Así las cosas, del análisis de los antecedentes del proceso, no cabe duda que el primer requisito
que estatuye la norma, esto es, la existencia de una especie de sociedad, desde que los actores
participaban del giro social, expresamente concurrían a la ejecución de las labores de explotación
agrícola y de ganadería que se convenían entre todos los socios mediante la entrega en forma
personal de trabajo, tal como se dejó constancia en la sentencia de casación. En cuanto a la
segunda exigencia, elemento referido a la buena fe, es indiscutible su concurrencia respecto de los
actores, puesto que los aportes realizados los hicieron con la plena convicción de estar actuando
conforme a derecho y que los conduciría a la adquisición de la calidad de socio de la demandada;
- Infracción a los principios de enriquecimiento sin causa, equidad y justicia. En este acápite señala
que subyace en la legislación civil el principio que nadie puede enriquecerse sin causa, tal como se
desprende de una serie de disposiciones que consagran el derecho del interesado para que se le
restituya o reembolse aquello que ha dispuesto patrimonialmente, incluso en mérito de un
contrato declarado nulo. Lo contrario, implica desconocer el derecho más básico de los actores, en
cuanto a que se le restituya por parte de quien finalmente obtuvo provecho de los aportes
efectuados y que se encuentran debidamente probados en juicio, toda vez que no se ha discutido
en este juicio que finalmente todos los aportes monetarios así como el trabajo, ingresaron y
reportaron beneficio a la sociedad demandada, por lo que ésta forzosamente debe restituirlos en
razón de la equidad y la justicia;
SEGUNDO
Que, para los efectos de una debida inteligencia de las cuestiones planteadas en el recurso, es
menester reseñar algunos de los antecedentes de mayor relevancia que surgen del proceso en el
cual se pronunció la sentencia que se impugna:
En estos autos comparecieron don L.Z.Z. y don J.T.S., quienes dedujeron como petición principal
demanda de cumplimiento de contrato en contra de Sociedad Agrícola y Ganadera Chalaco
Limitada, solicitando que la demandada sea condenada a modificar sus estatutos, incorporando a
los actores como socios de la misma con derechos equivalentes al 4.22% respecto de don Luis
Zamora Zamora y 5,41% respecto de don J.T.S.. Señalan, en resumen, que durante la vigencia de la
referida sociedad, han cumplido con todas las obligaciones que los estatutos imponen a sus socios,
no obstante lo cual, la demandada no ha dado cumplimiento a su obligación de incorporarlos
como tales, de manera que por esta vía y, de conformidad a lo dispuesto en los artículos 1437,
1545 y 1546 del Código Civil, es que vienen en demandar el cumplimiento forzado de la obligación.
En subsidio de la acción principal, deducen demanda ordinaria de indemnización de perjuicios en
contra de la sociedad antes mencionada, con el objeto de que esta sea condenada a pagar a favor
de cada uno de los demandantes la suma de $20.000.000 por concepto de daño moral; a título de
daño emergente $200.000.000 y $155.844.150; y por lucro cesante $300.000.000 y $233.766.230,
para don J.T.S. y don L.Z.Z., respectivamente.
Explican que por escritura pública de fecha 14 de septiembre de 1979 se constituyó la sociedad
demandada, como requisito indispensable para adquirir del Servicio Agrícola y G. parte del fundo
que singulariza. Aseveran que dicho organismo estableció, además, como condición para la
transferencia del predio, que se pagara al contado a lo menos el 10% del precio de la venta. En
atención a que los integrantes de la naciente sociedad no tenían los recursos económicos
necesarios, convocaron a los actores con el objeto que aportaran dineros, lo que en definitiva
ocurrió, en razón de $39.000 por parte de don Luis Zamora Zamora y $50.000 don J.T.S.,
contribución que realizaron mediante la entrega en dominio de animales de pastoreo, que
posteriormente fueron liquidados y abonados los valores a cada uno de los aportantes más la
entrega, también en dominio, de una vaca, destinada a la crianza.
Paralelamente, refieren que tras la entrega material del predio en el mes de febrero del año 1981,
con la finalidad de pagar el saldo insoluto del precio de la compraventa, se hacía necesario
explotar los predios adquiridos, de manera que cada uno de los socios, incluidos los actores,
tuvieron que adicionalmente aportar trabajo en forma individual por quince días al mes para
atender las tareas propias del campo.
