UNIVERSIDAD NACIONAL DE CAJAMARCA
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS
ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE DERECHO
Curso: Derecho Internacional Público.
Integrantes:
- Dana Yamile Misahuamán Sánchez.
- Karen Bazán Rojas.
- Lorena Iveth Villarreal Ravines.
- Noemi Rodriguez Terrones.
- Percy Garay Acuña.
- Rodrigo Alejandro Vargas Rojas.
- Vivian Jarumy Castope Hualtibamba.
CASO GONZÁLEZ Y OTRAS (“CAMPO ALGODONERO”) VS. MÉXICO
I. INTRODUCCIÓN
El Caso González y Otras, conocido como “Campo Algodonero” vs. México, representa
uno de los hitos más significativos en la jurisprudencia interamericana sobre violencia de
género y feminicidios. Dictado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos
(Corte IDH) en 2009, este fallo aborda las desapariciones y asesinatos de tres jóvenes
mujeres; Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos
Monárrez en Ciudad Juárez, Chihuahua, en un contexto de violencia sistemática contra
las mujeres que se remonta a la década de 1990. Este caso no solo expone las fallas
estructurales del Estado mexicano en la prevención, investigación y sanción de estos
crímenes, sino que también resalta la intersección entre discriminación de género,
impunidad y violaciones a derechos humanos fundamentales. A lo largo de este trabajo,
se identifican los derechos cuestionados, se analiza el estado del arte en relación con
sentencias de la CIDH y doctrina internacional, se detallan los hechos y la línea
procesal, se realiza un análisis crítico, y se concluye con reflexiones sobre su impacto.
Este análisis busca contribuir al entendimiento de cómo el derecho internacional puede
ser una herramienta para combatir la violencia machista y promover la justicia de género
en América Latina.
II. IDENTIFICACIÓN DE DERECHOS CUESTIONADOS
En el Caso Campo Algodonero vs. México (2009), a partir del análisis de los
hechos y de la actuación estatal, la Corte Interamericana concluyó que el Estado
mexicano incurrió en múltiples violaciones a la Convención Americana sobre
Derechos Humanos y a la Convención de Belém do Pará.
Los derechos cuestionados e identificados como vulnerados por el Estado
Mexicano fueron:
1. Derecho a la vida (art. 4 CADH, en relación con arts. 1.1 y 2 CADH y
art. 7.b y 7.c Convención Belém do Pará):
El Estado tenía conocimiento del contexto de homicidios y desapariciones
de mujeres, en Ciudad Juárez desde 1998, pero no adoptó políticas
generales de prevención ni actuó con la diligencia reforzada que exigía la
situación. Tras la denuncia de desaparición, no reaccionó de forma
inmediata ni desplegó acciones efectivas de búsqueda, perdiéndose
horas cruciales que pudieron salvar la vida de las víctimas.
2. Derecho a la integridad personal (art. 5 CADH):
Violado respecto de las víctimas, quienes sufrieron violencia sexual, física
y tratos degradantes antes de ser asesinadas. También respecto de sus
familiares, quienes padecieron sufrimiento, angustia e indefensión por la
ineficaz búsqueda, la entrega irregular de los cuerpos, la falta de
información y los hostigamientos recibidos por parte de las autoridades.
3. Derecho a la libertad personal (art. 7 CADH):
La desaparición de las jóvenes constituyó una privación ilegítima de
libertad. La Corte resaltó que, ante la denuncia de desaparición, las
autoridades tenían la obligación de presumir que las víctimas estaban
privadas de libertad y con vida, lo que imponía un deber de reacción
inmediata, estricta y exhaustiva para encontrarlas. Sin embargo, en lugar
de desplegar medidas de búsqueda efectivas durante las primeras horas
y días, las autoridades se limitaron a realizar actos meramente formales y
declaraciones sin consecuencias prácticas, lo que representó un
incumplimiento de su deber de garantía.
4. Derechos de las niñas (art. 19 CADH):
Respecto de las menores , Laura Berenice Ramos (17 años) y Esmeralda
Herrera (15), la Corte enfatizó que el Estado debía brindar protección
reforzada. Sin embargo, no se activaron mecanismos eficaces de
búsqueda ni de reacción rápida, incumpliendo el deber de garantizar el
interés superior de las niñas en un contexto de especial vulnerabilidad.
