CORPORACION UNIVRSITARIA MINUTO DE DIOS
TEXTO ANALITICO DE PLAN DE GOBIERNO Y POLITICAS
MACROECONOMICAS
KAREN DANIELA DIAZ ARGUELLO
ID: 880289
LIBARDO CALDERON VALDERRAMA
ID: 985855
NEIVA-HUILA
2024
Desafíos y Perspectivas: Análisis de los Planes Económicos de Colombia bajo la
Administración de Gustavo Petro.
En la economía colombiana prevalecen las dinámicas. Un lugar donde las decisiones
tomadas por el gobierno tienen el poder de trazar los contornos de las direcciones
económicas. En este sentido, resulta vital apreciar la importancia de los planes
gubernamentales y de desarrollo para que las políticas macroeconómicas funcionen
eficazmente. Este artículo indaga en una evaluación de los planes económicos de la actual
administración de Gustavo Petro. El área bajo escrutinio incluye sus repercusiones no
sólo sobre la estabilidad fiscal y la población, sino también sobre el sector empresarial y,
eventualmente, sobre la totalidad de la economía.
Haciendo un estudio sobre el papel del gobierno, los planes de desarrollo, diseñan
estrategias inteligentes, buscando aquellas medidas que cortarían de raíz cualquier causa
de desequilibrio fiscal. Bajo el gobierno de Petro, se han presentado ciertas políticas:
políticas que buscan promover la redistribución de la riqueza, aquellas que implicarían
inversiones significativas en infraestructura e incluso otras que inyectarían fuerza al
sector público como una forma de reforzar el motor de la economía.
En cuanto al efecto sobre las personas y la industria empresarial, esto tiene una relación
directa con la población y el sector empresarial; para los primeros, es un intento de
mejorar su calidad de vida a través de programas sociales. Además de políticas inclusivas,
los segundos enfrentan grandes desafíos, particularmente en materia de regulación e
impuestos.
Por otro lado, los efectos de las políticas económicas de Petro se pueden ver en la
economía actual. Surge una marcada tensión entre la lucha por la justicia social y la
garantía de la estabilidad macroeconómica. La promulgación de ciertas políticas (como
reformas tributarias y la toma de control de sectores específicos) ha creado ondas de
discordia, trazando una línea entre opiniones diferentes dentro de la sociedad y en la
esfera empresarial.
Las decisiones que se tomen ahora tendrán un impacto significativo en los entornos
productivos futuros del país. Comprometerse a un modelo económico aún más justo y
sostenible puede abrir caminos para el desarrollo en el largo plazo, aunque viene
acompañado de impedimentos por motivos de competitividad versus atractivo para la
inversión.
En resumen, los planes económicos de Colombia en la era de Gustavo Petro denotan un
giro radical en la búsqueda de un modelo más participativo y equitativo. Pero si funciona
o no depende de hasta qué punto el gobierno pueda compaginar las demandas sociales
con la necesidad de estabilidad macroeconómica y crecimiento sostenible. Debemos
seguir estudiando y evaluando los efectos de estas políticas sobre el tejido económico y
social de Colombia; sólo garantizando un desarrollo justo y próspero que atienda a todos
los colombianos se garantizará verdaderamente el valor de nuestros esfuerzos.
COLOMBIA
1. Rasgos generales de comparación y estadísticos
El impacto económico negativo de las medidas de confinamiento para enfrentar la emergencia
sanitaria generada por la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), sumado a la
fuerte caída de los precios del petróleo, interrumpieron el proceso sostenido de recuperación de la
economía colombiana. Los efectos se expresaron con toda intensidad en el mercado laboral, cuyos
resultados de agosto de 2020 revelaron una disminución de 2,4 millones de ocupados, entre
trabajadores formales e informales, que equivale al 11% de los ocupados, con respecto a agosto de
2019, mientras que la tasa de desempleo se elevó al 16,8%.
