‘A menudo se susone —aunque sélo sea implicitamente— que ape- has podemos haver nada para remediar estas desesperadas situacio- nes. También se supone, con bastante frecuencia, que estos males jpueden empeorer, de hecho, a largo plazo, sobre todo si sigue cre- ciendo la poblacién mundial, Las reacciones internacionales a estas mnisetias del mundo actual suclen estar tefiidas de un pesimismo té- cito, Esta impresién de que se carece de libertad para remediar el hhambre puede Levar por si sola al fatalismo y a no intentar seria- mente resolver las miserias que observamos. Existen pocas razones fundadas para sentirse pesimistas, y tam~ poco hay motives convincentes para suponer que el hambre y las jprivaciones son algo inmutable. La adopeién de medidas acertadas puede erradicar los terribles problemas del hambre en el mundo modetno, A juzgar por los anilisis econémicos, politicos y sociales recientes, creemos que es posible identificar las medidas que pueden crradicat las hambrunas y reducir radicalmente la desnutricién cr6- nica. Lo que es importante en este momento es elaborar medidas y programas basados en las lecciones extraidas de las investigaciones analiticas y de les estudios empiticos.' En este capfulo nos ocupamos especialmente de las hambrunas y de otras «crisis» pasajeras, que pueden comprender o no la inani- cién manifiesta, pero que entrafian la aparicién repentina de graves privaciones que afectan a un considerable sector de la poblacién (es cl caso, por ejemplo, de las crisis econdmicas recientes del Este y el Sureste asidticos). Debemos distinguir las hambrunas y este tipo de ctisis de los problemas del hambre y la pobreza endémicas que pue- 199 den provocar persistentes sufrimientos, pero que no entrafian una nueva explosién de privaciones extremas en las que se ve sumido de repente un segmento de la poblacién, Incluso cuando analicemos. ‘mas adelante en este libro (principalmente en el capitulo 9) la des- nnutricién endémica y las privaciones persistentes y a largo plazo, nos basaremos en algunos de los conceptos extraidos del estudio de las hambrunas (presentado en este capitulo) Para erradicar el hambre en el mundo modemo, es fundamental comprender las causas de las hambrunas de una manera amplia y no atribuirlas sélo a un desequilibrio mecéinico entre la cantidad de ali- :mentos y el volumen de poblacién. Lo que es capital para analizar el hhambre es la libertad fundamental del individuo y de la familia para conseguir la propiedad de una cantidad suficiente de alimentos, cosa ue pueden hacer cultivindolos ellos mismos (como hacen los cam- pesinos) o comprindolos en el mercado (como hacen los que no los cultivan). Una persona puede morirse de hambre incluso aunque haya abundantes alimentos si deja de tener capacidad pata comprar- Jos en el mercado porque pierde su renta (por ejemplo, a causa del pparo o del hundimiento del mercado de los bienes que produce y vende para ganarse la vida). Por otro lado, incluso cuando disminu- yen de manera brusca las existencias de alimentos en un pais 0 en una. regién, todo el mundo puede evitar la inanicién si se reparten mejor los alimentos existentes (por ejemplo, creando més empleo y renta pata las posibles victimas de la hambruna), Estas medidas pueden complementarse y ser més eficaces importando alimentos, pero mus chas amenazadoras hambrunas se han evitado incluso sin eso, a saber, reparticndo de una manera mis igualitaria las reducidas existencias de alimentos que habia en el propio pais o regién, En lo que-debemos centrarnos no es sélo en la cantidad de alimentos que hay en el pais en cuestién sino en el poder econémico y la libertad fundamental de Jos individuos y de las familias para comprar suficiente comida, Es necesario realizar anilisis econémicos y politicos sobre esta ccuestién, como también Io es para comprender mejor no sélo las hambrunas sino también otras crisis y desastres. Un buen ejemplo es el tipo de dificultades econémicas que han suftido recientemente al- ‘gunos paises del Este el Sureste asiticos, En estas crisis, al igual que en las hambrunas, algunos sectores de la poblacién han perdido sus 200 derechos econémicos a un ritmo inesperado. La velocidad y la mera intensidad de las privaciones que causan estas crisis (asf como, not- imalmente, el hecho de que los desastres sean inesperados) son dife- rentes del fenémeno mas «habitual» de la pobreza general, de la mis- ima forma que las hambrunas se diferencian del hambre endémica Derechos SCONOMICOS B INTERDEPENDENCIA Elhambre esti relacionada no sélo con la produccién de alimentos y la expansién de la agricultura, sino también con el funcionamiento dle toda la economfa e —incluso en términos més generales— con el funcionamiento de las instituciones politicas y sociales que pueden influir directa 0 indirectamente en la capacidad de los individuos pata adquiti alimentos y pata gozar de salud y alimentarse. Por otra parte, aunque es mucho lo que se puede hacer adoptando medidas sensatas, es importante conjugar el papel del Estado con el funcio- namiento eficiente de otras instituciones econdmicas y sociales, que van desde el comercio y los mercados hasta el funcionamiento activo de los partidos politicos, las organizaciones no gubernamentales y las, instituciones que sostienen y faciitan el debate piblico documenta do, incluidos unos medios de comunicacién eficaces. En la desnutticién, la inanicién y las hambrunas influye no sélo la produccién de alimentos y las actividades agricolas, sino el funciona- mento de toda la economia y a sociedad. Es fundamental prestar la debida atenci6n a las interdependencias econémicas y sociales que gen Ia incidencia del hambre en el mundo moderno. Los alimentos no se distribuyen en la economia a través de instituciones benéficas o de algiin sistema de reparto automitico, La capacidad para adquirir alimentos hay que gandrsela. En lo que tenemos que centrar la aren ci6n no es en las existencias totales de alimentos que hay en la eco- rnomfa, sino en el «derecho econdmico» de que disfruta cada perso- na: os bienes sobre los que puede demostrar su propiedad y control. Los inividuos padecen hambre cuando no pueden