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Historia Universal I, El Mundo Antiguo

Historia Universal I, El Mundo Antiguo

LOS SUMERIOS:
EL DESPETAR
DE LA
CIVILIZACION
Gracias a la aplicación de la agricultura de regadío, el
progreso de las ciudades, el comercio y, sobre todo, la
invención de la escritura, la región meridional de
Mesopotamia alcanzó a mediados del IV milenio a. C. un
desarrollo cultural sin precedentes.

Donde los dos grandes ríos de Mesopotamia discurren hacia el


golfo Pérsico, se extiende hoy una amplia área de tierras
pantanosas. Mas arriba, se extiende hacia el norte una tierra Ilana a
través de la cual fluyen el Tigris y el Éufrates; por el este esta
limitada por montañas, en el oeste por el desierto, y hacia el norte
por las altas montañas del este de Turquía.
En verano esta llanura es extremadamente calurosa y ningún
vegetal puede crecer salvo que sea regado, pues la lluvia es
inexistente. La vida en el llano es, pues, imposible sin el agua del
Tigris y del Éufrates -, nombres que estos ríos poseen tan lejos en el
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tiempo como pueda recordarse-. No obstante, las inundaciones de


estos ríos, a diferencia del Nilo, se producen en la época mas
inconveniente para el agricultor. El grano, sembrado en noviembre,
crece a pesar de la escasez de agua, pero hacia marzo, cuando casi
esté maduro, los ríos alcanzan su máxima crecida, y solo con gran
dificultad el agricultor puede evitar que las aguas arrasen sus
campos y la cosecha tan duramente ganada.
Al notarse los primeros síntomas del cambio de clima, al acabar el
periodo glacial, grandes grupos de sumerios debieron de emigrar
siguiendo las corrientes de agua hasta establecerse en el delta del
Éufrates. Donde la tierra quedaba al descubierto de las aguas, se
formaron grupos de chozas que después fueron las viejas ciudades
de caldea. Otro hecho significativo es que los sumerios, al arribar a
Caldea, se trajeron consigo sus pesados carros de ruedas, ya
conocidos, no solo en el Asia central y en Transcaucásica, donde les
eran de gran utilidad en amplios espacios abiertos que no exigían el
trazado de caminos y en los que el fango no obstaculizaba su
marcha. Son poco mas o menos los mismos carros que encontrara
sir Leonard Wooley en las tumbas reales de Ur. En Summer, además
de ser tirado por bueyes, posiblemente fueron uncidos a los
mismos, utilizando guarniciones especiales, caballos y onagros,
estos últimos una variedad salvaje de asno.
Es un hecho indiscutible que los primeros humanos que habitaron la
tierra de Sumeria aprendieron no solo como hacer crecer el grano y
obtener cosechas, sino también como controlar los ríos,
distribuyendo sus aguas mediante zanjas y canales en época de
escasez, y construyendo presas y canales de desagüe para proteger
los campos de las inundaciones. El desafío del nuevo medio, así
como
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la necesidad de la mutua cooperación para hacer buen uso del


abastecimiento de agua, debieron de actuar como estimulantes que
ayudaron a crear la civilización que allí surgió.
El sur de Mesopotamia, pese a tener un clima muy seco y cálido, es
en realidad una región extraordinariamente fértil y apta para la
agricultura, puesto que está irrigada por los ríos Tigris y Éufrates.
Cada primavera, al fundirse las nieves de las montañas, estos ríos y
sus afluentes se desbordan e inundan las tierras ribereñas,
depositando en sus márgenes grandes cantidades de limo -un
sedimento orgánico de aspecto fangoso que actúa como abono y
que, por lo tanto, favorece el crecimiento de los cultivos. Con el
tiempo pudieron así, en las tierras ganadas a las zonas húmedas o
en las colinas colindantes, levantar sus características ciudades en
cañas y adobe, agrupadas en torno a los templos, cuyo clero
impondría una estricta disciplina social, de todo punto necesaria en
esta tierra de pioneros.
La principal cultura del sur de Mesopotamia durante el Calcolítico o
Edad del Cobre recibe el nombre de El-Obeid -con relación a un tell
con yacimientos arqueológicos situado en las proximidades de Ur-.
La cultura de El-Obeid se propagó lentamente desde el sur hasta la
Mesopotamia central y septentrional, donde desplazó a otras más
antiguas, como la de Tell Halaf y la de Samaría. De esta manera, ya
entrados en el IV milenio a. c., encontramos una cultura única en
Mesopotamia.

A las culturas pre-sumerias también se deben algunos de los


primeros templos construidos con ladrillo. Su presencia en el centro
de las poblaciones hace suponer que fue en este momento cuando
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apareció la clase sacerdotal, la cual no sólo atendía al culto y a la.


organización de celebraciones religiosas, sino que se encargaba
además de ejercer el control económico.

DESARROLLO AGRICOLA Y URBANO

El desarrollo de una agricultura próspera en esta región, sin


embargo, no habría sido posible si los antiguos habitantes de la Baja
Mesopotamia no hubieran inventado sistemas para aprovechar
mejor el agua. El principal problema al que tuvieron que hacer
frente era que los campos, debido a la escasez de lluvias, a los
abrasadores calores del verano y al inmediato descenso de las
aguas, debían regarse continuamente.
Como solución, aquellos granjeros del Calcolítico construyeron
presas para retener el agua de las inundaciones y abrieron canales
desde los ríos para regar los campos. La construcción de estas obras,
que exigía la colaboración de muchas personas, propició el
desarrollo de un alto nivel de organización social y la aparición de
una clase dirigente encargada de controlar los sistemas de riego. La
agricultura de regadío en el sur de Mesopotamia posibilitó la
recolección de varias cosechas anuales y, consecuentemente, la
existencia de un excedente de cebada y otros cereales. En el norte
de Mesopotamia, pese a que la agricultura ya se conocía y
practicaba desde mucho antes, Jamás se había podido alcanzar este
rendimiento.
En este contexto, las comunidades situadas a orillas del Tigris y el
Éufrates dejaron de trabajar para cubrir simplemente sus
necesidades y comenzaron a desarrollar actividades cuya finalidad
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ya no era producir alimentos, como la industria artesanal, los


oficios, el comercio, la administración y la defensa del territorio. Al
aumentar la población, los reducidos poblados agrícolas pasaron a
ser centros urbanos y, así, nacieron y crecieron las primeras
ciudades. A partir de entonces y durante milenios, la riqueza y
prosperidad de Mesopotamia pondrían a esta región en el punto de
mira de los pueblos vecinos. La ausencia de montañas hizo muy
difícil su defensa y, por esto, las invasiones, imperios y civilizaciones
se sucederían ininterrumpidamente a lo largo de la historia.
La prosperidad de la región atrajo durante este milenio a nuevos
colonizadores. En primer lugar, llegaron pueblos semitas desde
Arabia y sobre todo desde Siria. Algún tiempo más tarde, se
establecerían en ella los súmerios. De la fusión de estas culturas
aparecería una nueva que superaría en adelantos a todas las demás.
Durante los siglos siguientes a la emigración de los súmerios -
provenientes, según se cree, del Cáucaso o de las tierras que rodean
el mar Caspio-, Mesopotamía creció en riqueza y poder y, alrededor
del 3500 a. C, aparecieron las primeras ciudades-estado. Esta etapa
de la historia de Mesopotamia se llama "de Uruk”, ya que de ella
conocemos sobre todo las grandiosas construcciones de esta ciudad
-llamada Erek en el Antiguo Testamento y Warka por los árabes-. De
Uruk también son los más antiguos vestigios de un sistema de
escritura, que datan del 3200 a. C. aproximadamente.
El templo típico de esta época, construido con ladrillos de adobe, es
el de tres cuerpos, que arranca de un espacio rectangular -con un
altar en el centro- al que se van adosando lateralmente recintos mas
reducidos. Estas salas eran utilizadas como almacenes para guardar
las cosechas o albergaban talleres de la más diversa índole. Los
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templos se erigían sobre terrazas para que destacaran sobre el resto


de los edificios y quedaran protegidos de las inundaciones.
El desarrollo de las ciudades prosiguió en el período dejemdet-Nasr
(3100-2800 a. C.), otro yacimiento arqueológico de Mesopotamia.
Los restos de esta época encontrados en Uruk, Eridu, Nippur y Ur,
por ejemplo, evidencian la existencia de una compleja cultura
urbana que, además, habría comenzado a militarizarse. En este
periodo se utilizan ya los sellos cilíndricos y se extiende la
metalurgia del cobre. También existen indicios de una incipiente y
progresiva separación entre el poder político y el religioso.
Sumer -que es como se conoce la región que ocupaban las ciudades-
estado creadas por los sumerios- cruzó así el umbral que separa la
civilización de la prehistoria. Sin embargo, de este período no
existen testimonios escritos; por esto, normalmente, la época que
abarca de la llegada de los sumerios al desarrollo inicial de la ciudad
es recibe el nombre de protohistoria, El anonimato de los pueblos y
gobernantes de la región se mantendría todavía durante algunos
siglos, hasta el comienzo de la Edad del Bronce.
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LA GUERRA
ENTRE CIUDADES

Los pequeños estados mesopotámicos, que habían


crecido de forma pacífica e independiente, acabaron
enfrentándose entre sí cuando los recursos naturales
comenzaron a escasear. Fue en este momento cuando
los hombres de armas se convirtieron en reyes.

