INTRODUCCION
En el ámbito laboral, la seguridad y la salud ocupacional son aspectos
fundamentales para garantizar la productividad y el bienestar de los
empleados, convirtiéndose en una prioridad para las organizaciones modernas.
En este contexto, el Trabajador Social emerge como un profesional clave que
aporta una visión integral, enfocándose no solo en los aspectos técnicos de la
prevención, sino también en las dinámicas sociales y humanas que influyen en
el entorno laboral.
Su desempeño requiere un conjunto específico de competencias que le
permitan enfrentar desafíos complejos, tales como la gestión de conflictos, la
promoción de una cultura preventiva y la articulación de esfuerzos
interdisciplinarios. Estas competencias, que van desde habilidades
comunicativas y éticas hasta conocimientos especializados en seguridad y
salud, son imprescindibles para que el Trabajador Social pueda contribuir
eficazmente a la creación de espacios laborales más seguros y saludables.
Explorar y comprender estas competencias es vital para valorar el aporte de
esta profesión en la construcción de organizaciones responsables y
comprometidas con el bienestar integral de sus trabajadores.
El artículo aborda el papel del trabajador social en el área de Seguridad
y Salud en el Trabajo (SST), a partir de una investigación cualitativa realizada
en Colombia con 20 profesionales del Trabajo Social que ejercían en distintas
organizaciones. Su objetivo principal es identificar y describir las competencias
laborales necesarias para que estos profesionales puedan desempeñar
eficazmente su labor en este campo específico.
Los autores parten del reconocimiento de que, tradicionalmente, el
campo de la SST ha sido dominado por enfoques técnicos y médicos,
relegando a un segundo plano la dimensión social de los problemas laborales.
El artículo propone una revalorización del Trabajo Social, destacando su
potencial para aportar en la prevención de riesgos psicosociales, la promoción
de ambientes laborales saludables y el fortalecimiento del bienestar integral de
los trabajadores.
DESARROLLO
El artículo de Naranjo y Pachón no solo aporta una reflexión sustancial
sobre el lugar del Trabajo Social en el campo de la SST, sino que también
evidencia un enfoque emergente que reconoce al trabajador social como un
profesional con capacidad de intervención sistémica, más allá de la tradicional
asistencia individual. La investigación destaca cómo el Trabajo Social se
posiciona como una disciplina mediadora entre los intereses de las
organizaciones y las necesidades de los trabajadores, promoviendo el
bienestar colectivo y la equidad en el entorno laboral.
Uno de los elementos más destacados del artículo es la articulación
entre teoría y práctica, que se refleja en la identificación de competencias
distribuidas en tres categorías (cognitivas, procedimentales y actitudinales), lo
que permite comprender al profesional no como un ejecutor de tareas aisladas,
sino como un sujeto integral, que maneja saberes técnicos, habilidades
aplicadas y principios éticos sólidos. Esta clasificación, a su vez, sirve como
base para el diseño de perfiles profesionales, programas de formación y
estrategias de incorporación del Trabajo Social en entornos laborales diversos.
Por ejemplo, el artículo enfatiza la importancia del conocimiento
normativo y legal como parte de las competencias cognitivas, resaltando que el
trabajador social no puede intervenir eficazmente si no domina el marco jurídico
que regula las condiciones de trabajo, los derechos laborales y la normativa en
salud ocupacional. Esta base teórica es indispensable para realizar
diagnósticos institucionales, formular propuestas de mejora y asesorar tanto a
empleadores como a empleados. En este sentido, se reconoce la necesidad de
fortalecer la formación profesional en estos campos específicos dentro del
currículo universitario.
En cuanto a las competencias procedimentales, el artículo evidencia
cómo el trabajador social asume un rol activo en el diseño y ejecución de
planes de intervención en salud laboral, en alianza con médicos ocupacionales,
psicólogos organizacionales, personal de recursos humanos y líderes
sindicales. Esta capacidad para trabajar de forma inter y transdisciplinaria es
clave en un contexto donde los problemas de salud y seguridad tienen
múltiples causas y requieren respuestas integradas. A través de campañas de
sensibilización, talleres educativos y programas de acompañamiento, el
profesional del Trabajo Social puede incidir directamente en la cultura
organizacional, fomentando el autocuidado, la prevención y la
corresponsabilidad.
