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Marcos

El documento detalla las Normas Oficiales Mexicanas para la prevención, tratamiento y control de la hipertensión arterial, destacando su importancia como un problema de salud pública. Se establece la necesidad de programas de detección y tratamiento, así como la promoción de estilos de vida saludables para reducir la prevalencia de esta enfermedad. Además, se menciona la historia de la hipertensión y los avances en su comprensión y tratamiento a lo largo del tiempo.

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Marcos

El documento detalla las Normas Oficiales Mexicanas para la prevención, tratamiento y control de la hipertensión arterial, destacando su importancia como un problema de salud pública. Se establece la necesidad de programas de detección y tratamiento, así como la promoción de estilos de vida saludables para reducir la prevalencia de esta enfermedad. Además, se menciona la historia de la hipertensión y los avances en su comprensión y tratamiento a lo largo del tiempo.

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MARCO LEGAL

Existen normas específicas (Normas Técnicas Mexicanas) dedicadas a la


prevención, tratamiento y control de dos importantes factores de riesgo de las
enfermedades cardiovasculares como la hipertensión arterial y las dislipidemias
definidas como la alteración de la concentración normal de los lípidos en la
sangre. NOM-030-SSA2-1999, Para la Prevención, Tratamiento y Control de la
Hipertensión Arterial [Link]

Objetivo y campo de aplicación

Esta Norma Oficial Mexicana tiene por objeto establecer los procedimientos para
la prevención, tratamiento y control de la hipertensión arterial.

Esta Norma Oficial Mexicana es de observancia obligatoria en el territorio nacional


para los establecimientos y profesionales de la salud de los sectores público,
social y privado que presten servicios de atención a la hipertensión arteria

Generalidades

Esta Norma define los procedimientos para la prevención, detección, diagnóstico


y manejo de la hipertensión arterial, que permiten disminuir la incidencia de la
enfermedad y el establecimiento de programas de atención médica capaces de
lograr un control efectivo del padecimiento, así como reducir sus complicaciones y
mortalidad.

.La hipertensión arterial puede ser prevenida; en caso contrario, es posible


retardar su aparició[Link] tanto, los programas para el control de esta enfermedad,
deben incluir, como uno de sus componentes básicos, la prevención primaria.

La estrategia para la prevención primaria tiene dos vertientes: una dirigida a la


población general y otra, a los individuos en alto riesgo de desarrollar la
enfermedad.

Detección

El objetivo de la detección es identificar a individuos de 25 años de edad en


adelante, que padecen HAS no diagnosticada o P.A. normal alta. 8.2. Esta
actividad se llevará a cabo, de manera rutinaria, entre los pacientes que acuden a
las instituciones de salud, tanto públicas como privadas, y en forma de campaña
entre la población general en el ámbito comunitario y en los sitios de trabajo. Con
la Medición de la presión arterial
Tratamiento y control

El tratamiento tiene como propósito evitar el avance de la enfermedad, prevenir


las complicaciones agudas y crónicas, mantener una adecuada calidad de vida, y
reducir la mortalidad por esta causa.

MARCO REFERENCIAL

La hipertensión arterial es una enfermedad susceptible de un diagnóstico objetivo


al encontrarse un aumento sostenido de la presión intrarterial diastólica y, con ello
de la sistólica y media, con cifras superiores al promedio encontrado en la
población general. Esto implica haber constatado el hecho por medio de varias
tomas de la presión para excluir la variabilidad transitoria y pasajera (emocional o
de bata blanca), la cual se puede encontrar dentro de los límites fisiológicos en
algunos casos. La hipertensión debe ser considerada una enfermedad y no un
simple proceso de envejecimiento arterial. Este último proceso hace que con los
años incrementen poco a poco ambas cifras de presión, pero ese aumento es más
claro en la sistólica que es la diastólica. La desviación de ambas curvas hacia
arriba, es un trastorno más cuantitativo que cualitativo; al pasar de los límites
convencionales deja de ser una alteración funcional propia de la senectud y señala
ya la presencia de una enfermedad.

Catalogar como normal una cifra de presión arterial de 138/88 mmHg y como alta
a una de 140/90 mmHg es obviamente arbitrario, pero la práctica médica
establece criterios para decidir si se debe estudiar y tratar a las personas
comprendidas dentro de este rango. Los criterios deben tener una base racional
que incorpore los riesgos de incapacidad y muerte, asociados con los diferentes
niveles de presión arterial, así como la posibilidad de reducirlos haciendo
descender la presión arterial. Por otro lado, con el fin de facilitar el diagnóstico y el
tratamiento, la hipertensión se debe clasificar por su grado de gravedad, etiología
y órganos afectados.