La época protodinástica de Mesopotamia -que transcurre del 2800


al 2350 a. C, aproximadamente- se caracteriza por la existencia de
una treintena de pequeñas ciudades-estado enfrentadas entre si
por el dominio de las vias fluviales. Según la tradición sumeria, esta
época habría comenzado después de que un gran diluvio anegara
todas las tierras conocidas.
Las razones que llevaron a estas ciudades a la guerra parecen
hallarse en el espectacular crecimiento demográfico que Sumer
registró desde mediados del IV milenio a. C, Con el paso del tiempo,
las tierras de cultivo, el agua y otros recursos básicos comenzaron a
escasear, lo que provocó el estallido de continuas disputas entre las
ciudades-estado vecinas. Esta rivalidad obligó a los sumerios a
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construir grandes murallas alrededor de sus ciudades y a desarrollar


una

La guerra entre ciudades sumerias en el dinástico arcaico 2900 a.c. y


2334 a.c.

cultura belicista, El gobierno de la clase religiosa fue sustituido


progresivamente por el de los caudillos militares y, así, Sumer entró
en una nueva etapa de su historia: la de los reyes.
Con la desaparición de la figura del sacerdote-rey, que reunía los
poderes político y religioso, los templos dejaron de ser el único
edificio monumental de las ciudades. Los nuevos soberanos
ordenaron construir también palacios que, rodeados por su propia
muralla, disponían de amplias salas columnadas y jardines.
Lo que sabemos sobre los gobernantes de esta época es muy poco.
Las fuentes escritas que han llegado hasta nuestros días -como las
listas de reyes confeccionadas en las ciudades de Isin y Larsa a
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principios del II milenio a. C. – citan los nombres de algunos de ellos


y la duración de sus reinados, pero mezclan constantemente los

datos históricos con la mitología. La información contenida en estas


listas, además, presenta numerosas lagunas y contradicciones.
Así, por ejemplo, el primer rey posdiluviano que cita la tradición
sumeria fue Etana de Kísh, que “estabilizó todas las tierras”. Como
no existen restos arqueológicos que confirmen este dato, se
desconoce aún si este personaje realmente existió o forma parte de
la leyenda, El primer nombre que aparece en las listas reales y del
que sí se conservan inscripciones, en cambio, es Mebaragesi de Kísh.
Los documentos nos recuerdan muchas de las guerras intestinas de
estos antiguos centros de civilización sumeria. Las ciudades tuvieron
que fortificarse para defenderse de sus vecinos, y algunas
inscripciones recuerdan obras y mejoras hechas en las murallas.
En las tablillas los príncipes piden a su dios que le proporcione
soldados “abundantes como la hierba”. Las campañas se resolverían
con la anexión de los territorios vecinos, que debió de ser efímera,
pues no se llego a establecer un imperio sumerio, pero las
anexiones, aunque fueran temporales, prepararon el advenimiento
de un conquistador semita, que reuniría bajo su dominio todas las
ciudades mesopotámicas.
Algunas de los esfuerzos de conquista de los sumerios son tan
importantes, que fijan fechas de la cronología; pero quedan muchas
lagunas en las series de los monarcas y para ciertos reinados
vacilantes entre dos dinastías, separadas a veces por mas de mil
años. De todos modos, a pesar de esta incertidumbre y de lo caótico
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del material, tenemos positiva información histórica sobre


personajes sumerios desde el año 4000 a.c. por lo menos. Y por lo
que sabemos de ellos, comprendemos que les falto a los príncipes-
patriarcas de la Baja Caldea la tenacidad y, sobre todo, la crueldad,
que harán triunfar mas tarde a los semitas. Son mas, bien
sacerdotes que monarcas, hablan siempre en nombre de su dios, y
por el gobiernan el estado.

LOS PRIMEROS MONARCAS


la «Lista de Reyes Sumerios» que es una relación con los nombres y
tiempo de reinado de los reyes que se cree gobernaron Sumer no
sólo «después del Diluvio», sino incluso antes, empieza diciendo que
«cuando la realeza bajó de los cielos» lo hizo en Eridu y nombra dos
monarcas que reinaron desde allí. Se dice entonces que la
monarquía fue cambiando en dinastías sucesivas que gobernaron
desde Rad-Tihira, Larak, Sippar y Shumppak. Aquí, explica, el Diluvio
inundó la tierra, pero después de él la realeza bajó de nuevo de los
cielos a la ciudad de Kish. Hay una relación de veintitrés reyes que
se dice reinaron en Sumer durante la I Dinastía de Kish, acabando
con cierto Emmebaragesi y su hijo Aka, Siguen dinastías mucho más
cortas (o incluso de un solo rey) en este orden: Uruk, Ur, Awan (en
Elam), Kish, Hamazí (área de Kerkuk), Uruk, Ur, Adab, Mari, Kish
Akshak, Kish, Uruk (por tercera vez) y, finalmente, Akkad y sus
sucesores. Después de la I Dinastía de Kish, encontramos
gobernantes de Uruk cuyos nombres figuran abundantemente en
los relatos heroicos descritos cientos de años más tarde, incluyendo
la figura del propio Gilgamesh, cuyas hazañas, de acuerdo con la
tradición posterior, se pueden considerar con seguridad invenciones
míticas. Y, sin embargo, una de estas composiciones literarias
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describe con detalles muy vividos el conflicto entre Gilgamesh y Aka,


hijo del propio Emmebaragesi, de cuya existencia no se puede
dudar. Este relato, que recuerda enormemente los poemas épicos
de Homero, explica cómo Aka de Kish descendió sobre Uruk para
luchar con su vasallo rebelde Gilgamesh, y cómo fue la aparición
oportuna del propio Gilgamesh en las murallas de Uruk lo que causó
que los hombres de Kish se batieran en retirada, al igual que los
troyanos frente a Aquiles. Para nosotros, este poema épico es
doblemente valioso: por una parte, debe reflejar un acontecimiento
real, aunque distante, y demuestra que las figuras heroicas de la
literatura sumeria -Lugalbanda, Enmerkar y Gilgamesh- pertenecen
a una época que ya se puede considerar histórica.
Sin embargo, Varias líneas de evidencia convergentes han llevado a
expertos a postular que hubo un largo período, a principios de la
Antigua Dinastía durante el cual ia ciudad de Kish fue la sede de
reyes que reclamaban la hegemonía o «corona» de Sumen Esto no
sólo se indica en ía Lista de Reyes, sino que se da el hecho curioso
de que «reyes de Sumer» posteriores adoptasen el título de «rey de
Kish» con preferencia a cualquier otro en cualquier parte que se
hallase su propia dinastía. Es más, en las excavaciones de Kish se
descubrieron dos edificios seculares fuertemente fortificados de los
períodos de la Antigua Dinastía II y III y es igualmente revelador que
en una ocasión las ciudades de Umma y Lagash llamarón a Mesalim,
«el rey de Kish», para que dirimiera una de sus innumerables
disputas sobre fronteras.
Una imagen distinta nos la ofrecen algunos curiosos sellos de los
niveles antiguos de Ur, en los cuales los nombres de ciudades como
Kesh, Adab, Uruk, Ur y Nípur están escritos juntos de una manera
que sugiere un grado de cooperación difícil de explicar excepto en
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términos de una confederación política de algún tipo entre estos


distantes estados, incluso si la aplicación de estos sellos debió ser en
productos comerciales. Se ha sugerido, incluso, que en la época de
estos sellos -la Antigua Dinastía I, aproximadamente— Sumer había
creado una liga de ciudades-estado centradas en Nipur, la cual,
aunque fuese la residencia de Enlil, dios principal en el panteón
sumerio, no aparece nunca en tiempos históricos como la sede de
ningún poder temporal Cuál era la relación que existía entre esta
confederación y la 1 Dinastía de Kish o incluso con dinastías
anteriores relacionadas en la Lista de Reyes, es un problema que
apenas podemos esperar que se resuelva nunca.
La edad dorada de Kísh finalizo con la derrota que su rey Mesilim
sufrió ante Mesannepadda, fundador de la I dinastía de Ur. Esta
ciudad-estado, situada estratégicamente cerca de las antiguas
costas del Golfo Pérsico, fue durante todo el III milenio a, C. uno de
los principales puertos y centros comerciales de Mesopotamia. En
sus tiempos de esplendor, dentro de los muros de la ciudad llegaron
a vivir más de 20,000 personas.
Pese a que no aparecen citados en las listas dinásticas, sus primeros
gobernantes fueron reyes poderosos que consiguieron prosperar y
enriquecerse gradas a la Guerra y el comercio. Prueba de ello es el
fabuloso tesoro que apareció en sus tumbas y que, datado del 2600
a. C., forma la mayor colección de joyas y objetos de orfebrería de la
antigua Sumer. Entre las piezas halladas destaca el célebre
Estandarte de Ur, que, de forma gráfica, presenta las expediciones
militares realizadas por un soberano de la ciudad y los banquetes
que éste ofrecía a sus familiares y amigos en tiempos de paz .Tras el
breve reinado de Mesarenepadda que citan las cronologías
sumerias, el predominio sobre Mesopotamia pasó a las ciudades de
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Lagash y Umma-eternas rivales por temas fronterizos y el dominio


del agua-, que se alternaron en el control de la región entre 2500 y
2350 a. C. De todos los reyes pertenecientes a estas últimas
dinastías, Lugalzagesi de Umma fue el que estuvo más cerca de
unificar todo el país, ya que los textos se reseñan a él como “el gran
señor de todo Sumer".

La sociedad en la antigua sumeria.

