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El Caso González y Otras vs. México, conocido como 'Campo Algodonero', es un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que aborda la violencia de género y feminicidios en Ciudad Juárez, destacando las violaciones a derechos humanos fundamentales por parte del Estado mexicano. La Corte determinó que el Estado incumplió sus obligaciones de prevención, investigación y sanción de estos crímenes, resultando en múltiples violaciones a la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Este caso subraya la importancia del derecho internacional como herramienta para combatir la violencia machista y promover la justicia de género en América Latina.
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El Caso González y Otras vs. México, conocido como 'Campo Algodonero', es un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que aborda la violencia de género y feminicidios en Ciudad Juárez, destacando las violaciones a derechos humanos fundamentales por parte del Estado mexicano. La Corte determinó que el Estado incumplió sus obligaciones de prevención, investigación y sanción de estos crímenes, resultando en múltiples violaciones a la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Este caso subraya la importancia del derecho internacional como herramienta para combatir la violencia machista y promover la justicia de género en América Latina.
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CAJAMARCA

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS


ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE DERECHO

Curso: Derecho Internacional Público.

Integrantes:

-​ Dana Yamile Misahuamán Sánchez.


-​ Karen Bazán Rojas.
-​ Lorena Iveth Villarreal Ravines.
-​ Noemi Rodriguez Terrones.
-​ Percy Garay Acuña.
-​ Rodrigo Alejandro Vargas Rojas.
-​ Vivian Jarumy Castope Hualtibamba.

CASO GONZÁLEZ Y OTRAS (“CAMPO ALGODONERO”) VS. MÉXICO

I.​ INTRODUCCIÓN

El Caso González y Otras, conocido como “Campo Algodonero” vs. México, representa

uno de los hitos más significativos en la jurisprudencia interamericana sobre violencia de

género y feminicidios. Dictado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos

(Corte IDH) en 2009, este fallo aborda las desapariciones y asesinatos de tres jóvenes

mujeres; Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos

Monárrez en Ciudad Juárez, Chihuahua, en un contexto de violencia sistemática contra

las mujeres que se remonta a la década de 1990. Este caso no solo expone las fallas

estructurales del Estado mexicano en la prevención, investigación y sanción de estos

crímenes, sino que también resalta la intersección entre discriminación de género,

impunidad y violaciones a derechos humanos fundamentales. A lo largo de este trabajo,

se identifican los derechos cuestionados, se analiza el estado del arte en relación con
sentencias de la CIDH y doctrina internacional, se detallan los hechos y la línea

procesal, se realiza un análisis crítico, y se concluye con reflexiones sobre su impacto.

Este análisis busca contribuir al entendimiento de cómo el derecho internacional puede

ser una herramienta para combatir la violencia machista y promover la justicia de género

en América Latina.

II.​ IDENTIFICACIÓN DE DERECHOS CUESTIONADOS

En el Caso Campo Algodonero vs. México (2009), a partir del análisis de los

hechos y de la actuación estatal, la Corte Interamericana concluyó que el Estado

mexicano incurrió en múltiples violaciones a la Convención Americana sobre

Derechos Humanos y a la Convención de Belém do Pará.

Los derechos cuestionados e identificados como vulnerados por el Estado

Mexicano fueron:

1.​ Derecho a la vida (art. 4 CADH, en relación con arts. 1.1 y 2 CADH y

art. 7.b y 7.c Convención Belém do Pará):​

El Estado tenía conocimiento del contexto de homicidios y desapariciones

de mujeres, en Ciudad Juárez desde 1998, pero no adoptó políticas

generales de prevención ni actuó con la diligencia reforzada que exigía la

situación. Tras la denuncia de desaparición, no reaccionó de forma

inmediata ni desplegó acciones efectivas de búsqueda, perdiéndose

horas cruciales que pudieron salvar la vida de las víctimas.

