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FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD

ESCUELA PROFESIONAL DE MEDICINA Y ENFERMERÍA

Análisis de la relación entre la depresión y funcionalidad familiar


en adolescentes en Trujillo.

Autor(es):
Alva Rodriguez, Yosmi ([Link]/0009-0002-4870-8238),
yalvar@[Link] ,Escuela Profesional de Medicina, III ciclo

Carbajal González, Karoline Malu ([Link]/0009-0000-8420-5406)


kcarbajalgo11@[Link] Escuela Profesional de Enfermeria, III ciclo

Castro Ubalter, Angie ([Link]/0009-0009-2743-0178), ancastroub@ucv,


Escuela Profesional de Enfermeria, III ciclo

Espinoza Ramirez Oscar Ruyeri ([Link]/0009-0000-1517-


6875) ,ruyeri@[Link], Escuela Profesional de Medicina, III ciclo

Pérez Reyes, Danalí Sheyla ([Link]/0009-0002-7224-7056),


daperezre@[Link], Escuela Profesional de Enfermería, III ciclo.

Rosario Tamara, Greysi Sthefany ([Link]/0000-0003-3832-5655) ,


grosariota28@[Link],Escuela Profesional de Medicina, III ciclo

Asesor:

MSc. Mendoza Villanueva, Karol ([Link]/0000-0002-1227-5103)

Trujillo-2025
Generalidades
Nivel del trabajo de investigación Nivel II
formativa:

Objetivo de Desarrollo Sostenible y


ODS 3: Salud y bienestar
Meta:

Línea de investigación específica del


Salud Mental
programa de estudios:

Línea de responsabilidad social Promoción de salud, nutrición y salud


universitaria: alimentaria.
I. Introducción

En la actualidad, los problemas de salud mental representan uno de los principales


desafíos de salud pública a nivel mundial. La depresión se distingue por su
elevada frecuencia y su repercusión en la calidad de vida, así como por sus
efectos a corto, medio y largo plazo en diversas edades, siendo los adolescentes
un grupo especialmente afectado. La adolescencia es un momento crítico en el
desarrollo humano, donde ocurren cambios significativos en los aspectos físicos,
emocionales, cognitivos y sociales. Esto hace que los jóvenes sean vulnerables a
problemas emocionales como la depresión. Esto convierte a los jóvenes en una
población vulnerable frente a problemas emocionales como la depresión. Esta
afección no solo afecta el bienestar general del adolescente, sino que también
puede afectar considerablemente su rendimiento académico, social y familiar.

Los casos de depresión entre los jóvenes han emergido como un tema de
creciente inquietud a nivel global. Este trastorno es una de las fuentes primordiales
de sufrimiento, incapacidad y disminución de la productividad en la población
adolescente. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023),
este trastorno es una de las fuentes primordiales de sufrimiento, incapacidad y
disminución de la productividad en la población adolescente. No solo afecta la
salud emocional de los jóvenes, sino que también tiene graves repercusiones
como la exclusión social, el bajo rendimiento en los estudios, dificultades en la
conducta e incluso intentos de suicidio (OMS, 2023)

En América Latina, la frecuencia de los trastornos depresivos varía de un país a


otro. De acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS,
2022), la depresión afecta al 12% de la población en Argentina, al 15.3% en Chile,
al 9.8% en República Dominicana y al 11% en PerúEstos datos indican que la
depresión es una cuestión importante en esta área, impactando a una gran
cantidad de individuos, incluyendo jóvenes.

Un análisis llevado a cabo por el Ministerio de Salud del Perú (MINSA, 2018)
señaló que el 6. 4% de los adultos mayores de 18 años mostraban síntomas
severos de depresión, siendo más común en mujeres y en individuos mayores de
45 años. Si bien estos datos se refieren a la población adulta, es fundamental tener
en cuenta que la adolescencia es un periodo crucial para el surgimiento de
problemas de salud mental. En este contexto, el Instituto Nacional de Salud Mental
(INSM, 2010) dio a conocer que el 19. 9% de los adolescentes en Perú había
experimentado pensamientos suicidas durante el último año, mientras que el 12.
7% había considerado llevar a cabo un intento de suicidio en el mismo periodo, lo
que demuestra una fuerte relación con la depresión.

