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Chacohumedo Ecoregion

El Chaco Húmedo es una vasta ecorregión en Paraguay y Argentina que abarca más de 12 millones de hectáreas, caracterizada por su geomorfología de llanura y un clima templado húmedo. Esta región alberga una rica diversidad de humedales y ecosistemas que dependen de un complejo régimen hidrológico, siendo crucial para la conservación de su biodiversidad. Además, el fuego juega un papel importante en la dinámica de sus ecosistemas, utilizado históricamente por las comunidades locales para la gestión del paisaje.

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El Chaco Húmedo es una vasta ecorregión en Paraguay y Argentina que abarca más de 12 millones de hectáreas, caracterizada por su geomorfología de llanura y un clima templado húmedo. Esta región alberga una rica diversidad de humedales y ecosistemas que dependen de un complejo régimen hidrológico, siendo crucial para la conservación de su biodiversidad. Además, el fuego juega un papel importante en la dinámica de sus ecosistemas, utilizado históricamente por las comunidades locales para la gestión del paisaje.

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Ecorregi
Ecorregión
n Chaco Húmedo
H medo
PARAGUAY

Formosa

Chaco Húmedo

Corrientes Red de áreas prioritarias


para la conservación
Resistencia (Evaluación Ecorregional del Gran
Chaco, TNC et al., 2005)
1. Planicie aluvial del Río Pilcomayo
2. Planicie aluvial del Río Bermejo
3. Eje fluvial Paraguay - Paraná y
su planicie de inundación
4. Bajos submeridionales
5. Bosques del límite
Santiago del Estero - Chaco
6. Delta del Río Dulce
Áreas valiosas de pastizal
(Bilenca y Miñarro, 2004)
7. Estancia La Salamandra
8. Campo Fiscal La Totola
o Vizcacheras

Áreas protegidas (Administración de Parques


Nacionales. Sistema de Información de Biodiversidad)
Nacionales
9. Parque Nacional Río Pilcomayo (Sitio Ramsar)
10. Parque Nacional Chaco
11. Res. Nat. Estricta Colonia Benitez
Provinciales
12. Res. de Caza Laguna Hu
13. Res. Priv. El Bagual
Km 14. Parque Provincial Pampa del Indio
15. Ref. Priv. De Vida Silvestre El Cachapé
16. Res. Ftal. Presidencia de la Plaza
17. Res. Ftal. Gral. Obligado
18. Res. Nat. La Loca
19. Res. Nat. Manejada Potrero 7B (Los Quebrachales)
20. Res. Prov. de Uso Múltiple Lagunas y Palmares
21. Res. Prov. de Uso Múltiple El Estero
22. Res. Prov. de Uso Múltiple Don Guillermo
23. Res. Prov. de Uso Múltiple La Loma del Cristal
24. Res. Prov. de Uso Múltiple La Norma
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Ecorregión Chaco Húmedo

SITUACIÓN AMBIENTAL EN EL CHACO HÚMEDO


Por: Rubén GinzburgI y Jorge AdámoliII
I
Laboratorio de Ecología Regional, Departamento de Ecología, Genética y Evolución, Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales (FCEN), Universidad de Buenos Aires (UBA).
II
Profesor Asociado de Ecología Regional, FCEN, UBA. Investigador Independiente del Consejo Nacional
de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). [email protected]

Chaco o “chacu”, voz quechua;


dar caza en conjunto a los animales.

El medio físico
El Chaco Oriental o Húmedo es una extensa región que abarca más de 12.000.000 de ha
(120.000 km2) en este país (la superficie varía según los autores, de modo que llega a abarcar
desde 170.000 hasta 200.000 km2). Ocupa aproximadamente la mitad este de las provincias de
Chaco y Formosa, y parte del norte de Santa Fe.

Se trata de una llanura extremadamente plana, con pendientes muy suaves en sentido oeste-este del
orden de 20 a 40 cm/km. Geomorfológicamente es un bloque hundido, rellenado con sedimentos
de los ríos Pilcomayo, Bermejo y Juramento. La baja pendiente de toda la región chaqueña y la to-
rrencialidad estacional de los ríos favorecen los procesos fluviomorfológicos, y genera una topogra-
fía local irregular, con albardones elevados con respecto a los alrededores anegables.

