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Modulo 3 Ferry

Texto utilizado para Clases deTeoria de la Comunicacion 2

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de la escuela de Paul liazarsfeld, al volar sobre cuarenta años de 1

investigaciones sobre los medios de comunicación masiva, Elihu


Katz muestra cómo la tradición empirista norteamericana ha llega-
do a privilegiar un paradigma que, pese a las críticas de las que es Las transformaciones de la
objeto, sigue siendo por cierto su referencia obligada, e incluso
constituye quizás el "paradigma dominante".
publicidad política
Jean-Marc Ferly

Anunciar el titulo ambicioso de "El nuevo espacio público" ya


es Indice de rechazo; el de Tina tentación siempre fuerte de formu-
lar un diagnóstico sobre la época actual en los términos de un 'défi-
cit", hasta de una decadencia, respecto del ideal, ya clásico, ya mo-
derno, del debate público. Sucede que es trabajoso escapar de la in-
fluencia de los dos grandes modelos en lo sucesivo consagrados en
la tradición occidental: el "modelo griego" y el "modelo burgués". En
efecto, más allá del contexto de la Ilustración en que se elaboró el
ideal moderno —"burgués"-- de un espacio público político centra-
do en la categoría de 'Publicidad" (debates, leyes, juicios), la tradi-
ción clásica —aristotélica— de la Política también había, qlaborado
su versión del espacio público, centrada en la idea de Ao2u.5.5. Quizá
no sea posible evitar esta doble referencia, aun cuando solo fuera
para mostrar en qué medida —tal es la intención— la realidad ac-
tual del funcionamiento democrático depende de otras categorías.

Las dos referencias canónicas:


espacio público griego y espacio público burgués

En el contexto griego clásico, lo que hoy se ilirMa "espacio ¡ni.


blico", remitís entonces a la plaza pública, el cqupd, o saTérlugar
concreto donde los ciudadanos deben reunirse para debatir sobre
asuntos concernientes al gobierno de la ciudad. Retrospectivamen-
te, ciertos pensadores contemporáneos, tales como H. G. Gadamer,
pero en especial Hannah Arendt,1 han retomado el concepto aristo- •
télico de la Política, poniendo de relieve las oposiciones entre nálaC
y Mi61, entre lo político y lo económico y, de manera correlativa,
entre lo público y lo privado, la libertad y la necesidad, el poder y la
dominación, la "práctica" (rrpd4t5) y lo "técnico" (tkvq).
En la presentación que se suele hacer hoy en día, la nal('
griega es ese espacio político cuyo carácter esencialmente público la
distingue de GT &ir; esferatprivada de la domesticidad y, por ex-

