RENACIMIENTO
El descubrimiento y exploración de nuevos continentes, el auge del individualismo y la visión
antropocéntrica del mundo, la aplicación de importantes inventos como la brújula y la imprenta, la
afirmación de los estados nacionales y la difusión de unas formas artísticas inspiradas en el mundo
grecolatino, definieron la configuración del Renacimiento, un brillante período de la cultura europea
inmediatamente posterior a la edad media.
El Renacimiento fue un movimiento cultural de los siglos XV y XVI, iniciado en Italia y propagado por
Europa, que por extensión acabó dando nombre a un período de la civilización occidental
caracterizado por la vuelta a la antigüedad clásica como reacción contra la mentalidad teológica
medieval.
Considerado en un principio por eruditos e historiadores como un resurgir de la cultura clásica
tras un largo declive medieval, posteriormente el término ha ido adquiriendo también una serie de
connotaciones políticas, económicas e incluso religiosas. Aunque, por lo general, se ha creído que
fue completamente opuesto al Medioevo, algunas tendencias historiográficas tienden a ver el
Renacimiento más como un proceso evolutivo que como un corte profundo, ya que diversas
transformaciones propiamente renacentistas habían sido ya apuntadas a comienzos del siglo XII,
entre ellas el retroceso de la influencia de la Iglesia Católica y del Sacro Imperio Romano germánico,
la aparición de ciudades-estado, el desarrollo de las lenguas nacionales y el resquebrajamiento de
las estructuras feudales.
Historiografía
Los propios artistas de los siglos XV y XVI, como Giorgio Vasari, ya empleaban el término
Renacimiento para hacer referencia a la recuperación de las formas artísticas de la antigüedad tras
la oscura época medieval. Los primeros pasos en la definición historiográfica, del período se dieron
en el XVIII con el racionalismo al formularse la antítesis entre edad media (período que no se regía
por la razón) y Renacimiento; además, algunos hombres de letras como el francés Voltaire o el
británico Edward Gibbon comenzaron a considerar la caída de Constantinopla en 1453 como un
hecho trascendental para occidente, ya que dicho acontecimiento permitió conocer en mayor
profundidad la cultura grecolatina. Otro historiador británico, William Roscoe, en su libro The Life
of Lorenzo de' Medici (1976; La vida de Lorenzo de Medici) demostró por vez primera el papel
primordial que había ejercido Florencia en el siglo XV.
En el siglo XIX se sistematizaron los estudios sobre el Renacimiento. Fue Jules Michelet en La
Renaissance (1855) quien asentó el término para aludir a una época cultural e histórica. Coetáneo
de Michelet fue el gran historiador Jacob Burckhardt, autor de Die Kultur der Renaissance in Italien
(1860; La cultura del Renacimiento en Italia), donde consideró que el arte renacentista fue la más
alta cota alcanzada por la Europa moderna, ya que logró un perfecto equilibrio entre realismo e
idealismo. Posteriormente, el siglo XX vio la aparición de numerosos estudios sobre el arte del
período como los de Erwin Panofsky, André Chastel y Rudolf Wittkower.
Política
Hacia el siglo XIV, la baja edad media se encontraba en pleno declive, y con ella parte del sistema
feudal. El Sacro Imperio Romano germánico, que había luchado anteriormente contra el papado por
el control de Italia y el logro de una Europa unida, se hallaba muy debilitado y fragmentado entre
distintas familias nobiliarias rivales, sobre las que emergía la autoridad casi honorífica del
emperador. La crisis afectaba también a la Iglesia Católica, que primero vio trasladada
temporalmente su sede pontificia en 1309 a Aviñón, en el sur de Francia, y luego sufrió el llamado
cisma de occidente, en el que el mundo cristiano se dividió entre los partidarios del Papa Urbano VI
y los del antipapa Clemente VII.
La reorganización política se inició en Italia a fines del siglo XIII con su desvinculación del poder
imperial y su fragmentación en diversas ciudades-estado que pasaron de un régimen comunal o
municipal a otro señorial, ejercido por ciertas familias nobles (Gonzaga, Sforza, Medici). Más tarde,
estas ciudades se convirtieron en el centro de los variados estados italianos de la época moderna
(las repúblicas de Venecia y de Florencia, el ducado de Milán, el reino de Nápoles y los Estados
Pontificios), que mantuvieron entre ellos constantes conflictos por lograr la hegemonía.
