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Tema: Corte Penal Internacional

INTRODUCCION
La Corte Penal Internacional (CPI) surge como una institución esencial
en el sistema de justicia internacional contemporáneo, cuyo propósito es juzgar
y sancionar a los responsables de los crímenes más graves que conmocionan
a la humanidad, tales como el genocidio, los crímenes de guerra, los crímenes
de lesa humanidad y el delito de agresión. Creada a partir del Estatuto de
Roma, adoptado en 1998, la CPI representa un esfuerzo colectivo de la
comunidad internacional para superar la impunidad que históricamente ha
rodeado estos actos atroces, garantizando que exista un tribunal permanente y
autónomo con competencia para intervenir cuando los Estados no logren o no
quieran actuar.

La importancia de esta Corte radica en su capacidad para


complementar las jurisdicciones nacionales y fortalecer el Estado de derecho a
nivel global, promoviendo la justicia, la verdad y la reparación para las víctimas.
En este contexto, resulta fundamental analizar el Estatuto de Roma, entender
las etapas del procedimiento judicial ante la CPI, conocer casos emblemáticos
que ejemplifican su labor y reflexionar sobre su funcionamiento actual, para
valorar el impacto y los retos que enfrenta esta institución en la búsqueda de
una justicia penal internacional efectiva y legítima.

DESARROLLO

Análisis del Estatuto de Roma: Objetivos, Estructura y Crímenes

El Estatuto de Roma es el tratado fundacional que estableció la Corte


Penal Internacional (CPI) en 1998, con el fin de promover la justicia penal
internacional y evitar la impunidad ante los crímenes más graves que afectan a
la humanidad. Su principal objetivo es asegurar que quienes cometan delitos
como genocidio, crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y el crimen
de agresión respondan ante la justicia, complementando a las jurisdicciones
nacionales cuando estas no actúen. Busca fortalecer el Estado de derecho y
proteger los derechos humanos a nivel global.

En cuanto a su estructura, el Estatuto organiza la CPI en órganos


fundamentales: la Fiscalía, encargada de investigar y acusar; las Salas
Judiciales, responsables de juzgar y dictar sentencias; la Presidencia, que
administra el funcionamiento; y la Secretaría, que ofrece soporte administrativo.
Esta configuración garantiza la independencia e imparcialidad en la labor
judicial y el debido proceso (Abad, 2021). Establece los principios rectores del
derecho penal internacional, como la complementariedad y la responsabilidad
individual.

Los crímenes que la CPI está facultada para juzgar son específicamente
cuatro: el genocidio, entendido como el intento de destruir total o parcialmente
a un grupo nacional, étnico, racial o religioso; los crímenes de lesa humanidad,
que incluyen ataques sistemáticos contra poblaciones civiles; los crímenes de
guerra, que violan las normas internacionales en conflictos armados; y
finalmente, el crimen de agresión, que se refiere al uso ilegítimo de la fuerza
por parte de un Estado contra otro (Mariscal, 2020). Estos delitos representan
las violaciones más graves al orden jurídico internacional.

El Estatuto detalla la jurisdicción de la CPI, que se aplica cuando el


crimen ocurrió en el territorio de un Estado Parte o cuando el acusado es
nacional de uno, o si el Consejo de Seguridad de la ONU refiere un caso.
También fija criterios de admisibilidad para evitar la doble persecución y
garantizar que la justicia nacional tenga prioridad. Estos elementos refuerzan la
idea de que la CPI actúa como última instancia, protegiendo la soberanía pero
sin permitir la impunidad.

El Estatuto de Roma promueve la cooperación internacional para la


investigación y el enjuiciamiento, y contempla mecanismos para la participación
de las víctimas en el proceso, así como la reparación de daños (Cifuentes,
2024). Este marco legal representa un avance histórico en la defensa de los
derechos humanos y la lucha contra la impunidad a nivel global, aunque su
efectividad depende en gran medida del compromiso de los Estados y la
comunidad internacional.