En la región, específicamente en Huánuco, una investigación llevada a cabo en


2016 reveló que el 18. 9% de los jóvenes analizados mostraban síntomas de
depresión. Asimismo, se observó que el 75. 7% de estos jóvenes provenía de
familias con problemas en su dinámica, y el 68% tenía una visión distorsionada de
su propia imagen física (Rosales y Castillo, 2016). Aunque estos resultados no son
aplicables de forma directa a Trujillo, indican que factores como la organización
familiar podrían afectar significativamente el bienestar emocional de los
adolescentes.

De acuerdo con la OMS (2023), los jóvenes que experimentan situaciones


traumáticas, ansiedad o depresión pueden ver afectado su desempeño académico,
sus relaciones interpersonales y su habilidad para desarrollar resiliencia. El
Ministerio de Salud (s. f. ) señala que la ansiedad y la depresión incrementan el
riesgo de suicidio en los jóvenes, siendo estas variables comunes en el entorno
escolar. Un estudio realizado en Trujillo reveló que una dinámica familiar deficiente
y la ausencia de estrategias emocionales de afrontamiento elevaban la incidencia
de trastornos del estado de ánimo en estudiantes (MINSA, citado en Estudio en
Trujillo, 2022). Además, se reconoce que la interacción familiar, es decir, la forma
en que los integrantes se relacionan, brindan apoyo emocional y manejan las
crisis, juega un papel crucial en el desarrollo psicoemocional del adolescente.

Luego de la crisis provocada por la COVID-19, la situación empeoró notablemente.


Diferentes investigaciones señalaron un aumento en los síntomas relacionados
con la depresión entre los jóvenes en Perú. De acuerdo con la Dirección General
de Salud Mental en el año 2022, el 27. 5% de los alumnos en áreas urbanas
mostró signos de depresión, ya sea moderada o severa, en el proceso de retorno a
las clases presenciales. Entre las causas más frecuentes se encontraron la
inestabilidad en el hogar, el duelo por la pérdida de seres queridos y la crisis
financiera. Estas conclusiones subrayan la importancia de examinar la dinámica
familiar como un posible factor que influye en la salud mental de los adolescentes,
ya sea de manera positiva o negativa.

En Trujillo, una de las principales ciudades del norte del Perú, se observan
realidades sociales complicadas. Zonas como La Esperanza, Florencia de Mora y
El Porvenir muestran elevados niveles de violencia doméstica, actividad pandillera,
pobreza y falta de empleo, elementos que pueden afectar la dinámica familiar y,
como consecuencia, el bienestar emocional de los jóvenes. Estas condiciones
crean hogares poco propicios, complicando el respaldo emocional esencial que se
necesita durante la adolescencia.

Por otro lado, la escuela, al ser el segundo lugar donde se socializa, puede servir
como un lugar seguro o, en cambio, convertirse en una fuente de estrés extra.
Factores como el acoso escolar, la presión académica desmedida, la falta de
apoyo emocional y la escasa atención del profesorado pueden agravar los
síntomas de depresión al mezclarse con un hogar conflictivo.

De acuerdo con el enfoque ecológico de Bronfenbrenner de 1979, el desarrollo de


un joven es influenciado por varios sistemas que están interrelacionados, siendo la
familia uno de los más inmediatos y relevantes. En esta estructura teórica, las
interacciones cotidianas que se producen en el hogar tienen un impacto importante
en el crecimiento emocional del joven. De esta manera, una relación familiar
saludable puede funcionar como un respaldo en momentos difíciles que podrían
provocar síntomas depresivos.

Por consiguiente, es esencial analizar cómo se manifiestan las características de la


funcionalidad familiar en ciudades como Trujillo, un sitio donde problemas como la
falta de empleo, el desplazamiento, la violencia comunitaria y las exigencias
laborales que enfrentan los padres pueden alterar las relaciones dentro de la
familia. Esta investigación tiene como objetivo identificar la relación entre la
funcionalidad familiar y la depresión en adolescentes que están en instituciones
educativas públicas en Trujillo, con la finalidad de generar información útil para
implementar proyectos que fomenten el bienestar familiar y la salud mental en el
ámbito escolar.