demostrar su de- recho econémico sobre una cantidad suficiente de alimentos.” {De qué depende el derecho econémico de una familia? De va- ros factores, El primero es la dosacién, es decir, la propiedad de re- 201 cursos productivos, asf como de riqueza, que tiene un precio en mercado, La tinica dotacién significativa que tiene una gran parte Ja humanidad es su fuerza de trabajo, La mayorfa posee pocos ree! s0s aparte de la fuerza de trabajo, que puede it acompafiada de cantidad vatiab’e de cualificaciones y de experiencia, Pero en gen zal, el trabajo, latietra y otros recursos constituyen la cesta de activos En segundo lugar, un importante factor son las posibilidades de Produccion y su uso. Es ahi donde entra la tecnologia: la tecnologia cexistente determina las posibilidades de produccién, en las cuales ine fluyen los conocimientos existentes, as{ como la capacidad de los in- dividuos para ponerlos en orden y utlizarlos realmente. Para conseguir derechos econémicos, puede utilizarse la dotas cién en forma ce tierra y trabajo con el fin de produ alimentos, como en el caso de la agricultura, Pero la familia o el individuo tams bién pueden adcuitit la capacidad necesaria para comprar alimentos obteniendo una enta salarial. Esta depende de las oportunidades de empleo y de los talarios vigentes, los cuales también dependen de las posibilidades de produccién existentes en la agticultura, la industria y otras actividades. La mayor parte de la poblacién mundial no pro- duce alimentos directamente, pero consigue tener capacidad para adquirirlos obteniendo empleo para producir otros bienes, que pue- den ir desde culkivos comerciales hasta productos artesanales, pa- sando por los bienes industries y servicios divetsos, y entrafian toda una variedad de ocupaciones. Fstas interdependencias pueden set fundamentales para analizar las hambrunas, ya que un elevado ni- mero de personas puede perder su capacidad para conseguir ali mentos debido « la existencia de problemas en la produccién de otros bienes y no en la de alimentos como tales. En tercer lugar, es mucho lo que depende de las condiciones de intercambio: la capacidad para vender y comprat bienes y la deter- minacin de los precios relativos de los diferentes productos (pot ejemplo, de los productos artesanales frente a los alimentos bésicos), Dada Ja importancia fundamental —de hecho, excepcional— que tiene la fuerza de trabajo como dotacidn para una gran parte de la humanidad, es crucial prestar atencién al funcionamiento de los mercados de trabajo. ¢Encuentran trabajo los demandantes de em- pleo a los salarios vigentes? ¢Consiguen los artesanos y los trabaja- 202 dores de los servicios vender lo que tratan de vender? ¢A qué precios relativos (en comparacién con el precio que tienen los alimentos en el mereado)? Bir condita Uitiehtabls pueden cambiar de manera es- pectacular en una emergencia econémica y amenazar con provocar una hambrune, Estos cambios pueden producitse vertiginosamente como consecuencia de toda una variedad de factores. Ha habido hambrunas que se han debido a un brusco cambio de los precios re lativos de los productos (o de los salatios en comparacién conel pre- cio de los alimentos) provocado por causas muy distintas, como una sequia, una inundaci6n, una escasez general de empleo, una desigual expansién que eleva la renta de unos, pero no la de otros, 0 incluso un temor exagerado a que se produzea una escasez de alimentos que cleve los precios temporalmente, haciendo estragos, En una crisis econémica, algunos servicios pueden resultar mu- cho més afectados que otzos. Por ejemplo, durante la hambrana de Bengala de 1943, larlaciGn de intercarbio entre los alimentos y 7 szunos tipos de productos cambi6 radicalmente, Ademis de vaiar la relacién entre los salarios y los precios de los alimentos, también ex- perimentaton grandes cambios los precios relativos del pescado frente a los cereales, y los pescadores bengalfes fueron uno de los grupos ocupacionales mas afectados en la hambeuna de 1943. El pes- cado también es, pot supuesto, un alimento, pero es un alimento de clevada calidad, y los pescadores pobres tienen que venderlo para poder comprar las calorfas més baratas de los alimentos basicas (que en Bengala consisten en el arroz) con el fin de poder ingerir suficien- tes calorias para sobrevivir. El equilibtio de la supervivencia se man- tiene con este intercambio, y un descenso repentino del precio rela- tivo del pescado en relacién con el arroz puede dar al traste con este equilibrio.* Hay muchas ottas ocupaciones muy vulnerables alas variaciones de los precios relativos y de los ingresos generados por las ventas. Pensemos en un trabajo como el de peluquero. Los peluqueros ti- ren dos tipos de problemas durante los petiodos de criss econémi- ca: 1) en las situaciones de angustia, resulta bastante facil posponer el corte de pelo, por lo que la demanda del producto del peuquero puede descender bruscamente, y 2) ademés de esta disminucién de 203 la «cantidad», también puede bajar de forma repentina el precio re- lativo de los cortes de pelo: durante la hambruna de Bengala de 1943, la relacién de intercambio entre el corte de pelo y lo alimen- tos basicos disminuyé en algunos distritos wn 70.0 un 80%, por lo que los peluqueros —ya pobres de por si— se fueron a pique, al igual que muchos otzos grupos ocupacionales. Todo esto ocurri6 con una disminucién total muy pequefia de la produccién o de la oferta agregada de alimentos. E] aumento del poder adquisitivo de la po- blacién urbana (que se habfa beneficiado de la expansién ocasiona- da por la guerra), unido a la retirada especulativa y temerosa de ali mentos de los mercados, contribuyé a provocar Ia inanicién al producirse un brusco cambio distributivo, Para comprender las catt sas del hambre y de la inaniciGn es necesario analizat todo el meca- nnismo econémico, no basta con tener en cuenta sdlo la produecién y la oferta de alimentos. LAS CAUSAS DE LAS HAMBRUNAS La falta de derechos econémicos que provoca hambrunas puede de- berse a varias causas. Esta diversidad de antecedentes causales ha de teneree: presente cuando se intenta remediar las hambrunas