Esta fragmentación no persistió en otros territorios europeos donde, en cambio, se configuraron
diversas monarquías nacionales y autoritarias: los Reyes Católicos en España (Fernándo e Isabel),
Enrique VII en Inglaterra y Luis XI en Francia. Ello se debió, en primer lugar, a la consolidación de la
autoridad del soberano frente al poder de la nobleza. Estos nuevos estados modernos se
caracterizaron por la centralización, la organización administrativa, la creciente burocratización y la
creación de un poderoso ejército. En la implantación de estos regímenes autoritarios tuvo gran
importancia el cambio producido en la mentalidad política que, basándose en el derecho romano y
la filosofía aristotélica, legitimaría la autoridad suprema del monarca y la existencia de un estado
fuerte y organizado. La gran figura del pensamiento político fue el florentino Nicolás Maquiavelo,
autor de Il príncipe (1513), donde expresaba las cualidades de todo buen gobernante.
Economía y sociedad
Aunque la base de la economía seguía siendo la agricultura cobraron un gran impulso la industria
textil, la minería y, sobre todo, las actividades comerciales gracias al auge de las ciudades
mediterráneas (Venecia, Marsella, Nápoles) y del norte de Europa (Amberes, Amsterdam,
Hamburgo). La creciente importancia del sector comercial trajo consigo la formación de grandes
riquezas familiares, como las de los Medici, los Strozzi o los Fugger, que permitieron a dichas familias
su intervención directa en la política o su apoyo a las monarquías que atravesaban crisis económicas.
El descubrimiento de América supuso un hecho trascendental para la vida económica del
Renacimiento, ya que se abrieron nuevos mercados, florecieron ciudades de la fachada atlántica,
como Sevilla y Lisboa, y fluyeron los metales y las riquezas, que proporcionaron grandes beneficios
a burgueses y banqueros y sirvieron a España para llevar a cabo una vasta política de intervención
en gran parte de Europa y el Mediterráneo. Sin embargo, la excesiva afluencia de tesoros
americanos al continente europeo favoreció una alarmante subida de los precios debido a la
abundante moneda en circulación.
La desaparición de las grandes pestes medievales, el auge de la vida urbana y ciertas mejoras en
la forma de vida ocasionaron un crecimiento demográfico evidente en casi toda la Europa
occidental, marcado por una fuerte tasa de natalidad y un descenso de la mortalidad infantil. Las
principales zonas de poblamiento eran el norte de Italia, los Países Bajos y el centro de Francia.
La estructura social estaba encabezada por la nobleza, que se había instalado en las grandes
ciudades, en lujosos palacios o mansiones, seguida por la alta burguesía, enriquecida con el
comercio y los negocios financieros. El estrato inferior lo ocupaban los campesinos, que vivieron
una situación bastante desfavorable y recurrieron a menudo a las revueltas, creando un clima de
inestabilidad social.
El humanismo
El espíritu renacentista se expresó tempranamente a través del humanismo, movimiento intelectual
que se inició y alcanzó su apogeo primeramente en Italia, protagonizado por Gianozzo
Manetti, Marsilio Ficino y Lorenzo Valla entre otros. Los humanistas quisieron dar respuesta a los
interrogantes del momento y para ello recurrieron tanto al cristianismo como a la filosofía
grecolatina, creando así un sistema intelectual caracterizado por la supremacía del hombre sobre la
naturaleza y el rechazo de las estructuras mentales impuestas por la religión medieval. La intención
del humanismo era desarrollar en el hombre el espíritu crítico y la plena confianza en sus propias
posibilidades, rasgos que le habían sido vetados durante la época medieval.
De Italia, el humanismo se difundió hacia el norte extendiéndose por casi toda Europa gracias a la
invención de la imprenta, que facilitó la divulgación de los textos clásicos y las nuevas ideas con gran
rapidez. El más destacado humanista del norte de Europa fue Erasmo de Rotterdam, autor de
Encomium moriae (1509; El elogio de la locura), alegato en defensa de la tolerancia y la libertad de
pensamiento que resumía la esencia moral del humanismo. Entre los humanistas españoles
sobresalió Juan Luis Vives.
