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Introduccion

En el Perú existen a la fecha, más de 140 universidades cuyo rasgo común es, probablemente,
la diversidad en sus modelos de gestión y la gran heterogeneidad en la calidad del servicio que
ofrecen. Tal situación es fruto de que a finales del siglo pasado, el país experimentó un
crecimiento desmedido del sector universitario favorecido por las normas que liberalizaron el
mercado educativo1, sin regular exigencias mínimas para la creación de universidades. En
dicho contexto, el debate sobre la calidad de la educación superior no tardó en abrirse paso
recogiendo premisas de la Declaración de la Unesco sobre la Educación Superior en el Siglo
XXI: Visión y Acción (1998) y en la primera década del presente siglo ya se había instalado en el
sector universitario la conciencia de contar con una acreditación que reconozca y distinga la
seriedad de las instituciones educativas. Las instituciones universitarias más prestigiosas
empezaron procesos de autoevaluación y buscaron en instituciones acreditadoras extranjeras
el sello distintivo de su calidad. El Estado peruano, por su parte, embarcado en labores de
tener una economía estabilizada y conseguir crecimiento económico, se vio forzado a
reconocer que el desarrollo social solo es posible cuando se cuenta con una educación de
calidad, pues no cabe duda que la educación es un bien social que debe estar al servicio de la
lucha contra la pobreza y la desigualdad. La preocupación por una educación de calidad pasó
de ser un asunto propio de las instituciones educativas a convertirse en uno público y a
generar políticas públicas en ese sentido. El cambio se inicia en el 2003 con la Ley General de
Educación, Ley Nº 28044, que entiende que la calidad educativa es “el nivel ópmo de
formación que deben alcanzar las personas para enfrentar los retos del desarrollo humano,
ejercer su ciudadanía y continuar aprendiendo durante toda la vida.” En el año 2006, con la Ley
Nº 28740 se creó, por vez primera, el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y
Certificación de la Calidad Educativa (SINEACE) con la finalidad de “garantizar a la sociedad que
las instituciones públicas y privadas ofrezcan un servicio de calidad.”4 A finales del año 2007, el
Consejo de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad de la Educación Superior
Universitaria (CONEAU), órgano operativo encargado de la organización de los procesos de
acreditación5 de las instituciones educativas en el país inicia actividades y en el 2009, publica
el Modelo de Calidad para la Acreditación de las Carreras Profesionales Universitarias en el
Perú6. A dicha fecha, la acreditación era obligatoria solo para las carreras de educación,
ciencias de la salud y derecho. A inicios del año 2013, el CONEAU había acreditado solo una
carrera profesional de las 558 identificadas (CONEAU, provisional y quedar obligadas a
regularizar su situación en un determinado periodo. Hasta marzo de 2017, solo 11
universidades del país han conseguido el licenciamiento y 10 de ellas son privadas8. Y 66 han
conseguido solo el licenciamiento provisional (SINEACE, 2016). A partir de la vigencia de la LU,
la acreditación de universidades es entendida como un proceso complementario al
licenciamiento. La acreditación se define como la garantía socialmente reconocida que brinda
el Estado sobre la calidad de una institución o un programa de estudios conducente a obtener
un grado académico. A diferencia del licenciamiento, la acreditación debe ser iniciada de modo
voluntario. En cuanto al modelo de calidad vigente para el proceso de acreditación, el Consejo
Directivo Ad Hoc del SINEACE9 en el año 2016 ha aprobado los nuevos estándares con el
documento “Modelo de Acreditación para Programas de Estudios de Educación Superior
Universitaria”. Con este nuevo modelo se pretende superar las deficiencias del anterior
centrado más en los procesos y sin hacer énfasis en los resultados, y excesivamente cargado
de estándares específicos y prescriptivos y enfocados en identificar el cumplimiento basado en
documentación (Resiberg y Bello, 2014). El nuevo modelo10 ha sido presentado como “un giro
significativo en la concepción de la evaluación de la calidad educativa”, que concibe la
evaluación de la calidad como “un proceso formativo que ofrece a las instituciones
oportunidades para analizar su quehacer, introducir cambios para mejorar de manera
progresiva, permanente y sostenida, fortalecer su capacidad de auto regulación e instalar una
cultura de calidad institucional a través de la mejora continua (SINEACE, 2016) El modelo
vigente para la acreditación universitaria se estructura sobre 4 dimensiones que se dividen a su
vez en 12 factores (SINEACE, 2016): Dimensión 1: Gestión estratégica. Se divide en tres
factores: planificación del programa de estudios, gestión del perfil de egreso y aseguramiento
de la calidad. Dimensión 2: Formación integral. Dividido en cinco factores: proceso enseñanza
aprendizaje, gestión de los docentes, seguimiento a estudiantes, investigación, desarrollo
tecnológico e innovación, y responsabilidad social universitaria. Dimensión 3: Soporte
institucional. Tiene tres factores: Servicios de Bienestar, Infraestructura y soporte, y Recursos
Humanos. Dimensión 4: Resultados. Tiene un único factor que es Verificación del perfil de
egreso. Los 12 factores en los que se divide el Modelo de calidad 2016 se subdividen,
finalmente, en un total de 34 estándares a ser evaluados y que deben ser logrados para
obtener la acreditación. En dicha evaluación la calificación de un estándar como plenamente
logrado será indicativo de que no solo se cumple con él sino que se evidencian condiciones
para afirmar que dicho logro se mantendrá en el tiempo. Si el resultado de la evaluación de la
evaluación es positivo se puede otorgar la acreditación por 2 años (cuando no todos los
estándares fueron plenamente logrados y, por tanto, hay deficiencias que deben ser superadas
y sometidas a nueva revisión), o por 6 años que es el plazo máximo.

