Historia 3° 1°
Historia 3° 1°
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La revolución industrial
Hasta fines del siglo XVIII, la economía europea se había basado casi exclusivamente en la agricultura y el
comercio. Lo que hoy llamamos productos industriales eran por entonces artesanías como por ejemplo los tejidos,
que se fabricaban en casa particulares: el comerciante entregaba la lana a una familia y ésta la hilaba, la tejía y le
Esta forma de producción se modificó notablemente entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX. El país en el
que comenzaron los cambios fue en Inglaterra. Allí se daban una serie de condiciones que hicieron posible que en
· Tenía importantes yacimientos de Carbón, el combustible más usado en la época, y de hierro, la materia prima
· La burguesía inglesa había acumulado grandes capitales a partir de su expansión colonial y comercial.
· Las ideas liberales (ver recuadro) muy difundidas en Inglaterra favorecían la iniciativa privada, con la garantía
de un parlamento que representaba también los intereses de esta burguesía industrial y comercial.
· La marina mercante inglesa era una de las más importantes del mundo, lo que les garantizaba a los productores
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Una tarde de 1776 al escocés James Watt, un mecánico de la Universidad de Glasgow, mientras preparaba su té
como todos los días, se le ocurrió tapar el pico de la pava y notó que saltaba la tapa. Sin proponérselo había
Watt no se quedó tranquilo mirando su pava, comenzó a experimentar y logró desarrollar el primer motor a vapor
que pronto pudo ser aplicado a la industria. Hasta ese momento se usaban molinos de agua para mover los
engranajes de las maquinarias, lo que determinaba que las fábricas sólo podían instalarse a las orillas de los ríos
caudalosos que no siempre quedaban cerca de los centros de distribución y consumo. A partir de la aplicación del
vapor las fábricas comenzaron a instalarse en las grandes ciudades como Londres o Liverpool. Comenzaba la
revolución industrial.
Ocupados y Desocupados
Las ciudades comenzaron a llenarse de establecimientos industriales y estas fábricas demandaban cada vez más
mano de obra. Muchos campesinos comenzaron a trasladarse hacia los centros urbanos en busca de trabajo. Los
campesinos tenían muchos hijos, porque en el campo significaban más brazos para trabajar, pero en las ciudades
las familias numerosas se veían en serias dificultades porque siempre la cantidad de puestos de trabajo era menor
a la cantidad de gente que lo necesitaba. La gente no paraba de llegar y esto empeoraba las cosas, porque los
salarios se regían por la ley de la oferta y la demanda: si había mucha gente que necesitaba trabajo los patrones
rebajaban los sueldos y hasta despedían a los que estaban trabajando para tomar niños y pagarles menos.
El capitalismo industrial
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El maquinismo exigió una importante inversión de capitales.
Hasta ese momento la burguesía lo destinaba a los bancos
y al comercio, pero notó el importante negocio que
significaba producir a bajo costo y en grandes cantidades.
Así nació la burguesía industrial, los dueños de las grandes fábricas, que pondrán fin a los pequeños
talleres artesanales. A los artesanos, que trabajaban por su cuenta, no les quedará otra opción que
trabajar para estas fábricas y cerrar sus talleres. A este sistema se lo llamó capitalismo industrial
porque la industria será el nuevo centro de producción del capital al que estarán lógicamente asociados
La revolución industrial determinará entonces la aparición de dos nuevas clases sociales la burguesía
industrial (los dueños de las fábricas) y el proletariado industrial (los trabajadores). Se los llamaba
ferrocarril agilizó los traslados y abarató los productos, a la vez que acercó a las regiones mejorando la circulación
y las comunicaciones. Era muy difícil competir con los productos ingleses. Por ejemplo, en 1810, cuando después de
la revolución de Mayo Buenos Aires se abrió al comercio libre con Inglaterra, un poncho inglés costaba 10 veces
menos que uno de Catamarca. Pero Gran Bretaña no sólo exportaba productos textiles, también exportaba
maquinarias, capitales y técnicos para la construcción de ferrocarriles. Los países contratantes quedaban de por
vida dependiendo de Inglaterra, por las deudas contraídas y por las necesidades técnicas y de repuestos que sólo
Con la revolución industrial también crecen los conflictos sociales. A muchos capitalistas no les importaba que sus
trabajadores, a veces niños de siete años, trabajaran 12 o 14 horas por día en condiciones insalubres con graves
riesgos físicos.
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Su única preocupación era aumentar la producción al menor costo posible, es decir pagando el salario más bajo que
se pudiera, aprovechándose de la gran cantidad de desocupados que había. Esta situación de injusticia llevó a la
aparición de los primeros sindicatos de trabajadores y las primeras huelgas en demandas de aumentos de sueldo
y mejoras en las condiciones de trabajo. La unión de los trabajadores posibilitó la sanción de las primeras leyes
altamente industrializadas de la actualidad, como en los Estados Unidos, sólo el 3% de la población reside en áreas
rurales. Antes de la Revolución Industrial, las ciudades eran sitios donde la actividad económica más importante
era el intercambio comercial y la realización de ciertas manufacturas. A partir de ella, la ciudad se convirtió en
sede de la producción en masa de la mayor parte de los bienes que los hombres consumían. Esta modificación hizo
que la ciudad dejara de ser un consumidor de los excedentes que se generaban en las áreas rurales y comenzara
a ser ella misma una fuente productiva, donde el trabajo humano y el capital se combinaban organizando un proceso
La Revolución Francesa
En 1789 Francia era una de las primeras potencias europeas; desde 1774 reinaba Luis XVI.
Los gastos militares y una serie de malas cosechas a partir de 1784, crearon una gravísima situación social. La
mayoría de la población se vio en la miseria mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como
si nada ocurriera. Luis XVI se negó a realizar cualquier tipo de reforma y defendió los privilegios de la aristocracia
La sociedad estaba compuesta por tres sectores sociales llamados estados. El primer estado era la Iglesia y lo
integraban unas 120.000 personas. Eran dueños del 10% de las tierras de Francia y no pagaban impuestos, sólo un
donativo voluntario a la Corona. Recibían de los campesinos el “diezmo”, es decir, la décima parte del producto de
sus cosechas. Controlaban el registro civil de la población: sólo la Iglesia podía legalizar casamientos, nacimientos
El segundo estado era la nobleza, integrada por unas 350.000 personas. Eran dueños del 30 % de las tierras.
Estaban eximidos de la mayoría de los impuestos y ocupaban todos los cargos públicos. Los campesinos les pagaban
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tributo y sólo podían venderles sus cosechas a ellos. Tenían tribunales propios, es decir que se juzgaban a sí
mismos.
El tercer estado comprendía al 98% de la población, y su composición era muy variada. Por un lado, estaba la
burguesía, formada por los ricos financistas y banqueros, que hacían negocios con el estado; los artesanos,
funcionarios menores y comerciantes. Por otra parte, existían campesinos libres, muy pequeños propietarios,
arrendatarios y jornaleros. El proletariado urbano vivía de trabajos artesanales y tareas domésticas. Finalmente
El Tercer Estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba todos los impuestos, hacía los peores trabajos
y no tenía ningún derecho. La burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que
protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venía ocurriendo en Inglaterra.
Los burgueses difundieron las ideas de Rousseau y Montesquieu que proponían la soberanía popular, el fin del
absolutismo, la igualdad de derechos y la división de poderes (un ejecutivo, un legislativo y un judicial). Pronto el
Tras muchas presiones, finalmente Luis XVI accedió a convocar a los Estados Generales: una asamblea donde
estaban representados los diferentes estados. La sesión quedó inaugurada el 5 de mayo de 1789 en el palacio de
Versalles con la presencia de 1.200 diputados. En su discurso inaugural el rey no dijo nada nuevo y la impaciencia
fue creciendo. El tercer estado obtuvo el apoyo de parte de la Iglesia y logró que se formara una Asamblea
Nacional Constituyente con la aparente aprobación del rey. Pero en realidad Luis XVI quería ganar tiempo para
conspirar y dar un golpe de fuerza. Alertado el pueblo de París salió a la calle y tomó la prisión de La Bastilla,
símbolo del despotismo real, el 14 de Julio de 1789. La burguesía formó una milicia propia, la Guardia Nacional y el
El rey tuvo que aceptar la nueva situación y la Asamblea comenzó a producir cambios importantes.
En la Asamblea de París nacieron la izquierda y la derecha como distinciones políticas porque el presidente, que se
sentaba en el medio, decía “tiene la palabra el diputado de la izquierda” o “tiene la palabra el diputado de la
derecha”. Resultó que a la izquierda se sentaban los más revolucionarios y a la derecha los más conservadores y
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desde entonces izquierda y derecha designan a los partidarios de los cambios o a los que quieren que todo siga
igual, respectivamente.
El 27 de agosto de 1789 se proclamaron los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Allí se decía que todos los
hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Se garantizaba la libertad, la propiedad, la seguridad
y la resistencia a la opresión. Se fijaba la igualdad ante la ley, la libertad política y religiosa y se establecía la
división de poderes.
En junio de 1791, Luis XVI intentó huir de Francia, pero fue detenido. Este fracaso monárquico impulsó a los
republicanos a apurar la sanción de una constitución democrática que incluía la declaración de los derechos del
hombre, la división de poderes y que dejaba el ejecutivo al rey y el legislativo, a la Asamblea. Quedaba establecida
la monarquía constitucional.
Tras nuevas maniobras de Luis XVI y el ataque de los ejércitos austríaco y prusiano, el pueblo volvió a levantarse
en armas y exigió la proclamación de la República el 10 de agosto de 1792. Los monárquicos fueron excluidos de la
nueva asamblea y Luis XVI fue juzgado y encontrado culpable. Fue ejecutado en la guillotina el 21 de enero de
1793. Tras una nueva crisis desatada en 1793 y ante la sospecha de traiciones dentro de la Revolución, el pueblo
de París se volvió a movilizar e impuso al sector más duro de la Convención, llamados montañeses o jacobinos. Sus
líderes fueron Robespierre, Marat y Dantón y llevarán adelante medidas populares como la imposición de precios
máximos, la devolución a los municipios de las tierras usurpadas por los nobles, y la abolición de los impuestos
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feudales. Todo esto molestó a los nobles, que se resistieron a acatar estas medidas. Esto desató la reacción de
los montañeses que hicieron cumplir sus disposiciones a la fuerza ejecutando una gran cantidad de nobles y
opositores en la guillotina.
Los montañeses impusieron un nuevo calendario a fines de 1793.Dividía el año en doce meses iguales de 30 días,
más cinco suplementarios dedicados al pueblo. Cada mes se dividía en tres décadas y el décimo día era feriado.
Los nombres de los meses, tomados del clima o la naturaleza, eran los siguientes: Vendimiario, Brumario, Trimario
(meses de otoño); Nivoso, Pluvioso y Ventoso (meses de invierno); Germinal, Floreal, Pradial (primavera); Mesidor,
En 1795 una nueva constitución republicana había establecido en Francia un nuevo gobierno: el Directorio, que
estableció un poder ejecutivo integrado por cinco miembros designado como “Directores”.