12 13
tensión, de lo económico. De un modo general, el orden político de Respecto del espacio público moderno se puede decir que es
la Ciudad debe estar autonomizado respecto del conjunto de las ac- una creación de la flustiación: Con perspectiVas filosóficas Y políti-
tividades sociales, redes de intereses gobernados por un pacto 14 cas muy diferentes, 3. Habermas2 y R. Koselleck3 trataron de re-
(campen(a icoivovbx), que configuran para nosotros una especie de . construir su origen y su destino hasta nuestros días. Al comienzo,
sociedad civil. Política y esfera pública coinciden estrictamente. A la I, el "espacio público burgués' quizá correspondía a la institucionali-
política correspondía la rrprgi, es decir, la acción común, concerta- zación de una critica que empleaba los medios de la moral para re-
da, tendiente a los mejores fines de la Ciudad al concluir un diálo- ducir o "racionalizar" la dominación política. En el contexto de lo
go:41G. Sin embargo, la rtrvq remitía más bien a la categoría del época, eso significaba Impugnar el principio absolutista". Este se
trabajo, incluso al concepto de una racionalidad no "comunicacio- expresa, en particular, en la fórmula de Ifobbes: Auctoritas non tie-
nal" sino "instrumentar, o sea, a una racionalidad que 110 se refiere rnas facit legem. La Ilustración consagra su inversión liso y llana:
a la discusión de los fines de lo Ciudad sino a la buena adaptación en adelante, la verdad y no la autoridad hace la ley".
de los medios que se han de emplear con miras aun fin determina- En su reconstrucción, R Roselleck explica cómo, desde el siglo
do y no discutido. Por tal razón, la téyvn, a diferencia de la npigil y xvi en Europa occidental, y ante lo amenaza de estallido que repre-
de la 7..tki4, no se asociaría con la actividad política y, por lo tanto, sentaban las Guerras de Religión; la necesidad de mantener una
con el espacio público, sino antes bien con una actividad económica, cohesión social pudo justificar la institución típicamente moderna
organizada a partir de la esfera privada doméstica. Sólo ésta, y no de una "esfera privada" de la opinión y de la creencia: la conciencia
el espacio público, admite la dominación: es el poder que el dueño individual debe ser, por así decir, "privatizada" en calidad de "fuero
de casa, el oticobeartórin, ejerce exclusivamente sobre las mujeres, interno" sacrosanto, mientras que el dcirliinio público, ideológica-
los niños, los esclavos y, en general, en toda la esfera doméstica mente neutro, está dirigido por una "razón" nueva, distinta de la
donde se producen los procesos biológicos, en especial 'privado?: "opinión": la razón de Estado. En el campo de la doctrina, Ifobbes
nacimiento, muerte, reproducción, subsistencia, dondequiera qua es quien consagra la separación de lo público y de lo privado, de la
reine la "necesidad" (avó:poi). Por el contrario, la esfera pública po- razón y de la opinión, de la política y de la moral.
ilítica se idealiza como un reino de la libertad (en el sentido de los ' No obstante, el dominio público no se había entregado a un
antiguos), una libertad que se expresa en un derecho igual, para te- espacio público: más bien estaba confinado a ese espacio privado un
¡dos los ciudadanos, a participar directamente de los asuntos públi- f tanto paradójico de la "razón de Estado" y del "secreto de Estado".
Loss. ' Lo que creo la apertura de la Publicidad y opera la transubstancia-
Por supuesto, el modelo que aquí describo resulta de una ción del dominio público en espacio público es la fuerza exterior de
reconstrucción contemporánea, sólidamente interpretada, de la la crítica. El impulso no viene de "arriba". Viene de "abajo", cuando
doctrina de Aristóteles. Se trata de un modelo heurístico de perti- • las personas particulares, reunidas en los salones, los cafés y los
nencia dudosa en el plano sociológico (respecto de la realidad de la clubes constituyen las primeras "esferas públicas" burguesas para •
democracia ateniense) e incluso filológico (en relación con la con- intercambiar sus experiencias. La autonomía privada de lo con-
cepción rigurosa dé Aristóteles). De hecho, no es la realidad griega ciencia individual, núcleo del espacio público moderno, adquiere su
lo que nos interesa aquí de modo directo; ni siquiera la doctrina propia fuerza de la crítica. Protegida por la inmunidad del fuero in-
aristotélica de la Política, sino más que nada la manera corno cier- terno, se convierte en pequeño tribunal, la instancia moral fuera de
tos contemporáneos han podido elaborar con ella un modelo desde la cual los individuos pedirán razones a la política, primero por me-
el punto de vista de una crítica de la modernidad. dios encubiertos y después de un modo abierto. Esta razón del suje-
En esta perspectiva, el modelo "griego" de la politice define to en trance de ser ciudadano se la toma con la razón de Estado, cu-
una concepción original del espacio público, que ya tiene el mérito Ya apariencia arbitraria se identifica con la dominación —Kose-
de la claridad. H. Arendt establece un paradigma con la misma va- Heck se ha inspirado mucho en C. Schmitt—, hasta que la crítica de
ra con que se podría medir aquello en que, llegado el caso, los mo- la política, instruida así por la moral, se haga manifiesta en la mis-
dernos habrían fallado al privilegiar la esfera privada de la con- ma sociedad civil constituida en esfera pública dirigida contra el
ciencia para fundar una nueva libertad, libertad individualista" y Estado.
profundamente "privada", sobre la cual, hace dos siglos, intentaron Para R. Koselleck, las Guerras de Religión europeas quizás
constituir un nuevo espacio público. hayan preparado el advenimiento de un espacio público política-