2.​ Derecho a la integridad personal (art. 5 CADH):​

Violado respecto de las víctimas, quienes sufrieron violencia sexual, física


y tratos degradantes antes de ser asesinadas. También respecto de sus

familiares, quienes padecieron sufrimiento, angustia e indefensión por la

ineficaz búsqueda, la entrega irregular de los cuerpos, la falta de

información y los hostigamientos recibidos por parte de las autoridades.

3.​ Derecho a la libertad personal (art. 7 CADH):​

La desaparición de las jóvenes constituyó una privación ilegítima de

libertad. La Corte resaltó que, ante la denuncia de desaparición, las

autoridades tenían la obligación de presumir que las víctimas estaban

privadas de libertad y con vida, lo que imponía un deber de reacción

inmediata, estricta y exhaustiva para encontrarlas. Sin embargo, en lugar

de desplegar medidas de búsqueda efectivas durante las primeras horas

y días, las autoridades se limitaron a realizar actos meramente formales y

declaraciones sin consecuencias prácticas, lo que representó un

incumplimiento de su deber de garantía.

4.​ Derechos de las niñas (art. 19 CADH):​

Respecto de las menores , Laura Berenice Ramos (17 años) y Esmeralda

Herrera (15), la Corte enfatizó que el Estado debía brindar protección

reforzada. Sin embargo, no se activaron mecanismos eficaces de

búsqueda ni de reacción rápida, incumpliendo el deber de garantizar el

interés superior de las niñas en un contexto de especial vulnerabilidad.

5.​ Derecho a las garantías judiciales (art. 8 CADH):​

Las investigaciones presentaron irregularidades graves: deficiente

preservación de la escena del crimen, manipulación y pérdida de pruebas,


autopsias insuficientes, errores en la identificación de cuerpos,

inculpación sin evidencias y retrasos injustificados. Esto impidió

esclarecer los hechos y sancionar a los responsables.

6.​ Derecho a la protección judicial (art. 25 CADH):​

Los recursos disponibles resultaron ineficaces para garantizar justicia,

perpetuando la impunidad y debilitando la confianza de las familias en las

instituciones.

7.​ Obligación de no discriminación y de garantía de derechos (arts. 1.1

y CADH, en relación con Convención de Belém do Pará):​

La Corte determinó que la violencia contra la mujer constituye una forma

de discriminación. En este caso, las respuestas estatales estuvieron

marcadas por estereotipos de género (“eran voladas”, “se fueron con el

novio”), lo que reflejó indiferencia institucional. Esta actitud, sumada a la

inacción, contribuyó a la impunidad y envió el mensaje social de que la

violencia contra las mujeres era tolerada.

En conclusión, el Estado Mexicano fue declarado responsable por la violación de

los derechos a la vida, integridad y libertad personal (arts. 4, 5 y 7 CADH), de los

derechos de las niñas (art. 19 CADH), de las garantías y protección judicial (arts.

8 y 25 CADH), así como por incumplir sus obligaciones de prevención,

investigación, sanción y no discriminación (arts. 1.1 y 2 CADH y Convención de

Belém do Pará).

III.​ ESTADO DEL ARTE DE LOS DERECHOS IDENTIFICADOS EN RELACIÓN A


DIVERSAS SENTENCIAS DE LA CIDH Y DOCTRINA NACIONAL E
INTERNACIONAL
La Corte interamericana de Derechos Humanos determinó que el Estado Mexicano

vulneró los siguientes derechos humanos:

1.​ Derechos a la vida, integridad personal y libertad personal (artículos

4.1,5.1, 5.2 y 7.1 de la Convención Americana, en relación con la obligación

general de garantía contemplada en el artículo 1.1 y la obligación de

adoptar disposiciones de derecho interno contempladas en el artículo 2 de

la misma.