Pero esto no había calmado los ánimos. Seguían las luchas internas y la amenaza permanente de las monarquías
europeas enemigas de la Revolución. El 9 de noviembre (18 brumario según el calendario revolucionario) de 1799,
un joven General llamado Napoleón Bonaparte da un golpe de estado, derriba al Directorio y se transforma primero
El Estado napoleónico
Desde el Consulado, Napoleón emprendió una reforma administrativa del Estado francés. En primer lugar, llevó a
cabo una fuerte centralización del poder: al frente de los departamentos designó prefectos, que fueron eficaces
ejecutores de las órdenes del Primer Cónsul. En 1800 creó el Banco de Francia. En 1801, para poner término a los
conflictos con la iglesia, Napoleón firmó con el Papa el Concordato, por el cual la religión católica fue reconocida
En 1804, fue sancionado el código civil. Su importancia fue tal, que reguló las relaciones de los franceses hasta el
siglo XX.
Napoleón, emperador
Con el tiempo, Napoleón fue acrecentando su poder. En 1802 logró ser designado Cónsul vitalicio. Dos años más
tarde, se proclamó emperador de Francia, bajo el nombre de Napoleón I. las ambiciones del emperador de construir
un gran imperio debieron enfrentar la férrea resistencia de las otras monarquías europeas.
En 1814, Napoleón fue obligado a abdicar y exiliarse. En 1815, regresó a Francia y tomó nuevamente el poder. Sin
embargo, luego de 100 días, fue derrotado definitivamente por el general inglés Wellington en la batalla de
Waterloo.
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La Revolución Americana
De la Guerra de los Siete Años, concluida en 1763, Gran Bretaña emergió como la gran vencedora, obteniendo
inmensos territorios en Asia, África y América. La flema británica veía con orgullo flamear su bandera alrededor
del mundo, sin advertir que la extensión del imperio se convertiría en un verdadero talón de Aquiles. La guerra
dejó al gobierno británico al borde de la bancarrota, con una deuda de 130 millones de libras, mientras la
administración de las nuevas posesiones obtenidas multiplicaría los gastos por cinco, pasando de 70.000 a cerca
de 350.000 libras anuales. Alguien –y según la imperial costumbre, no Londres– tenía que levantar el muerto.
Al primer ministro George Grenville se le ocurrió aplicar “un plan de ajuste”, pero, como decíamos, no en Gran
Bretaña sino en las colonias americanas. Para ello, propuso que el gobierno fortaleciera el control económico y
político sobre sus posesiones imperiales norteamericanas. El gobierno inglés, pionero en un truco perdurable,
intentó disfrazar el ajuste, con la Ley de Ingresos de 1764, conocida como Ley del Azúcar, que reducía a la mitad
el arancel a las importaciones de melazas extranjeras, mientras gravaba nuevos productos como lino, seda, añil,
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café, limón y vinos extranjeros. Además, se ampliaba la lista de mercancías “enumeradas”, aquellas que sólo podían
exportarse a Inglaterra. Londres se convertía así en intermediaria de los productos coloniales, elevando su precio
Nuevas medidas contribuyeron a agitar el sentimiento antibritánico como la prohibición de imprimir papel moneda
en las colonias y la obligación de mantener, a expensas de los colonos, un ejército inglés de 10.000 hombres, cuya
Pero la gota que colmó el vaso fue la Ley de Timbres, aprobada por el Parlamento en marzo de 1765. El impuesto
(Stamp Act) consistía en un sello –que debía imprimirse en testamentos, licencias, pólizas de seguro, etc.–, sin el
cual todo documento carecía de validez legal. El gravamen recaía también sobre periódicos, panfletos, volantes y
hasta naipes.
La Ley de Timbres se convirtió en un boomerang que en su regreso golpearía directamente al gobierno británico.
Lejos de contribuir a ensanchar las arcas de la corona, la medida significó el comienzo de la unificación de unas
colonias que se habían creado y prosperado en un singular aislamiento. Representantes de nueve de las trece
colonias se reunieron en octubre de 1765 y lograron que la medida fuera derogada. En marzo de 1770, un grupo de
colonos insultó y apedreó a un escuadrón británico. Los soldados abrieron fuego contra los colonos y mataron a
El conflicto resurgió en 1773, cuando el Parlamento aprobó la Ley del Té (Tea Act), que otorgaba a la Compañía
Británica de las Indias Orientales el monopolio de la venta de ese producto en las colonias, desplazando a los
comerciantes locales. Las protestas no tardaron en llegar. En Boston, cuando el gobernador intentó forzar la
descarga de un embarque, un grupo de colonos disfrazados de “indios” tomó los barcos y arrojó la mercancía por
la borda. Gran Bretaña vio en este episodio –que pasó a la historia como el “Boston Tea Party”– un desafío
inadmisible para el orgulloso espíritu imperial y decidió dar un castigo ejemplar, aislando a la colonia rebelde.
Pero una vez más el tiro le saldría por la culata. En solidaridad con Massachusetts, las colonias establecieron el
boicot a los productos ingleses y crearon un ejército continental, al mando de George Washington, para enfrentar
a las tropas del rey. Inglaterra envió a mercenarios alemanes, además de las fuerzas regulares, para combatir a
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A fines de 1774, los colonos convocaron en la ciudad de Filadelfia el primer Congreso Continental. Los congresistas
enviaron una carta al Rey Jorge III, en la que reclamaban el derecho de las colonias a sancionar sus propias leyes.
Ante el rechazo del reclamo y previendo los enfrentamientos, los colonos comenzaron a armarse. El primer
En mayo de 1775 se reunió el Segundo Congreso Continental, que designó a George Washington como comandante
en jefe del ejército continental. Además, los congresistas designaron una comisión encargada de redactar la
declaración de la independencia. Thomas Jefferson, oriundo de Virginia, redactó el primer borrador. El 4 de julio
de 1776, el congreso aprobó el documento definitivo, que declaraba la independencia de las colonias, a partir de
Los filósofos de la Ilustración, especialmente Rousseau, Locke y Montesquieu, impregnaron tanto la propaganda
A principios de 1776, Paine publicó un incendiario panfleto, Sentido Común, que contribuiría a exacerbar los ánimos
contra los británicos: sostenía que un hombre honrado valía por “todos los rufianes coronados que hayan vivido”.
Se apreciaba, además, su escaso afecto por el rey Jorge III al que llamaba “la Real Bestia de la Gran Bretaña” y
Parece increíble que el país que avasalló a lo largo de su historia imperial los derechos humanos de medio mundo,
base su sistema democrático en aquella romántica Declaración de la Independencia aprobada el 4 de julio de 1776,
que contiene conceptos como: “las leyes de la naturaleza”, que defiende los “derechos inalienables” como “la vida,
la libertad y la búsqueda de la felicidad” y el derecho del pueblo a “abolir o reformar” un gobierno que atente
Tras la victoria de los colonos en la batalla de Saratoga, Francia firmaría la alianza con los rebeldes en febrero
de 1778 y entraría en guerra contra Gran Bretaña. España se sumaría a los franceses poco después (1779). Uno
de una nueva era: “La era de la revolución norteamericana, que puede considerarse como el principio de un nuevo
orden social para el mundo entero, es propiamente hablando la era de la declaración de los derechos”. Jacques
Pierre Brissot, uno de los líderes de la Gironda, profetizará: “La revolución americana ha producido la Revolución
Francesa: ésta será el foco sagrado de donde partirá la chispa que incendiará a las naciones cuyos amos se atrevan
a acercársela”.
Los crecientes costos de la guerra decidieron a los británicos a entablar conversaciones con los rebeldes. En 1783,
Los nuevos estados se organizaron como una liga de Estados independientes, unidos por los llamados Artículos de
la Confederación. Pero éstos sólo establecían una unión débil entre los Estados. Poco a poco fue creciendo la idea
de establecer un gobierno federal que fortaleciera la unión. Así en 1787, una convención comenzó a deliberar la
redacción de una constitución. El texto constitucional, sancionado en 1787, establecía un sistema federal, con un
gobierno central fuerte. La Constitución norteamericana haría suyo el principio de separación de poderes
propuesto por Montesquieu. El poder estaría dividido en tres: un ejecutivo, ejercido por un presidente; un
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LA ORGANIZACIÓN DEL IMPERIO ESPAÑOL
A lo largo de los siglos XVI y XVII, la Corona española creó un conjunto de instituciones para gobernar y
administrar sus posesiones americanas. Con el fin de organizar y controlar el comercio con las Indias, en 1503,
Isabel La Católica puso en funcionamiento, en la ciudad de Sevilla, la Casa de Contratación. En 1524, Carlos V creó
en la misma ciudad, el Consejo de Indias, máximo organismo del gobierno colonial en cuestiones eclesiásticas,
También se crearon instituciones en el territorio americano, que fue dividido en dos virreinatos, el de Nueva
España (1535) y el del Perú (1543). La autoridad máxima de estas unidades políticas y administrativas era el virrey,
Por debajo del virrey estaban los gobernadores que tenían a su cargo la administración de las gobernaciones en
La administración de la justicia estaba a cargo de las Audiencias, concebidas como un contrapeso del poder de los
virreyes, con quienes compartían algunas funciones. Las audiencias tenían, además, atribuciones importantes en el
campo eclesiástico, como el control del cobro del diezmo. Al finalizar su mandato, los funcionarios coloniales eran
Las ciudades eran el centro de irradiación de la conquista y de la colonización española. Grandes o pequeñas, la
mayoría de ellas contaba con un Cabildo. Esta institución tenía a su cargo el gobierno de la ciudad y de su entorno
rural.
Las funciones del cabildo eran de tipo administrativas y de tipo judicial. Las primeras eran ejercidas por Regidores,
que tenían bajo su égida la salud, las obras públicas, la inspección de los mercados y de los precios, la organización
de las festividades y las procesiones religiosas, y el control de la policía y de las cárceles. Las segundas estaban
en manos de los alcaldes, que actuaban en número de dos. Las grandes ciudades generalmente estaban divididas
en cuarteles o barrios, administradas por los alcaldes de barrio, que estaban subordinados a la autoridad del
Cabildo. La administración de las áreas rurales estaba en manos de los alcaldes de hermandad.
Los miembros del cabildo eran elegidos anualmente entre los vecinos, que eran los españoles peninsulares y los
religiosas. A mediados del siglo XVI, inició su actividad en América la Compañía de Jesús, a través del
establecimiento de misiones en Canadá, California, México, Ecuador, Brasil, Paraguay y el río de La Plata.
El núcleo misional más importante de los jesuitas se desarrolló en una zona que comprendía parte de los actuales
territorios de la Argentina y el Paraguay, donde llegaron a fundar treinta misiones. A mediados del siglo XVII, la
población de los pueblos que componían las misiones ascendía a las 100.000 personas.
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La organización de las misiones
En cada una de las misiones la autoridad máxima era el padre superior, pero el gobierno civil estaba, en parte, en
manos de los nativos, que integraban cabildos con funciones similares a los de las ciudades coloniales. La
La organización social y económica giraba en torno a la explotación de la tierra, dividida en parcelas adjudicadas
de forma hereditaria a los indios. Existían, asimismo, tierras de labor comunitaria y obligatoria. El excedente
productivo se distribuía en función de un orden de prioridades establecido por las autoridades misionales, que
imponían una disciplina laboral muy estricta. Con la fundación de las misiones, los jesuitas liberaron a los indios del
dominio de los colonos y de la encomienda. Con el tiempo, las misiones llegaron a convertirse en unidades económicas
autosuficientes: todo lo que necesitaban se producía en ellas. Además, fueron los productores más importantes
de algodón y yerba mate de la época. También se desarrolló la ganadería, y se cultivaron las cañas de azúcar,
cereales y frutales.