14 15

é.
mente orientado hacia la forma revolucionaria de un "reino de la referencia sostenida a las fundaciones humanistas del siglo XVII no
crítica". J. liabermas apunta que lo que confirió al espacio público debe hacer que se desconozca In amplitud de las mutaciones que,
burgués "su estructura teórica cabal" fue el concepto kantiano de durante el siglo xn, ha sufrido la estructura de la Publicidad políti-
"Publicidad" (affentlichheit). Kant (y su concepto de CEffentlich- ca. Al respecto, los hechos directamente importantes son el adveni-
keit), en el fondo, sería al espacio público moderno lo que Aristóte- miento de las 'democracias masivas" y de los 'medios de comunica-
les (y su concepto de n6115) es al espacio público griego. Entre los ción masiva", así como la evolución tan sustancial de los derechos
dos conceptos del espacio público, el griego y el burgués, está —por fundamentales.
supuesto— todo lo que separa la libertad de los Antiguos de Ja de
los Modernos.4 Pero además hay una diferencia de función. En sín-
tesis, se podría decir que, entre los Modernos, la formación de un El advenimiento de las democracias masivas
espacio público político obedecía en principio al motivo moral de In y la gran mutación del espacio público
emancipación. Entiéndase que la sociedad civil se concibe a sí mis-
ma como lo que sale del estado de minoría para acceder a la mayo- El advenimiento de las democracias masivas, a mediados del
ría, en el sentido del estado adulto (Afündigheit). Entre los griegos, siglo XDC, marea el gran cambio del espacio político francés. En pri-
hi formación del espacio público político más bien habrá estado fun- mor lugar, la diferencia notoria, 'griega", entre lo público y lo
dada en una estética de la figuración, de la autopresentación, en privado se ha diluido en gran medida en el elemento "social". Ade-
que cada uno debe "sobresalir" para conseguir la gloria, gracias a más, el "reino de la crítica" parecía subvertido por un "reino de la '
las "nobles palabras" pronunciadas en la plaza pública, así como opinión". Tocqueville incluso denunciaba un verdadero despotismo •
antaño los héroes podían esperar la inmortalidad gracias a las "no- de In mayorías En especial, el concepto de "opinión pública" com1
bles acciones" realizadas en el campo de batalla. Por eso, también hin de sentido: ya no se trata de esa opinión ilustrada de la que ha';
el motivo estético tal vez ocultaba un motivo "religioso". En efecto, biaba Siéyés, ique'se empeñaba ea distinguir de la masa confusa
teniendo en cuenta el estrecho vínculo entre fama e inmortalidad, de las opiniones y los prejuicios vigentes en una plebe aún muy in-;
el espacio público griego podía aparecer como el sustituto político cultas La "opinión pública" no es ya ese concepto heredado de la
de una necesidad metafísica. Resulta claro que semejante funda- Ilustración, concepto normativo de una opinión (idealmente) forma-
mento motivacional se hunde con el advenimiento del cristianismo. da con In razón. Designa más bien a la masa segmentada de opinio-
La alteración cristiana de las categorías griegas se traduce en espe- ngs particulares en las que se expresan intereses divididos y hasta
cial en el hecho de que lo político ya no se concibe según el modelo conflictivos. Por otra parte, ese concepto de "opinión Pública" es el
de la itc9tç sino según el del otrn; lo político se piensa entonces, que posteribrrnente retomarán, de manera implícita, los grandes
fundamentalmente, sobre el modelo "doméstico" de la educación, institutos de encuestas. Se deduce que el carácter público.de la opi-
con un "padre" omnipotente representado por un Príncipe que rei- nión, es decir, su representación institucionalizada en la Prensa y
na tanto sobre sus súbditos como sobre sus "hijos", mientras que el el Parlamento, ya no puede ser identificada como antes con algo así
dominio público se transforma en asunto privado del soberano... como una "voluntad general" digna de ese nombre.
El ideal burgués de la Publicidad, de ese modo, entra en
A pesar de sus diferencias, los dos modelos mencionados crisis. El Advenimiento político de In cantidad es el origen del con-
—clásico y moderno— del espacio público político aceptan un prin- flicto. Tras su consagración mediante la instauración del sufragio
cipio argumentativo; remiten ambos a un contexto de "Ilustración" Universal, expone además el pensamiento liberal a la tentación de
en sentido amplio, favorable a la vez al desarrollo de la democracia volver a acusar a los ideales democráticos afirmados un siglo antes.
y a la difusión de la filosofía. Pero, al parecer, sólo en el contexto de Ni la soberanía popular ni su representación parlamentaria pue-
la modernidad la Ilustración ha podido desarrollar una especie de den soportar indemnes el divorcio patentizado entrela opinión y la..
"dialéctica", durante la cual el espacio público se transformó de un razón. En este contexto critico, los críticos de la democracia" parla-
modo profundo, en lo estructural, hasta el Estado social de hoy, mentada pudieron fortalecerse 'y adquirir pertinencia: ¿qué 'ra-
aunque sin romper radicalmente con su principio fundador: la ar- zón", qué racionalidad política se podría esperar, en efecto, de un
gumentación pública y la discusión racional dirigidas sobre la base espacio público democráticamente ampliado lmda esa masa hetero-
de la libertad fonnal y de la igualdad de derechos. Sin embargo, la génea de las opiniones de individuos y de grupos, en los que se ex-

