VISTO:
En estos autos Rol 2.102-2008, seguidos ante el Juzgado Civil de Petorca, caratulados “J.Z.S. y otro
con Sociedad Agrícola y G.C. Limitada”, juicio ordinario sobre cumplimiento de contrato y, en
subsidio, indemnización de perjuicios, por sentencia de fecha veintinueve de octubre de dos mil
diez, escrita a fojas 898, la señora juez titular del referido tribunal, acogió la acción principal y
ordenó a la sociedad demandada modificar sus estatutos y cumplir las solemnidades legales
pertinentes, a fin que los actores tengan calidad de socios de dicha sociedad, en los mismos
términos que los socios constituyentes. No emitió pronunciamiento sobre la acción subsidiaria por
resultar incompatible con la pretensión acogida.
La parte demandada en contra de este fallo dedujo recursos de apelación y casación en la forma y,
una sala de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, por decisión de seis de mayo de dos mil once,
que se lee a fojas 1132, lo confirmó y desestimó la nulidad formal.
En contra de esta última determinación, la parte perdidosa interpuso recurso de casación en el
fondo, el que fue acogido por esta Corte Suprema, por sentencia de tres de abril de dos mil doce,
según rola a fojas 1163, procediéndose en la sentencia de reemplazo a revocar la decisión apelada
que acogió la demanda principal y, en su lugar, declaró que esta queda desestimada. En la misma
resolución se ordenó a la Corte de Apelaciones de Valparaíso emitir pronunciamiento sobre la
acción subsidiaria comprendida en la demanda, por medio de una sala integrada por ministros no
inhabilitados.
La Corte de Apelaciones aludida, en cumplimiento de lo ordenado, por fallo de trece de
septiembre de dos mil doce, de fojas 1196, rechazó la demanda subsidiaria de indemnización de
perjuicios.
En contra de esta decisión los demandantes dedujeron recurso de casación en el fondo.
Se ordenó traer los autos en relación.
CONSIDERANDO:
PRIMERO
Que el recurrente atribuye a la sentencia cuya invalidación persigue diversos errores de derecho,
fundados en la infracción a las siguientes disposiciones:
- Infracción a lo dispuesto en el artículo 2314 y siguientes del Código Civil, en especial del artículo
2329; falta de aplicación del régimen jurídico de responsabilidad; falsa aplicación de las normas
sobre responsabilidad contractual:
Explica que la sentencia impugnada contravino los artículos 2314 y siguientes del Código Civil, que
estatuyen el régimen de responsabilidad civil extracontractual, especialmente el artículo 2329 del
mismo código, que importa un deber general de reparación. Este estatuto se transgrede por falta
de aplicación al presente caso, no obstante que se tuvo por acreditado que no existía un acuerdo
válido entre los actores y la demandada; que los actores realizaron aportes a la demandada y; que
tuvieron participación o injerencia en su giro. Esto, desde el punto de vista legal y lógico implica
que la situación quedaba sujeta al régimen de responsabilidad extracontractual y no contractual
como erróneamente señaló la sentencia. Así, al haberse verificado un acto ilícito por parte del
órgano de administración, debió ser condenado su autor a indemnizar los perjuicios que su
omisión ha ocasionado a la víctima. En la especie, bajo ningún contexto el órgano de
administración debió propiciar la incorporación de los actores como socios de la sociedad
demandada.
A mayor abundamiento, dice, habiéndose acreditado el beneficio reportado para la sociedad
demandada con los actos inválidos de su Comité de Administración, debió el sentenciador hacer la
diferencia entre la relación legal existente entre la sociedad y su órgano y los terceros de buena fe.
Aquello habría conducido a calificar correctamente los hechos y dar lugar a la demanda
subsidiaria, desde que se postula que el acuerdo adoptado por el Consejo de Administración y los
actores -tal como lo señala la sentencia- no es válido, esto es, le resta legitimidad, de modo que la
consecuencia lógica y necesaria es que el estatuto jurídico aplicable a esa relación debía sujetarse
las normas de la responsabilidad civil extracontractual y no contractual. Lo contrario implica
consagrar, en definitiva, un estatuto de irresponsabilidad opuesto a la equidad, considerando
además que no puede discutirse que efectivamente los demandantes efectuaron aportes a la
sociedad, que ingresaron al patrimonio de la misma y no al de los socios que formaban parte del
Consejo de Administración. Se trató, entonces, de actos que ejecutó uno de los órganos de la
sociedad y que fueron aprobados en asamblea y que indudablemente, junto con reportar un
beneficio, como fue la compra del inmueble, hizo posible la realización del giro social.