La Situación Ambiental Argentina 2005


El clima es templado húmedo, con una temperatura media anual de 22ºC y temperaturas abso-
lutas que pueden alcanzar máximas superiores a 40ºC y mínimas bajo cero. Las precipitaciones
siguen un marcado gradiente longitudinal, con registros máximos en el este, superiores a 1.300
mm (con valores de hasta 2.200 mm), que decaen en el oeste a 750 mm. El período de lluvias
se corresponde con la estación cálida, y se concentra durante los meses de octubre a abril. El mí-
nimo de precipitaciones se registra durante la estación invernal, entre los meses de junio a agos-
to, en los que se presentan sequías y algunas heladas.

En algunos años, coincidentes con el fenómeno de El Niño, se producen intensas precipitacio-


nes que provocan inundaciones extraordinarias en gran parte del territorio. También, pero con
menor frecuencia, existen años en los que se acentúa y prolonga la sequía invernal, lo que favo-
rece la ocurrencia de incendios, naturales y provocados, de pastizales y sabanas.

Los principales ríos que bajan de la cordillera y vuelcan sus aguas en el Chaco son el Pilcoma-
yo, el Bermejo, el Juramento-Salado y el Tafí-Dulce. Estos ríos alóctonos (formados fuera de la
región) ingresan al Chaco con caudales importantes durante todo el año y un alto contenido de
sedimentos, y atraviesan la planicie chaqueña, donde experimentan una marcada inestabilidad
de sus cauces. Los sucesivos cambios de curso, resultado de procesos de colmatación o de ta-

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Ecorregión Chaco Húmedo

ponamiento, dan lugar a la formación de amplios abanicos aluviales. Por el contrario, los ríos
autóctonos (formados dentro de la región con aguas que provienen de lluvias locales), que se
manifiestan claramente en el Chaco Húmedo, son espacialmente muy estables, con cuencas de
pequeñas dimensiones, bajos caudales y muy baja carga sedimentaria, por lo que no presentan
condiciones para la migración de sus cauces.

El escurrimiento superficial del agua en el Chaco Húmedo se produce de una manera distribu-
tiva en el norte y otra concentradora en el sur (Herrera et al., 2005). El modelo distributivo del
norte corresponde a la subregión denominada “Chaco de esteros, cañadas y selvas de ribera”
(Morello y Adámoli, 1968), en la que coexisten las geoformas originadas por los ríos autócto-
nos con las de los ríos alóctonos. Los brazos del abanico aluvial del río Bermejo generan un ali-
neamiento de las formas del relieve de dirección oestenoroeste-estesudeste, por el cual las áreas
más deprimidas e inundables (esteros, bañados y riachos de origen autóctono) quedan conteni-
das lateralmente por los albardones de los distintos ríos (de origen alóctono). Este impedimen-
to favorece que los cuerpos de agua formados por las lluvias locales escurran sus aguas, en par-
te canalizadas en los ríos y los riachos, y en parte en forma laminar a través de las cañadas y los
esteros, hasta alcanzar el río Paraguay por diversos puntos.

El modelo concentrador del sur corresponde a los Bajos Submeridionales, una inmensa depre-
sión inundable en la que no se manifiesta el modelado fluvial del sistema alóctono, dado que el
río Salado, único río que ingresa a esta subregión, lo hace con un caudal ínfimo, sin la posibili-
La Situación Ambiental Argentina 2005

dad de ejercer algún tipo de modelado. El pobre drenaje de los suelos junto con el lento y de-
sorganizado escurrimiento superficial del agua hacen que gran parte de la subregión se anegue
por varios meses en época de lluvias. La presencia de la Dorsal Oriental de Santa Fe provoca
que las aguas confluyan formando un gigantesco embudo que las dirige hacia el sur y se vierten
en el río Salado, que gradualmente aumenta de volumen hasta desembocar en el río Paraná con
un importante caudal de claro origen autóctono.

Los humedales, elementos dominantes del paisaje


El complejo régimen hidrológico, junto con las características geomorfológicas, climáticas y
–asociadas a ellas– edafológicas de la región, determinó la existencia de un gran número y di-
versidad de humedales. Estos humedales están ampliamente distribuidos por toda la región cha-
queña, y cubren más del 80% del territorio del Chaco Oriental (con una superficie superior a las
9.750.000 ha), pero también con amplia representación en el Chaco Seco.

