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En España, el consumo de bebidas alcohólicas está muy normalizado debido a su elevado consumo,

su producción y el arraigo social que tiene en nuestra cultura. El alcohol es uno de los principales
factores de riesgo de carga de enfer- medad y, además de ser una sustancia adictiva que puede
ocasionar dependencia, contribuye al desarrollo de múltiples problemas de salud y lesiones. El daño
que produce es, en general, directamente proporcional al nivel de consumo pero, para determinadas
enfermedades gastrointestinales, cáncer y lesiones, no existe un nivel de consumo seguro[1,2]. Por lo
tanto, se puede afirmar que no existe un nivel de consumo de alcohol libre de riesgo.

El consumo de alcohol es el 4º factor de riesgo de pérdida de salud (Años de Vida Ajustados por
Discapacidad-AVAD) en nuestro país, ocupando la 2ª posición en mujeres y la 5ª en hombres. Además,
produjo anualmente 15.489 muertes durante el periodo 2010-2017, el 74% en hombres y el 55,7%
prematuras (antes de los 75 años).

Para poder reducir los daños producidos por el consumo de alcohol es necesario un abordaje
intersectorial y construirlo requiere analizar y utilizar los datos y el conocimiento disponibles. Esta
monografía se ha preparado para contribuir a este proceso, con voluntad de agrupar en un documento
integral mucha de la información ya existente que se encuentra dispersa en diferentes fuentes.
Incorpora elementos procedentes de los sistemas de información del Observatorio Es- pañol de las
Drogas y las Adicciones (OEDA), junto con información de otras fuentes fiables relevantes. Así, aspira a
ser un documento útil para todos los actores implicados, con una vocación de actualización periódica
que permita disponer de la información más actualizada en cada momento.

OBJETIVOS
El objetivo general de este informe es ofrecer una visión global de las características, evolución y
consecuencias del consumo de alcohol en diferentes poblaciones que permita apoyar el diseño y
evaluación de políticas dirigidas a prevenir el consumo de alcohol y los problemas asociados.

FUENTES DE INFORMACIÓN
Este documento contiene la información más relevante sobre el consumo de alcohol publicada por la
Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (DGPNSD) procedente de los programas de
encuestas y los indicadores de problemas asociados al consumo y adicciones del OEDA,
complementada con otras fuentes oficiales en cuestiones concretas.

A partir de esta diversidad de fuentes se puede obtener una visión global que permite un análisis
poliédrico de las ca- racterísticas, así como de las consecuencias derivadas del consumo de alcohol.
CONSUMO DE ALCOHOL
Según la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España ESTUDES 2018, el
consumo de al- cohol está muy extendido entre los estudiantes de enseñanzas secundarias: el 77,9%
lo consumió alguna vez en su vida (76,3% en hombres y 79,4% en mujeres), el 77,5% algún día
durante el último año (74,1% en hombres y 77,5% en mujeres) y el 58,5% algún día durante el último
mes (57,2% en hombres y 59,8% en mujeres). Es relevante destacar que la prevalencia de consumo
para estos tramos temporales es, en general, superior en las chicas que en los chicos. El inicio del
consumo en ambos sexos se sitúa en los 14 años de media.

En 2018 se apreció un repunte de intoxicaciones etílicas agudas (borracheras) y binge drinking en todos
los tramos de edad y en ambos sexos. Del total de estudiantes que bebieron alcohol el último mes, la
mitad (55,5%) reconoció haber realizado binge drinking y casi la mitad haberse emborrachado, siendo el
porcentaje superior en las chicas que en los chicos (46,5% de las chicas frente al 42,3% de los chicos).
Es destacable que en el grupo de menores de edad (14-17 años) un 47,1% de los chicos y un 52,3% de
las chicas se haya emborrachado alguna vez en la vida.

En España, según la encuesta europea ESPAD, en 2019 la prevalencia de consumo de bebidas


alcohólicas en los es- tudiantes de 15 y 16 años fue del 78% alguna vez en la vida y del 47% en los
últimos 30 días. Ambos valores fueron si- milares a la media europea. Sin embargo, la prevalencia de
borracheras en los últimos 30 días se situó por encima de la media europea, siendo en España del
17% frente al 13% de media europea.

La práctica del botellón sigue estando muy extendida a pesar de la legislación existente. Las chicas de
14 a 17 años lo practican más frecuentemente que los chicos pero, a los 18 años, es a la inversa y son
ellos, aunque con muy poca di- ferencia, los que más veces hacen botellón. Con independencia del
grupo de edad que se contemple, la prevalencia de las borracheras, así como de binge drinking, fueron
sustancialmente más elevadas en el colectivo que realizó botellón.

