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Dávalos, Jaime

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JAIME DÁVALOS – Selección de poemas y un relato

La baguala

Espina azul del grito


Que bandea el paisaje
Y el alma de los chacos
Lejanía hecha música en los cueros
Respiración que arisca se hace canto

Sonora transparencia
Escalofrío que por la sombra sube tiritando
Soledad lastimada de la sangre
Flor de la boca y alarido bárbaro

Que amor carnal de astilla desolada


Te lleva luz del bronce por el cielo
Y anda asustando el aire de la noche
La piel desierta y el instinto ciego

Cuando andes apagando chicherias


Matando el sueño a coca y agua ardiente
En los rostros las lámparas de arcillas
Han de brillar con una luz de aceite

Por las coplas la muerte despacito dobla lanzas


Y el canto de los teros
Sobre las apariencias enterradas
Convoca matorrales de poleos

Junco de plata herida que despierte al rocío


Sobre el monte distinta
Vendrás mirando con los agujeros
Al amor que socava las pupilas

El carnaval te empañara la pena


Los caballos al tiempo de la aloja
Te llevaran, donde se vuelve música
Y desenvainan solas algarrobas
Hermana de la fecha, planetaria desolación
Sonido de luz verde
Sube la cal los muros de la noche
Donde sueñan cuchillos con la muerte

Jaime Dávalos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Flor del ylolay


Érase una viejecilla que en los ojos tenia un mal, y la pobre no cesaba, no cesaba de
llorar .Una medica le dijo te pudiera yo curar, si tus hijos me trajesen una flor del ylolay y
la pobre viejecilla no cesaba de llorar por que no era nada fácil de encontrar esa flor del
ylo ylo , ylolay
Mas los hijos que a su madre la querían a cual más, resolvieron irse lejos a buscar esa
flor maravillosa que a los ciegos vista da.
Va rajado el cuento abuelo como vos me lo contáis, no habéis dicho que los hijos eran
tres?, bueno ya están.
Y los tres marchando juntos, caminaron hasta dar con tres sendas, y tomaron una senda
cada cual . El chiquillo que a su madre quería mas , fue derecho por su senda sin parar,
preguntando a los viajeros por la flor del ylolay .Y una noche fatigado de viajar y preguntar
, en el hueco de unas peñas acostose a descansar , y lloraba y a la pobre cieguecilla
recordaba sin cesar.
Y ocurrió que de esas peñas, en la lóbrega oquedad, al venir la media noche, sus
consejos de familia .Y la diabla y los diablillos en horribles zarabandas se ponían a bailar.
Carboncillo ¡¡ de los diablos, el mas diablos para el mal, cayó el ultimo, con una gran flor
en el ojal.

-Carboncillo, grito al verlo el furibundo Satanás,


-Petulante carboncillo, quite allá, como viene a mi presencia con la flor de dios hechura
que a los ciegos vista da.

Medio el rabo entre las piernas y poniéndose a temblar, tiró lejos el adorno de su ojal.
Y el chiquillo recogiola y allá va, corre, corre, que te corre, que te corre Satanás, el camino
desandando sin parar y gano la encrucijada con la flor del ylolay.

Le aguardaban sus hermanos, y al mirarle regresar con la flor que no pudieron encontrar
los muy tunos, le mataron, le mataron envidiosos le mataron sin piedad .Le enterraron allí
cerca del camino en un erial y se fueron a su madre con la flor del yolay y curo la viejecita
de su mal, y al pequeño recordando sin cesar, preguntaba a sus hijos, donde mijo, donde
esta.
No le vimos, contestaba, los perversos, quizás extraviado con sus malas compañías
andará. Y los días y los meses se pasaron, y al hogar nunca, nunca, el pobrecillo volvió
más.
Y una vez un pastorcillo que paso por el erial, una caña de canuto vio al pasar, con la
caña hizo una flauta, y poniéndose a tocar, escuchaba el pastorcillo, que las notas al
compás, que la caña suspiraba con lamentos sepulcral.
Pastorcillo no me toques ni me dejes de tocar, mis hermanitos me han muerto por la flor
del ylolay.

Canción del jangadero


Río abajo voy llevando la jangada,
río abajo por el alto Paraná.
Es el peso de la sombra derrumbada,
con el anhelo del agua que se va.

Río abajo, río abajo, río abajo,


a flor de agua voy sangrando esta canción.
En el sueño de la vida y el trabajo
se me vuelve camalote el corazón.

Jangadero, jangadero,
mi destino por el río es derivar
desde el fondo del obraje maderero,
jornalero del agua que se va.

Padre río, tus escamas de oro vivo


son la fiebre que me lleva más allá.
Voy detrás de tu horizonte fugitivo
y la sangre con el agua se me va.

Banda, banda, sol y luna, cielo y agua,


espejismo que no acaba de pasar.
Piel de barro, fabulosa lampalagua,
me devora la pasión de navegar.
El humahuaqueño
Llegando está el carnaval
quebradeño, mi cholita.
Llegando hasta el carnaval
quebradeño, mi cholita.

