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INSTITUTO UNIVERSITARIO DARWIN

LICENCIATURA EN PEDAGOGIA

“ENSAYO DE LA LECTURA HISTORIA, DESARROLLO Y PERSPECTIVAS DE LA


PSICOLOGÍA SOCIAL”

Presenta:
PELAYO VILLEGAS KARLA DANITZA

Asesor:
MAESTRA MONICA JANET GARCIA HERRERA

Cuernavaca, Morelos ​ ​ ​ ​ ​ ​ ​ Julio, 2025


Unidad de aprendizaje: Historia y fundamentos de la psicología social

Título: La psicología social: una disciplina en movimiento entre tensiones y


convergencias

Introducción

La psicología social, como campo de estudio, ha sido durante más de un siglo un


territorio fértil para el análisis del comportamiento humano en su dimensión
colectiva. En el texto “Historia, desarrollo y perspectivas de la psicología social” de
Abraham Quiroz Palacios (2011), se muestra cómo esta disciplina no nació de
forma lineal, sino desde la confluencia de múltiples saberes: la filosofía, la
sociología, la biología y la psicología. En este ensayo se ofrece una apreciación
crítica del desarrollo de la psicología social, su marco teórico plural y los
problemas epistemológicos que ha enfrentado, atendiendo la importancia que
tiene esta unidad de aprendizaje para comprender los fundamentos científicos de
la conducta humana en sociedad.

Justificación e interpretación del tema

Estudiar la historia de la psicología social permite no solo entender su presente,


sino también identificar los caminos alternativos que puede recorrer. Esta unidad
de aprendizaje es esencial porque contextualiza el pensamiento psicosocial en
función de procesos históricos, sociales y culturales específicos. Como lo expone
Quiroz, la disciplina ha oscilado entre dos polos teóricos: el colectivismo europeo y
el individualismo metodológico estadounidense. Esta dualidad da sentido al
carácter intersticial de la psicología social, como una ciencia que examina el
“entre” del sujeto y la sociedad.

Desarrollo

Orígenes y tradición europea

La psicología social surge en Europa durante un periodo de agitación política,


económica y cultural —particularmente entre finales del siglo XIX y principios del
XX— marcado por las revoluciones industriales, los conflictos armados, el
surgimiento de los nacionalismos y el avance del pensamiento científico. Este
entorno proporcionó el contexto para que diversas disciplinas reflexionaran sobre
las relaciones entre individuo y sociedad, dando pie al surgimiento de la psicología
social como campo autónomo, aunque todavía profundamente interdependiente
de la filosofía, la sociología y la antropología.
Autores europeos como Kant, Hegel, Marx, Durkheim, Weber, Wundt y Simmel
sentaron las bases del pensamiento colectivo. Durkheim, por ejemplo, defendía
que los hechos sociales eran realidades externas al individuo que ejercían sobre él
una fuerza coercitiva, por lo que debían ser estudiados como “cosas”. Wundt,
desde la psicología, elaboró la idea de una “psicología de los pueblos”, centrada
en las representaciones colectivas, el lenguaje, el arte y la religión como
expresiones de una conciencia común. Por su parte, Marx aportó una visión crítica
al sostener que “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino
su ser social el que determina su conciencia”, subrayando el papel de las
condiciones materiales en la formación de la subjetividad.

Autores como Le Bon y Tarde abordaron fenómenos como el comportamiento de


las masas, la opinión pública y la imitación social, prefigurando una línea de
pensamiento que entendía los procesos psicosociales como fenómenos colectivos
e históricos. En esta tradición europea se gesta, entonces, una visión holística que
privilegia el grupo, la cultura, las estructuras sociales y la historia como elementos
fundamentales para explicar la conducta humana.

Esta línea teórica dio lugar a la denominada psicología social sociológica, la cual
considera al individuo como producto de sus vínculos sociales. Esta visión tuvo un
gran impacto en las primeras décadas del siglo XX, siendo también adoptada en
parte por intelectuales críticos latinoamericanos.

Tradición estadounidense: del conductismo al experimentalismo

En contraste, la tradición estadounidense tomó un rumbo marcadamente diferente.


En un contexto influido por el pragmatismo filosófico y el auge del método
científico, la psicología social que se desarrolló en Estados Unidos optó por
centrar su atención en el individuo y en su comportamiento observable. Esta
corriente se conoce como psicología social psicológica y representa el enfoque
dominante en buena parte del siglo XX.

Floyd Allport, considerado uno de los fundadores de esta línea, afirmó en 1924
que la psicología social debía estudiar únicamente al individuo, negando la
existencia de un “espíritu de grupo”. Su visión redujo los fenómenos sociales a
procesos psicológicos individuales, lo que fue reforzado por el conductismo,
corriente representada por John B. Watson, que proponía eliminar cualquier
noción mentalista de la psicología para centrarse exclusivamente en la conducta
observable.

Este giro reduccionista fue ampliado posteriormente por autores como B. F.


Skinner, Clark Hull y Albert Bandura, quienes adoptaron esquemas de
estímulo-respuesta (E-R) para explicar la conducta. Sin embargo, también
surgieron enfoques cognitivos que complejizaron esta visión, como las teorías de
la atribución (Heider), la disonancia cognitiva (Festinger), la comparación social
(Festinger) y el equilibrio cognitivo (Heider y Newcomb), que empezaron a tomar
en cuenta procesos internos como creencias, actitudes, juicios sociales y
emociones.