Este monarca consiguió imponer su hegemonía en la Baja


Mesopotamia durante casi dos décadas -entre el 2370 y el 2350 a. C,
aproximadamente- “sometiendo los países bajo sus píes y allanando
los caminos desde el naciente hasta la puesta del sol, desde el mar
inferior, a lo largo del Tigris y el Éufrates, hasta el mar superior”,
según atestiguan las inscripciones. Sus ambiciones, no obstante,
quedaron truncadas con la aparición en escena del rey Sargón de
Acad, “hacia el año 2350 a. C.-. Debilitadas por las guerras libradas
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durante siglos, las ciudades de Sumer cayeron una por una bajo el
dominio del rey conquistador, que, por primera vez en la historia,
lograría forjar un imperio.
Pese al clima de hostilidad vivido en Mesopotamia durante más de
cinco siglos, la civilización sumeria siguió progresando y, fruto de las

El término "sumerio" también se aplica a todos los hablantes de la lengua


sumeria. En dicha lengua, esta región era denominada Kengi (ki),
equivalente al acadio mat Sumeri, esto es, "tierra de Sumer”. Es una
llanura que descansa entre grandes sistemas montañosos y el desierto.

ansias de conquista de los príncipes regionales y del comercio, los


logros culturales y tecnológicos alcanzados comenzaron a aplicarse
también en diferentes regiones vecinas.
Durante el periodo protodinástico, por ejemplo, los habitantes de
Elam -la llanura que bordea Mesopotamia por el Este-desarrollaron
la escritura y levantaron ciudades que, con el tiempo, acabaron
federándose y formando un país más o menos uniforme. Los
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elamitas habían llegado a las faldas de los montes Zagros


provenientes de Irán y, según se cree, entraron en contacto con los
sumerios a principios del III milenio a. C. El rey Eannatum de Lagash,
según consta en documentos de la época, fue el primero que logró
imponer su poder en la zona. La conquista de la llanura de Elam, un
territorio rico en materias primas se convertiría a partir de entonces
y durante siglos

en objetivo prioritario de los reyes de Sumer. Su control, no


obstante, fue casi siempre breve e inestable, puesto que los
elamitas, que no estaban emparentados étnicamente ni con los
sumerios ni con los semitas, lograron defender con éxito su
independencia. La civilización también se extendió a la Alta
Mesopotamia y a Siria, en el noroeste de Sumer, donde vivían
diferentes pueblos de origen semita.

EL COMERCIO

Los contactos de Sumer con el mundo exterior no deben juzgarse


por sus gestas militares. Está normalmente admitido que no era
posible la vida en Sumer sin el comercio: incluso las indispensables
piedras para moler debían llegar desde las montañas, Pero el
comercio, para los sumerios, no era tanto una necesidad penosa,
sino uno de los grandes ingredientes de su civilización. Iba más allá
del intercambio de mercancías entre las montañas y la llanura, lo
que hubiera podido constituir una base económica tolerable para la
vida en Sumer, Los sumerios viajaban a lo largo y a lo ancho de
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

todos los puntos de compra en busca de cobre y otros metales, de


maderas y piedras y de otros lujos menos voluminosos.
En el sur, los habitantes de las ciudades costeras, principalmente
Lagash (y Girsu) y Ur, navegaban por el golfo hasta la isla de Dilmun
(actualmente Bahrein), desde donde se llevaban cobre y, como
cuenta orgullosamente Ur-Manshe, el primer rey de la Dinastía
Lagash, madera para la construcción de nuevos templos en sus
ciudades. Años más tarde, el ensi de Lagash enviaba mercaderes a

A fines del IV milenio a. C. Sumeria se dividió en una docena de Ciudades


estado independientes cuyos límites fueron definidos por medio de canales
y mojones. Estas ciudades eran grandes centros mercantiles.

Dilmun con productos locales, como grasa de cerdo y perfumes, o


cebada y trigo, para cambiarlos por el cobre que se encontraba en
Dilmun, que hacía escala en esta isla, procedente de países más
alejados, que después se conocerían como Makan y Meluhha.
Quizás incluso más importante era el comercio por tierra con el este
y, a pesar de períodos de hostilidad, la evidencia arqueológica es
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

testimonio de la estrecha relación existente entre las ciudades del


Sumer metropolitano y Susa y las grandes ciudades similares de las
llanuras del Elam, Una vez más, las áridas anotaciones contables de
Lagash atestiguan este comercio: mercaderes que iban y venían
entre Girsu (Tello) y Der (cerca de la actual frontera de Irak con
Irán), que trataban directamente con el propio Elam, mientras que
una ruta menos directa podía llevar a Adab, situada
estratégicamente en uno de los principales canales del Eufrates, en
el extremo noreste de Sumer, Se sabe que la esposa del ensi
(gobernador de la ciudad) de

Lagash, intercambiaba regalos con la esposa del ensi de Adab y a


cambio de barcas que iban río arriba cargadas con cobre y bronce,
que sin duda procedía de Dilmun, la ciudad del norte correspondía
con estatuillas de marfil, animales de carga y barcadas de maderas,
incluso con viñas y manzanos jóvenes.
Los ecos de empresas comerciales extranjeras persisten todavía en
la literatura sumeria varios cientos de años más tarde. Si bien el
contacto con las tierras altas iraníes se debió hacer por mediación
de las ciudades del Elam, un relato épico sugiere que los sumerios
trataban, en ocasiones directamente con sus proveedores. Por un
poema conocido por los modernos eruditos como «Enmerkar y el
Señor de Aratta», nos enteramos de cómo Enmerkar, que consta
como gobernante de Uruk antes de Lugalbanda y Gilgamesh, desea
piedras preciosas para el templo de la diosa Inanna que está
construyendo. Envía un mensajero a la ciudad de Aratta, situada al
este, más allá de siete cadenas montañosas, y después de muchos
intercambios a causa (¡según esta versión sumeria!) del
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comportamiento intransigente del Señor de Aratta, consigue la


codiciada piedra. La realidad económica existente de trás de esta
historia la aclara la demanda de grano que hace el Señor de Aratta:
en la primera parte del poema se carga una caravana de asnos con
grano procedente de los almacenes de Uruk, y se envía
serpenteando por los pasos de montañas hacia Aratta «como un
reguero de hormigas».
Probablemente, nunca podremos identificar Aratta, pero los
arqueólogos que trabajan al este del Irán han descubierto
recientemente evidencias fascinantes del comercio de lapislázuli y
cornalina, el objeto de deseo de Enmerkar. En textos antiguos,

coetáneos del propío Enmerkar, se menciona esta rara piedra de


color azul profundo, como igual de valiosa que el oro y la piara y,
durante toda la antigüedad, fue buscada por los reyes. Las minas de
lapislázuli se encontraban en el remotísimo Afganistán y las nuevas
excavaciones en Shahrri Sokhta, han desenterrado enormes
cantidades de esta piedra, junto con los talleres y útiles de esmeril
utilizados en el proceso de convertirlas en trozos adecuados para el
transporte, o incluso en productos acabados. Desde este distante
lugar de elaboración, las caravanas debieron transitar por caminos
serpenteantes hacia Sumer, bien hacia el norte del gran desierto de
sal, en donde el sitio de Tepe Hissar también intervenía en el
comercio, o hacia el mediodía, a través de las áridas colinas del sur
del Irán, donde ya hemos encontrado Tepe Yahya, con su temprano
uso de pictogramas elamitas y estrecha conexión con Susa y
Mesopotamia.
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Al norte de Mari, como en los tiempos de Uruk, debió haber


importantes centros comerciales en la gran curva del río y de allí
partirían rutas que iban hacia el oeste, a los puertos del
Mediterráneo y los montes de Amanos y el Líbano que a lo largo de
toda su historia fueron un imán para los gobernantes de
Mesopotamia a la búsqueda de cedro y otras maderas destinadas a
los tejados de sus templos o palacios. Desafortunadamente, falta
todavía documentación escrita de este comercio, a menos que se
encuentre en las nuevas excavaciones de Ebla (Tell Mardikh), cerca
de Alepo, por lo que es difícil para nosotros decir si las colonias
comerciales de Asur o de Tell Chuera, con sus manifiestas
convenciones artísticas sumerias, estaban, de hecho, ocupadas por
sumerios del sur o, simplemente, reflejaban el poder de la influencia
sumeria en los pueblos vecinos.
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EL IMPERIO
DE LOS
SARGONIDAS

Tras vivir a la sombra de Sumer durante casi mil años,


los semitas asentados en el curso medio del Tigris y el
Éufrates lograron en unas pocas décadas lo que
ninguna ciudad sumeria había conseguido en muchos
siglos: imponer su hegemonía sobre Mesopotamia.

Los semitas muy probablemente venían de Arabia, que debió de


secarse también al acabar el ultimo periodo glacial, pero su llegada
a las tierras de entre ríos fue posterior a la de los sumerios. Es
posible que bandas de semitas, marchando hacia el Norte desde la
Arabia, llegaran al Asia con un grado de cultura muy inferior a los
pueblos ya establecidos en Mesopotamia. Por de pronto, no
conocían la escritura y adoptaron los jeroglíficos sumerios, que poco
a poco se convirtieron en las inscripciones cuneiformes, llamadas así
porque todos sus signos están hechos con marcas a modo de cuña.
Los semitas adoptaron la religión y algunas de las costumbres de los
sumerios, pero con otras cosas mantuvieron sus diferencias raciales,
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como, por ejemplo, la costumbre de no raparse la cabeza, por lo


cual fueron llamados cabezas negras por los sumerios, que la
llevaban afeitada. Asimismo, se dejaban crecer la barba y el bigote
lo que les daba un aspecto diferente a el de los sumerios.
Conservaron también su lengua y hasta llegaron a imponerla a los
antiguos sumerios; el viejo idioma de Sumer quedo como lenguaje
litúrgico y se continúo usando por los sacerdotes aun en épocas
relativamente modernas.
Los acadios que eran semitas se establecieron en la Mesopotamia
central a partir del IV milenio a. C Hacia el 2500 a. C., la región tenía
ya una mayoría de población semita e incluso Mari, una de las
ciudades-estado del curso medio del Éufrates, estaba gobernada por
una dinastía de esta etnia.
La importancia e influencia de Mari aumentaron con el paso de los
siglos. Su estratégica situación geográfica y las estrechas relaciones
mantenidas con las ciudades sumarias la convirtieron en uno de los
centros comerciales más transitados de Oriente Próximo.
Con el tiempo, los reyes de Mari se hicieron más poderosos y se
convirtieron en una amenaza para las ciudades de Sumer. En este
contexto, hacia el año 2350 a. C., un joven oficial semita llamado
Sargón. al servicio del gobernador de Kish -por aquel entonces
vasallo de Limina-, se rebeló contra su señor y se adueñó de la
ciudad.

