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Unidad 21

Contrato de depósito
Muchos son los contratos que obligan a una de las partes a guardar y conservar la cosa del
otro. El mandatario debe guardar las cosas cuya administración le ha sido confiada; el
contratista, las cosas que se ha comprometido a reparar; el comodatario las que se le ha
prestado; el transportador las que lleva de un lugar a otro. Pero en todos estos casos la
obligación de guarda es accesoria de otra principal, que constituye el verdadero objeto del
contrato. En el contrato de depósito, en cambio, la finalidad esencial es precisamente la
guarda de la cosa. Habrá, por tanto, depósito cuando una de las partes entrega a la otra
una cosa con la sola finalidad de custodiarla hasta que aquella la reclame. Así lo define
entonces el artículo 1356 al señalar que habrá contrato de depósito cuando una parte se
obliga a recibir de la otra una cosa con la obligación de custodiarla y restituirla con sus
frutos.

Objeto y caracteres
En nuestro derecho, la cosa objeto del depósito puede ser mueble o inmueble. Esta
solución importa una anomalía en el derecho comparado; salvo contadas excepciones, la
restantes legislaciones sólo permiten el depósito de cosas muebles.
El contrato de depósito tiene los siguientes caracteres:
a)​ Es en principio oneroso, pero puede ser gratuito si las partes lo acuerdan así
(art. 1357). Aclara la norma, a su vez, que la gratuidad sólo versa sobre la
remuneración que le es debida por el depositante al depositario, pero que aún en
estos supuestos, se le deben a este último los gastos razonables en los que
incurra para la conservación del bien. ¿Qué gastos son razonables? Aunque el
requisito de razonabilidad será ponderado en última instancia por el juez en el caso
concreto, entendemos que pueden servir como pautas de determinación las
siguientes reglas:
-​ La relación entre el gasto y el valor del bien;
-​ El grado de necesidad del gasto respecto de la necesidad de su
conservación
Cuando el depósito es oneroso, el depositante debe pagar la remuneración
establecida por todo el plazo del contrato, a menos que se hubiese pactado su
reducción si el depositante reclamase la restitución de la cosa antes del vencimiento
del contrato (art. 1360).
b)​ Se trata de un contrato bilateral, aún cuando fuese gratuito. Si bien las
obligaciones recaen principalmente sobre el depositario, que debe cuidar de la cosa
y luego restituirla al depositante, este último está obligado a entregar la cosa para su
cuidado. Si el contrato fuese oneroso, el depositante deberá además pagar la
remuneración convenida. Y en ambos casos deberá reintegrar los gastos efectuados
por el depositario, si los hubiera.
c)​ Es un contrato consensual, pues basta con el mero acuerdo de voluntades para
que sea exigible.
d)​ Es un acto de confianza del depositante en el depositario.

Distintas categorías de depósito


Según nuestro Código Civil y Comercial, el depósito puede ser voluntario o necesario. El
primero es el que resulta de libre convenio de las partes (art. 1356); el segundo es el que se
hace sin la posibilidad del depositante de elegir al depositario a causa de un hecho
imprevisto que lo somete a una necesidad imperiosa; así como también el de los efectos
introducidos por los viajeros en los hoteles y en los establecimientos o locales asimilables
(arts. 1368 y 1375). A su vez, el depósito voluntario puede ser regular o irregular. Es
regular el que se hace de cosas que pueden individualizarse; irregular el de cosas fungibles
que una vez entregadas no pueden individualizarse.
Esta distinción tiene la mayor importancia porque el depositario irregular adquiere la
propiedad de la cosa y puede disponer de ella, a diferencia de lo que ocurre en el depósito
regular o típico (art. 1367). Si se entregare en depósito una cosa fungible, pero guardada en
saco cerrado, será un contrato de depósito regular, pues la cosa está individualizada en el
saco que la encierra.

Depósitos no convencionales
Las reglas sobre el contrato de depósito se aplican sólo en forma subsidiaria, es decir, en
defecto de la legislación especial, a los efectos de los depósitos constituidos por disposición
de última voluntad, a los depósitos judiciales y a los de masas de bienes de los concursos y
quiebra.