Los Estados deben cumplir con los derechos humanos. En su primera sentencia

de fondo, el caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras (1988), la Corte afirmó que

el artículo 1.1 del Pacto de San José es clave para determinar si un Estado

puede ser responsabilizado por una violación a los derechos reconocidos en la

Convención Americana. Además, identificó dos obligaciones generales derivadas

de este artículo en el ámbito del derecho internacional de los derechos humanos:

la obligación de "respetar" y la obligación de "garantizar" tales derechos.

Respecto al deber de respeto, la Corte ha señalado que la primera

responsabilidad de los Estados Partes es abstenerse de violar los derechos y

libertades reconocidos en la Convención. Esto implica limitar el ejercicio del

poder estatal para proteger los derechos humanos. No es suficiente que los

Estados simplemente eviten violaciones, sino que deben tomar medidas

positivas específicas, ajustadas a las necesidades particulares de protección de

cada persona o situación.

En cuanto a la obligación de garantizar, la Corte ha sostenido que esta puede

cumplirse de distintas formas dependiendo del derecho específico que deba

protegerse y del contexto. Los Estados deben organizar sus estructuras


gubernamentales para asegurar eficazmente el ejercicio pleno y libre de los

derechos humanos. Dentro de esta obligación, el Estado tiene el deber legal de

prevenir razonablemente las violaciones, investigar a fondo cualquier violación

cometida bajo su jurisdicción para identificar a los responsables, sancionarlos y

asegurar una reparación adecuada para las víctimas. Es fundamental determinar

si la violación ocurrió con la complicidad, tolerancia o falta de prevención por

parte del poder público.

En el caso Campo Algodonero, la Comisión argumentó que el Estado no tomó

medidas razonables para proteger la vida de las víctimas, a pesar de tener

conocimiento del riesgo inminente que enfrentaban debido a su contexto de

violencia machista. La investigación estatal fue insuficiente para esclarecer si los

responsables eran agentes del Estado o particulares, por lo que no se pudo

presumir automáticamente responsabilidad estatal en violaciones a derechos

sustantivos.

Las deficiencias señaladas en el caso comprenden irregularidades en la gestión

de evidencias, falta de identificación de culpables, retrasos en las pesquisas,

ausencia de líneas de investigación que consideran la violencia de género y la

falta de investigaciones a funcionarios públicos por negligencia grave. Estas

fallas vulneran el derecho a la justicia, a una protección judicial efectiva, y el

derecho de los familiares y la sociedad a conocer la verdad. Asimismo, muestran

un incumplimiento estatal en garantizar, mediante investigación adecuada, los

derechos a la vida, integridad y libertad personal de las víctimas. En conjunto,

esto evidencia impunidad y medidas insuficientes para enfrentar las graves

violaciones cometidas.
Estos derechos se vinculan con el artículo 2 de la Convención Americana, que

obliga a los Estados a adoptar las normas internas necesarias para hacer

efectivos estos derechos y libertades. La jurisprudencia ha establecido que la

implementación de estas leyes es crucial para proteger el derecho a la vida,

considerado básico y esencial para otros derechos. Cumplir con el artículo 4 en

relación al 1.1 significa no solo evitar la privación arbitraria de la vida (obligación

negativa), sino también adoptar medidas para proteger y preservar este derecho

fundamental (obligación positiva), asegurando el pleno ejercicio de todos los

derechos para todas las personas bajo su jurisdicción.

En el caso particular, los representantes sostuvieron que las autoridades

mexicanas sabían del riesgo real e inmediato para la vida de las víctimas al

momento de sus desapariciones, dentro de un contexto de violencia sistemática

contra mujeres y niñas, y que el Estado no actuó con la diligencia requerida para

prevenirlo. La CIDH apuntó que la información del Estado no demuestra la

adopción de normas o prácticas para una búsqueda inmediata ni sanciones ante

la deficiente respuesta estatal. Por eso, el Estado no pudo demostrar haber

implementado lo necesario conforme al artículo 2 de la Convención Americana y

el artículo 7.c de la Convención de Belém do Pará para garantizar

investigaciones diligentes. Esta ineficacia judicial frente a la violencia contra las

mujeres fomenta la impunidad y contribuye a que estos hechos se repitan,

enviando un mensaje de tolerancia hacia dicha violencia.