Los humedales son ecosistemas que presentan propiedades únicas que los diferencian de los
ambientes terrestres y acuáticos. Dependen de un proceso recurrente de inundación o de sa-
turación del sustrato, lo que determina la presencia de suelos con rasgos hidromórficos y de
especies adaptadas a condiciones de anegamiento permanente o temporario. En otras pala-

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Situación ambiental en el Chaco Húmedo

bras, lo que caracteriza a un humedal es la influencia del agua, a través de su patrón estacio-
nal o régimen hidrológico, principal condicionante del ambiente, la vegetación y la fauna de
estos ecosistemas.

Los humedales chaqueños presentan, en general, un ciclo anual de recarga hídrica durante la
época lluviosa de octubre a abril, seguido por un período de estiaje que se extiende durante la
estación seca de mayo a septiembre. Este régimen es variable en intensidad y duración, y está
asociado a las variaciones pluviales o fluviales. Por ejemplo, las crecidas del río Paraguay pue-
den provocar inundaciones otoñales e invernales.

En el Chaco Húmedo los humedales son colindantes entre sí, pero claramente diferenciables por
su organización espacial y sus atributos funcionales. En esta región, los humedales son claros
ejemplos de macrosistemas o macrohumedales (Adámoli, 1999; Neiff, 2001; Ginzburg et al.,
2005). Un paradigma de macrohumedal es el ya citado “Chaco de esteros, cañadas y selvas de
ribera”, en el este de las provincias de Chaco y Formosa. En él, las unidades de paisaje tienen
una clara orientación oestenoroeste-estesudeste, y es común que haya esteros o cañadas de 100
a 200 km de extensión y de unos 10 km de ancho, separados por albardones igualmente exten-
sos, pero cuyos anchos son del orden de 1 km. Esta configuración tiene dos implicancias clave,
ya que en lo funcional se establecen relaciones muy estrechas entre los elementos, y en lo car-
tográfico resulta imposible mapearlos por separado, salvo a niveles de mucho detalle.

La Situación Ambiental Argentina 2005


En el Chaco Húmedo todos los humedales presentan un balance positivo de entrada/salida de
agua durante la época de lluvias, es decir, la cantidad de agua que reciben es superior a la que
pierden, lo que genera de esta manera, importantes excedentes de agua que fluyen en forma la-
minar o encauzada. Al discriminar cuál es el origen del ingreso de las aguas (pluvial o fluvial),
se conforman dos grandes grupos (Ginzburg et al., 2005):

1) Los humedales originados en ríos de importancia continental (con cuencas del orden de
1.000.000-2.000.000 de km2), que corresponden a las planicies de inundación de los ríos Para-
guay y Paraná; funcionan como sistemas de paso, con enormes volúmenes de agua desplazados,
sin presentar grandes diferencias en cuanto a la organización del paisaje y las características de
los humedales. Comprende los siguientes:
• Planicie de inundación del río Paraguay (225.000 ha).
• Planicie de inundación del río Paraná (1.400.000 ha).
2) Los humedales originados básicamente por lluvias locales, donde los aportes de los ríos alóc-
tonos son secundarios (salvo en el caso del Estero Bellaco, en la provincia de Formosa, y de los
Esteros de Pampa del Indio, en la provincia de Chaco, formados por desbordes del río Berme-
jo). Las altas precipitaciones y el predominio de suelos marcadamente arcillosos favorecen la
formación de estos humedales. En esta categoría se incluyen:

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Ecorregión Chaco Húmedo

• Bosques, cañadas y lagunas (2.800.000 ha).


• Esteros, cañadas y selvas de ribera (2.890.000 ha).
• Bajos Submeridionales (4.075.000 ha).
• Región del Iberá (3.795.000 ha).