5. Derecho a las garantías judiciales (art. 8 CADH):
Las investigaciones presentaron irregularidades graves: deficiente
preservación de la escena del crimen, manipulación y pérdida de pruebas,
autopsias insuficientes, errores en la identificación de cuerpos,
inculpación sin evidencias y retrasos injustificados. Esto impidió
esclarecer los hechos y sancionar a los responsables.
6. Derecho a la protección judicial (art. 25 CADH):
Los recursos disponibles resultaron ineficaces para garantizar justicia,
perpetuando la impunidad y debilitando la confianza de las familias en las
instituciones.
7. Obligación de no discriminación y de garantía de derechos (arts. 1.1
y CADH, en relación con Convención de Belém do Pará):
La Corte determinó que la violencia contra la mujer constituye una forma
de discriminación. En este caso, las respuestas estatales estuvieron
marcadas por estereotipos de género (“eran voladas”, “se fueron con el
novio”), lo que reflejó indiferencia institucional. Esta actitud, sumada a la
inacción, contribuyó a la impunidad y envió el mensaje social de que la
violencia contra las mujeres era tolerada.
En conclusión, el Estado Mexicano fue declarado responsable por la violación de
los derechos a la vida, integridad y libertad personal (arts. 4, 5 y 7 CADH), de los
derechos de las niñas (art. 19 CADH), de las garantías y protección judicial (arts.
8 y 25 CADH), así como por incumplir sus obligaciones de prevención,
investigación, sanción y no discriminación (arts. 1.1 y 2 CADH y Convención de
Belém do Pará).
III. ESTADO DEL ARTE DE LOS DERECHOS IDENTIFICADOS EN RELACIÓN A
DIVERSAS SENTENCIAS DE LA CIDH Y DOCTRINA NACIONAL E
INTERNACIONAL
La Corte interamericana de Derechos Humanos determinó que el Estado Mexicano
vulneró los siguientes derechos humanos:
1. Derechos a la vida, integridad personal y libertad personal (artículos
4.1,5.1, 5.2 y 7.1 de la Convención Americana, en relación con la obligación
general de garantía contemplada en el artículo 1.1 y la obligación de
adoptar disposiciones de derecho interno contempladas en el artículo 2 de
la misma.
Los Estados deben cumplir con los derechos humanos. En su primera sentencia
de fondo, el caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras (1988), la Corte afirmó que
el artículo 1.1 del Pacto de San José es clave para determinar si un Estado
puede ser responsabilizado por una violación a los derechos reconocidos en la
Convención Americana. Además, identificó dos obligaciones generales derivadas
de este artículo en el ámbito del derecho internacional de los derechos humanos:
la obligación de "respetar" y la obligación de "garantizar" tales derechos.
Respecto al deber de respeto, la Corte ha señalado que la primera
responsabilidad de los Estados Partes es abstenerse de violar los derechos y
libertades reconocidos en la Convención. Esto implica limitar el ejercicio del
poder estatal para proteger los derechos humanos. No es suficiente que los
Estados simplemente eviten violaciones, sino que deben tomar medidas
positivas específicas, ajustadas a las necesidades particulares de protección de
cada persona o situación.
En cuanto a la obligación de garantizar, la Corte ha sostenido que esta puede
cumplirse de distintas formas dependiendo del derecho específico que deba
protegerse y del contexto. Los Estados deben organizar sus estructuras
gubernamentales para asegurar eficazmente el ejercicio pleno y libre de los
derechos humanos. Dentro de esta obligación, el Estado tiene el deber legal de
prevenir razonablemente las violaciones, investigar a fondo cualquier violación
cometida bajo su jurisdicción para identificar a los responsables, sancionarlos y
asegurar una reparación adecuada para las víctimas. Es fundamental determinar
si la violación ocurrió con la complicidad, tolerancia o falta de prevención por
parte del poder público.
En el caso Campo Algodonero, la Comisión argumentó que el Estado no tomó
medidas razonables para proteger la vida de las víctimas, a pesar de tener
conocimiento del riesgo inminente que enfrentaban debido a su contexto de
violencia machista. La investigación estatal fue insuficiente para esclarecer si los
responsables eran agentes del Estado o particulares, por lo que no se pudo
presumir automáticamente responsabilidad estatal en violaciones a derechos
sustantivos.