El notable desarrollo económico equiparaba al de las artes. Los pobladores de las reducciones perfeccionaron sus
técnicas originarias por medio de una sólida instrucción artesanal y artística. Las realizaciones de las misiones
jesuíticas ocupan un lugar preponderante en el arte colonial americano, y se destacan la arquitectura, la pintura,
el grabado y la platería.
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Las reformas borbónicas
Las reformas administrativas
Las reformas buscaban proteger territorios vulnerables y racionalizar la administración. Con ese fin, se crearon
dos virreinatos: el de Nueva Granada y el del Río de La Plata; dos capitanías generales, la de Chile y la de Venezuela,
y un sistema de intendencias. Las intendencias eran unidades administrativas menores, creadas para estimular las
economías regionales y para lograr que el poder real se ejerciera de manera efectiva en todo el territorio.
Para hacer frente a las amenazas externas y a las resistencias internas generadas por la aplicación de las
reformas, se conformó una poderosa fuerza militar, que incluía a los criollos. En el plano de la defensa territorial,
se registraron logros importantes, como la recuperación de la Colonia del Sacramento, en el Río de La Plata, y de
la Florida, en el actual territorio norteamericano. España ratificó, asimismo, su dominio sobre Sonora, Texas y
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Las medidas impulsadas por Carlos III buscaban acrecentar los recursos productivos provenientes de las colonias,
mejorar los mecanismos de la recaudación fiscal y ejercer un control más efectivo sobre el intercambio comercial
El Reglamento de Comercio Libre de 1778, que autorizaba el funcionamiento de trece puertos en España y de
veinticuatro en América, procuraba mejorar los mecanismos de control para frenar el contrabando, de modo tal
que las colonias consumieran productos elaborados en la metrópoli o comprados legalmente a otros países. Pero el
escaso desarrollo de las manufacturas españolas desvirtuó esos objetivos: a fines del siglo XVIII, la mayor parte
de los productos elaborados que se consumían en las colonias eran adquiridos por España a otros países o provenían
del contrabando.
La producción de las colonias aumentó sensiblemente en México y en Cuba, donde la plata y el azúcar registraron
niveles de crecimiento muy significativos. Al mismo tiempo, la simplificación del sistema tributario y el
nombramiento de funcionarios asalariados para hacer más efectiva la recaudación acrecentaron los ingresos
fiscales.
y el celo de funcionarios, ministros y asesores. En 1767, Carlos III, influenciado por las ideas de la ilustración, decretó la
expulsión de los jesuitas del territorio americano. Por último, la Corona creó ejércitos en las colonias para que se defendieran
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La creación del Virreinato del Río de La Plata
Los borbones intentaron consolidar la posición española frente a los tradicionales rivales, Portugal e Inglaterra.
Para cumplir con este objetivo, en 1776, Carlos III envió al Río de La Plata una expedición al mando de Pedro de
Cevallos buque aseguró el dominio hispano en la banda oriental del Plata. Un año después, el Tratado de San
El rey le había concedido a Cevallos atribuciones de virrey para las provincias del Río de La Plata con carácter
En 1782, se dictó una ordenanza que dividió el territorio del virreinato en ocho intendencias, con el objetivo de
controlar la administración a partir de unidades más pequeñas y con mayor capacidad ejecutiva.
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El libre comercio y el crecimiento de Buenos Aires
Con la creación del virreinato, se profundizaron medidas que ya venían siendo adoptadas y que proporcionaban a
Buenos Aires los recursos económicos y administrativos para asegurar el poder español en el Río de La Plata. El
eje económico se trasladó desde el Pacífico hacia el Atlántico, y Buenos Aires se independizó de Lima, a la par que
consolidó su predominio como centro económico, político y administrativo sobre el resto del territorio rioplatense.
Entre esas medidas, la más importante fue la del Reglamento de Libre Comercio de 1778, que habilitó los puertos
de Buenos Aires y Montevideo al comercio de España, pero que mantuvo la prohibición de efectuarlo con naciones
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extranjeras. En 1794, se instaló el consulado, tribunal judicial y mercantil, y junta de protección del comercio,
Los comerciantes se consolidaron en su rol de intermediarios entre España y el Río de La Plata, lo que les permitió
obtener no sólo beneficios económicos, sino también prestigio y poder político. Mientras algunos de ellos eran
partidarios del sistema comercial de monopolio español, otros comenzaron a bregar por la implementación del libre
comercio. Estos últimos vieron satisfechas sus demandas recién en 1809, cuando el virrey Cisneros autorizó el
comercio con los ingleses. En la práctica, los ingleses fueron logrando algunas franquicias e incrementando su
El Interior y el Litoral
El Reglamento de Comercio Libre de 1778 eximía los derechos de entrada a España a los productos coloniales,
tales como carne salada, el sebo, la lana y las astas, y gravaba sólo ligeramente a los cueros. Paralelamente, ponía
La región del Litoral (Buenos Aires, Santa Fe, sureste de Córdoba, Corrientes y Entre Ríos), productora de ganado,
se benefició enormemente con estas disposiciones. Así, junto con los comerciantes, también se afianzaron los
hacendados, que incrementaron y racionalizaron su producción. El ganado cimarrón fue desplazado por la expansión
de las estancias, y la tierra se fue concentrando en manos de militares, funcionarios, comerciantes y de los propios
En el Interior, las situaciones eran diversas. Algunas ciudades resistieron los cambios gracias a su conexión con la
economía minera de Potosí, a pesar de que su decadencia ya se tornaba manifiesta. Salta lo abastecía de mulas y
combinaba la ganadería con los cultivos de trigo y los viñedos. Tucumán, centro comercial en la ruta entre Buenos
Aires y el Alto Perú, producía carretas, sebo y jabón. Córdoba proveía al Litoral de productos textiles.
Otras regiones, en cambio, alejadas de las rutas comerciales, sufrieron en mayor medida los embates del libre
comercio. Los vinos y aguardientes de San Juan, Catamarca y Mendoza decayeron frente a la competencia de la
producción española, si bien esta última mantuvo un activo comercio con Chile.
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LAS INVASIONES INGLESAS
Los intereses ingleses
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principios de siglo XIX, la alianza con Francia convirtió a España en enemiga de Gran Bretaña. Como consecuencia
de la derrota en Trafalgar, la Corona española perdió el control de las comunicaciones marítimas con sus colonias.
Al mismo tiempo, Gran Bretaña, que se hallaba en plena Revolución Industrial y necesitaba del mercado europeo
para colocar su producción, comenzó a padecer los efectos del bloqueo continental decretado por Napoleón. Esta
situación la obligó a buscar nuevos mercados en otros lugares del mundo. Fue así como eligió como objetivo las
posesiones españolas en el Río de La Plata, donde el monopolio español perjudicaba a los comerciantes británicos.
Así se conjugaban dos tipos de intereses, el militar y el comercial. Gran Bretaña quería asegurarse una base militar
para la expansión de su comercio y a la vez golpear a España en un punto débil de sus posesiones coloniales.
En abril de 1806, sin autorización de la corona inglesa, tropas británicas emprendieron una expedición desde el
Cabo de Buena Esperanza, con el objetivo de ocupar Buenos Aires. Eran unos seis mil seiscientos hombres al mando
de Home Rigss Popham y Williams Carr Beresford. El 25 de junio desembarcaron en Quilmes, al sur de la ciudad.
Los jefes ingleses suponían que era una conquista fácil y que tendrían el apoyo de los criollos, a quienes pensaban
Ante las noticias del avance inglés, el virrey Sobremonte se retiró a Córdoba, en busca de ayuda militar que nunca
llegó. El 28 de junio, las tropas de Beresford ocuparon la ciudad. Las autoridades españolas no ofrecieron
resistencia y juraron fidelidad al monarca inglés Jorge III. Incluso entregaron parte de los caudales reales y los
depósitos militares, por miedo a que los invasores dispusieran de las fortunas privadas. En cambio, la mayoría de
los criollos no aceptó la presencia inglesa, en la que veían una nueva dominación colonial.
En su carácter de gobernador, Beresford decidió mantener todos los funcionarios y magistrados en sus cargos y
les aseguró que no tenía intención de favorecer la independencia. Además, implantó el libre comercio con bajas
tasas aduaneras y redujo los derechos que gravaban las exportaciones de cueros.
Mientras la ciudad se hallaba ocupada por los ingleses, el capitán de navío Santiago de Liniers (que era francés al
servicio de España), Juan Martín de Pueyrredón y Martín de Álzaga, organizaron tropas. Liniers reunió unos tres
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mil hombres en La Banda Oriental, con los que desembarcó el 3 de agosto cerca de San Fernando, al norte de la
habitantes se sumaron a una intensa lucha callejera en el centro de la ciudad y en la zona de Retiro. Finalmente,
El 14 de agosto los vecinos celebraron un Cabildo Abierto para decidir la crisis de autoridad que había producido
la conducta del virrey. Delegaron el mando militar en Liniers y los asuntos de gobierno en el presidente de la
Audiencia. Ante la posibilidad de una nueva invasión inglesa, Liniers organizó cuerpos de milicias y estableció la
En febrero de 1807, una nueva expedición inglesa al mando del brigadier Achmuty conquistó Montevideo.
Alarmados por la actitud del virrey Sobremonte, quien no interpuso resistencia alguna, el 10 de febrero los
habitantes de Buenos Aires exigieron su deposición frente al Cabildo. Liniers convocó a una Junta de Guerra que
resolvió destituir a Sobremonte y reponer a la Audiencia en el gobierno civil y a Liniers en el mando militar.
El 28 de junio, unos ocho mil soldados ingleses, dirigidos por el teniente general John Whitelocke, desembarcaron
en el puerto de Ensenada y avanzaron sobre Buenos Aires. Liniers intentó detenerlos, pero fue vencido, primero
en la zona del Riachuelo y luego, en los corrales de Miserere. El 5 de julio, los británicos penetraron en la ciudad,
que esta vez se hallaba preparada para la defensa. El comerciante peninsular Martín de Álzaga, alcalde del Cabildo,
organizó la resistencia de los habitantes de Buenos Aires, que lucharon junto a los milicianos desde trincheras que
cortaban las calles y desde los techos y las ventanas de las casas. Dos días después, sin haber ocupado la ciudad,
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La necesidad de defender Buenos Aires de los ataques ingleses produjo una militarización de la ciudad, con la
formación de milicias. Estos cuerpos armados tendrían un papel clave en los acontecimientos de la Revolución de
Mayo.
Las improvisadas fuerzas que se habían formado durante la primera invasión se convirtieron en cuerpos
organizados cuando Liniers asumió la jefatura de armas. A partir de la implementación del servicio militar se
organizaron otras milicias según los criterios étnicos propios de la época. Así Liniers estableció milicias de
españoles, milicias de criollos y milicias de indios, pardos y morenos. Las de españoles y de criollos estaban divididas
a su vez, según el origen geográfico de sus integrantes. Entre los españoles, estaban, por ejemplo, los catalanes,
los vizcaínos y los gallegos. Entre los criollos, los patricios, integrados por naturales de Buenos Aires, los húsares
de Pueyrredón y los arribeños, conformados por gente de las provincias de “arriba”, es decir, del norte.