Así las cosas, resulta aplicable el régimen que se invocó en la demanda, en atención a que el daño
causado a su parte, siguiendo los argumentos de la sentencia recurrida, emana del Consejo de
Administración de una sociedad, quien positivamente invitó a los actores a formar parte de la
misma, sin que previamente estuviera facultado para ello, excediéndose en el ámbito de sus
funciones y provocando una disposición patrimonial de su parte mediante aportes que se
encuentran acreditados en el proceso;
- Falta de aplicación de los artículos 2094 del Código Civil y 391 y 399 del Código de Comercio.
Responsabilidad de la sociedad por actos de su administrador.
Expone que el fallo cuestionado señaló que al haberse excedido el Consejo de Administración en el
ejercicio de sus facultades, en caso alguno podía obligar a la sociedad y, en consecuencia, no era
responsable de los actos u omisiones en que se incurrió. Empero, contrario a lo sostenido por los
jueces del fondo, existen una serie de normas jurídicas que avalan y legitiman la responsabilidad
de la sociedad por los actos u omisiones de su administrador, o como en este caso, de su Consejo
de Administración, que el sentenciador de alzada dejó de aplicar. Así, el artículo 2094 inciso 3º del
Código Civil previene que si el socio contrata a nombre de la sociedad, pero sin poder suficiente no
la obliga a terceros sino en subsidio y hasta la concurrencia del beneficio que hubiera reportado
del negocio. En este mismo sentido se encuentran las normas de los artículos 391 y 399 inciso final
del Código Civil (sic), de cuyo tenor se advierte que la voluntad del legislador es siempre proteger
al tercero de buena fe haciendo responsable a la sociedad, aún en el evento que el administrador
exceda sus facultades y, sin perjuicio del derecho de repetir que consagra a su favor;
- Falsa aplicación de las normas del mandato, artículo 2116 y siguientes del Código Civil. Sostiene
que ha existido una errónea aplicación de los artículos ya referidos, al calificar y aplicar los
sentenciadores las normas del mandato a la relación existente entre el órgano de administración
de la sociedad demandada y esta última, en circunstancias que no existe mandato alguno sino que
obligaciones de carácter legal. Resulta evidente que entre el órgano de administración y la
sociedad no existe ningún acuerdo de voluntades, ni tampoco la designación del citado órgano de
administración por parte de la asamblea de socios tiene el carácter de una oferta ni menos de una
aceptación, careciendo el acto de consenso de voluntades del requisito esencial para haber dado
aplicación a las normas del mandato. La situación del órgano de administración es completamente
distinta a la de un mandatario, puesto que el primero tiene su fuente en la ley, y el segundo, basa
su nombramiento y facultades en un acto del mismo órgano de administración o de la asamblea
de socios;
- Conculcación de los artículos 2057 y 2058 del Código Civil. Seguidamente refiere que conforme a
los hechos establecidos en la causa, corresponde a los actores obtener la restitución de los aportes
realizados a la sociedad demandada, en la medida que los miembros del Consejo de
Administración de ésta carecían de facultades para celebrar con su parte el contrato de
incorporación en la sociedad, de manera que resultaba necesario aplicar al caso sub lite los
artículos cuya transgresión se denuncia en este acápite, que consagran expresamente, el primero
de ellos, el derecho a la restitución solicitada por cada uno de los actores en relación a los aportes
realizados y, que en definitiva, permitieron a la demandada adquirir el inmueble en cuestión,
hecho generador de la responsabilidad reclamada, lo que ciertamente provocó en la sociedad
demandada un beneficio patrimonial directo.
Por su parte, el artículo 2058 citado reafirma el derecho a restitución y resarcimiento con la
condición de haber operado de buena fe, cuando dispone que la nulidad del contrato de sociedad
no perjudica a las acciones que correspondan a terceros de buena fe contra todos y cada uno de
los asociados por las operaciones de la sociedad, si existiere de hecho.