Reflexiones sobre la literatura y la vida
Reflexiones sobre la literatura y la vida
meletan preparacin o constreimiento a hablar el individuo libremente de lo que va a hacer, [yo] defiend[o] y deliber[o] en los asuntos ms extravagantes
[1] Imaginemos por un instante un instante tonto, cuya misin y cuyo desenlace son el de sorprendernos, cuando sabemos que por su corta duracin nunca estamos all y que de su corta duracin estamos pendientes para l hacernos desaparecer que a raz de tres novelas publicadas (y son importantes puesto que han sido ledas) cuya gramtica an palpita todava, obstantemente menos de manera continua que discontinua fantasa que no se paga envueltas por los premios y los regalos? cuya mitologa es el injerto de cabello ms largo y la menos propicia para levantarnos a todos por encima de un altar devolver la alegra y la sonrisa y las ganas de leer; imaginemos por un momento las fuerzas y las ganas de leer. Imaginemos al esforzado, y al que no es tan hroe por esta o aquella razn. De esas tardanzas de flequillo y cola que hacen los das mercados y las noches soledades. Las espumosas patillas de los siglos pasados (De rasurado y sonrojo mentn). Que ese da de seguro me llamarn a casa (no los locos desaprensivos de un barrio lejano o las conexas orejas del lobo que enhiestas exageran los delirios de mis escapadas y atroces convulsiones): os propongo el siempre todo lujo de ofrecer sextas conferencias en las sextantes academias constelaciones y festivas, el deleite del eco de un firmamento de pura ornamentacin y purpurina, tal y como a punto de rtor y original desee. Como un trato (y tratado, incluso ensayo y ensayar los modos de decir bien en el menor tiempo posible) al modo de los dispendios de creaturas ricachonas favorecen con sus dones los Zubiri y ca; y cmo desean que las pelucona
nas esposonas de aquellos mismos aniden su pompa; aguzar los odos espiralados en los parabienes y disertaciones, si el espacio es romo y por qu, o si es de un espaciado menguante o justo para salvaguardar los mrgenes de un erudito, si el tiempo largo o corto, y si la naturaleza inteligente o zafia (es decir, desearn ese agua que mana del ncleo de un viejo roble fortalecido y cubierto de togas, y esas manos de bonachn y sentimental surcadas de varillas de paraguas; todos estos puntos agregados en el ltimo a posteriori casi hacia la posterioridad ms remota, y a la manipulacin ms manazas del a fortiori maysculo y piano de sus serenas nalgas: ellas las son de porcelana, con botas italianas al son del adoquinado, por ejemplo, romano) de verdad ha creado, en tiempos de los romanos, tres seres oblicuos, ya carentes de mito ya por la ascendiente directa de Porcelanosa (Oh, qu Roma-Engendro no ha llegado desde all con sus tres rosacruces y con sus slidos sarcfagos de palosanto!). No te hagas el encontradizo con la literatura. Es un mundo y algo gira en l que no se entera. En la actualidad, vemos que un 16 X 16 est pero que muy bien, 200, s quieres ms? Y en la variedad de individuos estn los gustos expandidos sobre la manta atacada de hormigas; toda cosa puesta tambin, como toda merienda; y un sol radiante que sale por la Antequera. Un alma inocente, un ama de casa indolente, sobrepulimentando el gran pizarrn, como quien se prepara para unas olimpiadas o hace ejercicios y tirones de golf. Matemticas han visto crecer. Pero yo mismo me he encargado. Que s, que s, que s todo para ti! Alma de
de gallo. Quines son esos ineriores huecos que necesitan nucleones de lgica ramplona? En cuanto a las facturas ms bellas sas que no se pagan que son tan extremadamente caras y ni los bueyes sobre sus patas. Aqul (a la que te anda por atrs con su encono municipal) planta una columna mirndose con piedad y en cuclillas, brillantonas sus rodillas, la ve crecer. Son los nuevos simones del desierto. Depositan su almohadn en el centro del mun de la piedra ms lisa Yo siempre he dicho: y ese tipo de loza tan pulida, paqu cojones? Aire y polvo se llevan los orines. El santo noble hecho papilla, sale de casa con aficiones y gestos literarios (todo eso no es muy fcil de quitar, como la mala pcora y el veteado polvo que hacia quin dormido?; como el mrmol cae la nieve en el solitario, y pesado, y la mole en s Kilimanjaro-tropezando, contra los aldeanos, y hacindoles pur la maraa estrictamente lateral de su conducta, con un bajo precio que espanta; pero de ah, surcando el aire esplndidamente hacia arriba, millones de cpulas y grises pedacitos de superdoloroso y fino chorrillo de oro; y el tambin llamado as gustillo, un pequeo pis, como de prematinal ensueo por si no lo saba). [2] Pues bien, por qu seguir ocultndolo? Es que me avergenzo de ello? S, sin duda. No de la lectura y de su necio abastecer. No de los libros de entelequia presencia. Si nos desprendiramos de ellos, aunque un poquito, tendramos algo de comer. Si ya slo con el dedo ndice podramos reformar la fastuosa mundanidad del hombre medio. Y luego el anular para parar, retroceder o escapar. He aqu toda una cadena de posibilidades y un es-
espacio que puede ser conquistado, de izquierdas y de derechas. Y en medio del orbe, tal cual ncleo pesado y avizor, el ganso rabioso pero utpico. No, si lo tenemos todo, y apenas nos lo quitan un poquito, gritamos, mordemos y saludamos. De todos los santos nobles el ms ambicioso es el cretino. Y es que el destino es el destino, y los hay predispuestos a l. Una columna vertebral que es como la parte slida e inclume del deterioro general, y su capital. Y no son vstagos, ms lgicos entre la maraa herrumbrosa que fuera de ellas; herrumbres de una mquina espasmdica, se entiende. Una mquina que ha tiritado siempre de fro, y que se le ha puesto la cara negra en cuanto ha visto, muy de casualidad, el sol. Ah!, pero la soledad no surge as, de buenas a primeras; al menos no antes de los cuarenta. Los cuarenta aos cumplidos es un conjunto parecido a del rdago asctico que arrastra tras de s cuatro cuartetos de redondo ciclo; cada cuarteto es una esperanza terica que progresa, se atesora, y se cuida con ms inteligencia que otra cosa; cae, y despus se anonada en los pocos centmetros de las brumas de la frontera del decenio siguiente; es decir, un cantabile que dura una supervivencia brutalmente ambigua de ese modo y no de otro. Cada cuarteto posee un estilo musical diferente con respecto a los dems. Y del primero hasta el ltimo no puede haber ningn tipo de comparacin, que, digamos, sea llevado por el altsimo creador a una ltima visin/versin de conjunto, porque, en cuestin de comparaciones, realmente, el primero hasta el ltimo de los cuartetos, as como los ms prximos entre s, los medios o los medianos, pocas, ditirambos, dones, que nos s-
nos llevan a galope por la historia, no se parecen en nada, si es que es por rasero la obcecada identidad de los egostas; se parecen como un hijo a su padre, y nada ms. Y entre los decenios hay una curiosa avidez de alambradas que cortan y limitan los slidos muros que se han levantado para no dejarse ver entre ellos. Y casi dira que si en la copa de uno de esos muros, que hace de un ser humano cualquiera algo con valenta para su propia posteridad de contrafuertes y vagos mareos, se encontrase un paso fronterizo, ste habra de convenir perfectamente ceido a la penetracin calculada; por ejemplo, si el duro y altivo glande: como que no est preparado para esta gran follada existencial; y por supuesto, mirando bien y con gusto, que nada quede fuera, resiguindolo todo, con los ojos de furia y la curvatura natural, para que todo vuelva a cuajarse ptridamente al otro lado, por decirlo casi con la misma furia del caballero medieval, en medio del castillo, en el calvero del castillo! (No ser por eso la tenue brecha de este soberbio muro, entremezclndose con l un azulado respingo de luz, una razn un tanto frustrada para no dejar entrar la peste negra del pasado, la plaga negra de los acontecimientos pasados? Sin hablar de la escoria que ya ha sucumbido en esos campos apriorsticos.) Latido temporal y cogulo. Realmente asqueroso, realmente repugnante e imperturbable el latido, el campo, el castillo y la estpida princesa que a lo mejor anidaba en l; e incluso las banales vacas que ramoneaban; eso que ha llevado patticamente en su vientre el pasado decenio, y de su estilo obviamente impagable, camerstico, formal y aburrido. Y el nuevo cuar -
cuarteto a lo mejor presagia un dodecafonismo un tanto ms severo. Igualmente pasa con las mujeres. Los primeros diez aos de vida, etctera, etctera, ptrido, etctera, banal esfuerzo, etctera, a no ser que [3] Te puedes creer que este recorrido lo he hecho sin hacer otra cosa, o sea, sin hacer nada de nada? Me refiero a que si crees que las cosas que comnmente rodearan a un cuerpo perceptivo desaparecen a mi paso. Los das son bonitos, desaparece; los rboles, las plantas, las flores, desparecen; los bares, las terrazas de los bares, con su gente sentada al sol, bebiendo cerveza, caf, desaparecen; todo eso desaparece. A no ser que nos hallemos en posesin de la verdad, y sometidos, bajo los abusos y excesos a los que tiende toda carne, al alcohol; o en los dominios del amor: todo aparece como en un cuento de hadas! [4] La muy perra me haba mostrado en su gabinete de lujo, la muy hija de puta, un asombroso y mltiple cachondeo de zapatos y botas de travs y a travs como de largos parterres floridos, danzando, aunque en realidad, ahora lo s (y s que estoy atrado por ese mismo instante y su cmara gigante de gas, como estoy enamorado de sus ojos especialmente grandes, su cara especialmente redonda, su nariz curva, y sus pequesimos labios); estirado pasmado con una pequea blusa larga que se repliega y repliega hasta los tobillos y que es de un verde azulado desagradable; el pelo al cepillo, como se dice por lo comn; mientras que ella, de travs, otra vez de travs, vestida como una diosa de un perfil trgico alucinante; y cmo la vestimenta griega se ahueca por el viento, un enjambre de insectos medio volad -
dores y medio lascivos formando tumores que inflaman la prenda como puos rabiosos; pero alguien que muere de cncer, por ejemplo, no acabar escenificando un baile de San Vito que se pague luego en cualquier cabar, a no ser que el mismo baile, como el de las abejas, tan cadencioso como pretencioso sea puramente informativo telediario de las nueve en la sempiterna ausencia del mundo: que de verdad cuenta y aporrea las teclas oportunas en el juego; y luego, el colmo, como que muestra un magnfico pecho y un botn delicioso para los hombres (estoy enamorado de una lengua diminuta, rosa plido, que sale a veces, entre moleculares dientes, caprichosamente, o bien porque recoge gotas de aguas, como roco, de su bigotito, una mnima puntita). Antes que ella, Antena, en otras regiones, haba otras mujeres tan guapas como el modo atractivo de quedarse mudas en el momento ideal. Pues como deca antes, justo se present en el momento ideal, cuando ya haban aparecido los cuartetos ms maduros de mi obra. Pero precisamente, esos cuartetos maduros, no haba yo tenido ocasin de cifrarlos dodecafnicamente. Mi inters por cifrarlos dodecafnicamente me ha exigido el hacer otros nuevos, de ms gusto, en un estilo y sentido diferente al dodecafonismo clsico; ms barruntados los prefiero, y nunca s cundo he superado la severidad del dodecafonismo clsico, y he preferido afianzarme ms y ms en una perogrullada sistemticamente cada vez ms ruidosa, ms armada y compleja, en cuanto a densidad y vibracin de todas las partculas en juego, y en posesin de todas las verdades individuales, en todos los sitios del espacio donde una mnada (al igual que una protena pleg -
gada y desplegada) bulliciosa e incansable pudiera no ser recriminada precisamente por esa estrategia de tira y afloja, y no otra; en la totalidad de su densidad material y moral, casi estorbndose juguetonamente entre muchas, machaconamente con las dems como en un ambiente de hojalatas removidas, arrastradas; a decir verdad, estorbndose todas ellas cruelmente, pero sobre todo en un espacio global, total, sin resto. Por qu? Por qu sencillamente eso, y no lo otro? Es decir, por qu el dodecafonismo clsico, el dodecafonismo sereno, incluso nostlgico, y no, a mi entender, el severo, el que piensa en la muerte, y el que piensa en martirizaros a todos vosotros? Ese dodecafonismo precisamente que deber introducirse en todo el mundo desequilibrado, inestable de suelo y soporte, y en el umbral de la subida rampante de las mquinas que nos ayudan: ascensores, autobuses, transporte en general, como el coche; y no conformarse con los objetos romos que entran apasionadamente y sin mrito en las salas de conciertos. [5] El no estorbarse, es decir, permitir una cierta holgura, el permitir que los dems se muevan dentro de los lmites poco exigentes de la colectivizacin y masificacin, son pura nostalgia de lo pasado; aburrimiento que se ha armonizado falsamente, me digo a m mismo, como mal armonizado est el mdico con sus pacientes, cuya teora es la muerte, o la vida, tanto da, pero cuya prctica es el quitarles importancia a las enfermedades ms graves (a fin de cuentas, podra pensarse que nada ni nadie se dirige hacia la muerte, que el mundo entero est oportunamente intervenido de esa evidencia de exterminacin real de obra
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obra (de denegacin ontolgica de pensamiento), y por tanto tratarles la consuncin pasajera, gripes y resfriados, y puesto que las enfermedades mortales no son crueles sino simplemente lo que son, dispondrn las vctimas de una tarea de reconstruccin retrospectiva trgica para el ltimo momento; encaminar a los universitarios a carreras de desconocimiento porque simplemente atraen la curiosidad). Sin embargo, la dodecafona libera un ruido de abusos, crmenes insondables en el fondo del cuerpo quejumbroso de todas las cosas. Las palabras que bendicen los necios aportarn algo parecido, igualmente abusivo, pero simple por plusvala; en cualquier caso, la superficialidad montante, en la que se desplegarn las amargas voces, ser puro choteo, sorna y evisceracin. Ello nos da hoy algo sangrante, cavernoso, huecamente resonante, y aptico-imbcil. Las molculas de aire proyectadas como perlas de jabn en un sentido nuevo desde las nuevas crceles. [6] Pero la dodecafona que yo practicar no estilizar la denegacin ontolgica, ni estigmatizar a Aristteles. Cierto que antes de ese pedrusco de lascivia y sangre, entre el mstico y el luchador de albero, exista ya muy hermticamente la costumbre de armar conjuntamente civilizaciones entregadas a lo pacfico, en que sus fibras antagnicas desmembraban el organismo entero, espontneamente, cuando se ponan en marcha, flexibles y redondas, desde un punto de partida cualquiera. Ya Herclito (puesto que podemos decir sin ningn tipo de duda que l no se enfrentaba Realmente con nadie; no fue por tanto el tipo de filsofo heurstico que echaba granadillas por la boca, pe
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pero si) fue el animal abiertamente cerrado, terriblemente inoportuno a la menor posibilidad de verse compadecido por un comadreo fariseo, aqu, en la atalaya, sobre la estrecha base de una columna, en los bares, all; sin embargo, seguro de s en una naturaleza que ofenda. Cuando abra la boca como un len sus fauces asesinas, sala por ella buena parte de su alma, y tambin casi inaudible un torbellino apestoso, y una jerga fulminante, de pequeos salivazos compactos y rpidos; conglomerado de cuyos enunciados no se poda demostrar nada, y menos an que los mejores fuesen ingeniosos siendo peores; todo aquello helaba la sangre; as las frases de tpico cabrn que utiliza el que manda. Eso que l sacaba, como de manera imprevista por su boca de un solo pliego, no eran frases deducidas precisamente de una lengua materna. Eran frases viriles y equvocas, a no ser que matemos a quien las diga o pronuncie; le quitemos a dentelladas su descabellada oratoria y su corona irreal; a no ser que, antes de morir el violento guardin de sentencias en el vislumbre aptico de su soledad, vengan aqullas apaciguadas hasta nuestros odos. No es que vinieran por completo como cordero al matadero, esas frases, pero creemos que en lo sucesivo no maldecirn, su contradecir esto o aquello perfectsimo, abovedando la construccin en el lugar sobresaliente en cuya direccin quiz se encamine el cordero mismo, sino que estarn referidas en voz alta sobre algo que pernoctaba ineducado en s mismo. Y, por ltimo, porque nada legitima el querer un techo; tampoco, por muy cruel que ello parezca, nada justifica la demencial tendencia antigua de saturarse presc
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criptivamente: Pues desbloquense las forjas sublimes que enmarcan los altares egostas y enmaraan las bocas, y djense a las seoras bailar al ritmo de vals!, dicen los patrimonios. [7] Tambin su nariz, fresca por el tamao, y falto de sangre, cuando la aplica sobre mi cuello, entonces me deshago como un pelele en manos de la verdad. Es una virtud, el decir las cosas, en su justeza, pero de las cosas que ms odio en la vida son las redondeces de la lengua materna, porque de ella todo sale nuevamente preado, y como dorado viciosamente. Y con el tiempo, las redondeces de la lengua materna apartan otras magnficas ondulaciones mayores, pero como apartndose de la memoria, entonces, departiendo a la contra, la muy zorra, forma mayores redondeces, hasta el vrtigo y la nusea, confinando el todo en volutas sinusoidales muy entreveradas. No digo que el dodecafonismo haya de ser una especie de insulto viril, y por tanto inexpugnable en su mnima conquista, dirigida a la rechoncha desustancia de los cuentos de hadas y encontradiza con la sarta de hediondeces verbales de nuestra madre lengua; porque sta es ms terrible en verdad que cualquier dictadura, y fuerza al hijo a asimilarla tan dentro (son acaso las obras de arte las que abren una posibilidad entre un milln) para insolidariamente al que viene de fuera, o al que entra por la puerta de atrs, manifestarle su desgracia. Forzosamente ecumnica nuestra madre obliga; no a un esfuerzo del entendimiento, porque apenas bajo el profundo aliento y aspecto de una feminizacin, a esa distancia insalvable que conviene por rigor ante cualquier machihembrado que
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obsceno, letal, nos transporta a la msera noticia; ningn nervio logra exonerarse (los sistemas nerviosos caen del cielo como verdaderas lanzas y adoptamos posturas rectas molestas), y todo organismo est al acecho, vigilante y nocturno, embolsndose lo cado del cielo por mera casualidad, para utilizarla como mejor le plazca (con veleidad desmotivada y el pecho henchido). Quiere decirse que toda parte se ve envuelta en una nica onda total, se arrima a ella tambin para parodiar a los cielos y a los grandes ocanos. Puede explicarse su impudicia si recorremos los dos extremos ms o menos hasta arriba de artificios; la primera y la ltima de las ondas sonoras, diafragma que libera, no es cierto, el ms all a su suerte: el lmite de lo sonoro pertenece al grito de Dios sobre su creatura insolvente, torpe, egosta. Y que ella crece, rejuvenece ondulatoriamente; prestigindose tambin al lmite; aunque envejezca, lo hace ver; nada ms peligroso que su vanidad y orgullo de linfa color malva. E insisto: todo es recuperable por la memoria, que contiene su lnea de juventud. [8] El menor deseo se recrudece, la menor alegra se vuelve gran pasin, el peor de los goces se multiplica exponencialmente. La lengua materna es al tiempo gradera y pblico enfervorizado. Lo otro, es nervioso, tal vez quiera estar tranquilo, y con un solitario orador, estpido, necio, demasiado inteligente, las cosas significadas con gran pena ascienden como el corcho a los infiernos de la ms pura nostalgia familiar. Lo que tiene de grande la lengua materna y la libertad franca de su masonera: cualquier otra lengua es viciosa, dice lo que no quiere; y ella cree contenerla. Por eso el dodecafonismo rha
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ha cado en una tenebrosidad muy remota y se le ha depurado el prestigio que podra haber tenido. Si para el siglo XIX la lengua madre significaba algo para la moral en su conjunto, la cual poda ser comentada, reformada, por el borborigmo de la ansiedad, y deducida ms tarde por una vituperacin condensada, para el siglo XX (y ahora, cuando apenas ha comenzado y compensado el siglo XXI) significa la repulsa de todo lenguaje aislado artificialmente por el hablante o por el escribidor individual; constituye un espejo poltico. Porque creyendo que el dodecafonismo disimulaba algo bajo su completa y segura proteccin, le otorg, como una madre el pecho, sin embargo, el favor de las masas. Si reconvena su acto particular, su inconveniencia privada, le ofreca tambin el gusto de resarcirse en la novela colectiva. Tres son los objetivos de la novela colectiva: abrigar el centro, reseguir las fronteras, cubrir de encomios al necio; a partes iguales, lleno por favor, de amor, de aventura, de actualidad; una especie de erotismo, esoterismo, exotismo, a partes iguales, en el que la razn histrica de nuestra poca ha de atravesar sin delirio vacuo el amor y la aventura, as como, ms tarde, el amor ha de sospecharse en su aventura compleja. Y la aventura debe atravesar a pasos vertiginosos una geografa inacabable digna de turismo. No vale fundarse cualquier texto a partir de los cerebros enfermos y fantasmagricos, irreales e insondables. Esa es otra porquera ms que los valores antiguos han pretendido salvar, porque no lo vean como el mojn sangrante que era de un dispptico, sino como el producto de la relacin sufriente con el entorno injusto, mientras la pue
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tcnica y la ciencia no ofrecieran otro campo para correr. Vale para los deficientes, o acaso valga tambin para los disminuidos, pues stos formarn en el futuro una gran empresa a medida de su escala, mirando de aprovechar los residuos ms generales (realmente: cmo el comportamiento materno por ese lado ha servido para abandonar a esas bestezuelas de carcter absolutamente antagnico a su suerte). [9] Por eso prefiero que las cosas vayan as, de cuatro en cuatro, en sublimacin perpetua: como fotones de repente convergentes y solidarios, cuatro partculas que acelerarn su movimiento si se ven venir entre ellas, a trompicones privados, por un nerviosismo atpico que impide tomar bien el t de las cinco. Ello quisiera complicarse demasiado si lo visemos sobre un plano unidimensional. Ello se estructurara de la siguiente manera: dos que simplemente se aman, pero en el espacio de la incertidumbre ocupado vertiginosamente tambin por aquellos otros que pervierten el concilio de esa forma elctrica descrita. El tercero har crecer la discordia en el vrtice del encuentro, y como aqullos, amar y odiar siempre con gran profundidad (adems exultar un carcter buclico, y provocador, e inteligente, pero con medida, y tranquilo, sobre todo rtmico, todo ello hasta la mdula hadrnica); el ltimo, es decir, el cuarto particular (aunque no lograr en rigor ser nunca el ltimo tampoco ser el primero en ninguno de los casos), no ser discordante, ms bien pretender una armona otra; desear (pondr, pero por deduccin todo su empeo y toda su energa) que todos se lleven de la mejor manera, pe
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pero, a diferencia del tercero, ni odiar ni amar; por encima de todas las cosas, el cuarteto armado en conjunto, y puesto a correr, tratar de evitar los rigores del solipsismo. [10] Un genio, un Quattro, por ejemplo, de gran espectro creador (donde por l mismo adquiriese a la contra siempre el deslizante y talmdico hbito de desmontarse; y el hbito corriente de la carrera y la correcta distribucin en sistemas de tierra, en buena parte asimilable sin perjuicio de los campos para el esparcimiento, siembra y ramoneo), pudiendo ceirse sin la menor prdida el modelo correspondiente. Crear con toda su significacin las obras ms singulares, las ms henchidas de significados (los significados que una madre, sea aqulla mi lengua o sea sta un muslo, pudiese violar o quebrarse por velocidad). Ser el pequeo astro de los cuatro primeros que se. Arrimara a toda luz con esa conciencia de hacerlo, y tampoco perder nada en este empeo, lo conseguir. A un mdico precio para todos los planes generales. l quiere no amar a uno, sino fotografiar con la obturacin perpleja de su mquina cerebral y celebrar las contradicciones del amor a su paso, como una estilogrfica que se rasca a fin de unas cuentas (medio domsticas o medio corrientes) en el papel, por tanto, el plano ms unidimensional. Pero si le toca querer no ser despreciativo. Siempre, a fin de cuentas, no cesar de recaer en los cuatro desde los cuatro, limitando, sin embargo, el grueso de los pilones. Gozar adems de una paz frontal, sin oblicuidades ni zigzagueos, tampoco fallos mecnicos en el entendimiento, ni oclusiones en los focos fatuos. Que lo entiendan o no, si resulta de la no modifica-
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cin de su conducta gallo-pedante por la ventanilla, ni que hallemos al brillante cuarteto de fibras transformador en su desplome a huevo de oro sobre el pblico; implica, no obstante, en cuanto se retira, que se nos exime del ruido de la tal mecnica, y por la oreada retirada precisamente la resaca estimula que desnuda sus palpitantes ideaciones. Ms cierto an es que el cuarteto no es libre de encolerizarse, encabritarse, encabronarse. Y sin embargo, el ltimo de mis cuartetos es inaudible, insoportable, lento, no llega a los sitios, no incita los sentidos, est siempre sucio, es un vibrante mamotreto. As esos zumbidos de ultrasonidos inobservables para avisar al perro, y reunirse ste con prestancia, ardor y amor delante del amo que ha perdido su pequea erre y se solaza pensando que en realidad un cmitre impone lgica a su corazn. Pero no es que sea inaudible porque despierta la atencin a quien no est dispuesto a escucharle. Es inaudible porque pretende decir nada. Y pretende decir nada en el buen sentido de la preparacin a medias exhaustiva, como a medias esas cuentas de las que mencionamos su incapacidad de completarse, que habra de seguir el que debe implorar de ahora en adelante su teora de la cuadrangular autonoma de personas. Que consiguiera caer en la irreverencia al menos poco a poco mediante la temperancia de los medios sobre el ltimo objetivo: lo irreferenciado. Que l o ella logren sacar de ah una sola rueda, ya veremos. [11] Es as como agotndose Borrego percibe las cosas. Cansado, y a veces con la sensacin de una enfermedad remota que le persigue, le da caza, lo tira al suelo, salvand
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do l muy bien su cabeza del golpe contra un muro o el suelo. Si fuera enfermedad su vida no estara en peligro. Qu mira a lo lejos para que su vida siga perpetuamente la senda del riesgo? Si la enfermedad le persiguiera obstinadamente y con una terquedad irnica, como dice l mismo, sera por el lado del futuro que l vera cmo ella se acercaba hasta l opulenta de hipocresa. Pero l se siente perseguido y no sabe nada de ninguna enfermedad que tcticamente le ironiza. Y ahora es tangible. Pero dnde estaba l realmente cuando se fatigaba? Es decir, cuando l deca: estoy cansado, molido, agotado por la fuerza que me empuja, como una enfermedad lejana, atrayndola hacia m con una sensualidad que desconoca para chocarme con ella; pero dnde se encontraba? O dnde crea estar? l ha estado siempre en su casa, metido en ella. Porque l, como cualquier otro inventor de su persona, necesitaba su casa, necesitaba estar solo; pero tambin necesitaba de ese riesgo que slo los afueras de las ciudades pueden ofrecer; que por otro lado, al principio, no era precisamente esa enfermedad silenciosa que le azuzaba remotamente, le frecuentaba murmurante en los lmites de su hermetismo, sino la expectativa de una marcha inoportuna sobre el pavimento de la ciudad (no era pues un paseo, sino ms bien una marcha militar la que lo forzaba a andar, por ejemplo, hacia los sitios que l crea indispensables para su intelectualidad). Se echaba sobre la cama, a veces, con la mirada fija en el techo, los brazos extendidos a ambos lados, y cmo, ya lo estoy viendo, con las manos abiertas, araaba con crispacin la colcha de su abuela, o bien, con lo
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brazos de nuevo recogidos por las manos enlazadas (un dedo introducido en el redondel que forman el ndice y el pulgar), al igual que los muertos presentados para el goce tranquilo de sus allegados, o sujetando la cabeza por detrs, desvergonzadamente (una actitud que no lo consolaba, en el momento que pensaba que estaba todo por hacer, y alguien que no era l, le exiga un resultado). Echndose en la cama esperaba primero, calma, luego, un determinado estado de concentracin. En ningn caso, nada parecido a un ejercicio mstico propio de alguna Contra Reforma pasajera. Todo haca acto de presencia all (como en la hora precisa), y se pareca inopinadamente a lo que podramos llamar un trabajo escolar. Algo escolar que no poda concebirse sin la idea de su presentacin cutre. Pasados los aos, un monstruo personal, ntimo y privado, decidir si presentar por ensima vez un trabajo escolar parecido a se, que representase la culminacin de su prximo xito. Un xito que adems influir sobre todos los dems, estaba seguro de ello. Aunque l pocas veces estuvo seguro de nada, y no haba manera de hacer avanzar el tiempo a destiempo para cimentar la seguridad en el maana. [12] Y al trmino de esa laxitud de cuerpo entero y de mente entera, casi apopljicamente, pens que se deba slo a cuatro personas, y que esa conversin debera ser la ms definitiva. Me dar a cuatro personas. Slo a ellas. Y aunque ellas sean las personas que menos me convienen; me dice el corazn: cmo habra de saberlo en la actualidad, o cmo haberlo sabido en el pasado (incluso para que lo enfermo no estimule lo tem- de
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temporal desde las diatribas demoledoras casi dialcticas de todo lo carente de vscera que funda un espacio as para desentumecer un cielo cualquiera y repartir los dones). Pero eso no lo sabr de forma inmediata. As que deber a cada instante fiarme de mis instintos, y no soltar por ah los acostumbrados impertinentes. l sobre todo querr ser Aqul que se d a una colectividad, salvo que esa colectividad se ver reducida voluntariamente a cuatro personas (incluyndole a l). Pero eso no tiene demasiada importancia, que sean cuatro o el mundo entero. Cuatro animales constituidos por dos hembras y dos machos. Tanto dara, debi pensar l, que fuesen cuatro mujeres, salvo que l no haba sido una mujer en su vida. Tanto dara cuatro hombres. Eso no debera ser concluyente aunque le faltase algo de imaginacin. Pero imaginmosle tambin fuera de todo gnero y de todo principio general. A pesar de que Ellos pudieran, si quisieran, amarse profundamente, dedicndose todo el tiempo del mundo. Estara en sus manos y en sus pies, y en cualquier lugar del cuerpo, lo que cada cosa cupiese con relativa facilidad en el retrctil mbito (o bien si lo deseis en un mbito expansivo producido por un gas o introducidos en productos viscosos que remueven los objetos y los preservan). Todo menos dejarse organizar por el ms maternal de los gneros, de los principios, de los arcaizantes modos: moralidad, virtud, prctica, placer, engendramiento, gracia. Dgale usted entonces a Don Borrego que s, que est bien, que se hinque bien despus de tantas horas en ambos lados de esos mbitos, uno convexo, el otro, cncavo: deslcese junto a l cuando l se
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se cubra por fin con las sbanas y tquele. Tquele y bsele. Protjale, dgale siempre que s, y no mienta. Por ejemplo, que sus imgenes estn deformadas. [13] Mirad cmo el otro da me mova con tanto nerviosismo metido en mi cuerpo (mi cuerpo es puro nervio) que no haba manera de apaciguarlo; se echaba sobre m una gran depresin con el rostro sonriente de una calavera, y no vea si llevaba pelo o era simplemente calvo, era el valle de la nefasta desolacin de la onda madre tutelar. Quise ahuyentarla con mis gestos de mono encaramado sobre algo tenso de un extremo a otro, y con la minuciosidad del funmbulo, y con las propias frenticas masturbaciones apeladoras aspadas burlescas. Slo as de vez en cuando resulta la calma. Zozobrante, no obstante, la calma, resuena en la vibracin, y se para quieta por fin. Ser para ti una calma perversa que no pesca peces. El cerebro parece querer dictar una nota de prensa o postular una teora aciaga. A veces cree que puede escribir un libro, algo as como una novela, en una sola noche. [14] Parecera un herrero hercleo (quiere decirse, fuerte y sobrehumano), y sobre el corvejn de una vaca encajonada imprimirle a fuego un esquema/jeroglfico; marcarle en ese lustre ovalado resiguiendo a fin de cuentas un sudor, de miedo y de susto, propios, de la mayor evidencia para los hijos, boquiabiertos y discordantes, que nacidos de lo secularmente impropio, tanto de la miseria como del hambre, consternados y no empapados de tal o cual leche materna, manifiestan no obstante templanza y animosa estulticia, moldeando sin intencin esos mismos miembros de pura escayola; y de la nariz algo fortsimo extraer, co
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como olor a quemado de piel moteada imitando muy falsamente el mrmol y, por otro lado, un saltarn cantus firmus machacn, alentando majestuosamente en ese tema la irresistible reminiscencia de su inoperante defensin (la de la piel misma a toro pasado); para que por fin nos entendiramos en el lenguaje de las bestias. (Aqu, los dos violines chirran por efecto de las notas ms agudas, mientras que la viola y el cello se entumecen por una gravidez de molesta elucubracin.) Parecera un diamante en bruto en vez de un herrero que no reaccionase a la primera llamada de aquel sonoro vozarrn, a las primeras de cambio por el que las cosas espontneas se cercioran de sus habitantes tutus y de su tole uso, mientras que su hijo de mayor edad incluso que l atizase tan indiferente como posible sea ese nido de fuego, amarillo, nauseabundo y triste, de las cuevas sin ventilacin; al otro lado, chorrean los fuelles su aire musical. Parecera un herrero debido a fortsimo Hrcules a horcajadas sobre un mulo de pereza infinita; y en comps de espera para toda idea comn en tanto que rechazase la opinin de quien paga tanto dinero como posible sea para figurar su obra ya empezada (quisiera acabarse tan rpido como sea posible) en el enrejado retorcido de tal o cual puerta de almacn (en la cual figuraran letras, y homnimos lances de quejosas mujeres, o topnimos, y una adenda notarial sobre los provechosos tejemanejes de la sindicatura). Parecera simplemente un herrero si un artista que atrajera su atencin no les obligase; a l y a su hijo, a terminar algo en cuanto sea posible, en la medida de lo posible, como sea
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sea posible; para tal obra ya empezada a soportar un milln de grados (nfima desfragmentacin). (Los violines sucumben, y la viola salta por encima del tema principal como si la vibracin, que languidece a continuacin, propiciada por arpegios cuasi flotantes, hiciera nacer el Imperio y el Emperador al mismo tiempo y en el mismo lugar.) Parecera Hrcules desfigurado por las horas y entre las sombras de su taller deambulando frreamente, encarcelando en el msculo propio de ese hierro y en su nervio tambin el espacio y el tiempo. Parecera un artista que pidiese implorando a un simple herrero que le dejara mostrar en ismo su obra embutida en carbn ardiendo; y luego por oscilacin de un libro de cuentas y balanceos consecutivos, un movimiento arriba y abajo, como el tal baco de duros perdigones que cuentan introspecciones, las que disearon los crticos a partir de aquellas sendas perdidas en el inconsciente y en las cagarrutas forjadas para ser proyectas sobre este o aquel. Parecera un herrero si en realidad la vaca (?) se dejase a sus anchas expansiones y sobre el glido y humoso prado a la primera luz del da pacer con igual originalidad dejase aqulla el cencerro sonar (las iglesias y las catedrales enmudeceran; y el cura guarnicionero, envejecido, y directamente vencido, saltar por experimentar, sin duda, a travs de una de las estrecheces del campanario mismo; quin sino l acaba en punta tal que parece inyectar algo bacteriano al cielo, al vaco). Se parecera al vaquero de virgen lucidez en sus como gestos de arbolito, y miriaque, ligeramente combado por el recio y helado viento del amanecer, o porque la propia raz titubea en el ci
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cieno a poca profundidad, que fuera una tierra reseca antes que eso, y evacundose entera, o por golpe de vara. Parecera Hrcules despus de la batalla, cumplidos los sufrimientos, despojado de vendajes y rabias todos los pechos, dispuesto, puesto que haban adivinado sus doncellas los ungentos ms suntuosos apartndolos y arrimndolos en un mete y saca frentico con fino algodn de esa llaga rezumante y sangrante; finalmente abandonando la cama/mil das; que haba visto el camino, s, que haba visto a su padre, s, en el taller tejiendo un jardn tan redondo como sea posible de ceidos hierros retorcidos. Parecera Hrcules sin embargo el ms pusilnime hombre derrengado por el peso de la metralla, tomos de vanos herreros y ncleo de tierra. Parecera un herrero si supiera del artista a qu cuento vena por entonces la acuacin de una falsa moneda. Sera el artista lo que fue si contestase no a las pretensiones del herrero, etc.? Parecera un herrero ms hbil si al menos accediera a otra combinacin, la que fuera posible, o casi enfermiza como una prole de tarados; y especialmente magnfica aquella idea cuya material moneda muestra un horrendo rey de nariz perruna y labio de botn, al replegarse en aqulla la voluntad de cualesquiera obscenos compradores y vendedores, avivando adems en ellos un intercambio de la ms pura voracidad, y no tan lejos, como alguien pretenda, de la ms compleja, sutil galantera; como todo lo que supone un redondo cacho de fundido metal nimbando un ismo perogrullesco; otro tarado, en este caso labriego, expectora la estructura de copo de algo menos valor. Y tan serio se supone precisame
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mente el herrero en todo cuanto sea posible decir, lo que l quiso decir (tambin acerca de la escolstica y de los libros de alquimia) sin aadir ms del herrero y del metal. Dentro del redondo cacho de fundido metal no existe tal moneda, por ejemplo; lo acuado as es envilecer la cosa al resto para mostrarse usted ms poderoso que usted. Parecera un estratega si hiciera tal cosa. Pagarle con la misma moneda que el herrero hace es cruel. Le entregara dentro de una fe destructora de nula esperanza una piel de vaca u rganos de su competencia; y l lo paga con dinero (mala cosa), o con heridas ms profundas que la verja de Cordero: al intentar atravesar con pocas luces este o aquel almacn desolado. Parecera un herrero si el artista de sobra con la obra empezada [trabaj sobre l inclinado aos]. Parecera cruel hacia la vaca (?); y menos fidelidad incluso hacia la misma por cuanto inclinada y sin decir ni m se resigna ramoneando, azuzando simplemente la alfalfa dorada (hinca bien ese negro botn sobre el suelo de su casa). Parecera cruel para los nimos de la misma. Qu me cuenta usted? [Que] entonces el artista con muchos aos de anticipacin, explorador de todo aquello, dijo que lo que l necesitaba era un smbolo apenas del tamao de una nuez que se manejase per se; sino era acaso ms sencillo de montar y enjaezar que cualquier cosa de tipo correaje que le viniera bien al tipo de cuello de vaca gordinflona y de aspecto grande, aunque no afectada por tal o cual meletan; lo suficientemente vigorosa para ramonear mil aos ms siempre con el mismo porte tranquilo y autosuficiente; y un buen herrero que a doble fuego le inscribiera doblando la piel tersa de m
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muchos aos en palimpsesto documental que inaugurase aquellos escritos De jurdico y De poltico ciceroniano, primeramente los aos, de muesca en muesca, doblez especular de sus tetillas rosas, animados luego cronolgicamente grasos por su propia lucha, slo entonces abultados y cerriles; es decir, en lo que a correcta bsqueda, sea o no sea absolutamente, de un ismo cuarentn, del color de una ingle o del dolor de un estmago abierto, se refiere: monotesmo capital o de un elitismo de vago rasgo vertical, cortafuegos natural, etc. Y el veterinario de la zona puede sucumbir por tal ejercicio si lo viera a usted hacer monstruosidades por nada: gravar la pndula sonaja a buril sobre la crnea. Que tal cosa es imposible dijo el herrero que lo pareca. Y el hijo que tambin lo pareca. Y el artista que tambin lo pareca. Casi que cosas parecidas vinieron a corroborar la estupidez con que fueron asignados los puestos, de manera secundaria, en aquella terrible poca de reparto de bienes y dones. Y es que la asignacin no era cosa balad. (En todos los casos, a pesar de la elegancia con que Cicern se presentaba ah dentro, se pudo ahilar la prctica totalidad de lo real sin ms cuentas y entregando en mano la cantidad que fuese anunciada.) Bueno, la vaca tambin lo pareca! El nacimiento de un nuevo ismo basndose en el behaviorismo de rigor estoico: mulas cariacontecidas, bueyes melanclicos de yugo redondeado, vacas entusiastas y de danzarn contoneo. Sobre todo, estas ltimas. Entonces, dijo el herrero, mejor forjar la cuna y, en tiempos difciles, sillas de oficina; en el peor de los casos, delcos de automvil. Parecera un pastelero el herrr
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ero si quisiera ste hacerle cumplir por tartas los aos de mi hijito, por ejemplo. Parecera un pastelero el herrero hercleo si por cada ao le entregase ese plano meticulosamente diseado, en que la acuacin con guinda del hermoso ismo, pudiera formarse (le entregara sin engao o doblez un istmo a cambio, de tanto tajante, cortante y feroz playa). Tenemos que comprender claramente que la guerra hizo mucho por el desarrollo del hierro. En cuanto a la otra cara de la moneda: tiempos de paz, la ruina, (especialmente los metales ms diseminados optando a una nueva civilizacin entre lo pacfico ms all), en la ruina muda de la guerra se convierte algo en familiarmente metamorfoseado, y/pero, listo para usar. Rencillas aparte (gallinas en su gallinero): mi guarnecida ventana tiene algo de la batalla de Covadonga. Por esta sombra razn que al herrero se le imponen dos tareas completamente diferentes entre s (renunciando a la objetiva clarificacin que la pastelera hace de los aos inmodificados). Y el artista es mucho ms devoto que de sus labios preciosos versos saca. Apenas aparece con lira y un deje de husmeante sonrojo, un cuarteto facturable en las oficinas de Cualquier Correos del Mundo, lo cual lleva a su poder universal, patticamente refrendado por el mismsimo Webern, por empeo en la trigonometra armnica, un rosario de sus palabras, dice el herrero, me convence. Pero en definitiva lo que l me pide es cosa distinta a los trabajos que exigieron de m los ms valerosos reyes. 2009 trabajos encargados, a ver que mire, aproximadamente. Ni reyes, ni poetas, ni recelosos herreros, no les convence la puesta en marcha de ambos pr
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procesos entre jurdico y potico-tico (el hierro hizo tanto por el desarrollo de la paz). Primeramente, dice el herrero, porque la guerra y la paz son ambiguos y se mezclan (no como agua y aceite) como agua y azcar. Las fronteras, por ejemplo, ponen a un lado la reseca antinomia, y ponen al desnudo, hacia occidente, una hermosa ciudadela feliz y artstica. [15] Cuntas de esas monedas han ido a parar a manos del Excelentsimo Seor Don Cordero? Muchas, pero ha valido la pena. Ah lo tienes: mira y disfruta. Ambos, Antena y Borrego*, que en ese momento estn desayunando, se llegan a la terraza, se inclinan hacia abajo y miran frontalmente la infinita calidad del coche Audi Quattro. Se cogen y se sueltan las manos, o Borrego pasa su corto y delgado brazo por encima del hombro de Antena. Tambin con la manita suelta algunas cariosas palmadas sobre la cabeza de ella. Su pelo es rizado, pomposo, aumentado, y la mano de l a veces se queda simplemente en la superficie de una especie de casco de la ONU. l dice: hemos progresado o no hemos progresado? S, porque de todas formas estoy hablando de aquellos artesanos herreros que doblaron y configuraron los instrumentos del odio y del amor a partes iguales. S, s, contest Antena completamente exhausta, fatigada, y en su voz y en su gesto ese algo despectivo de siempre: tanto rodeo para esto, tiene de todo, vaca y toro, mula y guarnicin, etc. * entindase, es posible que Antena y Borrego sean scubo e ncubo respectivamente de Cordero y Japona, pero no est claro.
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Hierros retorcidos que surgen de los llameantes volcanes en miniaturas de hormign, armas fciles de hincar en la carne, e incluso caones, pistolitas y pistolazas de todos los calibres; y ahora esto: hermoso lo que se agita ah abajo inflamndose como el rgano palpitante de la inercia y de la velocidad, corazn de una intimsima inteligencia exagerada algo por la tcnica. Pero no vuelvas a preguntarme cuntas monedas han ido a parar a manos del Excelentsimo Seor Don Cordero!, exclam Antena, con la actitud paciente de un cadver. Es una orden?, seal vagabundeando Borrego; indiferente se desliz Antena de nuevo en el interior de su cocina. Es una orden, Antena. Claro que es una orden, y por una orden lo entiendo todo. Pero a qu juegas realmente? Espera y vers, respondi Borrego. Acaba de comenzar. Dar paso a la voz del pastelero. Borrego gira en redondo de nuevo hacia el abismo: l tiene que acabar, entre otras cosas, deseo que l acabe, entiendes? Mirando de nuevo hacia abajo, pero ahora completamente solo, tambin puedo decir con orgullo que estoy a dos pasos de la verdad. Aunque Antena no se entere mucho precisamente. Y no lo digo porque yo pertenezca por entero al gnero masculino. No tiene nada que ver con eso, con este asunto espinoso que propiamente es el sexo. Y si por deseo expreso, que es el mo soberano, sujeto tambin a todas las objeciones que se pudieran presentar, se me presentara un objetivo tan claro, una meta tan esclarecedora o, como un fin fabuloso, aunque no sea dilucidar los casos auxiliares por los que he cometido cierto perjurio en esta mala literatura, y ya me quedo sin palabras; porque, por ejem-
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ejemplo, el pastelero y el herrero nada tienen que ver aparentemente entre s (a pesar de que las estructuras para lo blando y las estructuras para lo rgido y duro son cosas completamente distintas, sin embargo, existe la relacin, cierto. El dedo ndice de Borrego se precipita hasta el labio donde reposa apenas diez segundos); y el perjurio que he cometido, ya digo, parece que ha de resolverse en casa, en nuestra casa. Dando lugar a esa disimetra por su inclinacin, tendencia, exactamente para crear zozobra y humillacin. S, en el humilde y honrado y mullido colchn de lo hogareo se puede o ya se ha establecido esta malsana disimetra que es como mala poesa que nos obliga a desentendernos de las prescripciones grabadas a fuego en.. casi todas partes, y en los muros de estas fortalezas compactas Cuntos hermeneutas sin demasiada prensa, extraos al acto mismo y a la expresin misma, ajenos al ejercicio mismo, quisieran interpretar este asunto en conjunto, tan parsimonioso como cabe de toda evolucin: 1. el seor tira de su coche, y 2. la mujer/maravilla de cocina! Es vergonzoso, y seriamente repugnante! Es horrible imaginar lo que alguien puede llegar a hacer de algo as. De todos modos tengo que recuperar el tiempo perdido; y saberme explicar mejor es la clave. El tercer sujeto, o personaje, al que me anclo sin miramientos, presidente de los hechos acaecidos, y no obstante mero justificante, protector y preciso, que me calcule y haga balance; y para que las cuentas sean devueltas a sus presuntos y quasimodos propietarios, en tanto tambin seores de la fabulosa empresa, timbre y enjambre de densos sellos, para to-
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que vosotros, felices, cretinos, infames submundistas, nicamente por la citada portada y editorial moraleja, en tanto fabulistas, que no futbolistas o aficionados a ese mismo deporte, es decir, el deporte que resuelve las antinomias de la siempre diestra y hbil derecha: el eterno refugio de los individuos intiles: parangonables, tanto por lo intil como por ese carcter individual repentino, o imprevisto, no obstante, a objetos romos tales como, la vaca, el ganso, el gallo pelen, el cordero, la vicua y el susodicho vuestro servidor, Borrego; deis con la clave arbitraria del temido acto literario. [16] El da era inmejorable para salir a pasear. Antena y Borrego tenan la intencin de salir puesto que el da era inmejorable. Es decir, un cielo de lo ms claro y un azul de lo ms potente. Parece mentira que todo se quede en su color, le dijo Borrego a Antena cuando salan de casa: este azul debera bastar para teirlo todo de azul. Te lo digo en serio. Tambin el olor era azul, tal vez. Pero la nariz iba a lo suyo en este sentido: lo que respiraban, en el trayecto corto hasta el coche, era desde luego inmejorable. Todo cuerpo es entonces irradiar una anatoma perfecta, de adentro hacia afuera (pero no era ms que mera preparacin, un destello a priori); se pone a irradiar una composicin que se libera debido un poco tambin a la dignidad y al porte del magisterio de lo real, en un principio entre lo muy duro y lo extremadamente blando y delicado(como en la fragua, el horror de lo duro y frreo del hierro a golpes que es ante todo consciencia del homicida y capacidad de vulnerabilidad; esperado para entrar en l por los blandos habitantes que lo circundan co
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como a una res que hay que dominar y moldear imperdonablemente; y cmo finalmente ambas cosas se funden en una partida tranquila, prcticamente de ajedrez), es decir, una sutil interpenetracin e indiferenciacin entre esas dos cualidades; y luego sucesivamente, lo limpio y lo sucio, lo natural y lo estlido, como si ya no hubiese guerra entre ellos; ni el polvo, ni las fragmentaciones, ni las violaciones, todas esas cosas esperaban tambin lo propio: incluirse en el juego del clculo prescrito por las leyes de lo que unifica y la sensacin de esa misma ley una; y as, el paseante tipo medio junto a otro paseante tipo medio, fundidos igualmente hasta el corvejn, y elegantes, y armoniosos hasta las heces. Era de esperar que el Audi Quattro se comportara de igual forma. Borrego dej contra todo pronstico (el automvil estaba por estrenar) que Antena condujera, y desde una distancia considerable, juguetn, le lanz las llaves. Tambin ella, con la apariencia de pasrselo bien, puso mucho empeo en que aqullas no cayeran al suelo, y saltando ligeramente, dando un botecito, las cogi al vuelo. Que ella despus diera numerosos y muy cortos botes nerviosos, histricamente, se deba a algo que por de pronto resultaba incomprensible, pero sin duda era garanta de un contentamiento duradero. Ahorrmonos la vasta sabidura de los tipos medios que superan lo biolgico y lo escolstico con creces; centrmonos en la combustin, conduccin, avenidas, calles, amor propio, voces perrunas, lobos hambrientos, y al final, una pastelera. Antena estaba completamente excitada. En las fiestas dom
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dominicales los individuos se excitan, se obstinan. Ahora ya no se va a la iglesia. Es demasiado tarde para ello. Ello equivaldra prcticamente a desanimarse. Desalentndose se gritaran de nuevo, aquellos feligreses dbiles tambin. Nadie est a salvo de los fallos del consenso abstracto. Fallos que evidentemente no son de funcionamiento. Son fallos perfectamente subsanables, como ciertos ruidos que se oyen, crujidos, crispaciones de lo nuevo. A Antena le gusta la msica meldica. A Borrego todo cuanto chirra: trasplantar las voces groseras, toscas, los chillones insondables del averno (para partirse el culo, vamos), y de los inmuebles infernales, a una envergadura menor, en principio, dijo Borrego de cuatro a cinco cuerdas, con una ligera posibilidad de ser aumentada a la espectacularidad enmaraada del lad. Diez minutos y puede que ya estuvieran decidiendo. Borrego se alej, se levant el cuello de la chaqueta, y se fue a la plaza literalmente desierta, excepto por un grupo de imbciles, a comulgar. No haba ms que caminar hacia una direccin cuando de la nada surgi descabelladamente la alta torre picuda de la iglesia. Como con rayos x en los ojos vio el altar mayor a travs de los muros elevarse, y de unas alas surgidas de repente que le permitan volar, salir escopeteado hacia otra iglesia ms cabal, menos concurrida. Sentndose en un banco, definitivamente, se puso a fumar. Estaba de espaldas ante la mismsima. Pens que despus de todo podan hacer un viaje largo. El que hubiera que regresar pasadas las doce de la noche no importa. Dnde vamos? A Borrego se le ocurri oportunamente que se partiera inmediatamente hacia P***. l siempre, piensa para s, de m
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manera hegeliana, Antena, echa en falta a Benjamin. La castaa que se peg el tipo all: y de todo eso qu se conserva. Una mquina de escribir, una maleta y unos papelitos intiles. Salir deprisa y corriendo (como estarn dispuestos a hacer Antena y Borrego no quedando mucho), con lo puesto, y dejarse enredar de esa forma, el to inteligente. A qu espera? Dos das antes, en Portugal, hubiese podido contemplar, apenas a unos cuantos metros de distancia, el buque mercante que zarpaba hacia Amrica. De nada te sirve un Audi Quattro si no te deja pensar. No se escucha nada salvo un murmullo primitivo; y eso que Borrego estaba dispuesto a todo: haba accionado la salida de aire, y un chorro de aire flua limpio, a travs de los filtros impolutos preinstalados, como la brisa del mar, entre un corredor de dos gruesos muros enfrentados: la actividad y la pasividad. El da caluroso de febrero mantena el cerebro tranquilo, casi extasiado. De ese cerebro sale algo, hoy, mstico seguro. Algo que de seguro es importante. Algo que te cagas. Ah encerrado todo el da, dijo Antena mirndole a los ojos fijamente, ests perdiendo los mejores aos de tu vida. Antena se refera con toda la evidencia de la que era capaz, a la casa, al hogar comn. [17] Borrego mira que te mira por la ventanilla del coche en un tormentoso fundido mental. Apenas ya recuerda que hace menos de diez minutos casi se haban tenido que parar por causa de esas vacas que parecen ajenas al mundo. Aterrorizadas despus (Antena les conmovi absolutamente con el claxon) se apartaron mur mur mur murmurando tal vez: menudos hijos de puta. Palabras del hombre consci
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ciente. y tal vez de la vaca sagrada de la India; pero aqu las vacas no hablan, no. Aqu no hay vacas que hablen, de ningn modo. Pero tal vez, digo bromeando Borrego. S, quin sabe. Nunca se sabe. Segua bromeando pues el trayecto se estaba haciendo largo, muy largo. Hoy, pens Borrego, hemos dado un paso en esa direccin, por mis huevos, que haca tiempo que no tombamos esa direccin. Y a mi qu! No me impresiona. No es la primera vez que nos embarcamos ella y yo en un viaje tan largo. Tan largo no es. Menos de doscientos kilmetros. Pero claro, en un da, doscientos kilmetros pican. O sea, cuatrocientos, ir y volver. Vamos de da, pero ya tarde. Volveremos de noche. Nos cansaremos pronto. Nos apresuraremos a volver. Es lgico. Maana es lunes. Pero hoy es completamente distinto. Nos angustiaremos, efectivamente, mucho antes de volver, aunque sea ilgico, eso es lo que haremos. Nos preocuparemos, ms yo que ella. Es ilgico: ms yo que ella. Lo lgico: ms ella que yo. Miraremos siempre los relojes de las plazas, de los campanarios, de los pueblos en donde paremos. Escucharemos los sonidos de las campanas, y contaremos mentalmente el nmero de veces hasta or por fin un eco nada ms. Un eco que aadir unas cuantas horas ms por despiste, por fantasmagora. Son las cuatro, las cinco, las seis? A la vuelta yo conducir. Ser mejor. A m me gusta conducir. Tomar el camino de la costa. Este camino de la costa est lleno de curvas. Ella se marear y nos las tendremos. Puede que acabe por convencerla de que sera mejor parar a cenar en F***. A ella le gusta cenar en F***. Hace aos que no cenamos en F***. Crees acaso que porque cenemos
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cenemos en F*** te dejar despus tranquilo? Crees que se dormir? No, ests muy equivocado. No se dormir, y nos las tendremos. Yo me mareo entre la actividad y la pasividad. Me mareo porque no tengo ms remedio que mezclar aquello que me marea; aunque todo el mundo sabe la verdad: actividad y pasividad no se pueden mezclar por mucho que mareen. No seor. No se pueden mezclar, y menos en cuestin de tan pocas horas. No hay tiempo para eso. Para esa alquimia. Esos procesos son amplios, lentos. En menos de una hora, quin es el guapo que puede mezclar actividad y pasividad. Me quejo de las vacas. Antes hemos tenido un contratiempo con las vacas. Las vacas estaban, por decirlo de alguna manera, en medio de la carretera estorbando. No es lgico. No es precisamente una carretera de segunda categora. Es una carretera totalmente de primera categora. Me quejo de las vacas, s seor. Qu son los seres humanos? Unos histricos, no hacen ms que histerizar el campo y la naturaleza. Porque no saben cmo armonizar la pasividad con la actividad. O no es as? Y a m qu! Un tormentoso fundido mental de apenas el tamao de una pieza. De una pieza de qu? Una pieza sola no tiene sentido. Puede que no est bien que alguien se interponga entre el cielo y una pieza. Empiezo a divagar oportunamente sobre la pieza, como si la pieza fuera algo con la cual hubiera firmado un contrato. Un contrato de definicin. No, no he formado ningn contrato con la pieza. El ndice y el pulgar de un hombre grande completamente ajeno al mundo nos arrastra hacia P***. Benjamin estuvo en P***. Das, meses. Estuvo en P***, cosa que no tiene sentido. Pod
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Poda haberse marchado mucho antes a Amrica. Yo mismo estuve en P***. Hace justamente veinte aos. La primera vez que estuve en P***, hace exactamente veinte aos. Eso fue en verano. Fui a P*** con varios libros. Con varios libros fui a P***. Qu libros eran? Me da igual, no lo quiero decir. Se dej llevar por la pereza. Se dej llevar por el idealismo y por la filosofa. Se dej llevar por la inocencia, que junto a la filosofa hacen uno. Una sola pieza, inocencia y filosofa. Llevaba la pereza en el bolsillo del pantaln, mientras que l era pura inocencia y pura filosofa. Al margen de ello, puede que le hiciera pupa el haber roto con su chica. Fue eso realmente? En tiempos de guerra, en esos tiempos en que se le tiene tanto respeto a la vida, como se le tiene tan poco respeto a la vida, no le hizo falta ignorar que no se puede hablar de mezcla. Oh, qu difcil es pensar esto! Ignorar que no se puede hablar de mezcla. Con respecto a qu? A la pasividad y a la actividad? No, no se dejan mezclar. El amor y la guerra? No, es una tontera. Qu es lo que no se puede mezclar, en realidad? Los barbitricos? El organismo no es un juguete. El cuerpo humano es una mierda: no aguanta nada. Qu se lo pregunten a los que hicieron la guerra! Aguanta absolutamente todo. Y tiene adems tiempo para ms. Yo estaba deprimidsimo en P***. Cuando fui la primera vez a P***, me senta muy deprimido. Dos libros me llev que no me ayudaron en nada. Me plant en una terraza y me qued en ella bebiendo cerveza todo el da. As que, por muy inteligente que fuera en esa poca, la desgracia, nada era tan importante que yo recuerde como esa desgracia invisible, invencible, todo estaba por decidir,
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decidir, de nuevo la sensacin de desgracia tal vez pero llamndose a s misma con otros nombres; o tal vez no fuera el trasfondo de la desgracia, sino la angustia de encontrarme solo, completamente solo, de estar ms o menos a un centmetro de la libertad, en suma, me dej en una situacin de difcil comprensin. Yo no saba nada. No conoca las razones. Haba ledo muchos libros, pero a la tuntn. O no. Haba ledo libros en el sentido correcto. Pero estaba empezando. Y cuando uno est empezando en esto de leer, al principio, parece poco, luego se convierte en algo largo, muy largo. Los das se hacen pequeos, y hay algo que comienza, algo siempre prematuro; un inicio que ronronea como un gato. Y al final una sensacin de un viaje muy largo pero de una duracin muy corta. O enredado en la duracin. S, un viaje enredado en la duracin. La intensidad es insoportable. Los nervios se endurecen. Somos unos perfectos intiles. Somos unos histricos. El gato es la puta tripa que gime y hace dao. Comer poco. Adelgazar. S, por muy inteligente que fueras adelgazabas a marchas forzadas. Estabas muy delgado. S, ya recuerdo todo eso. Pereza, nervios, histeria. Esa histeria es colectiva. Informacin y conocimiento. Ya recuerdo los hilos tendidos entre poste y poste. El silbato. La mesa de la terraza. Los dos libros sobre la mesa de la terraza. Me miraba los dos libros, no con temor, me los miraba con angustia. He de seguir? Es esto lo que quieres? Podras estar con tus hermanas, con mam. Podras estar con la familia entera. Todo ello, a la postre, sigue por los derroteros de un largo etctera. No, no conviene precipitarse. Ya est. Ya lo olvido. Lo olvido todo a
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ahora mismo. Slo que, las vacas, esas vacas en una carretera de primer nivel. Est bien, lo he olvidado completamente, no volver a interponerse entre lo que recuerdo y lo que hago. No, no volver a surgir por entre los ojos. Estar todo ello siempre cerrado bajo llave, en un stano muy oscuro, en medio de otros trastos tan nauseabundos como nauseabundo es todo aquello que recuerdo que dej en l. La claridad del cielo no es la claridad de la conciencia. La conciencia, aparte de ser un mundo de ilusiones perdidas, es una tortura, con todos sus aparatos de tortura, hierro fundido sobre hierro fundido, pieza sobre pieza, pieza encajada en otra pieza, que no son de este mundo, arrinconados por el desuso o perfectamente en uso; la conciencia molesta ms que informa; desecha ms que aprende; mata al usuario en la misma medida que santifica al muerto. sta se dio el lujo de poder pensar. Menuda histeria colectiva: busca el minuto cero del inicio del pensar; y trozo a trozo, intilmente y por la gentica, nos llevan a esa regin donde dicen que tuvo ese origen. Intiles, inocentes, y oradores! Deberamos conservar un par de libros, y despus enmudecer. As acabaramos mucho antes. Pero dos libros realmente potentes, que nos pusieran a caldo a todos. Hacernos callar. La conciencia es un almacn, un lugar sombro lleno de trastos, y aparatos de tortura de toda suerte. La claridad del cielo debera entrarnos primero por el odo. Los ojos, no hemos de abrirlos. Qu son estos gusanos que larva a larva constituyen los globos oculares? Las primeras prescripciones son visuales. Slo por los ojos entran las prescripciones y los asesinatos. La v
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verdad de la verdad? Oh, calla! Volveremos tarde porque hemos de volver tarde, la primera ley de la vida. La conciencia es una alteracin, una puta imbecilidad: volver tarde. Llegaremos en el momento oportuno, y al salir de donde sea, regresaremos al punto de donde partimos completamente indemnes. No se trata de saber si lo que haremos estar bien o mal. Estar mal siempre. Eso es evidente. Y a la vuelta, aunque haya cenado como una princesa, me dar el coazo, y me pondr a caldo, hasta que me vuelva un intil. Ella quiere verme con los espumarajos colgando por la boca. Blancos como el semen. Para poder ponerse tambin celosa. La conciencia es una mierda, y quien la abre es la mujer, para herir a la propia naturaleza con su procreacin. El primer punto del da. En la misma medida en que nos perseguir hoy el men del da. El men del da est al acecho (las vacas estn melanclicas). Lo presiento (han perdido a una hermana, han perdido a un hijo). Deberamos concentrarnos en eliminar muestras de locuacidad en nuestro semblante, eliminar la sustantiva oratoria que chorrea sibilinamente por nuestras bocas! Deberamos enmudecer. Un pequeo esfuerzo, en realidad. Enmudecer es dejar de decir simplemente s. No; el ser no es el profundo misterio: es el s! Del principio del s, hasta todos los libros que irrumpen con su s, una y otra vez, s, s, s. Millones de libros que dicen s! Un par de libros que intenten el no. Slo pido eso. Estoy seguro de que un par de libros que digan no ser la solucin a la conciencia. Pero a la larga sern malos. No sern malos como el demonio. No sern malos porque su conducta sea e
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equivocada o porque su esttica sea insoportable y de mal gusto. Su conducta ser decaimiento, y su esttica una formacin espinosa, o mejor una malformacin metafrica. Y ser el libro del no por su espontaneidad. Todo no es espontneo. Detrs del no, y conectado a ella, se alberga una regin en el cerebro que prefiere el mal gusto y la rebelda infantil. [18] Pero yo, siempre yo, por qu tuve que empezar por P***? No poda haber empezado por A***! Luego por B***, por C***, etc. Antena me mir entonces y, con la idea de poner un poquito la radio, me hizo callar de muy malas maneras. No recuerdo nada ms. [19] Criterios me hace pensar que tengo una cara parecida a la suya. Mi elocuencia refinada presta un servicio, incalculable y no remunerado, a la existencia; al tiempo que ella se vuelve hacia m con sus ms insondables secretos; es decir, austeridad ante todo, tanto en la teora como en la prctica, y un alto grado de privacidad. Sincriterios me hace pensar que tengo una cara ms o menos como todos, ms o menos guapo; de la piedra, y de la concentracin de rasgos expresivos, nace otra cosa, no mi amor hacia ella, sino la casa y su profundo stano. Esto no es poesa, no es poesa, ni lleva traje de poeta, no es nada; ni literatura, ni teora de la ciencia, ni astronoma, ni cosmologa, y menos an, filosofa. El seor, la seora, junto a una banda sonora indeformable y spera; le dictan tres veces, tres rugosidades, ms una gran caca rasgando las vestiduras. Si le mencionamos caca en un susurro ultrasonoro al perro, ste se pone contento. El perro que hay en nosotros, perrazo, perruco, domos en latn, tiene ese puntin
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puntn de malicia y de malintencionado retortijn; domstico, lacayo, lacan? Con un teln de verbo trgico al fondo, pues a modo de esa gran masturbacin que lanz su sustancia sobre la roca y se pulveriz. No me preocupan los ayes, eh, oh. No tengo fro, a estas alturas, encajonado, no obstante abierto frontalmente hacia ustedes ciertamente por algo brillante en mi rostro: un presunto ojo de oro moldeado en un huevo. Un ojo de oro moldeado en un huevo para otra ocasin, as Cline; para otra ocasin, para cuando salga yo mismo de la crcel; me defiendo de la luna adoptando un sesgo de derrota, un mohn de Derrida tambin. Se me ha puesto el capitel duro como la piedra, enfermizo a cuartos, decapitado a la quinta oportunidad; de nuevo, poniendo la confianza en manos de un buen profesional, bourreau, bureau: no tengo despacho, apenas un buril. Ves despacio en toda ocasin: asegurarme un sistema nervioso completamente nuevo, una seccin deportiva y blanca del tamao de un hombre, pero tan larga como un gusano digestivo, o un solitario rollo de papel de wter, papel de caca, ampliable, ilegible al 90 por ciento por lo que pueda pasar, tira su lengua de trapo al suelo; al igual que por lo que pueda decir; al igual que una serpiente ofuscada por la negacin, pero relativamente tranquila al pasar por mi cuello, sistema nervioso con rosca opcional. Si fuera a la vez el cirujano adoptar tales miserias, insertar la serpiente a modo de espina dorsal; se clavase ella en la base del crneo hasta el hueso deshonesto; no molestar. [20] As pues, despus de ir a P*** a pasar la ltima hora de la maana, contemplando el agitado mar, que empujado por un
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un constante y frentico viento, y estrellndose en la rompiente, se vuelve de un verde botella espumeante, para introducirse purificado como un aceite salvador en cada una de las velludas herraduras: maricas, nios y ancianos en la ltima, 1 desnudos y semidesnudos, 2 a la domstica, 3 para todos los pblicos, en la ltima; despus de adentrarnos un poco al margen de esos curiosos engendros en los lugares donde el tiempo ya se ha detenido en P*** definitivamente con la intencin de no volver a poner jams sus pies cronolgicos ah, y de mirar con atencin fingida los destartalados hostales abandonados, y los pequeos hotelitos que an hoy albergan a gente de paso, vulgar y poco cordial, con la vaga idea de pernoctar (ceremonialmente y luego ceremonialmente desaparecida sin atisbo de arrepentimiento); despus de subir hasta la estacin y hasta la desproporcionada iglesia, y su alto campanario, como dos lanzas y media que producen una llaga al cielo, y una cierta premonicin, poniendo en relacin al pueblo que presiden y que les da la espalda, salvo para asistirlos en procesin pesada de mudos insectos, musculosa, de mucho nervio, y repugnante, a esas misas cochambrosas que se perpetran para asesinar al Seor (y que slo puede dejar un rastro de homicidios concretos y de puro odio a los pnfilos curas), despus, un neurtico escupitajo de perdidos viajeros que bajan en cogulos horribles una larga escalera hasta el centro mismo y el mercado (esa ocasional infeccin que se dispersa para adquirir licores y tabaco); despus, despus nada, ya lo sabamos, es decir, regresar, comer en algn comedero de un pequeo pueb
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pueblo interior que atrae a sus vctimas desde una carretera enteramente mordaz , regresar, cenar en F***, como habamos previsto, donde un gran pintor colocara su gran pastel de pascuas o de cumpleaos; cenar a lo grande en F***, por si acaso, e inventarse de nuevo la ruta de regreso, a travs de la noche, a travs de la oscuridad, porque no fuera al menos mejor as, preparar el regreso, aceptarlo sin extraamiento, aceptarlo hasta perder el conocimiento, la consciencia, hasta el rbol, un rbol cualquiera, rodeado por el aire y por serpenteantes diminutas luces, que deben ser las casas que lloran por las pendientes, que bajan las montaas y que llevan sus lgrimas al mar, cuando incluso el dolor se hace insoportable, rodearnos de mujeres, como mis hermanas y mi madre, cuando el dolor se hace tan insoportable que ya no se puede imaginar algo peor que verse rodeado de ese gento de voces familiares; al igual que las ratas cuando emergen en estampida de algo mucho ms profundo que un stano; un stano que buscaba, sin conseguirlo, de nuevo su dignidad oscura, formando, fortuitamente, un cortocircuito imposible e imponderable y un anidamiento viscoso o una gran seta hmeda mamando del suelo: una especie de mun brillante y peludo y una especie de laberinto inteligente; finalmente, la impregnacin consciente de esas voces por el intento inveterado de responder a la verdad, exactamente cuando se pide desde esa verdad otra nueva verdad, exactamente, para responder que s estoy bien, o no, no te conozco, no me busques, no me encuentres, no me toques, no, no me conoces, etc. Dnde est Antena? Dnde est Antena? An
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Antena est bien, Antena est bien. Pero yo, Borrego, no supero mi odio, no supero mi indiferencia, no supero mi conciencia, mi conciencia se desajusta desbaratada prosigue per se; por fin, algo fsico que me atrae. Algo fsico adems que trae mucho color, mucha evisceracin sonora, entraas mucho ms salutferas que las predecesoras mortales, a fin de cuentas, una salud y un entrechocar con la enfermedad que traen la muerte sin vida propicia; a veces, en esta vida, fortuitamente, como ratas en estampida, emerge la profundidad sin posibilidad de muerte esperanzadora; un alma que se considera a s misma mejor, me digo como un alucinado: un anidamiento de ratas que afloran, centelleantemente peludas, y que, sobre todo, muerden, han de morder, moralmente estn obligadas a roer la putrefaccin ambiental de la salud. Entonces empieza la transformacin para esta nueva alma disimtrica e inestable en la lengua propia de la misma enfermedad vital.