La hipertensión es un problema de salud pública, posiblemente el de mayor


importancia en el mundo entero, que requiere la atención de todo aquel que se
preocupe por la salud. Se considera la enfermedad crónica degenerativa más
frecuente en la humanidad, pues está presente en 30-35% de los adultos mayores
de 25 años. De ellos, 50% sabe que la padece y el otro 50% lo ignora. De los que
se saben hipertensos, menos de 25% recibe tratamiento adecuado y el otro 25%
queda sin tratamiento.
La hipertensión arterial (HTA) es uno de los principales factores de riesgo para
padecer enfermedad cardiovascular, cerebrovascular y falla renal, que son
importantes causas de mortalidad en México.1 En tan solo seis años, entre 2000 y
2006, la prevalencia de HTA incrementó 19.7% hasta afectar a 1 de cada 3
adultos mexicanos (31.6%).2 Las complicaciones de la HTA se relacionan
directamente con la magnitud del aumento de la tensión arterial y el tiempo de
evolución. No hay duda de que, en general, el tratamiento temprano de la
hipertensión arterial tiene importantes beneficios. Por esta razón la alta
prevalencia de esta enfermedad en México adquiere mayor importancia si se
considera que en 2006 47.8% de los adultos con hipertensión no había sido
diagnosticado como como tal y que únicamente 39.0% de los que ya habían sido
diagnosticados recibía tratamiento.2 Diversos estudios han identificado como
factores que contribuyen a la aparición de HTA la edad, una alta ingesta de sodio,
dietas elevadas en grasas saturadas, el tabaquismo, estilo de vida sedentario y la
presencia de enfermedades crónicas como obesidad, dislipidemias y diabetes
entre otros factores.

En México, esta enfermedad ha sido caracterizada epidemiológicamente gracias


a las encuestas nacionales de salud. Con esta información los tomadores de
decisiones en salud pública pueden identificar acciones para prevenir, aumentar el
diagnóstico oportuno y controlar esta patología.

La prevalencia de HTA en México se encuentra entre las más elevadas en el plano


mundial.3 Sin embargo, la tendencia creciente que había presentado entre el año
2000 y 2006 muestra una estabilización. Sin embargo, otros indicadores como el
diagnóstico oportuno, que ha aumentado en el caso de enfermedades como
diabetes mellitus, no ha mostrado aumento en el caso de hipertensión, a pesar de
que el diagnóstico de esta última es más sencillo y no invasivo. Es indiscutible que
un problema con esta magnitud requiere de mayor atención y participación de
todos los sectores de la sociedad. También es claro que programas integrales
como el ANSA4 pueden contribuir a una mejor prevención y control de este
problema ya que identifican las causas y factores protectores. Entre las
recomendaciones que es necesario atender se sugieren las siguientes:

1. Implementar programas que permitan un diagnóstico temprano y la atención


oportuna de los adultos que estén en riesgo de desarrollar HTA, teniendo como
meta mejorar los porcentajes identificados en la ENSANUT 2012.

2. Establecer el uso de protocolos clínicos en todo el personal encargado de


atender a los enfermos con HTA para prescribir el mejor y más actualizado
tratamiento. Con esto deberá aumentar el número de adultos hipertensos con
cifras de tensión arterial bajo control.
3. Retomar los objetivos del ANSA e identificar aquellos centrales para la
prevención de hipertensión con énfasis en población de riesgo (como personas
con diabetes, obesidad, adultos mayores, etcétera).

4. Asegurar que los programas de promoción de la salud y prevención y


tratamiento de la HTA sean diseñados considerando como eje principal la
adopción de estilos de vida saludables que incluyan: desincentivar el inicio del
tabaquismo y promover la cesación entre los adictos, mantener una dieta con bajo
contenido de grasas saturadas, grasas trans, colesterol, sodio y alcohol, pero con
alto consumo de verduras, cereales de granos enteros y lácteos bajos en grasa,5
además de promover la práctica constante de actividad física moderada al menos
150 minutos a la semana.