Las deficiencias señaladas en el caso comprenden irregularidades en la gestión
de evidencias, falta de identificación de culpables, retrasos en las pesquisas,
ausencia de líneas de investigación que consideran la violencia de género y la
falta de investigaciones a funcionarios públicos por negligencia grave. Estas
fallas vulneran el derecho a la justicia, a una protección judicial efectiva, y el
derecho de los familiares y la sociedad a conocer la verdad. Asimismo, muestran
un incumplimiento estatal en garantizar, mediante investigación adecuada, los
derechos a la vida, integridad y libertad personal de las víctimas. En conjunto,
esto evidencia impunidad y medidas insuficientes para enfrentar las graves
violaciones cometidas.
Estos derechos se vinculan con el artículo 2 de la Convención Americana, que
obliga a los Estados a adoptar las normas internas necesarias para hacer
efectivos estos derechos y libertades. La jurisprudencia ha establecido que la
implementación de estas leyes es crucial para proteger el derecho a la vida,
considerado básico y esencial para otros derechos. Cumplir con el artículo 4 en
relación al 1.1 significa no solo evitar la privación arbitraria de la vida (obligación
negativa), sino también adoptar medidas para proteger y preservar este derecho
fundamental (obligación positiva), asegurando el pleno ejercicio de todos los
derechos para todas las personas bajo su jurisdicción.
En el caso particular, los representantes sostuvieron que las autoridades
mexicanas sabían del riesgo real e inmediato para la vida de las víctimas al
momento de sus desapariciones, dentro de un contexto de violencia sistemática
contra mujeres y niñas, y que el Estado no actuó con la diligencia requerida para
prevenirlo. La CIDH apuntó que la información del Estado no demuestra la
adopción de normas o prácticas para una búsqueda inmediata ni sanciones ante
la deficiente respuesta estatal. Por eso, el Estado no pudo demostrar haber
implementado lo necesario conforme al artículo 2 de la Convención Americana y
el artículo 7.c de la Convención de Belém do Pará para garantizar
investigaciones diligentes. Esta ineficacia judicial frente a la violencia contra las
mujeres fomenta la impunidad y contribuye a que estos hechos se repitan,
enviando un mensaje de tolerancia hacia dicha violencia.
2. Incumplió su deber de investigar y de garantizar los derechos a la vida,
integridad personal y libertad personal y libertad personal de las víctimas.
La Corte considera que el deber de investigar efectivamente, siguiendo los
estándares establecidos por el Tribunal tiene alcances adicionales cuando se
trata de una mujer que sufre una muerte, maltrato o afectación a su libertad
personal en el marco de un contexto general de violencia contra las mujeres. En
similar sentido, la Corte Europea ha dicho que cuando un ataque es motivado
por razones de raza, es particularmente importante que la investigación sea
realizada con vigor e imparcialidad, teniendo en cuenta la necesidad de reiterar
continuamente la condena de racismo por parte de la sociedad y para mantener
la confianza de las minorías en la habilidad de las autoridades de protegerlas de
la amenaza de violencia radical. El criterio anterior es totalmente aplicable al
analizar los alcances del deber de la debida diligencia en la investigación de
casos de violencia por razón de género.
3. El Estado incumplió su deber de no discriminación en perjuicio de las
víctimas (mujeres).
Al momento de investigar las actuaciones en el presente caso, ha quedado
establecido que algunas autoridades mencionaron que las víctimas eran
“voladas” o que “se fueron con el novio“, lo cual, sumado a la inacción estatal en
el comienzo de la investigación, permite concluir que esta indiferencia por sus
consecuencias respecto a la impunidad del caso, reproduce la violencia que se
pretende atacar, sin perjuicio de que constituye en sí misma una discriminación
en el acceso a la justicia.
La impunidad de los delitos cometidos envía el mensaje de que la violencia
contra la mujer es tolerada, lo que favorece su perpetuación y la aceptación
social del fenómeno, el sentimiento y la sensación de inseguridad en las
mujeres, así como una persistente desconfianza de éstas en el sistema de
administración de justicia.