FORMACIÓN DEL CONTRATO


Capacidad: En principio, tanto el depositante como el depositario deben tener capacidad
para contratar. No se requiere que él depositante sea dueño de la cosa; puede depositar
toda persona que tenga interés en su cuidado (mandatario, contratista de obra,
transportador, etc). Más aún, el artículo 1365 prohíbe al depositario requerirle al
depositante la prueba del dominio.
Forma: La celebración del contrato de depósito no exige el cumplimiento de formalidad
alguna. En consecuencia, puede hacerse aún verbalmente. Sin embargo, cuando el
depositario es un propietario de las llamadas casas de depósito, está obligado a entregar
recibos sobre las cosas recibidas, describiendo su naturaleza y características (art. 1377).
Esta formalidad, si bien no afecta a la existencia del contrato, tendrá repercusión sobre su
prueba.
Prueba: El contrato de depósito no posee, en principio, normas específicas respecto de su
prueba, por lo que se lo podrá probar por todos los medios aptos para llegar a una
razonable convicción (art. 1019). Sin embargo, el artículo 1377 (deberes de los propietarios
de las casas de depósito), dispone la entrega al depositante de un recibo donde consten las
cosas dejadas y su descripción. En este sentido, en el contrato de depósito toma particular
importancia el último párrafo del artículo 1019 que prohíbe la prueba de testigos para
aquellos contratos que sean de uso instrumentar. Es que el contacto de depósito puede
darse de diferentes maneras, y de acuerdo con tal tipología, será aplicable o no la
exigencia de una prueba diferente a los testigos. Así, si estamos en un supuesto de
depósito, en el que el depositario es comerciante y ejerce su actividad a través de una casa
de depósito, se aplica la prueba de artículo 1377; sin embargo, no cabría igual exigencia los
casos de depósito necesario por situaciones imprevistas, o en los casos en el depositario es
un familiar, siendo en estos casos aceptable la prueba de testigos.
Omisión de entrega de recibo: ¿Que sucede en el caso de que el dueño de la casa de
deposito omita entregar el recibo previsto en el artículo 1377? El depositante deberá
acreditar la existencia de un contrato de depósito conforme a las normas generales (art.
1019). Acreditada la existencia del depósito, la omisión de la entrega de recibo configurará
una presunción en contra del dueño de la casa de depósito, siendo válidas las
manifestaciones que al respecto realiza el depositante, siempre que tengan visos de
verosimilitud. Así, si una persona alega haber dejado en depósito bienes que no se
condicen con su capacidad económica, no podrá hacer valer la presunción a su favor ipso
iure sino que tendrá que acreditar además la posesión de dichos bienes por cualquier medio
de prueba.
Pérdida o destrucción del recibo: Si el depositante pierde el recibo o éste se destruye, podrá
requerir al depositario una copia de él. Asimismo, para el caso de que pida la restitución de
los bienes, deberá acreditar su entrega al depositario, pero no su titularidad dominial o
derecho real alguno sobre estos (art. 1365).

EFECTOS
A- Obligaciones del depositario en el depósito regular
Conforme al artículo 1358, el depositario tiene las siguientes obligaciones: a) guardar y
conservar la cosa que se le entrega, con la diligencia que usa para guardar sus cosas o que
corresponda a su profesión; b) abstenerse de usar la cosa depositada; c) restituirla al
término del contrato o cuando el depositante lo exija, con sus frutos.
Además, si el depositario ejerce su actividad como comerciante mediante una casa de
depósito, deberá, además de las obligaciones enunciadas: i) dar recibo por las cosas que le
son entregadas para su custodia, en el que se describa su naturaleza, calidad, peso,
cantidad o medida, y ii) permitir la inspección de las cosas recibidas en depósito al
depositante y a quien éste indique (art. 1376). Además, entendemos como obligación
accesoria, que tendrá que respetar y guardar secreto, no pudiendo, como parte de este
deber, abrir o acceder a las cosas depositadas en cajas o bultos cerrados.