LA EXPANSION DE ACAD
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Con Sargón, los semitas se convirtieron en la fuerza dominadora del


país y, una por una, todas las ciudades-estado de Sumer fueron

extensión del imperio Acadio

conquistadas. La expansión del Imperio acadio, sin embargo, no


había hecho sino empezar. Tras convertirse en soberano de Kish,
Sargón -que significa “el rey legítimo"- se dirigió contra Uruk, que
por aquel tiempo también estaba en poder de Lugalzagesi de
Umma. Los sumerios, acostumbrados a la lucha cuerpo a cuerpo -
con lanzas, espadas y escudos-, nada pudieron hacer contra los
arcos de los soldados semitas, que además estaban mucho mejor
entrenados. Tras numerosas batallas, Lugalzagesi, el "gran señor de
Sumer", fue derrotado.
Hacia el 2340 a. C. Sargón fundó la ciudad de Agadé en las
proximidades de Kish, posiblemente al norte. Su localización todavía
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no ha sido determinada por los arqueólogos, aunque se especula


que podría haber estado hacia la confluencia de los ríos Diyala y
Tigris, en las afueras del actual Bagdad. Los motivos de la fundación
de Agadé no están claros. Es probable que Sargón se rebelase
contra su señor en Kish y decidiese establecer un nuevo centro de
operaciones.
Tampoco se conoce con seguridad que ocurrió en Kish. Tal vez
Sargón la tomó antes de lanzarse hacia a la conquista las tierras del
sur o tal vez fue Lugalzagesi de Umma, que había formado un
imperio local en el área del sur.
En algún momento a mediados del siglo XXIV a. C. (2340 a. C.)
Sargón se lanzó a la conquista de las ciudades sumerias del sur. Las
conquistas anteriores de Lugalzagesi de Umma pudieron facilitar el
camino del conquistador acadio, al encontrarse ya vencida la
independencia de las distintas ciudades sumerias. El primero de los
objetivos de Sargón fue Uruk, ciudad célebre por sus grandes
murallas y donde en el momento del ataque se encontraba
Lugalzagesi. Sargón no solo conquistó la ciudad, sino que hizo
prisionero al rey, obligándole a caminar hasta el templo de Enlil en
Nippur con una argolla al cuello.
Tras esto se lanzó a la conquista del resto de ciudades sumerias.
Tomó Ur, Lagash y Umma, con lo que ya controlaba tantas tierras
como había hecho Lugalzagesi. Con el dominio de toda la Baja
Mesopotamia asegurado, continuó sus campañas atacando a los
elamitas de los montes Zagros, en el actual Irán.
Su dominio también se hizo sentir al oeste del Éufrates: Sargón
proclama su conquista de la ciudad de Ebla, entre otras, que ahora
se sabe que se trata de Tell Mardikh, al sur de Alepo, y tanto él
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

como su nieto, NaramSin, marcharon hasta el Mediterráneo, para


derribar los codiciados cedros de Amanos. De hecho, tradiciones
posteriores sitúan a ambos reyes más allá de las montañas, en
Anatolia, en busca de minas de plata y otras fuentes de metales
preciosos o incluso, en una leyenda, en ayuda de una colonia de
mercaderes acadios. Estas leyendas ganan credibilidad a medida
que se acumula la evidencia.
Finalmente, los reyes de Akkad también siguieron a los mercaderes
de Sumer hacia el sur. Mientras que los ensis de Lagash y reyes de
Ur obtenían el cobre comerciando con la isla de Dilmun, Sargón
presume de que, no contento con ser servido por intermediarios,
llevó «los barcos de Meluhha, Makan y Dilmun a que atracasen en
los muelles de Akkad», y so hijo Rlmush proclama incluso que había
marchado sobre las tierras de Makan y las había derrotado,
llevándose de vuelta un importante botín. La ubicación exacta de
Malean y Melukha, ha sido uno de los problemas de la historia
antigua más intensamente debatidos que permanece todavía sin
resolver, pero por la evidencia de su comercio con el valle del Indo,
especialmente importante en la isla de Bahrein, el antiguo DiImun,
ahora la mayoría de los expertos están de acuerdo con que, donde
quiera que se hallaran estos dos territorios, estaban estrechamente
asociados al comercio de la gran civilización del valle del Indo.
Sargón no intentó conjuntar los territorios conquistados en una
unidad política. Sus esfuerzos se dirigieron casi exclusivamente a
asegurar el aprovisionamiento de materias primas para su país. Y es
que, privada de yacimientos importantes de piedra o metal y de
bosques, toda la economía de Mesopotamia dependía básicamente
de la importación.
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

El rey unificador nombró a un gobernador (ensi) en cada una de las


regiones conquistadas -muchas veces, los propios reyes
destronados-, respaldado por funcionarios bien preparados y una
poderosa guarnición militar; este representante de la autoridad
central tenía como principal misión hacer llegara Acad los tributos
recaudados.
De este modo, Sargón hizo de su imperio un estado burocrático y
Acad o Agade, la capital, pasó a ser su centro político y económico.
La ciudad se convirtió en puerto de escala para los barcos mercantes
procedentes de Arabia y del Indostan, y el punto de destino de las
rutas comerciales del norte y del oeste, de donde llegaban metales,
piedras preciosas y madera.
Sargón se convirtió así en el primer monarca histórico que consiguió
unificar toda la cuenca de la Mesopotamia bajo un mismo mandato.
Pese a que es probable que esta unidad fuese más teórica que real,
la figura de Sargón fue un referente constante para los monarcas
que, posteriormente, tratarían de repetir su hazaña. De hecho, en
épocas posteriores se le conoció como Sargón el Grande. Pero su
reinado y el de sus sucesores no estuvieron exentos de problemas
ya que poco antes de su muerte sufriría una revuelta general en las
ciudades conquistadas.
Pese a estas dificultades, durante el reinado de su nieto y sucesor,
Naram-Sin (2260-2223 a. C.), el imperio alcanzó su máxima
extensión territorial: en los límites occidentales incorporó las
regiones de Alepo (en la actual Siria), y el entorno de Trípoli (en la
costa mediterránea cananea del actual Líbano); en los orientales
conquistó Susa y en el norte se expandió por Anatolia. Sin embargo,
hubo un pueblo al que Naram-Sin no consiguió conquistar pese a
que guerreó contra ellos y les infligió algunas derrotas. Eran los Guti,
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

que habitaban los montes Zagros y que atacaban y saqueaban


continuamente las tierras del valle. El nuevo rey tuvo que
enfrentarse además a numerosas rebeliones.
En algún momento de su reinado parece que Naram-Sin fue
deificado. El motivo, según una inscripción en una estatua, fue por
petición de su pueblo a los dioses, después de que el rey ganase
nueve batallas contra las que se le rebelaron «desde los cuatro
confines del mundo». Los dioses concedieron y se le construyó un
templo en Agadé, que hasta entonces no estaba dedicado a ningún
dios.
Tras la muerte de Naram-Sin, su sucesor e hijo, sharkalisharri (2223-
2198) vio incrementada la presión sobre el imperio: Elam se rebeló,
conquistando varias ciudades del sur de Mesopotamia.
Posteriormente sufriría invasiones por parte de los Amoritas, a
quienes lograría vencer, y de los Guti a los que inicialmente también
reduciría. Sin embargo, el imperio estaba muy desgastado y tras su
muerte las ciudades del sur de Mesopotamia se independizaron.
Tras esto, los dominios del antiguo imperio quedaron reducidos al
área circundante de la antigua capital, Agadé.
LOS ULTIMOS REYES
Los conquistadores del reino de Acad, los guteos o Guti, no llegaron
a dominar todas sus ciudades. Lagash y Uruk, por ejemplo, fueron
gobernadas durante esta época por príncipes locales que, tras la
desaparición del poder imperial, se erigieron como soberanos
independientes.
Uno de estos soberanos, Utukhengal de Uruk, aprovechando la
debilidad del invasor-que había asumido los usos y costumbres
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

civilizadas de Sumer-, se alzó en armas y, con la ayuda de los


ejércitos de otras ciudades, derrotó al que sería el último rey Guti de
Mesopotamia, Tingan.
La literatura sumeria, posteriormente, volvería como antaño a dar
una versión divina del retorno de la realeza: “Fue (el dios) Enlil,
rey de todas las tierras, quien encargó a Utukhengal, el hombre
fuerte, el rey de Uruk, el rey de las Cuatro Zonas del universo, aquél

que no falta a su palabra, aniquilar el nombre de Gutium. (...) Tirigan


se tendió a sus pies, y Utukhengal le puso el pie en la nuca”.
Utukhengal, pese a su gesta, fue rápidamente destronado por uno
de sus generales, Umammu, el ensí de la ciudad de Ur, Con este
nuevo monarca, que no tardó en reunificar las tierras y ciudades de
Mesopotamia, comenzaría el reinado de la III dinastía de Ur.
Urnammu, que afirmaba ser descendiente del mítico Gilgamesh, fue
uno de los principales impulsores del denominado renacimiento
sumerio. En su coronación, el nuevo soberano tomó el título
conciliador de "Rey de Sumer y Acad” y, fiel a la Antigua tradición,
hizo levantar majestuosos templos en honor de los dioses. Durante
su reinado, el comercio, el arte y la cultura de Mesopotamia
conocieron una nueva época de esplendor Como Sargón, Umammu
reestructuró la administración y creó un estado totalmente
centralizado, en el que los funcionarios se convirtieron en una élite
privilegiada. Para "instaurar en el país un orden justo”, además,
promulgó el primer código de leyes conocido, que es el precedente
directo del código de Hammurabi.
En el imperio de Umammu, los antiguos soberanos de las ciudades,
los ensí, pasaron a ser funcionarios reales, y cada mes estaban
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

obligados a realizar determinadas funciones. Las ciudades de los


territorios conquistados, por su parte, quedaron bajo la jurisdicción
de comandantes militares: los shagin.
El período de estabilidad política y prosperidad económica vivido
durante el reinado de Urnammu se prorrogó cincuenta años más
con el mandato de Shulgi, su hijo. Como todos los gobernantes de
Sumer desde la época de Sargón, este rey tuvo que hacer frente a la
amenaza que representaban los pueblos vecinos de Mesopotamia.