Etapas del procedimiento ante la CPI

El procedimiento judicial ante la CPI comienza con el examen preliminar,


en el cual la Fiscalía evalúa la situación para determinar si existen fundamentos
razonables para abrir una investigación formal. Esta etapa implica revisar la
gravedad de los hechos denunciados, la jurisdicción de la Corte, y la
disposición de los Estados para investigar y juzgar los crímenes (Solorzano,
2020). Solo si el examen es positivo, la Fiscalía solicita a la Sala de Cuestiones
Preliminares que autorice el inicio de la investigación.

La siguiente fase es la investigación propiamente dicha, donde la Fiscalía


recopila pruebas, realiza entrevistas, obtiene cooperación de Estados y
organizaciones, y puede solicitar órdenes de arresto o comparecencia. Esta
etapa es crítica para fortalecer la base probatoria y garantizar que el proceso
sea justo y riguroso. La Fiscalía actúa con independencia, pero siempre
respetando los derechos del acusado y de las víctimas.

Una vez concluida la investigación, se lleva a cabo la audiencia de


confirmación de cargos, donde un juez evalúa si las pruebas presentadas
justifican llevar al acusado a juicio (Solorzano, 2020). La defensa tiene
oportunidad de oponerse a los cargos y presentar su propio argumento. Esta
etapa protege al imputado de ser llevado a juicio sin bases sólidas,
garantizando el principio de presunción de inocencia.

Luego sigue el juicio ante las Salas de Primera Instancia, que es un


proceso público en el que se presentan todas las pruebas, se escuchan
testimonios y se defienden las posiciones de la Fiscalía y la defensa. Los
jueces valoran la evidencia y, tras deliberar, dictan la sentencia
correspondiente. En este momento, las víctimas pueden participar como
querellantes o testigos, reafirmando su derecho a la justicia (Annovelli, 2022).
Tras la sentencia, las partes pueden apelar ante la Sala de Apelaciones para
revisar errores de procedimiento o de interpretación legal. Si la condena se
mantiene, se procede a la ejecución de la pena, usualmente en países con
acuerdos de cooperación con la CPI. Este proceso asegura que se respeten las
garantías procesales y que la justicia se cumpla conforme a derecho.

Caso emblemático: Thomas Lubanga Dyilo

Thomas Lubanga Dyilo fue el primer condenado por la Corte Penal


Internacional, lo que convirtió su caso en un referente para la justicia
internacional. Lubanga fue líder de la Unión de Patriotas Congoleños (UPC), un
grupo armado en la República Democrática del Congo, acusado de reclutar y
utilizar niños soldados menores de 15 años en conflictos armados entre 2002 y
2003, violando el derecho internacional humanitario (Zaldívar, 2023).

El arresto de Lubanga en 2006 y su traslado a La Haya marcó un


precedente histórico, pues fue la primera vez que la CPI procesó a un individuo
por crímenes de guerra relacionados con la utilización de niños en hostilidades.
Durante el juicio, la Fiscalía presentó testimonios de ex niños soldados y
pruebas documentales que demostraron el reclutamiento forzado y la
participación de menores en combates.

En marzo de 2012, Lubanga fue declarado culpable de crímenes de


guerra y sentenciado a 14 años de prisión (Pintado & Bustamante, 2022). Esta
condena evidenció la capacidad de la CPI para actuar frente a delitos que
habían quedado impunes durante mucho tiempo. El caso además puso en el
centro del debate internacional la importancia de proteger a la infancia en
zonas de conflicto y de sancionar este tipo de crímenes atroces.

El caso Lubanga tuvo también repercusiones prácticas, como el


fortalecimiento del marco legal sobre la participación de víctimas y testigos en
los procesos internacionales, así como en la cooperación entre la CPI y los
Estados para la detención y juzgamiento de responsables (Enriquez, 2022). El
proceso enfrentó críticas por su duración y algunos problemas de gestión, lo
que refleja los desafíos inherentes a la justicia penal internacional.
El caso Lubanga simboliza un avance significativo en la lucha contra la
impunidad y la protección de los derechos humanos. Su relevancia radica en
demostrar que, incluso frente a conflictos complejos y prolongados, la justicia
internacional puede funcionar y sentar precedentes que refuercen la
responsabilidad penal individual a nivel global.