En 2019 el PIB creció un 3,3%, impulsado por la demanda interna, dinámica que estuvo
acompañada de un creciente déficit externo y de muy baja creación de empleo. Las ramas con
mayor crecimiento fueron el comercio, la administración pública, las actividades inmobiliarias, las
actividades financieras y las actividades empresariales. La industria, el sector agropecuario y la
minería tuvieron un comportamiento modesto, mientras que la construcción disminuyó su
actividad.
El PIB del segundo trimestre de 2020 decreció un 15,7% en términos anuales, contracción que
refleja el impacto de las medidas de contención de la pandemia expresado en el desplome de la
producción y la demanda agregada. El desempeño de las distintas ramas se vio en mayor o menor
medida afectado, según la posibilidad de realizar actividades remotas o la capacidad de usar la
tecnología para adaptarse. Los sectores con mayor contracción fueron el comercio, la industria y la
construcción, con caídas de entre un 25% y un 35%. Solamente las actividades inmobiliarias y
financieras crecieron de forma modesta.
La inflación en 2019 (3,8%) permaneció dentro del rango meta de política (2% al 4%), aunque se
incrementó como resultado de eventos que afectaron de forma transitoria la oferta y de la mayor
depreciación del peso. En 2020 se registra una desaceleración de la inflación, que alcanza en el
mes de agosto una variación de 1,88% anual.
En 2019 continuó el proceso de ajuste de las finanzas públicas y el déficit fiscal se redujo y cumplió
las metas de la regla fiscal. Durante 2020, la reducción de los recaudos tributarios y el mayor gasto
fiscal para enfrentar el COVID-19 y para apoyar la reactivación económica motivó al Gobierno a
suspender la aplicación de la regla fiscal en 2020 y 2021, decisión unánime de su Comité
Consultivo.
En 2019 las autoridades monetarias mantuvieron una moderada expansión para facilitar la
consolidación de la recuperación. A partir de la última semana de marzo de 2020 se inició una
etapa de impulso de la política monetaria a través de reducciones de la tasa de interés,
modificaciones a los encajes y operaciones de expansión con la emisión de títulos en pesos y en
dólares, entre otras medidas, con el propósito de garantizar la liquidez, apoyar el flujo de crédito a
las empresas y los hogares y dar alivios a los deudores.
El déficit externo aumentó en 2019 y alcanzó el 4,3% del PIB debido, principalmente, al
desequilibrio comercial que produjo la caída de las exportaciones, afectadas por las bajas
cotizaciones internacionales de los hidrocarburos y por el aumento de las importaciones,
impulsadas por la dinámica demanda interna. El crecimiento de los ingresos por concepto de
turismo en la balanza de servicios y el de las remesas mitigaron los resultados negativos de la
cuenta corriente. El aumento de los flujos de IED financió holgadamente el déficit de la cuenta
corriente.
Se estima que en 2020 la caída del PIB llegaría a alrededor del -5,6%. Transcurridos más de 100
días de confinamiento obligatorio, la construcción, algunas ramas de la industria y, en menor
medida, el comercio ha reiniciado sus labores bajo estrictos protocolos de bioseguridad en los
lugares de trabajo y de distanciamiento en el uso del transporte público. En el segundo semestre
se empiezan a observar señales de recuperación, especialmente en los resultados del mercado
laboral del mes de agosto, el consumo industrial de energía eléctrica, el consumo de gasolina y el
gasto de los hogares.
Una de las relaciones más importantes en toda la macro-economía es la función consumo. La
función consumo muestra la relación entre el nivel de gastos de consumo y el nivel de ingreso
personal disponible. Este concepto, introducido por Keynes, se basa en la hipótesis de que hay una
relación empírica estable entre el consumo y el ingreso
El “punto de nivelación” Para entender la figura, convie
ne observar la recta de 45° dibujada en dirección noreste desde el origen. Como los ejes vertical y
horizontal tienen exactamente la misma escala, la línea de 45° tiene una propiedad muy especial.
En cualquier punto a lo largo de la línea, la distancia desde el eje horizontal (consumo) es
exactamente igual a la distancia desde el eje vertical (ingreso disponible). Usted puede verificar
este hecho de manera visual o con una regla.