En su caso, además de usar la fuerza -contra los nómadas semitas


occidentales, por ejemplo- también hizo gala de un buen talante
diplomático: para ganarse la alianza de Anshan y frenar la presión
de los elamitas, por ejemplo, Shulgi casó a una de sus hijas con el
rey de este país.
Sumer, bajo la tutela de Ur, siguió creciendo en riqueza y poder
durante algunas décadas más. Pero este estado de bonanza,
siempre en jaque por la presión fronteriza, terminó definitivamente
con la subida al trono de un rey llamado Ibbisin Para frenar las
nuevas oleadas de tribus semitas llegadas del desierto sirio, los
Amoritas, el soberano puso el ejército en manos e uno de sus
generales, el semita Ishbierra de Mari. Pero éste, como tantas veces
había ocurrido, y seguiría ocurriendo en Mesopotamia, lo traicionó.

EL OCASO DE SUMERIA
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

Ishbierra, desde la pequeña ciudad de Isin, se proclamó


independiente y fundó una nueva dinastía. A él se unieron
posteriormente los gobernadores de otras ciudades. Para colmo,
Elam cayó sobre Ur y arrasó la ciudad, llevándose prisionero al
ultimo rey, Ibbisin, que murió durante el cautiverio. Mesopotamia
quedó nuevamente desmembrada y, durante los dos siglos
siguientes, la supremacía en la región la ejercerían las dinastías, ya
Amoritas, pertenecientes a las ciudades de Isin y Larsa. Sumer,
como entidad política, desapareció. Pero su fascinante cultura
seguiría siendo la base de la civilización mesopotámica durante
mucho tiempo.
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

BABILONIA
BAJO EL REINADO
DE HAMURABI

La época que transcurre entre la desintegración del


imperio neosumerio de Ur y el final del imperio de
Hammurabi es conocida como período
paleobabiIónico; éste representa uno de los hitos
más importantes en la historia de la humanidad.

La principal amenaza contra la civilización establecida en la llanura


de Sumeria procedió de las tribus de las montañas del este y de las
tribus nómadas de los desiertos del oeste, al mismo tiempo hostiles
contra la vida urbana y envidiosas de sus riquezas. Las incursiones
llevadas a cabo por estas tribus, que hablaban una lengua semítica
llamada amorita, agravaron el caos que acompaño la caída de la
tercera dinastía de Ur.
En el siglo XIX a. C„ al invadir de nuevo Mesopotamia con intención
de establecerse en ella, los amorreos se instalaron en una ciudad
que por entonces probablemente se llamaba Babilla, nombre que
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ellos convirtieron en Eabilim (puerta de dios). Más adelante los


griegos

El Código de Hammurabi está grabado en una estela de diorita negra. Las


leyes y normas, numeradas del 1 al 282, están escritas en babilonio
antiguo y fijan diversas reglas de la vida cotidiana.

designaron con el nombre de Babilonia el territorio de unos 120.000


km. de extensión que Hammurabi sometió a su dominio en el siglo
XVIII a, C. y que abarcaba los antiguos territorios de Sumer y Acad.
Los amoritas se encuentran ya en tiempos de Shar-kali-sharri, que
luchó con ellos en las tierras desérticas del sur del Éufrates y,
aunque aparecen durante el imperio de Ur III como oponentes
bárbaros a mantener fuera de las tierras colonizadas de
Mesopotamia, hay suficientes pruebas de que penetraron en áreas
urbanas como infiltrados pacíficos, pastoreando el ganado de los
habitantes de las ciudades o sirviendo de otras maneras a la
población asentada. Está claro que, durante la rígida burocracia del
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

imperio, los amoritas se habían ganado lealtad y conexiones y


alcanzaron puestos de confianza, que les permitieron contender
vigorosamente por el control de las desmembradas ciudades del
imperio.

Las ciudades-Estado de Mesopotamia crearon los primeros códigos


legales, extraídos de la precedencia legal y las decisiones tomadas por los
reyes.

Antes del final de Ibbi-Sin -último rey de Sumeria y Acad de la III


dinastía de Ur-, Ishbierra se estableció como soberano
independiente en la antigua ciudad de sin, y fundo la primera
dinastía amorita en Sumeria. A juzgar por el nombre, Ishbi-erra,
pudo haber sido acadio más que amorita y el rey Ibbi-Sin, al cual
sirvió en los últimos años de su reinado como alto amplitud, se
refiere a él, quizás con desprecio, como «el hombre de Mari».
Cuando el destino de Ibbi-Sin estuvo completamente decidido,
aprovechó su posición de autoridad para establecerse como
gobernante independiente en la ciudad de Isín, en Nipur, una de las
áreas en donde parece que fue más fuerte la penetración amorita.
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

Se fundaron otras vigorosas dinastías de reyes con nombres


amoritas en Larsa, Kish y Babilonia, pero ésta no fue, ni mucho
menos, toda la amplitud de la toma de posesión amorita. Durante
dos siglos encontramos dinastías amoritas en la región de Diyala, en
la parte

alta del Tigris, en Assur, y, junto con estados menores de los propios
Sumer y Akkad, a través de las llanuras del norte de Mesopotamia,
en la parte alta del Éufrates, especialmente en Mari.
Lo cierto es que los nuevos reinados amoritas introdujeron un
cambio en el centro de gravedad político, ya que los vínculos
creados por un origen y un lenguaje comunes hizo que se
mantuviera un estrecho contacto entre los extremos más alejados
del área, desde Larsa a Qatna.
Uno de los documentos más significativos de esos tiempos proviene,
como muchos otros, de los archivos del palacio de Mari.
Es una carta a Zimri-Lin -Rey de Mari- , de uno de sus gobernantes,
al cual sin duda se ha encargado ganarse la lealtad de ciertos
pequeños príncipes del norte. Explica que convocó a esos «reyes» a
la desconocida ciudad de Sharmaneh y les habló de esta manera:
«No hay rey que sea fuerte por sí mismo. A Hammurabi de Babilonia
le apoyan 15 reyes, a Rim-Sin. de Larsa lo mismo, a Ibal-piel de
Eshnunna lo mismo, a Amut-pi-el de Qatna lo mismo, y a Yarim-Lim
de Yamhad (Alepo) le apoyan 20 reyes…». Esto resume la política de
aquellos tiempos, aunque, quizás significativamente, no se hace
mención de los archienemigos de Zímri-Lim, Samsi-Addu y sus hijos.
Zimri-Lím, contemporáneo y a veces aliado de Hammurabi de
Babilonia, era hijo de Yahdum-Um, que reinó en Mari antes que él,
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

aunque no le sucedió directamente en el trono. Porque, a pesar de


los triunfos de Yahdun-Lim, entre los que figuran marchar sobre el
Mediterráneo emulando los grandes conquistadores anteriores a él,
su reinado acabó en desastre cuando su reino fue conquistado por
otro rey amorita llamado Samsi-Addu (en acadio, Shamshi-Adad).

Otras inscripciones de Mari registran detalles de las relaciones de la


ciudad con el sur, donde las dos principales potencias eran Larsa,
bajo el gobierno de Rim-sin, y un rey del norte de Babilonia,
Hammurabi, que había extendido ampliamente su dominio
territorial.
Sin embargo, duró poco la fama del palacio de Mari y de su rey. A
pesar de su anterior alianza, Zimri-Lim y Hammurabi de Babilonia se
interpusieron en sus caminos y, en su trigésimo tercer año,
Hammurabi remontó el Éufrates, conquisto Mari y destruyo su
palacio. Después, Hammurabi volvió a luchar contra los asirios y
anegó la ciudad de Eshnunna desviando hacia ella las aguas del río
Díyala.
En el prólogo de su código legal, por el cual, acertadamente, se le
recuerda más, empieza proclamando que los dioses de Sumer,
Anum y Enlil, han ensalzado a Marduk, dios de Babilonia, le han
confiado la supremacía, y han emplazado a Hammurabi a «crear
justicia en la tierra para abolir los criminales y deshonestos y evitar
que los fuertes opriman a los débiles». Entonces enumera las
ciudades que ha puesto bajo su influencia beneficiosa: Nipur, Erídu,
Babilonia, Ur, Sippar, Larsa,Uruk, Isin, Kísh, Cuthah, Borsippa, Dilbat,
Lagash y Girsu y Kesh y Adab -todas las grandes ciudades
tradicionales de Sumer y Akkad— así como las ciudades a lo largo de
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la mitad del Eufrates, incluyendo Mari y Eshnmina y, finalmente,


Nínive. Es cierto que esta lista, significativamente, no incluye Elam o
Assur y que hacia el final de su reinado Hammurabi parece haber
tenido problemas con sus fronteras del noreste —como tantos otros
antes que él- pero, sin embargo, fue el primer rey que unificó el
sector central del imperio Ur III una vez más bajo un solo gobierno y,
por muy transitorias que fueran sus conquistas territoriales,
Babilonia, bajo sus sucesores,

siguió siendo la única sede tradicional de la monarquía y la


depositaría de la cultura escrita.
El reinado de Hammurabi constituyó un cambio decisivo en la
historia del área, terminando la era de las pequeñas ciudades-
estado beligerantes y convirtiendo las tierras de Sumer y Akkad en
un solo país por primera vez desde el reinado de Ibbi-Sin de Ur.
A partir de aquí, la parte sur del moderno Irak puede llamarse,
razonablemente, Babilonia, ya que, desde los tiempos de
Hammurabi hasta la fundación de Seleucia en el Tigris, Babilonia fue
la capital política, y especialmente cultural, del país.

