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Hebreos 6

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CAPÍTULO VI

ADVERTENCIA Y CONFIANZA

Introducción.

La advertencia solemne dirigida a los creyentes que comenzó en el


capítulo anterior (5:11), sigue en el presente. Por tanto, la referencia hecha a ella
en la introducción anterior es válida también para ahora. Los creyentes
destinatarios de la carta estaban pasando por dificultades y presiones. Algunos
dudaban de perseverar en el cristianismo o retroceder al judaísmo, con lo que
muchos de sus problemas concluirían. Para los más conocedores de la doctrina,
el retroceso era impensable, pero para quienes se habían detenido en el progreso
del estudio de la Palabra y sólo repasaban una y otra vez los rudimentos de la
fe, el problema de regresar al judaísmo no era tan grave. Algunas verdades
fundamentales de la fe cristiana, como la santificación, la justificación por fe, la
doctrina de bautismos, la comunión entre hermanos, la resurrección de entre los
muertos y el juicio eterno, eran, en cierta manera, verdades admitidas por el
judaísmo. En el infantilismo espiritual de algunos de aquellos que no
progresaban hacia un conocimiento más profundo de la fe, no representaba un
problema tan grave la deserción del cristianismo. Esta posibilidad tal vez
despertaba una pregunta inquietante entre los creyentes maduros: ¿Perderá la
salvación quien retroceda al judaísmo? A esta cuestión responde el escritor en
medio de una seria amonestación (vv. 1-6). En estos textos se reitera de forma
enfática la doctrina de la seguridad de salvación. Seguidamente, y en medio de
la exhortación, aparece una advertencia sobre el riesgo de una vida que no lleve
fruto a Dios (vv.7-8). Unas palabras de aliento sirven para suavizar la
rigurosidad de las empleadas para la amonestación, conduciendo la mente de los
lectores a las evidencias que la ponían de manifiesto la realidad de su salvación,
especialmente en las obras de amor hacia los hermanos. Tales obras no pasaban
desapercibidas para el Señor que daría la recompensa a cada uno conforme a sus
obras (vv. 9-10). Al retomar de nuevo la exhortación enfatiza la necesidad de
perseverar en la fe debido a la esperanza que cada creyente posee. El ejemplo de
Abraham sirve de ilustración a la demanda establecida (vv. 11.18). Concluye el
párrafo con palabras alentadoras sobre la seguridad que produce la realidad
admirable de Cristo en la presencia de Dios, llevando a cabo las misiones
sacerdotales a favor de los suyos (vv. 19-10).

El bosquejo para el estudio del capítulo es:

1. Necesidad de crecimiento (6:1-3).


2. La seguridad y disciplina del salvo (6:4-8).
3. La evidencia y bendición del salvo (6:9-12).
308 HEBREOS VI

4. Ejemplo y certeza (6:13-20).

Necesidad de crecimiento (6:1-3).

1. Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos


adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del
arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios.

MO AQÉVTEG TOV TÑC APANS TOD XpLOTOV A0yOV ETTL TV TELELÓTNTO


Por lo cual dejando la del principio - de Cristo palabra hacia la madurez
pepdueda, un radiv Beuédiov katafBadlduevor Metavolas kATO
seamos llevados no otra vez fundamento asentando de arrepentimiento de
veKpOv Epyov ko tictewc ¿mi Ogóv,
muertas obras y de fe en Dios.

Notas y análisis del texto griego.

Sigue la exhortación solemne con ót0, conjunción por lo cual; «ÁwpévteC, Caso
nominativo masculino plural del participio aoristo segundo en voz activa del verbo
aqin ya, dejar, aquí como dejando; tÓvV, caso acusativo masculino singular del artículo
determinado el; tñc, caso genitivo femenino singular del artículo determinado
declinado de la, masculino en español, del; dpyxTc, caso genitivo femenino singular del
sustantivo que denota principio; TOD, caso genitivo masculino singular del artículo
determinado el, que no se usa en español al vincularse a nombre propio; XproTOD, caso
genitivo masculino singular del nombre propio declinado de Cristo; Ahdyov, caso
acusativo masculino singular del sustantivo que denota dicho, palabra, mensaje; emi,
preposición de acusativo aquí con sentido de hacia; tv, caso acusativo femenino
singular del artículo determinado el; teheiótnNTaA, caso acusativo femenino singular del
sustantivo que denota perfección, acabamiento, en ese sentido madurez; pepújueda,
primera persona plural del presente de subjuntivo en voz pasiva volitivo del verbo
oépw, llevar, arrastrar, traer, conducir, en voz pasiva dejare impulsar, aquí como
seamos llevados; ym, partícula negativa que hace las funciones de negación
condicional, no; row, adverbio otra vez, además, de nuevo; Bepélov, caso
acusativo masculino singular del sustantivo que denota fundamento, cimiento;
koartoaBoadlAouevor, caso nominativo masculino plural del participio de presente en voz
media del verbo kata fado, en voz media asentar, aquí como asentando; eta votas,
caso genitivo femenino singular del sustantivo declinado de arrepentimiento; «TO,
preposición de genitivo de; vexpOv, caso genitivo neutro plural del adjetivo
calificativo muertos; ¿pywv, caso genitivo neutro plural del sustantivo obras, trabajos,
acciones, ocupaciones, «oi, conjunción copulativa y; TtictewWc, caso genitivo
femenino singular declinado de fe; éxi, preposición de acusativo en, sobre, con base en,
referente a, Oeóv, caso acusativo masculino singular del nombre propio Dios.

El versículo pone de manifiesto una necesidad, no como consecuencia de


lo que ha dicho antes, sino de lo que va a decir seguidamente. Antes trató a los
destinatarios de inmaduros que necesitaban la enseñanza elemental (5:12). Sin
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 309

embargo el conocimiento no era tanto de ignorancia como de adormecimiento.


Esto, tal vez, en la mayoría, porque algunos de aquellos creyentes había
alcanzado la madurez (5:14). Lo que el escritor pretende es despertarles,
llevándoles de nuevo al alimento sólido que habían abandonado para
conformarse con los primeros rudimentos.

ALO AQÉVTEG TOV TAC Apxfc TOD XproTOD Aoyov. En esa progresión
tenían que dejar ya “los rudimentos de la doctrina de Cristo”, literalmente “por
lo cual dejando los principios elementales de la palabra de Cristo”. El verbo
dejar aquí expresa la idea de dejar fuera o dejar atrás. ¿Qué significa esta
demanda de dejar atrás la doctrina de Cristo? Es dejar ya la enseñanza inicial
sobre Cristo, que recibieron cuando habían sido convertidos. No significa esto,
en modo alguno, que la doctrina básica fundamental sobre Cristo no deba ser
repasada y considerada permanentemente. El apóstol Pablo estaba dispuesto a
reiterar la enseñanza de la doctrina para que sirviera de seguridad a los
creyentes (Fil. 3:1). El escritor procura que los destinatarios dejen de
conformarse con la enseñanza elemental de las doctrinas bíblicas para pasar al
estudio y profundización de temas más densos.

Las doctrinas fundamentales eran la base de instrucción cristiana a los


recién convertidos (5:12). La reflexión sobre fundamentos debía dejar paso a
doctrinas de mayor profundidad. Todos los creyentes han sido iluminados
espiritualmente, por lo que están en condiciones de aprender y profundizar en la
doctrina, por tanto, era necesario progresar hacia una doctrina y teología
elevadas. Esa progresión tendría como consecuencia sacarlos de la situación en
que se encontraban y motivarlos animándolos a crecer. Necesariamente la
conformidad conduce a un infantilismo y produce inestabilidad espiritual, lo
que permite que los creyentes en esa situación sean fácilmente llevados de un
lado para otro por doctrinas no bíblicas (Ef. 4:14). Pasada la infancia espiritual
deben dejar las cosas de los niños (cf. 1 Co. 13:11).

"Em tmv teleiórnta pepueda. Ningún cristiano es perfecto, esto es,


plenamente maduro. Los apóstoles estaban también incursos en esa situación,
por lo que como todos los creyentes debía progresar hacia la madurez (Fil.
3:14). En este versículo el autor se une a los lectores cuando dice: “vamos
adelante a la perfección”. Tanto él como los otros necesitaban progresar hacia
la madurez, mediante el conocimiento y asimilación de la Escritura. El modo de
hacerlo sería progresar en la doctrina, concretamente aquí en el estudio del
sacerdocio de Cristo. Cuando un maestro y los que son enseñados por él
estudian juntos la Palabra, todos ellos progresan juntos hacia la madurez
espiritual, cada uno desde la medida en que se encuentren.
310 HEBREOS VI

Mn radwv Beuédhiov kataPBarluevot. En la progresión del


conocimiento de la Escritura ha de dejar de “echar otra vez el fundamento”. No
era preciso establecer de nuevo el cimiento de la fe que tenían necesidad de
conocer como creyentes de tiempo (5:12). Es interesante apreciar que a los
recién convertidos se les enseñaba doctrina bíblica fundamental. Este principio
de instrucción fue establecido a modo de mandato por el Señor mismo: “ld
haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y
del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os
he mandado” (Mt. 28:18-20). Los apóstoles en la primera congregación de
cristianos en Jerusalén se dedicaban cada día a la enseñanza doctrinal (Hch.
2:42). Con notorio énfasis el apóstol Pablo exhorta a Timoteo a que “prediques
la Palabra” (Q Ti. 4:1-2). En la formación de los nuevos creyentes le instruye
para que limite su enseñanza a todo lo que había oído de él a lo largo del tiempo
en que fueron compañeros de misión (2 Ti. 2:2). Históricamente está
demostrado que así comenzaba el proceso de la enseñanza, la catequesis, de los
niños en la fe. Contrasta esto profundamente con la laxitud que se produce en
muchas ocasiones en el tiempo actual en relación con la enseñanza bíblica, tanto
a los recién convertidos como al resto de los creyentes.

Entre las enseñanzas fundamentales estaba el 0Bsuémov


kataBadldduevor petavolas dATO vekKpuOv Epywv “fundamento del
arrepentimiento de obras muertas”. El término arrepentimiento” expresa la
idea de un cambio de mentalidad. La nota semántica decisiva de la palabra es el
cambio de actitud, tanto para el bien como para el mal. Aquí el término se
refiere a un caso concreto el de obras malas, que repercutirá en una actitud que
afecta a toda la existencia y que junto con la fe en Dios constituye el
fundamento de la existencia cristiana. Un cambio de mentalidad en creación con
el pecado es indispensable para la salvación y nadie puede salvarse sin el
arrepentimiento, pero, éste va incluido en la fe y no debe separarse de ella,
como si fuesen precisas dos cosas para la salvación, porque no es posible
alcanzar el arrepentimiento al margen de la fe. El arrepentimiento como cambio
de mentalidad está incluido y se produce en el momento de ejercer la fe
salvífica. Este cambio de mentalidad es absolutamente imposible en aquel que
está espiritualmente muerto. El cambo que produce el arrepentimiento está
incluido dentro de la operación de salvación que es don de Dios (Ef. 2:8). El
Espíritu Santo impulsa y capacita al pecador al arrepentimiento (Jn. 16:8-11).
La mentalidad se cambia al entender el pecado de rebeldía y apartarse de él en
el acto de creer. El arrepentimiento se hace visible en los frutos propios de él,
como demandaba el Bautista a los fariseos y saduceos que venían a él para ser
bautizados (Mt. 3:8). No se trataba de un arrepentimiento aparente sino de uno
total que produce un cambio en la vida de las personas. No se trata de asuntos

! Griego petavoía..
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 311

ceremoniales o religiosos, sino del regreso incondicional a Dios confesando el


pecado y apartándose de él. El arrepentimiento genuino va siempre acompañado
de frutos que lo manifiestan. Es semejante a la fe que salva y que por ello
conduce a la experiencia no sólo de justificación, sino también de santificación,
en un obrar propio de la verdadera fe que informa e impulsa la vida del
convertido a Dios (Stg. 2:17). No cabe duda que a la luz de la verdad revelada,
el hombre no se salva por obras, sino por gracia mediante la fe; pero, no es
menos cierto que aunque nadie se salva por obras, todo salvo lo es para obras,
es decir, la verdadera conversión se manifiesta en una nueva forma de vida. El
mero deseo de bautizarse y el hecho de hacerlo, por sí mismo, no conduce a
nada especial. El verdadero arrepentimiento, y el bautismo de Juan era
expresión de aceptar la llamada al arrepentimiento y asumirlo sin limitación
alguna, debía producir evidencias de que había sido una realidad en el corazón,
ya que tanto la fe como el arrepentimiento se conciben en el corazón por la
acción del Espíritu de Dios. No están verdaderamente arrepentidos aquellos que
manifiestan pesar por el pecado, pero continúan cometiéndolo. Es necesario
volver a recordar que hay quienes sienten remordimiento pero nunca llegan al
arrepentimiento. La fe y el arrepentimiento no son actos puntuales sino actitudes
continuadas que informan y condicionan la vida.

El arrepentimiento, como cambio de mentalidad que conduce a un cambio


de actitud, exige el abandono de vexpúv ¿pywv “obras muertas”. Es el modo
natural de la vida cristiana que supera el poder de la carne (Gá. 5:16). La
salvación limpia, en el creyente, la conciencia de vekpúv E¿pyowv, “obras
muertas ” (9:14). Entre otras cosas los pecados que contaminan al creyente. Son
las obras naturales hechas al margen del poder del Espiritu, inútiles y estériles
para la vida eterna. La vida cristiana se manifiesta en obras que evidencian la
realidad del arrepentimiento. A los cristianos convertidos se les enseñaba, por
tanto, la vida de santificación como propia del creyente. Entre las obras muertas
que no pueden dar la justicia están las obras de la Ley, por la que se pone de
manifiesto el pecado, pero no se aporta la solución para superarlo (Ro. 7:7-13).
Este volverse y apartarse de las obras puramente naturales era en realidad una
conversión a nueva vida, una conversión hacia Dios (1 Ts. 1:9-10). Es necesario
recalcar como parte de la doctrina fundamental que el creyente que ha sido
rescatado del poder del pecado, recibe por la acción sobrenatural del Espíritu la
capacidad para vivir en santidad. No se trata de un estilo de vida que algunos
cristianos asumen, sino el modo propio y natural de todos los que han sido
verdaderamente convertidos a Dios. El apóstol Pedro lo enseñan con admirable
precisión, al establecer que la santidad debe afectar a toda la forma de la vida
del cristiano: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros
santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque
yo soy santo” (1 P. 1:15-16). Como consecuencia del llamamiento santo, el
creyente debe vivir santamente. La senda del vivir cristiano ofrece claramente
312 HEBREOS VI

marcadas las pisadas que Jesús dejó en su andar en el mundo (1 P. 2:21), de


modo que cada uno de sus seguidores, que han respondido al llamado de Dios,
tienen que caminar por la misma senda. La santidad se manifiesta en todo lo que
tiene que ver con la separación de las pasiones y del pecado. Una vida en esa
dimensión produce un contraste con el antiguo comportamiento (1 P. 1:14).
Dios es santo. Esa es una de las perfecciones divinas más destacables en la
Escritura. Su santidad es proclamada en los cielos (Is. 6:3). Por tanto, el hijo de
Dios debe ser santo, como manifestación de la vida de Dios en él. Santidad es el
resultado de la vocación a la que cada cristiano fue llamado (Ef. 4:1). Todos
aquellos que son escogidos para estar sentados en lugares celestiales con Cristo,
deben recordar que lo que está en juego en la vida cristiana, es el honor de Dios.
Por tanto, la santidad comprende y alcanza todos los aspectos de la vida: “toda
vuestra manera de vivir”, de otro modo, toda vuestra conducta. La santidad se
extiende a todas las esferas de la vida. Un creyente podrá estar más o menos
cerca del Señor que otro, pero la norma es la misma para todos. La santidad ha
de manifestarse en las relaciones con el mundo (1 P. 4:1ss); en el plano de la
familia (1 P. 3:1ss); en la iglesia (1 P. 5:1ss). Ser santo no es una opción ya que
se establece mediante un mandamiento divino (1 P. 1:16), expresado ya en la
Ley (Lv. 11:44; 19:2; 20:7). Vivir santamente es una exigencia de la ética del
reino (Mt. 5:48), por tanto, no es una opción, sino una condición. El verdadero
creyente, puede ocasionalmente caer en el pecado, pero no puede vivir en la
práctica del pecado (1 Jn. 3:6-9).

Junto con la enseñanza doctrina sobre las obras muertas, está también la
de ríotewcs ¿mi Ozóv “fe en Dios”. El arrepentimiento y la fe van siempre
unidos (Mr. 1:15; Hch. 20:21). Es interesante notar que la doctrina se enseñaba
a los creyentes, de ahí la extensión del significado doctrinal de la fe. La gracia
es el medio de salvación y la fe el instrumento de salvación (Jn. 3:16; Hch.
8:12, 37; 10:43; 16:31; Ro. 5:1; Ef. 2:8-9; etc). No hay otra forma de ser
justificado aparte de la fe (Gn. 15:16). La fe no es instrumento para
Justificación, sino modo natural de toda la vida de santificación, de modo que el
creyente debe vivir en la fe (Hab. 2:14). La vida de fe es el único modo de
agradar a Dios (He. 11:6). La fe es el estilo de vida cristiano (Gá. 2:20). A Dios
que es razón de vida sobrenatural, nos acercamos por la fe, de ahí que la fe sea
una enseñanza de doctrina fundamental

2. De la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la


resurrección de los muertos y del juicio eterno.

Partiouov Sidayica émbécews TE PELPOV, AVAOTÓCEWC TE VEKPOV


De bautismos, de enseñanza, de imposición de manos, deresurrección de muertos,
ko4 kpíportos aiwviov
y de juicio eterno.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 313

Notas y análisis del texto griego.

Crítica textual. Lecturas alternativas.

La forma S1Saxñc, está atestiguada en x, A, C, DF, I, K, P, 0122, 33, 81, 88, 104, 181,
326, 330, 436, 451, 614, 629, 630, 1241, 1739, 1877, 1881, 1962, 1985, 2127, 2492,
2495, ¡pa c, dem, div,
f, x, z vg, syr a cop” bo, hay amr.

Aparece también la escritura Swdaynv en p*, B, 0150, it, syr'", Ambrosio.

