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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SINALOA

LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA
MODALIDAD ESCOLARIZADA
Plan 2014

PROGRAMA DE ESTUDIOS

CLÍNICA DE LA ADULTEZ Y LA VEJEZ


Revisión 2022:

Elsa Guadalupe Reyes Moreno

Culiacán de Rosales, Sinaloa, Enero de 2022


UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SINALOA
SECRETARÍA ACADÉMICA UNIVERSITARIA
Coordinación General de Evaluación, Innovación y Calidad Educativa
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA

PROGRAMA DE ESTUDIOS
1. DATOS DE IDENTIFICACIÓN
UNIDAD DE
APRENDIZAJE O CLÍNICA DE LA ADULTEZ Y LA VEJEZ
MÓDULO
Clave: 4876
Teóricas: 50 Prácticas: 30 Estudio Independiente: 32
Horas y créditos: Total de horas: 112 Créditos: 7
Competencia (s) AC3. Promueve la prevención y tratamiento de procesos de salud-enfermedad para
del perfil de el mejoramiento, estabilidad y resolución de los problemas psicológicos a nivel
egreso a las que individual, grupal y colectivo utilizando distintos enfoques psicoterapéuticos que le
aporta. permitan un tratamiento adecuado a la problemática presente.
3.4. Apoya su diagnóstico e intervención en la opinión de otros profesionales
de la salud, para la elaboración de conclusiones científicas, obteniendo
información adicional necesaria que permita la implementación de un
tratamiento integral
Ubicación OCTAVO SEMESTRE – OPTATIVA – FASE DE ACENTUACIÓN CLÍNICA
Unidades de  Psicopatología, psicología y psicoterapia del adolescente
aprendizaje  construcción del sujeto psicológico y personalidad
relacionadas  clínica de lo infantil
 psicoterapia de pareja
 familiar y grupal.
Responsables de Elaboración 2011:
elaborar y/o Dr. Carlos Varela Nájera
actualizar el Dra. Verónica Hernández Jacobo
programa: MC. Oralia Salazar Terrazas
Actualización 2019:
Dr. Carlos Varela Nájera
Dra. Verónica Hernández Jacobo
Revisión 2022:
Lic. Elsa Guadalupe Reyes Moreno
Fecha de: Elaboración: Febrero 2011 Revisión: Enero 2022
2. PROPÓSITO
Al finalizar el curso el estudiante será capaz de argumentar los fundamentos teóricos y técnicos para la realización
de la experiencia clínica, la promoción de la dirección del tratamiento y estabilización de paciente.
3. COMPONENTES DE LA COMPETENCIA
Teóricos:  Identifica campos de intervención en la clínica de la adultez y la vejez
 Analiza conceptos y aportes teóricos de esos campos
 Reconoce tipologías y categorías propias del campo
 Examina los criterios y normas para elaborar, diseñar y evaluar proyectos de
intervención clínica de la adultez y la vejez
Prácticos:  Reflexiona críticamente los problemas de la clínica de la adultez y la vejez
 Registra observación para identificar problemáticas de la clínica de la adultez y
la vejez
 Da tratamiento a la problemática presentada en pacientes en etapa de adultez
y vejez.
Actitudinales:  Muestra apertura en la comprensión de límites y alcances del campo de la
clínica de la adultez y la vejez
 Mantiene un comportamiento ético y profesional en los distintos ámbitos de su
rol profesional
 Transmitir conceptos de la clínica de la adultez y la vejez.
 Promover la ética de la práctica clínica.
4. CONTENIDOS
I. El tratamiento clínico
1.1. Entrevistas preliminares
1.2. El síntoma
1.3. Diagnóstico diferencial
1.4. La asociación libre
1.5. La interpretación
1.6. El dispositivo clínico

II. Estructuras clínicas


2.1. Neurosis,
2.2. Histeria,
2.3. Fobia,
2.4. Obsesión
2.5. Perversión
2.6. Psicosis
2.7. Revisión de casos clínicos de Freud y Lacan

III. Angustia y patologías actuales


3.1. Lo real
3.2. Pasaje al acto
3.3. Angustia y lazo social
3.4. Discurso capitalista y universitario
3.5. Duelo, depresión, crisis vitales.
3.6. Desinserción, ansiedad, pánico, TOC, toxicomanía, anorexia, bulimia, obesidad.

IV. Clínica de la vejez


4.1. Introducción a la clínica de la vejez
4.2. Paradigmas en la clínica de la vejez
4.3. Sujeto y edad
4.4. Depresión, duelos y proyectos
4.5. Clínica para pensar lo vincular
5. ACCIONES ESTRATÉGICAS PARA DESARROLLAR LAS COMPETENCIAS
Acciones del docente:
 Diagnostica conocimientos previos
 Organiza equipos de trabajo colaborativo
 Domina el área de competencia de la clínica
 Tiene experiencia clínica con pacientes
 Presenta viñetas clínicas para analizarlas en clase
 Asesora y coordina prácticas clínicas
Acciones del estudiante:
 Presenta evidencia de lectura mediante mapas conceptuales, resúmenes, cuestionario o lo que le
sea más significativo para su aprendizaje.
 Participa con intervenciones de calidad basadas en lectura previa
 Presenta informes y ejemplos de trabajos de intervención clínica
 Visita nuevos escenarios de trabajo/intervención en los ámbitos de la cínica
6. EVALUACIÓN DE LAS COMPETENCIAS
6.1. Evidencias de aprendizaje 6.2. Criterios de desempeño 6.3. Calificación y acreditación
Observación de casos clínicos Manifiesta manejo conceptual y Los criterios para la
Reportes de lectura de los teórico en el campo de la clínica. acreditación del curso son los
contenidos de la unidad de Identifica problemas de intervención siguientes:
aprendizaje en el ámbito correspondiente 1. Presentar evidencia de
Discusión grupal donde se Manejo adecuado de las reglas de lectura mediante
expongan las ideas en torno al redacción académica y ortografía en resumen, mapa
material leído. sus informes clínicos. conceptual o
cuestionario. (20 %)
Realizar práctica clínica en alguna
2. 10% de asistencia al
institución (DIF, CEPAVI,
curso.
CENTROS DE READAPTACIÓN 3. Participación de calidad
SOCIAL, HOSPITALES, CASA en clase mediante
HOGAR DE ADULTOS MAYORES, elementos teóricos de la
ETC) lectura previa. (30%)
4. Dos informes clínicos (un
adulto y una persona de la
tercera edad) (40%)
Medios de registro: Portafolio, Lista de cotejo.
7. FUENTES DE INFORMACIÓN
Bibliografía Unidad I
Freud, S. (2004). Obras Completas (Cap. Iniciación de tratamiento, pp. 121-144)
Lacan, J. (2002). Escritos I. (Cap. Intervención sobre la transferencia, pp. 209-220) Buenos Aires: Siglo
XXI Editores
Luchelli, J. (2008) El DSM y los trastornos de la personalidad. Recuperado de
http://virtualia.eol.org.ar/017/default.asp?miscelaneas/lucchelli.html
Freud, S. (2004). Obras Completas (Cap. Construcciones en psicoanálisis, pp. 255-270)
Miller, J-A (2011) Leer el síntoma Recuperado de http://ampblog2006.blogspot.com/2011/07/leer-un-
sintoma-por-jacques-alain.html
Soler, C. (1995) El decir del analista. (Cap. El decir del analista pp.13-48) Buenos Aires: Eolia-Paidós

Bibliografía para la Unidad II


Assoun, P.-L. (2002). Lecciones psicoanalíticas sobre las fobias. Buenos Aires: Nueva Visión
Lacan, J. (1988) El seminario Libro III (Cap. La pregunta histérica 1 y 2 pp. 229- 260) Buenos Aires: Paidós
Editorial.
Lacan, J. (1992) El Seminario Libro XVII (Cap. El amo castrado pp. 97-102) Buenos Aires: Paidós Editorial.
Tudanca, L. Vitale, F. Lo que no se sabe en la clínica psicoanalítica (Cap. Una histeria Masculina pp. 247-
251) Buenos Aires: EOL.
Lacan, J (1999) El Seminario Libro V (Cap. El obsesivo y su deseo pp. 413-429) Buenos Aires: Paidós.
Lacan, J. (1994). El Seminario, Libro IV, La relación de objeto (Cap. El significante y el chiste pp. 285-301)
Lacan, J. (1971). Escritos II (Cap. La dirección de la cura y los principios de su poder, pp. 559-615).
Soler, C. (2005). Lo que decía Lacan de las mujeres (Cap. Clínica diferencial, pp. 47-102)

Bibliografía para Unidad III


Lacan, J. (2006). El Seminario, Libro 10, La angustia (Cap. Pasaje al acto y acting out, pp. 122-144)
Buenos Aires: Paidós Editorial.
Laurent, E (2004) La urgencia generalizada 2 (Cap. El tratamiento de la angustia postraumática: sin
estándares pero no sin principios pp. 31-49) Buenos Aires: Grama.
Fuentes, A y Miller, J. (2005) El hilo de vida. En, Efectos terapéuticos rápidos pp. 19-24 y 65-85 Buenos
Aires: Paidós.
Rêgo Barros, R. (2012) El orden simbólico en el siglo XXI (Cap. El duelo y el nuevo objeto, pp. 11-113)
Buenos Aires: Grama.
Skriabine, P. (2006) La depresión, ¿felicidad del sujeto? Recuperado de
http://virtualia.eol.org.ar/014/default.asp?dossier/skriabine.html
Indart, J. (2012) El orden simbólico en el siglo XXI (Cap. Orden de hierro pp. 244- 246) Buenos Aires:
Grama Ediciones
Ubieto, J. (2009) La (des)inserción en psicoanálisis: clínica y pragmática Recuperado de
http://www.scfmurcia.com/temas/pipol4/55-desinsenpsicoan.html
Miller, J.A. (2010) Efecto retorno sobre Psicosis Ordinaria. En El caldero de la Escuela N°14. (12 – 29)
Buenos Aires: Grama.
Laurent, E. (1999). ¿Cómo se enseña la clínica? (Cap. La psicosis ordinaria pp. 81-104) Buenos Aires:
Rolta.
Laurent, E. (2000) Estudios de Anorexia y Bulimia (Cap. Improvisación Anorexias pp.131-136) Buenos
Aires: Atuel CAP
Cosenza, D. (2012) El orden simbólico en el siglo XXI (Cap. Bulimia pp. 52-54) Buenos Aires: Grama.
Gonzalez, J. (2012) Drogas. El goce y su tratamiento En Revista e-mariposa IV pp. 28 – 30 Buenos Aires:
Grama.
Tarrab, M (2012) El goce toxicómano: una experiencia vacía En Revista e- mariposa IV pp. 28 – 30
Buenos Aires: Grama.

Bibliografía de la Unidad IV
Lacub, R. & Sabatini, B. (S.F.). Psicología de la Mediana Edad y Vejez. Argentina: Universidad Nacional de
Mar del Plata, Facultad de Psicología.
Complemetaria
Capponi, María y Luchessi de Olaso Silvia (S.F.) Sujeto y edad. Clínica y psicoanálisis
8. PERFIL DEL PROFESOR:
Lic. en Psicología, con orientación en cínica psicoanalítica; con experiencia en la práctica clínica con
pacientes, así como experiencia en el ámbito de la docencia e investigación.
Cronograma de Actividades
Periodo: Del 24 de Enero al 17 de Junio del 2022
Periodo Enero Febrero Marzo Abril Mayo Junio
Semana Semana Semana Semana Semana Semana
Actividades 1 2 3 4 1 2 3 4 1 2 3 4 1 2 3 4 1 2 3 4 1 2 3 4
Unidad I. El tratamiento
clínico

Unidad II. Estructuras


clínicas
Unidad III. Angustia y
patologías actuales
Unidad IV. Clínica de la vejez
UNIDAD I

I. El tratamiento clínico

1.1. Entrevistas preliminares


1.2. El síntoma
1.3. Diagnóstico diferencial
1.4. La asociación libre
1.5. La interpretación
1.6. El dispositivo clínico

REFERENCIAS

BÁSICA:

Freud, S. (2004). Obras Completas (Cap. Iniciación de tratamiento, pp. 121-144)


Lacan, J. (2002). Escritos I. (Cap. Intervención sobre la transferencia, pp. 209-220) Buenos Aires:
Siglo XXI Editores
Luchelli, J. (2008) El DSM y los trastornos de la personalidad. Recuperado de
http://virtualia.eol.org.ar/017/default.asp?miscelaneas/lucchelli.html
Freud, S. (2004). Obras Completas (Cap. Construcciones en psicoanálisis, pp. 255-270)
Miller, J-A (2011) Leer el síntoma Recuperado de http://ampblog2006.blogspot.com/2011/07/leer-
un-sintoma-por-jacques-alain.html
Soler, C. (1995) El decir del analista. (Cap. El decir del analista pp.13-48) Buenos Aires: Eolia-Paidós
UNIDAD II

II. Estructuras clínicas

2.1. Neurosis,
2.2. Histeria,
2.3. Fobia,
2.4. Obsesión
2.5. Perversión
2.6. Psicosis
2.7. Revisión de casos clínicos de Freud y Lacan

REFERENCIAS

BÁSICA:

Assoun, P.-L. (2002). Lecciones psicoanalíticas sobre las fobias. Buenos Aires: Nueva Visión
Lacan, J. (1988) El seminario Libro III (Cap. La pregunta histérica 1 y 2 pp. 229- 260) Buenos Aires:
Paidós Editorial.
Lacan, J. (1992) El Seminario Libro XVII (Cap. El amo castrado pp. 97-102) Buenos Aires: Paidós
Editorial.
Tudanca, L. Vitale, F. Lo que no se sabe en la clínica psicoanalítica (Cap. Una histeria Masculina pp.
247-251) Buenos Aires: EOL.
Lacan, J (1999) El Seminario Libro V (Cap. El obsesivo y su deseo pp. 413-429) Buenos Aires:
Paidós.
Lacan, J. (1994). El Seminario, Libro IV, La relación de objeto (Cap. El significante y el chiste pp.
285-301)
Lacan, J. (1971). Escritos II (Cap. La dirección de la cura y los principios de su poder, pp. 559-615).
Soler, C. (2005). Lo que decía Lacan de las mujeres (Cap. Clínica diferencial, pp. 47-102)
UNIDAD III

III. Angustia y patologías actuales

3.1. Lo real
3.2. Pasaje al acto
3.3. Angustia y lazo social
3.4. Discurso capitalista y universitario
3.5. Duelo, depresión, crisis vitales.
3.6. Desinserción, ansiedad, pánico, TOC, toxicomanía, anorexia, bulimia, obesidad.