y, lo que es mas importante, prevenirlas. En las hambrunas, todo el mundo. pedis econémicas, pero las causas no tienen por qué ser Enel caso de las personas que no producen alimentos (pot ejem- plo, los obreros industriales o los trabajadores de los servicios) 0 que no son duefias de los alimentos que producen (por ‘ejemplo, los peo- nes agricolas), la capacidad para comprar alimentos en el mercado depende de sus ingresos, de los precios vigentes de los alimentos yde los gastos que realicen en bicnes necesatios que no sean alimentos. Su capacidad para obtener alimentos depende de las circunstenciag econémicas; del empleo y de los sal: en el caso de los asalariados, de la produccién de otros bienes y de sus precios en el caso de los ar. tesanos y los trabajadores de los servicios, ete. Incluso en el caso de los que sf producen alimentos, aunque sus derechos econémicos dependen de su produccién individual de ali- 204 mentos, no dependen en la misma medida de la producei6n nacional de alimentos, en la que han centrado normalmente la atencién mu- chos estudios sobre las hambrunas. Por otra parte, a veces los indivi- duos tienen que vender alimentos caros, como productos animales, para comprar las calotias més baratas que proporcionan los cereales; es el caso, por ejemplo, de los pastotes pobres, concretamente, de los ganaderos némadas del Sahel y del Cuero de Africa. Los pastores afticanos, que tienen que vender productos animales, incluida la car- ne, para comprar las baratas calorias que proporcionan los alimentos basicos, dependen de la realizacién de intercambios de una manera bastante parecicla a la de los pescadores bengalies, ya mencionados, {que tienen que vender pescado para comprar las calorfas mas bara- tas que propotciona el arroz. Estos frdgiles equilibrios basados en los intercambios pueden romperse cuando varian las relaciones de in- tercambio. Un descenso del precio de los productos arimales frente a los cereales puede significar el desastre para estos pueblos que se dedican al pastoreo. Algunas hambrunas africanas que han afectado sobre todo a los pastores se han debido a procesos de este tipo. Una sequia puede provocar un descenso del precio relativo de los pro- ductos animales (incluso de la care) frente a los alimentos tradicio- nalmente més baratos, ya que en las situaciones de dificultades eco némicas la gente suele cambiar su pauta de consumo en detrimento de los alimentos caros (como la carne) y de los bienes cue no son ne- cesarios (como los articulos de cuero). Este cambio de os precios re- lativos puede impedir a los pastores comprar sulicientes alimentos basicos para sobrevivir.® “También puede haber una hambruna incluso sin que disminuya a produccién o las existencias de alimentos. Un trabajador puede morirse de hambre a causa del paro, unido a Ja ausencia de un siste- ma de proteccidn social (como el seguro de desempleo). Es facil que cocurra y, de hecho, puede haber incluso una gran hambruna, aunque el nivel general de existencias de alimentos sea alto y no disminuya —y se haya aleanzado incluso un nivel «méximo»— en la economia en su conjunto, Un caso en el que hubo una hambruna a pesar de que las exis- tencias de alimentos eran méximas es el de Bangla Desh en 1974.” Fista ocurrié en un afio en el que habfa ruds existencias de alimentos 205 per capita que en cualquier otro del periodo comprendido ent 1971 y 1976 (véase el grafico 7.1). La inanicién fue provocada por: pro regional causado por las inundaciones, que afectaron a lap duccién de alimentos muchos meses mis tarde, es decir, cuando recogié la reducida cosecha (principalmente alrededor de diciem: bre), pero la hambruna ocurrié antes y terminé también mucho tes de que madurara la cosecha afectada, Las inundaciones provocs ron la falta inmediata de renta de los trabajadores rurales durante verano de 1974; éstos perdieron los salatios que habrian percibido trasplantando artoz y realizando otras actividades relacionadas fe este cultvo y que les habrian permitido adquirir alimentos. La in Gnarico 7.1. Bxistencias de cereales para consumo bumano en Bangla Desh, 1971-1975 16.0 as0| [Ei Eseries nor capa fonzas al oi) 1974 1972 197319741975 Fuente: Amartya Sen, Poverty and Famines, University Press, Oxford, 1981, cuadro 95, ‘La hambruna ocurrié en 1974 206 Gn y el pénico locales fueron seguidos de una propagacién del hhambre, reforzada por un inestable mercado de alimentos y una enorme subida de sus precios provoceda por la exagerada creencia cde que habria escasez de alimentos en el futuro, La futura escasez se sobreestimé y se manipulé en alguna medida, y los precios, tras su- bir, volvieron a bajar." Peto para entonces la hambruna ya se habia cobrado numerosas victimas. Incluso cuando una hambruna vz acompafiada de una disminu- cién de la produccién de alimentos (como ocurrié en el caso de la hambruna china de 1958-1961 o de las hambrunas irlandesas de la década de 1840),’ tenemos que ir mis allé de las estadisticas so- bre la produccién para explicar por qué algunos sectores de la pobla- cién mueren, mientras que al resto le va bien, Las hambrunas sobrevi- ven gracias al principio de adivide y vencerds», Por ejemplo, un grupo de campesinos puede sufi la pérdida de sus derechos econémicos cuando disminuye la produccién de alimentos en su territorio, debi- do, por ejemplo, a una sequia local, aunque no haya ninguna escasez xgeneral de alimentos en el pats. Las victimas carecen de los medios necesarios para comprar alimentos en otros territorios, ya que no tie nen nada que vender para obtener una renta, pues han perdido su propia produccién. Los que tengan unos ingresos més seguros por- que trabajan en otras ocupaciones en otros lugares pueden arre- aldrselas bastante bien comprando alimentos en otros territorios. ‘Algo muy parecido a eso fue lo que ocurrié en Ja hambruna de Wo- llo (Etiopia) en 1973, en la que los empobrecidos residentes de esa provincia no pudieron comprar alimentos, a pesar de que sus precios en Dessié (la capital de Wollo) no eran més altos que en Addis Abe- bay en Asmara. De hecho, existen pruebas de que se llevaron algu- nos alimentos de Wollo a las regiones mas présperas