1.​ Obligación de guarda


Alcance y contenido
La obligación esencial del depositario, aquella que constituye el objeto principal del contrato,
es la guarda de la cosa. El depositario está obligado a poner en ella la misma diligencia que
en el cuidado de las suyas propias o la que corresponda a su profesión (art. 1358). En el
primer caso, la ley se aparta del criterio objetivo de culpa, no es necesario que el depositario
demuestre que obró como lo haría una persona diligente o un buen padre de familia; basta
con demostrar que no puso más esmero que en el cuidado de sus propias cosas. Pero
distinta es la solución en el segundo caso, cuando el depositario actúa profesionalmente, a
través de una casa de depósito. En dichos casos se aplica la regla del artículo 1376, en los
cuales el titular solo se exime de responsabilidad si la cosa se pierde por la naturaleza de
las cosas, un vicio que poseían o defectos en el embalaje (en el caso de que no hayan sido
embaladas por el depositario). En estos casos, además, el caso fortuito sólo funcionará
como eximente si este es ajeno al riesgo de la actividad. Así, si se da a una casa de
depósito la custodia de determinados bienes de valor, su robo no exime de responsabilidad
por caso fortuito. El cuidado de la cosa debe ser personal, ya que el depósito es una
relación de confianza. El depositario no puede delegar en otro dicho cuidado, es decir,
no puede depositar la cosa en un tercero, a menos de estar autorizado a hacerlo. Pero
puede poner la cosa bajo la vigilancia de un dependiente directo, de cuya actuación el
depositario responde ante el depositante. Asimismo, el depositante puede pactar con el
depositario que los bienes sean custodiados de una forma en particular (por ejemplo,
un depósito de vinos, que deben conservarse en una sala refrigerada a una determinada
temperatura). El incumplimiento de estas obligaciones dará lugar al depositante a pedir la
restitución inmediata de los bienes y el cobro de los daños que dicho incumplimiento cause.
Además, si por cuestiones excepcionales el depositario debe cambiar el modo en que
se realiza la custodia de los bienes, debe dar inmediato aviso al depositante a los
fines de que este tome los recaudos del caso (art. 1362).

Caso fortuito
Como todo deudor de cuerpo cierto, el depositario que no lo restituye o lo restituye
deteriorado, se presume culposo si no demostrarle lo contrario. La fuerza mayor, más aún,
la ausencia de culpa del depositario en la pérdida de la cosa, lo exime de responsabilidad, y
tal pérdida debe ser soportada por el depositante (art. 1364). Las excepciones a esta regla
son que el depositario haya tomado el caso fortuito a su cargo en el contrato, o que el
acontecimiento haya sucedido por su culpa, o que haya ocurrido después de
constituido en mora para restituir la cosa; sin embargo, en este último caso, no
responderá si demuestra que la cosa se hubiera perdido también en poder del
depositante.
Sin embargo, el caso fortuito, como eximente de responsabilidad, sólo opera como ruptura
de la relación de causalidad si el hecho es ajeno al riesgo de la actividad (art. 1376).

Gastos de conservación
Es necesario distinguir según el depósito sea oneroso o gratuito. Si es gratuito, el
depositario está obligado a realizar los gastos razonables para la custodia y restitución de la
cosa, mientras que el depositante está obligado a reembolsárselos (art. 1357). Sí, en
cambio, el depósito es oneroso, y es necesario hacer gastos extraordinarios para la
conservación de la cosa, el depositario está obligado a dar aviso inmediato al depositante, y
a hacer los gastos razonables causados por actos que no pueden demorarse. Tales gastos
corren por cuenta del depositante (art. 1360). Por lo demás, si el depositario gratuito está
obligado a realizar los gastos razonables para la custodia de la cosa, con derecho a ser
reembolsado; con mayor razón la misma obligación recae en el depositario oneroso.

