La fisiopatología del dengue es multifactorial y resulta de la interacción
compleja entre el virus, el huésped y la respuesta inmunitaria. El dengue es
causado por la infección con uno de los cuatro serotipos del virus dengue
(DENV 1-4), transmitido por mosquitos de la especie Aedes.
El virus infecta principalmente monocitos, macrófagos, células dendríticas,
mastocitos, linfocitos T y B, y células endoteliales, lo que facilita la
diseminación viral y la disfunción inmunitaria. La severidad se asocia
frecuentemente a infecciones secundarias por un serotipo diferente, donde la
potenciación dependiente de anticuerpos (ADE) juega un papel central:
anticuerpos no neutralizantes facilitan la entrada del virus a través de
receptores Fcγ, incrementando la replicación viral y la activación inmunitaria.
La respuesta inmunitaria desregulada es clave en la patogénesis. Se observa
una liberación masiva de citocinas y quimiocinas proinflamatorias, incluyendo
IL-2, IL-6, IL-10, IFN-γ, GM-CSF, MIF, entre otras, que contribuyen al
aumento de la permeabilidad vascular y extravasación plasmática. Además,
la activación de células T y la producción de autoanticuerpos contra
proteínas virales pueden inducir daño endotelial y fenómenos autoinmunes.
A nivel celular, la infección por dengue induce disfunción mitocondrial, lo que
lleva a la liberación de patrones moleculares asociados a daño, como ADN
mitocondrial, que amplifican la respuesta inflamatoria sistémica. La
disrupción de la homeostasis mitocondrial en hepatocitos y otras células
contribuye a la lesión tisular y la liberación de mediadores proinflamatorios.
En la fase severa, la extravasación plasmática es el evento fisiopatológico
central, mediado por la disfunción endotelial, la liberación de mediadores
vasoactivos y la apoptosis celular. Esto puede llevar a shock hipovolémico,
hemoconcentración, coagulopatía y daño multiorgánico, con hallazgos de
necrosis hepática, daño pulmonar, necrosis tubular renal, miocarditis y
destrucción de centros germinales esplénicos.
Finalmente, la integridad de la barrera intestinal puede verse comprometida,
facilitando la translocación bacteriana y exacerbando la inflamación
sistémica. La mayoría de las infecciones son asintomáticas o leves, pero una
minoría progresa a formas graves como fiebre hemorrágica del dengue
(FHD) o síndrome de shock por dengue (SSD), caracterizadas por
extravasación plasmática, hemorragias y disfunción orgánica.
El virus del dengue tiene un período de incubación que dura entre 3 y 15
días. Sin embargo, la mayoría de las veces oscila entre 5 a 7 días. Así
mismo, se caracteriza por tres etapas. Empezando con la fase febril; donde
los pacientes desarrollan fiebre alta y repentina, habitualmente aguda dura
de 2 a 7 días y suele acompañarse de eritema, dolor corporal generalizado,
mialgia, artralgia, cefalea y dolor retro orbitario. Algunos pacientes pueden
presentar odinofagia e hiperemia en faringe y conjuntivas. Los trastornos
gastrointestinales (anorexia, náuseas, vómito y evacuaciones líquidas) son
comunes, de igual manera.
En la fase febril temprana puede ser difícil distinguir las características
clínicas entre los casos de dengue y los que más tarde evolucionan a dengue
grave. A los pocos días del inicio de la enfermedad pueden presentarse
manifestaciones hemorrágicas menores, como petequias y equimosis en la
piel; así mismo, puede haber un aumento del tamaño del hígado, que puede
ser doloroso a la palpación. La primera anomalía del hemograma es una
disminución progresiva del recuento total de glóbulos blancos, que debe
poner al médico en alerta, dada la alta probabilidad de infección por dengue.
La bradicardia relativa es común en esta fase, ya que la fiebre no eleva la
frecuencia cardíaca.