2. La política económica
a) La política fiscal
En 2019 se ratificó el compromiso de la política fiscal de continuar el proceso gradual de ajuste del
déficit del gobierno central, que pasó del 3,1% del PIB al cierre de 2018 al 2,5% en 2019. El sector
descentralizado presentó un balance equilibrado como resultado de la compensación entre el
déficit de los gobiernos regionales y locales (-0,4% del PIB), impulsado por el mayor ritmo de gasto
para cumplir las metas del plan en el último año de gobierno de las administraciones
subnacionales, y el superávit de igual magnitud de la seguridad social (0,4%). En suma, el sector
público consolidado mejoró su resultado al reducir su déficit del 2,9% del PIB en 2018 al 2,4% del
PIB en 2019.
En 2019 los ingresos totales del gobierno central alcanzaron el 16,2% del PIB, un aumento de 0,9
puntos porcentuales. Los ingresos de capital por la participación de la nación en las utilidades de
Ecopetrol explican en gran medida el incremento de los ingresos. En menor medida, el aumento de
los ingresos tributarios provino del incremento de la recaudación por la normalización tributaria de
capitales en el exterior, medida que entró en vigor en 2019 por la ley 1943 de 2018 (Ley de
financiamiento), cuyos vicios de constitucionalidad fueron corregidos por la ley 2010 de 2019 (Ley
de crecimiento económico). Por su parte, los gastos totales del gobierno central se incrementaron
0,2 puntos porcentuales hasta alcanzar el 18,6% del PIB, impulsados por el incremento de los
gastos de inversión (0,2 puntos porcentuales), y del pago de intereses (0,1 puntos porcentuales),
mientras que el gasto de funcionamiento se redujo (0,2 puntos porcentuales), como resultado del
congelamiento de algunos gastos condicionados a los recursos adicionales que produciría la Ley de
financiamiento.
Antes de que terminara el primer trimestre de 2020, la emergencia sanitaria, las medidas de
confinamiento obligatorio y su efecto sobre la actividad económica, junto con el costo de las
medidas de apoyo fiscal para mitigar sus consecuencias sobre hogares y empresas, modificaron el
plan financiero del Gobierno en materia de ingresos, gastos y endeudamiento.
El Comité Consultivo de la Regla Fiscal, por solicitud del Gobierno, optó por la suspensión de la
regla fiscal en 2020 y 2021, ante la magnitud del déficit del gobierno central estimado en un 8,2%
para 2020, lo que superaba el déficit permitido del 6,1%. La reducción prevista de la recaudación
tributaria por la parálisis de la actividad económica y los alivios y plazos de pago otorgados, así
como por el costo de las medidas para atender la emergencia y apoyar el restablecimiento de la
actividad económica, fundamentaron esta decisión.
La recaudación tributaria estimada originalmente en un 14,3% del PIB, caería ahora cerca de 2
puntos del PIB en 2020. Por otra parte, el costo fiscal del paquete de medidas para enfrentar la
pandemia y sus consecuencias económicas alcanza el 2,7% del PIB en julio de 2020. Estos recursos
han estado orientados, en primer lugar, a fortalecer los servicios de salud, a aumentar las
transferencias existentes a poblaciones vulnerables, a crear nuevas transferencias para la
población que deriva sus ingresos de actividades informales, no beneficiaria de las transferencias
existentes, y también a facilitar las condiciones financieras de las empresas para mantener el
empleo, inicialmente mediante amplias garantías crediticias y posteriormente mediante la
financiación directa de 1,6 salarios mínimos por cada trabajador en nómina, distribuido en cuatro
cuotas durante los meses de mayo a agosto, de las empresas con una reducción sus ventas
superior al 20%.