Fiesta de la quebrada
huamaqueña para bailar;
erke, charango y bombo,
carnavalito para bailar.

Quebradeño huamaqueñito...

Eterno amor
Eterno amor un día me juraste,
eterno amor un día te juré.
La eternidad cabía en el instante
en el que al cerrar los ojos te besé.

Tal vez jamás tus labios en los míos


tenga otra vez, temblando de ansiedad,
pero yo sé que al fondo del olvido
me llevaré tus besos, nada más.

Te amé con toda el alma estremecida


con la pasión de ser tu eternidad.
Loco de amor te amé como suicida,
por eso es cruel tener que despertar.

Decirte adiós el alma me atormenta,


porque eres tú mi vida que se va.
Ya lo sabrás de noche cuando sientas
tu corazón medir la soledad.

Juanito Laguna se salva de la inundación


Cuando lentamente viene la corriente
y asalta las islas,
aguas sublevadas de las marejadas
cubren la región.
En la correntada turbia y encrespada
van a la deriva,
entre la resaca, árboles que arranca
de cuajo el torrente, minuciosamente
se imponen las aguas de la inundación.

El islero siente resignadamente


que su pobre vida
queda acorralada como su ranchada
sobre un albardón,
su suerte está echada en esta anegada
soledad perdida,
en donde la lluvia de invierno diluvia
y la sudestada mantiene empacada
la furia inocente de la inundación.

Juanito Laguna, mirando la luna


que se hizo con agua
y las crestonadas que al norte en bandadas
emigrando van,
en su barro tierno de dolor eterno,
medroso presiente
que en aquel invierno vendrá la creciente
dejando sin rancho, desnuda la gente,
sembrando en las islas la devastación.

La nochera

Ahora que estás ausente


mi canto en la noche te lleva,
tu pelo tiene el aroma
de la lluvia sobre la tierra.

Y tu presencia en las viñas


dorada de luna se aleja,
hacia el corazón del vino
donde nace la primavera.
Mojada de luz
en mi guitarra nochera
ciñendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.

Quisiera volver a verte


mirarme en tus ojos quisiera,
robarte guitarra adentro
hacia el tiempo de la madera.

Cuando esta zamba te canto


en la noche sola recuerda,
mirando morir la luna
cómo es larga y triste la ausencia.

Las golondrinas

¿Adónde te irás volando por esos cielos,


brasita negra que lustra la claridad?
Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan
la inmensidad, la inmensidad.

Veleros de la tormenta se van las nubes,


y en surcos de luz dorada se pone el sol
y como sílabas negras, las golondrinas
dicen adiós, dicen adiós.

Vuela, vuela, vuela, golondrina,


vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
sobre la luz, cruzando el mar,
cruzando el mar.

Un cielo de barriletes tiene la tarde,


y el viento en las arboledas cantando va
y desandando los días mi pensamiento
también se va, también se va.

Cuando se acorten los días junto a mi sombra


y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
volverte a ver, volverte a ver.

Sirviñaco

Yo t'hei dicho nos casimos,


vos diciendo que tal vez;
sería bueno que probimos
m'a ver eso qué tal es.

Te propongo sirviñaco,
si tus tatas dan lugar
p'a l'alzada del tabaco
vámonos a trabajar.

T'hei comprarollita nueva,


en la feria 'e Sumalao,
es cuestión de hacer la prueba
de vivirnos amañaos.

Y si tus tatas se enteran,


ya tendrán consolación,
que todas las cosas tienen
con el tiempo la ocasión.

Y si Dios nos da un changuito


a mí no me ha de faltar
voluntad pa andar juntitos
ni valor p'a trabajar.

Te propongo como seña


pa' saber si me querís
cuando vas a juntar leña
sílbame como perdiz.

Tonada del viejo amor


Y nunca te'i de olvidar
en la arena me escribías
y el viento lo fue borrando
y estoy más solo mirando el mar.

Qué lindo cuando una vez


bajo el sol del mediodía
se abrió tu boca en un beso
como un damasco lleno de miel.

Herida la de tu boca
que lástima sin dolor
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.

Quisiera volverte a ver


sonreír frente a la espuma
tu pelo suelto en el viento
como un torrente de trigo y luz.

Yo se que no vuelve más


el verano en que me amabas
que es ancho y negro el olvido
que entra el otoño en el corazón.

Zamba de los mineros

Pasare por Gualfín,


Me voy pa' Corral Quemao,
A lo de Marcelino Ríos
Para corpacharme con vino morao

Yo soy ese cantor


Nacido en el carnaval,
Minero de la noche traigo
La estrella de cuarzo del culampajá

Molino del maray


Que muele con tanto afán,
Marcelino pisando el vino,
Paredes el oro de culampajá.

Yo no sé, yo no soy,
Andoy porque andoy nomás,
Cuando a mí me pille la muerte
Tan solo la zamba me recordará.

La zamba de los mineros


Tiene sólo dos caminos
Morir el sueño del oro,
Vivir el sueño del vino

Temor del sábado

El patrón tiene miedo que se machen


con vino los mineros.
El sabe que les entra como un chorro
de gritos en el cuerpo.