Al respecto, el Tribunal resalta lo precisado por la Comisión Interamericana en
su informe temático sobre: “Acceso a la justicia para Mujeres Víctimas de
Violencia” en el sentido de que la influencia de patrones socioculturales
discriminatorios puede dar como resultado una descalificación de la credibilidad
de la víctima durante el proceso penal en casos de violencia y una asunción
tácita de responsabilidad de ella por los hechos, ya sea por su forma de vestir,
por su ocupación laboral, conducta sexual, relación o parentesco con el agresor,
lo cual se traduce en inacción por parte de los fiscales, policías y jueces ante
denuncias de hechos violentos.
Esta influencia también puede afectar de manera negativa a la investigación de
los casos y la valoración de la prueba subsiguiente, que puede verse marcada
por nociones estereotipadas sobre cuál debe ser el comportamiento de las
mujeres en sus relaciones interpersonales.
4. Derechos de las menores en perjuicio de las niñas Esmeralda Herrera
Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez.
La Corte ha establecido que los niños y niñas tienen derechos especiales a los
que corresponden deberes específicos por parte de la familia, la sociedad y el
Estado. Además, su condición exige una protección especial que debe ser
entendida como un derecho adicional y complementario a los demás derechos
que la Convención reconoce a toda persona. La prevalencia del interés superior
del niño debe ser entendida como la necesidad de satisfacción de todos los
derechos de la infancia y la adolescencia, que obliga al Estado e irradia efectos
en la interpretación de todos los demás derechos de la Convención cuando el
caso se refiera a menores de edad.
Asimismo, el Estado debe prestar especial atención a las necesidades y los
derechos de las presuntas víctimas en consideración a su condición de niñas,
como mujeres que pertenecen a un grupo en una situación vulnerable.
En el presente caso, la Corte considera que el Estado tenía la obligación de
adoptar todas las medidas positivas que fueran necesarias para garantizar los
derechos de las niñas desaparecidas.
En concreto, el Estado tenía el deber de asegurar que fuera encontrada en la
mayor brevedad posible, una vez los familiares reportaron su ausencia,
especialmente debido a que el Estado tenía conocimiento de la existencia de un
contexto específico en el que las niñas estaban desaparecidas.
5. Derecho a la integridad personal por los sufrimientos y actos de
hostigamiento causados a los familiares de las víctimas.
El artículo 5 de la Convención junto con el cuadernillo de jurisprudencia Nº 10 de
la CIDH protegen y detallan el contenido fundamental del derecho a la integridad
personal. La Corte ha sostenido de manera constante que este derecho no
puede ser suspendido bajo ninguna circunstancia. Las violaciones a la integridad
física y psicológica abarcan un amplio espectro que va desde la tortura hasta
otros malos tratos o abusos crueles, inhumanos o degradantes, cuyas
consecuencias físicas y mentales varían según factores internos y externos, los
cuales deben ser demostrados caso por caso.
La Corte Europea de Derechos Humanos ha señalado que incluso en ausencia
de lesiones visibles, el sufrimiento físico, moral y las perturbaciones psicológicas
pueden calificarse como tratos inhumanos. En el caso Ramírez Escobar y otros
vs. Guatemala (2018), la Corte concluyó que actos como la declaración de
abandono, internamiento en centros residenciales y adopciones ilegítimas
constituyen violaciones a la vida familiar, la protección de la familia, la libertad
personal y los derechos de los niños en función de su interés superior; por tanto,
la Corte ha reconocido que la separación injustificada y prolongada de una
familia genera un sufrimiento que debe ser analizado como una posible
infracción al derecho a la integridad personal de cada miembro, ya que esta
separación puede causar daños significativos y duraderos.
En relación con las afectaciones al derecho a la integridad personal de familiares
de víctimas de violaciones a derechos humanos, la Corte ha admitido que se
presume que los padres sufren un daño moral profundo ante la cruel muerte de
sus hijos, pues es natural que experimenten un profundo dolor. En el cuadernillo
Nº 10 destaca que la violación a la integridad psíquica y moral de estos
familiares están en relación y consecuencia directa con la desaparición forzada,
pues las circunstancias de esta desaparición generan sufrimiento, angustia e
inseguridad.
