LA FUNCION FINANCIERA
Profesor Titular
Carlos Aire
Profesor a cargo
Carlos Aire
Auxiliares docentes
Matías Nastasi
Lucas Garrote
Tomás D’Alessandro
Conceptualizar la naturaleza de la función financiera permite comprenderla y determinar
sus objetivos, procurando comprender el modo en que éstos son afectados por la
inflación, las relaciones con el medio externo y con otras funciones de la empresa, para
determinar la estructura orgánica apropiada y las herramientas necesarias para trabajar.
0. EL ADMINISTRADOR FINANCIERO
Existen muchas denominaciones para nombrar este cargo o función en las diferentes y
distintas organizaciones empresariales, ya sean comerciales, industriales, agropecuarias
o de servicios entre otras; como por ejemplo: Gerente Financiero, Director Administrativo
y Financiero, Contralor, Controller, Tesorero, etc. Pero más que un cargo en una
empresa, es una posición de mentalidad y de actitud. Aún se conserva la idea equivocada
de que el Administrador Financiero es la persona dedicada única y exclusivamente al
control del gasto y a la vigilancia de que se cumplan ciertos políticas y normas de carácter
financiero en una organización. Además, no hay que olvidar que los principios y
procedimientos contables resultan en algunos casos rígidos e inflexibles. Nos imaginamos
al Administrador Financiero como aquella persona completamente aislada de la
producción de una empresa y que nada tiene que ver con el momento de la verdad en
una compañía, en lo que respecta a la atención a clientes, participación de las
promociones e iniciador de ideas nuevas para el progreso de la organización.
Hoy día esa tendencia ha dado un viraje de 180 grados. Dadas las condiciones actuales
de la competencia, los niveles cada vez más exigentes de productividad y la importancia
que hay en el talento humano que conforma una organización, el Administrador
Financiero debe conocer mucho de negociaciones, participar activamente en las
decisiones de mercadeo, apoyar a toda su fuerza productiva y mantener estimulados
todos sus frentes de trabajo.
Sin importar el tipo de empresa, existen cuatro sectores básicos, los cuales son:
Producción, Mercadeo, Personal y Finanzas. Es entonces allí donde el papel del
Administrador Financiero juega su principal desempeño, el cual consiste en mantener
directamente correlacionada cada una de estas áreas de modo que se pretenda conseguir
el propósito fundamental de todo negocio: “El objetivo básico financiero”; el cual consiste
en la maximización del valor de una empresa (ver más adelante).
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Es muy importante destacar que un buen Administrador Financiero es un líder y que como
todo líder debe cumplir con tres aspectos fundamentales, como son: “Tener iniciativa
propia para el desarrollo y ejecución de nuevos proyectos e ideas, el apoyo incondicional
a sus colaboradores en la orientación de actividades y el ser reconocido por su labor”.
La competitividad también juega un papel trascendental, pues más que un cargo es un
enfoque de actitud y por ser esta una de las variables fundamentales para el logro de los
objetivos, se apoya en los conocimientos y habilidades, para así comprender el conjunto
de factores necesarios para el desarrollo de una labor con éxito.
Cambiar la creencia tradicional de que el Administrador Financiero sólo está para manejar
dígitos es el principio fundamental del renacimiento empresarial y de la gerencia moderna
y en la actualidad escuelas de nuevas tendencias administrativas como el Coaching
muestran los excelentes resultados que se han dado con este tipo de renovaciones. Así
que es hora de replantear lo convencional y empezar a visualizar los cambios que
muestra el mundo empresarial y de este modo poder estar en la vanguardia para ofrecer
empresas competitivas y de alto nivel.
La función del administrador financiero está relacionada con la toma de decisiones
relativas al tamaño y composición de los activos (decisiones de inversión), al nivel y
estructura de la financiación (decisiones de financiamiento) y a la política de dividendos
(decisiones sobre dividendos).
Esta función supone un proceso de toma de decisiones que requiere una clara
comprensión de los objetivos que se pretenden alcanzar, a fin de tomar las decisiones
adecuadas. Existen, a tal efecto, dos amplios enfoques:
1. LA MAXIMIZACIÓN DE UTILIDADES COMO CRITERIO DE DECISIÓN
La gestión financiera está dirigida hacia la utilización eficiente de un importante recurso
económico: el capital. Por ello se argumenta que la maximización de las utilidades debería
servir como criterio básico para las decisiones de la gestión financiera.