Que enroscado en las cuevas de la sangre


les hallará el silencio,
el oscuro silencio de la piedra
que come sombra socavón adentro.

Que volverá, morado,


con bagualas del fondo de los huesos
su voz, golpeando dura como un puño
en el tambor del pecho.

Con pupilas abiertas como tajos


le pedirán aumento,
mientras quiebren, girando entre las manos,
el ala del sombrero,
y los ojos, de polvo y pena tristes,
les caigan como manchas sobre el suelo.

Hay que esconder el vino entre cerrojos,


el vino pendenciero.
Hay que esconder el vino como un crimen,
el vino pedigüeño.
Que ni una gota más caiga en la boca
desierta del minero,
donde el grito se tapa con la coca,
y con alcohol la sed de amor y besos.

Hay que esconder la primavera en sangre


del vino que descubre los secretos.
El patrón ha mandado que lo guarden
y se ha vuelto vinagre en el encierro,
de noche tiene vómitos y duendes
de luna que se bañan en su cuerpo.

Los ojos del patrón lo custodiaban


por arriba del sueño,
los ojos del patrón tienen dos ángeles
desvelados de miedo.

EL AMOR.

Morenita de mi vida,
carne de trigo y almendras
en tus ojos retadores,
puñales tiene mi pena.

Quiero tu cintura joven


guitarra de ascuas y greda,
donde mi amor en el alba
se apaga como una estrella.

Quizá el amor que querías


no es el amor que te tengo,
sino un color lejanía
que te viene de los sueños.

Por fervorosa te quiero


por verdadera y valiente,
tienes la sabiduría
de darte completamente.

¡Hasta la muerte mi amor!


orillitas del silencio,
ando buscando una copla
que te diga lo que siento.

LA LUNA.

Velita del reverbero


la luna sobre el salar,
a la muerte del minero
solo vos la has de velar.

Por los patios como sábana


está blanqueando la luna,
los pasos de la rayuela
de ayer, de mañana y nunca.

De pago en pago la luna


de noche me ve rodar,
que pasos iré penando
que no me puedo arraigar.

LA PUNA.

La puna, metal y cielo


es suma de cielo y sal,
moliendo en el viento blanco
el esqueleto del mar.

Mecherito de carburo
sobre y bajo el socavón,
a bocanadas de polvo
se apaga mi corazón.

El polvo cava el pulmón


y los ojos del minero,
el polvo es sepulturero
y no tiene corazón.

La sombra de mi pañuelo
se la bebió el arenal,
y ando huellando en la puna
tus ojos de estrella cuajados de sal.

¡Ausencia quiere el olvido


presencia quiere el amor!
pero jamás he podido
sacarte del fondo del corazón.

EL CARNAVAL

¡Carnaval, carnavalito!
¡Sentidito y llorador!
¡Dame de albahaca un ramito!
¡Quiero olerte el corazón!

El día que yo me muera


y la caja me recuerde,
latirá mi corazón
detrás de su arito verde.

Junté plata, junté pena,


amargura y soledad,
y me quedé mano a mano
cuando pasó el carnaval.

EL MONTE.

Cuando el toro es orejano


lo embramo en un guayavil,
como la coyunda aguante
bramando se ha de morir.

Yo soy tipa colorada


cuando va punteando el día,
tipa blanca en la mañana
sol alto tipa amarilla.

Coloreando el piquillín.
Amarillando la tala.
La urraca come que come,
los loros charla que charla.

Desde el corazón del molle


una urpilita lloraba,
las lágrimas de sus ojos
perlas de sangre cuajaban.

Se murió de carpintero
Sebastián labrando queñua.
Adónde andarán sus manos
desanudando la leña.
¡Pastito tan delgadito!
¿Ande te han visto crecer?
Tan solo las piedras sienten
como pujas por nacer.

COPLAS A LA MUERTE DE GÜEMES.

Ya viene la noche negra


y el silencio trepador,
la sombra del héroe sube
por la lanza del corazón.

Que lloren las tres Marías,


sobre la muerte del sol.
Don Martín Miguel de Güemes,
en este día murió.

Pero su luz es la verde


médula de mi canción,
y con su sangre madrugan
los lapachares en flor.

Venado de instinto libre


herido se desangró,
y fue derramando el rastro
de nuestra liberación.

Los ojos de la Macacha,


hermanos del fusil son,
de frente miran la muerte
del caudillo volvedor.

¡Ay manantial de su sangre!


¡Árbol de la revelión!
Vino para derramarse
y era en la piel una flor,
como el pueblo, no tenía
más arma que su valor,
más destino que la tierra,
la libertad y el amor.

EL VINO.

El vino es tan verdadero


que destapa el corazón,
y traspasando el garguero
se vuelve tirabuzón.

¡Que lindo cuando me muera!


y siga el sol davueltando,
venga el tiempo de las uvas
y el vino me ande llorando.