Sin solución de continuidad sigue con Barrtrichov, caso genitivo masculino plural del
sustantivo declinado de bautismos; Siwdayfc, caso genitivo femenino singular del
sustantivo enseñanza, émbBéceoc, caso genitivo femenino singular del sustantivo que
denota imposición; te, preposición propia, de; xeipwv, caso genitivo femenino plural
del sustantivo manos; Gvaotdacewc, caso femenino singular del sustantivo
resurrección, Te, preposición propia, de; vekpúv, caso genitivo masculino plural del
adjetivo muertos; won1, conjunción copulativa y, kpípatoc, caso genitivo neutro
singular del sustantivo declinado de juicio, aíwviov, caso genitivo neutro singular del
adjetivo eterno,

En la relación de doctrinas fundamentales que se enseñaban a los recién


convertidos, figura también Bartiouov Sac, la enseñanza de bautismos.
Sorprende un tanto el plural en este caso. ¿A qué bautismos se refiere? Pudiera
tratarse de establecer una distinción entre el bautismo judaico, el de Juan y el
cristiano. Sin embargo, como doctrina fundamental, debe entenderse mejor
como expresión teológica del bautismo del Espíritu, el bautismo en Cristo y el
bautismo de agua.

Es necesario entender las distinciones entre los tres bautismos conforme


al contexto del Nuevo Testamento. Los pasajes en que el Espíritu Santo está
relacionado con el bautismo se agrupan en dos divisiones: 1) Cristo como
agente del bautismo, el creyente como sujeto del mismo y el Espiritu Santo
como recipiente. 2) El Espíritu como agente del bautismo, el creyente como
sujeto y Cristo como recipiente.

En el primer caso, Cristo como agente del bautismo en el Espíritu, está


desarrollado en un grupo de pasajes (Mt. 3:11; Mr. 1:8; Lc. 3:16; Jn. 1:33; Hch.
1:5; 11:16). Por la autoridad de Cristo el Espíritu es dado a todos los que creen.
Cada creyente viene a estar bajo la influencia y poder del Espíritu y todos, tanto
individual como colectivamente, se convierten en morada del Espíritu (1 Co.
3:16; 6:19; Ef. 2:21-22). Este bautismo tuvo lugar una sola vez en el descenso
del Espíritu y es irrepetible. Cada persona cuando cree es colocada bajo la
influencia del Espíritu que ya ha sido enviado, dándosele a beber del Espíritu,
en sentido incorporativo y residente de la tercera Persona Divina, de modo que
quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (Ro. 8:9). En Pentecostés Cristo
314 HEBREOS VI

fue el agente bautizador con el Espíritu, quien tomó entonces posesión del
nuevo templo de Dios que es la Iglesia (1 Co. 3:16; 6:19; Ef. 2:21-22).
Pentecostés es irrepetible y cada creyente viene a participar de aquella acción
divina en el momento de creer.

El segundo aspecto del bautismo contempla al Espíritu como agente del


bautismo, al creyente como sujeto y a Cristo como receptor. Los pasajes del
segundo grupo son sumamente precisos en ese sentido (1 Co. 12:13; Gá. 3:27;
Ro. 6:1-4; Col. 2:9-13; Ef. 4:4-6; 1 P. 3:21). En el texto de 1 Co. 12:13, la
preposición por, equivale a en, esto es, el Espíritu bautiza al creyente en Cristo
para la formación del cuerpo en Cristo que es la Iglesia. El resto de los pasajes
indicados más arriba aclaran, complementan y expresan la verdad indicada. De
igual forma que el bautismo considerado en el párrafo anterior, el bautismo del
Espíritu en Cristo es irrepetible en la vida del cristiano, pero fundamental para
principio de vida y para la concreción del proyecto de Dios en esa dispensación
que es el de formar un solo cuerpo en Cristo. El bautismo del Espiritu en Cristo
está íntimamente vinculado con la regeneración ya que implica un cambio de
posición. Por esa acción divina el creyente es introducido en una nueva esfera
de vida, que se desarrolla en Cristo, en plena identificación y comunión con Él y
en Él. Esta identificación es imprescindible para recibir la vida eterna, resultado
de la unión vital con el Señor, ya que en Él y solo en Él está la vida (Jn. 1:4).
Por tanto, la vida es comunicada al creyente en razón de la unión vital con
Cristo (1 P. 2:4-5). Por esta vinculación, la comunión con Dios se restaura,
produciéndose la participación en la divina naturaleza (2 P. 1:4). La formación
de este cuerpo en Cristo elimina toda división social, dejando de ser judíos o
gentiles, en cuanto a que la distinción de pueblos se extingue en la
incorporación de los salvos en la Iglesia. Cristo eliminó la pared intermedia de
separación haciendo de los dos un solo y nuevo hombre (Ef. 2:15). Por el
bautismo del Espíritu todos los creyentes constituyen en solo cuerpo (1 Co.
12:13; Gá. 3:28). De igual manera las barreras sociales desaparecen, por cuanto
en la Iglesia no hay ya distinción alguna entre esclavos y libres. El objetivo del
bautismo por el Espíritu es la formación de un cuerpo, característica única de la
actual dispensación. El Señor habló de la obra del Espíritu antes de su ascensión
como futura y como algo nuevo (Hch. 1:15).

El tercer aspecto relacionado con el bautismo, es el ritual o bautismo de


agua, establecido por el Señor en la ordenanza para la iglesia (Mt. 28:19). El
bautismo de agua no produce en sí cambio alguno en el cristiano, ni es preciso
para la salvación. Se trata de una manifestación testimonial de un bautismo que
ya se ha producido por el Espíritu en cada cristiano. Por cuya razón se
determina que la ordenanza bautismal se aplique sólo a quienes han creído. Esa
fue la respuesta que Felipe dio al etíope cuando le solicitó ser bautizado (Hch.
8:37). Los tres aspectos del bautismo se enseñaban en la doctrina en la Iglesia
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 315

de los tiempos apostólicos, de ahí que el escritor de la Epístola utilice el plural


al referirse a la doctrina fundamental de bautismos.

Otra doctrina que considera fundamental en la enseñanza de los recién


convertidos es la que llama aquí ¿mbéceoc te xElpOv, imposición de manos.
Sorprende un poco que se considere esto como una doctrina principal. Sin duda
el contexto histórico favorece este pensamiento, pero, la imposición de manos
está ampliamente citada en el Nuevo Testamento. Tiene como principal
expresión la de identidad y comunión entre el que impone las manos y el que
recibe la imposición. Ese significado estaba muy arraigado especialmente en el
contexto histórico de los judíos, ya que uno de los rituales en el sacrificio era
que el que lo ofrecía o el sacerdote que lo ministraba, según la clase de
sacrificio, debía poner sus manos sobre la cabeza del animal en señal de
identificación. La imposición de manos eraera una práctica habitual en la iglesia
de los tiempos apostólicos. Se imponían las manos como identificación con el
servicio en la congregación, como ocurre en el caso de la elección de los
primeros diáconos (Hch. 6:6). Con ese simbolismo se manifestaba la
identificación de toda la iglesia con el servicio que iban a realizar. Se habla de
imposición de manos con motivo de la encomendación a la obra misionera de
Pablo y Bernabé, desde la iglesia en Antioquia (Hch. 13:3). Igualmente s
impusieron las manos con motivo de la designación de hermanos para
ministerios especificos, como en el caso de Timoteo (1 Ti. 4:14; 2 Ti. 1:6). En
el reconocimiento de ancianos se les imponían las manos (1 Ti. 5:22). Diferente
sentido tenía la imposición de manos como señal de bendición; el que imponía
las manos comunicaba la identidad para bendición con el que era bendecido,
probablemente en ese sentido trajeron a Jesús un sordo y tartamudo rogándole
que le impusiera las manos para sanidad (Mr. 7:32). Muchos ejemplos de esto
hay en el Antiguo Testamento, pero, en forma más sensible aparece en el Nuevo
relativo a bendición del Señor a los niños (Mt. 19:13). Hay una larga serie de
referencias a una imposición especial y única de manos, con motivo de la
incorporación de los distintos grupos de nuevos creyentes a la Iglesia (Hch.
8:17s; 19:6). En cualquier caso, la imposición de manos, tenía el sentido de
comunión, por tanto, la comunión formaba parte de la doctrina para recién
convertidos, como principio natural de la vida de relación entre hermanos (1 Jn.
1:3).

Igualmente se cita como una de las doctrinas fundamentales la de


AVAGTOÓGENG TE VEKPOV, “resurrección de los muertos”. La resurrección de
Jesús dio validez de fundamental a esta doctrina enunciada ya en el Antiguo
Testamento (cf. Is. 26:19; Dn. 12:2). La doctrina de la resurrección en el Nuevo
Tstamento ampliaba y complementaba la enseñanza del Antiguo. Esta doctrina
comprendía la resurrección de Cristo (1 Co. 15:3-4); el orden de resurrecciones
en el programa establecido por Dios (1 Co. 15:23; 1 Ts. 4:16); y la resurrección
316 HEBREOS VI

final de los muertos (Ap. 20:12). Sin resurrección no hay vida eterna, ni perdón
de pecados, por cuanto el Señor resucitó para nuestra justificación (Ro. 4:25).
La resurrección de los creyentes forma parte esencial de la esperanza que
aguardamos (1 Ts. 4:16ss), como cumplimiento de la promesa del Señor de
recoger a los creyentes para una perpetuidad de comunión y compañía con Él
(Un. 14:1-4).

La última de las doctrinas fundamentales tiene que ver con el kpiparos


aiwviov, juicio eterno. El calificativo de eterno, referido al juicio, resulta
también un tanto extraño, ya que el juicio tendrá ocasión en un tiempo histórico
antes de la creación de cielos nuevos y tierra nueva, y siendo algo relacionado
con hombres tendrá una determinada duración (Ap. 20:11-15). El término
eterno puede aplicarse más bien a las consecuencias sempiternas del juicio, pero
es difícil de entenderlo como referido al juicio mismo.

Los judíos unían la expectativa de resurrección vinculándola


estrechamente al juicio, por tanto la proyección de una vida perpetua es el
resultado de un juicio definitivo. El sentido de eterno puede entenderse como
algo que se produce fuera del tiempo actual de los hombres, y como distintivo
de un juicio apropiado a la era venidera, distinto de todos los juicios temporales
de la era presente. Esta era una de las enseñanzas de la iglesia y se mencionaba
en la proclamación del evangelio (Hch. 17:31; 26:20).

Algo que debe apreciarse en este versículo y en el anterior es que a los


cristianos en la iglesia de los tiempos apostólicos se les adoctrinaba, es decir, se
les enseñaba la doctrina bíblica. De la misma manera se observa también que
algunos de los creyentes se quedaban en el ABC de la fe y no progresaban, con
lo que no estaban en disposición de sopesar las cosas propias de la vida desde la
óptica de Dios. Estos claudicaban y, faltos de entendimiento, podía fácilmente
pensar en retroceder hacia posiciones más cómodas para ellos. La gran lección
es la necesidad de enseñar la doctrina fundamental a los nuevos creyentes.

3. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite.

ko TODTO TOMjo0uEv!, ¿dvrep énmtpéna Ó Oeóc.


Y esto haremos con tal que permita — - Dios.

Notas y análisis del texto griego.

Crítica textual. Lecturas alternativas.

'rrowjoopuev, haremos, atestiguada en p**, x, B, I, K, 0122, 33, 88, 614, 629, 630, 1241,
1739, 1881, 1984, 2127, 2492, ig" Y “me Lx 2 yg sy”? cop* > Ey Ambrosio,
Crisóstomo, Teodoreto**, Teofilo.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 317

Morjowpev, hagamos, aparece en A, C, D*, P, P, 81, 104, 181, 326, 330, 436, 451,
1877, 1962, 1985, 2495, it" arm, Crisóstomo, Eutilios, Teodoreto”””, Juan
Damasceno.

El versículo se vincula con lo que antecede mediante ka, conjunción copulativa y;


TOUTO, Caso acusativo neutro singular del pronombre demostrativo esto; rTOMoOOHeEv,
primera persona plural del futuro de indicativo en voz activa del verbo roiéw, hacer,
crear, producir, realizar, aquí como haremos; ¿dvrep, conjunción que equivale a sí,
con sólo, con tal que, estableciendo aquí una condición de tercera clase; émupénn,
tercera persona singular del presente de subjuntivo en voz activa del verbo ¿miutpéro,
permitir, conceder, aquí como permita, ó, caso nominativo masculino singular del
artículo determinado e/, que no se utiliza en español al determinar a un nombre propio;
Ogó0c, caso nominativo masculino singular del nombre propio Dios.

Kai todto TO1MoOOMEV, ¿AVITEPp Enitpéne Ó Osóc. La determinación


de enseñar la doctrina fundamental, o por lo menos, recordarla prosiguiendo a
un estudio más profundo, se anuncia aquí como una determinación. Significa
que los cristianos a quienes se escribe la Epístola deben proseguir con la
enseñanza bíblica que los lleve a la madurez. Descansando en la gracia, se
propone continuar con una enseñanza más profunda que los rudimentos de la
doctrina.

Los rudimentos de la fe expresados antes, podían permitir a un cristiano


de origen judío retornar, por presiones externas, al judaísmo sin sentir que se
abandonaba la fe, ya que los principios básicos del arrepentimiento, fe,
bautismos, resurrección y juicio eterno eran enseñanzas del judaísmo. No
ocurría así cuando el cristiano convertido del paganismo, renunciaba a la fe para
volverse a los ídolos. La forma de mantenerlos en firmeza era progresar en la
enseñanza. En el caso concreto de la Epístola, avanzar hacia el desarrollo de la
enseñanza sobre el sacerdocio de Cristo. A este progreso en la enseñanza se
propone en la medida que el Señor lo permita, es decir, establece una
determinación pero descansa en la permisión divina y en su gracia para llevarla
a cabo.

La seguridad y la disciplina del salvo (6:4-8).

Los versículos siguientes, especialmente del 4 al 6, tienen una cierta


aparente dificultad interpretativa, según la óptica del intérprete. Habitualmente
hay dos posturas ante ellos. Por un lado está la posición arminiana que
considera que se trata de salvos que pierden su salvación por no perseverar en la
fe, al apartarse de ella, entendiendo de este modo la expresión “y recayeron”.
Esta forma interpretativa tiene aparejado el problema de la imposibilidad de
volver a alcanzar la salvación una vez perdida. Una segunda forma de entender
los textos es la que considera que se trata de cristianos nominales, es decir, de
318 HEBREOS VI

quienes se llaman de este modo, practican las formas del cristianismo, estudian
la Palabra como si fuesen cristianos, pero nunca nacieron de nuevo. Los que
sostienen esta posición entienden que gustar equivale a paladear, pero que no
se llega a ingerir, es decir, entienden lo que es la salvación, pero no se
entregaron al Salvador. En cuanto a la expresión “participes del Espíritu
Santo”, interpretan simplemente como estar bajo su influencia, aunque no lo
hayan recibido, porque no son regenerados. Del mismo modo “gustar de los
poderes del siglo venidero” es una referencia a señales hechas por no salvos
(Hch. 7:22ss). Finalmente, otra forma de interpretar los versículos entiende que
se trata de creyentes genuinos a quienes se les exhorta a progresar hacia la
madurez. En este caso, recaer equivale a acciones propias de inmaduros,
fácilmente llevados por todo viento de doctrina (Ef. 4:14). El autor podría estar
tratando de responder a la inquietud de algunos creyentes en relación con un
posible retorno de cristianos al judaísmo, lo que generaba la pregunta de si en
tal circunstancia los que incurriesen en ello perderían su salvación. Esta última
línea interpretativa es la más consonante con toda la Epístola, ya que se trata de
un escrito dirigido a creyentes y no a inconversos.

La seguridad y la disciplina del salvo (6:4-8)

4. Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron
del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo.

” ASÚUVATOV YAP TOUG ÚTAE (POTLODÉVTAS, YEVUOAJMÉVOUG TE TÑC ÓWpeEllc


Porque imposible alos una vez fueron iluminados, y gustaron del don
hc érOUVPaviov ko metóxous yevndévrac Mvevparoc' Ayiov
del celestial y partícipes llegaron aser de Espíritu Santo.

Notas y análisis del texto griego.

Inicia el párrafo con 4dUvatov, caso nominativo neutro singular del adjetivo incapaz,
imposible; yGp, conjunción causal porque, pospuesta al adjetivo y que en español lo
precede actuando como conjunción coordinativa, TOVC, caso acusativo masculino
singular del artículo determinado declinado a los; da, adverbio que equivale a una
vez, una sola vez, una vez para siempre, potiodévtac, caso acusativo masculino
plural del participio aoristo primero articular en voz pasiva del verbo poti¿w, iluminar,
aquí como fueron iluminados; yevoapuévouc, caso acusativo masculino plural del
participio aoristo primero en voz media del verbo yevoyou, gustar, comer, te, partícula
conjuntiva, que puede construirse sola, pero generalmente está en correlación con otras
partículas, aquí haciendo funciones de conjunción copulativa y; tñc, caso genitivo
femenino singular del artículo determinado declinado de la, en español masculino del;
Swpedc, caso genitivo femenino singular del sustantivo que denota regalo, don; Tic,
caso genitivo femenino singular del artículo determinado declinado de la, masculino en
español del; ¿xmouvpaviov, caso genitivo femenino singular del adjetivo articular
celestial; «a, conjunción copulativa y; HetOXOUG, caso acusativo masculino plural del
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 319

adjetivo participes; yevndévtac, caso acusativo masculino plural del participio aoristo
primero en voz pasiva del verbo yivopa, llegar a ser, empezar a existir, hacerse, aquí
como llegaron a ser, Tlveúpatoc, caso genitivo neutro singular del nombre propio
declinado, Espíritu, *Ayiov, caso genitivo neutro singular del adjetivo Santo, que
califica a Espíritu, formando el nombre de la tercera Persona Divina.

El versículo comienza expresando una imposibilidad: *?Asyvatov yap


TOUC, “porque es imposible que los que...”. Es evidente que el autor se está
refiriendo a creyente genuinos, por las características que de ellos da
seguidamente. Son los mismos a quienes se refiere anteriormente (5:11, 12), es
decir, no son meros profesantes o creyentes nominales. La expresión que
establece la imposibilidad debe ligarse con el final de la oración que sigue (v.
6), de este modo: ?Adúvatov ydap TOUC... TAMvV AvakxorviCeiv etc
etavorav, “porque es imposible que... sean renovados para
arrepentimiento”.

