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PACTOS

Pactos en AT Y NT

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Hebreos 8:6 (6-13)

La Biblia es categórica: sólo uno de los pactos trae salvación. El otro


es digno de rechazo: De los dos pactos, uno trae salvación; el otro,
esclavitud.

Gálatas 4:21 al 31

Los cristianos que rechazan la autoridad del Antiguo Testamento a


menudo consideran que la entrega de la Ley en el Sinaí es inconsistente
con el evangelio. Concluyen que el pacto dado en el Sinaí representa
una era, una dispensación, de la historia de la humanidad en la que la
salvación se basaba en la obediencia a la ley. Pero debido a que el
pueblo fracasó en vivir según las demandas de la ley, Dios (dicen ellos)
puso en rigor un nuevo pacto, un pacto de gracia por medio de los
méritos de Jesucristo. Esta, entonces, es su comprensión de los dos
pactos: el antiguo basado en la ley, y el nuevo basado en la gracia.

Por más que esta visión sea común, está equivocada. La salvación nunca
fue por la obediencia a la ley; el judaísmo bíblico, desde sus inicios,
siempre fue una religión de la gracia. El legalismo que Pablo estaba
confrontando en Galacia era una perversión, no solamente del
cristianismo sino también del Antiguo Testamento mismo. Los dos pactos
no son una cuestión de tiempo; sino que reflejan las actitudes humanas.
Representan dos diferentes formas de intentar relacionarse con Dios,
que se remontan a Caín y Abel. El antiguo pacto representa a aquellos
que, como Caín, erróneamente dependen de su propia obediencia como
medio de agradar a Dios; en contraste, el nuevo pacto representa la
experiencia de aquellos que, como Abel, dependen completamente de la
gracia de Dios para hacer todo lo que él ha prometido.

Muchos consideran que la interpretación que Pablo hace de la historia de


Israel en Gálatas 4:21 al 31 es el pasaje más difícil de su epístola. Eso se
debe a que es un argumento sumamente complejo que requiere un
conocimiento amplio de las personas y acontecimientos del Antiguo
Testamento. El primer paso para entender este pasaje es tener una
comprensión básica de un concepto del Antiguo Testamento que es
crucial en el argumento de Pablo: el pacto.

La palabra hebrea traducida como “pacto” es berit. Aparece casi


novecientas veces en el Antiguo Testamento y se refiere a un contrato
vinculante, un acuerdo o tratado.
¿Cuál era la base del pacto original de Dios con Adán en el Jardín del
Edén antes del pecado? Génesis 1:28; 2:2, 3 y 15 al 17.

Aunque el matrimonio, el trabajo físico y el sábado eran parte de las


cláusulas generales del pacto de la creación, el punto central era el
mandato de Dios de no comer del fruto prohibido. La naturaleza básica
del pacto era: “¡Obedece y vivirás!” Con una naturaleza creada en
armonía con Dios, el Señor no requería lo imposible. La obediencia era la
inclinación natural de la humanidad; sin embargo, Adán y Eva
escogieron hacer lo que no era natural y, con ese acto, no solamente
quebrantaron el pacto de la creación, sino que también hicieron que sus
cláusulas fuesen imposibles para los seres humanos ahora corrompidos
por el pecado. Dios mismo restauraría la relación que Adán y Eva habían
perdido. Hizo esto al establecer un pacto de gracia, basado en la
promesa eterna de un Salvador (Gén. 3:15).

EL PACTO CON ABRAHAM

¿Qué promesas de pacto le hizo Dios a Abram en Génesis 12:1 al 5?


¿Cuál fue la respuesta de Abram?

12 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu


parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y
haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu
nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a
los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las
familias de la tierra. 4 Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot
fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando
salió de Harán. 5 Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo
de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las
personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra
de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.

Las promesas iniciales de Dios a Abram conforman uno de los pasajes


más poderosos del Antiguo Testamento. Estos versículos están llenos de
la gracia de Dios. Es Dios, no Abram, el que hace las promesas. Abram
no había hecho nada para ganarse o merecer el favor de Dios, ni
tampoco hay ninguna indicación que sugiera que Dios y Abram de
alguna manera hayan obrado juntos para crear este pacto. Dios hace
todas las promesas. En contraste, Abram es llamado a tener fe en la
certeza de la promesa de Dios, no una “fe” endeble, sino una fe que se
manifiesta cuando él deja a su familia extendida (¡a los 75 años!) y se
marcha a la tierra que Dios le prometió.