SILVO DEL ZORZAL

En la mañana estival
sube su canto de amor,
y el agua baja cantando
la festiva plata
sonriente del sol.

En los cedrales la luz


quema su eterno verdor,
y los helechos recogen
tu silvo que hiere
la umbría de amor.

¡Se abre tu canto


como la flor del laurel!
es el otoño hecho tierra
que entre tu pico
sube a florecer.
Sueño que sueña la lluvia
lágrima de estrella
que vive en la miel.

Cuando se apague tu voz


en el silencio invernal,
el corazón de los cedros
y el jazmín del monte
la cobijará.

Con tu canto voloveré


tengo en la carne un zorzal,
que todas las primaveras
al sueño del agua
se despertará.

VIDALA DEL NOMBRADOR

"Yo soy aquel cantorcito,


yo soy el que siempre i sido.
no me hago ni me deshago,
y en este ser nomás vivo"

Vengo del ronco tambor de la luna


en la memoria del puro animal,
soy una astilla de tierra que vuelve
hacia su oscura raíz mineral.

Soy el que canta detrás de la copla,


en que en la espuma del río ha'i volver,
paisaje vivo mi canto es el agua,
que por la selva sube a florecer.

"Yo soy el que pinta las uvas


y las vuelve a despintar,
al palo verde lo seco
y al seco lo hago brotar".

Nombro la tierra que el trópico abraza,


puente de estrellas, cintura de luz,
y al corazón maderero se Salta,
subo en bagualas por la noche azul.
Vengo de adentro del hombre dormido
bajo la tierra gredosa y carnal,
rama de sangre,florezco en el vino
y el amor bárbaro del carnaval.

"Apenitas soy Arjona,


nombre que no se ha'i perder,
y aunque lo tiren al río,
sobre la espuma ha'i volver".

PANZA VERDE.

Cavan oscuros los bombos


el sueño de Panza Verde,
por un tiempo trasnochado
Chaco adentro de la muerte.

Panza Verde muere solo,


bajo las quenchas del güete,
lo está velando la aloja
y el filo de los machetes.

Hacia la luna ramosa


los polvaredales crecen,
mientras el baile jadea
debajo los urundeles.

Le está robando la sombra


la música de los erkes,
y para borrar sus pasos
silvando bagualas vuelve.

La tierra lo lame largo


como a una raíz caliente,
y ochan los perros arriba
del aire por Panza Verde.

Hacia la luna ramosa


los polvaredales crecen,
mientras el baile jadea
como un animal caliente.

LAS GOLONDRINAS
-

¿Adónde te irás volando por esos cielos,


brasita negra que lustra la claridad?
Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan
¡la inmensidad, la inmensidad!
Veleros de las tormentas se van las nubes,
en surcos de luz dorada se pone el sol;
y como sílabas negras, las golondrinas...
¡dicen adiós...dicen adiós...!
Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
sobre la luz, cruzando el mar...
¡cruzando el mar!
Un cielo de barriletes tiene la tarde;
el viento en las arboledas cantando va
y desandando los días mi pensamiento
¡también se va, también se va...!
Cuando los días se acorten junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
¡volverte a ver, volverte a ver...!

Resolana

Perdón... Te digo adiós.


Si perdonas podrás olvidar.
No quiero que el amor,
sea trigo sembrado en el mar.

Solo quiero que seas feliz,


te libres de mí,
y recobres la fe.

Que te quede de mí la ternura,


como resolana debajo la piel.

Se ha roto entre los dos,


la alegría del sueño de amar.
Nos queda la ilusión,
y es posible volver a empezar.

Nadie puede inventar el amor,


no me tengas rencor.
Despedirse es tan cruel...

Que te quede de mí la ternura,


como resolana debajo la piel.

Y cuando el amor renace,


vuelve a cantar la vida,
vuelve la fe perdida.
Todo tiene sentido otra vez,
si te queda de mí la ternura,
como resolana debajo la piel.

La nochera
Mojada de luz
en mi guitarra nochera
ciñendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.
Ciñendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.

Quisiera volver a verte


mirarme en tus ojos quisiera
Robarte guitarra adentro
hacia el tiempo de la madera.

Cuando esta zamba te canto


en la noche sola recuerda
mirando morir la luna
como es larga y triste la ausencia.

Mojada de luz...

Zamba de la candelaria

Nació esta zamba en la tarde


cerrando ya la oración
cuando la luna lloraba
astillas de plata, la muerte del sol.

La cunaron esos ríos


que murmuran al pasar
y el viento de los inviernos
le dio tristeza que la hace llorar.

Estribillo:
Cuando madure la noche
zumo de mi soledad
Se ha de alegrar el camino
zambita nochera, la candelaria.

Que se duerma la guitarra


hueca de voces que van
sacando a flor de tierra
recuerdos queridos que no volverán.

Zamba de la Candelaria
que cuando amanezca irá,
rejuntando estrellas altas
los ojos que me hacen a mi trasnochar.

Canto al sueño americano


Despierta, juventud americana:
realiza la unidad continental;
rompiendo las fronteras provincianas,
herencia del sistema colonial.