Como el depositario no está obligado a asegurar la cosa, el depositante no responde por las
primas del seguro, a menos que, ocurrido el siniestro, aquel le entregue (como es su
obligación) la indemnización recibida. En este caso, en efecto, sería contrario a toda noción
de equidad que el depositante se beneficie con el acto de previsión del depositario y no
afronte el pago de las primas. El depositario que no cumple con la obligación de avisar ni
hace los gastos necesarios, debe indemnizar al depositante por los daños que resulten, en
tanto, incumple una obligación legal contenida en los artículos 1357 y 1360.

2.​ Obligación de no hacer uso de la cosa


Alcance
El depositario no puede usar la cosa depositada (art. 1358). Al tratarse de una norma
supletoria, nada obsta que el depositante autorice al depositario a utilizarla, ya sea
expresamente, ya sea tácitamente, conociendo su uso y no evitándolo. Si, violando sus
obligaciones legales, el depositario la usare, debe los daños causados conforme al principio
de la reparación integral. Cuando el depósito es de dinero, lo que constituye un
supuesto de depósito irregular –a menos que se entregue un saco o caja o bulto
cerrado–, hay una transferencia del dominio de la cosa y, por tanto, el depositario
queda autorizado a usarlo y disponer de él como le plazca, aunque se lo prohíba el
contrato (art. 1367). Por lo tanto, esta norma sólo puede tener aplicación en el caso de que
el dinero se haya entregado en saco o caja o bulto cerrado, que el depositario hubiera
abierto.
3.​ Obligación de restitución
Cómo debe hacerse la restitución
La restitución debe hacerse en especie; debe restituirse la misma idéntica cosa con todas
sus accesiones y frutos (art. 1358) y como ella se encuentre, sin que el depositario sea
responsable de los daños que hubiera sufrido sin su culpa (art. 1364). Pero debe
presumirse que, si el depositario recibió la cosa en buenas condiciones y la devuelve
deteriorada, tales daños se han producido cuando la cosa se encontraba bajo su guarda, y
sólo quedará liberado si prueba que el perjuicio provocado no le es imputable. En lo que
atañe a los frutos, el depositario sólo debe los percibidos, pues en su calidad de simple
custodio, no está obligado a cultivar la cosa. Cuando la restitución en especie se haya
hecho imposible por culpa del depositario (que la ha destruido o enajenado), está
obligado al pago de los daños consiguientes. Como todo deudor de cuerpo cierto, su
culpabilidad se presume mientras no demuestre lo contrario.

Responsabilidad de los herederos del depositario que han enajenado la cosa


Los herederos del depositario que hayan enajenado de buena fe la cosa mueble,
ignorando que se trataba de un depósito, solo están obligados a restituir al
depositante el precio recibido, y si el precio aún no ha sido pagado, deben ceder el
crédito (art. 1366). Es una solución de excepción, fundada en una razón de equidad, para
no perjudicar al heredero de buena fe. Por el contrario, los que sabían que la cosa era
depositada y la vendieron, están sujetos a las reglas ordinarias: responden por el valor de la
cosa y los restantes daños. En cambio, si la hubieren donado, están obligados a
devolver su valor, ya que sería inadmisible que el depositante perdiera todo derecho a
reclamo alguno.

A quién debe hacerse la restitución


La cosa depositada debe restituirse al depositante o a quien éste indique. Si el depósito es
en interés de un tercero, no se puede entregar la cosa sin el consentimiento de este
(art. 1363). Si el depósito ha sido hecho por un administrador de bienes ajenos, acabada la
administración, el depósito debe ser devuelto a la persona representada en atención a que
ha cesado la causa de la representación. Si el depositante hubiera perdido la administración
de sus propios bienes, la restitución debe hacerse a la persona a la cual hubiere pasado la
administración a los fines de evitar que los bienes queden exentos de la órbita del
administrador. Así, si el depositante deviene incapaz, las cosas deberán ser entregadas a
su apoyo, o si se le ha decretado la quiebra, al síndico. Puede ocurrir que quienes deban
recibir el depósito sean varios, porque fueron múltiples los depositantes o porque
fallecido el depositante, lo suceden varios herederos. Si los interesados se ponen de
acuerdo en quién ha de recibir el depósito, el depositario cumple entregándolo a dicha
persona; pero si no hay acuerdo, la cosa debe consignarse judicialmente.