Seguidamente, tenemos la fase crítica, que coincide con el momento de la
defervescencia febril, que ocurre ente los días 3 – 7 de la enfermedad, puede
ocurrir escape de plasma del espacio intravascular por aumento de la
permeabilidad capilar, con aumento progresivo del hematocrito; marcan el
inicio de la fase crítica. En ocasiones puede aparecer un exantema
eritematoso, maculopapular o hemorrágico, edema de párpados u otro sitio;
puede haber cianosis periférica o peribucal, y caída rápida de los leucocitos y
plaquetas. Un signo importante es la disminución de la presión arterial
(diferencia entre la presión sistólica y diastólica de 20 mm Hg o menos), el
cual se lo ha relacionado como un marcador de severidad, la respiración se
hace rápida y dificultosa, el pulso se vuelve débil, rápido y filiforme y los
ruidos cardíacos apagados; es frecuente hallar derrames en cavidades
serosas, ascitis o hidrotórax. El cuadro puede evolucionar finalmente hacia el
choque hipovolémico con hipoperfusión tisular, daño orgánico múltiple,
acidosis metabólica y CID con hemorragias masivas. El sangrado masivo
causa además mayor hipotensión y leucocitosis (con caída brusca del
hematocrito). Existen formas graves de dengue en el cual algunos pacientes
pueden desarrollar falla grave de órganos (hepatitis, encefalitis, miocarditis).
Algunos pacientes pasan de la fase febril a la crítica sin defervescencia febril
y en estos pacientes debe usarse el recuento de leucocitos, plaquetas y el
hematocrito como parámetros de diagnóstico de la fase crítica.
Para finalizar, tenemos la fase de recuperación; en los pacientes con signos
de alarma o dengue grave que sobreviven tras las 24-48 horas de la fase
crítica será reabsorbido el líquido intersticial en forma gradual, en las
siguientes 48-72 horas, y este fenómeno se acompaña de una sensación de
bienestar, recuperación del apetito, desaparición de las molestias
gastrointestinales, estabilización de los signos vitales y aumento de la
diuresis. Algunos pacientes desarrollan un exantema característico, prurito
generalizado en palma de manos y planta de los pies, bradicardia y cambios
del ECG. El hematocrito se estabiliza o puede bajar, los leucocitos se elevan
de nuevo y precede, característicamente, al aumento de las plaquetas. Si se
ha administrado cantidades excesivas de fluidos en la fase crítica, puede
ocurrir distrés respiratorio, edema pulmonar, o falla cardíaca congestiva a
partir de la reabsorción del derrame pleural y la ascitis.
CLASIFICACIÓN REVISADA DEL DENGUE
El dengue, la enfermedad viral transmitida por artrópodos más prevalente en
humanos, fue originalmente clasificada de manera convencional en cuatro
categorías principales: no clásica, clásica, dengue hemorrágico y síndrome
de choque por dengue. Varios estudios evidenciaron la falta de correlación
entre las categorías de la clasificación establecida y la gravedad de la
enfermedad. Como consecuencia, la Organización Mundial de la Salud
(OMS) propuso en 2008 una nueva clasificación, ejecutada por primera vez
en el año 2009, basada en los hallazgos del estudio DENCO (Dengue
Control). Este esquema, diseñado por expertos, enfatiza la evaluación de los
síntomas clínicos de severidad, especialmente los signos de alarma, que
indican la progresión hacia formas graves de la enfermedad, dividendo el
dengue en dos categorías: dengue no grave (sin signo de alarma y con
signos de alarma) y dengue grave.
El primero en la clasificación es el dengue sin signos de alarma. Las
características de su cuadro clínico son distintas teniendo en consideración
al grupo etario al que pertenezca el paciente. En adultos, el cuadro clínico
puede manifestar síntomas y signos muy variados o ser típico, que pueden
aparecer muchos de estos síntomas o todos ellos durante días seguidos (no
más de una semana, en la mayoría de los casos), para pasar a una
convalecencia que puede durar varias semanas. En el caso de los niños,
puede haber pocos síntomas y la enfermedad puede manifestarse como un
“síndrome febril inespecífico”. La presencia de otros casos confirmados en el
medio al cual pertenece el paciente, es determinante para sospechar el
diagnóstico clínico de dengue. Cabe agregar algunos factores
característicos, como: los pacientes suelen vivir en áreas endémicas de
dengue o haber viajado a ellas, presentan fiebre, náuseas, vómitos,
exantema, mialgias y artralgias, petequias o test positivo del torniquete,
leucopenia y confirmación del laboratorio.