Reforma y contrarreforma
El esplendor intelectual conseguido por los humanistas contribuyó a la aparición de la Reforma,
movimiento de rebelión contra la Iglesia Católica que convulsionó el centro de Europa durante el
siglo XVI. Sería el alemánMartín Lutero, al colocar en 1517 en las puertas de la iglesia del castillo de
Wittenberg sus famosas 95 tesis, en las que atacaba entre otros problemas la venta papal de
indulgencias, el detonante de la ruptura de la unidad religiosa europea.
La actitud de Lutero no fue un hecho aislado ni circunstancial, sino que respondía a una época de
crisis. La Reforma coincidió con un profundo descontento económico, el desprestigio de la jerarquía
eclesiástica, la propagación de corrientes místicas, los continuos enfrentamientos bélicos y una
desorientación espiritual generalizada. Era evidente, sobre todo entre el clero germánico, la
necesidad de una reforma que devolviera a la iglesia la esencia del cristianismo.
El luteranismo, que rechazaba la autoridad del Papa, la mayoría de los sacramentos y el culto a la
Virgen, y que defendía la libre interpretación de la Biblia y la prioridad de la fe sobre los actos como
medio de salvación, no tardó en propagarse por todo el norte y centro de Europa, sobre todo entre
la nobleza.
La reacción católica tuvo su primer protagonista en el emperador Carlos V (I de España),
obsesionado por luchar contra los protestantes y conseguir la unidad religiosa. Pese a la victoria
imperial en la batalla de Mühlberg en 1547, al final tuvo que firmarse la paz de Augsburgo en 1555,
que confirmó la ruptura entre católicos y protestantes. La Iglesia Católica intentó además combatir
a la Reforma mediante la llamada contrarreforma, movimiento de reacción que se apoyó en
el Concilio de Trento (1545-1563) y en la Compañía de Jesús. El concilio reafirmó los dogmas
católicos atacados por Lutero, fortaleció las jerarquías eclesiásticas y estimuló la enseñanza de la
religión. Por su parte, la Compañía de Jesús, orden religiosa fundada en 1534 por el españolIgnacio
de Loyola, se propuso difundir, bajo las órdenes del Papa, la doctrina católica por toda Europa y el
mundo; para ello, los jesuitas realizaron una amplia labor educativa, creando multitud de escuelas
y universidades.
La era de los grandes inventos y descubrimientos geográficos
El afán de conocimiento y el espíritu científico del hombre renacentista, cuyo mejor prototipo fue
Leonardo da Vinci, provocaron una verdadera revolución. Se difundieron y perfeccionaron inventos
orientales como la pólvora, que transformó la estrategia militar, y la brújula, que permitió los
grandes descubrimientos geográficos. Quizá el hecho más sobresaliente fue la invención de
la imprenta, atribuida al alemán Johannes Gutenberg, que perfeccionó los sistemas medievales de
impresión al crear los tipos o caracteres metálicos móviles.
El desarrollo de la cartografía, los avances en la navegación, el conocimiento de la brújula, la
desaparición de las rutas comerciales caravaneras hacia el oriente por la presencia de los turcos
otomanos y el espíritu dinámico y curioso del hombre moderno fueron factores que se conjugaron
para hacer posibles los grandes descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI, en los que
intervinieron sobre todo españoles y portugueses.
Las exploraciones portuguesas, impulsadas por Enrique el Navegante, estuvieron protagonizadas
por Batolomeu Días, que llegó hasta el cabo de las Tormentas (posterior cabo de Buena Esperanza),
en el sur de Africa; Vasco da Gama, que alcanzó las costas de la India; y Pedro Alvarez Cabral, que
en el año 1500 arribó a Brasil.
Por su parte, los españoles se volcaron más hacia el Atlántico intentando llegar a las Indias por el
oeste convencidos de la esfericidad de la Tierra. El pionero de estas exploraciones fue Cristóbal
Colón, quien realizó cuatro viajes a las tierras que él creía la India y que resultaron ser todo un nuevo
continente. El 12 de octubre de 1492, día en que la primera expedición de Colón tocó tierra, es
considerado como la fecha del descubrimiento de América. Desde entonces y durante todo el siglo
XVI, los españoles, seguidos de franceses, británicos y portugueses, se lanzaron al descubrimiento
de las nuevas tierras: Hernán Cortés conquistó el imperio azteca, Vasco Núñez de Balboa llegó hasta
el mar del Sur (posterior océano Pacífico), Francisco Pizarro dominó al imperio inca, Alvar Núñez
Cabeza de Vaca recorrió el sur de lo que luego serían los Estados Unidos, y Juan Sebastián
Elcano logró finalizar la primera circunnavegación de la Tierra, iniciada por Fernando de
Magallanes.