de Etiopia, cu- yos habitantes tenian més renta para comprarlos. O por poner un ejemplo distinto, los precios de los alimentos pueden dispararse porque ha aumentado el poder adquisitivo de al- gunos grupos ocupacionales y, como consecuencia, los que tienen ‘que comprar alimentos pueden verse en la ruina porque el poder ad- . Hay varios etrores en esta céustica afirmacién de Malone. Es cierto, desde luego, que se exportaron alimentos de la famélica Ir- Janda a la prospera Gran Bretafia, pero no es cierto que Irlanda tu- viera abundantes alimentos (de hecho, la coexistencia del hambre y las exportaciones de alimentos es un fenémeno habitual en muchas hambrunas). Ademas, aunque el término «inanicién» pueda inter- pretarse en su viejo sentido proactive —hoy casi desaparecido— de hacer que la gente no tenga nada que comer, provocando en particu- lar su muerte por hambre, es dificil negar que bubo una hambruna (tal como se entiende normalmente el término) en Irlanda en ese mo- mento. ait ‘Malone pretendfa hacer una observacién diferente —y bastante profunda—, bien es verdad que con una cierta licencia literaria, La ‘cuesti6n fundamental es la contribucién de la agencia humana a pro- vvocar y mantener las hambrunas. Silas hambrunas irlandesas se hu: bieran podido evitar totalmente y, en particular, si las autoridades hubieran podido evitarlas, la acusacién de «haber levado a la inani- cién» a los irlandeses seria bastante evidente. El dedo acusador no puede sino apuntar a los poderes pablicos que previenen o no las hambrunas y a los factores politicos, sociales y culturales que deter- minan las medidas que éstos toman, Las cuestiones que hay que exa~ minat son tanto los actos de onaisién como los de comision. Dado que ha continuado habiendo hambrunas incluso en el mundo mo demo, que disfruta de una prosperidad general sin precedentes, las cuestiones relacionadas con la politica econémica y social y con su eficacia siguen siendo hoy tan relevantes como hace 160 afios. Pasando primero a las causas mas inmediatas de las hambrunas irlandesas, en este caso disminuyé la produccién de alimentos en Ir anda, debido principalmente a una plaga de la patata. Sin embargo, la contribucién de las existencias totales de alimentos a esa hambru- na puede evaluarse de distintas formas dependiendo de la cobertura de nuestras estadisticas sobre los alimentos. Casi todo depende de la zona cuya produccién de alimentos se considere, Como ha sefialado Cormac O Grads, si se considera la produccién y las existencias de alimentos de toda Gran Bretafia, no hubo ninguna crisis ni en la pro- duceién ni en las existencias de alimentos, a diferencia de lo que ocu: 1ri6 en Inlanda.'* Podrian haberse enviado alimentos, desde luego, de Gran Bretafia a Irlanda silos irlandeses hubieran podido com: prarlos. El hecho de que no se hiciera y de que ocurriera exactamen= telo contrario se debe a la pobreza de Irlanda y a las dificultades eco- némicas de las victimas iclandesas. Como sefiala Terry Eagleton en su convincente tratamiento literario de las hambrunas irlandesas, Heatheliff and the Great Hunger: «En este sentido, se puede razonat que los irlandeses no murieron simplemente por falta de alimentos, sino sobre todo porque carecfan del dinero necesario para comprar comida que si que existia en abundancia en el reino en su conjunto, pero a la que no tenfan suficiente acceso.»"” Pata analizar las causas de las hambrunas, es importante estudiar 212 el nivel general de pobreza que hay en el pais 0 en la regién afectada En el caso de Irlanda, dada la pobreza de los irlandeses en general y sus eseasos actives, eran especialmente vulnerables al declive econ6- rico provocado por la plaga de la patata.”” En ese contexto, hay que tener en cuenta no sélo la pobreza endémica de las personas afecta- das sino también la especial vulnerabilidad de aquellos cuyos dere- chos son especialmente frdgiles cuando se producen cambios econé- micos." Es la indefensién general de los més pobres, unida a las desgracias provocadas pot los cambios econémicos, la causa de las victimas de la grave inanicién. Los pequefios agricultores irlandeses que cosechaban patatas resultaron gravemente afectados por la pla- gay, como consecuencia de la subida del precio de los alimentos, también resultaron afectados otros. Por lo que se refiere a os propios alimentos, lejos de importar Ir Janda alimentos sistematicamente para luchar contra la hambruna, se produjo (como se ha sefialado antes) el movimiento contratio: se ex portaron alimentos de Irlanda a Gran Bretafia (en especial alimentos ue eran de mayor calidad). Ese «movimiento de alimentos en sent: do contrario no es raro en una clase de hambrunas —las llamadas hambrunas causadas por una depresién— en las que la economia ex- perimenta una depresién general, que provoca una enorme disminu- cidn del poder adquisitivo de los consumidores, por lo que las exis- tencias de alimentos (ya reducidas de por sf) se pagan a un precio iis alto que en otros lugares. También se produjo un movimiento de alimentos en sentido contrario, por ejemplo, en la hambruna de Wollo (Etiopia) de 1973 antes mencionada, Los residentes de esa provincia no podian comprar alimentos, a pesar de que sus precios no eran més altos en esa provincia —sino a menudo considerable- ‘mente més bajos— que en otras zonas del pais. De hecho, se ha de- mostrado que se enviaron alimentos de Wollo a las regiones més prdsperas de Etiopfa, cuyos habitantes tenfan mas renta y, por lo tan- to, mayor capacidad para comprar alimentos.” Este fendmeno se produjo en gran escala en Irlanda durante la década de 1840, cuando zarparon del Shannon barcos y barcos —cargados de trigo, avena, reses, cerdos, huevos y mantequilla— de Telanda, pais azotado por la hambruna, con destino a Gran Bretafia, pais bien alimentado, La exportacién de alimentos de Irlanda a Gran 23 Bretaiia en plea hambruna ha sido un tema que ha causado un gran resentimiento en Irlanda y que incluso hoy continga influyendo en la ccompleja desconfianza que existe entre Gran Bretafia e Inlanda, No existe misterio econémico alguno tras el envio de alimentos de Inlanda a Gran Bretaia durante