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Paracaídas

Practica de cuento haciendo uso de las tres personas diferentes para llevar el mismo fragmento narrativo

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Máximo José Lewin Hernández

Paracaídas

1era Persona:

Nos reunimos en la mañana. Era mi cumpleaños. Habían pasado días en los que se
pronunciaban las mismas palabras entre nosotros: ¿Lo hacemos? ¿Enserio lo vamos a
hacer? Sí, si lo haremos. El cielo se mostraba alto, hacía algo de frío. Nos montamos en
la van con otras tres personas y la verdad es que no me sentía nervioso. Me impresionó
que todos parecían estarlo. La gente parece tener esta idea de los deportes extremos, que
son en realidad muy controlados. Al llegar, un pequeño curso nos separaba del salto.
Reglas esenciales como qué hacer en caso de..., qué hacer cuando..., yo veía los aviones
partir hacia el cielo, los hombres bajando triunfantes. Por fin llego el momento de subir.

Arriba, íbamos hincados uno tras de otro, a decir verdad, el instructor que me tocó era
demasiado pequeño para sostenerme, no inspiraba mucha confianza, pero decía que
tenía más 23,000 saltos completados y este era solo uno más. Se sintió el miedo en el
avión cuando el primer par salió disparado por la ventana. Mi amigo me miraba, él iba
primero. Lo vi salir como un holograma veloz, y desaparecer. Mire al techo. No me
dejaban mirar hacia abajo. La puerta se abrió. Saltamos.

2da Persona:

Te reuniste conmigo en la mañana. Era tu cumpleaños. Habían pasado días en que


escuchabas mi pregunta: ¿Lo hacemos? ¿Enserio lo vamos a hacer? Y me respondías:
Si, si lo haremos. El cielo estaba alto, hacía frío. Subimos a la van con otras tres
personas y no parecías muy nervioso. Todos hablaban de lo que les preocupaba, de
cómo podría salir todo, intentaban ser positivos. Al llegar, fuiste a tomar el curso
primero. Te hablaron de los lineamientos necesarios, te dijeron lo básico: Qué deberías
hacer si lo que no debía pasar pasaba. Veías por la ventana, expectante. Subiste.

Arriba, ibas hincado como todos, en fila india. Las puertas se abrieron y el primer par
salió disparado hacia el vacío. No se escuchaba ninguna palabra, más que los gritos de
los instructores. Me viste una última vez, parecías emocionado. Sonriente me escuchaste
decir: Adiós hermano. Luego te perdiste en esa célula voladora con alas. Saltaste.
Máximo José Lewin Hernández

3era persona:

Se reunieron por la mañana. Era su cumpleaños. Habían tenido la misma conversación


por días. Uno preguntaba: ¿Lo haremos? ¿Enserio lo vamos a hacer? Y el otro respondía
confiado. Si, si lo haremos. El cielo se mostraba alto, hacía un frío sutil. Se montaron en
una van blanca con otras tres personas. La atmósfera del vehículo era de expectativa, de
emoción, y el par de amigos confiaban plenamente en la experiencia. Al llegar, tomaron
una charla breve sobre los principales lineamientos de seguridad. Había de saberse el
procedimiento correcto en casos de emergencia. Uno miraba por la ventana a los
hombres precipitándose desde las alturas, los aviones ascendentes, el otro escuchaba
atento. Había llegado la hora del ascenso.

A medida que tomaban altura los rostros de los pasajeros cambiaban. Un avión pequeño
surcando las nubes, mochilas cargadas y arneses. Sus estómagos se contraían según se
acercaban a la puerta y veían a sus compañeros salir. No los dejaban ver hacia abajo,
pero los amigos se dieron un último vistazo antes de que el primero saliera arrojado
hacia la incertidumbre. Algo le confesó el primero antes de caer, el otro no lo escuchó.
Saltaron

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