Adelante, amanece sobre el mundo


y en la conciencia de la humanidad:
huésped de este planeta vagabundo,
que Dios tan sólo sabe adónde va.

Canta y que el aire americano


vibre en el yunque de un solo corazón.
El día en que los pueblos sean libres,
la política será una canción.

Antes que el sol deslumbre tu ventana


el lucero te ofrecerá una flor,
sobre la frente azul de la mañana
lumbrera religiosa del amor.

En marcha, juventud como la espiga,


agrario símbolo de solidaridad;
no olvides que la sangre nos religa
a los que mueren por la libertad.

Canta y que el aire americano


vibre en el yunque de un solo corazón.
El día en que los pueblos sean libres,
la política será una canción.

El coyuyo
Minero de raíces, ciego oscuro,
tu destino a la savia paralelo,
remonta el combo término del cielo,
ebrio de sol y de calor maduro.
Exhumas al verano, el verde puro,
que nació para el canto y para el vuelo;
hoja animal, doblada sobre el suelo
posada de embriaguez y de futuro.
Sonora tu esmeralda viva arde,
bajo el sopor augusto de la tarde,
tu címbalo sostiene el infinito.
En cuatro lunas tu canción advierte,
que se siembra en la oreja de la muerte,
y en cada árbol crece, como un grito.

ZAMBA DE ORAN
Flor de los lapachares,
arde la selva en el sol,
y el tigre huele en la senda,
penas de tu corazón.

Y el tigre huele en la senda,


penas de tu corazón.

Tierra de las maderas,


sangre de aloja y carbón,
los indios muelen bailando,
lunas de azúcar y alcohol.

Los indios muelen bailando,


lunas de azúcar y alcohol.

Te canto tierra mía,


la sombra del petróleo,
dormida bajo el bermejo,
queman los Chacos de Orán.

Dormida bajo el bermejo,


queman los Chacos de Orán.

Cierran los guayacanes,


alma de lluvia y carbón,
tus ojos donde la muerte,
sueña con la quemazón.

Tus ojos donde la muerte,


sueña con la quemazón.

Vuelven de la ceniza,
cañaverales en flor,
y un toro ciego de polen,
brama en tu siesta de amor.

Y un toro ciego de polen,


brama en tu siesta de amor.

Y un toro ciego de polen,


brama en tu siesta de amor.

Te canto tierra mía,


la sombra del petróleo,
dormida bajo el bermejo,
queman los Chacos de Orán.

Dormida bajo el bermejo,


queman los Chacos de Orán.

A JOSE HERNANDEZ
Cuando cae la noche de la Pampa
sobre las crines de los pajonales,
y tejen las vigüelas la vidala,
el silencio es tu barba,
José Hernández.
Cuando crece a lo lejos la tormenta
y se estremece el trébol con el aire,
galopa el trueno su malón redondo,
y la luz es tu verbo,
José Hernández.
.No hay rumbo del silencio
que no cubra tu Martín Fierro entre nuestro gauchaje,
donde se desenfunda una guitarra,
o la fecundan tus versos,
José Hernández.
No hay ranchito en que no arda tu poesía
cuando se yapa el vino con la sangre,
y hay que aventar la pena respirando
tu corazón de pueblo,
José Hernández.
Y en la boca de cada peón de campo
con gusto a corazón insobornable,
el grito vivirá con tus palabras
porque eres Martín Fierro,
José Hernández.
Porque siempre templaste el instrumento
para expresar el alma del gauchaje,
y ponerle palabras al silencio de tu pueblo.
En él vives,
José Hernández.
Y cuando la violencia o la injusticia
metan sus sanguijuelas insaciables,
alzará con tu voz el horizonte un malón de guitarras populares,
y será cada criollo un Martín Fierro, nuestra rebeldía,
José Hernández.

ALBORADA DEL VIENTO


Al alba te encontré,
y fuimos a ver dónde amanecía;
de tu sonrisa nacía,
adorada niña mía.

Y el viento dice al pasar,


sobre el saucedal su eterno cantar de amor.
El tiempo que se va,
se hace ovillo en la rosa de tu corazón.

Hacia el verano volveré,


porque en tu cuerpo late el sol.
Yo siento arder,
cuando al besar,
quiere tu boca florecer.

El tiempo que se va,


se hace ovillo en la rosa
de tu corazón.

¿A dónde, a dónde irá,


el grito que ayer mi voz te decía?.
Desde mi pecho nacía,
adorada niña mía.

Suspiraba el pajonal,
como al recordar un viejo cantar de amor.
Un sueño puede ser,
nadie sabe mañana si ha de ver el sol.

Hacia el verano volveré,


porque en tu cuerpo late el sol.
Yo siento arder cuando al besar,
quiere tu boca florecer.

Un sueño puede ser,


nadie sabe mañana si ha de ver el sol.

CANTO A ROSARIO
Yo te saludo capital de los cereales,
que te levantas junto al río Paraná.
Sos el baluarte de las razas industriales,
que aquí vinieron a construir la libertad.