las hambrunas irlandesas. Las fuerzas del mercado siempre fomentan el desplazamiento de alimen= tos a los lugares cuyos habitantes pueden pagar un precio més alto por ellos. Los présperos briténicos podian hacerlo, en comparacién con los empobrecidos irlandeses. Lo mismo ocurvié en 1973, cuan= do los residentes de Addis Abeba pudieron comprar alimentos que los desgraciados que estaban muriéndose de hambre en Wollo no podian. Eso no nos debe llevar a extraer la conclusion de que la manera correcta de parar una hambruna es derener las transacciones de mer ado. En algunos casos especiales, esa medida puede servir para al- canzat un limitado objetivo (podria haber ayudado alos consumido> res irlandeses si se hubiera restringido el movimiento de alimentos en sentido contrario hacia Gran Bretafia), pero en general no resol- verfa el problema bisico de la pobreza y la miseria de las victimas de la hambruna, Para resolverlo, seria necesario adoptar medidas més positivas, no la puramente negativa de prohibir algunos tipos de transacciones de mercado. De hecho, con la adopein de medidas positivas para regenerar las rentas perdidas de los indigentes (por ejemplo, por medio de programas de empleo piblico), se podria ha- ber reducido 0 detenido automaticamente el movimiento de alimen- tos en sentido contrario, ya que eso habrfa permitido a los irlandeses disponer de més dinero para comprar alimentos. Sabemos, por supuesto, que el gobierno de Gran Bretaiia pro- porcioné muy poca ayuda para paliar la miseria y la inanicidn de los irlandeses durante todo el periodo de la hambruna. Ha habido easos similares en el imperio, pero Irlanda se distinguia por formar parte de las propias Islas Britdnicas. Es ab{ donde el diseanciamiento cult. ral, por oposicién a la asimetrfa puramente politica, tiene algun: portancia (si bien el distanciamiento cultural también es «politico» en un sentido amplio). Aeeste respecto, es importante tener presente el hecho de que al: rededor de la década de 1840, durante la cual ocurrié la hambruna, 214 existia en Gran Bretafia un extenso sistema de ayuda contra la po- breza que estaba bastante consolidado, en lo que se refiere ala pro- pia Gran Bretaiia, Inglaterra también tenia sus pobres, e incluso la vida de los trabajadores ingleses que tenian empleo distaba de ser préspera (de hecho, el afio 1845, durante el cual comenzaron las su- cesivas hambrunas itlandesas, también fue el afo en el que se publi- 6 la critica clisica de Friedrich Engels contra la pobreza y la miseria econémica de los trabajadores ingleses titulada The Conditions of the Working Class in England), Pero aun asi existia un cierto compromi- so politico de evitar la inanicién manifiesta dentro de Inglaterra, no asin el imperio y ni siquiera en Inlanda. Incluso las eyes de pobres reconocian a los indigentes ingleses muchos mis derechos que con- siguieron los indligentes irlandeses con las leyes de pobres més anodi- nas que se instituyeron en Irlanda. De hecho, como ha sefialado Joel Mokyr, «para Gran Bretaiia, Ir- Janda era una nacién extrafa e incluso hostib.”” Este distanciamien- to afectaba a muchos aspectos de las relaciones entre los irlandeses y los briténicos. Para empezar, como sefiala Mokyr, disuadta a los bri- tinicos de invertir capital en Irlanda. Y lo que es més importante en este contexto, existia una relativa indiferencia hacia las hambrunas y el suftimiento de Irlanda y menos determinacién en Londres para impedir la indigencia y la inanicién de los ielandeses. Richard Ned Lebow ha afirmado que, mientras que la pobreza briténica normal- mente se atribnia a fluctuaciones y cambios econdmicos, la pobreza irlandesa se atribufa a la pereza, ala indiferencia y a la ineptitud, por Jo que la «misién de Gran Bretafia» no eta «aliviar la angustia de Ir- landa sino civilizar a su pueblo y evarlo a pensar y a actuar como los seres humanos»." Es posible que esta opinién sea algo exagerada, pero resulta dificil pensar que en Gran Bretafia se hubiera permitido ‘que ocurriera el tipo de hambrunas que padecié Irlanda en la déca- da de 1840, ‘Cuando se trata de averiguar qué hay detrs de las influencias so- , gue consideramos que significa tonteria muy bien montada que se hace arbitrariamente que cobre importancia exalténdola de manera artificial, Bentham concebia los derechos en tétminos instrumenta: les, y examind su papel institucional en la biisqueda de objetivos (in= cluida la promocién de la utilidad agregada). Vemos aqui un claro contraste entre dos maneras de enfocar los derechos. Si los derechos en general, incluidos los derechos de re- produccién, se concibieran como los eoncibe Bentham, la coaccién seria aceptable o no en este terreno dependiendo de sus consecuen- cias, en particular, de sus consecuencias para la utilidad, sin conceder ninguna importancia intrinseca a Ia satisfaccidn o la violaci6n de los propios supuestos derechos. En cambio, sise considera que los dere- hos no sélo son importantes sino también priositarios frente a las consecuencias, tendrian que aceptarse incondicionalmente. De he- cho, en la teoria libertaria, es0 es lo que ocurre con los derechos de- finidos, que se aceptan incondicionalmente cualesquiera que sean sus cconsecuencias. Estos derechos serian, pues, una parte apropiada de las instituciones sociales independientemente de sus consecuencias. 258 Hemos afirmado en otra parte que no es necesatio optar por uno dde los dos enfoques de esta dicotomia y hemos expuesto algunos ar- sgumentos @ favor de um sistema basado en las consecuencias que in- corpore la satisfaccién de los derechos entre otros objetivos.