Para financiar este conjunto de medidas se creó el Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME),
con recursos prestados del Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP) (1,2% del PIB) y del
Fondo Nacional de Pensiones de las Entidades Territoriales (FONPET) (0,27% del PIB). Asimismo, se
adicionaron los recursos de los Bonos de Solidaridad, inversión forzosa de los establecimientos de
crédito (1,0% del PIB). La contribución obligatoria durante cuatro meses de los empleados públicos
del gobierno nacional con altos salarios, que representaba el 0,03% del PIB, fue declarada
inconstitucional y lo descontado se considerará pago adelantado de impuestos. Contando otras
adiciones menores, el FOME alcanza un acumulado equivalente al 2,7% del PIB. Por otra parte,
para las garantías de crédito se destinaron recursos equivalentes a un 0,4% del PIB, que permiten
otorgar garantías para créditos hasta un valor total del 4,8% del PIB.
La deuda pública neta del gobierno central —que está compuesta en 33,2 puntos porcentuales por
deuda interna y 15,3 puntos porcentuales por deuda externa— aumentó del 46,8% del PIB en el
último trimestre de 2018 al 48,5% en el mismo período de 2019. El cumplimiento estricto de la
regla fiscal desde 2011 y el pago oportuno de la deuda coloca al país en buenas condiciones de
acceso a la financiación internacional, tanto en cantidad como en oportunidad y costo. El Gobierno
estima que en 2020 su endeudamiento se incrementará cerca de 15 puntos porcentuales del PIB.
En cuanto al financiamiento multilateral, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó la
renovación y el acceso a la línea de crédito flexible por 10.800 millones de dólares (otorgada tras la
crisis de 2009 por buen desempeño y manejo macroeconómico) y en el mes de septiembre amplió
su monto a 17.300 millones de dólares. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) otorgó un
crédito con rápido desembolso por 1.100 millones de dólares, con destino a los servicios de salud y
la atención a la población vulnerable, y el Banco Mundial otorgó un crédito por 250 millones de
dólares. El 1 de junio, Colombia realizó una emisión de bonos en los mercados internacionales por
2.500 millones de dólares: 1.500 millones a 31 años y 1.000 millones a 11 años, destacados por las
favorables tasas de interés que lograron (4,202% y 3,125%, respectivamente).
Las calificadoras de riesgo han desmejorado en 2020 la percepción de la calidad crediticia del país,
debido principalmente al costo para las finanzas públicas de las medidas para mitigar la pandemia.
En marzo, Standard & Poor's mantuvo su calificación en BBB, cambiando la perspectiva de estable
a negativa; en abril, Fitch Rating redujo su calificación de BBB a BBB-. Las calificadoras resaltan la
solidez del manejo macroeconómico del país y consideran que se necesitarán medidas adicionales
de ajuste para enfrentar la caída en los ingresos, las necesidades adicionales de gasto por el
COVID-19 y el persistente déficit comercial.
b) La política monetaria
La política monetaria mantuvo en 2019 una expansión moderada para posibilitar el fortalecimiento
sostenido de la recuperación económica. La tasa de interés de intervención se mantuvo en un
4,75% entre marzo de 2018 y febrero de 2020. A partir de marzo de 2020 las autoridades
monetarias iniciaron una etapa de marcada expansión para dotar a la economía de abundante
liquidez y garantizar el funcionamiento del sistema de pagos y el mercado de crédito mediante el
uso de diferentes instrumentos de intervención.
La junta directiva del Banco de la República redujo la tasa de interés de intervención en siete
ocasiones sucesivas entre marzo y septiembre, acumulando una reducción de 300 puntos básicos
hasta situarla en un 1,75%. Además, se redujo el encaje de las cuentas corrientes (del 11% al 8%) y
de los depósitos a plazo (del 4,5% al 3,5%) y se determinó la inversión forzosa de estos recursos en
bonos de solidaridad para nutrir al FOME. También se realizaron operaciones de expansión con
títulos en pesos y en dólares, y se autorizó el acceso de otros agentes económicos a las
operaciones de expansión monetaria, se ampliaron plazos y de admitieron otros colaterales. El
Banco estima que estas medidas en su conjunto expandieron la liquidez en un equivalente al 3,7%
del PIB.