Miras el alba metalúrgica del río,


color de espiga que en tu cuerpo aluvional,
traen diluidos en la nieve y el rocío,
horizontes sumergidos de tu puente mineral.

Rosa crispada, siderúrgica y obrera,


en que amanece la conciencia del país,
llevan los barcos en su entraña la pradera,
en la sonrisa proletaria del maíz.

Toma esta espiga que te ofrece el canto mío,


guarda en tu pueblo laborioso mi canción,
que si me duele tu costero pobrerío,
tanto cantarle a tu río, siento verde el corazón.

Que si me duele tu costero pobrerío,


tanto cantarle a tu río, siento verde el corazón.

CORAZON ALEGRE
Vamos para Iruya
que baja el volcán,
los hilitos de agua,
yapando se van.

A la rueda, rueda,
rueda y molejón,
cuchillito moto,
de mi corazón.

Si nos amañamos,
nos hemos de juntar,
por ver si juntitos,
podemos andar.

Corazón alegre,
plantita de ají,
arribeña linda,
de Cola Ansulín.

Vamos para Iruya


que el riu hai 'i querer,
atajarnos luego,
si llega a crecer.

Cielo arriba el aire,


tierra abajo el sol,
y entre cielo y tierra,
solitos los dos.
Tú modito caima,
me acusa un sentir,
parece que el alma,
se te está por ir.

Corazón alegre,
plantita de ají,
arribeña firme,
de Cola Ansulín.

DEMORANDO EL AMANECER
La noche gira en el cielo.
La luna sube del río.
Misterio, que relumbra en tu pelo,
la estrella y la luz del rocío.
Sintiendo voy, junto al río,
latir cautivo, tu corazón.

Correntina mía,
ya la costanera,
con la primavera,
floreciendo va.
Y por las barrancas
tus ojos y el río,
vuelven a crecer,
en el amanecer,
del jacarandal.

La noche, río de estrellas,


deslumbra la lejanía.
Nos vamos, conversando con ella.
Los gallos desentierran el día.
Y tu alma bebe en la mía,
en cada beso la luz del sol.

Correntina mía,
ya la costanera,
con la primavera,
floreciendo va.
Y por las barrancas
tus ojos y el río,
vuelven a crecer,
en el amanecer,
del jacarandal.

EL CIEGUITO

¡ Ah ciego ¡ ¡ Qué era alvertido


aquel ciego de Santiago ! .
Veinte hijos llegó a tener
con las mujeres del pago.

El curita le decía
que no hiciera tanto estrago,
y contestaba el cieguito:
" Padre, ¡ no veu lo que hago ¡".

Los rancheríos de Cholla,


le servían de caidero.
Y empollaba como el tordo,
y en el nido del hornero.

No hay tonto lerdo pa'l fuego,


si se queman las batatas.
Mientras se chupa los dedos,
las apaga con las patas.

Dónde lo agarraba el sueño,


paradito se dormía.
De cuando fue vigilante,
esta costumbre tenía.

En la zafra tucumana,
andaba de guitarrero.
Liebre de amar y empeñoso,
como burro cieneguero.

Dicen que era muy devoto,


de Santo Tomas de Aquino.
Y allí que no hubiera día,
que no le pircara al vino.

No hay tonto lerdo pa'l fuego,


si se queman las batatas.
Mientras se chupa los dedos,
las apaga con las patas.
EL RESENTIMIENTO
Son siglos de injusticia,
violentando la tierra.
Siglos de hambre y silencio,
rumeando la venganza.
El colmillo del odio
que se aguzó en la lanza,
buscando la revancha
del crimen de la guerra,
es la gula del oro,
que avaricioso entierra,
en sórdidos tesoros,
su sol ensangrentado.
El hombre por el hombre,
brutalmente explotado.
El hombre por el hambre,
salvaje envilecido,
lo que hace del hermano de patria,
un resentido,
y de nuestro grandioso país,
un rezagado.

LA CASPI CORRAL

Ausencia quiere el olvido,


nunca te pude olvidar,
llevo en la sangre metido,
el sol de las siestas de Caspi Corral.

Llevo en la sangre metido,


el sol de las siestas de Caspi Corral.

Vuelve a mis valles el río,


vuelve a cantar y correr,
y volverá el amor mío,
pisando el rocío del amanecer.

Y volverá el amor mío,


pisando el rocío del amanecer.
Cuando en mi sangre te sueño,
por los trigales te veo andar,
corno la flor de la leña,
arisca cumbreña de Caspi Corral.

Corno la flor de la leña,


arisca cumbreña de Caspi Corral.

Eres la tierra prendida,


justo en el tiempo de amar,
sube a tus pechos la vida,
dorando racimos de Caspi Corral.

Sube a tus pechos la vida,


dorando racimos de Caspi Corral.

Cuando en la noche llorosa,


veo una estrella caer,
sólo le pido una cosa,
que un día mis ojos te vuelvan a ver.

Sólo le pido una cosa,


que un día mis ojos te vuelvan a ver.