Lugar y gastos de la restitución


El depósito debe restituirse en el lugar en que se custodió la cosa (art. 1361), salvo que en
el contrato se designare otro; en este caso, el depositario está obligado a transportar la cosa
al lugar indicado, siendo por cuenta del depositante los gastos del traslado (art. 1357).

Tiempo de la restitución
El problema del tiempo de la restitución debe ser analizado con relación a dos hipótesis
distintas:
-​ El contrato fija el término: El plazo se supone fijado en favor del depositante, de
modo que el puede exigir la restitución en cualquier momento, aun cuando el plazo
no hubiera vencido (art. 1359). En los supuestos de depósito oneroso, el
depositante tiene derecho a recobrar la posesión de los bienes dados en
depósito en cualquier momento, pero si lo hace antes de la conclusión del
plazo pactado, debe –además de los gastos incurridos hasta el momento de la
devolución– la totalidad de la remuneración pactada, a menos que se hubiera
pactado lo contrario.
-​ El contrato no fija el término: Cualquiera de las partes puede ponerle fin cuando
quiera. Pero el depositario no puede ejercer este derecho en forma intempestiva o
arbitraria, como ocurriría si el depositante está en el extranjero y no se encuentra en
condiciones de cuidar la cosa, en cuyo caso incurrirá en un ejercicio abusivo del
derecho.

Compensación
En el depósito regular, la compensación es improcedente, porque en este el objeto debe ser
siempre una cosa no fungible y la naturaleza de esta no es compatible con la
compensación. En tanto, en el depósito irregular, la obligación de restituir puede
compensarse con créditos que tenga el depositario contra el depositante en razón de las
normas que rigen la extinción de las obligaciones por compensación.

Derecho de retención del depositario


El depositario tiene derecho a retener la cosa depositada hasta el pago entero de lo que se
le debe en razón del depósito, conforme a la regulaciones del derecho de retención
contenida en los artículos 2587 a 2593. Demás está decir que el derecho de retención no
puede ejercerse por créditos ajenos al depósito (art. 2587).

4.​ Obligación de guardar secreto


Alcance
Cuando el depósito consiste en una caja, saco o bulto cerrado, el depositario debe
abstenerse de abrirlo, a menos que estuviera autorizado por el depositante. Esta
autorización se presume: a) si el depositante ha entregado las llaves de la caja al
depositario, a menos que, no obstante esa circunstancia, le hubiera prohibido abrirla; b) si
las órdenes del depositante no pudieran cumplirse sin abrir la caja, saco o bulto. Pero el
depositario no solo debe respetar el secreto del depósito entregado en caja cerrada;
está también obligado a no divulgarlo si por cualquier acontecimiento (apertura de la caja
con o sin autorización del depositante, sea por hecho del depositante, el depositario o por
caso fortuito) llegaré a conocer su contenido. Esta es una obligación accesoria en cabeza
del depositado, parte del principio general de la buena fe.

5.​ Obligaciones particulares de las casas de depósito


Enunciación
Además de las obligaciones hasta aquí enunciadas, las casas de depósito tendrán las
siguientes obligaciones: a) dar recibo por las cosas que le son entregadas para su
custodia, en el que se describa su naturaleza, calidad, peso, cantidad o medida; b) permitir
la inspección de las cosas recibidas en depósito al depositante y a quien éste indique, de
constatar tanto su integridad, como el cumplimiento de las demás obligaciones
contractuales pagadas (por ej. el modo especial de ejercer el cuidado) (art. 1377). Ante la
negativa del depositario, el depositante podrá requerir la orden judicial pertinente y ejercer
su derecho con auxilio de la fuerza pública bajo la forma de medida cautelar, tutela
anticipada o de diligencia preliminar, según sea el caso.