REFERENCIAS

BÁSICA:

Lacan, J. (2006). El Seminario, Libro 10, La angustia (Cap. Pasaje al acto y acting out, pp. 122-144)
Buenos Aires: Paidós Editorial.
Laurent, E (2004) La urgencia generalizada 2 (Cap. El tratamiento de la angustia postraumática:
sin estándares pero no sin principios pp. 31-49) Buenos Aires: Grama.
Fuentes, A y Miller, J. (2005) El hilo de vida. En, Efectos terapéuticos rápidos pp. 19-24 y 65-85
Buenos Aires: Paidós.
Rêgo Barros, R. (2012) El orden simbólico en el siglo XXI (Cap. El duelo y el nuevo objeto, pp. 11-
113) Buenos Aires: Grama.
Skriabine, P. (2006) La depresión, ¿felicidad del sujeto? Recuperado de
http://virtualia.eol.org.ar/014/default.asp?dossier/skriabine.html
Indart, J. (2012) El orden simbólico en el siglo XXI (Cap. Orden de hierro pp. 244- 246) Buenos
Aires: Grama Ediciones
Ubieto, J. (2009) La (des)inserción en psicoanálisis: clínica y pragmática Recuperado de
http://www.scfmurcia.com/temas/pipol4/55-desinsenpsicoan.html
Miller, J.A. (2010) Efecto retorno sobre Psicosis Ordinaria. En El caldero de la Escuela N°14. (12 –
29) Buenos Aires: Grama.
Laurent, E. (1999). ¿Cómo se enseña la clínica? (Cap. La psicosis ordinaria pp. 81-104) Buenos
Aires: Rolta.
Laurent, E. (2000) Estudios de Anorexia y Bulimia (Cap. Improvisación Anorexias pp.131-136)
Buenos Aires: Atuel CAP
Cosenza, D. (2012) El orden simbólico en el siglo XXI (Cap. Bulimia pp. 52-54) Buenos Aires:
Grama.
Gonzalez, J. (2012) Drogas. El goce y su tratamiento En Revista e-mariposa IV pp. 28 – 30 Buenos
Aires: Grama.
Tarrab, M (2012) El goce toxicómano: una experiencia vacía En Revista e- mariposa IV pp. 28 – 30
Buenos Aires: Grama.
UNIDAD IV

IV. Clínica de la vejez

4.1. Introducción a la clínica de la vejez


4.2. Paradigmas en la clínica de la vejez
4.3. Sujeto y edad
4.4. Depresión, duelos y proyectos
4.5. Clínica para pensar lo vincular

REFERENCIAS

Lacub, R. & Sabatini, B. (S.F.). Psicología de la Mediana Edad y Vejez. Argentina: Universidad
Nacional de Mar del Plata, Facultad de Psicología. Cap. 9 (pp. 203-245)
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Capítulo 9
Dolor psíquico en el envejecimiento
Autor: Iacub, Ricardo

Introducción

El objetivo de este capítulo es considerar algunas variantes de lo que calificaremos como el


dolor psíquico durante el envejecimiento y la vejez. Razón por la cual tomaremos algunas de
las problemáticas que pueden surgir en esta etapa vital como los duelos, las depresiones, la
ansiedad, la hipocondría, los problemas de personalidad, las psicosis y otros trastornos
delirantes.
Estas formas de padecimiento no resultan exclusivas de este grupo etario, por lo que se
buscará por un lado presentar algunas nociones que resultan claves para la comprensión de
estos cuadros, y por el otro sintetizar aquellas teorías e investigaciones que si especifiquen
dichos procesos en el envejecimiento.
Entre el capítulo anterior y este no cabe duda que existen continuidades marcadas por
ciertas problemáticas que inciden en la identidad del sujeto envejecido y que pueden dar
lugar a la patología psíquica, tema del cual nos ocuparemos.

1. Situaciones vitales asociadas al dolor psíquico

Antes de adentrarnos en las cuestiones más específicas sobre el dolor psíquico, quisiera
señalar una serie de reacciones emocionales frecuentes que darán lugar a la idea de crisis
emocional. Entendiendo por crisis un cambio de posición subjetiva que acarrea cierto trabajo
psíquico para su resolución y el cual puede relacionarse con el malestar psíquico o dar lugar
a una patología psicológica.
Butler (1998) propone algunas de esta situaciones vitales:

- La viudez como uno de los mayores temas psicológicos, ya que representa una serie de
cambios que involucran lo afectivo, el sentirse apoyado y cuidado, la seguridad económica,
etc.
- Los cambios en la pareja, en parte relacionados con la ida de los hijos o la jubilación, que
implican cambios en las formas de convivencia.
- Los cambios a nivel sexual, debidos a cambios en la capacidad sexual, nuevas maneras
de relación entre los partenaires, o la no percepción de si, o del otro como alguien erótico.
- La jubilación implica no solo un cambio de rol sino en la propia identidad de un individuo.
- Los cambios económicos que producen una cierta sensación de dependencia.

203
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

- Las pérdidas a nivel de los sentidos y capacidades como el oído, la vista o las
capacidades cognitivas, que pueden provocar aislamiento social e inseguridad personal.
- Las enfermedades y discapacidades: sin que la vejez se caracterice por la enfermedad o
la discapacidad, existen más probabilidades de que puedan ocurrir, sumado a los mitos que
tienden a exagerar ciertos cambios dándoles mayor gravedad de la que tienen.
- El temor frente a la hospitalización o la institucionalización: implica abandonar
ámbitos que promueven seguridad, como la casa, cambios en la red social y
fundamentalmente la pérdida del control personal o autonomía.
- La preocupación y ansiedad frente al cambio de imagen o de la capacidad física:
ambos ponen en juego el reconocimiento del otro hacia uno mismo y los recursos de
afrontamiento.
- El miedo a la muerte: particularmente en la mediana edad y posteriormente el temor ante
el momento y el modo en que se produzca la muerte.

2. Los duelos

Seguir buscando palabras


que digan algo
allí donde buscamos a personas
que ya no dicen nada

¿Y seguir encontrando palabras


que sepan decir algo
allí donde encontramos a personas
que ya no pueden decir nada?
Erich Fried

El duelo es el proceso de pasar de perder lo que tenemos


a tener los que hemos perdido
Stephen Fleming

El proceso de duelo nos acompaña a lo largo de la vida, aunque con el envejecimiento,


ciertas pérdidas pueden resultar más frecuentes. Entre las pérdidas consideradas hallamos
la de los seres queridos, roles, espacios, ideales, capacidades, recursos que nos daban una
cierta imagen, afecto, valor, apoyo, es decir aquellos vínculos que constituían parte de la
identidad. Por esto, el duelo implica que la persona deba rever una serie de supuestos que

204
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

ordenaban su mundo, la representación de sí mismo y del modo de interactuar con la


realidad.

2.1 Bases teóricas acerca del duelo:


Existen diversas conceptualizaciones con respecto a los significados del duelo. Una de las
más reconocidas es la que señala Freud en su texto “Duelo y Melancolía”.

Es “la reacción a la pérdida de un ser querido o de una abstracción equivalente: la patria, la


libertad, el ideal, etc. Bajo estas mismas influencias surge en algunas personas, a las que por lo
mismo atribuimos una predisposición morbosa, la melancolía en lugar del duelo” (Freud, 1988).

La primera hipótesis freudiana es: si no nos parece patológico es porque lo explicamos


perfectamente 64. Su explicación metapsicológica es que el duelo es un examen de la
realidad en donde el objeto amado no existe más y la libido deberá abandonar sus antiguas
posiciones, teniendo en cuenta la adhesividad de la libido a sus objetos, es decir la dificultad
de retirarse de los objetos de amor.
Si el conflicto fuese muy intenso, podría dar lugar a situaciones patológicas. Sin embargo lo
normal es el progresivo retiro del objeto. Habrá por lo tanto un desasimiento paulatino de las
piezas libidinales, y solo al final de la labor de duelo, el yo quedaría libre y exento de
presiones.
Esta última posición frente al duelo, sin ser habitual, nos permite pensar las dificultades
propias de este proceso para lograr su elaboración, donde los mecanismos de defensa, tales
como la negación y la desmentida, funcionan coexistiendo con la aceptación. La sensación
más habitual que escuchamos es “se que no está más, pero al mismo tiempo me parece que
todo esto es un sueño y ya va a volver”.

Desde una perspectiva constructivista y narrativista el proceso del duelo implica un cambio
en la identidad ya que modifica las creencias, los modos de vinculación y las
representaciones de sí y los otros. Parkes (1988) sostiene que se altera el modelo interno
que ayuda al sujeto a orientarse, reconocer lo que le está pasando y a planificar su
comportamiento.

64
Esta perspectiva suscitó la interesante crítica de J. Allouch (1996) ya que éste considera
que su visión es demasiado positivista y por ello simplificada. Resulta poco pensable, desde
el propio psicoanálisis, “comprender perfectamente” que es lo que un sujeto pierde con el
objeto que está duelando, disociando de tal modo lo consciente de lo inconsciente.

205
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Cuanto más vinculada se encuentra la pérdida a la propia identidad, mayores van a ser los
efectos de en el sujeto. Rando (1984) considera que se produce una modificación de un
“mundo de supuestos”, tanto a nivel global, en tanto modifican las creencias sobre el sí
mismo, los otros y el mundo; como específicos, ya que cambian los aspectos concretos
asociados a la relación. También sitúa las pérdidas secundarias, entendidas como la suma
de actividades, roles, apoyos que se deben abandonar.

Desde esta perspectiva el duelo es la reacción a la pérdida de un vínculo que brindaba


sostén y continuidad a la identidad, con todas las implicaciones emocionales, cognitivas e
instrumentales que contiene.

2.2 Lógicas del duelo:


Tradicionalmente se consideró que la persona pasaba por etapas universales en el proceso
de afrontar la propia muerte o el duelo. Sin embargo, la evidencia científica nos muestra que
las personas no transcurren necesariamente por estos estadíos, o no lo experimentan en la
misma secuencia. Por el contrario las secuencias y duraciones difieren notoriamente según
las reacciones emocionales a la pérdida (Neimeyer, 2007).
Botella, Herrero y Pacheco (1997) sostienen que se produjo una objetivización de la muerte
o la pérdida que opacó la dimensión del sujeto, sus circunstancias y su contexto y dejó al
duelante en un lugar pasivo.
Las perspectivas constructivistas y narrativas del duelo se centran en el significado y no solo
en las reacciones emocionales. El foco en el significado permite comprender el conjunto de
respuestas emocionales, conductuales y fisiológicas.

Aun frente a estas críticas resulta interesante presentar los momentos del duelo, que aun sin
ser universales, nos permiten comprender y visualizar la dinámica de las relaciones entre el
sujeto, el objeto perdido y la transformación de su identidad, siguiendo las fases propuestas
por Bowlby (1983) y las teorizaciones freudianas.

Fase de embotamiento: se manifiesta por la sensación de shock y de fuerte angustia.


Aparecen conductas defensivas maníacas, con preponderancia de la negación. Lo
disociativo y proyectivo prevalecen, echándole la culpa a los médicos, familia, etc. Este
momento es donde más se manifiesta la agitación, llanto, protestas, desasosiego y negación
de la pérdida. La mayoría se siente aturdido e incapaz de aceptar la realidad. Se evidencian
procesos de tensión y temor que coexisten con calma. Así también puede aparecer pánico y

206
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

estallidos de enojo, como de euforia frente al fantaseado reencuentro con la persona


perdida.