El tipo de bebida más consumida entre los estudiantes de 14 a 18 años fueron los combinados (29%).
En ambos sexos son el tipo de bebida más frecuente, pero se observó un mayor consumo en las
chicas. Además, es el tipo de bebida más consumida tanto por chicos como chicas que se han
emborrachado, han hecho binge drinking o han hecho botellón.

El 94,9% de los estudiantes de 14 a 18 años no tuvo ninguna dificultad para conseguir bebidas
alcohólicas, tanto si eran mayores como menores de edad. El 37,7% de las personas menores de edad
accedieron directamente al alcohol, por ellos mismos (29,2%) o a través de otros menores (8,5%).

Las personas menores de 18 años adquirieron las bebidas en bares o pubs (52,5%), supermercados
(52,4%), tiendas de barrio, quioscos o bodegas (50,8%) o discotecas (42%) y el 21,4% en la propia
casa. Las consumieron donde las adquirieron (bares o pubs, 53,2% o discotecas, 46,4%) pero también
en calles, plazas, parques, playas o espa- cios públicos abiertos (51,6%) o en las casas de otras
personas (43,6%) y, con menos frecuencia, en la casa donde viven (23,9%).

La percepción que tienen los estudiantes del riesgo de consumir alcohol es muy baja, aunque sus
consecuencias no son nada despreciables. Así, el 2,7% condujo un vehículo de motor bajo los efectos del
alcohol en los últimos 12 meses, siendo más elevado en el grupo masculino que en el femenino (4,0%
frente al 1,5% respectivamente). El 18,9% declaró haber viajado como pasajero en un vehículo
conducido por alguien bajo los efectos del alcohol (el 20,5% de las chicas y el 17,2% de los chicos). Por
otro lado, de los que se emborracharon el último mes, el 16,9% reconoció haberse visto implicado en
una pelea o agresión y el 30,6% haber tenido relaciones sexuales sin preservativo.

Según la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en población general en España EDADES 2019/2020, el
consumo de alcohol está muy extendido también entre la población general de 15 a 64 años: el 93%
de la población consumió alcohol alguna vez en su vida, el 77,2% durante el último año y el 63%
durante el último mes, mientras que sólo un 8,8% declaró consumir a diario. El consumo en el último
año entre los hombres es mayor en el grupo de 25 a 34 años (86,1%), mientras que son las mujeres de
15 a 24 años las que más consumen (76,7%). Las borracheras y el binge drinking muestran una
tendencia ascendente, están más extendidos entre los hombres que entre las mujeres para todos los
tra- mos de edad y es mayor en los grupos de menor edad.
La población laboral muestra cifras de consumo de alcohol ligeramente superiores a las de la
población general, con prevalencias mayores en el consumo diario, entre las personas en paro que
entre las empleadas (10,9% y 9,4%, res- pectivamente).

Según la Encuesta sobre Alcohol y Drogas y otras Adicciones en Mayores de 64 años en España, ESDAM
2019/2020, en la población de mayores de 64 años el consumo de alcohol está menos extendido que
en la población de 15 a 64 años y es superior entre los hombres, observándose un mayor consumo
diario, más consumo de vino y menos consu- mos intensivos (binge drinking, borracheras y consumo de
riesgo de alcohol). Las diferencias de consumo por sexo son más marcadas en esta población de más
edad, con un consumo en el último año en los hombres que casi duplica al de las mujeres.

Todavía es demasiado pronto para calibrar el impacto a largo plazo de COVID-19 en los patrones de
consumo de alcohol de la población pero, durante la pandemia, según los resultados de la encuesta
poblacional realizada para co- nocer este impacto en el año 2020, disminuyó el consumo de bebidas
alcohólicas en ambos sexos y en todos los grupos de edad. Se observó un descenso en los episodios
de consumo intensivo de alcohol en forma de borracheras durante la pandemia en ambos sexos y en
todos los grupos de edad, especialmente en personas menores de 25 años. Esta reducción del consumo
se confirma por la reducción del volumen total de ventas de bebidas alcohólicas registrada en 2020 con
respecto a 2019, rompiendo así la tendencia al alza observada hasta ese año, de acuerdo con los
datos facilitados por la Agencia Tributaria.