Si se hace un análisis de todos los sistemas de acreditación, es fácil encontrar


que la calidad se mide a través de los pilares que sustentan la existencia de las
universidades: la docencia, la extensión y la investigación. Ésta última suele ser
observada en dichos sistemas desde dos perspectivas: investigación formativa,
o de cómo se enseña a investigar, y la investigación in stricto sensu, es decir,
básica o aplicada.

En cuanto a la investigación formativa, se puede hablar desde aspectos


curriculares como la inclusión de metodologías de solución de problemas,
hasta la formación complementaria a través de semilleros y jóvenes
investigadores. Respecto a la investigación propiamente dicha, la realización
de proyectos de investigación, la obtención (o no) de resultados y su respectiva
divulgación son los procesos a través de los cuales se mide la calidad en las
instituciones de educación superior.

En el primer grupo de universidades están aquellas que dedican recursos para


el desarrollo profesoral y estudiantil, que fomentan y financian la investigación
como un medio para hallar soluciones con un alto nivel de impacto;
comprenden que son uno de los baluartes donde el conocimiento debe
generarse para traer bienestar a la sociedad, desde su esfera de acción.
Entienden, también, que la investigación es una inversión de mediano y largo
plazo, no un gasto, que debe ser medida, pero cuyos resultados no se obtienen
mediante un esquema lineal o de proporcionalidad directa. En estas
instituciones, cuando un ente certificador concede la acreditación, esta viene a
ser un espaldarazo a la gestión y a la completa comprensión de la investigación
como función primaria.
En el segundo grupo de universidades están las que consideran que la
investigación es un gasto que hay que reducir, ni siquiera optimizar, y que es
un requisito cuyo cumplimiento debe demostrarse al ente acreditador, tratando
de evidenciar resultados, más para que un indicador alcance un umbral que
para generar un verdadero impacto. En estas instituciones, la acreditación
constituye un fin, no un medio en sí mismo. Precisamente, por su comprensión
errada de la investigación, la mayoría queda en el camino.
No obstante, las instituciones acreditadoras tienen clara esta tipología de
universidades. Por eso, la acreditación de alta calidad, como proceso de
mejoramiento continuo, va renovando su enfoque y planteando nuevos
indicadores, los cuales serán fácilmente evidenciables por aquellos que
realmente estén comprometidos.
Quienes se hallan en una universidad y realizan verdadera investigación,
siempre buscarán generar aportes al conocimiento, más que cumplir requisitos
de un sistema de acreditación pues los resultados y las evidencias vendrán por
añadidura. También buscarán, en el camino, enamorar de la investigación a las
nuevas generaciones para así garantizar el relevo o, mejor, empalme
generacional. No obstante, lo que pueda y quiera hacer el investigador
dependerá del apoyo institucional que reciba, por lo que es pertinente
cuestionar en cuál de los dos tipos de universidades se está, si en la que
entiende la investigación o en la que se debe hacer investigación como
imposición de un sistema de calidad. De cómo se manifieste el apoyo, se
intuirá la respuesta.
Concytec: Compromiso por la construcción de

educación superior de calidad.