Arte
El espíritu renacentista alcanzó su máxima expresión en las artes plásticas. Se trataba de un arte
basado en la observación del mundo visible y en una serie de principios matemáticos y racionales,
como equilibrio, armonía y perspectiva. Poco a poco se fueron sustituyendo las formas expresivas
góticas por otras nuevas acordes a los modelos de la antigüedad clásica. En manos de hombres como
Leonardo da Vinci, el arte no fue sólo una forma de plasmar la belleza, sino también una faceta del
conocimiento, un medio para explorar la naturaleza y dejar constancia de los descubrimientos.
El origen del arte renacentista estuvo en Italia y se vio precedido por una fase protorrenacentista,
el Trecento, desde fines del siglo XIII hasta fines del siglo XIV, animada por el espíritu cultural
franciscano. El ejemplo de san Francisco impulsó a diversos poetas y artistas italianos a valorar la
naturaleza. Las obras del más destacado pintor trecentista, Giotto, revelan un nuevo estilo pictórico
preocupado más por el espacio, los volúmenes y la penetración psicológica de los personajes que
por las líneas decorativas y las composiciones hieráticas de sus predecesores como Cimabue, Duccio
di Buoninsegna y Simone Martini.
Italia
El arte renacentista comenzó a manifestarse plenamente en el Quattrocento (siglo XV) en Florencia.
La situación económica, social y cultural de esta ciudad era favorable al esplendor artístico. El orgullo
de los florentinos se expresó en seguida en las estatuas de los santos patronos para los nichos de
Or San Michele encargados por los gremios a varios artistas, entre ellos Donatello y Lorenzo
Ghiberti, así como en la mayor cúpula construida desde la antigüedad y levantada por Filippo
Brunelleschi en la catedral. En 1401 se convocó además en esta ciudad un concurso para realizar las
puertas en bronce del baptisterio de San Giovanni, en el que resultó vencedor Ghiberti. El costo de
estas obras escultóricas y arquitectónicas y la decoración de los palacios, iglesias y monasterios
corrió a cargo de ricas familias de comerciantes y dignatarios, entre las que sobresalió la de
los Medici.
El iniciador de la pintura renacentista fue Masaccio. La monumentalidad de sus composiciones y el
alto grado naturalista de sus obras hacen de él una figura esencial de la pintura del siglo XV, como
puede apreciarse en los frescos de la capilla Brancacci.
Coetáneos de Masaccio fueron fra Angélico, pintor idealista de escenas religiosas, y Paolo Uccello,
preocupado por los escorzos (figuras en posturas oblicuas al plano de la obra artística) y las
perspectivas. A la segunda mitad del XV pertenecieron Piero della Francesca, cumbre de la
tendencia pictórica racionalista e investigadora, que se sintió atraído por el valor de la luz como
elemento expresivo, y Sandro Botticelli, con quien triunfó un estilo sinuoso y refinado.
El alto Renacimiento o Cinquecento floreció entre 1490 y 1527, año en que Roma, que había
sustituido a Florencia como centro artístico, fue saqueada por las tropas imperiales de Carlos V, y
contó con tres figuras de primera magnitud: Leonardo da Vinci, Miguel Angel y Rafael. Cada uno de
ellos personificó un aspecto peculiar de este período: Leonardo fue el arquetipo del hombre
renacentista, un genio solitario que abarcó múltiples facetas del conocimiento; Miguel Angel
encarnó el poder creador y concibió varios proyectos inspirándose en el cuerpo humano como
vehículo esencial para la expresión de emociones y sentimientos; y Rafael ejemplificó el espíritu
clásico de la armonía, la belleza y la serenidad.