De esta forma, concluyen, los aportes realizados por los comparecientes fueron determinantes
tanto para adquirir los predios como para pagar cada una de las cuotas anuales que se devengaron
a favor de la institución pública, que se plasmó incluso en la contabilidad de la sociedad
demandada, puesto que en el balance del año 1993, se contabilizaron, en el caso del señor T., 792
días de trabajo, valorizados en $1.793.044 y para el caso del señor Z., 753 días, tasados en
$1.704.028, sin perjuicio de dejar constancia que el valor monetario aportado debidamente
actualizado por el primero de los mencionados ascendía a $1.533.155 y por el segundo
$1.186.874, por lo que en resumen, se les reconoció la participación social de $3.316.139 que
representan un 5,39% del capital y $2.890.902 que corresponde al 4,2%, respectivamente.
Añaden que los aportes efectuados por ellos durante años con el objetivo de alcanzar un bienestar
común, fueron realizados con la íntima convicción que su condición de socio no sería discutida por
sus pares y que finalmente serían incluidos en el pacto social, gozando posteriormente de los
beneficios sociales que debían distribuirse en proporción a sus derechos y partición social en
iguales condiciones. Esta situación llevó a la sociedad demandada en asamblea de fecha 31 de
octubre de 1998 a reconocer expresamente su calidad de socio. Sin embargo, no se materializaron
formalmente sus ingresos, incluso una minoría de los socios ha negado la condición que invisten,
impidiéndole participar en las asambleas con derecho a voz desde el 2 de junio del año 2007.
Sostienen que este desconocimiento les ha acarreado enormes perjuicios, puesto que no sólo
desde el punto de vista moral y jurídico se han ignorado los aportes que efectuaron en su
oportunidad, sino que en forma adicional, se les ha privado de seguir percibiendo las utilidades y
beneficios que involucra la calidad de socios en la demandada.
Así las cosas, el incumplimiento de la parte contraria al no incorporarlos como socios les ha
ocasionado diversos perjuicios, tales como: a) por concepto de daño emergente que tasan en
$200.000.000 y $155.844.150 para don J.T.S. y don L.Z.Z., respectivamente, representativo de los
aportes en dinero, especie y del trabajo efectuado desde la constitución de la demandada hasta la
fecha en que fueron impedidos materialmente de seguir participando en ella; b) lucro cesante,
considerando para estos efectos que no podrán participar en el reparto de bienes y utilidades
futuras que por su participación les hubiera correspondido percibir, ascendente a $300.000.000 y
$233.766.230, respectivamente; c) además, la conducta de la contraria les ha producido
sentimientos de impotencia, humillación, por el futuro, que han derivado en severos cuadros
depresivos, por lo que valoriza el daño moral en $20.000.000 para cada uno.
Por último, sostienen que el fundamento de la demanda se encuentra el artículo 2.329 del Código
Civil, que contempla un principio general de reparación en cuanto a la obligación de indemnizar
los daños inferidos a otro por su autor.
La parte demandada opuso como alegaciones, excepciones y defensas en relación a ambas
acciones deducidas, la improcedencia del ingreso de los actores a la sociedad demandada, por
tratarse de una sociedad de personas, con solemnidades especiales y con personalidad jurídica
propia distinta de los socios que individualmente la componen, añadiendo, por lo mismo, lo
inconducente que sea la sociedad la que indemnice los supuestos perjuicios, ya que de haberse
materializado, no pueden ser imputados a ésta. En efecto, en lo que interesa al presente recurso,
expone que los perjuicios sufridos por los actores no le son oponibles a su parte, desde que los
hechos que se invocan en la demanda no pueden generar responsabilidad de indemnizar
perjuicios, por cuanto la causa de los mismos derivarían eventualmente de una parte minoritaria
de los socios que conforman la sociedad. De este modo, al ser la sociedad una persona jurídica
distinta de sus socios, individualmente considerados, los perjuicios aducidos no le competen a esta
última.
Seguidamente, la demandada argumentó la falta de legitimación pasiva; el incumplimiento de los
requisitos generadores de la responsabilidad contractual, así como de la extracontractual;
prescripción extintiva; inexistencia y en subsidio, nulidad absoluta del acuerdo adoptado sin
unanimidad de la sociedad; En subsidio, la teoría de los actos propios y la renuncia de la parte
demandante por sus acciones anteriores e inoponibilidad y, por último, incompetencia absoluta;
Por sentencia de fecha veintinueve de octubre de dos mil diez, escrita a fojas 898, la señora juez
titular del tribunal a quo, acogió la acción principal y ordenó a la sociedad demandada modificar
sus estatutos y cumplir las solemnidades legales pertinentes, a fin que los actores tengan calidad
de socios de dicha sociedad, en los mismos términos que los socios constituyentes. No emitió
pronunciamiento sobre la acción subsidiaria por resultar incompatible con la pretensión acogida.