Sin embargo, este criterio ha sido cuestionado y criticado en base a la dificultad de su
aplicación en el plano real. Las principales razones de esta crítica son las siguientes:
Ambigüedad
Una dificultad práctica con el criterio de maximización de las utilidades es que el término
“utilidad” es un concepto vago y ambiguo, es decir, que no goza de claridad operativa por
lo que es susceptible de diferentes interpretaciones para diferentes personas.
El beneficio o utilidad puede ser a corto o a largo plazo, puede ser nominal o porcentual
(expresado en tasas), antes o después de impuestos, con relación al capital utilizado, al
total de activos o al capital suscripto por los accionistas, etc. Si la maximización del
beneficio es el objeto, surge la cuestión de cuál de estas variantes de utilidad debería
tratar de maximizar la empresa. Obviamente, una expresión imprecisa como “la utilidad”
no puede constituir la base de una gestión financiera operativa.
Periodicidad de los beneficios
Una objeción técnica más importante para esta definición de objetivo es que ignora las
diferencias de beneficios recibidos en diferentes períodos. Es decir, la decisión es
adoptada sobre el total de beneficios recibidos, con independencia de cuándo se reciben
los mismos.
Calidad de los beneficios
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Probablemente, la limitación más importante de la maximización de las utilidades como
objetivo operativo es que ignora el aspecto de calidad (riesgo) de los beneficios asociados
a cursos de acción alternativos.
El término calidad se refiere al grado de certeza con el que se pueden esperar los
beneficios. Como regla general, mientras más cierta sea la expectativa de beneficios, más
alta será la calidad de los mismos. Inversamente, mientras más baja sea la calidad de los
beneficios, mayores riesgos implicará para los inversores.
Al abarcar únicamente la maximización de las utilidades, sólo se considera el tamaño de
los beneficios y no se pondera el nivel de incertidumbre de los beneficios futuros.
Conclusión sobre este criterio
El criterio de maximización de utilidades es inadecuado como objetivo operativo de las
decisiones de inversión, financiamiento y dividendos de una empresa; ya que no sólo es
vago y ambiguo, sino que también ignora dos importantes dimensiones del análisis
financiero: el riesgo y el valor en el tiempo del dinero. En consecuencia, un criterio
operativo apropiado para la toma de decisiones financieras debería cumplir los siguientes
requisitos:
1. Ser preciso y exacto
2. Considerar las dimensiones de cantidad y calidad de los beneficios
3. Reconocer el valor del dinero en el tiempo
La alternativa a la maximización de las utilidades es la maximización de la rentabilidad,
que intenta cumplir con las tres condiciones mencionadas.
2. LA MAXIMIZACIÓN DE LA RENTABILIDAD COMO CRITERIO DE DECISIÓN
El valor de un activo debería verse en términos del beneficio que puede producir menos el
costo de llevarlo a cabo. Es por ello que la maximización de la rentabilidad aporta claridad
como objetivo operativo al definirse como la maximización de la sumatoria de valores
actuales (valor actual neto) del fluir de fondos de la empresa, a determinada tasa de
descuento que refleje el tiempo y el riesgo asociado. Según sea la naturaleza de los
activos y de la fuente del flujo de fondos futuros de la empresa, puede variar la intensidad
del riesgo. Esta variación a su vez puede influir en la tasa que se utilice para tomar en
cuenta el valor tiempo del dinero.
El valor actual neto del fluir de fondos surge como diferencia entre el valor actual del flujo
de beneficios futuros atribuibles a un conjunto de activos necesarios para generarlos y la
inversión inicial necesaria para poseer tales activos, y hace homogéneos a los ingresos y
egresos futuros, permitiendo medir hoy el valor de los mismos.
El criterio de maximización de la riqueza está basado en el concepto de los flujos de
fondos generados por una decisión más que en la utilidad contable.