Es necesario prestar atención a las características de quienes no pueden


ser renovados para arrepentimiento. La primera condición es que GrtoaÉ
pwticdévtac, “una vez fueron iluminados”. La iluminación del Espíritu es el
primer paso en el proceso de salvación. La iluminación no es dada para
despertar pesar o remordimiento por el pecado, sino que dirige la atención a
Cristo, revelando la grandeza de la obra de la cruz, generando una comprensión
diferente a la que es propia del hombre no regenerado. Para el hombre natural la
cruz es locura (1 Co. 1:18, 22, 23), en cambio para el regenerado es poder de
Dios para salvación (1 Co. 1:24). El Agente que opera tal cambio es el Espíritu
Santo (1 Co. 2:10-13). La Biblia enseña la ceguera espiritual del hombre no
regenerado (2 Co. 4:3-4). No se trata solo de la condición natural a causa del
pecado, sino que también los inconversos están cegados por la acción directa de
Satanás, que coloca un velo sobre los que se pierden. Esa misma situación
espiritual tiene que ver con Israel, conforme a la enseñanza del apóstol Pablo (2
Co. 3:14, 15). La acción de Satanás, el dios de este siglo, que equivale a amo y
señor de esta era, que es por tanto señor de los mundanos (Lc. 4:6; Jn. 12:31;
14:30; 16:11; Ef. 2:2), actúa en las mentes de los incrédulos condicionándolos
para que no capten el contenido del evangelio. Sin embargo, esa operación
enceguecedora, es superada por la acción del Espíritu que brilla para los tales,
no desde el exterior, sino desde el interior resplandeciendo en los corazones,
“para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de
Jesucristo” (2 Co. 3:6). Esta situación es propia y única de los creyentes, como
escribe el profesor Nicolau:

“La conversión con toda el alma se hace una vez en la vida y no se repite
al talante. La imposibilidad es para los que una vez fueron iluminados. La
entrada en el cristianismo es salir de las tinieblas pasar a la admirable luz de
320 HEBREOS VI

Dios (1 P. 2:9). La comparación de la luz es frecuente en el Nuevo Testamento.


El Verbo es luz verdadera que viene a este mundo e ilumina a todo hombre (Jn.
1:9); la luz (portiouos) del evangelio de la gloria de Cristo no ilumina las
mentes cias de los infieles (2 Co. 4:4); la luz con que fueron iluminados
(potioOévrec) los destinatarios de la carta a los Hebreos les ayudó para
sobrellevar en paciencia una gran lucha de padecimientos (10:32). Ya se
entiende que es la luz de la instrucción cristiana que se desarrolla en la fe... La
iluminación tuvo lugar una vez y ya no puede repetirse ””.

La segunda característica de aquellos a quienes se está refiriendo el


escritor es que yevoapévous te Tc Ówpeaic TAC ETOUPAVÍOV, “gustaron
del don celestial”. El verbo gustar debe entenderse aquí en el sentido de
participar del don celestial. Se usa el mismo verbo en la Epístola para referirse a
la experiencia de la muerte de Cristo (2:9). La muerte del Salvador no fue un
mero paladear, sino una experiencia absoluta. El don celestial para la salvación
es Cristo (Jn. 4:10). Ese don que es el pan de vida que da vida al que lo come,
que simbólicamente equivale a incorporarlo a la vida, es el alimento dado por
Dios para satisfacer el hambre espiritual del pecador (Jn. 6:32). Quien incorpora
a Cristo en su vida por fe, es eternamente salvo ya que quien come del pan del
cielo tiene vida eterna (Jn. 8:51). La salvación se otorga por gracia mediante la
fe, por tanto es don divino (Ef. 2:8-9). La expresión, gustaron del don celestial,
equivale a haber recibido a Cristo como Salvador personal. Todo don divino es
irrevocable, incluido el don supremo para salvación (Ro. 11:29). Esta segunda
característica sólo puede darse en creyentes.

Intentar buscar un significado distinto para aplicar los versículos a meros


profesantes, exige buscar otras vías interpretativas. De ese modo algunos,
teniendo en cuenta que el término usado aquí para gustar, es el mismo que
aparece en la visita de Pablo a Troas al referirse al partimiento del pan, donde
dice que gustaron, o comieron, sugieren que el gustar el don celestial equivale a
participar en el partimiento del pan. Eso significaría que los meros profesantes
participaban de la ordenanza como si fuesen verdaderos cristianos, pero no lo
eran. Otros sugieren que se trata de participar en el bautismo, teniendo en
cuenta que en la iglesia antigua se usaba el término iluminado, que aparece en la
cláusula anterior, se usaba por los cristianos de entonces, especialmente por los
de Roma en sentido de bautismo en la mitad del S. II. Justino? utiliza el verbo
iluminar”, y el sustantivo iluminados”, para describir el bautismo, haciéndolo de
forma que da a entender que los términos eran habituales entre los cristianos de

? Miguel Nicolau. o.c., pág. 74.


3 Primera Apología 61:12s; 65:1.
* Griego gotico.
7 Griego poto os.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 321

su tiempo. Con todo, el uso de tales términos aplicados simbólicamente al


bautismo a los bautizados, no aparecen relacionados con la ordenanza en
ninguno de los escritos del Nuevo Testamento y probablemente se utilizaron en
forma figurativa por algunos en la iglesia antigua.

La tercera característica de las personas a las que hace referencia es que


ko metóxouc yevndévtas IHvevpartoc' Ayiov “fueron hechos participantes
del Espíritu Santo”. No es posible considerar esto como una manifestación de la
gracia común. Algunos buscando una salida para vincular esto con los no
creyentes vinculan esta participación del Espíritu, con dones que el Espíritu da
como quiere (1 Co. 12:11). De este modo escribe F. F. Bruce:

“Resulta precario argumentar que no quiere significarse el Espiritu


Santo personal con estas palabras, sino más bien sus dones u operaciones,
viendo que en el griego falta el artículo definido. La presencia o ausencia del
artículo no resulta en sí misma suficiente para decidir si lo que está en cuestión
es el dador o sus dones. Lo que sí se ha cuestionado es si resulta posible que
uno que ha sido partícipe del Espíritu Santo en cualquier sentido real pueda
cometer apostasía, pero nuestro autor no tiene dudas de que es posible e este
modo hacer afrenta al Espiritu de gracia (cap. 10:29). El pueblo que tiene en
mente no sólo había sido bautizado y había recibido la Eucaristía, sino que
había experimentado la imposición de manos. La historia apostólica primitiva
presenta un registro de un notable personaje que creyó al oír el evangelio, fue
bautizado, se unió al evangelista cuya predicación lo había convencido y,
probablemente, recibió el Espíritu cuando se le impusieron las manos
apostólicas; sin embargo, Simón el Mago fue descrito por Pedro como que
estaba aún “en hiel de amargura y en prisión de maldad” (Hch. 8:9ss, 1855), y
en las décadas siguientes se mostró como el más resuelto opositor al
cristianismo apostólico. Si nos preguntamos en qué sentido un hombre así
podría haber participado del Espíritu Santo, las palabras que continúan”
pueden apuntar el camino hacia una respuesta ””.

La cita anterior ofrece algunas dificultades para algunos que destacan la


ausencia del artículo determinado en el texto griego en relación con el Espíritu.
Pero, esto no constituye una novedad, ya que ocurre en otras ocasiones como,
por ejemplo, en la referencia al Verbo en el Evangelio según Juan (Jn. 1:1).
, . . . , o. 8
El término griego traducido aquí como participantes”, en su forma
sustantiva equivale a participante, compañero. En el Nuevo Testamento aparece

Se refiere a los versículos siguientes.


7 F. F. Bruce. o.c., pág. 123.
$ Griego HetóxOvc.
322 HEBREOS VI

seis veces, de las que cinco se encuentran en esta Epístola (1:9; 3:1, 14; 6:4;
12:8). El sentido del término debe entenderse en el contexto general en que es
usado en el escrito, que en todas las ocasiones tiene que ver con compañerismo
con alguien próximo o cercano. De ese modo se dice que todos los verdaderos
creyentes somos “participantes del llamamiento celestial” (3:1), por tanto,
participantes de Cristo (3:14). La misma idea en relación con la disciplina del
creyente en donde afirma que de “la cual todos han sido participantes ” (6:14).
Por tanto, a la vista de que todas las acepciones del término tiene que ver con
una participación real en algo o la comunión de varios en una misma cosa, no
debe buscársele otro sentido aquí sino que a quienes se refiere son aquellos que
han venido a participar realmente en el Espíritu Santo, que se da solo a los que
creen.

Debe, pues, referirse a la recepción del Espíritu por todos los creyentes en
el momento del ejercicio real de la fe en el Salvador, como el apóstol Pablo
pregunta a los gálatas: “Eso solo quiero saber de vosotros: ¿recibisteis el
Espíritu por las obras de la ley, o por el oir con fe?” (Gá. 3:2). Los creyentes
todos son hechos partícipes del Espiritu en la conversión. La participación del
Espíritu y en el Espíritu es experiencia única del que cree y sólo de él: “Mas
vosotros no vivís según la carne, sino según el Espiritu, si es que el Espíritu de
Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo no es de El”
(Ro. 8:9). Sólo el creyente es partícipe del Espíritu porque es también
participante del sello divino de propiedad que Él da a todo el que cree (Ef. 1:13-
14). Esta tercera característica sólo puede darse en creyentes.

5. Y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo


venidero.

ko4d kadov yevoapuévous Oso0 pra Ovvajpelc te HEALOVTOG AL0vVOS


Y buena gustaron de Dios palabra y poderes del venidero siglo.

Notas y análisis del texto griego.

Siguiendo con el desarrollo del tema lo vincula con lo que antecede mediante el uso de
ko, conjunción copulativa y, seguida de kadov, caso acusativo neutro singular del
adjetivo bueno; yevoauévouc, caso acusativo masculino plural del participio aoristo
primero en voz media del verbo yevojuoa, gustar, comer, Oe00, caso genitivo
masculino singular del nombre propio declinado de Dios; pfha, caso acusativo neutro
singular del sustantivo que denota palabra, duvva etc, caso acusativo femenino plural
del sustantivo poderes, fuerzas; te, partícula conjuntiva, que puede construirse sola,
como es este caso y que hace las funciones de la conjunción copulativa y, antecediendo
en la construcción gramatical castellana al sustantivo; pélA%4ovtoc, caso genitivo
masculino singular del participio de presente en voz activa del verbo jg2o, estar a
punto de, deber, haber de, ser futuro, de ahí venidero, declinado de venidero; aíWwvoc,
caso genitivo masculino singular del sustantivo siglo, edad, tiempo.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 323

Otra característica de las personas a que se está refiriendo, se involucra de


nuevo con el verbo gustar, usado antes en relación con el don celestial. De estos
se dice que también kadov yevoauévous Oso0 pnua “gustaron la buena
palabra de Dios”. Otra vez parece dificultoso encontrar una interpretación
consecuente con todo el párrafo. Algunos se decantan por el gustar del
evangelio, en sentido de oír las buenas nuevas. Tal es el pensamiento del
profesor Miguel Nicolau, que escribe:

“Todavía más: estos cristianos gustaron la buena palabra de Dios


(x«adov pro). La palabra de Dios buena es la buena nueva; es el Evangelio.
Aquí se trata del Evangelio en su conjunto (ph ua, sin artículo), que gustaron
los cristianos y se asimilaron cuando les fue predicado ”?..

Sorprendentemente el término palabra sin artículo determinado, debe ser


considerado como la Palabra absoluta de Dios y no solo aspectos de ella, como
pudiera ser la proclamación del Evangelio.

Otros, en la línea argumental de considerar a los destinatarios como


meros profesantes, como es el caso de F. F. Bruce, escribe:

“Simón el Mago se dio cuenta de la bondad de la palabra de Dios


cuando la oyó de los labios de Felipe, y se sorprendió ante las señales y los
grandes poderes que acompañaban la proclamación y recepción del
evangelio ”.
. »10

El verbo gustar ya se ha considerado antes, por lo que es necesario prestar


atención aquí al concepto ka2ov pnua buena palabra. El adjetivo calificativo
no tiene ningún problema y se refiere a lo que es intrínsecamente bueno. No
cabe dude que en el sentido absoluto, sólo hay uno bueno que es Dios (Mt.
19:17), siendo bueno en gran manera aquello que Él hace (Gn. 1:31), o aquello
que da, que son también los dones perfectos que proceden del Padre de las
lumbreras (Stg. 1:17) ¿En que medida se puede entender ese gustar de la buena
palabra? Necesariamente debe seguirse aquí la misma forma de interpretación
de las cláusulas anteriores. La buena palabra no es oída, sino gustada, esto es,
incorporada plenamente al creyente. Esto se produce solo en la conversión
verdadera en la que la palabra de Dios es implantada en el creyente (Stg. 1:21).
El adjetivo que utiliza Santiago, traducido como implantada, equivale a crecer
dentro, incluso nacer dentro. Es la única vez que aparece esta relación de la
Palabra con el creyente en todo el Nuevo Testamento. La Palabra fue
implantada en el cristiano en la regeneración. La salvación misma se produce
como respuesta de la fe a la proclamación de la Palabra de la Cruz (Ro. 10:8-

? Miguel Nicolau. o.c., pág. 74s.


19 F. F. Bruce. o.c., pág. 123.
324 HEBREOS VI

10). El Sembrador Divino esparció la semilla de la Palabra en el corazón


dispuesto de regenerado para que fructifique (Lc. 8:15). Por tanto, la Palabra ha
sido implantada, esto es, plantada dentro del corazón converso. Esta es la
palabra que debe morar en abundancia en el cristiano (Col. 3:16). La Palabra
implantada debe habitar y controlar el corazón del creyente (Dt. 6:6). La acción
de esa palabra es tal que “puede salvar vuestras almas”, es decir, tiene poder
dinámico y operativo en el creyente, como se ha considerado antes en la
Epístola (4:12). Esa buena palabra de Dios actúa en el nuevo nacimiento
“siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la
palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 P. 1:23). La Palabra
puede salvar en el sentido de canal para la vida de santificación de cada
cristiano, como agente santificador (Jn. 17:17), haciendo firme su vocación y
elección por la obediencia a la Palabra (2 P. 1:10). La buena palabra de Dios
enraizada en el corazón del creyente promueve la santidad, consigue el
crecimiento espiritual y produce las perfecciones que acompañan al testimonio
de la salvación.

El escritor utiliza aquí palabra desde la forma griega'' que designa casi
siempre, por un lado el objeto de la acción de decir y depende del verbo
hablar”?; por otro designa el objeto del recuerdo, dependiendo de la percepción
a través de los sentidos. En este caso, asociada con la procedencia que la califica
de buena, indica que viene de Dios. En consonancia con esto el genitivo
vinculado con el término palabra que es atributo de ella, indica el autor de lo
que expresa el término y es únicamente Dios. El sentido del término palabra,
indica aquello que fue dicho, coincidiendo muchas veces en el significado con
el otro vocablo traducido también como palabra, que es el término /ogos.
Ambos pueden referirse a una sentencia, a declaraciones e incluso a la totalidad
de un mensaje. Por consiguiente la diferencia entre ambos términos que ocurre
en el griego clásico, según la cual logos denota lo coherente, lo significativo y
racional del lenguaje, mientras que rema tiene que ver con la expresión o
sentencia particular, de modo que lo esencial en este término es el hecho de
hablar, no tiene particular relevancia en el griego del Nuevo Testamento, al ser
en muchas ocasiones palabras sinónimas. Por regla general, el apóstol Juan
utiliza el término que estamos considerando en el texto griego en el versículo de
la Epístola para referirse a las palabras de Jesús, dando a entender que
pronuncia las palabras de Dios (Jn. 3:34; 8:47), que Él recibe y transmite (Jn.
17:8). Esto lleva a una conclusión que las palabras de Jesús, que son palabras de
vida eterna, que son palabras que proceden de Dios, no son simplemente
enunciados de asuntos o de enseñanzas, sino que son expresión de Él mismo,
como una comunicación de Él, de otro modo, la palabra de Jesús, como Verbo,

" Griego pñpa.


2 Griego hahew.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 325

es Él mismo. Jesús, el Salvador, Verbo encarnado, es implantado en el creyente


por la regeneración, por tanto, el que tiene a Cristo, tiene también con Él la
buena palabra de Dios. El gustar de la buena palabra, solo puede darse en
creyentes.

La quinta y última característica que el autor vincula a quienes dirige la


exhortación solemne es que también gustaron de Ouvapeig te MÉALLOVTOG
oúiwvoc, “los poderes del siglo venidero”. Los términos siglo venidero, es una
referencia al reino de Dios (2:5). Cristo habló del poder del siglo venidero en
referencia a su reino (Mr. 9:1). Debe entenderse que el creyente verdadero, no el
mero profesante, es el único que es trasladado del poder de las tinieblas al reino
del Hijo (Col. 1:13). El poder en el reino está relacionado con el poder del
Resucitado. El Señor habló a los suyos de la autoridad y poder supremo
recibidos en la resurrección (Mt. 28:20). El admirable poder de Jesús pone bajo
su autoridad a todos los seres, tanto los que están en el cielo, como en la tierra o
en el lugar de los muertos (Fil. 2:9-11). Los creyentes viven en la esfera de
poder por vinculación con Cristo. Por tanto, el poder del Resucitado es
experimentado en aquellos que están identificados con Él, esto es, los creyentes
(Fil. 3:9-10).

Algunos sostienen que los inconversos también hacen obras de poder en


el nombre de Jesús, como escribe el profesor F. F. Bruce:

“Estos poderes u obras poderosas eran señales de que el siglo venidero


ya había entrado en el siglo presente; las palabras de Jesús acerca de las obras
poderosas de su ministerio continuaron siendo verdaderas para describir las
obras poderosas hechas en su nombre en la era apostólica: “si yo por el
Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el
reino de Dios” (Mt. 12:28). Pero Jesús también habló de un día en que muchos
iban a decirle “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? * sólo para
que se les dijera nunca os conocí; apartaos de mi, hacedores de maldad” (Mt.
7:2255). Las Escrituras contienen aliento más que suficiente para el creyente
más débil, pero están llenas de advertencias solemnes para aquellos que
piennsan que están seguros, no sea cosa que caigan. Una profesión creíble de
fe debe ser aceptada como genuina, pero finalmente sólo el Señor sabe quiénes
son de El”?