El auge del experimentalismo permitió avances significativos en la medición de


actitudes, la influencia de la mayoría, la persuasión y los procesos de liderazgo.
Kurt Lewin, por ejemplo, desarrolló la teoría del campo y los conceptos de espacio
vital y dinámica grupal. Asch estudió la conformidad, y Carl Hovland analizó los
efectos de la comunicación persuasiva. Todos estos autores contribuyeron a una
psicología social rigurosa, cuantificable y replicable, aunque en ocasiones alejada
de las complejidades del mundo real.

No obstante, esta tradición fue criticada por su escasa atención al contexto


histórico y cultural. Moscovici, por ejemplo, cuestionó la artificialidad de los
estudios experimentales y propuso el concepto de representaciones sociales como
una forma de conocimiento común que orienta la acción colectiva.

Tensiones epistemológicas: ¿individuo o sociedad?

Uno de los aportes más relevantes del artículo de Quiroz es la explicación de las
tensiones epistemológicas que atraviesan a la psicología social desde sus
orígenes. Estas tensiones giran principalmente en torno a tres ejes: la oposición
entre método experimental y encuestas, la orientación hacia la psicología o hacia
la sociología, y el problema de definir las unidades de análisis (individuo, grupo,
objeto social, etc.).

Estas diferencias no son meramente técnicas, sino que reflejan concepciones


distintas sobre lo que significa lo social. Por ejemplo, los enfoques taxonómicos
tienden a clasificar respuestas según estímulos, mientras que los enfoques
diferenciales toman en cuenta las características de los sujetos. Sin embargo,
como señala Moscovici, ambas corrientes ignoran con frecuencia la dimensión
estructural e intersubjetiva de los procesos sociales, que solo puede captarse
cuando se introduce una tercera instancia: el alter.

La psicología social, por tanto, ha oscilado entre la búsqueda de objetividad


científica y la comprensión de la complejidad simbólica de la experiencia humana
en sociedad. Esta oscilación ha generado una riqueza teórica, pero también una
fragmentación que dificulta la consolidación de un marco unificado.
La psicología social latinoamericana: crítica y compromiso

En América Latina, la psicología social adoptó un camino distinto. A partir de los


años cincuenta, y especialmente en los setenta y ochenta, surgió una corriente
crítica que cuestionó la dependencia epistemológica respecto a Europa y Estados
Unidos. Frente al reduccionismo individualista y experimentalista, esta nueva
psicología social propuso un enfoque situado, comprometido con los problemas de
la región: desigualdad, autoritarismo, pobreza, identidad, participación política y
exclusión social.

Autores como Maritza Montero identificaron cinco fases en este desarrollo: una
etapa protopsicológica, una de afirmación sistemática, una de consolidación
académica, una de crisis crítica y una de desarrollo autónomo. En esta última fase
se observa una producción científica que parte de los problemas locales, utiliza
métodos cualitativos y asume un compromiso explícito con la transformación
social.

En México, figuras como Rogelio Díaz Guerrero desarrollaron una etnopsicología


que buscaba comprender la identidad del mexicano desde una perspectiva
transcultural. En universidades como la UNAM o la BUAP se impulsaron planes de
estudio con orientación crítica, influenciados por el marxismo y los movimientos
sociales.

Según Quiroz, esta psicología social latinoamericana se caracteriza por:

●​ Reconocer el carácter histórico y simbólico de la realidad social.​

●​ Adoptar metodologías abiertas y flexibles.​

●​ Incluir fenómenos como la ideología, la alienación y la conciencia política.​

●​ Rechazar el modelo positivista en favor de una epistemología crítica.​

Esto ha permitido una expansión de la psicología social hacia nuevos campos


como la psicología comunitaria, la psicología de la salud, la psicología política y
los estudios de género y violencia.

Síntesis: una disciplina en constante movimiento

A través de este recorrido, se evidencia que la psicología social no puede ser


reducida a un enfoque único. Su desarrollo ha sido disparejo, pero también
creativo. La coexistencia de corrientes múltiples —algunas contradictorias— es
parte de su riqueza. Como disciplina intersticial, la psicología social ocupa un lugar
único entre lo individual y lo colectivo, entre lo objetivo y lo simbólico, entre la
teoría y la práctica.

Esta pluralidad ha sido al mismo tiempo una fuente de vitalidad y un obstáculo


para lograr consensos. Sin embargo, tal como lo sostiene Moscovici, lo esencial es
reconocer que se trata de una “disciplina en movimiento”, que debe mantenerse
abierta a nuevas formas de conocimiento, a la reflexión crítica y al diálogo
interdisciplinario.

Conclusión

La psicología social es una disciplina marcada por la diversidad teórica y


metodológica. Su historia no es única ni lineal, sino fragmentada y plural, como lo
demuestra Quiroz en su recorrido histórico. Esta unidad de aprendizaje nos
permite comprender que el estudio de lo social no puede reducirse a experimentos
de laboratorio ni a teorías universales, sino que requiere un enfoque crítico,
contextual y comprometido.

En América Latina, esta disciplina ha adquirido un carácter transformador,


orientado al cambio social, la justicia y la dignidad humana. Por ello, más que
aspirar a una única definición, la psicología social debe continuar siendo una
ciencia en movimiento, abierta a la reflexión, al diálogo y a la acción.
Bibliografía

Ibáñez, T. (1990). Aproximaciones a la psicología social. Barcelona: Sendai.

Montero, M. (1994). La psicología social en la América Latina. Anthropos,


(156), 17–22.

Moscovici, S. (1991). La psicología social, una disciplina en movimiento.


Revista Alelon, Cipso, UAP, México.

Quiroz Palacios, A. (2011). Historia, desarrollo y perspectivas de la psicología


social. Katharsis, (12), 9–36.
[Link]

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