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1.
son creados cantidades ingentes a cada instante de ngeles nuevos para, una vez que han entonado su himno ante Dios, terminar y disolverse ya en la nada W. Benjamin
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[21] Cordero y Japona se aman. Lo que no quiere decir que sean dos extraos sino que se conocen en profundidad. Puede que el tiempo no haya sido el factor decisivo para este conocimiento. Como los grandes amantes su intencin es indivisa y su esencia invisible. Y as han de continuar siendo las cosas. Por eso ser difcil apresarlos con la conciencia clara sobre la base de una pantomima literaria. Desde luego, a Cordero las cosas le han salido bien. Tiene una casa magnfica a las afueras de B***. Cul es su profesin? Es decir, a qu se dedica? Ambos se dedican a la compraventa de coches de lujo. Pero ya que era una obviedad en su da Sabed que hay gente que tiene una disposicin altruista hacia los dems. Hay regiones en el mundo que se ven favorecidas por estas alegras de espritu. Y Cordero es un hombre que sabe aprovechar de manera cabal (podramos decir, infinita) los tiempos neutros. Aqu y all siembran esperanza y no juegan. Son los hechos concretos lo que ambos persiguen al tiempo que los producen. Dos trayectorias equivalentes, o que hablan el mismo lenguaje. Esta apariencia de estar en el mundo, basndose en el lenguaje de los actos y el de los hechos, da cabida a otra operacin igualmente universal: el amor sufragista (que se ha desprendido hace aos de una validez que hua del catolicismo). El amor sufragista es como una gran dependencia que se acusa hacia los dems. Porque es un primor, mucho ms que algo primitivo, profundamente sentir que una empresa edificante se destina a s misma en el sentido de su marcha. En cuanto a Japona, la mujer ms bella del planeta Tierra, hermosamente cincelada, com
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como ha de ser para quien juzga de estas cosas, de ser el principal gnero recreativo, moldeado por manos hbiles de orfebre, opta por la sencillez de su conducta (apariencia chinesca); porque todo lo llena de hermandad, excluyendo, con clara evidencia, del concepto mismo, el resto incomparablemente peor. Pero atencin: aun as no queda ningn resto: hermanamiento de ambos, y ambos con el conjunto, completamente atmico, infinitesimal, perforando los anales del ecumenismo y trayendo de vuelta la pura extraccin en grano. Entonces tan compleja como quiere ser sencilla es su conducta. Pues s. (Puede que hubiese algo anterior a estos dos blanquecinos y anodinos seres con respecto a Antena y a Borrego, pero en el horizonte no se ve nada. Cuando el amor sufragista se entiende como empeo descuella con dificultad pero con relativo xito un par de amigos, o una pareja de amantes intelectuales. Anda todo revuelto entonces como vasos comunicantes. Los cuatro amigos se hunden en lo regional de los casos y en la hermosura y celestialidad de las almas en pena que les rozan: y de todo esto se sacan conclusiones que a veces suenan a puro precipitarse. Uno se atrevera a decir que si el mundo se volviera completamente tinieblas estos seres seran capaces de resolver el apagn, tan amigos de las soluciones eran, y tan potentes y efectivos sus dones. Pero no metafsicamente hablando. Resolver en la luz propia de su solidaridad fraternal es un programa. Este programa es ms carnal en unos ms que en otros. S. La evolucin del empeo se convierte en necesidad. Y ese fue el caso de Cordero y Japona, mientras que Borrego y Antena se dejaro
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dejaron perder por vituperables actos egostas e incomprensin hacia los dems que quisieran, a la ltima, amonestarles. Por eso los otros, los amantes, los ngeles reales, tienen un lugar adecuado en el hospital de la vida y la muerte, del dolor y la enfermedad, y al cual nos vamos a referir en las prximas horas. Veamos el caso, por cierto: nos ceiremos principalmente a una receta ya escrita, ya publicada, que recuperamos porque lo queremos as, en un acto de brutal vandalismo sobre lo que uno ha sido y sobre lo que uno ha dejado constancia, para luego, nosotros, los amantes de los amantes y los amantes del amor, tomemos el caso crticamente y divergentemente. Nuestro entendimiento ofrece una Nueva Entrada, a los desaforados y tambin a los desafortunados, a los gansos, y a los lobos. Esto y aquello empieza con Japona. Ella aparece modosa y meticulosamente ante Cordero para describirle una nueva buena accin. Esto es, la ensima. Cordero es enamoradizo por naturaleza, se enamora fervientemente de las buenas acciones, y aqulla, que tan comprensiblemente se muestra ahora, slo tiene el valor propio de lo acumulado. Porque, insistimos, ellos lo saben todo con respecto a este enmaraamiento que espontneamente surge profusamente en forma de accin pura; tanto a los ojos de quienes producen tal profusin incomparable, como a los que pasivamente se arrinconan y evacuan, temerosos y exhaustos, la accin que surge as es puro desconocimiento; ellos dos, sin embargo, lo saben todo mucho mejor y de la manera ms perfecta. Para ellos este desconocimiento se vuelve puro saber estar. Por ejem-
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ejemplo, lo saben todo con respecto a los que slo se aman a s mismos. Se sujeten donde se sujeten es forzoso que ellos mismos pierdan el hilo; mal menor de consecuencias nefastas para otros, y tanto ms posible como susceptibles de los cambios necesarios que ellos sabrn combinar. Aun siendo de esta forma y no de otra, una especie de laberinto surge ante ellos, que han de correr con inflamacin de bolsillo. Incluso ellos mismos parecen haberse vuelto medio majaretas ante exigencias desprovistas de base y apenas comunicativas: devoran su propio sentido de la orientacin y sus tendencias ecunimes; pero no dan en ningn caso la espalda (no tienen). Ruego a los que sigan a partir de ahora el caso, se hagan cargo de esta desvergonzada evolucin de unos hechos literalmente inconcebibles que ofenden por su carcter desmaado. No obstante queremos decirlo todo, y es un acto tambin altruista el escuchar con tanta atencin como se pueda a los acendrados egostas (palabrita del nio Jess). La comunidad prueba a desechar a algunos y a otros prueba de incluirlos. El lenguaje materno que se proyecta hacia el lado menos onomatopyico, da a veces esa sensacin de vrtigo entre lo jurdico y lo administrativo. Un notario y un abogado demuestran que esa efraccin desgraciada est desmotivada por los usos logsticos del mismo, es decir, desafeccionan la oportunidad manifiesta de la cada del ambiente onomatopyico sobre las luminarias del momento, y rechazan la potencia recibida mediante el modelismo insoslayable de su esfera privada; salvo los tratos que se deslizan de una puerta a otra, ellos mueren an
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ante el no-dinero. Ese imperio ha, por cierto, de repugnarse. Por tanto, segn aqullos, provistos de jugosos tinteros, anexionan, almacn, casa de campo, coche, piso en M***, y por supuesto piso en B***, joyas, y todo cuanto tenga valor, a un mnimo de su carne y a un mximo de distancia de la superficie blanca de los ngeles. [22] Que son maravillosos seres humanos estos dos. Sus preocupaciones son humanas, los seres humanos son hermanos, sus preocupaciones son ancestrales y humanas. Y vale todo espritu, cuerpo, y valen todos los sentimientos, emociones. Los buenos campesinos, tambin los artesanos, todos los gremios (msica, juguetera, herrera) Te gusta recordar aquellas pocas escolares. El miedo que pasabas y lo ajenos que te resultaban aquellos seres diminutos, sin formar: algunos formaban ya una serie de hombres rejuvenecidos por las herencias, por los malos tratos de los padres. Debas tratarles con suavidad; a veces fuiste muy duro con ellos. De qu se trataba? Experiencias monstruosas, y no eran pesadillas. A veces engalanaban una ensoacin. El dinero te devora, hoy. Creste que se trataba de poner en marcha las producciones humanas desde la particularidad de una mente que empieza a sondear los principios generales fsicos. Les pusiste aquella mquina ceida a los cuerpos, que zumbaban incoherentes cerca de los odos; las orejas aleteaban como mariposas. Las filas eran interminables. Los renglones de las cuentas hablaban siempre de lo barato, nunca de lo caro. Slo alguna vez te mostraste generoso. Es difcil creer desde la formalidad. Estos rasgos no tienen que ver nada con nosotros. Te gusta
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gustara salir de tus dominios, ejercer mucho ms la democracia, hacer distinciones sobre esta o aquella cultura, y no distinguir en muchos otros casos, los cuales caen mudamente en la discriminacin y en la impotencia. Fuiste un buen estudiante. Estabas obsesionado con el suicida (y tu propio suicidio). Tambin con aquello que ocurri ms tarde en la iglesia, tu madre no quiso perdonrtelo nunca. Sin embargo, yo s que te perdon. Aquel da sus ojos fueron de perdn. Controles lo que controles: ese dominio ejercido, esa homogeneidad. T no lo soportas, ya lo veo. No soportas parecerte a los dems. Esos preceptos cuyas reglas son matemticas. A quin tratas con suavidad para que te traten a ti con suavidad? La mano sobre el pelo. Mano tibia, hmeda, rubia sobre pelo rubio, un pelo cortado a tijeretazos. l se mueve con regularidad: el bao cada da, es presa y vctima del bao cada da. As tambin se bebe, cordero que creen buenamente en lo que cree, sus vasitos de ginebra. Enrgico, como si fundara una nueva empresa cada da. No hay nada en este mundo que amanse esa fiera. A m me dan igual sus obras, y cuando se mueve tanto no opongo desde luego la indiferencia que es ante todo mi carcter, al contrario, le hago ver enteramente mi preocupacin. Gasto en farmacia lo que t. l dice que ella se abraz a un rbol. Por qu se abrazara a un rbol? Al ser rubia, y eso es una buena cosa (eso es una buena razn, la mejor que conozco), el rbol y ella rubia, necesariamente, cmo no iba a provocarme? Y no slo a m, el resto de la humanidad reciba al mismo tiempo esa impactante provocacin, transmitida por las ondas. Pero es
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este regalo me ha tocado a m. Claro que no me paso el da imaginando como ella se abraza a los rboles. Un da me abrac a un rbol y l se qued extasiado. Nunca lo haba visto as (y tan ligero de ropa: en verano se aligera de ropa; en primavera mantiene el estatus del invierno. Hasta que yo no me abrac a un rbol l no modific en absoluto ese rgimen de trajes. En verano su blancura era proverbial.) Cuando rompi con la poltica y con sus clases en la universidad, lo vi menos conmocionado que el hecho de que yo, aquel da, me abrazase a un rbol. Qu deba haber visto? Un smbolo? Un lema para sus empresas, el inicio de una nueva publicidad? Particularidades que nos obligan de inmediato al xito, sin mediaciones, casi con la seguridad de un protestante. Me vio, a m, eso es indudable, abrazada a un rbol. Dnde fue? Pregntaselo, no lo recuerda. Slo recuerda ese abrazo enfermizo, engendrador de inmotivadas cleras. Estbamos en mitad del campo humeante. A unos cientos de metros de la fbrica. Oamos girar las turbinas. La fbrica ya no humeaba. Oamos girar las turbinas hasta que pararon de golpe. Era la una del medioda. Omos girar de nuevo las turbinas. De nuevo vimos el humo girar en el cielo. Un parn tcnico, dijo l. Apenas unos minutos. Un parn tcnico y los nuevos giros: el mundo entero gira. Se tumb donde la hierba estaba ms dura: el mundo entero gira! Los hierros se retorcan en su interior con un ruido inconcebible de fin del mundo. En navidad de ese mismo ao nos fundimos en un beso largo Algo en m pens que yo estaba haciendo de rbol. Insisto, la importancia no estuvo en el salto al vaco hacia lo ertico.
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Cundo fue la ltima vez que jodimos? En su intento por abrazarme camos los dos redondos al suelo. Un mentecato, un empleado tiritaba delante nuestro como se le hubiese sorprendido un fro siberiano. Buena parte de nosotros se hundi en la arena. El empleaducho, flaco y feo, varias veces despedido por sus intromisiones y sus necias peticiones, vino corriendo a socorrernos. Peor que eso, sus mltiples chantajes, ya no se podan contar, y sus muestras de la incomprensin ms absoluta: tambin ellos deban tiritar dentro de aquel seor vaco. Hay algo peor que su mujer merodeando como una furcia? Esa fue la queja en forma de pregunta del trabajador ante su propia mujer despabilada de repente por el fro que entraba de la puerta abierta de par en par. El seor vaco que slo saba pedir, exigir, los demonios le hubieran podido conceder entonces todo cuanto quisiese, tan profundamente molesto estaba, se resguardaba del fro en su casa, horas antes de comer. Eso en invierno. Tir sobre la mesa su cartera de piel. As yo tambin me enamorara de mi mujer! La mujer de este trabajador vaco, dijo: son bellsimas personas. Imagnate que ella, no siendo de ninguna religin, que yo sepa Y t qu sabes! Traer el papel de regalo. Con mucha rabia el trabajador repiti las cantarinas palabras de su mujer: traer el mejor papel de regalo! El to, sin embargo, estuvo a punto de vomitar. Simplemente se encerr en el lavabo, y se lav con jabn espeso la cara de bobo que se le haba puesto. Sin agua caliente. Al otro lado de la puerta, la buena mujer, la buena cocinera, buena ama de casa, buena madre, no negaba que de estar ella en otra madriguera, quiz. Veo a e
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esos muchachos tan jvenes, y se me revuelven las tripas. Despus maldigo el mundo entero y la suerte de estar aqu. Y si vale la pena no ser un criminal sin escrpulos. Vale la pena serlo, eso es lo quieres decir, dijo su mujer entrando de nuevo en el saln, trajinando. Ella despleg el mantel sobre la mesa. De l obtuvo mnimas compensaciones. En fin, despus ella hace una montaita pellizcando las migas de pan, como si tuviera una paloma en la mano, mirando de reojo al seor vaco que oblicuamente sorba los restos del carajillo. Sacudi con violencia los restos. Abri el enorme periodicucho. Buscan un agrimensor cerca de la fbrica. Puede ser tu oportunidad. El seor vaco completamente no le dio importancia: puede ser una posibilidad. Prefiero servir a un hombre que delira que a esos idiotas burgueses (eso dijo l despus de un rato de silencio, husmeando en las uas de sus manos). Y llaman a eso agrimensor? Tiene muchas tierras. Los animales van y vienen libremente. La mujer es irnica: mas t no ocupas lugar. Maldita sea, me ests llamando animal?! A m cmo si los animales tienen pasaporte y van a los Alpes suizos a esquiar! Tambin busca una cocinera. Y no sabes t lo poco que ama la violencia! Sus ojos se pierden en la profundad del horizonte. El seor vaco suplic a la ramerilla que hiciera el favor de callarse y que si no estaba cansada de decir tantas tonteras, y aadi: esos ojos que miran al horizonte estn vacos, perdidos, es un suicida ese tipo, de los peores, supongo; por tanto tampoco le gusta la gente. Lo encerraron no hace mucho en un manicomio de esos. Y ahora delante de su puerta habla, pero eso no es hablar, es c
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chisporrotear. Podramos afilar los cuchillos en su lengua. Total, no se distinguen las voces, lo que entre ellos se dicen es el tipo de discurso de supervivencia. Intercalan aqu y all chispas de ingenio, o de irona precisa para desestabilizar a la pareja. De todas formas no sera de extraar que la sucia mujer del seor vaco interponga con infinito mal gusto su demanda a ese misntropo monstruoso que maldice al ser humano en toda su extensin. Prefiere a los animales que a nosotros, eso est claro, finaliz la ramerilla. Despus se levant muy puesta, y el tipo vaco se ech en la cama para iniciarse soberanamente en la siesta. Mientras se desnudaba el hombre vaco sigui tiritando y llen la boca de pensamientos: prefiere a los animales. Eso est bien. Eso es lo que prefiere, y no a nosotros. A ella le ha faltado una cosa as para Pum, cierra los ojos, me da igual! Un hombre que ha estado en un manicomio no vale nada. Un hombre no vale nada si no sabe robar, si no sabe matar, si no sabe engaar, si no sabe sacar partido de las oportunidades que se le ofrecen. Un hombre que ha estado en un manicomio no sabe nada de eso. No saben nada de nada porque no han salido de las falditas de mam. Mi padre deca que los hombres juegan con ventaja con respecto a las mujeres. Los prejuicios crecen fuertes en los hombres porque no saben limpiar la mierda de los dems, y no estn dispuestos a hacer tal cosa, ni siquiera por un puado de monedas de oro. Mi padre deca: esos pruritos has de conocerlos para ser un hombre de verdad, integral. [23] Todos los hombres piensan en sus pruritos mientras las mujeres limpian inconcebibleme
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biblemente el contexto. As, esta o aquella rameraza limpia lo que est sucio, preferentemente con cosas de uso diario. Esta alquimia necesariamente no ha de ser un producto qumico. Un nio en su edad de paal sabe ya lo que se cuece en sus entrepiernas. Pero no otra que la avidez maternal aplica lo que no est a su disposicin. Todos los hombres formulan la nostalgia del mear espontneamente: ante ese alivio inocente, sin los rasgos de la mancha humana, encuentran el placer en lo que acta libremente, tanto en lo concebido por el tiempo como en lo concebido por el espacio. Tambin el urgente deponer se cristalizar en las lacerantes parsimonias de lo jurdico, de lo que es punible en este mundo, y cmo se ha de vivir con la soga al cuello: cada pis, cada popof, son minsculos avances dentro de las marchas nupciales generales hacia el dominio de lo jurisprudente y de lo legal-poltico. Tomamos la lengua maternal como fiel reflejo de lo maternal biolgico que ha metido mano en nuestros alivios corporales. Slo en el siglo XIX podemos estudiar los casos definitivos de total purificacin en el que se filtran esas mismas atenciones para una condensacin absoluta de lo indiscutiblemente legal; y eso se ha hecho efectivo en la lengua que nos ha visto crecer. Para ese inoportuno e imprevisto lavado de cerebro se ha hecho un nuevo templo donde se habla consecuentemente, y ste precisa de arquitecturas salvajes que rompan la solicitud materna y modifiquen tnicamente la emocin y los sentimientos lingsticos. Todo objeto se ve libre para actuar dentro de lo legal. Y yo aado adems, libre de traspasarlo. Si no diera un margen l
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la ley en la transgresin el hombre no es hombre. Veamos esto en las secciones de oficina: escolio de afeccin maternal, y prurito que engloba: pis, caca, mala digestin, pesadilla, sueos monstruosos, hambre, retortijones intestinales debido a aires. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella se mir las uas, se las ponder. Decididamente estaba bien esa luz. + Nada existe que no pueda concebirse en el espacio gigantesco de un Audi Quattro y, sin embargo, me susurraron, tal vez en su da, que hay espacios todava ms grandes, hasta el punto que en ellos incluso los insultos tienen cabida. Los insultos son una carrera gigantesca hacia una meta minscula. Es la manifestacin del desarrollo de la voz y la expansin metafsica del msculo. El claxon ms maternal que maternal. El impulso no obstante de aquella mole es menor, se requieren tipos duros para hacerla mover; su desplazamiento va precedido de mucha inteligencia, aunque, por ejemplo, una serie de personajes, estrictamente dramticos, en tropel, ceidos y en cintura, a empujones, resuelvan por la idea o por el smbolo, retener algo de sus fuerzas o coadyuvar con la voluntad ms o menos zen, o coadyuvar con el deseo ms o menos de inexplorado vicio de la belleza de su trasera y su sistema, y parpadeante luz. De dos o tres cabecillas que dijeron que la infelicidad es mucho ms compleja y se merece mucho mejor anlisis que una simple prospeccin
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de mercado y mercaderes. El primer prurito consiste en clarificar si es posible que una generacin nacida de la produccin infeliz de sus hbitos adopte cuatro veces cuatro lugares de lbrica satisfaccin por el mero hecho de su prurito azuzar un motor o res en pblica va, o bien mantener el conjunto por travs en un trasfondo tutelar y alveolar de un taller forzosamente sombro. En cuanto a los puritos sucesivos todo est prohibido en los bares. Y el que l dejase en semiinconsciencia y la de su propio vehculo lubricante no mostraba ms que una sola cosa. Nada. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella se mir las uas, se las ponder. Decididamente estaba bien esa luz. + Cuatro personajes con mucha hambre se doblegaron. Sentados muy arrimados se doblaron y a la altura de algo tan impreciso como idiomtico produjeron sendos discursos. Uno dijo: sobre si debamos hablar de tal cosa y no de tal otra. Produjo revuelo en los otros tres esas mismas declaraciones que fueron vertidas tres veces tres frontalmente. Uno saba algo, fuera importante o no lo fuera, y el resto escuchaba complacido, o simplemente no escuchaba. La felicidad puede que se repartiera a partes iguales, ya sea por la sinceridad o por lo razonable de la propuesta. Al menos hay algo que hacer que no nos deje paralizados en los asientos. Y del suelo naci nuevo y verde tanto alimento. Como si las palabras del Orador hubieran creado el mundo centelleante de all arriba, de la c
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cabeza a los pies, estimulando, ahora que la luz se propagaba resueltamente a ras de suelo, el movimiento perpetuamente visceral. Y para soportar el suave balanceo se dejaran llevar por los cuatro ignfugos libros redondos y perfectos los seres recnditos y probablemente amonestados. Pero cmo se intuye lo perfecto si es invisible? l contest con voz aterciopelada: Seguramente por su aborrecible deambular anodino e incolora inteligencia. Vamos a poner en claro una cosa: Esta dama que recorre paal a paal mi blanca piel no estaba aqu el otro da. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella se mir las uas, se las ponder. Decididamente estaba bien esa luz. + Es comprensible que una mujer se haga cargo de un hombre permanente bajo la luz de una lmpara de luz infinitamente mortecina. En todo caso, la blanca luz mortecina no es la orden expresa para que una mujer tambin blanca pero en todo caso rigurosamente bella, se haga cargo de nosotros. Al menos es necesaria esta compensacin. Se le haga adems partcipe de esta compensacin, y que en la cumbre del quehacer solcito se haga cumbre igualmente el papel cumbre y la palabra cumbre, y sea inatacable la propia enfermedad revuelta y operativa en el sentido, y la milagrosa captacin del sentido. Ya sea porque desnudo haya comprendido que est cubierto l de pesadas mantas y pesadas vsceras. Una mujer as puede sonrer a placer, disfrutar a placer con
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con el paladar del ms mudo entendimiento. Y es posible que el movimiento rpido que lo alce a l por encima de l mismo, dejando claro el aire por debajo de l, y el relumbrante lecho blanco al descubierto, desvele un movimiento de su mano todava ms rpido, y aun ms rpido que el amarillo plpito que se desgrana en haces de trigo hediondo. Inatacable y desbordada la voz del mrtir de cuya O martirolgica se desparraman los insectos negros y duros: una frase hecha de brazo blanco, hecha de blanco pan que los mantiene en recua final ordenados y gramticos florilegios infatigables inabordables incansable postn decimonnico: inatacable hombre de la vagina. Sin embargo, algo que no se aprecia a simple vista puede llevarlo todo a la ruina, llevarse al traste la complicada estructura del arpa y la mano gil llena de luz blanquecina. Y ms rpido que el todo una guitarra panzuda te trae el desayuno. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella se mir las uas, se las ponder. Decididamente estaba bien esa luz. + Las voluptuosidades estn en los sitios de enfermos. Yo precisamente preferira que acabaras con todos los oblicuos florilegios o que aquellos emulgentes circumagitures descollados se taparan, como cuas nubosas anodinamente cubren el sol. Especialmente hoy y maana. Pasado maana la buena resurreccin. E instalndote cerca del cielo por arriba del cuarto o quinto piso. Tener en cuenta tales procesos que puedan ser comun
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comunicados al hilo de una exposicin, por ejemplo, y especialmente sobre esas mismas metanoias. No te har bien llegados a la puerta ese atajo de cuerdos de Beln, evtalos, huye, adcelera et evade! Luego es cuestin de unos cuantos umbrales que cimbrean ms all bajo el palio de activos tneles gusaneros. Salvar las distancias en una media hora y llegado el caso sonreirs pero no por feliz. Ese vehculo de ancho porte. A tu lado un comodn esperpntico sufre la amnesia peripsmica que no slo produce la simple triple conversin que ya empezaran los antiqusimos seres(en tanto que como quien ose llevrselo de ah o para quien oye llover), y en la que se diluye la segunda opcin; l aguza en su lengua aquello y que hay etapas y que hay baches en cuanto lo diga todo lo que no es presuncin de una mnada en ancho reflejo bajo la campana neumtica. T me entiendes? No le mates si te ofrece una buena mano dale la tuya como buena dama hogarea! Para qu quiero llegar tan pronto a casa? Para revolver los profundos enigmas que el gua espiritual surja de nuevo de tu baldaquino de blanca loza por donde ha de revolver las santas partes pendientes. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella se mir las uas, se las ponder. Decididamente estaba bien esa luz. + Si te fijas en su cara es angulosa; pero fue redonda como el pan. Aquellas anchas y mullidas hogazas de pan. Acab metindose de repente en el interior. Y tambin sus piernas y sus brazos; aleteaban inservibles a los costados. E
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El otro, por ms que me lo mire, no representa en conjunto ms que un tipo vertical, erguido y orgullosamente escrofuloso. Posee un tintero de cobre y aquel almacn es su despacho. Cuando se le embota el cerebro decide beberse un licor. La especie, no lo s. Se lo traen de Jamaica, creo. Al menor roce sabemos que puede provocar un incendio. Apenas lo tocamos. Entre ella y l se levant una espigada torre que en su remate yace una cpula posterior. Podran pertenecer a ese tipo de personas que acostumbran a hablarse bajo una bveda monumental. A ella, como queda dicho, le piden pan. El ngel pintado trastea en el saco de un tipo erguido y vertical que airea sus mofas hacia arriba. Otros cachivaches se encuentran un poco ms alejados y el ngel temeroso no muestra curiosidad, por ms que los tratados le indiquen que ha ir hacia ellos. El mozo de abajo le dice murmurando abocinando la mano sobre su mandbula caballuna: el tinglado de los demonios despropsitos. Aqul recibe sendos golpes de un tercero que separa los cuartos traseros de su burro con frceps de campesino cubierto de xido de hierro. Dirase un chiste cabrn sobre el parto. Toda esta iglesia sube por verdes caminos. La mujer del tocado, por ejemplo, emplea la cerradura que engulle la mano. Los batientes adornados siriamente perdurarn siempre que se les d un barniz de vez en cuando, asegura el jardinero.
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envuelto en oro; ponder. Cogiendo un grande paal lo insert, salvaguard. + Metamos de lleno en el mundo tres o cuatro autocares abastecidos de nios. Limpios, recin peinados, trajinados por la madre solcita. La alcachofa de mam, dice uno de ellos. Un segundo vstago re tan complacido como enigmtico y pende piernas abajo su mochila y su carpetovetnico rey: Shakira. Tornasolado barniz y sus impresas manos de leche. Imprimidora voceras y escanciadora de flujos de la selva de los siete enanos y los restantes que la acompaan. Sea aqul u otro poeta no hay idioma, excepto el vasco, que no atesore lo articulado como cuerpo maduro aun siendo de corto tamao y el artculo banal de la mujer borboteante y su tirols venteo agudograve. Pero de esto y de esta no quera hablarte, dijo uno de ellos. Como la flota trotante se encierra en la niebla de la maana al interlocutor no le queda otra que escribir sobre el cristal empaado la encerrona: kosmos, as como suena. No le queda otra, eso u smosis, que es palabra que no acompaa hoy. Pero no anduvo mucho por el tiempo para demostrarse a s mismo, y a los otros, que enmudeca a pasos de gigante. Total que esos ciento cincuenta cenicientos nios se dirigen a un museo. El mudo a fin de cuentas deba pensar cmo el gran vehculo csmico echaba por la borda a esos numerosos huevos hediondos. No a ellos sino a su hedor; al igual que el reconocerlos, y no los ojos. Podran ser muebles y no lo son. - Entonces la mujer se sent delante de l en una si
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silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella bostez mostrando granos de arroz, un diente envuelto en oro; ponder. Cogiendo un grande paal lo insert, salvaguard. + Qu callado te lo tenas! Veo un camino que lleva hasta la fuente. El patio sin embargo se abre a diferentes escapatorias, pero en su centro se concentra un olor que provoca reflexin. El agua fluye azul y fra, rpida, de la fuente: la cabeza de alguien. Ms tarde, un dinmico almacenamiento, que tuvo que haber empezado en alguna parte, partido en dos como el enorme culo de tu madre, desciende lgicamente en pendiente hacia una jabonera y un estanque de peces vivitos. Al fin de cuentas estamos prximos el uno del otro besndonos. El beso es sincopado pero se prolonga, la causa, por la dulce meloda de los dientes entrechocndose. Admitamos que ambos nos remos. Yo le digo: lo que est recubierto por un efecto denso, opaco, no puede servir de eslabn hacia la causa que necesariamente buscbamos incorporar. Te das cuenta? Fjate si es casual precisamente que nosotros dos nos besemos, riamos y conversemos en el mismo tiempo y lugar. Esprate!, contesta mi amada. El efecto es un viajero que logra fugarse primero, y en la estacin ms prxima cree hallar la primera causa. En la segunda estacin, la segunda causa aparece junto a dos o tres maletas de cuero y ceidas de un correaje amplio y antiqusimo; y as sucesivamente. Quin cubre las espaldas a quin? As que me apresuro a descender por la misma primitiva pendiente hacia un lugar erticamente llano. Con las uas de los pies sesgo una hermosa rosa. As
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As son tus labios. Pero ella descubre que lo que ms me gusta de ella es su limpio pelo rubio: qu callado te lo tenas! - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella bostez mostrando granos de arroz, un diente envuelto en oro; ponder. Cogiendo un grande paal lo insert, salvaguard. + Poco a poco voy descubriendo mis ideales, mis pensamientos. Reconozco que no hay valor, que no tienen valor. El aspecto que mejor nos defiende es la ruina de los valores que nos definen, y eso se entrevera con pedazos de carne. Pero mi apariencia es la de un dandi superior, inmejorable. Me di por enfermedad para siempre el no poder moverme de casa. A cinco centmetros de ella mi osamenta gira desafecta de la carne. Devulveme el collar de perlas! Hay teoras que presagian el tema desolador: hay esferas como las perlas, excremento incubado; o esferas mayores, huesos sin la posibilidad de terminarse, y carne sin la posibilidad de endurecerse. Por otro lado, los ideales y los pensamientos no pueden destacarse por su esfericidad, tampoco por su imagen. Hay pensamientos que son bolas plateadas, perfectamente esfricas, quiero creer; ten fe ciega, huevos que caen desde lo alto. Si son huevos no son esferas. Demasiada verdad encierran estas palabras. La gallina clueca echa su huevo a ras de suelo. No es una putefraccin en aras de un poder y de un poder dar valor. No es un apndice que busque el cetro inacabado. Esas puntitas por encima del crneo anguloso d
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de nuestro rey, acaso son los interminables haces arquitectnicos y estructurales de una bveda inacabada? Se cerrar algn da el oro sobre el hueso? Cerrar sobre l su estpido valor de capital? - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella bostez mostrando granos de arroz, un diente envuelto en oro; ponder. Cogiendo un grande paal lo insert, salvaguard. + Ayer obtuve el deseado permiso: salir a la calle con la corbata nueva. La introduje en el interior de mi nueva cartera de cuero bruido como el sol. Tambin ayer obtuve mi esperada visita. A dos pasos, me levanto y doy con las gafas. Ese ligero movimiento es molesto, y un libro importante se despanzurr arrugando pginas determinantes. Est bien as? Sabe Dios qu cara no pondra ella, mi angelito! Recostado tendido tranquilo bajo el dosel me hizo una severa mamada. Me haba llevado como/cmo una serpiente ve por los rastrojos qu dices? sin poder apenas acabar la frase el libro invertido parresia general captulo one Me he incorporado por una circunvalacin perdida pero estaba tan apartada de la ciudad, nest-ce pas? Pareca todo hecho como si todo fuera hecho. Lo siento cario, nunca ms volver a llegar tarde. No te consumas por ello. Descorcha la botella. El espacio permite que en X se empiece algo y en Y se acabe. Luego se olvida. La finalidad es lo principal. El espacio se abre como boca y enca. A pesar de esto que me ests contando nunca ms lle
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llegar tarde, nunca ms llegar tarde. Ella se levant con las bragas en la mano y dio un respiro al vino. Te acuerdas? Qu puta cabeza la ma!, dijo el notario. Al entrar en su casa supo de inmediato que estaba firmando su sentencia de muerte. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella bostez mostrando granos de arroz, un diente envuelto en oro; ponder. Cogiendo un grande paal lo insert, salvaguard. + Nada me es ms satisfactorio que hacer justo lo contrario. No hay nada ms fcil. Por qu ser? A m siempre me han vendido la idea de lo complejo que es que funcionen las cosas. No es un camino de rosas, sabes? Eso oigo. Cada una por separado, las piezas de este mundo, son bestias hambrientas. No digamos que su agresividad es enorme. Manso cordero es si las juntamos, y si la disposicin de todos es la correcta, en serio. En qu aspecto? Recabemos, amigo mo, en el mbito de una clula. As fue cmo nos sentamos ese penacho coronel y yo. Frente a frente; con el mentn caballuno en alto como una bandeja que se ofrece. Es posible que surja el tema de la mnada, pero qu tiene eso de real? S, porque el texto ofrece una posibilidad redentora a un sujeto cualquiera. Es decir, que redime por exactitud, es preciso, veamos, s, pero su desarrollo no es tan flexible como la realidad. Se trata de operar, de ciruga! Mostremos ese comportamiento aburrido del escribano exhausto, enfermo, postradete. El amigo inocente avanza inflexible sobre la ho
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la hoja en blanco. Esa brisa ligera que roza el papel no es ms que un aliento pasajero, los intestinos no paran quietos, etc. El coronel del penacho erguido por la tensin del discurso se deja caer sobre el respaldo del silln. Pero a m me recuerda a ese monigote esqueltico que pint con tanta ternura Czanne. Un tipo bajito envuelto en una potente ligazn floreada. Usted tiene un prurito, prosigue el viejo fortn, el individuo. Por qu no? Pero cmo es eso? Se pasea enfermo? - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Y l apretaba y ella aflojaba tirando hacia all. Los bienes, pens ella. Ni siquiera un algo que pudiera yo mirar relajndome, salvaguardndome. Apart el bolso y un paal se despanzurr. + En realidad me han encasquetado un sudario color crema. Mis ideas no son socialistas, amiga. Pero permtame decirle que a m eso me importa un bledo. Me paseo semidesnudo, no es una vergenza. Dijo el mdico: deje que los pruritos se aireen, entre en el jardn, inspeccinelo. Me acerco a la gran dama y le susurro muy cerca del odo: quiere algo de m. Claro que no soy un clarividente. Pero cuando se marcha se re. Lo hace todo al mismo tiempo, el seor acrbata. Merece todos mis respetos, es prudente, y no veo a nadie ms rerse. Mi cuerpo est perfectamente. l dice: oxigene la chola, o algo as. Es posible que ya no comprenda nada? Cuntos aos? Todo est embrollado aqu dentro. Pero por qu no? Es mi gran estilo. La barahnda y la velocida
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dad es algo que se confunden fcilmente. Si pudiera estarme quieto siquiera un instante. Qu posibilidades hay de eso? No me quedar mirando al techo o a la pared. Me gusta caminar, no crea, pero me importa un bledo caminar. Eso se lo puede creer tambin. Y al fin y al cabo no espero que un ngel venga a rescatarme. S, alguien como usted. Deme su mano, se la besar. No me gusta rozar las nalgas en el estanque pensando que un ocano guarda para s semejante profundidad: por qu iba a lavar mis partes en esa agua ptrida pudiendo sumergir el cuerpo entero? As, que todo vuelve a la superficie? En fin, podramos probarlo. De hecho apenas duermo y siempre tengo sed. Slo que aqu estoy a salvo. No les voy a dar la razn. Pero es pura lgica. Estoy a salvo. Pero a ellos nunca les dir que estoy de acuerdo porque tienen el imperio de la razn. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Y l apretaba y ella aflojaba tirando hacia all. Los bienes, pens ella. Ni siquiera un algo que pudiera yo mirar relajndome, salvaguardndome. Apart el bolso y un paal se despanzurr. + Cuatro personajes son mucha hambre para una novela. La enhiesta ciudadela se empecinaba en lo tutelar y escabroso tras el fondo eclesial. Los seres de aqulla apenas se movan como si perdiesen de nuevo el tardo paraso. Dos ngeles de superior condicin fsica bajaban como ramas de agua por el ral sinuoso de una hilera de moho y escrfulas centelleantes a ambos lados de los sillar
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res internos. A la altura del seor del bigote silbaron prestos a denunciar la posicin de la dama lisa y llanamente compleja. El portn de roble del centro sube como un pozo abierto: una inmensa creatura abre sus fauces y las mantiene francas como el tibio interior de un templo pagano. Sentado junto al pozo, otro, el ensimo imbcil, habra pernoctado, puesto que as me lo pareca, all cerca, bajo un grifo, y en mangas de camisa. Su cara era del color de la aceituna y su semblante perteneca al seor de los resquemores eternos bajo el olivo. No significa mucho, pero todo el mundo quiere abrir la boca cuando un privilegiado ser anda en esa bsqueda de algo que consuele. De momento a l, o a m, o a quien sea, nos consuela que en la superficie de este ocano seco, cuya solucin sea es el sntoma de una alegora prxima, o simplemente una contraoferta, todava se encrespen las cosas; pero blandamente, unas ms complicadas que las otras, unas ms abiertas y cobijadoras que las otras; pero ardientemente como el tejemaneje de la guarida de una seorita de compaa de Pars. Y en el fondo tambin nos consuela que anden hurgando en esas puntas de lanza, en su promesa de flancos estremecidos, los suicidas y tambin los imbciles. La dama lisa cual polilla, el abdomen de lo ms encrespado y puntiagudo, se embelesa bajo los rayos de una lamparita mugrienta. De todo ello har dos das. Porque un libro as no apetece, desde luego. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Y l apretaba y ella aflojaba tirando hacia all. Los bienes, pens ella. Ni siquiera un algo que pudiera yo
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yo mirar relajndome, salvaguardndome. Apart el bolso y un paal se despanzurr. + Francamente, no me apetece vomitar. Ah no. No bajo mis pies. Adems, puede que all donde eche el azcar, haya alguien. Alguien bajo la cama; de todas maneras es algo que presiento. De todo lo que se mantiene suspendido y a cuatro patas mirar siempre hacia el suelo. No hay peor noticia que erguirse. De esta manera siempre acecha el vmito. No es porque el suelo en su proximidad provoque un vrtigo. Nada es tan gtico como lo llano. Lo presiento. La compaa de Pars o la compaa de Jess? El dilema: construir casas o construir templos. nicamente templos. Volver a las cavernas y a las camas de pieles de oso, de becerro, de macho cabro. Incluso todo lo cientfico, lo tecnolgico, para su eterna expiacin, ponerse incondicionalmente al servicio de lo sagrado. Lo sagrado ha de estar de nuevo en su centro, del cual nunca debi salir, a resguardo, en los templos, en los edificios ms altos, ms tecnolgicamente preparados ante las desgracias, como la perla en la tenaz armadura de la vida. Pero, esprate: cmo planearlo, manipularlo y fiarse de ellos? Quines son ellos? La seora me mira con ojos profundos: hay que ver cmo eres, mi nio. Qu sabes t de lo francs? Le Christ assist seulement de sa Mre quil avait d, ainsi que tous ceux que lon torture, appeler dans des cris denfant, de sa Mre, impuissante alors et inutile. No es lugar ni momento. Es por ello que lo ms sagrado slo debera abrirse y realizarse por una voluntad que no encuentra lo que ha perdido. No, ni es el lugar ni es el momento. Aqu y ahora slo hay lugar para estos rasguos
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os, apenas centmetros de carne mutilada, rasgada; y su curacin. Todo es superficial, no quiero morir en lo til! Y t, como madre intil que eres, deberas soportar mi muerte intil y mi completo y complejo mbito intil! Quin se est muriendo aqu?, espet la gran seora. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Y l apretaba y ella aflojaba tirando hacia all. Los bienes, pens ella. Ni siquiera un algo que pudiera yo mirar relajndome, salvaguardndome. Apart el bolso y un paal se despanzurr. + Tambin para los que leen se abre lo urgente en lo banal. Urgencia y prescripcin esconde lo banal. No desde luego para una transformacin in situ. A una cierta distancia, se oyen los rumores y los chanchullos del jefe de lavandera y sus empleados. Un edificio aparte, arrinconado, de intenso rojo, carente de cpulas y techos abovedados como suele ser la norma, se resguarda de los temporales de granizo bajo una humilde y desvencijada uralita, colocada muy a destiempo y puesta a prueba constantemente. Los cristales de los anchos ventanales, como de fbrica, espejean ensuciados por una misteriosa e indeleble ptina, y no hay modo de tenerlos pulcros, aunque bien mirado, si se nos preguntase, todos sabemos que se limpian diariamente. Los muros a la veneciana reciben latigazos de la larga ropa que se tiende a diario. Eso es lo que se oye, en vez de campanas. Y las nociones y los conceptos tambin me sacuden como arrimndome a esa penitencia que se parece a una lavandera sucia. As pu
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pues, cerca de los nacimientos y de los renacimientos, a partes iguales, cambalachea lo sucio y lo limpio en direcciones tan slo opuestas en lo general, pero que slo los vientos y las grandes tormentas dirimen, por la justicia que les ha sido conferida, sin lugar a dudas, si se nos preguntase, no de una autoridad burocrtica y celeste, ms bien de una contrada y explosiva tumefaccin de la superficie erticamente llana por lo comn, si su reunin o conjuncin ha de ser plcida, o de ningn modo plcida. Tambin el sonido seco de una burbuja de lava: a todas luces es lo ms parecido a esa explosin mondica en circunstancias banales y prescriptivas que nada tiene que ver con un crimen, homicidio, asesinato. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Y l apretaba y ella aflojaba tirando hacia all. Los bienes, pens ella. Ni siquiera un algo que pudiera yo mirar relajndome, salvaguardndome. Apart el bolso y un paal se despanzurr. + Loados sean los grandes soadores del tiempo que loan la nuez enigmtica de la existencia. Entre lo sucio y lo limpio, lo seco y lo hmedo; ellos, que bajan, recorren, trepan por los mohosos muros del templo. Ahora bien, sucios y limpios a destiempo. No para celebrar fiestas se fragua en ellos la especie de higiene mortal. Lo que est sucio no puede lavarse. Lo que est limpio no puede ensuciarse. Tras celebrar los comensales no se revisten de la ptrida sensacin del regreso y del acuartelamiento. Como tampoco, ellos, celebran el advenimiento de la calle cu
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cuando salen de sus hogares, sea por precipitacin, sea por clculo. Pero tengamos en cuenta esos pruritos que se ocultan con la cerrazn y oblicuidad propias de lo enigmtico. En su raz dura, bajo la piel de los olivares, lanzan lenguas de fuego que no se extinguen. Una tierra ocre y seca del demonio no puede desollar los pies desollados. No me ha llegado a mis odos precisamente que aquel que se ocupa de los pilares que aguantan la casa no es ms que un vendedor de vehculos, y que los pilares, objeto de sus bromas infantiles, no son ms que neumticos? Que sobre esos sostenes slidos no descansan ni graneros ni altos establos; ni sobre ellos se elevan picudas torres; ni en la alta cima de la torre se aclimata contrita una princesa rubia concentrada mentalmente, cerebralmente, en su baco de trigo duro. No; all estaba ella, despellejada, atenazada, llorona, implorante; abriendo en dos haces iguales la flor de otoo, abrindose como un libro que de repente cae arrugando sus pginas determinantes. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Tambin lo mir a los ojos y dentro de los ojos cuatro pupilas extasiadas la miraban: dos homnculos ofrecan sus nalgas. Ella re. + De uno de los autocares escolares sali una tipa, algo progre en la indumentaria; le faltaba una muela, que durante un tiempo definido o indefinido se mantuvo arrellanada y tambaleante, y prxima a la campanilla dolorida. La clara y limpia voz tron vital hacia los mucha-
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muchachos. Pero si yo dijera, efectivamente, de uno de los autocares escolares, al abrir sus aceradas puertas, surgi una tripa, que tambaleante descenda, como ese conjunto de aros que se desplazan muellemente por una pendiente, escalerillas abajo con la inspida y desagradable blandura de la deshuesada carne. Un compacto grumo de nios se aglutinaba, como una masa de tomos desbocados, en los ltimos asientos de lo que pareca el cilindro humeante de un can obturado; indispuestos, aterrorizados. Unos cuantos ms corran por el pasillo; los menos. Uno slo, de carcter y personalidad titubeante y exuberante, respectivamente, blanda en su blanca mano de leche, como camino de travs por la transformacin, un grueso cuchillo de doble filo sanguinolento. No haba matado a nadie porque l mismo hincndose el cuchillo en el vientre crey hacer bien. O crey hacer mejor. Pero su pinta era de ese cretinismo peculiar que se da en las montaas. Ese cretinismo particularmente impermeable a los climas fuertes, duros, intensos. Ese cretinismo pertenecido por voluntad propia que pretende, desde una ataraxia universal, reubicar seres ya compactos, ya centrales, ya clibes, en los lugares ms inhspitos, all donde se brega simplemente con el camino pedregoso y la mullida humildad del campo verde. Luego, minuciosamente, fueron recogidos las tripas y las infectas excrecencias, como pruritos descolgados; y mucho ms tarde, cubierto todo de noche, los abundantes pliegos de vmitos, producto de la histeria de los restantes nios. - Entonces la mujer se sent delante de l en una s
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y l apretaba fuertemente algo blando. Tambin lo mir a los ojos y dentro de los ojos cuatro pupilas extasiadas la miraban: dos homnculos ofrecan sus nalgas. Ella re. + Hoy me han trado para comer un erguido bistec. Todo puede ser resuelto en unas cuantas horas cuando dejamos de soar. Los borrachos, los ebrios hogareos, y las ridculas damas de compaa, logran revolverlo todo. En la superficie, logran encrespar lo que anda a su vera mudo, solitario, sordo. Adems el espacio lo resuelve todo por ellos; se modifica tarde o temprano. El espacio se contrae, y al henchirse de nuevo, una fuerza, que no es de este mundo, devuelve el primitivo orden. El espacio, en este sentido, respira. Tambin los animales en esta lnea son imprevisibles, e inflan, expanden y contraen, todo cuanto puede rodar hacia sus bocas por la curva pendiente de la caja torcica flexiblemente coadyuvante y desde luego flexiblemente mafiosa que es el espacio. Son generalmente seres ridculos que miran hacia abajo y que respiran tambin, pero englobados por l; o sencillamente se automatizan por alveolos. Esto hace que el mundo animal y el espacio tengan esta apariencia de mueca rusa infinita. Y lo molesto de esta apariencia no es la carne esparcida en miradas de trozos extraos entre s, sino la organizacin que subyace, enteramente mafiosa, enteramente conquistadora. Tomemos por ridculo caso la vaca. Es el animal que transfigura mejor el espacio y manifiesta mejor que nadie su postura anti-apofntica. Aunque su aspecto es inocuo, pues se halla vaca de toda expectativa, representa, no obstante, la cumbre de la carne
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carne. As, a partir de este mismo momento, sea porque est soando, sea porque est borracho, sea porque tenga conciencia, y sta dirime en s la suerte de su propio espacio, intentar estudiar el comportamiento de la carne en el mercantilismo y juego del espacio. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Tambin lo mir a los ojos y dentro de los ojos cuatro pupilas extasiadas la miraban: dos homnculos ofrecan sus nalgas. Ella re. + Un da habl con el jefe de la empresa donde trabajo. ste me deca muy serio que una obsesin puede llegar al lmite; incluso a ofrecerse ella misma para ocupar un mejor puesto, o pedir ms dinero. Sus peticiones son ciegas, aseguraba. Pero, pedir ms dinero para qu? No hay nada ms intil que un hombre en manos de una obsesin, por pequea que sta sea. Acaso no te hemos dado arroz con leche? Y hacerse adems visible por esta hedionda peticin, a saber de qu ncubo prodigada! Le diste tu nombre y luego te olvidaste de ella, hasta el punto mortal de no saber a qu se dedica. No es un juego, no. Es que no te han enseado que la cosmologa, ontologa, es un antro; y de los peores? O te quedas con las flores de tu lirismo o estudias en profundad las ventajas del espacio de un Audi Quattro. Y fijaos qu cara pone! Como si no supiera de lo que estamos hablando. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Tambin
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Tambin lo mir a los ojos y dentro de los ojos cuatro pupilas extasiadas la miraban: dos homnculos ofrecan sus nalgas. Ella re. + El ms blando de los pruritos es como un angelote apurado en la yema de una flor y abrazado pasmosamente (dejando culo y sainete al descubierto) a la jeta montaraz de un diablillo oportunamente establecido en el extremo de la grgola rinconera. Es cupidez total esos tiernos y rechonchos miembros imitacin cordero. El otro, aparte de meterse las zurpias negras en la nariz, despelljalo de su lana y djalo todo caer en copos menudos sobre el parterre de un macizo de azaleas esponjosas. Si uno deja de mirar alto se preguntar por qu las mariposas se aglutinan en haz, y si no estarn celebrando un cnclave de una belleza extraordinaria. Por ms rpido que nuestros ojos busquen la prstina causa no prestarn atencin a la majadera batalla y defecacin de los antagnicos pequeos seres; y por ms que gruan y agiten los brazos, ah no va a haber nada que apresen los odos. Si me preguntasen, cosa que dudo, qu he visto realmente, por el progreso que ando buscando para mi alma, contestara que lo que he visto ha sido la redaccin absolutamente imparcial de la Constitucin de los Derechos de la Humanidad. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Tambin lo mir a los ojos y dentro de los ojos cuatro pupilas extasiadas la miraban: dos homnculos ofrecan sus nalgas. Ella re.