En este contexto, se formula la siguiente pregunta: ¿ Qué relación existe entre la


dinámica familiar y el grado de depresión en jóvenes que asisten a una institución
educativa en la ciudad de Trujillo? El propósito de este estudio es analizar esta
relación en un grupo de adolescentes de una escuela pública que acoge a
estudiantes en situaciones de desventaja y que enfrentan condiciones adversas en
lo social, económico, educativo y familiar. Entre estos aspectos se incluyen el
aumento de enfermedades infecciosas, problemas económicos, un uso perjudicial
de la tecnología, violencia intrafamiliar, acoso escolar y la falta de apoyo
emocional, lo que ha afectado de manera negativa su salud mental.

El presente estudio tiene como objetivo general identificar la relación entre la


funcionalidad familiar y los síntomas depresivos en adolescentes de una institución
educativa pública de Trujillo. Asimismo, busca reconocer los factores familiares
que influyen en la salud mental de los adolescentes, con el fin de proponer
posibles líneas de intervención. Para ello, se plantea medir el nivel de
funcionalidad familiar, determinar el grado de sintomatología depresiva y analizar
estadísticamente la relación entre ambas variables.

Varios estudios han demostrado un vínculo significativo entre la eficiencia familiar y


la presencia de síntomas de depresión en adolescentes. Por ejemplo, un estudio
realizado en Cuba mostró que un 45.8% de los jóvenes analizados sufrían de
algún nivel de depresión, mientras que un 46.3% presentaban problemas
familiares. Se identificó una relación estadísticamente significativa entre la
depresión severa a moderada y la disfunción familiar, tanto leve como grave
(Valdés et al., 2020), lo que resalta el papel de las relaciones familiares
problemáticas en el bienestar mental de los jóvenes. De la misma manera, una
revisión exhaustiva de 21 estudios de carácter internacional llevada a cabo por
Enríquez Ludeña, Pérez Gálvez y Castañeda Luna (2021) llegó a la conclusión de
que la cohesión, la comunicación y el afecto en el entorno familiar están
íntimamente vinculados con la aparición de síntomas depresivos en los
adolescentes. Los autores subrayan la relevancia de implementar intervenciones
tempranas en el ámbito familiar para prevenir problemas de salud mental en este
grupo.

En Perú, una investigación llevada a cabo en Chiclayo por Sánchez Torres y


Becerra Escate (2021) encontró que los jóvenes que provienen de familias con
baja funcionalidad, sobre todo en aspectos como la cohesión y la adaptabilidad,
enfrentan mayores dificultades en su desarrollo emocional y social. Este trabajo se
fundamenta en la Teoría Familiar Sistémica de Salvador Minuchin, que plantea que
la familia funciona como una unidad interdependiente, donde cualquier cambio que
ocurra en uno de sus miembros afecta a toda la estructura. Desde esta mirada, si
la organización o las relaciones dentro de la familia se ven afectadas, los
adolescentes pueden experimentar desequilibrios emocionales que aumentan la
probabilidad de que presenten síntomas depresivos.

La relación entre la funcionalidad familiar y la salud mental ha sido ampliamente


estudiada en diversos contextos. En una investigación llevada a cabo por Flores y
Torres (2019) en adolescentes de Lima Metropolitana, se evidenció que aquellos
provenientes de familias disfuncionales presentaban mayores niveles de
depresión, ansiedad y problemas de conducta. Los autores concluyeron que las
dinámicas familiares saludables, caracterizadas por una comunicación efectiva,
afecto y estructura, actúan como factores protectores frente a trastornos
emocionales.

Por su parte, González (2020) estudiaron a jóvenes en áreas rurales de Cusco y


descubrieron que la ausencia de unidad familiar y la inflexibilidad en los roles de
los padres estaban relacionadas de manera significativa con indicios de depresión.
Este descubrimiento indica que, incluso en entornos culturales diferentes, la
configuración familiar continúa siendo un elemento clave en la salud emocional.