Fase de anhelo y búsqueda de la figura perdida: se comienza a percibir la realidad de la


pérdida, lo que produce anhelo, congoja o accesos de llanto. Asimismo se pueden percibir
señales, pensamientos obsesivos, que se pueden asociar con la presencia de la figura
concreta. Los sueños con imágenes de la persona viva que se confrontan con la realidad y
el dolor al despertar.
La cólera aparece como una de las características. Bowlby (1983) lo compara como la
protesta inicial de un niño y sus esfuerzos por recuperar al objeto perdido. Por ello en esta
fase es común que la persona alterne entre dos estados de ánimo, por un lado la creencia
de que la muerte es real, con el dolor y el anhelo desesperanzado, y por el otro la
incredulidad, acompañada por la esperanza de que todo va a arreglarse y por la imperiosa
necesidad de buscar la persona y recuperarla. La ira es un efecto de responsabilizar a otros
por la pérdida y por las frustraciones que implica la búsqueda inútil.
La identificación, el recuerdo, el aislamiento, son mecanismos de búsqueda que podrán
darse de maneras más o menos permanentes según la importancia del objeto. Por esto la
relación con los objetos externos se hace más laxa e incluso puede llegar a interrumpirse.
Parkes (1970) sostiene que el proceso de búsqueda es un acto motor dirigido a las posibles
localizaciones del objeto perdido, que implica componentes preceptúales y
representacionales. Esto llevaría a una actitud perceptual interna derivada de las
experiencias previas con el objeto. Esta perspectiva da lugar a considerar un fenómeno más
habitual de lo que se comenta, que es la percepción del objeto perdido, sin que esto tenga
las características alucinatorias o delirantes que atemorizan al sujeto, sino que por lo
contrario lo viven como acompañamiento. La referencia a: “sentí que estaba en mi cuarto y
me acompañaba” o “siento que duerme conmigo”. Esta misma búsqueda lleva a que se
recorran los mismos lugares, que se vaya repetidamente al cementerio, etc.
En esta fase los ritos de duelo, señala Gorer (1965), deben evaluarse según la posibilidad de
cumplir con este proceso, tanto a nivel de la aceptación como de cierta temporalidad que le
brinda. Marris (1974) señala que los rituales de duelo permiten mitigar la separación, ya que
por un lado le otorgan la posibilidad que el duelante le de un lugar al deudo de gran valor, al
tiempo que entienda su pérdida.

Fase de desorganización y desesperanza y fase de organización: para que el duelo


tenga un resulta positivo parece necesario que el duelante acepte la pérdida, así como
aminore la búsqueda. La sensación de sentirse arrastrado por los acontecimientos es la
dominante y la persona en duelo parece desarraigada, apática e indiferente, o como

207
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

señalaba Freud, el mundo está desierto”. Suele padecer insomnio, experimentar pérdida de
peso y sensación de que la vida ha perdido sentido. La persona en duelo revive
continuamente los recuerdos del fallecido y la aceptación de que los recuerdos son sólo eso
provoca una sensación de desconsuelo.
Bowlby (1983) señalaba que esto permitirá examinar la nueva situación en la que se
encuentra y considerar las posibles maneras de enfrentarla, lo que implica nuevas
definiciones de sí mismo y de su situación. Implica pensarse como viudo y ya no como
marido, lo que implica una redefinición de sí, penosa y decisiva, que significa renunciar al
objeto y la situación que se vivía previamente. Factor que determinará cualquier proyecto a
futuro. Parkes (1972) considera que es un proceso de realización que requiere, no solo un
cambio afectivo, sino de los modelos representacionales internos, o de figuración, a fin de
adecuarlos a la nueva situación.

Fase de mayor o menor grado de reorganización: Esta última fase promovería una nueva
forma de relación con el objeto pérdido y fundamentalmente un cambio a nivel identitario
que posibilite una organización del sí mismo capaz de reestablecer proyectos, con mayores
grados de serenidad y menos inhibiciones. Es una etapa de reorganización en la que
comienzan a remitir los aspectos más dolorosamente agudos del duelo y el individuo
empieza a experimentar la sensación de reincorporarse a la vida, la persona fallecida se
recuerda ahora con una sensación combinada de alegría y tristeza y se internaliza la imagen
de la persona perdida.

2.3 Otras perspectivas:


Stroebe, Shut y Stroebe (1988) entienden la habituación a la pérdida como una continua
oscilación entre dos formas de funcionamiento. Por un lado está el “proceso orientado a la
pérdida” donde el duelante realiza un inmenso trabajo de duelo, experimentando, explorando
y expresando sus sentimientos en un intento por entender el sentido que tienen en su vida.
Por el otro, está el “proceso orientado a la reconstrucción” donde la persona se centra en los
ajustes que debe realizar, concentrándose en aspectos que debe mantener como sus
responsabilidades, buscando evitar el duelo agudo que impediría ciertos niveles de
funcionamiento.
Es posible explicar este proceso a través de los mecanismos de control primario y
secundario (Heckhausen y Schulz’s, 1995) o de asimilación y acomodación (Brandtstädter y
Greve, 1994). Ambos mecanismos permiten integrar ciertas pérdidas de manera tal que
resulte tolerable para el sujeto. Solo cuando ya no sea posible dicho manejo, el sujeto
flexibilizará nuevos mecanismos.

208
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Estos procesos nos indican que los contactos con la realidad siempre se encuentran
mediados por mecanismos de inmunización que confrontan con el padecimiento de maneras
activas, originales y singulares.
También la perspectiva narrativista de la refiguración y la configuración aparecen como ejes
donde se debaten las transformaciones a nivel de la identidad en un sujeto a partir de un
cambio o pérdida. La coherentización y organización narrativa del sí mismo está en el fondo
de estos procesos.

Neimeyer, Keese y Fortner (1997) proponen 6 supuestos básicos para la elaboración de un


modelo conceptual constructivista/ narrativo del duelo:
1- La muerte, como cualquier otra pérdida, puede validar o invalidar el mundo de
supuestos, o conformación identitaria, con la que nos manejábamos, o incluso puede
aparecer como una experiencia nueva para la cual no tenemos teorías e interpretaciones
que nos permitan comprenderla. Las suposiciones tácitas brindan una sensación de
orden en relación al pasado, una familiaridad respecto al presente y cierta predictibilidad
respecto al futuro. Cuando una muerte es esperable, como la de un hijo con respecto a
un padre ya envejecido, puede resultar más aceptable, para nuestro orden de creencias,
que la muerte de un hijo, Por ello el duelo es un proceso de integración de experiencias
que impactan en identidades altamente disímiles.
2- El duelo es un proceso personal, idiosincrásico, íntimo e inextricable de nuestra
identidad. Por ello solo puede entenderse dentro del contexto cotidiano de la
construcción, mantenimiento y cambio de los aspectos fundamentales de la identidad. A
medida que pasa el tiempo generamos teorías e interpretaciones personales sobre las
experiencias de la vida. Cuando se produce una pérdida que afecta los modos de
conocer y entender al sí mismo y al mundo, se responde buscando interpretaciones que
den coherencia a la situación de cambio, desde las teorías e identidades disponibles. Si
fracasamos, perdemos el control de una realidad que ya no resulta familiar, produciendo
temor, inseguridad y desasosiego.
3- El duelo es algo que nosotros hacemos, no algo que se nos hace a nosotros. Aun
cuando resulte evidente que la pérdida sucede, el duelo implica cientos de elecciones
concretas que definen caminos alternativos. Aun más, el duelo implica que se tomen
decisiones que podrían haberse evitado previamente y donde el sujeto no siempre siente
estar preparado.
4- El duelo es el acto de reafirmar o construir un mundo personal de significado que ha sido
desafiado por la pérdida. Las pérdidas más complejas pueden haber invalidado la
estructura de suposiciones o creencias que orientan la vida, al arrancar al duelante de
las teorías e identidades construidas. Este cambio puede dar lugar a narrativas

209
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

traumáticas, caracterizadas por ser incoherentes, fragmentadas, desorganizadas y


disociadas con respecto al conjunto de los relatos que hacen a la biografía personal.
Esta narrativa traumática lleva a que el sujeto pierda control y manejo sobre su propia
vida. Una serie de referencias a la pérdida de dicha coherencia narrativa se evidencian
en “no se como llegué hasta aquí”, parece que fuera una pesadilla”, “no entiendo que me
pasa”. Es allí donde el sujeto o autor debe realizar cambios que vuelvan comprensible lo
sucedido y que vuelva predecible el futuro. Las narrativas contienen indicaciones
concretas y útiles respecto a la visión que se puede asumir sobre el proceso de duelo y
los modos en que pueden ser facilitados.
5- Los sentimientos tienen sus funciones y deben ser entendidos como señales de nuestros
esfuerzos por dar significado. Kelly define las “emociones transicionales” como la función
que cumple cada sentimiento y el modo en que se integra a un proceso de
reconstrucción de significados. Por ejemplo la negación puede ser concebida como un
intento de posponer un acontecimiento que resulta imposible de asimilar; la depresión
como un intento de limitar la atención, volviendo el contexto más manejable; la hostilidad
como el intento de forzar a los acontecimientos a adaptarse a nuestro modo de
comprender las cosas; la ansiedad como la percepción de la pérdida pero sin poder
terminar de captar lo desestabilizadora que resulta la situación.
6- Todos construimos y reconstruimos nuestra identidad como supervivientes de la pérdida
en negociación con los demás. Solemos pensar el duelo en el sujeto, sin tener en cuenta
el marco o contexto en el que sucede dicha pérdida, la familia o la comunidad. La
pérdida en la familia implica que su expresión suele estar regulada por normas tácitas de
interacción, roles, jerarquías de poder y apoyo, etc. Incluso el recordar al fallecido se
maneja según convenciones particulares familiares y extra familiares. Asimismo en la
comunidad la pérdida es codificada según valores y expresiones peculiares que inciden
en el propio sujeto.

2.4 Las variantes en la elaboración


Una serie de variables inciden en las formas de tramitar el proceso de duelo, entre las que
se destacan las siguientes:

- La capacidad psíquica previa: resulta central el nivel de tolerancia que pueda tener un
sujeto a lo largo de su vida para afrontar determinados tipos de pérdidas. Dicha capacidad
se relaciona con múltiples factores entre los cuales se encuentran los traumáticos, tales
como pérdidas tempranas y sus modalidades específicas de resolución a nivel familiar; la
estructura psíquica o de personalidad que posibilita mayores o menores recursos para
resolver o elaborar estas situaciones, entre otros.

210
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

- La significación del objeto perdido: no resulta fácil para los otros ni para el propio sujeto
entender lo que se ha perdido con un objeto en particular. La falta que puede producir no
suele ser explicable conscientemente ni tampoco previsible. Razón por la cual los procesos
de comprensión pueden redimensionarse a posteriori.
Los duelos por ciertos objetos significativos pueden promover una pérdida de roles de mayor
o menor importancia para un sujeto; pueden provocar la sensación de ya no ser deseables o
importantes para el otro, así como de ya no tener a quien desear o amar; pueden habernos
dejado un sensación contradictoria y ambivalente, de amor y odio, que vuelve más complejo
elaborar la pérdida, entre otras múltiples sensaciones, las cuales cualifican a este proceso.
La cualidad del duelo pone en juego la capacidad subjetiva de resolución llevando a que los
tiempos y las formas de aceptación resulten particulares a la hora de elaborar dicha
situación.

- Las expectativas de luto: cada sociedad establece ritos y modalidades acerca de cómo
se debe elaborar el luto. Desde la demanda de ropas oscuras y un cierto encierro, hasta las
formas más actuales y urbanas de poco reconocimiento hacia aquel que realiza un duelo;
así como la demanda de renovar una pareja a la de cerrar toda posibilidad de hacerlo.
Entre las expectativas de luto existen factores culturales asociados al género que inciden en
los modos de resolución. Cuando se habla de la viudez, se resalta históricamente una
cuestión femenina, ya que la identidad, el sostén económico o la seguridad dependían de un
hombre. Razón por la cual en múltiples textos, tales como la Biblia, la viuda se convierte en
un asunto de protección social o caridad. Todos estos criterios sociales respecto al luto
comprendían aspectos que determinaban a su vez modelos de comportamiento social y
formas de construcción de la identidad.

- La integración psicosocial del sujeto: las redes sociales, el nivel de actividad y las
diversas interacciones sociales pueden incidir positiva o negativamente en la resolución del
duelo. Si pensamos desde una perspectiva asociada a los roles que ocupamos y que
pueden ser perdidos por los duelos, el poseer mayor cantidad de roles permite apoyarse en
otros que, a su manera, puedan suplirlos. Así como también dicha integración alude a la
posibilidad de volver a recuperar objetos de deseo y recuperarse como objeto para el otro.

- La forma en que se produjo el suceso: las pérdidas inesperadas, tales como los
accidentes; aquellos que tuvieron un largo proceso por enfermedades con desarrollo largo e
infructuoso, que pudieron haber producido sentimientos altamente contradictorios hacia el
fallecido; o las vivencias traumáticas, como los crímenes o desapariciones, pueden generar

211
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

modalidades particulares de resolución promoviendo más angustia, culpa, horror,


incomprensión, etc. Factores que podrán determinar que el duelo se complejice y se
aletargue.

2.5 El duelo desde Lacan:


Este psicoanalista modifica en gran medida el punto de vista desde donde se concibe el
duelo ya que modifica la dimensión del sujeto y del objeto y para ello parte de dos
dimensiones distintas: el Sujeto y el Otro.

Lacan considera que porque hay un Otro que desea al sujeto aparece la posibilidad de desear, y
esta dimensión de ser objeto del deseo del otro quedará como estructura básica en la organización
subjetiva del ser humano. Solo si convocamos el deseo del otro podemos sostenernos como
sujetos y desde allí aparece la idea del deseo como deseo del otro.