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+ En breve ser como los dems. Ni ms ni menos que una alucinacin, puede ser, o un terrible deambular al borde del abismo; con lo que queda sustancialmente de una vida que se ha prolongado sin hijos. Al no tenerlos el recuerdo se sumerge en el recuento de sus posibilidades frustradas. Estelas, fragmentos, condensaciones esfricas, retazos complejos, representan toda la historia pasada, slo que sta para dejarse entender se frustra a s misma, y desanima a los vstagos que la transitan; peor que eso, los estafa con el idioma singularmente creado por la prolongada exposicin al tiempo indeterminado de la avidez trmula y sincopada de la carne obtusa. Este farragoso trasunto que se llevan esos dos entre murmuraciones coetneas se resume bien pronto. En breve no ser ms ni mejor que los dems; pero lo que he sido se resume en pocas palabras: quiero ser ms y mejor que los dems. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella le mir la boca, y guiaba. Ella le mir la boca y guiaba, lindando la parte ms blanda con la parte ms seca: fonogrficamente. + Uno debe enfrentarse al hombre de los hombres para poder acceder a la mujer ideal, a la mujer de sus posibles hijos. Ese enfrentamiento es breve pero potente. Un caso nico en la historia de la humanidad. La mujer ideal, as se articula este cuento, es atrada por el hombre de los hombres, siempre por l, se deja encerrar por l, y abrir entonces sus hermosas y rosadas piernas slo por l. El tiem
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tiempo es un don, un regalo, un porngrafo. All donde el hombre de los hombres la site, la coloque, y se la proponga, ella abrir sus hermosas y rosadas piernas, y nada ms que sus hermosas y rosadas piernas. En el fondo, las abejas envidiaran semejante flor hambrienta, y en buena lgica, casi parlante, con sus buenos dos pares de labios jugosos. Ahora bien, el cuento aqu no se acaba, ese hombre de los hombres ha sido creado por los reyes ex profeso, coronndole a gusto o a disgusto, formndole en las ms amplias ciencias, dedicndole la bendicin de una mujer ideal por encima de l, que lo guarda, lo protege, le ofrece uno o dos senos, y lo ama por encima de todas las cosas. El cuento nunca acaba, no: ? - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella le mir la boca, y guiaba. Ella le mir la boca y guiaba, lindando la parte ms blanca con la parte ms seca: fonogrficamente. + No hay da que no hable con mi jefe; mas ste no tiene una empresa, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni mil. Hablar para m de sus empresas, pero stas no tienen nmero. Al otro lado de una empresa como narracin no se discute con el subalterno en estado puro. El subalterno lo es, y lo ser siempre, a Dios gracias. Al fin y al cabo, lo que el subalterno exige, macerndolo bien, si son ciertas las habladuras que corren sobre l? Un da hablar seriamente con mi jefe, imponindome, irguindome como un buen animal, aunque presa de pnico. ste me dijo, de repente, sin venir a cuento, muy enfadado, que una
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una obsesin puede llegar a ser un mito. No hay da que mi jefe no quiera hablar conmigo. Llama temprano a la secretaria, y le pide con un gusto libidinoso, si sera posible que tal tal tal se presentara inmediatamente en su despacho. Entonces, con un semblante de serio enfado, cuando este subalterno de gran galanura se presenta ante sus ojos, aqul mohnamente sacude la mano, y le espeta: realmente hay das en los que me lo puedo sacar de la cabeza. Entonces es cuando yo le digo: est usted un poquito obsesionado. Sin embargo, eso pasa pronto. Y yo me alejo; yo, que con mi galanura y mis botnicos movimientos de cadera, despierto toda clase de pasiones. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella le mir la boca, y guiaba. Ella le mir la boca y guiaba, lindando la parte ms blanca con la parte ms seca: fonogrficamente. + As es posible que entre todos hayamos formado un micromundo imbcil. Mucho ms imbcil e intil de lo que nada natural se impone a s mismo. Un micromundo absurdo y con forma de huevo: miscelnea de lo artificial y lo natural. Si aquello que se produce enteramente (es decir, guiado por la misma idea de su perfeccin) fuera natural, la esfera sera un advenimiento. En lugar de eso, lo maniobrado as, estrilmente, se convierte necesariamente en un huevo absolutamente imbcil. Un huevo de gallina ha sido inyectado en yeso. Despus, convenientemente eliminada la cscara, el huevo enteramente de yeso se pinta de color oro. Un artista
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escultor modela en barro dos obras banales. La primera de ellas consiste en el busto de un hombre distinguido, cuya nariz sobresale slida y prominentemente, smbolo de la confianza que se gasta un rtor, adems de consola. La segunda obra, consiste en el crneo color crema a imitacin del que Hamlet mantuviera en vilo durante unos minutos de reflexin. El artista escultor introduce el crneo en el busto, de manera que obtiene una creatura. Ciertamente, para no equivocarse sobre el sentido de la muerte, ambas partes son introducidas de manera que no altere las condiciones iniciales de la empresa: que la parte derecha conserve el porte distinguido de Virgilio en duda, y que la parte izquierda, el complemento reflexivo de Hamlet, sea visible tanto por su color crema como por su efecto premonitorio. Todo ello se liquidar pulcramente en amarillo de azafrn, y en las cuencas de los ojos, con mucho cuidado, se encerrarn, cual si fueran hornacinas con lucirnaga y patrn o santo bendecido, los huevos dorados del acontecer. - Entonces la mujer se sent delante de l en una silla: y l apretaba fuertemente algo blando. Ella le mir la boca, y guiaba. Ella le mir la boca y guiaba, lindando la parte ms blanca con la parte ms seca: fonogrficamente. + Al parecer, todos tenemos derecho a surgir variopintamente de la eclosin de una esfera. Y a cascarla por ella. Ella tena, inmediatamente, una cara de hogaza de pan. La luna es una artimaa al lado de eso. Sus cuatro labios me hablan en dos idiomas diferentes. No la he conseguido, y se escap finalmente, buscando su nidito de a
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amor. De la carne al cetro y del cetro al roble. No me lo puedo quitar de la cabeza. Si vomito lo har bajo la supervisin del jefe. Un nio en un museo de arte contemporneo. Todas las cosas deberan ser contenidas en palacios, iglesias y catedrales, y el resto, lo que propiamente se edific solo, y nosotros mismos, los presuntos constructores de lo intil, participar y amonestarnos entre la intemperie y la caverna. La fuente de la felicidad es posible: dejar que las cosas perfectamente intiles penetren en sus templos, se atesoren, se acumulen y se distraigan en la comunidad de lo mutuo y recproco. Slo al cabo de un cierto tiempo sabremos si a ellas les conviene devolvernos el favor que les hicimos.
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2.
Quin ms dichoso que un enfermo? Nada le obliga a tomar parte en la lucha por la vida, e incluso, tiene libertad para morirse. No est obligado a sacar conclusiones de lo sucedido durante el da a fin de adaptar a ellas su comportamiento, tiene derecho a proseguir elucubraciones, encerrado en la autonoma de sus pensamientos, puede pensar deductivamente, puede pensar teolgicamente. Hermann Broch
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[24] ya, pero esta ltima parte no me ha quedado clara del todo..., dijo el todo rugiente que hasta entonces se haba sentado en una crujiente silla de mimbre la que bueno dice ella que no le extraa que quiera ser novelista o que a usted lo haya tomado por quien no es: no es de extraar, se inventa a cualquiera. No tiene conciencia del mundo desde hace treinta aos; y vivir en una habitacin cualquiera le ha provocado alteraciones de la imaginacin no sabe si graves. Oh, Dios mo, por qu me resistir tanto a su desintegracin personal? Ver, cuando yo tena trece aos, y mi hermano quince, salimos disparados por el parabrisas delantero del coche de mi pap. Mis padres, mi pap y mi mam, murieron en el acto. Yo sal perfectamente librada, como si no me hubiera pasado nada; ilesa (monda y lironda). l pareca, no obstante, un recin nacido cuando sali del coche (el otro arque las cejas y pens por un instante en el Neonato). Sin conciencia clara, en el poder ser de lo sucedido, el hombre tendido empez a hilvanar otro tipo de tejido. Ay, seor!, cuando en la distancia alguien nombra a un Rey o a una princesa, qu debemos pensar en realidad? Se imagina qu debe pensar l? El otro ponder de nuevo la situacin (y un tanto las piernas rechonchas de la mujer): su hermano no es un modelo, es igual a nosotros, no le parece? Qu le hace ser diferente a nosotros? Dijo el tipo, como un mono de repeticin, dijo el tipo, como un mono de repeticin, dijo el tipo, como un mono de repeticin, claramente lo dijo as el tipo, repitiendo. - Existe toda una serie de cosas que no pongo en duda. El accidente de automvil fue provocado; tratando de esquv
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var a un perro. Que nos esquivara el perro fue una circunstancia ms. Soar en eso es una ingenuidad: los perros no son criminales. El otro mir las rechonchsimas piernas de la nena (no tan nena, mujer entrada en aos, pero que conservaba la belleza casi incluso, y pese a ella, pese a los dems, como su propio marido, que la mira todava con ojos de explorador) que asinti con la cabeza milansima los ojos furtivos de una santa. - Despus del tremendsimo accidente usted y su hermano fueron recogidos/acogidos, y atendidos, por un imberbe pastor que en aquel momento cuidaba de sus cuarenta vacas que iban a la postre a lo suyo (suponer suponiendo supone haberlas dejado en la cuneta de la carretera), y mientras la filigrana de los primeros auxilios, y el entrecabe-remolque del audi quattro, las vacas parecan haber sido conscientes, de algn modo que a los humanos se nos escapa, del desastre. Pero el pastor requerido aseguraba que no se inmutaron en lo ms minino apareciendo siendo (una pareja de policemen que se pareca mucho a la guardia civil) les increp nerviosamente: A ellas que ms les da todo lo ocurrido! Muu!! Muu? -Haber empezado por ah porque las vacas no dijeron ni m!, exclam la seora dejando un deje de rosas de intenso perfume en el gesto rpido y repentino de un ojo. Sencillamente seora ma, enrojecida, puesta en pie, sacada a hombros, cueva del Sina, monte Venus, al revs, fueron atendidos al revs, monte del Sina, cueva de Venus, por un mdico militar, verde, traje verde, blusn blanco hasta los tobillos, y un agrimensor, en todo resbala
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ladizo, almendrado, o moruno, igual al primero, seguramente igual de mdico militar; no es cosa de poca monta, un gabinete de abogados, un gabinete de abogadas; subieron, treparon, sin duda tropezaron, culminaron. La seora prosigui su nefasto relato: le haban afeitado, pintado unas lgrimas con el negro de un carbn, embutida en dosel y cajn, ferviente; y fervientes los troneros, temblequeaba el conjunto, y el conjunto suba hacia arriba, barriga, vagina, labios, boca y pies. El poder creativo de la muerte: los mofletes inflados. Cuando acabaron con ella se deshizo del aire, un pestazo de aliento que tumbaba de espaldas. Su hermano sac la misa conclusin (m): vea usted, dijo el tipo; dijo que los mdicos militares llevaban (en eso son nicos) los zapatos ms limpios que l hubiera vista jams (tristemente estamos hablando de algo ya pasado, muy pasado). Cmo deca? S! Charolados en vez de acharolados; superlimpios, en vez de simpliciter; no obstante (semblante muy serio) caminen por barrizales; eso tambin me hace pensar que las obras pas de los mdicos militares no son corrientes, dijo su hermano en repetidas ocasiones). Crnicas de la cinaga primordial. No son vulgares. No son corrientes. (Paramos aqu estoy exhausta/o? Un cafelito? Por qu no? La cafetera a punto de reventar. Mucho humo. Mucho modelito. Qu vergenza! Pero, por qu, mujer?) [25] Aquella mujer de tanta elegancia con sombrerito afieltrado se preguntaba si el seor que tena enfrente no se
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se haba vuelto demasiado sensible. Mi hermano es un borrador. Qu dice usted? Es un borrador, seora, lo ms parecido a un borrador, seora. Volvamos a su cama! Tambin recuerda que estando su hermano prcticamente baado en sangre nadie le prest la debida atencin ni a su edad ni a su provenzal (potencial, debera decir), dejndolo enteramente a su libre albedro en uno o en dos aspectos, sin contar para nada con los ltimos adelantos que se haban producido en Medicina, en Biologa, y en Transporte Urgente, que fueron los que fueron. Tambin la Institucin se apart de l. Qu fcil. Una hermosa enfermera, continu l, siempre con el mismo semblante de porquera, muy guapa, tan peripuesta y afectada, que pareca una princesita, lo limpi a fondo (desinfectando casi las entraas) con algodn fino de cachemira, dejando a la postre una rosadita piel, y aplastbale sus ojos en l, en sus ojos, una mirada reflexiva. (Ambos tenan la piel rosada y la mirada reflexivana es algo que deba ocuparnos.) La enfermera, reamamant, renutri, realiment, a ese loco misntropo durante siete aos, ms o menos, l ya cumpliendo los cuarenta aos de edad, tanto como pudieron sus senos, manos, su cerebro munfico, generoso. Imagnese los efectos! Totalmente desproporcionado; cuando le susurraba al odo: mi nio es una monada, mi nio es una monada. Luego, el silvestre interlocutora, derram prcticamente ociosa cada uno de los detalles acerca del paciente y su aplastadora. De ambos haban parodias que congelaban la sangre. Cmo consentir concretas mutaciones, transfiguraciones? Eso es doloroso, no le parece?
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Imaginmoslo en la cama, apartado a un lado de sus blanqusimas manos. Observemos su rostro helado, inexpresivo; los ojos tenebrosos, concentrados: manifiestan un extrao clculo mental. Silba sin apetito. Aquella tarde, al verlo a l, a ese pequeo hombre (elefante), se previno: veremos lo que podemos hacer, veremos una cara nueva, veremos dnde tengo el coraje; hizo un gesto mundialmente conocido, y ya armado, lo machac. Es un juguete? Cabo de buena esperanza! Un barquito? Se cie a la costa, la persigue; perjudica el exceso, la fiesta, la verbena; perjudican los juguetes. Perjudica internarse en las costillas: parecen prisiones (lo ve?), internarse en el corazn de la empresa, en el hgado; y luego perjudica internarse y entregarse por entero a los intestinos. Slo tenemos dos formas de ver las cosas, seor, o tierra adentro, o mar adentro. Sin embargo, nos podemos ceir, seor. En qu medida? Imagnese, seor, en la medida ms propicia, seor, siguiendo la costa, seor, nos podemos ceir, seor. Nos podemos ceir a los lindes de la costa: a un lado o a otro de los lindes de la costa. Una lnea imprecisa, seor. Nos podemos ceir a la lnea imprecisa, seor. Carrileamos. Lado mar o lado tierra. En los lindes de la costa, como un funmbulo. A pie o en barquito, seor. El tipo mir debajo de las sbanas a ver lo que se coca, me cago en la puta, menudo mstil tienes!, dijo herida la se
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Seora campeona en todo, llevndose la mano abierta al rostro. Est en trance, doctor? El tipo, con gesto de saber lo que se haca, pos con suave mmica la deslizante mano en la cadera de la seora. Seorita, dijo, apartmonos. l tiene sus obligaciones. El loco misntropo clamaba por los cielos que le dejaran en paz: oprisiones, omisiones olargueros de aqu, en acuy 0quella horaa mam, mam, mam, oquella mam, mam con manoardor. Un trenecito circulando trontrontinando internando en tnel tan largo tan amoroso gusano, trontrontrinando tan largo tan amoroso cortesano. - No le obligue, tiene sus obligaciones Aprtese un poquito, djele aspaventar. Sin embargo, el tipo (en ningn momento osa decrselo a nadie) pens en esto, inclinando los bajos: est bien, el accidente de automvil es algo as como la familia; nos hace, nos educa, nos sorprende (acumulndose una a uno como uno admirado compaera en el frontispicio y como la bsqueda de una filosofa del desastre: Heidegger tambin deca esto mismo pero no de otro modo: nos apetece estar en un mundo abandonando el objeto no elegido?), nos levanta el nimo a medida que crecemos; pero entiendo que encerrado en una habitacin durante siete aos, la friolera (por mucho que altisonasen los pechos mullidos, de la catedral novicia, sobre todo resonantes y giratorios de la prince y ms dulce campanana, desproporcionado ha dicho usted?), con los sobaos cuidados del mundo y las atenciones que se le pueden procurar, incluso al ms privilegiado de los mortales, haya, l?, sin embargo, dege-
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degenerado, sin medida, en esa misantropa tan fuerte de olor, en ese odio, recuerdas ahora estos ojos, imbcil; y parecen brillar en el verlo como si le conociera(n) de antiguo, y estaba muy cabreado el tipo?, o ser que el poeta tiene razn, y los hombres por esencia continan despreciando erre que erre al otro (el otro hombre) (por poquita cosa que fuera)?; editando y justificando por la nica va abierta que se dispone, un atropellamiento, un accidente al caer por la escalera, un bofetn del patrn, uno a uno, una estrangulacin del pie derecho que por despecho de alguien... Creemos equivocarnos cuando cada uno de nosotros (a lo mejor continentes), no s...? El doctor apunt la palabra continentes en una limpia libreta blanca (en un bloc maravilloso); harto de semejante ssmica! Vuelvo a pensar en el neonato, cerebrn deca l, cerebrn del neonato, se cercioraba junto a la verja de que los obreros trabajaran a todo pistn; la casa se levanta, en ella pusieron a disposicin cuerpo, cabeza y ojos; se tard cinco aos en armar la casa, se tard la friolera de cinco aos en levantar aquella casa con garaje. Se tardaron millones de aos en levantar la casa. Cualquier casa es la gloria de Dios. Cualquier casa, por mal barraca o cuboide que fuera, barriguda, caravaning, en barrancal o en llano dcil, la casa del seor tard millones de aos en armarse belgera, carnvora, cualquier casa, digo, es digna de Dios Nuestro Seor. Nuestros das maravillosos pasaron por tu diestra y de ah se levantaron casas que teman a los vientos y a las tormentas, tempestades, porque cual susurro, o murmullo del seor, al odo de nuestras casas, preparaba sus cimien-
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preparaba sus cimientos, el seor, y luego los caballeros, guardaban sus doscientos mil caballos de explosin ciclnica bajo techo; puesto entrecomillando un milln de aos de argumento, puesto de escucha, primeramente, puesto de odo y de antorcha, secundariamente, puesto como un kiosco al lado de su catedral, en el terciario. Puesto Kiosco, casetn, a barlovento de la catedral. Puesto improviso de perro boca serrucho, en los mil argumentos de una casa tan beligerante por dentro como por fuera; beligerantes eran los rboles, las azaleas, los rosales, las bayas jugosas abandonadas por las ardillas, a sotavento del seor, digna izquierda la cadera del seor, apoyada sobre la naturaleza, arpa de su estertor, seor. - A su vera tiene la calera, casita hmeda, dijo el doctor. (... nos hacemos llamar en conjunto HUMANID. A cada especie, a cada conjunto de lo vivo, en su asombrosa coherencia ante nuestros ojos; y nosotros mismos nos merecemos un nombre genrico. En nuestro caso, el conjunto de hombres, la subsuncin es catlica.) Lo quitan de ah a pedazos, prcticamente. A lo mejor para silbar delante de un frutero como Descartes, el doctor abandon la mesa en la que l y la seora elctrica... Poner al corriente/corrientes sobre/aplicar al enfermo, si es que el enfermo realmente lo est... Se tardaron millones de anos para amasar tan inmenso material beligerante en su forma, y digno del seor!! - Por lo que apesta a misantropa, le dijo finalmente, actitud feliz, precisin inmediata, a ella, curndose l precisamente en salud. Aprtese, retrese! Recoger esos fr
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fragmentos! Sin duda, le estorban para caminar. - No me importa ni remotamente; es mi hermano. Tengo hambre, pens No he comido nada, manifest. Pero esta mujer lleva un paal en el bolso! Y eso? Nadie me va a creer..., bueno s..., al menos tengo esto... Oiga! Y cmo se llama el anterior? pregunt el doctor perturbando/casi ocluyendo la huida de la mujer que luego tuvo que girarse como si noriase. - Sabe usted cuntas veces hemos cado en el mismo error de nombrar a las personas delante de mi hermano? Un error, y un error tras otro. Muy caro y lamentable... No se tendr jams conciencia de lo mal que le sienta. El disgusto es inmerecido, por tanto. - Entiendo. - No se lamente. (Estn los dos muy erguidos en el pasillo del pabelln. Dirase dos rboles milenarios plantados en el pasillo del pabelln. Un escenario ocioso en realidad el enorme pasillo del pabelln; enorme y vaco, donde juegan las luces y se balancean los blancos velos; la carne est pintada y el movimiento es una perturbacin inmediata, irresponsable, temeraria, terrorfica. No hay en el mundo nada ms cuantificable, visible, observable, ni nada que fuese ms rpido: los felinos compasivos, registrndose, incidiendo el espacio de pelo negro, ociosamente en el pasillo del pabelln, que cruzan y recruzan el pasillo inmenso, los blancos velos se estremecen, del pabelln. Abierto y singular, diferente, alveolar. La carne est pintada de rojo, de amarillo, de verde. La carne de los felinos es el azul del cielo para los mi
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misntropos; y la piel oro trigo me simboliza a m que es la desfachatez, reflejos de oro y dedos cruzados, sobre todo en los trajes, de los propietarios del mundo. La luz cerrada, concentrada, sumergida en el pasillo del pabelln, alcanza por la cola a los felinos inquietos, veloces, rapidsimos, pintndolos de azul, verde, naranja: cromocracia.) Mortificando a los hombres, requemndolos, se creyeron comunicantes sin razn alguna. Cegadora luz de mierda: cmete mis mil cerebros! Obcecada luz milenaria: he ah que donde t no ests se crearon, dejndose arrastrar hacia el fondo, seres insondables. Quin los cre? Pues la atmosfera no lo advierte. Pero qu sabemos de ellos? Su pueril promesa de profundidad? Para qu tienen ojos los que tampoco te ven! Y los tienen! Qu pudo haberles cerrado el camino al esperanzador espacio que t abres, y por qu se alejaron de ti? Acaba ya tu tornasolada luz, murete, maldita sea! Slo as callarn las bocas y slo as zumbarn las moscas como poesa sin nombre al odo! - Cmo grita!? - Es tpico. Le hemos introducido un tubo por el intestino. As creer que lo hacemos callar. - Esa manera de echar pestes por la boca me pone de los nervios! Dice las cosas ms imbciles en ese registro literario que no soporto - Seorita. Alguien le tiene que hacer callar. - Ya entiendo [26] - Dgame, seorita: cmo era su madre?
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- Apacible pero idiota. Tranquila. No entorpeca nada; pero profundamente idiota. Muy espacial?, no lo s. Tal vez temporal. Creo que tampoco. - Ya entiendo - Imagnese un libro - Cmo? Silencio. - Su hermano piensa lo mismo que usted? - En relacin a mi madre? - Por supuesto. - Mi hermano es una persona muy astuta. Se sienta ella en una silla. Y luego el mdico, digamos. Pabelln de verde profundo, de verde menta, tal vez. - Estamos solos. - S. - Al paciente lo estamos examinando, y luego observando. Es as como procede la ciencia. Yo tengo un despachito a las afueras de B***, no muy lejos de aqu. Estoy casado con la mujer ms bella del mundo. - Cmo se llama? - Como usted. Se llama como usted. - Mi hermano me deca que era una bondadosa enfermera, bondadosa auxiliar enfermera; con estas palabras. Y cada vez que me hablaba daba la sensacin de ir armando un libro inconscientemente. - Se lo dijo a usted? - Efectivamente. - Cuntas veces? - Muchas veces, estoy convencida. - Y realmente es usted bondadosa?
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- Qu pregunta! - No, no, en serio, es una magnfica pregunta. - Lo dice por mi hermano. - Lo digo por los dos. - Aqu hay mucha paz. Puede que diga cosas que ni yo misma pensaba. - Lo sabe a ciencia cierta? - No pienso, amigo mo; desde que tuvimos el accidente no me atrevo a pensar. - No quiere recordar - No quiero pensar; lo encuentro injusto, de mal gusto, sin inters. A nadie le preocupa lo que piensen los seres que han sufrido un accidente. - sta es la parte ms bonita del libro? - Cmo dice? S. En realidad, s. Es la mejor par-te. Es usted muy directo. - Antes le pregunt por un nombre - No le habamos puesto ninguno por supuesto. Bastaba un bonito movimiento de cabeza para que l viniera inmediatamente. Es un bonito nombre; sobre todo para el que es completamente ignoran-te. - Querra meterlo? Pues mtalo. - Por qu? - Meta el nombre o se lo digo yo: filantropa. - Est usted seguro? - No seorita, no. Usted no tiene ningn inters. Lo sabe de sobra. Usted sobra en este asunto. Pero deba cerciorarme. Yo le deba decir a usted, seorita, un par de cosas: es la tradicin, manda la tradicin. Tambin creo en la ciencia, pero eso es lo de menos. Hay una tradicin ci
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cientfica, sin dudarlo, prctica, pero luego est la filosofa. Hbleme del libro; y luego si quiere, puede marcharse. Es intil pedirle que se quede. (de momento hemos de creer en la fuerza superior que tienen los baos de agua de mar en las pantorrillas, y el barro de azufre en los genitales) (prescinde cuanto puede de los coloridos trasplantes y traslaciones infantiles que se suceden cuando llega el fin de semana) (de verdad se puede explicar todo por toda proximidad?) (diez segundos me sobran para darme cuenta de que esta novela no vale nada: cmo se titula?) (Ella debera darse cuenta de que no es buena la presencia ininterrumpida de mdicos militares, ni su entrada marcial, ruidosa, en el escenario de por s asfixiante de su hermano; trataramos mejor de algo buclico y pastoral, total, local, regional, una propedutica: herencia familiar) (el mundo de los hombres est desquiciadito, es pura materia excredemencial; ni la pureza del colirio me repone) (estamos hechos de nada) (memoria del tiempo, o accin directa sobre l: recapitulaciones, recombinaciones, jerarquas descabelladas, y estados que parecen subyacentes) - Son los pruritos de mi condicin; soy un profesional. S que no me cree. Pero l va a desaparecer. - Lo dice como si mi hermano fuera un prosista. - Lo es. Y lo seguir siendo. Tiene una misantropa muy fuerte, muy devastadora, galopante; muy tonta: dura un in
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instante. - Del libro no s nada. - Lo sabe todo. - No, no s nada. El pasillo del pabelln se azulaba cada vez ms. - Por m, como si va desnudo por la calle. No para de hablar, desmaado. Es un payaso. - Por dios, seorita! Cuidado!! - Uf, de poco no me mato! Son los escalones. Ah, por cierto! - Dgame - Yo de usted, le dira a ese zoquete, que le confiera a su obra un tono menos partidista, y que rompa su pedazo de mierda en captulos. A lo mejor as sirve. - As, lo har. - Muchas gracias. Vio el muchacho cmo se alejaba la muy guarra. Vio el muchacho cmo meneaba las anchas caderas. Vio el muchacho las sacudidas y las zambullidas. Vio el muchacho el pelo alborotado: ella haba venido con un lindsimo moo. Qu cosa ms bella. Con el moo roto se desparramaban verdaderos bucles, tambin azulados; verdaderos bucles con un destino final incierto. Luego negrsimo pelo. Vio el muchacho lo muy hija de puta que se puede ser tras triunfar, y sacudir de los laberintos los apretadsimos problemas. Nada acaba en solucin: lo importante es salir. La puerta de madera inmensa del pasillo del pabelln se abri como se le abre el cielo al muerto. Adis, vieja mierda, dijo el doctor, alzando esa poderosa mano est
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estilogrfica. [27] Hay un gato negro en el armazn del pabelln que se mueve con una elegancia inusitada; en fin, no hay una medida exacta, pues todos los gatos deberan acudir a todos los congresos, a todos los seminarios. Tienen los gatos el don de prescindir de los verdaderos tipejos. Y yo?: Yo soy un griego. No lo ves? Mi nariz es angulosa, mis pmulos estn perfectsimamente marcados, soy un guardin, recelo de los intrpretes, no me gustara que un romano me quitara el alma; voy a todas partes envuelto en un curioso manto blanco. No soy tan imbcil como crees. La verdad es que me muevo bien, y soy muy diplomtico. Mis ojos son azules. Tengo manos de pianista pero no toco el piano. Aunque debiera considerarlo. Me llamo como usted pero no soy de aquellos que le dan vueltas a las cosas. Me meto donde no me llaman, sobre todo vociferando. Es mi carcter. Largo como un da de verano. Siento la noche como el Dios que se retira desconfiado. Entonces procuro ascender sagradamente por el camino de la concepcin de arquetipos mucho ms elementales; dejo de lado las frases elementales; olvido el clculo. Simplemente: creo que no me asalta nadie. Hasta los criminales duermen! Por m que se pudran! Que se vayan todos a la mierda! Nada de eso es de mi incumbencia! Los hijos de puta son una tortura. Alejaos inmediatamente! Pierdo la nocin del tiempo. Llamo a mi chfer. Me lleva por la ciudad como si fuera un mafioso que ha perdido algo. Hoy no hay prostitutas para m, le digo. Bien, seor, me dice l; bien, bien, seor. Acabemos con esto, estoy harto. Como usted diga, seor. Gracias seor.
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- No hay de qu: pero dgame. Qu hara usted esta noche si? [28]No sabes todas las veces que entro en casa, o qu? Esta vez he sido mucho ms rpida que t. Ya veo, ya. Siempre quieres llegar la primera. Has estado en el Pabelln? S, a lo largo y a lo ancho. Te has mostrado al menos educado? Claro!, por quin me tomas, mujer? Por un maleducado. Bueno. Has visto a Aqul? S, lo he visto. Y se ha llevado el coche? Indudablemente, mi querida mujer. Ests muy guapa esta noche. S, guapsima. Salimos? Esta noche no. Ya he tenido suficiente. Magnfico! Hablemos entonces. Hablemos de la vergenza. Por m no hay ningn problema. Te vas a poner cmoda? No necesito ms que sentarme. Podemos follar y te lo cuento todo. No ronronees! No he sido bueno, cario. No he sido bueno. Has vuelto a hacer de mdico? Tan pronto!? No me jodas! Hablemos de la vergenza, slo de la vergenza. S, de eso quera yo hablar. Veamos: vamos a poner en corchetes tu verdadera ocupacin. Ocupacin o profesin? Qu ms da! Es lo mismo. No es lo mismo, mi amor. Dame entonces algo donde pueda agarrarme. Hola amor. Hola. Qu nombre vas a ponerme esta noche? [vendedor y especialista de Audi Quattro]. No quieres que sea un famoso especialista de la mente? Un mentalista? Oh, no! Quiero que seas un vendedor de coches, y especialmente [vende-dor y especialista de Audi Quattro] Y qu ms? Hemos llegado juntos a casa despus de una larga fiesta. Sabes que las fiestas no me gustan, y me agotan. Te jodes! Pero yo he logrado que fueras. Quiero que sea la ltima vez. No quiero
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quiero salir sola contigo. Me das miedo. Cmo voy a salir con una persona que me da tanto miedo, que me da horror y pnico? Pero has salido con otros. Por supuesto: gente de bien. Y por cierto mucho mejor educadas que t. Oh, mi infancia ha sido un desastre! Me han tenido de comemierdas. Toda mi descerebrada y desocupada infancia ha consistido en hacer de comemierdas; siguiendo los pasos de las viejas invitadas. Y yo he respondido al diseo: ahora soy yo quien las meto. Si tengo alguna profesin debe ser la de metemierdas. Pero esa profesin no existe. Las profesiones existen o no existen! Yo me quito el protagonismo si quieres, pero aqulla es la ma. Con cuntos hombres educados y bienintencionados has salido? No han sido muchos, la verdad. Pero follaban bien? Lo suficiente. Nunca es suficiente. Te digo que lo suficiente! No me remolonees, gatito! Haz el favor! De comemierdas a metemierdas; pero si eso te gusta! Lo has probado tantas veces que ya no te acuerdas. Te has acostumbrado a ello. Hblame de Aqul, te lo suplico! Aqul no dijo nada! Pero, cmo es? Eres un imbcil! Esto es lo que me dijo cuando le puse la mano encima: estaba furioso, pero se tranquiliz. Tena un lad de ncar bajo las sbanas. Debajo de la cama, un perro sarnoso. No me haba dado cuenta. Y luego lo sac tirndole de las orejas. Nunca lo haba visto cantar en pblico. No me toques, capullo! Toma! Qu es esto? Digamos que la histeria colectiva. Mejor que el Fausto del Goethe. Toma! Y tus manos? Dnde estn tus manos? Un papel? Una especie de carta. La puedo leer? Tanto como quieras. Pero yo no me quito el protagonismo. Bueno
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Bueno, de eso ya hablaremos. No, no me lo quito. Dime, amiga, qu le habr hecho yo para que me insulte? El perro aullaba lastimosamente. Muy propio de los chuchos sin pedigr. Le puso mis gafas de leer. Se puso a rer como un condenado. Y se puso a cantar y rezar. Se quit el reloj, deca que le molestaba; moj el plectro, lo sumergi primero en agua, lo chup, y con la ua lo reba, quit muy finamente la escoria reblandecida. Se puso de nuevo molesto conmigo, tiritaba. Supongo que por la fiebre. Mete y saca, mete y saca! A tomar por culo! Ah te quedas, gilipollas! T, fllate a este chalao! Y as sucesivamente Con ms pena que alegra. Yo, por mi parte, me fui al vestidor, y me hinqu estos zapatos. Quise incluso desmontar la puerta para plancharme la camisa. No estoy seguro si fruto de una desorientacin. Por mi parte estoy satisfecho de que as fuera: naci expectante el dolor de pecho. Ante el espejo me abr la dudosa camisa, me abr la camisa hasta los sobacos, puedes entenderlo? Llevo un pual en el pecho. Quiero ver la palpitacin. Llevo un pual no ensangrentado en el pecho. Llevo en el pecho un pual atado a mi cuello. Y cosas parecidas. Aqu me tienes, bien afeitado. Apenas ya rozaba el filo dudoso en la segunda patilla, el perro se present con mis gafas para leer. Sabes que no leo una puta mierda sin esas gafas. Se me planta el chucho. Silba. Con los nervios me haba herido. El chucho me planta un pino en los zapatos. Entro en clera. De verdad que le rebano el cuello al chucho y me limpio el zapato con su lengua. En sntesis. En sntesis esto es lo que me pasa. Pero te voy a decir ms. Ni hay chucho, ni hay afeitado, ni hay nada. Porque en realidad, es
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es ms que dudoso que pueda realizarse. Veamos, esto te lo adelanto, por los viejos tiempos. No hay tal cosa, pero es como un algoritmo. Un algoritmo, una frmula que se inscribe fsicamente para una accin concreta. Y este algoritmo le sali una cua por algn lado, una mordedura accidental, para que todo se movilizara de la manera ms expresa. Siempre y cuando haya elementos marcables en el entorno. Este material a disposicin, por decirlo de alguna manera (puede ser cualquier cosa, un peluqun o un loro), se usa, se transforma en algo indeterminado para el objetivo final; no, quiero decir que se transforma, mediante los grados de la expresin en cadena, en algo expresable. Resulta ser un sntoma disyuntivo a la cadena completa. Al final acaba dndote las gracias. Es algo ms que eso. Pautado y general. Al final logra presentir la manifestacin de la expresin; y la transformar, si quiere, en una accin delirante. Una accin delirante puede conducir a un simple buenos das, o adis por las noches. Es algo que no logro sujetar firmemente. Se me escurre. Es un cdigo simultneo con la accin. Pongamos que el perro se me caga en los zapatos. Esto quiere decir, en la jerga algortmica, por supuesto: cuatro horas metido en mi despacho, salgo a comer, he conocido a una persona interesante, etc. No hace falta mayor mercanca. Un perro se caga en mi zapato logra ser una expresin mucho ms clara que todo lo dems. Ahora imagnate un hombre que no est en sus cabales, que canta sentado en la cama, que se acompaa con un lad, que me insulta, claramente insulta a un facultativo, etc. Qu quiere decir? Claramente insulta a un
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un hombre de buena fe. Y son cosas viejas! Puede pasarte a ti. Puede pasarle a cualquiera. Tan viejas son que pueden estar escondidas bajo tierra. Es el viejo dilema: o verdad o subjetividad. Y? Con todo, estamos despabilados y podemos hacer frente a lo que sea. Lo que de frente pueda venir. Pero no me tengas miedo, no cario. Esto est muy, pero que muy bien. Qu le has hecho? Hblame de l! Otra vez! No, basta. Aprtate. Adnde vas? A la cocina. No has comido? No he comido. He salido del despacho, he ido a ver a ese desgraciado. Tena intencin de pasar por algn comedero. No ha servido de nada. He vuelto a mirar a las putas como antes. He temblado. Mirndome las manos he advertido que me hago viejo. As sucesivamente. Pero la ternura no me rejuvenece. Qu diplomacia ha puesto mi despacho para que me muera de hambre? En todos los sentidos. Cmo lo establecieron? Supongo que a pasos de gigante. Pero en cuanto a la informacin: brilla por su ausencia. A ver esas manos! Te has cortado? T qu has hecho? Un borborigmo. Ha llamado aqul que buscaba las llaves del piso. Yo estaba en la cocina. De repente, me ha cogido el deseo de cepillarme los dientes. Cmo? Me he preguntado: Cmo, si estoy hablando con este caballero tan educado por telfono? Eso hay que mirarlo, gatita. Los celos me pueden. El muy hijo de puta me peda las llaves. Qu celos, gatita? Cmo se llama? No recuerdo. Es feo y bajito. Los celos, los celos, no son una cosa concreta, no son celos de primavera, de amor, de otro hombre o de otra mujer. Est bien, pasemos al comedor. Qu vestido me llevas? No es un vestido. Es un b
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blusn. Por qu? Es que te vas a meter en la cama? Qu don, me malhumoras. Ni son celos ni son gajes del oficio. A la hora oportuna no salen a relucir nuestras capacidades. Porque no podemos. Exacto, porque ninguno de los dos puede. Luego son celos y ms exactamente gajes del oficio. [29] - De qu te res, Borrego?, pregunt Antena. - Calla! Me das poca seal! - Es el aire, est turbio. - No dicen nada. - No dicen absolutamente nada. - No hay filosofa en ninguna parte. No hay oratoria. - De qu hablan? - De nada, ya te lo digo yo, de nada. - Cntame una cancin. - Y un cuerno! Ahora toca meterse en el meollo. - En el meollo de todas las noches. - Calla! - Te lo ests inventando. - Cntame un cancin, cntame una cancin - Te quieres callar! - Cuntame un cuento. - Hay un gato - S? - Tambin una furcia. - S? - Y varias veces. - Qu dice la furcia? - Nada, apenas se la oye.
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- Y por qu tantas veces? - l no quiere una furcia, l quiere una ternera. La otra no hace ni caso. Dice que no ha llegado hasta aqu para nada. l se pone a temblar. El gato se le ha cagado en el calcetn. Mralo! Est maldiciendo! Que se vaya!, le dice a la seorita. Es que acaso no le ha pagado un taxi?, dice l. Puede largarse cuando le plazca. Precisamente ella acaba de coger su telfono. - La furcia quiere al gato? - Lo ha cogido en sus brazos. Sin embargo, l tiene los brazos recogidos, no quiere saber nada de ella ni del gato. l quiere una ternera. Insiste en lo de la ternera. Yo conozco esas caras. No est diciendo nada bueno. - Se lo llevar con ella, verdad? - Si no se lo lleva es hombre muerto. - Estoy segura de que se lo llevara a su guarida de furcia. - Me estoy deprimiendo. No hay filosofa, no hay oratoria. No hay nada, tengo miedo. Hasta aqu para nada. Todo el mundo dice lo mismo. Qu esperan? Y ellos? A qu estn esperando? l est cerca de la pistola. Se ha metido la pistola en el bolsillo del pantaln. Esprate! Hace un gesto muy raro. Tartamudea. Tantea. Ahora est de espaldas. Cerca de la ingle, por dentro del pantaln, la pistola. Todo el mundo dice: no hay nada, aqu no hay nada, mi vida est llena, pero aqu no hay nada. - Si al menos fuera un gato con botas. - Pero no, prefieren gritar y sacudirse. Aqu no hay nada. Ni gato, ni furcia, ni ternera, ni comprensin. No hay filosofa, no hay oratoria, no hay subjetividad, no hay vida, no hay verdad. Quisieran esfumarse en la nada. Desap
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Desaparecer antes que conocer lo que comparten con los dems. - Los dems se cagan en ti y en tu gato. - Es verdad eso? - No obstante, sabes emplear los mejores trucos del mundo. - S. Por ejemplo: Antena olvida lo que es para recordar lo que fue. Fuiste muchas cosas para Borrego. Borrego se remite a esa inteligencia nada pasajera. Pero Borrego nunca tiene nada que hacer, y presagia en el pasado lo que pudo ser y no ha sido. Si Borrego ha sido amable con Antena, Antena no puede recordarlo. Simplemente, Borrego no ha tenido el coraje de anunciar una serie de transformaciones personales que oportunamente ha ido ocultando. Su amabilidad es tan falsa porque en el fondo ocultaba su nueva habitacin. Simplemente esas transformaciones no podrn ser nunca verificadas. En el fondo toda amabilidad es cuantificable. En verdad que la inteligencia es captacin de algo sentimental. Tambin es captacin de lo extraoficial. En verdad que la inteligencia es la sntesis del amor. Y en verdad que la amabilidad es sinnimo de casa ajena. - Atencin! Redoble de tambor! Y sta es la parte ms light del encomio! - Light? Te parece rebajado que la inteligencia est integrado absolutamente en el amor? Te parece absurdo que yo est tan enamorado? - Me parece absurdo, amor mo. Pero que as sea, puesto que debamos pasar tambin por este trance. Al igual que debamos pasar por el tema de la pistola. No pocas veces ad
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adems. - Menos de las que yo quisiera. Pero ya habr otras maneras de suicidarse. - Podemos compartir gastos. De todas formas, sigue sin quedarme claro hacia dnde nos dirigimos. Puede que estemos yendo en coche y hacia algn lugar familiar, para pasar el da. Y que todo esto no sea ms que el fruto de un movimiento condicionado. El pensamiento en estos casos es un antro. - Muy bien, muy bien, Antena. Vas comprendiendo. - No soy idiota, amigo mo. - Te quiero, tonta. Aunque slo sea por un instante. Luego desapareceremos. - No soy tan idiota. Es curioso este desaparecer. Suena a precisamente presenciar, estar, volver a presenciar, algo as como un espectculo lleno de muchsimo pblico. - Espectculo de nada, espectculo de nada! [30] Eres amiga de los folladores profesionales, cmo follan tus [folladores profesionales]? Te meten los dedos? Te meten el pie? Qu hacen con esa boquita cudruple y sensible? Te halagan con poemitas? Son prosistas, narradores, cuentacuentos? Qu hacen? No me tengas en ascuas. Te sacuden un cuento de navidad y luego el saca-mete? Es lo nico que saben hacer. Ah, claro, seguro que te dicen que eres una princesa! Una hermosa princesa eres. Te dicen, eres una preciosa princesa de cuento. Se ponen de rodillas y se hacen la rana/vctima. T has de besarlos, claramente. T, agua de manantial, fuente incluso de todos los deseos. Eso eres, claramente. Pero ellos no se dan cuenta con la suficiente cl
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claridad que son sapos. Pero ellos no se dan cuenta de que son viejos sapos. Viejos verdes sapos que huelen a viejos enmohecidos, a botas viejas enmohecidas. Est bien: te dir lo que me dijo el chico joven que andaba con Aqul el da de la famosa fiesta. Eso es lo que quieres or, en realidad. No te lo reprocho. Tal vez sea interesante. Venga, venga, necesitamos or cosas interesantes. No tenemos toda la noche! Un chico muy joven y muy guapo! Estuvo con l en todo momento. No se hart ni un segundo. Pero ms es Aqul. Un ser que atrae como la miel a las abejas. No lo digo yo slo. T tambin estuviste atrada por l en su momento. Propio de la atraccin, el alejamiento, el despedirse con pauelo blanco desde la ventana. Y ahora desatrada. Otro movimiento propio de la atraccin! No dices que es la vergenza lo que te atrae? No sientes una profunda vergenza? Acaso no es eso lo que dijiste? Yo tambin tuve vergenza, pero me ce exclusivamente a mi protagonismo. Es de la nica forma en qu me siento, cmo lo digo?, actuar por mtodo, eso es, en la comodidad de un mtodo. Con el cartn pintarrajeado tambin ped que se me diera la vergenza, y la obtuve en abundancia En qu me siento, sintate aqu, a mi vera, cmo lo digo? Cmodo a mi lado. - entre bien y mal no significa eso la vergenza? Entre bien y mal? Titubear, por supuesto : la lnea delgadsima que los cruza. - S [vendedor y especialista de Audi Quattro] estoy de acuerdo contigo. En todo, cario. No te lo tomes a mal. Pero yo estuve enamorada de Aqul por distintos motivos.
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- Motivos femeninos, supongo. - Los motivos que sean. - Y ahora, quieres besarme? - Yo, creo, fue porque saba escribir. Ella tom de nuevo la carta. Nadie escribe como l. Entonces vi a Aqulla. Y Aqulla me mir. Francamente no supe qu hacer. Aqulla me mir. Tambin ella arda. Las dos queramos lo mismo en ese momento. No te lo tomes a mal. No te enfades, cario. (Un estremecimiento de los pies a la cabeza, del cerebro bajando la escalerita de los nervios, hasta los dedos de los pies. Yo entonces pens que la proteccin de una espada es mi onanismo. Oh, entonces pens que mi organismo era la envoltura de una espada afilada con una historia muy precisa de sangre. Casi dos sangres. Dos sangres a contracorriente. Mi organismo entonces era el ro por donde suban a fogonazos los salmones.) T entiendes esta historia de salmones? - El salmn se sube a la mujer. - T deberas entender lo que significa la vergenza de verse trepada y mojada por el pez tenaz que quiere anidar en el cerebro; que emplaza ah sus dones, que derrama sus flujos, diminutas palabras. - Una sola palabra anima vuestras mentes, zorras! - Aqulla se equivoca. Es una mujer muy guapa, muy inteligente. Si est esperando el momento ideal puede que a Aqul se le acabe la paciencia. - Es una locura. Ests llorando? Te voy a contar la verdad, toda la verdad y nada ms que la verdad. No creo que eso vaya a cambiar la opinin que tengas acerca de la p
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pareja Aqul/Aqulla. A m me place Aqul. Me parece interesante en muchos puntos. [31] Apostara a que todos queremos seguir el mismo guin. La madre de Aqulla estuvo acertadsima. A ella slo le gusta jugar. Un momento de incertidumbre. Prcticamente la misma incertidumbre que se da en los asuntos ms serios. Un salto en el tiempo y en el espacio. Slo que aqu no lo vamos a hacer. No seamos vctimas. S, claro, estn ellos. Su chchara. Su combustible. De aqu para all toda esa carne. Y luego, mi amigo tuvo que bajar al stano. No deja de sorprender sus dones para entrevistar, operar, sacar ungentos, como un alquimista, pero absolutamente ms experto que nadie; se arrima insoportablemente a la era de la ciruga. Nada en serio, de verdad. Se va aferrando animadamente a la cepa de las tecnologas, de los catteres y sifones, de los frceps y los forzudos, que se abre progresivamente camino sin mirar atrs, hacia los viejos ideales y a los viejos idealistas. No hay que tocar nada o vendrn los criminales a dejar su huella. La carne se queda fuera o a cierta distancia. No queda ya mucho de las fuerzas gravitacionales. Se ampara mi amigo en su clula de cristal: la peor mnada que he visto en mi vida. Se recubre enteramente de goma. Dcese de l que se cubri de reportajes exclusivos, en la prensa diaria, para no verse envuelto de metafsica; ello se conoce, y tambin apostara a la contra: pertenecer a diario al conjunto de lo secundario, ser un mal actor. Que la madre jams acertara en la lotera. Que a ella slo le gusta juzgar. Todos los momentos son ciertos. Una broma en sus labios. Un salto sobre el abismo. Reanimar a los ma
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ms tontos. Esos hroes no comentan: tragan luz. Y por la televisin, una inmaculada concepcin. As mismo. Tal como lo cuento. No es un cuento. Lo parece, pero no lo es. A la persona a la que se le est a punto de extraer la vida y el alma (para que no queden restos del 2 2 persona en el paraso o en el infierno) a golpes mil detrs de una mampara; al pastelero que vemos muy temprano en el vindolo venir, a las tantas de la madrugada, con ese gran pastel que parece su propia mujer chillona (cerda, hija de puta), una millona de veces follada, abotagada, hinchada, ahuecada, masturbada de fresas; obra capital: huele que alimenta la muy zorra, incluso al otro lado del grueso cristal del escaparate. l aplasta su hermoso y griego rostro sobre el escaparate de la pastelera, sobre el escaparate (a diario) del condenado a muerte. De la misma forma, tras los cristales de un alegre ventanal, reza la cancin, l, el mdico, l, el gineclogo, l, el funcionario de la obstetricia general, saca, con mano firme y seco gesto, el inmenso esturin muerto y requetemuerto de la inmaculada concepcin; como no poda ser de otra forma, la vida se abre camino y tampoco mira lo que detrs se cuece: sea un pastel o una incandescencia de frreo metal mortal. Ya que no puede ser de otra forma. Al examinar posteriormente (acto reflejo, reflexin y posesin demonaca) tales solicitudes, los ruegos y lamentos de su hermana quedan cenicientos como cuentos de nios. En fin, siempre la misma conclusin: la carne queda lejos. Slo as la revolucin presume de comadrona, y de sacar nios de la guantera. l presuma de saber extraer los flujos suplementarios sin derramamie
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mientos. Pero todo lo de l huele a Francis Bacon. El pintor. El papa est muerto. Grita pero ha enmudecido antes de gritar. O es un grito mudo despus del enmudecimiento. Y ella est sola precisamente porque su hermano hace todo cuanto est en sus manos por bajar al stano a entrevistarlo. Necesariamente, porque l mismo trata de explicarse cada vez un poquito ms cuando tiene la oportunidad; era sa su ms sagrada profesin: - Entrevistar a un papa muerto? - Pintado y requepintado por Francis Bacon. - Ms por obligacin que por devocin, no creas. - Y qu hay de lo nuestro? - Ah, s! Los cuentos que te devoran. Pospuesto! - Pospuesto!? - Por supuesto; no te alteres vida ma. Lee la carta y te convencers de que soy yo un hermano cabal. Ea, por la plata bandeja en la cual empeoro soy Juan el Bautista! Por la trada ornamental y polinizadora, consisto en ser los tres simultneamente a tiempo de que me vean la trinidad cuando me despojo de mis vestiduras! Porque un poquito de angustia no te vendr mal. Acptalo, puta! Pero no te preocupes: tengo mquinas de superficie para proteger a los mos y dejar sin aliento a los suyos. Fabuloso depredador, sa es la irona! Patitas de jilguero, es muy fino l. Date perfectsimamente cuenta! - He interceptado, date cuenta, esta carta que le has mandado a tu bondadosa mam. Contiene una descripcin de tu amado/amante. Te imantaste a l abriendo las piernas o cruzasteis por casualidad? En la muy
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muy penosa postura tijera contra tijera? Mam, definitivamente tu hijo es un imbcil. No s si tengo que darte la razn o tengo que darme la razn o darle la razn a la Institucin. En fin, que no sabe tratar a la gente que no le plantee retos directamente, e indirectamente es intratable. Yo me pregunto si un reto para l consiste en asesinar - Oh, qu maja eres! Magistral, magistral. Tienes miedo. Asesinar a alguien: deje que piense. A quin? Deje que piense. Espero que sirva todo esto (el tiempo es oro) para elegir a la vctima. Tengo mis dudas. Siendo los tres Sera como un suicidio. T lo comprendes, preciosa. Mi objetivo inmediato es buscarte un novio nuevo, que tenga muchsimo talento. Un artista? No te parece? Oh, no! Qu lstima! Es posible que lo rompas. Estos artistas estn hechos de porcelana. Son de juguete. Pero puede que comprendan; s, que lo mejor es que crezcan flores en tu famosa vagina. Probablemente ni se molestara, aunque tiene mquinas de superficie para dejar sin aliento. Vale pues. Estoy harta. l dice que es un hartista, con hache, mam, de estar harto, mam: Harto, Hartista, Arte, Artista, es de ser gilipollas! Que pisa fuerte! No te dije: intramuscular, intramuscular. Patitas de jilguero, es muy fino l. Se ha inventado, dice, por aadidura. Intil! Estoy enterada, que s Estoy enterada. Hace ya mucho que estoy enterada. En definitiva, que slo se prod
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rada, que s... estoy enterada... Hace ya mucho que estoy enterada. En definitiva que slo se prodiga l y su problemtica..., y ese quator de mierda! Un cisma apostlico-romano para l solito; portavoz de una masturbacin gtica pero con unos cuantos renglones ms de cosilla sabida. No te fastidia! Sabes lo que me ha dicho mam esta maana? Me dice que interiormente se siente til, sano y eficaz, salvo que no tiene el propsito de realizarlo. El qu? Lo que yo llamo no tener cojones, mam. Podra hacer los trabajos ms sucios en menos tiempo que nadie, eso es lo que le sale en la superficie. No le molestara en absoluto hacer los trabajos ms sucios porque le salen perfectamente, adecuadamente, escolsticamente, ni extrapola ni generaliza lo que l llama su Santidad, su Sanidad, o la Santidad o la Sanidad. Y cules crees que son esos trabajos sucios, mam? Mejor que no te lo diga. l est realmente enfermo: lo dice l mismo! l dice: tengo la sensacin de estar permanentemente convaleciente en una larvada y bulmica realidad/cavidad; sobre todo cuando me llevas a esas reuniones de los de tu clase (cuando no conoca a nadie, de eso te serviste!). Ordinariamente los de tu facultad me parecen hombres y mujeres terribles (gimnastas de la mente) con algo escrito en la cara difcil de averiguar; ellos pasan por ser la adaptacin material del espritu, no te jode!: ni un puto cncer acabara con tus amigos: ellos lo controlan todo desde dentro, eso me espanta de veras (por eso dice que me enfrento directamente a l cuando acudo al laboratorio Coo, es mi trabajo!, no te parece, mam?).