5. Incentivar la reformulación de alimentos industrializados para mejorar su perfil


nutricional (buscando bajo contenido de sodio, grasas totales, grasas saturadas y
trans, pero con un alto contenido de fibra)

Otra parte del problemade la hipertensión es de orden social y afecta a los


pacientes en una u otra forma. Pero la primera consideración es el paciente. Como
sucede con los médicos generales, estos no pretenden ordinariamente investigar
por qué motivo el paciente solicita cuidado de los signos y síntomas que le
trastornan, ni están interesados en conocer la causa por la que el paciente desea
conocer si padece o no una enfermedad silenciosa para la cual cree que se
dispone de medidas preventivas. Cuando se pregunta a un paciente la causa por
la cual acudió al consultorio o a la clínica, la cuestión es intentar determinar cuál
signo o síntoma le alarmó lo suficiente para decidirse a solicitar un examen médico
y consejos. Pero si, en realidad, las enfermedades crónicas pueden prevenirse y
lograr el control de los signos silenciosos para que no aparezcan los síntomas,
entonces se necesita tener alguna razón por la cual surge el motivo o la causa que
pueda provocar que individuos aparentemente sanos acudan al consultorio del
médico y soliciten su consejo. Evidentemente, no podemos ayudar a aquellos
pacientes a quienes no vemos.

Dado que la Medicina avanza cada vez más en el campo de la prevención y la


conservación de la salud, la educación del individuo antes de que se convierta en
paciente, mientras todavía es un miembro sano de la comunidad, se convierte en
un aspecto críticamente importante. Los especialistas en la salud pública tienden a
soslayar este obstáculo dirigiendo gran parte de sus esfuerzos y atención a las
cuestiones de su materia que pueden ser controladas desde el punto de vista
ambiental. Son muchos los ejemplos de estos aspectos; uno de ellos es la
fluorización de los suministros de agua de la comunidad, otro es el drenaje de los
charcos y la eliminación de los mosquitos en los estados del sur de nuestro país,
ya que pueden propagar el paludismo. Incluso vacunar a los pacientes contra el
sarampión o la poliomielitis es una tarea relativamente fácil de cumplir.

Esto obedece, en parte, a que se trata de un aspecto de tiempo, porque puede


realizarse en forma fácil y rápida, y también porque no requiere variaciones en las
actitudes o mó- dulos establecidos en cuidados médicos. Pero la prevención de la
enfermedad crónica, como es el caso de la enfermedad hipertensiva, es un
aspecto al que se le debe de dar muchísima más atención de la que se le está
dando, hasta el punto que requiere un cambio significativo en la actitud y conducta
de los pacientes.

De alguna manera, puede verse que un hombre o una mujer en situación de


riesgo, que toman sus antihipertensores regularmente, no son personas neuróticas
sino que son pacientes eminentemente sensibles al pensar lo que hacen. Estas
medidas preventivas pueden, en realidad, ser una finalidad, ya que se requiere de
la aceptación del individuo para que este pueda alargar su vida. Esto requiere a su
vez de la voluntad de aceptar la meta de un futuro desconocido y enfrentarse con
él. Además, se precisa cambiar las comodidades presentes y la tranquilidad de
espíritu, basadas más bien en la ignorancia, la inquietud y, quizá incluso, en la
comodidad en la época presente, dado que los efectos secundarios de los
medicamentos utilizados en el tratamiento de la hipertensión no suelen ser ligeros.
Los problemas que se plantean se complican por el hecho de que el paciente
puede tener la sensación, quizá con alguna justificación, de que nosotros estamos
más interesados que él mismo en el tratamiento de su enfermedad. Una historia
nos puede resumir esta relación del paciente con el médico.

El paciente estaba sometido a un apropiado tratamiento medicamentoso por parte


de un médico competente y experto. Se le invitó a acudir a la consulta para
comprobaciones regulares y se le aconsejó que se tomara por sí mismo la presión
sanguínea con el objeto de tener la seguridad de que seguía las prescripciones.
En el día señalado, el paciente acudió a la visita y el médico le preguntó: “¿Cómo
está su presión?” “Bien, perfectamente. Por supuesto, no puedo pensar en
defecar, ni en fornicar, pero la presión sanguínea está bien.” El paciente tiene
problemas personales, que no son intrínsecamente los propios de su presión
sanguínea, problemas para los que necesita ayuda y de los cuales el médico tiene
perfecto conocimiento. Como nosotros, todo cu-anto hace es vivir su vida, lo que
le conduce generalmente a convertirse en parte integrante de la “carrera de la
vida”.