Aunque Leonardo fue reconocido en su propia época como un gran artista, autor de "La Gioconda"
(o "Mona Lisa") y "La última cena", su constante interés por conocer la anatomía humana, el
mecanismo del vuelo de las aves y la estructura interna de animales y plantas no le permitió producir
una extensa obra pictórica. Los primeros ejemplos escultóricos de Miguel Angel, como el "David",
revelan una gran habilidad técnica que le facilitaría posteriormente el curvar sus figuras
helicoidalmente, explotando las posibilidades expresivas de la anatomía humana. Pese a iniciarse
como escultor, su obra más conocida es, sin embargo, el gigantesco fresco de la bóveda de la capilla
Sixtina, en el que combinó la teología cristiana con la filosofía neoplatónica. Por su parte, Rafael,
influido en su juventud por Leonardo y Miguel Angel, se distinguió en su preferencia por la armonía
y la claridad clásicas, rasgos apreciables en una de sus obras más célebres, "La escuela de Atenas",
en el Vaticano, fresco en el que representó juntos en tranquila conversación a diversos filósofos,
artistas y hombres de ciencia, tanto de la antigüedad como coetáneos de él, dispuestos en un colosal
escenario de recuerdos grecolatinos.
El creador del Cinquecento arquitectónico fue Donato Bramante, que llegó a Roma en 1499. Su
primera obra maestra fue el templete de San Pietro in Montorio, de planta centralizada, similar a
los templos circulares clásicos. El papa Julio II eligió a Bramante para edificar la nueva basílica de
San Pedro, de gigantescas proporciones, que debía sustituir a la iglesia paleocristiana del siglo IV. El
proyecto no fue completado hasta mucho después de la muerte de Bramante y en él intervinieron
artistas como Rafael y Miguel Angel, que diseñó la enorme cúpula.
En Venecia, donde Antonello da Messina había introducido el óleo, técnica propia del norte de
Europa durante el siglo XV, se sucedieron una serie de brillantes pintores -
Giorgione,Tiziano, Tintoretto, Veronés, con quienes llegó a su máximo esplendor la escuela
veneciana, caracterizada por el colorido, la luz vaporosa, la sensualidad y los temas paganos.
La difusión del arte renacentista
Fuera de Italia se extendieron con cierta rapidez las novedades estéticas italianas gracias al viaje de
los artistas a Italia y a la difusión proporcionada por la invención de la imprenta. Si bien en la
arquitectura tardaron un poco en imponerse los criterios renacentistas por la permanencia de los
gustos góticos, en escultura y sobre todo en pintura llegaron a sobresalir los insignes artistas. En el
norte de Europa, donde se había conocido el esplendor de la escuela gótica flamenca, minuciosa y
de ricos cromatismos gracias al empleo del óleo, destacaron el grabador y pintor alemán Alberto
Durero, que fusionó las estéticas gótica y renacentista con gran habilidad, y el flamenco Pieter
Brueghel el Viejo, interesado en reproducir escenas de la vida cotidiana no exentas de ironía. En
España, el arte del Renacimiento fue mucho más religioso que en el resto de Europa, fruto del
espíritu de la contrarreforma, y alcanzó su mayor brillantez con la austera arquitectura de El
Escorial, obra de Juan de Herrera, y con el Greco, cuyos cuadros se caracterizaron por unas figuras
alargadas de marcada espiritualidad, una técnica suelta y una gama de colores y brillos de origen
veneciano.
Literatura
Al igual que las artes plásticas, la literatura italiana vivió una época protorrenacentista personificada
por Dante Alighieri, coetáneo de Giotto, cuya obra más representativa, la Divina comedia,
pertenecía a la edad media por su construcción y sus ideas, mientras que su espíritu subjetivo y
poderosa expresividad la acercaban al Renacimiento. Petrarca y Bocaccio también pertenecieron a
los antecedentes de la literatura renacentista por sus estudios de la lengua latina y sus escritos en
lengua vernácula.
El alto Renacimiento estuvo representado en Europa por insignes individualidades como el francés
François Rabelais, el portugués Luis de Camões, el italiano Ludovico Ariosto y el británico
Christopher Marlowe.
Música
También la música alcanzó un enorme desarrollo en el Renacimiento, época en la que triunfó la
música vocal polifónica (conjunto de varias voces e instrumentos formando un todo armonioso) y
profana, ejemplificada en el madrigal. La coral Sixtina del Vaticano, que intervenía en los servicios
religiosos cuando oficiaba el papa, atrajo a músicos e intérpretes vocales de toda Italia e incluso del
norte de Europa. Entre sus miembros sobresalieron los compositores Josquin des Prés y Giovanni
Pierluigi da Palestrina, maestro de la polifonía religiosa.
Juan Zamora Romo. Bibliotecólogo, Licenciado en Tecnologías de la Información.