2.​ Incumplió su deber de investigar y de garantizar los derechos a la vida,

integridad personal y libertad personal y libertad personal de las víctimas.

La Corte considera que el deber de investigar efectivamente, siguiendo los

estándares establecidos por el Tribunal tiene alcances adicionales cuando se


trata de una mujer que sufre una muerte, maltrato o afectación a su libertad

personal en el marco de un contexto general de violencia contra las mujeres. En

similar sentido, la Corte Europea ha dicho que cuando un ataque es motivado

por razones de raza, es particularmente importante que la investigación sea

realizada con vigor e imparcialidad, teniendo en cuenta la necesidad de reiterar

continuamente la condena de racismo por parte de la sociedad y para mantener

la confianza de las minorías en la habilidad de las autoridades de protegerlas de

la amenaza de violencia radical. El criterio anterior es totalmente aplicable al

analizar los alcances del deber de la debida diligencia en la investigación de

casos de violencia por razón de género.

3.​ El Estado incumplió su deber de no discriminación en perjuicio de las

víctimas (mujeres).

Al momento de investigar las actuaciones en el presente caso, ha quedado

establecido que algunas autoridades mencionaron que las víctimas eran

“voladas” o que “se fueron con el novio“, lo cual, sumado a la inacción estatal en

el comienzo de la investigación, permite concluir que esta indiferencia por sus

consecuencias respecto a la impunidad del caso, reproduce la violencia que se

pretende atacar, sin perjuicio de que constituye en sí misma una discriminación

en el acceso a la justicia.

La impunidad de los delitos cometidos envía el mensaje de que la violencia

contra la mujer es tolerada, lo que favorece su perpetuación y la aceptación

social del fenómeno, el sentimiento y la sensación de inseguridad en las

mujeres, así como una persistente desconfianza de éstas en el sistema de

administración de justicia.

Al respecto, el Tribunal resalta lo precisado por la Comisión Interamericana en

su informe temático sobre: “Acceso a la justicia para Mujeres Víctimas de


Violencia” en el sentido de que la influencia de patrones socioculturales

discriminatorios puede dar como resultado una descalificación de la credibilidad

de la víctima durante el proceso penal en casos de violencia y una asunción

tácita de responsabilidad de ella por los hechos, ya sea por su forma de vestir,

por su ocupación laboral, conducta sexual, relación o parentesco con el agresor,

lo cual se traduce en inacción por parte de los fiscales, policías y jueces ante

denuncias de hechos violentos.

Esta influencia también puede afectar de manera negativa a la investigación de

los casos y la valoración de la prueba subsiguiente, que puede verse marcada

por nociones estereotipadas sobre cuál debe ser el comportamiento de las

mujeres en sus relaciones interpersonales.

4.​ Derechos de las menores en perjuicio de las niñas Esmeralda Herrera

Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez.

La Corte ha establecido que los niños y niñas tienen derechos especiales a los

que corresponden deberes específicos por parte de la familia, la sociedad y el

Estado. Además, su condición exige una protección especial que debe ser

entendida como un derecho adicional y complementario a los demás derechos

que la Convención reconoce a toda persona. La prevalencia del interés superior

del niño debe ser entendida como la necesidad de satisfacción de todos los

derechos de la infancia y la adolescencia, que obliga al Estado e irradia efectos

en la interpretación de todos los demás derechos de la Convención cuando el

caso se refiera a menores de edad.

Asimismo, el Estado debe prestar especial atención a las necesidades y los

derechos de las presuntas víctimas en consideración a su condición de niñas,

como mujeres que pertenecen a un grupo en una situación vulnerable.