* Com- parte con el utilitarismo un enfoque basado en las consecuencias (pero se diferencia de él en que no se limita a prestar atencién sélo a las consecuencias para la utilidad) y comparte con un sistema liber- tario la concesién de una importancia intrinseca a los derechos (pero se diferencia de él en que no les da absoluta prioridad cualesquiera que sean las demas consecuencias). Ese «sistema de derechos como objetivos» tiene muchas propiedades atractivas, asi como versatili- dad y alcance, que hemos tratado de analizar en oxra parte? No repetiremos aqu{ los argumentos a favor de ese enfoque de los derechos como objetivos (si bien tendremos oportunidad de de- cir algo mas sobre él en el siguiente capitulo). Pero cuando se reali- zan comparaciones con el utilitarismo, es dificil creer que sea satis- factorio explicar nuestro apoyo a los diversos tipos de derechos {incluidos los de la intimidad, la autonome y la libertad) tinica y ex- clusivamente en funcién de sus consecuencias para Ia utilidad. Mu- chas veces hay que preservar los derechos de las minorias de la intru- sién de la mayoria y los grandes aumentos de su utilidad. Como sefialé John Stuart Mill —que era él mismo un gran utilitarista—, a ‘veces no existe «ninguna paridad» entre la utiidad generada por las diferentes actividades, como (citando a Mill) do que piensa una per- sona de su propia opinién y lo que piensa de otra a la que le ofende que la tenga». En el presente context, existiia esa falta de paridad centre la importancia que conceden los padres a Ia decision sobre el némero de hijos que quieren tener y la importancia que le conceden otros, incluidos los potentados que dirigen el gobierno. En general, no es facil no reconocer Jas razones para conceder una importancia intrinseca a la autonomia y la libertad, lo cual puede entrar en con- flicto con una maximizacién sensata de las consecuencias para la uti- lidad (sin tener en cuenta el proceso de generacién de las utilidades)."" No es, pues, razonable que el anilisis basado en las consecuen- cias sdlo tenga en cuenta las utilidades y, en particular, que exclaya la satisfaccién y la violacién de los derechos relacionados eon la li bertad y la autonomia, Pero tampoco es crefble hacer que estos de- 259 rechos sean inmunes, como ocurre en la formulacién libertaria, a consecuencias que tienen, independientemente de lo terribles q éstas sean. En el caso de los derechos de reproducciéa, el hecho que se consideren importantes no significa que lo sean tanto que ban protegerse aunque provoquen desastres y enormes sufrimien y hambre. En general, las consecuencias de tener y ejercer un d cho deben influir algo, en Gltima instancia, en la aceptabilidad gent ral de ese derecho ‘Ya hemos analizado las consecuencias del crecimiento de la po: blacién para el problema de los alimentos y el hambre y no existe nin. gin fundamento real para mostrarse muy alarmistas en este momen: to. Pero si continéa creciendo la poblacién, el mundo podria muy. bien encontearse en una situacién mucho més dificil incluso en lo que alimentos se refiere. Existen, ademés, otros problemas relacionados con el rapido crecimiento de la poblacién, entre los cuales se en= cuentran la superpoblacién de las ciudades y, por supuesto, los pro: blemas locales y mundiales de medio ambiente.” Es muy importante ver qué probabilidades hay en la actualidad de que se desacelere el crecimiento demogréfico. Eso nos leva al segundo interrogante, EL ANAUsIs MALTHUSIANO Aunque generalmente se atribuya a Malthus el andlisis pionero de la posibilidad de que la poblacién tienda a crever demasiado, la proba bilidad de que el continuo aumento de la poblacién provocara «una continua distninuci6n de la felicidad» fue expresada, en realidad, an= tes de Malthus, por Condorcet, matematico francés y gran pensador de la Tustracién, que fue quien primero presenté el nicleo de la bie pétesis que subyace en el anilisis «malthusiano» del problema de« mogrifico, segtin la cual, «al superar el aumento del ntimero de home bres al de sus medios de subsistencia» se produciré «una continua disminucién de la felicidad y de la poblacién, un movimiento real- mente retrgrado 0, al menos, una especie de oscilacién entre el bien yel maby.” ‘A Malthus le encantaba este andlisis de Condorcet, se inspiré en 1 lo cit6 con gran aprobacién en su famoso ensayo sobre la pobla- 260 cién, En lo que ambos discrepaban era en sus respectivas opiniones sobre la conducta dela fecundidad. Segiin Condorcet, las tasas de fe- cundidad disminuirian voluntariamente y aparecerian nuevas nor mas «basadas en el progreso de la raz6n», segtin las cuales el tamaiio de las familias seria menor. Llegaria un momento en que la gente «sabrii que si tiene una obligacién para con los que aiin no han nack do, esa obligacién no es darles vida sino felicidad». Este tipo de ra- zonamiento, reforzado por la expansién de la educacién, en especial de la educacién femenina (de la que Condorcet fue uno de los pri- ‘metos y mis ruidosos defensores), levaria a los individuos, segtin Condorcet, a reduci: las tasas de fecundidad y las familias, algo que decidirian de manera voluntaria, «en lugar de llenar el mundo tonta- mente de seres iniitiles y desgraciados».™ Una vex identificado el problema, Condorcet sefialé su probable solucién. Malthus pensabe que todo eso era improbable. En general, crea que habia pocas posibilidades de resolver los problemas sociales por medio de las decisiones razonadas de las personas afectadas. Por lo que se referia a los efectos del crecimiento demogrifico, Malthus es- taba convencido de que la poblacién crecetia inevitablemente mas aque las existencias de alimentos y, en este contexto, consideraba que la produccién de alimentos tenia unos limites en cierta manera infle- xibles. Y lo que es mas importante para el tema de este capitulo, era cscéptico sobre la planificacién familiar voluntaria. Aunque si se re- firié a la amoderacién morals como alternativa para reducir la pre- sién demogritica (es decir, como alternativa al sufsimiento y al au- mento de la mortalicad), pensaba que existian pocas probabilidades reales de que esa moderaci6n fuera voluntaria, Las opiniones de Malthus sobre lo inevitable variaron algo con el paso del tiempo, y a medida que transcutrieron los afios, dej6 clara- mente de estar tan seguro de su primer pronéstico, Los estudiosos ‘modernos de Malthus tienden a poner énfasis en sus «cambios» de postura, y existen, de hecho, razones para distinguir entre cl primer Malthus y el posterior, Pero su falta basica de confianza en el poder de la raz6n, por oposicién a la fuerza de la coaccién cconémica, para llevar alos individuos a reducir su familia apenas vati6. De hecho, en una de sus