Revelaron la fragilidad del orden colonial, expresada, por un lado, por el comportamiento sumiso que adoptaron
las autoridades españolas frente a los ingleses, y por el otro, en la escasez de tropas regulares y la falta de milicias
• La conducta del virrey Sobremonte puso en cuestión el sistema de autoridades y concedió protagonismo y
prestigio a instituciones como el Cabildo y a individuos como Santiago de Liniers y Martín de Álzaga.
• La militarización de la ciudad otorgó un nuevo status a los criollos, debido a su superioridad numérica en
las milicias, y abrió posibilidades de ascenso social para los sectores populares urbanos.
• La oficialidad criolla, elegida por los milicianos, se convirtió en un nuevo actor político de cuyo apoyo no
• Se modificó la administración de los recursos. Parte del dinero que antes iba a España quedaba en Buenos
Aires para sostener los cuerpos de milicias. Además, parte de esos recursos se destinaron a los sectores
populares urbanos que integraban las milicias y recibían una paga mensual.
• El libre comercio, establecido por los ingleses en Buenos Aires y Montevideo, mostró a sus habitantes las
por el control de las milicias. Los problemas se agravaron cuando se conoció la situación de España. A ello se le
sumó el reclamo de la infanta Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII y esposa del regente de Portugal, que
buscaba ser reconocida como regente de los dominios españoles en América. Aunque Liniers rechazó la petición
de la infanta, los cabildantes lo acusaron de conspirar con los portugueses e ingleses. Luego, debido a su origen
En Buenos Aires se formaron dos grupos políticos. Uno de ellos, conocido como el Partido de la Independencia,
integrado por criollos (entre ellos Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Hipólito Vieytes y Antonio Berutti) quería
separarse de España. Para ello buscaba ayuda inglesa y aceptaba la posibilidad de una monarquía encabezada por
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Carlota Joaquina. El otro grupo, liderado por Martín de Álzaga, nucleaba a una mayoría de peninsulares (como
Antonio de Santa Coloma, Juan Larrea y Domingo Matheu) y a los criollos Julián de Leyva y Mariano Moreno; este
El 1º de enero de 1809, una delegación del Cabildo se dirigió al Fuerte para exigir la renuncia del virrey. Las milicias
españolas rodearon la Plaza Mayor para pedir la creación de una Junta. Liniers ofreció su renuncia, pero el
comandante de los patricios, Cornelio Saavedra, se opuso a su destitución y le dio ayuda militar. A los pocos días
las autoridades juraron fidelidad a la Junta Central de Sevilla y las milicias de españoles que participaron en el
hecho fueron disueltas. Así disminuyó el poder del Cabildo y los militares españoles, en beneficio de las milicias
criollas.
LA REVOLUCIÓN DE MAYO
La situación española precipitó los acontecimientos revolucionarios en Buenos Aires en mayo de 1810. Pese
a la resistencia del virrey y de los demás funcionarios españoles, se formó una junta a nombre de
Fernando VII.
Inmediatamente el nuevo gobierno debió hacer frente a la guerra de independencia y a los desacuerdos
entre sus propios integrantes.
cargo. A mediados de 1809 arribó el nuevo virrey, Baltazar Hidalgo de Cisneros. Como manera de afirmar el
predominio español, Cisneros le devolvió el poder al Cabildo, disolvió algunas milicias criollas y restituyó las milicias
españolas que habían sido disueltas después del alzamiento contra Liniers.
El virrey debió enfrentar los levantamientos que se produjeron en las ciudades de Chuquisaca y La Paz en el Alto
Perú. En mayo de 1809, los integrantes de la Audiencia de Chuquisaca destituyeron al presidente de esa institución
y formaron una Junta, proclamando la lealtad al soberano y a la Junta de Sevilla. El movimiento se extendió a La
Paz, donde los criollos, con ayuda de los sectores populares, formaron una Junta con marcado tono antipeninsular.
La rebelión altoperuana fue derrotada por tropas enviadas desde Buenos Aires y Lima. Los jefes del levantamiento
fueron ejecutados, a los prisioneros se les impusieron duras condiciones de cárcel y sus bienes fueron confiscados.
En ese mismo año, Cisneros autorizó una mayor libertad comercial. Ante el pedido de introducción de mercaderías
formulado por dos comerciantes ingleses, el abogado criollo Mariano Moreno redactó un documento denominado
Representación de los Hacendados. En él propició el libre comercio para aumentar la recaudación y el tráfico
comercial y expuso por primera vez los principios que aconsejaban dedicarse a la producción ganadera para la
exportación. El 6 de noviembre Cisneros autorizó el comercio al por mayor con los ingleses mediante un Reglamento
Provisorio, pese a la oposición de algunos comerciantes y artesanos, que temían arruinarse por la competencia
inglesa. De todos modos, esta disposición mantenía el monopolio de los comerciantes españoles sobre el comercio
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El 13 de mayo de 1810 llegó una fragata inglesa con la noticia de la disolución de la Junta Central y el asedio de los
franceses a Cádiz, último bastión de la resistencia española. Aunque la embarcación fue detenida y aislada en
Alarmado por la situación, el 18 de mayo Cisneros dio a conocer una proclama. En ella pedía a la población de Buenos
Aires que se mantuviera leal a las autoridades y al rey Fernando VII. Además los instaba a no tomar decisiones
sin acordar con las otras provincias del Virreinato y los demás Virreinatos de América.
Los integrantes del Partido de la Independencia y el comandante de los patricios, Cornelio Saavedra, no aceptaron
la propuesta del virrey y exigieron la convocatoria a un Cabildo Abierto para que todos los vecinos decidieran qué
hacer. El 20 de mayo, Saavedra y Belgrano presentaron el pedido formal para que esta reunión ante el Alcalde de
primer voto, Lezica. La falta de apoyo de las milicias y el descontento popular llevaron a Cisneros y al Cabildo a
leyó una proclama del Cabildo, en la que se llamaba a la reflexión, a conservar la fidelidad al rey y a “no innovar”.
A continuación se procedió al debate para determinar si el virrey permanecería en su cargo. Los argumentos de
El obispo Benito Lué representó la posición conservadora. Postuló la tesis de que mientras hubiera un
representante del rey en América, este tenía derecho a ejercer el gobierno por sobre los americanos, sin importar
lo que sucediese en España. Le respondió Juan José Castelli, quien, en una posición revolucionaria, argumentó que
en tanto el rey era prisionero de Napoleón, la soberanía había vuelto al pueblo. Por lo tanto el pueblo de Buenos
Aires podía darse el gobierno que quisiera, tal como habían hecho los españoles al formar juntas.
Por su parte, el fiscal de la Audiencia, Manuel Villota defendió la permanencia de Cisneros en el cargo con el
argumento de que el poder había vuelto al pueblo, pero no solo al de Buenos Aires sino a “los pueblos” de todo el
virreinato. En consecuencia, Buenos Aires no podía decidir por sí misma sino debía esperar la opinión de los otros.
El abogado criollo Juan José Paso replicó que ante una situación de urgencia, la capital del Virreinato podía decidir
por las otras regiones, como si fuera una tutora o hermana mayor.
Luego de la intervención de numerosos oradores, se efectuó la votación que dio como resultado la destitución de
Cisneros y la delegación del mando en el Cabildo, al que se consideraba el depositario de la soberanía en ausencia
del rey.
criollos (Castelli y Saavedra), presidida por Cisneros. Esta decisión significaba la devolución del poder político y la
comandancia de las milicias al destituido virrey. De esta manera, los peninsulares conservaban el poder. Las
autoridades españolas se apresuraron a aceptar a la nueva junta, mientras que los revolucionarios forzaron a los
aumento.
Finalmente, en la noche del 24 debieron aceptar esas renuncias. En la mañana del día 25, los grupos criollos
reunidos en la Plaza Mayor exigieron la formación de otra Junta, de la que quedara excluido el virrey. A su vez,
El Cabildo y Cisneros intentaron resistir y convocaron a los jefes de las milicias. Saavedra, en nombre de los jefes
criollos, argumentó que le era imposible frenar el descontento y les negó todo apoyo. A instancias del Cabildo,
posteriormente como Primera Junta. La presidía el comandante de los patricios, Cornelio Saavedra; sus
secretarios eran los abogados criollos Mariano Moreno y Juan José Paso. Con carácter de vocales se incorporaron
los abogados Manuel Belgrano y Juan José Castelli, el sacerdote Manuel Alberti, el militar Miguel de Azcuénaga y
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A pesar de que algunos criollos eran partidarios de la independencia desde antes que se produjera la Revolución,
la Junta se proclamó autónoma del Consejo de Regencia pero juró fidelidad a Fernando VII. Esta decisión de
gobernar en nombre del rey prisionero es conocida como la máscara de Fernando, ya que la afirmación del vínculo
con el rey prisionero era un simulacro para ganar tiempo y evitar la reacción española.
Sin embargo, la mayoría de los integrantes del nuevo gobierno no representaban al poder militar. Muchos de ellos,
especialmente los abogados, eran partidarios de las ideas de la Ilustración. Creían necesario reemplazar el pacto
de sujeción que ligaba a las colonias con la Corona española por conceptos más modernos, como el de soberanía
popular de las revoluciones norteamericana y francesa y la versión de Contrato Social de Rousseau. Estas ideas
A partir de junio de 1810, Mariano Moreno, Secretario de Gobierno y de Guerra de la Junta, comenzó a dirigir un
periódico oficial, llamado La Gaceta de Buenos Aires. Desde esas páginas expuso sus principios independentistas,
republicanos y a favor del liberalismo económico. Moreno tomó numerosas decisiones en nombre de la Junta y
prontamente desplazó a un segundo plano al presidente Saavedra. Los jefes de las milicias se alarmaron por la
pérdida de poder de las fuerzas militares frente al secretario y comenzaron a planear su alejamiento del cargo.
Mientras que los partidarios de Moreno, identificados como morenistas, proponían medidas más duras para avanzar
en la revolución, los llamados saavedristas postulaban políticas moderadas que no implicaban la ruptura definitiva
con España. Algunos acontecimientos agravaron las relaciones entre ambos grupos. Si bien todos los miembros de
la Junta habían firmado la orden de fusilar a Liniers redactada por Moreno, tras la ejecución surgieron críticas
de los jefes militares y de dirigentes del interior, que encontraron eco en Saavedra. Las medidas contra los
32
realistas y a favor de la supresión de la servidumbre indígena también crearon asperezas. Además Moreno se
oponía a que los diputados del interior se incorporaran a la Junta, ya que consideraba que debían reunirse en un
En diciembre de 1810, Moreno redactó el Decreto de Supresión de Honores, que establecía la absoluta igualdad
entre todos los miembros de la Junta y quitaba el mando de las tropas al presidente, para ponerlo al mando del
conjunto de gobierno. Esta medida restaba poder a Saavedra, pero no fortaleció a Moreno. A los pocos días, se
puso a votación si los diputados del interior debían sumarse a la Junta. Saavedra aceptó que los propios interesados
votasen, con lo cual su incorporación al gobierno fue aprobada y se formó la llamada Junta Grande. De inmediato
Revolución y contrarrevolución
Como la Revolución se había producido en la capital del Virreinato sin la participación de otras jurisdicciones, la
Junta debió asumir inmediatamente dos problemas. Por un lado, tenía que recabar la opinión de las provincias
interiores para saber si reconocían al nuevo gobierno. Por el otro, debía preparar tropas para defender el
Dos días después de la Revolución, la Junta envió una circular en la que convocaba a las ciudades interiores a que
reconocieran su autoridad y enviaran diputados que se integrarían a este organismo a medida que llegaran. Estos
diputados serían elegidos por los vecinos de las ciudades, es decir que se mantenía la tradición española según la
• Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, San Juan, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán, Salta,
• En Mendoza la situación se mantuvo indefinida hasta julio de 1810, cuando el envío de un cuerpo de
• En Paraguay, un Congreso general reunido el 24 de julio de 1810 decidió no subordinarse a Buenos Aires.