LEGISLACION Y GOBIERNO DEL IMPERIO

Después de tales conquistas, Hammurabi crea una obra


monumental, la cual ha conservado mejor su fama que cualquiera
de sus conquistas. Sobre una gran estela escribió una larga y
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

detallada descripción de las leyes por las que desea que se rigiera su
país.
El complejo entramado social del imperio de Hammurabi tenía su
sustento jurídico en el código aprobado por el monarca, sin lugar a
duda una de las aportaciones más importantes de este período.
El código tiene una inspiración Divina, relacionada con la creación.
Marduk derrotó a Tiamar, amo del caos, y los restantes dioses se le
unieron. Entre ellos Shamash, Dios del Sol Juntos, Marduk y
Shamash representaban la cumbre de la moralidad, y el Sol
garantizaba la

justicia. Y es la justicia de los dioses la que Hammurabi procura


trasladar a su código.
Sus, aproximadamente, 280 artículos (cada uno de ellos
denominado ley) abordan todas las incidencias del derecho público
y privado. Toda esta compilación, repetidamente copiada antes de
iniciarse la Antigüedad clásica, influyó decisivamente en la historia
del derecho occidental. El código de Hammurabi debe interpretarse
no tanto como una codificación del derecho vigente, sino como un
intento de unificar los diversos derechos locales. En ese sentido, el
código es la cristalización de tradiciones jurídicas seculares. Por eso,
es más extenso y detallado que otros conjuntos de normas más
antiguos.
Las leyes de Hammurabi están conservadas principalmente sobre
una estela de piedra negra de 2,25 mt. de altura. En la parte
superior se ve un relieve del propio Hammurabi respetuosamente
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de pie frente al dios sol Shamash, dios de la justicia. El resto de la


piedra está ocupado por 49 columnas de escritura cuneiforme en
donde constan, en un acadio claro y enérgico, las leyes de
Hammurabi, promulgadas «para que el fuerte no oprima al débil y
para proteger los derechos de huérfanos y viudas», tal como se dice
en el epílogo. Aunque éste no sea ya, como lo fue durante muchos
años, el «código legal más antiguo del mundo», sigue siendo el
documento más importante de toda la civilización mesopotámica.
Las leyes regulan muchos aspectos de la vida: problemas agrícolas
referentes a regadío, condiciones de arrendamiento de campos o
huertos de dátiles, transacciones comercio entre mercaderes, leyes
familiares y cuestiones de herencia, condiciones de empleo para los
distintos oficios y castigos para delitos como adulterio, homicidio
involuntario o levantamiento de falsos testimonios. Cada una de las
leyes está formulada en dos

partes: una cláusula «si» en la que figura el delito o la circunstancia


de que se trate, y la cláusula en la que se señala la sentencia. Para
citar sólo un ejemplo: «Si un hombre ha arrendado un campo a un
agricultor para que plante una plantación de dátiles, el agricultor
cuidará de los árboles durante cuatro años y al quinto año el dueño
de la plantación y el agricultor dividirán por igual la plantación; pero
si el agricultor no ha plantado toda la tierra y ha dejado un trozo
yermo, incluirán esta parre en la que le toque a él».
De todos modos, en sus aspectos básicos el código distingue
en las ciudades tres clases sociales: la de los libres, la de los esclavos
y una intermedia formada polos libres degradados y los esclavos
libertos. Sobre esta división Hammurabi se adelanta al principio
aristotélico que afirma que la justicia consiste en tratar en forma
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desigual a los desiguales. Así, en lo que se refiere a multas, tributos


e indemnizaciones, la clase intermedia debe pagar menos quela
dase de los libres, pero más quela de los esclavos.
El soberano, su familia y la corte constituían la cima de la sociedad
babilónica. A este grupo privilegiado seguía una capa social,
también muy influyente, formada por gobernadores, jueces
supremos, altos funcionarios, oficiales de alta graduación,
terratenientes y comerciantes.
El estrato social siguiente lo constituían los ciudadanos libres:
comerciantes, artesanos y campesinos libres. Sin duda alguna se
trataba del grupo mas numeroso. Sus integrantes tenían ciertas
obligaciones en relación con el estado; ocupaban un puesto en el
Senado, nutrían los cuerpos de los oficiales y de los funcionarios o
ejercían la autoridad dentro de sus respectivas comunidades.

La clase siguiente era la de los súbditos semilibres, quienes


dependían en mayor grado del rey y de la administración
eclesiástica y sólo disponían de pequeños feudos. Algunos de ellos
servían en el ejército con armas ligeras, eran policías o trabajaban
en los señuelos de correos. Formaban parte de este grupo los
trabajadores manuales: panaderos, cerveceros, tejedores, alfareros,
cesteros, herreros, constructores de carros y de barcos, canteros,
etc., los pescadores.
Los esclavos constituían el grupo con menos derechos. Servían a los
otros estratos en las labores domesticas o como mano de obra
imprescindible para la economía. Entre ellos había muchos
prisioneros de guerra. El ciudadano normal sólo tenía a su cargo de
dos a cuatro esclavos. En caso de guerra los ciudadanos libres
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utilizaban armas pesadas y los ciudadanos semilibres armas ligeras.


Al acercarse el enemigo, para protegerse, el pueblo se recluía con su
ganado dentro de las plazas fortificadas. La familia constituía una
célula social bien definida. Por encima de ella, como unidad social
superior, estaba el municipio, en tanto asociación de todos los que
vivían en el mismo lugar. Así, por encima del individuo estaba el
Estado con sus instituciones a las que todos debían adaptarse.
La legislación de Hammurabi también regulaba la situación de
los esclavos. Aun siendo integrantes del grupo social más ínfimo,
ellos disfrutaban de cierta protección garantizada por el derecho
público. Por ejemplo, estaban autorizados los matrimonios entre
esclavos y libres y existía la posibilidad de comprar la libertad o
emanciparse -por adopción o por entrega de los esclavos a una
divinidad-, La ley, además, los protegía, hasta cierto punto, de los
posibles abusos o excesos que pudiesen cometer sus amos.

En lo que se refiere al derecho penal, en ese período de la historia


de la humanidad se desconocían las penas con privación de la
libertad. La ley del talión -“ojo por ojo y diente por diente”-, que
más tarde recogería también el Antiguo Testamento de la tradición
semita, fue el fundamento del derecho punitivo del código de
Hammurabi. Al respecto se advierte una preocupación por defender
el sistema de propiedad vigente, con penas contra quienes atenten
contra él que pueden llegara ser de castigos corporales,
mutilaciones y muerte por empalamiento, en la hoguera o por
asfixia en el agua.
La administración de justicia corresponde a tribunales civiles
y religiosos, según la materia. Los testigos deben jurar que dicen
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

sólo la verdad y únicamente se admiten pruebas irrefutables


para castigar al acusado o acceder a una demanda civil. Las
sentencias se escriben y se sellan para garantizar su autenticidad.

ULTIMOS AÑOS DEL IMPERIO

Las conquistas de Hamurabi constituyeron el ultimo gran


acontecimiento político de su época. Sus sucesores perdieron
gradualmente muchos de los territorios que él obtuvo, aunque de
hecho ningún poder surgió con la suficiente fuerza para desafiar la
decadente fuerza de Babilonia. El duradero resultado de las
campañas de Hamurabi se hizo manifiesto mas tarde, cuando la
hegemonía de Babilonia fue reafirmada por los sucesivos reyes
casitas, quienes la eligieron su capital, fomentando allí las
tradiciones aprendidas de la antigua Sumeria. Durante los siglos
posteriores sería

el centro espiritual de la región, como consecuencia precisamente


de la obra de Hammurabi.
La decadencia política de Babilonia se produjo de manera
concluyente en el año 1595 antes de Cristo, cuando el rey hitita
Mursil, descendiendo a lo largo del Éufrates, saqueo el santuario
sumerio.
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LOS HITITAS,
GRANDEZA Y
DECADENCIA.
La migración indoeuropea hacia el reino de Hatti
fue la génesis de los hititas, un pueblo guerrero
que expandió sus fronteras entre los siglos XIX y
XII a, C, Su imperio colisionó con Egipto y Asiria,
y sucumbió ante la furia de los Pueblos del Mar .

Hacía el año 2000 a. C., los pobladores del norte del Cáucaso y el
oeste del mar Caspio invadieron Anatolia Central y se establecieron
en la cuenca del rio Halys, entonces llamado Hatti. Los intrusos se
mezclaron con los indígenas de la región y conformaron un nuevo
pueblo, al que los historiadores modernos denominaron hítíta, Los
hititas hablaban el nesita (de la ciudad deNesa), en el que
predominaba la lengua indoeuropea importada y que incluía rasgos
de la lengua hatti sustituida.
Debieron de llegar en bandadas, y así descendieron por las puertas
de Cilicia a las llanuras de Siria, fundando algunas ciudades en la
ribera del Eufrates, como Alepo y Karkemish. Otros, más atrevidos,
se establecieron en Palestina y hasta un contingente muy numeroso
invadió la Mesopotamia, conquistando Babilonia. Una crónica del
tiempo de Hammurabi dice lacónicamente que "dos hombres de la
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Guerreros hititas

tierra de los Khatti marcharon contra la tierra de Akkad”, y ya hemos


dicho que Akkad es el nombre sumerio de Babilonia. Esto debió de
suceder antes del año 2000. Pero no permanecieron en Babilonia “la
Grande” mucho tiempo; debieron de saquear la ciudad y escapar en
seguida con su botín, al comprender que no eran capaces ni dignos
de conservarla. Siglos más tarde, en 1650 a.c. un rey de Babilonia
envió una embajada al país de los hititas para pedirles que
devolvieran la estatua de Belo o Marduk que se habían llevado sus
antepasados como botín de Guerra.
La historia escrita de Anatolia -la Turquia actual- se remonta al afio
2000 antes de Cristo. Aunque ya antes de esa fecha se había
alcanzado un alto grado de civilización no dejé, sin embargo,
testimonios escritos. Nada se conoce, antes de aquella fecha, acerca
de los nombres de pueblos y ciudades, de su lengua o de su historia.
En cambio, a partir del afio 2000 antes de Cristo aparecen los
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