La parte demandada dedujo en contra de este fallo, recursos de apelación y casación en la forma
y, una sala de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, por decisión de seis de mayo de dos mil once,
que rola a fojas 1132, lo confirmó y desestimó la nulidad formal.
En su contra, la sociedad demandada interpuso recurso de casación en el fondo, el que fue
acogido por esta Corte Suprema, por sentencia de tres de abril de dos mil doce, que se lee a fojas
1163, procediéndose en la sentencia de reemplazo a revocar la decisión apelada que acogió la
demanda principal y, en su lugar, declaró que esta queda desestimada. En la misma resolución se
ordenó a la Corte de Apelaciones de Valparaíso emitir pronunciamiento sobre la acción subsidiaria
comprendida en la demanda, por medio de una sala integrada por ministros no inhabilitados.
La Corte de Apelaciones aludida, en cumplimiento de lo ordenado, por fallo de trece de
septiembre de dos mil doce, de fojas 1196, rechazó la demanda subsidiaria de indemnización de
perjuicios;
TERCERO
Que conviene en este punto de reflexión, traer a colación los argumentos de esta Corte al tiempo
de resolver el rechazo de la acción principal de cumplimiento de contrato deducida por los
actores. En este contexto, la sentencia de casación sostuvo que, la sociedad demandada es una
sociedad de responsabilidad limitada, que se rige por la Ley N° 3.918 y por las normas contenidas
en el Código Civil y de Comercio, haciendo hincapié en el carácter solemne que ostentan estas
entidades y, en particular en lo que dice relación con los requisitos exigidos para su constitución.
Seguidamente, se señaló que si bien el 31 de agosto de 1998 se autorizó por un 65% de los socios
la incorporación de los actores a la sociedad, es un hecho no discutido que no se llevaron a cabo
las formalidades respectivas para dejar constancia de la decisión adoptada por la asamblea, en tal
sentido; razón por la cual, al no haberse cumplido con la realización de los trámites concernientes
a la debida formalización de los acuerdos de la Asamblea, no puede considerarse que los actores
hayan sido incorporados a la sociedad demandada.
Por otro lado, en lo que toca a la naturaleza jurídica del acto mediante el cual se incorpora a un
nuevo socio, se razona en la sentencia de casación que, no obstante que el Consejo de
Administración de la sociedad demandada al requerir el apoyo económico de los actores, se
comprometió a incorporarlos como socios, es lo cierto que no se ha demostrado en el proceso que
el referido Consejo hubiese estado facultado especialmente para incorporar nuevos socios a su
sola decisión. Por lo tanto, dicho órgano debía circunscribirse a los términos de su mandato,
conforme lo prescribe el artículo 2077 del Código Civil, lo que lleva a concluir que este órgano
administrativo interno se excedió respecto de las facultades estatutarias y legales que le fueron
conferidas, al comprometerse a incorporar a los demandantes como socios de la entidad
demandada.
Se consignó en la sentencia en análisis, que con fecha 12 de agosto de 1998, se modificó la
escritura de constitución de la aludida sociedad, señalándose que: "Asimismo se deja constancia
que cada vez que se requiera el pronunciamiento de la Asamblea de socios bastará el voto, en uno
u otro sentido, de la mayoría de ellos". Por lo mismo, el día 31 del mismo mes y año, la sociedad
demandada, con la votación favorable del 65% de los socios aceptó, en tal calidad, a los
demandantes de autos, debiendo estos preocuparse de tramitar las modificaciones sociales
pertinentes. Sin embargo, se concluye la ilegalidad de la modificación de la escritura social, al
tenor de lo preceptuado en los artículos 2088 del Código Civil; 404 N° 3 y 390 del Código de
Comercio, normativa de carácter restrictiva que aborda el tema de la incorporación de nuevos
miembros al ente social y que guarda íntima relación con dos connotaciones esenciales del
contrato de sociedad, a saber, el tratarse la sociedad de un contrato "intuito personae", que se
manifiesta en el requisito de la voluntad unánime de todos los socios para incorporar a un tercero,
en semejante condición, a la sociedad y, por otro lado, la "affectio societatis", esto es, la intención
de los contratantes claramente orientada a formar una sociedad, gozando en común de los
beneficios que la actividad social arroje y de compartir, también en común, las pérdidas que de
ella se sigan. De manera que no bastaba el voto de mayoría de los socios -y sí de la unanimidad-
para incorporar a los demandantes como miembros de la sociedad demandada;
CUARTO
Que son hechos de la causa, los siguientes:
Con fecha 14 de septiembre de 1979, se constituyó la "Sociedad Agrícola y G.C.L..", cuyo objeto
era la adquisición, a cualquier título, a la Ex Corporación de Reforma Agraria, del predio
denominado C. y su explotación agropecuaria.