En este sentido, ser sujeto no es una condición de existencia sino de contingencia (variable
en el tiempo), es decir: se es sujeto en tanto cause un deseo al Otro, sino deja de serlo. Lo
cual implicaría una posición de no deseo similar a la tristeza y al desinterés vital, no de
desindividualización.
Habría que tener en cuenta que la dimensión del duelo en Lacan es fundante ya que es
sobre la noción de falta de esos objetos primarios, llamémosle madre o padre, sobre el que
se estructura el deseo humano. Deseo que conduce a una pérdida imposible y a su vez es
vehículo de suplencias. Porque perdimos ciertos objetos primarios en nuestra constitución
psíquica es que deseamos a otras personas.
Entonces si pensamos la lógica del duelo tendremos una perspectiva distinta a la freudiana
¿Por qué? Desde Freud el sujeto desde su yo abandona progresivamente a su objeto, en
donde habrá un acto racional de abandono solo limitado por una tendencia a la adhesividad
de la libido, poco desarrollada en su obra. Sin embargo desde Lacan la óptica es distinta y lo
plantea del siguiente modo: “Solo se puede hacer duelo de aquel cuya falta fuimos,
entiéndase, de aquel cuyo deseo causamos”.
Razón por la cual pueden aparecer dos modos de identificación:

La primera es ser objeto causa del deseo del Otro, en tanto alude a las representaciones,
ideales o metáforas del sujeto que fueron deseables por el otro. Entendamos ser queridos
por nuestras obras, nuestras características valoradas, etc. Esto permite que al perder un
ser querido podamos duelar el objeto deseable que constituimos para el otro, lo cual habilita
a otros espacios de deseo (llamémosle otras personas que nos quieran u otros ámbitos

212
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

donde seamos reconocidos o valorados) que nos ayuden a recuperar un espacio distinto,
más allá del deseo que provocamos en ese otro.

La segunda es ser el objeto irremediablemente perdido en donde el valor del sujeto no


tiene más representación que ser objeto para el otro, sin poder hallar una suplencia
metafórica del deseo que produjimos en el otro. La figura del niño bastón de su madre
representa este tipo de enlace.
Estos modos de identificación pueden funcionar tanto en la constitución subjetiva que se
conforma en la relación con los padres, o quienes ejerzan dicha función, como en las
diversas relaciones que construye un sujeto a lo largo de su vida.
La importancia de estas modalidades identificatorias es que permiten explicar las formas de
resolución de los duelos.
Sin embargo es importante aclarar que estas formas de pensar el duelo no implican un total
determinismo. El sujeto no se encuentra totalmente prisionero de un deseo o un no deseo,
sino que puede redimensionarlo y a partir de allí encontrar una nueva forma de relación con
el otro perdido.

Esta concepción del duelo nos permite comprender una nueva perspectiva, desde la cual podemos
visualizar de que manera este proceso de pérdida reactualiza, y a su manera desnuda, la intimidad de
una relación. Así como también nos permite entender porque el perder un lugar de objeto causante
del deseo del otro puede afectar nuestro propio deseo e interés vital.

2.6 Alternativas de resolución


Existe una amplia literatura psicopatológica que consideró que había resoluciones normales
y patológicas del duelo, estableciendo tiempos, características particulares o teorizaciones.
Aun cuando hoy se ponga en duda lo normal de lo patológico, sabemos que hay niveles de
padecimiento que pueden prolongarse o resurgir en diversos momentos y frente a los que
ciertas distinciones teóricas pueden ayudar a conocer mejor las alternativas de resolución y
brindar herramientas a profesionales y a la comunidad en general, frente a estos casos.
Los denominados duelos patológicos pueden aparecer en cualquier estructura psíquica y
comparte características comunes con una depresión. Freud señalaba que a diferencia del
duelo normal, en el patológico existe una relación muy ambivalente (de amor y odio) muy
fuerte hacia el objeto. También podríamos considerar que el modo de relación con el objeto

213
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

era dependiente, narcisista, según Rank 65, y la posición del sujeto aparece objetalizada en
un rol o posición específica que le resta capacidad de reinstalarse subjetivamente como
objeto de deseo para otros.
Esta posición lleva a que el nivel de autonomía psíquica se empobrezca y que los reproches
que el sujeto se realiza sean transformaciones de críticas por el abandono que el duelante
percibe y por la falta que el otro le produce. El amor y el odio son efecto de la falta de
discriminación (entiéndase separación psíquica) con el objeto, donde no se lo puede ni dejar
ni perder.
Freud describe sobre la base de la melancolía un fenómeno similar al del duelo patológico.
Sin embargo desde otras corrientes psicoanalíticas, como la lacaniana, se prefiere reservar
la primera asociándola con la psicosis mientras que esta última no implicaría una estructura
clínica precisa.
Para Bowlby (1983) las formas patológicas serían el resultado de la persistencia activa del
impulso de búsqueda del objeto, es decir la imposibilidad de abandonarlo, que tiende a
expresarse en una variedad de formas encubiertas y deformadas.

Las características más importantes del duelo patológico son:


- sensación de ansiedad y angustia.
- malestar en el dormir, pesadillas y sensación de que el objeto perdido viene a buscar al
sujeto.
- necesidad de reencontrar al objeto perdido.
- debilitamiento físico pronunciado, peligro de somatizaciones: que se reflejan especialmente
en disfagia, dispepsia y constipación, malestares cardíacos, deseo sexual disminuidos con
anorgasmia e impotencia.
- sensación de vacuidad y de un mundo desierto.
- reproches sobre los últimos cuidados.
- posibilidades de suicidio.
- posibilidades de delirios hasta en un 23% de los casos.

Es importante notar que es usual en la clínica con la vejez hallar variantes del duelo
patológico que se caracterizan por ser duelos inconclusos o patologizados en los que se
torna particularmente difícil salir del segundo paso del duelo ya sea por falta de objetos

65
Freud en Duelo y Melancolía toma una observación de Otto Rank acerca de la relación
narcisista del melancólico con su objeto, la misma puede ser definida por una relación de
similitud, con lo que fue, es o será, produciendo con su falta una carencia en el propio si
mismo.
214
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

reemplazantes, por la cantidad de duelos que se producen o por formas defensivas de


apoyo constituidas en la pareja.
Estas variantes pueden ser pensadas como respuestas depresivas frente a la pérdida de
objetos de deseo actuales, que impiden aceptar la nueva situación, y que pueden ser
vivenciadas como abandono, falta de recursos y apoyo, entre otras.
En el primer caso hallamos sujetos para quienes terminar un duelo implica encontrarse con
un vacío de objetos que puede resultar más atemorizante que el seguir llorando por alguien
para quien fuimos amados o deseados. Resulta habitual que al recuperar relaciones
afectivas rápidamente puedan salir de la posición de duelo.
En el segundo caso hallamos personas mayores que hablan de una suma de duelos en los
cuales es difícil precisar cuál fue la pérdida que motiva su penar. Lo que hallamos es un
horizonte de soledad y de abandono que dificulta el lazo social necesario para encontrar
estímulos vitales, la desconexión con los nuevos tiempos y un recogimiento en un mundo
perdido en el cual parecían encontrarse a salvo.
Por último existen parejas que cuando muere uno de los cónyuges en poco tiempo fallece el
otro. La especulación que realiza el psicoanalista francés Le Gouès (1991) es que éstos han
armado un sistema defensivo de a dos, en donde fuertes identificaciones y proyecciones
pueden dificultar la individualidad. La falta del otro es sentida como una alta vulnerabilidad
personal que incide en el deterioro físico.
Las posibilidades de enfermar físicamente en el momento del duelo son muy altas,
particularmente en los momentos de aparente resolución, así como las posibilidades de
suicidio.
Es altamente recomendable en estos casos el apoyo psicológico y socio terapéutico para
poder acompañar y atender la resolución de un duelo que puede tener consecuencias
altamente negativas.
En los casos que aparezcan síntomas psicóticos y/o melancólicos es muy recomendable el
uso de psicofármacos antidepresivos.

2.7 ¿Tratamiento del duelo?


A partir de la sentencia de Freud acerca de que al duelo no se lo trata, porque lo
consideraba un proceso normal, se promovieron una serie de respuestas diversas y críticas,
incluso dentro de las propias líneas psicoanalíticas, como las de Melanie Klein.
Por ello quisiera hacer una breve reflexión acerca de la variedad de miradas que puede
suscitar este tema. Por un lado resulta importante tener en cuenta el contexto desde el cual
Freud señala su negación a este tipo de tratamiento. La cura psicoanalítica se basa en una
serie de presupuestos, uno de ellos es el hacer consciente lo inconsciente, lo que llevaría a
una lectura profunda acerca de la relación del sujeto con el otro, que movilizará relaciones

215
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

ambivalentes, críticas e inestabilizantes para el sujeto. En este sentido, para aquel que
realiza el duelo, este tipo de indagación podría producirle un aumento de la ambivalencia
afectiva hacia el objeto, lo que lo llevaría a desestabilizar una construcción en ciernes en pos
de su duelo (con todo lo que ya se mencionó acerca del enfoque psicoanalítico del mismo).
Razón que nos llevaría a considerar que en el duelo normal esta forma de intervenir no sería
la adecuada.
¿Cómo entender el tratamiento psicoterapéutico?
En principio la actitud debería ser de cautela frente a la posición del sujeto ante la falta de
otro a quien amaba y por quien era amado. La situación de inestabilidad emocional por la
que atraviesa el paciente puede provocar que una interpretación poco oportuna, al tiempo y
a los significados del duelo que se van produciendo, pueda desestabilizar al sujeto de un
modo poco conveniente. Sin embargo el apoyo psicoterapéutico para promover diversas
elaboraciones, puede ayudar a elaborar procesos que no son sencillos, que no siempre
tienen el sostén necesario y que pueden tomar el curso menos deseado. En relación a este
último punto es posible ver ciertos duelos que tienden a la cronificación y ante los cuales la
opción psicoterapéutica puede resultar esencial para poder prevenir una situación que
devenga en un duelo de alto padecimiento.
Por ello, lo que deberíamos proponer es un trabajo psicológico, que no resulta necesario en
todos los duelos, pero que si pueden ser oportunos en múltiples situaciones. Este sostén del
que realiza un duelo se basa en el apoyo de las redes sociales, en el trabajo
psicoterapéutico y en algunos casos farmacológico.
También es importante considerar que en una época donde todo ritual que aluda a la muerte
aparece como negativo, lo que Ph. Ariès (1987) denominó la Muerte Invertida, produce que
el duelante se encuentre muy solo frente a esta situación, a diferencia de otros momentos
históricos donde este proceso estaba más acompañado socialmente.

3. La depresión

Una de las formas más claras en las que se expresa el dolor psíquico es la depresión. Tal
como en los duelos, nuestro objetivo no será explicar detalladamente todos los tipos de
depresión sino presentar los síntomas más evidentes, algunas caracterizaciones
diagnósticas y ciertas distinciones para desde allí enfocarnos a la depresión en la vejez,
rastreando sus causas, sus pronósticos y ciertas alternativas terapéuticas.
Presentaremos una serie de enfoques y definiciones acerca de la depresión, aunque
muchas de las consideraciones ya realizadas en relación al duelo serán concebidas como
factores que inciden en las depresiones.

216
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

La clasificación que realizaremos en este texto pretende ser lo más amplia posible ya que
incluiremos síntomas propios de una depresión menor y mayor, así como de un episodio o
un trastorno depresivo.

3.1. Los síntomas de la depresión (tomados del DSM IV):

1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, el sujeto se siente triste y vacío.
Muchas veces aparece el llanto y en otras ocasiones aparece el deseo de llorar pero no hay
lágrimas. La depresión puede expresarse a través de un estado de ánimo irritable.
2. Disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi
todas las actividades, la mayor parte del día, según las referencias realizadas por el propio
sujeto o desde la observación de los demás
3. Los trastornos en el apetito son constantes, pueden manifestarse por perder el apetito o
incrementarlo (especialmente ingiriendo azúcares o hidratos de carbono).
4. El insomnio o la hipersomnia son frecuentes.
5. La agitación o enlentecimiento psicomotores, sin ser meras sensaciones de inquietud
o de estar enlentecido.
6. La fatiga o pérdida de energía casi cada día. Es habitual el cansancio y la fatiga, incluso
sin hacer ningún esfuerzo.
7. Sentimientos de inutilidad y culpa excesivos, con auto reproches, que pueden llegar
a ser inapropiados y delirantes.
8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi
cotidiana, la cual puede ser atribuida subjetivamente o ser observable, y de falta de voluntad.
9. Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurrente sin un plan
específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse
Estos síntomas provocan un malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o
de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Es importante tener en cuenta que:

- los síntomas no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej.
una droga o un medicamento) o una enfermedad médica (p. ej. hipotiroidismo o cáncer).
- los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la
pérdida de un ser querido);

217
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

- los síntomas persisten durante más de 2 meses y se caracterizan por una acusada
incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas
psicóticos o enlentecimiento psicomotor.
El curso y la duración de las depresiones es variable y dependerá, tanto de las
características de la personalidad de cada sujeto, como del contexto sociocultural donde se
desarrolle.

3.2. El punto de vista psicoanalítico de la depresión

Una de las primeras consideraciones de Freud al respecto, y a la que llama melancolía, es


que la pérdida que se produce es de naturaleza más ideal, es decir la pérdida no es
fácilmente comprensible, aunque la persona sienta que algo ha perdido o no sabe
bien que es lo que ha perdido con ese objeto. De esta manera la depresión o melancolía
aparece como una pérdida de objeto sustraída a la conciencia, diferenciándose así del
duelo. La pérdida actual, aparentemente carente de valor como para generar tal nivel de
tristeza, cobra sentido en la medida en que resignifica una pérdida anterior que el sujeto no
elaboro adecuadamente.
Otra de las hipótesis de Freud es que el melancólico sufre un notorio empobrecimiento de
su yo que se refleja en una extraordinaria disminución de su autoestima. Freud dice “Se
dirige amargos reproches, se insulta y espera la repulsa y el castigo”. Esto nos lleva a
considerar que su yo se identificó con el del otro y lo castiga, razón por la cual se infiere que
la pérdida se produce en su yo a nivel inconsciente y esto le dará una particular connotación
morbosa.