16 17

o
Ipresa la diversidad conflictos] de intereses parciales de la sociedad de una pérdida de identidad vinculada con el eclipse de lo político,
civil? ¿Qué filosofía política responsable podría querer conferir el el fin del individuo, la sociedad administrada, el reino de la Técnica
poder político, concentrado sobre todo en el poder legislativo, a una ' y el triunfo del espíritu instrumental... Tales son, en líneas genera-
samblea parlamentaria elegida democráticamente? les, los veredictos más bien negativos que en especial en Francia,
' La que se pone en tela de juicio es la representación democrá- en los años sesenta, la presunta evolución de las democracias occi-
tica misma. El espacio público, del cual el francés hoy es heredero dentales ha inspirado a los pensadores contemporáneos del espacio
directo, resulta primero de esa crisis. La sociedad democrática de público una forma de teoría de la historia. No puedo cuestionar
masas ya no puede movilizar la ética de la convicción democrática aqui la legitimidad de esas críticas. Antes bien quisiera señalar los
para erigir en poder políticamente responsable su propia esfera pú- caracteres del espacio público político francés, sin excluir que su
blica, o sea, la Publicidad que resulta de su propia realización en el principio hoy ya no sea el mismo que en tiempos de los ideales
espacio político: ya no puede identificar de manera tan inocente co- revolucionarios, aun cuando no por eso sea decididamente "pasmo-
mo la sociedad civil burguesa su propio poder de representación derno".
con el poder político de las leyes, mientras al menos la ley se siga
definiendo como expresión unívoca de la voluntad general.
A esta dificultad política afianzada en la complejidad social El "nuevo espacio público": esbozo
responde el surgimiento de un poder político gubernamental cuyo de delimitación sociológica del concepto
centro de gravedad se desplaza de los elegidos a la minoría. Este
trasiego acompaña al desarrollo de una burocracia estatal, a tono En primer lugar, se impone una redefinición sociológica del
con un esbozo de poder tecnocrático. Resulta de ello una represen- espacio público político. Esta redefinición misma está justificada '1
tación en cierto modo "desilusionadas de la política. En cuanto al pór el advenimiento de la "sociedad de los medios", un siglo des-
sector reaccionario, tal desilusión propia de la experiencia de las pués del de la "sociedad de ;nasas". Para ello se puede partir de
sociedades masivas podía invocarse para denunciar corno simple una reflexión sobre el espacio público, entendido en su acepción
ficción los ideales fundadores de la democracia moderna; en lo que más amplia. El "espacio público", que con mucho desborda el campo
se refiere al sector revolucionario, podía servir para el descubri- de interacción definido por la comunicación política, es —en sentido
miento de la ideología contenida o sospechada en los ideales bur- lato— el marco "mediátios" gracias Al cual el dispositivo institucio-
gueses. En tal caso, la postulada unidad del interés general senci- nal y tecnológico propio de las sociedades posindustriales es capaz
llamente se pierde de vista; aquí remite a la falsa universalidad del de presentar a un "público" los múltiples aspectos de la vida social.
interés general capitalista, mientras que la idea democrática sólo Pero hay aquí dos palabras que requieren una precisión: "mediati-
parece ser reactivada en la clase de un nuevo universal: el de la so- ce" y "público". Por "mediatice" entiendo lo que mediatiza la comu-
ciedad reconciliada al término de la lucha de clases, en la que se nicación de las sociedades consigo mismas y entre sí. Cuando, por
perfilada un espacio público unificado por medio de la razón del ejemplo, un grupo social —espontáneo o instituido— participa de
proletariado. Pero fuera de esa continuidad revolucionaria de utop- una deliberación o manifestación respecto de temas de interés co-
ías socialistas que, en resumen, quieren realizar las promesas de la lectivo, tal expresión pública de la opinión no participa, sin embar-
burguesía, en adelante habría que aceptar la división, la heteroge- go, del espacio público, si sólo los participantes constituyen el
neidad y le "irracionalidad" del espacio público demeciátiCo tal co- público, En cambio, desde el momento en que esa manifestación
mo es.- . • parcial de la opinión se refleja y se difunde a un público más am-
La nostalgia de un espacio público "tal como habría podido plio, virtualmente indefinido, gracias a un medio cualquiera —on-
ser" se expresa entonces en los diagnósticos de la época contempo- das u hojas (radio, televisión, prensa escrita o edición)—, participa
ránea: nueva feudalización del espacio público; avasallamiento de del espacio público. Vemos que el concepto de 'público", por consi-
la opinión pública por medio de los partidos, los sindicatos, las aso- guiente, es aquí un elemento importante para la definición del es-
ciaciones y todo cuerpo intermedio; burocratizacidn y tecnificación pacio público,
de una política opacada ante los juicios y evaluaciones del sentido Ahora bien, el "público" del que se trata no está limitado en
común; sustitución final de la concertación por la manipulación; absoluto al cuerpo electoral de una Nación: más bien se trata de to-
abandono de la ciudadanía, en la que se inicia el proceso anómico dos los que son capaces de percibir y comprender los mensajes di-