Después de diez años de esperar que naciera el hijo prometido, ¿qué


preguntas tenía Abram sobre la promesa de Dios? Génesis 15:1 al 6.

A menudo es fácil glorificar a Abram como el hombre de fe que nunca


tuvo preguntas ni dudas. Sin embargo, la Escritura señala un cuadro
diferente. Abram creyó, pero también tuvo preguntas en el camino. Su fe
era una fe en crecimiento.

Como el padre del muchacho endemoniado en Marcos 9:24, Abram


básicamente le dijo a Dios, en Génesis [Link] “Creo, ayuda mi
incredulidad”.

En respuesta, Dios, en su gracia, le aseguró a Abram la certeza de su


promesa al hacer un pacto formal con él (Gén. 15:18).

Dios no solamente le dio su palabra a Abraham, puso su propia vida


como garantía. Jesús dio su vida en el Calvario para hacer realidad su
promesa.

ABRAHAM, SARA Y AGAR

¿Por qué Pablo tiene una visión tan despectiva del incidente con Agar?
Gálatas 4:21 al 31; Génesis 16. ¿Qué punto crucial de la salvación está
enfatizando Pablo al utilizar esta historia del Antiguo Testamento?

NTV:
21
Díganme ustedes, los que quieren vivir bajo la ley, ¿saben lo que
en realidad dice la ley? 22 Las Escrituras dicen que Abraham tuvo
dos hijos, uno de la mujer esclava y el otro de su esposa, quien
había nacido libre.[e] 23 El nacimiento del hijo de la esclava fue el
resultado de un intento humano por lograr que se cumpliera la
promesa de Dios; pero el nacimiento del hijo de la libre fue la
manera en que Dios cumplió su promesa.
24
Esas dos mujeres son una ilustración de los dos pactos de Dios.
La primera mujer, Agar, representa el monte Sinaí, donde el pueblo
recibió la ley que los hizo esclavos. 25 Y ahora Jerusalén es igual
que el monte Sinaí, en Arabia,[f] porque la ciudad y sus hijos viven
bajo la esclavitud de la ley; 26 pero la otra mujer, Sara, representa
la Jerusalén celestial. Ella es la mujer libre y es nuestra
madre. 27 Como dijo Isaías:

«¡Alégrate, oh mujer sin hijos,


tú que nunca diste a luz!
¡Ponte a gritar de alegría,
tú que nunca tuviste dolores de parto!
¡Pues la mujer desolada ahora tiene más hijos
que la que vive con su esposo!»[g].

El lugar de Agar en la historia del Génesis está directamente relacionado


con el fracaso de Abram en creer en la promesa de Dios. Como esclava
egipcia en el hogar de Abram, Agar probablemente llegó a ser posesión
de Abram como uno de los muchos regalos que Faraón le dio a cambio
de Sara, un acontecimiento asociado con el primer acto de incredulidad
de Abram en la promesa de Dios (Gén. 12:11-16).

Después de esperar durante diez años a que naciera el hijo prometido,


Abram y Saraí seguían sin hijos. Saraí llegó a la conclusión de que Dios
necesitaba su ayuda y le dio a Agar a Abram como concubina. Aunque
resulte extraño para nosotros hoy, el plan de Saraí era bastante
ingenioso. Según las costumbres antiguas, una esclava podía servir
legalmente como madre de alquiler para su ama estéril. Así, Saraí podía
considerar como propio a cualquier hijo que naciera de la unión entre su
esposo y Agar. Aunque el plan surtió efecto, no era el hijo prometido por
Dios.

En esta historia, tenemos un poderoso ejemplo de cómo, al enfrentar


circunstancias desalentadoras, aun un gran hombre de Dios tuvo un
desliz en su fe.

En Génesis 17:18 y 19, Abraham le suplicó a Dios que aceptara a Ismael


como su heredero; el Señor, por supuesto, rechazó esa oferta. ¡El único
elemento “milagroso” en el nacimiento de Ismael fue que Sara estuviera
dispuesta a compartir a su esposo con otra mujer! No hubo nada fuera
de lo común en el nacimiento del hijo de Agar, un hijo nacido “según la
carne”.