Asimismo, la investigación considera el Modelo Cognitivo de la Depresión


desarrollado por Aaron Beck, que plantea que la depresión se genera y se
perpetúa debido a pensamientos pesimistas y creencias distorsionadas sobre uno
mismo, su entorno y lo que depara el futuro. De acuerdo con este modelo, los
jóvenes adquieren lo que Beck llamó la "tríada cognitiva negativa", que abarca una
perspectiva negativa de sí mismos, de su entorno y de lo que les espera en el
futuro. Estas creencias disfuncionales pueden originarse y reforzarse en contextos
familiares problemáticos, en los que se experimenta desatención emocional,
comunicación ineficaz o conflicto constante. En este sentido, un ambiente familiar
conflictivo o poco funcional puede fortalecer estos patrones de pensamiento
negativo, facilitando no solo la aparición sino también la permanencia de la
depresión en los adolescentes (Beck, Rush, Shaw & Emery, 1979).
II. Metodología

La variable independiente se centró en la funcionalidad del núcleo familiar, que se


refiere a la habilidad de la familia para funcionar de manera saludable y eficaz,
incluyendo aspectos como la comunicación, la gestión de conflictos, el apoyo
emocional y la unión entre sus integrantes (Amor Systemic, s. f. ). Esta
funcionalidad fue analizada a través de dimensiones clave: la cohesión familiar,
que se entiende como los vínculos emocionales existentes entre los miembros; la
comunicación, que se evalúa en términos de la claridad y calidad del intercambio
de información en el hogar; la existencia de conflictos, midiendo su frecuencia,
severidad y métodos de solución; y el apoyo emocional que se percibe,
considerado un factor protector ante situaciones estresantes (1Library, s. f. ). Por
su parte, la variable dependiente fue la depresión, definida como un trastorno
emocional caracterizado por una tristeza persistente, falta de interés o placer en
las actividades habituales, alteraciones en el apetito o el sueño, sentimientos de
inutilidad, baja autoestima y disminución de la capacidad para concentrarse (Mayo
Clinic, 2023). Esta fue evaluada mediante instrumentos estandarizados que
permiten identificar síntomas depresivos en adolescentes y que han sido validados
en estudios previos con población similar (MedlinePlus, 2023).

La unidad de análisis del estudio estuvo conformada por estudiantes del nivel
secundaria pertenecientes a una institución educativa de Trujillo, en edades
comprendidas entre los 12 y 17 años. Estos adolescentes, por las características
de su etapa evolutiva, se encontraban en una fase particularmente sensible a los
factores familiares y sociales que afectan la salud emocional. Se aplicaron como
criterios de inclusión: ser estudiantes regulares matriculados durante el año escolar
vigente, contar con el asentimiento informado y el consentimiento de sus padres o
tutores, y tener la disposición de participar voluntariamente en el estudio. Se
excluyeron aquellos adolescentes con diagnóstico clínico previo de trastornos
psiquiátricos severos y quienes no completaron correctamente los instrumentos de
recolección de datos.

La población total del estudio estuvo conformada por 69 estudiantes matriculados


en la institución educativa seleccionada. Dado que este grupo fue accesible en su
totalidad trabajar con un tipo de estudio censal, lo que implicó que se trabajó con
todos los adolescentes disponibles que cumplían los criterios de inclusión,
permitiendo así una cobertura total de la muestra y mayor representatividad de los
resultados en el contexto específico.

Para la recolección de datos, se utilizaron dos instrumentos estructurados y


validados. El primero fue el Cuestionario APGAR Familiar, el cual evaluó la
percepción del adolescente sobre el funcionamiento de su familia mediante cinco
ítems. Estos ítems abordaron: el grado de satisfacción con la ayuda recibida por
parte de la familia ante preocupaciones, la forma en que se discuten y resuelven
los problemas en conjunto, la aceptación de los deseos del adolescente para hacer
cambios en su estilo de vida, la expresión de afecto y respuesta a los sentimientos
de amor y tristeza, y la cantidad de tiempo compartido con la familia. Cada ítem fue
calificado en una escala tipo Likert de cinco niveles: “nunca”, “casi nunca”,
“algunas veces”, “casi siempre” y “siempre”. La puntuación total permitió clasificar
el nivel de funcionalidad familiar como normal o con algún grado de disfunción,
según criterios establecidos previamente por el instrumento (Aguilar Loayza,
2023).