tiltimas obras, publicada en 1830 (murié en 1834), insis- tid en su conclusion de que 261 no existe razén alguna para suponer que nada, salvo la difi de satisfacer como es debido las necesicades vitales, vaya a a este mayor niimero de personas a no estar dispuesto a cas pronto o a impedirles criar saludablemente familias lo mas des posible.” Es esta incredulidad en la via voluntaria la raz6n por la que thus pensaba que era necesaria una reduccién forzosa de las tasas crecimiento de la poblacién y que serfa Ja naturaleza la que prov. 1a esa reduccién. El descenso que experimentaria el nivel de vida causa del crecimiento de la poblacién no s6lo elevaria de manera pectacular las tasas de mortalidad (lo que Malthus denominaba nos positives»), sino que, al causar penurias econémicas, tambi obligaria a los individuos a tener una familia mas pequefia. El nex basico del argumento es la conviecién de Malthus —y esto es lo im- portante—de que la tasa de crecimiento dela poblacién no puede re- ucirla «nada, salvo la dificultad de satisfacer debidamente las nece= sidades vitales»."* La oposicién de Malthus alas leyes de pobres yal ayuda a los indigentes estaba relacionada con su creencia en esta 6O- nexién causal entre la pobreza y el bajo crecimiento de la poblacién, La historia del mundo desde el debate de Malthus y Condoreet: 1 ha respaldado mucho el punto de vista de Malthus, Las tasas de fecundidad han descendido de forma brusca con el desarrollo social y econémico en Europa y Norteamérica, y estén descendiendo en la actualidad en una gran parte de Asia y bastante en Latinoamérica, Contindan siendo muy altas y manteniéndose estables en los paises menos privilegiados —en especial en el Africa subsahariana— que atin no han experimentado un gran desarrollo econ6mico 0 social y gue han continuado siendo pobres y atrasados en el terreno de la educacién basica, Ia asistencia sanitaria y la esperanza de vida.” El descenso general de las tasas de fecundidad puede atribuirse a varias causas, La relacién positiva entre el desarrollo y la disminu- ci6n de la fecundidad suele resumirse con un torpe eslogan: «El de- satrollo es el mejor anticonceptivo>» Aunque haya algo de cierto en esta idea bastante poco diferenciada, hay algunos componentes del desarrollo que en Occidente se han dado juntos y entre los cuales se encuentran el incremento de la renta per cépita, la expansiGn de la 262 educacién, el aumento de la independencia econémica de las muje- res, la reducci6n de las tasas de mortalidad y la difusin de las opor- tunidades de planificacién familiar (aspectos que forman parte de lo «que podrfamos llamar desarrollo social). Es necesario analizar por separado cada uno de ellos, DESARKOLLO FCONOMICO 0 SOCIAL Existen varias teorfas sobre las causas de este descenso de la fecundi- dad. Un influyente ejemplo es el modelo de determinacién de la fe- cundidad de Gaty Becker, Aunque Becker presenta su teoria como una «extensiGn» del andlisis de Malthus y aunque su andlisis compar- te muchas de las caracterfsticas del andlisis malthusiano (incluida la tradicién de concebirla familia como una sinica unidad de toma de de- cisiones en la que no hay divisiones, cuestién sobre la que nos exten- detemos en seguida), Becker rechaza, de hecho, la conclusién de Mal- thus de que la prosperidad eleva el crecimiento demogrifico en lugar de reducitlo, En el andlisis de Becker desempefia un importante papel Ia influencia del desarrollo econémico en la realizacién de inversiones (por ejemplo, en educacién) para mejorar la «calidad de los hijos."* Las teorfas sociales del descenso de la fecundidad lo attibuyen, a diferencia del enfoque de Becker, a los cambios de las preferencias provocados por el desarrollo social, como la expansién de la educa- cidn, en general, y de la educacién de las mujeres, en particular.” Esta es, desde luego, una de las conexiones que subtayé Condorcet. Sin embargo, tenemos que distinguir entre 1) los cambios que ex- petimienta el ntimero de hijos que desea tener una familia debidos a la influencia de las variaciones de los costes y de los beneficios, sin que cambien las preferencias, y 2) los cambios que experimentan esas preferencias como consecuencia de los cambios sociales, como la modificacién de las riormas aceptables de Ia comunidad y el au: ‘mento del peso de los intereses de las mujeres en los objetivos agre- xgados de la familia. Condoreet centré la atencién en los segundos y Becker en los primeros. Otra sencilla cuestién son las facilidades de acceso a los servicios de control dela natalidad y la difusion de la informacién y de la tec- 263 nologfa relacionadas con la planificacién familiar. A pesar del ticismo inicial respecto a esta cuestién, hoy dia esta razonablemer claro que la difusién de informacién y la posibilidad de acceder servicios de control de la natalidad influyen en Ja fecundidad de familias en los pafses que tienen una elevada tasa de natalidad y casos servicios de control de la natalidad.” Por ejemplo, el bruseo descenso de la fecundidad registrado en Bangla Desh guarda rel res eumenta con la educacién escolar y de que eso contribuye a re: ducir las tasas de fecundidad. La evidencia contraria procede de algunos estudios en los que se comparan familias (en lugar de distri- tos). Aunque los datos en los que se basan estos estudios son esca- s0s (mucho més que los del enorme estudio de Murthi, Guio y Dré= ze, que abarea toda la India), seria un error desechar de antemano la evidencia contraria. Sin embargo, es fundamental la unidad de anilisis que conside- ramos adecuada. Si se supone que la influencia de las mujeres au- menta con el porcentaje de mujeres que saben leer y escribir en una regién (a través del debate social documentado y de la formacién de valores), la comparacién de familias no recogeria esta influencia, Las 266 comparaciones de distritos realizadas por Murthi, Guio y Dréze in- corporan relaciones que son «externas» ala familia pero «internas» la regién, como la comunicacién entre las diferentes familias de una regién.” La importancia del debate pablico y del intercambio de opiniones ¢s uno de los principales temas generales de este libro. EHAastA QUE PUNTO ES EFICAZ. LA COACCION? 