En situaciones de riesgo e inestabilidad monetaria, el objetivo del administrador financiero
será maximizar el valor actual neto de la esperanza matemática del fluir de fondos de la
empresa a la tasa esperada de su costo de capital. El fluir de fondos deberá, en este
caso, ser expresado en unidades monetarias de poder adquisitivo constante.
En la aplicación, el criterio de la maximización de la rentabilidad se contempla en términos
de maximización del valor para los accionistas, lo que pone de manifiesto que la gestión
financiera debe enfocar sus esfuerzos primordialmente en la creación de valor para los
propietarios.
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Por lo anteriormente expuesto, para los administradores financieros el criterio que debe
guiar las decisiones debe estar basado en el objetivo de maximización de la rentabilidad,
dadas sus ventajas operativas sobre el objetivo de maximización de utilidades.
Este objetivo descrito debería ser el objetivo a lograr ya sea que nos encontremos con
organizaciones con o sin fines de lucro. En estas últimas se da muchas veces el caso de
que el administrador financiero debe trabajar con ciertas restricciones de política que a
veces no encuentra en las organizaciones con fines de lucro (como la imposibilidad de
aumentar el precio de ciertos productos y/o servicios que comercializa, o la necesidad de
prestación de servicios gratuitos). Aún en este caso se aplica el objetivo de maximizar la
rentabilidad, que en este caso pondrá énfasis en la minimización de la sumatoria del fluir
de fondos negativos, minimización de fondos ociosos, etc. De esta manera, dado un nivel
cualquiera de insumos financieros habrá un mayor producto, expresado por ejemplo en
más y mejores escuelas, hospitales, servicios sanitarios, de seguridad, etc.
3. FINANZAS Y CONTABILIDAD
Cada área tiene individualidad propia y distinta. La contabilidad provee sólo una parte de
la información que necesita la función financiera, la cual a su vez debe re-codificarla para
poder utilizarla.
Muchas de las diferencias que existen entre ambas áreas son coincidentes, no por
casualidad, con las diferencias entre los dos criterios de decisión del administrador
financiero planteados en el punto anterior.
1. La contabilidad trabaja con el criterio de lo devengado, considerando como gasto o
costo conceptos que no son egresos de fondos, como las amortizaciones de bienes de
uso o las previsiones. Las finanzas lo hacen con el criterio de lo percibido, pues les
interesa conocer cuánto se ha percibido o percibirá y cuánto se pagó o pagará en
dinero (flujos de fondos). Mientras la contabilidad imputa las ganancias al período en
el cual se han realizado las ventas, aunque se hayan concretado con financiamiento,
las finanzas las imputan al período en que las ventas son efectivamente cobradas.
2. Para las finanzas es fundamental el valor del dinero en el tiempo; es decir, el valor
actual de los flujos de fondos futuros; para la contabilidad no siempre es así.
3. Para evaluar el rendimiento económico de la empresa las finanzas tienen en cuenta el
costo del capital total invertido sin importar si es de los dueños de la empresa o si es
prestado; en cambio, la contabilidad no computa el costo del capital de los dueños de
la empresa.
4. La evaluación del riesgo es un elemento fundamental en todo análisis financiero; la
contabilidad, en cambio, no lo tiene en cuenta.
5. La contabilidad trabaja con información histórica sobre lo ya acontecido, y por lo tanto
todos los análisis que de ella surgen son ex–post. En cambio, la proyección del futuro
es una de las tareas básicas de las finanzas, realizando para ello análisis ex–ante.
4. OTRAS CONSIDERACIONES CON RESPECTO AL OBJETIVO FINANCIERO
Algunos autores consideran que el administrador financiero tiene, además del objetivo de
rentabilidad, un objetivo de liquidez. En este sentido, el óptimo de la función de liquidez
estaría dado por la intersección de dos curvas de costo de oportunidad: una que mediría
el costo de mantener dinero ocioso (para el caso de tener una gran liquidez) y otra que
mediría las pérdidas de oportunidades de invertir dinero si no contásemos con el dinero
suficiente para realizar dicha inversión (escasa liquidez para realizar inversiones). Estos
dos costos son fáciles de conceptualizar, pero difíciles de medir.
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Al respecto, debemos observar que esta teoría descarta o no considera la existencia de
otras fuentes de fondos para financiar nuevas inversiones, lo que la hace poco sostenible.