18 1?)
'fundidos en el mundo. El público es, virtualmente, toda la humani- de los rasgos sobresalientes de la cultura y de la Publicidad bur-
dad y, de un modo correlativo, el "espacio público" es el medio en el guesas; por otra parte, fue en los siglos xvi.i y XVIII cuando la bur-
cual la humanidad ce entrega a sí misma corno espectáculo. La pa- guesía, partiendo de las esferas públicas estéticas y literarias, ela-
labra "espectáculo", por cierto, puede suscitar una mala interpreta- boró un espacio público político. Pero sólo los ternas que podían en-
ción, pues el espacio público no reduce sus medios a la imagen y a trar en el concepto tan "burgués" de las "conversaciones de interés
la palabra espectaculares: lo componen también elementos del dis- general", según cierta concepción de la "decencia" y de la "cultura",
curso, del comentado, de la discusión, con los más "racionales" fi- por así decir, tenían derecho de ciudadanía dentro de la Publicidad.
nca de la elucidación. Pero lo que aquí importa señalar, sobre todo, Ahora bien, hoy se manifiesta de una manera muy distinta: se es-
es que especialmente el "espacio público social" no obedece en abso- cenifican públicamente aspectos de /a vida que son a tal punto
luto a las fronteras nacionales de cada "sociedad civil". En el mar- "privado? que los que forman el público se cuidarían mucho de
co de representación que proporciona el espacio público a las socie- abordarlos en el seno mismo de la esfera de lo intimidad familiar.
dades humanas, las sociedades civiles, políticamente delimitadas De este modo, el espacio público supera hoy el umbral natural de lo
por las fronteras de Estados-naciones, no obstante penetran sin que parece digno de comunicación.
problema unas en otras, de modo quo el espacio público no es sólo
el lugar de la comunicación de cada sociedad consigo misma sino Pasemos ahora al concepto de "espacio Miblicb'poliiiciin. lie-
también, y quizás ante todo, el lugar de una comunicación de las mos visto cómo el espacio público social se encuentra desplazado
sociedades distintas entre sí. respecto de las fronteras de la comunicación social ordinaria. De
manera comparable, e1 espacio público político se define dentro de
A esta extensión horizontal corresponde, asimismo, una ex- límites con los que el campo de la comunicación política no coin-
tensión vertical. También en esta dimensión el espacio público se cide.
ha ampliado de manera considerable, y desde un doble punto de
vista. Por un lado, el espacio público se puede entender como un En primer lugar, ciertos aspectos de la comunicación política
medio privilegiado para la formación de una identidad colectiva no se integran al espacio público. Desde este punto de vista se pue-
mediante la apropiación de la historia. Por ejemplo, es probable den distinguir una comunicación política de las "masas" y una co-
que los programas históricos —llegado el caso, muy novelados— municación política de' las "minorías".
que se difunden por televisión desempeñen un papel importante en La comunicación política de las masas es esa comunicación
cuanto a la apropiación cultural do la historia. Aunque —o, mejor , directa, espontánea, ocasional e informal que se parece a lo que a
dicho, porque— esos programas están destinados a las masas, favo- veces con desprecio se llama "discusiones de café". Ese elemento
recen un ingreso personal en la historia. "Personal", porque la his- "natural" de politización pasa por una comunicación cuya esfera es- I
toria no es más un objeto científico sino un objete cultural. Por eso, tá limitada, las más de las veces, a círculos reducidos de partici-
una sociedad halla un acceso significativo para ella misma o para pantes y a un público improvisado. Aun cuando esas comunicado-
otras en la dimensión 'vertical" de la memoria de los pueblos. Ac- nes que tratan de objetos políticos no se transmiten a un público en •
tualiza su pasado; es más, se familiariza con el de las demás y, por : un marco de difusión potencialmente ilimitada, en In medida —di- ,
lo tanto, puede aprender a reconocer las identidades alejadas pri- cho de otro modo— en que no son mediatizadas Ç0 entran en la es'
ma facie do la suya propia. Do ello resulta cierta profundidad de la tructuración del "espacio público" tarcomo'se líñdjtljkiidii fina Sin
comunicación social, profundidad que apenas podría concebirse sin embargo, tales comunicaciones participan de Id construeCión diná-
ese espacio público históricamente extendido y culturalmente enri- mica de la -opinión pública; tienen un marcado carácter político y no
'son de orden estrictamente privado.
quecido.
Por otra parte, la considerable extensión vertical del nuevo es- En el otro extremo, las minorías también pueden sustraerlo
pacio público se relaciona con In escenificación y la temificación de espacio público uno forma de comunicación política. Lo hacen de un
episodios hasta hace poco relativamente "privados" de la intimidad modo deliberado, limitando su comunicación a intercambios de in-/
profesional, familiar o conyugal, y más allá, de In intimidad "últi- formaciones 'confidenciales" en relación con la política. Los que
ma" de los fantasmas inconscientes y de las angustias reprimidas. pulsan la opinan- pública, los periodistas, los actores políticos, al-
Por cierto, el intercambio público de experiencias privadas es uno gunos universitarios; etc., poseen informaciones que—al menos in-