“Los reproches con los que el enfermo se abruma corresponden en realidad, a otra
persona, a un objeto erótico perdido, y han sido vueltas contra el propio yo. Sus lamentos
son acusaciones” (Freud,1981).

La relación morbosa establecida con su objeto al estar situadas en su yo producen múltiples


auto reproches, que en realidad son reproches al objeto e incluso Freud sugiere, siguiendo
esta sutil lógica, un suicidio es un homicidio.

3.3. La depresión en la vejez

218
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Es el diagnóstico más frecuente en las personas de edad y constituye un problema


serio que entraña el sufrimiento y el aislamiento social, una tasa elevada de suicidio y
un aumento de la morbilidad y la mortalidad. (Hotin y Carrier,1997)
Esta patología está subdiagnosticada, se la trata poco, y muchas veces de maneras no
adecuadas. Las formas atípicas, enmascaradas, caracterizadas por quejas somáticas o por
su coexistencia con síndromes orgánicos complican su diagnóstico.
Resulta importante señalar que uno de los prejuicios más habituales consiste en calificar a
todo viejo de depresivo, probablemente por las representaciones sociales actuales de la
vejez, ya que se considera depresógena la idea misma de envejecer.

Debido a las creencias viejistas ciertos síntomas depresivos son confundidos con
“cambios debidos a la edad” o con síntomas físicos. Incluso la depresión puede ser
tomada como una consecuencia normal del envejecimiento.

Clínicos e investigadores creen con frecuencia que existen mayores tasas de depresión con
la edad, pero la evidencia empírica no apoya esta hipótesis. Existe suficiente evidencia que
nos indica que hay más síntomas depresivos en la vejez, pero estos se encuentran más
relacionados con enfermedades terminales que con el envejecimiento en si, como por
ejemplo las depresiones de personas con cáncer.
En un estudio realizado en EE. UU. (Robins y Regier, 1991) indican que sobre una población
de 20.000 adultos la prevalencia de depresión mayor fue de menos del 1% entre los
mayores de sesenta y cinco años, en comparación con los porcentajes de entre un 2 y 5%
que presentaban personas adultas más jóvenes. Otros indicadores señalan que la incidencia
de la depresión en las personas mayores de 60 años que viven en la comunidad es del 4 al
6%, cifra que se duplica entre los que viven internados 66. Pero sobre esta última cifra
podríamos argumentar que el vivir en una institución geriátrica tendría efectos depresógenos
sobre el sujeto.
Cumming y Henry (1961), quienes forjaron la teoría de la desvinculación, suponían que el
bienestar emocional se enfriaba y no se regulaba bien con la edad. Sin embargo los
procesos emocionales funcionan de modo comparable en los adultos (jóvenes o
mayores) y algunos sugieren que funcionan mejor en las personas mayores. Estos
describen sus experiencias de maneras más complejas y revelan mayor control sobre
sus emociones.

66
Según Fernández Ballesteros y otros (1999) la cifra en internados se incrementa de
una manera extraordinaria llegando hasta el 30 o el 50% (no se especifican datos
estadísticos)
219
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Los adultos mayores parecen tener tasas más bajas de todo tipo de psicopatología
que los demás grupos de edad. Un estudio reciente muestra que los mayores parecen
vivenciar una mezcla de emociones más compleja que los más jóvenes por lo cual es
probable que indiquen sensaciones positivas y negativas. Esto fue denominado "patetismo"
que indica reacciones emocionales más diferenciadas, así como una mejor regulación de
las emociones que lleva a que los episodios de tristeza duren menos tiempo y que tengan
menor tendencia a que se desarrolle una depresión (Cartensen y otros, 2003). Esta
perspectiva coincide con la investigación que muestra que con el paso de los años
disminuyen las depresiones pero aumentan los síntomas depresivos (Mental Health, 1998,
en Salvarezza, 2002), lo cual estaría dando cuenta de este modo de regulación mental.

Los efectos que tienen las depresiones en las personas mayores también pueden resultar
diferenciales. Existe evidencia acerca de los efectos adversos de los síntomas depresivos
sobre el sistema autoinmune (Fortes y otros, 2003).
La depresión en la vejez puede producir deterioros sobre las capacidades cognitivas, que
remitirán una vez que la patología de base se cure. Uno de los cuadros que representa esta
situación es la Pseudodemencia u otros trastornos funcionales (del cual se hablará en el
próximo capítulo) Dicho proceso genera que el primer diagnóstico diferencial de la demencia
se realice con la depresión.

3.4. Diferencias de género y edad

Las características de la depresión en la vejez, se diferencian por edad y género. Los viejos-
viejos tienen más posibilidades de padecer depresión que los más jóvenes, y las mujeres
viejas-viejas más que los hombres del mismo grupo etario. Los factores más relevantes
fueron el estado de salud y capacidad física, la presencia de redes sociales de apoyo
(parejas, número de amigos) y la moral (sentido de la vida).
En el caso de los hombres es más habitual que mantengan su pareja hasta su muerte (por
una cuestión de menor longevidad que las mujeres y porque se casaron siendo más grandes
que ellas), lo que implica un mayor apoyo y sostén que en las mujeres.
Es importante remarcar que los síntomas depresivos en el hombre suelen estar más
influenciados por la pérdida de roles laborales, de capacidad física y de vigor, mientras que
en la mujer aparecen más asociados con la ida de los hijos, el no sentirse deseadas, etc.

3.5. Diversas teorías acerca de las depresiones en la vejez

220
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Son múltiples las causas que explican el origen de las depresiones en los adultos mayores,
desde las explicaciones biológicas o asociadas a patologías específicas, hasta las causas
psicológicas y sociales. Señalaremos solo algunas de ellas, las cuales fueron verificadas por
múltiples investigaciones.
Muchas de estas teorías podrían ser pensadas en conjunto ya que cuentan con
interpretaciones similares de esta problemática. Dividirlas implica darles un orden relativo a
los fundamentos teóricos sobre los que se fundamentan las investigaciones.

3.5.1. Teorías de base biológica

Los factores a considerar son la predisposición genética, la desregulación del eje hipotálamo
- hipofisiosubrenal, la disminución de la tasa de neurotransmisores, los déficits sensoriales,
la presencia de enfermedades físicas y la ingesta de medicamentos.
Las denominadas depresiones secundarias hacen mención a aquellas derivadas de
una patología de base. Las que más frecuentemente pueden producir un estado depresivo
son el hipotiroidismo, el mal de Parkinson, las demencias, los síndromes infecciosos y las
afecciones cardíacas.
La gran ingesta de medicamentos que consumen los adultos mayores es otro factor
que incide en la depresión. Entre los que pueden producirlo se encuentran los
antinflamatorios y los analgésicos; los antiparkinsonianos, los cardiovasculares, los
sedativos e hipnóticos, los esteroides y hormonas, y los estimulantes.

3.5.2. Teorías de base psicológica y social

La incidencia de los Eventos y Estresores Vitales Negativos:

Una teoría que cuenta con una fuerte evidencia es la de los eventos vitales negativos.
En un meta análisis (Kraaij y col., 2002) sugieren que entre las personas mayores no se
deben subestimar los diversos tipos de acontecimientos negativos ocurridos en su vida y
particularmente tener en cuenta dicha situación como dato que nos permita entender una
mayor probabilidad de síntomas depresivos. Así también dentro de esta teoría ubicaremos
las investigaciones sobre los estresores y su relación con la depresión.
Hay una serie de investigaciones donde se presenta la mayor probabilidad de deprimirse
en la vejez de aquellos padecieron situaciones traumáticas (haber vivido en campos
de concentración, ser sometidos a torturas, haber estado en guerras, etc.). Una de las
suposiciones es que las pérdidas que se suelen transitar en el envejecimiento, tales como la
jubilación, inactividad y reducción de ingresos, enfermedades y duelos pueden conducir a

221
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

que se desencadene una aparición o exacerbación tardía de aquellas vivencias penosas de


su vida, las cuales fueron interpretadas como Síndrome de Estrés Post Traumático.
Otra línea de investigación muestra la correlación mutua entre los estresores actuales,
los síntomas depresivos y el modo en que se alternan mutuamente. Los estresores de
la vida cotidiana han sido ubicados como la primera causa de los síntomas
depresivos y del sentimiento de vulnerabilidad. Siguiendo estos estudios se ha tratado
de verificar la relación entre los estresores de la vida y su incidencia en el desarrollo de los
posteriores síntomas depresivos. Entre los factores que surgieron se encuentran los
estresores crónicos, conectados con factores sociales, y los eventos negativos.
Los factores sociales más relevantes que inciden en el estrés de los adultos mayores,
se encuentran en las críticas y los conflictos interpersonales, producidos por las
malas relaciones familiares, como por ejemplo con esposos, compañeros, y con la
familia (Cicarelli 1989) los cuales se vinculan con procesos depresivos (Finch, Okun, Pool,
Ruehlman 1999).
Otros estudios realizados en adultos mayores remarcan el hecho de la influencia que tiene
sobre ellos el propio proceso de envejecimiento, el cual puede ser visto como un factor
de estrés.
Los adultos mayores que demostraron percibir negativamente el proceso de envejecimiento
y ser altamente influenciables a estos estresores de la vida cotidiana, se encuentran más
propensos a desarrollar síntomas depresivos. Investigaciones actuales (Levy, 2002 y otros)
demostraron que no solo puede producir depresión sino que acorta el promedio de vida por
el impacto psicosomático que produce.

La teoría de la Selectividad Socioemocional y su lectura de la depresión:

Esta teoría aborda nuestra temática de una manera indirecta, aunque dándole un sentido en
relación a los criterios básicos que fundan sus presupuestos.

Carstensen (2003) considera que la importancia de los afectos en la vejez y las relaciones
con pocas personas pero significativas, deviene de la búsqueda de gratificación emocional
más próxima que tienen los adultos mayores.
La teoría de la Selectividad Socioemocional considera que cuando un sujeto considera que
tiene menos tiempo de vida, busca afectos más seguros que proporciones gratificaciones
más cercanas. Razón por la cual los adultos mayores prefieren relaciones afectivas intensas
que constituyen el motivo central del intercambio social (Cartensen, Fung, Charles 2003).
Este tipo de relación puede iluminar ciertas áreas de vulnerabilidad para los adultos
mayores a nivel de su bienestar, ya que podrían volverse mas dependientes de ciertos

222
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

otros. El hecho de querer entablar pocas pero valiosas relaciones y que de estas
dependa en gran medida su bienestar los hace más vulnerables a las críticas
(Carstensen 2003). Las cuales, como en la teoría anterior, suelen estar asociadas a los
síntomas depresivos.

La Teoría de la Integración Social y los intercambios equitativos

Ramos y Wilmoth 67 utilizaron la Teoría de la Integración Social (ya comentada en el módulo


1) para ser aplicada a los adultos mayores y el riesgo de padecer una depresión. Por
Integración Social se comprende los lazos interpersonales con que cuente un sujeto,
tales como el número de miembros de la red de relaciones personales o el número de
papeles sociales que un individuo posee o desempeñe. También este concepto puede
ser referido a la pertenencia o sentimiento de inclusión social (Barrera, 1986). Esos lazos
facilitan la integración ofreciendo oportunidades de participar en la vida comunitaria e
intercambiar un soporte social.
Estas formas de integración social son importantes y deben ser consideradas porque:
(a) la falta de integración social le quita sentido a la vida, generando depresión o estrés;
(b) la integración social fortalece el acceso a las fuentes de ayuda y
(c) la integración social fortalece un contexto dentro del cual las relaciones de soporte y
ayuda pueden desenvolverse fuera de la familia (George, 1996).
Por esta razón la integración social está relacionada negativamente con los síntomas
depresivos, y cuanto mayor sea la integración social, menor el número de síntomas
depresivos.

Esta hipótesis ha sido corroborada en diversas investigaciones, las cuales nos muestran
que las relaciones sociales:
- están asociadas con el bienestar psicológico en la fase adulta y del envejecimiento,
particularmente cuando las condiciones de salud fallan y las limitaciones físicas aumentan
(Antonucci, 1990; House, 1981; George, 1996).
- moderan el estrés de los viejos con problemas de salud, de los viudos y de los que tienen
problemas financieros (Silverstein & Bengtson, 1994).
- permite que se sientan amados, más capaces de lidiar con los problemas de salud y
mejorar su autoestima (Cicirelli, 1990).

67
Estas teorías se expondrán tomando partes del artículo de Ramos Marilia y Wilmoth
Janet: “O impacto das Relações Sociais dentro da família, nos Sintomas Depressivos entre
Idosos na Região Centro Oriental do Rio Grande do Sul, The Gerontologist Vol 58B N.4 July
2003.

223
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Una de las perspectivas que toma Ramos y Wilmouth es agregar la teoría de la Equidad,
derivada de la teoría de los intercambios sociales (Blau, 1964; Dowd, 1975), ya que los que
sus autoras investigaron fue la importancia de que los intercambios promuevan el beneficio
mutuo.
Desde la Teoría de la Equidad el aspecto mas importante de una relación social es el
balance de los intercambios entre los actores, y donde los desbalances serían
problemáticos.
Las evidencias resultan consistentes con las previsiones de la Teoría de la Equidad y
refuerzan la idea de que la salud mental, específicamente a nivel depresivo, resulta
afectada negativamente por la falta de interdependencia (desbalance en los
intercambios) entre los miembros de una familia (Stoller, 1985; Ramos, 1992).
Resulta importante considerar un hecho cultural que rescatan las investigadoras en relación
a las diferencias surgidas en los resultados entre EEUU y Brasil. En el primero la falta de
apoyo de la familia se veía compensada con el apoyo que brindaban los amigos, aliviando
con ello los síntomas depresivos; mientras que en el segundo los amigos no constituían un
apoyo suficiente, como el de la familia, que pudiese aliviar los síntomas depresivos en el
adulto mayor. Este hecho da cuenta de las diferencias entre ambos pueblos y como los
síntomas psicológicos están correlacionados con criterios sociales.