En realidad, la necesidad de mantener un grado determinado de liquidez debería
considerarse como una restricción al logro del objetivo del administrador financiero y no
como un objetivo en sí mismo. Estas restricciones forman parte de la vida diaria del
administrador financiero, el cual debe buscar un equilibrio entre rentabilidad y liquidez.
En efecto, en una empresa en funcionamiento, mientras menos dinero ocioso se tenga
mejor será su rendimiento, hasta un punto en que comenzará a peligrar el logro de la
solvencia mínima necesaria para operar. A la inversa, mientras más dinero ocioso se
tenga, más seguro será el “objetivo” de liquidez, pero menor será el rendimiento de la
empresa.
Liquidez Rentabilidad Riesgo
Baja Alta Alto
Alta Baja Bajo
No debe confundirse aquí la situación financiera y la situación económica. Es posible que
en un momento dado una empresa goce de buena situación económica y sufra una mala
situación financiera, y a la inversa.
Cuando se dice que una empresa tiene una buena situación económica significa que su
actividad operativa produce adecuado nivel de beneficios. Pero si al mismo tiempo dicha
empresa padece escasez de fondos para atender compromisos, se dirá que está en mala
situación financiera (este es el caso típico de una empresa que esta llevando a cabo una
política de crecimiento, reinvirtiendo todas o gran parte de sus utilidades, o el caso de
empresas que no observan adecuado equilibrio entre los plazos a los cuales realizan
inversiones o pagos, y los plazos por los cuales obtienen los capitales con que las llevan a
cabo o realizan los cobros). Cuando deje de reinvertir las ganancias, en el mediano plazo,
si las inversiones fueron adecuadas, generarán nuevos beneficios y se recuperará
también la situación financiera.
De ambos aspectos (situación financiera y económica) tiene más importancia la segunda,
toda vez que permite a mediano plazo, superar la mala situación financiera. Pero si la
mala situación financiera se mantiene por mucho tiempo, debido a un manejo inadecuado
o por malas inversiones, obligará a la empresa a tomar fondos prestados adicionales,
generalmente a tasas de interés crecientes, con lo que se verá afectada la situación
económica.
En cambio, si la empresa está reduciendo su nivel de actividad, quizá liquidando por
debajo del costo, puede encontrarse en mala situación económica (pues posiblemente
tenga pérdidas), mientras su situación financiera será desahogada por los fondos que le
ingresan y quedan disponibles por falta de inversión (liquidación de temporada).
Como vemos, si bien es posible en el corto plazo que sea buena una de las situaciones y
mala la otra, tal estado no se puede mantener en el mediano y menos aún en el largo
plazo, porque terminará conduciendo a la empresa a una situación complicada.
Por otro lado, debemos hacer una aclaración con respecto a la rentabilidad contable. Si
bien el sistema contable es la fuente principal de información económica y financiera de la
empresa, el mismo padece del problema de la poca utilidad de la información
suministrada en el ámbito financiero. Esta se origina por la existencia de criterios
diferentes en la compilación de la información por parte de la contabilidad y de la
administración financiera, debiendo realizarse determinados ajustes que reflejen mejor el
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fluir de fondos y el valor actual de los mismos, así como también determinaciones de la
distorsión de la tasa de rendimiento contable frente a un método más real de evaluación
en términos financieros, lo cual fue comentado más arriba.
Otra aclaración se refiere a que el objetivo de la mayor utilidad posible por acción no es
equivalente al mayor precio de mercado de las acciones. El precio de mercado de las
acciones es el resultado de aunar los criterios de todas las personas que actúan en el
mercado, sobre el valor que tiene la empresa, y toma en cuenta las utilidades pasadas y
futuras por acción, su distribución en el tiempo y su riesgo, la política de dividendos de la
firma y una multitud de otros factores que se presentan de un modo u otro en el precio de
las acciones. En otras palabras, hay muchos elementos subjetivos que participan en su
determinación.