PATO SIRIRI
Pato sirirí, que de noche pasas.
¿Adónde te vas buscando el amor?.
Las estrellas son rumbos de tu raza.
Por eso en el río persigues reflejos
de la Cruz del Sur.

Pato sirirí, debajo la luna,


barco de papel que en el cielo va.
Y en el espinel, pescador de estrellas,
yo busco una de ellas que alumbre mi vida,
pato sirirí.

Si algún día vuelves,


y como el sauce me ves llorando,
es que una estrella vivo esperando
que con el canto se encienda en mí.
También el río, buscando cielo,
siempre se aleja
y aquí en la orilla, solo me deja
tu silbo errante...
pato sirirí.

MI MESTIZA
Carne de greda inocente,
siempre recuerdo tu piel.
Tengo las manos untadas,
con la mansedumbre de tu desnudez.

Tengo las manos untadas,


con la mansedumbre de tu desnudez.

Barro caliente tu boca,


con su gustito de miel.
La soledad de los montes se entrega al besarte,
desnuda también.

La soledad de los montes,


se entrega al besarte desnuda también.

Toda torneada de arcilla,


te doran las lunas rituales y el sol.
Indios y moros forjaron tu piel,
que es imperio del sueño español.

Indios y moros forjaron tu piel,


que es imperio del sueño español.

Cuando madura la luna,


en la flor de la alfalfa,
el viento tiembla en los sauces,
y mi sangre sola te empieza a nombrar.

El viento tiembla en los sauces,


y mi sangre sola te empieza a nombrar.

Deja que llore tu ausencia,


mientras la tarde se va,
porque me acosa la noche,
por los cuatro rumbos de la soledad.
Porque me acosa la noche,
por los cuatro rumbos de la soledad.

Toda torneada de arcilla,


te doran las lunas rituales y el sol.
Indios y moros forjaron tu piel,
que es imperio del sueño español.

Indios y moros forjaron tu piel,


que es imperio del sueño español.

ZAMBA DE LA ANGOSTURA
Deja que me vaya niña
en el monte está la luna
así me voy silbando solito
zambita de la Angostura.

Lejos me llaman los toros


azulencos de bejucos
cuando el verano caliente torito
se desboca en el río turbio.

Yo canto en la Caldera
y en Campo Alegre
donde canta el Chacho Royo su copla
hasta las piedras florecen

Me voy para Nogalito


con mi caballo estrellero
madurada semilla al aire
mi copla vuelve al silencio.

En la noche soy un grito


perdido de huaico en huaico
llora con el rocío al alba
mi corazón desvelado.

ZAMBA CORRENTINA
Corrientes, novia azul del Paraná,
aquí te canto esta zamba,
y siento que tu luz de greda litoral,
rebalsa el corazón del lapachar.

Y siento que tu luz de greda litoral,


rebalsa el corazón del lapachar.

Heroica tierra de agua torrencial.


El nervio de las tacuaras,
levanta tu verdor, tu sueño vegetal,
tendido en los esteros del Iberá.

Levanta tu verdor, tu sueño vegetal,


tendido en los esteros del Iberá.

Con tu sangre patriarcal,


guerreras lanzas florecen.
Por eso la zamba nombra,
tu heroica tierra, Corrientes.

Por eso la zamba nombra,


tu heroica tierra, Corrientes.

Santuario de la Virgen de Itatí,


las arpas tu canto tejen,
con brumas de ilusión, sonoro ñanduti,
leyenda de tu pueblo guaraní.

Sonoro ñanduti,
leyenda de tu pueblo guaraní.

Lavalle te llevó hasta Famailla,


tus lanzas fueron su gloria.
El correntino fue amante y payador,
soldado de la guerra y el amor.

El correntino fue amante y payador,


soldado de la guerra y el amor.

Con tu sangre patriarcal,


guerreras lanzas florecen.
Por eso la zamba nombra,
tu heroica tierra, Corrientes.
Por eso la zamba nombra,
tu heroica tierra, Corrientes.

VAMOS A LA ZAFRA
Vamos mi amor a la zafra,
tenemos que levantar,
todo el dulzor de la tierra,
cuajado en las fibras del cañaveral.

Todo el dulzor de la tierra,


cuajado en las fibras del cañaveral.

De sol a sol en el surco,


trabajaremos los dos,
mientras madura en tu entraña,
el hijo cañero que tengo con vos.

Mientras madura en tu entraña,


el hijo cañero que tengo con vos.

Cuando volego el machete,


tajando las fibras del cañaveral,
es el sudor la simiente,
salando en caliente,
mi sangre y mi pan.

Es el sudor la simiente,
salando en caliente,
mi sangre y mi pan.

Quiero que tengas un chango,


para yapar el jornal,
porque cortando maloja,
se come mis brazos,
el cañaveral.

Porque cortando maloja,


se come mis brazos,
el cañaveral.

Ya no creo en el desquite,
que buscaba en el alcohol.
Vamos mi amor a la zafra,
me queman las ganas,
de hachar sol a sol.