En el presente caso, la Corte considera que el Estado tenía la obligación de

adoptar todas las medidas positivas que fueran necesarias para garantizar los

derechos de las niñas desaparecidas.

En concreto, el Estado tenía el deber de asegurar que fuera encontrada en la

mayor brevedad posible, una vez los familiares reportaron su ausencia,

especialmente debido a que el Estado tenía conocimiento de la existencia de un

contexto específico en el que las niñas estaban desaparecidas.

5.​ Derecho a la integridad personal por los sufrimientos y actos de

hostigamiento causados a los familiares de las víctimas.

El artículo 5 de la Convención junto con el cuadernillo de jurisprudencia Nº 10 de

la CIDH protegen y detallan el contenido fundamental del derecho a la integridad

personal. La Corte ha sostenido de manera constante que este derecho no

puede ser suspendido bajo ninguna circunstancia. Las violaciones a la integridad

física y psicológica abarcan un amplio espectro que va desde la tortura hasta

otros malos tratos o abusos crueles, inhumanos o degradantes, cuyas

consecuencias físicas y mentales varían según factores internos y externos, los

cuales deben ser demostrados caso por caso.

La Corte Europea de Derechos Humanos ha señalado que incluso en ausencia

de lesiones visibles, el sufrimiento físico, moral y las perturbaciones psicológicas

pueden calificarse como tratos inhumanos. En el caso Ramírez Escobar y otros

vs. Guatemala (2018), la Corte concluyó que actos como la declaración de

abandono, internamiento en centros residenciales y adopciones ilegítimas

constituyen violaciones a la vida familiar, la protección de la familia, la libertad

personal y los derechos de los niños en función de su interés superior; por tanto,

la Corte ha reconocido que la separación injustificada y prolongada de una

familia genera un sufrimiento que debe ser analizado como una posible
infracción al derecho a la integridad personal de cada miembro, ya que esta

separación puede causar daños significativos y duraderos.

En relación con las afectaciones al derecho a la integridad personal de familiares

de víctimas de violaciones a derechos humanos, la Corte ha admitido que se

presume que los padres sufren un daño moral profundo ante la cruel muerte de

sus hijos, pues es natural que experimenten un profundo dolor. En el cuadernillo

Nº 10 destaca que la violación a la integridad psíquica y moral de estos

familiares están en relación y consecuencia directa con la desaparición forzada,

pues las circunstancias de esta desaparición generan sufrimiento, angustia e

inseguridad.

En el caso Favela Nova Brasília vs. Brasil (2017), la Corte reiteró que los

familiares pueden sufrir afectaciones en su integridad psíquica y moral como

consecuencia del sufrimiento adicional derivado de las violaciones cometidas

contra sus seres queridos, pues el sufrimiento de la víctima se extiende a sus

familiares más cercanos, especialmente aquellos con vínculos afectivos

estrecho. En relación al contenido que da la CIDH se evidencia que en múltiples

casos, la Corte ha reconocido que los familiares de víctimas de violaciones a

derechos humanos pueden ser considerados a su vez víctimas debido al daño

psíquico y moral que sufren por las circunstancias específicas de la violación y la

inacción o actuaciones deficientes de las autoridades estatales relacionadas.

Por lo tanto, en el presente caso, y conforme a la jurisprudencia internacional

sobre el contenido esencial del derecho a la integridad, se subraya que la

desaparición temporal de las tres niñas; la angustia, frustración e impotencia,

especialmente ante la falta de respuesta adecuada de las autoridades para

investigar y la continuidad de la impunidad de los responsables demuestran que


tanto las víctimas directas como sus familiares fueron afectados por la violación

del derecho a su integridad personal.