Algunos que no son de Cristo pueden hacer obras poderosas en Su


nombre sin ser reconocidos por Él como suyos, sin embargo, no reúnen las
características de quienes se citan en el pasaje. En tal sentido, la última
característica es aplicable también sólo a los que son verdaderamente creyentes.

15 F. F. Bruce. o.c., pág.123s.


326 HEBREOS VI

La interpretación de los dos versículos sobre la base de las características


registradas en ellos debe aplicarse a creyentes.

6. Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento,


crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a
vituperio.

kold TAPATECÓVTAC, TO+AMV Avakxolvilerv elg METOVOLOV,


Y recayeron de nuevo renovar para arrepentimiento,
AVAOTAVPODVTAG EAMVTOL TOV YiOV TOD Og0U ka Tapaderyuatilovras.
que crucifican ellos mismos al Hijo - deDios y queexponen a vituperio.

Notas y análisis del texto griego.

Continua el desarrollo del párrafo con kai, conjunción copulativa y; TOAPanrECÓVTAC,


caso acusativo masculino plural del participio aoristo segundo en voz activa del verbo
rTraparirtto, verbo compuesto de napa al lado y TitrtOw, caer, literalmente caer al
lado, caer en el propio camino, caer afuera, en alguna ocasión para referirse a caer de
la adhesión a realidades y a los hechos de fe, de ahí traducciones como delinquir, caer,
apostatar, usado aquí en sentido absoluto y figurado para referirse a quienes ya creían y
han vuelto a caer; Tv, adverbio otra vez, además, de nuevo; Avooivilewv,
presente de infinitivo en voz activa del verbo Gvaxa1vicw, renovar; sic, preposición
de acusativo, a, hacia, para, dentro de, en, en relación con; petavorav, caso acusativo
femenino singular del sustantivo arrepentimiento; UVAgTAVPODVTAG, Caso acusativo
plural del participio de presente en voz activa del verbo dvacotaupdw, crucificar, aquí
como que crucifican, gautoic, caso dativo masculino plural en tercera persona del
pronombre reflexivo que significa ellos mismos; tOv, caso acusativo masculino
singular del artículo determinado declinado al; Yi0v, caso acusativo masculino singular
del sustantivo hijo, aquí como nombre propio de la segunda Persona Divina; TOU, caso
genitivo masculino singular del artículo determinado el, no utilizado en castellano al
determinar a nombre propio; Oso0, caso genitivo masculino singular del nombre
propio declinado de Dios; «o41, conjunción copulativa y, Tapaderyuatilovtac, caso
acusativo masculino plural del participio de presente en voz activa del verbo
Tra paderyuaticw, exponer a pública ofensa, exponer al ridículo o a la burla, sacar a
vergúenza, exponer a vituperio, aquí como que exponen a vituperio.

Llegamos aquí al versículo más controvertido de los que forman el


párrafo. Ya se ha indicado en la introducción al mismo algunas posiciones
frente a él. Siguiendo lo que entendemos es la forma más consonante con la
Epístola y con la enseñanza general sobre la salvación, consideramos que se
trata de creyentes reales y no de meros profesantes por lo que antecede.

Se contempla aquí una situación espiritual expresada por la construcción


verbal ko Taparecóvtac, y recayeron. En el griego el verbo tiene el sentido
de caer a un lado, caer en el camino, es decir, se trata de caídas que se
producen en el camino del creyente. Los que están en el camino de salvación
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 327

pueden tener caídas en el mismo, pero no caer en el sentido de perder el camino


que es Cristo mismo (Jn. 14:6). Recaer, en el entorno del versículo puede
referirse al retroceso de algunos creyentes en materia de fe, incluso hacia
prácticas del judaísmo por haberse detenido para ellos el crecimiento espiritual
hacia la madurez y haber dejado de progresar en el conocimiento más extenso
de la fe. Esta situación es la que el escritor aborda antes (5:12-13).

Algunos consideran que esta caída o recaída es apostatar de la fe, por lo


que supondría un pecado dificilmente o imposible de ser perdonado. De esa
manera escribe el profesor Miguel Nicolau:

“Pues bien, de todos estos que han recibido tantos favores divinos y que
han caído, se anuncia una grave dificultad. La palabra con que se indica esta
caida roaparecovras es del verbo raparírto, que significa caer al lado;
señalando una desviación. Se aplica también a as caídas de orden moral, que
son una desviación de la ley y, con frecuencia, suponen una desviación
intelectual. La voz raparecovras, colocada en corte brusco después de la
solemne enumeración de gracias recibidas, tiene algo de onomatopéyico. La
caída que se señala no es la de simples pecados morales, que el Señor está
siempre dispuesto a perdonar. La caída que aquí se dirá difícil o imposible de
restaurar, es algo más; es renegar de la ley recibida y del dogma recibido, es
renunciar voluntariamente (cf. He. 10:26) a esta luz y a este don, cuyo deseo
estimula al arrepentimiento ”**.

Sin duda se aprecia el contexto en que el profesor Nicolau escribe. Con


todo, en notable observar que quienes consideran que se trata de no creyentes o
de apóstatas tienen que forzar el significado del verbo para hacerlo expresar una
renuncia a la fe o, incluso, la afrenta voluntaria contra el Espíritu, cuando el
sentido del mismo tiene que ver sólo con una caída en el camino, pero no como
una salida de la fe que es el sentido de la apostasía.

En una línea semejante escribe el profesor F. F. Bruce:

“Porque es posible para la gente que pueda describirse con el lenguaje


de los vv. 4 y 5 “caer” irremediablemente. Esta advertencia ha sido a la vez
minimizada y exagerada en forma indebida. Ha sido minimizada
indebidamente, por ejemplo, cuando K. S. Wuest nos asegura que “recayeron”
es 'un participio condicional que representa aquí un caso hipotético, un
hombre de paja” y que el pecado en cuestión 'no puede cometerse hoy ya que
no existen ni un templo ni los sacrificios y no hay ningún período de
transición”. No se necesita un templo o sacrificios, ni un período de transición
de la clase implicada en esta epístola, para que los hombres y mujeres que han

14 Miguel Nicolau, o.c., pág.75.


328 HEBREOS VI

tomado el nombre de Cristo para sí mismos, puedan cometer apostasía; y los


escritores bíblicos (y el de Hebreos no es una excepción) no son dados a
presentar hombres de paja. La advertencia de este pasaje era una advertencia
real contra un peligro real, un peligro que aún está presente mientras un
“corazón malo de incredulidad” pueda “apartarse del Dios vivo” (cap. 3:12).
Por otro lado, el sentido que le dio nuestro autor puede ser exagerado
hasta el punto de distorsión, cuando se entiende que dice que no puede haber
arrepentimiento de los pecados cometidos después del bautismo. “El autor de
Hebreos —escribió F. C. Burkitt- no permitirá perdón alguno para los
pecadores cristianos. En esto, está siguiendo la interpretación rigorista de
Tertuliano, que ita los versículos iniciales de He. 6 para probar que no puede
haber ni perdón ni restauración a la comunión para los pecados
posbautismales. Tertuliano tenía en mente un tipo particular de pecado, y uno
que en realidad no entra en el argumento de nuestro autor aquí de acuerdo con
Tertuliano, el escritor de este pasaje de advertencia (identificado por él como
Bernabé), “que aprendió esto de los apóstoles, y lo enseñó con los apóstoles,
nunca supo de un segundo arrepentimiento prometido por los apóstoles para
los adúlteros y los fornicarios ”
Pero el escritor a los Hebreos mismo distingue (como lo hacía la ley del
Antiguo Testamento) entre pecado inadvertido y pecado voluntario, y el
contexto aquí muestra claramente que el pecado voluntario que tiene en mente
es la apostasía deliberada. Aquellos que cometen este pecado, dice, no pueden
ser traídos a arrepentimiento; al renunciar a Cristo se ponen n la posición de
aquellos que, rechazando deliberadamene su afirmación de ser el Hijo de Dios,
lo crucificaron y expusieron a vergúenza pública. Aquellos que repudian la
salvación provista por Cristo no encontrarán otra en ninguna otra parte”?

La posición teológica del intérprete condiciona abiertamente la


interpretación del versículo. La primera consideración que debe atenerse es el
significado del verbo traducido por recaer que aparece como tal sólo en este
lugar en todo el Nuevo Testamento, mientras que el sustantivo afín con el
verbo!?, se traduce como delito, transgresión, pecado, caída, pero en ningún
lugar de los que aparece se le vincula con apostasía o salida de la fe. ¿Cuál es la
razón por la que deba forzar el significado del verbo hasta extremos semejantes?
Realmente no hay motivo más que cuando el condicionante interpretativo
requiere un énfasis verbal de esa naturaleza. Recaer es simplemente en el
versículo el hecho de caer al lado, esto es, una caída más grande o más pequeña
pero siempre en el contexto de la vida del verdadero cristiano.

15 F. F. Bruce. o.c., pág. 124s.


1S Griego TAPÁÚTTOMOL.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 329

La siguiente expresión reviste también cierta dificultad interpretativa, ya


que estos que recayeron O cayeron, entran en la imposibilidad, con que
comienza el versículo, de que ra%div dvakorvilerv gig MetAVOoLav, “sean
renovados para arrepentimiento”. La construcción gramatical que
necesariamente vincula lo que es imposible con la renovación para
arrepentimiento, expresa una imposibilidad absoluta. Esta expresión se repite en
otros lugares de la Epístola, siempre en el mismo sentido (6:18; 10:4; 11:6).
¿Qué es aquí el sentido de petavorav, arrepentimiento? Sin lugar a duda se
refiere a la fe para salvación. Quiere decir que ningún verdadero creyente,
aunque caiga gravemente, puede ser renovado para salvación, porque ya es
salvo y en modo alguno, siendo salvo, puede perder la salvación, ya que no
existe para el cristiano un pecado imperdonable que le lleve a la pérdida de la
salvación y a la imposibilidad de recobrarla, supuesto que pudiera perderla.

La razón de la imposibilidad es obvia: 4vaoTtTavpoUvtaGg ÉauTtolc TOV


Yiov TOD Og0U kai rapaderyuarilovtasc, “crucificando para sí mismos al
Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio”. El sacrificio expiatorio por el pecado
se produjo una vez para siempre y es imposible que vuelva a repetirse en ningún
sentido y en ninguna extensión. La aplicación del sacrificio expiatorio se hace
una sola vez en el momento de la conversión, en que simbólicamente el salvo es
rociado con la sangre de Cristo, en sentido de aplicación de la obra redentora
para él (1 P. 1:2). En razón de la obra de Cristo, realizada una vez para siempre,
el pecador creyente es eternamente purificado y todos sus pecados le son
perdonados (Col. 2:13). Desde el momento de la conversión, el pecado que el
creyente pueda cometer queda resuelto, no para una nueva experiencia de
salvación, sino para la restauración de la comunión con Dios, mediante la
confesión (1 Jn. 1:9). En ningún modo Dios llama de nuevo al que ha sido salvo
al arrepentimiento para salvación de condenación porque se ha efectuado una y
definitiva vez.

El versículo enseña que si hubiese necesidad e volver a la salvación


equivaldría a reproducir plenamente el sacrificio del Calvario,
AVOAOTAUVPODVTOAG ÉAUVTOLL TOV, “crucificando de nuevo para sí”, esto es,
individualmente, al Hijo de Dios, lo que supondría exponerlo a vituperio, que
equivaldría a ponerlo nuevamente en pública vergienza reproduciendo de
nuevo la impresionante dimensión de la Cruz, en toda su extensión. Tal cosa es
absolutamente imposible como se enseñará más adelante.

La posición de considerar aquí a no creyentes, sino a apóstatas, exige un


razonamiento un tanto extremo, como escribe el profesor Miguel Nicolau:

“Estos que han caído con la apostasía, crucifican por su parte al Hijo de
Dios. Su renuncia es equivalente a la de los judíos, cuando dijeron: *'Quítalo,
quítalo; crucifícalo” (Jn. 19:15). Algunos (y también la Vg: rursum
330 HEBREOS VI

crucifigentes) han traducido dvaotaupoUvras por un voler a crucificar. En


realidad se le puede conservar el sentido clásico y etimológico de (%va) elevar,
es decir, oponer en cruz; aunque es verdad que el pecador, y, más en concreto,
el apóstata, desecha a Cristo y, por su parte, vuelve a crucificarle. El ¿avrtois
(que la Vg traduce por sibimetipsis) podría sugerir la idea de crucifcar a
Cristo, nl en la persona física de Cristo, sino en la persona de los pecadores,
como algunos han querido, o sea, para disfavor de ellos mismos. Pero parece
mejor traducirlo en este caso: por lo que hace a ellos, por su cuenta, cuanto es
de su parte. Y poniéndole en ludibrio; porque esta renuncia a Cristo es
ofenderle y despreciarle públicamente (cf. He. 10:29); como estaba en ludibrio
y escarnio cuando, puesto en cruz, se mofaban de él los fariseos (Mt. 27:39-
44)".

En una línea semejante de interpretación se posiciona el profesor E.


Trechard, cuando escribe:

“Todo el pasaje, pues, se refiere a los meros profesantes del grupo en


cuestión, de quienes, seguramente, partía el impulso de volver al judaísmo, de
la manera en que la multitud mezclada entre los israelitas en el desierto
incitaba a todos a volver a Egipto. Todos necesitaban seguir adelante hasta la
completa comprensión de la Persona y obra de Cristo, pero los hipócritas
estaban en una posición de sumo peligro precisamente por la abundancia de
luz que habían recibido. La lección queda para todos los tiempos, pues hemos
de examinarnos a nosotros mismos para ver si estamos o no en la fe, puesto que
ninguna profesión en sí, ni ningún proceso psicológico, ni ningún entusiasmo
fácil, podrá sustituir la obra profunda de regeneración que viene tan sólo por
un rendimiento entero al Salvador. Como predicadores del Evangelio
debiéramos cuidar muy bien de subrayar la necesidad de la absoluta sumisión
al Señor, que une la obediencia a la fe en entrega, con el fin de evitar en lo
posible que conviva un Ismael con Isaac y un Esaú conjuntamente con Jacob en
la familia de las iglesias locales ”**.

Con todo, es necesario recordar dos aspectos que vinculan la


interpretación de este y todos los demás textos: 1) La Epístola no está escrita
para incrédulos, sino para salvos, como lo demuestra la forma del escrito y la
incorporación del autor al grupo a quien la dirige. 2) No se trata de un
paréntesis, sino de un párrafo continuativo y exhortativo que comienza antes de
este versículo. Procurar dividir el sentido del párrafo y orientarlo en otra
dirección es hacer violencia al contexto próximo y lejano de la Epístola. La
conclusión a que se debe llegar a la vista del texto, insertado en su contexto, es

17 Miguel Nicolau. o.c., pág 75s.


18 E. Trechard. o.c., pág. 80.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 331

que no se trata de un llamamiento a salvación, lo que requeriría crucificar


nuevamente el Hijo de Dios, ya que la eficacia anterior para los tales habría
quedado sin efecto.

Lo que antecede no es una imposibilidad de salvación, sino una


contundente afirmación de la seguridad de salvación. El texto griego establece
esta afirmación con precisión: “Es imposible que... sean renovados para
arrepentimiento”, porque es imposible que vuelva a repetirse el sacrificio
salvíficio del Señor. Esa es la causa por la que no vuelve a enseñar ya sobre “el
fundamento del arrepentimiento y de la fe en Dios”, a fin de que progresen a
conocimientos más profundos y eviten un retroceso en la fe e incluso un
deslizarse hacia el judaísmo de donde provenían. En resumen: la enseñanza aquí
es sencilla: no es posible que un cristiano caiga de la gracia y pierda su
salvación por alguna caída en el camino de la fe aunque sea grande o grave, por
eso es imposible que los que cayeron, sean renovados otra vez. No puede darse
marcha atrás en el tiempo de la historia personal de salvación. De la misma
forma que aunque alguien quisiera enmendar su propia historia no podría
retroceder en el tiempo para vivirla de nuevo, así tampoco, un creyente que es
salvo puede volver al arrepentimiento para salvación, porque el ejercicio de la
fe que conduce a la salvación se ha ejercido y depositada en el Salvador y no
puede repetirse porque en ese mismo momento ha recibido todo cuanto tiene
que ver con la aplicación del sacrificio de Cristo, que no puede volver a
producirse.

7. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y
produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe
bendición de Dios.

yn yap Y Tiovoa TOV ET” AUTAC EpyÓmevov TrOAAOKk1G VETOV KOL


Porque la tierra que bebe la sobre ella viene muchas veces lluvia y
tixtovOa PBotawvnv eúdetov ¿éxelvoig OL oUc Kot
produce planta provechosa para aquellos a causa de los cuales también
yeopyeéttol, petadapuBover sódoylas AUTO TOL Og0b*
es labrada recibe bendición de parte - de Dios.

Notas y análisis del texto griego.

Sigue con la advertencia escribiendo yn, caso nominativo femenino singular del
sustantivo tierra; yap, conjunción causal porque, pospuesta al nombre y que en
español lo precede actuando como conjunción coordinativa; Y, caso nominativo
femenino singular del artículo determinado /a; mioUoa, participio aoristo segundo
articular en voz activa del verbo tivo, beber, aquí como que bebe; tóv, caso acusativo
masculino singular, el; én”, preposición de genitivo sobre; aWtRS, caso genitivo
femenino singular del artículo determinado declinado a ella; ¿pxóumevov, caso
acusativo masculino singular del participio de presente en voz media del verbo
332 HEBREOS VI

épyopon, venir, llegar, aparecer, regresar, traer, aquí como viene; seguido del
adverbio mo%2kax1c, que equivale a muchas veces, frecuentemente, a menudo; vetOv,
caso acusativo masculino singular del sustantivo que denota lluvia; «o, conjunción
copulativa y; tÍKTOVOA, Caso nominativo masculino singular del participio de presente
en voz activa del verbo tixtw, dar a luz, producir, aquí como produce; Botavnv, caso
acusativo femenino singular del sustantivo planta; eUdetov, caso acusativo femenino
singular del adjetivo útil, apto, adecuado; gxetvowc, caso dativo masculino plural del
pronombre demostrativo declinado para aquellos; $1, forma contracta de la
preposición de acusativo $10, aquí como por medio, a causa de; obc, caso acusativo
masculino plural del pronombre relativo los que o los cuales, ko, adverbio de modo
asimismo, también; yeopyeéttoa, tercera persona singular del presente de indicativo en
voz pasiva del verbo yewpyéw, cultivar, aquí como es cultivada, algunos traducen
labrada vinculando el verbo con la tierra, en vez de las plantas; jetadapBover, tercera
persona singular del presente de indicativo en voz activa del verbo etadauBavo,
compartir, participar, encontrar, recibir, obtener, aquí como recibe; eúloylac, caso
genitivo femenino singular del sustantivo que denota bendición; «ro, preposición de
genitivo de parte; TOD, caso genitivo masculino singular del artículo determinado el, no
usado en castellano al estar vinculado con nombre propio; Oso, caso genitivo
masculino singular del nombre propio declinado de Dios.

