Departamento de Lengua y Literatura
Docentes: ignacio Navarro
Liceo Juan Dante Parraguez A 2025
Los Avances de China y Japón
Tras la Segunda Guerra Mundial, dos estados muy dispares lograron desempeñar un
importante papel en la política mundial recurriendo a métodos diferentes. Esos países
fueron China y Japón.
Tras la proclamación de la República Popular de China el 1° de octubre de 1949, los
comunistas quisieron modernizar el país, económicamente subdesarrollado. Para ello
necesitaban ayuda, y la obtuvieron de la Unión Soviética, que envió a miles de
especialistas. Siguiendo el modelo Soviético, la producción y la distribución de bienes
debían estar dirigidas desde el centro. Además, al igual que en la Unión Soviética, la
industria pesada sería prioritaria. El objetivo era alcanzar lo antes posible a las naciones
industrializadas del mundo. En agricultura se llevo a cabo una reforma agraria en el curso
de la cual se expropió a los grandes propietarios y se ejecutó a más de 800.000. De ese
modo quedó claramente demostrado que China había tomado como modelo a la Unión
Soviética estalinista en múltiples aspectos. Las tierras expropiadas fueron redistribuidas y
fusionadas en grandes unidades de cuya explotación se encargaba una comunidad
compuesta por varias localidades rurales. Pero ni la industria ni la agricultura chinas se
desarrollaron según lo planeado. En 1958, Mao Tse – tung proclamó el Gran Salto Adelante.
La mano de obra barata del campesinado debía sustituir en la agricultura y la industria la
falta de capital. En el campo se crearon “comunas populares” constituidas por unas 20.000
personas. Su misión era producir en las explotaciones agrarias y en pequeños talleres
artesanales e industriales lo suficiente como para que los municipios se autoabastecieran.
La incorporación plena de las mujeres al proceso productivo y la creación de guarderías,
internados escolares, y comedores y dormitorios comunes ocuparían el lugar de las
agrupaciones familiares e impulsarían la formación del nuevo hombre comunista. El objetivo
de Mao era conseguir de manera simultánea el auge económico y el paso a la sociedad
comunista.
Pero el éxito esperado no llegó tampoco con el Gran Salto Adelante. Al contrario; la
producción de alimentos retrocedió tanto que estalló una hambruna de la que fueron
víctimas más de 20 millones de chinos. A continuación, Mao declaró culpables del fracaso
de su visión a funcionarios del Partido y el Estado que, según él, seguían prisioneros de las
maneras de pensar y las forma de vivir tradicionales. En 1966 proclamó la Gran Revolución
Cultural Proletaria. “Burócratas”, “revisionistas”, y “contrarrevolucionarios” fueron
denunciados públicamente en periódicos murales, detenidos en sus departamentos
oficiales, empresas y aulas y paseados por las calles. La Guardia Roja, compuesta por
escolares y universitarios fieles a Mao, se mostró especialmente activa. Se le encomendó
reeducar políticamente a los “disidentes” y procurar que las enseñanzas del Gran
Presidente se grabaran en las cabezas de todos. Pero aquella Guardia Roja ejerció cada
vez más un poder arbitrario y de terror. Muchos cientos de miles de intelectuales fueron
muertos o encerrados en campos de trabajo. El terror de la Guardia Roja sólo cesó con la
intervención decidida del ejército. En 1969, se declaró finalizada la Revolución Cultural de
Mao. Seguidamente estalló un conflicto en el Partido Comunista entre “ideólogos de
izquierda “ y “pragmáticos de derecha”, solventando a su favor por estos últimos tras la
muerte de Mao en 1976. Se intensificó la apertura a Occidente, iniciada ya en vida de Mao.
China aprovechó el capital, la maquinaria y la técnica de Occidente y concedió más libertad
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de actuación a la iniciativa privada, con lo que se produjo un “milagro económico chino”. Las
tasas de crecimiento superaron el 10 por 100 anual. Sin embargo, tras las reformas
económicas no llegó la renovación política esperada por muchos, lo cual dio pie a un
creciente descontento. Los chinos que protestaban y se manifestaban contra el régimen
fueron cada vez más numerosos a partir de la primavera de 1989. El punto culminante de
las protestas fue una manifestación de más de un millón de personas en Pekín, en la plaza
de la Paz Celestial. En la noche del 3 al 4 de junio de 1989, los dirigentes del Estado
ordenaron aplastar con los tanques a los estudiantes que se manifestaban pacíficamente.
La represión puso de manifiesto de manera cruenta que no habría “occidentalización” en el
terreno político. Las empresas norteamericanas y europeas no se desalentaron.
China, con sus 101.100 millones de habitantes, era y sigue siendo un importante socio
económico.
Con el paso de los años, China fue adquiriendo también un mayor peso político. En la
década de 1960 rompió con la Unión Soviética. El país más poblado de la Tierra buscó una
vía propia entre las dos superpotencias. En 1964 se unió al pequeño círculo de las
potencias nucleares, y en 1972 fue miembro de la ONU. Desde entonces, China posee en
esta organización una voz de peso y forma parte de las grandes potencias mundiales. En
Japón, la situación evolucionó de manera distinta y más regular que en su vecina China.
Tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, el país fue ocupado por los
norteamericanos, que iniciaron, como en Alemania occidental, un proceso de
democratización, organizaron la enseñanza y suprimieron los latifundios. Japón tuvo ya en
1974 una Constitución nueva que convirtió el país en una democracia parlamentaria. El
emperador siguió siendo jefe del Estado, pero no tuvo ya ningún poder político y su función
se limitó a la de símbolo de la unidad nacional. La reconstrucción económica fue apoyada
generosamente por EE.UU, que vio en su antiguo enemigo un importante pilar en que
apoyar su posición en Asia oriental. Con la firma del tratado de paz en 1951, Japón volvió a
ser un Estado soberano y aliado de EE.UU. En 1956 tuvo lugar su ingreso el ONU. La
economía japonesa comenzó a crecer por aquellas fechas con rapidez cada vez mayor.
Aparatos de radio, televisión y vídeo, material y cámaras de fotografía, ordenadores, robots
industriales y coches Made in Japón conquistaron los mercados del mundo entero. Aquel
rapidísimo auge convirtió al país en la segunda potencia económica detrás de EE.UU en un
plazo de sólo 20 años.
Mai, Manfred: Breve Historia del Mundo. Océano