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- Eso lo dije porque no encontrbamos tu brazo. No, mi vida, me dijiste, no mi vida, me he inventado por aadidura, no mi vida, no querrs enfermar, deja entonces que te mate! No mi vida, no puedo. - Yo nunca hubiera deseado tu muerte. Si acaso la del vecino. Pero sa es otra historia. - Estabas tan solo y yo tan asustada. Me dijeron que intentaste escapar. Se tiraron encima de ti en el pasillo del pabelln. Lo que no entiendo es por qu l, el ortopedista, te acuerdas de l?, te dej salir para asistir conmigo a la fiesta. - Supo lo que haca. Una fiesta de disfraces: lugar ideal. - Pero estaba con tu hermano. - Da igual, vida ma, renac. Fui convincente. Aquel renacimiento supuso la aadidura, la yuxtaposicin; otro traje ms de ingeniera. De repente me senta quirrgicamente competente. Blanda el escalpelo en mi mano derecha y con una pasin infinita rajaba y rajaba polidricamente a aquella inmunda vaca monstruosa que se sent a mi diestra. Fue el diezmo. La diezmillonsima parte de un -tomo de vaca peregrina. Al principio cre que haba centenares de vacas en aquella habitacin. Perruna vista, lobuna vista; nunca he sabido como controlarlas. - Ey, no te pongas as! Tus chicos de clase. Bueno, y qu? Nos ponemos nombres diferentes para no ser identificados. No lo sabas? Pasan los aos y nadie se acuerda de nadie. El aspecto sustancial de la cuestin no tiene porqu impedir lo otro: t ya me entiendes. Yo soy un poqun soportable porque no soy de tu clase. Yo soy sop
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soportable porque no soy realmente de tu clase. Ey, no pongas esa cara! Qu tengo que hacer para cambiarte la cara? Tenemos nuestros ms y nuestros menos. No te pongas as, coo! Yo me aburro y t te aburres. Si a partir de aqu me exigen una cierta modificacin - Has estado hablando durante tres horas Corresponde decir, y decirte, que eso ya es una cierta modificacin - Exacto! Manual o mecnica, da igual, como t quieras: mejor animal. Tres horas de reloj: qu lejos de la realidad! De no hacerlo as, me matan. Voraces, piraas! Tu gente necesita confesarse cada da, eso es todo - Opino todo lo contrario. - Pues ya vers, ya vers. Soy ms convincente en la direccin opuesta. - Das pena y todo el mundo se echa encima. - Necesito una buena mam antes que nada. Pero los tuyos: qu habilidad, que gente ms envidiable, qu gente tan bien educada! Lo saben todo acerca de todo. Sus gustos literarios, sus gustos musicales tanto como sus gustos gastronmicos - Qu tiene eso de malo? - Nada! Pero eso tiene sus repercusiones polticas. [32]La otra tiene razn doy pena: para m el pblico es mam, el mundo es mam, e incluso el universo es mam. Ella tiene razn: quiero dar pena. Tiene repercusiones sociales? Pap: el cretino poltico. Estoy a un paso de salir del siglo XIX. Yo me he establecido pacientemente en este tipo de tortura en retrospectiva. Claro. Nada del otro mundo. Hasta que se acabe. El vecino llama Baudelaire a su pajarito. Llamar a eso el movimiento tpico del psicoan
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anlisis moderno! Debera enfermar y dejar que me maten, (las dos torres; aunque parezcan distintas son iguales). Una oracin fnebre es mejor que los buenos das. De acuerdo? Ella es Mito: y ha llegado a ella misma por pura casualidad. Se ha metido en ella con suma cautela. Ella, la polla de goma o el alma de goma del celebrado Mito. Razn tenemos para estar descontentos de los mitos. Y en cuanto a las leyendas se elevan por los cielos los primeros cohetes chorros de celebracin nacional: luz de la leyenda urbana. Qu digo? De la verdadera emancipacin y de todos los siglos futuros de luces! Quin es aqu el retorcido? Bruckner? En contra del cual siempre ese desapercibido gesto de machaconera popular. Los hay disciplinados pero tan vulgares como su insoportable malentendido acerca de lo que deben exigir de sus monumentales obras. Como si l hiciera comedia de las antiguas msicas cosmognica. En resumen: nadie debe hacer nada por mor a esos conjuros humanitarios. Y al revs: nadie debe hacer nada de nada con respecto a sus megalmanos orgasmos monumentales y mitmanos. De cul de las dos obras estamos hablando? - Por qu el vecino llama Baudelaire a su pajarito, a su canarito? - No! Te he hecho una pregunta y con esto acabamos por el momento! De qu dos orgasmos estamos hablando? De los monumentales pies de tus hombres de mundo o de la arqueologa infinita purpera de tu hermano? La mujer estaba rendida, plida, obcecada, en el banco del pabelln. A todas luces ella no comprenda nada. Un discu
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curso no prometa la curacin. Ni siquiera la breve narracin de lo ocurrido. Bastaba con no volver jams al lado del mudo convaleciente. Se trataba de ser inmediata en sus consideraciones de buena hermana y atinar adecuadamente en sus propsitos. Pero ella no saba cules eran. No es que ella singularizase una fiesta de la que se avergonzaba. Despus de una fiesta siempre viene otra, y otra De la forma que fuese. Siempre una fiesta obliga a la supervivencia. De tal modo que se vislumbra en el ciclo el doble carcter entre vergenza y temeridad. Entre conocimiento y desconocimiento. Entre unidad y pluralidad. Entre obviedad y caos, no-evidencia. Yo no s nada. Yo no s qu ha pasado. Qu ha pasado? Qu nos ha pasado? Seor Quattro, dgalo usted. Seor Rey, dgalo usted. Princesita, dime, qu nos ha pasado? Seor pastor, usted sabe qu nos ha pasado? O debo preguntar a las vacas? A todas las vacas? Qu me ha pasado seor sapo? Soy novicia y no me he enterado. - Eres muy hermosa y no te has enterado. - De verdad que soy guapa? - Acabemos, mi Mito, please! Es muy joven todava. Tal vez entiende a medias. Borrego simplemente habla y habla como buen carnero. Entiendes? No deberamos preocuparnos demasiado. De momento. Aunque lo que dice no sea muy halagador para nadie. No debemos reprocharle que sea un poquitn obtuso. Nadie aprende sin maestro. Pero lo que l ha dicho (y ha insistido siempre en ello) es al menos halageo, de forma natural. l me ha dicho que si el U****** es una yuxtaposicin de cualesquiera cosas a un n
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a un nivel bajo, al ms alto, aparece la desfiguracin, la cosa fea y desagradable: un mirador insoportable. La otra llora: De qu le sirve hablar as? De qu le sirve? - No se lamente. - Es susceptible de perder el conocimiento. - Averiguar el conocimiento para los dems es un acto impuro, dijo ella. Borrego, de todas formas como Borrego, dedica a percusin, dedicas a ritmo de hierve, dedicas decididamente, delicadamente (palabras demasiado largas: prueba con estas otras), dedicasss escuchasss, y todo lo que dedica y a quien se dedica suena a algo de bajo vientre nominal, sabais eso?, firmado, cartografiado. Es gruesa la hipoteca, se desva Nos dedica. Parece enamorda. [33] - Mi madre no entiende nada de nada. Y eso que la carta iba dirigida a ella. - La carta? - La carta mortal - La casta mortal. Dnde est tu madre? - Ah! - Voy a intentar hablar con ella. - Se lo agradezco mucho, ser superior. - Ten cuidado, zorrita (el doctor cuyo nombre induce a una ligera ambigedad que yo reduzco a las siguientes formas: primero Rey/nato, nacimiento real, nacer en lo real; Reo/nato, nacer reo, nacer prisionero. Tengo aficiones ligeramente vulgares por lo que tales distinciones son vulgares. Aeromodelismo d
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de las palabras que funcionan como el viento, que dan al vuelo con una o dos ideas, totalmente peregrinas. Quisiera ser de distinta forma. Quisiera pocos amigos. Los menos posibles. Y los que se queden a la vera sonrojarlos y disolverlos qumicamente (un alquimista rojillo que los aniquile). El conjunto de todas estos deseos no muy bien intencionados pueden compartirse con los Reyes Magos. Y con Ellos colmar la inseguridad de tal o cual filosofa.) Mam ley la carta: Erschrick nicht, wenn ich jetzt begreife, ach, da steigt es in mit auf: ich kann nicht anders, ich mu begreifen, und wenn ich dran strbe. Begreifen, da du hier bist. Ich Begreife. Ganz wie ein Blinder rings ein Ding begreift, flh ich dein Los und wei ihm keinen Namen. La uns zusammen klagen, da dich einer aus deinem Spiegel nahm. Kannst du noch weinen? Du Kannst nicht. Deiner Trnen Kraft und Andrang hast du verwandelt in dein reifes Anschaun und warst dabei, jeglichen Saft in dir so umzusetzen in ein starkes Dasein, das steigt und Kreist, im Gleichgewicht und blindlings. Da ri ein Zufall dich, dein letzter Zufall ri dich zurch aus deinem fernsten Fortschritt in eine Welt zurck, wo Sfte wollen. Ri dich nicht ganz : ri nur ein Stck zuerst. Doch als um dieses Stck von Tag zu Tag die Wirklichkeit so zunahm, da es schwer ward, da brauchtest du dich ganz: da gingst du hin und brachst in Brocken dich aus dem Gesetz mhsam heraus, weil du dich brauchtest. Da trugst du dich ab und grubst aus deines Herzens nachtwarmem Erdreich die noch grnen Samen, daraus dein Tod aufkeimen sollte: dei
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deiner, dein eigner Tod zu deinem eignen Leben. Mam ley, la carta y cuando acab con la carta se interrog vacilante: - Mande...!? (Se le cay la cruz al suelo.)
[34] Un trovador solitario, en un campo atigrado, dice lo siguiente (l, lleno de encomios; colores efervescentes por doquier envolvindolo; l, delicadamente perturbado, jugando con manos trmulas el trmulo lad; ella, la idealizada, en el centro mismo de las dos torres gemelas, en una pequea habitacin hmeda, sentada, cosindole los botones a la chaqueta real; y el tercero, en los dones de la guerra, apremiando la memoria el recuerdo de los kilmetros que tiene inalterados su territorio, de modo que realiza esfuerzos espreos, amanerados, sobrecargados). [35] Como retroactivo soador en funciones a un Rey desaparecido dispuse Hoy me trovo como Trobador aborrecido y pequennisimo, canardeo alegre portando una mofletuda vejiga de gansos y tarjetas apostales en la Mano de Lira, hela aqu llena de amor lubricante:
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Pongo en el caso ntica en el mejor de los casos ntica la Sonata nicamente sonando, escalerilla principal hacia los bajos de un jardn imperial donde un moro de largo pual, etc... Bulldozer rastrillando el cobijo del Budoir que en su primera mitad porttil de mano en clave y viola de gamba, trescientas trece particiones: bajo continuo xilofn hawai mondrian o gaugin desarrollando vietas elicas tras/aprs una versin de cimitarra esfrica oro de gustorro por un zumbido de cremallera de vaina de pstula de abdomen, abejorro/ngel posando tranquilas manos sobre linfticos rganos al nivel deseado por reduccin mstica. O asctica. Despegar. Esencias giles por muy bajo que est del continente del planeta del mundo escapando del murgas antitesoros tesoro. Bveda Shakespeare indujo como de dos lacayos en Bluso cava barato y copa inscrita Teocracia Hornacina en la gran Danaide desnuda. Ruedas ps el Hrcules sueos autocrtica un espacio seguidamente un instante seguidamente trescientos trece veces la sinfona, Derrida por la etiopa o por la juda. Llegando a lo seco mnada que abrasa el sendero negro sobre el blanco virgen de una superficie, etc...., recin encalada (No pueblo de Anda-luca) Poderossimos son los brazos de los gitanos por arrancar el suelo hasta la altura del Ancestro Luna de Bigote amarillo estercolero tan bravo cmo come el tano pues es cerdo preces si es rgano peces ses. Cerca la Nasa si es grasa. La economa ruge. Plantel dice pasteles son los nacidos hasta que nveas manos manufacturen di que se posen sobre sus nidos (ay, ay, ay)= pues la braga es tnica sagrada. Adis Martn pescador adis merluza abaratada a
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adis desbaratada medusa de riegos perpetuos de agua. Abundante y msera catedral de espejos y de espejos y de espejos y de espejos: pornografa actual o hacer dentro el amor o dentro de un cirio. Edredn plumn migratorio! Un par de intestinos que vuelan cosa hecha para que maana sea otro da en la evolucin general. ...Ceuda... o sea Plano, o mano o llano. Dos de joder para los vectores del jardn. Plinio de un plutonio de un bulbo de un geranio, de los de mil, o sea mucho ms simple que la rosa de la cual los ptalos en guerra han esparcido los libros recoge la atmsfera o en el mbito de un balad vientre atabernaculado. Vida ma el vino del resto del da. Jess vida ma. El origen de la virgen es la orina del recin quemado bosque. S, un cerco en el mantel juanina bautista. S, una vieja prosodia en la prstata vaca de un ministril, y por fin, s A LA AYUDA prochimpanzas del culo. Dispuestos, en filas, pectoral con medallita de perla de Burbuja Oeste, alzando un fortepiano/primero que d un paso presto ser Mozart del camino Berganza uuuauay. Lstima el camino se concentra se eleva Bosco Bosco dilatado. Parto dilatado apartado apartado de un puetazo (o un 'triar' as) Bosco lo separa. Dos nios que juegan no pueden ser pareja. Shakespeare pun de honor lo declara enormemente en un prrafo que ruega la subsuncin, la traviesa, la longitudinal, escapada cric cric cric el moscn atlntico, el moscn barroco que al fin penetra la sustancia vtrea de una habitacin ngela. Los crticos de arte ahuyentan la pesadilla opmitiendo opritiendo la subsuncin universal de los motores reactantes. Pampanantes sujetos introducidos de pie en sus lanzas evaporan
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rando el sistema espinal. Sabas esto? Sabas la coagulacin, el espanto de toda cosa concentradsima? Sabas que la espuma es vitriolo inseminal ptalo/garfios hasta los confines o ms all de un barco de vapor, de una mquina semental, o de un bravo largo y harto? S, la gato de sorcire o torero enrojecido o. En fui, que mientras esto cnsul Nave. Hasta pronto Braganza, nix, nica, Adis: trescientos trece biparticiones violentas instantneas, espontneas, da serpiente ya anida, escupe el programa... Entonces qu temes de un tipo as? Imagnate que termino tu sobrecargado sforzo Tiendes a apartarte cuando me ves con un guante soberano de colona. As perfectamente... As perfectamente... Hemos hecho alguna vez el amor pero sabras cmo poner un cido uno tras otro cido? Tengo un macroespritu del tamao de un sarcfago medido en puntas. Medido en puntas de cristal tan fino invernadero para las hortensias. Encabalgadas y corintias, las yeguas trinando corto en las ponzoas del trigo. Maldita sean los trigos y los trigales! Sedal de la superficie terrestre: peces como el cuervo se arraan el espritu bolsn, cuero de rudas fibras que cuenta como el agresivo baco de los dbiles que lateran ms abajo donde las lteras son de cobre y las paredes de cueva. Ah, el tupido bfalo que espanta a un erecto en singular mana. Y aligera peste porque el cuervo puede venir y manifestar en 212 biparticin! Petunias, madejas asilvestradas en el marco puro de la tierra. Un abuelo nutre con vapor orgnico las crislidas del enemigo. Abyecta pistola cubre sus orificios. Retirado coronel. Le gustaba tanto Dvrak entre escalopa y bistec patatas fritas y
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y consom que el cuarteto se introdujo en recto y en verso. Pero hlo momento de displacer en la engracia. Displacer no fermento, No formato yogur. Ande ests! Y no al coronel sino t que vienes a estas horas y disgustas a juanina Bautista. Entiendes el cadalso? Prum, sube y sube. La mentira estira y tensa las violetas muslos, pecho de coral, romntico individuo qui joue la flute bec sobre el mrmol de la cocina. De mi cocina seora (dice Shakespeare). La cocina de usted (dice Shakespeare). Y en fin, y Enrique VIII con envidia de mil cojones extrae lad nuevo cadalso con msica de fondo coincidente. Enamorados pi p'tit, enamorados ni'p'tit, je suppose. Anclaje. anclaje: punto de encuentro entre un tornillo y una tuerca. Hermanos-primos del clavo Oriental y la especia Umana. (Tengo los huevos enrojecidos de tanto caminar hacia el centro claro del bosque donde quisiera encontrarme, hablar y funcionar con el filsofo Heidegger y nadie ms.) Hay un solo corazn que sirve para amar los misterios. Est leyendo hoy lo que le sale ms abajo puesto que manej unas ubres enteramente perfectas, y l dijo que se pareca a Mozart. Por alguna razn? Mira de Beln a Gomorra, y bajar por la escalenta de las cochinadas. Brr, cmo los tos inteligentes no nos ayuden por casualidad! El rescate atae a Bomberos, ambulancias, Tcnicos sanitarios. Has terminado? Prefiero las verdades y las mentiras de hacer el amor. La galera mundial de ritmos, el acontecer general, tu
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tu misin, mi trabajo. En mi modesta forma de entender, vaya por Dios!, debera comerme a alguien. Tcnicamente he superado con creces tus cartas de amor. Has supuesto que toda nota biogrfica es un defecto? Al lado de quin ests? Quiero decir, en las horas bajas. Cuando no comprendes ni dejas de comprender. Las dos cosas al unsono en un lmite extraamente andado que no puedes salir de l por lo inexistente de su caso. Unsono porque ests pendiente de poderlos unir en dos perfiles. Exactamente cuando t crees que arriba y abajo horizontal vertical o andando el tiempo. A modo de un cabezn magnfico como el jarrn de mesa urinario a ras de suelo, y no puedo tirar ms abajo porque todos tus amigos hablaramos de la mierda. Desde arriba hasta abajo si no ests en siesta qu eres? Portento! Un conducto completamente vivo. La mierda viva que has estado adorando en la nave boca. En cierta manera es el hlito de una frase la que crees que es distinta al pelo. Pero piensa que todo con aire es lo mismo que toco con mano profanadora si aceptas que Hegel kant nunca fueron amigos tuyos; no hgoramos ms cuentas que las que t puedas hacer fuera de ser quemado como el bosque por la noche, y por el da debida a una destruccin de hemos aprobado. Si quieres callarte ests en tu derecho pero no sigas diciendo que no te poremos enterar con sal.
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Pues ya no eres Mozart, ni el Mozart que hubisemos deseado algn da. Sol, Re No eres diamasn. Ni cal.
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La cabeza abierta como un meln tanto como para meter en ella todo lo que se le ocurri a Arqumedes, Aristteles, etc.! Una barbaridad! No te dije! Sangre bvara! Sangre brbara! Virgilio sacudi la tinaja de vino! Se desparram entera! Se rompi a cachos! Y luego gallito zarande al nio maricn! Seas lo que seas, le dijo, te mereces el suelo! Volver a empezar! Sacudindose el polvo de encima! Se dej barba el muy gan! Tirle un par de sandalias a la cara! El viejo las esquiv! A punto de morir! Un infarto de miocardio! Estaba tocado: tengo la obra incompleta! No me vengas con zarandajas! Quireme! De corazn! Partido en dos!
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Pobre muchacho, odio a los muchachos! Recelosos muchachos! Se cay el viejo de bruces! El maestro! Con sangre ms antigua que se haya visto! Roja imperialsima! Mi herencia a las monjitas! Vete a tomar por culo, viejo verde! Se puso a caminar! Los ltimos pasos! Tropez con la cama! Se qued dormido! [37] Encuadernados en rojo (y que conste que quera decir encuadernados en roto). Oh, oh! Ya...! Ya...! Ya...! Que es una mujer de cuarenta aos que por supuesto ha tomado drogas como la que ms. Podramos decir que ha teido su existencia de necedades intelectuales. Conforme a todo esto la Princesa descans. Teofrasto, seor, me llamo Teofrasto. Dicen que las mujeres imaginamos situaciones piroabotargadas y erticas al pie de los acantilados donde las rocas se consumen, y abren rezumosas vulvas, y donde nios entrededos y pussypussy [excursionistas en cuyo nico interior hueco] profanan los coastros espumantes (o becerrines de Koro). Luego, (mucho tiempo despus) se agruparon los soldados en algn sector meridional del campo, no sabemos determinar cmo, bajo autnticos tmpanos de roble madera (DESPLIEGAN ROPA HMEDA). La tropa entera se presenta resbalando por las lindes del pueblo, a grandes zancadas avanza hacia el agrimensor que habase
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se reunido previamente con el presidente de la nacin, rellena de paso marcial, llena la mente majadera romana y superdecidida, mostrando rganos nanotecnolgicos, resbalando gomosamente. Cuentos de nios! Aviones, flechas, elefantes, pistolitas, betn negro, aya complicada, pubis raln, ojos muertos, mostrando aqu y acull. No, no tengamos hijos, amor mo! Que usted me entiende, que usted habla nuestro propio idioma, o puede desatender cualquier criptografa estudiando?, no demuestra nada! Borrego camina solo en la playa. Y cuando menos se lo espera nadie aparece: la trascendencia femoral como un fino velo de vino que permite la evaporacin del inciensarse en el no transporte. No puedo hacer mejor, no puedo hacer mejor. Uf, qu calor ms insoportable! Fija la vista etc. deja la revista etc. Quin era el que apuntaba con una pistola a la sien muy estrecha: porque la Virgen de los perros armada no va? Aquel tipo se zaf; pareca mofarse de todos nosotros que en recua familiar admirbamos, rueda de reconocimiento, crculo vicioso de reconocimiento, cuadrado y tringulo, pattica geomtrica de reconocimiento, giro aristofnico de su heroica irona, al autista fenomenal con amplias frases diseadas y un arsenal de imbecilidades de incmodo aspecto; l mimo de incmodo aspecto; de infelicidades de incmodo aspecto; l mismo de incmodo aspecto. Calle, calle! Cmo se atreve a interrumpir! ahondando en terminal mirada monrquica soberano desdeando el ruego postrero. Por fin recuerdo (digo) todo aquello: el caso de aquella mujer que se tom al pie de la letra otro dicho popular (un caso extremo): cra cuerv
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(negros piropos humanitarios, insisto). Entonces me pareci fundamental recuperar el texto fenomenolgico del nio impedido. No, coo: no has entendido nada! No me refiero a la expresin de la calle o al cimborrio luminoso del domingo/mantel a cyadros bajo los faros del estadio!; no me refiero al inefable flequillo gesto ridculo del querubn frontispicial (pedante!) con Bismarck y Arpa en las manos por hombros santos que se codeaban con l en bilateralidad sacra. se parece ser de forma radical el personaje Jess que siempre recordamos: astuto, solitario, sagaz como un viejo, imperturbable e incmodo como un joven. Aunque no es el caso. No es el caso porque la palabra y la exposicin no son las mismas. Porque la mujer y las hermanas de la mujer no son las mismas. Porque la madre en ltimo trmino tampoco es la misma. Esos animales tampoco son los mismos. Esos muebles tampoco son los mismos. Esas casas no son las mismas. Ese amor no es el mismo. Esa neurosis no es la misma. Esa puerta de hierro no es la misma. Ese camino polvoriento no es el mismo. Esos postes atravesados no son los mismos. Ese manto no es el mismo. Esos pies de porcelana no son los mismos. Esos muslos no son los mismos que los muslos de una ternera, de un caballo, de un mulo o de un camello. Djome el seor de los cielos que no poda impotente /imponerse se senta para aadir tales figuras en un calendario Pirelli de autnomo transportista o mecnico ingenioso. La mujer y la golon-drina, el pene y el martillo: cosa ociossima. Pero he ah (pedante, rediez!) que el calendario Pirelli, con bajos de Piero della Francesca (Agrippina Monja y moja pan, La virgen de los z
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zapatos, La isla Esmeralda, y Madagascar, montes, y montaas, viene celada, cerros y espasmos ssmicos, la fotografa en cuestin que no poda ser el circo cristiano en respuesta), sali pitando, corriendo a toda prisa (a todo vaciarse, tambalendose, enfilndose a un rbol como un gatito) direccin Judea. El jardinero permaneca erguidsimo y conminador el primero de Pentecosts tocando sus flores chulas con la punta de los dedos como en mstico trance, oh!, ya se sabe: ojos en blanco, vueltos hacia, en esa direccin , como par de huevos ma-duros, inexpresivos vaya. Y cmo es esta ausencia que significa no fisicidad, y cmo es la fisicidad que realiza la absorcin o no absorcin del sudor en un colmarse de alegra abandonando la tierra en franqua (explotacin agrcola o de otra ndole)? No ms elementos B delirantes. Digmoslo as en P.D. de jerigonza: porque presenciando el resplandor del sol en sus instantes ltimos, o percibiendo la glosopeda en el ambiente, no captamos ni el buen hacer ni el mal hacer, ni la plural idea de la que partimos hace un instante (48 instantes, o incluso menos), ni la pluralidad de ideas, ni ceflica virtud, ni polifactica lombriz; pero ni f, que no hacase caso (por qu iba a hacer yo de ejemplo?: cualquier infeccin procede directamente de mi cerebro, y ste no est para hacer semejantes concesiones); paseo en pretrito en calzones cortos catando la marca futura de vez en cuando, a pequesimas distancias, rfagas milagrosamente cortas, cuando no tengo ni puta idea de una nocin matemtica de los fluidos, eso s, s algo sobre Leibniz y sobre el clculo infinitesimal (una referencia ms y estoy a s
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salvo); tiro palitos a un perro que no existe; pequeas piedras que preceden a los minsculos aludes rnicos, o a diminutos talmudes que orinan en cuencos de nix; seguramente lo provoca a quienes lo proliferan de viva voz, infielmente, traicionando cualquier sentido a quien le provoca; aquellos que miran letras tan de cerca; ellos son las vctimas de sus propios pies; desnudos pies en las arenas abrasadoras; volvamos a ella una vez ms, a la inclinacin, a la curva de paralaje!, recostada en tabernculo de hueca caa, la princesa, la ms rubia de todas las cervezas. Que me miraba con la felona visin de una furcia. Mirada ms ajena no la he visto jams. Mirada ms obscena, tal vez. En los pastiches/puticlubes (Macedonia, Cctel de, Aristteles, o el macedonio derviche, ngel, el camarero que repone la mesa de billar que acaricia sinpticamente la Cremona Lisa Tersa lmina de seda). sa est al menos en el museo del Louvre. Tu puta madre! Estos misterios prefiero! Pues esta especie de caracola es la que prefiero. Hace un ao que la vomit el consejo de direccin; y puso en su lugar sismgrafo, e internet. Ponga usted: novela, cerdo, Lavapis, lentejuela, simbiosis, semitica, tumor, cncer, vaca bigotera, santurrn, liposuccin, fiesta a las tres, playa, marea, mareo, vehculo, seguro, ropa, lavandera, mercadera, comercial, asuntos sociales, evacuacin, emigracin, singleton, maricn, estupro, locuacidad, mendacidad, asercin, profesin, literatura, arquitectura, medicina, ojo de pollo, combustin, rememoracin, historia, banda, reliquia, foca, expiacin, culpa, sagrado, orquesta, filmoteca, misin, objetivo, salvoconducto, mecenas, melena
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melenas, pijo, contractura, despojo, soja, lo, ponga usted lo que quiera, misantropa, mam, acelerador de mujeres, de hombres, libros, leyendas, mitos, humanidad, reflejo, luna, sol, tierra, clave, ponga usted lo que quiera, es libre de poner lo que quiera; yo prefiero la caracola, caracola retorcida, bien retorcida, y sus trueques pacficos, atlnticos, mediterrneos; clamores martimos; azules gangrenas, algas nutritivas. Parajes estancos. Vaso de agua, por favor, vaso de agua. Ponga usted lo que quiera. Si por m fuera les aplicaba una cosa de taln aquilino argentn: aquilino de Aquiles, en la playa de oro, en su playa mostaza; un taln dbil que se cura. Una nocin porttil, el mito de la guerra, el mito de la bienamada, del hroe, la nocin de hroe, su taln de noche, el gato nocturno; la amada, la playa. Una nocin porttil tan simple como dos espolones o dos rollizas pantorrillas envueltas en correaje. Ponga usted lo que quiera, paraso o infierno, mar o playa. Encuentre lo que quiera! Vaya usted a saber, un tiburn, un delfn, una ballena extenuada! Recostada. Una ballena desnuda, una orca regurgitando una foca. Habas martimas huecas. l, cmo hurgaba el ser i.o.?, pngase, l, rumbo a su nariz cosa que consigue cerrando alternativamente los ojos, prosigue leyendo, procediendo a bitacorear bizco unos murmullos lisonjeros carentes de toda marinera del ti-po: el capitn de este navo pone rumbo a nueve catedra-les catadiptricas catafalcas calafateadas catalogadas (principalmente porque no hay rumbo /altar, y sin tal motivacin tampoco hay capitn/ni 7nepotistas). Pngase usted la orientacin en el culo, y proceda a engrasar el cerd
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cerdo partido en dos, espetado hondo, apartando hgado y riones; congrciese con el dios de la gastronoma por un simple rumor de ola. Aprtese, y deje pasar a la vieja con la paella. Pero el capitn discapacitado protesta: Cuando me subo los pantalones en semejantes arrestos domiciliarios veo las putas estrellas fijas como un viejo en su vieja mecedora del malecn, desteido, verde y..., y..., y..., y..., y..., regurgita el negro un peluco encogido, desteido, verde, y las desdentadas estrellas de circo film subacutico ricricricric!! Todo esto es una mierda. Y cuanto ms profundizamos, vemos, en el alveolo que dej el primer espoln, una mierda todava ms profunda que palpita como el petrleo hasta formar su propia marea de espuma; incidiendo ms y ms el segundo espoln, pata de palo apolillada, nos indica/seala que hacen falta de inmediato alternativas bblicas, yo qu s, joder! Un profeta! Jons!: el monstruo marino hunde su barrigudo petrleo. (Al igual que Pedro lee.) Porque de lo contrario, las cosas se van a poner ms caras por respeto a todo los dems; nos hundiremos ms y ms pero en barca de arena y papel; pero tal vez, a lo mejor, por breve que sea, por consorcio, o dinamita encoladora, se nos presenta, o un pelgeno, o algn casual armisticio (es decir cuando se permita o se nos permita: Pedro fundamenta). Es tan difcil! Protjase! Du Tubage de l'utrus en dehors de l'tat puerpral, drainage prolong au moyen d'un tube de caoutchouc mallable.Ponga usted!: prcticas puerperales. El reloj respira. Y el prdigo vuelve a nacer. En las playas del anochecer. El trovador raspa el ukelele. De qu se re? DE LOS CUERNOS, DE LA SERVIDUMBRE IN
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INFANTIL, DE LA VAGINA/MADRE. Sentado sobre una lata de tomate, en medio de la chatarra, el trovador re. Porque aparte de esos diminutos huesos, de esa forma de arqueologa entre y para y/o por, cabe, en y/o, arqueologa femenina, entre cuatro paredes vaginales, que se le hace [con propsitos absolutamente redundantes] a la tierra geolgica corrientemente y/o constantemente; y despus sobre y paravisin en y sobre nuestra vagina femenina, desde la cudruple rosa a la tierra mojada (a pesar de que no llevamos huesos encima si es que alguna vez quisimos ser fantasmas, de la regin, por ejemplo); o como dice [mi marido que y/o tal vez no lo sea] somos ranas mrbidas, o vacas bolleras. Habla CUalquiEVA, ms importante que me ha pasado en la playa, como mujer de playa, se entiende, es ir en busca de los nios obligndoles de conviccin, primero, a hacer los deberes hurfanos, y a la segunda intencin si supieran llegar bien a casa sin rales (luego yo, independientemente, inmediatamente con mi disfraz de frula volcnica en la mano, preparar los destrozos que as llama l a mis paellas, para reducirse globalmente toda mi aportacin a lava congelada todo lo que en m arda, a lava congelada. Y en la cama a baba congelada; lava congelada y baba congelada. (Pedro fundamenta.) [38] Un da de noviembre antes de salir para P***, y precisamente porque tenamos preparado una cena informal con los animados msicos, para celebrar que al da siguiente iban a interpretar mi obra, entregu el cuarteto dodecafnico, fundamentalmente terminado y sellado, al ministro y al Ministerio de Msica y Economa. Entregu en mano la partitura del reci
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recin acabado y asado cuarteto dodecafnico a la asociacin de msicos, al Teatro Real, a los msicos intrpretes, que deseosos de analizarla en casa propia se vieron impelidos a la sonrisa gratuita. Todos se sintieron, no obstante, profundamente satisfechos. La obra haba sido entregada justo a tiempo. Mi debilidad no pudo con la suprema creacin. Despus se me hizo el honor de participar en los ensayos. Cosa cabal; y puesto que por mi parte deseaba anotar ciertos defectos, o apuntar detalles complejos que pudieran desorientar, sino acomplejar, a los cuatro msicos intrpretes. Se me requera sinceramente, paternalmente. Luego, hubo momentos de grandes fiebres en platea, de manera que todo se estrechaba nuevamente. Tambin hemos de tener en cuenta que mi grande y complejo cuarteto era largo en esencia. Y tener en cuenta que los msicos la semana anterior protagonizaron a su vez uno de los ms difciles cuartetos del repertorio para esta misma formacin, el cuarteto n 12 de shostakovich. Los movimientos de la pieza son lentos como das sin pan. No es el virtuosismo lo que ataca primeramente el organismo impoluto de los msicos profesionales. El ruso acab un ciclo exhausto de cuartetos presumiendo de serenidad ms que de virilidad. Mi cuarteto, contrariamente, es nervioso como el bistec de vaca. Este cuarteto mo denota antes que nada una corta evolucin: la segunda mayor agona del tiempo del hombre (la que va de la multiplicidad de los arqueados y rococs movimientos del nio atrapado en su paal a la edad de los cuarenta aos, liberado de las reflexiones de tetas (presa no obstante de la humeante bocaza femenina) y
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y pezones (con la simplificacin y complicacin que eso supone para toda msica). A los cuarenta aos de edad y todava en la soledad en la que se desenvuelve resueltamente el principiante. Por otro lado, alcanzando la ecuanimidad y proporcin entre el detalle y el sistema que lo engulle; presintiendo muy a lo lejos an la calma del viejo creador. Pero el declive no es exclusivo de los viejos, y no todos los viejos dependen del declive en cuanto se cierra ante ellos un horizonte de ideas. Una supuesta modernidad es el pual traidor que como mochila arrastran algunos hasta el ltimo premio concedido. A veces son tan fuertes estas traiciones que el creador no se deja arrinconar, y por antagonismo descabellado y porfiado, expulsa, por as decirlo, una sarta de experiencias fatales y falsas que tienen origen en encuentros casuales (muy forzados) con los nietos. Slo la vida propia, ntima, particular del creador puede moldear una obra sincera, moderna; el modelo es uno mismo; si ha de crear sobre esto o aquello: no son las ideas dodecafnicas caducas, la msica serial replantendose una peregrina salida del ruido conceptual de su madriguera dodecafnica, la electroacstica y la dnamo fabril de las ciudades y de las operaciones burstiles, motores a explosiones, lugares abarrotados de gente chillona, sino que apunta tericamente, y con la fuerza de una ventosidad, al lenguaje de las vsceras, pienso (pienso en los tipos neurticos que han desarrollado el pianismo occidental; que su experiencia ha sido fundamental en cuanto que se han dedicado a practicar esotricamente circular y manitico el tic nervioso que el sarcfago de todo
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sus hombres muertos les impona un respeto ms o menos sagrado y no vulgar; tambin pulsar y arrancar a su enmaraada lira nerviosa las cuatro reglas del comportamiento esencial, pero siempre, descabelladamente, en la supuesta integracin de ambos; y en tanto que este mismo sarcfago (me refiero al piano romntico) expuesto a las miradas de bellsimas seoritas dispuestas a todo, resultaba significativo y relevante). Eso es lo interesante, lo que me parece importante antes que optar a la resignacin. Es ms propiamente el acontecimiento de un buen estofado bajando por las entraas del difamado por caduco artista. Si la mente del creador est actualmente ocupada en el exterminio ideal de la humanidad, no puede, semejante operacin, compatibilizarse a lo mejor con una puesta en escena operstica, es decir, sobre escenario, y con personajes reales, que llevaran nombres reales, que adoptaran posturas sociales, econmicas, polticas. Porque sera atentar con lo que ya est sobre la mesa, servido. Adems, de llevarse a cabo tal exterminacin de la humanidad, el atrezzo sera inconmensurable e improyectante. Los personajes a favor del exterminio, si no demonacos o satnicos, son montaas de actos y pensamientos inescrutables, luego no humanos, luego sin derecho a tal operacin (porque se le pide ayuda a una jerarqua que ya pas de moda). Esto hara rer un poco. Ante un apocalipsis, por muy simple que sea, no se le puede encarar pblicamente con una risita bigotera. Todo ello quiere decir hacer temblar al respetable. Pero cmo? El mal gusto, por ejemplo, es una buena arma. Los das de obras rompedoras sin la posibilid
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dad de tejer nuevamente un jerselito (absorta la dama de la silla) no pueden funcionar ya con armaduras de sesgo intelectual. Se cree que el arma ms efectiva contra la vulgaridad y la ignorancia es la alfabetizacin de los instintos, la ilustracin de los modos de pensar. Pero no puede nada un arma intelectual contra la vulgaridad intelectual, puesto que la arrogancia del que simplemente sabe leer es inmensa. Etctera, etctera. En platea, en el momento de buscar defectos a mi cuarteto, mi mente pensaba en aquello otro mil veces; y ms o menos siempre acaba aqu, con un ligero dolor de cabeza, sobre los modos de pensar. En realidad, un noventa por ciento de la poblacin sabe leer porque se le ha obligado. De modo que en eso no hay diferencia entre un nio de diez aos y un viejo de noventa aos. As quienes detentan la intelectualidad no es aquel diez por ciento restante. Estos pocos apenas se encuentran bien, estn dbiles, presienten su enfermedad en los huesos y en jirones de msculo, y cualquier cosa que comen les sienta fatal. Su patria tutelar es muchas veces el hospital y un humilde hogar susceptible a la luz del medioda. Y si hubiese algo premonitorio e intelectual en ellos vendra acompaado de cefaleas, cortes de digestin, vmitos agudos, dolor de tripas, acidez, convulsiones y sudores, mareos, nauseas Curiosamente, de una mente ilustrada que practica el noble arte de la salud, y de una mano fuerte y recia que usa florete (raqueta tenis mesa o tenis suelo) chorrea un lenguaje fcil e interesante. Sobre todo hay algunas diferencias muy importantes entre la fsica del sonido y la fsica del lenguaje. Mi msica es obtusa y recluida. Mi msi
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msica agoniza. El estilo de mi msica es un exterminio total. La msica se deja escuchar, nunca faltan los odos para ella. En la msica sobran las ideas. Y ello es determinante. Por ejemplo, en literatura siempre faltan ideas. Las ideas no es el complementario. Si seguimos las sendas de la intelectualidad a la que me refera nos encontramos con que un intelectual altamente cualificado sigue la senda perpetua de una sola idea: acabar con la humanizacin de los animales que caminan sobre dos patas. No hay msica, ni por muy celestial que sea que pueda transmitir ni una pizca de esa idea (un rasguo, un araazo a ese negro cuerpo odioso). Una msica compleja, arraigada en armonas imposibles para denotar cierto acabose del mundo, contara con la aquiescencia del respetable bajo la siguiente rbrica: obra oscura que canta los terrores del hombre tirnico contra la humanidad. Observando los cuatro estpidos rostros sonrosados y esforzados de los msicos alemanes, me llega ahora, empezando por la cola hasta la brecha del kundalini, de manera vibrante, unas ganas locas de asesinarlos, de asestarles un corte profundo en la yugular, y que mi msica sea producto merecido de ese fluir de sangre mortal, borbotante y pestilente. Se hace obvio y fcil que ellos tambin saben leer msica. El otro da, estuve buscando, Antena me acompa, un buen cuarteto de cuerdas, instrumentistas delgados, sin opciones para la vida, exhaustos, fatigados por todo cuanto sienten y experimentan. Esperaba encontrar cuatro buenos enfermos saturados de mana y odio, y afectados profundamente por la humanizacin de sus rganos. Los or
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enchufan a la corriente elctrica y a calderas de agua bullente. Al medioda los llevan rodando a un pabelln de techo altsimo para que lo miren con obcecacin. Se espantan porque ven un gato negro cruzar la mala suerte. Yo le dije a Antena: puede que acabe un da aqu junto a ellos. Los tristes ltimos das de mi vida los acabar aqu con ellos. Antena me contest: por eso es necesario que tomemos unas mini vacaciones. Dnde, muchacha? Cuando salgo de casa me planto en el centro de m mismo. Siempre, en todas partes. Pensemos en el arte de la fuga!, les grit a los alemanes desde el centro de la platea. stos me miraron suciamente. Incluso uno de ellos golpe con el arco el ojo de su compaero. Le visit enteramente con el arco al amigo. Entonces recostado sobre mi poltrona plateada me dorm al dictado de un lnguido ir a tomar por culo. [39] El da del concierto me despert una extraa pareja. Ms o menos llevaban un plato azulsimo en la cabeza. Me levant no sin quejas. Me ase y me prepar para el espectculo. Antena me haba trado el frac negrsimo. Sera yo el gato que traera la mala suerte a este concilibulo? Sal a la calle a fumar un cigarrito. Haba larga cola. Cruc la acera y le los estpidos cartelones. Estreno mundial. Con objeto del cumpleaos del Rey, etc. Cunto por hacer! Hay alguien prestigioso, y se soy yo. En letras de rojo sonrojo. Dirig mis ojos al pblico tambin aseado. Ms colorista. Nias, nios, abuelas, abuelos, y pocos de esa edad mediana que comprenden que hay otros esfuerzos positivos fuera del arte. No obstante, tambin un pblico de mediana edad, capaces de comprender. Fanfarria de gaznates, huevos y co
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corral. El mrmol esta vez trascenda, sedoso, imperturbable, ciencia de lo manifiesto en orden y formalmente. Un nio se agazap en un peldao y resegua con su diminuto dedo una esquizofrnica veta. As vea yo la msica de esta noche. Seguir diminutamente con dedos grciles y temblorosos el dibujo del terso mapa de la escalera. Reseguir la gota de sudor. Encharcar el mrmol del sudor del esfuerzo. No alcanzar nunca el nivel. Quedarse plantado ante la alfombra roja, puente infernal hacia lo apestoso y mugriento, hacia lo cadavrico. Un gordinfln rey a la edad de comprender. A la edad de comprender no su cumpleaos sino el esfuerzo titnico de un sbdito. Lo nico impresionante consista en presentarse l oficialmente con esa edad y no otra. Con esa edad de comprender y darle disyuntiva al camino trazado. Marcar yo al parmenideo monarca la encrucijada. Los moradores del Teatro Real despejaron las entradas. Un mensaje en las entraas de lo dodecafnico clsico. Un mensaje introducido en la botella de lo dodecafnico clsico. Un tanto exacerbado el dodecafonismo clsico; yo lo haba exacerbado a proporciones seriales, electroacsticas, demenciales. Pero no tanto hacia ese lado para que el mensaje real no fuese escuchado. Al contrario fue fundamental ceirme a una cierta moderacin. En la dodecafona fui extremadamente tejedor, y sin duda, no se puede tildar simplemente de dodecafona clsica la obra que he compuesto: por ejemplo, Shoenberg, Webern, Berg. Ni pensarlo! Nada de eso. Por qu? Porque el mensaje all introducido, precisamente en esa catedral ya clsica, no puede convenir a las
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las reglas de la dodecafona clsica. Va de lo claro y limpio, a lo sucio y negro; de lo transparente y difano, a lo oscursimo y al fango perpetuo. Como un hombre que camina por lugares imposibles, donde poco antes se hubiese terminado una guerra, dejndolo todo destrozado, hediondo, henchido de aires infectos y carne podrida. Este hombre, en fin, apenas puede caminar, pero, sin embargo, mantiene la cabeza en alto, pensando que hay una esperanza, que sus pies no se han hundido en un lodazal ptrido, sede viscosa de la animadversin, que slo un chicle abandonado negligentemente se ha pegado en la suela de su zapato, impidiendo la buena marcha. Deb atisbar algo ptrido en la dodecafona clsica. Posiblemente su inconveniencia ya de origen. Posiblemente su ya constante e inicial esfuerzo que exiga su existencia, su sola presencia ante un auditorio. Y lo ptrido haba aflorado porque los cerebros no la consuman adecuadamente. No slo eso, sino que al derivarse hacia lo impopular, naci de ella otras fuerzas todava ms subversivas, y que, sin embargo, pretendan normalizar lo conquistado con tantsimo esfuerzo por varios seres enajenados, perdidos y desorientados del mundo. Me hace pensar en otra cosa. Me hace pensar que la poca en que apareci la dodecafona clsica fue blica en esencia. La presencia del hombre fue en aquella poca una presencia instrumental para la guerra, y para nada ms. Pero el mismo hombre que convivi con la guerra resuelve en actos de fe la imposibilidad misma de la existencia por la guerra, y se inventaron los tiempos de paz para esa presencia y manifestacin humana. Se invent
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invent tambin otro tipo de arte. As se pudieron consolidar los tejemanejes normalizadores de una msica fundada esencialmente por la guerra. No es ms que una visin simplificadora. No hay nada eso, tal vez. O tal vez, porque la derivacin de la dodecafona clsica por vericuetos tangibles de probadsimo ruido nos lleva a la visin de una guerra subyacente que nunca se ha calmado. El grito de dolor se come el rgano en lo transigente de su mtodo posdodecafnico, posmoderno. El arte siempre se ha comido el rgano. El arte es antropfago, y deplora la carne de vaca, de ternera, de cordero. El arte nunca ha sido, ni en las pocas ms remotas de bello y tranquilo clasicismo, un ser sin hambre. Ha sido el subterfugio voraz antes de que sucedieran las guerras y la precocidad de las guerras. Por eso el rey ve con buenos ojos que un compositor medianamente capaz modere su percepcin de lo muy pacfico y contraiga su complaciente manifestacin (ya irreal por cuanto subyace una ssmica de su progreso que se hunde ms y ms en lo intangible y en terror inveterado) para sacar a la luz alguna cosa ms probable y ms amenazadora, desde luego ms reales: su cumpleaos. [40] Agazapado no recuerdo dnde. All, en su centro, arremeten los ecos resonantes de mi lacerante sonata o sonatina. Estos intrpretes alemanes cargan las tintas en secciones que no he visto yo nacer para eso. Pero lo hacen impunemente seguidos de esa prudencia que tanto se estila ante un pblico voraz de melodas infantiles. Esto me recuerda a determinados escritores. Pero los escritores no tienen porqu asistir a los estrenos sus obras. De hecho no hay estreno posible de sus obras. Se
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Se contentan con los filtros de las editoras. Ellas marcan todo destino, el propio destino del escritor. Yo, sin embargo, puedo sorprender a este pblico grasiento incorporando nuevas ideas en el ltimo momento. Hacindome partcipe, junto a los msicos, de la ultimsima revolucin. Revolucin adems practicada sobre papel y con lpiz. Sobre papel impreso. Nada es ms lejano a eso que lo que les ocurre a los escritores. De ah que slo tengamos una literatura asquerosa, repugnante. Las editoras evitan las ltimas revisiones, los ltimos arrepentimientos. La mierda ser esculpida en la imprenta tal y como lo habamos concebido (consenso proverbial al que nadie, en ningn gremio, por muy cohesionado que haya llegado a nuestros das, ha llegado por la va de lo pacfico). Y no me llames a eso censura, me contestan; tal cosa no slo es imposible hoy, sino que como concepto est desusado, se ha salido de la esfera de los grandes y automticos conceptos de hoy. Yo me ro de estos escritores que no tienen ms salida que la de fabular sobre esta o aquella princesita que ha cado en la desgracia presa de un hechizo, de un enamoramiento absurdo, y de una procreacin desaforada. Me ro de esas historias embrutecedoras acerca de nobles burgueses por hacerse con ms dinero, porque si en otras pocas, los burgueses competan con sus oponentes naturales, hoy estn obligados, quieran o no, a sentirse superiores a aquellos que no pueden ya comprarse un barra de pan cada da: y esa mnima diferencia, que consiste en algo transportable, y que se suele llevar en el bolsillo a todas partes, es el hito de lo puramente objetivable, considerable
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ble, y decente, que se lleva por delante toda literatura con afanes de universalidad religiosa. La literatura ms alta es aquella que anuncia en dstico el nuevo modelo de Audi Quattro. Pero no son cosas que me incumban. No voy a seguir por el camino del descrdito, puesto que al fin y al cabo, son tambin colegas. Colegas de un Arte en conjunto que se encoleriza. Yo digo, ahora hay que moderarse, despus los frutos surgirn de debajo de las piedras, y debajo de los automviles siniestrados surgirn altos rboles. De esa carne contaminada de plomo, desecho de un accidente monumental, surgir la nueva aptitud, el nuevo don. Y meditando esto con gracia y expectativa el pblico rompi en aplausos. Los aplausos se estrellaban en mi pecho. Los aplausos se estrellaban fcilmente atravesando mi carne, llegaba hasta el hueso, y el sistema nervioso se alborozaba despuntando siniestro y amarillento a travs de mnimas gotas de sudor. Los cuatro elementos odiosos teutones que me haban perturbado en los ensayos con ahnco de grillo se levantaron grcilmente con amplia sonrisa y empuando sus dudosamente bien afinados instrumentos. Pero la dodecafona clsica nunca ha enseado a sus alumnos y discpulos a concebir distintas ambas cosas: la msica en s y lo desafinado en s; como si ellas debieran confundirse en el futuro y definitivamente en un mismo objetivo: desafinar el cerebro, desencajarlo, devorarlo, empequeecerlo de fro en su crneo hueco. Un chiste me vino a la cabeza: no ser por eso que oigo sonajas por todas partes donde veo hombres y mujeres? El fro empequeece el cerebro y ste golpea duro y reducido las p
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paredes craneales. Y si incluso agarramos de improviso a una familia entera, la atamos por la cintura y la meneamos con cierto inters, tenemos por aadidura un fantstico instrumento de percusin, sobre todo a la hora de tocar determinada msica en las verbenas. Pero los cuatro teutones ya me haban arrastrado, pensando yo, y sonriendo yo, en estos laberintos idiotas, hasta el centro del escenario. Los cinco, inmersos en aplausos y chillonas emanaciones, bajbamos la cabeza hasta la cintura para que se hincara bien dentro de la cerviz indecente la espada de lo inmensamente asqueroso. Esa esperanza de reconocimiento que precede siempre al esfuerzo de toda intriga. [41] Tres veces sal acompaado de los msicos al escenario! Una mujer bellsima me cogi del brazo y me entreg un ramo de flores que yo levant impertrrito. Luego me comunic que alguien quera verme. Dnde est Antena? Ests bien Antena? Este fin de semana iremos a P a descansar. Y nos baaremos en las aguas del mar Mediterrneo y afianzaremos nuestra rebelin. Afianzaremos nuestra rebelin desde nuestra relacin omnipotente y esclarecedora. Not su roce, un beso bien puesto en la mejilla, con tanta ternura que mis piernas flaquearon. Alguien quiere verme. La apoteosis de los justos, de los sabios. En una poca como la nuestra slo la msica se puede hacer con toda la sabidura para guiar a los alfabetizados. Antena est aturdida. Ella presiente que su ciencia no puede con mi ciencia. Que su ciencia est al lado de los que miran por encima del hombro a los que no pueden comprar el pan cada da. Infame rencilla, me murmura mientras me alejo por los pasillos mudos y decen
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decentes que resiguen sinuosamente a los palcos. Pero ella me sigue tambin y a pesar de todo, alegre por mi nuevo destino. Al fin y al cabo, despus de esto, no espero ingresar en la locura. Ya lo s. Se me da la ocasin de la coherencia. Ahora soy un rbol fuertemente plantado sobre sus races. Adnde me llevis?, dije a esos hombres enormes que parecan estlidas moscas de ojos negros y brillantes. No hay cuidado, me contest uno de ellos, su excelencia quiere conversar con usted. Un hombre nervioso, feo y delgadsimo nos cort el paso. Seores, pueden irse Soy un reo!, pens. El tipo me dijo que el rey estaba fuera de s. Aadi: espero que pueda consolarle usted personalmente. Yo lo he intentado. He intentado que entrara en razn. Maana con ms calma podra haber hablado con usted y atacar esos puntos y notas que tanto le han molestado hoy. l quiere hablar, ahora, es una orden. Seor mo, sea usted ecunime, no vaya a ponerlo ms nervioso o maana promulga una guerra civil. Y el tipo se fue levantando las manos y apartando a todos los que viciaban su camino y su pensamiento. Otros tantos lacayos de muchos colores me indicaron un laberinto de pasillos dentro del laberinto de pasillos en que ya estaba. Al final de uno sorprendentemente largo, lleno de mesitas de pared y cornucopias, velas y ceniceros de bronce, me encontr de repente ante el arco del espacioso palco, bajo un palio esmeradamente detallista, lleno de dorados angelotes y trompetas kilomtricas: el palco se abra tras unas cortinas pesadas de rojo. Dentro del palco (de un lujo indmito para los ojos, y por cierto, para la nariz tambin) me encontr al sol
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sollozante monarca que giraba el cuello como si estuviera posedo por una fuerza distinta a las observadas y verificadas por la fsica. Al verme como un pasmarote en el centro mismo del palco, su semblante enrojecido se crisp y se albumin. Sus ojos me decan ya que la obra, que mi cuarteto, le haba enfurecido espiritualmente, en fin, toda una serie de reacciones normales para alguien que no est avezado en tales sortilegios. Pero, qu decir en estos casos? Nada. Yo, preso de pnico, porque haba sido laureado haca unos instantes, por una turba razonable de seres humanos, saqu fuerzas de donde no poda haber, y le dirig la palabra en estos trminos: mi amado Rey, mi intencin no ha sido el ofender a Vuestra Majestad con requiebros y ornamentacin barroca. Pues cmo se puede pensar tal cosa de alguien que celebra anhelante el da mismo de su amado cumpleaos. Por qu habra de querer hacer a Vuestra Majestad el menor dao con una obrilla minscula como la ma? Porque aunque concibiera algo tan grande y majestuoso como una sinfona (al modo de Mahler), ello tampoco le afectara a Vuestra Excelencia, ni ninguna otra cosa que pudiera concebir, pues tan elevado es Vuestra Excelencia en cuanto a mente y espritu. Sin embargo, hasta aqu no me ha trado el tacto, sino el olfato propio del compositor: mi felicidad sera grande por ver a Vuestra Majestad apasionado y vital con mi fruslera. [42] Me dijo que se lamentaba profundamente del triste espectculo que haba presenciado. La mayor parte del tiempo ruidos impensables, que l no hubiera podido imaginar de unos instrumentos tan decorosos, cmo decirlo, tan histricos; y
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ruidos que hara un ama de casa con sus cacharros de cocina. Es que su mujer le ha echado de casa y viene usted aqu a vengarse y a avergonzarnos a todos? Pero claro, toda la culpa no la tiene usted. Desde luego que no. Los que han permitido esta vileza recibirn justo castigo. Y no pienso slo en mi cumpleaos, seor mo. Pero no dio ninguna razn ms. El monarca se levant y se march por donde haba venido. Me sent donde l estuvo sentado. Antena se me acerc y quiso consolarme. Dnde estabas, Antena? Te echaba tanto en falta. No hizo falta que ella me consolara. Porque su sola presencia me consuela. Porque su pequea mano me supera. Eres lo que ms quiero en el mundo. Borrego bes con fruicin aquel rostro angelical, aquella bienaventuranza. [43] He levantado una teora en alto, delante del Rey. Despus de todo ha escuchado todo cuanto tena que decirle, he llegado a su corazn. Un corazn farragoso es el mo, y slo puedo querer y amar a personas extraas como t. Pero hoy se ha clavado definitivamente la semilla en el corazn claro de nuestro monarca. Por eso esta luz es clara, y todos cuantos estn con nosotros ahora, son claros, difanos. No es fruto de una expiacin en la forma; la forma no se merece nicamente la claridad. Tambin la forma es fuerza. Fuerza bruta que palpita y amenaza con romperlo todo. Voy a enmudecer de un momento a otro. Voy a callar, he levantado una teora pesada y no lucrativa. Debajo de esa burda onomstica estaba el Rey. Ahora l tiene que romper con esas cadenas. Ahora l tiene que aplastar a esos insectos que vertebran nuestra sociedad. Romperlas en mil pedazos. Convertir esas armas
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armas que forjan los herreros, y esas monedas insidiosas, en otra cosa ms espectacular. Si ha entendido lo que he querido decir (y yo entiendo que por fuerza me he dejado llevar por la dodecafona clsica, no tanto por capricho, sino porque subyace en ella la terrible e indisputable humanizacin de la guerra, la terrible e indisputable conversin de la guerra en paz repugnantsima) su tono despectivo, su rechazo en cuanto a m, habr valido la pena.
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3.