Una nueva confirmación de que la advertencia solemne está dirigida a


creyentes se aprecia en la alegoría del versículo sobre la necesidad de que el
creyente lleve fruto para Dios. Sólo el verdadero cristiano puede llevar fruto, el
creyente nominal no puede producirlo al carecer del Espíritu Santo. La lluvia es
figura de las bendiciones y dones de Dios, sin cuya acción no es posible llevar
fruto para Él. El corazón del creyente es comparado con la tierra preparada para
recibir la semilla y que ésta fructifique. La misma figura fue usada por Jesús en
la parábola de la buena tierra (Lc. 8:15). Es fácil encontrar en la Escritura la
comparación de creyentes o de Israel, en la antigua dispensación, como un
huerto o una viña que Dios cultiva (Is. 5:1-7; Jn. 15:1-8; 1 Co. 3:6-9).

El propósito de Dios para el creyente es que lleve fruto, más fruto, mucho
fruto (Jn. 15:2, 5). El Padre es glorificado cuando sus hijos llevan mucho fruto y
reproducen por el poder del Espíritu a su Hijo en sus vidas, lo que es también
evidencia de verdadero discipulado (Jn. 15:8). La acción del Espíritu es
imprescindible para llevar fruto para Dios, ya que el fruto del creyente es el
fruto del Espiritu en el creyente (Gá. 5:22ss). Es evidente que sólo el verdadero
cristiano y no el nominal es el único que puede llevar fruto para Dios, porque
para ello es preciso la identificación con Cristo (Jn. 15:3-4). El creyente recibe
de Dios toda la provisión que necesita para que pueda llevar fruto. Es, por tanto,
absolutamente ilógico que los versículos anteriores se refieran a creyentes
nominales, lo que es igual a no creyentes, y pase luego a referirse a quienes
pueden llevar fruto que son incuestionablemente verdaderos creyentes. Por ello
reciben “la bendición de Dios”. La bendición divina hace fructífera la vida del
creyente. Quien es dócil a Dios y a su provisión lleva fruto para Él. La
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 333

bendición hace posible que el creyente cumpla el propósito de Dios, que lleve —
como se dice más arriba- fruto, más fruto y mucho fruto (Jn. 15:2, 5).

8. Pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser


maldecida, y su fin es ser quemada.

éxpépovoa de AxovBac ko TPiPdLOUC, AÓOKIMOS KA KOTOAPaG EyyUc,


Pero la que produce espinos y abrojos desechada y de maldición cerca
As TO TÉLOC lc KADOLV.
cuyo fin para quema.

Notas y análisis del texto griego.

Sigue el desarrollo de la advertencia mediante un contraste que se establece con


EKépovoa, caso nominativo femenino singular del participio de presente, participio
condicional, del verbo ¿xpépow, sacar, producir, aquí como que produce, supliéndose el
artículo determinado /a, implícito; $8, partícula conjuntiva que hace las veces de
conjunción, con sentido de pero, más bien, y, y por cierto, como conjunción coordinante
es la segunda en frecuencia en el N.T. después de xa; dkowvB8ac, caso acusativo
femenino plural del sustantivo que denota espinos, espinas, zarzas; “on, conjunción
copulativa y; tpiBdLovc, caso acusativo masculino plural del sustantivo que denota
espino, abrojo, dSÓw1uoc, caso nominativo femenino singular del adjetivo que no tiene
aprobación, que no pasa la prueba, depravado, inútil, “oi, conjunción copulativa y;
KaTtapas, caso genitivo femenino singular del sustantivo declinado de maldición;
éyy4c, adverbio cerca; %c, caso genitivo femenino singular del pronombre relativo
declinado de la misma; tó, caso nominativo neutro singular del artículo determinado
lo; ambas palabras unidas pueden traducirse como una sola expresión, cuyo; TélOG,
caso nominativo neutro singular del sustantivo que denota fin, destino, término,
finalidad, ic, preposición de acusativo para; «abovw, caso acusativo femenino
singular del sustantivo que denota la acción de quemar, de ahí quema.

Nuevamente surge aquí una aparente dificultad ante las enérgicas palabras
utilizadas en el versículo, que invitan a pensar, a primera vista, que sólo pueden
ser aplicadas a inconversos cuyo destino, por el hecho de no haber creído es el
de condenación eterna. El énfasis de autor es evidente: gxpépovoa 08
axavBac kai TpipdAo0uc, ASÓK1NOC, pero la que produce espinos y abrojos
es desechada, y añade el destino definitivo que le espera por la razón anterior:
«od katapacs éyyUc, fc TO TédOG £lc kadow, literalmente: y cerca de
maldición, cuyo fin es ser quemada.

Sin embargo, de lo que se trata es de una acción de rebeldía, puesta de


manifiesto en el hecho de negarse a llevar fruto. La tierra estaba perfectamente
preparada, dotada de todos los elementos necesarios para fructificar, pero,
metafóricamente se niega a hacerlo. Esto coincide plenamente con la enseñanza
de Cristo, respecto a una acción semejante: “Todo pámpano que en mi no lleva
334 HEBREOS VI

fruto, lo quitará...El que en mí no permanece, será echado fuera como


pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan al fuego, y arden” (Jn. 15:2,
6). En el texto griego se lee literalmente: “Todo pámpano en mí que no lleva
fruto”, es decir, el pámpano está en la vid, pero se niega a fructificar, por tanto
el destino es ser quitado del lugar en que puede dar fruto y es puesto en otro
donde definitivamente ya no lo va a llevar. Lo que arden son los elementos que
ponen de manifiesto el fruto que son los pámpanos.

Del mismo modo en el versículo que se considera, los que se niegan a


llevar fruto, a pesar del cuidado y provisión divinos sobre ellos, no pierden su
salvación, pero sí su vida de relación con Dios, por tanto, permanecen estériles a
pesar de tener lo necesario para llevar fruto. Esa es también la misma enseñanza
de Pablo: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta
manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo
pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo
venga a ser eliminado” (1 Co. 9:26-27). El término eliminado equivale a
descalificado, en referencia a la posible pérdida del galardón que el creyente fiel
recibirá en la presencia del Señor.

Se trata, pues, de una advertencia solemne para aquellos creyentes que


debido a su estancamiento en la fe, pueden permanecer estériles y sin fruto para
Dios. Aquellos que se conforman a una simple experiencia religiosa y que
detienen el estudio de la Palabra en profundidad, porque han detenido el interés
por ella. Tales personas no están bajo la influencia de la Palabra que como
semilla germina en el campo preparado para recibirla (Lc. 8:15). Es posible que
en algunos de aquellos se estuviese produciendo el efecto ilustrado en la
parábola del sembrador de la semilla que cae entre pedregales (Lc. 8:13), crece
por un tiempo pero no lleva fruto porque circunstancias adversas detienen el
crecimiento haciendo improductiva la siembra en ellos.

La evidencia y bendición del salvo (6:9-12).

9. Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas


mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así.

TMereicoueda 62 TEPL ÚMOV, AYATNTOÍL, TA KpelgOOVA Ka


Pero hemos sido persuadidos acerca de vosotros amados los mejores y
¿xómeva owtnpiac, sl kod oUTOSG AMAO0UHev.
que tienen de salvación aunque así hablamos.

Notas y análisis del texto griego.

Una variación en la advertencia comienza con rerreiopuedo., primera persona plural del
perfecto de indicativo en voz pasiva del verbo rei0w, persuadir, convencer, ganarse,
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 335

tranquilizar, aquí como hemos sido persuadidos, en un plural literario; Se, partícula
conjuntiva que hace las veces de conjunción, con sentido de pero, más bien, y, y por
cierto, como conjunción coordinante es la segunda en frecuencia en el N.T. después de
Ko; TePL, preposición de genitivo acerca; Úov, caso genitivo plural del pronombre
personal declinado de vosotros; dyamntoi, caso vocativo masculino plural del adjetivo
amados, TA, caso acusativo neutro plural del artículo determinado los; «peicoova,
caso acusativo neutro plural del adjetivo comparativo mejores; xo“, conjunción
copulativa y; ¿xómeva, caso acusativo neutro plural del participio de presente en voz
media del verbo éxw, tener, aquí como que tienen; owtnpias, caso genitivo femenino
singular del sustantivo declinado de salvación; ei, conjunción condicional si;
kon, conjunción copulativa y; ambas conjunciones jutas tienen el significado de aunque;
oUtoc, adverbio de modo, así, de esta manera, hadkoduev, primera persona plural del
presente de indicativo en voz activa del verbo 2a2éw, hablar, decir, aquí como
hablamos.

La advertencia solemne que acaba de formularse, pudo haber causado un


profundo impacto en alguno de los lectores, verdaderos cristianos aunque
estuviesen debilitados en su interés por la Escritura y detenidos en el estudio y
profundización en ella. Las palabras del presente versículo sirven de aliento y
estimulo a cada uno de los lectores, ya que no se hace distinción entre ellos,
considerándolos incluido a todos ellos: tepi VuOv “en cuanto a vosotros ”. Sin
duda todos estaban expuestos a los peligros señalados antes, pero el autor
rerreicueda estaba persuadido, que expresa la idea de una convicción íntima
respecto a los destinatarios de la Epístola, para quienes en lugar de fracaso y
disciplina habrá éxito y victoria en su vida espiritual.

Ta kpeicoova koi ¿xóueva owtnpiac. La esfera victoriosa se pone


de manifiesto en las cosas en que estaban involucrados y que “pertenecen a la
salvación”. Cada uno de ellos estaban en el camino que lleva a la vida (Mt.
7:14). En alguna medida estaban ocupándose en su salvación con reverencia
(Fil. 3:12). Todos los lectores habían sido salvos, estaban en la experiencia de la
santificación y alcanzarían —como todos los salvos- la glorificación conforme a
la voluntad de Dios (13:20-21). La vida fructífera de los creyentes que tienen la
salvación se gana en lugar de perderse. Que el escritor considera a los lectores
como verdaderos creyentes se aprecia también en el calificativo que les da de
Gyarntoi “amados ”, expresión propia de creyentes entre sí, que se aman con
amor fraternal y todos ellos son amados de Dios por vinculación con Cristo, el
Hijo amado.

El kai odtoc AadoUuev. Con todo, no deja de apreciarse que la


advertencia solemne está presentada enérgicamente. El autor había usado
expresiones duras en la amonestación. El propósito era hacer reflexionar y
despertar a los lectores. Pero, su interés era alentarlos en lugar de desanimarlos.
La advertencia solemne no excluye el afecto cristiano, antes lo incluye. El amor
336 HEBREOS VI

tiene siempre confianza en aquel a quien ama (1 Co. 7:13), como ocurre
también aquí. El versículo puede traducirse como lo hace la versión Cantera-
Iglesias: “Pero aunque estamos hablando así, tenemos acerca de vosotros,
queridos [hermanos], la convicción de que estáis en el buen camino y con
garantías de salvación”, La idea general del versículo es esta: “Aunque me
expreso de esta manera, queridos, estamos persuadidos de que vuestra
condición espiritual es mucho mejor y conduce a la salvación”.

10. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de


amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos
y sirviéndoles aún.

oy yap úsicos Ó Osos ¿mhadécOar TOD EpyoVv ÚmOv kod TÑC


Porque no injusto - Dios paraolvidar dela obra devosotros y del mismo
dayanmnc fc ¿vedsidacods sic TO ÓVOMOL AUTOD, ÓLOKOVNOQVTEG TOLG
amor que mostrasteis hacia el nombre deÉl habiendo servido alos
QylOLG KO ÓLAKOVODVTEG.
santos y sirviéndoles.

Notas y análisis del texto griego.

En un giro de aliento escribe od, adverbio de negación no; yap, conjunción causal
porque, pospuesta al pronombre y que en español lo precede actuando como conjunción
coordinativa, GSikoc, caso nominativo masculino singular del adjetivo injusto; Ó, caso
nominativo masculino singular del artículo determinado el, no utilizado en castellano en
esta construcción al preceder a nombre propio; Oe0c, caso nominativo masculino
singular del nombre propio Dios; ¿mdiaBécdar, aoristo segundo de infinitivo en voz
media del verbo ¿m2av8Avopar, olvidar, desatender, aquí como para olvidar; TOU,
caso genitivo neutro singular del artículo determinado declinado del, de lo, femenino en
español al referirse a obra de la; ¿pyov, caso genitivo neutro singular del sustantivo que
denota obra, acción, trabajo, actividad, úuov, caso genitivo plural del pronombre
personal declinado de vosotros; «at, conjunción copulativa y; Tñc, caso genitivo
femenino singular del artículo determinado declinado de /a, masculino en español;
dying, caso genitivo femenino singular del sustantivo amor; Tc, caso genitivo
femenino singular del pronombre relativo declinado del; ¿vedsióao0e, segunda persona
plural del aoristo primero de indicativo en voz media del verbo Sdé£opon, recibir,
aceptar, acoger, aquí en sentido de mostrar como mostrasteis; sic, preposición de
acusativo hacia; TO, caso acusativo neutro singular del artículo determinado el; Svoya,
caso acusativo neutro singular del sustantivo nombre; AÓTOU, caso genitivo masculino
singular del pronombre personal declinado de él; Suakovioavtec, caso nominativo
masculino plural del participio aoristo primero del verbo [Link]éo, servir, aquí como
habiendo servido; toic, caso dativo masculino plural del artículo determinado
declinado a los; «yiow, caso dativo masculino plural del adjetivo santos; xa“,
conjunción copulativa y; Olaxovobvtec, caso nominativo masculino plural del
participio de presente en voz activa del verbo Svoovéw, servir, aquí en sentido de
sirviéndoles.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 337

Dios conocía la condición personal de cada uno de los creyentes a quienes se


dirige la Epístola. Sabe del grado de fidelidad y de la situación íntima de ellos.
Los hombres podemos apreciar aspectos externos, pero Dios conoce el interior.
Sin embargo, los creyentes a quienes se escribe manifiestan en obras realidades
espirituales que exteriorizan lo que son. Nadie se salva por obras, pero todos los
cristianos se salvan para obras. Estas obras son obras de justicia, porque
proceden de quienes viven la vida del Justo en ellos. El Señor que conoce sus
obras es también justo, por tanto ou yap ádixoc Ó Oe0g émbdabécdar TOD
Epyov VMOvV, “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra”. Debe apreciarse
aquí que el sustantivo obra, está en singular y no en plural. Las obras de los
salvos son una sola manifestación de la obra de Dios en ellos (Fil. 2:13), aunque
se expresa en distintas formas de las que cada una de ellas son obras. Estas están
ya determinadas de antemano para que los verdaderos creyentes anden en ellas
(Ef. 2:10). El buen obrar del santo evidencia la realidad del nuevo nacimiento.
Esas obras vistas por los hombres son elemento glorificante para Dios (Mt.
5:48). Toda fe genuina produce obras conforme a Dios (Stg. 2:17-18). Hay
personas con una fe mental, vacía, que disfrazan con algunas obras para
aparentar una realidad que no existe. Por regla general, quienes hablan mucho
de fe son los que la viven en una menor dimensión. Pero, la fe que no fructifica
evidencia que está muerta. Una fe que no está enraizada en el corazón da fruto
vano, como vana es también esa fe. Nadie puede manifestar la realidad de la fe
sin vincularla con la realidad de las obras. La justicia de Dios impide que el
trabajo en el Señor sea en vano (1 Co. 15:58). Para el fiel que vive la fe y
manifiesta su condición por medio de obras propias de un cristiano genuino,
Dios es justo para recompensar su labor conforme a sus promesas (Mt. 10:42;
25:40; 2 Ti. 4:18; Ap. 14:13; 22:12).