B- Obligaciones del depositario en el depósito irregular


Obligación de restitución
El depósito irregular transfiere la propiedad de las cosas depositadas al depositario; no se
concibe en este caso hablar de una obligación de guarda y cuidado de la cosa autónoma de
la de restituir. Al depositante no le interesa lo que el depositario haga con el dinero o
las cosas fungibles que le entregó; lo que importa es que al término señalado se le
entregue una suma equivalente o una cantidad, especie y calidad igual de cosas
fungibles. Esta es la única obligación que la ley impone al depositario irregular (art.
1367).
Como el depósito irregular presupone la transmisión del dominio, el legislador ha remitido
los casos en que las cosas dadas en depósito irregular fueron usadas por el depositario, a
las reglas de restitución del mutuo (art. 1367) las que son tratadas en el número 1159.

ARTÍCULO 1367.- Efectos. Si se entrega una cantidad de cosas fungibles, que no se encuentra en
saco cerrado, se transmite el dominio de las cosas aunque el depositante no haya autorizado su
uso o lo haya prohibido. El depositario debe restituir la misma calidad y cantidad.

Si se entrega una cantidad de cosas fungibles, y el depositario tiene la facultad de servirse de


ellas, se aplican las reglas del mutuo.

C- Obligaciones del depositante


Enumeración
Pesan sobre el depositante las siguientes obligaciones:
a)​ Reembolsar al depositario los gastos razonables que hubiera hecho para la
conservación de la cosa depositada y para su restitución (art. 1357). La ley se
refiere a los gastos ordinarios de conservación (art. 1357), pero también a los
extraordinarios que fueron notificados o que se hubieran efectuado en forma urgente
para el cuidado de la cosa, si se tratara de un depósito oneroso (art. 1360). También
debe el depositante los gastos de traslado de la cosa al lugar de restitución
acordado en el contrato, o posteriormente, si es diferente del lugar en que la cosa
debió ser custodiada (art. 1361).
b)​ Indemnizar al depositario de los perjuicios que le ha ocasionado el depósito.
Por ejemplo, si las cosas dadas en depósito poseen un vicio que causan daños a
bienes del depositario o de otros depositantes.
c)​ Pagarle la remuneración pactada. El artículo 1360 establece que el pago debe ser
por todo el plazo por el que se haya pactado el depósito, aún cuando el depositante
exigiera su restitución en forma anticipada; salvo pacto en contrario.
d)​ Recibir la cosa que le restituye el depositario en tiempo oportuno. Si constituido
en mora no la recibiere, debe los daños consiguientes.
La responsabilidad del depositante por las indemnizaciones debidas al depositario no está
limitada al valor de la cosa, ni podría pretender eximirse de su pago haciendo abandono de
ella.

Fin del depósito


Distintas causas. El depósito termina:
a)​ Si el contrato fue por tiempo determinado, al vencimiento del plazo; si fuere
por tiempo indeterminado cuando cualquiera de las partes lo quisiere. Y aún
cuando se tratare de un contrato por tiempo determinado, el depositante tiene
derecho a exigir la restitución de la cosa antes de que venza el plazo pactado (art.
1359).
b)​ Por la pérdida de la cosa depositada. No importa que la pérdida haya ocurrido por
fuerza mayor o por culpa del depositario; en cualquier caso el depósito concluye, sin
perjuicio de que en el primer caso el depositario está exento de responsabilidad y en
el segundo debe reparar el daño. Esta disposición no es aplicable al depósito
irregular, pues el género no perece y el depositario siempre podrá restituir otras
cosas de la misma calidad y en igual cantidad.
c)​ Por la enajenación que hiciese el depositante de la cosa depositada. Es natural
que así sea, porque pudiendo en cualquier momento el depositante exigir la
devolución del depósito, es obvio que esa facultad debe reconocerse a quien lo ha
sucedido en sus derechos de dueño.
d)​ Por mutuo disenso. Este recurso permite ponerle fin al contrato antes del
vencimiento del plazo sin riesgo de que surja un eventual derecho a indemnización,
como puede ocurrir en la rescisión unilateral.