El misntropo []: la naturaleza creara un ser as queriendo crear aquello que corresponde a un mundo que ha creado seres como vosotros, algo que, sin duda, estara a su altura. Shakespeare
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[43] Aun siendo necio propsito mirar por la ventana poniendo vista y sentido a los campos trigales y en la masa alborotada, retorcida por el viento, de los cipreses en el cementerio del cerro, la princesa se inclin aprovechando la luz del sol y el aroma de las trepadoras flores, para estornudar y localizar los tres o cuatro guardianes que la custodiaban apostados en la sillera de la torre. poca de continuo tejemaneje militar en el horizonte. Pues siendo como fue narrada la emancipadora historia por los propios rebeldes, ininteligible, desprovista de discurso, de argumentos, el rey apost por la opinin contraria de escucharlos pacientemente no fuera ms que para sacar provecho humanstico a la grave contienda que en realidad se cerna cabal, premeditada, y calculada hasta los mnimos detalles, sobre todos ellos. En esto, el Rey tena prcticamente ganada la partida puesto que saba cmo escuchar un minu o una giga, y discernir las notas falsas, o el atropello que a veces los msicos se inducen unos a otros con el fin de desesperar a su majestad; y ganar tiempo, o con la esperanza puesta en salir temprano de la corte. El minu o la giga haban pasado de moda y la msica se resenta, se resecaba; y los msicos ansiaban dar rienda suelta a su creatividad. La primera publicacin de un edicto en contra de las licenciosas nuevas armonas musicales se llev por delante, sin contemplacin alguna, a muchos de esos msicos cortesanos. Muchos de ellos quedarnse sin voz cuando exhaustos rogaban al Rey que no les reclutara para hacer la guerra; y otros tajaron sus manos artistas con hachas de verdugo para salir del atolladero en el que las
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las pocas convulsas ponen a su hijos predilectos: las artes, las celestes discordias, los hombres libres de trato con los hombres (a sazn de nuevas teoras acerca del comportamiento humano, algunos hombres, no todos, se dispersaron para no volverse a ver en todo lo que les qued de vida). Pero el Rey saba cmo contrarrestar aquellos demonios disimulados en filsofos que preconizaban insulsas intenciones modernas de disparidad y heterodoxia, y que conminaban a quienes los escuchaban a apartarse y a tomar un camino distinto y a un desarraigarse del propio lugar en la forma en la que nicamente los animales ms feroces es ms admitida. Pues siendo necio el propsito de mirar a travs de la ventana, la princesa deseaba hacerlo para adorar sin sentido y con el mximo ardor a uno de esos proscritos tan ligeros de cascos como inteligentes. Aunque obviamente fuera necio y redundante la princesa no renunciaba as a la observacin del verdadero hroe. Siendo ella tan torpe de vista no demoraba ni un segundo el encuentro con aquel que a una cierta distancia le cantaba y le confesaba tan amistoso, filosfico amor. Aun siendo la princesita interpuesta a la lubricacin con mano firme y hierro insondable, y aun atada con recias cadenas a la curva pared de su aposento, ella no quera perderse el refulgente destello del lad de su amado y al amado mismo en la irresistible complacencia ntima de la luz esfrica que ambos emanaban. Slo el sol aspira a tanto y en su da lo tuvo que demostrar. Lenguas extranjeras, de muchos modos, de muchas modulaciones, la griega y el griego, por ejemplo, han hablado del sol como la demostra
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tracin del amor eterno que reparte luz intemporal entre las masas humanas, animales, y vegetales, que juraran en su remoto origen no verse nunca de otro modo. As, por ejemplo, el filsofo Leibniz dijo de los hombres algo parecido cuando se recluan, a despecho de los todopoderosos, sin ser por ello presos, ni reclusos sin esperanza, en aquella imitadora de la inigualable esfera de luz universal, en la inmanencia de una visin panormica, panptica. Porque hasta entonces la tierra fue pasto de las vctimas ciegas que tanteaban el terreno, y lo enrejaban, al ser cazados, por innmeras costillas abandonadas. El rey, que regresaba por las noches y volva por las maanas, no tena del todo claro que los tiempos estaban cambiando. Evidentemente porque los das y las noches son cortos, y la voluntad humana es de limitado alcance; supongo que se hace notar a veces, no siempre, la banalidad de los esfuerzos, y sin embargo su sorprendente tenacidad en el hoy y su correligionario maana. Pero la idea mgica del esfuerzo constante y la mula/terica terquedad de unos pocos provocan el contagio gradual sobre las almas ingenuas, que reconocen a priori el carcter puro de su monarca, de un mal de difcil clculo, o de una enfermedad, en vista de sus efectos. Esta enfermedad imparable, que contrae el cordero inesencial, azota de raz los dominios del poder casto, el nico que desea la supervivencia, y no la contamina en la eternidad, hacindonos (dice el rey de la realidad misma y la de sus compaeros) parecer obsoletos en cuestin de dcadas: devolvern vengativamente, acreedores e interesados, a la naturaleza lo que nosotros extrajimos en puro diamante, rd
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las reglas de su reproduccin legal. No es de extraar que los reyes en el poder, muchos de ellos, otros ya en la necedad suean ms a menudo en la necedad misma, vieran el corcel /espectculo (la noria y los cines) encerrados en el declogo de noche (normas que sirven nicamente para cerrar los prpados); pero ya totalmente infructuosos a la luz del da; tambin relapsos y profundamente odiados en el aspecto soez de su imaginativa cultura. Pero si el acumen, que liberase y modernizase el uncido tropel, produjese rpido sus frutos en la pasta de carcter y actitud del monarca cabra esperanzas de una adaptacin a lo moderno ms o menos progresiva. Pero si el obtuso tirano recelara del concepto de adaptacin se seguiran entonces todo tipo de desastres que quiz nicamente pueden atemperar aos de lucha: deserciones masivas, muertes completamente inocentes e injustas. A no ser que, en realidad, fuera aquello un deseo expreso universal y postulable, que creara una intelectualidad ciertamente blica y difamatoria. Pero que como deseo, absolutamente ninguna perspicacia terica puede demostrar o analizar, y menos an aplacar, impedir o demorar. El deseo, para que no se cumpla, debe guardarse a una temperatura ambiente constante; o que el objeto del deseo se manipule. El deseo, en todos los casos, no le incumbe ninguna cienciologa, y menos an, una historiografa. Por eso, los males, algunos de los males ms perversos y persistentes que nos azotan (nio estpido!) en las horas extraas que clarean como los relmpagos, los llamados das, tanto en cielo como en pompa, son creaciones particulares que no pueden pppppp
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disolverse simplemente por las desgracias que se producen ante los ojos de quienes las contemplan: aunque el ltimo precio (el ms alto precio) finiquite en cosa ms absurda como la muerte o la ceguera completa de sentidos, los ms propios y los ms brillantes. Brillo, brillo! Tales deseos (y acabada la perogrullada reciprocidad) ahondan en el cerebro hasta la raz, y el cerebro, que tematiza el objetivo, lo hace justamente y adecuadamente, tan arriba y pespunteado, que declina su visibilidad ms o menos personal y privada, es decir, insacula su intimidad, ms all de la frontera de lo que est afuera y lo que reside dentro, en trminos inmejorables para la homogeneidad futura. El resto gusanero se sigue por motivacin, dinmica, movimiento, e ilusin, al igual que como se lanza al cielo una piedra y slo podemos esperar, impacientes pero rpidamente sorprendidos por la sosera esencial de la propia gravidez, a ver dnde cae. El rey, que regresaba por las noches y volva por las maanas, no tena del todo claro que la princesa hubiese sido cambiada de lugar; o entregada al suplicio del cambio de manera arancelaria si cabe decir, o chupar. El amor y la pasin que l senta por la princesa se mantienen sin embargo inmutables. Por ejemplo, el rostro de la amada, minidelectacin del que olvida una cara pronto; el rencor, no haca jirn ni trozo de piel suelta que lo mermara (deseo como el incesto, permanente, de cicatrizar la herida y romper las cadenas, s, la princesa renuncia a semejantes fauces); siendo el rey grande y fuerte, vena expuesto y abierto: debilitado por las incursiones prospectivas que l ordenaba siempre con tanto entusiasmo a sus agrimenso-
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res. Tales expectativas de derecho y jurisprudencia bien hubieran podido quedar detrs de un seto o en un monte intocado: lo cual demuestra que las conciencias morales, y en cuanto morales, se tranquilizan con la propiedad; se agazapan en el peor de los casos tras ella, y si les dicen los profesionales que las medidas que tomaron son las correctas no hay ms que hablar; salvo que se manifestara lo que aqullos hacan y escondan despus del magnfico gape. Oh, pero la indiferencia es un idioma, un lenguaje propio! En este quiz despectivo de lenguaje embriagante el deseo es compatible totalmente: de manera que el rostro pueda ser el suyo y el carcter de la noche a la maana se zanja en el tema de la revolucin; o pudiera ser de cualquier otra faccin, y entonces no se zanja: se abra la herida nuevamente como una segunda boca de rosada enca presta a bostezar. Pues bien, el rostro iracundo del rey repugnaba fijas aristas en sus facciones de Delfn. El estilo impetraba otros lujos, y sus ojos progresivamente miopes por el esfuerzo del cada da no perciban una 2mierda. Ni cerciorarse puede ser una de las intactas expresiones de su territorio. El agrimensor habra sido de gran ayuda, s; sin embargo, al igual que el docto mdicomilitar que le acompaaba a todas partes y rociaba de colirios naturales su desaguada visin, la cosa se vislumbraba apenas: qu desgraciados y malos consejos daban sus flancos . Desde luego su existencia sensorial y rgano del que presuma limpio hubiese sido otro de no ser por aquellos empleaduchos cobardes, pero dispuestos a
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a arrellanarse donde fuese para darle de vez en cuando la razn que le convena: pero slo le aportaban auxilio en el nico campo de investigacin que a l, mohn, le interesaba (aun as, era lo importante, y entonces nada ms quedaba a la vista, y poco importaba). Supongo decirlo de otra manera procdase aqu y all como tecnologa aditiva, ortopdica, de aplicacin inmediata y sin ciruga agresiva; sin duda contribuye a revitalizar su organismo, ja!; pero cmo amputa las alas a un pajarillo y como yace marfilizado precisamente el romo espoln cercenado. Otras cosas que Nos vimos con claridad: la luz del sol muestra el camino, pues toda aquella luciferina natural filosofa, ya acumulada a capazos por obreros lgicos, fillogos, y antropomorfos, dirige el centro de Europa hasta/fins/finnegando su aglutinacin, o sea regurgitado por los intersticios metafsicos en el coloreado pasmo de mltiples pumes de fiesta reconsagrada y estoy hasta los cojonines!, y en la procesionaria de los mstiles y las lanzas lanzadas al aire en vez de hincarse en el cuerpo redondo como pan henchido de centeno y agridulce pasa de los numerosos enemigos de sostn y soslayo tremuloso (y trmulo, al fin y al cabo dedn, para darle al divino en la barriguita). Harto de la soez conjura: entre el desdn de Portaferrisa n12 y BlancaPaloRosa del cajn de muelle en transmigratorio osito de peluche: procedencia Nueva York y sus huevas en el arrastre de sumo y ondulante marino cuenca ondulante el marino y spero fondo del mar entre dos fallas de fuelles en hlito de menta y marfiles confrontaba pues de aquello hada no era/eras/ Essex/assez ni era Ahab, ni Jos Cem, ni el seor Bloom, ni
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Virgilio, ni Hans Castorp, ni Ulrich, ni Konrad, ni Roquentin, ni Gilles; nadie opaco, nadie tan opaco Borreguito! Dnde est el Rey que se dirige no! dirige sin descabello nuestros implantados pensamientos hacia un propsito poco menos que comodn para nuestras nalgas?; desfondado tal vez por manoseo o masturbacin; simplificado, recto y aturdidoramente convincentes peladillas y piatas que un jinete venturoso retuerce en el aire; es que no nos estaremos volviendo locos!? O slo de vez en cuando? La rosada salmona fuera de su eje, de su navo y su cortante quilla en dos mitades flotantes parta el mundo de orilla a orilla! Hasta los cojones de maleer esas cosas. Cmo colegir el mal hbito? La endiablada pronuncia de un chasquido de mudjar y peregrino sapo en el mundo feudo? Como lo que ensearon otros escritores junto a sus desdeosos y cncavos alineamientos lumbares ante tales noblezas tanto de castellano como de castiza provincia. Cajn de muelle flexible con hondura de volcn que retiene sendos manuscritos de una barbada, como ya se ha dicho, ingle femenina, barba inglesa, espesa y de jovial aspecto cuando de repente se hace bailarina o abyecta contorsionista del circo cercano ms cercano ricricric. Hirondelle de antena de televisin. S, ltima bocanada de matasuegras para envolverla con sus alas negras: as llega la prima Vera. En el fondo verla sobre el espumante caballito suya cabeza casco de palmeantes plumones y pronunciadas viruelas en los flancos y la grupa dieron al futuro Reyseor de todas las cosas tanta envidia y tanto futuro. Y tanta cosa y tanta la otra que el preboste casi circunciso desparej a primera h
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hora de la maana llamada a la sacrista su par de lana calcetines. Veis que la imaginacin no est en la soledad? Partcipe del libro que quiera aunque lo quiebre lo doblegue y lo devuelva a buena hora con algunos cambios circunscritos a determinadas negaciones dialcticas del contexto: algo alto papo irnico y gallinceo no devuelve ni un duro a esa provincia seca de inguinal travesa. Eh t, a qu viene todo esto? A rey muerto rey puesto! Con toda evidencia. Creedme las ideas no nacen de la soledad ni de tan alta montaa y meditacin. El rey es infusin como el objeto ms pequeo y atolondrado en su primera experiencia hiperventilada ansia o hipotrmica degrutacin el mundo no se desmorona ante l sino l ante el mundo y con miembros prietos y tensos fuertes como ramas de elefante sujeta lo que primeramente se le desparrama: toda esa carne hecha de caza y sesos. Renato pos suavemente sus cuadradas manos sobre las rodillas del eterno alojado paloma dcese cascada en su brecha de hormign en el alojamiento eterno el hombre es un alojamiento para el hombre. Tengo pis! Levantle con simulacin. Ests distrado mientras tanto, dijo l. Eso s, contest el otro. No estoy satisfecho de esta ciencia que me enubece el cerebro: podis devolverme el trozo que falta? Os lo prest dormido, o en sueos, apenas recuerdo. Ahora de conciencia firme y extravagante deseo su correcta reincorporacin all donde sea que lo sepis poner. Esta chica que me arrulla como paloma en la ventana me habla al menos veo agitarse sus labios murmullo y no la entiendo, por Dios mismo que haya bajado de los cielos, no le entiendo ni una palabra. Eso que
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que me tiene loco, s, sus enormes tetas balanceantes, calientes y palpitantes, como si un naranjo enrabietado girando su noria ceida de doble coraza librarse de carga quisiera dos frutos rebeldes y avaros de jugo y color. Apenas estoy tengo cuerpo para nodrizas juguetonas. Ora con diagrama atusando el pelo. Ora con la venda suave y algodonosa de entrepiernas. Con ellas de qu hablo. Y toda mi carnicera se enfurrua y entiesa mientras me cien al cuerpo y cama en unidad de escndalo. Podra romperse como un hermoso jarrn me susurran de sos que venden por categoras. Yo te dir lo que hacen despus aislndose del mundo extramuros, cerrando puertas y ventanas. Dos de ellas, el otro da, jugaban al tiro liro levantndose las faldas hipcritamente. Una de ellas ayud a la otra a subir sobre la cama sobre mi madera nufraga corrida. Ambas formaban por las manos una hermosa y arqueada bveda miguelangelesca. Apenas levant la cabeza hasta donde pude y mis ojos vieron la o prieta y artesonada y ensimismada y ligeramente henchida como si una semilla quisiera salir el brazo izquierdo libre el que menos me duele y el que menos fuerza tiene y el dedo entr en el caliente botn para pedir hora y nueva enfermera. Y cuando la otra en ligera doblez me masticaba la mano hasta la mueca contracciones dilataciones esperas eso de una mano? Bueno, s, mas estuviese caliente como un extrao en los altos hornos vascos la mano suspendida en el aire algo macilenta amarillenta y como el poeta rseo un poco ya a la altura de su narices, empez a respirar, hinchar la exange caja torcica y espolvorear otra corrida mientras lloraba incomen
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sobre los pechos abiertos del buey bruido macizo cuatro patas arriba sin ataduras. A qu clase vais les dije? Y luego se metieron de capa cada, no s por Qu ms da! Si es eso lo que quieren pensar de m. No puse en funcionamiento ningn aparatito. No hice nada especial. Y no temo las quejas. Realmente quejas y ruidos. Sillas que se mueven como urracas a grito pelado. Yo temo mi matrimonio pero tampoco s cmo enfocarlo. Adolecido por las dudas, y la apata general. Pero ella no espera ninguna respuesta. Ves que enfermo y postradete an me rompo los cuernos en la salud de la pareja? No crees que tenga ms bien tipo de aventurero, de manosearlo todo y con todo cuerpo? Puerquito viajero con su ufano proceder del aire a la tierra de la tierra al aire. O bien como un inteligente interiorista hacindole la cruz a la mujer del exteriorista. 90% de tiempo perdido: lo otro es sexo seguro, no? No s, dmelo t, corderito. Hay algo en tu tiempo perdido que dan ganas de comer. No digas que no te lo advert. Que el conocimiento no existe. Que el conocimiento no existe. Y menos para estimular a la lechosa ramera que si Hartmann el ontlogo me dices. Pero estos ontlogos en cualquier caso siguen siendo temibles terribles taciturnos tranquilos individuales locuaces apacibles toscos minerales. Oh, me sobran siglos, me sobran siglos! Mas t, hijo de puta, sabas perfectamente lo que iba a pasar, dijo l mismo asombrado por su naturalidad. No es que se conocieran profundamente casi con el cuento de no conocerse ya se conocan como de improviso en los momentos de intensas sesiones. A cual ms perfecta y redonda. A veces sim
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simplemente bastaban 5minutos. El uno se arrodillaba delante del otro por turnos sin nada que decir justamente en ese momento enmudecan. La solemnidad, el hechizo o embrujo, de un hombre/mann/homme para un hombre/mann/ homme (sigue la culebrilla, sguela), y sabiendo que ellos saban algunas cosas francesas, inglesas, alemanas. El uno se arrodillaba delante del otro por turnos sin nada que llevar a la boca, hostia consagrada. Musitacin desta musicacin gnstica realmente difcil ver el enredo fundamental de la relacin. A veces me pasa que tras distintas lecturas imposibles (de todas las posibilidades la nica imposible es la lectura, a ver si nos aprendemos claramente esto!) reunidas imposibles tras muchos esfuerzos de imposible posibilidad. Imagnate esa redonda belleza que era mi mujer entonces cmo se puso entonces ante la imposibilidad de lo posible, y de la posibilidad de lo imposible. Nada que ver entonces con los dramas domsticos al uso. Y entrando en uno de mis textos clorhdricos no hace el tpico pasello de mujer de confianza, echaba tantas lgrimas al suelo como alfileres. Las conversaciones y las desconfianzas eran la misma cosa. Pero sus alfileres se introducan en mi corriente sangunea hasta el punto de volverme loco. Hete aqu que estoy loco por culpa de esa mujer. Ojos de rana que hiere mis libros y abrir una segunda creoda sustanciosa en la semicorteza de la pituitaria cerebral moqueada, y cosa tampoco de que soy capaz de decir de un tirn lo que pienso, no se trata de una larga cadenita de Incluyendo, no obstante, metodologa pedante, ya porque fuera la sustancia del propsito ya prieta y densa de
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de por s, entreverada hasta el pliegue, ya porque consumada complejidad inveterada, como un coleguismo de mosquetera veamos el final a toda la hipocresa que del deseo Real emanaba hasta la fecha y menos oportuna para todo lo de hoy (amputada de toda creacin oportuna, en bloque, slida), situando a su Majestad como efmero individuo dantescamente en reserva para habitar los altos hornos infernales (los ms afortunados monarcas y de aquellos los ms reflexivos, sin embargo, en el futuro por las hilanderas que los acabarn en sus das en celebrados palacios alabando y alardeando la moral perpetua y la nobleza del arte: en gran estallido de hiperbreas celebraciones de pascua y pospascua). Real o realidad?: debamos decidir pronto qu nos interesaba. Posponiendo el asunto de si la realidad o lo Real se pudieran acaso combinar en el futuro, enviamos oportunamente a nuestro bolchevique trovador a enamorar a la princesa, que en las ltimas horas ya destea; y tampoco se enredaba a nadie con Utopa. Si hubiese sido precisamente Utopa el eje del concierto o lumen de la hbil estrategia no hubisemos acaso logrado ni enamorar un tanto o cuantum a la vecina, ms practicable, por decirlo de alguna manera, por mtodos convencionales. La seora que en aquellos momentos movidos limpiaba otras tantas dependencias no era otra cosa que Parergon novelero. Cmo no verla simple y desmaquillada aun a costa de la carne entumecida que recubra el hueso? De sus callos de Escipin ni mencionarlos. Si consiguiramos despertar en la princesa (todo rumiar parta de aquella cogitatio y precisamente de e
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ese sujeto, tan antigua al parecer y forzada la accin que ningn Verbo de Revelacin Textual (y no contextual) no puede por menos darse das, meses, aos, incluso eternidades de ventaja, en el magnfico y auroral presente en el que ya nace todo) un pice de humedad, el rey an tendra su posibilidad, y modo de jugar, como lo hace un nio en su barreo, levantarse ms tarde de lo habitual, postrado en su pennsula bananera con deje de placentero quita de ah esas pajas!, dndonos as la fcil ven-taja ofensiva. La mujer es como el agua y el agua es mujer, creyendo escuchar de un docto entre los que estaban all reunidos, tambin doctos del ms alto valor cerebral, que siendo anotado escrupulosamente en la crnica diaria blanca y dulce como el papel por un diplomado escrofuloso en velocidad de maquinista. Perdn. Que. Das encargos a los neurocirujanos. Apunta. Neurocirujanos. Psicpatas. Criminales. Depositarios de rganos. Holgazanes. Aptridas. Fsforos. La bolsa papal contiene tantos oros como bulas. Basta!, le dijimos al trovador indcil: prepralo todo y haz que arda de toda vez la princesa en su cieno erecto y ptreo no obstante que de tu mcula no frage mezquina ceniza! (Presente auroral en el que ya se dispone de todo.) El trovador remilgoso, no obstante, alertaba (no me he subido a un caballo desde que tena treces aos. Cuntos tienes ahora? Cuarenta y cuatro aos. Eres un poco mayor no crees? Estoy en la plenitud de la vida. Mira que no es eso lo que te estoy diciendo ahora) alertaba jactancioso y repetitivo: yo slo juego con las palabras. Me parece absurdo, intil e imbcil jugar a inventar otra cosa que no sea el juego mismo much
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mucho menos a la intemperie que los obtusos movimientos de hombres que, por muy categricos que estos mismos sean, merodean la liebre por donde pasan con la tinaja a reventar. Y as, de su insular negocio, el trovador derram otras sentenciosas frases de carcter ms experimental, y en rigor mucho ms crueles: Culos los motivos de la tormenta que roca el pavimento de los volcnicos galpagos sino el signo de inmemorial naturaleza para que las millares en siglos viajeras como naves pesadas de maravillosas y bruidas aunque tambin abolladas conchas de ano en ano desoven en la ms lejana de las playas? El que quiera encontrarlas no tiene ms remedio que emplear toda la vida, aunque ello le cueste la vida. Biologa marina. Reapunta. A un organismo predilecto no se le puede olvidar tanto tiempo en un cajn. Baln y camiseta de bacterias. Orinas? Eres joven y de esa entrevista apenas pudimos darnos mejores razones: volver o no volver. Trae pa ac el revlver! Dijo que aquello no lo haba visto en su vida y se descerraj un tiro. La bala entr y sali limpiamente de una sien a otra. Y si lo hago aqu? Y si disparo aqu? Aqu? S. No, aqu no ocurre nada. Nada de nada. Es raro, verdad? No. Ya te digo biologa. Cules son tus libros preferidos? Bah!, tengo muchos, pero no voy a hacer una lista. Ya van saliendo por aqu y por all, es inevitable. De cuntas palabras estamos hablando? A da de hoy unas diecisiete mil ms o menos. Pero no hay prisa. Prosigue romana. La mano blanca del barbudo docto levant sin querer un mechn de blanco cabello. Parece Virgilio, nest-ce pas? Qu guapo! Oh, anota y siente cmo agarr la lumbre rem
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rematadamente suficiente casi sin esfuerzo! Eso es poesa! El dulce desovar. Las playas del Meridin. Las suaves laderas de la Roma jurdica y papal. Con toga prpura semidesnudo y las llaves de la ciudad rodendole el cuello como un spid. El cuello cajn que incluso un gitano pudiese descansando aporrear. Como el viejo Kinsington pequeo como un guisante aporrea sin cesar su lacado piano completamente ciego. Mil araas del techo penden. Lagrimitas sonoras. Qu emocin. Quien mejora su bid mejora su vida. Por todos los ases, cmo refresca! Esos indciles animales no saben lo que se pierden. Por mucho que estudien la luna y sus inmediaciones. La mejor manera, creo yo, sentarse en verano. Incansable guitarrn son los insectos veraniegos. Cuntas cuerdas tiene? El lad de nuez diecinueve. Atrvete con l. El pltano que acoga a Scrates mientras frotaba su panza con plectros descuidados casi arruinados por la nodriza. Bajo su mirada de Presidente no comulga con la editora. Quiere seguir indefectiblemente los pasos homricos en cuanto a la transmisin y al ritmo porque de esa forma las cosas de talento tienen mucha ms opcin (como el campo a travs, de los prfugos), forma traviesa, forma que soslaya estulticia y bienestar de la vanidad, continuidad masiva de la ambicin y bondad aceptada que acompaa toda vanidad y toda ambicin y que se vuelve ojeriza y obsesin hasta el Supremo. No puede ser menos jurdica esa forma de ver las cosas. Para suicidarse, vamos, con o sin talento. Vamos, que mejor tener talento para el suicidio de manera que decir me suicidio significa contar una bonita historia de desunin co
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con la nueva costumbre, con el nuevo hbito que despunta, el alba inicitico, emprender, iniciar la tarea, la constituyente tarea del emprendedor, no, la reconstituyente tarea del emprendedor. La constituyente tara del psicpata. Iniciativa toda ella para juzgar a los suicidas con talento; pero es coercin para suicidarse lentamente. Porque el misterio de la creacin precisamente concierne al ministerio de la velocidad por los temas urgentes, compete, entre el suicidio lento o el suicidio rpido. Acarrear con el peso mientras el pensamiento del suicidio; no se puede ser menos radical, no se puede ser menos revolucionario, ms bondadoso y tambin ms enigmtico; porque de la vida se hace magia justo cuando de la vida hacemos un suicidio lento, infinito, ms lento que el infinito. Lo otro sera poner sobre la nufraga madera las heces del sol. La repulsiva mana de poner esos carnosos alimentos, carnosas propiedades, al sol, precisamente al medioda de la hediondez del sol y la carne expuesta en la madera de la Santsima Tierra Mara. Luego fueron uno o dos o ms radicales a las puertas de la Universidad de la Vida Ministerial, de la vida de la estulticia gobernada por el suicidio lento, gobernada por esa refraccin a fin y a cuentas. Una bonita historia de desunin con la costumbre. Quin dijo eso? Nadie. No lo dijo precisamente Scrates, el buen Scrates? No. Es una frase sin analizar o es una frase que no se puede analizar. Qu te hace pensar que se puede analizar? La costumbre. La nica asociacin de costumbre y bonita historia que yo conozca, vamos, que yo sepa, vamos. Difcil ver una cosa as. La juventud es crema. Porque la co
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costumbre es contraria a la juventud o deber ser asimilada por la juventud, lo cual puede ser muy difcil o un milagro. Vamos, que extorsionar a esos bellos muchachos por muy bonita que sea la historia. Tan alto est el tema? Se conmueve en la Agenda Ministerial, y conmueve a los ministerios y a los seores ministros. La juventud es la crema, vamos que por ellos quemamos oleosos miembros de buey en la sacrificada y morada playa. Crema, mantequilla. La leche. El rasgo de la cremacin asignificada en los flancos del animal, endia-bladamente sacrificado, ofrendoso como la ofensa. El buen Scrates untaba esa mano sobre el mancebo pecho como se unta mantequilla en el pan. Agarra eso: la mantequilla en el pan. Vamos, que puede ser asignada a la juventud; y asignable problema a esos golfos gobernados por las nodrizas. Mano bonachona que cie el muslo derecho; y cerco que l hace. Contrario a la juventud. Dispuesto por la juventud. Honra que te honra el viejo a los designios juveniles de la educacin. Honra que se hace parte y luego el todo, el ministerio del Fiscal del ente Supremo. Endiablado animal y supremo gozo tanto de la afrenta como de la ofensa y sus sesgos de carne tajada? Y sus cuernos pasan almibarados en las calientes entraas como carne y ua. Y la miel digital, los dgitos del escriba en el cuenco del aguamiel, la enorme pila de agua miel, entremezclado con melaza, en los bautismos del escriba, en los bautismos consagrados de la insignificante asignacin de los Nombres y de los Deseos; columnas de toda la arquitectura superior, y hacia el lento suicidio y el lento placer, tanto de la carne como de los dones superiop
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res, que entran en la carne a travs de la asignacin del Nombre por el escriba. Por el notario, y el cronista. Como a travs de un campo para un prfugo. Uno de esos individuos de relamida consonancia, de relamida desarmona, tambin, y de la ms alta estulticia; paseo entre los digitales roces con la muchedumbre bacteriana; celebrando la cena de bienvenida sobre esa tabla a la deriva, la mesa de honrosa disposicin de alimentos, quesos, vinos, uvas, tajos de carne, sobre la deriva de la madera en cruz, la nufraga madera que presenta los dones naturales y las heces de sol, y toda su cohorte de viejos comensales y jvenes mancebos. Socipatas como Jess aparte. Nada de sus dedos claveteados y fijados sobre el dulce acontecer del espasmo carnal, de la crema solar juvenil; nada de esa miel. Jess, cordero esencial, claro. Y Juan Bautista, claro el cordero inesencial, mancebo de medias o simplemente cruzado. Caas, caaverales, Artemidoro, agua. Es difcil entonces ver el Bien y el Mal. Simplemente se tiene el estremecimiento de los nombres significados. El estremecimiento inaudito asignificantemente en toda su amplitud, longitud, volumen. Es eso simplemente. Ancha espalda de todo lo inaudito se hace presa en el primer escalofro, manos que atajan la espina dorsal que cimbrea espina dorsal, y se ataja y se mueve, y adolece msticamente, adolece ascticamente, sobre cajn de piedra, sobre dos rodillas, sobre dos grandes y habitables rboles de alto copete. La copa, el cliz y el vitico. Presento mis manos. Presento mi deseo, mi torpeza, perdneseme, mi no saber hacer la cosas, perdneseme, mi inconsciencia, mi invisibilidad, pue
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pues me hago visible, oh, corte ministerial! No imperial! Ministerial! Del Ministerio de la Sanidad de los nuevos cuerpos en ciernes. Juveniles y un tanto cremosos, moleculares, de hasto impagado. Este Scrates y sus decididas indecisiones editoriales. Estn dispuestas? Dispuestsimas! Cmo lo hacen? Intromisin. Cmo lo quieren? Hecho. Cmo lo comen? Mejorar la carne hedionda es nuestro acontecer. Cmo son los prfugos en el maizal? Altos. Me gustara dibujar sobre las paredes. Bien hazlo, nadie te lo impide. Nada de lo que hagas aqu se puede deshacer. Pero todos los pasos y todas las indecisiones se pagan. Ms tarde o ms temprano, rezan las comisiones. Haz lo que creas en las condiciones que veas, esa es la mxima. Un tanto apretada. S. Braga secular. Braga del ms rancio abolengo, ajustada al abdomen. No hay peor avispa que esa miradita atrs. Pudorosa. Tmida. El dedo sobre el nido. Sobre el ojo del Arcngel. Un tiro en la sien marc su destino. Nadie le puso una mano encima. Nadie por muy obligado por la curiosidad se atrevi a dar un paso hacia el cadver. Ni remotamente orillados por pies el cadver. Al contrario, muerto casi disolvindose y desamarrndose peninsularmente. Casi la nica manzana putrefacta que dej caer la seora. Por la maana, y en ese tpico desayuno. Antes, mucho antes de partir hacia Pars. Para ser inmediatamente fecundada por los parisinos. Por un Adonis mi Paris, dijo l. Mi Paris. Mi necio Virgilio Virgilante. Viga de mentn Patricia. Patricio de mente suicida. No l en persona. No haba nada entre esos muros que no permitiera al puerquito su asentamiento, y virilmente dep
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poner, disponer, desovar, a orillas del cantbrico rubio, que abra sus puertas martimas, sus aspas pedregosas, brazos contenidos, devolviendo la sal y las algas; y las casas y los hoteles con devocin de feligreses arrimados sobre los aguamaniles de estao y floreados. Cmo menstra la mar, nia! Porque as ella diez minutos antes tal vez, cmo menstra la mar, nia. Diez minutos antes, como a las cinco de la tarde, dos ojos Federico Garca Lorca. Orillados ojos Federiquenses Garcilenses o Lorquenses sobre la tibia playa, glbulos de subasta, cremacin, oracin, sacrificantes sus pantorrillas, su librito. Ellos, en su conjunto, transmutan el rostro y los designios del rostro. [44] Dos das ms tarde recibes una postal de sobra conocida por todos en la que te mandan proteger a los bien nacidos, a todos ellos. Dos das ms tarde, cuatro das ms tarde en suma, t haces callar a dos nios pensionados. Dos nios pensionados De Tiroides Tumefacta, colgadores, percheros, percherones de sebosa y enrojecida piel, y un perro guardin, entre San Bernardo Liso, y San Francisco, el correbrinca de Carrefour. Dos horas y cincuenta y seis minutos de interrumpido seso. Chischibeo a deshora. Comprenders que se me ponen los pelos de punta! Yo, mientras tanto, escribo una carta al vecino para que ponga orden en nuestra casa. T no recogiste a los nios pensionados pasando por ello. Te quejabas de su mal olor. Tres minutos de comedido desplome, y pum! el desplante. La aguardentosa cara de la segunda concubina de Gengis Kahn. Los nios pensionados motean sus caras de enjundiosos granos de pus. T crees que puedo estar yo de broma! En toda Rusia, por
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por la literatura que mam, hay siempre como una especie de controversia entre los chinos, Gengis Kahn, y los rusos de toda la vida; amn de esa cada monumental de Port Arthur. Despablate! Pa qu, soy un gandul! Esas hordas desbordan, tapizan el suelo siberiano; cada individuo, convenientemente esculpido, pintado, se corona de las siemprevivas campestres seoritas que a la postre son de alto standing moscovita. Engullen las chozas con sus fauces de colectivo ponzooso, reinventan los escaramujos, las aguas residuales, las esterillas de dormir de blanqusimo algodn, y aplastan, con su larga zancada de chancl de hierro forjado, las hermosas nias de ceroso rostro yacentes de rodillas, por lo que se ve, hincado doloroso, por lo que se ve, implorando el carnoso labio de un judas ruso y un santo ruso Qu bienestar para mi vida! Sin embargo nadie se hace pestes en ello. Pueden y quieren vivir con la salutfera revista bricolaje en la axila para los restos mientras puedan llevar y les proporcione vido declogo, y oportuna la contraria; tanto a todos los investigadores en el campo del mueble de jardinera y choza europa, a base de boj centroeuropeo, de pino penibtico; tanto a Gengis Khan con sus mor-dentes rondillas y piscolabis intersticiada en la sinuosa casta sinfnica, meldica, de sus vstagos trompetas que rezuman los saberes de la futura msica serial. La onomatopeya sinfnica funciona bien en Stravinski. Gallos, perros, objetos de corral, desaparecen a ojos vista envueltos por una niebla espessima de apocalipsis. Fue eso un canto folklrico stravinskiano a punto de hacerse pupa y encontronazo con suelo y pared de escenario paris
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siense. En un santiamn este msico de aspecto feo dispuso de grandes cantidades de dinero, una fortuna micnica de vasto alcance. Mecenas es el nombre de la isla y contiene una cosa que no se puede contar de grandes rocas y almiares empellejados, de pella carbn, de jirn de cordero, o despellejados por la misma hambruna licntropa callejera urbana contempornea. Urbano IX: el muele rpido caf. Yo llamara a esa poca el sesenta y ocho griego. Por estar tan cerca de Calla, corderito! Eso no lo digas! Tamponaba los orejos de los nios. Una escultura y una pose simpticas. Dos das despus, el quince de diciembre de ese mismo ao, ella, a las doce horas de la maana suba la cuesta del Sardinete, como se le llamaba a la Ascensin de la purprea virgen, en tres kilmetros, monte arriba, cobijo/ermita parecido a un colchn de lana y a un pene redondo. Desde las muy bien parecidas cimas intent localizar la seal y de paso romper el nudo gordiano de la semana santa. Pero la lgica pudo con todo eso y no tuvo ms remedio que comprometerse con su madre para navidades, creo que me dijo. Navidades, ao viejo, ao nuevo. (Gan Dhul) Cuando baj no hicimos ms que mirar y mirar a Pollock brincando de su silla contra un rbol, una y otra vez. Y ella miraba por primera vez desde lo del accidente a la mujer barbuda. La mujer barbuda! La mujer barbuda? S, la que se cas con tres enanos. Choteo que le estaba dando la noche. Y una fina sonrisa se me dibuj en dos partes antagnicas de mi ptreo cuerpo. Gan Dhul y su hija trompeta! Zollip acurrucada en un rincn. Si flexible lo era un tanto! Demonios, pa verla zollipar! En una mano un
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una maza y en la otra un Gelocatil. A los tres das convinimos en hacer un viajecito de muy corto trayecto llevndonos a los dos nios con nosotros. La idea no fue del nio, sino ma. Pens que no lo disgustara. Pero l, por lo visto, se imagin una idea tremenda. Yo no consent a su manipulacin. Siempre tan desdeosa! Siempre hay un ruego detrs de cada gesto despectivo! Qu le ocurre ahora? Qu ruego es se que no puede esperar? Ni un minuto ms! El santo cagador! Joder, cordero, el santo cagador, por qu! Ella aspaventaba con los brazos y los nios tambin. Como si los nios tambin fueran ella. Menuda caja de caudal! Ese tro de los cojones me han chafado la vspera! Qu encuentro era se tan importante, tan saludable, o sea, tan saudamente beneficioso? Sabe usted! Ella haba estado haciendo averiguaciones por Internet acerca del Cornetto. El helado, s. Pero en lugar de eso saltaban pginas y ms pginas del cornetto renacentista. Una especie de violn de la poca. No quiere decirse un violn en la forma. El cornetto es instrumento de viento. Un violn de turbacin enfrentndose directamente, ni a izquierdas ni a derechas, directamente, s seor, as fue la cosa, enfrentndose digo directamente vuelvo a decir, de espaldas si quiere, al cornetto de masturbacin. En qu se basa la diferencia? Mire usted! Quince das tratando de explicar la virginidad! Y ella me suelta un mohn y un preaviso de intrauterinidad. Se comprende? Porque yo no lo comprendo Otra cosa que no tena clara era: por qu no puedo tocar la flauta dulce? Entindame, la flauta de pico. Entindame, no la flauta dulce, sino la flauta de pico. Los n
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nios le zarandean de miles formas. Una de ellas con un palito. S, un palito rooso y pegajoso. Coligo Cornetto helado. Efectivamente! Zezeaba! Siseaba! Chischibeaba! Y luego con la letra espaola ! Esos lugareos insectos, invictos, del tamao de un botn, con esas manitas de rosa ratn. Idos a pajear! A otro lugar! Fuera de aqu, moscas cojoneras! Hmedos bichillos de diez gramos! Como viera que no estaban bajo la frula de la experta en cardiopatas. Etc. As de sencillo? As de sencillo, como un mono! Madre ma!, pero qu ha hecho usted? Mondar el pltano. Ya lo veo, ya. El tipo, muy hermoso, se sonroj enterito. Madre del da! Qu ha entendido usted? Qu ha intentado usted? No es eso, no es eso! Hurgaron en mis narices los muy hijos de Exacto! Yo comprend que ella naca por duodcima vez: como los doce huevos de la gallina, que en su corral la proteja el santo Gallo: doce anos de traseros imperativos ordenados por categoras, la supersemana santa de ocasin (tres veces nos haba tocado casi rozado en Carrefour). Pues como moscas vinieron a m, sus manos llenas de dorados trigos y ciruelas purpreas. Nos las podemos comer, no las podemos comer! A mam que voy! , record maquinalmente. Pero podan haber esperado a todo eso, en vez de desperdiciar horas y horas en mi definitiva aurora. Alborear como gallo gritn! Eso es lo que no entiendo! Record los almiares de plomo fundido y trat de que cayeran en ellos por los pies. Lo peor de todo es que aqul se qued mudo al instante. Mi mujer entraba con tanta fuerza, entusiasmo; y ella quiso forzarle. Y es que haba estado escuchando tras la puerta! Me dijo un da
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da despus: Trae la buena nueva de Jess! Yo te digo, escchame, t a su lado no eres ms que un vendedor de coches. Eso te lo digo yo! Y pareca que ella fuera amnsica. Y pareca que yo ya no existiese. Y adems ella se comportaba como Mowgli. Se inclinaba, se combaba, asuma formas muy gticas, apenas perceptibles para el ojo no-humano. Salvajismo gtico induciendo a un regreso rousseauniano a todas luces inmerso en el fcil mete y saca la colada, del fondo del ro, tra la l. Tambin el tipo segn fuentes informantes revisaba los cantarines salmos del superhombre: y aullaba que se regalaba; que su sobreabundancia era tal que no lograba contenerse bajo las formas de esa efmera conciencia del yo: vertido quiero ser sobre el fuego y no sobre el cliz de plata que mi nia guarda celosamente en la nevera. Una cosa as, para volverse locos. (As que no me deja terminar con este asunto de la virgen y el enano? Hombre, capullo, me ests levantando a la mujer!) Qu sorpresa, nunca me cre capaz de tal cosa, ni de sugerirlo, ni de provocarlo! Inocente cordero! Tengo mi barba liada, en fin; y rizada, en fin; y perfumada Lgicamente no traer a colacin la luminiscente retahla de dientes blancos desbastados en la corriente limpia de los torrentes ancestrales; ni de los vinos absorbidos, y cuales libaciones, los de preferencia, o los de obligado recurso; ni traer a colacin mi escamada armadura de hombre talludito, en la cual se da un definido caso de psoriasis, de la nerviosa tendencia a la picazn, del lumbar soez y antisocial, que me prohbe la generosidad y me arrastra a la sosera. Y existe todo un agua que no nombro. Y una bodega de atades que no digo
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digo. Y conocimientos de sepulturero que no me agota. Y en su espejo oblongo: rostro de len. valo los martes y los mircoles. A lo mejor porque duermo ms y mejor. Recamado espejo: dime en qu creoda sempiterna de mi frente tupida de heraldos no hay lucha! Quiere decirse que soy un cobarde? Que miro siempre para otro lado? Dices que mi frente, oro refulgente, es peor que un circuito de Scalextric? Sxtuple rufin, me sacars los ojos! Qu blidos transigen, repiten la misma furcia cada vez! Qu pinturas las pintan! A este paso las lanzas sern pelos de nariz. Y los cuartos traseros humeantes simples retoques de ojera. Diez das, diez largos das, pasaron para que mi amiga se deshiciera por fin de esos capullines alelados. Pero anterior a eso, ella me dej sentado sobre un predio, no recuerdo de una catedral sobre un ro o algo as, y se escap con ellos en busca de ms aventuras. De dnde habrn salido esas tres bicicletas? No saba que tambin se dejaran alquilar. Inocentemente me dejo arrastrar por la visa oro y sus productos. Qu hizo e ella? Los llev derechitos a un ro. Le picaba el coo, sabe? Siete rufianadas! Es usted consciente? Del todo. Por eso siempre me atengo al xodo. [45] No es un bien que todos te den por imposible? Por qu lo dices? Porque representas algo imposible y t lo sabes, dimes y diretes, Kchel Verzeichnis 423. Por favor, cmo iban a ponerte en cintura y con qu objetivo? No haces dao a nadie y si t mismo pudieras te pondras a jugar al chinchn todo el da.