En el caso Favela Nova Brasília vs. Brasil (2017), la Corte reiteró que los
familiares pueden sufrir afectaciones en su integridad psíquica y moral como
consecuencia del sufrimiento adicional derivado de las violaciones cometidas
contra sus seres queridos, pues el sufrimiento de la víctima se extiende a sus
familiares más cercanos, especialmente aquellos con vínculos afectivos
estrecho. En relación al contenido que da la CIDH se evidencia que en múltiples
casos, la Corte ha reconocido que los familiares de víctimas de violaciones a
derechos humanos pueden ser considerados a su vez víctimas debido al daño
psíquico y moral que sufren por las circunstancias específicas de la violación y la
inacción o actuaciones deficientes de las autoridades estatales relacionadas.
Por lo tanto, en el presente caso, y conforme a la jurisprudencia internacional
sobre el contenido esencial del derecho a la integridad, se subraya que la
desaparición temporal de las tres niñas; la angustia, frustración e impotencia,
especialmente ante la falta de respuesta adecuada de las autoridades para
investigar y la continuidad de la impunidad de los responsables demuestran que
tanto las víctimas directas como sus familiares fueron afectados por la violación
del derecho a su integridad personal.
Asimismo , el Estado mexicano incurrió en una grave violación al derecho a la
integridad psíquica y moral de estos familiares, pues en el contexto que se dio el
caso, la existencia de un arraigada ideología machista y violencia con la mujer,
evidencia que no solo las víctimas directas fueron afectadas, sino también sus
familiares, por la ineficaz intervención y protección estatal. Así, el Estado es
responsable por no haber garantizado la protección integral de estos derechos
fundamentales, tal como lo establece el artículo 1.1 y 2 de la Convención
Americana.
IV. HECHOS DEL CASO
Hechos
Los hechos iniciaron en Ciudad Juárez la cual es una ciudad violenta en donde ocurren
diversos tipos de crimen organizado, como el narcotráfico, la trata de personas y el lavado de
dinero, lo que genera altos niveles de inseguridad y violencia. Los cuerpos de tres mujeres,
Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez ("las
víctimas"), fueron encontrados en un campo de algodón en Ciudad Juárez, México, el 6 de
noviembre de 2001. No se trató de incidentes aislados, ya que, desde 1990, el número de
desapariciones y asesinatos de mujeres y niñas ha sido alarmante.
Las víctimas son mujeres jóvenes de entre 15 y 25 años, estudiantes o trabajadoras de la
industria maquiladora o de otros negocios locales, algunas de las cuales llevaban muy poco
tiempo viviendo en Ciudad Juárez. Un gran número de los crímenes se caracterizan por los
siguientes factores comunes: "las mujeres fueron secuestradas y mantenidas en cautiverio, sus
familiares denunciaron su desaparición y, después de días o meses, sus cuerpos fueron
encontrados en terrenos baldíos con signos de violencia, incluyendo violación y otros tipos de
abuso sexual, tortura y mutilación de ciertas partes del cuerpo, incluyendo la ausencia de senos
o genitales". Aproximadamente 113 mujeres, incluidas las víctimas de este caso, habían sido
asesinadas según este patrón antes de la fecha de la decisión judicial. Tanto el Estado como
los representantes de las víctimas han reconocido que estos patrones delictivos están
influenciados por una cultura de discriminación de género. El Estado ha afirmado que, en
Ciudad Juárez, la industria maquiladora se estableció en 1965 y se expandió en 1993 con el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Indicó que, al priorizar la contratación de
mujeres, las industrias maquiladoras provocaron cambios en la vida laboral de las mujeres, lo
cual también impactó su vida familiar, ya que los roles tradicionales comenzaron a cambiar,
convirtiéndose las mujeres en proveedoras del hogar.
Diversos informes coinciden en que, si bien existen diferentes móviles para los asesinatos en
Ciudad Juárez y diferentes perpetradores, muchos casos se relacionan con violencia de género
que ocurre en un contexto de discriminación sistemática contra las mujeres. Si bien el Estado
creó una unidad especial para investigar los crímenes, se han evidenciado negligencia en las
investigaciones penales y discriminación de las mujeres en los procesos penales. Las
autoridades nacionales aún no han llegado a conclusiones sobre las circunstancias particulares
de los crímenes de las tres víctimas del caso Campo Algodonero ni sobre quién fue su
responsable.
V. LINEA PROCESAL DEL CASO
La línea procesal del caso se desarrolló de la siguiente manera:
1. Denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
● Marzo de 2002: Se presentaron las peticiones iniciales ante la CIDH en relación
con la desaparición de Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y
Laura Berenice Ramos Monárrez, y la falta de respuesta del Estado mexicano
para encontrarlas y sancionar a los responsables.