Vamos mi amor a la zafra,


me queman las ganas,
de hachar sol a sol.

Cuando volego el machete,


tajando las fibras del cañaveral,
es el sudor la simiente,
salando en caliente,
mi sangre y mi pan.

Es el sudor la simiente,
salando en caliente,
mi sangre y mi pan.

ZAMBA DE LOS MINEROS

Pasaré por Gualfin,


me voy a Corral Quemao,
a lo de Marcelino Ríos,
para corpacharme con vino morao.

A lo de Marcelino Ríos,
para corpacharme con vino morao.

Yo soy ese cantor,


nacido en el Carnaval,
minero de la noche, traigo,
la estrella de cuarzo del Culampajá.

Minero de la noche, traigo,


la estrella de cuarzo del Culampajá.

La zamba de los mineros,


tiene solo dos caminos:
morir el sueño del oro,
vivir el sueño del vino.

Morir el sueño del oro,


vivir el sueño del vino.
Molino de Maray,
que mueles con tanto afán.
Marcelino, pisando el vino,
paredes, el oro del Culampajá.

Marcelino, pisando el vino,


paredes, el oro del Culampajá.

Yo no sé, yo no soy,
ando y por que ando, y nomás.
Cuando a mí me pille la muerte,
tan solo esta zamba me recordará.

Cuando a mí me pille la muerte,


tan solo esta zamba me recordará.

La zamba de los mineros,


tiene solo dos caminos:
morir el sueño del oro,
vivir el sueño del vino.

Morir el sueño del oro,


vivir el sueño del vino

RIO DE TIGRES
Mírame mi amor a los ojos,
que mi alma sedienta de tu claridad,
viene del fondo del tiempo,
siguiendo una estrella que en ellos está.
Muere anhelando la hondura,
serena y madura, de tu intimidad.

Toda el alma mía, te quiero entregar,


en una mirada profunda y astral,
quemarme en la hoguera de tu corazón,
y de sangre en sangre, fecundar la muerte,
fecundar la muerte, con nuestra canción.

Cuando te miro a los ojos,


me ofrece tu boca, la entrega total.
Siento que un ríu de tigres,
me zimbra en las venas, profundo y sensual.
Sé que tu piel indefensa, igual que la tierra,
tendida se da.

Toda el alma mía, te quiero entregar,


en una mirada profunda y astral,
quemarme en la hoguera de tu corazón,
y de sangre en sangre, fecundar la muerte,
fecundar la muerte, con nuestra canción.

Y de sangre en sangre, fecundar la muerte,


fecundar la muerte, con nuestra canción.

SUDAMERICA
Nadie la para ya.
No pueden detenerla,
ni la calumnia, ni el boicot, ni el odio.
Subyace en la conciencia de los pueblos,
que la tierra jamás fue despojada.
Este es un continente de aventura,
que a los aventureros se los traga.
Les sube despacito por la sombra,
y el ojo codicioso les socava.
Vendrán los desahuciados de la tierra,
buscando sus riquezas legendarias,
hasta que un día, en una misma greda,
se confundan las lenguas y las razas.
América, animal de leche verde,
por la gran Cordillera vertebrada,
hunde el hocico austral bajo del Polo,
y descansa en su fuerza proletaria.
Sube por la luz, lenta y segura,
con el polen del sol en sus entrañas,
y su destino torrencial,
fijado está en el tiempo por la Vía Láctea.
El hambre, la violencia, la injusticia,
la voluntad del pueblo traicionada,
no harán sino, aumentar su rebeldía,
no harán sino, apurar en sus entrañas,
el hijo de la luz, que viene a unirnos,
en una misma espiga esperanzada.
Porque, América del Sur, tierra del futuro,
igual que la mujer, ¡Vence de echada!.
Temor del sábado
El patrón tiene miedo que se machen
con vino los mineros.
El sabe que les entra como un chorro
de gritos en el cuerpo.
Que enroscado en las cuevas de la sangre
les hallará el silencio,
el oscuro silencio de la piedra
que come sombra socavón adentro.
Que volverá, morado,
con bagualas del fondo de los huesos
su voz, golpeando dura como un puño
en el tambor del pecho.
Con pupilas abiertas como tajos
le pedirán aumento,
mientras quiebren, girando entre las manos,
el ala del sombrero,
y los ojos, de polvo y pena tristes,
les caigan como manchas sobre el suelo.
Hay que esconder el vino entre cerrojos,
el vino pendenciero.
Hay que esconder el vino como un crimen,
el vino pedigüeño.
Que ni una gota más caiga en la boca
desierta del minero,
donde el grito se tapa con la coca,
y con alcohol la sed de amor y besos.
Hay que esconder la primavera en sangre
del vino que descubre los secretos.
El patrón ha mandado que lo guarden
y se ha vuelto vinagre en el encierro,
de noche tiene vómitos y duendes
de luna que se bañan en su cuerpo.
Los ojos del patrón lo custodiaban
por arriba del sueño,
los ojos del patrón tienen dos ángeles
desvelados de miedo.
Jaime Dávalos

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