En cambio, el contrato de depósito no se resuelve por muerte de ninguna de las


partes. Si el depositario fallece, el depositante siempre tiene la facultad de pedir a sus
herederos la restitución de la cosa, o de dejarla en poder de estos hasta la conclusión del
plazo. A su vez, si se trata de un depósito gratuito, los herederos del depositario podrán
devolver la cosa en cualquier momento. Por otro lado, si fallece el depositante, sus
herederos podrán pedir la restitución en cualquier momento sucediendo al causante.

Depósito necesario
Dice el artículo 1368, que el depósito necesario es aquel en que el depositante no puede
elegir la persona del depositario por un acontecimiento que lo somete a una necesidad
imperiosa, y el de los efectos introducidos en los hoteles por los viajeros. El depósito
necesario strictu sensu serían los casos en que el depósito ha debido hacerse por estar
el depositante sometido a una situación crítica, causada por incendio, saqueo, ruina,
etc. El problema de si ha existido o no necesidad imperiosa de hacer el depósito es cuestión
que queda librada a la prudente apreciación judicial; pero no basta una simple dificultad ni
mucho menos una mera conveniencia, por evidente que fuera. Tampoco hay depósito
necesario en el concepto del artículo 1368, cuando el depositante se ve obligado a hacerlo,
no porque medien circunstancia de fuerza mayor, sino porque se lo impone un contrato
celebrado con terceras personas.
Régimen legal
El depósito necesario está sujeto al mismo régimen legal que el voluntario. La doctrina y la
jurisprudencia han acuñado ciertas soluciones diferentes para el depósito necesario que
atienden a las particularidades que reviste dicha situación:
a)​ Es válido el depósito hecho a personas adultas con capacidad restringida.
Cualquier persona con discernimiento puede ser constituida como depositaria en
razón de la situación de excepción que obliga al depositante a entregar las cosas.
Así, mientras el depositario no sea una persona de menos de 13 años o que
hubiera sido declarada judicialmente incapaz, el depósito será válido. En estos
casos, el depósito es válido aunque el representante legal o el apoyo no lo haya
autorizado y aunque se haya opuesto. A su vez, el depositario con tal afectación
queda responsable por todas las consecuencias del depósito.
b)​ Para acreditar el depósito necesario se admite toda clase de pruebas (art.
1019), incluso la de testigos, porque las circunstancias en que se presume son
de tal naturaleza que no permiten al depositante tener prueba documental.

Depósitos en hoteles
Lineamientos de régimen legal
La introducción de efectos y equipajes hecha por el viajero en un hotel está sujeta al
régimen que establece los artículos 1368 a 1375. En primer término, el depósito se
considera necesario (art. 1368), lo que tiene interés desde el punto de vista de la prueba
de los efectos introducidos en el hotel. En segundo lugar, el concepto de depósito se
amplía notablemente, pues comprende no solo las cosas entregadas al hotelero o su
dependientes, sino también las introducidas por el viajero, que las ha conservado consigo
sin entregarlas en momento alguno (art. 1369). Por último, la responsabilidad del hotelero
es más grave que la del derecho común, desde que responde inclusive por el hecho
de personas extrañas. Esta mayor severidad con que la ley considera el hotelero se
explica porque muchas veces el viajero se encuentra en la imposibilidad de elegir un hotel,
porque es justo que quien hace su negocio con el cliente tome los cuidados del caso para
evitar daños y pérdidas.

Concepto de hotelero y de viajero


Se entiende por hoteleros a todos aquellos cuyo negocio consiste en dar alojamiento a
viajeros. Asimismo, el artículo 1375 extiende la aplicación del régimen de responsabilidad
del hotelero a hospitales, sanatorios, casas de salud y deporte, restaurantes, garajes,
lugares y playa de estacionamiento y otros establecimientos similares que prestan sus
servicios a título oneroso.

Objetos por los cuales responde el hotelero


El hotelero responde por los daños o pérdidas sufridas en todos los efectos
introducidos en los hoteles, inclusive los vehículos de cualquier clase dejados en las
dependencias del hotel. Sin embargo, está eximido a responder por los bienes del
pasajero dejados dentro del vehículo (art. 1371).