El precio de mercado es como un índice de la eficiencia de la compañía y señala cómo se
está comportando la dirección de la empresa a favor de sus accionistas. Y, de todas
formas, el objetivo de la maximización de la riqueza de los accionistas está ligado con el
precio de las acciones; ya que éstas son el reflejo de la inversión, financiamiento y
administración de los activos; lo que trae consigo las dificultades del entendimiento del
término; ya que se debe ver cual será el mejor proyecto de inversión que asegure un
constante rendimiento en las acciones de los socios, y que reduzca las especulaciones.
En este último caso, se debe tomar en cuenta qué es lo que se requiere maximizar: las
utilidades que dejan las acciones o el precio unitario de cada acción, dependiendo de su
demanda en el mercado accionario. Por esto es importante tomar como patrón de
maximización el precio actual de cada acción, con lo cual también se está desarrollando la
empresa dentro de la administración financiera.
Un último punto importante a destacar es (como meta) maximizar la riqueza de los
accionistas; pero siempre y cuando la manera con la que se conducen sea responsable y
ética con el resto de la empresa; es decir con el objetivo de ésta hacia el consumidor, con
sus empleados, con los salarios, los servicios prestados, etc.
5. DECISIONES BASICAS
El objetivo de maximizar el valor presente de la empresa se logra, como se ha
mencionado, por la conjunción de tres decisiones básicas interdependientes:
a) Decisiones de Inversión
Se considera inversión a toda aplicación de fondos realizada en cualquier rubro del
negocio, es por ello que los activos de una empresa son llamados su “estructura de
inversiones” (si bien contablemente el destino de los fondos puede ser no solamente su
activación, sino que puede pasar en forma directa a gastos). Las decisiones de inversión
no implican solamente analizar nuevos proyectos de inversión, sino también administrar
eficientemente los negocios actuales de la empresa, pues presupone una asignación de
fondos. Las decisiones de inversión indican qué cantidad de activos son necesarios para
que la empresa pueda mantenerse funcionando; así como a qué son destinadas cada una
de estas inversiones en dichos activos.
Van Horne señala que “...el presupuesto de inversiones representa la decisión de utilizar
ciertos recursos para la realización de ciertos proyectos, cuyos beneficios se concretarán
en el futuro. Como los beneficios futuros no pueden conocerse con certeza (solo existe
una probabilidad de ocurrencia), todo proyecto de inversión involucra necesariamente un
riesgo...” Por consiguiente, las decisiones de inversión determinan la estructura de
inversiones de una empresa, y la calidad e intensidad del riesgo empresario.
Las inversiones pueden clasificarse, entre otras, de las siguientes formas:
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Según su función: de renovación, expansión, modernización o de estrategia
Según su efecto: de corto plazo, de mediano plazo o de largo plazo
Según su grupo: complementarias, sustitutivas o independientes
Según el perfil del flujo de fondos: serie de egresos seguidos de una serie de ingresos,
flujos de fondos alternados (ingresos y egresos alternados) o flujos de fondos que sólo
son egresos (publicidad)
Las áreas de interés en las que se aplican estas decisiones son: la determinación de
la magnitud, estructura de las inversiones y la tasa de crecimiento que las afectará
La administración de los activos indica la eficacia con la que son manejadas tanto las
decisiones de inversión, como las de financiamiento, una vez que ya se han establecido.
Por supuesto, se da un mayor énfasis en aquellos activos considerados circulantes,
debido a la volatilidad del medio externo.
b) Decisiones de Financiamiento
Tienen por objeto determinar la mejor combinación de fuentes de financiación. Para tomar
financiamiento hay que considerar la situación actual y la que se prevé en el futuro. De
esta manera se puede estimar mejor el monto a tomar en préstamo y también se puede
conocer mejor el plazo que se estima va a durar el uso de fondos. Un aspecto ventajoso
lo constituye el preacuerdo de líneas de crédito, disponibles para usar ante necesidades
futuras de fondos.
La decisión de adoptar una estructura financiera implica un conocimiento profundo de las
distintas formas de financiación, tanto a corto como a lago plazo, y un seguimiento
permanente de los mercados de dinero y capitales.
Además del financiamiento externo, podemos distinguir el financiamiento interno, es decir,
el que surge de la propia empresa. El costo del financiamiento interno es difícil de definir,
dado que es un costo de oportunidad, representado por haber tomado una alternativa, a
consecuencia de desechar otras. Si bien es cierto que el financiamiento interno le da más
autonomía y libertad a la compañía, este tipo de financiamiento tiene la desventaja de que
reduce los dividendos, lo que puede no generar satisfacción en los dueños de la empresa.