Dado que la sociedad precedentemente referida no lograba reunir el dinero suficiente para pagar
la primera cuota del precio exigido para adquirir dicha finca, los miembros del Consejo de
Administración invitaron a participar a J.T. y L.Z. -demandantes en esta causa- a fin de que con sus
aportes se lograra dicho objetivo y con el compromiso de incorporarlos formalmente con
posterioridad a la sociedad;
D.L.Z. aportó la cantidad de $39.000 y don J.T., la cantidad de $50.000, además de contribuir
ambos con trabajo personal a favor de la sociedad demandada;
El 12 de agosto de 1998 se modificó la escritura de constitución de la sociedad, señalándose:
"Asimismo se deja constancia que cada vez que se requiera el pronunciamiento de la Asamblea de
socios bastará el voto, en uno u otro sentido, de la mayoría de ellos";
Con fecha 31 de agosto de 1998, con un 65% de votación, los demandantes fueron aceptados
como socios, quienes debían tramitar las modificaciones sociales respectivas;
El ingreso formal de los actores no se materializó en los hechos porque no se cumplieron las
solemnidades legales de modificación de los estatutos sociales;
Con posterioridad al 31 de octubre de 1998, los actores siguieron participando en las asambleas de
socios de la demandada;
El 02 de junio de 2007 se realizó una nueva votación, en la que el 74% de los socios aceptaba el
ingreso a la sociedad de los demandantes y el 16% no lo aprobaba, imponiendo como requisito
para tal incorporación que aquéllos efectuaran nuevos aportes a la sociedad;
QUINTO
Que la Corte de Apelaciones de Valparaíso, para desestimar la acción subsidiaria de indemnización
de perjuicios, puso de relieve el fundamento fáctico de la misma, constituido por el perjuicio que
provocó a los dos demandantes el incumplimiento por parte de la sociedad demandada al no
incluirlos formalmente como socios de la misma, no obstante haber aportado capital al momento
de su formación y haber trabajado en pos del beneficio social, hechos que sustentan la acción, a
juicio de los actores, conforme a lo dispuesto el artículo 2329 del Código Civil que establece un
principio general de reparación. .
Luego, en atención a los razonamientos vertidos tanto por el juez a quo como por la sentencia de
casación correspondiente, concluye el tribunal de alzada que, a pesar de la normativa que
sustenta la acción subsidiaria, ella debe regirse por el estatuto de responsabilidad contractual y no
extracontractual como se pretende, toda vez que la fuente de donde emana la obligación de
indemnizar, según refieren los actores, no es otra que el incumplimiento que se atribuye a la
sociedad Agrícola y G.C.L.. de incorporarlos como socios y, en consecuencia, lo que se denuncia es
la infracción de una obligación contractual la que da origen a la responsabilidad contractual
únicamente. Admitir lo contrario importaría que el acreedor, al perseguir una indemnización
alegando responsabilidad extracontractual en el incumplimiento de una obligación, destruya la
fuerza obligatoria de la convención y se ampare en un estatuto de responsabilidad distinto de
aquél que las partes tuvieron en vista al momento de celebrar el respectivo contrato. Se
vulneraría, en tal caso, lo que dispone el artículo 1545 del Código Civil.
Concluyen los jueces en esta materia, que el artículo 2329 del Código Civil, citado por los actores,
es inaplicable al caso sub lite, pues no puede fundarse una demanda de reparación de daños
cuando éstos provienen de la responsabilidad que se imputa a los demandados al celebrar un
determinado contrato: dicha responsabilidad se regula por el estatuto contractual y no por el de
los delitos o cuasidelitos civiles.