20 21

o
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1 1/;4 . • S•It. c•••• „
,
mediatamente— no están destinadas al público en general. Claro derable en el espacio político francés, aunque no se inscriban en el
está, ese poder del secreto, llegado el caso, desempeña un papel de campo de la comunicación política del país hexagonal. Más aún: te:
distinción en las estrategias sociales para el reconocimiento recí- do lo que ocurre en la escena política de otras naciones se integra
proco y la consagración mutua de los candidatos a la "minoría". virtualmente a cada espacio público político "nacional", aun cuando
Además de las informaciones propiamente dichas, ciertas evalua- sea un espacio "abierto", de modo que a través de cada uno, lo que
ciones y ciertas reflexiones tendientes a la constitución de un se convierte en un verdadero envite es la opinión pública interna-
acuerdo entre personas políticamente "avisadas" pueden resultar cional.
sustraídas a la Publicidad con el móvil de que la opinión correspon-
diente en cierto rnodo estaría "demasiado adelantada" a la opinión
pública y, por consiguiente, correría el riesgo de no ser recibida o de Algunas consideraciones actua les sobre
tener enojosas consecuencias. Semejantes comunicaciones, por lo el espacio público político
tanto, siguen siendo privadas. Por tal razón, son externas al espa-
cio público político, aunque a veces su contenido sea tan manifies- Cualquiera que fuere la apreciación que de ello se expresa, la
tamente político que actúan de manera directa sobre las decisiones; subversión del "reino de la crítica" por un "reino de la opinión" es
de alto nivel. un tema que merece consideración. Esto significa ante todo que el
Según los dos ejemplos anteriores, el espacio público político funcionamiento democrático del espacio público político ya no está
no cubre la totalidad de la comunicación política. Ahora, la proposi- regulado prioritariamente, por no decir exclusivamente, como en
ción también se puede invertir: el espacio publico político desborda tiempos del ideal de la Ilustración, por los principios universalistas
el campo de la comunicación política, tal como resulta de las inte- de la ética y del derecho. El espacio público político de Francia ha
racciones entré sus principales actores. De seguro, según propone dejado de ser fundamentalmente "jurídico" en el sentido lato del
Dominique %lisa, limitando conceptualmente el campo de la co- término, es decir, estructurado por un principio argumentativo y
municación política se gana en el juego de interacciones entre los regulado por el imperativo categórico del respeto por la integridad
políticos, los periodistas, los institutos de sondeos y los intelectua- personal, la libertad individual y la soberanía del ciudadano. Por
les líderes de opinión, es decir, en la interacción de los que sitúan ejemplo, de haber cultivado los franceses esa sensibilidad ético-jurí-
de manera explícita la opinión pública como el blanco móvil de la dica hasta el punto de hacer de ella la principal referencia de la
comunicación política. Sin embargo, ese campo de interacciones en- Publicidad política, en seguida los responsables europeos habrían
tre los principales actores de la comunicación política constituye só- tenido que considerar una ofensa suprema los ataques abiertos al
lo el medio significativo más constante del espacio público político. Derecho, procedentes del terrorismo de Estado, y en especial hoy
En la periferia está lo que ocurre tanto en la escena social como en en día, del Estado iraní, que exporta sin vergüenza, mediante el te-
la escena internacional. rror, elementos de censura a los Estados occidentales. En vez de
En la escena social están las manifestaciones "autónoma?, eso, la disciplina a la cual los responsables políticos de Francia so-
aunque parciales, de una opinión pública que se moviliza sola me- meten la Realpolitik no está tan inspirada en los principios de la
diante movimientos sociales, agrupaciones sindicales o asociativas, moral política yen el derecho internacional como por las reacciones
manifiestos políticos y acciones públicas. Esa opinión es auténtica- de la opinión difusa de las sociedades civiles. Durante ese "compás
mente más "pública" que el conglomerado estático de opiniones in- de espera", es decir, antes del "tiempo de respuesta", hay una fluc-
dividuales bautizado "opinión pública" por los institutos de encues- tuación característica en que la comunicación política, llegado el ca-
tas. so, deja traslucir comentarios relativistas ("Cada cual con sus cos-
En la escena internacional están las potencias exteriores a la tumbre?) totalmente indignos de las exigencias formadas en el
comunidad nacional: estados extranjeros, organizaciones interna- contexto del Estado de derecho.
cionales, grupos multinacionales, asociaciones mundiales, instan- Más allá de la anécdota humillante, el recurso a esa norma de
cias supranacionales, etc. Estas potencias irrumpen como tales en sustitución, que es la opinión pública en el sentido de los sondeos,
nuestro espacio público político a través de las acciones que de ellas reviste un significado sistemático: legitima de manera efectiva cier-
nos informan. Sin ser ellas "actores políticos" en el sentido clásico to poder político de la Prensa, pues es ésta la que, por excelencia,
de los políticos, no obstante tienen una repercusión pública consi- puede "representar" en calidad de 'opinión público" un aspecto de

