Horizontes temporales en
macroeconomía: corto y largo plazo
Introducción
Los horizontes temporales en macroeconomía representan una división fundamental para
entender las dinámicas económicas a corto y largo plazo. Este enfoque permite analizar cómo las
rigideces de precios y salarios condicionan las fluctuaciones económicas en el corto plazo,
mientras que las fuerzas estructurales, como la acumulación de factores productivos y los
avances tecnológicos, determinan el comportamiento a largo plazo. Este análisis es esencial para
comprender las diferentes herramientas y objetivos de la política económica en cada horizonte.
La presente lectura aborda las características y factores determinantes de ambos horizontes
temporales, así como sus implicaciones teóricas y empíricas. Se exploran temas como la relación
entre los ciclos económicos y los horizontes temporales, la transición del corto al largo plazo, y el
papel de las expectativas, complementados con análisis empíricos de eventos históricos clave. Al
final, se busca proporcionar una visión integral de cómo interactúan estos horizontes en la
formulación y efectividad de las políticas económicas.
☰ Corto plazo
El corto plazo en macroeconomía se caracteriza por rigideces significativas en precios y salarios,
lo que impide ajustes inmediatos ante cambios económicos. Según Mankiw (2014), "a corto
plazo, muchos precios están fijos en un nivel predeterminado" (p. 407). Estas rigideces generan
que los efectos de las políticas económicas se reflejen primero en variables reales como el
empleo y la producción, lo cual contrasta con la flexibilidad de precios a largo plazo.
Un aspecto crucial del corto plazo es la influencia predominante de la demanda agregada. Los
ciclos económicos, que incluyen expansiones y recesiones, se explican en gran medida por
fluctuaciones en esta demanda. Por ejemplo, un aumento en el gasto de los consumidores puede
llevar a un crecimiento temporal, mientras que una caída abrupta puede provocar una recesión.
Uno de los elementos centrales del análisis del corto plazo es el impacto inmediato de las
políticas fiscales y monetarias. Por ejemplo, una política monetaria expansiva, como una
reducción en las tasas de interés, puede estimular el consumo y la inversión, aumentando así la
producción a corto plazo (Mankiw, 2014). Sin embargo, estas medidas no siempre son neutrales.
Las rigideces en precios implican que una disminución de la oferta monetaria no lleva
inmediatamente a una caída proporcional de todos los precios y salarios.
Los shocks económicos, tanto internos como externos, también son determinantes clave en el
corto plazo. Por ejemplo, un aumento repentino en los precios del petróleo puede reducir la
producción al incrementar los costos para las empresas, exacerbando las fluctuaciones
económicas.
☰ Largo plazo
El largo plazo en macroeconomía se distingue por el ajuste completo de precios y salarios, lo que
permite a los mercados alcanzar un equilibrio más estable. Según Mankiw (2014), "a largo plazo,
los precios son flexibles y pueden responder a las variaciones de la oferta o de la demanda" (p.
407). Este ajuste garantiza que las variables reales, como la producción y el empleo, converjan
hacia niveles determinados por los fundamentos de la economía, como la productividad y la
disponibilidad de factores productivos.
En este horizonte temporal, predomina el rol de la oferta agregada, que refleja la capacidad
productiva de la economía. La tendencia hacia el pleno empleo y la producción potencial
caracteriza este período. En contraste con el corto plazo, las fluctuaciones en la demanda
agregada tienen un efecto mínimo en la producción real, ya que los precios se ajustan para
equilibrar la oferta y la demanda.
El crecimiento económico a largo plazo está impulsado principalmente por aumentos en la
productividad y la acumulación de factores productivos, incluyendo capital físico, humano y
tecnológico. Estos determinantes permiten a la economía expandir su capacidad productiva y
mejorar los estándares de vida. Mankiw (2014) señala que la inversión en tecnología y educación
juega un papel esencial en este proceso, ya que incrementa la eficiencia y la competencia de las
economías.
Las políticas estructurales y las reformas económicas también tienen un impacto significativo en
el largo plazo. Por ejemplo, políticas orientadas a mejorar la infraestructura o las instituciones
pueden fomentar un crecimiento sostenido al aumentar la eficiencia y reducir las barreras al
comercio y la inversión. Estas reformas permiten a la economía mantener una trayectoria estable
de crecimiento.
1. Diferencias clave entre el corto y el largo plazo
Una de las principales diferencias entre el corto y el largo plazo en macroeconomía es el
enfoque analítico. En el corto plazo, la atención se centra en la dinámica de la demanda
agregada, ya que las rigideces de precios y salarios hacen que los cambios en esta demanda
afecten directamente las variables reales, como la producción y el empleo (Mankiw, 2014).