• En junio de 1810, las autoridades de Montevideo juraron fidelidad al Congreso de Regencia y plantearon la
ruptura con la capital del Virreinato. En febrero de 1811, los revolucionarios orientales, con apoyo de
Buenos Aires, se levantaron en las áreas rurales y el control realista quedó limitado a la ciudad de
Montevideo.
Comienza la guerra
Ante la falta de adhesión de muchos pueblos del Interior, la Junta envió expediciones militares al Alto Perú y al
Paraguay.
En su camino al Norte, el ejército el ejército enviado al Alto Perú debió enfrentar la contrarrevolución en Córdoba.
En esa intendencia, el gobernador, el obispo, el Cabildo y los jefes de milicias habían desconocido a la Junta y
jurado fidelidad al Consejo de Regencia. Para resistir a las autoridades instaladas en Buenos Aires, interceptaron
sus comunicaciones con el Norte y el envío de las recaudaciones. Además organizaron milicias con la ayuda de
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Liniers, el prestigioso defensor de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas. La Junta ordenó una dura
represión que culminó con la ejecución de los jefes opositores, incluido Liniers.
Las tropas revolucionarias siguieron su marcha hacia el Alto Perú, donde en noviembre de 1810 consiguieron el
triunfo de Suipacha frente a las tropas españolas. Como consecuencia, el Alto Perú, fuente de las riquezas mineras
La expedición al Paraguay, dirigida por Manuel Belgrano, fue derrotada en marzo de 1811. Un armisticio dispuso el
retiro de las tropas revolucionarias, pero dos meses después, los criollos paraguayos depusieron a las autoridades
españolas y nombraron una junta de gobierno que no reconoció la autoridad de Buenos Aires. Paraguay se
dar respuesta al problema de la forma que debía asumir la organización del nuevo orden. Las disidencias eran
múltiples y se planteaban en diferentes planos. Los partidarios de la instalación de un gobierno republicano, como
Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo, se enfrentaban con los partidarios de la monarquía
constitucional como Belgrano y Rivadavia. Por otro lado, a la idea de un poder centralizado se oponía la defensa de
las autonomías provinciales. Además, el origen local del movimiento independentista y su clara asociación con los
Entre 1810 y 1820, se ensayaron diversos modos de organización del poder. Desde la Primera Junta y su ampliación
con la incorporación del Interior que dio origen a la Junta Grande, pasando por dos Triunviratos, hasta llegar en
1814 a una mayor centralización del poder encarnada en el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de
La Plata.
Se dictó además, una gran cantidad de reglamentos y estatutos y se intentó sancionar una constitución. Estos
esfuerzos por institucionalizar el poder y resolver el modo en que se iban a elegir las autoridades se alternaron
con presiones de grupos militares y civiles, convocatorias a Cabildos Abiertos y constitución de grupos opositores
como la Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, que propiciaban la ruptura definitiva del vínculo con España.
Entre enero de 1813 y abril de 1815 sesionó la Asamblea del año XIII, reunida a instancia de los grupos más
radicales, orientados por los principios de la Revolución Francesa. Su objetivo era redefinir los vínculos con la
metrópoli y dictar una constitución, pero en ambos casos fracasó. Logró, en cambio, dictar una serie de medidas,
como el establecimiento de los símbolos patrios, la libertad de vientres y la supresión de los títulos y honores. Fue
así como, en enero de 1814, la Asamblea General Constituyente creó el Directorio. A partir de entonces, un
A fines de 1815, la restauración en el trono de Fernando VII aceleró el proceso revolucionario. Un Congreso
Constituyente reunido en Tucumán declaró la independencia en 1816. En 1819, sancionó una Constitución, que fue
34
La Declaración de la Independencia
Desde los comienzos de la Colonia, San Miguel de Tucumán había sido una ciudad importante. Era el paso obligado
Como en la región abundaba la madera, la ciudad se hizo famosa por la fabricación de carretas de excelente
calidad. También se producían ponchos, frazadas y fajas. Las tejedoras indígenas los realizaban con antiguas
Después de la revolución de mayo de 1810 y con el comienzo de las guerras de la independencia, la tranquila vida
tucumana se alteró completamente. En 1812 se libró una batalla en las afueras de la ciudad, muy cerquita: la batalla
de Tucumán. Durante los años siguientes se respiraba en el aire el olor a pólvora y todos temían un nuevo ataque
del enemigo. Por ese motivo, a las diez de la noche había que suspender las actividades: no se podía circular por
las calles, ni tampoco dejar ninguna lámpara encendida. A las diez en punto, Tucumán quedaba a oscuras.
El Congreso se reunió en Tucumán por varias son las razones. Pero la más importante quizás fue el hecho de que
los españoles estaban ganando batallas y recuperando territorio en las provincias del norte. Las tropas realistas
avanzaban desde el Alto Perú, y solamente estaba el general Martín Miguel de Güemes defendiendo el paso en
Salta. Si los españoles lograban llegar a Tucumán, era muy probable que pudieran avanzar hacia Buenos Aires.
Hacer el Congreso allí era, en cierto modo, una demostración de fuerza, una manera de defender la revolución.
Otra razón importante fue que los diputados del interior eran mayoría y querían ponerle un límite al poder de
Buenos Aires.
En ese tiempo San Miguel de Tucumán era una pequeña ciudad. La decisión de realizar allí el Congreso trajo algunos
inconvenientes: iban a llegar muchas personas de golpe y la ciudad no estaba preparada para dar alojamiento a
tanta gente. Tampoco había un lugar lo suficientemente grande como para realizar las reuniones del Congreso.
Pero las cosas finalmente se resolvieron. Algunos congresales fueron alojados en casas de familias tucumanas,
cerca de la Plaza Mayor y el Cabildo. Otros pudieron ubicarse en los conventos o en las casas de algunos sacerdotes.
Una señora tucumana, Francisca Bazán de Laguna, prestó su casa —la más grande de la ciudad— para que se
realizaran las sesiones del Congreso, y hasta permitió que se derribaran paredes interiores para conseguir una
organización final del plan de guerra de José de San Martín, que sería el garante de esa Independencia y la llevaría
El contexto internacional donde esto ocurría era complejo: España se había liberado de los franceses y el Rey
Fernando VII había vuelto al trono y se predisponía a recuperar los territorios americanos que estaban en manos
de los revolucionarios. El ejército realista había comenzado a avanzar por toda la región derrotando a una parte
En medio de esa situación, las Provincias Unidas se juntaron para decidir qué hacer ante el peligro realista. Cada
provincia eligió un diputado cada 15.000 habitantes. Las sesiones del Congreso se iniciaron el 24 de marzo de 1816
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con la presencia de 33 diputados de diferentes provincias de un territorio bien diferente a lo que hoy es Argentina.
Por ejemplo: Charcas, hoy parte de Bolivia, envió un representante. En cambio, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe
no participaron del Congreso porque estaban enfrentadas con Buenos Aires y en ese entonces integraban la Liga
de los Pueblos Libres junto con la Banda Oriental, bajo el mando del Gral. José Gervasio Artigas.
Lo fundamental del Congreso fue que el 9 de julio de 1816 los representantes firmaron la declaración de la
Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica y la afirmación de la voluntad de “investirse del alto
carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” y “de toda otra
dominación extranjera”. De este modo, después del proceso político iniciado con la Revolución de Mayo de 1810,
populares surgidas durante las invasiones inglesas habían demostrado ser más leales a sus jefes directos que al
gobierno. La necesidad de pelear contra los realistas en varios frentes, condujo a la militarización de la sociedad.
Debido a este fenómeno, los ejércitos comenzaron a intervenir en la política del Río de La Plata.
En 1812, San Martín, Alvear y otros militares formados en España, llegaron a Buenos Aires y ofrecieron sus
servicios al gobierno revolucionario. Además se incorporaron con entusiasmo a la vida política porteña a través de
la Logia Lautaro, una organización que imitaba el modelo europeo de las sociedades masónicas y liberales. La Logia
Lautaro había adoptado ese nombre en homenaje a un legendario cacique mapuche que había resistido a la conquista
española. El objetivo de la Logia era luchar por la independencia y, para ello, incorporaron a los dirigentes de la
Sociedad Patriótica, el club patriótico que agrupaba a los seguidores de Mariano Moreno. El poder de la Logia
Lautaro quedó en evidencia cuando el ejército depuso al Primer Triunvirato, en octubre de 1812.
pero la llegada de los militares profesionales implicó una reforma del ejército que modificó el rumbo de la guerra
revolucionaria. José de San Martin creó el Regimiento de Granaderos a Caballo, que debía proteger la franja
costera del río Paraná. Con esa fuerza obtuvo una victoria en 1813, en el combate de San Lorenzo. El prestigio
obtenido por ese rápido triunfo llevó a la designación de San Martín como jefe del Ejército del Norte.
Sin embargo, San Martín logró convencer a las autoridades porteñas de que no debía concentrar sus fuerzas en
el Alto Perú, por lo que fue nombrado gobernador de Cuyo. Ese cargo le permitía organizar una fuerza
expedicionaria capaz de invadir Chile. Desde Mendoza, San Martín se abocó a la tarea de formar el Ejército de
Los Andes. Reunió en un solo ejército a los refugiados chilenos, afrodescendientes, milicias locales de Cuyo, gran
36
El desarrollo de la guerra de independencia
El Alto Perú
El Alto Perú era una región de gran importancia económica por sus
minas de plata y porque allí se acuñaba moneda. También tenía
importancia estratégica, dado que se hallaba cerca de Lima, centro del
poder militar español. Por esas razones, los gobiernos revolucionarios
ordenaron tres campañas militares para recuperar esta zona. La
primera fracasó en 1811. La segunda (1812-1813), dirigida por Manuel
Belgrano comenzó con los importantes triunfos de Tucumán y Salta;
pero las tropas fueron derrotadas cuando se internaron en el territorio
altoperuano. Finalmente, una tercera campaña realizada en 1815
demostró que era imposible tener éxito frente a los españoles en esta
región, ya que podían renovar permanentemente sus recursos y tropas
desde el Perú.
Paraguay
Durante el virreinato, la economía del
Paraguay había estado subordinada a
Buenos Aires, que le cobraba altos
impuestos y controlaba el tráfico comercial,
por esa razón, en 1810 se negó a aceptar la
autoridad de la Primera Junta. Manuel
Belgrano, al frente de un pequeño ejército,
realizó una campaña en la que fue
derrotado. En mayo de 1811, los criollos
paraguayos declararon su independencia.
La Banda Oriental
Las autoridades revolucionarias realizaron dos sitios a la ciudad de Montevideo. El
primero fracasó en 1811 debido a la falta de una flota que hiciera frente a la
española y a las diferencias entre jefes porteños y José Gervasio Artigas. El segundo
sitio se inició en 1812. La victoria comandada por el almirante Guillermo Brown
permitió que las tropas porteñas tomaran Montevideo en 1814.