22
23

4j
In sociedad civil sociológica y políticamente distinto del "cuerpo secutivo de una manipulación de las masas hasta hace poco podía
electoral". Este, por su parte, siempre está representado por las hacer temer un verdadero ocaso de In ciudadanía. Pero el desarro-
instancias parlamentarias. No se puede decir que los institutos de llo de los sondeos y, en especial, de esos pseudosondeos instantá-
encuestas "representen", hablando con propiedad, a la opinión pú- neos de los medios que permiten al público expresarse en caliente,
blica. Pretenden fotografiarla en determinado momento. Pero no devuelve un sentido al viejo concepto de "opinión pública" y, casi
pretenden expresar/a. Los periodistas, en cambia, y en especial la con ironía, les recuerda a los responsables políticos ciertos límites
prensa audiovisual, parecen buscar una interacción cada vez más morales que no hay que superar o, incluso, ciertos golpes morales
intensa con el público. Si se habla razonablemente de la Prensa co- Que no hay que tolerar.
mo de un `cuarto poder", es en la medida en que, a diferencia de los Sin embargo, el acceso a los medios (tanto de los aconteci-
institutos de sondeo —y a semejanza de los que tienen la decisión mientos como de las personas) es un principio selectivo
del valor so-
política—, más allá de la clientela comercial, apunta a una comuni- cial. Es necesario medir las consecuencias de una sp,ramatica im-
cación privilegiada con su público politizado. puesta", a veces en eictremo defectuosa y estereotipada, realmente
La "opinión pública" de los institutos de sondeo no cubre la refractaria a la complejidad de un pensamiento vivo y no trivial.
misma realidad que la "opinión del público" (de los medios de co- Este principio de selección ejerce su poder de un modo dogmático, a
municación masiva). Desde esto punto de vista, un fenómeno través de la radio, la televisión y los grandes periódicos. La cultura
importante es el desarrollo de los procedimientos interactivos que de la "vieja Europa" de esa manera pierde mucho de su legitimidad
permitan a ese público reaccionar en caliente ante temas de actua- .• social; ya ha dejado de ser el instrumento privilegiado de la selec-
lidad. A través de esos "microsondeos no científicos" (que realiza la ción social, tal como aún se pensaba hace sólo quince arios. El fenó-
empresa Minitel), ciertos aspectos calificativos se ponen de mani- meno es, de seguro, demasiado ambivalente para que uno tenga
fiesto con mayor claridad: lo que no se acepta; lo que se quiere a que regocijarse. Pero el problema no es hin-
moco lamentarse: las
cualquier precio, etc. 'Dados pueden evaluar de modo intuitivo la obligaciones draconianas que impone a la cultura la selección de los
intensidad de las indignaciones, de las adhesiones y de las reaccio- medios también pueden representar una nueva catarsis para un
nes en general. En este informe, el periodista tiende a cristalizar la pensamiento que realmente no puede evitar la derrota sino recupe-
imagen de un consenso realizado por etapas, llegado el caso, con- rando el contacto con el público.
tra la orientación dominante de minorías políticas. Paralelamente, Sea lo que fuere, la subversión del principio jurídico por el
puede neutralizar en cierta medida el impacto mediatice de los po- principio mediatice tiende a desestabilizar, en el plano interno, la
líticos, con lo que volvería obligatoria una ritualización de los de- representación politica clásica, al proporcionar una forma de solu-
bates políticos, según una representación de papeles correspon- ción a todo lo que la representación parlamentaria —y la concep-
diente a las esperas; el nuevo estilo de comunicación no llegará de ción de la ley, que es inherente a ella— se había visto obligada a
la clase política, que no tiene más que feudalizar la opinión según rechazar. Sin embargo, al parecer, la "voz del interés general" pa-
valores emblemáticos conocidos por anticipado, pues el nuevo estilo sará cada vez menos por los representantes nacionales del Sobera-
de comunicación más bien está dominado por los directores que por no, y tal vez cada vez más por instancias supranacionales. Por
los actores mismos. Estos no disponen ya del triunfo más grande: la ejemplo, el discurso de los actores políticos de vocación europea (los
autenticidad. Por lo mismo que este triunfo es además el criterio "eunicratas") toma el aspecto del "metadiscurso" político, capaz de
dominante respecto de la apreciación popular del "valor" humano volver a inyectar, si se puede decir, un poco de "universalidad" en el
de un hombre público, todo lo que 'desafina" va a inscribirse impla- nuevo espacio público. Quizá sea lo que, entre los franceses, sana-
cablemente en su pasivo. De manera paradójica, esto obliga a mente pueda llevar a cabo representaciones políticas para las cua-
quitarse la máscara de una vez por todas. En definitiva, 'Mesen- les los principios que rigen las relaciones sociales dejen de tener vi-
maicararse", en este espacio público mediático, és él mejor "consejo gencia en las relaciones internacionales, como si una vez cruzadas
ilustrado" que se le pueda dar al político. las fronteras del Estado-nación, el estado salvaje recuperara todos
De esto se desprende toda una serie de consecuencias que me sus derechos.
complaceré en enumerar. El poder que ha adquirido la comunica- Por último, especialmente la actual constitución del espacio
ción política quizás esté ligado a la creciente dificultad que tendría público contiene un potencial muy innovador, por no decir revolu-
el Estado en hacer exhortaciones a los ciudadanos. El espectro con- cionario. Respecto de esto interpreto, sobre todo, que el "nuevo" es-