Seguidamente, abordan la responsabilidad de la sociedad por el incumplimiento denunciado,
señalando al respecto que, tal como quedó asentado en el fallo de casación, fueron los miembros
del Consejo de Administración quienes invitaron a participar a los demandantes, para que con sus
aportes se lograra reunir el dinero suficiente para adquirir el predio denominado C. y proceder a
su explotación agropecuaria, comprometiéndose a incorporarlos formalmente a la sociedad. Lo
expuesto, refieren los sentenciadores debe colacionarse con la normativa que rige a la sociedad
demandada, esto es, la Ley N° 3.918 de 14 de marzo de 1923, de modo que de conformidad a lo
que dispone su artículo 4°, en lo no previsto en dicha ley, le son aplicables las normas que regulan
las sociedades colectivas.
De este modo, al no encontrarse acreditado que el mencionado consejo hubiere estado facultado
para contraer la obligación de incorporar como socios a los demandantes, de conformidad a lo que
dispone el artículo 2077 del Código Civil, es posible concluir que carecía de las facultades para ello
y, en consecuencia, su actuar no pudo obligar válidamente a la sociedad y el incumplimiento de
dicha obligación no puede acarrear responsabilidad indemnizatoria de parte de aquélla. Asimismo,
tampoco pudo obligar válidamente a la sociedad el acuerdo de 31 de agosto de 1998 en que por
mayoría de los socios se aceptó en tal calidad a los demandantes, desde que dicho acuerdo carece
de validez, según lo resuelto por la Corte Suprema.
En consecuencia, concluye la sentencia recurrida, no habiéndose obligado válidamente la sociedad
a realizar los actos cuya omisión se le reprocha, no es posible atribuir a ésta responsabilidad en los
perjuicios que el incumplimiento de los mismos acarreó a los actores, la que en todo caso podría
recaer en los miembros del Consejo de Administración que contrajeron la obligación o en último
caso, en los socios que se oponen a su incorporación y que provoca el perjuicio a los actores;
SEXTO
Que, la cita de las disposiciones legales denunciadas por el recurrente, expuestas previamente en
el motivo primero y los argumentos esgrimidos en apoyo de sus afirmaciones en tal sentido,
tienen por objeto sustentar, fundamentalmente, que el estatuto que rige a la demanda subsidiaria
que su parte oportunamente dedujo se sustenta en el régimen de responsabilidad
extracontractual, en atención a que constituyen hechos de la causa que no existió un acuerdo
válido entre los actores y la sociedad demandada y que los primeros efectivamente realizaron
aportes a favor de la segunda, de manera que al haberse verificado un acto ilícito por parte del
órgano de administración de la sociedad, era procedente que se resarcieran los daños que dicha
conducta ocasionó a su parte, considerando que la ley ampara la responsabilidad de la sociedad
por los actos u omisiones de su administrador y que permite a los terceros de buena fe que
contrataron con ella reclamar la restitución de lo aportado y, que siendo ello así, correspondía
acoger la demanda y condenar a la sociedad demandada al pago de los perjuicios demandados;
SÉPTIMO
Que del tenor del libelo que contiene la casación en estudio, se advierte que el recurrente, sugiere
alegaciones que resultan del todo improcedentes, en la especie, teniendo en consideración lo que
fue la materia sometida al conocimiento y decisión de los tribunales del mérito.
En la línea propuesta, debe decirse que los elementos identificadores del objeto del proceso, son
la petición o “petitum” y la “causa petendi” o causa de pedir. El primero, referido a aquello que se
pide del órgano jurisdiccional sea de condena, constitución o declaración, y también aquello que
en cada caso pretende se obtenga, la prestación específica, se distingue entonces, entre la
petición inmediata y la mediata. Por su parte, la causa de pedir, es entendida como el fundamento
inmediato del derecho deducido en juicio.
En el ámbito de la acción procesal, la causa de pedir es el fundamento inmediato del derecho
deducido en el juicio, definida en el artículo 177 del Código de Procedimiento Civil, se reconoce la
causa con la pregunta: “por qué se pide la declaración o reconocimiento del derecho". Permite
identificarla con el conjunto de hechos que fundamentan la petición, en búsqueda de la
identificación de los mismos a un aspecto concreto, los que debidamente acreditados, persiguen
se les apliquen determinadas consecuencias jurídicas. Se tratará entonces, en los procesos
constitutivos, de los hechos a los que la norma vincula el efecto de crear, modificar o extinguir la
relación jurídica.