En 2019 la cartera en moneda nacional creció un 4,2% en términos reales. Los créditos de
consumo son los que más aumentaron (12,4%), seguidos por los créditos de vivienda (6,2%). El
crecimiento anual de la cartera a junio de 2020 fue del 10,0%; los créditos de consumo (12,1%) y
de vivienda (8,2%) mantuvieron su dinamismo, y los comerciales aumentaron un 9,6%, muy por
encima de su crecimiento promedio en 2019 (1,2%).
La cartera vencida se redujo un 1,9% en 2019 como resultado del incremento de los créditos de la
cartera vencida de vivienda (8,9%), compensado con creces por el decrecimiento de la cartera
vencida de crédito comercial (-5,6%) y del microcrédito (-4,4%). En el primer semestre de 2020 la
cartera riesgosa se redujo un 5,7%, promedio que refleja el descenso de la cartera riesgosa de
consumo (-27,5%) y microcrédito (-13,3%) y un aumento de la cartera riesgosa de vivienda
(34,9%).
c) La política cambiaria
Como otras monedas en América Latina, el peso colombiano se depreció un 11% en promedio
frente al dólar en 2019 debido al fortalecimiento internacional de esta moneda como resultado de
la incertidumbre política internacional, además de las tensiones comerciales con China y del
amplio déficit externo de Colombia. En los últimos meses de 2019, como en otros países de la
región, la depreciación del peso tuvo que ver con la inestabilidad que generaron las protestas
sociales.
En 2020, la fuerte caída de los precios del petróleo explica la mayor depreciación del peso. Entre
junio de 2019 y junio de 2020 la tasa de cambio pasó de un promedio mensual de 3.256 a
3.693pesos por dólar, lo que equivale a una depreciación nominal del 13,4% que, corregida por el
efecto neto de los precios del país frente al de sus socios comerciales, significa una depreciación
real del 10,7%.
Con el propósito de brindar al mercado instrumentos de cobertura del riesgo cambiario y proveer
liquidez en dólares, el Banco de la República anunció en marzo la venta de dólares a futuro
mediante contratos a futuro (forward) con cumplimiento financiero por 1.000 millones de dólares.
En el mismo sentido, también en marzo la junta directiva del Banco de la República vendió 400
millones de dólares mediante contratos de canje (swaps).
3. La evolución de las principales variables
a) El sector externo
El déficit de la cuenta corriente aumentó del -3,9% al -4,3% del PIB entre 2018 y 2019. El deterioro
superior a 3.000 millones de dólares de la balanza comercial es el resultado del dinamismo de la
demanda interna que impulsó el aumento de las importaciones, de los menores precios de
exportación y de la debilidad de las economías de los países con los que comercia Colombia. El
valor en dólares de las exportaciones de bienes decreció un 4,6% en 2019. Se registraron menores
valores en la exportación de carbón, petróleo y productos industriales. El valor en dólares de las
importaciones creció un 2,5% por el aumento de compras externas de combustibles, equipo de
transporte y bienes de consumo. Por el contrario, se registraron menores valores importados en
insumos y bienes de capital.
En 2019 los principales destinos de las exportaciones de bienes y servicios fueron los Estados
Unidos (29,2%), China (11,6%) y Panamá (6%); China fue el destino que más creció, a una tasa del
9,4% anual, mientras que Panamá decreció un 19,8%
Varios factores mitigaron el resultado deficitario de la cuenta de bienes en 2019. Por una parte, el
dinamismo de las exportaciones de servicios empresariales, en particular de los centros de
llamadas (call centers), así como la venta de servicios de viaje y transporte por el auge del turismo,
redujeron el déficit de la balanza de servicios. Por otra parte, la disminución de las utilidades de las
empresas extranjeras que operan en las actividades de hidrocarburos produjo una menor remisión
de utilidades y, con ello, un menor déficit de la renta de factores. Finalmente, el aumento de las
remesas de trabajadores colombianos en el exterior contribuyó al incremento de las transferencias
corrientes.