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Te equivocas en lo del chinchn! Espera que acabe mi exposicin! Para hacer el menor dao posible! Si te hace bien Pero por qu dices el menor dao posible? Hay en su especie de histeria femenina tal contencin. Paradjicamente. Y es lo que me gusta de ella. Como encallada en una piedra, y sola: as se presenta el pensador enigmtico femenino. La pensadora suena a trilladora, esperanzadora, provisionadora. Y parece que no te preocupa el hecho; que ese dao te lo ests haciendo a ti mismo. Desde luego la moderacin es un acto reflejo de los dems (a ti eso ni te roza). Mientras que t: la mitad del tiempo puedes cometer todas las barbaridades del mundo a oscuras, a escondiditas, como un jorobadito vengativo en lo alto de su redonda torre (no es torre, pero da igual, qu ms da!, quisiera llamarlo as: redonda torre, por culpa de mi bonachonera, de mi apariencia bulbosa, chapitel envuelto en prpura de oro; suspendido en su saeta, verme vestido de raso o vestido como aquel personaje vctima de las dificultades del momento, que eligi vestirse de bronce y estao, tirando la paloma a plomo, o tirando a dar con una mosca semimuerta a pantuflazos en el ojo de aquel gilipollas que presume de muy alto). Quisiramos tenerte todo el da en nuestro regazo ratoncito rosado! (Reverbero balsmico de un osito bocazas enteramente naranja.) S, mana de los enanos que juran una y otra vez su carcter pequeo, su horizonte enano, su locura lmite entre los suyos y los vuestros: los ojos o los huevos! Simplemente que
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que leer todo el da no se hace constar (en los Anales o en el Anbasis) como la barbaridad mayor de todas. Pero es una locura pretender por una parte que los enemigos compartan la misma bala y la misma muerte: as los amigos no comparten entre ellos ni la bala que les libera; los amigos comparten el odio pero no la muerte (por lo que se alejan antes de nacer); de ello se deduce cosa parecida de casa y sarcfago; y tampoco el da de incineracin se presta. Si pudieran no compartiran ni da ni poca. Un rin prest un cerdo llamado Vaco a un puerco llamado Baco. Es cierto que no debes de ser el nico requetemequetrefe en el mundo que se comporta as como si no tuviera ni amigos ni enemigos (y yo respondo: porque no hay solar donde hacer la guerra, querida). Y que a quien le haya tocado en suerte un sujeto como t no va contndolo por las calles. (Y yo respondo: pues t deberas. Infrmate, infrmalos; esa y no otra debera ser la prensa.) S. Tal mercanca no se vende. (Eso siempre que contemos que tienes derecho a la compaa de algo ms que una; y a explorar el mbito de tu colectivo por ingrato. No me insultes que ya no hay meningitis en la! Ingrato? Por qu? Somos gatos pardos, o simplemente gatopados en el derecho romano.) Hay barbaridades que se muestran en pblico, que son famosas barbaridades pblicas, sin duda; tendenciosas, e incluso se admiten con gracia. Pero claro, imaginemos un grandsimo escritor: por qu no iba a leer? Por qu no iba a leer mucho? Mucho ms de lo que se pide en estos casos! Ocioso problema. Pero. Ella tom el hbito estrafalario de empezar todas sus frases con el mira a Borges
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Borges. l en muchas ocasiones (las ocasiones que le ha dado la televisin y la justa fama merecida) admite que todo lo larga cual fue su vida ha ledo demasiado. Su cara entonces se degrada, lo he visto ponerse triste varias veces, verdea, despunta en su rostro melodioso un rasgo un tanto despectivo y desorientado, y un mohn de laceracin interior; mira retrospectivamente, y a su mam atendiendo la colada y la crucifixin; tratando, muy de tarde en tarde, en la cocina, de sacar a No de una lata de cereales; y acepta luego el hecho de que no haya valorado la vida de otro modo: dndole oportunamente lo que es de cada de cual. (En todo antro literario, la verdad se basa en el justo reparto de aquello que ha de ser la base de la enemistad; y no, por tanto, en base a la amistad, puesto que la amistad es una falsedad de carcter y carece de todo fundamento.) Pero un ser lcido no pretende que al contrario la vida sea oportunista con l. No s si eso se puede representar as sin ms, sin un mnimo detalle literario que no se adjudicara tal empresa propiamente como un mnimo, un mnimo baromtrico; o mejor en los lmites de tal pintura, hacer surgir el berrugn de la senectud, hacer del traje de los domingos una parodia nacional para que el tipo parezca un energmeno y un feo. Para aceptar esto yo me supongo que hay que ser famoso. Pero tambin, del afectado es necesaria una muestra de cario y un lpiz menos mordido; pues el afectado sabe que no vive solo. El afectado sabe, y no estoy hablando slo de Borges, que hay que destruir al lector hasta donde se pueda. Si ste desaparece, el mundo vuelve sus ojos a quien escribe pidindole que exagere algo, lo que sea, que e
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ellos mismos no estn dispuestos a exagerar, por supuesto. El trasfondo de la historia de Borges, y su recin ovalada cabezota, refleja que el santo lector se lo comi su coco. Si hubiera un empresa que viera en un mnimo ardor creativo tal o cual solvencia literaria para inducir la amistad, los escritores acapararan todas las nminas en concurso; y en cuanto a Borges se apartaran de l como un borracho se aparta de un vaso de agua. Entonces por quin lo dices?! Qu humanidad la tuya! Por nadie De sobra sabes que soy compasiva: oh la cristianeza es oro en pao, intelectual, de sobras sabes su mtodo, oh, continuar el mtodo hasta que baje el astado con el eterno corneado! Sus vsceras riegan mis plantas flores! Y esa compaa no es nadie? Lo dices por ella! Dedal o regadera! Que no es por ella, maldita sea! S lo dices por ella! Me voy a ir! No, antes dime, lo dices por ella! Seguro que no lo dices por ella! No, no lo digo por ella! Ah, vale, pues contina! Sigue, vamos sigue! Me interesa, me interesa! Desde luego que me interesa! Si no lo dices por ella! Quieres que hable? Pues entonces creo que cometes un error: ests hablando de dos cosas totalmente distintas. Mi soledad es mi soledad. La lectura pertenece a un mbito circunstancial. Pero tambin circunstancialmente l
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la lectura se acomete en soledad. No s bien pero siempre ha sido as. Pero, por favor, no hables de ese modo, con tanta amargura. Detestas mi inocencia, lo s. Porque supongo que es eso lo que me ests tratando de decir Tratando? No me hagas rer. Te lo he dicho bien clarito. Yo tambin leo, joder. Y t pareces que ests llevando a rajatabla una leyenda: la leyenda del santo lector, del ermitao Oh Dios mo! Ves? T eres especial. Dejemos el tema por ensima vez, y vamos a desayunar. Eso, vamos a desayunar. Pero no dejemos el tema! Aqu o en la terraza? Ella lo mir con los ojos claros, limpios: de vez en cuando arden sus ojos y sus ojos queman hasta la ceniza la desesperacin esclerotizada. Altos hornos parecen a menudo sus ojos. Quema lo que est desesperado en ellos y vuelven a ver como el primer da. Sus ojos limpios despus de la cremacin, de la incineracin de tanta desesperacin, le obligan a tomar medidas visuales desproporcionadas. Por ejemplo, ver ms all de lo que l est mirando. As me imagino yo que algunos pintores descubrieron la perspectiva. Y ahora contaremos este hecho: la visin tom parte en el descubrimiento de la perspectiva en pintura por caminos inescrutables. l debe ser retratado como ese seor sagrado que se ve de frente como el bulto ms docente. Categora sta que no puede percibirse a modo de una graduacin de objetos aqu y all. l es todo cuanto ella necesita. Los objetos circundantes que aparecen no deben ser ms que misiones reales de una mquina universal (l mismo) que se expande como las pas de un erizo; sus tent
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tentaculares cabellos en forma de misiones reales; insisto en este hecho de pa real que conecta muy finamente con la mquina del todo universal que es l: el baremo. Todo objeto es un erizamiento realizado claramente sobre el cincelado (al milmetro) perfil del que te dije: l mismo/bulto sobresaliente, sobresaliendo, excelente pero no excelentsimo. Simplemente perfecto el que te dije con un soborno de fondo azul y unos objetos acompaantes, flotantes, aflorantes, a modo de cabellos reales, a modo de cabellos turgentes, a modo de biso excelente, a modo de flequillo querubnico. Ese seor sagrado, sea como sea la medida de su busto, no puede ni debe ser circundado por objetos traidores, extraviados, ora en una profundidad remota, ora en primer plano, adelantndose y frustrando esa docencia inminente. Una de toera, marchando! Toera, s, toera! Ella da esa espalda siempre como bienvenida y del qu dirn. Y l gritando, encolerizado, asperjando con saliva las plantas de la terraza: sencillamente reconocers que la virginidad de la mujer de ese seor esculido tamponado en la noble madera de roble es un dato! Pero por qu usas, peregrino, la religin? Acaso es el peine que lo desenrede todo? No estn las generaciones para esas cosas, de previstas a imprevistas. No, no lo estn: calle usted, por favor! No meta la ponzoa y el cuerno en la vscera de la virgen santa! No estn hoy las cosas para zalameras mitolgicas! Ey, que no me estoy justificando! Ey, seora ltigo espina dorsal! De qu vas ta!? (Mirada furtiva a un tumor y a un bulto reparador: toda la fortuna es hija de esta cosa (Espina dorsal en cuanto a los nervios, u
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Espina dorsal en cuanto a los nervios, una cajita musical, que al final acaba en punta roma o en cabeza) voluptuosa echada a perder: pero no aadir ms que lo que aade el humo al fuego.) El calor de la cara, el rosa ratn apunta maneras, el sofoco, dira yo, por cumplimiento de tantas funciones y expectativas que se resumen en una sola cosa: una cara, un rostro absolutamente cndido y de fiar; un primer plano de cine es lo que yo soy. Este grandsimo sofoco no permite sacarle del grandsimo apuro en el que se encuentra. Razn: Portera. El cancerbero? No, coo, nada de eso. Pero, sin duda alguna, l no presiente, ni tiembla ante la sola idea, que la cabezota redima, por la angustia sufrida en tanto en cuanto que Borges Lector, a su madre despampanante. [46] YO no puedo ser ciencia. Y ciencia unnime en una libre y explosiva soledad. O si se quiere precisar con precisin de precisador: la ciencia es una cuenca curvada o planicie individualsima en cuya superficie anida un lobo emergentemente lunar zigzagueante arrumbando el mundanal mundo y objeto objetante al azar, vigilando y apartando; pero claro que no hay ciencia para que el hombre solo, instrumento de instrumentos, en un disfrutar personal, por decirlo as, en inconcluyente colaboracin con los de su grupo, recabe en todo ello como un poner los pies desnudos en el agua de un pequeo ro tajado y tajante, cargado, en su fino caudal de cuchillo, de brincadores salmones obsesivos y procreadores!, si despus, rescatado sano y feliz, salvo y consciente, surgidor entre los escombros de un accidente gordsimo, se quedara solo a rengln seguido expectorando, inhalando tal vez, el azufre de un meteoro p
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colisionador preturbador globalizador pertubador estallador para los odos, motivantes emulador por la boca, tam tam de manos. De eso, n de n! Que no puede ser! Eso claro en millones de luces diseminadas oportunamente desde una contraccin remota a miles mediodas de distancia. En esta soledad de medioda, en esta soledad contrada y melanclica, Ella, con nuevos gestos, me alcanza, por ejemplo, un vaso de agua cristalina: la amante solcita. Con ella puedo hacer ciencia y ciruga. Seda y cobre. Despus del trgico accidente /occidente, la ciencia no pu puede nada, y esa mujer, la vivaracha amazona, slo alcanza a alcanzarme un vaso de agua cristalina. Y el orbe no sea ms que un solo planeta y un planeta plano y un vaso de escanciada agua sin desbordar sobre un piano plano y no hay ms que un planeta ortogrfico y el planeta ortogrfico no es para nadie sino para todos adnde vas a ir? a incorporarte? in corpore sano? in mente enfermiza, o de mala ralea!: andando el tiempo, como vereda de monje. All a lo lejos en la distancia nacarada de azcar, el temblor de una isla juvenil bajo los andares, los ardores, y los atolondramientos de un holgazn dinosaurio que mira inquieto con ojos coruscados de dos conejos, coo; mira inquieto la blanda marea de continentes. Se plantea la posibilidad de un maldito juego entre el dinosaurio y el advenedizo mtodo lobuno. El dinosaurio y yo: hagamos cuentas, siempre yo, y yo, y t! (El dinosaurio con todo su peso antediluviano carbonfero dcima cuarta generacin o degeneracin, segn se mire.) El dinosaurio y yo, yo y el dinosaurio. l emprende su tarea de machacarme los huesos, todo le sobrr
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sobra y tiene carne para eso, me sacude un fuerte pisotn, a lo que opongo algo ms delicado, un cruce de piernas de princesa que espolea los aconteceres y las vicisitudes de esa Gloria del afrodisiaco abismo (mientras aos atrs hbiles perforadores aguijonearan como vidas abejas jactanciosas tu vientre de Len perezoso, tu maldita fecundidad). El conejo/coo es una liebre/rata/mensajera. Mira las florecitas, el verde rebao de juncos, las propiedades curativaromticas de los caaveros! Huele/olfatea se traga una: coo la ciencia pervive al modo de un hocico pestilente y una barriguita saturada. Plantas en el fondo barruntadas y columnas para crecer junto a ese monstruoso horizonte de templos. Tallos verdes como esponjas moradas cruzadas por una especie de espada mgica, y ese coo abusivo de mil labios que hace saltar lo medicinal, lo meridional, en el bingo de lo enorme, y con el cuento de su puto agazaparse en las tinieblas flotantes de una estructura marina atraviesa a trompicones el tubo sinttico de un elixir de amor enfundado de amplios lavabos rusos. A m me machaca los huesos y de paso los nervios! No puedo permitirme el lujo de ser tan holgazn como el dinosaurio malito. Imbuido en la ms enjundiosa viscosidad de una responsabilidad secreta y un gas nervioso que parece llevar un mecanismo temporal me sito en un perifrico jardn de venganzas. Altamente fluyentes, con sus ros de sangre (mucha de sangre), las medidas combustibles y espacios HUECOS PARA LA IDEALIZACIN crecen, producen, subyugadas por una fractura, brecha, falla, rotura; pero ese yo idealizado en el petrleo ni alza el vuelo (porque no puede) ni grita a gritop
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gritopelado: YO Y MI SISTEMA NERVIOSO recin operado, de arpa al estentreo trompo y trompeta, decidido a congregar software de auxilio. La raz es una rocosa salida hacia fuera. Lo suyo es un desastre de ecologa posterior, de trasero a medio hacer. No puede. La verdad connatural: no puede holgazanear! Ni con viento a favor, ni contemplando huido el tamao de un charco, de lo que fue una mancha potica (como diran muchos alegres del vicio potico: en las entraas vivas de un ro que asperja catatnicos salmones henchidos de la larva del futuro heredero) de orientacin heroica; y muy lejos del modelado especular de los ocanos que empujan masas y masas de acmilas de color bronce: esa mujer saca oportunas naderas mimticas y litros y litros de crema de leche. No, mal dicho empujan: empujar fcil parto asistida por comadronas de gran linaje y especie; de la libertad fluyente de un coo insaturado de las miraditas posdecimonnicas; pero el lector que se las apae como pueda sin fotos, sin ese asunto paramtrico y grfico; porque ante estas masas y masas de ojos devoradores de las que esa mujer extrae la oportuna madeja de consolidacin y la absoluta oportunidad de una mnada a ritmo de cuatro, una sola fotografa de su mantenimiento e improdigado atributo, ora divino, ora de ascendencia noble, lacerara de tal modo su comportamiento, que algo se quebrara por ocho sitios diferentes, rezumando el seboso blanco de su propia histeria; y de esa bazofia blanca a la que tambin se enfrentan literatura, y escondido o amodorrado, un zafio organismo que autodivulgndose se atreve a inventariar las partes ms inm
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interesantes y los elementos ms incisivos: y menuda mujer, nvea, a orillas de una playa de postn, orillando incluso su propia tendencia a orinar sobre la negra arena; y de esa bazofia blanca, como deca, apetece ni que sea no bebrsela ni tragrsela: a lo sumo responder con la boca torcida un parecido excusez-moi pero a la espaola. La boca de esa mujer es un razonamiento de sangre. Pero. Piero della Francesca Es decir. Tengo ya bastante problema con que un dinosaurio holgazn y solitario me ande buscando las cosquillas en mis negras costillas o en mis negros flancos. Celoso de mi puta holgazanera me persigue. Digo que L no puede holgazanear que YO no puedo holgazanear mientras cada cual vigila al otro en su ronda de noche hemisfrica. RECUERDOS DE UN ACCIDENTE: Si el mecedor movimiento de un dedo mecedor sobre y bajo la superficie si sardinas descabezadas regurgitan la Una. La cabeza en todo caso es el sponsor. La presin, el temblor, la acechanza del monoltico sudoroso del cuadrpedo motor (dinosaurio Ford) me atemoriza para ultrajarme sumergido en su chorro y salva de enferma luz, ya de por s lumnica poderossima y peligrosa, hostil e incongruente, pero macilenta (luz atmosfrica y como de cocina) circundada por el acero hermtico de una anilla o abrazadera: ja, ja, ja...!; que me lleva tieso a un paroxismo ocular. En una selva siempre es tacto hmedo, burbuja con un abigarrado chisme o mueco, que en su claro trasmundo interior, o una cebolla mnada silvestre vibra muy enrgica, o un enanito de los bosques chapurrea una especie de idioma no concluyente a modo de una fraseolog
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ga galica o parafraseologa, entre lo ocurrido y lo ocurrente! Algunos ya vern claro el proteico espadachn que resuelve ah sus evidentes diferencias. Y algunos otros vern claro un revolcn entre macho y hembra. Y otros ms limitados vern en sus entraas el mismo revolcn pero solitario o con la asistencia de un Dios cudruple veces pentadctilo y demoledor. De esta ltima extraa burbuja me interesa una sola cosa: que se resiste a cualquier aguja o alfiler pero no se resiste despticamente a la arista no mutilada de la flor. No, (no), no tiene sentido decir proteico. La idea gloria para la idea! forma parte del espectculo. Gigantismo. Quiero decir que en lo de decir proteico no me viene a la memoria decir dinosaurio babeando bulbosas protenas. Agazapado parado mosqueado: las prolijas vitaminas omiten una virginal nota la y se inventan el subidn. Tabla peridica de la sandez. La mujer me acerca un vaso y aprecio todo cuanto has hecho por m: entre alfombras de fuerzas centrfugas, teselas de dinosaurio, occidente/accidente, la ciencia, saln controvertido, mucha gente de postn. Es una guarra maligna (la otra) desprovista del sentido de la proporcin (al menos proporcin referida a m). Un no vivir, un culillo de mal asiento. Se li conmigo llamando a un mago y con sus artes se dedic a interpretar un arco y una cuerda. Pero era/es otra historia. Y ese hombre en posesin de la verdad toda me introdujo enanos bacilos y enanas costumbres de andar por casa. Mil hbitos me introdujo ese cabrn medio profesor, estoy hablando precisamente de ti, seor mo, de ti, para atenuar la dureza de los sesos: no me creyera en fin que el cosmos me
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me aplastara. De una fina aguja extrajo cosa as de mil furtivos pollinos, o peregrinos, segn prefieran ustedes, y los lanz en mi corriente sangunea, probablemente hacia zonas occipitales. Y esos encuentros entre peregrinos hostiles pero compasivos contribuyeron a la idea peregrina, es decir, parsita, de por qu del cosmos recibo tantas collejas (y como el reclamo de un encendido foco lumnico que fuera de su habitual encendido y apagado un tanto siniestro me incinera el alma, mejor dicho, los colores de ste, y me trae a colacin un blanco perpetuo demasiado sublime, demasiado intenso, demasiado albo, que no contiene aprensin alguna, que no contiene ni da importancia a la oblicua respuesta de la expresin ni de la impresin, que no contiene dilatacin o materia para ejercer sobre esa misma dilatacin o sobre esa misma materia el sombro nominalismo del concepto). Pero fue un tal Cantor, o Kant mismo, no recuerdo, quien al final logr, recurriendo a espritos lquidos, el des-enjuague final. (De eso se ver ms adelante: pues fue una operacin sonada: la primera realizada en Espaa. Y es que por aqu, por la playa y por el campo, entre burros y corderos, tenemos a nuestros propios Freudes y Pasteures). Tantos bofetones, encontronazos con el universo; no puede ser! Pues ese hombre me mira olvidadizo y me derrama la inquietud de su funesto dogma (programa): aquel que dice que el mutismo no precede a la amistad. De todas formas, rojo de clera, en determinados momentos, parece subirse a mi cuerpo para apretarme tanto as el cuello. Las dos mujeres tienen su forma propia de interceder en todo este asunto un tanto pe
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peliagudo. S, un tanto, un tanto, y un tanto as el cuello. Es una parsimonia ejercida desde dentro, a un ritmo muy lento, como si cociese el huevo fnebre. De huesos fnebres est hecho el hombre. Yo interpreto dolencias, no los cuernos animales de mi mujer. Y t te vas por derroteros castellanos. Soy inviolable en este sentido. Sincero y esplndido en todos los casos. En las sbanas no hay nada escrito. En las paredes lisas de la habitacin slo entra una luz crepuscular entre verdosa y amarilla. No hay nada escrito en las paredes lisas de la habitacin. En ellas no figura el mrito propio, la dignidad propia. En ellas no figura casi forma alguna a excepcin hecha de alguna onomatopeya escrita en raro revs. Dos libros yacen sobre la mesilla auxiliar. No me atrevo a decir que la mesilla que veo cuando giro mi cabeza a la muda realidad de la derecha, hacia la ventana, es una mesilla de noche. Si lo fuera estara ella, esplndida y gutural, con su poderosa nariz de buitre leonado, a mi lado sobrexcitada y comprometida con algo abstracto. Esplndida y tribuna. De ella ya he hecho mierda; abstracta se entiende. Las visitas del doctor son menos frecuentes, y ya no trae esos pergaminos propios de amanuenses con los que suele distraerse ante mi posicin de diablo encumbrado. Eso significa que ni escribe ni dibuja. En el techo he visto otras formas. He visto, por ejemplo, escenas finales. Dada mi capacidad para el dibujo, y la flotante parsimonia de mi cuerpo, realmente me hubiera podido dedicar al menos una hora al da al miguelangelismo. Y Dios con una mano y un brazo alargados hasta el infinito sacudindome en la cabeza, anillo de casado vuelto. Las visitas del doctor s
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son vacilantes: a veces cree ver a Miguel ngel flotando a veinte centmetros del techo. Le impresiona el hecho de ver mi brazo alargado hasta el infinito rociando espray al techo ahora mismo combado y henchido de lo divino. Espray antivioladores sobre los ojos pendencieros del Dios oculto en las formas abisales del techo de la habitacin. Un gesto rociador un tanto meticuloso. Mientras que me devuelva lo que es mo! La verdadera gracia divina es el vaciado de toda entraa. De no soportar ms mi peso en rganos empapados en agua sucia, madeja empapada en agua de color marrn o rojo. Menos podrida est el agua de un charco. O sea, refirindose a m, ese hombre excluye el que alguien con evidentes dones superiores me devuelva algo, bien al contrario, ser yo quien devolviese el favor de un valor incalculable. No es cierto? No. No es cierto. Qu has estado haciendo mientras me diverta? Como una chiquilla, Ella se me acerca y, sin ser la razn obsequiosa de siempre, me dice, con un beso robado y un susurrante decir s: Soy un astro imperturbable de luz congnita! Qutame esa luz de los ojos! Otro da, un da de luz oro absolutamente, un plcido atardecer que entraba a chorros en mi habitacin, M de misericordia, lo recuerdo, entr gritando. Ambos se mantuvieron a distancia, paralizados y amarillos. Paralizados no anduvieron, pero paralizantes, s; anduvieron sumidos en eternas reflexiones paralizadoras y amarillentas como en estado de gracia y en extrema confusin. Y amarillentos ellos mismos, como si hubieran estado bebiendo toda la noche esperando el desenlace. Uncidos por una bloqueante reflexin. T me robas el core
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corazn. Ungir la bestia animal con los placeres de mi carne, dijo la grcil seora. La tarde y su oro pasaron rpido pero volvi a sumirse en extraa luz roja mis ojos y mi mente, mi cerebro; y no mucho despus se encharcaron en sangre todas mis esperanzas. La habitacin pesaba crudamente, y crudos eran mis miembros y mis carnes. No flcidas sino eventualmente torcidas, apretadas, retorcidas, como un amasijo de hierros. Y las carnes soportaban las teoras estoicas de modo que no soportaban estoicamente las teoras epicreas. Otros das posiblemente fuera al revs. Lo epicreo rezumaba jugoso mientras la planta enteca del estoicismo caa de bruces sobre la arena del circo. Pero un tercio, entre lo estoico y lo epicreo, posiblemente un atardecer rojo, o un oro de luz muy fuerte apenas cruzador y vivificador, pesaba sobre mis ojos unas lgrimas enteras, y pesaban entonces sobre m mis esperanzas y un peso como de ocano. Un tercio propulsor, o un terco propalante, o mi espray de txico color. Mis entraas no tienen color, tienen continuamente, y sin reposar, el blanco acontecer universal que no soporta el sombro concepto que pudiera dar algo de sobra. Para las generaciones futuras habra de decir que las mujeres son muy bellas. En sus ojos echar ese color. Sin embargo, camino hacia la noche, y conmigo camina esta habitacin, tambin hacia la noche, aunque refuljan en ella cuatro o cinco luces diminutas. Voces distintas, voces y ojos electrodomsticos. Su color diurno no aparece tal en lo nocturno: me refiero a esta habitacin, por el beneplcito, que este color diurno no es t
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tanto como el envs nocturnal en el que integrndose o entreverndose se mueve mi espantoso y pesado cerebro. Qu lees, tigre? Yo, yo Nada! Espera! Un valeroso caballero que ha ido a ver a su amante antes de partir a un destino que le har ser hombre con dinero, es encerrado por esa misma amante, mujer casada, al parecer ms que casada, disgustada, con una opresin en el pecho: justo aqu! Ese otro, se llamar Vicua, creo, muestra el dolorido pecho con el dedo ndice. Justo aqu, justo aqu! Esprate! Lo esconde eternamente por un da en una habitacin de su casa. Durante un da, sale y entra la mujer, la amante de la habitacin y el amado de la habitacin, continuamente transgredida en el umbral entre vaivenes, susurros, y alguna que otra controversia. Y es tan valeroso el caballero? No es nada, el caballero: es lo que es. No es nada. No dice que la vida es una tragedia y que ha de morir a manos de la economa. No se hace el poltico, ni el docto en materias pesadas de mucho plomo. El caballero es valeroso porque muestra sin embargo cierto entusiasmo. Y de la nada sale ese entusiasmo! Gratuito como la piedra! La seora se incorpora in recto, columna retorcida, desgaje de un baldaquino, que coronase quiz nuestra torcida misin. Fuera de aqu molcula de aire! Fuera de aqu molcula de estao, de plata y de acero! Fuera de aqu cosa y pingajo! Espera, tengo fro! Qu fro es se! Dnde est mi osito, el osito verde y calabaza!? Mil labios y mil razones. Mil labios rojos como la grana, como la fruta con azcar, separa nuestros sueos de blanco rebullir: lo universal desaparece por las venas y por los canalones mEn
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exteriores: el inmueble se balancea: esa tormenta que acaba por descargar, la tormenta de afuera, y el agua de afuera, regndolo todo. Rezumando. Las manos en postura orante resume lo dicho por la retrica del saln. Entre mis manos disuelvo el rojo perpetuo y cierro las entradas. Al cerrar sa, la que precisamente se me acerca, diciendo taxativamente o, o, como un hocico bigotudo, rezuma fresco jugo de sanda. Es un espectculo verte beber! Beber de un agua clara y pura. Era un charco ptrido que se confeccionaba con cierta astucia, y por las ranas del contorno a base de arcilla, y sebo matinal de la cuajada leche de una ardilla, a la que hiperbreo me acerco como un habitante ms del bosque y un gorrito, confero, verdoso, verrugoso, el ademn de un Escipin que tiende a quedarse dormido, amodorrado, qu hora perpetua es!, con esta cosa andando a ciegas, y con pinta de rojo violentsimo, el bigote gatuno y su regio porte de blasn o sello complicado y herldico, azul, rosa, amarillo, traicionados por el rojo intenso desmenuzado en hebras de almidn blanqusimo. Canutillos amarillos de vainilla me quieren oler. A m! Sal de ah, gatopado, de qu te cercioras?! Gatopado? El mismo que refluye por las anchas avenidas del pabelln! Si lo llamo Gatopado es porque hay una especie ms parda que pardo. Los gatopados del pabelln que perdieron la r rolliza como apndice que salta de repente, que se suicida de repente. Se me ocurran cosas milagrosas, por ejemplo, esponsorizado por la testuz: a estas horas y con esa mujer encima! Ella se apart como si abrazara las tinieblas de la virginidad. (Ah, qu puesta qu est! Temas
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Temas de virginidad es lo que buscaba! Y ella se cerciora envidiosa o celosa! Y sus ojos redondos no se dan cuenta, pero s se dan cuenta a medias: que creen ver en los mos un don de!) Ella se apart como si hubiese abrazado a un huevo frito. Ests nervioso? Se me estn yendo todos los efectos, contest l levantando con dificultad la cabeza. Y de nuevo sobresale a modo de yema lo que ya te dije: graisser la patte. Untar de mantequilla mi despotismo. Quieres cubrirte con una inteligencia que no es la tuya? Vea sino toda mi poltica: amo la msica y la pintura y la literatura; un buen libro es un gran acontecimiento para m. Pronto cumplir los cuarenta y cuatros aos (y es verdad!). Sobre mi cabeza siempre acechar la palabra liberal y amar al pueblo. Sobre la nave del Estado, todo el mundo buscar cmo arreglar esto o aquello, de proa a popa, y a la inversa. Habr lugar en este bajel lugar para un simple pasajero, alguien que slo quiera viajar? T me amas como amante por mi inteligencia? Qu inteligencia es sa? Pero al hacer esta pregunta la mujer se sent. Se sent en el suelo apoyndose en la pared. Ella recordaba las puras acciones de l: y recordaba muchas luchas de su buen seor con los gatopados que amenazaban siempre con volver. l mismo deca que siendo muy inteligentes podran complicar las cosas infinitamente. Siendo la primera de ellas, cual enjundia de su primer trabajo, la obra y escalera femenina, la mujer en concreto (la hembra tal vez). Pero ah est que tiene que ser una mujer muy especial. Pero nada tiene que ver con esos nios tan guapos, tan monos, cuyas madres se los comeran. Con pat
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patatas. Con patatas! Sus pezones se empequeecieron y ennegrecieron por completo; e incluso cuatro pelitos se enroscaron ms sobre s mismos; absolutamente, la nica y tmida superficie de la piel frecuentaba, por decirlo as, rpido, a bote pronto, el cdigo secreto de su interior, que pensaba en esto o en aquello: tratando de arreglar esto o aquello. Eres muy dado a lo absoluto, s. Y con respecto a esto, la mujer le zarande un poquito y le arrull, como si dijramos, gatunamente. [47] Mientras t te ocupas de tus versos yo debo enfadarme. Crees que es justo? Nadie se enfada, querida. No he compuesto un verso en mi vida Qu falso! Quin se enfada? Empezando por m Y lo general? Lo general est enfadado en estos momentos conmigo? Le importas una mierda. Que vayamos a la terraza, lee! El cielo est de un azul primoroso, y las nubes estancadas no quieren salir del horizonte! Qu perfidia, qu perfidia, si llovi ayer! Ayer llovi y los rboles han crecido o se han desarrollado; ayer llovi, bueno, prfidamente, la estancada nube que algn eterno gracioso arrim aviesamente a las cruces, malditas las cuatro cruces y las cuatro diagonales abovedadas de un feliz dorado de hoy el cielo... Bueno, bueno, los rboles casi no alcanzan a esa altura estancada donde seran felices de riego y consanguneos. Ellos llegan a buenas altu
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alturas. Nosotros, en fin, los pies y los muslos si pudieran Qu digestiones, y qu contradiccin de aires, en todos los casos! Slo que no son tan cariosos con respecto a esa soplagaitas demanda que interpuso la digna carne; que ellos mismos, los traidores nihilistas rboles jactanciosamente presumen de no tener, ni querer, y en su decir, dicen: no verdea esa materia encharcada de prieta aparentemente agua vertical; no verdea, qu importancia tiene aqu el verde!; sino sus ramas nunca pentadactilares a dos manos, y en sus races finas y arrugadas que no aplastan la tierra sino que se la cepillen y se la arrimen polvorientamente, ms bien, se la arriman; mas no otra cosa!; y qu diferencia! Calla!! As, esa ella se queja! Esa ella que es la mujer hasta los huevos. Sooo! Prate aqu! No sigas! P--r-a-t-e-a-q-u-! Tratas de evitar que mire? Que mire las piezas? Como piezas de artillera. Media vuelta y se larga la ta. Hasta nunca! Piezas de artillera que boquean hacia todas partes, sus negras bocas, etc. Asperjando la insidia de su solidez contra nuestra esponjosa materia. Agua de una lluvia ancestral vertida sobre la negrsima y extrasima ranura de nuestra chola basiliense. (No crees que tratan de evitarnos? Altos, verticales, es cosa de la que me quejo constantemente, su hipocresa natural.); y cmo yo tambin lo haba presumido lcidamente! Atencin! Cosa rara. El colmo de lo ms complicado. Pero cmo una cosa tan coqueta y curva hasta la ms complicada geometra no puede ser a la vez cariosa? Ya digo: tienen medios para ser muy cariosos esos putos rboles de all; m
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extendidos, no se sacian, y esa lentitud de movimiento que forma tan buen pareja con todo lo carioso y acariciador. Nosotros tenemos un sinnimo para esa lentitud: la paciencia. Pero acaso slo le hemos puesto un nombre raro a un movimiento que desconocemos por completo: nuestra vertiente vegetal. Un to melenudsimo, menudsimo, pero la calvicie le otorga altivez. ste asoma la cabeza por la puerta, pero slo la cabeza especialmente pulida, y Vicua observa obstinadamente, cerrando un tanto los ojos, algo de su biblioteca, un libro en concreto, el que va a coger hoy, por ejemplo, para leer hoy, aunque tambin para excederse en un cien por ciento, digamos, en la rigurosa ventaja que proporcionar su objetivo que ya nadie a parte de l mismo soporta. Y esas cosas que l hace resultan feas, odiosas y tediosas, en el presente; pero imaginmoslas, feas, odiosas, tediosas, tambin en el futuro; y no hay ni el ms mnimo sarcasmo por mi parte, dijo la otra por su parte, rascndose una parte de la parte del contrato, un handjob apenas cruzadito mientras muele caf. Si coge un slo libro ms le parto las piernas; a tumba abierta odioso sof doloroso fea comadrona cra a Ulises con sus pechos de borla y hermoso mullido vientre de incubadora, y creyendo ste que sigue navegando en barca, y no en grasa como era de esperar! Gordo! Y del mismo modo, pero en tanto que es simultneo, recuerdo que yo mismo deca que la otra arrima, como un arrugado y postizo ariete, de sopetn, la cabeza, la anuncia, parte en dos mi cuadriga area de centelleantes nidos de lomo oro que es el cielo vituperador, y sobre la cabeza con su mitra aireada y perfu
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fumada rematado por un chapitel en forma de peineta por la puerta de la cocina como si quisiera ensersela a l la chola desde dentro con respecto a la cocina sin molestarse en nada ms, o en no mucho ms; y por fin, colocando estupendamente la cabeza en el entramado del prtico, y en el umbral de un decir trabajoso, dice esta cosa tan bonita que es una autntica perla, exuberante, y que ha costado tanto trabajo sacarla del fondo del mar del mar, matarile, esas entraas de salvaje sonrojo y extrao pronstico: Eres un puerco ridculo de mierda gordo y con tu mucha de carne! Cosa que es absolutamente falsa, porque cuando un da ella me compr cierta ropa ntima, acaso el mismo dependiente no acertaba con la medida, y al contrario, todo eso eran exageraciones, y dijo que de gordo nada, y me sac la lencera suave y masculina, muy confiado de su buen ojo. Concretamente. Pero si l quisiera algn tipo de ventaja le basta con temblar un poquito aqu un poquito all haciendo uso consciente e inconsciente de su fisiologa tanto ms espontnea como nerviosa. Nerviosa caracterstica limpia como el acero, caliente como la temperatura. Y el temperamento de este hombre! [48] Resumiendo: el temperamento de este hombre no es nada; salvo quiz que se encuentra bajo la influencia, al menos hasta aqu, de una mujer que lo mira de frente, otra de soslayo, y una tercera que osa meterse en su profunda y agnica lucidez (por no decir genial lucidez, pero que hasta aqu no se ha demostrado, no se ha verificado; por no decir tampoco agorera y torpe lucidez, metamorfosendose en lo que ya sospechbamos: Torpedo Ldico); para decirle susurrante lo muy princesa q
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que es en su carne y en su da a da. Esta ltima necesita, no obstante, de un temperamento ms ilustrado, ms anodino, y ms cantarn. Y l opone a esta tercera figura netamente femenina una postura especial y un gesto de poeta medieval. Esto es lo que l memoriza muy tempranamente. Esto es lo que l mismo me ha confirmado sin necesidad de torturarlo hasta altas horas de la madrugada. Y menos an, hacerle pasar de travs por esas tormentas nocturnas, ya al contacto del alba, ya al contacto del nuevo da, que apunta maneras de dorado amanecer! El almiar es un da. El alma es el infierno. El espritu es el tiempo. nicas frases que l logra decir nocturnamente, husmeando como un gato. Esa osa de espumoso vello y ese gato preso en un parvulario. Dos nios desde lo alto de una ventana le echaban cuentas y una buena bola de pelo. Dos nios, nio y nia. Rubio y rubia. Azul y roja. A decir verdad lo que se ha mencionado tiene su importancia (importancia de aos junto a impotencia de siglos, quin sabe): el poeta medieval. Cuida el poeta medieval una cierta libertad en su persona. Se identifica habitualmente con el bufn. Acude a fiestas. Tanto a las malas como a las buenas, es decir, a las pobres y a las ricas. Acude, segn mi leyenda, para divertir y para aburrir. Dos cosas compatibles. Dos cosas muy importantes en vistas de hacer pasar el tiempo a los fiesteros. Propongo que se vea de manera ipso facto al poeta medieval no entre las brumas de un antro campestre francs o norte espaol o suralemn, revolviendo zarzas ardientes con un bastoncillo y comiendo bayas de aqu y de all, sumergidas en vinagre de Mdena, sino como la ev
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evolucin ahora algo encarnado, carnoso, del drama, la tragedia y la comedia (en la evolucin de raso personaje, esa masa de cajn, sale como peregrinacin ms o menos exhaustiva hacia el futuro). En suma, un prodigio municipal de la otrora epopeya cantada; se cuentan entre epopeyas firmes, la famosa Odisea y la famosa Ilada. Al igual que San Juan fue proclamado aqu o all como un exagerado, diciendo esto o aquello de un seor estrafalario, y cmo colaron de bien la fiesta entre los intersticios del buen tiempo, del canino acontecer del sol plomizo; al igual que nuestro bien amado San Juan y su fiesta, digo, nuestro poeta a su vez es parte integrante de la fiesta musculada de esos das poscristianos; con un poco de verbena en sus sangres. Porque en pos de los cristianos se han hecho muchas barbaridades, al margen, claro est, de esas enseanzas culpables en el que se encuentra todo bicho viviente. La mayor de todas, las odiseas sacramentales, los rituales de mete pan y moja, y los delirios de comparsitas y Alicia de Larrocha versin Vengo cantando al pueblo vencedor. Recuerdo luceritos del alba. Con qu objeto, me dije un da, aquello que empieza bien tiene la posibilidad de un canje paulatino hacia lo desagradable? Pero un canje con quin? Y qu es lo tan desagradable que sabe engullir, cual fauces misteriosas en el vaco, lo empezado bien? Porque nadie dice: un organismo supo tragarse la buena intencin de los principios bsicos que eleva un desmaado gesto en una accin heroica y potica. Desde tiempos inmemoriales, as como Platn supo decirlo mejor que nadie, empezamos bien pero acabamos mal, acabamos fata
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fatal. Aqu es donde esa mujer cuela su muchedumbre de huesos y piel: ella le dijo, todo aquello es sano, s, masturbacin a dos, y follamos y cantamos, en la cama como en el campo, casi a lo Manet: t vestido yo desnuda; o bien, al contrario, si t quieres. contrario, si t quieres. Una buena merendola y otra vez a la estupenda cama. Pero siendo obstruibles los principios bsicos, me dije que tal vez stos, no fueran ms que determinadas epopeyas metafsicas (as lo masculino como lo intrnsecamente pollino del gnero), o que nada tienen que ver con los comienzos de una eludible fiesta a la sazn. Bueno, dijo la seora, yo creo que las mujeres creemos en el fracaso de los hombres siempre, y por ello cantamos ms que lloramos; mientras que los hombres veis a las mujeres como establecida y no hipottica, aunque no hipotecada, esperanza. Menudo cuento! O s que est hipotecada! El qu? La esperanza. Con un grado tal de tontera Bien, pero si se empieza mal, como decir, chapuceramente, establecemos la oportunidad de mejorar insondablemente la cosa, salvar los pecios del naufragio, extendiendo escobas a travs de la costa en la cual ya se han derramado previamente innumerables cuerpos abotagados. Una tripulacin de poca monta! Cuerpos abotagados! Hum! Improbable, improbable. En todo caso, entre Manet y esa mujer no hay mucha distancia. Principios bsicos es igual a una buena intencin de sobra actuante (y actuada de cine), es decir, que puede actuar sin la obstruccin habitual de los principios bsicos preconizados por el monstruo marino de la humanidad masculina Una en porciones, o bien, algo o alguien hacia al
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alguien bajo ese tutelaje que pudiera muy bien actuar sin su manopla. Sigo pensando, la buena intencin que sanciona la mujer razon, que la buena intencin siempre oculta en el fondo un panorama de maleficios y profecas, y programas tangibles de agorero devenir. Yo puedo estar en devenir, no lo niego, pero tambin soy vctima de la ambigedad y del peso todo de los acontecimientos, circunstancias. Se dice as? As, si empezamos bien, no es menos lgico acabar mejor acompandose de unas cuantas frasecitas a la moda que al menos simule o aparente describir el pack entero de la contraccin feliz: lo que comnmente entendemos, se entiende. Si se entiende marchamos bien y acabamos mucho mejor. Por la cabeza de esa mujer pasaron otra vez todos los trenes. No se aguanta! El argumento no se aguanta!, dijo ella prcticamente gritando. (Siempre me gritan.) T no eres un fracasado! Vaya!, contest l, una esperanza. Oh, claro que no! No soy un fracasado! He sido vctima de la ambigedad y de su terror, en un grado interior insondable, imposible reconducir los volmenes, corregir la magnfica proa, frenar la mole de inexactas valoraciones; vctima de la prole de la gentica entusiasta y de la felicidad a ultranza, con o sin churumbel, todo aquello que a buena fe produce un latido menos salvaje; el estado anmico vapuleado, zarandeado entre las corrientes subalternas de un ro subterrneo siempre amenazador, siempre violento; he sido vctima siempre! Y hemos tenido siempre ese poder!, contest con aires de victoria en su mojigata cara la buena de ella. He sido vctima de una necedad inveterada! Entonces mrame a m
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m y acepta la esperanza. T ests casada, hija de perra! S, estoy casada, pero podemos vernos innumerables veces para follar innumerables veces. Soy un miserable! Me gusta, termin diciendo ella, me gusta tu cuento de miserable. T sabes que una noche de junio fui vestido de armario y fui sangrado con leche de cabra. Todo aquello, lo reconozco mil veces, me estrope el traje, pero yo no estrope la ceremonia. Eres un visionario!, exclam ella al fin. De esta o de aquella frase quieres hacer un da! Y ella, existe algo tan putn? As que en el tedio de la insondable mostaza que es la vida del hombre mediocreador mediointeligente; en el panegrico no emprico sino aderezado por las historias de occidente; en su estricto ser un abalorio consumado; con su poca de gracia; l tom pincel, pintura, y lienzo, y estructur sin demora la mujer putn diez en el centro claro de un bosque, donde luz y desnudez se encuentran sincrnicamente animadas. Deseaba que todas ellas se mofaran en el centro claro del bosque, desnudas, rosadas y hembras; perfumando el bosque con sus mofetadas de mujer y glosolalia de mujer diez. Si la historia de Occidente fuera la visin de Occidente, tal cual, en alta fontica o alto globuloso ojo; bajo la piel perfecta de un monstruo con piel de delfn, brillador. Cuarenta mujeres Al bab hacen girar una noria panpotica casi pulmonar, hasta y hacia la saciedad, suciedad, o sociedad humana; de modo tal que tampoco puede ser tal filognesis de caballitos, trenecitos, cochecitos de bomberos, la souche turbnica, transcrita fcilmente, si se quiere, ni por superman ni por otro ms cuestionable, y ni tan siquiera por
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por el gesto entre pudoroso y ardoroso irse de Occidente por la Occipital, o por la Tangente Frontera del huevo NoSer. Con razn o sin razn, lo que a l le gustara en el fondo es que todo ese corazn de mujeres, 40, fuera el que cariosamente, enraizado en la piel telrica, definiera su situacin de visitante: el visitante ciento y la madre! Simplemente y sin razn que tuviera que ser compadecido inmensamente a posteriori. Y para lo cual no fuera bice comprender un a priori de hegemona absolutista en este o aquel rey, o en este o aquel filsofo. Ese malgasto de turista en cierne, o de turista que se despide, es la nefasta temporalidad de su ininterrumpida exgesis. En el centro pues del lienzo, un claro de luz de sol universal apuntando a la clara carne conglomerada directamente enraizada en el fondo aglomerador telrico; rodeado tal embozamiento perpetuo de seoriales rboles: turgentes y duros como torpedos o como lanzas, o ms precisamente como columnas de templo, al parecer macizo, y embozadamente perpetuo. Este templo mnimamente sacramental. Pero algunos otros machos reclamaron dos claros de luz en el centro del bosque; pero este aspecto de la reclamacin no puede explicitarse ahora, inmediatamente, sin la adecuada preparacin, y sin el desarrollo previo de una preconcebida historia, sino mucho ms adelante, como monoltico epgrafe de un rascarse algo. (La chola del ltimo magnate!) Y otras ocurrencias que le venan a la mente en ese preciso instante de visita a la que se vea sometido por parte de una de las mujeres, aquel Vicua de portentoso pectoral y de excelente anatoma pero mediocreador y mediointeligente: ms all hay un mundo
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do que se puede compartir, cierto, pero desarrollando a todo meter una metodologa slo parecida a la ma. Pero, por ejemplo, el sexo slo nos lleva o, de objetos con el nombre de una mujer conocer unos cuatro; y con el nombre de ellas en voz baja, en la oscuridad de las calles, otros tanto; ahora bien, con el nombre de seor mo creo que ms de diez, incluido Nuestro Seor; o, cmo se intercala en un texto un sof muy confiado; esa nica teora descriptiva del echado, y que el resto del texto tampoco la rechace, de manera que parezca realmente una ascensin? Es decir que la holgazanera no aparezca realmente tal y como es sino como una ascensin de suma importancia y riesgo por oler a rosas espirituales; puesto que existen muchas personas que huelen a queso Roquefort recin salidos de sus cavernosos aposentos.
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y no por la posteridad sino porque as hago a mi alrededor el crculo supremo que hace uno sentado en el tumbal banco de piedra cuando mueve el bastn sobre la arena como un comps. R. Gmez de la Serna
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[49] Repito que las otras cosas que Nos vimos con claridad: dada la luz del sol, de la tarde, sombreando oblicuamente los rboles duros como rocas, enraizados y tenaces como si cagaran, muestra siempre (en segundas nupcias, de cuyo eje el medioda es cansino y de necesario gorro) el camino; pues toda aquella luciferina natural filosofa, ya acumulada a capazos por labriegos inhspitos y retenidos, dirige sin descabello sus superficiales pensamientos que no tienen ms propsito que rendirse en la cama; aflojarn msculo a msculo, y en el ltimo guio se dormirn; sobando tal vez por manoseo o masturbacin a la mujer que alza con solcita embriaguez un cuenco de leche tibia; simplificado, recto y aturdidoramente convincentes peladillas y piatas que un jinete venturoso y rubicundo retuerce en el aire; incluyendo, no obstante, metodologa pedante y gnstica, ya porque fuera englobada por la cosmogona del propsito ya prieta y densa de por s. Entreverada miscelnea y crtica hasta el pliegue, ya porque consumada complejidad inveterada, como un coleguismo de mosquetera veramos sin duda boquiabiertos y paralizados a su vez, un parn de toda la hipocresa que del deseo Real emana (amputada de toda creacin oportuna; en bloque, slida, la mano que empua un croissant de chocolate), situando a su Majestad El Individuo, como efmero cretino dantescamente en reserva, suficientemente tovet, abismndose encima sobre los altos hornos infernales (sean ellos los ms desafortunados e inoportunos ante notario, acabarn sus das en celebrados palacios editoriales, alabados por la no-
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nobleza de su arte: en el sarcfago un sencillo eptome y una foto de algunos celebrantes con el cirio pascual hacindole la gata rabona con el pauelo; grava el seor Pompeyo). Real o realidad?: debemos decidir pronto qu nos interesa. Posponiendo el asunto de si la realidad o lo Real se pudiera acaso combinar en el futuro como ms nos interese, enviemos de inmediato o urgentemente (traed aqu la Vespino!) a nuestro bolchevique trovador a enamorar a la princesa, que en las ltimas horas se nos dijo que ya destea; y tampoco se quisiera enredar a nadie con Utopa. Si hubiese sido precisamente Utopa el eje del concierto o lumen de la hbil estrategia no hubisemos acaso logrado ni enamorar un tanto o cuantum a la vecina, ms practicable, por decirlo de alguna manera, por mtodos convencionales. La seora que en aquellos momentos movidos limpiaba otras tantas dependencias no era otra cosa que parergon de la misma novela. Cmo no verla simple y desmaquillada aun a costa de la carne entumecida recubriendo el hueso blanco de su escoba? Si consiguiramos despertar en la princesa (todo rumiar parta de aquella cogitacin y precisamente de ese sujeto, tan antigua al parecer y forzada la accin que ningn Verbo de Revelacin Textual (y no contextual) no puede por menos darse das, meses, aos, incluso eternidades de ventaja, en el magnfico y auroral presente en el que ya nace todo) un pice de humedad, el rey an tendra su posibilidad, y modo de jugar, como lo hace un nio en su barreo, levantarse ms tarde de lo habitual, postrado en su pennsula bananera con deje de placentero quita de ah esas pajas!, dndonos as la fcil ventaja ofen
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ofensiva. La mujer es como el agua y el agua es mujer, cre escuchar de un docto entre los que estaban all reunidos, siendo anotado escrupulosamente en la crnica diaria, en la agenda como el papel seriamentegrafiado en un papelote rectngulo un diplomado escrofuloso en velocidad de maquinista. Basta!, le dijimos al trovador indcil: prepralo todo y haz que arda de toda vez la princesa en su cieno erecto y ptreo refugio no obstante que de tu mcula no frage mezquina cancin! El trovador remilgoso, sin embargo, alertaba jactancioso y repetitivo: yo slo combino palabras. Me parece absurdo, intil e imbcil inventar otra cosa divertida que no sea el juego mismo; mucho menos a la intemperie de los obtusos movimientos de hombres que, por muy categricos que estos mismos sean, merodean la liebre por donde pasan con la tinaja a reventar. Y as, de su insular negocio, el trovador derram otras sentenciosas frases de carcter experimental: Culos los motivos de la tormenta que roca el pavimento de los volcnicos galpagos sino el signo de inmemorial naturaleza para que las millares viajeras como naves pesadas de maravillosas conchas de ano en ano desoven en la ms lejana de las playas? Mas todo carcter precisamente en el bolchevique trovador, pensbamos transformador y provechoso, de porno y lascivo irregularizar las obras latinas bien delimitadas, se haba colmado; no dominaba nicamente, si exceptuamos la regla del tres, manierismo de sobra, tambin en afeitar su zona de Venus y querubinizarse: ello impeda verlo tal como era, y sincero, y menos palaciego. Tanta cosa refinada y la poesa como pr
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gravedad nos parecieron desde el principio justo pecado; pero en torno a l transmutarlo en vulgarsimo tipejo, tal vez pusilnime de obra. Aunque de facto las nieves no fueran perpetuas. Pues la debilidad es de gran ayuda si acoyunta a dos seres modales en decaimiento o morales en desfallecimiento. Francamente nos preguntamos ansiosos en qu consiste el complejo de Edipo; y la frmula cae por cuenta propia en las arcas del futuro presidente del cual no reconocamos realmente el nmero de pie que calzara en el futuro inmediato. [50] - Cmo te sientes ms a gusto, en una tinaja de agua calentita o en un vertedero de basura? -Qu astuto! - Se comenta difcil seguir tras ello. - Lo tienes que hacer, lo tienes que hacer, no nos jodas! - Se han acabado las buenas maneras? - Los modos son los modos, las maneras, maneras, y las rdenes son ineludibles. - Vaya usted a calentar a la morruda picuda! - Calentar y recalentar. Mil veces al da. Espera, Diabeticn (nota: el hechicero) te dar pistn de madera para remover caldos y redundar en estupros. (Realmente la idea no me agrada, parece una broma) La cudruple rosa hacia la mojada arcilla - No, no debemos sobrecargarla. La arcilla no tiene porqu tomar forma. De qu puede servirnos ahora preocuparnos por notaras futuras? - Pero eso es lo que quieren todas cuando las empapas. - Ella ha de empaparse solita.
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- Y yo soy un solitario. - Sers lo que quieras pero no aguafiestas. - Y no me llevo nada? - Ya veremos. - Lo que no entiendo es que si tan bien custodiada est cmo pasar por un pene/poema: pues de eso me tendr que disfrazar. - No, hemos pensado en todo. La filosofa es orculo, operario, ayudante, pedante, y becario. La hemos estudiado y ella nos ha estudiado a nosotros; prescribe de la A a la Z los movimientos a seguir; en tu caso el que te hagas pasar por jardinero es la mejor manera. Y para nosotros es perfectsimo, de ah su existencia y nuestra exigencia. Un macizo de rosas aqu, unos geranios por all, tulipanes, castaos, limoneros, azaleas, petunias, naranjos, cocos, palmeras, y un laberinto de ordenados, rasurados y asaetados setos. - Pero de color y tanto verde puede ser laxante y perturbadora morada de una humedad completamente ficticia. - Y lujurioso si eliges meticulosamente los colores. Repitamos: bien calentita, mejor todava: nosotros queremos en vez de una torre un volcn. - Y luego? - T mismo: descargas donde puedas. - La literatura es cruel pues siempre se interioriza en el antro de un orgasmo silencioso y para los adentros. - Pero al menos tu obra se har pblica y no vagars como un animal parlante y autoreflectante por los campos desiertos y los montes escarpados, sino que te conferir
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cierto honor, y en la cofrada de oradores y cronistas podrs entrar con todos los honores. Y de seguro te codears con personas de alto nivel; claro, tonto! - Cmo he de llegar? Me cago en la puta, ahora me habis convencido! - En un da de calor cualquiera andara insomne dando crculos y vestido de bien (te proporcionaremos larga barra de pan para que des de comer a las palomas que hayas de encontrar en los caminos). Pero no andars en crculo, eso te parecer, sino en espiral, como desaguando en un punto concreto. Dselo t! Efectivamente: peripasears en crculos viciosos aguardndote el centro a bocajarro en lo menos pensado donde se disponen concentradetes y con cierta solemnidad unos guardianes con picas de magnitud variable. Gurdate de stas, y hazte el zalamero con los aqullos! - Quisiera morir enfrente de un mar en ebullicin, hirviente! Me alucino a la hora mxima del da! Esto no me puede estar pasando! Y sin embargo me han convencido, no por constreimiento ladino ni por presin de agua, sino por vanidad propia! - Calla, guarda silencio! No es lo mismo lo que decimos nosotros [x sapienciales] que lo que t escribes, borroso y terco misntropo, simio polglota. Adems cobrars por ello en taln al portador. T lo transportas, t lo cobras. Y todo lo que de anecdtico te ocurra ya es cosa tuya; negaremos toda vinculacin sea sta cristiana, catlica o romana. Al menos que se te ocurra algo mejor y equivalente en monedas a un poco de Herdoto. Qu te parece?
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- Vuestro el tambaleamiento, seores! No me digan ms: he entendido todo a la perfeccin. Prefiero la mula silenciosa cuando me dan la orden del da, quiero decir, subirme a ella como fardo tranquilo e imperturbable e ir en pos de lo que me aguarda sin vacilacin. Yo slo soy pellejo ornamental y ustedes la materia llamada a ser cantada y bajo continuamente aproximados de cntaros de enjundia. - Perfectsimamente! Quitemos de ah esas aviesas y constructas pajas! - La vida es un tormento, seores, aunque la simplifiquemos, seores. Para ganarme el jornal, seores, no bastaba con enamorar a la perturbada princesa, seores. Mas cada cual habla para s y habla para los dems con demasiada vehemencia. Siempre de manera excesiva. No se concibe para un cerebro que acaba de nacer tal prosapia, menos para un individual prosista, que vaga por la ideal y nutricia naturaleza extrayendo de ella las mejores palabras, las de mayor envergadura, palabras como piedras, montaas, rboles; y que desinfectado ha poco, como ustedes saben, sus entraas por mdicos y buenas enfermeras sometiernse. Sin embargo fui renuente pero me encontr inconsciente por mor de aquel terrible accidente que me he occidentado ms an!; pero ustedes mantienen deudas para con los ms dbiles, y han encontrado para m aquella la ms cruel. Cules son mis fuentes originales sino ese tufillo de aguas ptridas que baja a chorros de vuestros crudos intestinos q
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que vosotros llamis laringismo, cuerdas vocalismos, boquismos y dentismos, o piata ceguera; y en vaharadas de retricas reptantes? Y con esa estpida y sombra prosopopeya queris que enamore a una imbcil princesa cuyo rgano genital est adiestrado para morder? [51] Cuando alguien, siempre por razones sospechosas, tiende a la soledad, que no necesita representarse la solidaridad, en los casos en que se auxilia, como 24 horas abierto del corazn, a modo de esas repugnantes canciones que no se sueltan ni a tiros de la mente. Yo no s dnde estoy (ya no digamos de dnde provengo y adnde voy), es toda respuesta; y una respetable sensacin de confusin, de no poder hilar dos o tres frases a cuenta de los dems (respetable en el sentido de grande, de tamao considerable). Eso hara que muchas veces mi vida fuera ms cmoda: no parodiar el lugar donde me encuentro. No hago, por el hecho de parodiar y parodiarme, ms difcil la vida de/a los dems. Pero cmo es que soy tan desconsiderado conmigo mismo? Pudiera ser que creyndome en mitad, mediando, o medianamente, interrumpiendo, en la esttica soberana de cualquier acontecimiento, aqulla me agreda por una gentica mal fundada y establecida por la generacin que toma el relevo, y yo por tanto me siento reconocido y dispuesto a responder; intrusiva y agresiva en el acontecimiento mismo, no es que deforme la esttica, pues nada por ella se deja torcer, ni nada emprico hace tampoco crecer a su lado, sino que pareciera como si a lo emprico le quisiera firmar el vientre (atendiendo tal vez a un panoli que viese entre el acontecimiento y cierta esttica un contrato asegu-
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asegurado para tal o cual venta pblica); pero que, en principio, ha sido propio y acusado por una moral degradada, vilipendiada, que en realidad induce a un presentimiento que la moral ya es baja y sale como pez del agua boqueando subastada; que no autorizado el conjunto de lo esttico y su acontecimiento al menos sirva para el ultraje; no, mejor, ha sido objeto de investigacin, casi que en realidad es la Historia misma: la solidaridad mostrenca y lo bonito del caso en que ella se manifiesta. Estas son razones tan viejas que me da hasta vergenza plantermelas. Los tos que me piden cosas son siempre los ms feos: ellos siempre me encuentran, y exigen que aparte de m todo supuesto individualismo (que lo haga todo por ellos). De alguna manera es un castigo ruso. Si encontrase el dinero para deshacerme de esas jetas. Slo de esas jetas. Es un castigo por mi soledad que conlleva falta de dinero. De todas formas no estoy seguro tampoco que el dinero sirva para perderme en la soledad y apartarme de la esttica solidaria a la que debo responder quiera o no. No contemplar un objeto de modo voluntario o involuntario, a capricho simplemente de lo que se impone, sino ser parte de la soledad inherente a otra esttica. Son razones tan viejas que ya no producen comunicacin sino inquietud. Si al menos hubiese una alternativa: repartir nuevos dones que se inyecten, ahora mismo, en el presente, como nuevos clsicos, y no como perturbados y grotescos emisarios del Maligno. Pues yo parecera uno de ellos y siempre desaventajado con respecto a la clasicidad nueva. Se refiere esta nocin del Mal a perjudicar los intereses de la Humanidad? Es que h
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hay alguien, o muchos, interesados en perdigonear esa nefasta leccin que ensea que la respuesta al crimen es la pia y no la lectura? No ser precisamente lo contrario? Ahora bien, no niego que haya podido leer amplias expresiones acerca de estos temas. Sea como sea, mi capacidad es obtusa y sigo sin comprender. Al principio fui solidario porque pens que mi inteligencia era slida, aventajada; slida y aventajada con respecto a los dems. Los dems siempre tratan, de modo involuntario o voluntario, pero eso tanto da, de desvencijar la solidez y la ventaja del que presume las tiene. Slo que ni unos ni el otro (puedo ser yo mismo) pueden demostrar nada. Sea como sea, eso no se produce, ni se produce tampoco la transformacin. La transformacin es ms bien que nada ocurra. La transformacin quiere urdir un nuevo plan entre los acontecimientos y la esttica. Pero se requieren muchos esfuerzos que al final slo mata a quien se lo propone. Los esfuerzos, que presiden cualquier etapa de solidez y ventaja, quedarn impregnados de sombras y desfigurarn algn que otro severo rostro precisamente en la orla acadmica de la solidaridad entre unos seres fesimos que posan al inicio y al final de su carrera. Entonces vale su peso en oro el que se muestren nuevas y palpitantes ilusiones en el proceso. Ni siquiera la Historia deduce de s misma ese implacable esfuerzo que destruye a los individuos; y menos an la ventaja y la inteligencia de esos mismos individuos. Ahora bien, cuando en la vejez ms propicia, apartadas las obras de juventud y tambin las de madurez, nos sentamos a esperar la muerte escribiendo obras de senectud, la esperanza no es mmmmo
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otra cosa que cerrar el crculo y en la maniobra delectarse con el zumbn holocausto. Aqu es donde se infunden infancia y vejez confianza. No habamos pensado en la expansin de la esfera desde un centro hasta su periferia: ah encuentra el viejo la expresin de sus anhelos: reencontrarse con el infierno de la infancia para ver que nos han puesto esos seres viciosos y repelentes. Sin embargo, por cerrar este individuo en cierne no cierra ni la puerta. Es una esfera siempre abierta y siempre derivada hacia la totalidad de todas las comunicaciones, impeliendo a la antena que las recoge la altura ms recomendable. Yo creo ver en esta esfera de insoportable ncleo gravitatorio otra cosa que esfuerzo, ventaja, e inteligencia. Veo en ella esfuerzo, ventaja e inteligencia, pero no como poder autodestructor sino como el viejo que sabe desor las introspecciones a las que le ha inducido la sociedad. Amansar las capacidades propias hacia otro orden menos magnfico y publicitario significara eliminar las aristas de su presunta perfecta esfera. Hace que la inteligencia no sea tan ventajosa y el esfuerzo tan disipado. Lo mismo que hace que la ventaja no sea tan llamativa sino propia a un ser que crece bien nutrido y poca cosa ms. La nutricin, elemento indispensable, tampoco puede basarse, lejos de que el cuerpo en crecimiento sea una metfora, ni en la leche materna ni en la cultura prodigada por las instituciones. Mam sabe de dos leches, la propia y la de su marido (en fin, es discutible). La cultura sabe de sus prodigios tanto como de su pasado, en tanto que es la propia Historia quien filtra la peculiaridad y la importancia, lo anecdtico y lo co
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complementario. Pap siempre est desaparecido, o pap siempre es el enemigo. Actualmente a pap se le ve ms con los hijos. Pero pap al contacto con ellos se infantiliza, se hace ms a ellos que ellos a l. Hay escritores de novelas que suponen paps al estilo existencial, perdidos en un mundo insostenible e insoportable, y con tantos cargos de conciencia como faltos de soluciones. Estos seres paternales han tenido hijos. Es decir, han tenido hijos porque se han casado. Y se han casado al principio con cierta felicidad, cosa sta que nadie es capaz de representrsela. Estos novelistas comunican un hecho impagable y original: el consenso inevitable de toda la juventud por el matrimonio. Despus de un tachn improductivo en la esfera de lo privado y lo propio concernido en su propia mdula, nace el padre sensato del que no lo era, el padre necesario, prdigo en reminiscencias de lo maligno y arrepentimiento humillantes que ha sabido desaforarlas en lo nuevo de su representacin patrimonial. Incluso creen que sus hijos son un contundente patrimonio metafsico (no es necesario aclarar que existen otros patrimonios pero ausentes para toda metafsica). En buena lgica, pap ha desaparecido. Detrs de la misma mampara de siempre el Audi Quattro contonea sus caderitas. Mam es un ser inoperante pero que sirve, en relacin a los hijos, para concebir a la mujer como algo distinto a todo. Y la Historia es la peor historia jams contada, no slo con respecto a sus contenidos sino en lo que respecta a sus imgenes estereotipadas de los hombres y de las mujeres que han vivido en ella (decir que la Historia es la historia p
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peor contada no significa que sea la historia peor vivida). La lista de los buenos propsitos que se manifiestan en la historia es finita como finita la historia de cualquier novela. La naturaleza representa para ella, a todas luces, un cochambroso palo de gallinero, un monstruo o un cretino: aunque se la dignifique en unas cuantas pginas de literatura floral, o bien, instruya a los aventureros que transitan por ella. Cmo he llegado a esto? El anciano que aparta sus obras de juventud y tambin las de madurez, precisamente porque est imbuido de esa ciencia que abunda en ausencias, abandona la patria por fatiga, y los hechos irrefutables que le han instruido no le sirven una mierda; se inclina sobre el cerrojo de su crculo vivencial olfateando hacia el otro lado su panten. ste es tan pequeo como el pezn de mam. Y no se objete tal o cual sentido de la falta de proteccin sino fruto de la miopa congnita. El viejo es miope y obtuso como un beb, tan saturado que prefiere olvidar; tan orgulloso de s mismo que vive en dos cuerpos, el segundo en proporcin a su capital y del beneficio de su capital (una cintica de escape que compensa lo que abotargado e infecto de su primer cuerpo le proporcionaba); su segundo cuerpo es tambin los hijos, los nietos, los subhombres y las submujeres. Tambin stos son los ms feos! Si un novelista hiciera de nuevo, como los naturalistas del siglo XIX, la historia de esta trascendente marcha actual del Universo inserto a su modo en la familia, como siendo l absolutamente en su concrecin ms adorable y pequea, significara slo una cosa: falta de ingenio, o de originalidad. Y sin embargo, no. [52] La ltima vez que es
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estuve en un programa de televisin dije que si no era la humanidad un objeto al que no hay que prestar atencin y del que slo se pueden extraer chismorreos. Chismorreos a la altura de las guerras, de los patriotismos y de las doctas inteligencias, eso s. Claro que asustan pero me repugnan las historias, dije. Me hicieron callar. Cmo se hace callar al que dice gamberradas? Precisamente ellos, seres infantiles que aplican el mtodo de los adultos. A ellos se les ocurri hacerme callar y mandarme encerrar bajo llave en mi cuarto, si no para reflexionar sobre lo que haba dicho, al menos para no incordiar a las visitas. No incordiar a las visitas: como si eso tuviera relativa importancia. En la superficie de estas palabras, y de todas las que he ido resolviendo a lo largo de mi existencia, ya venan incluidas todas las broncas. Es lgico, porque en manos de un maligno como yo las palabras se convierten en sucios artefactos y manchas en el papel, reconvertidas y desmitificadas por esa laxitud de cerebro. Un nio inquieto, con necesidades verdaderas, que pretende salvarse de la muerte o por la muerte (vencedor o vencido), objetivo nico, insoslayable, y por tanto absoluto (eso resuelve el problema de la edad y del futuro), en los primeros aos de vida, toma los alimentos y las energas propias como un nio cualquiera, y no puede pensarse de l que le aplasta un conflicto fisiolgico o una simple disfuncin de los conceptos y de los perceptos. Pero cmo? No hay una situacin inicial y real que informe que el lenguaje a nivel de los torpes y los tontos dej de funcionar hace tiempo o que no ha funcionado nunca? Un largo etctera se cie a esta primera
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primera instancia y se proyecta de tal forma que resultara impagable el haber sido correctamente visualizado en su da. Sea como sea no se produjo; no se produjo ni el pago ni el cobro; ahora el rescate y el intercambio se han hecho totalmente innecesarios. Nadie pagara uno duro por aquel nio secuestrado que ha crecido y se ha hecho mayor, sin sospechar nada siquiera; visceral, insoportable, insufrible. Los doctores dijeron: indomable, un correctivo, preferentemente su destino es un correccional. Los doctores dicen hoy: cudese, venga, la prstata, la cada de sus dientes, no fume. Y la editorial me aconseja: venga, venga seor mo, cuide ese lenguaje, cuide esa esttica, cuide la expresin, hgase valer en esto como en lo que dice, diga algo que todo el mundo entienda, no se vaya por las ramas, diga lo que sea con tal de que enganche: hable de aventuras, de terribles dolores de parto, mire su ciudad, mire a su alrededor. Se le ha ocurrido hablar alguna vez sobre amor? Se ha enamorado usted nunca? Es que no ve que hay felicidad, seguridad, proteccin en todas partes y que la comprensin misma es el suelo que pisamos diariamente? No hay ms suelo que el de la ciudad puesto que el otro es un fangal. Mire usted a los que ayudan instalando aqu y all una fabriquita, analice el producto, devulvalo si est feo. A usted le ha gustado siempre esto de escribir. Entonces ayude a travs de sus palabras. Goce de esta particularidad, de este don que le ha sido concedido. Precisamente, un profesional psiclogo hace poco me pag con la siguiente observacin: no debe recriminarse. La vida siempre engaa al principio, sobre todo cuando ve o
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de tan lejos la muerte. Me convertir en un tasador de palabras para que todos los engaos sobrevivan y sean mutuos. S, revalorizar las palabras al nivel de la inflacin. [53] Odioso trovador no saba que fueras tan msero y tan deslenguado! No es esto todava lo que habamos puesto sobre la mesa que ya nos ests insultando por otras razones que tampoco entendemos. Si lo que quieres decir es que te dejemos en paz no resultar por nuestra parte empresa tan difcil. Pero aun a riesgo de ser redundantes, el trabajo que se te fue encargado al instante, consignado por los sellos de todo tipo e ineludibles; hay que joderse, gorrn! No enarques cejas, miserable! Todos de una manera u otra hemos de colaborar en este asunto por el bien de la libertad y el acaecimiento de la democracia! No te librars, pendn! Hacerte amante de la princesa es tu cometido, e infiltrar el filtro en su entumecido organismo es el segundo paso; mas cuando aquel mejunje de los mil demonios llegue a la sangre de la princesa en el preciso estado en que la dejis tambin llegar por smosis al foetus del linaje con paciencia anhelado. Y slo cuando el neonato caiga al suelo, como una esponja embebida en agua de cal, inerme y nauseabunda de olor, te habrs liberado de tus obligaciones y sers libre: podrs hacer el ganso tanto como quieras por esos campos insulsos que tu aoranza implora, en ese momento, en que por cierto te acogern con gusto como a una alimaa ms. Eso siempre y cuando el propio rey no vaya en tu busca con el hacha de algn guardin que la eche de menos de repente de su mano. No tiembles, miseria, pues hay un tercer paso! El rey enloquecer y sobre l caern nuestros mejores y rumm
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rumores hombres. Ahora est dbil calculando en arbigos nmeros su terrenito, pero esperamos mayor debilidad en su cuadratura circular. Por nuestra parte, y para que todos quedemos enterados, tomaremos el palacio en cabal arrogancia y sentido comn, llevando Instituciones, Estado Poltico, y firme Estatuto Constitucional, en comandita armoniosa. La filosofa y las mejores mentes de nuestro grupo as lo han concebido. Si luego el rey no ha muerto de neurosis, psicosis, o esquizofrenia, de otra forma ha de morir, siempre bajo el atino de nuestros verdugos ms bien dotados, y slo as todos acabaremos con este asunto de la mejor manera: sanos, a salvo, y felices. Haz por tu madre el trabajo que te pedimos, escoria, y luego escoge la profesin que ms te agrade: el de cronista, por ejemplo, de esta gran rebelin! Ve, msero trotamundos aunque te hagas llamar trovador, trotamundos te vemos y olemos! Lrgate a tus obligaciones, desdichado impertinente! [54] Queridos amantes, si me pronunci como as habis ledo? No es cosa nueva. Hemos de cumplir por razones un tanto ominosas los trabajos que nos asignan. Aventuras, romanticismo, y jerga mgica en lo residual; va a ser necesario todava ms. Pero no tiene ningn valor si mi poesa tampoco haca efecto alguno. Tampoco mi poesa haca el efecto que haba visto ofrecer por parte de eminentes cirujanos. Cuando se taja carne no es lo mismo para quien se la come que para quien la cose. Pero el cirujano es hbil en mejorar la carne pero el poeta es hbil en qu mejora la carne sino aquella que se oculta trmula como una glndula pineal intermedia a penas del tamao m
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de la ms recndita fruslera. Una ejecucin errnea y nuestros mansos plectores acabarn mudos. Y slo, en lo sucesivo o sucesivamente, podrn ser guiados si previamente se han inscrito en un circuito bsico las rodadas de su camino. Y si el centro lrico se agazapa tras la plida glndula cintica el dueo ensordecido tratar de amilanar la comedia y la psicodelia embarrancndose en el espacio claro de un bosque (primer consejo filosfico de Heidegger) suspendido y tapizando previamente un abismo galopante que de alguna manera eleve gnadas y corazn a la entrada del cuello en la seria amenaza de romper con la vida. [55] Tampoco mi poesa haca efecto alguno: por ms que ella mojaba, el artilugio secaba, y mis palabras le volvan a emocionar; en ese crculo nos movamos. Cmo evacuaba la muy hija de puta? Cmo eyaculaba la desdichada? En ello, yo mismo lo reconozco, no vi el modo o no hubo manera. El resto ya lo sabis a trompicones. La mujer de la limpieza se mostraba irascible conmigo (un estar hasta los cojones de m pareca emanar de sus pocas convicciones). Primero porque no vio dentro de la ortodoxia el tratarla a ella menos que a sus intestinos voraces. Qu queris que os diga ms? Me le un poquitn con la friegasuelos en el impasse de una nueva categora que suplantara al hombre pero no a la idea. Todo en plan de broma, no cabe duda. El odio est a un paso de cualquier otra posibilidad, me dije yo comnmente mortal. No ser que no acierta con los ejercicios?, me dijo la humilde mujer que pens que haba objetos inocuos en el mundo. Pensad, mis buenos plectores la cantidad de tiempo empleado. No llevo en plm
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el regazo libro alguno ambiguo. Yo pienso en la novedad y me tratan como a un Cicern. Improviso como en el jazz y todos piensan que acudo a Aristteles para medrar oportunamente el engendro en el vientre de la princesa. Ustedes que opinan? Qu debera haber hecho? Qu debo hacer ahora? Es cierto que las palabras antiguas pueden insuflar vidas y dioses, o es un error de percepcin como otras tantas cosas mal o bien escritas? Ustedes que en su siglo bregan con todo tipo de literatura qu opciones me proponen? Cada da me mandan a un corresponsal, pongamos de x televisin, para cerciorarse de los progresos. Pero qu quieren? Quin se inmiscuye tanto en mi virilidad y en lo que escribo? Adems la salud del rey no es tan mala como [x sapienciales] piensan. Bien al contrario. O no ser que ustedes no tienen un rey bien dotado? Y no tienen acaso varias princesas concedidas de mltiples vstagos que crecen con la firmeza del roble? Pero lo que nunca har es obrar un milagro que slo el tiempo puede producir. El tiempo, s. El tiempo como fbrica. El tiempo como industria. Tambin es posible que el da menos pensado el rey me haga subir a los aposentos de la princesa para permanecer en ellos primavera, verano, otoo, invierno, noche y da. Que me obligue, a instancias de un delirio inveterado, a subir un piano. Tambin un lad, y distintos instrumentos musicales, flautas, cromornos, pfanos, saxofones, timbales Mientras los filsofos piensan, es posible que yo nicamente sea capaz de perder todo mi tiempo, oh, mi tiempo!, con la roosa y esqueltica princesa que atada me implora algn tipo de prctica sexual improvisada sexua
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al momento; y que por aadidura, con el mayor descrdito moje yo mi pluma en la heterodoxia del hbito acendrado de una frigia columna de mrmol. De repente, mudada mi profesin me convierto en jazzista, en pianista, en pintor expresionista, en juguete flico, en mudo testigo, en oidor de burdas confesiones: se parecer a m el principito en cierne? Qu opinas? Cmo voy a emplear mi tiempo y sacrificarlo todo por un simple sndrome de Estocolmo? Ayer, por ejemplo, el rey hizo subir a un empleado que se present mudado y con un rostro de haberse comido un cordero entero. Se presenta, entra en los aposentos con el abrigo puesto, me dice, afuera nieva. Quin es usted? Soy un operario, seor. Me ha enviado el rey. Ya lo supona, pero qu quiere? Vengo a instalarle la lnea ADSL. Ah, claro! S, por supuesto. El operario ve a la princesa con abultado vientre. De cunto meses?, me dice el operario. Est a punto de pasar al otro lado, le digo yo. Dnde lo quiere? El qu? El enchufe para conectarse a internet, no te jode. Aqu mismo, en la ventana. Buena eleccin, seor. El to se larga y cierra el portn de la muda estancia. Cuntos minutos? La princesa responde: diez minutos. Pues eso, respondo yo, muy poco tiempo. Y qu nos hemos dicho? Nada, que yo sepa. Hola y adis. La princesa irnica me dice: enchufa, enchufa! Sospecho que nunca ms podr salir de aqu. Al principio me pareci todo tan confuso. Pero eso es que tampoco poda renegar de nada; y es que me ataron bien a este observatorio y velar por la crucificada. Aqu quedan las cosas, inertes, inmutables, a veces, un ligero cambio me haca estremecer. Cuando vagav
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vagaba solo por los trigales el da era largo, tal vez penoso, pero la existencia tambin era trigo, mecido tanto por el viento como por los pequeos animales que rozaban, posiblemente flirteando, mis pantorrillas. As me tumbaba, cansado de tanto caminar, y maldeca mi suerte. Pero esa maldicin era en realidad la mejor de las poesas slo que stas tmidas no se dejaban transcribir. Brotaban de m tal y como yo vea las cosas y al rato las engulla mi dbil cerebro. Y las cosas eran todas las cosas. No haba ni muros ni piedras que me limitaran en un horizonte de obscenidad y de humanidad compartida. Simplemente era yo con el convencimiento de otros personajes parecidos a m errantes e igual de irresponsables y negligentes. Porque, a lo sumo, lo nico que faltaba era la instalacin aqu y acull de concretos baruchos. Desde antiguo no saber conciliarse con el prjimo era irresponsabilidad. Pero era tambin un respeto debido a la propia naturaleza. Irresponsabilidad no significa violencia alguna. Al contrario, sino la suprema desercin de la opresin de las necesidades ordinariamente compartidas por temor. Siempre necesito aire limpio. Algo ms que lo respirado por otro. Exactamente algo menos de aire intervenido. Algo as como respirar en las alturas donde el oxgeno a medida que se asciende por sus escarpadas paredes sube el precio y escasea la cosecha; y escasean quienes no luchan por ascender. Por dnde suben ahora subrepticiamente mis anhelos? Por el ascensor. No es que yo baje por el ascensor, es que cualquier cosa de tamao medio sube por el ascensor. Cualquier cosa que tenga una medida adecuada sube por ascensor. Yo no bajo por el asce
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ascensor y abro la puerta y me largo. No. Al contrario. Las cosas que tienen una medida adecuada, a priori calculadas, suben por el ascensor para colmar mis ms ntimos deseos. De tanto subir cosas por el ascensor ya no s dnde ponerlas. Cosas, por ejemplo, postestructuralistas, o postmodernistas. Un da subi Andy Warhol. Otro da, mi buen amigo Jackson Pollock. Un da subi Einsten a quien le colgaba una lengua; apenas poda o quiso hablar. ste mir a la princesa y descubri el eterno femenino. Me pregunt: eres moderno? Yo le contest: no s lo que es eso. [56] Obr el milagro? Naci el querubn muerto y seco como la cecina? El rey enloqueci? De quin era el hijo en realidad? Dejemos al Rey aparte y veamos lo que hizo Dios Nuestro Seor con las arrogancias maneras de nuestro destino: pues no quiso que permaneciramos mucho sobre la tierra. [57] Dios incrust caprichosamente una inmensa torre de hermosa piedra blanca en medio del campo, al lado mismo de las dos torres originales. Si tuviramos que llamar a eso precisamente arquitectura no podemos considerarlo nada ms que como enorme y enredado pene palpitante a fuerza de rodearlo de lianas y zarzales; luego, en el summum de lo complicado aderezarlos con dos abombados y elevados pabellones para que un mirador/ glande de rojo adoqun ejecutara la cpula por lo visto. Noo
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Nosotros, la princesa, yo, y el rey mismo, que se encontraba en la torre gemela a la nuestra, no tenamos apenas perspectiva para discernir de que se trataba de dos penes adorndose, tan altos y enormes, y a tan poca distancia se encontraban. No fue sino porque las gentes que vivan a una distancia media al castillo acabaron precipitndose hacia el monstruoso monumento, si se puede decir as, con entusiasmo, devocin y sonoro gritero. Las imgenes que por otro lado llegaban del satlite que el rey haba hecho maniobrar para calcular con mayor facilidad su territorio (y ahorrarse as los meritorios esfuerzos del mdico-militar y del agrimensor) lo situaba en medio geomtricamente del territorio Real, lo que era oportuno y el gasto dispensado una buena causa. Las cmaras a una velocidad trgicamente ms lentas de lo normal, captaron, as lo coment el tcnico, un to insuflado y bastante arrogante: un pequeo brote llamado a crecer como una seta. Nada se comprenda entonces, pues no era temporada. S, dijo aturdido el tcnico, parecido ms a una bomba atmica que a una seta. Esta primera propagacin orgnica y en silencio de la seta original en un denso camuflaje humeante se dispers con la suficiente celeridad para adquirir la forma que ahora ms sorprendidos si cabe por la explicacin que por la visin apareca ante nuestros ojos. El rey forz la situacin diciendo que habindose producido una especie de milagro, en todo al margen de la teologa, la torre se llamara Dildo, y a la regin, el nombre de Dildo tambin le pondra, as como al pas y a todos los seres que por ste permutaran. Y que los primeros nios que hubiesen nacido
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nacido inmediatamente despus de la ereccin se llamaran Dildo. Y que el rey mismo se llamara Dildo I, autoproclamndose con pompa, Emperador Dildo I del pas de Dildo. El pas arcano Dildo, a su vez se dividira en cuatro reas segn su configuracin geolgica; y estas cuatro reas se llamaran por orden de elevacin: Dildo, Dildo, Dildo, y Dildo. Fue todo tan rpido que yo, nombrado cronista real, no fui capaz de contarlo como hubiese sido digno de referirse. Y con respecto a aquel asombroso aparato de masturbacin llovieron muchos das. Incluso colabor con los mejores tipgrafos para inscribir la leyenda del chisme en la misma base del enhiesto templo con letras de la mejor factura. Al dcimo da de su aparicin yo y la princesa hecha aicos entre mis manos subimos finalmente hasta la cumbre de Dildo. Yo mismo con mis dbiles manos constru una pequea morada hecha de caa de bamb que llame Mnada (al menos para dar contraste a todo lo dems que en cuestin de nombres se haba hecho demasiado homogneo y aburrido). La princesa ruinosa exclam: Est hecha de paja! Por supuesto!, dije yo. Acaso querais morada de hormign armado? Esta locura del hormign armado nos poda haber costado la vida. Como la altura me mareaba y era imposible escribir sin bajar un poquito al suelo me tom un tiempo de consuelo para leer. Pero como el mareo y la lectura eran incompatibles, e igualmente necesitaba un mnimo de nivel ms bajo donde poder leer concentrado, me tom un ao sabtico. Pero como al parecer mi nimo se empobreca y arruinaba, al igual que se arruinaba y empobreca la princesa que estaba a punto de
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de parir por aquella poca, me invent una ciencia (siempre en ese pasmo de mareado) llamada obstetricia que consista en abrir forcejeando con palancas la cudruple raz del principio de la razn suficiente. [58] Ya no s qu ms contaros en el poco tiempo que me disteis, seor. Parece suficiente. Nosotros el tribunal sacaremos las oportunas conclusiones: piense usted que esa ciencia no estaba homologada en el momento en que usted la practic. Cierto es que usted la invent y que muchos mdicos han sabido sacar provecho y muchos nios han nacido con verdadera felicidad del vientre de su madre. Esta aparicin abrupta en el mundo de los neonatos no dej de ser con frecuencia una crueldad vil como incidir en su inmaculada mente de manera profunda y duradera: impeda a su modo la aparicin de recttos pensamientos. No sabe que por esta causa primersima se invent la filosofa? Recttos? Efectivamente, recttos, o correcttos, cmo quiere que los llamemos? Ha sido ttodo siempre ttan cruel que nuesttros hijos enfermaban rpidamentte y moran indignados a los ttres o quattro aos de edad. Pongamos por caso, dijo otro del tribunal que llevaba puetas blanqusimas, que una mujer tirando a puta, necesariamente obscena diese a luz con la tradicional frmula casera. El nio producto de aquella evacuacin se converta ipso facto en un desecho. Vil coletazo de un pez.
