Aprender a soltar
ACIÓN RA
PT DIC
CE A
A
L
PPSS Gianni Aldhair Cervantes Leyva
“...concédeme la serenidad
para aceptar las cosas que
no puedo cambiar, el valor
para cambiar las cosas que
puedo cambiar, y la sabiduría
para reconocer la diferencia...”
Existen multitud de publicaciones,
seminarios y talleres para
enseñarnos a solucionar problemas,
tomar la mejor decisión o alcanzar
nuestros objetivos vitales.
¿Pero qué ocurre cuando ese
objetivo es imposible de lograr?
¿O cuando ese problema no tiene
solución, o cuando no existe una
"mejor" decisión que tomar?
Nos han enseñado que hay que persistir,
seguir intentándolo, darle vueltas para
ver si encontramos la manera de cambiar
las cosas para llegar a la solución.
Y eso está bien.
Los seres humanos nos caracterizamos
por una gran capacidad resolutiva, que
nos ha permitido, por ejemplo, hacer
cosas para las que no estamos diseñados.
Pero hay veces que persistir en intentar encontrar la
solución no es la mejor estrategia, porque nos quedamos
anclados en esa tarea, nos provoca sufrimiento, y no nos
deja dedicarnos a otras actividades significativas.
Reflexionar sobre cuándo nos beneficia esforzarnos
en cambiar y solucionar problemas, y cuándo es
más útil aceptar la realidad, es fundamental.
ACTIVIDAD #1
¿Fácil, difícil o
imposible de
cambiar?
Cosas fáciles Cosas difíciles Cosas imposibles
de cambiar de cambiar de cambiar
Apunta cosas de Piensa en objetivos Enumera cosas
tu vida que sean que requieran de que, por su
muy fáciles de un esfuerzo naturaleza o por la
cambiar, que no considerable, pero forma en que
representen un que se puedan están arraigadas,
reto o un esfuerzo conseguir con crees que no se
sostenido dedicación pueden cambiar
Lo que es posible para otro, quizás no lo sea para ti.
La situación de una persona no tiene por qué ser
generalizable a otra, aunque el problema sea el mismo. Esta
es la razón por la que un mismo problema puede clasificarse
en una u otra columna, dependiendo de la persona.
Aunque es cierto que hay cosas muy importantes que
son fáciles de conseguir, lo que consideramos más
relevante, suele ser lo que no depende de nosotros;
es, incluso, muy difícil de modificar o alcanzar.
Clasificar correctamente las
situaciones es más importante de
lo que parece. En ocasiones,
podemos creer que es posible
resolver un problema, luchamos y
nos esforzamos, no sabemos qué
hacer para sacárnoslo de la cabeza.
¿Y si en realidad este problema
pertenece a la última columna?
Quizá eso explica por qué estamos
estancados en el sufrimiento.
Nuestra mente funciona como un
comparador entre lo que tenemos
(o creemos que tenemos) y lo
que queremos. Todos nuestros
problemas surgen, esencialmente,
de la diferencia entre lo que “es”
y lo que “debería ser”.
Si el problema es importante,
este acapara toda nuestra
atención: lo analizamos y nos
hace plantearnos escenarios para
poder encontrar una solución.
Problemas que
Problemas que
no importan y
no importan y
que no
que controlamos
controlamos
Problemas que Problemas
importan y que que importan
controlamos y que no
controlamos
Solo si tienes control, merece la pena actuar.
Cuando estamos abrumados por un problema importante
y que no controlamos, suele ser útil dedicarnos a
resolver algo que sí controlamos, aunque tenga poca
importancia. Movilizarnos para resolver un problema
aumenta nuestra sensación de dominio y control.
La aceptación radical es la habilidad
que nos permite percibir un entorno o situación
sin demandar o exigir que sea diferente.
Al resistirnos u oponernos a una realidad
que nos desagrada, lo único que lograremos
será amplificar la sensación de malestar.
Aceptar es algo activo, que requiere de
nuestra participación. Implica saber
cuándo resulta útil y relevante actuar, y
dejar ir lo que no depende de nosotros.
Imagina que estás afuera y comienza a llover.
“Ojalá no estuviera lloviendo” “No me gusta
“Lo que me faltaba”
la lluvia”
“¿Por qué ahorita y no “Siempre me
cuando estaba adentro?” “Qué flojera llevar paraguas”
pasa lo mismo”
“Me voy a enfermar” “Yo quería que estuviera soleado”
Puedes enojarte, quejarte y desear que
el cielo se despeje, pero la lluvia
seguirá cayendo. Aceptarla no significa
que te guste mojarte, sino que eliges
actuar de manera diferente.
¿Por qué nos cuesta tanto trabajo aceptar ciertas cosas?
Conforme crecemos, recibimos
cientos de mensajes que nos
empujan a obtener lo que
queremos, como la idea de
“querer es poder”, o de que si
estamos lo sucientemente
motivados, conseguiremos
aquello que anhelamos.
Entre aceptar lo que no nos gusta y lograr
algo, casi todos preferimos lo segundo.
La aceptación no es resignación.
La resignación se caracteriza por
la adopción de un enfoque pasivo.
Cuando nos resignamos, hacemos
menos de lo que podríamos
hacer. Es como si al darnos
cuenta de que no podemos
garantizar el resultado que
deseamos, pues hay más variables
externas que internas implicadas,
decidiéramos tirar la toalla.
La aceptación no es confrontación irracional.
En la confrontación irracional
también nos oponemos a algo,
pero esta vez de forma activa y
beligerante. Sobreestimamos
nuestra probabilidad de éxito y
actuamos de forma testaruda o
autoengañándonos, negando que
nos importa. Creemos tener más
control sobre la situación del
que realmente tenemos.
En cierto sentido, entre la confrontación irracional
y la resignación se encuentra la aceptación radical,
no porque sea el término medio, sino porque se
trata de una perspectiva distinta. La aceptación
radical implica adoptar una actitud activa y sabia.
La sabiduría nos permite actuar sobre el problema, sin
confundir lo que hacemos con lo que deseamos; nos
permite hacer “lo que toca”, y olvidarnos de lo demás.
La situación solo es temporal.
No puedo cambiar lo que ya pasó.
He lidiado antes con las dificultades,
puedo lidiar con ellas ahora.
No perderé mi tiempo o energía
luchando contra el pasado.
No todo será como yo quiero,
pero puedo ser flexible.
El presente es el único momento
sobre el que tengo control.
No tengo control del pasado.
No puedo predecir el futuro
y estoy bien con eso.
Quizá no me agrade, pero esa es la
manera en que pasaron las cosas.
Puedo aceptar las cosas tal como son.
La manera en que tomo las cosas es
lo único que puedo controlar ahora.
No me voy a estresar por las
cosas que no puedo cambiar.
REFERENCIAS
Soler, J. (2022). Manual para soltar. Practicando la aceptación
radical de la Terapia Dialéctica Conductual. Ediciones Psara.
Valdivia-Salas, S. y Páez, M. (2022). Aceptación psicológica.
Qué es y por qué se fomenta en terapia. Editorial Pirámide.