El fuego
El fuego es un componente ecológico muy importante en el diseño de la vegetación del Chaco Hú-
medo, al ser un elemento regulador de la dinámica de sus ecosistemas de sabanas y pastizales. Se
da una conjunción de diversos factores, tales como la alta productividad del estrato herbáceo, el pre-
dominio de pastizales y pajonales con especies fibrosas y un nivel de herbivoría insuficiente como
para asimilar toda la producción de biomasa herbácea, lo que genera, a su vez, una acumulación de
material combustible que posibilita que el fuego sea un factor clave en la relación herbáceas/leño-
sas, al restringir el reclutamiento de las leñosas y favorecer el desarrollo de las herbáceas.

Ya en tiempos prehispánicos las etnias chaqueñas usaban el fuego para desplazar y concen-
trar la caza, para comunicarse con humo y para guerrear. Los incendios, naturales o provo-
cados, son una parte fundamental del diseño y el funcionamiento del paisaje chaqueño. La
ecología de pastizales, como los de paja colorada o los de chajapé y espartillo, está profun-
damente ligada a incendios de origen antrópico desde tiempos precolombinos. Más recien-
temente, el fuego se utiliza como una herramienta de manejo en la producción ganadera, da-
do que poco tiempo después de la quema, al producirse el rebrote del estrato herbáceo, el va-
La Situación Ambiental Argentina 2005

lor nutritivo y la concentración de nitrógeno y de proteína bruta alcanzan sus niveles máxi-
mos. Se calcula que, anualmente, se queman entre 2.000.000 y 4.000.000 de ha de pastiza-
les y sabanas en el Chaco Húmedo (Herrera et al., 2003).

Vegetación
En el Chaco Oriental se da una estrecha vinculación entre las distintas formas del paisaje y la
vegetación que se desarrolla en ellas. Las comunidades vegetales (Morello y Adámoli, 1967,
1968 y 1974) se encuentran condicionadas por el gradiente topográfico que ocupan, y éste está
relacionado, a su vez, con el gradiente de inundación.

El Monte Fuerte o Quebrachal constituye la comunidad florística más importante. En este


bosque predominan el quebracho colorado chaqueño (Schinopsis balansae), un árbol de gran
porte que puede alcanzar los 20 m de altura y un tronco de 1 m de diámetro, y en menor canti-
dad, el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho-blanco), de menor porte que el anterior. A
ellos se les suman el guayacán (Caesalpinia paraguariensis), el algarrobo negro (Prosopis ni-
gra), el algarrobo blanco (Prosopis alba), el mistol (Ziziphus mistol) y el chañar (Geoffroea de-
corticans), entre muchas otras especies. Se trata, en general, de un bosque semixerófilo con ár-
boles caducifolios, que se encuentra en las posiciones altas e intermedias del terreno.

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Situación ambiental en el Chaco Húmedo

En tierras o campos altos, sobre suelos arenosos a húmedos pero casi nunca anegables, se desa-
rrollan los pastizales. En ellos crecen numerosas especies herbáceas, entre las que predominan
gramíneas como la paja colorada (Andropogon lateralis), la cola de zorro (Schizachiryum spi-
catum) y el espartillo dulce (Elionurus muticus). Estos campos altos y pajonales suelen sufrir in-
cendios, luego de los cuales aparecen especies que florecen inmediatamente, como Calea cymo-
sa, Turnera grandifolia, Aspalia pascaloides, etc.

En sectores topográficamente un poco más bajos y que en épocas de grandes lluvias se


inundan parcialmente, se encuentran las sabanas y los palmares. En las sabanas la superfi-
cie está cubierta por un tapiz de especies herbáceas, con especies leñosas distanciadas en-
tre sí, por lo que adquiere una fisonomía más bien abierta; entre las leñosas se encuentran
el ñandubay o espinillo (Prosopis affinis), el urunday (Astronium balansae) y el palo piedra
(Diplokeleba floribunda). Los palmares de palma blanca o caranday (Copernicia alba) cre-
cen en parcelas casi puras, con un dosel abierto y un denso tapiz herbáceo en la superficie,
en suelos alcalinos y salobres; esta palmera puede alcanzar una altura de 12 a 15 m y un
tronco de 30 cm de diámetro.

Muchas veces, entre el Monte Fuerte y las sabanas y los palmares, existe una zona de transición
donde se presenta un bosque bajo abierto, en el que coexisten árboles de menor porte, palme-
ras, caranday y arbustos.