El escritor destaca que aquellos a quienes se dirige la Epístola servían al


impulso del amor, ya que sus obras eran Tñc dydAnmnc ña ¿vedsidacods sic tÓ
9vopa autov, “trabajo de amor, que habéis mostrado hacia Su nombre”. El
amor de Cristo constriñe e impulsa el servicio cristiano (2 Co. 5:14-15). Ese
impulso para el servicio actúa en el creyente por la acción del Espíritu (Gá.
5:22). El amor al Señor es el vínculo común en cada nacido de nuevo (Ef. 6:24).
Ese amor hacia Dios, en gratitud por la obra realizada de salvación, se
manifiesta en obediencia (Jn. 14:15, 21, 23, 24). Pero, el amor que impulsa al
servicio se orienta hacia algo tan práctico como servir a los hermanos. Así lo
hace notar el versículo: 3vakovnoavtec TO Cyloic Kat ÓLAKOVODVTEC,
“Habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. Los frutos de justicia se
mostraban en la ayuda y dedicación a los hermanos en la fe. Tal expresión era
propia en los relatos históricos de la iglesia primitiva (Ro. 15:25; 2 Co. 9:1, 12;
2 Ti. 1:18). Ese amor práctico hacia los de la familia de la fe es evidencia del
nuevo nacimiento (1 Jn. 3:14). La realidad de la fe se manifiesta en el amor a
338 HEBREOS VI

los hermanos (Stg. 2:14-17). El servicio a los hermanos es un mandamiento que


el cristiano debe obedecer: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis
llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino
servíos por amor los unos a los otros” (Gá. 5:13). El amor verdadero es
constante, en cualquier tiempo y en cualquier circunstancia, de ahí que se
enfatiza en que el servicio hecho a los hermanos en el pasado continuaba en el
presente: glacovnoavtes TOC AGyioic koal Suaxkovobdvtec, “Habiendo
servido a los santos y sirviéndoles aún”. Destaca en el texto que las obras
hechas por el pueblo de Dios, al impulso del amor divino, son reconocidas
como hechas para Dios. No es una enseñanza novedosa; el mismo Señor lo hizo
notar cuando dijo: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos
mis hermanos más pequeños a mí lo hicisteis” (Mt. 25:40). De nuevo es preciso
entender claramente que las obras no son elemento salvífico, pero que son
expresión visible de salvación. Las obras de amor hacia los hermanos
evidencian la verdadera fe (Stg. 2:14-16). Es necesario entender bien que lo que
distingue a los verdaderos creyentes, no es la comprensión de las doctrinas, ni la
identificación plena con un mismo criterio interpretativo, sino el amor. Jesús
afirmó que el mundo conocería a los verdaderos discípulos suyos en la medida
en que mostrasen amor los unos por los otros (Jn. 13:35). Cualquier
manifestación de fe sin amor, es pura teoría intelectual pero nunca expresión de
salvación. Los creyentes prestarán ayuda a todos los hermanos y especialmente
a quienes estén en situaciones comprometidas, porque el amor de Dios ha
transformado sus vidas y, de la misma manera que Jesús la dio por ellos en
salvación, así también ellos la darán por sus hermanos (1 Jn. 3:16). Los
creyentes en Cristo son una unidad espiritual, en una forma muy especial en la
presente dispensación, pero continuamente son uno en el Señor. Cristo había
enseñando el principio que ahora expresa en la parábola. Había dicho que el que
recibiera a uno de sus enviados lo recibía a él mismo y que tendría recompensa
por esa acción (Mt. 10:40-41). El dijo que incluso un sólo vaso de agua dado en
su nombre tendría recompensa (Mt. 10:42). La distinción con los no creyentes
es que éstos aborrecerían a los hijos de Dios (Mr. 13:13). Ese aborrecimiento
pone de manifiesto la realidad de ser justos, es decir, declarados así por Dios a
causa de un acto de fe personal en Él (Jn. 15:18-21). La primera gran lección
que Pablo aprendió en el camino a Damasco fue la de la unidad de los creyentes
en Cristo. Jesús le preguntó por qué causa le perseguía (Hch. 9:4); la realidad es
que él no perseguía a Jesús, sino a sus seguidores, pero la identificación de ellos
con el Salvador era de tal manera que cuanto se hiciese a uno de ellos se hacía
también al Señor (Hch. 9:5). Ese padecimiento en la carne de los cristianos
sirve como elemento que completa las aflicciones de Cristo por medio de su
cuerpo, que es la iglesia (Col. 1:24). Jesús habló de hacer bien a uno de “mis
hermanos más pequeños ”. El cristiano no piensa en hacer bien sólo a los que
pudieran llamarse o tenerse por grandes, sino en hermanos que aunque sean
muy pequeños a los ojos de los hombres, son muy grandes a los ojos de Dios.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 339

Dos sacrificios espirituales que el creyente debe ofrecer a Dios son los de
“hacer bien y de la ayuda mutua” (He. 13:16). Hacer bien corresponde a la
experiencia de la nueva vida en Cristo (Hch. 10:38). El creyente debe
aprovechar toda oportunidad para hacer el bien, como escribe el Dr. Lacueva:

“Mientras tenemos vida terrena, tenemos tiempo, pero no siempre


tenemos las oportunidades de hacer el bien, por lo que no deberíamos dejar
escapar ninguna de esas oportunidades, las cuales nunca vuelven; podrán venir
otras, ya similares ya diferentes, pero las que pasaron sin ser aprovechadas,
nunca más volverán; y de ello se nos pedirán cuentas, conforme dice Jacobo”
(Stg. 4:17)?.

El bien no tiene destinatarios selectivos, es para hacer a todos. Es la


expresión del amor de Cristo en la vida cristiana (Lc. 9:54, 55; 10:25-37; 17:11-
19; Jn. 4:42; 1 Ti. 4:10). El creyente está llamado a hacer el bien a todos los
hombre y mayormente a los de la familia de la fe (Gá. 6:10). Todos los
creyentes constituimos una familia a la que debemos amor verdadero (1 Jn.
3:17, 18). No se puede hablar de ser cristiano desligándolo del amor entrañable
y de entrega a los hermanos. Junto con el bien hacer, está también la ayuda
mutua. El escritor de la carta a los Hebreos llama a este sacrificio comunión,
(He. 13:16) lo que expresa la idea de comunicar con los demás, y que se
estudiará más adelante. La acepción genérica tiene que ver con manifestar
compañerismo y atención hacia los otros. Una de las mayores inconsecuencias
es que un creyente sea tan devoto, es decir, tan dedicado a Dios que no le quede
tiempo para ocuparse de su prójimo, que incluye también a su propia familia. A
estos, el apóstol Pablo los califica como peores que los infieles que niegan la fe
(1 Ti. 5:8). Otra expresión del amor tiene que ver con compartir los bienes con
el hermano que tiene necesidad; por eso se usa para hablar de la ofrenda para
los necesitados (Ro. 15:26). De esto hay ejemplos abundantes en el Nuevo
Testamento, como el de las iglesias proporcionando ayuda para los hermanos
necesitados en Jerusalén (2 Co. 8:4 ss.; 9:13). Pablo escribe a Timoteo para que
exhorte a los creyentes pudientes a compartir con sus bienes a los necesitados (1
Ti. 6:18). El creyente no debe olvidarse de practicar la beneficencia con el
prójimo, especialmente si es su hermano en Cristo (1 Jn. 3:16-18). La expresión
de amor práctico a los hermanos es evidencia del amor a Dios (1 Jn. 4:20). No
puede ser olvidado por quien tiene la vista puesta en Cristo (He. 12:1). De estos
sacrificios se agrada Dios. No debe olvidarse que el cristianismo es sacrificial
en toda su extensión y está fundado sobre el autosacrificio de Cristo.

11. Pero cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para
plena certeza de la esperanza.

1 F, Lacueva. Matthew Henry. 2 Corintios-Hebreos. pág. 119.


340 HEBREOS VI

emOuvpoUuev ds EKAOTOV ÚMOV TNV aAUTNV ¿vdeikvvodor


Pero deseamos vivamente a cada uno de vosotros la misma muestre
orTOVÓNV TpOG TNV TANPopopiav TC ¿ATÍÓOS xpi TÉLOUC,
solicitud con relacióna la plena seguridad dela esperanza hasta fin.

Notas y análisis del texto griego.

Luego del aliento regresa a la exhortación solemne con ¿gm0vpoUuev, primera persona
plural del presente de indicativo en voz activa del verbo ¿mOvyuéo, desear vivamente,
codiciar, aquí como deseamos vivamente; Se, partícula conjuntiva que hace las veces de
conjunción, con sentido de pero, más bien, y, y por cierto, como conjunción coordinante
es la segunda en frecuencia en el N.T. después de kai; gxaotov, caso acusativo
masculino singular del adjetivo indefinido declinado a cada uno; U0v, caso genitivo
plural del pronombre personal declinado de vosotros; trv, caso acusativo femenino
singular del artículo determinado la; awinv, caso acusativo femenino singular del
adjetivo intensivo, misma, idéntico, no otra, ¿vdeisvuoBan, infinitivo de presente en
voz media del verbo ¿vdeikvvpan, probar, demostrar, mostrar, aquí como muestre;
oTrTOoVÓNV, caso acusativo femenino singular del sustantivo que denota solicitud, prisa,
empeño; TpoOc, preposición de acusativo, a, hacia, por, con, con el fin de, con relación
a; tTrv, caso acusativo femenino singular del artículo determinado /a; rANpopopiav,
caso acusativo femenino singular del sustantivo que denota total seguridad, convicción,
certeza; Tñc, caso genitivo femenino singular del artículo determinado declinado de /a;
¿dmióoc, caso genitivo femenino singular del sustantivo que denota esperanza; «xp,
preposición de genitivo, hasta; tédO0Uc, caso genitivo neutro singular del sustantivo fin,
final, finalidad, término.

"EmBvuoduev Se Éxaotov ÚuO0v TNV autnv ¿vdsikvvodal


orTOVÓNV TPOS TNV TANpopopiav TAG ¿ATi0OC Uyxpi tédouUc. El uso de la
partícula $£ traducida aquí como pero, hace las funciones de conjunción
adversativa y sirve para poner en justo punto los elogios anteriores, volviendo
de nuevo a la realidad de la situación que pretende abordar. El autor estaba
seguro de la realidad espiritual de aquellos a quienes escribe, pero debían
mantenerse vigilantes. Más que un reproche, o incluso una amonestación,
expresa un deseo vehemente hacia los destinatarios de le Epístola. Cada uno de
ellos debería mostrar la misma solicitud a la que hizo referencia en el versículo
anterior, a lo largo de toda su vida. La perseverancia de los fieles no es para
alcanzar la salvación, pero es la consecuencia de haberla alcanzado.

La experiencia de la salvación en obras hacia los hermanos, afirma la


esperanza. El verdadero cristiano no pierde nunca su esperanza. Aquellos
hermanos estaban pasando por pruebas, pero debían mantener su esperanza.
Podrían estar como Elías en situación crítica, pero aún en aquellas
circunstancias, el profeta no perdía su dependencia de Dios (1 R. 19:4). Al
creyente se le llama en la profecía “prisionero de esperanza” (Zac. 9:12). Es
necesario entender que no hay esperanza sin fe y no hay fe que no se convierta
en fidelidad hasta el fin. La esperanza cristiana está vinculada no con
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 341

experiencias, sino con una persona que es Cristo (Col. 1:27). Ciertamente el
cristiano espera cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia, pero toda
esperanza está en Cristo y se hace posible en Él y por Él. La vida victoriosa se
alcanza por fe en Jesús (1 Jn. 5:4).

12. A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que


por la fe y la paciencia heredan las promesas.

íva un vo8poi yévno0e, puntal 68 TOV Í10l TÍOTEWG KO4ú


Para que no indolentes os hagáis mas bien imitadores de los por medio de fe y
moapoBdupias KANPpOVOMOUVTOV TOLG ETOLyEkLac.
de longanimidad heredan las promesas.

Notas y análisis del texto griego.

Continua con el tema anterior escribiendo va, conjunción copulativa que, para que,
por que, a fin de que, de modo que; yn, partícula negativa que hace las funciones de
negación condicional, no; vwB8por, caso nominativo masculino plural del adjetivo que
denota indolentes, perezosos; yévno0e, segunda persona plural del aoristo segundo de
subjuntivo en voz media del verbo yivopan, llegar a ser, hacerse, aquí como os hagáis;
uiuntod, caso nominativo masculino plural del sustantivo imitadores; Se, partícula
conjuntiva que hace las veces de conjunción, con sentido de pero, más bien, y, y por
cierto, como conjunción coordinante es la segunda en frecuencia en el N.T. después de
Ko; TOV, caso genitivo masculino plural del artículo determinado declinado de los;
Sia, preposición de genitivo por medio de; tmidtewC, Caso genitivo femenino singular
del sustantivo que denota fe; xa, conjunción copulativa y; pokpobuyiac, caso
genitivo femenino singular del sustantivo declinado que denota de longanimidad,
kInpovououvrov, caso genitivo masculino plural del participio de presente en voz
activa del verbo kAnpovojéw, heredar, recibir en herencia, poseer, aquí como
heredan, TAGc, caso acusativo femenino plural del artículo determinado /as;
érayyedtoc, caso acusativo femenino plural del sustantivo que denota, promesas.

“Iva un vwBpor yévno0e. Algunos de los creyentes, sino todos, se


estaban volviendo perezosos en lo que se refiera a la vida cristiana, problema
que les indicó antes (5:11-12). Posiblemente estaban contentos con lo que
habían alcanzado y lo consideraban suficiente, sin darse cuenta que dejar el
interés por la Palabra y el crecimiento hacia la madurez espiritual, trae
problemas espirituales graves y debilita al creyente hasta el extremo de
mantenerlo en el infantilismo espiritual, indefenso frente a las asechanzas
diabólicas (Ef. 4:14). El crecimiento y fortalecimiento en la fe es uno de los
motivos que requiere diligencia (Ro. 12:11). El carácter del perezoso merece la
reprobación de Dios. La Biblia enseña que el perezoso no comienza nada y
formulándose a sí mismo preguntas que justifiquen su desidia (Pr. 6:9, 10). Si
alguna vez comienza algo nunca lo termina, cansándose siempre antes de
concluirlo. Cualquier esfuerzo es demasiado grande para quien la Escritura
342 HEBREOS VI

cataloga como perezoso (Pr. 20:4). Una situación semejante lleva a la


insatisfacción personal, de ahí que, tal vez, los creyentes a quienes se dirige la
Epístola estén propensos a dejar su compromiso cristiano, como se aprecia en
algunos lugares del escrito. El verdadero cristiano es ferviente, diligente en el
trabajo para el Señor y comprometido con la fidelidad, porque es impulsado por
el Espíritu Santo. En contraste con la desidia del perezoso la dinámica del
creyente espiritual es ferviente o fervorosa, en una demostración de la
identificación con Cristo (Jn. 4:34).

Miuntos de tOV ÍA TioTEOCG «o MaKpoduuias kANPOVOMOUVTOV


Tac érayyehtoc. Los creyentes que se abandonan a sí mismos y entran en el
camino de la desidia espiritual, dejan de ver a Jesús, como modelo supremo y,
al mismo tiempo, abandonan la consideración sobre los ejemplos de fidelidad
que el Espíritu dejó en la Palabra. En ese momento dejan de ser imitadores de
quienes alcanzaron promesas de Dios en una vida de fidelidad consecuente con
Sus demandas. Las promesas las alcanzaron mediante la fe. La fe produjo en
ellos seguridad en relación con las promesas de Dios y certeza firme en que
siendo fiel cumpliría lo que había prometido.

Esas promesas no vinieron, muchas veces, en forma inmediata, sino que


llegaron tras una larga espera, que aquí llama jakpodupia paciencia. La
palabra griega utilizada en esa ocasión” tiene que ver con un corazón grande,
equivalente a lo que es la longanimidad, es decir, la grandeza y constancia de
ánimo en las adversidades, que capacita para aguantar en espera paciente el
tiempo de Dios. Esto permite estar animados aún en medio de las mayores
dificultades. La longanimidad es el resultado de la acción poderosa de Dios en
la vida cristiana (Col. 1:11). Los hombres de Dios en los relatos de la historia
bíblica son ejemplo a los creyentes de todos los tiempos, entre otras cosas, de la
longanimidad (2 Ti. 3:10-11). El abandono de la reflexión en la Palabra, supone
también la pérdida de perspectiva que los ejemplos de fe proyectan en ella. Es
necesario que cada cristiano prestemos atención a los ejemplos de fidelidad,
para que no desfallezcamos por las dificultades. Las promesas de Dios se
experimentan por la fe y se alcanzan en la paciencia, de ahí la exhortación al
final de la Epístola: “Porque os es necesaria la paciencia, para que habisendo
hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (10:36).

Ejemplo y certeza (6:13-20).

13. Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar


por otro mayor, juró por sí mismo.

2 Griego Hakpoduyia
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 343

TO yap "ABpadau ¿xrayyeihauevos Ó Oeóc, émel kart” oUdevOc siyev


- porque a Abraham al hacer la promesa - Dios yaque por ninguno tenía
ueilovos ÓMOOO0LL, HMOCEV KA” EQUTOL
mayor que jurar juró por sí mismo.

Notas y análisis del texto griego.

Se inicia un nuevo párrafo con TW, caso dativo masculino singular del artículo
determinado el, que no se traduce en español por determinar a nombre propio; yAp,
conjunción causal porque, pospuesta al artículo y nombre y que en español lo precede
actuando como conjunción coordinativa; APpadu, caso dativo masculino singular del
nombre propio Abraham; énoayyeihdupevos, caso nominativo masculino singular del
participio aoristo primero en voz media del verbo éxryyél2opan, prometer, profesar,
aquí como al hacer promesa; seguido de Ó, caso nominativo masculino singular del
artículo determinado el; Oe0c, caso nominativo masculino singular del nombre propio
Dios; érel, conjunción causal, puesto que, porque, ya que, de otra manera; sat”,
forma escrita de la preposición kata, en, por elisión ante vocal con espíritu suave;
ouSevoc, caso genitivo masculino singular del pronombre indefinido ninguno; siyev,
tercera persona singular del imperfecto de indicativo en voz activo del verbo éxw,
tener, aquí como tenía, peilovoc, caso genitivo masculino singular del adjetivo
comparativo de grande, aquí como mayor; ójuóoo1, infinitivo aoristo primero de
indicativo en voz activa del verbo óuvUw, jurar, aquí como juró; (Wjuooev, tercera
persona singular del aoristo primero de indicativo en voz activa del verbo óuvúo,
jurar, aquí como juró; «0.0” forma de la preposición de genitivo «ama, por elisión y
asimilación ante vocal con espíritu áspero, que equivale a por; £autoU, caso genitivo
masculino singular del pronombre reflexivo sí mismo.

Tó yap *ABpadpu éroyyeihdapuevos Ó Ogóc. Entre los que heredan las


promesas y cuya fe es preciso imitar, está Abraham, espiritualmente hablando el
padre de los creyentes. La fe del patriarca es ejemplar, creyendo a Dios que le
prometía descendencia directa cuando ya le era, como hombre, imposible de
alcanzar. El Espíritu Santo da testimonio de aquella fe cuando dice que “creyó a
Jehová, y le fue contado por justicia” (Gn. 15:6; Ro. 4:3; Gá. 3:6). Es necesario
apreciar que la fe de Abraham no era algo propio sino el ejercicio de un don de
Dios, por lo que no es mérito humano. Abraham creyó a Dios, su llamado y sus
promesas y esa fe le fue contada por justicia. Lo que Dios contó por justicia es
lo que Abraham se apropió por la fe, la justicia de Cristo (Gn. 12:3). Él creía en
la fidelidad de Dios que cumpliría su promesa.