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Cmo dice!? Nada. Comprende usted que necesitramos enderezarlos de alguna manera por el recto camino y eliminar esa bazofia en la que l necesariamente sin culpa se haba envuelto. Oh, slo as podan cambiarse los patrones con facilidad! Los patrones de felicidad. S, tambin eso. Los patrones de fecalidad. No s lo quiere decir. Nada, en realidad. O en realidad, s: la realidad es caprichosa. Cmo cambian los tiempos! Los hombres se han convertido en personas conspicuas y felices! Y no sobra pasto, ni campo verde, ni trigo en los trigales. Nuestra gente feliz, desde luego, como reluciente manada de aqu para all. El segundo captulo: las confesiones y las cartas entre el jardinero y la princesa. yo me he quedado sin esperanza mondica. Crea en la impermeabilidad de la ma mnada y me ha salido la gata rabona. Me cago en la puta! (Testaferro a la una de la madrugada) Ella guardaba 40 ranas en su rooso aposento. Yo guardaba en mi memoria las cuarenta vacas que me embistieron en el campo dejndome hecho polvo. Lo ocioso fue el apabullo posterior. Ella me dijo que de aquel, refirindose al orto, no saba nada, que l velaba por los intereses del que comparta habitacin con l. Y con el conjunto de cuentas del rosario ya muy gastadas con
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con respecto al original repeta una y otra vez: , etc. [59] Disposicin incesante de la mujerPrincesa que amaba al seor de la Tierra y al nio del Cielo. Disposicin, manera y modo. Tumbada o de pie? Tumbada pero se mantena firme. Sus miembros se alargaban pedidos por argollas de hierro y cadenas indestructibles. Pedidos sus miembros por el fro muro que le daba la espalda. La princesa contaba nmeros enteros y golpeaba el muro con la testa acolchada rematadsimo moo de princesa. Sus ojos dignos y palpitantes seguan todos los movimientos del escriba, o del lector mudo. Eran pocos, concentrados, intensos, a veces un tirn se produca, corto y con espasmo como cuando se entra en el sueo con mucha fatiga en el cuerpo. Peda sexo? Casi seguro, pero nadie se lo daba. Ambos permanecan en las mismas dependencias. De eso estamos seguros. Pero como la princesa estaba tan sujeta y el lector tan absorto. Pero qu misin encomendada (aparte, si se puede decir) tena el escriba en ese momento? Sacarle el hijo del rey y ponerle uno propio. Luego con rechisteos, quejas y bramidos, parir educar ver crecer redondear perfeccionar. O sea, una cosa de lnea recta. Sin parbola? Absolutamente no. Nada. Sencillamente la intransigente comedia de ambos. Y los efectos podan predecirse? De ningn modo. De ah, en la oscuridad, no saldra un rbol firme para trepar hasta la copa y resurgir afanoso, victorioso por la escotilla. A lo sumo un ramaje digno de cien guirnaldas. Con todo, yo no quise violencia alguna y estaba decidido a someterme a la ingle barbuda de madame por toda eternidad. El preboste m
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tom asuncin de pelotera y no renunci jams a la seguridad de su organismo vital. Qu se hizo de las cuarenta vacas? Ellas mismas se derrumbaron. A una se le cayeron manchas. Los nervios? S. Cmo se desmoralizaron? Qu hace presa en los animales domsticos, seores? [60]Creedme las ideas no nacen de la soledad ni de tan alta montaa y meditacin. El rey es infusin como el objeto ms pequeo y atolondrado en su primera experiencia hiperventilada ansia o hipotrmica degrutacin el mundo no se desmorona ante l sino l ante el mundo y con miembros prietos y tensos fuertes como ramas de elefante sujeta lo que primeramente se le desparrama: toda esa carne hecha de caza y sesos. Entonces l, o lo que sea de l, pos suavemente sus cuadradas manos sobre las rodillas del eterno alojado paloma dcese cascada en su brecha de hormign en el alojamiento eterno el hombre es un alojamiento para el hombre. Tengo pis! Levantle con simulacin. Ests distrado mientras tanto, dijo de nuevo. Eso s, contest el otro. No estoy satisfecho de esta ciencia que me enubece el cerebro: podis devolverme el trozo que falta? Os lo prest dormido, o en sueos, apenas recuerdo. Ahora de conciencia firme y extravagante deseo su correcta reincorporacin all donde sea que lo sepis poner. Esta chica que me arrulla como paloma en la ventana me habla al menos veo agitarse sus labios murmullo y no la entiendo, por Dios mismo que haya bajado de los cielos, no la entiendo ni una palabra. Eso que me tiene loco, si, sus enormes tetas, balanceantes, calientes y palpitantes, como si un naranjo enrabietado girando su noria ceida de
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de doble coraza librarse de carga quisiera dos frutos rebeldes y avaros de jugo y color. Apenas estoy tengo cuerpo para nodrizas juguetonas. Ora con diagrama atusando el pelo. Ora con la venda suave y algodonosa de entrepiernas. Con ellas de qu hablo. Y toda mi carnicera se enfurrua y entiesa mientras me cien al cuerpo y cama en unidad de escndalo. Podra romperse como un hermoso jarrn me susurran de esos que venden por categoras. Yo te dir lo que hacen despus aislndose del mundo extramuros, cerrando puertas y ventanas. Dos de ellas, el otro da, jugaban al tiro liro levantndose las faldas hipcritamente. Una de ellas ayud a la otra a subir sobre la cama sobre mi madera naufraga corrida. Ambas formaban por las manos una hermosa y arqueada bveda miguelangelesca. Apenas levant la cabeza hasta donde pude y mis ojos vieron la o prieta y artesonada y ensimismada y ligeramente henchida como si una semilla quisiera salir el brazo izquierdo libre el que menos me duele y el que menos fuerza tiene y el dedo entr en el caliente botn para pedir hora y nueva enfermera. Y cuando la otra en ligera doblez me masticaba la mano hasta la mueca contracciones dilataciones esperas eso de una mano? Bueno, s, mas estuviese caliente como un extrao en los altos hornos vascos la mano suspendida en el aire algo macilenta amarillenta y como el poeta rseo un poco ya a la altura de su narices, empez a respirar, hinchar la diminuta caja torcica y espolvorear otra corrida mientras lloraba sobre los pechos abiertos del buey bruido macizo cuatro patas arriba sin ataduras. A qu clase vais les dije? Y luego se metieron de capa cada, n
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metieron de capa cada, no s por qu, con mi relamido tup burgus. Qu ms da! Si es eso lo que quieren pensar de m. No puse en funcionamiento ningn aparatito. No hice nada especial. Y no temo las quejas. Realmente quejas y ruidos. Sillas que se mueven como urracas a grito pelado. Yo temo mi matrimonio pero tampoco s cmo enfocarlo. Adolecido por las dudas, y la apata general. Pero ella no espera ninguna respuesta. Ves que enfermo y postradete an me rompo los cuernos en la salud de la pareja? No crees que tenga ms bien tipo de aventurero, de manosearlo todo y con todo cuerpo? Puerquito viajero con su ufano proceder del aire a la tierra de la tierra al aire. O bien como un inteligente interiorista hacindole la cruz a la mujer del exteriorista. 90% de tiempo perdido: lo otro es sexo seguro, no? No s, dmelo t. Hay algo en tu tiempo perdido que dan ganas de comer. No digas que no te lo advert. Que el conocimiento no exista. Que el conocimiento no exista. Y menos para estimular a la lechosa ramera que si los bergsonianos modos del tiempo me dices. Pero estos temporales en cualquier caso siguen siendo temibles terribles taciturnos tranquilos individuales locuaces apacibles toscos minerales. Oh me sobran siglos, me sobran siglos! [61] La noche lo envuelve todo de oscuridad, sorprende a las mentes lcidas y despiertas del da, lo envuelve todo de oscuridad y recela de los personajes diurnos tanto como fabrica a los nocturnos en el machihembrado de los pequeos detalles desapercibidos diurnamente.
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Habra subido la psicologa a su ms alto escalafn (propongo subir incluso de rango a los miserables oportunistas) cuando hombres de ayer irreconocibles desconfiaron de la buena ama de casa y de su homognea costumbre cincelada en los albores de la prehistoria recalentando prpuras hembrillas el ardor promiscuo de la caza o del noble arte venatorio. Todo es achacado al ms estpido animal que de vuelta daba su muslo y su panceta grasa deprisa y corriendo amortiguaba con palabras su srdido lenguaje humorstico de la evolucin simiesca en completa tragedia de entelequia finiquitada. Delegndose en innmeras playas astados de atravesado mstil giratorio propicios sacrificados testculos aparte las nenas salpimentaban mientras la uncin orillante propicia era de sonoro bramido de aquellos corzos guerreros casi jugando al parchs con hebillas y guijarros purificados y redondeados y pbilo soez quisquillosos de tez dorada desde las alturas asomados ms idiotas y los flancos a rebosar de divinidades protectoras unilaterales autocitados en pos de la incitacin gremial. Siempre y a toda costa la misma miseria antropolgica postpsicolgica antiituitiva imaginista creacionista regalando odos a filsofos y a parteras. stas de gran talla, como obesas de terracotas, por cierto, no eran mujeres corrientes sino charcos de sanguinolento fraude. Las primeras a las que se oa hablar precisamente fnicamente desde las entraas oprimidas por sus cereales lcteos. De qu modo e
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esta doble pirueta ha servido de acicate para la multiplicacin. No eran panes sino huevos fritos y frituras oleosas. No era sangre sino derramada agua calcrea espolvoreado de cicuta en cuenco rojo arcilla. No eran peces sino sardinas de estilogrfica. El hombre sencillamente de barba exquisita mir de soslayo en su primera atencin la historia burguesa conchabada con la primera proscrita del sexo a horcajadas y nerviosa de grupa que a punto estuvo de asestarle 5.000 magnficas pualadas al marido notario. Mas ningn libro antiguo haba de ser copiado ni ledo ex-profeso, comparecido en lnea sumaria jurdica y bibliogrfica. Cmo es esto posible? La novedad ms absoluta. El primer origen punto cero de la historia colectiva. La noche lo envuelve todo y existen dos llamas inextinguibles que an as la contaminan y le dan vigor. La llama ancestral que crea sombras y la llama pasional del yo identificado ladrn estereotipado por la perogrullada y la decadencia redundante del linaje. Tambin dos das y tambin dos noches. Como dos ojos Federico Garca Lorca que a las cinco ech el definitivo cierre. El lenguaje de la noche es la poesa en el da. Y los discursos de octogenarios patrones y convecinos es el suave murmurar de las insidias nocturnas al ms estilo balbucear tartamudear atropellar dando muerte a frases largas y perdidos favores de aliento como a recin iniciados deportistas. Ni los mdicos atienden a horas profundas. Al menos con la paciencia del or cuando se est dispuesto a hablar. Los doctos saben que nadie dice na
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nada. Y que arriba es la eternidad anhelada con proyectos de futuro (la paradoja). El sesgo filosfico sin embargo. As como el sesgo cientfico. S, el sonambulismo. Si se combinan estas dos funciones da y noche, expectorar, extirpar, insomne perenne en el pabelln dorado. Fortuitamente. Puede que de da estemos convencidos de una simpleza que por la noche se complica. Pero el msculo aquietado no rasca ni la ceja. Y el mismo msculo al presentrsele precisamente la simpleza oreada ya de las primeras brisas matutinas se extiende con precipitacin como el cielo mismo que no puede soportar las heces del sol abarcndolo y dndose golpes diestro y siniestro en el rostro entumecido o entibiando la sbana que expulsa su vaho nocturno. Pues as sala l, corderito insomne perseguidor, dispuesto a cambiar todo eso en el interior del pabelln semirosado en el brusco acontecer de una ansiedad de escapado. Saliendo ojos apulpados sin estremecimiento de la vagina espina cimbreada a traspis como el gato de la vspera cagando meando eyaculando en el solsticio de los muros. Descalzo pero con uniforme de blusn blanco hasta los tobillos y cuatro o cinco botones en la trastienda. Holgado esfnter culo boca y toda su fontanera bramando en silencio. Estulticia general de aquellos conductos. No es esta la msica serial de nuestros antepasados? Pues mostrando tambin sus conocimientos de enseanzas bsicas en pequeos esquemas aqu y acull de la taberna de ultratumba del egipcio. Afn de vida ni un pice. Tiritaba su apechugado vientre. Gritos y jeroglficos de resultas de cositas rojas. Pepinillo verde en el cristal. Volteab
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Volteaba la pirmide introduciendo el vrtice en el canalillo del desage con tanta gracia que ella misma transparentaba para dejarlo entrar en el calor de calefaccin de baratillo. Con ese don y magisterio hizo el resto. Restaur los muros y los techos. Arras los pulmones, hgado y bazo. Se llev por delante la vejiga de trauma por la incontinencia y rtmicamente muy despacito ahuecada mediante la larga cnula que adems de patadita en patadita retiraba dejando libre su paso de molesto y coagulado cordn umbilical. Slo as sobreviva en el anchuroso espacio del pabelln. De pasada en pasada mermaba. Pues centrifugaba. Qu significa huir hacia el centro? Fuga al centro. Por ejemplo, Oficina de Fuga Central, ventanilla justo enfrente del jardn. Es ese vrtice que se traga pirmides invertidas. El papeleo lo lleva una seora ya mayor de grandes ojos azules que lanzan puales. La luna entraba por la escotilla del centro pero la arquitectura no es lo suyo. No estaba seguro de si poda aproximarse a ella y echar una miradita. Sobre un friso saliente a la altura de la rodilla (des estatuillas casi cuneiformes y tranquilizadoras: podra haber sido un rudimento invertido e invertebrado del hebreo), donde algn gustirrinn se poda sacar, justo encima de las largas traviesas de las ventanas hmedas, un gato negro panptico trazaba su andadura paranoica circular. De noche nadie saba dnde se solazaba pero de seguro encima de un ratn. Y tambin de da dorma sobre la cara despanzurrada de un mueco observando en una especie de tic de test de vez en cuando bajo ese sopor animal caliente y abismal las entradas y las salidas, los can
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cantos y las salmodias de no puede ser de algunos visitantes. Braga gigante la seora mayor. Pantalones ceidos y zapatones blancos espumosos lustrosos en determinadas intrigas algodonosos como todo el resto esponjosos pastel o tarta de manzana arreciando el paso mojado sobre pavimento dorado de cereal crujiente adornada con guinda de nariz cubierta de races bermejas y ddalos morados pigmentosos complicados en las mejillas. Para la nieta guardada en un cajn. Encima del cajn otro cajn, sobres y papeles blanqusimos, una estilogrfica de plata y un aro de negro bano. Guardados y pesados, entregados, prestados. Pluma estilogrfica papeleos oficiales entradas y salidas el gato mira donde mira l mea de noche qu haces? Mear qu haces? Mear qu haces? Mear. Banco que no presta dinero verde dos o tres; en la cuarta esquina un esquinero parterre y una cornucopia para la tranquilidad. Una pequea columnita alta como un hombre de acumulados capiteles y desahogadas figuras de cuarto de bao pero que complacan a determinadas y ociosas visitas de aquel siglo dcimo primero de nuestra era cristiana. Determinadas frases erticas de un antiguo batalln siglos ms posteriores. Cuando Francia ganaba terreno. Voltaire y Casanova. No, ms posterior. Cmo cubrir la mandanga y el trasero con semejante braga? Muy sencillo sobre la carne tibia y ablandada a cachetazos. Tres limoneros y limones en sus cestas. Abandonadas. cido. Improbable. Las obras de l cidas e improbables. Slo cabe una solucin: el logos es el sueo la
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del da. Como si lo estuviera viendo. Entre l y yo. Y luego ya el sueo profundiza en la noche dejando atrs pero como la cola de un cometa su logos castrense. Algo de l tambin emana en la noche y en el sueo? Para qu? Riega amarillo sobre el geranio. Para qu? Toma albmina quebrada rota cadena de raviolis! Carne muerta. Piel endurecida. Mis dedos. Los veinticinco dedos del pie. Y esta tarde lo apabullaron. Dando manos multiplicando pies. Lo apabullaron con el tpico discurso de linaje antropolgico y de causa burguesa. La dama ya no es de hierro. Histeria colectiva. No me dejan tener libros seores, no puedo contestarles, dijo. Tres seores con diferentes opciones. Alevitados. Con levita y levitando. Conllevada y conllevando. Jamonera como dijo otro disidente poeta. Las nalgas jamoneras. De gran jamn veteado. Beta y gama, dijo quien caz un gamo. Se derrama un vaso de agua con gota de sangre en la esquina. Qu planazo! Qu estrategia! Qu santuario! Qu novela! La nueva seora compadecida y muda de odo madre de uno de los tres seores. Tambin en el hospital por gota, incontinencia verbal, y derrame de mama. No puede estar todo un poco ms concentrado que no me entero? El yo de aquel me apresa me mira me suplica. El gato negro juega con l; lo toma por un ovillo de lana. Identifcate! No puedo, deca tartaja. No puedo. Tambin la seora vieja se pone a jugar con el gato. Luego le habla con circunspeccin: Santsima Trinidad! Soy sierva. Aguanto la indiferencia, la soporto, todo mi destino es Universal, vamos en la misma direccin, gatito. Minino bonito. l malla y le abraza. Empieza a dar vuelm
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vueltas por el suelo pavimentado de lujo del pabelln junto al gatito que le arrastra mientras le habla. Piel de azul zafiro. De azul mediterrneo y de olivo y almendro. Y con gestos de razn, no hay Logos sabtico. Y de l no se puede esperar el paraso ancestralmente contemplado por vacas y ciervas. Y slo sale una conclusin: El Logos es sueo de da. [62] Arrastrar el libro all donde se vaya. O no tenerle consideracin. Tenerlo presente y vivo, eso s. En su autonoma, cerca del paleoltico donde naci. Tiene su origen en los follajes. No, en serio. No hay necesidad de la irona. Principalmente porque hay una tendencia a calcular los aos que se tiene, y cualquier cosa que tenga aos, por defecto o por aumento, hacia su capacidad de madurar y morir: se cae o no se cae de un rbol como el higo. El higo lo tengo muy presente en mi formacin de palabras, tal y como recuerda la manera de hacer las cosas. Una higuera se eriga en un lado del patio del colegio. Eso tambin tiene algo que ver. Y siempre queda un parecido que no lo es en absoluto con el hijo; por tanto con el hijo que nunca se va a tener. Uno puede dedicar un par de minutos para desechar la idea del hijo, pero el higo siempre queda. Y muestra igualmente que se puede madurar. Estar en la higuera, pertenece al reino del excluido o del que se excluye un tanto prematuramente, anticipadamente, por decirlo de alguna manera. No se tiene la regla de aquello que se solidariza con el margen. Al principio es un acto destructivo que empieza por no soli
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solidarizarse, no soldarse. En fin, una antifundacin. Pasados los aos muestra tu autismo que existe la refundicin por el lado menos visceral, menos orgnico, que se amontona en el centro de un campo, como vacas sacrificadas. Muy distinto a las vacas sagradas, que las hay en todas partes. Te muestra tu autismo no es lo mejor que haya escrito, y forzado, como un preso, la frase, o lo que sea, con su poquito de indeterminacin, si se le fuerza o se le viola, como al nio ajeno que fui, te suelta, por qu no, una carga semental de mucho cuidado, semilla, parecido al polvo, parecido al polen. El esforzado que atenta contra el lenguaje posee una vista de uno por uno hacia el exterior (una escala menos conspicua que el sacerdocio o la presidencia); y considera que no se le puede asimilar: y todo a favor de sus dos muslos, dos mximos espolones, o pies para que os quiero. Tal consideracin no es consideracin sino explcitamente considerablemente. Lo considerable por aumento de tamao y nunca por disminucin. Y considerablemente por disminucin de la disminucin. Fuera bromas. Al reconstruir cierta frase, tal vez prescrita, o tal vez entendida, ni siquiera tal y como fue dicha por ti, ni si la entendieron, al menos escucharon que algo se deca, que haba algo que decir, ni como yo mismo pude entenderlo, bajo un peso de parsimonia, con lentitud, tal vez lentitud musical, tan ceida, pantalones en vez de falda, proscrita. La frase de prescrita a proscrita tal vez porque algunos entendieron el quejido de la e demasiado aguda y terminada en sorpresn: como cuando no te esperas la tarta de cumpleaos de lo viejo que eres. [63] Y cuando te das cuenta ests a merced de la concienc
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cia policial que campea y te deja sin hipo (ya no eres el hijo, ni el higo, ya no ests en la higuera, sobreviene el golpe sonoro para que digas algo ms alto que lo otro, en minisoledad, pero en gran solidaridad, no hay otra forma, has sido arrastrado, y no puedes asegurar tu proscrismo, tampoco porque el proscrismo se haya subido las veces a la higuera). Elevas con mucho cuidado la parte que da ms placer. En todos los casos, jugando con los suplementos: salido, solidario, solo, e incluso, en la higuera, higo, nada menos que hijo. Soledad, proscrismo, prescrito, derecho cannico, derecho administrativo. Entendederas amplias y hermosas, como un sof vaginal que reposa por ti en cuanto te has ido. Los detalles de una casa liberan sus influencias poco a poco como el hervir del agua los gases de lo nutricio. Y de la baera, como una hoja flotante sobre el agua perfumada, arrugndote (realmente recogindote en semireflexibilidad) cuando te encuentras mal, cuando ya nadie te hace el favor ni la consideracin? Si quisiramos solidarizarnos con lo natural, vegetal, animal, incluso mineral, no seramos hombres ni lugares recogidos de hambre en polvo; abstracto, en diagonal, como una lanza en vuelo y en diagonal, antes del movimiento plvico, la ruina de tu soledad, ejercicio violento cuando se acerca el violento, o los violentos, en comandita, a cierta hora de la madrugada, habindolos guiado previa amenaza el resolutivo acto final. Sea ella una mujer o sea ella la mujer que yo quise ser, la lanza se muestra esquiva, a docenas, pasan por los flancos y se posan como pajaritos sobre la ajada madera que nos castiga. Una lanza proyectada hacia m
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m de esa manera con sus tantas plumitas en el ltimo extremo me hace estornudar como la tiza en la pizarra. [64]Si alguien se queja voluntariamente de lo que se ha dicho, porque has sido vapuleado, por ejemplo, por tantos insultos, no siempre se concuerda con lo dicho aunque sea un insulto poco soez, si ocurriese que alguien musitando te eligiera entre docenas de personas, por pura autoridad, tal vez, porque t no la tienes, no la has tenido en ningn momento, una fuerza tremenda te ocupa, nominalmente, para salir un gorgorito del tamao de un gorrin con fervores de gorrin, en el rencor de haber sido desvelada tu presencia. No todo lo que entra sale de esa misma manera. Se entreteje en el movimiento de intercambio una repulsin que estira los msculos de una manera imposible. A quien te persigue con la idea de hacerte un favor, en la domesticacin, en la prisin, culito en pompa, puede ser, y te habla por prrafos legales, no son ms que onomatopeyas de un guila en cierne que no es ni remotamente imperial. Te devora carroeramente, y antes de devorarte te pide que afirmes apodcticamente las verdades de la ciencia. Ten cuidado, no son ms que onomatopeyas. As que elijas lo que elijas para leer el len es siempre mucho ms fino y agudo permanecer sobrecogido en su duermevela 16 horas de tirn. [65] Quin eres t: eres acaso el osado que insiste un lenguaje hasta ese extremo para hacerse entender? Pero yo hablo ms bien del momento en que sacudimos el espejo que llevamos a ciegas, a cuestas, la zanahoria del mulo. Para leer el len, puede combinarse en ambas acepcio
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acepciones. Puestos as constituye toda una huera simplificacin el hecho mostrenco de nuestra procedencia solar, luz solar, solaz bajo la luminaria, candela, hiervesesos. Quedndose lejos mustrese entonces como fulminacin flamgera la funcin cerebral como un circuito altamente escamoteado de luz, con sus centmetros gruesos de aislante primigenio. No es necesario atiborrarnos de montaas para sacar conclusiones parecidas y sublimadas. Esa altitud nada hace. Flaco favor. Pero cmo paralelamente la luz intercede, parafrasea, o se filtra. Es cuestin de baito junto a la playa. Hablar de ello me tranquiliza, siento que la higuera se acostumbra a m. No quiero mejor ajuar para el trnsito que su puado de higos-dedos. Exange y enredado en ello, jaguar gramatical; como en mi madre, primera frase polmica: nio mono, y admirativa, qu nio ms mono, cuando ya empezaba a morir por das, qu nio ABSOLUTAMENTE mono; luego s era necesario encerrarme trasteando entre las ramas de mi higuera. O dice aquello entre montn de orejas creadas como poros en mi piel para ello: infeliz, incauto, libertino, perverso, en famosa antologa, sin riesgo a que se raje la cesta por abajo, sin ningn tipo de poesa, antologa meramente, suicida, irnico, piel fina, aguafiestas. Y ese lrgate, cuando la vida real te absorbe, por antologa! Lo cierto es llevarse la lengua, el idioma, y todo lo que parezca a lenguaje, hacia el centro para arrastrar en su vrtice lo que queda del desgarro y lo poco que queda de sangre, a pequeos trozos o en jirones. En mi mayor desprecio hacia ella por su atildamiento, su centelleo de mu
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muchos quilates, mejor es no anteponer absolutamente nada, ni una paja. Entrando por el cielo por el orificio ms grande. Temiendo el frontispicio acadmico para que te den y den por la trasera. Ahora bien, esta situacin revierte hacia el mono estremecido que quisiera llorar por haberse convertido en el loro aguafiestas que incumple todas las normas de la polifona del corral. Pero si tiene un espritu mtele un madrigal por la boca. Escupe el motete! Por qu crees que cierto estructuralismo antropolgico se pone en marcha en busca de Tarzn, mil veces ms autoprotector y a una nica palabra, la primera y la ltima? [66] El paso de Jess, hecho inamovible en el nio es una monada, no es una poca de fiestas si atendemos a la cantidad de lugares donde proslitos y l mismo se abusaron tantocuanto pudieron del discursivo efecto del discurso apetentes en retricas fuera de los goznes del judo en uso. Tanto es as que Jess o alguno de sus discpulos pudieron sodomizar en griego. Y al ponerle nombre prolijo al loro prlogo no se aclararon las cosas? Aguado dijimos, disuelto o mojado, siempre bajo el agua turbia, que hace brillar al cuerpo recin bautizado, erecta columna sobre el Jordn. Para un solitario es necesario como mnimo un analfabeto. El solitario de las fiestas, de las reuniones, convenciones, misas (atencin con lo de misas! Misas puestas, medias puestas), bodorrios longitudinales; es y no debe ser interlocutor. Pero al girar el cuello por una cita se desnuca. La gallina brbara no har eso porque no se suicida. Pero existe el gramfono que se puede usar. Un gramfono de bajo vientre. Un gramfono de ofuscacin. Imperturbable en cu
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cuanto a sntesis. Loco por emular el rgano de la iglesia. Y no es que no tenga rganos a su disposicin! Todos ellos, sin embargo, atados a la funcin cerebral respectiva como esclavos de un ritmo echado repentinamente o por la morfina o por un bizco cmitre. Una voz es una otra cosa. Una autonoma preestablecida antes de la divisin en funciones. Insoportablemente afuncional. Su disposicin es un esqueje ontolgico. Y ese agarrarse es por disfuncin o tumorosidad superficial epidrmica. Aparato fonador, y calderas del infierno, insoportablemente caliente que gorjea la redencin, como la mujer del doctor Sevilla o la gallinita ciega de Goya cuyo pelele rebota y abre la boca en o. No hay remisin puesto que has hablado y has dicho el nombre del seor! [67] Expropiacin constante y sin restos de migas de pan para decidir en qu momento dejar de jugar. Entretejidos en la frase emulamos a Cicern, Horacio, Apuleyo, o al mismsimo Virgilio. Qu es aquello convertido en un duende que se opondr con los pies humedecidos al hongo, al charco, y patea la mousse de hierba? Algo que en francs tiene un estilazo nominal incomparable: la pelouse, el csped; encantador por fracciones de jardn, jardn europeo, muy cortesano, altanero quien se interna, terciopelo su permanencia, esbelta su figura, cuidado y arreglado las formidables guedejas ahora moo, hermosa y ninfa sobre el nenfar, y donde sin duda salir descalzo al encuentro de algn amor propio y una distraccin femenina. [68] Nada comparable a la ta maciza pero ajena; mujer del ajeno psiclogo.
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[69]Funcin neocategrica que me he inventado yo por idiosincrasia. Nada tiene ms duende que yo. Bajo un extenso in re de cosa alucinada designios de mi bernhard, por lo que ms quieras, algo inmenso y ocenico que nadie mejor que l supo ver con claridad; y que la lengua es un suelo, por debajo de los zapatos. Un suelo de pisa y pon. Y la mujer un mueble de pon jarrn. Si claro llevamos la gramtica hacia su destino, su puerto. El libro no me lo he inventado yo. Transitamos por l. Recuerda que no se trata sin ms de la superficie donde una vertiente se desliza. La superficie es siempre algo que funciona como el relente nocturno y no acaba propiamente en un vertedero. Y el lenguaje tambin previene de esa sintona entre lo que se escucha y lo que se tiene a mano. Como puesto un jarrn con la misma oreja. Tambin funciona el jarrn sin tapa: que es el pretemplo de las rojas rosas. En cierta manera es abusiva la maraa, cada da. Con todos los personajes que disponemos actualmente t escoges precisamente UNO! El uno es la monserga, el pan, la comida, y puestos los huevos sobre la mesa: ningn sacrificio. Su lugar se presupone, pero no es representativo. Para serlo tiene al menos que dejarse or. En diferentes mbitos. El templo lo lleva puesto. Aunque sean inexplorados los caminos que toma. Como personaje no es suficiente si encima no se queja. Demora en un par de sitios cansado. Y el lugar se cansa de l. Pero l no es nada, absolutamente nada; anacoreta sera si le conocieran las piedras. En realidad, se interpone entre dos flujos que vienen conectados, y opera una sutura, pero a veces, ni siquiera intercambia. Es un
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un poco como el andar despacio entre dos postes telefnicos que humean comunicativos. Entre lo que lee y lo que dice hay una diferencia abismal. Si entra en literatura es para desvanecerse. Quien obliga a ser ledo, o a ser escuchado. Imposicin de una fuerza. Requiere nuestro personaje de un momento de incertidumbre con el mismsimo diablo que no se ve, ni se menciona (muestra de orina o de semen; y por qu no, un poco de piel de pene). Una incertidumbre, es decir, la sombra de una relacin. Para una fuerza mayor que l. Diente por diente, ojo por ojo. Un poco l as. Si mantiene la indiferencia hacia esa fuerza, violencia expresa. [70] Algo que lava y salta. Un poco mantener las cosas en ventilacin. Casi dira en respiracin continua. Algo menos que un deportista. Algo ms que un enamorado. Un esforzado. Si borrsemos, sin embargo, personaje. Pero ya hemos dicho inapetencia. Generalmente. Tutelarmente. Puestos de vacantes para jefazos, un buen par de jefazos. Con eso arrancamos. En coche. Para el nio es una monada el momento de empezar en un buen coche. Audi Quattro. Se merece. Trayectos desconsiderados en un primer momento. Excepto alguna que otra aproximacin. A la inversa, oscilaciones. La literatura es plantear el cerrojazo padre. Si viviramos tanto en cuanto, en la lucidez extrema, siempre. Hallazgo: lamparitas de mesa y un buen par de faros para alumbrar a los criminales por la noche, al borde de la excavacin. Consideramos la arqueologa. A la inversa, se plantan muertos. El desplante madre. Una cosa es sugerir, otra bien distinta es abusar. Momentos para abusar de la lectur
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ra. Para no hacer ms que lectura. Para no leer ms que lo que se lee y lo que se ha dispuesto para leer. En una civilizacin abusiva enseamos al cordero a leer para frerlo en parrilla sin que nos d obcecada conversacin. La muda esperanza del cordero entre barruntos: he elegido lo que me mereca? Lo que alguien ha elegido no est de ms expresarlo. [71] Pero siempre en forma de carta, muy educadamente. [72] Lo que no se ha dicho: qu diferencia puede haber entre la ciencia del estilo y el estilo de la ciencia? De otra manera: qu diferentes pueden ser los caminos a la fuente de lo dicho y lo dicho en el camino a la fuente? Resuelto a no leer en el coche, puesto que conduzco, me pienso, estrechamente, el citado texto entrecomillado, una mnima carta, un poco quejosa donde barruntar las fuentes; con todo paladeando, que no peladeando, sobre una superficie preparada. El firme, o firmemente. Algo obvio. Pero tambin obviable. Para preparar las fiestas de un libro, las entraas, el sabor y el gusto final, es necesario considerar el extremo opuesto. De nuevo el lector, es la forma inmediata de esa oposicin y ese mal gusto (oponer mejor el plector). Sin duda, la cosa ms equvoca que jams se haya inventado. Inventando al otro, en la medida de lo posible, por medio de algo que escribe por nosotros, tambin en la medida de lo posible. La empresa exige disimular el nervio. Los hay que no tienen nervios sino arpas. Los hay que no tienen arpas sino aspas. Yo tengo muy claro que mi paso por estos pasill
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pasillos tiene que centrarse en la acumulacin, (por medio de la voltereta genital, o masturbacin). La acumulacin hasta el chorreo, efectivamente; no he de ser explcitamente Ortega y Gasset. Y todos los elementos, espamos/accidente, convulsiones/odio, irrealizacin /idealizacin, conducta/atropello, conduccin/vrtigo, hombre/aborregamiento, mujer/tibia carne. Pero al ser masturbacin se impone la soledad y el frenetismo casi a partes iguales, y una casa donde ocultarse. El resto es inoperante. No hay nada ms que eso. Masturbacin y esfuerzo por conservar en la memoria tal como se hizo en la piedra primigenia. Antes que ninguna otra cosa, o ninguna otra hermana. Yo me he masturbado en sitios impensables, y tena una teora sobre ello, para llevarse a cabo a la prctica sobre todo en los parlamentos. Las situaciones paradigmticas. O para llevar a cabo determinadas pruebas. Si es fcil decidir. Peor que ninguna otra cosa. Un sufrimiento indecible. Al revs, cuando el sufrimiento no tiene lugar no hay masturbacin, no hay levantamiento, no exige al esforzado un mnimo de esfuerzo. Entonces, no hay nada. Pero la masturbacin tiene un traje a medida. Lo mejor pero por el otro lado, mrito, sin demrito, sin esfuerzo, talento. Miles y tantos proyectos. As, que quien no est al caso mejor cagar. Por supuesto que los masturbadores no tienen mujeres. No nos precipitemos. Bajo infinidad de guaridas, alvolos de seguridad. No nos precipitemos. Hemos de llegar al punto pineal. Una decisin, por ejemplo, de escritura. Y para una masturbacin de sobra emprica qu mejor que nada de nada, y un antialeluya a juego.
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a juego. [73] l dijo a esas personas filosficas, extraordinariamente inteligentes, capaces de leer cualquier cosa, puesto que ellos mismos haban inventado lo que haba de ser ledo, les dijo sin ningn tipo de resentimiento, siendo l a veces tan parlanchn, en libertad de expresin, pues l cantaba y escriba por amor, en el amor, desde el amor, aunque no supiera del cumplimiento nada de nada de lo real, qu pudiera coincidir con sus anhelos en la realidad, les dijo naturalmente, que la vida que l peligrosamente corra y la de todos aquellos que no les importaba [] que todo estaba teido de juicio y que los juicios estaban inmersos en los hombres desde la cuna; y la posibilidad de que esto no fuera as era un contrasentido legal, formal. Cmo es posible que en todo lo relacionado con el amor, l, a esas alturas, no supiera nada? Cmo era posible que del amor l supiera a principios de su infancia, ms an, en la lctea succin de la nodriza, en los avatares maternos, mucho ms, como a escondidas, y que reservado para ello pareca estar, ms an, movido incluso por la intencin que es como una doble vuelta de tuerca sobre lo ya sabido y que fija lo que ha de venir, cmo era posible que l ahora ya no supiera nada del amor, y que todo cuanto l haba escrito no lo reconoca, e incluso poda discernir en esos textos poticos la ms absurda y vulgar prosa del encuentro amoroso? Cmo haba sido posible encontrar en tantos lugares amor y en tantos lugares la sombra del amor, y ahora se encontraba hurfano de amor, de los lugares en donde el amor teja su urdimbre, y l se complaca en verlo incluso en padecerlo como vctima entre
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entre otras? No slo en la soledad para amar era odiado sino en las fraguas de su intencin potica de escribir sobre el amor era considerado un mercenario de una pseudonaturaleza que lo haba tomado por lo que no era y lo consideraba poco menos que un burro sin rumbo, perdido, con el correaje todava ceido a sus flancos, y sin posibilidad alguna de retornar a su molino vital, a su rueda dentada de empresa existencial. S, cierto que esa medio naturaleza le haba pagado con creces. Pero que de todo lo que era sensato dejar l conserv el deje materialista de la lengua aquello duro y gramatical que slo el que lo inventa tiene obligacin de usarlo. Pues mudo adems tena que haber salido de su casa; y al encuentro del amor obligadamente mostrarse libre de la chchara que le prodigaba el encuentro con el hombre de su pasado. [75] Adems en el caso de encontrarse con alguien de su especie llevarse a la boca mil guijarros de rosado aspecto, o incluso meteoritos arrojados por el cielo, para evitar la comunicacin. [76] Pues como el que empieza con el celibato acaba honrando de lejos las brechas de las montaas, las oquedades intersticiales relativas de la grafologa solar y lunar, y ms de cerca los intersticios entre somier y colchn, los cachos de vela sobrantes, l lleno de servidumbre an, todo lo pequeo, atmico, que frugalmente sin deglutir pudiera llevarse a la boca. Otra solucin consista en morar los monasterios o pequeos pueblos costeros, o bien enajenarse de todos modos sin patria y bien propio, y de ese modo, tambin solcito pero a su manera, hablar por hablar. En un mundo de autoestima como el nuestro, dijo un borrego a un
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un cordero, es ya imposible no contestar. Una intencin, por grande que sea, no se muestran, por el movimiento, las huellas, y las pequeas roturas en las ramas de los rboles y en los espesos zarzales, seales de venturosa valenta. El cordero contest: pero es de derecho, y no de obligacin, hablar cabalmente. No es preferible precisamente hablar con disposicin de nimo, expresar, con la conciencia como gua, las seales de ese camino y ese movimiento aunque slo fuera in abstracto? De qu nos sirve redondear, amigo mo?, dijo el borrego observando muy de cerca el glamour de la hembrilla. Pero ella zancadille la mirada. La goma de mama. l pens: la manzana de Newton, esta vez. El cordero gir una rueda y surgi quejumbrosa al principio una misa de Palestrina. Papa Marcelo. Coro sereno afilado como una navaja. El dulce sueo gravit como gas natural. Aunque el cordero pensara que haba alcanzado la justa distancia entre Morfeo y el Orfeo de pacotilla, el borrego, en realidad, se suma en una desagradable indisposicin con los brazos arrellanados a los lados como dos muones gatunos, las manos perdidas en los glteos. Y siempre murmurando bragas, bragas topolinas, bragas menudas, bragones, bragas de orilla en encaje, bragas sedosas, bragas nenufantes. Orientbase por detrs de la antena del coche que a pasitos muy cortos sala del cuarto con las bragas a la altura de los tobillos. De espalda ancha y nalgas frutales. Entre los bien definidos muslos la pia trufada; entonces desahogndose de todas ellas a horcajadas pareca un murcilago. Y para no dejarlas en el suelo un topillo que enseaba los dientes se abra paso en el incons-
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inconsciente mundo hacia la salida. Y con todo el tiempo un universo de bocas. Bocas hambrientas que tejen un sonido amortiguado y hmedo. Con toda la pasmosa oposicin al mundo de las bocas insidiosas, regurgitantes, as el cordero con su barbita de caballero barroco y una aldaba en su pecho. Luego el corderito, al notar la aceleracin de esas dbiles palabras, dijo, aunque saba que lo escuchaban a medias: establecer un sistema de lo que me ests contando no es desde luego muy adecuado. No es aceptable tampoco.