La Situación Ambiental Argentina 2005


En los albardones más desarrollados, pertenecientes a los ríos alóctonos, se extienden for-
mando una estrecha franja las selvas en galería (también llamadas selvas marginales, sel-
vas de ribera o bosques de albardón). Estos albardones tienen un alto relieve positivo y per-
miten la instalación de especies leñosas que no pueden prosperar en las áreas inundables.
Entre los árboles de mayor porte (más de 16 m) predominan el timbó colorado (Enterolo-
bium contortisiliquum), el lapacho rosado (Tabebuia heptaphylla), el guayaibí (Patagonula
americana), el espina de corona (Gleditsia amorphoides), el laurel blanco (Ocotea diospy-
rifolia) y el ombú (Phytolocca dioica). A estos los acompañan el pindó (Syagrus romanzof-
fiana), el Francisco Álvarez (Pisonia zapallo), el urunday (Astronium balansae), el poroto
guaycurú (Capparis flexuosa) y la azucena del monte (Brunfelsia uniflora). Abundan, ade-
más, numerosas trepadoras y epífitas.

Por otro lado, en los albardones mucho menos desarrollados (en alto y ancho) de los ríos au-
tóctonos, se produce la instalación de los bosques riparios de inundación, unos delgados
bosques en galería. Éstos poseen un reducido desarrollo lateral y una muy baja riqueza de
especies, dado que cada lluvia de regular intensidad los deja parcialmente inundados duran-
te períodos de dos a tres meses, y son pocas las especies que pueden tolerar estas condicio-
nes críticas de asfixia radicular.

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Ecorregión Chaco Húmedo

En los terrenos más bajos, de suelos arcillosos, se encuentran los ambientes acuáticos repre-
sentados por los esteros, las cañadas y las lagunas. Mientras que en las zonas topográfica-
mente más bajas se extienden los esteros, donde el suelo permanece cubierto de agua casi to-
do el año (entre nueve a once meses/año) e impide el desarrollo de árboles, en las cañadas o
bañados el agua permanece por períodos menores (generalmente, menos de seis meses) y
cubre el suelo de una forma más irregular con las grandes lluvias, para luego desaparecer con
las sequías; los bañados suelen sufrir incendios estacionales. Entre las comunidades caracte-
rísticas de todos estos ambientes acuáticos se encuentran los pajonales, los pirizales, los pe-
guajosales, los totorales y los camalotales, con una enorme variedad de especies acuáticas,
tanto flotantes como arraigadas. En un gradiente creciente de inundación, desde los bañados
hacia los esteros, se encuentran la paja amarilla (Sorghastrum setosum), la paja boba (Pas-
palum intermedium), la paja de techar (Panicum prionitis), el pirí (Cyperus giganteus), el
junco (Schoenoplectus californicus) y el pehuajó (Thalia geniculata).

Para citar un ejemplo de la vasta biodiversidad que existe en la región, cabe mencionar que en
la Reserva Biológica Estricta de Colonia Benítez (provincia de Chaco) existen alrededor de
doscientos ochenta especies vegetales, número para nada despreciable si se considera que la re-
serva cuenta tan sólo con una superficie de 10 ha.

Fauna
La gran variedad de ambientes del Chaco Húmedo (bosques, esteros, bañados, sabanas, pastiza-
La Situación Ambiental Argentina 2005

les, lagos y ríos) hace que se presente en la región una notable cantidad y diversidad de fauna sil-
vestre. Seguramente, la cantidad más grande de especies corresponde al grupo de los insectos, en-
tre los cuales las hormigas se destacan por ser la principal biomasa de consumidores primarios
en la región. Entre los vertebrados se encuentran más de cincuenta especies de peces, cuarenta de
anfibios, cincuenta de reptiles, trescientas cincuenta de aves y setenta de mamíferos.

Dentro del grupo de los reptiles se encuentran, entre otras especies, el yacaré negro (Caiman ya-
care), el yacaré overo (Caiman latirostris), la iguana overa (Tupinambis merianae), la tortuga
canaleta chaqueña (Acanthochelys pallidipectoris), la boa curiyú (Eunectes notaeus) y la yara-
rá grande (Bothrops alternatus).