En contraste con el nacimiento de Ismael, mira las circunstancias que


rodearon el nacimiento de Isaac.
Génesis 17:15 al 19;
15
Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai,
mas Sara[c] será su nombre. 16 Y la bendeciré, y también te daré de ella
hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de
pueblos vendrán de ella. 17 Entonces Abraham se postró sobre su
rostro, y se rio, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha
de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir? 18 Y
dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. 19 Respondió Dios:
Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre
Isaac;[d] y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus
descendientes después de él.

18:10 al 13;
10
Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he
aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de
la tienda, que estaba detrás de él. 11 Y Abraham y Sara eran viejos, de
edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las
mujeres. 12 Se rio, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he
envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya
viejo? 13 Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara
diciendo: Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?

Hebreos 11:11 y 12
11
Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para
concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que
era fiel quien lo había prometido. 12 Por lo cual también, de uno, y ese ya
casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la
arena innumerable que está a la orilla del mar.

AGAR EN EL MONTE SINAÍ

¿Qué tipo de relación de pacto deseaba establecer Dios con su pueblo


en el Sinaí? ¿Qué similitudes comparte con la promesa de Dios a
Abraham? 19:3 al 6; Deuteronomio 32:10 al 12. (Génesis 12)

Dios deseaba compartir la misma relación de pacto con el pueblo de


Israel en el Sinaí que compartió con Abraham. De hecho, existen
similitudes entre las palabras de Dios a Abraham en Génesis 12:1 al 3 y
sus palabras a Moisés en Éxodo 19. En ambos casos, Dios enfatiza lo que
hará por su pueblo. No les pide a los israelitas que prometan hacer algo
para obtener sus bendiciones; más bien, deben obedecer como
respuesta a esas bendiciones. En Éxodo 19:5 Dios dice: “Si diereis oído a
mi voz”. Las palabras de Dios no implican justificación por obras. Al
contrario, él deseaba que Israel tuviera la misma fe que caracterizó la
respuesta de Abraham a sus promesas (¡por lo menos la mayor parte del
tiempo!).

Si la relación de pacto que Dios le ofreció a Israel en el Sinaí es similar a


la que le dio a Abraham, ¿por qué Pablo identifica el Monte Sinaí con la
experiencia negativa de Agar?

El pacto del Sinaí tenía la intención de señalar la pecaminosidad de la


humanidad y el remedio de la abundante gracia de Dios, que fue
tipificada en los servicios del santuario.

Hebreos 8:6 y 7.
6
Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador
de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
7
Si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, ciertamente no se
habría procurado lugar para el segundo,

El problema con el pacto del Sinaí no fue de parte de Dios sino que
fueron las promesas fallidas del pueblo (Heb. 8:6)

En vez de responder a las promesas de Dios con humildad y fe, los


israelitas respondieron con confianza propia. “Todo lo que Jehová ha
dicho, haremos” (Éxo. 19:8). Después de vivir como esclavos en Egipto
durante más de cuatrocientos años, no tenían un concepto verdadero de
la majestad de Dios ni de la magnitud de su propia pecaminosidad. De la
misma manera en que Abraham y Sara intentaron ayudar a Dios a
cumplir sus promesas, los israelitas buscaron transformar el pacto de
gracia de Dios en un pacto de obras. Agar simboliza el Sinaí en que
ambos revelan intentos humanos de obtener la salvación por obras.

Pablo no está afirmando que la ley dada en Sinaí era mala o que fue
abolida. Está preocupado por la comprensión legalista errada de la ley
por parte de los gálatas.

“En vez de servir para convencerlos de la absoluta imposibilidad


de complacer a Dios por medio de la obediencia a la ley, la ley
fomentó en ellos una determinación profundamente arraigada de
depender de recursos personales para complacer a Dios. Así, la ley
no sirvió a los propósitos de la gracia de llevar a los judaizantes a
Cristo. Más bien, les cerró el paso a Cristo”.—O. Palmer Robertson,
The Christ of the Covenants, p. 181.

El breve esbozo que hace Pablo de la historia de Israel tenía la intención


de contrarrestar los argumentos de sus oponentes, que afirmaban que
eran los verdaderos descendientes de Abraham y que Jerusalén (el
centro del cristianismo judío y de la ley) era su madre. Los gentiles,
afirmaban ellos, eran ilegítimos; si deseaban llegar a ser verdaderos
seguidores de Cristo, primero debían convertirse en hijos de Abraham,
sometiéndose a la ley de la circuncisión.