La seguridad de la promesa de Dios se establece y apoya mediante


juramento: érel kart” odvdevoc etyev peilovoc óudo0sL, Guocev kab”
¿autod, “No pudiendo jurar por otro mayor, juró por Sí mismo”. Las
promesas de los hombres establecidas bajo juramento en el nombre de Dios, les
aportan total credibilidad. Es evidente, pues, que los hombres juran poniendo a
Dios por testigo de ser verdad aquello que dicen, en cuyo caso se trata de un
344 HEBREOS VI

juramento asertivo, o de lo que prometen, siendo en este caso un juramento


promisorio, colocándolo por testigo omnisciente que conoce plenamente la
verdad de lo dicho, constituyéndolo en juez al estar sobre ellos. Con el
juramento pretenden dar carácter definido a lo que aseguran o prometen,
garantizados por Dios. El juramento establecido en la Ley, debía hacerse
siempre en el nombre de Dios (Dt. 6:13). Al jurar Dios por sí mismo garantiza
la promesa dada a Abraham asegurando el cumplimiento fiel de lo prometido.
¿Necesita Dios jurar para que sea creíble? El sentido de la expresión es
fácilmente comprensible, tratándose de una formula antropomórficas, que
equivale a establecer un decreto divino, firme e irrevocable. Cualquier promesa
hecha por Dios mismo es absolutamente fiel, ya que Él no puede negarse a sí
mismo (2 Ti. 2:13). En ese sentido es como si hubiese jurado por sí mismo, ya
que no hay otro mayor que pudiera acreditar lo prometido. No jura Dios a
Abraham para que sea creído, sino que su promesa es tan segura como pudiera
serlo bajo juramento. La expresión da una mayor solemnidad a la promesa, ya
que es imposible darle mayor certeza por cuanto procede de Dios mismo.

14. Diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré


grandemente.

léyov: el un v evloyOv evloyfow ge xo rAN8UVOvV TANDUVO Os:


Diciendo: De cierto bendiciendo bendeciré te y multiplicando multiplicaré te.

Notas y análisis del texto griego.

Siguiendo el mismo tema de la promesa cita el texto bíblico, Aéywv, caso nominativo
masculino singular del participio de presente en voz activa del verbo 2éyo, hablar,
decir, aquí como que dice, traduciéndolo mejor al castellano como diciendo; €i,
conjunción afirmativa sí; nv, partícula intensiva que equivale a sí, de veras, unida a la
conjunción afirmativa equivalen a de cierto, ciertamente, con seguridad, sudoyOv,
caso nominativo masculino singular del participio de presente en voz activa del verbo
evdoyéw, bendecir, aquí como que bendigo, traduciéndolo mejor como bendiciendo,
para mejor concordancia en español; eUloynow, primera persona singular del futuro de
indicativo en voz activa del verbo guloynoo, bendecir, aquí como bendeciré; oe,
caso acusativo singular del pronombre personal fe; «ai, conjunción copulativa y;
rÁnduvov, caso nominativo masculino singular del participio de presente en voz
activa del verbo rAn9Uvo, completar, acrecentar, crecer, aumentar, de ahí multiplicar,
en sentido de acrecentar, aquí como que multiplico, mejor seguir la traducción
multiplicando; tAMO9VVO, primera persona singular del futuro de indicativo en voz
activa del mismo verbo anterior rAn8uvo, completar, acrecentar, crecer, aumentar,
de ahí multiplicar, en sentido de acrecentar, aquí como multiplicaré; ce, caso acusativo
singular del pronombre personal fe.

La promesa dada a Abraham, que aceptó por fe, era una amplia promesa
de bendición en la que Dios decía: ei nv evloy0v evloynow os “De cierto
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 345

te bendeciré con abundancia”, literalmente: De cierto bendiciendo te


bendeciré. Esta bendición tenía que ver con la descendencia prometida a
Abraham: koi rANdUVVwv rANduvo ae, “y te multiplicaré grandemente”,
literalmente y multiplicando te multiplicaré. Considerada y recordada aquí en
consonancia con el pasaje histórico de la vida de Abraham. Primeramente en el
llamamiento que Dios le hizo para dejar Ur, su lugar de residencia: “Y haré de ti
una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás
bendición” (Gn. 12:2). Una nueva confirmación ocurrió con motivo de la
separación entre Abraham y Lot, en la que Dios promete territorio amplio para
él: “Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus
ojos y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al
occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para
siempre” (Gn. 13:14-15). Esa misma promesa de herencia terrenal le fue
confirmada en la formalización del Abrahamico: “Y le dijo: Yo soy Jehovd, que
te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra” (Gn. 15:7). La
primera promesa y las posteriores confirmaciones se produjeron cuando
Abraham aun no había tenido hijos. Esas promesas eran imposibles desde el
plano de los hombres, por la condición tanto de Abraham, entrado en años,
como de su esposa Sara, que era estéril (Gn. 19:11; Ro. 4:19). Es más, la
confirmación de la promesa se produjo cuando Abraham estaba ya, por edad,
incapacitado para procrear (Ro. 4:18a; He. 11:11, 12). La promesa fue aceptada
y creía por Él en base a que descansaba en la fidelidad de Dios, que como
juramento constituía un decreto divino que se cumpliría inexorablemente (v.
13). La referencia al juramento de Dios en confirmación de la promesa está
registrado también en la historia bíblica (Gn. 22:16-18).

15. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.

ko oUTOC. pmakpoduunoas énétuxev TC émayyehlo.c.


Y así aguardando pacientemente alcanzó la promesa.

Notas y análisis del texto griego.

Sigue el tema con ko41, conjunción copulativa y, oUtwc, adverbio de modo, así.
pakpoBuyunoac, caso nominativo masculino singular del participio aoristo primero en
voz activa del verbo Lakpobuyéw, tener paciencia, ser paciente, aquí en sentido
amplio como aguardando pacientemente, émétuyev, tercera persona singular del
aoristo segundo, efectivo, de indicativo en voz activa del verbo ¿miutuyyavw, ser hecho
partícipe, conseguir, alcanzar, aquí como alcanzó; Tñc, caso genitivo femenino
singular del artículo determinado /a; érayyedtac, caso genitivo femenino singular del
sustantivo que denota promesa.

Kai outocs makpoduunoas érétuyev tic érrayyehtac. El tiempo de


espera para Abraham no fue corto. El versículo enfatiza el hecho de aguardar
con paciencia el tiempo del cumplimiento de la promesa. La espera fue de años.
346 HEBREOS VI

Desde la formulación de la promesa, por parte de Dios, hasta el nacimiento de


Isaac, el hijo prometido, pasaron no menos de veinticinco años. Abraham tenía
setenta y cinco años cuando salió de Ur tras el llamado de Dios, esperando
desde entonces el cumplimiento de la promesa dada (Gn. 12:4). Abraham tenía
cien años cuando nación Isaac (Gn. 21:5). La promesa se demoraba
excesivamente conforme a la perspectiva humana. El patriarca era un hombre
viejo y, humanamente hablando, no tenía ninguna posibilidad de tener un hijo.
Sin embargo, la promesa procedía de Dios y Abraham creían en Dios, por tanto,
se dedicó a esperar Jakpoduunoas pacientemente el cumplimiento de lo que
le había sido prometido. Es muy interesante notar que la espera del
cumplimiento de la promesa no fue un tiempo de inquietud, sino de paciente
espera. Esa es la forma mejor de traducir el verbo griego, que expresa la idea de
paciencia. Abraham esperó con longanimidad, largueza y constancia de ánimo
en situaciones adversas. Esa paciente espera descansa en el conocimiento de
quien es Dios, por tanto la longanimidad, el ánimo ancho, convierte en gozoso
el tiempo de espera.

La espera dio paso a la alegría, ya que quien esperaba pacientemente,


alcanzó la promesa. En primer lugar el cumplimiento tuvo que ver con el
nacimiento de Isaac, el hijo prometido (Gn. 21:5). En segundo lugar, y más
tarde, en la seguridad de la preservación de la vida de ese hijo de donde vendría
la descendencia prometida que haría de Abraham el padre de multitudes (He.
11:19). Dios le permitió ver el cumplimiento potencial de la promesa al dejarle
ver el nacimiento de sus nietos, uno de los cuales, Jacob, elegido por Dios, daría
origen a toda la nación hebrea. Jacob nació cuando Isaac tenía sesenta años (Gn.
25:26) y Abraham murió cuando tenía ciento setenta y cinco años (Gn. 25:7),
por lo que estaba vivo cuando nació Jacob. Finalmente Dios le permitió ver en
visión personal —no sabemos de que manera- el día del Mesías (Jn. 8:56), en
quien alcanzarían bendición todas las gentes de la tierra. Este Jesús, el Salvador
del mundo, era descendiente suyo en cuanto a humanidad (Mt. 1:1; Ro. 9:5). Sin
duda Abraham interpretó la promesa de Dios en sentido de que de la
descendencia de Isaac llegaría aquel por medio de quien Dios bendeciría a todas
las naciones. La muerte de Abraham fue en fe, viendo de lejos el cumplimiento
de las promesas, acogiéndolas como cumplidas, y saludándolas en la distancia.
De este modo se gozo al ver el día de salvación para los hombres.

16. Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para
ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación.

AVOPOTOL YAP KATA TOD MelCOVOG ÓMVUOVOLV, KOLL TOLONG AUTOLG


Porque hombres por el mayor juran y detodo de ellos
avtioyias répas sic Befaíwmorv Ó Opkoc'
discusión término para confirmación el juramento.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 347

Notas y análisis del texto griego.

Retomando el tema del juramento escribe 4v9pwro1, caso nominativo masculino plural
del sustantivo genérico hombres, personas; seguido, como es propio en griego de yap,
conjunción causal porque, pospuesta al nombre y que en español lo precede actuando
como conjunción coordinativa, kata, preposición de genitivo por; TOD, caso genitivo
masculino singular del artículo determinado el, aunque en esta construcción griega
podría reemplazarse por el indeterminado uno; jeiflovoc, caso genitivo masculino
singular del adjetivo comparativo de grande, mayor, óuvVovovv, tercera persona plural
del presente de indicativo en voz activa del verbo ójvúo, jurar, aquí como juran,
seguido de kai, conjunción copulativa y; rdonc, caso genitivo femenino singular del
adjetivo indefinido declinado de foda; «amrtoic, caso genitivo masculino plural del
pronombre personal declinado de ellos; «vtiLoyiac, caso genitivo femenino singular
del sustantivo que denota discusión, contienda, contradicción, disputa, TÉpac, caso
nominativo neutro singular del sustantivo que denota término, intento, prueba,
experiencia, fin, límite; ei, preposición de acusativo para; BePaiworwv, caso acusativo
femenino singular del sustantivo que denota confirmación; óÓ, caso nominativo
masculino singular del artículo determinado el; Ópkoc, caso nominativo masculino
singular del sustantivo juramento

”Av8poTTOL YyAP KATA TOD peiCovos ópmvdovotv. Retomando


nuevamente la referencia al juramento, se detiene para expresar la solidez que le
confiere a una afirmación. Los hombres apelan a Dios, tod pusilovoc, el
mayor, como se lee literalmente en el texto griego para establecer el juramento.
Él dispuso en su Ley que el juramente se hiciese en su nombre (Dt. 6:13).
Abraham mismo, a quien se está haciendo referencia en el pasaje, juró por Dios
(Gn. 14:22; 21:23, 24) y recabó también el mismo juramento a otros, cuando
quiso tener seguridad de que se haría conforme a lo prometido (Gn. 24:3).
Cuando alguien juraba por Dios se sometía incondicionalmente al juicio divino
que corresponde al perjuro.

Kai raons avutois davtiloyiac répac sic Pepfaiwmorv Ó Opkoc.


Cualquier discusión o juicio concluía cuando se interponía juramento, ya que es
un modo de reconocer a Dios como Juez supremo y apelar a su justicia en caso
de no ser verdad aquello que se afirmaba o lo que se prometía.

17. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los


herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso
juramento;

év 4 repicoótepov BovAduevos Ó Osos ¿émdsican tOlg kAmpovópuo1c


Por lo cual más abundantemente queriendo - Dios mostrar a los herederos
Ms érayyeMac tó AuetaBerov tig PBovARNs AVTOL EueoltevdEV ÓPKO,
dela promesa lo inmutable dela resolución de Él interpuso juramento.
348 HEBREOS VI

Notas y análisis del texto griego.

Siguiendo el tema establece una conclusión con gv, preposición de dativo, por; seguida
de 6, caso dativo neutro singular del pronombre relativo lo cual, tep100ÓTEPOV,
adverbio, que es el neutro del grado comparativo de rep1000c, con sentido de sobrante,
de más, en abundancia, aquí con significado de mucho más que o también más
abundantemente, BovkAóuevoc, caso nominativo masculino singular del participio de
presente en voz media del verbo Bov2ouau, querer, desear, decidir, aquí como
queriendo; ó, caso nominativo masculino singular del artículo determinado el, que no
se usa en castellano al determinar a nombre propio; Os0c, caso nominativo masculino
singular del nombre de Dios; ¿miSeigoa, aoristo primero de infinitivo en voz activa del
verbo émbsikvopi, intensivo con éni, sobre, y Seikvuu1, mostrar, aquí sería
sobremostrar, de ahí demostrar, el verbo expresa aquí la idea de una súper
demostración, de algo; toic, caso dativo masculino plural del artículo determinado
declinado a los; kAmpovópotc, caso dativo masculino plural del sustantivo que denota
herederos; Thc, caso genitivo femenino singular del artículo determinado declinado de
la; émayyeMac, caso genitivo femenino singular del sustantivo promesa; TO, Caso
acusativo neutro singular del artículo determinado /o; «uetadetov, caso acusativo
neutro singular del adjetivo inmutable; Tñc, caso genitivo femenino singular del
artículo determinado declinado de la; PovAns, caso genitivo femenino singular del
sustantivo plan, resolución, decisión, propósito, intención; AWÓTOD, caso genitivo
masculino singular del pronombre personal declinado de él; ¿meottevogv, tercera
persona singular del aoristo primero de indicativo en voz activa del verbo jeorrevo, en
el griego clásico estar en medio, intervenir, mediar, en koiné con las connotaciones de
confirmar, garantizar, aquí siguiendo la acepción del griego clásico como interponer,
en sentido de interpuso; Ópkw, caso dativo masculino singular del sustantivo,
Instrumental, juramento.

"Ev Ó repioootepov BovAduevoc Ó Oe0c émodsican. El propósito de


Dios es determinante y su designio se cumple siempre en plenitud. El escritor
retoma nuevamente la figura del juramento, relacionándolo con las promesas
inmutables de Dios, en el sentido de que procuraba mostrar lo irrevocable de sus
promesas. La forma verbal ¿moósicor traducida como mostrar es un intensivo
en el griego”', que equivaldría a supermostrar, y de ahí demostrar, como
añadir algo a aquello que se muestra. El sentido del juramento de Dios
comprende una superdemostración de la promesa hecha. La inmutabilidad del
designio de Dios es demostrada confirmándolo por Él mismo. Por tanto, la
palabra de Dios es garantía por sí sola, pero, confirmada por Él, le confiere
plena seguridad y la hace doblemente segura.

Toic kAnpovopotc tic érayyehtac. Los herederos de la promesa,


incluía en el tiempo de la Epístola, a los destinatarios de ella, que pudieran ser
de aquellos que habían sido convertidos por la predicación de los apóstoles
(Hch. 4:32). Ellos mismos que habían sido salvos, eran ya evidencia del

21 Griego: émbdelkvupt.
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 349

cumplimiento de la promesa. Igualmente incluía la esperanza escatológica que


todo creyente tiene.

La acción de Dios se detalla al decir que ¿ueoitevozv Ópkw “interpuso


juramento”. El verbo interponer, traslada aquí la idea que expresa en el griego
clásico de estar en medio, como si dijese literalmente “Dios estuvo en medio
con juramento”, referencia al ceremonial de la confirmación de la promesa a
Abraham (Gn. 15:8ss). Ese era el ceremonial propio para la confirmación de
los pactos (Jer. 34:18-19). Dios manifiesta su presencia en el ritual indicado a
Abraham de los animales seccionados en dos, a la caída de la tarde, donde se
produjo un profundo sueño en el patriarca, unido a un temor reverente,
consciente de la presencia de Dios en el lugar. Una nueva prueba de fe le fue
impuesta a Abraham que hubo de esperar todo el día mientras Dios difería el
aparecerse para la confirmación de la promesa. El tiempo en que vino fue “a la
caída del sol”, lo que enseña que Dios mantiene a los suyos, en muchas
ocasiones, por tiempo en espera de las bendiciones prometidas, para probar y
con ello afianzar su fe; es posible que las promesas y la respuesta a la oración —
Abraham había pedido confirmación (Gn. 15:8)- pueden demorarse, pero
siempre llegan con seguridad. Allí, caminando entre los animales muertos, en la
representación del horno humeante y de la antorcha de fuego, eran la
confirmación del pacto que Dios había hecho con él a modo de promesa. Allí le
comunicó a su siervo la profecía tocante a los cuatrocientos años de esclavitud
de sus descendientes en Egipto, confirmándole que a la cuarta generación serían
liberados y en ellos se cumplirían las promesas referentes a la tierra prometida y
a las bendiciones como pueblo que le había conferido antes. En este sentido
Dios se comprometía a actuar como garante de la promesa hecha. La propia
fidelidad de Dios le obliga al cumplimiento de la promesa; lo contrario sería
“negarse a Sí mismo” (Q Ti. 2:13).

18. Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios
mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para
asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.

va ÓLQ Sy0 Tpayudtov AuetaDétovV, év Oc ASUVATOV


Para que por medio de dos actos inmutables en losque imposible
wevcacdoar tOV Ogdv, ioxuvpav rapaxinoiw Exouev ot
que mienta - Dios fuerte consuelo tengamos los
KATOAQUYÓVTEG. Kpartfool tic Tpokepuévns ¿dridoc
que buscamos refugio para asirnos de la puesta delante esperanza.

Notas y análisis del texto griego.