Los intercambios sociales negativos y positivos

En otra investigación se continúa con una línea teórica similar aunque se hace hincapié en
los tipos de intercambios aunque toma la noción de eventos vitales anteriormente señalada.
Taylor (1991) resume esta asimetría señalando que: Cuando los intercambios negativos y
positivos son iguales, los negativos toman mayor preponderancia y se asocian con
más angustia y predicen mejor la depresión que los positivos. Aun los menores
eventos negativos de la vida tienen efectos adversos sobre la salud mental de los
mayores.
Los intercambios sociales que evocan aspectos negativos para los sujetos poseen
respuestas menos ambivalentes que los aspectos positivos, por ello impactan de manera
más firme sobre la salud mental.
Por otro lado, y siguiendo la teoría de la equidad, ciertos intercambios positivos pueden
relacionarse de manera negativa con la salud mental ya que crean relaciones de
dependencia, a la inversa de lo que sucede con la posibilidad de ofrecer ayuda a otros

224
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

(Smith, Goodnow 1999). Los intercambios de ayuda aunque sean necesarios dejan al
sujeto en relación de dependencia.
El acompañamiento en la vida cotidiana, por ejemplo a través de cuidadores, es de suma
importancia en los adultos mayores ya que se asocia con el proceso de bienestar y la
disminución del estrés. Se ha tenido en cuenta este dominio ya que para los adultos
mayores este es el tipo de intercambio positivo de mayor valor. Por otra parte el rechazo, las
críticas frecuentes o la negligencia son los aspectos negativos que tienen mayor incidencia
en el deterioro de la salud mental.

La desintegración social y sus efectos

Según Arias y otros la “exclusión llega en algunos casos a situaciones extremas que
propician la aparición de diversas patologías que permiten ver las graves consecuencias
psicológicas que puede ocasionar el aislamiento social en las personas de edad. De acuerdo
con De la Gándara y Álvarez (1992) el desarraigo social y los sentimientos de soledad
pueden desencadenar en el denominado “Síndrome de Diógenes” o “hundimiento
senil en los hábitos mínimos de cuidados, higiene, protección y adaptación ambiental,
necesarios para la salud y la supervivencia de los ancianos”. Por su parte, Ring (1994)
desarrolló el “Síndrome de Invisibilidad” que sufren las personas de edad en la
sociedad actual cuando se ignoran sus problemas y necesidades físicas,
psicológicas, sociales y económicas. Esta situación genera en los adultos mayores
sentimientos de pérdida de poder y de recursos para enfrentar la falta de respeto, la
exclusión y la indiferencia que padecen diariamente. Las consecuencias que la invisibilidad
produce a nivel psicológico afectan el estado de ánimo y la autoestima e incluyen además
ira, vergüenza, aislamiento, indefensión aprendida, depresión y suicidio. Estos cuadros
inciden negativamente sobre el bienestar de las personas incrementando las posibilidades
de enfermedad y muerte 68”.

Teoría de la pérdida de control

Una de las formas más acusadas por las cuales los sujetos expresan haber comenzado
con síntomas depresivos es ante la falta de control que sienten por haber perdido

68
Arias, C.; Soliverez C., Goris Walker G., Scolni, M.; Miranda C. y García A.: “Análisis de la
integración y participación comunitaria de los beneficiarios de los SIFIASAM en relación a la
satisfacción vital en la vejez” en Golpe, L. y Arias, C. (2005) Sistemas Formales e Informales
de Apoyo Social para los Adultos Mayores Aportes de una investigación científica al campo
de la Gerontología Institucional Ediciones Suarez, Mar del Plata.

225
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

fuerza física, belleza, capacidad, etc. y creer que no pueden manejar su vida tal como
lo hacían previamente.
Las limitaciones psicofísicas, económicas y sociales, parecen dejarlos expuestos a un
sentimiento de desprotección que los lleva a temores generalizados, una fuerte evitación
ante diversas actividades y un sentimiento de inadecuación frente a cualquier tipo de
proyecto personal que suele presentarse como síntomas depresivos difusos.
Esta pérdida de control se encuentra íntimamente relacionada con la sensación de pérdida
de reconocimiento y de validación externa. Razón por la cual el fortalecimiento externo
puede permitir que el sujeto recupere una sensación de capacidad que le permite
reorganizar proyectos personales.

3.5 Conclusión
Todas estas teorías o formulaciones desde donde se realizan investigaciones o prácticas
clínico terapéuticas, permiten interpretar y conocer mejor las diversas lecturas que se
pueden realizar sobre la vejez, lo cual redunda en mejores y más atinadas propuestas de
abordajes psicológicos y sociales. Vale volver a recordar que las teorías psicoanalíticas
utilizadas para explicar el duelo pueden ser utilizadas para explicar ciertos aspectos de la
depresión.

3.6 Tratamientos

El tratamiento de la depresión implica el apoyo en tres grandes ejes: la psicoterapia, las


redes de apoyo social y el farmacológico. Cada uno de estos debe ser evaluado a la hora de
pensar su terapéutica, tomando en cuenta la prevención, el tratamiento y la rehabilitación.
Cada paciente supone una suma de circunstancias que deberemos atender y donde la edad
va a ser uno de los datos implicados pero no el único.
Claudia Arias nos indica que “La evaluación y mapeo de la red de apoyo social
constituye una herramienta primordial en el trabajo con adultos mayores. Brinda
información detallada de los sostenes de que disponen los adultos mayores,
permitiendo conocer de antemano si es factible que la red pueda responder
adecuadamente y brindar los apoyos suficientes frente a situaciones críticas o a
problemáticas ya sean puntuales o que se extiendan en el tiempo. En este sentido la

226
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

evaluación de la red puede aportar información valiosa en la elaboración de un


diagnóstico prospectivo” 69:
La depresión requiere dicha evaluación y mapeo por parte del rol profesional. Esta patología
plantea riesgos a la hora de pensar un tratamiento, razón por la cual la evaluación y el
mapeo deben ser muy bien hechos ya que de lo contrario deberíamos pensar en una
internación transitoria o diurna si el cuadro así lo requiriese.
Más allá de las situaciones de mayor peligrosidad los profesionales debemos promover,
cuando existan situaciones de carencias afectivas o de encuentros sociales, nuevas redes
sociales, ya sea de amigos o grupos.

Las opciones psicoterapéuticas disponibles en la actualidad son múltiples. Desde las


psicoanalíticas hasta las de orden cognitivo-conductual, aun ofreciendo lecturas diferentes
acerca de la cura, permiten la elaboración y superación de la problemática. Los enfoques
individuales o grupales son importantes de determinar en relación a una serie de factores
tales como la mayor gravedad, donde los primeros pueden ser más útiles y aplicables, así
como las demandas específicas y conocimientos sobre el tema de las personas atendidas.
Los grupos terapéuticos tienen una función muy importante en depresiones menores y en
personas que carecen de intercambios sociales positivos.

A nivel farmacológico resulta necesario tener en cuenta las seis reglas de la


farmacocinética que regulan la elección de un antidepresivo. En el cuerpo humano los
cambios estructurales y funcionales que acompañan al envejecimiento tienen por
consecuencia modificar la farmacocinética de los psicotrópicos, entre los que aparecen los
antidepresivos.
De este hecho, los efectos secundarios, las interacciones medicamentosas y los riesgos de
toxicidad resultan aumentados. Estos cambios sobrevienen en 5 niveles (Hottin y Carrier,
1997):

Farmacocinética:

- La absorción: se encuentra poco influenciada por la edad, pero si por la toma de otros
medicamentos.

69
Arias C. “Composición de la Red de Apoyo Social de Adultos Mayores: Vínculos
Familiares y no Familiares” en Golpe, L. y Arias, C. (2005) Sistemas Formales e Informales
de Apoyo Social para los Adultos Mayores Aportes de una investigación científica al campo
de la Gerontología Institucional Ediciones Suarez, Mar del Plata.

227
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

- La distribución: los antidepresivos son liposolubles a la masa grasosa, proporcionalmente


más grande según la edad, de lo que resulta un aumento del volumen de la distribución, lo
que favorece la acumulación del medicamento.
- La unión a las proteínas es fuerte por los antidepresivos. La disminución de la
albumina y la competencia con los otros medicamentos en los sitios de unión modifican la
fracción libre de los antidepresivos.
- El metabolismo: el cambio del metabolismo hepático disminuye la rapidez de eliminación
y prolonga el tiempo de acción de los antidepresivos, favoreciendo de esta forma una mayor
incidencia de los efectos secundarios.
- La función renal disminuye con la edad lo que genera una acumulación de metabolitos
activos que aumentan los efectos secundarios.

2- Reacción anterior: Una reacción anterior, personal o familiar, positiva o negativa, es una
buena guía. De todas maneras hace falta juzgar la dosis recibida y la duración del
tratamiento.
3- Coexistencia de condiciones médicas: La presencia de ciertas enfermedades físicas
puede orientar la elección del antidepresivo.
4. Medicación global: en las personas mayores que toman muchos medicamentos, es
preferible disminuir el número, racionalizando el uso y reemplazando aquellos que pueden
causar depresión y tener en cuenta las interacciones medicamentosas.
5. Síntomas indicadores: la presencia de un enlentecimiento psicomotor importante o, a la
inversa, de una ansiedad muy marcada, podrá orientar la elección en función de las
propiedades sedativas de los diferentes antidepresivos; toda vez que se trate de un criterio
más teórico que práctico.
Características y efectos secundarios: los antidepresivos se dividen en 5 grandes clases: los
tricíclicos y los heterocíclicos; las triazolopirimidinas; los inhibidores de monoamina oxidasa
(reversibles y no reversibles), y los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina.
Son las ventajas y desventajas de cada uno lo que determinará la elección más apropiada
en función de la condición de cada paciente.

Factores culturales que inciden en la elección del tratamiento

En una investigación publicada por Gum y otros (2006), se exploran las preferencias de las
personas mayores frente a los tratamientos para la depresión, indagando las
representaciones sociales acerca de la enfermedad y la eficacia de los tratamientos en este
grupo etario. Esta investigación realizada en EEUU indica que la mayoría de los pacientes
prefieren el tratamiento psicológico frente al medicamentoso, siendo la experiencia previa el

228
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

principal indicador de esa elección. La medicación fue elegida principalmente por los
hombres, y en aquellos con depresión mayor, frente a los que tienen una depresión menor.
En otra investigación dirigida por Lawrence y col. (2006) se exploró el modo en que las
personas mayores de diversas regiones del mundo (Reino Unido, Antillas, e India)
comprendían la depresión. Los diversos significados atribuidos reflejaron concepciones
sobre las que los sujetos construían una idea de enfermedad, preocupación, causación y
desde allí inferían tratamientos posibles.
Ambas investigaciones nos indican la eficacia simbólica, entendida como las
creencias con las cuales las personas construyen, individual y socialmente, sus
padecimientos, lo que determina que nuestros tratamientos (incluyendo los
farmacológicos) no deben dejar de tener en cuenta estos conocimientos para
contribuir a la mejor terapéutica.
Todo esto nos lleva a pensar en un profesional con una comprensión más amplia sobre su
sujeto que pueda articular diversas formas de conocimientos, valores culturales, estilos de
vida y saber contar con recursos teóricos e interdisciplinarios que puedan alcanzar la
efectividad requerida por cada sujeto.

4. La Ansiedad 70

El psiquiatra suizo Jean Wertheimer (1997) lo define como un afecto caracterizado por tres
órdenes de fenómenos:
1- el sentimiento de un peligro inminente, el temor de algo indefinido o desconocido.
2- una actitud de espera frente al peligro.
3- el desconcierto por la incertidumbre en la experiencia vivida o anticipada de algo que se
encuentra oculto.
La ansiedad se acompaña de fenómenos somáticos, en parte de naturaleza
neurovegetativa. La sensación física se define como angustia (opresión en el pecho),
mientras que la ansiedad es fundamentalmente psíquica.
La ansiedad puede ser flotante, es decir desprovista de un factor detonante, o puede estar
asociada a fobias definidas, como el temor persistente e irracional de un objeto, de una
actividad o de una situación que detona un deseo compulsivo.

70
Los apartados que continúan están basados en el texto de Wertheimer, J. « Anxiéte,
Hypocondrie, Troubles de la Personnalité et Troubles Délirants en Arcand y Hébert (1997)
Précis Pratique de Gériatrie Deuxième Edition Edisem Maloine Canadá, y contienen algunos
comentarios personales y extractados de Krassoievitch.

229
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Este problema es caracterizado por un sentimiento continuo de tensión y de aprehensión,


una tendencia a subestimar y a denigrar, un miedo a ser criticado o rechazado, un
evitamiento de los contactos sociales y profesionales por miedo a ser desaprobado.