CONSUMO DE RIESGO
Según los resultados de la encuesta EDADES 2019/2020, el 5,2% de la población de 15-64 años
presenta un patrón de consumo de riesgo de alcohol estimado en base a la escala AUDIT (≥8 puntos
en hombres y ≥6 en mujeres), con un mayor alcance entre los hombres (6,7%) que entre las mujeres
(3,7%). Estas cifras suponen una ligera reducción respecto a las obtenidas en 2017/18. La prevalencia
es mayor entre los más jóvenes y en los hombres aunque, en el grupo de 15 a 24 años, la diferencia se
reduce notablemente. La prevalencia del consumo de riesgo estimada en base al cálculo de UBEsa
consumidas en los últimos 7 díasb, se sitúa en el 3,8% de la población de 15-64 años, con por- centajes
también más elevados en los grupos más jóvenes.

Según la información de la última edición de la encuesta EDADES 2019/2020, se estima que el 18,6%
de la población de 15-64 años presenta un consumo de alcohol por encima del nivel considerado de
bajo riesgo en España, es decir, por encima de 10 gramos/día en mujeres y 20 gramos/día en hombres.
Estas personas presentan, frente a las que rea- lizan un consumo de bajo riesgo, una edad media más
baja, en especial entre las mujeres, y tienden a mostrar menor nivel educativo, así como un mayor
porcentaje de episodios de consumo intensivo y de consumo de riesgo (estimado en base a la escala
AUDIT).

CONSECUENCIAS DEL CONSUMO


En 2019, el número de admisiones a tratamiento por abuso o dependencia de alcohol notificadas en
las redes au- tonómicas de atención a adicciones fue de 27.209, cifra que ha aumentado ligeramente
desde 2018 a expensas de un incremento de admisiones por primeros tratamientos. El alcohol fue
responsable del 35,2% de las admisiones a trata- miento y se encuentra presente en gran parte de los
patrones de policonsumo. El perfil de las personas admitidas por alcohol es el de un varón de 46,5
años que vive con su familia propia (pareja y/o hijos) (25,3%) o con sus padres o familia de origen
(24,9%) que acude por iniciativa propia o derivado por su profesional de Medicina de Familia u otros
centros de tratamiento y que consume alcohol todos los días. La mayoría (72,6%) no consume otras
drogas. Entre los que sí consumen otra sustancia, destaca el uso de cocaína y cannabis.
a. Unidad de Bebida Estándar (UBE) de alcohol, en España, equivale a 10 gramos de alcohol.

b. Consumo promedio semanal > 28 UBEs/semana en hombres y > 17 UBEs/semana en mujeres, en los últimos 7 días.
A partir del indicador de urgencias hospitalarias relacionadas con el consumo de sustancias
psicoactivas, se re- coge información de los episodios de urgencias relacionados con el consumo de
alcohol cuando éste aparece junto con otra sustancia, por lo que las cifras registradas representan sólo
datos parciales del impacto del consumo de alcohol en los servicios de urgencias. Es, en cualquier caso,
la sustancia psicoactiva legal relacionada con el mayor número de episodios de urgencias, estando
presente, en 2019, en el 40,3% de las urgencias relacionadas con el consumo de dro- gas, cifra
ligeramente inferior respecto a los años anteriores.

En el reciente sistema RAE-CMBD-urgencias, se han registrado 9.964 episodios en 2019 procedentes de la


notificación de 9 CCAA en los que consta alguno de los códigos diagnósticos relacionados con
intoxicación por alcohol. De ellos, hay casi el doble de hombres que de mujeres, siendo el grupo
menor de 24 de años el que concentra más episodios. Se podrá profundizar más en esta fuente de
información cuando disponga de una mayor cobertura.

En 2019, se notificaron al Registro Especifico de Mortalidad por Reacción Aguda a Sustancias


Psicoactivas 920 defunciones en total. La presencia del alcohol entre las personas fallecidas sólo se
registra en caso de que se acompañe de la presencia de otras sustancias psicoactivas. No obstante, el
alcohol es una de las sustancias más presentes en estos casos de fallecidos con intervención judicial,
detectando su presencia en el 39,7% de ellos (38,7% en hombres y 43,6% en mujeres).

En el periodo 2010-2017 se ha estimado que se produjeron en España 15.489 muertes al año atribuibles
a alcohol, siendo un 73,8% en hombres y el 55,7% muertes prematuras (en personas menores de 75
años), siendo esta última proporción bastante más elevada en hombres (61,3%) que en mujeres
(39,8%).