La independencia de América
Entre 1814 y 1824 se desarrolló la segunda etapa de la lucha por la independencia de la América
española. San Martín y Bolívar dirigieron acciones militares coordinadas que permitieron poner fin al
dominio español en América del Sur. En este período también se independizaron México, América Central y
Brasil.
de los principales líderes de la independencia americana, entre los que se destacaban San Martín y Bolívar,
San Martín emprendería sus campañas militares desde las provincias unidas, al sur y Bolívar desde Venezuela, al
norte. Ambas fuerzas debían converger en el principal bastión realista, el Perú. Para llevar a cabo este plan
continental tuvieron que organizar ejércitos más disciplinados y coordinar sus acciones.
37
Al mismo tiempo…
La segunda etapa de la guerra de independencia
hispanoamericana se desarrolló al mismo tiempo
que en Europa se producía la restauración
monárquica tras la caída de Napoleón.
en Chile y luego, por medio de una expedición marítima, en el Perú. Así se lograría aislarlos en el Alto Perú, región
que quedaría como el último lugar a liberar en América del Sur. Para formar el ejército que cruzaría la Cordillera
de Los Andes hacia Chile, asumió como gobernador de Cuyo en 1814. Desde 1816, el nuevo Director Supremo, Juan
Martin Pueyrredón colaboró activamente enviando dinero y recursos materiales para equipar las tropas.
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En el campamento El Plumerillo, en Mendoza, fray Luis Beltrán dirigió un taller en el que hacían y reparaban armas.
Se reunieron provisiones para alrededor de un mes: ganado en pie, galletas, harina de maíz tostada, charqui (carne
salada) molido con grasa, queso, vino, yerba mate, azúcar y ají picante. Para el mareo que provoca la altura llevaron
ajos y cebollas. Se prepararon mantas y ponchos para abrigar a los hombres y animales y grandes zapatones
rellenos con trapos de lanas para evitar el congelamiento de los pies. Como el cruce debía ser hecho a lomo de
mula, se alistaron 7.359 mulas de silla, además de las 1922 para carga y para cuando hubiera que pelear, 1.600
caballos. Atento a la salud de sus hombres, San Martín llevó 47 médicos de campaña. El Ejército de los Andes llegó
La guerra de zapa
Con el fin de confundir a los
españoles de Chile, San Martin
preparó un sistema de
espionaje, al que denominó
“guerra de zapa”. Cuando
faltaba poco para el cruce, dio
información falsa sobre la
cantidad de soldados y las
rutas que seguirían a los
Pehuenches, los aborígenes que
controlaban los pasos al sur de
Los Andes. Tal como esperaba,
estos vendieron esa información
a los españoles. También envió
al ingeniero Alvarez Condarco a
Santiago de Chile para que
averiguara datos sobre las
fuerzas enemigas y reconociera
los pasos cordilleranos.
Dos columnas principales atravesaron por los pasos de Uspallata, al mando de Gregorio Las Heras, y de Los Patos,
bajo las órdenes de San Martín y del militar chileno Bernardo de O'Higgins. Por los otros pasos -dos al norte y
dos al sur de los principales- marcharon pequeños grupos de cien y doscientos hombres. A principios de febrero,
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El 12 de febrero de 1817, el Ejército de Los Andes derrotó a los españoles en la batalla de Chacabuco. Este triunfo
permitió tomar Santiago de Chile. O'Higgins fue nombrado Director Supremo y el 12 de febrero de 1818 declaró
la independencia chilena. Pero en la noche del 19 de marzo de 1918, los realistas atacaron por sorpresa el
campamento patriota de Cancha Rayada. Hubo que hacer un gran esfuerzo para reorganizar las tropas. Finalmente,
con la intención de defender la capital chilena, el 5 de abril de 1818 San Martín enfrentó a los españoles en la
Batalla de Maipú. Fue una victoria tan importante que aseguró la libertad de Chile.
En 1820, una flota al mando del irlandés Thomas Cochrane partió de Valparaíso (Chile) rumbo al Perú, donde se
libró la guerra contra los realistas por mar y por tierra. En 1821, San Martín logró apoderarse de Lima. El 28 de
julio declaró la independencia peruana y fue nombrado Protector del Perú. En ese cargo tomó medidas liberales,
portuguesa, al huir de la invasión napoleónica, se había establecido en Río de Janeiro, donde residió hasta 1821.
Ese año, el rey Juan VI regresó a Portugal para afirmar su autoridad luego de una revolución liberal. Su hijo Pedro,
nombrado regente de Brasil, proclamó la independencia el 7 de septiembre de 1822. Tras una breve guerra, la
mediación británica llevó a que Portugal reconociera al nuevo Estado, a cambio de indemnizaciones.
se trasladó a Haití, desde donde organizó la reconquista de Venezuela. En 1816 desembarcó en la Isla Margarita
e inició sus campañas contra los realistas. Al año siguiente tomó Angostura, donde organizó la Tercera República
Venezolana. Para consolidar su poder, incorporó a los sectores populares al ejército: liberó a los esclavos que se
sumaron como soldados y pactó con los llaneros que, por entonces, tenían un nuevo jefe, José Antonio Páez.
En 1819 emprendió la campaña libertadora de Nueva Granada, para lo cual coordinó acciones con el jefe militar
Francisco de Paula Santander. Después de cruzar Los Andes colombianos, derrotó a los españoles en Boyacá y
ocupó Bogotá. A fines de ese año, Nueva Granada y Venezuela se unieron en una república, la Gran Colombia,
presidida por Bolívar. En 1821 emprendió la campaña para la independencia de Venezuela, que se consolidó con el
triunfo en la batalla de Carabobo. Al año siguiente incorporó Quito y Guayaquil a la Gran Colombia.
La entrevista de Guayaquil
Pese a la declaración de la independencia en el Perú continuaba la guerra contra los españoles. Las fuerzas
comandadas por San Martín no eran suficientes para derrotar a los realistas y existían divergencias políticas
entre los revolucionarios. San Martín buscó entonces el apoyo de Bolívar. El 26 y el 27 de julio de 1822, ambos
libertadores mantuvieron la entrevista de Guayaquil. Dado que la reunión fue secreta, no se sabe lo que hablaron,
pero si sus consecuencias: San Martín renunció a sus cargos políticos y militares, abandonó Perú y regresó a las
Provincias Unidas del Río de La Plata. Bolívar quedó a cargo de la etapa final de la independencia americana:
completó la campaña del Perú y liberó el Alto Perú que, desde 1825, se constituyó en un nuevo país: Bolivia.
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LAS PROVINCIAS UNIDAS ENTRE 1820 Y 1832
Los enfrentamientos entre distintos proyectos de organización del país dominaron el panorama político de
las Provincias Unidas en la década de 1820. A pesar de los intentos de unificación, no se logró dictar una
gobierno central y las provincias. En junio de 1819, Pueyrredón renunció al cargo de Director Supremo y fue
reemplazado por José Roundeau, quien debió hacer frente a la oposición de las provincias del Litoral.
En febrero de 1820, Estanislao López y Francisco Ramírez, caudillos de Santa Fe y Entre Ríos respectivamente,
derrocaron al ejército dictatorial en la batalla de Cepeda. Los ganadores impusieron la disolución del Congreso
y la destitución del Director. En consecuencia, se puso fin al gobierno central y cada provincia asumió su propia
autonomía, es decir, se gobernó a sí misma. Así se establecieron los principios republicanos y federales, en
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Entre el centralismo y el federalismo
Durante el período revolucionario (1810-1820) fracasaron los intentos de dictar una constitución y consolidar una
forma de gobierno estable. El enfrentamiento de distintos proyectos políticos, derivados de los intereses
divergentes de los grupos que constituían la sociedad llevó a que se fueran definiendo dos propuestas. Una de
ellas: el centralismo, consideraba que la organización política del país debía realizarse mediante un gobierno
central fuerte. La otra, el federalismo, reclamaba una organización política nacional en que las provincias
Entre 1820 y 1852, la historia de las Provincias Unidas estuvo signada por el enfrentamiento de los dos proyectos
El proyecto unitario
Los unitarios sostenían una concepción política que provenía del centralismo del período revolucionario, por lo tanto
postulaban la necesidad de un gobierno central fuerte. Consideraban que la nación preexistía a las provincias y que
éstas eran simples divisiones internas sin derecho a la autonomía, de manera tal que los reclamos provinciales eran
vistos como una amenaza al orden necesario para el funcionamiento del Estado.
En materia económica querían mantener el librecambio y l hegemonía portuaria porteña, es decir, que Buenos Aires
siguiera siendo puerto único y que los ingresos de la aduana solo correspondieran a esa provincia.
Sus partidarios eran intelectuales –muchos de ellos influidos por las ideas liberales europeas-, comerciantes y
militares. Si bien la defensa del centralismo y de la hegemonía porteña favorecía a Buenos Aires, también hubo
unitarios en las provincias. Se trataba de sectores con vínculos económicos con el puerto, intelectuales de ideas
liberales o antiguas familias que habían perdido el control de las provincias por el ascenso de algún caudillo federal.
El principal intento de imponer el modelo unitario correspondió a la presidencia de Bernardino Rivadavia (1826-
1827).
El proyecto federal
Los federales concebían una forma de organización basada en la asociación voluntaria de las provincias, que
delegaban algunas atribuciones para constituir el poder central, pero conservaban su autonomía. Para ello se debía
sancionar una constitución federal, según la cual las provincias conservaban la capacidad de elegir a sus
Los partidarios del federalismo constituían un grupo heterogéneo, en el que era predominante la adhesión de los
• Para los federales del Interior era necesaria una política aduanera proteccionista que favoreciera a las
producciones locales, y el reparto de los derechos de aduana entre todas las provincias.
• Los federales del Litoral reclamaban la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay y la apertura de
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• Por su parte, los federales Porteños se negaban a la apertura de otros puertos y a compartir los ingresos
pactos interprovinciales. En 1820, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe firmaron el Tratado de Pilar, por el cual
establecían la paz, se comprometían a reunir un futuro congreso constituyente y garantizaban la libre navegación
de los ríos Paraná y Uruguay. Ese mismo año, Buenos Aires y Santa Fe suscribieron el Tratado de Benegas, por el
que acordaban la paz y la reunión de un congreso en Córdoba. En 1822, el Tratado del Cuadrilátero, firmado por
Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, retomó el tema del congreso y estableció una alianza militar y la
políticos y miembros de los grupos económicos poderosos (comerciantes y hacendados). Se lo denominó Partido
del Orden porque su principal objetivo era realizar una serie de reformas que dieran paz y prosperidad a la
provincia después de la crisis política de 1820. Para llevar adelante su plan, estos hombres disponían de los recursos
El principal impulsor de estos cambios fue Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno de Martín Rodríguez.
Algunos de sus contemporáneos llamaron a esta etapa la “feliz experiencia” porque consideraron que las reformas
favorecieron a la provincia.
reformas político-administrativas tuvo por objetivo superar la superposición de atribuciones y funciones que
venía de la era colonial y centralizar el poder en manos del grupo gobernante. Suprimió los dos cabildos existentes
en la provincia (los de Buenos Aires y Luján) y creó una Junta de Representantes como Poder Legislativo. Para la
elección de representantes se estableció el sufragio universal masculino, es decir, se convirtió en votantes a todos
los varones mayores de edad, sin importar cual fuera su condición social. Además se dictó una ley de retiro para
empleados civiles, con el objetivo de racionalizar la administración pública, y se exigió mayor capacitación al nuevo
personal.