Siguiendo el argumento escribe Íva, conjunción final, para que; $1, preposición de
genitivo por medio de; So, caso genitivo neutro singular del adjetivo numeral cardinal
declinado de dos; Tpayudatov, caso genitivo neutro singular del sustantivo que denota
350 HEBREOS VI

asunto, cosa, suceso, litigio, acto, acción hecho realizado, obligación, empresa, etc.
aquí como actos; ¿uetaBétov, caso genitivo neutro plural del adjetivo inmutable; ¿v,
preposición de dativo en; 01, caso dativo neutro plural del pronombre relativo los que;
ASUVOTOV, caso nominativo neutro singular del adjetivo imposible; wevcacda,,
primer aoristo de infinitivo en voz media del verbo wevSoja1, mentir, aquí como
mienta, o que mienta, tOV, caso acusativo masculino singular del artículo determinado
el, que no se usa en español al determinar a nombre propio; Oeóv, caso acusativo
masculino singular del nombre de Dios; ioxupav, caso acusativo femenino singular
del adjetivo fuerte, poderoso; Tapakilnov, caso acusativo femenino singular del
sustantivo que denota consuelo; Éxwpuev, primera persona plural del presente de
subjuntivo en voz activa del verbo Éxw, tener, aquí como tengamos; Ot, caso
nominativo masculino plural del artículo determinado /os; kaTapuyÓvVTEC, Caso
nominativo masculino plural del participio aoristo segundo, articular, del verbo
kataqeuyo, huir, buscar refugio, aquí como que buscamos refugio, «pathoan,
aoristo primero de infinitivo en voz activa del verbo kpartéw, agarrar, tomar, retener,
asir, aferrar, aquí declinado como para asirnos; Tic, caso genitivo femenino singular
del artículo determinado declinado de la; rpoxeiuévnc, caso genitivo femenino
singular del participio de presente en voz pasiva del verbo rpóxeyuan, estar puesto
delante, estar presente, aquí como puesta delante; ¿dbmidoc, caso genitivo femenino
singular del sustantivo que denota esperanza.

“Iva $10 S8U0 Tpayuatov AuetaBétov. Las dos bases del compromiso
divino vuelven a ser enfatizadas para remarcar la seguridad absoluta de las
palabras de Dios. La primera es la misma promesa de Dios, que hace siempre
honor a Su palabra. Dios es imposible que mienta, por tanto, cuando afirma algo
lo cumple (Q Co. 1:20). Ciertamente todas las promesas de Dios tienen, para los
creyentes, cumplimiento perfecto y absoluto en Cristo, quien más que el amén
de Dios, es Dios en estado de amén. El cumplimiento alcanza no a algunas sino
a todas las promesas. Con Él y en Él, Dios da al creyente todas las cosas (Ro.
8:31). La segunda base del compromiso divino es el juramento interpuesto que,
como se consideró antes, certifica y garantiza el cumplimiento de lo prometido:
¿v Oc áSUVatov ywedvcoacda. tóv Ozóv, en los que es imposible que Dios
mienta.

Estas dos razones producen en el creyente ioxupav Tapaxkinolv


gxopuev, “un fortísimo consuelo”, porque la seguridad del cumplimiento de
cuanto Dios ha prometido, supera en todo a las mayores dificultades y a la
paciente espera en la experiencia de la vida de los creyentes. La palabra
consuelo tiene que ver con venir al lado, de manera que las promesas de Dios
vienen al lado del cristiano para darle el aliento necesario en las tribulaciones.

El aliento es para Ol KQATOAQUYÓVTES KPatñoal TNG TpokeluévnS


ghridoc, “los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante
de nosotros”. No hay duda alguna que esto comprende y alcanza colectiva e
individualmente a cada creyente. Sólo los que creen en Dios y creen a Dios
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 351

pueden ser considerados como refugiados en la esperanza, que es el sentido que


tiene en el texto griego el verbo traducido como asirnos. La idea que expresa es
la de huir de algo para refugiarse en otra cosa. Los creyentes huyen del mundo
para refugiarse en el puerto de la esperanza. La esperanza propuesta y expresa
en las promesas, es el refugio para el creyente. En esa huida hacia lo seguro, el
creyente se aferra a la esperanza, descansando y sustentándose en ella, seguros
de que Dios cumple lo que promete. Esta esperanza es el recurso necesario para
superar las dificultades y seguir adelante en el camino hacia la perfección en el
encuentro con Jesús.

19. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra
hasta dentro del velo.

nv Ws Aykupav Exouev TÍ YUXNS dopadi te kon PeBaov rot


La cual como ancla tenemos del alma segura ytambién firme y
el0Epomévnv elc TO EOWTEPOV TOD KOLTOMTETOO MOTOS,
que entra hasta lo interior del velo.

Notas y análisis del texto griego.

Sigue la argumentación con Nv, caso acusativo femenino singular del pronombre
relativo la que, la cual; Wc, adverbio de modo, como, que hace las veces de conjunción
comparativa; Gykupav, caso acusativo femenino singular del sustantivo que denota
ancla, Ex opev, tercera persona plural del presente de indicativo en voz activa del verbo
éyo, tener, aquí como tenemos; Tc, caso genitivo femenino singular del artículo
determinado declinado de la; wuxc, caso genitivo femenino singular del sustantivo
alma, Goa, caso acusativo femenino singular del adjetivo segura; te, partícula
conjuntiva, que puede construirse sola, pero generalmente está en correlación con otras
partículas, en este caso, al preceder a kai, conjunción copulativa y, adquieren juntas el
sentido de como con, tanto como, no solamente, sino también, y también; BePBaiayv,
caso acusativo femenino singular del adjetivo firme; «oi, conjunción copulativa y;
el0EpxOmMévnv, caso acusativo femenino singular del participio de presente en voz
media del verbo sicépyo par, entrar, llegar hasta, aquí como que entra, ic,
preposición de acusativo hasta; TO, caso acusativo neutro singular del artículo
determinado lo; ¿oWtepov, caso acusativo neutro singular del sustantivo que denota
interior, TOD, caso genitivo neutro singular del artículo determinado declinado de lo,
masculino en castellano del; wartarmetaouatos, caso genitivo neutro singular del
sustantivo que denota velo, cortina.

“Hv 05 Gykupav gxouev TÑÍC WUXNS APar te koi Befatav. La


esperanza es ahora comparada con un barco azotado por el temporal que se
mantiene sin ser arrastrado gracias a la solidez del ancla. El ancla es firme
porque no resbala. La palabra traducida como segura está relacionada con ese
concepto. La firmeza está vinculada con el alma, que este contexto equivale a
persona. Cada creyente tiene firme seguridad en la esperanza, porque no
352 HEBREOS VI

resbala, es decir, no se escapa de las manos, sino que se mantiene firme porque
descansa en promesas de Dios.

Además la base de la esperanza en que sicepxopévnv gig TO EOMTEPOV


TOU KQATATETACHATOC, “penetra hasta dentro del velo”. El ancla de la
esperanza está asegurada en algo inamovible que es Dios mismo. La referencia
al velo adquiere aquí el sentido de lo que era la cortina que dividía el santuario
en las dos partes, el Lugar Santo y el Santísimo, en donde estaba el arca y en
cuyo lugar se manifestaba de forma especial la presencia de Dios (Ex. 23:33). A
ese lugar sólo accedía una vez al año en sumo sacerdote (Ex. 30:10; Lv. 16:2,
12; He. 9:7, 25). La figura del ancla es sumamente interesante: por un lado está
firmemente establecida en el creyente y por el otro segura en Dios mismo. Un
ancla sobre arena superficial no es garantía de seguridad, pero sí lo es cuando
está firmemente sujeta a la roca. El ancla no se ve, pero se siente firme porque
retiene al alma. De este modo, sujetos en la esperanza, los creyentes no resbalan
ni son llevados a la deriva (2:1, 2). La figura establece también un contraste: el
ancla de un navío lo sujeta desde el fondo del mar, el ancla de la fe cristiana
sujeta al creyente desde arriba, desde el mismo cielo, donde está sentado el
Señor a la diestra deDios.

La esperanza del creyente es mucho más que promesas, es Dios mismo.


El apóstol Pablo enseña que la esperanza del cristiano es Cristo (Col. 1:27). La
vinculación con Cristo de quien es y procede todo, tanto en el presente con el
futuro, constituye la esperaza cierta para el cristiano. Cada creyente está unido
vitalmente al Señor, de modo que la vida ya gloriosa de Cristo, es la vida
comunicada del creyente. Siendo Jesús una realidad consumada, lo será también
de cada uno de los que estamos vinculados a Él (Ef. 4:13; 1 Ti. 1:1). La
presencia del Señor en cada uno de los suyos es ya esperanza de gloria,
conforme a Su propia enseñanza (Jn. 11:25-26). La gloria escatológica descansa
en el recogimiento de los suyos, no a un lugar, sino a Él mismo (Jn. 14:1-4). La
vida eterna es una admirable esperanza de gloria por cuanto no tiene término y
esta vida se alcanza sólo en Cristo (1 Jn. 5:12). Tal es la relación de la esperanza
con nuestro Señor que el apóstol Juan afirma: “Amados, ahora somos hijos de
Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que
cuando El se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como
Él es” (1 Jn. 3:2). La herencia eterna que forma parte del contexto de la gloria
que esperamos y que le corresponde a ÉL ya que todo fue hecho en Él, por Él y
para Él, nos corresponde a los santos por estar en Él (Col. 1:12). Además, la
seguridad de gloria está unida el hecho de que por la gracia que salva tenemos
la certeza de que seremos presentados ante su gloria (Col. 1:22, 28). La
esperanza de gloria está siempre unida a Cristo (Ro. 5:2; 8:18-23; 1 Co. 15:12
ss.; Fil. 3:20, 21; Col. 3:4, 24; 1 Ts. 2:19; 3:13; 4:13-17; 2 Ts. 1:10; 2 Ti. 1:12;
4:8; Tit. 2:13). Con todo, la esperanza no tiene que ver sólo con los
ADVERTENCIA Y CONFIANZA 353

acontecimientos y tiempo escatológicos, sino con el presente y la realidad de


cotidiana. La esperanza para la iglesia es Cristo mismo con su compromiso de
edificarla cada día (Mt. 16:18). Los recursos de poder están en Él (Fil. 4:13).
Las lágrimas del creyente, las dificultades del camino, los sufrimientos, las
angustias y tribulaciones, no se confrontan en soledad, sino en la compañía del
Señor que provee de aliento, consuelo, calma y esperanza. Nunca estamos solos,
porque Él está con nosotros todos los días hasta el fin (Mt. 28:20). Podrá ser que
aparentemente pasemos desapercibidos para muchos; acaso nos parezca que en
las grandes dificultades estamos solos; pero, el Señor está siempre a nuestro
lado y su gracia, como bálsamo del cielo, hace provisión para cuantas heridas se
produzca y su misericordia, como fiel medicina celestial, cura nuestros males,
su mirada de amor y el contacto de su mano nos dice a cada uno en nuestra
circunstancia personal, las mismas palabras que dio a su siervo Josué: “Mira
que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque
Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas” (Jos. 1:9). Esa es la
razón por la que podemos ver el presente con seguridad y el futuro con
esperanza que nos permite dar “a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en
triunfo en Cristo Jesús” (2 Co. 2:14).

20. Donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote
para siempre según el orden de Melquisedec.

órov kapóSpopos ÚrEp MuOv sionABev "Inoodc, kata mv taÉLv


Donde precursor por nosotros entró Jesús según el orden
Melxioédek QdpxlepeUd yevóMevoc €lc TOV OLLÓvVOL.
De Melquisedec sumo sacerdote hecho hasta el siglo.

Notas y análisis del texto griego.

La conclusión a todo cuanto antecede se expresa con seguido del adverbio relativo
Órov, donde; TPóOSpOpoOc, caso acusativo masculino singular del adjetivo precursor;
ÚTEP, preposición de genitivo por; Nov, caso genitivo plural del pronombre personal
nosotros; sion A0ev, tercera persona singular del aoristo segundo de indicativo en voz
activa del verbo épxopoan1, entrar, aquí como entró; ”IncoUc, caso nominativo
masculino singular del nombre propio Jesús; kata, preposición de acusativo según;
TNvV, caso acusativo femenino singular del artículo determinado /a; taÉiv, caso
acusativo femenino singular del sustantivo orden; Melxioédex, caso genitivo
masculino singular del nombre propio declinado de Melquisedec; dpyiepeUc, caso
nominativo masculino singular del sustantivo que denota sumo sacerdote; yevóMevoc,
caso nominativo masculino singular del participio aoristo segundo en voz media del
verbo yivojon, llegar a ser, empezar a existir, hacerse, ser hecho, aquí como hecho;
glc, preposición de acusativo hasta; tOvV, caso acusativo masculino singular del artículo
determinado el; aíWwva, caso acusativo masculino singular del sustantivo que denota
siglo, época, tiempo, eternidad.
354 HEBREOS VI

“Orov rpódpopos Úúrrep MuWv sionAdev ”Incobc. Jesús, que es la


esperanza cristiana, entró tras el velo del santuario celestial para preparar el
lugar que concretará Su promesa para el creyente (Jn. 14:1-4). Resucitado de
entre los muertos, fue ascendido al trono de la Majestad en las alturas entrando
en el Lugar Santísimo del cielo, no tanto como precursor —forma de traducción
del texto en la mayoría de las versiones- sino precursor en sí mismo. Es decir,
Jesús entró tras el velo abriendo un camino que será seguido luego por todos los
que son suyos. El camino cristiano es fácil de seguir por cuanto está
indeleblemente marcado por los pasos de Jesús (1 P. 2:21). El creyente sigue a
Jesús en la senda del sufrimiento, pero también en la del triunfo victorioso.
Todo es posible para los cristianos en el poder del Resucitado (Fil. 4:13). Este
camino, dificultoso a los ojos de los hombres, en el tramo terrenal, accede a la
presencia de Dios en la gloria, constituyéndose en esperanza real para cada uno.
El primer hombre, el gran precursor, entró tras el velo por la resurrección y
desde entonces un hombre glorificado está en el cielo, revestido de gloria e
inmortalidad (1 Co. 15:20; Col. 1:18). Ascendido está sentado a la diestra de
Dios (1:3). En semejanza a Él y siguiendo las pisadas que como precursó dejó
marcadas, siguen los demás que son suyos en unidad de vida y de esperanza.

Quien es nuestra esperanza, es también nuestra bendición, porque el que


es precursor y entró en el cielo, es kata tv tai Melxioédek APxlEPEUC
yevóuevoc gig tOV ajnva, “hecho Sumo Sacerdote para siempre según el
orden de Melquisedec”. El precursor entró por nosotros, es decir, en relación
con los cristianos. El oficio sacerdotal tiene que ver con los creyentes. La
entrada del sumo sacerdote garantiza la entrada de los suyos al trono de la
gracia. Sentado en la Majestad de las alturas actúa a favor de los suyos, como
intercesor (7:25) y como representante (Ef. 2:6).

Así escribe el profesor Nicolau:

“Los cristianos tienen en Cristo su áncora, que les fija firmemente sin
desfallecimientos en Dios. Él es la esperanza que los sostiene con su función
mediadora y sacerdotal, que continúa en los cielos. Allí está el Pontífice, según
el alto orden de Melquisedec, que inmediatamente se va a explicar. Allí está
para anunciarnos e introducirnos; no como el sumo sacerdote aaronítico, que
sólo entraba él. Allí está; no como el sumo sacerdote, que entraba una vez al
año y salía. Allí está sin desmayos ni vaivenes, con fijeza perpetua, para
asegurar a los que asen de esta esperanza. Allí está para siempre ”%

Si El que está allí es precursor de su pueblo, se abre la certeza de la


admisión de todos los suyos al lugar donde El está. Es el Sumo Sacerdote,

2 Miguel Nicolau. o.c., pág. 81.


ADVERTENCIA Y CONFIANZA 355

según el orden de Melquisedec, por tanto, luego de un largo paréntesis


exhortativo, se retoma el tema del sacerdocio de Cristo que explicará en el
siguiente capítulo.

Dos sencillas reflexiones sugieren el capítulo que se ha considerado. La


primera tiene que ver con el crecimiento de cada creyente hacia la madurez
espiritual. El único medio para ello está en leer, meditar, amar y obedecer la
Palabra. Conformarse con el alimento sencillo de los rudimentos doctrinales es
condenarse a un continuo infantilismo espiritual, que debilita al creyente hasta
dejarlo en la condición de niño en Cristo, fácilmente llevado lejos de la verdad
(Ef. 4:14). Cristo relacionó a los discípulos con la Palabra en su ministerio. En
la oración del Señor la Palabra es el elemento conductor de la vida cristiana,
conforme a su pensamiento (Jn. 17:6, 8, 14, 17). Hay quienes consideran que
saben lo suficiente de la Palabra y se quedan ahí. Para los tales es la advertencia
solemne que se ha considerado antes (6:11-14). Muchos creyentes están
caminando sin luz que oriente sus pasos porque no están relacionándose y
viviendo a la luz de la Palabra que ilumina el camino (Sal. 119:105). Algunos
viven desorientados en su vida y conducta porque han dejado la Palabra. La
santidad de cada creyente, especialmente la de los jóvenes, tiene que ver con la
Palabra (Sal. 119:9). Es más, las amistades edificantes, las que son propias para
el creyente están determinadas por la relación con la Palabra, como decía el
salmista: “Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus
mandamientos ” (Sal. 119:63). No es posible buscar aspectos espirituales para la
vida cristiana, como puede ser la oración, si se deja la vinculación y
dependencia de la Palabra ya que “el que aparta su oído para no oír la Ley, su
oración también es abominación” (Pr. 28:9). El capítulo llama a cada uno a una
pregunta personal: ¿Qué es la Biblia para mí, y donde está en mi vida? Los
líderes en la obra deben enfatizar la enseñanza bíblica en las iglesias, de modo
que se predique la Palabra. Individualmente cada uno debiéramos estar dando
tiempo a la lectura, estudio y meditación de la Biblia. En una sociedad
tecnificada, debemos recordar que los libros hacen científicos, pero solo la
Biblia hace sabios.

La segunda tiene que ver con la vinculación del creyente con Cristo. La
vida cristiana no es tanto hablar de Cristo, sino vivir a Cristo (Fil. 1:21). No se
puede vivir conforme a la voluntad de Dios sin vivir a Cristo mismo en el
poderoso medio de la crucifixión y resurrección con Él (Gá. 2:20). El único
modo de firmeza y consuelo es mantenerse asido de Él, que es la única
esperanza (Col. 1:27). Cristo enseñó a los suyos que separados de Él nada se
puede hacer (Jn. 15:5). Los recursos de poder proceden del Señor (Ef. 4:13). La
vida victoriosa es la vida de fe, en plena dependencia de Cristo.

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