Cosas de gran valor


Establece el artículo 1372 que si el viajero posee valores que exceden lo que normalmente
puede llevar un pasajero, debe declarar el valor al hotelero y proceder a guardarlas en las
cajas de seguridad que este indique. En estos casos, el hotelero responde por el valor
declarado de las cosas depositadas. ¿Qué valor es el normal? La idea de un valor superior
a lo normal debe ser considerada con relación al tipo de establecimiento de que se trate. No
es lo mismo una gran suma de dinero en un hotel cinco estrellas, de máxima categoría, que
la misma suma introducida por un mochilero en un hostel. Entendemos que esta norma
debe complementarse con el artículo cuarto de la ley 24.240 en tanto el hotelero deberá
informar al viajero-consumidor de su obligación de declarar los bienes de elevado valor, que
en caso de no hacerlo, no podrá invocar la falta de declaración como eximente de
responsabilidad. La omisión del pasajero de dar cumplimiento a la norma traerá aparejada
como consecuencia la pérdida del derecho a reclamar por el robo o el hurto sufrido. A su
vez, si el valor declarado es excesivo en relación al tipo de establecimiento, o su cuidado
causa molestias excesivas, el hotel tiene el derecho de negarse a recibirlas (art. 1373).

Comienzo de la responsabilidad
La responsabilidad del hotelero surge tan pronto como las cosas han sido
introducidas en el hotel, sea por sus empleados o por el propio viajero; y aún antes, si
las cosas fueron entregadas al empleado del hotel para que las introdujera. No cesa
su responsabilidad por la circunstancia de que el viajero tenga la llave de su habitación (art.
1369).

Personas de cuyos hechos responde el hotelero


El hotelero responde ante todo de sus propios hechos y de los de sus dependientes,
lo que no es sino una aplicación del régimen general de la responsabilidad; responde
también de los hechos de terceros, sea otro viajero o cualquier persona extraña, pues en
definitiva el factor de atribución es objetivo.

Eximentes de responsabilidad
La regla general es que el hotelero, como todo depositario, es responsable de toda pérdida
o daño sufrido por las cosas de viajero, a menos que demuestre que sea originado: en culpa
del propio viajero; en un hecho de los familiares o visitantes del propio viajero; en un
acontecimiento de caso fortuito o fuerza mayor ajeno a la actividad hotelera; en la
naturaleza misma de la cosa. Las eximentes de responsabilidad operan dentro del marco
que da el riesgo de actividad en el artículo 1757.

Cláusulas de no responsabilidad
Son nulas todas las estipulaciones contractuales en virtud de las cuales el hotelero
limite la responsabilidad que la ley le atribuye; con mayor razón son ineficaces los
anuncios o avisos puestos en lugar visible con el mismo propósito. Puesto que la ley
considera que el depósito en hoteles tiene carácter necesario y que el viajero no está en
condiciones de discutir libremente sus cláusulas, es natural que sean nulas las que
reduzcan la responsabilidad del hotelero, nulidad que se ha visto reforzada por el artículo 37
de la ley de defensa del consumidor. En cambio, nada se opone a que esta suma
responsabilidades mayores, como sería el tomar sobre sí la fuerza mayor.

Prueba
La prueba de la pérdida y de la cantidad, calidad y valor de los objetos perdidos puede
hacerse por cualquier medio, sin limitación alguna, salvo que mediare declaración del valor
al hotelero, donde la responsabilidad es por el valor declarado.
Derecho de retención
De conformidad con el derecho de retención, el hotelero puede ejercer su derecho sobre
todos los bienes que posea el viajero y que sean susceptibles de embargo, excluyéndose
en consecuencia aquellos enunciados en la ley 12. 296, que son las ropas y muebles de su
indispensable uso y los instrumentos necesarios para su profesión, arte u oficio. Pero
subsiste el derecho de retención sobre dinero, valores, alhajas, etcétera; igualmente
subsiste sobre la ropa, si por su cantidad y calidad tuviera carácter suntuario; así, por
ejemplo, un tapado de pieles caras y aún la ropa corriente, en la medida en que su cantidad
exceda las necesidades normales y razonables del deudor.

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