Por lo tanto, las áreas en las que se concentrarán las decisiones de este tipo serán:
determinación de la estructura de financiamiento, estudio del sistema financiero,
determinación de costo de capital (para aceptar o rechazar nuevos proyectos), evaluación
de las políticas de distribución de utilidades, proyección y control del flujo de fondos, etc.
Las decisiones de financiamiento determinan el llamado riesgo financiero de la empresa,
por oposición al riesgo económico o del negocio, que es el determinado por las decisiones
de inversión.
c) Decisiones de Distribución de Dividendos
Las decisiones sobre dividendos se encuentran enmarcadas dentro de las decisiones de
financiación desde el momento en que consideramos a los dividendos como un uso
alternativo de la reinversión de fondos en la misma empresa (es decir, el administrador
financiero puede optar por no distribuir dividendos asegurando así una fuente de liquidez
para la empresa). Sin embargo, dada la importancia que estos revisten en la operatoria
del administrador financiero, la política de dividendos se estudia como una decisión básica
independiente. La misma comprende el planeamiento de las utilidades que se pagarán a
los accionistas como dividendos (en efectivo o en acciones), la estabilidad de los
dividendos a través del tiempo y el rescate de acciones.
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Para tomar decisiones acertadas en este campo deben tenerse en cuenta numerosos
factores, tales como las características societarias, la influencia del sistema impositivo,
etapa de vida en que se halla la empresa, etc.
Asimismo, el valor de un peso distribuido en efectivo debe equilibrarse con el lucro
cesante para la empresa por no haberlo retenido, empleándolo como medio de
financiación propia, lo que equivale a decir que la distribución de ganancias de hoy afecta
a las decisiones de financiación de mañana.
6- Relación con otras áreas
a) Inflación y finanzas de empresa
La inflación es una variable más dentro de los parámetros económicos que el gerente
financiero debe tener en cuenta. Puede asimilársela a una incertidumbre adicional acerca
de los precios. Así, se deben considerar la variación del curso de los precios de venta de
la empresa, los cuales determinan el monto de los recursos generados; la variación de los
costos (deciden el nivel de erogaciones) y la variación de la tasa de inflación y su
comparación respecto a la variación de precios y de costos (estas comparaciones
permiten conocer en qué medida la empresa puede trasladar a sus precios de venta los
aumentos de costos y si sus ingresos acompañan o no el ritmo de la inflación).
b) Relaciones con las otras funciones de la empresa
Las tres o cuatro funciones básicas de toda empresa (financiera, comercial, personal y de
producción) son de igual importancia. Contrariamente a lo que se piensa, la función
financiera es fundamental en épocas de bonanzas en las empresas mientras que la
función comercial pasa a ser fundamental en épocas de recesión.
Cualquier decisión tomada en cualquier área, en cuanto signifique aplicación o liberación
de fondos, al afectar el rendimiento futuro de la empresa modifica el flujo de fondos, y, en
consecuencia, interesa al área de finanzas, que es la responsable de controlar dichos
aspectos. Puede afirmarse que existe una íntima relación entre el área financiera y los
demás sectores, por lo cual se influyen y afectan en forma permanente y recíproca.
c) Relaciones con el medio externo
El ejecutivo financiero actúa como puente entre el sector externo y la empresa. Del sector
externo, debe tener acabado conocimiento de las instituciones a las cuales puede recurrir
para obtener financiamiento, un trato adecuado con ellas y, en última instancia, lograr la
obtención de los fondos. En el sector interno, debe realizar una evaluación de las
inversiones propuestas de modo de que sean las más convenientes tanto en cuanto al
rendimiento como respecto de la liquidez.
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SAPETNITZKY, Claudio (Comp.), Administración Financiera de las organizaciones, Buenos
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AZULAY, Mario, Hacia un objetivo operativo para administradores financieros, Revista
Administración de Empresas, Buenos Aires, Nueva Técnica, Tomo XI
MACARIO, Alberto, Encuadre y contenido de la función financiera, Revista Administración de
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