La verdad, dice Pablo, es justamente lo contrario. Estos legalistas no son


hijos verdaderos de Abraham sino hijos ilegítimos, como Ismael. Al
colocar su confianza en la circuncisión, estaban dependiendo de “la
carne”, como hizo Sara con Agar y como hicieron los israelitas con la ley
de Dios en el Sinaí. No obstante, los creyentes gentiles eran hijos de
Abraham, no por ascendencia natural, sino de manera sobrenatural,
como Isaac.

¿Qué enfrentarán los verdaderos descendientes de Abraham en este


mundo? Gálatas 4:28 al 31
28
Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la
promesa. 29 Pero como entonces el que había nacido según la
carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también
ahora. 30 Pero ¿qué dice la Escritura?: «Echa fuera a la esclava y a
su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la
libre.» 31 De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava,
sino de la libre.

Ser el hijo de la promesa le trajo a Isaac no solamente bendiciones sino


también oposición y persecución. Al referirse a la persecución, Pablo
tiene en mente la ceremonia de Génesis 21:8 al 10, donde Isaac es
honrado e Ismael aparece burlándose de él.

Aunque Isaac enfrentaba oposición, también disfrutaba de todos los


privilegios de amor, protección y favor que recibía por ser el heredero de
su padre.
Como descendientes espirituales de Isaac, no deberíamos sorprendernos
cuando sufrimos dificultades y oposición, incluso desde la familia misma
de la iglesia.

En estos versos de Galatas, Pablo se ve obligado a reprender a


Los gálatas ya que intentaban alcanzar justificación por obras –por
circuncisión–, así que Pablo se ve en la tesitura de volver a predicarles el
Evangelio –la buena nueva–, consistente básicamente en la promesa de
Dios a Abraham (Gálatas 3:8). ¡El Evangelio es una promesa de Dios, no
nuestra! ¡Son buenas nuevas, muy buenas! Nuestros vanos intentos
de “ayudar” a Dios tal y como hizo Abraham, al concebir con
Agar, no denotan sino falta de fe.

“El Pacto de Gracia no es una verdad nueva, porque existió en la


mente de Dios durante toda la eternidad. Por esto se lo llama el
Pacto Eterno. [...]

LAS TABLAS DEL PACTO

Aunque un pacto se basa en promesas, generalmente se deben reunir


ciertas condiciones antes de que esas promesas se cumplan. El pacto
con Abraham (abrahámico) involucraba la circuncisión de todos los
varones que nacieran de Abraham y sus descendientes. (Circuncisión
era SEÑAL no era el pacto en sí)

Cuando Dios hizo el Pacto con Israel, personalmente grabó las demandas
de la relación sobre tablas de piedra (Deut. 9:8-11). Estos
requerimientos, conservados en los Diez Mandamientos, debían formar
la base del Pacto Eterno de Dios con todos los seres humanos.

Por cuanto detallan ciertos términos del Pacto, los Diez Mandamientos a
menudo se llaman “las tablas del pacto” (Deut. 9:9). Los Diez
Mandamientos no tienen la intención de ser una carrera de obstáculos
diseñada para hacer difícil la vida de los que entran en el Pacto con Dios;
en cambio, como una expresión del amor de Dios, los Mandamientos han
sido dados para beneficio de los que entran en la relación del Pacto con
él.

¿De qué maneras Jeremías 31:31 al 34 y Hebreos 10:11 al 18 sostienen


la naturaleza eterna de la Ley de Dios en el Nuevo Pacto?
Bajo el Antiguo Pacto en el monte Sinaí, los israelitas y los que se
unieron a la comunidad se obligaban a demostrar fidelidad al Pacto
guardando los Diez Mandamientos. Cuando violaban un Mandamiento,
debían ofrecer un sacrificio animal si deseaban que sus pecados fueran
perdonados.

Bajo el Nuevo Pacto en el monte Calvario, el pueblo de Dios todavía está


obligado a guardar los Diez Mandamientos. Sin embargo, cuando hay
pecado no tenemos que ofrecer sacrificios, porque Jesús es nuestro
sacrificio pleno y completo (Heb. 9:11-14). El Nuevo Pacto es tanto mejor
que el antiguo porque ahora, por fe, reclamamos las promesas de
perdón ofrecidas a nosotros mediante el sacrificio de Jesús. “Solo hay
esperanza para nosotros cuando nos ponemos bajo el pacto hecho con
Abraham, que es el Pacto de Gracia por la fe en Cristo Jesús” (CBA
6:1.077).

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