El consumo de alcohol supuso un 4,0% del riesgo general de mortalidad. Teniendo en cuenta el peso de
las muertes prematuras y que la estimación es bastante conservadora, se constata que el consumo de
alcohol sigue represen- tando una carga importante de enfermedad y muerte. Para disminuirla sería
preciso que el consumo de alcohol en la población descendiera.
2. INTRODUCCIÓN

Las bebidas alcohólicas están presentes en nuestra sociedad desde hace siglos y su consumo es
habitual por gran parte de la población. Muchas de las personas que consumen no parecen sufrir
efectos negativos, pero muchas otras los sufren tanto a corto como a largo plazo. El alcohol es uno de
los principales factores de riesgo de carga de enfer- medad en España y, además de ser una sustancia
adictiva que puede ocasionar dependencia, contribuye al desarrollo de múltiples problemas de salud y
lesiones, incluyendo enfermedades cardiovasculares, hepáticas, neuropsiquiátricas y enfermedades
transmisibles, entre otras. También existe una sólida evidencia de la asociación del consumo de alcohol y
ciertos tipos de cáncer, con una relación dosis-respuesta demostrada, lo que implica que cualquier nivel
de consumo aumenta el riesgo de cáncer[1,2]. Además, el impacto de su consumo va más allá de la
salud de la persona que lo hace, ya que también puede producir daños a terceras personas como
lesiones por tráfico, violencia o Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF). Más allá de la salud,
tiene efectos también en la economía y la sociedad en su conjunto. Es un hecho que la distribución del
consumo y sus consecuencias no son homogéneas en la sociedad, afectando principal- mente a los
grupos más desfavorecidos y contribuyendo a incrementar desigualdades.

Para poder reducir los daños producidos por el consumo de alcohol es necesario un abordaje
intersectorial y construirlo requiere analizar y utilizar los datos y el conocimiento disponibles. Esta
monografía se ha preparado para contribuir a este proceso, con voluntad de agrupar en un documento
integral mucha de la información ya existente que se encuentra dispersa en diferentes fuentes.
Incorpora elementos procedentes de los sistemas de información del Observatorio Es- pañol de las
Drogas y las Adicciones (OEDA), junto con información de otras fuentes fiables relevantes. Así, aspira a
ser un documento útil para todos los actores implicados, con una vocación de actualización periódica
que permita disponer de información reciente en cada momento.

2.1. SITUACIÓN A NIVEL MUNDIAL


El consumo de alcohol tiene la particularidad de ser un factor que incrementa el riesgo de
discapacidad y muerte por una diversidad de causas, con bajas fracciones atribuibles a la población
para las afecciones individuales, pero con una elevada carga global. Concretamente, está asociado a
más de 200 problemas de salud y lesiones, incluyendo enfer- medades no transmisibles
cardiovasculares, hepáticas, neuropsiquiátricas y enfermedades transmisibles entre otras[2].

De acuerdo con la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), el alcohol es un
carcinógeno del grupo A[3] y su consumo supone un riesgo dosis-dependiente para desarrollar algunos
tipos de cáncer (cavidad oral, faringe, laringe, esófago, colon-recto, mama (mujer) y hepato-
carcinoma). No existe un nivel seguro de consumo de alcohol para el cáncer, ya que el riesgo empieza
a aumentar incluso con niveles bajos de consumo[4]. Todos los tipos de bebidas alcohólicas, como la
cerveza, el vino y los licores, están relacionados con el cáncer, independientemente de su calidad y
precio[5]. Sin embargo, a pesar de la sólida evidencia científica existente sobre la relación entre alcohol y
cáncer, la ma- yoría de la población general desconoce esta relación.
El informe sobre la Carga Global de Enfermedades en 2016[6] demuestra claramente la contribución
del alcohol a la mortalidad, la discapacidad y los problemas de salud, a nivel mundial. La carga de
enfermedad se concentra especial- mente en la población entre 15 y 49 años, para quienes el alcohol
fue el principal factor de riesgo a nivel mundial en 2016, con un 3,8% de las muertes de mujeres y el
12,2% de las muertes de hombres atribuibles al consumo de alcohol. En comparación con otros
importantes factores de riesgo de Enfermedades No Transmisibles (ENT), como el consumo de tabaco,
el consumo de alcohol contribuyó a una mayor proporción de muertes en adultos jóvenes de 20 a 24
años, superior entre los hombres (26,7%) que entre las mujeres (14,2%). Debido a su impacto
desproporcionado en los más jóvenes, es una de las principales causas de pérdida de años de vida
laboral y, por tanto, de pérdidas de desarrollo económico y productividad. La carga económica que
supone la reducción de la productividad en el lugar de trabajo por el consumo de alcohol es
considerable y afecta a la salud mental y al bienestar de las personas, las familias, los amigos, las
comunidades y la sociedad en su conjunto[7].