El segundo instrumento fue el Cuestionario PHQ-9 (Patient Health Questionnaire-


9), adaptado para adolescentes, el cual evaluó la presencia de síntomas
depresivos durante las dos semanas previas a la aplicación. Este cuestionario
incluyó nueve ítems, cada uno correspondiente a síntomas específicos de
depresión, tales como: poco interés o placer en hacer cosas, sentirse triste o sin
esperanza, tener poca energía, presentar cambios en el apetito, sentirse mal
consigo mismo, tener dificultades para concentrarse, notar inquietud o lentitud en
los movimientos, y pensamientos relacionados con la muerte o autolesiones. Los
adolescentes indicaron la frecuencia de cada uno de estos síntomas
seleccionando entre las opciones: “nunca”, “varios días”, “más de la mitad de los
días” o “casi todos los días”. Este cuestionario ha sido validado internacionalmente
y es recomendado para el tamizaje de síntomas depresivos en población
adolescente (Aguilar Loayza, 2023).

Ambos instrumentos fueron aplicados de manera presencial en la institución


educativa, en un espacio que permitió preservar la privacidad de los participantes.
Previo a su aplicación, se realizó la solicitud formal de autorización a la Dirección
de la institución educativa, la cual fue aprobada mediante documento firmado. Este
estudio siguió los principios de la integridad científica, asegurando que el estudio
se desarrollara de manera responsable y estricta. La autonomía de los
participantes estaba garantizada por la adquisición previa de padres o tutores
legales informados e informados por jóvenes que eran voluntarios. Cada
participante explicó el propósito del estudio, los procedimientos, los posibles
riesgos, los beneficios y la confidencialidad de los datos para tomar decisiones
gratuitas y razonables.

La autenticidad de la Ilustración fue proporcionada por la recopilación de datos, la


precisión y notable precisión y el resultado de la honestidad después y el análisis.
La originalidad del trabajo también se conservó, evitando cualquier plagio y
observó los principios de respeto por la propiedad intelectual. Todo el contenido
detallado proviene de fuentes probadas, y los autores se llamaban correctamente
los estándares APA. Además, las pautas establecidas en el Código de Ética para
la Investigación en César de la Universidad de Vallejo (UCV), y los documentos
necesarios, como la carta de autorización de la institución educativa, incluyeron el
formato de consentimiento y consentimiento informados, así como otros
relacionados con los anexos de este trabajo.

III. Resultados y Discusión

Objetivo Específico 1: Medir el nivel de funcionalidad familiar en los


adolescentes.

Para evaluar la funcionalidad familiar, se utilizó una escala con 5 ítems. Se


clasificaron los resultados en niveles bajo, medio y alto, según puntuaciones
obtenidas.

Tabla 1

Clasificación de niveles de la variable Funcionalidad Familiar en adolescentes de


una institución educativa pública de Trujillo, 2025.

Nivel de Funcionalidad Familiar Frecuencia (n) Porcentaje (%)

Bajo 15 21.7%

Medio 32 46.4%
Alto 22 31.9%

Total 69 100%

En la tabla 1 se observa que la mayoría de los adolescentes (46.4%) percibieron


un nivel medio de funcionalidad familiar. Un 31.9% reportó funcionalidad alta,
mientras que un 21.7% presentó un nivel bajo. Esto evidencia una percepción
general moderada del funcionamiento familiar, aunque con una fracción
preocupante que identifica disfunciones.

Objetivo Específico 2: Determinar el grado de sintomatología depresiva en los


adolescentes

Se aplicó una escala de depresión de 8 ítems, y se categorizaron los resultados en


tres niveles: bajo, medio y alto.

Tabla 2

Clasificación de niveles de síntomas depresivos en adolescentes de una institución


educativa pública de Trujillo, 2025.

Nivel de Depresión Frecuencia (n) Porcentaje (%)

Bajo 18 26.1%

Medio 26 37.7%

Alto 25 36.2%

Total 69 100%

Como se observa en la tabla 2, el mayor porcentaje de adolescentes presentó


síntomas depresivos de nivel medio (37.7%), seguido del nivel alto (36.2%). Este
hallazgo alerta sobre la necesidad de atención y prevención en salud mental
dentro de la institución educativa.

Objetivo Específico 3: Analizar estadísticamente la relación entre la funcionalidad


familiar y los síntomas depresivos.

Se aplicó la prueba estadística de correlación de Spearman, junto con un análisis


cruzado entre ambas variables categóricas.