2Qué diferencia hay entre estas influencias y los resultados que pue- den obtenerse por medio de medidas coereitivas como las que ha adoptado China? En algunas grandes regiones de China se han adoptado mediclas como la de «un solo hijo por familia» desde las re- formas de 1979. El Estado se niega, ademas, a ofrecer vivienda y ptestaciones de otros tipos a las familias que tienen demasiados hi- js, castigando asf tanto a los hijos como a los adultos disidentes. La ‘asa total de fecundidad de China (que es un indicador del niimero medio de hijos nacidos por mujer) es de 1,9 en la actualidad, signifi- cativamente inferior a la cifra de 3,1 de la India y muy inferior a la media ponderada —alrededor de 5,0— de los paises de renta baja, excluidos China y la India * Elejemplo chino atrae a muchos a los que los aterra la idea de la ebomba demogréfica y quieren una solucién répida. Para ver si esta via es aceptable, es importante sefialar, en primer lugar, que el pro- ‘eso tiene algunos costes, incluida la violacién de derechos que tie- nen alguna importancia intrinseca. En ocasiones, la medida de te- duccién de la familia se ha aplicado con enorme rigor. En un articulo reciente de The New York Times se da la siguiente noticia: Los habitantes del pueblo de Tongmuchong no necesitaron nada que los convenciera més que el dia en que la sefiora Liao, la fun- ionaria encargada de la planificacién familiar, amenazs con ha- cer volar sus casas, El afio pasado, en el vecino pueblo de Xiaoxi, tun hombre llamado Huang Fuqu fue obligado a salir de su casa, junto con su mujer y sus tres hijos. Para horror de todos los que estaban mirando, a continuacién se hizo saltar la casa por los ai res hasta dejarla reducida a escombros. En una pared cercana, los 267 dinamiteros del gobierno pintaron lo siguiente: «Aquellos que m obedezcan a la policia de planificacién familiar perderén su tuna»” Los grupos de derechos humanos y las organizaciones fem tas, en particular, se han interesado de manera especial por la pérdit- da de libertad que implica este proceso."* En segundo lugar, cuando se evalia el control obligatorio de natalidad, ademas de analizar la cuestién fundamental de la libertad de reproduccién y de otras libertades, también hay que examinay otras consecuencias. Las consecuencias sociales, incluida la forma en que tiende a reaccionar la poblacién que no esta dispuesta a obede- cer la medida y es coaccionada, a menudo pueden ser tetribles, Por ejemplo, la politica de «un solo hijo por familia» puede llevar @ no tender —o peor atin—a los bebés y a aumentat asf la tasa de mor talidad infantil. Por otra parte, en los paises que prefieren claramens te alos hijos varones —caracteristica que China comparte con la [ne dia y con otros muchos paises de Asia y del norte de Africa— la politica de un solo hijo por familia puede set perjudicial para las ni- fas, ya que puede llevar, por ejemplo, a desatender a las hijas hasta cl punto de causarles la muerte. Eso parece que es lo que ha ocurri- do en gean escala en China, En tercer lugar, los cambios de la conducta reproductora que se consigan por imposicin no tienen por qué ser estables, Un portavoz de la Comisisn Estatal de Planificacién Familiar de China hizo el si guiente comentario a algunos periodistas a principios de 1999: En este momento las bajas tasas de natalidad no son estables en China, Eso se debe a que el concepto de natalidad de la inmensa ‘mayorfa de la poblacién apenas ha cambiado en lo fundamental.” En cuarto lugar, no se sabe en absoluto cusinto ms ha consegui- do reducit en realidad China la tasa de fecundidad con estos méto- dos coercitivos. Es razonable aceptar que muchos de los antiguos programas sociales y econémicos de China han conseguido reducir la fecundidad, incluidos los que han expandido la educacién (de las ‘mujeres y de los hombres), han facilitado mas el acceso @ la asisten- 268 cia sanitaria, han brindado mas oportunidades de empleo a las muje- res y —més recientemente— han estimulado el crecimiento econ6- ico. Es posible que estos factores hayan tendido a contribuir a re- ducir la tasa de natalidad, y no se sabe cuanto mds ha conseguido reducir China las tasas de fecundidad con la politica coercitiva, De hecho, incluso en ausencia de coaccién, seria de esperar que la tasa de fecundidad de Caina fuera mucho menor que la media india, dado que China ha obtenido unos resultados mucho mejores en el campo de la educacién, la asistencia sanitaria, las oportunidades de empleo de las mujeres y ottos ingredientes del desarrollo social. Para separar Ia influencia de estas variables sociales de la in- fluencia de la coaecién, podemos tener en cuenta que la India es mu- cho mas heterogénea que China y examinar especificamente los esta dos indios que son mis avanzados en estos campos sociales. En particular, l estado de Kerala permite realizar una interesante com: paracién con China, ya que también disfruta de clevados niveles de ‘educacién basica, sanidad, etc., algo superiores a la media china.” Kerala también tiene algunos otros rasyos favorables para el aumen- to del poder y la agencia de las mujeres, entre los cuales se encuentra tun mayor teconocimiento, siguiendo la tradicién juridica, de los de- rechos de propiedad de las mujeres en un considerable ¢ influyente segmento de la comunidad.” La tasa de natalidad de Kerala de 18 %» es, de hecho, menor que la de 19 % de China, y se ha logrado sin ninguna coaccién del esta- do, A mediados de los afios noventa la tasa de fecundidad de Kerala era de 1,7, mientras que la de China era de 1,9. Estas tasas estan de acuerdo con lo que cabria esperar de los avances realizados en as- ppectos que contribuyen a que se reduzcan voluntariamente las tasas de natalidad.” [EFECrOs SECUNDARIOS ¥ RITMO DE REDUCCION DE tA FECUNDIDAD ‘También merece la pena sefialar que, como la baja fecundidad de Kerala se ha logrado de manera voluntaria, no existe ningiin indicio de que haya tenido las consecuencias negativas que se han observa- [Link] el caso de China, por ejemplo, un aumento de la tasa de mor- 269

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