Sobre la base de lo previamente expuesto, los tribunales de justicia deben ceñirse al principio de
pasividad que rige su actuar, como al de congruencia, determinado por los asuntos sometidos a su
decisión. No puede soslayarse que el principio iura novit curia del sistema dispositivo y de
aportación de partes, viene a significar tan sólo la posibilidad que tiene el juez de desvincularse de
la fundamentación jurídica sustentatoria de las pretensiones de cada litigante para la resolución
de la controversia que ha sido sometida a su conocimiento, sin apartarse de la causa de pedir.
Dicho principio permite, sin incurrir en incongruencia, dar a los hechos planteados exclusivamente
por las partes y que derivan de las probanzas rendidas, la calificación jurídica que corresponda.
La decisión debe atenerse a la causa petendi, con respeto a los antecedentes fácticos, puesto que
los hechos pertenecen a la exclusiva disposición de las partes. No puede, por ende, variarse en la
decisión jurisdiccional el fundamento jurídico.
también los razonamientos antes anotados el principio de congruencia que busca vincular a las
partes y al juez al debate. Por el contrario, conspira en contra del necesario encadenamiento de
los actos que lo conforman, pues pretende dotarles de eficacia, y obsta a ella, la falta de
coherencia entre estas partes que conforman un todo. Surge así este principio que enlaza la
pretensión, la oposición, la prueba, la sentencia y los recursos, siendo la congruencia procesal en
la sentencia un imperativo a respetar por el magistrado al decidir la controversia. Se podrá
sostener y con razón, que no existe un conjunto de disposiciones que regulen la institución, la
estructure en sus presupuestos, requisitos y efectos, pero no por ello es desconocida en nuestro
ordenamiento, por cuanto se refieren a la congruencia directa o indirectamente distintas normas,
entre las que se cuenta la que regula el contenido de las sentencias. En general la congruencia es
la debida correspondencia entre las partes que componen un todo. Jurídicamente se puede decir,
que es el principio conforme al cual debe existir conformidad entre todos los actos del
procedimiento, aisladamente considerados, que componen el proceso. Si bien se pone énfasis por
la doctrina en resaltar los nexos entre las pretensiones sostenidas por el actor y la sentencia, no se
puede desconocer que tiene igualmente aplicación en relación con la oposición, la prueba y los
recursos, según se ha expresado, pero encuentra su mayor limitación en los hechos, puesto que en
cuanto al derecho aplicable, al juez le vincula otro principio: iura novit curiat, en el sentido que el
juez conoce y aplica el derecho, sin que ello afecte la causa petendi, según ya se adelantó.
El sano entendimiento y armonía de estos principios origina la conclusión que, inclusive al referirse
el juez al derecho, puede existir contravención al principio de congruencia o de vinculación a la
litis, infracción que sin duda se producirá si se desatiende lo que son su objeto y causa. De esta
forma la libertad del juez para interpretar y aplicar el derecho, queda delimitada por el principio
de congruencia, el cual le otorga el marco de su contenido;
OCTAVO
Que en íntima conexión con lo anterior resulta imprescindible traer a colación los artículos 160 y
170 N° 6°, de la recopilación adjetiva del ramo.
El precepto preliminar de esta normativa -considerada como expresión positiva de uno de los
principios formativos del proceso al que ya se ha hecho alusión: el de la congruencia- estatuye que
los fallos deben extenderse de acuerdo al mérito del mismo, no pudiendo extenderse a puntos no
sometidos expresamente a juicio por los contradictores (salvo en cuanto las leyes autoricen o
permitan proceder de oficio).
La segunda de las reglas antes consignadas, en armonía con la recién transcrita, establece que el
acápite resolutivo del veredicto debe circunscribirse al asunto debatido, que abarca todas las
acciones y excepciones ventiladas en juicio.
Sabido es, que los litigantes someten sus pretensiones al tribunal en los escritos relevantes del
proceso: el actor, en su demanda y el demandado, en el de su contestación a la misma, como se
desprende de los literales 4° del artículo 254 y 3° y 4° del 309, de esa codificación.
NOVENO
Que la referencia a esta preceptiva parece atinente, a propósito de las cuestiones vertidas en el
recurso en comento, pues, como en su oportunidad se dijo, la contienda se estructuró con la
pretensión de los actores, enderezada a obtener diversas declaraciones en orden, en primer
término, a obtener se ordene el cumplimiento forzado del contrato que dice haber celebrado con
la sociedad demandada y, en subsidio, el pago de diversas sumas por concepto de daño
emergente, lucro cesante y daño moral, derivados de los perjuicios que el incumplimiento de la
sociedad demandada ocasionó a su parte. La defensa opuesta en la contestación a la demanda, se
estructuró en base a la improcedencia de las argumentaciones formuladas en su contra y,
particularmente en la imposibilidad de la sociedad demandada de asumir responsabilidades por
actuaciones que no le son propias.