“Se requiere fortalecer el sistema de educación


superior existente, implementando más
programas de postgrado de alto nivel,
mejorando el sistema de acreditación superior y
creando una demanda que exija altos estándares
de calidad”.
Uno de los principales factores de los bajos niveles de competitividad
del país, es la poca inversión en investigación y desarrollo (I+D), que se
encuentra estrechamente asociada con la ausencia de personal
altamente calificado y la insuficiente masa crítica de
investigadores. Esta afirmación se basa en evidencia recogida en un
análisis comparativo internacional, considerando países similares a
Perú en términos de PBI y de sistemas económicos productivos que
pertenecen a la OECD, que indica que para poder alcanzar al país más
conservador, necesitamos contar con 17 mil PhD en ciencias e
ingenierías, y actualmente sólo contamos con alrededor de 2,000.

Para cerrar esta brecha, se requiere fortalecer el sistema de


educación superior existente, implementando más programas de
postgrado de alto nivel, mejorando el sistema de acreditación superior
y creando una demanda que exija altos estándares de calidad.

La universidad debe ser vista como una institución que genere valor a
través de la investigación y la transferencia tecnológica, además de
formar personas. Es indispensable que los profesores contribuyan
a despertar y desarrollar la vocación científica de los jóvenes,
haciéndolos partícipes en el desarrollo de programas de investigación
orientados a la demanda del sector productivo y del bienestar.

Pero no es sólo la universidad la que debe fortalecer la educación


superior. Los institutos superiores tecnológicos requieren
fortalecer sus capacidades y orientarlos al mercado,
transformándolos en el motor de generación de mano de obra
calificada para el sector productivo. Es necesario revalorizar a
estos institutos apuntando hacia una educación de excelencia.

CONCYTEC viene realizando el esfuerzo para mejorar la actual


situación de la CTI en el Perú Recientemente, se han lanzado
concursos de becas para programas de maestría que cumplan con
criterios mínimos de calidad académica y de investigación, y
subvenciones para contratar investigadores postdoctorales peruanos o
extranjeros orientados a las áreas priorizadas por CONCYTEC.

En los próximos meses, lanzaremos concursos en asociación con el


MINEDU, para otorgar financiamiento a los mejores estudiantes
de ciencias e ingenierías de universidades públicas, para
enseñarles idiomas y fortalecer lo que se llama habilidades
blandas, preparándolos para acceder a una educación de élite en las
mejores universidades extranjeras.

Para el 2014, el CONCYTEC contará con S/. 330 millones de nuevos


soles que aportarán en el financiamiento de instrumentos orientados a
promover la investigación, desarrollo e innovación.

Conclusión

La Ley universitaria obliga desarrollar investigación en la formación profesional y establece


exigencias para obtener los grados académicos; pero varias universidades no exhiben información
confiable sobre el cumplimiento de su gestión académica; por eso, las Escuelas Profesionales, para
adaptarse a la Ley del SINEACE, están ajustando las actividades de su autoevaluación, siendo
pertinente desarrollar propuestas encaminadas a organizar y gestionar la autoevaluación en sus
diferentes dimensiones, factores y criterios; y entre otros aspectos a organizar y gestionar la
investigación formativa. Se revisaron fuentes documentales referidas a la base normativa,
bibliografía conceptual y de investigación, así como currículos de universidades públicas y
privadas. El Modelo de Calidad para la Acreditación de carreras profesionales del CONEAU, sobre la
investigación formativa, en la dimensión formación profesional, se identifican 9 estándares, y en el
factor docente de la dimensión Servicios de apoyo para la Formación Profesional se reconocen 5
estándares. La investigación formativa es un instrumento esencial en la formación profesional, de
toda carrera profesional cuyas actividades deben concluir con elaboración de la tesis universitaria.
Por eso las Escuelas Profesionales deben preverlo en los currículos, explicitando asignaturas y
seminarios que conduzcan a la investigación formativa; y de esta manera facilitar la
autoevaluación y conseguir la acreditación. Para la acreditación de una Escuela Profesional se
proponen actividades con relación a estudiantes y a profesores; asimismo, para la acreditación
institucional se propone una política y un sistema de investigaciones.

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