● Noviembre de 2005: La CIDH decidió acumular las tres peticiones en un solo
caso y emitió el Informe de Fondo No. 53/05. En este informe, la Comisión
concluyó que el Estado mexicano era responsable de la violación de varios
derechos establecidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos,
incluyendo el derecho a la vida, la integridad personal, la libertad personal y la
protección judicial.
2. Demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH)
● Abril de 2007: Al considerar que el Estado no había cumplido con las
recomendaciones del Informe de Fondo, la Comisión Interamericana sometió el
caso a la jurisdicción de la Corte IDH. La Comisión presentó una demanda
contra México para que la Corte determinara la responsabilidad del Estado por
las violaciones cometidas.
3. Proceso y Sentencia de la Corte IDH
● 18 de noviembre de 2009: La Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió la
sentencia de fondo, reparaciones y costas.
● Decisión Principal: La Corte determinó que el Estado mexicano era responsable por
las violaciones a los derechos de las víctimas y de sus familiares. Se establecieron
violaciones a los derechos a la vida, la integridad personal, la libertad personal, las
garantías judiciales y la protección judicial, entre otros.
● Medidas de Reparación: La sentencia ordenó al Estado mexicano una serie de
medidas de reparación, incluyendo:
A. Investigar, juzgar y sancionar a los responsables.
B. Realizar un acto público de reconocimiento de responsabilidad.
C. Crear un monumento en memoria de las víctimas.
D. Otorgar becas de estudio a los hijos de las víctimas.
E. Implementar un plan de fortalecimiento institucional para la prevención de la
violencia contra las mujeres.
VI. ANÁLISIS CRÍTICO
El caso "Campo Algodonero" , es un hito en la lucha contra la violencia de género en México
y un punto de inflexión en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (Corte IDH). La sentencia condenó al Estado mexicano por la falta de
investigación y sanción de los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez, Chihuahua, y por la
violación de diversos derechos humanos de las víctimas y sus familiares.
En esté caso en concreto la situación de la mujer se encuentra en desventaja, por los
estereotipos y creencias, dejando en desprotección a las víctimas de desapariciones.
Además en esté caso nos permite tener como un caso vinculante para situaciones de
feminicidio en nuestro País
VII. CONCLUSIÒN
En síntesis, el Caso Campo Algodonero marca un precedente fundamental en la Corte
IDH al reconocer la violencia contra las mujeres como una forma de discriminación
estructural, obligando a los Estados a adoptar medidas preventivas y de diligencia
reforzada en contextos de riesgo. Las violaciones identificadas a la vida, integridad
personal, libertad y derechos de las niñas subrayan la necesidad de investigaciones
sensibles al género, libres de estereotipos, y refuerzan la obligación de no
discriminación bajo la Convención Americana y la Convención de Belém do Pará. Este
fallo no solo condena la impunidad en México, sino que inspira reformas legislativas en
la región para erradicar la violencia feminicida.
Desde la perspectiva nacional, el caso evidencia las deficiencias institucionales en
México, como la inacción inicial de las autoridades y la influencia de prejuicios
machistas en las investigaciones, que perpetúan un ciclo de violencia en Ciudad Juárez.
Las reparaciones ordenadas como monumentos, becas y planes de prevención obligan
al Estado a fortalecer sus mecanismos de justicia y protección, fomentando una cultura
de cero tolerancia a la discriminación de género. Sin embargo, a pesar de avances
como la tipificación del feminicidio, persisten desafíos en la implementación efectiva, lo
que resalta la importancia de monitoreo continuo para garantizar el cumplimiento de las
obligaciones internacionales.
El fallo resalta la vulnerabilidad particular de mujeres y niñas en entornos de violencia
sistemática, enfatizando el interés superior de las menores y la obligación estatal de
actuar con rapidez ante desapariciones. Al vincular derechos como la integridad
personal de las víctimas y sus familiares con el deber de garantía (artículos 1.1 y 2 de la
CADH), el caso promueve un enfoque integral que incluye no sólo sanción, sino también
prevención y reparación emocional. Esto envía un mensaje global: la indiferencia estatal
equivale a complicidad, y sólo mediante políticas inclusivas se puede romper el patrón
de impunidad que agrava la inseguridad de las mujeres.