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pació público político muy bien podría quedar superado o suprimido la "cantidad" ante las veleidades de la democracia más perticipnti-
por la tecnología misma en la que se basa: pienso en el desarrollo va. En término, no es sólo la comunicación política sino también la
de las comunicaciones interpersonales que pasan por los canales te. organización den-leer:Idea de nuestras sociedades lo que se hallaría
lemáticos. En el campo de las ciencias "duras", los centros de inves- protandamente transformado. Las insuficiencias del sistema de In
tigación se comunican intensivamente mediante módems por todo rePresentación parlamentaria, patentizadas con lo aparición de los
el mundo, de un modo peco oneroso, por el hecho de que las tarifas sociedada masivas; quizás hayan contribuido de manera muy mar-
son manejadas por los ordenadores centrales. De esta manera se cada al surgimiento de un poder burocrático "equilibrado" por me-
crea un espacio público científico, de una clase totalmente nueva. diodo un poder mediatice. Por otra porte, ambos pueden analizarse
Análogamente, un espacio público social se constituye sobre la mis- desde la misma perspectiva crítica, como los dos grande síndromes
ma tecnología, pero esta vez en el campo tan íntimo —si no, "priva- de una democracia mucho más "aclamativa", en especial, que 'par-
do"— de las relaciones casuales entre personas en busca de pareja. ticipative. Ahora bien, en la perspectiva que aquí se abre —la de
Ya es sabido el éxito que le han valido a Minitel las posibilidades un espacio en que la comunicación política es mediatizada, por cier-
que ofrece al respecto. to, pero sin que por eso el público deba estar representado—, los
Imaginemos ahora, por un momente, lo que significaría el sur- mecanismos dudosos do la democracia aclarnativa serían parcial-
gimiento de un espacio público político formado según el mismo mente reducidos, así como también el proceso de consagración del
principio. Por ejemplo, ya podría estar impulsado por un ingreso de "cuarto poder", un poder eminentemente "público", en verdad, y
las ciencias humanas en la red comunicacional inforrnatizada, que cuán indispensable para la democracia, pero que también puede
hoy utilizan las ciencias exactas. Acaso presente rasgos sistemáti- llegar a ser exorbitante, desde el momento en que compite con el
cos totalmente inéditos: los de una comunicación política mediati- poder político normalmente vinculado con la calidad constitucional
zada de gran amplitud, pero que dé la opinión pública por medio de del "Poder público".
los sondeos. Así, la opinión pública es la que cobra, no solo porque
los discursos se intercambian ante ella sino también porque los
sondeos aportan elementos informativos a los distintos actores y
modifican en parte sus discursos. De seguro, el público y el cuerpo Notas
electoral no equivalen a opinión pública, y cada uno nota la diferen-4
cia entre ambos, tanto desde un punto de vista práctico como teóri- 1 Arena, Ilennah: La tondinon de l'homme moderna, Parto, Calmann-Lévy,
co, pero no impide que en la tradición democrática se admita que la, 1961.
opinión pública sea una figura temporaria e imperfecta del cuerpo 2 l'ahormas, Jürgen: L'espata public, Parle, Pnyol.. 1978,
a Hoselleek, Reinhe reit: Le fere de la cdttoue,Peds, Éd. do Minult, 1978.
electoral,w sobre todo cuando se trata del terreno político, en el que 4 Constent, Benjamin: (1826) De la liberté chez les Modernas (compilación de
Por lo general se saben descifrar los discursos y las conductas elec- textos con profecía de Marcel Gaucha), Park, l'achate, 1980.
torales. Lo que explica el éxito de las encuestas es el estatuto de la 6 De Tocqueville, A, Clero': (1835-1840) De la démoemtie en Amérique,
Pada,
opinión pública en la teoría democrática, puesto que han dado un 10-18,1963, en especial pega. 225-226.
6 Siéyae: (1789)Qu'est-ce que le Ders-état?, l'orle, PUF, 1982.
voto a la opinión pública, con lo que se convierten en portavoces
"parciales" de la opinión pública y del cuerpo electoral.
Los sondeos son representativos de la opinión pública, y ésta,
en parte, es representativa de les conductas electorales. Lo que
permite considerar el punto de viste del público es esa doble hipó-
tesis vinculada con nuestra filosofía política, centrada en la elec-
ción individual. Dicho esto, la opinión pública no se reduce a los
sondeos. Existe una ,extensa tradición de trabajos que critican el
carácter no.representativo de los sondeos, y que sobre todo apuntan
a cuestionar la adecuación posible de la opinión pública; suponien-
do que ésta exista, ya no pasaría por la representación. En este ca-
so, sucede que la tecnología comienza a relativizar el argumento de

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c,

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