Ciudad hitita

primeros documentos escritos: los archivos de un mercader de la


colonia de comerciantes asirios de Kanesh. Los documentos están
redactados en la antigua escritura cuneiforme asiria, en tablillas de
arcilla descubiertas por los arqueólogos en el montículo donde se
hallan los restos de la antigua ciudad de Kanesh.
Estos documentos proporcionan gran información sobre el comercio
asirio y sobre la situación del propio país en aquel tiempo. A partir
de ellos se comprueba que Anatolia, lo mismo que Sumeria, estaba
dividida en un gran numero de pequeñas ciudades-estado, cada una
de las cuales era gobernada por su propio príncipe nativo. Las
ciudades que se mencionan en los documentos son muy similares
a las conocidas en fechas posteriores. Una de aquellas colonias
mercantiles se estableció en la ciudad de Hattusa, que mas
tarde seria la capital del Imperio hitita. Sin embargo, los textos no
proporcionan información directa sobre las razas y las lenguas delos
pueblos nativos, aunque un detenido estudio de las nomenclaturas
Historia Universal I, El Mundo Antiguo

personales, tal como fueron transcritas por los asirios, parece


demostrar que había ya en Anatolia un gran número de hititas, así
como de sus parientes los luvitas, componiendo un conglomerado
étnico muy variado que también incluía hurritas, pueblo del este,
mas allá del rio Éufrates, y los hattis, que fueron quizá los habitantes
originales de aquellas tierras antes de la llegada delos hititas.
Los príncipes locales de las ciudades estado fueron al parecer
completamente independientes unos de otros, pero la presencia de
los mercaderes asirios bien organizados, formando una red través
del país, pudo haber propiciado la organización de ciertos vínculos.
No obstante, existió la tendencia por parte de uno u otro de
aquellos príncipes, a conquistar las ciudades de sus vecinos y asumir
el titulo de «gran príncipe», vanagloriándose de haber conseguido
unificar una parte del territorio. Después de 1840 antes de Cristo la
ciudad y la colonia mercantil en Kanesh fueron atacadas y
devastadas. No se conoce con seguridad la identidad del
responsable de la acci6n, pero parece probable que fuera obra de
uno de los príncipes anatolios que intentaba afianzar su autoridad.
Después de un período en el que la ciudad permaneció en ruinas y
deshabitada, los mercaderes asirios regresaron y reanudaron el
comercio. Apareció entonces un príncipe cuyas hazañas excedieron
con mucho las de sus predecesores, y del cual se conservé un vivo
recuerdo incluso en los tiempos del Imperio hitita. Su nombre era
Anittas, provenía de la ciudad de Kussara y su propia narración de
los hechos se conserva en una tablilla procedente de la biblioteca
real hitita. Fue él quien conquisto la ciudad de Kanesh, conocida en
hitita como Nesa,y la convirtió en su capital. Sometió a las demás
ciudades, se autoproclamé «gran rey», y destruyo Hattusa,
sembrando semillas de mostaza en sus ruinas a modo de maldicion.
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EL ANTIGUO REINO HITITA


No se Conoce el destino de la dinastía de los Anittas después de que
trasladaran su capital de Kussara a Kanesh. Sólo se sabe que Kanesh
fue arrasada por segunda vez y permaneció abandonada durante un
largo periodo.
En esta época en que masas de hititas debían de haber Llegado ya a
Anatolia, los datos históricos se recuperan después de 1700 antes
de Cristo, para citar la existencia de un reino hitita, cerca del
moderno pueblo de Bogazkéy en Turquía. Allí se ha descubierto una
enorme fortaleza montañosa, rodeada de murallas macizas de mas
de tres kilómetros de longitud y perforada al menos por siete
puertas. Dentro de aquellos muros aparece la antigua ciudadela
colgada sobre un desfiladero rocoso, y en ella los restos del palacio
real hitita, con las casernas de la guardia, y en la ciudad inferior un
enorme templo dedicado al «dios de las tormentas», el jefe de la
mitología hitita. A cierta distancia, fuera de las murallas, en un lugar
conocido ahora como Yazilikaya se encuentra otro templo situado
ante una gruta cuyas paredes estaban decoradas con
representaciones de los dioses hititas en procesión hacia la escena
central, en la que el «dios de las tormentas» y su consorte aparecen
uno frente al otro.
Este período histórico abarca los años 1630-1460 a. C. Sus inicios se
conocen gradas al edicto de Telepinu, un documento que cita a
Labarna (siglo XVII a. C.) como fundador del imperio y atribuye a su
sucesor, Hatusíl I, la unificación del país y la elección de Hatusa
como capital del reino.
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No obstante, algunos historiadores contemplan la posibilidad de


que ambos reyes fueran, en realidad, la misma persona, y que
Hatusíl I sea el sobrenombre dado a Labarna por haber reconstruido
Hattusa. De lo que no hay duda es que las tribus hititas, unificada
sen el siglo XVII a. C, llevaron las fronteras del imperio hasta el mar
Mediterráneo y se infiltraron en los centros comerciales del norte
de Siria y en las ciudades costeras del golfo de lso. Los anales de la
época conmemoran en tono épico la conquista de Alalakh, la
expedición contra Urshu y el paso del Eufrates; al mismo tiempo,
describen el botín recogido. El testamento de labarna entronizó a
Mursíl I.
El primer indicio de que los hititas podían llegar a ser una potencia
mundial se produjo durante el reinado de Hattusil I (h. 1650 a.C.)
quien, no contento con la extensión de su reino hacia el sur, por la
Anatolia central, que incluía estados tan importantes como
Purushhanda, cedió a su ambición, que lo llevó hasta Siria, donde
tomó Alalakh (Tell Agana), en el valle del Amuq, y la ciudad de
Urshu, en el Eufrates, Su hijo Mursil continuó, con la captura de
Alepo, que había sido el líder de los estados sirios del norte desde
antes de los días de Hammurabi. Es cuestionable, viéndolo a
posterior, si éste fue un movimiento acertado. Porque la eliminación
de Alepo como un estado independiente significó que cuando, a la
muerte de Mursil, el estado hitita estaba preocupado por sus
disensiones internas, el área quedó inadecuadamente defendida y
abierta a la ambición de la estrella creciente de Hanigalbat. Este
estado, que más tarde formó el núcleo del imperio mítani de la Era
Amarna, se Aprovecho tan bien de la imponencia hitita que, en los
tiempos de Saushtatar, algo después del 1500 a.C., no sólo Alalakh,
sino también parte de Cilicia, ahora llamada Kizzuwadna, pertenecía
a su reino, tal como sabemos por una disputa entre los dos estados
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en la cual él, como jefe supremo, intervino como árbitro. Después


de Mursil, la historia política del imperio hitita la forma una serie de
expansiones alternando con reveses, como es el caso de la mayor
parte de los grandes imperios de aquel tiempo.
Durante su reinado, Hatti alcanzó su máxima extensión con la
conquista de Babilonia, en el 1595 a. C. Sin embargo, el avance
imperial fue efímero, ya que Mursíl I fue asesinado al regreso de
esta empresa.
El regicidio sumió al país en una época de desórdenes internos,
agravada por las malas cosechas, los desmanes cometidos por los
soldados de fortuna (que deambulaban por la península practicando
la rapiña) y los irreductibles kashka (o gasea), una tribu
seminómada del norte de Anatolía que hostigó perennemente los
territorios hititas. Además, hiesosy mitanos amenazaron las
fronteras y los hurritas se apropiaron de las posesiones sirias .
La coronación de Telepinu (hacia el 1525 a. C), autor del edicto que
describe los reinados anteriores, salvó momentáneamente el
colapso. Pero las intrigas palaciegas, en una sorda lucha por
conquistar el poder, eran muy sólidas. Ni siquiera la reforma de
derecho de sucesión al trono, impulsada por el propio Telepinu,
pudo evitar las luchas intestinas, que conllevaron la progresiva
desintegración del imperio y el ingreso en las edades oscuras.
Hicieron falta dos siglos para que Tudhaliyas, un soberano de origen
desconocido sacara al país de su declive, al imponerse al estado más
poderosa del Oriente Próximo: Mitanni. La recuperación hitita
llegaría de la mano de Supiluliuma I, príncipe heredero del imperio.
Su talento militar y diplomático fue decisivo para que el Imperio
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hitita alcanzara su esplendor entre los años 1460 y 1200 a. C, en


igualdad de fuerzas con el poderoso Egipto.
EL GRAN IMPERIO HITITA
Suppíluliuma I saqueó y conquistó el norte de Siria, Líbano,Mitánni y
Halap (Alepo), capital del reino de Yamkhad. Además, sus hábiles
maniobras políticas lograron que los reyes Sarrupshi, de Nuhashe, y
Niqmadu II, de Ugarit, se declararan vasallos suyos, lo que engrosó
considerablemente las arcas estatales. Su última estratagema fue
intentar evitar la enemistad con Egipto. Para ello, agasajó a su
nueva reina, viuda de Tutankhamon, Ésta, halagada por los
obsequios -un ajuar con numerosas piezas de plata de gran valor- e
impresionada por los éxitos Hititas en la región siria, le solicitó
casarse con uno de sus hijos. Mursil II, el elegido, fue asesinado
durante el viaje a Egipto. Las relaciones diplomáticas se rompieron y
entre ambas naciones quedó latente un sentimiento de hostilidad.
Supilultuma I murió en Hattusa en el 1335 a.c. víctima de la peste
que los prisioneros de guerra habían traído desde Palestina. siendo
sucedido por su hermano Mursil II, quien demostró ser tan capaz
como su padre en la resolución de situaciones difíciles. Preocupado
con Siria, Supiluliuma había descuidado la seguridad de Anatolia, y a
su muerte, Arzawa, nunca sometida por completo, se rebelo
de nuevo. Mursil II empleo los primeros diez años de su reinado en
campañas en el oeste y norte de Anatolia, donde el pueblo kaska
siempre fue una amenaza latente. Mas tarde tuvo que afrontar una
crisis en Siria, la muerte de su hermano, el rey de Karkemish, pero
logro mantener la unidad del Imperio y seguir adelante. Se han
conservado algunos detalles personales interesantes sobre Mursil II,
que al parecer fue un hombre particularmente supersticioso.
Atribuía la peste que asolaba el Imperio a la cólera de los
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dioses por el asesinato de Tudhaliya el Joven, e intento apaciguarlos