Crítica o reflexión sobre su funcionamiento actual

La Corte Penal Internacional representa un avance crucial en el sistema


de justicia global, pero enfrenta críticas y limitaciones importantes que afectan
su funcionamiento. Una de las más frecuentes es la dependencia de la
cooperación de los Estados para ejecutar órdenes de arresto o realizar
investigaciones, ya que la CPI carece de fuerza policial propia (Erazo , 2022).
Esta situación limita su eficacia, especialmente cuando los acusados gozan de
protección estatal.

La CPI ha sido acusada de tener un sesgo geográfico, debido a que la


mayoría de sus casos iniciales se concentraron en países africanos. Esta
percepción ha provocado tensiones con organizaciones regionales como la
Unión Africana, que denuncian una aparente selectividad en la aplicación de la
justicia. Aunque la Corte ha extendido su ámbito a otras regiones, esta crítica
afecta su legitimidad y respaldo internacional.

La duración y complejidad de los procesos también suscitan


cuestionamientos. Los juicios suelen extenderse por años, lo que genera
desgaste en las víctimas y dificulta la percepción pública de efectividad (Abad,
2021). Las investigaciones requieren enormes recursos, y en ocasiones
terminan con absoluciones por insuficiencia de pruebas, lo que disminuye la
confianza en la institución.

Es importante reconocer que la CPI ha logrado establecer un cuerpo


jurisprudencial fundamental para el derecho penal internacional y ha promovido
la inclusión de las víctimas en los procesos judiciales, otorgándoles un rol
activo que antes no existía. La Corte ha impulsado avances normativos y ha
generado un mensaje claro de que la impunidad no es aceptable (Enriquez,
2022). Aunque la CPI no es perfecta y enfrenta obstáculos significativos, su
existencia es indispensable para la justicia penal internacional. Para mejorar su
funcionamiento, es necesario fortalecer su independencia, ampliar la
cooperación global y garantizar recursos adecuados. La Corte representa la
esperanza de que la justicia trascienda fronteras y que los crímenes más
graves no queden sin castigo.

CONCLUSION

La Corte Penal Internacional (CPI) representa un avance significativo para


la justicia global, al ofrecer un tribunal permanente dedicado a juzgar los
crímenes más atroces que afectan a la humanidad. Su existencia envía un
mensaje claro: los responsables de genocidio, crímenes de guerra, lesa
humanidad y agresión no estarán por encima de la ley. La CPI fortalece el
sistema internacional al proporcionar un mecanismo complementario que busca
la rendición de cuentas cuando los Estados no pueden o no quieren actuar.

La CPI enfrenta desafíos importantes que ponen a prueba su eficacia y


legitimidad. La falta de cooperación de algunos Estados, la percepción de
parcialidad en ciertos procesos, y la complejidad y duración de los juicios
generan críticas que dificultan su consolidación como un órgano plenamente
efectivo. Estos problemas evidencian la necesidad de reforzar la cooperación
internacional y de implementar reformas que agilicen los procesos sin sacrificar
los derechos fundamentales.

El impacto de la CPI va más allá de los procesos judiciales, ya que


contribuye a crear conciencia sobre la importancia de prevenir los crímenes
internacionales y proteger los derechos humanos. Su trabajo fomenta la
educación, la memoria histórica y la protección de las víctimas, elementos
clave para evitar la repetición de atrocidades y para promover la reconciliación
en sociedades afectadas por conflictos graves.

La CPI es un actor crucial en el panorama internacional de justicia, cuya


relevancia crece en la medida en que el mundo se enfrenta a retos complejos
de violencia y violaciones a los derechos humanos. Aunque aún debe superar
obstáculos y perfeccionar su operatividad, la Corte encarna la aspiración global
de un sistema judicial universal que defienda la dignidad humana y garantice
que nadie quede impune ante los crímenes más graves. Su fortalecimiento es
indispensable para avanzar hacia una comunidad internacional más
responsable.

Bibliografía
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