Tabla 3
Analizar estadísticamente la relación entre la funcionalidad Familiar y Depresión
en adolescentes de Trujillo, 2025.

Depresión
Funcionalidad
Bajo Medio Alto Total
Familiar
n % n % n % n %

Bajo 1 1.4% 5 7.2% 9 13.0% 15 21.7%


Medio 10 14.5% 11 15.9% 11 15.9% 32 46.4%
Alto 7 10.1% 10 14.5% 5 7.2% 22 31.9%

Total 18 26.1% 26 37.7% 25 36.2% 69 100.0%

En la tabla 3 se aprecia que 11 adolescentes (15.9%) con funcionalidad familiar


media presentaron depresión media. Asimismo, 9 adolescentes (13.0%) con
funcionalidad baja reportaron depresión alta. Por otro lado, 10 adolescentes
(14.5%) con funcionalidad alta manifestaron depresión media, lo cual también
refleja que, si bien la funcionalidad familiar alta puede actuar como factor protector,
no necesariamente garantiza la ausencia de síntomas depresivos.

Objetivo General: Identificar la relación entre la funcionalidad familiar y los


síntomas depresivos en adolescentes

Los resultados reflejan que existe una relación inversa entre la funcionalidad
familiar y los síntomas depresivos. Es decir, los adolescentes que reportan una
buena funcionalidad familiar tienden a presentar menores niveles de depresión,
mientras que aquellos con entornos familiares disfuncionales muestran mayores
síntomas depresivos. Este hallazgo responde al objetivo general de la
investigación, demostrando que las dinámicas familiares desempeñan un rol
crucial en la salud mental adolescente. Reforzar la funcionalidad familiar podría
servir como una estrategia preventiva ante trastornos del estado de ánimo.

Análisis inferencial: prueba de correlación de Spearman

Spearman’s rho Funcionalidad Depresión


Familiar

Funcionalidad 1.000 -.412


Familiar

Sig. (2-tailed) .000


Depresión -.412 1.000

Sig. (2-tailed) .000

El estudio de correlación de Spearman facilitó la evaluación de la conexión entre la


dinámica familiar y los signos de depresión en jóvenes. Debido a que los datos no
mostraron una distribución normal de acuerdo a la prueba de Kolmogórov-Smirnov
(p < 0. 05), se decidió llevar a cabo un análisis no paramétrico. El coeficiente de
Spearman resultó ser –. 412, con un valor de significancia bilateral de p =. 000.

Este hallazgo sugiere que hay una correlación negativa moderada que es
estadísticamente significativa entre las dos variables. Esto implica que a medida que
mejora la funcionalidad familiar, los síntomas depresivos tienden a reducirse, y
viceversa. La correlación negativa indica que un ambiente familiar saludable puede
servir como un factor de protección frente a la depresión en los jóvenes.

Dado que el valor de p =. 000 es menor que 0. 05, se rechaza la hipótesis nula (H₀)
y se acepta la hipótesis alternativa (H₁). Así, se deduce que hay una relación
significativa entre la dinámica familiar y los síntomas de depresión en los jóvenes
analizados.

Este resultado apoya el cumplimiento del objetivo específico 3 de esta investigación


y está alineado con estudios anteriores que destacan el impacto de las relaciones
familiares en la salud mental de los adolescentes. Además, subraya la necesidad de
llevar a cabo acciones que fomenten relaciones familiares positivas como una
estrategia de prevención frente a los trastornos del estado de ánimo.

Luego, por cada objetivo específico se realizará la discusión de los resultados


encontrados.

La funcionalidad familiar hace referencia a la capacidad de la familia para cumplir


sus funciones de manera eficaz, incluyendo la comunicación, el apoyo emocional, la
resolución de conflictos y la adaptabilidad ante situaciones de cambio. Según Olson
y Gorall (2003), un sistema familiar funcional se caracteriza por cohesión, flexibilidad
y una comunicación abierta, que en conjunto permiten un adecuado desarrollo
psicoemocional en sus miembros. Asimismo, Amor Systemic (s.f.) destaca que la
funcionalidad familiar no solo implica el cumplimiento de roles, sino también el
establecimiento de vínculos afectivos sanos y la gestión adecuada de las emociones
dentro del hogar.