con largas y costosas oraciones. En un momento critico de tensión
en la frontera norte con Siria, atribuy6 esta difícil situación al
abandono de antiguos cultos, apresurando sea restaurarlos, y
dejando el poder en manos de sus generales se dedicó a intrigar
contra su madre, acusándola de haber provocado la muerte a su
esposa por medio de la magia negra y de haberle dificultado a él
mismo el habla (seguramente debió sufrir este rey algún ataque
cerebral). Asimismo, atribuyo este impedimento a la ira del «dios de
las tormentas», emprendiendo una serie de complejos rituales de
parificación, que fueron recogidos en una antigua tablilla. Mursil II
murió aproximadamente en el afio 1310 antes de Cristo, después de
un reinado de unos veinticinco años. Su hijo y sucesor, Muwatalli II,
parece que mantuvo el poder hitita en Anatolia sin necesidad de
tomar medidas drasticas, tarea en la que colaboro su hermano mas
joven, Hatusil, que tenia el mando de la frontera norte. No obstante,
durante el reinado de , Muwatalli II los intereses egipcios en Siria
revivieron bajo los vigorosos reyes de la XIX dinastía, en la que
RamsésII promovió la gran batalla de Kadesh, en el afio 1300antes
de Cristo. Los triunfalistas términos en los que el rey egipcio hizo
describir el desarrollo y los acontecimientos habidos en la batalla
intentaron ocultar la realidad de su derrota, que solo una penosa
negociación evito su definitiva traducción en desastre. El dominio
hitita sobre Siria permaneció firme, y su puesto fronterizo en Kadesh
recupero la tranquilidad.
Muwatalli II murió aproximadamente en el afio 1294 antes de
Cristo, siendo sucedido primero por su joven hijo ilegitimo Uritesuv,
y luego por su tío Hatusilli III, quien se hizo con el poder desterrando
a aquél a Chipre. Hatusilli III estableció la paz con los egipcios
mediante un famoso tratado firmado en el año 1284 antes de Cristo,
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en lengua egipcia e hitita, y en el que se reconocen las posesiones


hititas en Siria y Palestina. Hatusilli III pacto asimismo con Babilonia.
Tales actividades pacificadoras tenían por finalidad asegurar su
reino contra un nuevo y peligroso enemigo que apuntaba por el
este, los asirios.
Tuthaliya IV sucedió a su padre Hatusil, aproximadamente en el afio
1265 antes de Cristo, pero fue durante el reinado de Tukulti-Ninurta
I (1244-1208 antes de Cristo) que las tropas asirias cruzaron el
Éufrates en una vasta expedición, en la que fueron capturados
30.000 hititas.
La prosperidad de Asiría llevó a Tuthalíya IV a prohibir el comercio
con la nueva potencia, una medida que supuso la recesión
económica. Fue el principio del fin. El imperio hitita era frágil y
Amuwanda III asistió Impotente a las sublevaciones y a la paulatina
pérdida de territorios, Su sucesor. Supiluliuma II, fue testigo de la
hecatombe que produjo la invasión, de los Pueblos del Mar (siglo XÍI
a. C). Hattusa, fue arrasada por las llamas.
Los supervivientes se dispersaron por las fronteras del imperio hasta
reagruparse en pequeñas ciudades-estado, como Malatya y
Karkcmish -a la que los asirlos se refirieron como el “gran país de
Hattí"-, Estos reinos neohítitas perduraron durante cuatro siglos
ante la indiferencia condescendiente de Asiría, que decidió
aniquilarlos por completo a finales del siglo VIII AC.
LA CULTURA HITITA
El imperio hitita fue el centro civilizador del área geográfica que
habitaba y creció hasta llegar a ser poderoso gracias a la acción
combinada de la guerra y la diplomacia, pero hay un hecho evidente
y es que fue fundado sobre la base del. Trabajo desarrollado por
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hombres como Tiwatapara. Este no conquistó territorios, no


codificó leyes, ni levantó grandes ciudades. Tampoco era rico o
poderoso, ni famoso, y es casi seguro que no sabia leer ni escribir. A
pesar de ello, Tiwatapara representó la espina dorsal de Hattí; lo
mismo que la gran masa de población había nacido como ciudadano
libre y, lo que es más significativo, era un campesino. Sólo gracias al
aprovisionamiento de alimentos procedentes del campo y de los
ganados de Tiwata¬para y de sus compañeros campesinos, otros
hombres pudieron dedicarse a la construcción del imperio. Con la
contribución de una diversidad de talentos especializados, los
campesinos de Hatti hicieron posible el crecimiento de una sociedad
altamente urbanizada, estabilizada por un gobierno central basado
en el respeto a la ley y unificada por una creencia comen en los
dioses nacionales, a los que podía apelarse en casos de interés
nacional. La historia de Tiwatapara se halla registrada en una de las
miles de tablillas procedentes de los archivos reales de Hattusa.
Hay también indicios de que la región, que en la actualidad está casi
totalmente desprovista de arbolado, presentara en aquellos
tiempos extensiones pobladas de bosque. Las ruinas de los edificios
hititas nos muestran que la madera era un material básico para la
construcción, y los textos cuneiformes citan entre estas maderas las
del roble, el álamo y el abeto. De todos modos, las altiplanicies de
Anatolia difícilmente pudieron ser un jardín del Edén-; como las
lluvias eran esporádicas, estaba muy extendido el sistema de riegos,
hasta el punto de que apropiarse del agua de un vecino tras desviar
su canalización estaba considerado un gran delito.
Haciendo las cosas lo mejor que podían y dadas estas circunstancias
adversas, los campesinos hititas parece que llegaron a disfrutar de
cierto bienestar; tanto es así, que muchos de ellos tenían
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posesiones mayores que las de Tíwatapara; además de uvas, higos y


aceitunas, cultivaban cebada, trigo, cebollas, lentejas, garbanzos,
lechugas y habichuelas e incluso en algunas zonas, el lino.La
avicultura estaba muy extendida, y la miel era un producto
corriente. Entre las aves domesticadas figuraban el pato y la perdiz.
Tenían también bueyes, cabras, ovejas, caballos, asnos, mulos-y
cerdo. Los granjeros marcaban a sus animales, pero de los textos
que nos han llegado no se puede saber si hacían este mareaje
estampando señales con hierro candente en la piel o simplemente
tiñendo el pelaje con tintas. En virtud de las leyes hititas, sabemos
también que algunas propiedades estaban cercadas para retener
dentro a los animales y mantenerlos apartados de la gente; era
mayor delito cometer un robo en un campo cercado que en uno sin
vallar, y los toros tenían que estar encerrados, o de lo contrario
podían ser confiscados y puestos a la venta por la justicia del rey.
Los campesinos producían vino de sus uvas maduras, aceite de sus
aceitunas, queso de la leche de sus cabras, grasa de sus cerdos y
harina y cerveza de sus granos. Como quiera que Tiwatapara y sus
colegas campesinos obtenían mayor cantidad de alimentos de lo
que ellos y sus familias podían consumir, una numerosa parte de la
población hitita podía vivir desvinculada de la agricultura y
dedicarse así a otros menesteres, entre los cuales cabe contar la
metalurgia. Anatolia ya destacaba por su riqueza en minerales antes
que los hitítas la convirtieran en su patria. El cobre había sido desde
antiguo el más importante capítulo de exportación de los
comerciantes asirios, los cuales fundaron sus colonias mercantiles o
karums en las afueras de las ciudades de Anatolia en tiempos
anteriores a los hititas. El mineral de hierro también se hallaba en
abundancia, hasta el extremo de que los hititas llegaron a
monopolizar la producción del metal; a pesar de todo, el hierro era
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considerado por ellos como un metal raro y caro. Sólo unos pocos
obreros metalúrgicos conocían la forma de producir las altas
temperaturas necesarias para fundir el mineral de hierro; la idea de
que los hititas se lanzaban a la lucha esgrimiendo espadas de hierro
que podían destrozar las armas de sus enemigos por ser éstas de un
metal más blando no tiene fundamento alguno. Sus herreros sabían
desde luego decorar algunas espadas de hierro, así como tronos,
ornamentos y estatuas de dioses, pero la mayoría de estos objetos
se guardaban en los templos como ofrendas para los dioses o eran
entregados a gobernantes extranjeros como obsequio del rey.
Aun cuando en tiempo de los hititas el hierro resultaba tan costoso
como el oro, su dureza lo hacía singularmente atrayente para
quienes podían permitirse su adquisición; tanto es así que se sabe
de algunos reyes hititas que recibieron cartas de otros monarcas en
que pedían les enviasen hierro: “En cuanto al hierro de buena
calidad acerca del cual me escribiste" —contestaba un príncipe
hitita del siglo XIII antes de nuestra era a una petición de hierro
formulada por otro monarca, probablemente el rey de Asiría— “el
hierro de buena calidad no está disponible en mi casa de sellos de
Kizzuwatna. El momento actual no es propicio para producir el
hierro de que te he escrito; se producirá, pero todavía no han
terminado con su trabajo; cuando lo terminen te lo remitiré; por el
momento te envió la hoja de un puñal como obsequio para ti.”
La agricultura hitita, además de servir al sostenimiento de los
trabajadores que extraían y confeccionaban los metales, mantenía
también una numerosa población de obreros especializados, tales
como artesanos del cuero, remendones, tejedores, ceramistas,
cesteros, carpinteros, picapedreros, comerciantes, sacerdotes,
médicos y escribas. Algunos de estos trabajadores debieron
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organizarse por grupos de presión y quizás verdaderas asociaciones


o gremios. La posible existencia de este tipo de organizaciones se
deduce de unos textos en que se alude a ciudadanos que
desempeñaban ciertos trabajos y que llevaron una queja al rey
señalando que ciudadanos de otras categorías quedaban exentos
del trabajo forzoso que a veces el Estado les exigía.
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