En segundo lugar, se encuentra el dengue con signos de alarma. Este se
describe como el periodo en el cual la fiebre comienza a descender, el
dengue puede evolucionar hacia la recuperación o desarrollar signos de
alarma, los cuales marcan el inicio de la fase crítica debido al aumento de la
permeabilidad capilar. Entre estos signos destacan el dolor abdominal
intenso y continuo, causado por la extravasación de líquido en zonas
perirrenales y retroperitoneales, lo que puede simular cuadros de abdomen
agudo. También se presentan vómitos persistentes, que dificultan la
hidratación oral y contribuyen a la hipovolemia. Además, la acumulación de
líquidos en cavidades como la pleura, el peritoneo o el pericardio puede ser
detectada por examen clínico o estudios de imagen, y su presencia sin
compromiso hemodinámico diferencia el dengue con signos de alarma del
dengue grave. Otros signos incluyen sangrado de mucosas en encías,
aparato digestivo o tracto urinario, alteraciones del estado de conciencia con
irritabilidad o letargia (Glasgow <15), hepatomegalia palpable más de 2 cm
debajo del margen costal, y aumento progresivo del hematocrito,
concomitante con una disminución de plaquetas en evaluaciones sucesivas.
La identificación temprana de estos signos permite una intervención
adecuada para reducir la morbilidad y mortalidad de la enfermedad.
El dengue grave se caracteriza por la presencia de choque por extravasación
de plasma, acumulación de líquidos con dificultad respiratoria, sangrado
profuso clínicamente significativo, o compromiso grave de órganos.
Generalmente, cuando la fiebre comienza a disminuir, el aumento de la
permeabilidad vascular y el agravamiento de la hipovolemia pueden
desencadenar el choque, lo que ocurre con mayor frecuencia entre el cuarto
y quinto día de la enfermedad, precedido por signos de alarma. En la fase
inicial, el organismo compensa la caída de la presión arterial sistólica
mediante taquicardia y vasoconstricción periférica, lo que provoca
extremidades frías y retraso del llenado capilar, pudiendo generar una falsa
percepción de estabilidad clínica. A medida que la hipovolemia persiste, la
presión sistólica disminuye mientras la diastólica se mantiene, lo que reduce
la presión del pulso y la presión arterial media; en estadios avanzados,
ambas pueden caer abruptamente. La progresión del choque junto con la
hipoxia sostenida aumenta el riesgo de insuficiencia orgánica múltiple, lo que
complica el manejo clínico y eleva el riesgo de mortalidad. Identificar
tempranamente estas manifestaciones es clave para una intervención eficaz.
Esta clasificación mejora la capacidad de los médicos para tomar decisiones
terapéuticas de manera rápida y efectiva, facilitando un tratamiento oportuno
para los pacientes afectados. Al permitir una identificación más temprana de
los casos graves, se considera un avance significativo en la reducción de la
morbilidad y mortalidad asociadas al dengue.
Epidemilogia(borrar ete titulo jiji):
Es lamentable que a pesar de la prevalencia de casos, Venezuela aún no ha
proporcionado cifras oficiales sobre la incidencia del dengue en 2025; sin
embargo, basándonos en los reportes más recientes, sabemos que la
Sociedad Venezolana de Infectología ha detectado un incremento
significativo en las consultas y hospitalizaciones por dengue durante el
primer trimestre de 2024, continuando una tendencia observada desde
octubre de 2023.
La sección de Virología del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad
Central de Venezuela posee la capacidad de realizar diagnóstico por RT-
PCR de cinco arbovirosis endémicas en la región (fiebre amarilla, zika,
dengue, chikungunya y fiebre del Nilo Occidental) y diferenciar entre los
cuatro serotipos del virus del dengue.