Entre la gran diversidad de aves, se pueden nombrar las siguientes: el tuyuyú (Mycteria
americana), el jote cabeza amarilla (Cathartes burrovianus), el águila coronada (Harpyha-
liaetus coronatus), el guaicurú (Herpetotheres cachinnanas), el aguilucho pampa (Busare-
llus nigricollis), la charata (Ortalis canicollis), el milano chico (Gampsonyx swainsonii), el
ipacaá (Aramides ypecaha), el carpintero lomo blanco (Campephilus leucopogon), la urra-
ca morada (Cyanocorax cyanomelas), el yetapa de collar (Alectrurus risora) y el boyero ala
amarilla (Cacicus chrysopterus).

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Entre los mamíferos, se pueden destacar la mulita grande (Dasypus novemcinctus), la comadreja
overa (Didelphis albiventris), el oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla), el oso melero (Ta-
mandua tetradactyla), el mono carayá o aullador (Alouatta caraya), el mirikiná o mono de noche
(Aotus azarai), el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), el zorro de monte (Cerdocyon thous),
el lobito de río (Lontra longicaudis), el coipo (Myocastor coypus), el carpincho (Hydrochaeris hy-
drochaeris), el tuco tuco chaqueño (Ctenomys argentinus), el murciélago gigante (Chrotopterus
auritus), el vampiro común (Desmodus rotundus), el ciervo de los pantanos (Blastocerus dichoto-
mus), la corzuela parda (Mazama gouazoupira), el ocelote (Leopardus pardalis), el gato montés
(Oncifelis geoffroyi), el puma (Puma concolor), el coatí (Nasua nasua), el aguará-popé (Procyon
cancrivorous), el tapir (Tapirus terrestris) y el pecarí de collar (Pecari tajacu).

Agricultura
El desarrollo agrícola del Chaco Húmedo se inició a fines del siglo XIX, y luego se profundizó en
las primeras décadas del siglo XX. Si bien toda el área presenta buenas condiciones climáticas pa-
ra la actividad agrícola, la gran abundancia de tierras inundables hizo que los núcleos agrícolas se
establecieran sobre los pocos sitios de tierras altas. De esta forma, la Dorsal Oriental de Santa Fe
(Reconquista) y sur de Chaco (Basail), y los albardones de los ríos en Formosa (El Colorado, La-
guna Blanca y Riacho He-he) y Chaco (Resistencia, Colonia Benítez, Margarita Belén, Las Pal-
mas, San Martín y Presidencia Roca) ya se encontraban ocupados desde comienzos de 1900.

Aunque sólo el 7,5% de la superficie del Chaco Oriental estuvo cultivada en 1995/96 (Torrella et

La Situación Ambiental Argentina 2005


al., 2003), dicha superficie corresponde virtualmente al total de las tierras con potencial agrícola,
y sus posibilidades de expansión son muy reducidas. Al dividir el territorio en dos, se observa que:
• Desde Resistencia hacia el sur, la expansión agrícola se ve limitada hacia el este por la Plani-
cie de inundación del río Paraná, mientras que, hacia el oeste, por la Cuña Boscosa y los Bajos
Submeridionales (ambas subregiones también inundables). Debido a estas severas restricciones
tiene sus áreas de expansión virtualmente cerradas.
• Desde Resistencia hacia el norte, la expansión agrícola se ve limitada hacia el este por la Pla-
nicie de inundación del río Paraguay y hacia el oeste, por la gran cantidad de esteros y bañados
que alternan con los albardones. Por ser la única oferta de tierras altas, la expansión agrícola
quedaría restringida a los albardones, con el consiguiente conflicto que ello traería: en estos al-
bardones se encuentran escasos remanentes de los bosques en galería o selvas de ribera, reser-
vorios de alta biodiversidad, a lo que se suman restricciones de carácter hidrológico, porque los
desmontes requeridos afectarían severamente a los propios albardones.

Ganadería
Hasta finales de 1800, la ganadería era una actividad de muy baja escala, con efectos mínimos
sobre la cubierta vegetal, dado el reducido número de cabezas en relación con las grandes ex-
tensiones de que disponían y el control que ejercían sobre ellas los predadores. El ganado vacu-

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