En relación a las competencias actitudinales, el artículo sostiene que son
estas las que otorgan al trabajador social una ventaja significativa en la gestión
de conflictos, el acompañamiento emocional y la creación de ambientes
laborales éticamente sostenibles. La empatía, la escucha activa y el respeto
por la dignidad humana permiten al profesional establecer relaciones
horizontales con los trabajadores, detectar problemáticas subyacentes y
proponer soluciones participativas. Además, estas actitudes consolidan la
confianza institucional, generando una percepción positiva sobre el rol del
Trabajo Social en la empresa.
Otro aporte relevante del artículo es la inclusión de la gestión de grupos
y el liderazgo transformacional como competencias complementarias. La
capacidad para dinamizar equipos, organizar espacios colectivos de diálogo y
fortalecer la cohesión interna en los centros de trabajo es vista como una
herramienta fundamental para potenciar la participación activa de los
trabajadores en procesos de mejora continua. Esta mirada supera el enfoque
técnico de la SST como mero cumplimiento normativo y lo convierte en un
espacio para el desarrollo humano, la salud emocional y la transformación
cultural de las organizaciones.
Además, Naranjo y Pachón invitan a repensar el lugar del Trabajo Social
en la estructura organizacional. Argumentan que no debe estar subordinado
exclusivamente al área de talento humano o como parte de programas
asistenciales, sino que debe ocupar un rol estratégico en la toma de decisiones
y en la planificación institucional, particularmente en lo que se refiere al
bienestar integral, la salud mental y la prevención de riesgos psicosociales.
Esta postura desafía los modelos empresariales tradicionales, promoviendo
una ética del cuidado y del desarrollo sostenible.
Finalmente, el artículo concluye haciendo un llamado a los empleadores
y a las instituciones formadoras para reconocer el valor del trabajador social
como actor clave en la construcción de entornos laborales más humanos,
equitativos y seguros. En tiempos donde el estrés laboral, el burnout y los
conflictos organizacionales se han convertido en problemas comunes, la
presencia de profesionales con una mirada social, ética y comunitaria se vuelve
cada vez más necesaria.
Uno de los aspectos más valiosos del artículo de Naranjo y Pachón es
su capacidad para evidenciar los retos estructurales que enfrenta el trabajador
social en el ámbito de la Seguridad y Salud en el Trabajo. A pesar del
reconocimiento progresivo de su labor, aún persisten resistencias
institucionales y una limitada comprensión sobre el potencial de su
intervención. En muchas organizaciones, el profesional en Trabajo Social es
visto como un agente secundario, vinculado exclusivamente a la resolución de
problemas sociales externos a la dinámica productiva. Este enfoque restringido
invisibiliza el carácter transformador de su ejercicio profesional y limita su
participación en procesos estratégicos.
El artículo subraya que uno de los desafíos más importantes es el de
posicionar al trabajador social como un mediador entre la lógica organizacional
y los derechos humanos laborales. En este sentido, se requiere que el
profesional actúe con solvencia técnica, pero también con una mirada crítica
que le permita cuestionar prácticas institucionales que generan desigualdad,
estrés laboral, discriminación o acoso. Esta función crítica no implica
confrontación, sino un compromiso ético con la mejora continua de las
condiciones laborales.
Asimismo, el texto sugiere que los programas de formación universitaria
deben revisar y actualizar sus mallas curriculares, integrando módulos
específicos sobre SST, psicología organizacional, liderazgo, manejo de crisis,
negociación colectiva y normativas laborales vigentes. Este fortalecimiento
curricular permitirá que los nuevos profesionales egresen con herramientas
suficientes para insertarse de manera efectiva en entornos organizacionales
complejos, y para contribuir desde una perspectiva interdisciplinaria al diseño
de políticas de bienestar laboral sostenibles.
La visión preventiva del Trabajo Social también es un punto central del
artículo, ya que permite anticiparse a situaciones de riesgo o conflicto, evitando
intervenciones correctivas tardías. La implementación de diagnósticos
psicosociales participativos, encuestas de clima laboral, análisis de riesgos
psicosociales y procesos de acompañamiento grupal, son estrategias que
posicionan al trabajador social como un actor clave para la gestión del cambio y
el fortalecimiento de la resiliencia organizacional. Desde esta perspectiva, se
valora la capacidad del profesional para generar conocimiento útil, basado en la
experiencia vivencial de los trabajadores y en el análisis estructural de las
condiciones laborales.
Además, la investigación propone una integración efectiva del trabajador
social en los comités paritarios de salud y seguridad, en los equipos de riesgos
laborales y en los departamentos de gestión humana. Esta inserción no solo
debe ser formal, sino activa, con voz y capacidad de decisión en los planes de
prevención, estrategias de intervención y mecanismos de evaluación. Al
respecto, se resalta la importancia de trabajar de forma conjunta con otros
profesionales (médicos laborales, ingenieros en seguridad industrial, psicólogos
organizacionales, etc.), desde una lógica de red y corresponsabilidad.