El aumento del déficit corriente se financió, en mayor medida, por el incremento de los flujos de
inversión extranjera directa (IED), y, en menor medida, por el endeudamiento de largo plazo y de
cartera. La IED llegó a 14.493 millones de dólares en 2019, cerca del 4,5% del PIB, y registró un
incremento superior al 25% con respecto al año anterior. Estos flujos de inversión se dirigieron a
los rubros de: minería y petróleo (31,9%), servicios financieros y empresariales (20,6%), comercio y
hoteles (14,7%), la industria manufacturera (10,7%), transporte y comunicaciones (8,6%),
electricidad (2,1%) y el resto de sectores (11,4%).
La estrategia de acumular reservas internacionales puesta en marcha hace varios años por el
Banco de la República ha mostrado su ventaja en el nuevo contexto de crisis económica mundial.
Al finalizar 2019 las reservas internacionales alcanzaron los 53.167 millones de dólares, luego de
acumular 4.774 millones ese año.
En los primeros meses de 2020 las exportaciones y las importaciones registraron un fuerte
descenso. En julio se registró una caída del 21,7% de las ventas externas con respecto a julio de
2019. Las exportaciones de combustibles y productos de industrias extractivas se redujeron (-
44,8%), las manufacturas (-21,4%), en tanto las ventas al exterior de productos agropecuarios,
alimentos y bebidas, en particular café, aumentaron (16,5%). Las compras en el exterior de
combustibles y de productos de industrias extractivas, de manufacturas y de productos
agropecuarios también decrecieron (-58,9%, 17,3%, -7,0% respectivamente). En total, las
importaciones disminuyeron en julio de 2020 (-20,1%) con respecto a igual mes del año anterior.
b) El crecimiento económico
La economía colombiana creció un 3,3% en 2019 y reveló un proceso sostenido de recuperación
luego de aumentar un 1,8% en 2017 y un 2,5% en 2018. La demanda interna lideró esta dinámica
con el incremento del consumo de los hogares (4,5%), del consumo del gobierno (4,3%) y de la
inversión en maquinaria y equipo (4,3%). Estos resultados contrastan con el débil crecimiento de
las exportaciones (2,6%) y el aumento de las importaciones (8,1%).
Las ramas de actividad con mayor crecimiento en 2019 fueron las actividades financieras (5,7%), la
administración pública (4,9%), el comercio (4,8%) y las actividades profesionales (3,7%), que
contribuyeron 2,1 puntos porcentuales al crecimiento total de la economía. El crecimiento aún
modesto de la industria fue impulsado por los subsectores de productos de madera (3,1%) y de
alimentos (2,9%); el mejor desempeño del café (10,5%) se destacó en el sector agropecuario y el
crecimiento de la extracción de petróleo (2,4%) permitió revertir la tendencia decreciente del
sector extractivo. La rama de la construcción fue la única que experimentó un decrecimiento en
2019, principalmente por el magro desempeño de la construcción residencial originado en un
exceso de inventarios de vivienda para hogares de ingresos medios y altos.
El crecimiento del PIB en el primer trimestre de 2020 alcanzó el 1,1% y reflejó los primeros
impactos económicos del COVID-19 y del aislamiento preventivo obligatorio iniciado el 20 de
marzo. En el segundo trimestre de 2020 el PIB se contrajo un 15,7% con respecto a igual período
del año anterior y reveló el desplome de la actividad económica como resultado de la prolongación
del confinamiento de las personas en sus hogares y la dificultad o imposibilidad de algunos
sectores de operar de manera remota. Los decrecimientos del comercio (-34,3%), la construcción
(-31,7%) y la industria (-25,4%), que representan cerca del 50% del PIB, explican la profundidad de
la contracción. También decrecieron las actividades artísticas y de recreación (-37,1%), la minería (-
21,5%), las actividades profesionales, científicas y técnicas (-10,2%), aunque con menor impacto en
el resultado global por su menor participación en el PIB. Dos sectores presentaron crecimientos
modestos, las actividades inmobiliarias (2,0%) y las financieras y de seguros (1,0%). Respecto de la
demanda, los resultados del segundo trimestre de 2020 mostraron una caída anual de la demanda
interna (-16,9%) como resultado de la contracción del consumo (-12,5%) y de la formación bruta
de capital (-32,2%). El consumo de los hogares presentó una contracción (-15,9%) mientras el
consumo final del gobierno mantuvo el crecimiento (2,9%) del año anterior. Los diferentes
componentes de la inversión fija, vivienda, maquinaria y equipo y obras civiles presentaron
marcados descensos.