La reforma en la administración de justicia creó dos instancias judiciales. La primera, letrada y rentada, era
ejercida por dos jueces en la capital y tres en la campaña. La segunda, lega y gratuita, correspondía a los jueces
Una importante reforma militar buscó reducir los excesivos gastos de guerra y poner fin a la politización de los
cuerpos militares, que en varias ocasiones se habían levantado contra los gobiernos civiles. Una ley dispuso el
retiro de muchos militares; pero como resultó difícil cubrir las vacantes, se recurrió al reclutamiento “forzoso de
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vagos y mal entretenidos”. Al nuevo ejército se le asignaba como tarea principal la defensa de la frontera y de la
campaña contra los ataques indígenas, asunto que era de máximo interés para los propietarios rurales.
La reforma eclesiástica produjo enfrentamientos entre la autoridad civil y la religiosa. El gobierno suprimió el
diezmo y algunas órdenes religiosas, cuyos bienes (propiedades rurales y urbanas y esclavos) pasaron al Estado
Las reformas culturales favorecieron el surgimiento de nuevos periódicos y la creación de asociaciones como la
Sociedad Literaria y la Sociedad de Beneficencia. En 1821, el gobierno fundó la Universidad de Buenos Aires, a la
El gobernó de Martín Rodríguez, a instancias de Rivadavia, también introdujo innovaciones económicas que
buscaban favorecer las actividades agroexportadoras y comerciales. Así creó el Banco de Descuentos, la primera
institución de este tipo en el país, destinado a generar operaciones de crédito, y fomentó la importación de ovejas
para diversificar la producción ganadera. También promovió la expansión de la frontera para incorporar nuevas
tierras a la producción.
de Martín Rodríguez. Un conflicto exterior, la guerra con el Brasil, resultado de la expansión imperialista de aquel
Estado, creó una nueva situación sin contribuir a afianzar la unidad nacional quebrada por el enfrentamiento de
El 2 de abril de 1824, al terminar el mandato de Martín Rodríguez, la Legislatura de la provincia de Buenos Aires
eligió como gobernador de la misma a Juan Gregorio Las Heras. Eficaz colaborador de San Martín en sus campañas.
Intentó conservar los mismos ministros de la anterior administración y sólo Rivadavia no aceptó continuar en el
En diciembre de 1824 el Congreso comenzó a sesionar en Buenos Aires y las resoluciones que adoptó estuvieron
estrechamente relacionadas con el desarrollo que tuvo el conflicto con el Brasil. Durante los primeros meses, el
En enero de 1825, el Congreso sancionó la Ley Fundamental. En ella, los representantes declaraban la voluntad
unánime de mantener unidas las provincias y asegurar su independencia. Declaraban que el Congreso era
constituyente pero que la futura Constitución sólo sería válida después de la aprobación de todas las provincias.
Encomendaban en forma provisional al gobierno de Buenos Aires el manejo de las relaciones exteriores, y al mismo
tiempo afirmaban el principio de las autonomías provinciales, ya que el gobierno de las provincias continuaba a
cargo de sus propias instituciones hasta la aceptación de la nueva Constitución. Pero la iniciación de la guerra
Rivadavia presidente
Para llevar adelante la guerra con el Brasil, a principios de 1826 el Congreso dictó una Ley de Presidencia. Se
creaba así un nuevo gobierno central, y para el cargo fue nombrado Bernardino Rivadavia. Este representante de
las ideas unitarias tuvo una fuerte oposición de los federales, tanto del Interior como de Buenos Aires. En
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particular, los federales porteños rechazaban la Ley de Capitalización aprobada por el Congreso. Esta norma
declaraba a Buenos Aires capital del poder nacional recientemente creado, al que se subordinaba un territorio que
iba desde Tigre hasta el puente de Márquez y desde este hasta Ensenada, en línea paralela al Río de La Plata. De
El primer préstamo
esta manera, la provincia perdía la principal franja para el comercio ultramarino y los recursos aduaneros, que
pasaban a manos del gobierno nacional. Además, esta ley dejaba a Buenos Aires sin autoridades propias
(gobernador y Junta de Representantes). Los grandes comerciantes y los hacendados se opusieron firmemente a
En 1824, el gobierno de la provincia de Buenos Aires recibió un préstamo de la empresa inglesa Baring
Brothers. Rivadavia se proponía emplear ese dinero en fomentar la modernización de la ciudad mediante la
construcción del puerto y la instalación de un servicio de aguas corrientes; además pretendía fundar tres
pueblos en la frontera. Del millón de libras esterlinas pedido, solo llegaron 560.000 libras, ya que el resto
fue utilizado para pagar los comisionistas y para adelantar el pago de intereses. Los recursos nunca se
dedicaron al desarrollo económico sino a la especulación financiera y a los gastos militares (guerra con el
Brasil y guerra civil). La Argentina terminó de pagar esta deuda recién en 1904.
extranjera. En 1825, partió desde Buenos Aires la expedición de los 33 orientales, encabezada por Juan Antonio
Lavalleja, que proclamó la reincorporación del territorio a las Provincias Unidas. El Congreso, luego de la victoria
de Lavalleja en Sarandí, aceptó a los diputados orientales. Esta decisión dio inicio a la Guerra con el Brasil. Pese
al importante triunfo de Alvear en la Batalla de Ituzaingó (1827), el conflicto se convirtió en una larga guerra de
desgaste. Los gastos militares y el bloqueo del río por la flota brasileña produjeron un creciente deterioro
económico y político. Tanto los comerciantes y hacendados locales como los comerciantes ingleses reclamaron el
en diciembre de 1826. Este documento establecía que los gobernadores provinciales serían elegidos por el
presidente. Además restringía el derecho al voto: criados, peones, jornaleros, soldados de línea y “vagos” quedaban
El poder de Rivadavia se debilitó aún más cuando su enviado a firmar la paz con Brasil aceptó entregar la Banda
Oriental a este país. Rivadavia renunció y el Congreso nombró a Vicente López y Planes como presidente
provisional y restituyó sus autoridades a la provincia de Buenos Aires. Manuel Dorrego, un federal con amplio
apoyo en los sectores populares urbanos, asumió como gobernador. Al poco tiempo, carente del respaldo de las
provincias, López y Planes renunció, lo que puso fin a otro intento por restablecer autoridades nacionales. El
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Congreso se disolvió y la provincia de Buenos Aires se hizo cargo del manejo de la guerra y las relaciones
exteriores.
de los federales del Interior que no confiaban en él porque era porteño. Para concluir la guerra con el Brasil debió
firmar un acuerdo que aceptaba una propuesta diplomática británica. Por este tratado, la Banda Oriental se
Los unitarios, dispuestos a recuperar el poder, ganaron para sus planes a dos generales que habían vuelto de la
guerra con el Brasil: Juan Lavalle actuaría en Buenos Aires y el Litoral y José María Paz en el Interior. El 1 de
diciembre de 1828, Lavalle dirigió un golpe de Estado. Una asamblea organizada por los unitarios al margen de las
leyes vigentes lo nombró gobernador. Por presión de los dirigentes unitarios, Lavalle decidió el fusilamiento de
Dorrego, sin juicio previo. Esta drástica decisión hizo que se extendiera la guerra civil en el territorio bonaerense.
A principios de 1829, Lavalle debió enfrentar a fuerzas federales santafesinas y bonaerenses. El hacendado
federal Juan Manuel de Rosas propició un levantamiento de campaña contra el nuevo gobierno. Las causas de esta
movilización fueron el temor a la reimplantación de la leva militar (reclutamiento de soldados para el ejército), las
penurias económicas derivadas de una sequía, la sobreoferta de mano de obra tras el regreso de las tropas del
Brasil y la ejecución de Dorrego, quién había beneficiado a los sectores rurales con la suspensión de la leva. En
abril, Lavalle fue derrotado. Para poner fin a las hostilidades, firmó con Rosas dos acuerdos sucesivos. El primero,
el Pacto de Cañuelas, convocaba a elecciones de la Legislatura con una lista conjunta de unitarios y federales.
Como los dos bandos rechazaron esta condición, mediante el Pacto de Barracas, eligieron a Juan José Viamonte
Juan Manuel de Rosas (1793-1877) pertenecía a una rica familia de hacendados bonaerenses. Fue un temprano
conocedor de la vida de campo y convivió con gauchos e indios en la estancia familiar del Rincón de López, en el
actual partido de Magdalena. A los dieciocho años asumió la administración de esa propiedad. Poco tiempo después
se asoció con Juan Nepomuceno Terrero para desarrollar la producción ganadera y saladeros de pescados y de
carne. Cuando el Directorio cerró los saladeros, Rosas y su socio se dedicaron a la cría de ganado en gran escala:
compraron campos en la Guardia del Monte y fundaron la Estancia Los Cerrillos. Durante los acontecimientos de
1820, intervino con sus milicias, los Colorados del Monte, a favor de Martín Rodríguez. En 1825, Las Heras le
encomendó que estableciera alianza con los indígenas en la frontera Sur. En 1827, López y Planes lo designó
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Luego del interinato de Viamonte, la legislatura de Buenos Aires eligió, en diciembre de 1829, a Juan Manuel de
Rosas como gobernador de la provincia. Contaba con el apoyo de grupos sociales altos –hacendados y comerciantes-
Dadas las circunstancias de violencia política de la etapa anterior y de los enfrentamientos que persistían del
las garantías individuales (por ejemplo, la libertad de expresión). También se le otorgó el título de Restaurador
Rosas ordenó las finanzas provinciales y controló el gasto público. Su gobernación fue un período de prosperidad
económica en Buenos Aires. Al mismo tiempo, siguió una política intransigente con respecto a sus enemigos
símbolo de la Federación estableció el uso de la divisa punzó, obligatoria para empleados civiles, eclesiásticos y
militares.
Mientras Rosas negociaba con Lavalle, Paz derrotó al gobernador de Cérdoba, Juan Bautista Bustos y tomó el
poder en esa provincia. También derrotó al caudillo riojano Facundo Quiroga en las Batallas de La Tablada y
Oncativo. Así, Paz, extendió su poder a otras provincias, con las que formó la Liga del Interior, de ideología
unitaria en 1830.
Al mismo tiempo, en el Litoral se consolidó otro bloque. En 1831, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe establecieron
una alianza denominada Pacto Federal. Sus objetivos eran enfrentar a las fuerzas unitarias del Interior y formar
una Comisión Representativa de los gobiernos del Litoral, con facultades para celebrar la paz, declarar la guerra
En mayo de 1831, cuando Paz se disponía a atacar a las fuerzas santafesinas, fue sorprendido por un grupo de sus
enemigos, que lo tomó prisionero. En los meses siguientes, los ejércitos federales dirigidos por López y Quiroga
se impusieron a la Liga del Interior, con una serie de victorias que terminaron en Tucumán. Hacia fines de 1831,
Como resultado de esta guerra civil, tres caudillos federales pasaron a controlar la situación: Facundo Quiroga en
La incorporación de tierras
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El principal obstáculo para el desarrollo de la ganadería bonaerense lo constituían los indígenas, ya que ocupaban
gran parte del territorio de esa provincia. Además realizaban malones contra las estancias y fortines. En la década
de 1820, alentados por la demanda externa, los hacendados de Buenos Aires comenzaron un proceso de expansión
de la frontera. Con ese fin, el gobernador Martín Rodríguez realizó en 1823 una expedición militar llamada
campaña al desierto, que le permitió extender la frontera hasta Tandil. Las tierras ganadas a los nativos fueron
vendidas o cedidas por el gobierno a particulares: hacendados, militares, grandes comerciantes y partidarios de
la política oficial.