4.1 La ansiedad en la vejez

Cuando el envejecimiento promueve altos niveles de incertidumbre, existe un riesgo


potencial aumentar la ansiedad. Ciertos factores contribuyen a dicha emergencia
1- la personalidad: la personalidad ansiosa es un factor favorable a las
descompensaciones, especialmente en las situaciones de estrés. Así también aquellas
dominadas por trazos obsesivos, histéricos o fóbicos. La historia individual, la experiencia
acumulada, los modos de reacción anterior juegan un rol considerable.
2- la afectividad: el estado del humor determina el grado de resistencia a la fragilidad
psicológica. Por ejemplo la depresión, por los fuertes sentimientos de culpa que produce,
genera altos niveles de ansiedad.
3- el funcionamiento intelectual: las limitaciones intelectuales son factores que
predisponen a la ansiedad, por la vulnerabilidad que produce la restricción de recursos para
comprender situaciones nuevas. Lo cual aparece de un modo muy claro cuando existen
déficits cognitivos debido a importantes restricciones a nivel de la memoria.
4- la vida de relación: la vejez puede acarrear un aislamiento progresivo por la pérdida de
la pareja y de amigos. Esta carencias afectivas pueden resultar ansiógenas debido a la falta
de recursos seguros con los que se encuentra un sujeto.
5- la percepción del cuerpo: las pérdidas de eficacia y de control del propio cuerpo pueden
producir una pérdida de seguridad y una serie de limitaciones en las actividades que pueden
llevar a incrementar los montos de ansiedad frente a la carencia de recursos.
6- la enfermedad física: encontrarse enfermo, discapacitado o accidentado produce un
sentimiento de vulnerabilidad y angustia. También es importante destacar que la ansiedad
puede ser un síntoma de numerosas enfermedades físicas (cardiovasculares, respiratorias,
endocrinas, neurológicas y por medicamentos)
7- la vida social: el corte con la vida social, la perspectiva de discapacitarse, las miradas
prejuiciosas sobre la vejez llevan a que la imagen de si se ponga en duda y se vea de un
modo negativo. Particularmente la entrada en una institución geriátrica u otros hechos que
arrebatan el sentido del control personal pueden ser altamente ansiógenos.

Cath (1965) describió la “ansiedad por vaciamiento”, en la que el viejo percibe la amenaza
de una aniquilación total, porque siente que su si mismo interno se vacía gradualmente en
tanto que van desapareciendo los objetos externos y se pierde la capacidad operativa para
resolver este estado (Krassoievitch, 1993)

230
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

4.1.2. Manifestaciones clínicas:

La ansiedad es frecuente en la vejez, aunque sus modos de expresión y duración sean


variables. Su clínica de base no tiene diferencias por edad aunque cuenta con algunos
rasgos particulares.
Preocupaciones subjetivas: resultan de un sentimiento de vulnerabilidad y conciernen a
temas que tocan la integridad en los dominios de la salud, del cuidado de los bienes, de la
propia persona y de los seres queridos. La ansiedad suele ser frecuente detrás de un queja
de memoria.
Síntomas somáticos: Además de los que se producen en todas las edades, de naturaleza
neurovegetativa, como la taquicardia, el temblor, la inestabilidad motriz, se escucha a
menudo quejas por nauseas, disfagia, constipación, la sensación de tener la garganta
cerrada, la opresión toráxica o la impresión de la cabeza vacía. El sueño puede estar
perturbado, manifestándose en la dificultad para dormir y las pesadillas.
Consecuencia comportamentales: Los comportamientos de evitamiento predominan. El
repliegue en los hábitos y en la rutina, forman parte de los mecanismos y evitan las
confrontación con situaciones nuevas. Las fobias específicas son más raras en la vejez,
aunque es más habitual la agorafobia. Uno de los comportamientos típicos son las
iniciativas abortadas, es decir se proyectan cosas que difícilmente vayan a realizarse.
Los viejos suelen referir su preocupación por cuestiones concretas y en gran medida
la ansiedad se vuelve muy clara en la lucha por el control de las situaciones que el
sujeto enfrenta.

4.3 Tablas clínicas con ansiedad predominante (ansiedad primaria)

Distinguiremos según el CIM-10 (Clasificación Internacional de las Enfermedades) aquellas


patologías en donde la edad avanzada tenga incidencia.
1. los problemas ansiosos fóbicos son más frecuentes entre las mujeres y su
prevalencia disminuye después de los 75 años. En la mayoría de los casos las fobias
específicas aparecen en la adultez temprana, pero un tercio aparecen por primera vez
después de los 60 años. Este es el caso de la agorafobia, el cual a menudo es consecuencia
de acontecimientos o experiencias vitales tales como una enfermedad, un accidente o un
hecho de violencia. Ella también se explica por una situación crónica de discapacidad o
deficiencia. El miedo al mundo exterior y al alejamiento del domicilio van a la par, por lo que
se busca conservar la seguridad protectora que experimentan en su hogar.
2. En el cuadro de otros problemas ansiosos, el pánico es raro después de los 60 años y le
afecta a personas que ya lo han sufrido de jóvenes. La ansiedad generalizada es

231
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

probablemente con la agorafobia, la más frecuente de las tablas clínicas de este


grupo.
El trastorno obsesivo compulsivo comienza raramente después de los 50 años, lo cual
no significa que esté ausente en este grupo etario. Generalmente encuentran un equilibrio
con el tiempo, aunque frente a un cambio importante puede detonar un fuerte acceso de
ansiedad.
La ansiedad puede interferir con el funcionamiento de la memoria. La inquietud frente al
olvido de una palabra puede generar que la persona deje de buscarla. Así también puede
estar en el origen de un funcionamiento mnésico perturbado, por la falta de atención y
disminución de la concentración.

Ansiedad secundaria:

La ansiedad puede ser el resultado de múltiples cuadros entre los que se destacan los
comienzos de las demencias, frente a la toma de conciencia de la aparición de problemas.
En el delirium, por ejemplo, la ansiedad es uno de sus síntomas y está ligada a una
percepción caótica de la realidad.

4.4. Acercamiento clínico:

En la clínica resulta importante tener en cuenta:


- si la ansiedad es primaria o secundaria.
- si no es consecuencia de una eventual causa física.
- analizar el contexto de vida del enfermo, tratando de contar con los múltiples
factores etiológicos que pueden estar presentes.
Abordaje terapéutico:
Es necesario considerar tres dimensiones básicas: La psicoterapia, el apoyo social, teniendo
en cuenta el apoyo familiar y comunitario así como los programas socio-recreativos y por
último el tratamiento medicamentoso.

5. La Hipocondría

El problema hipocondríaco que se observa tanto en el hombre como en la mujer


sobrevienen generalmente después de los 50 años. El enfermo está convencido que está
afectado, o tiene posibilidades de estarlo, de una o varias enfermedades. Expresa quejas
múltiples, repetidas, a menudo alimentadas por sensaciones o signos físicos normales o
anodinos. La ansiedad y la depresión pueden acompañar este cuadro.

232
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

En los reportes del entorno el paciente se muestra dependiente y tiránico, sus innumerables
quejas son acompañadas de actitudes defensivas hacia los próximos como la indiferencia, la
agresividad o el abandono.
La queja hipocondríaca no excluye que haya enfermedades reales, particularmente en
personas mayores donde puede haber una pluripatología.
Muchos estiman a la hipocondría como un síntoma de la depresión por la atención
exagerada al cuerpo y su funcionamiento, así como la detección de trastornos en la esfera
somática. Sin embargo como veremos existen otras posibles causas, lo que nos lleva a
presentarlo separado hasta que haya evidencias más ciertas de su origen.
También es válido considerar que socialmente pareciera haber un aliento a la queja por la
vía somática de las personas mayores. Por un lado por la fuerte biomedicalización de la
vejez y por el otro porque el trato afectivo con los mayores suele estar referido a sus
enfermedades, convirtiéndose estas en un código por el cual se establecen intercambios con
los otros.
Según Krassoievitch (1993) la hipocondría tiene una alta función adaptativa: ya que le
permite desplazar a la ansiedad hacia una enfermedad imaginaria que pareciera darle
un papel más aceptable socialmente; por otro lado permitiría una expiación de
sentimientos de culpa por el malestar que siente con su entorno, y por último implicaría
un goce autoerótico por los cuidados corporales que se brinda.

5.1 Los contenidos delirantes referidos a la hipocondría

Según Olivera Pueyo y Pérez Tausía (2005) las ideas delirantes relativas a cuestiones
somáticas son frecuentes en los adultos mayores. Las ideas hipocondríacas pueden
cristalizarse en ideas estructuradas que permanecen en el tiempo y que precipitan en
trastornos delirantes persistentes.
Una serie de factores favorecen su desarrollo en la vejez:
- los cambios físicos asociados al envejecimiento,
- la pluripatología,
- la pérdida de familiares y seres queridos,
- la carencia de actividades importantes,
- la vivencia de un descontrol psíquico acerca del propio cuerpo e incluso de la
muerte.
También es importante considerar factores subjetivos asociados a características
hipocondríacas. Toda esta serie de factores puede resultar en detonante de ideas
hipocondríacas, en las cuales el cuerpo se convierte en un factor atemorizante que puede
provocar ideas obsesivas o en una ideación delirante hipocondríaca.

233
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

El Síndrome de Cotard (Berrios y Luque, 1995) aparece como una forma extrema de
manifestación de la hipocondría en tanto se manifiesta por la negación de órganos o de
funciones vitales. Este síndrome suele comenzar con un alto monto de sufrimiento, que
puede derivar en un cuadro de negativismo y pasividad absoluta, con alta desconexión del
medio.
Otro de los delirios con mayor prevalencia en los adultos mayores es el denominado
Síndrome de Ekbom o Delirio de Parasitación (Pujol y De Aspiazu, 2002) en el cual la
persona piensa y cree que se encuentra infectada por pequeños animalitos que
recorren su piel: insectos, gusanos, larvas, etc. En ocasiones aparecen heridas por el
rascado y es un tema no infrecuente desde la interconsulta con dermatología. Este es un
delirio que suele perdurar en el tiempo y cronificarse (Olivera Pueyo y Pérez Tausía, 2005).

6. Trastornos de la personalidad

La palabra personalidad viene de la palabra persona que significa máscara; se define como
la organización dinámica del individuo, de aquellos sistemas psicofísicos que determinan su
conducta y su pensamiento característico. Es una organización relativamente estable y
perdurable del carácter, temperamento, intelecto y físico de una persona, lo cual determina
su adaptación única al ambiente.
El DSM IV define un trastorno de personalidad como: “un patrón permanente e inflexible
de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las
expectativas de la cultura del sujeto, tiene su inicio en la adolescencia o principio de la edad
adulta, es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar o perjuicios para el sujeto". El
DSM-IV-TR menciona diez trastornos de personalidad, los cuales se agrupan en tres
grupos. 71

71

Grupo A (desórdenes raros o excéntricos)


Trastorno paranoide de la personalidad, personalidad paranoide.
Trastorno esquizoide de la personalidad, personalidad esquizoide.
Trastorno esquizotípico de la personalidad
Este grupo de trastornos se caracteriza por un patrón penetrante de cognición (por ej.
sospecha), expresión (por ej. lenguaje extraño) y relación con otros (por ej. aislamiento)
anormales.

Grupo B (desórdenes dramáticos, emocionales, o erráticos)


Trastorno antisocial de la personalidad, personalidad antisocial.
Trastorno límite de la personalidad, personalidad limite o Borderline.
Trastorno histriónico de la personalidad, personalidad histrionica.
Trastorno narcisista de la personalidad, personalidad narcisista.
Estos trastornos se caracterizan por un patrón penetrante de violación de las normas
sociales (por ej. comportamiento criminal), comportamiento impulsivo, emotividad excesiva y
234
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Los rasgos de personalidad son "patrones persistentes” que inciden en “las formas de
percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno y sobre uno mismo” y “que se ponen de
manifiesto en una amplia gama de contextos sociales y personales" (DSM IV).
Es importante resaltar que el trastorno de la personalidad se da cuando estos rasgos
resultan egosintónicos, es decir la persona no los distingue como ajenos o modificables, la
persona o se siente bien o percibe su sufrimiento emocional como algo inevitable. Se hacen
inflexibles y desadaptativos y causan un deterioro funcional significativo, un malestar
subjetivo y en los contextos de relación. Se manifiestan hacia el final de la adolescencia y se
consolidan de forma permanente y estable,

6.1 Modificación adaptativa: la personalidad normal puede modificar algunos trazos sin
que se vuelva patológica. Uno de estos es el cuidado obsesivo de la vida cotidiana, que
privilegia el hábito, el orden, la prudencia, una cierta rigidez en los horarios y en el estilo de
vida, tratando de contener con ello los potenciales peligros.

6.2 Problemas antiguos de la personalidad: aquellos sujetos que tenían problemas con
las actividades desarrolladas hacia el exterior tenderán a disminuir sus actividades. Los
sujetos introvertidos tendrán más tendencia a profundizarla así como a desarrollar más
dependencia psicológica especialmente cuando existen enfermedades invalidantes.

6.3 Problemas nuevos de la personalidad: el modo de adaptación patológica se


manifiesta por problemas que parecían inaparentes o que aparecían como trazos de
carácter anteriores muy marcados. Los problemas se manifiestan de un modo mayor en
relación a las circunstancias del entorno y tienen una fuerte perdurabilidad en el tiempo.

- Alteración senil del carácter: dominada por el egocentrismo, la rigidez, la avaricia, la


hostilidad y la agresividad. Los pacientes tienen tendencia a no cuidar su higiene, su
alimentación y sus actividades. Son pseudos dependientes ya que no son conscientes de
sus problemas y se oponen a toda sugestión, solo una crisis permite la intervención.

grandiosidad. Presenta con frecuencia acting-out (exteriorización de sus rasgos), llevando a


rabietas, comportamiento auto-abusivo y arranques de rabia.