Los jurisdicentes, ateniéndose a las fronteras así definidas en el conflicto sometido a su decisión,
rechazaron la demanda, en los términos que ya se consignó, puesto que concluyeron que la
prueba rendida en el proceso no permite justificar los fundamentos de la misma, toda vez que, por
un lado, quienes se comprometieron con los actores a conferirles la calidad de socios de la
sociedad demandada, fueron los miembros del Consejo de Administración, órgano que obró fuera
del ámbito de su competencia, sin contar con facultades para contraer una obligación de este tipo,
de manera que no pudo obligar válidamente a la sociedad, conclusión a la que también se arriba si
se considera que la aceptación que se hizo de los actores como socios tampoco es válida, por no
haberse adoptado del modo que lo ordena la ley. En consecuencia, al no haberse obligado
válidamente la sociedad demandada a realizar los actos cuya omisión se le reprocha, no es posible
atribuirle responsabilidad;
DÉCIMO
Que la impugnación sobre inobservancia de las disposiciones normativas que se acusa, además de
lo razonado previamente, encierra una serie de alegaciones nuevas y, como tales, es menester
recordar la improcedencia de hacer valer una o más causales de casación, fundadas en la
infracción de preceptos legales que abordan materias distintas de las discutidas en la litis, que, por
lo demás, no fueron promovidas por las partes en la etapa de discusión, para conceder a la
contraria la posibilidad de manifestar su parecer sobre la pertinencia de aplicarlas al caso sub
judice, lo que obviamente, de aceptarse, atentaría contra el dogma de la bilateralidad de la
audiencia.
Esta inadmisibilidad se impone, además, por cuanto no han podido ser violentadas por los
magistrados del fondo reglas legales no invocadas por las partes al oponer sus excepciones,
alegaciones o defensas.
De ello resalta que la impugnante intenta introducir alegaciones nuevas en esta sede, en
circunstancias que no fueron incluidas en la disputa, para lo cual basta observar que el arbitrio en
estudio parte de un supuesto fáctico completamente diverso al que sustentó su pretensión
indemnizatoria del libelo de fojas 1. En efecto, este último, no obstante haberse asilado en el
artículo 2329 del Código Civil, se estructura en base a la responsabilidad de la sociedad de resarcir
los perjuicios ocasionados a los actores en virtud del incumplimiento contractual al no haberlos
incorporados como socios de la misma. Tanto es así, que esta petición subsidiaria guarda estrecha
relación con la acción principal rechazada por sentencia ejecutoriada, en que se reclamó el
cumplimiento forzado del contrato que dice celebraron con la sociedad demandada, quien
incumplió su obligación de incorporación ya referida. Es por esto que requieren el cumplimiento
forzado de este acuerdo de voluntades y, en subsidio, los perjuicios que ese incumplimiento les
acarreó.
Luego, en la nulidad de que se trata, los recurrentes amparándose en el mismo artículo que
citaron en la demanda, pretenden sostener la responsabilidad de la sociedad demandada como
consecuencia del actuar ilegítimo del Consejo de Administración de la misma, quien obró
inválidamente y fuera del ámbito de sus atribuciones. De este modo, se apartan del fundamento
primero de su demanda -incumplimiento de una obligación contractual, la de incorporación-
amparándose ahora en la conducta ilegal del órgano administrativo de la demandada y en el
perjuicio que este acto ocasionó a su parte, justificando de esta manera el régimen de
responsabilidad extracontractual que, erróneamente utilizó como fundamento jurídico para
sustentar los hechos alegados en la demanda subsidiaria, los que a pesar de la norma aludida,
según los propios dichos de los actores, eran consecuencia del incumplimiento contractual. Para
ello basta analizar los montos que se demandan y el título de los mismos;
UNDÉCIMO
Que de este modo las críticas de ilegalidad que el recurso de casación en el fondo formula contra
la sentencia cuya invalidación persigue, vienen a constituir -semejantes reproches- temas al
margen del debate producido entre los litigantes y que, por ende, fueron extraños a la
controversia.
En esta perspectiva procesal, acorde con la normativa citada en el basamento octavo, el fallo
redargüido no tenía por qué ocuparse de un asunto ajeno al debate.