Para la población de 50 años o más, el cáncer supuso la mayor proporción de muerte atribuible al
alcohol con un 27,1% del total en mujeres y un 18,9% en hombres. El nivel de consumo de alcohol que
minimizó el daño en los resultados de salud fue de cero Unidades de Bebida Estándar (UBE)a por
semana[6]. Es el único factor de riesgo para el que la carga atribuible se ve afectada por dos factores,
el nivel medio de consumo, así como el patrón de consumo de alcohol[7].

A nivel mundial en 2020, se estimó que el 4,1% de todos los nuevos casos de cáncer fueron atribuibles
al consumo de alcohol, los hombres representaron el 76,7% del total de los casos, y los tipos de
cáncer con más casos atribuibles al alcohol fueron los de esófago, hígado y mama (en la mujer). Los
patrones de mayor consumo (20-60 g/d y por encima de 60 g/día) contribuyeron más a la carga
mundial de cánceres atribuibles al alcohol, pero el consumo de 20g/día o 10 g/día, equivalente a una o
dos UBEs por día fue responsable de más de 100.000 casos de cáncer en 2020, lo que re- fuerza la
idea de que no hay un nivel de consumo seguro. Los autores concluyen que el consumo de alcohol
causa una carga sustancial de cáncer, una carga que potencialmente podría evitarse con políticas e
intervenciones que aumentaran la conciencia del riesgo de alcohol y disminuyeran el consumo de
alcohol[8].

Debido a la carga atribuible al alcohol, el seguimiento y la vigilancia del consumo de alcohol forman
parte de varios mar- cos internacionales, sobre todo del Plan de Acción Mundial de la OMS para la
Prevención y el Control de las Enferme- dades No Transmisibles 2013-2020[9] (con la meta específica de
reducción relativa de al menos un 10% del uso nocivo del alcohol), del Objetivo de Desarrollo Sostenible
(ODS) 3.5 (fortalecimiento de la prevención y el tratamiento del con- sumo nocivo de alcohol) y la
Estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol de la OMS[10]. La OMS actualmente está
elaborando el Plan de Acción 2022-2030[11].

2.2. SITUACIÓN A NIVEL EUROPEO


La Región de Europa de la OMS sigue teniendo los niveles más altos de consumo de alcohol per cápita
del mundo a pesar de que disminuyó el consumo de 12,3 litros en 2005 a 9,8 litros en 2016[2]. Por ello,
en 2019 se realizaron dos consultas para conocer la implementación en cada país del “Plan de Acción
europeo de la OMS dirigido a reducir el consumo de riesgo de alcohol 2012-2020”[12], en especial la
iniciativa SAFER[13], dirigida a apoyar el objetivo mundial de reducir el uso nocivo del alcohol en un 10%
para 2025, con el fin de prevenir y reducir las muertes y discapacidades re- lacionadas con el alcohol.

Los resultados de la consulta concluyeron que, desgraciadamente, no se habían implementado en la


mayoría de los países las 5 acciones con evidencias científicas más costo-efectivas incluidas en la
iniciativa SAFER: aumento del precio de las bebidas alcohólicas a través de aumento de los impuestos
especiales y políticas de precios, aplicación de pro- hibiciones o restricciones de la publicidad, el
patrocinio y la promoción del alcohol así como el fortalecimiento de las restricciones de la
disponibilidad de alcohol.

Resaltan que, para reducir el consumo y los daños atribuibles al alcohol, son necesarias
recomendaciones políticas es- pecíficas basadas en la evidencia, capaces de hacer frente también a los
retos actuales, como las restricciones a la co-