En el presente estudio, se encontró que el 46.4% de los adolescentes reporta una


funcionalidad familiar de nivel medio, seguido por un 31.9% con nivel alto y un
21.7% con funcionalidad baja. Esta distribución sugiere que, si bien una parte
significativa de los adolescentes percibe relaciones familiares favorables, existe un
grupo importante (uno de cada cinco) que vive en contextos familiares
disfuncionales, lo que representa un potencial riesgo psicosocial.

Estos resultados coinciden con la investigación realizada por Flores y Torres (2019)
en adolescentes de Lima Metropolitana, quienes identificaron que una baja
funcionalidad familiar se expresa en la presencia de roles difusos, escasa
comunicación y falta de apoyo emocional, elementos que dificultan el desarrollo
socioemocional saludable de los adolescentes. De manera similar, el estudio de
González (2020) en zonas rurales de Cusco evidenció que la rigidez en los roles
parentales, la ausencia de cohesión y la limitada flexibilidad familiar afectaban la
capacidad de adaptación del grupo familiar frente a situaciones adversas,
deteriorando la calidad de las relaciones intrafamiliares. A nivel internacional, el
trabajo de Valdés et al. (2020) en Cuba reportó que el 46.3% de los adolescentes
evaluados pertenecían a familias con patrones disfuncionales, caracterizados por
una estructura desorganizada, dificultades en la expresión afectiva y falta de
resolución de conflictos, lo que comprometía el funcionamiento saludable del
sistema familiar en su conjunto.

Desde el marco teórico, este hallazgo se explica a través de la Teoría Sistémica de


Minuchin (1974), la cual propone que la familia es un sistema interdependiente
donde las alteraciones en uno de sus miembros o en las relaciones entre ellos
afectan a todo el conjunto. A su vez, el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1979)
resalta que la familia, como microsistema principal, influye profundamente en la
salud emocional del adolescente, al ser el entorno donde se configuran los primeros
vínculos afectivos y se modelan conductas sociales y emocionales.

Metodológicamente, el Cuestionario APGAR Familiar permitió captar la percepción


del adolescente sobre dimensiones claves como ayuda mutua, resolución de
problemas, aceptación, afecto y tiempo compartido. Esta perspectiva subjetiva es
coherente con los modelos teóricos utilizados, ya que permite comprender cómo se
vivencian internamente las dinámicas familiares, más allá de su estructura externa.

La depresión en adolescentes es un trastorno afectivo caracterizado por tristeza


persistente, pérdida de interés, baja autoestima, fatiga y pensamientos de
desesperanza. Según Birmaher y Brent (2007), la depresión adolescente tiene
particularidades clínicas relacionadas con el desarrollo psicosocial, la presión
escolar y las relaciones interpersonales. Además, MedlinePlus (2023) define la
depresión como un trastorno emocional común pero grave que interfiere con el
funcionamiento diario y puede derivar en consecuencias graves si no se aborda.

Los resultados del estudio indican que el 37.7% de los adolescentes presenta
síntomas depresivos de nivel medio, el 36.2% nivel alto, y solo el 26.1% nivel bajo.
Esta alta prevalencia representa una alerta en salud pública y coincide con los
informes de la Dirección General de Salud Mental (2022), que reportó síntomas
depresivos en más del 27% de estudiantes tras el retorno a clases post-pandemia,
siendo las principales causas el duelo, la inseguridad económica y la disfunción
familiar.

Estos hallazgos también se reflejan en investigaciones como la de Sánchez Torres y


Becerra Escate (2021) en Chiclayo, donde se determinó que los adolescentes con
baja funcionalidad familiar presentan mayor tendencia a desarrollar síntomas
depresivos. De igual modo, el estudio de Rosales y Castillo (2016) en Huánuco
encontró que el 18.9% de los adolescentes con familias problemáticas presentaban
signos de depresión, lo que refuerza la importancia del entorno familiar como factor
de riesgo.