El liderazgo del trabajador social se plantea en términos
transformacionales: no se trata simplemente de dirigir, sino de inspirar, de
generar cambios culturales que permitan a la organización evolucionar hacia un
modelo más humano, saludable y participativo. El liderazgo ético se convierte
así en una herramienta para movilizar voluntades, promover el
empoderamiento y construir relaciones laborales basadas en la confianza, el
respeto mutuo y la equidad.
Finalmente, el artículo tiene un fuerte componente propositivo, ya que no
solo diagnostica el estado actual del Trabajo Social en la SST, sino que ofrece
pistas concretas para su fortalecimiento. Entre estas se destacan:
La necesidad de mayor visibilidad institucional del Trabajo Social en
entornos laborales.
La creación de normativas que reconozcan explícitamente su papel en la
promoción de la salud ocupacional.
La articulación con políticas públicas de empleo digno y trabajo decente.
El fortalecimiento de redes profesionales y gremiales que visibilicen las
buenas prácticas en este campo.
El artículo de Naranjo y Pachón constituye una valiosa contribución al
campo del Trabajo Social contemporáneo, en tanto amplía los horizontes
tradicionales de intervención y posiciona al profesional como un agente de
cambio estratégico en el ámbito empresarial. Lejos de limitarse a funciones
asistencialistas, el trabajador social aparece como un facilitador de procesos
complejos, un mediador entre el capital y el trabajo, y un promotor de
condiciones de vida dignas en los espacios donde se produce y se convive.
En contextos laborales marcados por la tecnificación, la presión por la
productividad y la precarización, la mirada social se vuelve indispensable. El
trabajador social, con su enfoque ético, humano y transformador, aporta una
perspectiva que permite construir organizaciones más justas, saludables y
comprometidas con el bienestar de sus trabajadores. Es fundamental que las
empresas reconozcan esta potencialidad y abran espacios reales para su
participación, en beneficio tanto del desarrollo humano como del crecimiento
organizacional sostenible.
El artículo de Naranjo y Pachón constituye un aporte fundamental para
comprender la importancia del Trabajo Social en el ámbito de la Seguridad y
Salud en el Trabajo (SST), destacando que este profesional no solo cumple
funciones asistenciales, sino que también asume un rol preventivo, educativo y
transformador dentro de las organizaciones. A través de un enfoque cualitativo,
los autores logran visibilizar cómo las competencias cognitivas,
procedimentales y actitudinales permiten al trabajador social intervenir de
manera integral en la construcción de entornos laborales saludables, justos y
participativos.
CONCLUSION
Además, se resalta la necesidad de posicionar al trabajador social como
un actor estratégico dentro de los equipos multidisciplinarios de salud
ocupacional, capaz de articular conocimientos técnicos con una profunda
comprensión de las dinámicas humanas, sociales y organizacionales. La
gestión de grupos, el liderazgo ético, la promoción del autocuidado y la
participación activa de los trabajadores son dimensiones clave que este
profesional impulsa desde una mirada humanista y crítica.
En este sentido, la investigación invita a las instituciones formadoras y a
las empresas a repensar el lugar del Trabajo Social en el mundo laboral,
promoviendo su incorporación efectiva en espacios de decisión y planificación
estratégica. Reconocer su valor no solo implica una mejora en la calidad de
vida laboral de los trabajadores, sino también una apuesta por organizaciones
más humanas, resilientes y comprometidas con el desarrollo sostenible.
Asimismo, el artículo plantea un llamado urgente a fortalecer la
formación académica y profesional del trabajador social en temas relacionados
con la SST, promoviendo la inclusión de contenidos específicos en las mallas
curriculares que aborden legislación laboral, gestión del riesgo, salud mental en
el trabajo y liderazgo organizacional. Esta preparación no solo permitirá una
mejor inserción en el campo laboral, sino también una intervención más
efectiva, crítica y propositiva. De esta manera, se reafirma que el Trabajo
Social no es un actor complementario, sino un agente esencial para la
transformación de las culturas organizacionales, aportando a la construcción de
espacios laborales que prioricen el bienestar, la dignidad y los derechos
humanos de quienes los integran.
Bibliografía
Naranjo, M., & Pachón, S. (2014). Competencias laborales del
trabajador social en el área de seguridad y salud en el trabajo.
Hojas y Hablas. Dialnet, pp.158-169. Obtenido de
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6628738.pdf