c) La inflación, las remuneraciones y el empleo
Al cierre de 2019 el índice de precios al consumidor aumentó un 3,8%, en un rango de entre el 2%
y el 4% establecido por las autoridades, a pesar de las presiones inflacionarias que se presentaron
en el curso del año. El efecto en los precios de variaciones cíclicas de la oferta agropecuaria y el
impacto de un clima poco favorable impulsaron los precios de los alimentos, que solo se diluyeron
en los últimos meses y registraron un aumento anual del 5,8 % al finalizar el año; los sectores de
bebidas alcohólicas y tabaco (5,5%) y educación (5,7%) registraron también aumentos por encima
del promedio.
El impacto del confinamiento en la actividad de muchos sectores se reflejó en los precios. En junio
de 2020 el índice de precios al consumidor registró una variación negativa (-0,38%). La variación de
precios de los alimentos se desaceleró a partir de marzo (2,2%), y luego en abril (2,0%), en mayo
(0,04%) y en junio (-0,1%), como resultado de las medidas adoptadas para aliviar los efectos del
confinamiento. El grupo de prendas de vestir registró en junio la mayor variación negativa en los
precios (-2,1%) debido al choque de demanda que causó el COVID-19. También disminuyeron los
precios de los muebles y artículos para el hogar (-0,58%), el alojamiento y los servicios públicos (-
0,53%) y el transporte (-0,53%). A finales de agosto la inflación anual total se situó en un 1,88%,
por debajo de la meta del 3,0%.
En 2019 el desempleo continuó el empeoramiento paulatino que comenzó en 2016; se observó
una caída en las cifras de ocupados de zonas rurales y cambios productivos más estructurales con
un sesgo hacia tecnologías menos intensivas en trabajo directo. Entre el último trimestre móvil de
2018 e igual período de 2019 la participación laboral pasó del 64,4% al 63,8%, la ocupación se
redujo del 58,5% al 57,7%, y el desempleo aumentó del 9,2% al 9,5%. Las ramas que más
incrementaron la ocupación fueron: electricidad, gas y agua (10,9%) y turismo (6,9%). La
proporción de trabajadores por cuenta propia se redujo entre 2018 y 2019 del 43,6% al 42,3%.
La situación del mercado laboral en mayo de 2020 fue calificada como catastrófica cuando la tasa
de desempleo alcanzó el 21,4%. Las consecuencias de las medidas de aislamiento provocaron en
el mercado laboral la destrucción de 4,9 millones de puestos de trabajo, la disminución de una
cuarta parte de los ocupados en zonas urbanas; de ellos, el 38% migraron hacia la desocupación y
el 62% hacia la inactividad.
A partir de marzo el Gobierno tomó medidas para proteger el empleo: prohibió el despido de
trabajadores en entidades públicas y en las privadas inicialmente lo supeditó a la revisión del
Ministerio de Trabajo, y suspendió durante tres meses la obligación de cotizar al sistema de
pensiones. En mayo creó el Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF), que paga a todas las
empresas el 40% de un salario mínimo (350.000 pesos) durante cuatro meses. Se estima que esta
medida beneficiará a 6,5 millones de trabajadores y tendría un costo de 0,9% del PIB. De forma
complementaria el gobierno reconocerá a cada empresa el equivalente al 25% del salario mínimo
para el pago de la prima semestral en junio y diciembre de 2020 por cada empleado formal.
En agosto los resultados del mercado laboral muestran una tendencia favorable. El desempleo
alcanza un 16,8%, cifra que es 6 puntos porcentuales mayor que la del mismo mes de 2019, pero
inferior a las registradas entre abril y junio de 2020.