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eplogo
el automovilismo es el holocausto recin nacido y esperado por los hombres de mala voluntad
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[77]Cundo se repartirn los dones? Dones que adems nos hagan, nos querrn hacer hablar, comprender que en la superficie la guerra es interminable, y la paz (la expectativa, o la paz siempre en espera) una determinada glosolalia. Y a la inversa. Dones que adems nos hagan comprender que tanto la guerra como la paz establecen los nuevos giros de lengua, y la nueva ertica de nuestra madre lengua (no tengo tiempo para entender a estas nias). Bueno, quizs slo pueda demostrarse que una novela es una cita a ciegas y un moverse a ciegas entre lo imaginado por los que quieren guerra de verdad y por los que la sufren. Por y para emprender la guerra es necesario una poltica cimentada (aunque no por hormign). No hay guerra en esta novela. Cierto. Una cita de generosa botnica es esta novela; un jardn reparador de momentos, pero en el que se espera, como quien ronda la presa casi con coquetera, el enfrentamiento ms aniquilador. Quiero decir, tal o cual texto, tiene lgicas desavenencias, pero precisamente por ello la novela est dotada de agua y de cliz de manera general. Bsquese lo que se quiera en el jardn, pero su elaboracin natural: enredadera, bosquecillo, o macizo de flores, incluso, la temible zarza, hela toda aqu en presciencia del hacedor y su proyectante inquietud. Y sus muertos de hambre temen por tal o cual guio. Pues bien, esta presciencia no es una gramtica. Ni un acogedor recinto monacal por el lado ms humanamente posible de prfugo idealista de la realista moral blica. Qu terrible acontecimiento prepara el reino vegetal, digmoslo as, categricamente? Nunca se mostrar suficientemente, por ningn medio, lo t
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terrible que puede llegar a ser un jardn si de verdad es vegetal. Un jardn, por otro lado, que trata de ser todo aquello que exhibe lo antolgico y valedor de pruebas. No aquella especie, ni esa otra, sino absolutamente el ejrcito global de su riqueza ornamental se enfrenta a la antologa de pruebas. Su prestacin, su presencia, su quietud inquietante, la llegada de la confirmacin de la enunciacin (de esos pies embalsamados de gran bestia que se estiran y repliegan despus de las meriendas) por la ms tenue brisa, e incluso, un llamamiento desgarrador al sometimiento con otros aires. Los aires que decimos mirando alto provienen de una verdad clara e inmutable de los cielos. Tambin, el ser de mal aire, cierto temperamento, o conducta desigual con respecto a todo lo dems, nos zarandean y nos erigen en pobladores embrutecidos, endurecidos, vidos de proteccin; finalmente, los msculos en disposicin de combate, cuando me afinco transitoriamente sobre las azaleas, formndome trpode, y de cuya inversa laringe, asoma la negra lengua del demonio. Esa cosa de la que el bpedo inicia fuga, sin embargo, sin plantar cara, es una margarita deshojada. Con la distancia puede que vara de mil pies que patean. O can, o misil, y de ah, cualquier objetivo cosmognico. Pero repliegue y retirada, al fin y al cabo, son los tiempos de paz de la novela. Precisamente por esa apariencia de frontis, frontispicio acadmico, que nos avisa de que hemos llegado a tal lugar de consideracin, y el premio acecha en forma de complicada energa contenida; y ms tarde la espalda, o la puerta trasera, venteado el alma de pgil, melanclico contra la tie
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tierra hmeda; a las muestras de menosprecio y desconsideracin me remito. En la arquitectura, bajo su tutela de desgarbado traje finisecular, tales encuentros, consideracin/desconsideracin, opera a la luz del da bajo esas bvedas inmensas de capullo, y casi me vera obligado a decir, que en la que estoy yo ahora sentado, est doblada de nervaduras; nervaduras, desde luego, por las que circula la sangre del rito; y arterias de consuelo. Pero tambin, en la institucin (cualquiera que esta sea), en el istmo hospitalario, en la prensa matutina, y en los hoteles de gran lujo (porque en stos, se quiera o no se quiera, se cena bien, aunque no sea Santa Cena ni de oficio: el servicio es satisfactorio). La novela planta cara y es solitaria. Incluso planta cara y vuela, o vuela plantando cara. No tiene acceso trasero, ano, boca de salida. Su hipottica apertura es nicamente el aleteo del prpado. En conjunto, darnos viento al rostro en un ritmo muy calculado, siempre y cuando, rozando el abismo del decaimiento y el abismo de la excitacin, sintamos esa necesidad de mantenernos erguidos sobre la lnea tendida entre los dos extremos. Y aunque, de tanto en tanto, la sobrexcitacin murmurase lindezas speras y alientos de suicidio, y tuviramos que sobreponernos, parando esos pies que nos habran parecido firmes sobre el suelo en un principio, volver al da antes de aquel en el que el recuerdo nos estampa el deseo inalcanzable de la supervivencia. Imperceptible rejn excepto para los que tienen talento excesivo. Y su acceso frontal no es la lucha. Puesto que si vuela, anda volando, el acceso a su dominio ha de ser mucho ms rpido y violento que la guerra. Para ll
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llegar a ella (la novela), servira simplemente una mquina antiarea de verdad desoculta cual mscara de tragedia escupida por la alegra del acontecer. O sea, la veracidad. O la certidumbre. El ejrcito de la esperanza, cuyos rasgos son copia de su hipottico contenido, se lanza flexible y disipado, como la niebla que no es una ni son muchas, pero lo cubre todo de grandes distancias emblanquecinadas, y al moverse en este o en aquel sentido lo envuelve casi todo menos algo que habr sido justamente castigado; esto es, la verdad necesaria con que al fin de cuenta nos engaamos: claro que si as nos tomamos el pelo, as nos apelmazamos la cabellera, para salir el domingo, por ejemplo, no saldremos jams, ni por la ms astuta va oral, de esa actitud anonadada de pervertido cazador y de mujer de fotomatn. Cualquier cosa as entra dentro del reino animal; cosa vulgar, que para quien lo dice, tiene sesgo especulativo, muy lascivo es el reino animal en cuanto se aparta del consenso tribal, escondido entre matorrales, muy bruto para objetos volantes, muy pero que muy bestia para poner al descubierto el sexo sangrante de la adolescente. Voy a poner un ejemplo. Al decir que l, ella, el otro y la otra, han sido sepultados por esa lgica, por otro lado, de muy andar por casa, elijo slo por eso, antes que incluso una leve vibracin de sus personas fsicas que actuara como seal, y un parn forzoso de mi mano, sobre todo, en el primer papel limpio del da, un brazo o una mano, que dibujen crculos en el aire, hasta que no se acostumbren mis ojos a verlo todo de otra manera, de cuatro en cuatro, forzosamente, y sin planteamientos de gran envergadura que
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que nos salga ms rpido que antes la bala por la culata. Porque no es precisamente atisbo de gran cosa esos cuatro: objetos que o bien perpendiculares o bien horizontales no han conseguido un centmetro ms de espacio hacia sus adentros. Estn replegados y son sujetos a camas contiguas. Persiguen los afueras como arrabales. Segn los no hay en el no es esta pues quien descubre los se convence de ellos como los surgen poco a poco lentamente pero por el con los va dejando en l y esta es la en la de que son los y tenerlos y usar de ellos no es pues lo que solemos llamar sino su empleo parecido al con que al acercarse algo a nuestro ojo los se cierran o al con que evitamos un esas de la que de modo se decantan en repito como los como los son a todos los por eso todos los tienen los mismos hasta el punto que el criterio para conocer la de un es el esto que declara el era ya lo que actuaba. Yo quera hablar (y todo el mundo sabe qu implican estos bloques que ya no son de piedra ancestral) de una clase de aristocracia nueva; y quera aclarar sobre el aspecto areo que tienen las cosas que nos sirven de modo ineludible, y son utilizadas pacficamente; y quera hablar de la inapetencia, de las experiencias bsicas de la lectura actual, y por fin, de algo nuevo, sorprendentemente hospitalario: los libros electrnicos. Al hacerlo as, me he puesto en evidencia. Resulta que releo simplemente los hechos, los sonoros pasos de una sinfona fnebre a travs de una calleja que disea en el vuelo ordinario de sus notas amansadas algo as como otra catedral, como torre muy alta, dura y erguida, que se pavonea a cierta distancia, inflando los sesos de oficinistas huesudos y de am
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amas de casa que ya no les sirve lo de limpiar. Y que en castellano, o a la sombra del castellano, devanados por forenses hbiles los sesos que se adhieren a Occidente, en un clima totalmente diferente, de calma chicha, movido, en fin, por otros aires, simplemente porque a esa distancia, y a causa de esa ductilidad, de manipulacin, de empleo y manejo, meto el texto que presuntamente escribo en estos momentos, traduzco en ocasiones; que la cosa va por turnos, me da la gana de meter un recibo o acuse de recibo del mismsimo O*** G***. Metindolo me he acogido a determinada enmienda, y puesto de nuevo en su lugar la opereta titulada el antiestilo o la propiedad intelectual injustificada; pues toda pera tiene su opereta, y en realidad, toda obra destila su obra maligna, tumor, carcinoma, o cosa que intenta destruir un sistema y un destino persistentes; y destruyndolos, destruimos al autor dicho sea de paso. Y el autor al lector. Estos hechos son dramas de un sujeto que forma batalln en algn rincn de su indiferencia por la paz. Y l dice, llorando: la paz no se escucha, no se oye la paz, la generacin de la paz no se escucha por ningn lado. Empiezo, accin que poseo: hombre inteligencia forja ideas principios principios conceptos hombre generacin espontnea experiencia sensual trato cuerpos mecnicamente agudeza doctrina cristalizaciones conducta mental conceptos principios solemos pensar empleo mecnico acto reflejo prpados automticamente brinco costado evitamos charco experiencias bsicas vida modo mecnico decantan principios adagios hombres principios proverbios comunes hombres hombres principios punto ct
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criterio conocer verdad principio sufragio universal indeclarado taciturno punto [78] Maldita sea mi suerte! Y as como esos cretinos saban cmo y de qu hablar, y echar culpas y preces a los dems, y que yo supiera lo inevitable, me puse en camino hacia el cementerio, para despedirme, hasta la prxima!, me dije. De ah baj rodando por el cerro, y llegu hasta las inmediaciones del castillo donde la inobservable princesa, dijeron otros observadores distintos que le haban visto merodear lactante y lnguida (una especie de Langsam sinfnico que transitaba) a travs de la ventana de ojiva, que estaba puesta a horcajadas sobre un potro de cuero negro, exageradamente encadenada, ms que prisionera en lo alto de aquella picuda torre (ahora se mantenan tiesos como un par de conejos muertos del susto colgados de un gancho y rozando el suelo, mirando hacia el cielo tambin) que surga como un chuzo lanzado desde el centro de la tierra. Pues bien, qu pereza. Me pesan tantos los pies, creo que pens: no es el momento. Pero qu sorpresa. Convertido en jardinero. As lo convino el rey asaetado hacia sus olivares. Me vio adecuado para el cargo. Vine por el sendero saludando a las rosas y a los rboles. Desde mi posicin lo vea sonrer levantando los brazos a pesar de que stos deban pesar morrocotudamente. Me acogi en su suntuoso comedor despus de que acometiera sus inspecciones rutinarias sobre los campos y la guerra librada tras el muro que haba hecho construir. Comimos a escondidas, solos, despus en la cocina, bajo la supervisin de su artificiosa cocinera, nos zampamos un par de ardientes codornices em
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embutidas en patatas. Me dijo: testaferro, amigo, testaferro. Tomamos un cafelito (y a l se le mud el rostro tan serio en su improvisada higiene bucal). La correcta direccin de un buen jardinero est en tomar posesin de los campos y no menoscabar la vitalidad de sus inquilinos. Porque no sers t una especie de agorero Virgilio, un poeta que habla de las proezas de las hortalizas? Son mis empresas valedoras. Aqu abajo, frmate bien esta idea en tu cerebro de paramecio, haba tanto petrleo. Pero ni l mismo se hizo a la idea. Yo no guard reserva para m. En eso estbamos ambos completamente servidos. No hay reserva. Pero usted tiene a la rubia all arriba, dije yo. S, eso s. Vaya usted a verla, me dijo el rey. Vaya, vaya! Ya voy, ya voy. Y slo pensando en lo de antes, que s, el carburante no era una alternativa. Poco me importaba hacerlo bien que mal, y an ms cosas por el estilo. No tard mucho en regresar. l miraba por debajo, a alguien que se haca pasar por buen compaero. Deberamos recogerlo todo, dijo prematuramente. Luego, inquirindome que dijera todo lo que saba en voz alta, me volvi a guiar el ojo. Un puado de rosas, por qu las habr cogido? Djalas sobre la mesa y recoge esto conmigo, dijo el rey. Vale. Qu se ha roto? Y cmo saba que necesitaba un jarrn? Pero esto es demasiado grande. Otro nuevo puado de rosas. l respondi en esa pronta gratitud que envilece. Despectivamente, con los dedos extendidos, metafsico obsequio. De esta forma, elegido encargado de llevarle rosas cada da a la misma hora, el sumo pontfice de las rosas rojas, paulatinamente me deshice en benevolente y m
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y experimentador, en agorero, bajo la holgada mitra visitadora. La princesa, a exponer sus impertinentes rebullentes. No s. Aquiescencia soberana del puro soberano, dos grandes rasgos plateados sobre las sienes. Lo dej inmediatamente sobre el cenicero. Nadie sabe de su estado de gracia, dijo de repente sonrojndose, para no tener que estar liado. Y luego se apunt con el dedo morcilln pero no el magn. Ah, mira! Instrumentos musicales. Unos cuantos, dijo l de nuevo despectivamente. Tquese y agtese. Ms a la derecha, ms a la derecha. Tom la pluma. Qu nombre aparece aqu? No lo veo, respond. Mire como siendo cosa pasajera, ley, administrar la calentura, debido tiempo, y otras impertinencias, sudor, palpitaciones, previsiblemente humedad. Cosas a expensas del monarca que se cierne sobre farragosos informes diagnsticos. Una segunda pasada: el conjunto de las rosas aprtelas del mortero, advertir los cambios. ste empez a mirarme en serio, busque usted jugo de limn. Despus haremos una lista. La cocinera lanz un agudo grito. Siempre horrible para m. Es que no tiene otra, seora. Por la noche, desde luego no!, espet al jardinero despus de que ste las guardara en un pequeo cofre junto al pimentero y al salero. Eso no est para eso. Lo s seora. El monarca agradeci el que la cocinera no perdiera ripio. Todo debe estar en su orden. Luego, de muy buen humor, nos agasaj con excelente vino de Alsacia. Volver a su trastienda. El monarca pilln haca sus previsiones impertrrito, a veces ladeando la cabeza con las gafillas de leer en el puente de su hermosa nariz. Y contaba todo con m
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tan buen mtodo mental, no obstante creo que pudiera haberse perdido en el instante en que se moj la punta del dedo y volvi a contar. Yo estaba pensando, dijo. Su rostro, no, su semblante se ensombreci. Las cejas siempre por encima de las gafas, esta vez bajaron por debajo de la moldura y aparecieron tras el cristal convexo: alas de un majestuoso gaviln. Rindose apart de nuevo las dos manos como si hubiera tratado algo muy delicado encima de la mesa pero que se mova convulsivamente. Ese artilugio consiste en un simple embudo. Si expulsa aire es porque quiere. Sobre el vientre ptreo de la nobilsima fmina que mantena firme la pantalla purprea de la lmpara. Es una piedra de un rosa plido muy equilibrado. Me lo parece, dije yo, observando atentamente lo otro, lo completamente nuevo, y que precisamente l esconda bajo su manga. Costumbre que adquir en la cancillera, murmur. Y eso fue siempre as, de esta manera? Con tanto ingenio que imposible era deshacerlo, me respondi como desafindome a salir del saln. Fuimos entonces, sin parar mientes en otra cosa, a un par de establos intentando siempre hacer el menor ruido posible, ya anocheca, y las gentes sencillas creen entonces que el mundo se cierra en s mismo: slo soportan los crujidos oportunos de la noche (el conocimiento de los ruidos infernales de la noche natural no es una ciencia). Creen ellos que un ser metdico odia lo nuevo; que sale de un pozo y arregla lo desordenado, vuelve a poner en orden lo que el da ha malbaratado. Una alquera ruinosa se perfilaba a lo lejos. Ellos echan cuentas de su siembra, y en el balance final del da fijan en m
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suplemento los decretos del ser del pozo, lo que a este ser le parece indispensable echar freno, y las mujeres preparan los estofados. Son unos cretinos, los vers siempre propensos a inventar una culpa que no recaiga despus sobre su conciencia. Ms sencillo, creo, es asumir lo mal hecho. En buena lgica tiene su sentido: pretenden dormir y restablecer las fuerzas. Pero esas fuerzas as restablecidas atesoran explosiones ntimas supeditadas a encuentros casuales, pueden provocar asesinatos y subversiones: a la larga una inmensa pesadilla colectiva. De dnde habrn sacado que lo casual es causal? Y de hecho no pequeas causas sino las ms grandes. Deberamos avisarles, inquir nervioso. No, dejmoslos. La mujer no sabe qu hacer con sus hijos. A estas horas todo el mundo berrea. La poesa no haca efecto ninguno: por ms que ella mojara el artilugio a la inversa secaba, y sobre la pica de una madera ajada y gris el humo blanco de papel suba en espirales rasgos abriendo los poros. Nia, has evacuado?! El monarca apret los labios, y con ndice y pulgar de su mano izquierda se presionaba las aletas nasales, exhortndome, echando la vista hacia atrs, expulsando humo de la boca, permaneca a unos metros andando de puntillas, exhortndome digo, a hacer lo mismo. Un asco profundo porque el perro empujaba con el hocico y una lengua de un palmo sacuda medio jugando el cuerpo inflado de una especie de ardilla; luego pasamos sigilosamente a poniente. La luz era ms mortecina pero an poda contemplarse lo sucedido. Parecido al velo de novia pero intil en el fondo: las luces tiritaban. Salgamos de aqu. El monarca aturdido intent m
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abrazarme antes de caer. Tena miedo de que creyera que haba sido yo el que le hubiera asestado aquel terrible golpe mortal por la espalda y abr los ojos tanto como pude. Pero no fue as y se precipit unos segundos. Yo estaba a una distancia de dos metros. Cuando quiso agarrarse a mi brazo not la gelatinosa viscosidad y se desplom a conciencia intuyendo suciedad, todo intento de asirse fue intil; aspeando los brazos, cay de bruces como un portero sin pelota. Me acerqu, pero antes de llegar hasta l vi que el vientre se elevaba. Levant un brazo y me oblig a permanecer donde estaba con la palma blanca de la mano dirigida hacia m (no, no era negro el tipo este; no, no era un msico de jazz; cuando me quise dar cuenta mi mano empuaba una daga que no era ms que una pluma). El abrazo, que hubiera sido necesario, qued para ms adelante: l estaba aterrorizado. Su nariz se abra y se cerraba jadeante sobre el anverso de la mano. Le gustara vaciarlo todo en un cuenco de bronce: las llaves del coche, las llaves del piso, la escritura de la casa, las cuentas corrientes, todo lo que llevase encima, y entregrmelo con apunte. Sin embargo, por unos instantes prefiere estar de mi lado respirando como un cerdo y comiendo uvas pasas, mientras yo aguijoneo un papel fraude de color hueso e imprimo la lista de la compra: jarabe y morcillas. No nos precipitemos, dijo el monarca apilando los libros sobre la mesa. El notario ms cercano debe estar a unas mil leguas de aqu. Se ha hecho usted dao? Nada de eso. Veamos, aydeme con esos, podr subir? Desde luego, respond. No era la dignidad lo que estaba en juego. El servicio estar
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descansando, pero estoy dispuesto a ofrecerle lo que sea, quiere usted tomar algo? No, gracias. Se baj levemente los pantalones y reba la blusa, tocndose con dileccin los huevos, los acomod y agit, despus se ci el cinturn, suspir aliviado como si un peso se fuera de paseo, alete antes de bajar y dio pasos de militar por la sala. Salgamos, salgamos a dar una vuelta. No he terminado. Ya, pero salgamos; la luna nos llama, estamos condenados a vagar bajo ella. Se encuentra bien? Sin duda, usted no comprende. Le van a dar dinero ah fuera? S, s, cmo lo sabe? No ponga ese mohn; usted parece guapo, no quiero que por mi culpa, sin duda, pierda usted esa autonoma, supervivencia, porte, arrogancia y vanidad. No diga tonteras, majestad. Hala, caminemos, caminemos. Tendremos que cubrir una hermosa distancia hasta el herrero. No quiso, no, no quiso establecerse cerca de mi saln, hubiese sido lo correcto, pero su hijo asmtico, entiende?, no soporta la polucin, ni la plvora: amigo (con la mano desplegada ante la boca a modo de bocina), estamos rodeados de silencio! Tampoco soportan la tensin. La tensin de qu, se preguntara. Mir al cielo, mir la torre picuda que se elevaba unos pocos metros ms. La maana encoga la torre, por la noche la torre aumentaba. Cuentan chistes por ah. Que si la torre de da, en cuclillas, apacigua su vientre. Historias absurdas pero que entretienen. Menos al hijo del herrero que tiene alergia a las mozas. Vayamos al herrero. Es muy oportuno que usted recupere lo que le han quitado. La mala suerte. Al principio parece cosa formidable: usted no ser capaz de hacer nada durante estos
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estos das. Seal otra vez con el dedo ndice de la inocencia la novsima torre picuda, pero con incomparable rapidez rectific, sealando est vez el saln en el cual ellos ya no estaban. Sino debajo de una espesa niebla. Intentando modificar y transformar las cosas. Mareados y temblorosos. Un lugar mrbido donde guarecerse. El propio interior. Y la propia sangre como fuente de manantial. Y los propios huesos para probar suerte en los dados, y pagarse debidamente debido a los psimos delirios del juego. Sorprendentemente no quedarn lugares ms escondidos. Fuentes de calor, como las centrales nucleares en riego elctrico, qu obscenidad! Afelpado. Salvo aquella toallita, la ve usted? S. Acelere. Oh!, el to se ha llevado un libro con el que su majestad obsesionada intenta vanamente hacerse con l, con las malas artes que nos rodea. Los trozos de rboles cados, los fragmentos de rocas desprendidos de los contornos, las espinas de las rosas, incluso mi fmur. Pero usted no se ha cado. No tengo rayos x en los ojos, y/o cosas parecidas. Este libro es mo! Es usted poeta? Rompe y rasga, dijo el rey y se desplom sobre una roca escupida por el suelo. Veamos: qu dice usted al respecto? Nada. Nada? Aqu se acaban (lengua que se prolonga hasta el primero de los contrafuertes) los jardines ms propicios, diez aos de arduo trabajo, nada menos que por un ingls. A la izquierda, vea usted, se halla el ms reciente y tambin el ms floreado (suntuosamente ornamentado con todos los rojos (y oros) clidos del mundo), que fue consuelo de un francs. Aquello no es el Volga, amigo mo. Apenas un cuarto de aqul. En otoo el ro baja muy crecid
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crecido, y mujeres hermossimas rozan su fondo como si fueran guijarros sin peso que, desesperadas de un amor no concedido, habran abierto sus venas: de ah el olor y color a miel arcillosa; los salmones no se ven aunque los rpidos hagan mientes con esa su alusin nominal serpenteante. Es evidente. Corramos. Todo el da sentado seor mo, eso no puede ser, por amor de Dios. Mientras usted estira las piernas ver si nuestro paseo tiene sentido en aquel encaramado kiosko (una visin magnfica porque el horizonte traza una lnea recta que se pierde con esperanza). Subir hasta all arriba, lo ve usted? Es un cerro que posee el nombre de caballero. Un nombre pendenciero o de intriga bandolera. Cuntos bribones no habrn pasado por all para robar sus propias carteras! Nada me molesta ya: no llevo espada, ni sable, ni siquiera nfima daga. Conoc a un batracio que perforndose el hgado con su pual de duelo por querer subir parecido quiebro muri desangrado. Un macizo exuberante de perfumadas flores basndose en el nitrato de ese charco nefasto, etc.; el campo no desperdicia nada: el burro y el asno parecen gloria bendita y alegran con sus relinchos a las otras bestias. Imagnese a los buenos que ofrecieran aqu su reventado cuerpo. Sera una oportunidad poder identificarlos. En sus regios cementerios enmudecen pero tambin se pudren las pruebas de sus absurdas categoras. Usted cree que porque un arquitecto caiga fulminado en este trozo de buena tierra se levantara una iglesia? Pues bien, se es el bellum bellum, y no lo que sucede al otro lado: s, all, donde las lucecitas lucirnagas. Me gustara rodearte con la piel del cordero! As dijo su majestad a todm
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toda tierra que sus ojos abarcaba. Hacer infiltraciones. Ha dicho usted rodear a la tierra de esa albuminada piel. Lo que he dicho debera ser interpretado mil veces. Cubrirlo todo con la piel de cordero. Esta frase sonaba intermitente, uso y abuso del diafragma, y el grueso vientre sometido a la vibracin y al vacilante descenso del cerro. No. La pendiente es pedregosa, no se ha dado cuenta? Y por qu baja usted corriendo? Para matarse, vamos. Le hizo callar por primera vez. ste se puso colorado, y se sent. Susurrando: rodearemos el cerro por all, por esa puerta que forman ambas encinas. Mtase los pantalones por dentro de los calcetines. El sendero est plagado de zarzas. Mir hacia el cielo: aunque la luna est realmente fuerte. Y qu? De da me he araado ms aqu que si hubiera estado encerrado con un par de tigres. Las cosas no son porque el sol lo diga. Meti de pronto su dedo en la nariz, de la manera ms enrgica posible. Un gran coagulo de sangre fue extrada. Borrego, por su cuenta, se aclar la voz al ver hacer tales ejercicios: el labio le dola como si le hubiera besado las fauces de una bestia legendaria. El mentn est enrojecido. Los odos zumbaban. Las sienes bajo un estrecho fajo de compresin. Las piernas amoratadas. Los pies hinchados. El cerro es el ltimo rodeo antes de ganar la prolongada lnea recta que pincha los extremos esperanzadores. Un camino liso se introduce en el bosque encubridor. La luz de la luna se abre camino igualmente; los rboles son torpedos en los que las ramas ascienden tan verticalmente y fuertemente como sus troncos principales, duros y potentes; pero no conviene que sean cipreses que formanue
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forman islas, pero por qu?, para ahogar la esperanza?; los mutilados cuerpos que no descansen en paz bajo las virutas obscenas y los agoreros arabescos verdosos. Fue su orden. Eso es todo. Los troncos principales, por los que l camino cruza, como el rasgado veloz de un pincel embebido en blanco por un sabio chino, rectamente, se han endurecido, se han engordado, se han inflado para la ocasin (disfrazados de toga y densa niebla blancuzca y turbia); no permiten a la fiera el ascenso ni el tmido ascenso posterior: ahogan la postracin, la oracin a su alrededor, el apoyo nimio que abortan de los cuartos traseros de los animales. Tampoco los pjaros se adhieren, advierten por primera vez el vrtigo existencial, que encaramarse est prohibido, tantean lo tan lisos y pulidos que son hasta hoy, y sin canto ni trino, atraviesan el ozono aterrados! Precisamente en esos instantes de palpitacin y expectativa en los que los caminantes se han incorporado en el organismo que respira. Por qu te cuento todo esto?, dijo la cabeza del bosque mientras extenda con voluntad propia la ilimitada vertebracin. Y a unos cuarentas metros por detrs de los caminantes un azulado esfnter vegetal irrumpa en un silbido desafiante que se apagaba en la misma medida en que se encerraba lo mudo y lo paradjico. Menos las voces agudas de los caminantes que se oan disputar por todo lo callado, como si tomaran su defensin de manera tanto ms absurda, en un gruido de tripas y mnadas alusivas y borboteantes que recordaran un estado de aires muy primitivo. Si salimos, dijo su majestad, por ese reflejo, daremos finalmente con el herrero. De ah que entremos transumanar
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nar por la parte deponiente del bosque directos al acuar en el punto de habitacin en el que el hbil herrero por la rutina del azar encubra las vsceras (revolviendo volvamos devolviendo sin infeccin por la operacin con l impartida como una gran leccin de sufrimientos al encuentro del bosque) del estmago, del corazn y las partes cognitivas, armados, como insectos asquerosos, siempre por fuera; abrigados de slida y espesa armadura. Tom aire envuelto en blanco absolutamente como una estructura. La niebla, los rboles blancos, el camino blanco, los fulgores de mi toga blanca. Pareces un romano. Lo s. Pero no eres un romano. No, no soy un romano. No necesito a romanos. Lo s. Y eso que eran grandes combatientes. Eran pesados y obstinados. Como cuando se pierde el conocimiento: esa fantasmagora blanca que embarga la mentalidad ms cerril. Lo elevadamente cerril es blanco. Esa elevacin blanca que ha de contenerse de todo significado. Y es que el cielo ha cado a plomo. Y est junto a nosotros cindonos la cintura. Lisa pradera de humedad fra. Entreverada con el corazn caliente. Un largo manto que es tejido de cintura hacia arriba. Slo en la noche y en este bosque, y as se eleva el hmedo aire griego hasta la luminiscencia intelectual. Se entrevera con pilares y capiteles; y una cabeza luntica como la luna mrbida, en exceso empapada de viento crepuscular hmedo, en exceso nocturnamente. Cabeza tambin obsesionada por alcanzar la pureza de la toga, que ha amarilleado por las circunstancias terrenales cuya cabeza anteriormente tambin empedernida y obcecada por ellas se abra entera-
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enteramente. Escocida por el salitre juvenil, y el ocre de la arcilla entreverada de manos (agitacin tan abusivamente vibrante) moldeaban los primeros repliegues de unos senos ocultos bajo una toga masculina amplia y desinfectada. Bajo la cual pareca casi todo muerto. Bajo la cual sala un brazo relampagueante. Bajo la cual sala ese mismo brazo rozando los olivos. Rozando olivos, pendiente abajo hasta el mar. Hundida la cabeza entre los hombros y los brazos alzados para soportar el peso de aquel techo rojizo que se vena abajo porque la niebla pesaba ms que lingotes de oro y armaduras y elefantes. Haba sucumbido ante una inversin ontolgica en la que lo pesado se alza y lo ligero se esconde en los volcanes. La cabeza gigante quera superar el bosque precipitndose sobre la infinita tela de su toga blanca, como el juego del pelele, msero adolescente zarandeado en el aire, que se levanta por encima de las cabecitas sonrientes de damas cortesanas, oliendo el todo a lavanda. Luego entregado de nuevo a su nido. No te he trado a un templo, despierta. No se han de hacer sacrificios, escucha. No te hagas la vctima, lee. Se abri delante de Borrego una gran pgina completamente blanca, virgen como el agua inmvil de un lago. Nefasto! Se haba sentado junto a un rbol y con las manos arrancaba hierbajos. Examinaba los hierbajos y los morda. Su majestad pareca un nio y su mirada era tan profunda como el cosmos. Al final comprenderemos que nacer no es libertad. Puah! Borrego se tap la nariz. Mira quin ha venido! Borrego ocult el rostro entre las manos. Es una cosa que suele hacer. Quin es usted? El agrimensor de estas tierras a las rdenes del Rey. Con la cabe
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cabeza ampli un gesto. Vena sofocado, sudoroso. Se ha perdido Su Majestad? Estamos a un decenio del castillo. bamos a ver al herrero. El nuevo jardinero? Seor mo, vyase a casa y coma algo. Preprese bien la cama. Y por Dios vigile a la seora! El agrimensor se desplom en el suelo. Por qu iba a hacer eso precisamente en una noche como esta? Venga, hombre. No hay nada que le procure ms placer. El agrimensor alz los ojos. Por qu? No se encolerice. Si tiene hambre de seguro que nuestra cocinera le tiene preparado un manjar. Los manjares que guarda la cocinera en la nevera. No podra guardarlos en la despensa. Qu dice? Su majestad mir a los dos extraado. Qu pasa? Tambin ellos se miraron. Borrego se apoy en el rbol para ayudarse mientras se levantaba. Me quedo aqu por si vuelven ustedes pronto del herrero, dijo el agrimensor. Ya no lo volvieron a ver, la niebla lo cubra todo, y el agrimensor se haba acostado a un paso de ellos. Qu hacemos? Volvamos. Esprate. Est usted ah? Borrego se agach: s. Qu hace? Est enfermo? No lo s. Qu ms da! No es muy tarde para regresar a casa? Cuntas horas trabaja usted? Venga, vmonos!, dijo el rey. No es momento de preguntas! Y qu sabe l y qu ha de responder! Acaso no s lo que quiero?, dijo el agrimensor. El agrimensor cogi a Borrego del brazo y ste se agach de nuevo. El rey ya no poda ver ni a uno ni a otro. Todo es diferente aqu, dijo el agrimensor. Vyase a casa, se lo ruego, su mujer estar bien. Quiero estar con ella, dijo Borrego, pero nada se puede hacer por m. No entiendo lo que ocurre. Trato de recordar, de buscar el camino. No pretendo salir. No pretendo escapar. No preten
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pretendo inmiscuirme en el laberinto de aqul. La noche es clara, la luna brilla completa, la niebla es un hervidero de lucecitas. Estoy bien. No tengo miedo. Es importante no tener miedo. Pero no tengo miedo. Le han propinado una buena paliza, dijo el agrimensor. S, me duele el cuerpo. Deje que l se marche; maana por la maana le estarn buscando a usted. Es posible. Ha aparecido tan de repente. A qu cuento viene aparecer y desaparecer? No debera estar tan tarde prestando servicios. A quin presta servicios sino al rey? Su majestad se ha pasado toda la tarde conmigo. Hemos comido bien, hemos ledo un buen libro ambos. l se haba sentado en su butaca, y yo pensaba que tras los buenos manjares iba a sestear. Sin embargo, ha cogido un libro. Yo he hecho lo propio. Tambin me hubiera echado una cabezadita. Pero he ledo intentado no desentonar. El agrimensor se tranquiliz: s, es verdad, ese hombre tiene buenos libros en su biblioteca. Y quin dice que no se hayan quedado los dos dormidos? Usted ha venido de una turbia paliza, con quin se estaba peleando? No lo s. Con todo el mundo. Con el mundo entero. Usted debe ser como esos escritores que les gusta trastornarlo todo, verdad? Cmo sabe que soy escritor? Soy escritor, efectivamente, pero no me gusta eso que ha dicho. A m me repugna escribir para ganarme el pan o llenarles dos horas de tiempo a los analfabetos. Levntese! Cmo dice? Levntese, mi buen Lzaro, y mire si se sigue ah. S, sigue ah, en el mismo lugar. Bueno, en realidad se ha sentado sobre una roca picuda. Ahora mire a su derecha. Ya veo: hay en todo caso una expectativa con la seora rubia (la de la picuda torre), c
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constante, que molesta. Despus de un dilogo establecido por vosotros serenamente, lo que sera una charla propiamente entre amigos, la seora palidece an ms (rubia como el centeno): Borrego se ampara en su percepcin matinal, en la que las ventanas del saln se inflan y estallan de luz. Puede que sea de da, pero aun siendo de da es una luz demasiado intensa, demasiado gordinflona. Al despuntar el alba, intil decir que se levanta un sol tan tremendo que anuncia algo ms que un despertar: el herrero, los frceps, y el volante que se clava en el bajo vientre de Antena. Sus labios, rojos (los labios del rey) color cereza como un ngel, me dan un beso en las mejillas. (Qu hago con un agrimensor, qu hago con una cocinera, me lo puedes decir?!) En realidad, te roza como a un pordiosero. Se oye, efectivamente, un tremendo ruido, un ruido de vajilla rota. Y eso baja por mi sistema nervioso como un rayo, desplegando toda su luz, invadiendo mi capacidad craneal, invalidando mi capacidad intelectual. Lo que unos platos rotos pueden hacer por mi inocencia y mi culpabilidad! Anunciante secreto, me dijo el agrimensor con sorna. Pero qu? Y ste prosigui con ms sorna: el Cordero est desledo en la tierra. Ms y ms luz! Me quieres hacer lcido, amigo?, pregunt Borrego. Cuntos como t me he echado yo al coleto, con sus cruces de hierro, y sus libros bblicos! Aqul se incorpor feliz: vas entendiendo. No, no voy entendiendo, maldito arribista! Te enfadas? Es un buen fin. Pues el mundo con el cual te has peleado no es de hierro, es de madera. No haca falta ms. T: fortaleza indmita, austera, solipsista. Te has equivocado. De veras
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veras? Ellos naufragan pero se han llevado mucha felicidad para sus das. Y t? T te has llevado un rey perdido en sus dominios, imbcil. Si te vas con l, no vuelvas. No, no har mediciones para ti. Borrego no se contuvo: vomitar las llaves de mi hogar sobre una crtera preparada, como no hace mucho hizo l! Ya ves lo que me interesan tus mediciones. Gesto impdico, pero innecesario, dijo el agrimensor con una mueca despectiva que transformaba por entero su semblante. Vete. Sal ah fuera, la niebla y ese pardo animal te esperan. La niebla es una gran hoja de papel, dijo finalmente Borrego, sonriendo y haciendo aspavientos con las manos. A otra altura, el rey lama la corteza de un rbol. La sangre se me ha ido a los pies, dijo. [79] Algo me tena que decir ahora expresamente, slo a m: aunque esa pudiera ser la concepcin vulgar de la luz (esa concentracin y esa intensidad y ese referirse nico). Olvdate, olvdate de todo cuanto has escrito hasta aqu. Olvdalo. Por qu iba a olvidarlo? Qu importancia tiene que tampoco puede permanecer como recuerdo? Pues la misma importancia de todo, de la forma ms natural. No te gustara subir a lo alto de una torre? Olvdate del gato, del pabelln Olvdate, olvdate! Pero por qu? (Porque te lo digo yo que soy tu rey Soy tu rey o no soy tu rey?) Sube a la torre, y observa a la mujer que yace all. Olvdate de todo y procrate ese instante, ahora slo tiene importancia el que subas a lo alto de esa torre. El resto es completamente secundario. Con eso vivirs una eternidad. No quiero vivir ninguna eternidad. Pero no en el sentido monstruosamente y vigorosamente animal. Ya entiendo. Despus de to
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todo slo sern pegas y objeciones. Eso es una mujer, dijo el monarca inflando los carrillos. Si te acercas a ella, lo que has olvidado se volver unidad y plcidamente se lo contars todo sin retorcimientos (a tus hijos tambin). Te convencers, ricachn, indiferente, quiere decirse intelectualmente hablando (cuestin espinosa la de la intelectualidad que te rodea: pues si te empujan realmente a esto no debe imperar el buen sentido). Pero si me quieres a m, tendrs que caminar conmigo, y rodear la finca varias veces. Vamos a dar ese paseo pues. Ests seguro? S, porque algo me lo dice, algo que no es de este mundo, porque algo ah fuera se est incendiando (el da, ms bien la noche, no estoy seguro), y no es precisamente el da: es una mole tal vez, un elefante de circo. El monarca gir la cabeza, el pescuezo, y deposit la panzuda copa sobre el suelo de mrmol blanco. Olvdate de todo significado; nada ocurri ayer. La cocinera, lista, un poquitn emperifollada, bajo el dintel de la segunda puerta tiesa como una escoba, se despidi de ambos seres, sac el pauelo para enjugarse dos o tres lagrimillas saladas que salan disparadas, y a Borrego le procur un paquete de fiambres. Borrego impidi no obstante que el monarca se anticipara. Conoca sus trucos. Ya est usted aqu! Qu le ha dicho esa golfa? Un prurito intelectual, seor mo. Entonces puso el odo en l (nada fue impedido, el acercamiento, la rutina de los ojos); l tampoco perda el tiempo. Las habitaciones eran contiguas, y al deslizarse saba que anidaban en ellas las poderosas categoras de los bienes presentes; sin duda, reforzaba la impresin el que algunas se abrieran sobre otm
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otras por delgadas puertas ornamentadas en trompe-lil. Ambos respiraban a pleno pulmn. Si piensas que lo hago por l ests muy equivocado; me sacar ahora mismo este pesado traje. Qu terco! El monarca mientras guardaba sus prendas en el arcn musitaba una pelcula. Pens que el agrimensor se encontrara muy lejos, al lmite de la guerra. Me han llegado rumores: serenidad en el recinto. Unos diez aos es lo que tardara un hombre robusto hasta la linde. Imagnese. Adems no hay modo de recurrir a un refugio mnimamente decente para descansar y refrescarse antes de que no llegara el primer individuo sanguinario. Todo el mundo por esa zona estara dispuesto a cortar la cabeza al primero que pasa. Y no se necesitan grandes pecados; ni unos ni otros, para qu? E incluso el asesino, vaya usted a saber, a lo mejor se ofende. Qu picaruelos! Con cierta astucia enmascaraba su falta de preocupacin. Esto lo deca Ignacio de Loyola: los pecados involuntarios son semejantes a los tropiezos de un caminante que recorre un camino pedregoso. Pero tiene que corregirse. S. Con impunidad no vale ni un msero pecado. Los hombres son torpes por naturaleza, dijo Borrego. Bah, a m eso me da igual! Se puso una blusa blanca muy ligera, probablemente de algodn. Vamos a casa del herrero, pues. Se ri fuertemente, a la manera de Pap Nel. Ah, ah se cuecen mis viscerales armas y mis valiosas monedas. Ah!, exclam juguetn, y te presentar a la mujer del herrero. Tres hijos, tiene. No valen para nada, ni para fabricar un clavo. Sin embargo, apabullan con la chchara. Son unos adoquines, son idiotas de cepa Es todo cuanto usted necesita, dijo Borreg
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Borrego. Es posible, contest aqul. Pero te necesito a ti. Las mangas caan ocultando las manos. Ahora, vestido de esa forma, pareca una pirmide. Sobre una picuda roca se sent. El monarca jadeaba. Con un dedo agujereaba la tierra. Se descalz, y los pies se balanceaban; forma ambigua de hacer correr la sangre. Es un baista. El sol le ilumin enteramente el rostro que llameaba, y en l se encendan zonas de color rojas que le dolan. Vendrn los cuervos y nos comern los ojos. Era un placer verlo arrellanado plcidamente como un filsofo bullicioso y lleno de vida. Por aqu debera haber un enorme charco. Conozco todos los habitantes del bosque. Le mir de frente para que no advirtiera en mi cara cierto desagrado: no soy necesario, ni para usted ni para nadie. No quiero decir con esto que yo mismo estoy dispuesto a perdonarme. Perdonarme, nunca. Es el principio bsico de mi vida. El monarca alz sus ojos hacia m, pero no creo que quisiera decir nada. A fin de cuentas, qu ms da. Se frot los ojos como un nio. Se subi las mangas. Se subir las mangas?, pens. Se subi las mangas tranquilamente. Deposit las manos sobre los muslos. Las anchas manos respiraban sobre los muslos, las palmas hacia arriba; recogi los dedos, busc con la mirada un tronquito, algo con hojas muy verdes. No hay. Lstima. Acrcame eso, haz el favor. Sintate, coo; me quitas el sol. El cielo muy limpio. El cielo limpio y azul como en invierno. Ms encendido. La concupiscencia de una gran cabeza. Ni una nube. Vibraban los seres. Vibraban las cosas. Ms encendidas estas que las otras: me gusta el discernimiento; en realidad es odio por las separaciones. La
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Ms materiales. Muy materiales, como con pensamiento adems. Pensamiento secreto de la materia. Tonteras. Su vibracin. Un adoqun rojo es el hijo mayor del herrero. La mujer es guapa. La mujer es la primavera. Qu bonito. No especialmente. Se tumb a lo largo. Se tumb y se balance hacia la derecha, apoyando la sien sobre la mano. Soplaba clidamente a una mariquita que deambulaba ntimamente con la hoja. La ta no se mueve. Se queda quieta pero no huye de la rfaga. Un perdn significa mil perdones. Un perdn significa un minuto de existencia, y no digo que sea confortable. Abre y cierra un perdn los ojos de todos los hombres. Me miran extasiados admirados por mi naturaleza. Distinta a la suya? No lo s. Ellos no necesitan el perdn tanto como yo. El perdn no me es ajeno. Lo que no me ayuda en nada. Estoy dispuesto a hacerme perdonar. Pero entonces a quien me perdona estoy obligado a odiarlo, mucho ms de lo que sea necesario pagar despus por un perdn. Reno todos aquellos perdones que deben haberme venido de fuera durante mucho tiempo; es una coleccin de perdones que me interesan por su valor amenazante. Pero sin saberlo creo que funcionara todo mejor al revs. As que me invento a los que no se han dignado a perdonarme. Pero entonces deduzco la paradoja: la desnudez que no evitan. Me los invento a ellos, pero no a su perdn, que tiene inevitablemente la forma que yo le doy (menos paradjica). Nadie me perdona y ellos no me odian, y yo soy perdonado a travs de ellos por el juego implcito de la existencia, ellos que no me conocen no me perdonan si no me perdono a m mismo antes, y as exclu-
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sivamente como un acto de perdn. Slo as puedo vivir con la mitad de la tranquilidad con que estos seres, hoy, ante m, y ante su majestad creadora, desperdigados, viven pensando en quitarme la otra media tranquilidad que estoy dispuesto a perdonarme. Ellos tambin crecen y se han de perdonar, dijo el rey. Ellos no se perdonan a s mismos. Pero admito que no ser el nico, contest inclinando la cabeza hacia atrs. Pero el rey se puso a cuatro patas intentando estorbar en lo posible y con mucha concrecin el camino oscilante de la mariquita sobre la hoja. Oigo que dice: yo no te voy a perdonar, es mi orgullosa conciencia, mi dignidad como animal. No perdono ni a mi madre. No perdonar nunca a esa gentuza que me estuvo impuesta desde el nacimiento. Qu imperativo ms obsceno y ridculo! Despus de eso ya nada parece lo mismo. Si miro al cielo los veo a ellos trepadores. Esa repugnante comparsa que anhela cualquier ascenso me acompaa a todas partes. Y aunque me veas, t, aqu, fatigado por lo hermoso, concibiendo la fealdad por esta especie de filosofa y biografa, completo de ser y en la bienvenida, encajado circularmente en mi crculo, no hay sin embargo menos de esa gentuza perseguidora que presume de poder perdonar. Est escrito para siempre en los surcos que llevo trazados en mi cabeza. Aunque se escriba luego en papel blanco otra cosa insondable. A veces, cuando veo el cielo tan limpio, pienso que es imposible volverlo a ensuciar. Cmo se puede ensuciar con una simple rfaga de viento llevando tras s una diminuta nube negra. Es algo que no me entra en la cabeza. El cielo es gigantesco. El azul tambin lo es, m
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Y sin embargo, una simple nubecilla abarca aqu abajo una extensin incalculable. El sol que ahora me quema el rostro, tan potente como inabarcable, tambin desaparece. Borrego escuchaba al monarca. Y el monarca escuchaba a Borrego. Nada es parecido, nada es idntico. Y sin embargo, hay cosas que se parecen ms de la cuenta a otras, y proporcionan cierto estado de nimo que se parece mucho a la inocencia. No, dijo el rey, eso es propio de un cojitranco tmido como t. No, hay que poner los dos pies sobre tierra pero de esta manera. Un pie para dar patadas. El otro pie para huir. A m no me gusta que me linchen. Borrego se removi con cierta impaciencia. Coo, no, no me gusta tu cojitranquez, si se puede decir as. El monarca se apart, crey ver en Borrego a un apestado que viciosamente se le acercaba, como si quisiera besarlo paternalmente. Cierto que a Borrego la paliza le haba dejado el puesto y los dems rganos cardenalicio. Tena una presencia lamentable. Al monarca eso le bastaba para emprender una nueva carrera hacia ninguna parte. Andaba en crculos siempre que estaba preocupado; pero tambin cuando le embargaba un profundo asco sobre un aspecto, o sobre un aspecto incisivamente humano. Esa porquera, y lindezas parecidas, salan de su boca. Perdone, qu ocurre? No, no hay que perdonar nada, nada se perdona, yo no perdono!, contest el rey dirigindose de nuevo a su castillo, evidentemente con la idea de no salir en mucho tiempo. [80] En un pequeo libro, que encontr el rey en su propia biblioteca, por sorpresa, ley que un personaje (indigesto tal vez) extrao, un borreguito (envuelto en pleura y pelusa blanca
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blanca y cavernosamente esponjosa), mira t, como esas fbulas de animales tan en uso y abuso de otras pocas (ms simples, no ms verdaderas para contrarrestar la simpleza ambiente, pero ms simples); porque al contacto con los animales era no difcil encontrarse con la simplicidad en la accin, por ejemplo, la inocencia, y esa falta de culpabilidad de sus inmutables rostros no hierticos sino simplemente la manifestacin del origen; y esos animales llevados, arrastrados, por el hombre fuera del paraso (y con todo lo que eso significa fiscalmente); porque era voluntad del Altsimo que esos animales acompaaran de por vida al hombre en su quehacer, ya sea, por decirlo brevemente, y fuera de toda aventura, en contra de sus intereses (pero no porque los animales no hubieran podido inaugurar una slida, la nica que existe, por cierto, teora econmica; por la cabezonera del Altsimo, por su desmedida imaginacin en cuanto a patentes y representaciones, por su no querer dar el brazo a torcer, porque en cuanto haba tomado una decisin; y porque en todo aquello que implicase la revisin de una clausula; mas no deban haber sino en consuncin por los malos vientos un ejrcito notarial, ni que fuera en reserva abigarradamente estlidos, a la una, para ejecutar simples permutas, listos o no listos a la expectante seal del flccido brazo y, la cara de loco que a veces se le pona esmaltada de blanco papel si deca s o si deca no en su propio e ensimismado arrugamiento y replegamiento poltronal ; enfrente de esa natural desfachatez y apata de la posCreacin donde la subordinada nada podr hacer salvo esperar funcionarialmente, por la presente y por el m
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futuro, la emersin y la reglamentacin del tinglado adversariamente impuestas desde el comercio humano, ontoteolgicamente paralizado hasta su liberacin total, previa filtracin de esa pureza de carne solcita y sellada, mediante la conveniencia de un hermetismo frreo y una mudez tambin frrea de interaccin otra que pudiera perturbarla y tensarla.) que los haba en s mismos, es decir, desde el animal mismo como ser, ya que dotados de ciertos atisbos volitivos; efectuada a posteriori y con mala leche, la contrapartida voluntariosa o voluntarista del animal en cierne de domesticacin pura y dura, develndose al fin ms blanda que ptrea, ms sabrosa que enternecedora, ms rica (de pimienta y salsa mayonesa) que pobre de sal. Que de ser as, los borregos y las vicuas, los corderos y las jamonas, hubieran emprendido no pocas acciones legales vengativas; en cuanto ya fueron en su da y amparndose en ese derecho que les otorg la ambigedad posCreacional, correctos aduladores de prstinos encuentros, entre emocionantes y diarios, es decir, por la costumbre de morir sin guardar un resto de plusvala. Pero no fue as ni pudo serlo puesto que el hombre se adul a s mismo como ente de accin supraterrenal; mientras lo englobase todo mediante ese mismo movimiento y no por capricho: pues la necesidad, el hambre y la entidad intelectual del genio, lo superan todo en este mundo sin valor de oposicin, y con un deje de sufrimiento y de dolor en todo ornamental y (el nombre griego que le dio Derrida parergonal)(a todas luces espantosos a otros ojos panegricos); y a toro pasado, todo se supera, en fin, ya por las presiones de una i
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imaginacin que divinizaba incluso lo creado, ya por las presiones de estmago e intestinos. Fuera como fuese, lo que el rey tena entre manos era del todo dismil a lo que protega con sus recias manos (de esa manera envidiable que tiene aquel que ha preparado algo con esmero, y produce efectos consanguneos) la cocinera del mismo: un corderito lechal en doble rebanada de costilla y pan rebozado y aderezado con ciruelas pochadas al aceite de oliva y vino. Preguntmosle al monarca si aquello era una bendicin o una deflacin de los principios de compaerismo. Pero no se torturaba porque al tiempo disfrutaba de su buena lectura. Y aunque la cocinera saltase por los escombros que saturaban la puerta, y su tenacidad diera el resultado convenido, a saber, la presentacin combinada entre esa pocin y esa hogaza de pan en paralelo, el monarca prefiri no darse por enterado; modific con cierta actitud despectiva la orientacin del silln encarndolo frente a todo lo bueno y en crecimiento que surga de su campo bajo la luz diurna. Y saltndose la perorata de gallina el rey cubri sus ojos de lgrimas. Y si su nostalgia produjese sorna en la clueca el mundo giraba de todas formas bajo la fuerza de lo elemental. A eso nos referamos precisamente cuando el propio monarca simplificaba el juicio. Y al simplificarlo y llorar por la simplificacin misma, el tierno animal haba sucumbido dolorosamente entre cacerolas de distinto tamao; y viendo como vea tambin las rosadas manos, gordas y hambrientas, del que ejecuta una orden compleja que ya no se puede entender. Y al abrir de nuevo el libro bajo la atenta mirada de lo all fuera pens si haba sido mm
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buena idea alentar lo cifrado. Esas convulsiones de jaez lgico no clarificaban una mierda ni acertaban con las ansiadas sencilleces. l hubiese preferido ejercitarse en las volutas evanescentes del humo de cigarrillo. Cncava chola y efectiva, pens, aqulla que permitiese que un estado neuronal combinase cuatro o cinco objetos sin el menor prurito de plusvala, significara una mejora en nuestra vida cotidiana: para qu? Se tomara de nuevo una cosa por la otra, se confundiran de nuevo los extremos, se mezclaran nuevamente, y con rigor, como se mezclan distintos metales para el arma y el dinero, y los hijos de los hijos, con esa tranquilidad de espritu que ofrece lo que se ha dejado detrs y se ha olvidado, retomaran la lectura de una historia ilegible por donde mejor les pareciera. Sois unos hijos de puta!, exclam su majestad. Pero no estaba claro a quien se lo deca, porque siendo putera plural, la singular cocinera mir hacia el techo implorando en un murmullo que algo all cambiase; y con ese gesto se record que el agrimensor merodeaba el castillo, la torre picuda, y algo la cocina. Pero ya basta!; qu nos importa usted! Qu nos importa l, con su superlativo goc del instante y los bienes justos de la tierra! Qu puede importarnos la mera fabula si la historia es ilegible! No; queda claro, al menos para nosotros, que la fabula es propio de animales. Borrego se tuteaba con una antena. Las vacas no le dejaban pasar. Borrego es lanudo y curioso, soez caverna de inquietud. El humo negro ascenda entre los pinos que colgaban al desnudo por la pendiente. El bueno del coche regurgitaba ese humo negro de incienso implorando benevolencia para
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para sus dos ocupantes. El mar, en las primeras horas del da, estaba tranquilo como un lago, y reflejaba algo de su verde pardo sobre las casitas apretujadas a lo largo de la cala en herradura. Algn movimiento se perciba desde all. Cuatro explosiones se sucedieron que quebraron el velo azul. Y cuatro ms prcticamente al unsono. Al igual que el golpe seco que el rey se propin sobre su pecho dorado moviliz a una pequea poblacin de pjaros. All arda el campo. All arda el coche negro. Borrego trat de levantar la antena con su hocico de negro charol. El rey trat de desembarazarse del lancinante cuchillo hincado. El borrego trat de escapar por la desesperacin, mas Francisco de Ass grit doloridamente. El agrimensor trat de darle alcance, y con ello se hubiese asegurado una buena porcin para la noche. El borrego se dirigi pendiente abajo; no muy lejos haba una salida, un lugar enteramente fuera de los dominios del rey. La cocinera esperaba el botn en la cocina sentada moviendo un pie y aporreando la mesa con sus cuatros gordinflones dedos. El ao pasado haba perdido un dedo intentando cortarle el cuello a un ganso. Indudablemente tuvo que defenderse. Aprendi a picar el ajo y el perejil con la mano izquierda. El Agrimensor siempre haba usado sus dos manos para medir los campos del rey: ech cuentas, y le pareci cosa de mal gusto tanta tierra para un hombre solo. Arriba, en la torre picuda, un olor desagradable a maternidad lo envolva todo; el cerebro de aquel hombre no pudo soportarlo. Entraba por cualquier orificio: por los odos incluso entraba ese olor repugnante. Una sensacin punzante. Todas esas sensaciones punzantes se propagabm
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ban a travs de los espacios, sin apenas margen para otra cosa, como una msica abusiva, masiva, sin sentido, incoherente; sin que nada pudiera hacer el olor suave de una rosa, o el que de repente fluyera el borborigmo sincopado de un riachuelo. Hubo un tiempo, gran tiempo no soberano, en que el rey estuvo dispuesto a subvencionar una orquesta de cmara para dedicrsela a su mujer. Ay, la gran dama, la princesa, exhausta deba sentir celos del rey; pues l paseaba todo el tiempo por sus campos, solitario, tan solitario que se habra acostumbrado a l mismo. Se habra acostumbrado a tener todas las batallas perdidas. Habra desplazado una guerra cruenta en los confines de sus dominios, y desplazado a los hombres, y dejado entrar a los animales curiosos, abandonados, inocentes. Ahora no quera saber nada de ella: su estado convaleciente lo entristeca. Qu hicieron esos msicos desagradecidos!? Toca sin duda recordar lo peor. Para que la guerra fuera eterna dispuso all una herrera, inmensa, enorme con la que abastecer a soldados de armas y escudos. Mucho tiempo despus Cordero apareci, pues su manera de aparecer entonces fue parecida a la de muchos otros como l: ser hijo del hijo del hijo de fulanito. Causa sui generis es la de participar de la herencia gentica y de la herencia patrimonial en los casos en los que se derrama un lquido por los cauces de un surco anodino y continuo, es decir, sin interrupciones aparentes. Tambin se lucha contra los hermanos y las hermanas, y tambin esta lucha, a veces, toma la apariencia de una batalla entre enemigos extranjeros, y tambin esta batalla entre enemigos extranm
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jeros toma la apariencia de una guerra cruenta donde lo ms visible es la victoria y la derrota. Y a veces, la victoria y la derrota toman la apariencia de una familia que lucha por sobrevivir; conjunto de personas que le es conferida (por causas todava inexplicadas completamente pero que se le han removido algunos rasgos) mayor entidad individual que al individuo mismo: recuerdo de aquella representacin ancestral que dibuja como hombre lo que est dotado de libre entendimiento; que dibuja en colores ocres sobre las paredes una batalla particular entre el ingenio de un bisonte y la alegra de un homnido; libre entendimiento que adopta el hombre cuando est solo por causa que suele ser, por otro lado, desconocida. En realidad, el hombre nunca ha estado ms solo que cuando la familia se ha impuesto ella misma como unidad irreductible e irreversible. Soledad que adems se acrecienta cuando las paredes ya no son pintadas por los lujos de una ornamentacin benefactora que permuta vctimas y comilones. Para que la guerra fuese eterna el hombre ha decidido agruparse en familias y en naciones. Doble fuente de desgracia, la nacin y la familia. Doble fuente de desgracia la familia y el individuo. Doble fuente de desgracia la familia y el patrimonio. Para que la lucha entre extranjeros fuera evidente y constante surgi de una ratio incontrovertible la superioridad de unos sobre otros, ejercida por un entendimiento libre sobre un entendimiento simple, mediato, a modo de seres cualitativamente vituperables, ya sea por su sentido de la falta de orientacin, ya sea por su falta de previsin, o ya sea por su servilismo natural. Causas como la de yo he caz
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cazado aqu siempre y esto me pertenece es objeto de risa y burla por los que mantienen que el entendimiento libre de prejuicios regurgitar en el futuro el derecho y la justicia, y los patrimonios fundamentales. Los que mantienen que el entendimiento es libre son los que mantienen a buen propsito (y en buena custodia) el entendimiento libre encerrado. Y as sucesivamente hasta desembocar en el paroxismo literario que convierte a todo entendimiento libre en un superlativo libre albedro de casta y causa. Lo que se encierra en el patrimonio es tanto el libre transcurso de libre entendimiento como vedado est el transcurso de la vida libre, a saber, animales silvestres, salvajes, animales inoportunos, sectarios, y destructores. Tambin se les prohbe la entrada a los patrimonios familiares, a los notarios mal vestidos, pesimamente organizados, particularmente mal vistos, o, en definitiva, con la visin de ese conjunto de porte torero alterado por tal o cual razn. As tambin para los abogados, mdicos, carpinteros, deportistas, etc. Si por tal o cual razn, giros, las vctimas de la batalla, los hermanos o las hermanas, han debido implorar benevolencia ante el glorioso vencedor, ste ha de proteger en todo el patrimonio; ha de ser en todo resguardado el patrimonio por el siguiente motivo: porque las heridas de guerra son fuentes de pasiones que no mueren en el sujeto que las ha padecido. Y el que haya resultado derrotado se ir con la colita bien metida entre las piernas, lo mismo si el vencido es macho o hembra, hombre o mujer. Y el que resulte vencedor de la contienda inveterada, se llevar toda gloria y toda fama, ser el ms inteligente de todos, se quedar cp
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con el patrimonio, del cual har uso y abuso, como as prescribiera el antiguo derecho romano, (ius civile vigilantibus scriptum est); y, adems, lo que es ms importante que ninguna otra cosa, a la vista de los dems, tanto de vecinos, personalidades e instituciones cercanas y lejanas, como en los recuerdos vehementes y apopljicos de los sometidos al ms que probable destierro y al ms que probable juicio simple, no te quiero ver ni en pintura, el Vencedor ser representante de la Bondad del cielo aqu en la tierra: ser el Cordero de Dios en su ms alta significacin. Pero si el rey instalara en su da esa fabulosa herrera para mantener en todo y en parte la guerra continua sobre el mundo, nuestro Cordero universal en la poca moderna, a unos quinientos, seiscientos, incluso a mil aos de todo aquello producido para la guerra, producir a su vez para su poca las mil batallas, las millones de batallas a las que el conductor de automvil como meta principal de su vida ha de someterse para su entera supervivencia. (Y para no andar con absurdas filosofas, qu significa en la poca actual en la que nos encontramos que la meta principal, fundamental para la vida de un individuo, que ha ganado el pulso gracias a su libre entendimiento a los monos parapljicos de antao, sea la de sobrevivir? No es acaso un rodeo demasiado costoso para acabar en el mismo sitio de donde l mismo haba partido, causa de un surco ininterrumpido por el que transcurre un ro de mala leche? No. No, puesto que el rodeo tal es simplemente el rgano extendido por la historia. Y no ha de verse tampoco como rgano que se ha dejado malformar, sino como simple apndice que ha logrado enmaraarse en l. m
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Y tal vez no sea sino un tumor o el rumor de un tumor que crece, dejando por cierto intacto el rgano principal, o el rgano del cual es apndice: porque el rgano puede ser simplemente un bazo, o un intestino, o un estmago.) As pues, dos o tres aos lleva el Cordero Universal mirando de frente y de soslayo, por la tangente y oblicuamente, con toda la potencia de lo despectivo de que es capaz, el castillo mostrenco, de artesonados imposibles, de imposibles ideales, erigido por aqul que ha protagonizado a medias nuestro cuento fabuloso: el hacedor de guerras fuera de sus lmites y dominios, para solazarse en cambio en la espiritualidad fugaz de los placeres culturales, en su inmutabilidad y siempre generosa presencia a la que se puede manipular veces y veces (lo cual no se necesita una individual generosidad de supervivencia). Esa modesta mnada habra tomado forma soberana en el mundo de los castillos y de las princesas de no ser por los agrimensores codiciosos y la verborrea de las cocineras (pero el que ellos le mataran slo ha ocurrido una vez). Hubiera tomado forma definitiva nuestro soberano de no ser por los deseos insoportables de una maternidad gozosa de s, por todos los medios y en todas condiciones, esa especie de antropofagia femenina para erigirse magnfica, esplndida, y fabulosa, a su vez por la continuidad y por la alfabetizacin de cinagas lumbreras que desearn sobrevivir interiormente sin razn y motivo alguno por los siglos de los siglos amn a travs de un libre entendimiento encerrado de por vida en una caverna de la ms alta hipoteca interesada y dependiendo de por vida del
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del ms alto y extenso parque automovilstico. Miraron las vacas dentro del coche. Metieron el morro hmedo, la cabeza entera, un animal inquieto, impreciso, se mova por dentro de las carnes vacunas, removiendo los corvejones, un borrego pequeo se frotaba con las barrigudas hijas de puta mientras se abra paso. Todo eso es cuento, que mirara dentro del coche completamente abandonado, porque haca no poco que la guardia civil se haba llevado los cuerpos de una pareja completamente mutilados. Pero eso es otra historia. Que los agentes de la guardia civil vieron perfectamente las causas del accidente, esa es otra historia. Primero, que el coche iba a gran velocidad: qued hecho un amasijo de hierros. Insoportablemente una carnicera en la cuneta. Una sensacin de hierro rodo, rojizo, plomizo. Pero para qu decir ms? Se cerrara con la ms gruesa llave de hierro.
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es un pastelero!
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