Cuando Rivadavia solicitó el préstamo a la casa inglesa Baring Brothers, puso como garantía las tierras públicas de
la provincia, que por esa razón no podían ser vendidas hasta no saldar la deuda. Para obtener provecho de ellas,
dictó la
Ley de Enfiteusis, es decir, de alquiler de esas tierras por largo plazo. Mediante esa ley se impulsó el poblamiento
rural hasta el río Salado. A pesar de que Rivadavia se propuso alentar la producción agrícola y el acceso a la tierra
de pequeños propietarios, el resultado fue el incremento de la gran propiedad ganadera. Los mismos grupos que
Luego de completar su primer mandato como gobernador (1829-1832), Rosas emprendió una nueva campaña que
llegó hasta el Río Colorado. Logró incorporar 2.900 leguas cuadradas de tierras a la producción ganadera y frenar
los ataques indígenas mediante alianzas con algunas comunidades. Las nuevas tierras fueron repartidas de modo
similar al que se había utilizado anteriormente pero, en este caso, a favor de los partidarios de Rosas.
El comercio porteño
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En los primeros años de la década de 1820, luego de la disolución de las autoridades nacionales y en pleno uso de
su autonomía, la provincia de Buenos Aires intensificó sus vínculos comerciales con Gran Bretaña. Entre las
importaciones británicas pueden distinguirse textiles, carbón, hierro, acero y productos de ferretería. Partes de
estas mercaderías competían con la producción del interior, lo que dio lugar a la polémica sobre el manejo de la
En 1825, el gobierno de la provincia, ante la falta de autoridades nacionales, firmó el Tratado de Amistad, Comercio
y Navegación entre Gran Bretaña y las Provincias Unidas. Este documento implicaba el reconocimiento de la
Independencia de las Provincias Unidas y aseguraba las relaciones comerciales entre ambos países. Además
establecía perpetua
amistad entre los dos Estados y recíproca libertad de comercio y navegación. A los ingleses que residieran en el
Río de La Plata se les aseguraba la libertad de culto, se los eximía del servicio militar y de los empréstitos forzosos.
En este período también aumentaron las importaciones provenientes de los Estados Unidos, entre las que se
hallaban armas, barcos, municiones, sombreros, calzados, monturas, muebles, tejidos de lana y algodón, harina y
pescado.
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LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA (1835-1852)
En 1835, Rosas asumió por segunda vez el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Mediante un sistema que
combinaba alianzas y represión de los opositores, logró dirigir una confederación de las provincias argentinas.
Permaneció en el poder hasta su derrota en 1852.
el cargo porque no le renovaron las facultades extraordinarias. Prefirió en cambio, alejarse de la ciudad y realizar
En Buenos Aires asumió como gobernador federal Juan Ramón Balcarce, quien debió enfrentar serios problemas
económicos y la división de los federales. Los federales netos o apostólicos, organizados por Rosas y su esposa,
Encarnación Ezcurra, mantuvieron su fidelidad a Rosas, en tanto los lomos negros, doctrinarios o cismáticos
fueron sus opositores. La disidencia se manifestó en los periódicos que defendían una u otra posición.
Un juicio contra el periódico rosista El Restaurador de las Leyes dio lugar a una maniobra política de los federales
apostólicos, quienes convencieron a los sectores populares de que Rosas sería juzgado. Alentados por Encarnación
Ezcurra, en noviembre de 1833, sus partidarios produjeron un levantamiento conocido como Revolución de los
Restauradores. La legislatura tuvo que ceder y reemplazó a Balcarce por Juan José Viamonte. Este no pudo
conciliar a los dos sectores del federalismo y renunció en junio de 1834. El gobierno quedó en manos del presidente
La confederación rosista
Rosas ejerció un férreo poder en su provincia. Con medidas represivas persiguió toda oposición y contó con
instituciones dóciles, como la legislatura, que se renovaba anualmente con el sistema de lista única. Cada cinco años
Una vez consolidado su predominio en Buenos Aires, y ante la falta de caudillos opositores poderosos, fue
extendiendo su influencia en las provincias. Impuso, entonces, la idea de no convocar un Congreso Constituyente y
de conformar una unidad mediante la delegación del manejo de las relaciones exteriores en su persona. De esta
Consenso y oposición
Rosas, al igual que en su primer gobierno, contó con una gran consenso de la provincia de Buenos Aires. Hacendados,
comerciantes, militares, sectores medios y clases bajas de la ciudad y la campaña apoyaron su gestión, convencidos
de su papel como promotor del orden y la prosperidad bonaerense. Adhesiones similares obtuvo en las provincias
al formarse la Confederación.
Sin embargo, para Rosas el restablecimiento del orden implicaba acallar toda voz opositora, ya se tratara de los
unitarios o de los federales contrarios a sus políticas. Dispuso numerosas cesantías de empleados, militares y
miembros de la iglesia señalados como enemigos de la causa federal. Impuso el uso obligatorio de la cinta punzó,
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Contaba con la Sociedad Popular Restauradora, un grupo de rosistas incondicionales organizados como club político
por su mujer durante su campaña al desierto en 1833. Algunos integrantes de esta sociedad formaban un grupo
que realizaba acciones represivas contra los enemigos políticos, la Mazorca. Lo llamaron asó porque la proximidad
Debido a la persecución del régimen rosista, muchos opositores optaron por emigrar. Montevideo fue el centro
principal donde se reunieron los unitarios, los federales cismáticos y los jóvenes de la Generación de 1937 que
huían de la represión.
El romanticismo en el Río de
La Plata
El romanticismo, movimiento cultural
desarrollado en Europa, llegó al Río de La
Plata en la década de 1830. Se manifestó
en la producción intelectual de la llamada
Generación del ’37, integrada por jóvenes
influidos por el liberalismo. Esteban
Echeverría, quien había conocido las
nuevas ideas en Europa, lideró el grupo del
que también formaban parte Juan María
Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi, Miguel
Cané (padre), Vicente Fidel López y
Valentín Alsina. Se reunían en el Salón
Literario, ubicado en la trastienda de la
librería de Marcos Sastre, y publicaban
una revista llamada La Moda. Intentaron
influir en el rosismo con sus ideas de
reorganización democrática, pero fueron
perseguidos como opositores y debieron
emigrar.
Litoral. Por esa razón, en 1839, el gobernador correntino, Juan Genaro Berón de Astrada, inició un levantamiento
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Ese mismo año, con apoyo francés y de los emigrados de Montevideo, Lavalle invadió Entre Ríos para iniciar una
campaña contra el gobernador de Buenos Aires. Derrotado en esa provincia en julio de 1840 y sin el apoyo que
esperaba de la población del Litoral, se dirigió al Norte, donde se había producido un levantamiento.
Agobiadas por las políticas intervencionistas de Rosas y por el estancamiento económico, las provincias de
Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba habían formado la Coalición del Norte contra el
Restaurador. Lavalle avanzó sobre Córdoba para plegarse a las fuerzas de esta alianza, pero fue derrotado en
A partir de ese momento, Rosas tuvo el control de la Confederación a través de sus aliados, como los gobernadores
Felipe Ibarra, de Santiago del Estero, Nazario Benavídez de San Juan y Pascual Echagüe y Justo José de Urquiza
armados con países extranjeros. Los principales fueron con Francia e Inglaterra.
A partir de 1830, Francia estaba interesada en ampliar su influencia en América Latina y en particular, aumentar
su presencia en el comercio rioplatense. En 1838, una escuadra de guerra bloqueó el puerto de Buenos Aires,
exigiendo para los ciudadanos franceses residentes en la Confederación la eximición del servicio militar, tal como
sucedía con los súbditos ingleses. El conflicto se resolvió con la firma del tratado Mackau-Arana que estableció
que los desacuerdos entre dos Estados sólo se podían resolver por la vía diplomática.
En 1845, los exiliados unitarios pidieron la intervención de Francia y Gran Bretaña con el fin de detener el avance
de Rosas y su aliado, el general Manuel Oribe, en el Uruguay. Estas potencias europeas vieron, entonces, la
oportunidad de presionar para obtener la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay que convenía a sus intereses
comerciales. Entre 1845 y 1848 llevaron adelante un nuevo bloqueo al Puerto de Buenos Aires. El 20 de noviembre
de 1845, cuando une escuadra anglofrancesa intentó navegar el Río Paraná por la fuerza, se produjo el combate
de la Vuelta de Obligado. Después de una lucha desigual, en la que las fuerzas rosistas trataron de impedirles el
paso, las naves extranjeras continuaron su recorrido. Sim embargo, no encontraron el mercado que esperaban: las
provincias del Litoral estaban empobrecidas y poco era lo que podían comprar.
El tratado Arana-Southern-Lépredour de 1849 puso fin a este conflicto. Los países europeos reconocían a Oribe
como presidente del Uruguay y la libre navegación de los ríos quedaba como un tema de soberanía argentina.
Hacia 1850, la Confederación Argentina estaba en paz y Rosas mantenía un control personalista sobre todas las
provincias. Esta forma de organización había dado unidad al país durante un largo período, pero la resistencia de
Rosas al dictado de una Constitución era un obstáculo para la consolidación de las instituciones del Estado. Además,
su negativa de abandonar el sistema de puerto único era vista por las provincias del Litoral como la causa de la
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El 1 de mayo de 1851, el general Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, publicó un pronunciamiento en
el que se expresaba la decisión de su provincia de reasumir el ejercicio de las relaciones exteriores e invitaba a
los demás gobiernos provinciales a organizar constitucionalmente la Nación. Solo la provincia de Corrientes adhirió
a su propuesta.
Entre Ríos y Corrientes carecían de recursos para formar un ejército que enfrentara con éxito al de Buenos Aires.
Por eso, Urquiza buscó el apoyo del Brasil, país que deseaba el fin de la influencia de Rosas sobre la cuenca del
Plata. Así, el gobernador entrerriano logró que se formara una alianza entre su provincia, la de Corrientes, el Brasil
La caída de Rosas
En Buenos Aires, las acciones de Urquiza despertaron una reacción popular en favor de Rosas. Por su parte, el
gobernador porteño no creía que su poder corriese peligro y, por eso, no ordenó preparativos militares especiales.
Mientras tanto, la alianza había llegado a armar el llamado Ejército Grande, compuesto por unos 30.000 hombres.
Al frente de esa fuerza y con el apoyo de la escuadra brasileña en el río Paraná, Urquiza inició la campaña contra
Buenos Aires. Finalmente, las tropas de ambos ejércitos se enfrentaron en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero
de 1852. Rosas fue derrotado. Entonces, presentó su renuncia ante la legislatura y solicitó asilo al encargado de
negocios británico en Buenos Aires. Poco después partió hacia Inglaterra, donde residió hasta su muerte, en 1877.
Urquiza, tras su victoria en Caseros, convocó a los gobernadores de las demás provincias a
reunirse para acordar la convocatoria a un congreso constituyente. Fue así que, el 31 de mayo de 1852 firmaron el
Acuerdo de San Nicolás, que citó a dicho congreso para organizar constitucionalmente el país bajo un sistema
federal.
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