a. 1 Unidad de Bebida Estándar (UBE) de alcohol en España, equivale a 10 gramos de alcohol que es, aproximadamente el contenido
medio de una copa con 100 ml de vino o cava, o 1 vaso de 300 ml de cerveza o una copa o vaso con 30 ml de licores.
mercialización digital. Se constata que, tras la elaboración y
ratificación del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco,
adoptado en Ginebra el 21 de mayo de 2003, el alcohol sigue siendo
la única sustancia psicoactiva que produce dependencia y tiene un
impacto mundial significativo en la salud poblacional que no está
controlada a nivel in- ternacional por marcos normativos
jurídicamente vinculantes que sustenten y apoyen las iniciativas para
regular la pu- blicidad y la promoción del alcohol, incluido el marketing
digital[14]. Añaden que las advertencias sanitarias en el etiquetado
deberían seguir los ejemplos del tabaco. El hecho de que no sea
suficientemente conocido por el público su efecto car- cinógeno
responsable de miles de casos de cáncer y de muertes cada año en la
región, debería llevar a los estados miembros a considerar incluir
advertencias sanitarias específicas sobre cáncer en el etiquetado,
como un medio de au- mentar la concienciación sobre los riesgos
asociados al consumo de alcohol[15].

El Plan Europeo de Lucha contra el Cáncer[16] presentado en 2021[17]


propone la indicación obligatoria en el etiquetado de las bebidas
alcohólicas de la lista de ingredientes y la declaración nutricional
antes de finales de 2022 y las adver- tencias sanitarias antes de
finales de 2023.

2.3. SITUACIÓN EN ESPAÑA


El alcohol sigue siendo la droga con mayor prevalencia de consumo
en España, y su consumo de riesgo es uno de los problemas más
importantes de salud pública, que causa un grave daño social.
Además, el elevado consumo de alcohol por parte de los menores, la
forma en que éste se realiza (bebidas de alta graduación, ingesta de
alcohol en breves pe- ríodos de tiempo, elevado porcentaje de
borracheras), hace que siga siendo una prioridad en las estrategias de
preven- ción y control.

En España, el consumo de alcohol es el 4º factor de riesgo de pérdida


de salud (Años de Vida Ajustados por Discapa- cidad-AVAD), siendo el
2º en mujeres y el 5º en hombres[18]; además, produjo anualmente
15.489 muertes durante el periodo 2010-2017, el 74% en hombres y
el 55,7% prematuras (antes de los 75 años)[19].

Los daños causados por el alcohol, ya sea en la persona que consume o


para los miembros de la familia y otras personas que lo rodean,
incluyen no sólo una amplia variedad de condiciones de enfermedad y
lesiones, sino también una amplia gama de problemas sociales y
económicos que afectan principalmente a los grupos más
desfavorecidos, y su preven- ción, control y gestión son
responsabilidad de toda la sociedad. En el año 2020, de 597
conductores fallecidos en ac- cidentes de tráfico y sometidos a
autopsia y a un análisis toxicológico, el 31,2% fueron positivos a
alcohola. El alcohol sigue siendo la sustancia más consumida por los
conductores fallecidos. El 78,5% de los conductores con resultados
positivos a alcohol arrojó una tasa de alcoholemia igual o superior a
1,20 g/L. El 58,6% de los conductores con resultados positivos a
alcohol, con una tasa de alcoholemia igual o superior a 1,20 g/L, se
encuentra en la franja de edad entre 25 y 54 años. En los 136
peatones analizados y sometidos a autopsia, el alcohol también fue la
sustancia más consumida (cerca del 54%), y también hay que
destacar que los fallecidos con alcohol arrojaron tasas de alcoholemia
muy altas: tres de cada cuatro llegaban o superaban los 1,20 g/L[20].

Los datos disponibles hasta la fecha ponen de manifiesto que las


políticas sobre el alcohol deben ser intersectoriales. Para ser eficaces
y evitar consecuencias no deseadas, esas políticas deben dirigirse no sólo
individualmente a las personas que beben, sino también a los
determinantes sociales y comerciales de este consumo como son el
mercado del alcohol, y toda su cadena de suministro, al entorno de
consumo y al contexto social que incluye la disponibilidad física y
econó- mica, la publicidad y promoción y la visibilidad, además de al
sistema sanitario en general y a otros sectores directamente implicados
en la promoción de la salud y prevención del consumo de alcohol, así
como la atención y rehabilitación de las personas que consumen
(sistema educativo, social, laboral, etc.)[21,22,23]. Para poder realizar
intervenciones dirigidas a pre- venir y reducir el consumo de alcohol, es
necesario contar con información rigurosa y veraz, que permita inferir la
magnitud del problema en España, tanto sobre las características del
consumo como sobre sus consecuencias.

La Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas


(DGPNSD) impulsó la elaboración de la Estrategia Nacional sobre
Adicciones (ENA) 2017-2024[23], y el Plan de Acción sobre Adicciones
2018-2020[24], cuyos objetivos

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