Por ejemplo, un aumento en el gasto público puede incrementar temporalmente la
producción, estimulando el crecimiento económico.
En el largo plazo, el análisis se desplaza hacia la capacidad productiva de la economía, que
está determinada por factores como el capital físico, el nivel de tecnología y la calidad del
capital humano. Según Mankiw (2014) a largo plazo, las fluctuaciones en la demanda
agregada no provocan variaciones en la producción ni en el empleo, ya que estas variables
convergen hacia su nivel potencial.
El impacto y el objetivo de las políticas económicas también difieren según el horizonte
temporal. A corto plazo, las políticas fiscales y monetarias están diseñadas principalmente
para estabilizar la economía. Por ejemplo, durante una recesión, un banco central puede
reducir las tasas de interés para estimular el consumo y la inversión, mitigando los efectos
negativos de la caída en la demanda agregada.
En contraste, a largo plazo, las políticas económicas se centran en promover el crecimiento
sostenible. Esto incluye iniciativas como fomentar la inversión en educación, mejorar la
infraestructura y reformar las instituciones económicas. Las políticas estructurales son
esenciales para determinar la trayectoria de crecimiento de la economía a largo plazo.
El tiempo requerido para que la economía alcance el equilibrio también es un factor crucial
que distingue el corto del largo plazo. En el corto plazo, los ajustes están limitados por las
rigideces en precios y salarios, lo que puede prolongar las desviaciones de la economía
respecto a su nivel potencial. Por ejemplo, una recesión puede persistir debido a que los
salarios nominales no se ajustan rápidamente a la baja demanda de trabajo.
En el largo plazo, la flexibilidad de precios y salarios permite que los mercados se ajusten
completamente, alcanzando un equilibrio donde los recursos están plenamente utilizados.
Esto refleja la naturaleza autorreguladora de la economía cuando se elimina la influencia de
las fricciones temporales.
2. Relación entre los ciclos económicos y los horizontes
temporales
Los ciclos económicos representan fluctuaciones en la actividad económica, reflejando períodos
alternados de expansión y contracción. Estas dinámicas se entienden mejor al analizar los
horizontes temporales. A corto plazo, los ciclos económicos están influenciados principalmente
por rigideces de precios y salarios, mientras que a largo plazo predominan las fuerzas
estructurales que determinan el crecimiento económico.
El análisis del modelo de oferta y demanda agregadas en el texto de Mankiw (2014) explica cómo
las perturbaciones en la demanda agregada generan fluctuaciones económicas en el corto plazo
debido a la rigidez de precios. Estas fluctuaciones pueden ser amplificadas o moderadas por
políticas fiscales y monetarias. Por ejemplo, un estímulo fiscal puede aumentar la producción y el
empleo durante una recesión, pero su efectividad está condicionada por la magnitud de las
rigideces de precios.
En contraste, a largo plazo, los precios y salarios son flexibles, permitiendo que la economía se
ajuste a su nivel potencial. Las fluctuaciones cíclicas tienden a desaparecer, y la producción
converge hacia su capacidad máxima, definida por la acumulación de capital, el crecimiento de la
fuerza laboral y los avances tecnológicos (Mankiw, 2014).
☰ Transición del corto al largo plazo
La transición entre el corto y el largo plazo se produce cuando los precios y salarios, inicialmente
rígidos, comienzan a ajustarse en respuesta a las fuerzas del mercado. Este proceso de ajuste
implica un cambio gradual en el impacto de las políticas económicas. En el corto plazo, una
política monetaria expansiva puede estimular la demanda agregada y aumentar la producción
real. Sin embargo, a medida que los precios y salarios se ajustan, los efectos reales de dicha
política disminuyen, y los impactos se trasladan a las variables nominales, como la inflación.
El modelo IS-LM permite comprender esta transición. En el corto plazo, una disminución de las
tasas de interés aumenta la inversión y el producto. A largo plazo, sin embargo, el ajuste de
precios conduce a un cambio en la oferta monetaria real, lo que neutraliza los efectos iniciales
sobre la producción y el empleo. Este fenómeno refleja el concepto de neutralidad monetaria,
central en la teoría macroeconómica clásica (Mankiw, 2014).
El análisis empírico de eventos históricos también proporciona una perspectiva enriquecedora
sobre cómo operan los horizontes temporales en situaciones reales. Por ejemplo, durante la
Gran Depresión, las rigideces de precios y salarios exacerbaron la caída de la producción y el
empleo. La política fiscal y monetaria, inicialmente insuficiente, fue finalmente utilizada para
estimular la demanda agregada, mostrando los efectos de corto plazo de estas herramientas.