Asimismo , el Estado mexicano incurrió en una grave violación al derecho a la

integridad psíquica y moral de estos familiares, pues en el contexto que se dio el

caso, la existencia de un arraigada ideología machista y violencia con la mujer,

evidencia que no solo las víctimas directas fueron afectadas, sino también sus

familiares, por la ineficaz intervención y protección estatal. Así, el Estado es

responsable por no haber garantizado la protección integral de estos derechos

fundamentales, tal como lo establece el artículo 1.1 y 2 de la Convención

Americana.

IV.​ HECHOS DEL CASO

Hechos

Los hechos iniciaron en Ciudad Juárez la cual es una ciudad violenta en donde ocurren

diversos tipos de crimen organizado, como el narcotráfico, la trata de personas y el lavado de

dinero, lo que genera altos niveles de inseguridad y violencia. Los cuerpos de tres mujeres,

Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y Laura Berenice Ramos Monárrez ("las

víctimas"), fueron encontrados en un campo de algodón en Ciudad Juárez, México, el 6 de

noviembre de 2001. No se trató de incidentes aislados, ya que, desde 1990, el número de

desapariciones y asesinatos de mujeres y niñas ha sido alarmante.

Las víctimas son mujeres jóvenes de entre 15 y 25 años, estudiantes o trabajadoras de la

industria maquiladora o de otros negocios locales, algunas de las cuales llevaban muy poco

tiempo viviendo en Ciudad Juárez. Un gran número de los crímenes se caracterizan por los

siguientes factores comunes: "las mujeres fueron secuestradas y mantenidas en cautiverio, sus

familiares denunciaron su desaparición y, después de días o meses, sus cuerpos fueron

encontrados en terrenos baldíos con signos de violencia, incluyendo violación y otros tipos de
abuso sexual, tortura y mutilación de ciertas partes del cuerpo, incluyendo la ausencia de senos

o genitales". Aproximadamente 113 mujeres, incluidas las víctimas de este caso, habían sido

asesinadas según este patrón antes de la fecha de la decisión judicial. Tanto el Estado como

los representantes de las víctimas han reconocido que estos patrones delictivos están

influenciados por una cultura de discriminación de género. El Estado ha afirmado que, en

Ciudad Juárez, la industria maquiladora se estableció en 1965 y se expandió en 1993 con el

Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Indicó que, al priorizar la contratación de

mujeres, las industrias maquiladoras provocaron cambios en la vida laboral de las mujeres, lo

cual también impactó su vida familiar, ya que los roles tradicionales comenzaron a cambiar,

convirtiéndose las mujeres en proveedoras del hogar.

Diversos informes coinciden en que, si bien existen diferentes móviles para los asesinatos en

Ciudad Juárez y diferentes perpetradores, muchos casos se relacionan con violencia de género

que ocurre en un contexto de discriminación sistemática contra las mujeres. Si bien el Estado

creó una unidad especial para investigar los crímenes, se han evidenciado negligencia en las

investigaciones penales y discriminación de las mujeres en los procesos penales. Las

autoridades nacionales aún no han llegado a conclusiones sobre las circunstancias particulares

de los crímenes de las tres víctimas del caso Campo Algodonero ni sobre quién fue su

responsable.

V.​ LINEA PROCESAL DEL CASO

La línea procesal del caso se desarrolló de la siguiente manera:

1. Denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)

●​ Marzo de 2002: Se presentaron las peticiones iniciales ante la CIDH en relación

con la desaparición de Claudia Ivette González, Esmeralda Herrera Monreal y


Laura Berenice Ramos Monárrez, y la falta de respuesta del Estado mexicano

para encontrarlas y sancionar a los responsables.

●​ Noviembre de 2005: La CIDH decidió acumular las tres peticiones en un solo

caso y emitió el Informe de Fondo No. 53/05. En este informe, la Comisión

concluyó que el Estado mexicano era responsable de la violación de varios

derechos establecidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos,

incluyendo el derecho a la vida, la integridad personal, la libertad personal y la

protección judicial.

2. Demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH)

●​ Abril de 2007: Al considerar que el Estado no había cumplido con las

recomendaciones del Informe de Fondo, la Comisión Interamericana sometió el

caso a la jurisdicción de la Corte IDH. La Comisión presentó una demanda

contra México para que la Corte determinara la responsabilidad del Estado por

las violaciones cometidas.

3. Proceso y Sentencia de la Corte IDH

●​ 18 de noviembre de 2009: La Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió la

sentencia de fondo, reparaciones y costas.

●​ Decisión Principal: La Corte determinó que el Estado mexicano era responsable por

las violaciones a los derechos de las víctimas y de sus familiares. Se establecieron

violaciones a los derechos a la vida, la integridad personal, la libertad personal, las

garantías judiciales y la protección judicial, entre otros.

●​ Medidas de Reparación: La sentencia ordenó al Estado mexicano una serie de

medidas de reparación, incluyendo:

A.​ Investigar, juzgar y sancionar a los responsables.


B.​ Realizar un acto público de reconocimiento de responsabilidad.

C.​ Crear un monumento en memoria de las víctimas.

D.​ Otorgar becas de estudio a los hijos de las víctimas.

E.​ Implementar un plan de fortalecimiento institucional para la prevención de la

violencia contra las mujeres.

VI.​ ANÁLISIS CRÍTICO

El caso "Campo Algodonero" , es un hito en la lucha contra la violencia de género en México

y un punto de inflexión en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos

Humanos (Corte IDH). La sentencia condenó al Estado mexicano por la falta de

investigación y sanción de los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez, Chihuahua, y por la

violación de diversos derechos humanos de las víctimas y sus familiares.

En esté caso en concreto la situación de la mujer se encuentra en desventaja, por los


estereotipos y creencias, dejando en desprotección a las víctimas de desapariciones.
Además en esté caso nos permite tener como un caso vinculante para situaciones de
feminicidio en nuestro País

VII.​ CONCLUSIÒN

En síntesis, el Caso Campo Algodonero marca un precedente fundamental en la Corte

IDH al reconocer la violencia contra las mujeres como una forma de discriminación

estructural, obligando a los Estados a adoptar medidas preventivas y de diligencia

reforzada en contextos de riesgo. Las violaciones identificadas a la vida, integridad

personal, libertad y derechos de las niñas subrayan la necesidad de investigaciones

sensibles al género, libres de estereotipos, y refuerzan la obligación de no

discriminación bajo la Convención Americana y la Convención de Belém do Pará. Este

fallo no solo condena la impunidad en México, sino que inspira reformas legislativas en

la región para erradicar la violencia feminicida.


Desde la perspectiva nacional, el caso evidencia las deficiencias institucionales en

México, como la inacción inicial de las autoridades y la influencia de prejuicios

machistas en las investigaciones, que perpetúan un ciclo de violencia en Ciudad Juárez.

Las reparaciones ordenadas como monumentos, becas y planes de prevención obligan

al Estado a fortalecer sus mecanismos de justicia y protección, fomentando una cultura

de cero tolerancia a la discriminación de género. Sin embargo, a pesar de avances

como la tipificación del feminicidio, persisten desafíos en la implementación efectiva, lo

que resalta la importancia de monitoreo continuo para garantizar el cumplimiento de las

obligaciones internacionales.

El fallo resalta la vulnerabilidad particular de mujeres y niñas en entornos de violencia

sistemática, enfatizando el interés superior de las menores y la obligación estatal de

actuar con rapidez ante desapariciones. Al vincular derechos como la integridad

personal de las víctimas y sus familiares con el deber de garantía (artículos 1.1 y 2 de la

CADH), el caso promueve un enfoque integral que incluye no sólo sanción, sino también

prevención y reparación emocional. Esto envía un mensaje global: la indiferencia estatal

equivale a complicidad, y sólo mediante políticas inclusivas se puede romper el patrón

de impunidad que agrava la inseguridad de las mujeres.

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