DUODÉCIMO
Que, sobre lo mismo, tanto la doctrina como la jurisprudencia desde antiguo mantenida por esta
Corte, aparecen contestes en la improcedencia de fundamentar un recurso de casación en el
fondo en aristas que, por ser ajenas a la discusión formalmente instalada, no pudieron ser
consideradas no resueltas en el pronunciamiento que, por vía de semejante arbitrio, se pretende
invalidar.
En síntesis, esta Corte se halla impedida de revisar cualquier aspecto del recurso de casación en el
fondo al que se viene haciendo referencia, dado que el lenguaje en que fue entablado se aparta de
los postulados que las partes han sometido a su conocimiento y resolución, al constituirse en
alegaciones que no han sido debidamente incorporadas y desarrolladas en el debate, por lo que
no habiendo conformado la discusión, cuyo marco quedó fijado con la demanda y las defensas y
excepciones opuestas por la demandada, de manera que no puede pronunciarse sobre ellos.
Consiguientemente, no pueden configurar errores de derecho las contravenciones que se
reprueban al fallo en este sentido, razón por la cual el recurso en observación queda desprovisto
de asidero;
DECIMOTERCERO
Que seguidamente y en desmedro de la solidez jurídica de la impugnación del recurrente, se
advierte que no cuestiona propiamente la aplicación del derecho atinente a la materia sino que,
en definitiva, lo que está reprochando es la forma o manera en que fuera pronunciado aquel fallo,
capítulo éste que no corresponde a la naturaleza del recurso intentado, puesto que el recurrente
pretende, en último término, alterar los hechos fijados en el fallo, desde que, no obstante lo
concluido por los sentenciadores, insiste en sostener que en la especie corresponde acoger la
demanda subsidiaria y, la subsecuente condena de la sociedad demandada al pago de aquellos
perjuicios que su parte sufrió a título de daño moral, lucro cesante y daño emergente, por los
montos que se señalan.
Estos planteamientos no pueden aceptarse en la medida que se han dejado determinados como
presupuestos fácticos inalterables de la causa, aquéllos consignados en el motivo tercero que
antecede, los que resultan inmodificables a menos que en su establecimiento hubiera existido
vulneración de normas reguladoras de la prueba, reglas éstas que constituyen normas básicas de
juzgamiento, que contienen deberes, limitaciones o prohibiciones a que deben sujetarse los
sentenciadores, y las que, según lo ha reconocido reiteradamente esta Corte, se entienden
vulneradas cuando los sentenciadores invierten el onus probandi, rechazan las pruebas que la ley
admite, aceptan las que la ley rechaza, desconocen el valor probatorio de las que se produjeron en
el proceso cuando la ley le asigna uno determinado de carácter obligatorio o alteran el orden de
precedencia que la ley le diere. Sin embargo, en el caso en estudio, no se ha denunciado
trasgresión a dichas reglas, por lo que los hechos acreditados en el fallo censurado, y que
sustentan las conclusiones del mismo, no son susceptibles de revisión por la vía de la casación en
el fondo;
DECIMOCUARTO
Que, por consiguiente, los errores de derecho en que se ha fundado el presente recurso de
casación en el fondo, no se han cometido del modo postulado por el recurrente, razón por la que
su arbitrio de nulidad, por fuerza, habrá de ser desestimado.
Y visto, además, lo dispuesto en el artículo 767 del Código de Procedimiento Civil, se rechaza sin
costas el recurso de casación en el fondo interpuesto por la parte demandante en lo principal de la
presentación de fojas 1200, en contra de la sentencia de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, de
trece de septiembre del año recién pasado, que se lee a fojas 1196.
Regístrese y devuélvase con sus tomos I y II y sus documentos agregados.
Redacción a cargo del Abogado Integrante Señor Alfredo Prieto B.
ROL N° 8029-12
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sres. Nibaldo Segura P.,
Juan Fuentes E., Juan Escobar Z. y Abogados Integrantes Sres. Alfredo Prieto B. y Raúl Lecaros Z.
No firman los Ministros Sres. Segura y Escobar, no obstante haber concurrido ambos a la vista del
recurso y acuerdo del fallo, por estar con permiso el primerio y haber concluido su período de
suplencia el segundo.Autorizado por la Ministra de fe de esta Corte Suprema.
En Santiago, a veintiocho de octubre de dos mil trece, notifiqué en Secretaría por el Estado Diario
la resolución precedente.
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