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2003 HC

sentencia
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TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

EXP. N.° 0258-2003-HC/TC


LIMA
PERCY JEREMÍAS RODRÍGUEZ CARBAJAL

SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 17 días del mes de marzo de 2003, la Sala Primera del Tribunal
Constitucional, con la asistencia de los señores Magistrados Alva Orlandini, Presidente;
Gonzales Ojeda y García Toma, pronuncia la siguiente sentencia

ASUNTO

Recurso extraordinario interpuesto por don Percy Jeremías Rodríguez Carbajal


contra la sentencia de la Primera Sala Penal para Procesos Ordinarios con Reos de la Corte
Superior de Justicia de Lima, de fojas 77, su fecha 30 de octubre de 2002, que declara
infundada la acción de hábeas corpus de autos.

ANTECEDENTES

El recurrente, con fecha 19 de setiembre de 2002, interpone acción de hábeas corpus


contra el Estado peruano y el Poder Judicial, por haber sido juzgado por jueces sin rostro,
vulnerándose de este modo sus derechos constitucionales a la libertad personal, al debido
oceso y al juez natural. Solicita que se declare nulo el proceso penal seguido en su contra,
ebiendo ser juzgado nuevamente en un proceso que cuente con las garantías del debido
roceso.

La emplazada alega que la sentencia expedida en el proceso penal seguido en contra


del recurrente adquirió la calidad de cosa juzgada.

El Décimo Segundo Juzgado Penal de Lima, a fojas 45, con fecha 27 de setiembre
de 2002, declara infundada la demanda por considerar que el proceso penal en el que se
condenó al accionante por el delito de terrorismo fue regular.

La recurrida confirma la apelada por los mismos fundamentos.

FUNDAMENTOS

El Tribunal Constitucional ha señalado que el derecho al debido proceso, reconocido en


el inciso 3) del artículo 139° de la Constitución, forma parte del "modelo constitucional
del proceso", cuyas garantías mínimas deben ser respetadas para que el proceso pueda
considerarse como debido.
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TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En ese sentido, la exigencia de su efectivo respeto no sólo tiene que ver con la
necesidad de garantizar a todo justiciable determinadas garantías mínimas cuando éste
participa en un proceso judicial, sino también con la propia validez de la configuración
del proceso, cualquiera sea la materia que en su seno se pueda dirimir.
De esta forma, el debido proceso no es sólo un derecho de connotación procesal, que se
traduce, como antes se ha dicho, en el respeto de determinados atributos, sino también
una institución compleja, que "no alude sólo a un proceso intrínsecamente correcto y
leal, 'justo' sobre el plano de las modalidades de su tránsito, sino también como un
proceso capaz de consentir la consecución de resultados esperados, en el sentido de
oportunidad y de eficacia".

# Tal es lo que sucede, desde luego, con el derecho al juez natural, reconocido en el
segundo párrafo del artículo 139° de la Constitución y cuyo contenido, de conformidad
con la Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Norma Suprema, debe concordarse
con el artículo 8.1° de la Convención Americana de Derechos Humanos, según el cual
"Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo
razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido
con anterioridad por la ley (...)".
La disposición exige que la competencia del juez llamado a conocer el proceso penal
deba ser determinada a la luz de distintas consideraciones (materia, territorio, grado,
etc.), de forma tal que quede preservada su independencia (principio que, a su vez, es
recogido en el inciso 2o del mismo artículo 139°) e imparcialidad en la resolución de la
causa.

En ese sentido, al ser condenado el recurrente por magistrados sin rostro se lesionó el
derecho a ser juzgado por un juez o tribunal competente, imparcial e independiente,
toda vez que el actor no tenía la capacidad de poder conocer con certeza quiénes lo
juzgaban.
Así el Tribunal Constitucional comparte, mutatis mutandis, el criterio sostenido por la
Corte Interamericana de Derechos Humanos, según el cual "la circunstancia de que los
jueces intervinientes en delitos por traición a la patria sean "sin rostro", determina la
imposibilidad para el procesado de conocer la identidad del juzgador y, por ende,
valorar su competencia." (Caso Castillo Petruzzi. Sentencia del 30 de mayo de 1999.
Párrafo 133).

Sin embargo, no todo el proceso penal es nulo, pues los vicios a los que antes se ha
hecho referencia no se extienden a la instrucción penal, sino sólo a la etapa del juicio
oral, incluyendo la acusación fiscal.
A

En ese sentido, la declaración de la nulidad de la sentencia condenatoria y la realización


de un nuevo juicio oral contra el actor, deberá efectuarse de acuerdo con el artículo 2°
del Decreto Legislativo N.° 926.

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, en uso de las atribuciones que le


confieren la Constitución Política del Perú y su Ley Orgánica,

FALLA
REVOCANDO la recurrida que, confirmando la apelada, declaró infundada la acción de
hábeas corpus; y, reformándola, la declara FUNDADA, precisando que, según lo expuesto
l^^í en los fundamentos precedentes, la anulación de la sentencia condenatoria y de los actos
procesales previos a ella, inclusive la acusación fiscal, se realizará conforme lo dispone el
artículo 2o del Decreto Legislativo N.° 926; e IMPROCEDENTE respecto de su
excarcelación. Dispone la notificaGÍóiT-a--4asN partes, su publicación de acuerdo a ley y la
devolución de los actuados

SS.

ALVA ORLANDINI
GONZALES OJED
GARCÍA TOMA

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