A nivel teórico, el Modelo Cognitivo de Beck (1979) permite entender que los
adolescentes expuestos a ambientes negativos desarrollan patrones de
pensamiento disfuncionales, conocidos como la “tríada cognitiva negativa” (visión
negativa de sí mismo, del mundo y del futuro), lo que incrementa la probabilidad de
experimentar depresión. En contextos familiares conflictivos, caracterizados por
negligencia emocional o comunicación disfuncional, estos esquemas cognitivos
tienden a consolidarse.
El instrumento utilizado, adaptado del PHQ-9, permitió detectar síntomas depresivos
mediante autoinforme. Aunque este tipo de medición puede estar influenciado por
factores subjetivos, su uso es adecuado en contextos escolares como tamizaje
inicial. Sin embargo, se sugiere complementarlo con entrevistas clíEl análisis
estadístico mostró una correlación negativa moderada (r = –.412, p = .000) entre
funcionalidad familiar y síntomas depresivos, lo cual implica que a mayor
funcionalidad familiar, menor presencia de síntomas depresivos en los
adolescentes. Este resultado respalda los planteamientos de Bronfenbrenner (1979)
y Minuchin (1974), al evidenciar cómo la calidad del entorno familiar incide
directamente en el equilibrio emocional de los adolescentes. También se alinea con
la teoría de Beck (1979), ya que entornos familiares funcionales previenen la
formación de creencias distorsionadas.

Este hallazgo coincide con los resultados de Enríquez Ludeña, Pérez Gálvez y
Castañeda Luna (2021), quienes en una revisión de 21 estudios internacionales
concluyeron que la comunicación familiar y el afecto están inversamente
relacionados con los síntomas depresivos. También guarda relación con el estudio
de Flores y Torres (2019), quienes encontraron que una estructura familiar
saludable actúa como factor protector frente a la ansiedad y depresión en
adolescentes.

Las diferencias observadas entre estudios pueden explicarse mediante razones


metodológicas, como el tamaño muestral, los instrumentos empleados y el contexto
socioeconómico. En este estudio se utilizó un diseño censal con instrumentos
validados y ajustados a población adolescente, lo que refuerza la validez de los
resultados.

IV. CONCLUSIONES

La presente investigación tuvo como objetivo general identificar la relación entre la


funcionalidad familiar y los síntomas depresivos en adolescentes de una institución
educativa pública de Trujillo. A partir del análisis realizado, se concluyó que existe
una relación inversa y significativa entre ambas variables. Es decir, a mayor
funcionalidad familiar, menor nivel de síntomas depresivos. Este resultado confirma
el cumplimiento del objetivo general y demuestra que el entorno familiar influye
directamente en el bienestar emocional de los adolescentes.
Respecto al primer objetivo específico, se encontró que el 46.4% de los
adolescentes percibía un nivel medio de funcionalidad familiar, el 31.9% un nivel
alto, y el 21.7% un nivel bajo. Esto indica que la mayoría tiene una percepción
moderadamente favorable de su entorno familiar, aunque uno de cada cinco
adolescentes vive en un contexto familiar con signos de disfunción.

En relación con el segundo objetivo específico, se observó que el 37.7% de los


adolescentes presentaba síntomas depresivos de nivel medio y el 36.2% de nivel
alto. Solo el 26.1% mostró síntomas bajos. Este resultado revela que más de dos
tercios de los adolescentes presentan algún grado importante de sintomatología
depresiva, lo cual representa una alerta para la atención en salud mental escolar.

Finalmente, en el tercer objetivo específico, se analizó la relación entre ambas


variables mediante la prueba de correlación de Spearman. Se obtuvo un coeficiente
de –0.412 con un valor p = 0.000, lo que indica una correlación negativa moderada y
estadísticamente significativa. Esto significa que los adolescentes con menor
funcionalidad familiar tienden a presentar más síntomas depresivos. En conclusión,
la funcionalidad familiar se identifica como un factor protector relevante frente a la
depresión en la adolescencia.
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ANEXOS

Figura 1: Tabla Operacional


Figura 2: Cuestionario PHQ-9 aplicado a adolescentes.
Figura 3: Cuestionario APGAR Familiar aplicado a adolescentes.

Figura 4: Solicitud de autorización


Figura 5: Fotografía encuestando a los estudiantes.
Figura 6: Resultados reales de las encuestas (Variable 1: Depresión)
Figura 7: Resultados reales de las encuestas (Variable 2: Funcionalidad Familiar
Figura 8: Criterios de baremación (Bajo, Medio, Alto) para cada variable de estudio.

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