De un total de 165 pacientes positivos para el virus dengue, el 80%
correspondió al serotipo 3 (DENV-3). La secuenciación genómica de 10
muestras analizadas en el Instituto Venezolano de Investigaciones
Científicas (IVIC) reveló que todas pertenecían al genotipo III
(Americano/Asiático). A diferencia de otras regiones de Sudamérica,
Venezuela y el Caribe presentan un predominio del serotipo DENV-3 en la
actualidad.
Especialistas han advertido sobre un comportamiento clínico inusual en los
pacientes, con manifestaciones como hiperpirexia persistente, hepatitis
severa, trombocitopenia extrema precoz, signos de irritación peritoneal,
cefalea intensa y complicaciones neurológicas, que no siempre están
asociadas con la gravedad de la enfermedad ni con la presencia de
hemoconcentración o fuga capilar significativa.
En cuanto a las complicaciones neurológicas, seis pacientes (3.6%) de los
165 con diagnóstico virológico confirmado desarrollaron afecciones
neurológicas diversas. Todos eran adultos (edad entre 19 y 78 años), con
una proporción de 4 hombres por cada 3 mujeres y un promedio de
instalación de la complicación a los 4 días. Dos pacientes presentaron
parálisis flácida ascendente similar al Síndrome de Guillain-Barré (uno de
ellos con parálisis facial asociada), tres sufrieron convulsiones generalizadas
(uno con signos de encefalitis), y un paciente manifestó meningismo, aunque
sin alteraciones en el líquido cefalorraquídeo. En todos los casos, el virus
DENV fue detectado en el suero mediante RT-PCR, y en dos pacientes (uno
con Guillain-Barré y otro con meningismo), también se confirmó su presencia
en el líquido cefalorraquídeo (LCR). La evolución de los afectados fue
favorable: cuatro se recuperaron completamente en la convalecencia
inmediata, mientras que los dos casos con Guillain-Barré mostraron mejoría
progresiva.
Lamentablemente, la OMS ha hecho saber que no hay reportes
epidemiológicos de dengue en Venezuela desde 2023Hasta la semana
epidemiológica (SE) 19 de 2025, se han reportado en la Región de las
Américas un total de 2,755,110 casos sospechosos de dengue, con una
incidencia acumulada de 271 casos por cada 100,000 habitantes, lo que
representa una disminución del 71% en comparación con el mismo período
de 2024 y del 13% respecto al promedio de los últimos cinco años. De estos
casos, 1,096,668 (40%) fueron confirmados por laboratorio, mientras que
3,490 (0.1%) fueron clasificados como dengue grave, con un total de 1,160
muertes, lo que arroja una letalidad del 0.042%. En la SE 19, doce países y
territorios notificaron casos de dengue, sumando 123,799 nuevos casos
sospechosos, de los cuales 139 fueron casos graves (0.1%) y se reportaron
7 muertes, con una letalidad del 0.006%.
Por subregión, en Centroamérica y México, se notificaron 2,608 nuevos
casos sospechosos, lo que representa una reducción del 51% respecto a
2024, pero un incremento del 5% en comparación con el promedio de los
últimos cinco años; en México, los casos aumentaron un 16% en relación con
sus cuatro semanas epidemiológicas previas. En el Caribe, se registraron 38
nuevos casos, con una disminución del 64% respecto a 2024 y del 10%
frente al promedio quinquenal. La subregión Andina notificó 7,074 nuevos
casos, con una reducción del 67% respecto a 2024 y del 31% en
comparación con el promedio de los últimos cinco años. En el Cono Sur, se
reportaron 114,079 nuevos casos sospechosos, reflejando una reducción del
72% respecto a 2024 y del 13% en comparación con el promedio quinquenal;
en Guyana, los casos aumentaron un 29% respecto al promedio de sus
últimas cuatro semanas epidemiológicas.
Finalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que
anualmente se producen alrededor de 50 millones de infecciones por
dengue, afectando a una población global de 2,500 millones de personas que
viven en zonas endémicas. Esta clasificación y monitoreo epidemiológico
permiten una mejor toma de decisiones y estrategias de control para reducir
la carga de la enfermedad en la región.
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