Grupo C (desórdenes ansiosos o temerosos)


- Trastorno de la personalidad por evitación, personalidad fóbica.
- Trastorno de la personalidad por dependencia, personalidad dependiente.
- Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad, trastorno anancástico de la
personalidad o personalidad obsesiva-compulsiva.
Este grupo se caracteriza por un patrón penetrante de temores anormales, incluyendo
relaciones sociales, separación y necesidad de control.

235
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

- Síndrome de Diógenes: el enfermo es anosognósico, lo que extrema una situación de


negligencia y abandono de su propia persona. Son sujetos con historia de aislamiento,
suspicacia y labilidad emocional.

7. Las psicosis en la vejez

En este apartado quisiera hacer referencia a las psicosis y otros trastornos delirantes que
comienzan tardíamente o que se manifiestan en esta etapa vital.
La característica más importante de las psicosis en la vejez es que las formas son atípicas,
menos puras, y los diversos cuadros están menos diferenciados que en los más jóvenes.

7.1. Psicosis de tipo esquizofrénico de inicio tardío y muy tardío

La esquizofrenia, por definición, constituye una alteración que persiste al menos 6 meses e
incluye como mínimo un mes de síntomas en la fase activa con ideas delirantes,
alucinaciones, lenguaje y comportamiento desorganizado, conductas catatónicas y síntomas
negativos.
En la vejez hallamos pacientes que han comenzado con una psicosis esquizofrénica en el
primer tercio de su vida y personas que presentan el primer brote en la edad avanzada. Se
considera comienzo tardío a la que aparece después de los 45 años y aunque no son
frecuentes (entre el 4 y el 10%) comienzan después de los 60 años (Castle Murria, 1993;
Maneras y Deister, 1986; De la Serna de Pedro 2001)

¿Esquizofrenia o Parafrenia?:
Una muy larga discusión genera la validez de la diferenciación entre ambos diagnósticos, la
cual aun no ha podido zanjarse completamente. La distinción se basa en la pertinencia de un
diagnóstico específico sobre la patología, como es la parafrenia, o si simplemente se
reduciría a un inicio tardío de la esquizofrenia.
El uso del término Parafrenia 72 hace referencia a un trastorno delirante tardío con síntomas
específicos, entre los cuales se destaca un cuadro de ideas paranoides, con o sin

72
El término Parafrenia fue usado por Kahlbaum, en 1863, para referirse a los “trastornos de
la mente que se producen en un período de cambio biológico”. Fue Kraepelin quien lo
propuso en 1919, para designar los trastornos delirantes tardíos que se encuentran entre la
236
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

alucinaciones auditivas, personalidad conservada y respuesta afectiva apropiada. Su


evolución es diferente de las demencias u otros trastornos afectivos, predomina en mujeres
y su inicio comienza después de los 60 años (De la Serna de Pedro 2001) Algunas
características particulares es la menor incidencia de enfermedades concomitantes y de
familiares esquizofrénicos.
Los autores que defienden el término aducen que los delirios resultan por lo general más
extravagantes, más ricos, más floridos y presentan menor deterioro. Los pacientes
descriptos suelen ser mujeres solitarias, excéntricas, con algunas limitaciones sensoriales
(especialmente auditivas) pero sin una historia de enfermedad psiquiátrica previa.
Sin embargo desde otras lecturas como la escuela alemana, consideraba una redundancia
el uso de la parafrenia tardía ya que la consideraban una esquizofrenia tardía.
En EEUU la noción de parafrenia ha desaparecido ya que se la reduce a una esquizofrenia
de inicio tardío, explicando el mínimo deterioro sufrido por el menor espacio de tiempo que
lleva la patología (Grahame, 1984)
Más allá de estas distinciones lo que importa es relevar esta distinción sintomática.

7.2. Trastornos delirantes

A nivel estadístico las ideas delirantes que predominan en la esquizofrenia de inicio tardío
son los delirios persecutorios (85%), autorreferenciales (76%), de control (25%), de
grandiosidad o posesión de propiedades extraordinarias (12%) o de naturaleza
hipocondríaca (11%) (Howard, Almeida, Levy,1994).
Una idea particularmente característica de estos pacientes, que aparece en prácticamente
dos tercios de los mismos (70%) es el denominado Delirio de Tabiques (Partition
Delusions), definido por Hebert y Jacobson (1967) y refrendado por Howard (1992), en el
cual el paciente cree que hay gente, animales, materiales o radiaciones que pueden pasar a
través de estructuras que normalmente constituyen una barrera, como pueden ser los muros
y las paredes, o los suelos. Es habitual que estas ideaciones tengan un matiz paranoide
por el cual se les busca hacer un daño o provocar una enfermedad. El objeto de estos
delirios son los vecinos o también se ha visto con Ovnis que se meten en su casa o en su
cuerpo. Las alucinaciones visuales son muy floridas tanto por el colorido e imágenes.

paranoia y la demencia precoz. El término que utilizó fue Parafrenia Tardía para designar
una cuadro relativamente pequeño de pacientes, menos afectados en sus emociones y
voluntad, con ausencia de indiferencia y aplanamiento afectivo y sin destrucción de la
personalidad (De la Serna de Pedro 2001).

237
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

Lo que caracteriza a las ideas delirantes de la esquizofrenia de inicio tardío es la gran


riqueza fenomenológica y descriptiva, con todo tipo de detalles visuales y un
complejo y estructurado entramado delirante.
Uno de los elementos a destacar es el importante componente afectivo que contrasta con
cierto aplanamiento de los que se inician más temprano.

7.3. Psicosis Alucinatoria Crónica, ó Delirio Alucinatorio Crónico

Este cuadro clínico que fue bien definido por la psiquiatría francesa (Hardy -Baylé,1996) y no
incluido en las clasificaciones actuales como el DSM-IV y el CIE-10, sigue teniendo vigencia
en la clasificación oficial francesa y se define como de aparición en mayores de 60 años y es
asociado a deficiencias sensoriales, visuales y auditivas. El componente afectivo es
importante y las alucinaciones son floridas. Estas se cronifican y se viven con gran
intensidad, de ahí el nombre de delirio alucinatorio.

Conclusión

A lo largo de estas páginas hemos recorrido una serie de problemáticas y patologías que
inciden en el dolor psíquico en el envejecimiento y vejez.
Las teorías abordadas son múltiples buscando que cada una de ellas permita repensar las
prácticas y las situaciones concretas que se presentan en la clínica.
El dolor psíquico en esta etapa vital no resulta exclusivo aunque si pudimos notar que tiene
características particulares, relativos a los contextos sociales y culturales, a los cambios
biopsicológicos que suceden y a las peculiares circunstancias vitales.

Guía de Trabajo Nº 9: A partir de la lectura de las siguientes viñetas clínicas responda


las preguntas que se encuentran a continuación teniendo en cuenta los contenidos
del capítulo.

Caso Berta
1º Entrevista: Se presenta en el hospital tres hermanos para consultar por su madre. Estos
están casados y desde la muerte de su padre la mamá vive un tiempo en cada casa. Los
hijos la encuentran triste, angustiada y por momentos desorientada. No se maneja sola
como lo hacía anteriormente. Temen que tenga “algo en el cerebro”. Juan (uno de los
hermanos) piensa que de seguir así, habría que internarla en un geriátrico. Sus dos

238
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

hermanos se oponen y le dicen que si le molesta tanto que no vaya más a la casa de él. La
situación se tensa y se promueve una fuerte discusión. El psicólogo pregunta porque no
trajeron a la madre, a lo que responden que querían explicar mejor lo que pasaba y que si
estaba ella... se podía sentir mal. Ella hay muchas cosas que no sabe, “mi papá, cuenta
Mabel, le metió los cuernos toda la vida incluso tenemos hermanastros”.

2º Entrevista: Entra Berta, una señora de 75 años, caminando despacio, desganada y


comenta que ella no quería venir, que la trajeron sus hijos. Cree que su problema es de
presión y que con calmantes, ya se le va a ir. Siente que ya es vieja y que la vejez es así.
El psicólogo le pregunta porque accedió a venir. Ella responde: “por mis hijos” y
posteriormente aclara: “también por miedo a que me manden a un geriátrico... a veces
pienso que estoy loca (llora).
Cuenta que hace dos años perdió a su marido que anduvo bien el primer tiempo y después
al año empezó a andar de mal en peor. Apenas se fue él me llevó mi hija menor, la Mabel, y
después mis otros hijos, estoy una o dos semanas en cada casa.
“No puedo dormir bien, tengo pesadillas, a veces prefiero no dormir. Está siempre él y me
acuerdo, me parece que podría haber sido diferente, que se yo...” El psicólogo le pregunta:
¿Por qué, a qué se refiere? Ella relata lo siguiente: “Cuando él murió yo no estuve, justo me
había ido a visitar a una hermana en Entre Ríos, más que a visitar a cuidar porque estaba
enferma. Él, en ese momento, estaba bien. (...) Pero justo se cayó y lo de la presión se
complicó todo, Juan no me lo perdona, eran muy compinches. Juan dice que si me hubiese
quedado, que yo siempre tiraba por los míos...”
Más adelante describe su situación de este modo: “Por momentos me parece que me estoy
volviendo loca, salgo a buscar algo y no se que busco, camino y a veces me confundo
donde estoy. Por momentos siento que lo tengo adentro mío, me está volviendo loca” (llora).

3º Entrevista: “La relación con el Aldo (marido) no era fácil, era de carácter fuerte y a los 70
años me vengo a enterar que me había hecho los cuernos toda mi vida, no se porque me lo
contó, que hasta tenía otros hijos con ella. Venía a casa como por favor, ojo que mis hijos no
saben de esto. Ellos me decían que lo deje porque no estaba nunca, que para que lo
quería. Juan no. Pero yo siempre fui temerosa como me las iba a arreglar sola...”
“No me manejo bien, el otro día fui de Juan y él siempre con eso del padre y le juro que le
estaba por decir, pero me callé. Salí a dar una vuelta y en un momento me confundí no
sabía si era la calle de él o la de mi hija, me puse a llorar como una tonta y no me acordaba
la dirección, me aparecía la de mi hija solamente”.

Preguntas

239
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

¿Qué aspectos (signos, síntomas, situaciones vitales) le parecen relevantes en este caso
para arribar a un posible diagnóstico?
Construya un diagnóstico diferencial de Berta en la actualidad, mencionando tres patologías
posibles (entre ellas la que considere correcta).
¿Cuáles serían los tratamientos posibles para este caso?
Fundamente las respuestas desde los textos de la cátedra.

Caso Isabel:
Isabel es traída a la consulta por su familia (hijas y esposo) ya que se encuentra preocupada
por problemas de salud permanentes. En la última semana fue atendida por más de 12
médicos, entre visitas programadas y atención de urgencia.
Su queja es estrictamente somática y niega cualquier otro contenido psicológico, tal como
los últimos médicos que visitó le vienen diciendo.
La sensación que la preocupa es cierta inestabilidad en su marcha y su frase es: “sino no
tengo alguien que me acompañe me caigo”, más allá de que solo una vez le ocurrió ante
una baja de presión, hace ya más de dos años.
Por momentos siente que su cabeza se vacía, no puede levantarse, y siente miedo de que
algo peor ocurra. Esta situación la lleva a la urgencia médica.
Los diversos estudios que le realizaron, desde el clínico hasta el neurólogo o el cardiólogo,
no hallaron ningún elemento que dé cuenta de esta sensación.
Isabel tiene una historia de depresión y cierto nivel de alcoholismo, ambos cuadros parecen
haber terminado conjuntamente con la aparición de las preocupaciones corporales. Esto
Isabel lo desconoce así como tampoco acepta que tuvo accesos depresivos que la llevaban
a la cama durante días o que consumía alcohol.

Preguntas
¿Qué aspectos (signos, síntomas, situaciones vitales) le parecen relevantes en este caso
para arribar a un posible diagnóstico?
Construya un diagnóstico diferencial de Isabel en la actualidad, mencionando tres patologías
posibles (entre ellas la que considere correcta).
¿Cuáles serían los tratamientos posibles para este caso?
Fundamente las respuestas desde los textos de la cátedra.

Caso León:
León llega acompañado por su esposa, quien refiere que él se encuentra preocupado y
tenso. En los últimos días no puede conciliar el sueño, o se despierta intermitentemente,

240
Psicología de la Mediana Edad y Vejez

piensa que no le va a alcanzar el dinero (más allá de estar en buena situación económica),
cualquier inconveniente de la vida cotidiana lo altera.
Teme por la seguridad, desde hace días no sale de su casa y su esposa dice que:”anda
como un perro enjaulado”. Compró un sistema de alarmas para el departamento y mira
permanentemente por la cámara del edificio por si llega alguien.
León dice que se obsesiona mucho pero que la situación es grave y me dice: “¿no mira los
noticieros?”.
Su esposa opina que desde que se jubiló no sabe que hacer y controla todo, pero que desde
que la última hija se fue de la casa está más tenso que nunca y tiene miedo por todo.

Preguntas
¿Qué aspectos (signos, síntomas, situaciones vitales) le parecen relevantes en este caso
para arribar a un posible diagnóstico?
Construya un diagnóstico diferencial de León en la actualidad, mencionando tres patologías
posibles (entre ellas la que considere correcta).
¿Cuáles serían los tratamientos posibles para este caso?
Fundamente las respuestas desde los textos de la cátedra.

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