Artículo: La realidad según el cristal con que se mire
Dos caras de una misma moneda
Javier era un joven de 23 años que le gustaba salir, bailar, muy alegre y movedizo, se había
enamorado de Nadia, ella tenía 18 años, trabajaba en un comercio de su pueblo. Se
conocieron y se enamoraron inmediatamente.
Decidieron casarse lo antes posible, su amor creció rápidamente, y pasados 8 meses, Nadia
anunciaba su embarazo con mucho entusiasmo.
Transcurrió el tiempo muy rápido, y ya cursando su 8 tavo mes de embarazo, algo inesperado
paso. En el país donde vivían se desato una epidemia de gripe A afectando a mucha población,
especialmente embarazadas.
Así fue como ella quedo inmersa en una situación desesperante por su situación de
vulnerabilidad, quedando internada en terapia intensiva.
Los médicos decidieron hacer una cesárea de urgencia para poner a salvo él bebe que aún no
había terminado su crecimiento.
Así nació, una beba muy linda, que inmediatamente tuvo que ser colocada en incubadora para
su subsistencia.
Pasaban las horas, Javier se encontraba desesperado ya que la situación de su mujer no
mejoraba, tenía esperanzas que con una medicación nueva podía revertir la gravedad.
Pasada la medianoche, el pasillo del hospital estaba ocupado con familiares y amigos de Nadia,
todos rezaban por un resultado positivo.
En un momento determinado de la noche, Javier sintió un escalofrío en todo su cuerpo, y
pensó en lo peor. Pasaron 5 minutos, sale de la sala de terapia el doctor a cargo. Su cabeza
cabizbaja anunciaba el final menos pensado. Nadia había fallecido por complicaciones del
cuadro virosico mortal.
El silencio en la sala fue total, los llantos y abrazos de todo fue una escena angustiosa,
desgarrante, conmovedora, inexplicable.
Por la cabeza de Javier pasaron instantáneas de todo lo vivido junto a su gran amor que ahora
ya no estaba más. Su vida allí tuvo un quiebre. El sintió que su vida allí se detuvo para siempre.
Pasaron los días…la tristeza inundo todo el mundo familiar. Su beba aun no mejoraba, ella
también se contagió del virus, sus pulmones estaban muy débiles. Era el único rayo de
esperanza que aun sentía Javier.
Al día siguiente, recibió la peor noticia, su bebe había fallecido por complicaciones
respiratorias. Allí todo se derrumbó, su mundo interior, sus ilusiones, sus ganas de vivir, y se
sentenció a sí mismo: “soy un muerto en vida”.
Pasaron días, semanas, todo transcurría muy lento y gris para Javier. Sus amigos y familiares lo
acompañaban siempre, aunque él no podía conectar con el día a día.
Así pasaron los meses, al año se mudó de ciudad, también de trabajo, pensando que quizás el
cambio ayudaría a cambiar su estado, sus recuerdos, su dolor.
El día a día, el trajín de la vida, fueron llevando a Javier a transitar diferentes experiencias,
como queriendo encontrar su límite interior. Conoció a mucha gente, pero nada llegaba a
motivar su vida.
Una mañana camino al trabajo, andando en su bici como todos los días, algo sucedió
inesperadamente. Cruzando la esquina casi llegando, otra persona andando en bici del lado
contrario venia reclinándose, como perdiendo el control de su bici, como si algo del rodado no
funcionara bien. Lo cierto que la escena término, chocando una bici contra otra, lo que
provoco que Javier y la otra persona cayeran al suelo, enredados entre ruedas y cadenas de
bicicletas.
Por suerte no hubo lesiones, ya que el frenado inesperado y los cascos en la cabeza
amortiguaron la caída.
Lo cierto que Javier se levantó como pudo y ayudo a la persona que estaba en el suelo.
Cuando la observo bien, se dio cuenta que era una mujer joven, que sonrojada por la situación
no dejaba de pedir disculpas. Al parecer, una goma de su bicicleta se pinchó y eso produjo que
todo el equilibrio de la bici, sumado a los pozos de la calle que tuvo que esquivar, ocasionara
tal desastre.
Cuando se pudieron ver frente a frente, Javier se sintió impactado por esta mujer, algo
despertó en su corazón, que comenzó a sentir latir de una manera galopante.
Ella se presentó, con el nombre de Claudia.
A partir de ese momento algo paso en la vida de Javier, desde ese día y todos los días
comenzaron a verse, a escribirse. Claudia era una mujer soltera sin hijos, que le gustaba pasear
por la zona.
Él se sentía en paz cada vez que estaba con ella, pensaba que gracias a esa caída y golpiza
inesperada, la vida le había dado una nueva chance, de sentirse vivo y esperanzado.
Lo cierto que pasaron los meses y también los años de ese encuentro intenso, la relación se
hizo muy sólida y decidieron casarse, al enterarse que Claudia estaba embarazada.
Que sorpresa para ambos, aunque Javier en su interior sentía temor y angustia que algo
sucediera como aquella vez. Muy poco expresaba de su sentir.
Pasaron los meses y la panza crecía, como así también la esperanza y las ganas de conocer a
este nuevo ser que estaba por nacer.
Llego ese día muy preciado, donde nació una niña, con sus cachetes redondos y sus ojitos
achinados.
Eligieron llamarla Esperanza.
Todo salió muy bien, beso a su mujer e hija que estaban allí, dándole sentido a su nueva vida.
El amor después del amor, un golpe duro lo alejo de su primer mujer e hija, y un nuevo golpe
lo acerco a su gran amor.
La vida y la muerte, el día y la noche, la alegría y la tristeza, la soledad y la compañía, caras de
una misma moneda, una le da sentido a la otra…Uno le da sentido a su vida.