Por otro lado, las expectativas desempeñan un papel crucial en la dinámica entre el corto y el
largo plazo. A corto plazo, las expectativas sobre la inflación y las políticas gubernamentales
pueden influir en el comportamiento de los consumidores y las empresas, afectando la demanda
agregada. Por ejemplo, si los agentes económicos anticipan un aumento en los impuestos,
podrían reducir su gasto actual, disminuyendo la producción y el empleo.
A largo plazo, las expectativas racionales ajustan el comportamiento económico a los
fundamentos del mercado. En el marco de los modelos modernos, como el de expectativas
adaptativas o racionales, las políticas económicas pueden tener efectos limitados si los agentes
anticipan correctamente sus consecuencias futuras. Este concepto se ejemplifica en el análisis
de la desinflación, donde las expectativas de menor inflación reducen la necesidad de sacrificios
significativos en términos de empleo y producción (Mankiw, 2014).
☰ Situación problemática
Elena Martínez, una reconocida economista especializada en políticas macroeconómicas, fue
llamada por el gobierno de su país para enfrentar una difícil situación: la economía nacional
había caído en una profunda recesión tras un colapso en la demanda interna, agravado por una
crisis internacional que afectaba las exportaciones clave del país. El desempleo alcanzaba
niveles históricos y la confianza de los consumidores y empresas estaba en su punto más bajo.
El contexto era complicado. Las políticas fiscales expansivas aplicadas al inicio de la recesión
habían elevado significativamente la deuda pública, dejando un margen limitado para más
estímulos. Además, las tasas de interés ya estaban cerca de cero, lo que restringía la efectividad
de la política monetaria convencional.
Elena convocó un equipo de expertos y comenzó con un diagnóstico detallado de la situación.
Analizó las estadísticas de producción, empleo y consumo, y notó que la recuperación no se
estaba dando porque las expectativas de los agentes económicos seguían siendo pesimistas.
Las empresas temían una caída de la demanda futura, lo que frenaba la inversión, mientras que
los hogares posponían el consumo debido a la incertidumbre laboral.
Con base en su análisis, Elena propuso un enfoque de política económica combinado. Por un
lado, recomendó implementar un programa de inversión pública focalizada en infraestructura
verde y digital, diseñado para estimular la demanda agregada en el corto plazo, pero también
para aumentar la productividad a largo plazo. Por otro lado, sugirió utilizar herramientas de
política monetaria no convencional, como la flexibilización cuantitativa, para mantener los
mercados financieros líquidos y promover el crédito a empresas y hogares.
Además, para restaurar la confianza, Elena diseñó una estrategia de comunicación clara y
transparente. Propuso que el banco central y el gobierno presentaran un plan coordinado que
estableciera metas económicas realistas, asegurando a los ciudadanos que las medidas estaban
bajo control y que la economía volvería a crecer.
El plan fue implementado con cautela y firmeza. Los proyectos de infraestructura comenzaron a
generar empleos y estimularon la actividad económica, mientras que las políticas monetarias no
convencionales estabilizaron los mercados financieros. Gradualmente, la confianza de los
consumidores y las empresas comenzó a recuperarse. La economía, aunque lentamente,
empezó a mostrar señales de mejora.
Un año después, en una conferencia económica internacional, Elena presentó los resultados. Su
enfoque integrado y su capacidad para aplicar los principios macroeconómicos a un contexto
político complejo se convirtieron en un caso de estudio. Elena recordó a los asistentes que la
tarea de un economista en macropolítica no solo requiere dominio técnico, sino también
habilidades para entender las expectativas de los agentes económicos y construir consensos en
escenarios de alta incertidumbre.
☰ Conclusión
El análisis de los horizontes temporales en macroeconomía resalta la importancia de comprender
las dinámicas del corto y largo plazo para evaluar el funcionamiento de las economías y las
decisiones de política económica. En el corto plazo, las rigideces de precios y salarios, junto con
las fluctuaciones de la demanda agregada, predominan en la explicación de los ciclos
económicos. En el largo plazo, el ajuste de precios y salarios lleva a un predominio de los
factores estructurales, como el capital, la tecnología y el trabajo, definiendo el crecimiento
sostenible.
Además, los casos empíricos analizados, como la Gran Depresión y la crisis financiera de 2008-
2009, subrayan la interacción de las políticas fiscales y monetarias en ambos horizontes
temporales. El papel de las expectativas, especialmente en la transición entre corto y largo plazo,
resalta la complejidad de los efectos de las políticas económicas.
En suma, el entendimiento de los horizontes temporales no solo enriquece el análisis teórico,
sino que también proporciona herramientas prácticas para abordar los retos económicos
contemporáneos y diseñar estrategias más efectivas que permitan equilibrar la estabilidad a corto
plazo con el crecimiento a largo plazo.
Referencias
Mankiw, Greg. (2014). Macroeconomía (8va Edición). Antoni Bosch.
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