Muchos individuos tienen la motivación o la necesidad de buscar sueldos o


ingresos de una u otra manera. Los individuos con sueldos bajos creen que no
tendrían necesidad de participar en esta carrera si llegaran a conseguir algo más
de dinero. Los que están mejor pagados sospechan que trabajan demasiado y
suelen afirmar que pueden soportar cualquier malestar, puesto que de esta forma
consiguen mayores ingresos que les permitan aguantar los riesgos de una muerte
más temprana

MARCO HISTORICO Y CONTEXTUAL

La historia de la hipertensión es parte de la historia de la medicina en su intento


científico de comprender los mecanismos del sistema cardiovascular, la medida de
sus valores (presión arterial) y los efectos que produce en la salud. Las evidencias
documentales realizadas sobre la hipertensión se remontan al 2600 a.C. e indican
que el tratamiento de la denominada "enfermedad del pulso duro" se realizaba
mediante técnicas como la acupuntura, o las de reducción de sangre corporal
como la venosección controlada y el sangrado provocado
mediante sanguijuelas. Las bases para la medida de la tensión arterial se
establecieron en los trabajos pioneros de Hales en 1733.

A comienzos del siglo XVI, el teólogo y científico español Miguel Servet en


su Libro V de Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo), pasará a la
posteridad por contener en su «Libro V» la primera exposición en el Occidente
cristiano de la función de lacirculación pulmonar o menor:9 según Servet, la sangre
es transmitida por la arteria pulmonar a la vena pulmonar por un paso prolongado
a través de los pulmones, en cuyo curso se torna de color rojo y se libera de los
vapores fuliginosos por el acto de la espiración. Las investigaciones más
profundas en medicina realizadas por William Harvey (1578–1657) sobre el
sistema circulatorio se publican en su obra denominada "De motu cordis" (Acerca
del movimiento del corazón). En 1603 el físico italiano Evangelista
Torricellidescribe en un experimento la forma de medir la presión
atmosférica mediante milímetros de mercurio en una columna de vidrio. Este
método se generaliza hasta el punto de convertirse en una unidad de media de
la presión, unidad que se aplicará posteriormente a la medida de la presión
sanguínea (mm de Hg o mm de mercurio). Los estudios de Torricelli
sobre hidrostática e hidrodinámica se amplían posteriormente por el físico
francés Blaise Pascal. El médico Jean-Baptiste de Sénac (1693–1770) comenzó a
descubrir la relación entre tamaño del corazón en las autopsias y "fuerza" atribuida
a la enfermedad de hipertrofia en las válvulas cardíacas.

El primer autor que realizó un exhaustivo estudio sobre la presión arterial fue el
clérigo inglés Stephen Hales que publica un estudio sobre el tema en 1733. Hales
es un estudioso de la química neumática, y está inspirado por los estudios
realizados por el físico belga Jan Baptista van Helmont. Hales es conocido por
sus Statical Essays (Ensayos Estáticos). El primer volumen, Vegetable
Staticks (1727), contiene una descripción de experimentos en fisiología vegetal y
química. El segundo volumen, Haemastaticks (1733), describe experimentos
sobre fisiología animal incluyendo la medida de la "fuerza de la sangre", por
ejemplo la presión sanguínea.

A Korotkoff se le ocurrió, en 1905, aplicarlo a la arteria que se obstruía. Descubrió


que cuando se desinflaba el manguito aparecía primero uno fuerte, la presión
máxima, y que a medida que se desinflaba iban apareciendo otros tonos hasta
desaparecer, la presión mínima.

En la primera mitad del siglo XX, la idea más extendida era que la presión arterial
tenía una función adaptativa. «La hipertensión parece un mecanismo de
compensación importante que no debe modificarse», afirmó en 1987 el doctor
White, médico personal de varios presidentes estadounidenses.

Por otra parte en México la hipertensión se ha vuelto un problema de salud


Publica, que afecta a todos los estados de nuestros país, asi mismo en el estado
de Querétaro encontramos gran prevalencia de esta patología, muchas de las
veces no se atienden, ya sea por falta de un diagnóstico oportuno o por
simplemente la desidia de la población.
En Pathé Cadereyta que es la comunidad que nos atañe en estos momentos no
es la excepción, dado que contamos con pacientes tanto hipertensos solamente
como aunados a otras enfermedades concomitantes, pudiéndose establecer el
síndrome metabólico.

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