LA MEJOR VOZ
Una cigarra cantaba alegremente, cuando un sapo la interrumpió: “Yo canto mucho
mejor”. La cigarra, en vez de ignorarlo y seguir cantando en otro lado, le respondió: “No,
no es verdad, yo canto mucho más lindo”. El sapo insistió: “A los animales les gusta más
mi canto”. A lo que la cigarra contestó: “¿Cómo puedes saber eso?”. “Me lo han dicho”,
contestó el sapo. Así estuvieron un buen rato discutiendo hasta que a la cigarra se le
ocurrió la idea de elegir un juez que determinara quién era mejor cantor.
Se encontraron con una garza que, apacible, descansaba sobre una sola de sus patas.
“Señora garza, ¿podría escucharnos y decidir quién de los dos canta mejor?”, le
preguntó el sapo al ave. La garza los observó indiferentes, pero aceptó ser juez.
La cigarra comenzó a cantar, pero la garza la interrumpió: “Querida, no te escucho
desde donde estás, ¿podrías acercarte un poco más?” La cigarra dudo en acercarse,
pues sabía que no era seguro, pero el sapo dijo: “Lo que pasa es que te da miedo
perder”. El sapo se acercó a la garza y comenzó a cantar. Como la cigarra era muy
orgullosa, para no perder la competencia se acercó al ave.
Mientras el sapo cantaba absorto, la garza se
engulló a la cigarra. Y como la mesa estaba
servida, se comió también al sapo. La garza
se posó sobre su otra pata y siguió
disfrutando la tarde.
AHORA RESPONDE
1. ¿Sabes lo que es una fábula? 6. ¿Cuáles eran las intenciones de la
garza?
2. Este pequeño cuento es una fábula 7. ¿A que se refiere el texto cuando
porque cuenta una historia con dice “la mesa estaba servida”?
animales y contiene una moraleja, es
decir, un consejo. ¿Conoces otra?
¿Cuál?
3. ¿Cuál crees que sea la moraleja 8. ¿Por qué la cigarra dudó en
de esta historia? acercarse?
4. ¿Quiénes son los protagonistas de 9. ¿Cuál de estos adjetivos definen
esta fábula y por qué discutían? mejor a la cigarra y al sapo?
a) alegres y cantadores
b) inteligentes y rápidos
c) confiados y engreídos
5. ¿A quién recurrieron para que 10. ¿Alguna vez te ha pasado que, por
actuara como juez? sentirte orgulloso, te descuidas de
algo?
LOS DUENDES Y EL
ZAPATERO
Hace mucho, pero mucho tiempo, vivía en un país lejano un humilde zapatero, que por
cuestiones del destno llegó a ser muy pobre. Tan pobre era que llegó un día en que sólo
pudo reunir el dinero suficiente para comprar el cuero necesario para hacer un par de
zapatos. -
-No sé qué va a ser de nosotros - le decía a su mujer-, si no encuentro un buen
comprador o cambia nuestra suerte no podré seguir trabajando y tampoco tendremos
dinero para comer.
Cortó y preparó el cuero que había comprado con la intención de terminar su trabajo al
día siguiente.
Después de una noche tranquila llegó el día, y el zapatero se dispuso a comenzar su
trabajo cuando derepente descubrió sobre la mesa de trabajo dos preciosos zapatos
terminados. Estaban cosidos con tanto esmero y con puntadas tan perfectas, que el
pobre hombre no podía dar crédito a sus ojos.
Tan bonitos eran, que apenas entró un cliente, al verlos, pagó más de su precio real por
comprarlos. El zapatero no podía creerlo y fue a contárselo rápido a su mujer:
- Con este dinero, podremos comprar el cuero suficiente para hacer dos nuevos pares
de zapatos.
Como el día anterior, cortó los moldes y los dejó preparados para terminar el trabajo al
día siguiente.
De nuevo se repitió el milagro y por la mañana había cuatro zapatos, cosidos y
terminados, sobre su banco de trabajo. Por suerte, esta vez entraron varios clientes a la
zapaería y estuvieron dispuestos a pagar buenas sumas de dinero por un trabajo tan
excelente y unos zapatos tan bonitos.
La historia se repitió otra noche y otra más y siempre ocurría lo mismo.
Pasó el tiempo, la calidad de los zapatos del zapatero se hizo famosa, y nunca le
faltaban clientes en su tienda, ni monedas en su caja, ni comida en su mesa y comenzó
a tener un buen pasar.
Ya se acercaba la Navidad, cuando comentó a su mujer:
- ¿Qué te parece si nos escondemos esta noche para averiguar quién nos está ayudando
de esta manera?
A ella le pareció buena la idea y esperaron escondidos detrás de un mueble para
descubrir quien les ayudaba de esta manera.
Daban doce campanadas en el reloj cuando dos pequeños duendes aparecieron de la
nada y, trepando por las patas de la mesa, alcanzaron su superficie y se pusieron a
coser. La aguja corría y el hilo volaba y en un santiamén terminaron todo el trabajo que
el hombre había dejado preparado. De un salto desaparecieron y dejaron al zapatero y
a su mujer estupefactos.
- ¿Te has fijado en que estos pequeños hombrecillos que vinieron no tenían ropa?
Podríamos confeccionarles pequeñas ropitas para que no tengan frío. - Le dijo al
zapatero su mujer. El coincidió con su esposa, dejaron colocadas las prendas sobre la
mesa en lugar de los patrones de cuero, y por la noche se quedaron tras el mueble para
ver cómo reaccionarían los duendes.
Dieron las doce campanadas y aparecieron los duendecillos. Al saltar sobre la mesa
parecieron asombrados al ver los trajes y cuando comprobaron que eran de su talla, se
vistieron y cantaron: - ¿No somos ya dos chicos bonitos y elegantes? ¿Porqué seguir de
zapateros como antes? Y tal como habían venido, se fueron. Saltando y dando brincos,
desaparecieron.
El zapatero y su mujer se sintieron muy contentos al ver a los duendes felices. Y a pesar
de que como habían anunciado, no volvieron nunca más, no los olvidaron, porque
gracias a ellos habían podido estar mejor y ser muy felices.
AHORA RESPONDE
1. ¿Cómo era la situación de los zapateros?
2. ¿Cómo eran los duendes?
3. ¿Quién ayudó a los zapateros?
4. ¿Por qué la esposa del zapatero les hizo ropa a los duendes?
5. ¿Cómo iba la canción de los duendes?
6. ¿De qué manera beneficiaron los duendes a los zapateros?
7. Imagínate que cuando más lo necesitas, unos misteriosos
duendes aparecen y…. (continúa tú la historia)