1.
El Rol del Director:
o Para un director de unidad educativa, encarar el proceso de gestión curricular de manera solitaria es prácticamente
imposible. Es fundamental establecer espacios de diálogo, tanto colectivos como individuales, para identificar los
sentidos con los que trabajan los docentes. Este proceso no debe ser un simple registro de datos, sino que debe
generar un apoyo significativo en el desarrollo curricular.
o El director debe involucrarse activamente en el proceso de aprendizaje de cada maestro, lo que le permitirá
potenciar sus posibilidades de acción sin caer en la anarquía. Este acompañamiento no debe ser percibido como
una carga, sino como una oportunidad de colaboración y crecimiento.
2. La Diversidad de Especialidades:
o A pesar de que un director pueda trabajar de manera pertinente con los docentes, el apoyo curricular puede ser
insuficiente debido a la diversidad de especialidades que enfrentan. Por ello, es crucial diseñar estrategias que
hagan efectivo el acompañamiento y apoyo en el desarrollo curricular, asegurando que impacten positivamente en
los estudiantes y en la comunidad.
3. La Delegación como Estrategia:
o Una alternativa para abordar el acompañamiento es la delegación. Esto no significa deslindarse de la
responsabilidad, sino que permite que otros asuman ciertas tareas, facilitando el proceso de acompañamiento. La
Comisión Técnico-Pedagógica es un ejemplo pertinente, ya que su estructura permite trabajar desde la diversidad de
áreas de conocimiento e integrar distintas disciplinas.
o Para que esta delegación funcione, es fundamental establecer un diálogo constante y fomentar la escucha activa
entre todos los actores involucrados. Esto no solo genera un ambiente de colaboración, sino que también permite
identificar y resolver problemas de manera conjunta.
4. La Importancia del Diálogo y la Escucha:
o El diálogo y la escucha son esenciales para lograr un acompañamiento efectivo. Debemos crear espacios de
deliberación donde se respete la voz de cada uno, evitando la anulación de los sujetos involucrados. Este enfoque
colaborativo permite que todos los participantes se sientan valorados y motivados para contribuir al proceso.
Conclusión: En conclusión, el acompañamiento y apoyo en el proceso curricular son fundamentales para garantizar un desarrollo
educativo significativo. Este proceso requiere un involucramiento activo de todos los actores, una adecuada delegación de
responsabilidades y, sobre todo, una cultura de diálogo y escucha. Solo así podremos generar un impacto transformador en nuestras
prácticas educativas, beneficiando a los estudiantes y a la comunidad en general.
Criterios Fundamentales
1. Participación y Producción Comunitaria:
o Construcción colectiva: Se promueve la idea de que el conocimiento y las soluciones se construyen de manera
conjunta, valorando la diversidad de perspectivas y experiencias.
o Análisis de la realidad: Se fomenta una lectura crítica de la realidad local, partiendo de las problemáticas y
necesidades de la comunidad.
o Relaciones horizontales: Se busca establecer relaciones basadas en el respeto mutuo, la confianza y la
colaboración entre todos los actores educativos.
2. Problematización:
o Reflexión crítica: Se invita a los docentes a cuestionar las prácticas tradicionales y a buscar nuevos significados y
sentidos en los contenidos curriculares.
o Conexión con la realidad: Se propone vincular los contenidos teóricos con las experiencias y problemáticas de los
estudiantes y la comunidad.
o Subjetividad y conocimiento: Se reconoce que el conocimiento se construye a partir de la interacción entre el
sujeto y el objeto, y que la realidad es interpretada de manera subjetiva.
3. Integralidad y Articulación:
o Integración de áreas: Se promueve la conexión entre diferentes disciplinas para abordar los temas de manera más
completa y significativa.
o Articulación de los momentos metodológicos: Se sugiere una organización flexible del proceso de enseñanza-
aprendizaje, adaptándose a las necesidades y características de cada contexto.
El criterio de participación y producción comunitaria es uno de los pilares fundamentales del Modelo Educativo Sociocomunitario
Productivo (MESCP). Su objetivo central es fomentar la construcción colectiva, es decir, un enfoque participativo donde las
decisiones y las acciones no se imponen desde estructuras rígidas o externas, sino que se construyen de manera conjunta con la
comunidad. Esto representa un desafío porque requiere una transformación tanto de nuestras estructuras mentales como de nuestras
acciones cotidianas. Es un cambio de perspectiva que involucra el aprendizaje colectivo y la relación con otros sujetos que enriquecen
nuestra forma de ver la realidad.
Para lograr esta participación efectiva, es necesario desarrollar otras cualidades, como la lectura consciente de la realidad a través
del análisis de la coyuntura social. Este análisis no es un requisito previo, sino más bien una práctica que ayuda a la comunidad a
identificar sus propios problemas y necesidades. La clave aquí es que las acciones educativas deben partir de las realidades
concretas de la comunidad. La participación es mucho más que la simple presencia física de los miembros de la comunidad; implica
diálogo, deliberación, escucha activa y la toma de decisiones conjunta. En este sentido, el concepto de participación significa
involucrarse profundamente en el proceso.
Uno de los errores comunes es confundir la participación con el simple hecho de reunir a muchas personas, lo cual no garantiza que
todos participen activamente en la toma de decisiones. El verdadero sentido de la participación radica en el diálogo y en la
organización, que se expresa como una acción transformadora de las relaciones entre los individuos y no como una simple formalidad.
Este criterio también se enfoca en las relaciones entre los sujetos, reconociendo la importancia de construir esas relaciones en la
vida cotidiana, especialmente en el contexto educativo. Las interacciones entre maestros y estudiantes, entre maestros y padres de
familia, y entre directores y docentes deben ser basadas en el respeto, la confianza y la crítica constructiva. Este proceso no debe
replicar relaciones jerárquicas ni discriminatorias, sino que debe abrir espacio para la transformación y el crecimiento conjunto.
Es crucial no confundir este enfoque con las ideas tradicionales de "ambiente institucional" o "relaciones humanas", que suelen
perpetuar las desigualdades y el statu quo, aceptando las prácticas coloniales o jerárquicas que marginan a ciertos sectores. En
cambio, este criterio apunta a transformar las prácticas educativas diarias, eliminando la competencia, la estratificación por notas y
otras formas de discriminación que aún están presentes en muchas aulas.
Finalmente, se reconoce que uno de los desafíos más grandes es el tiempo limitado y la priorización de contenidos en el sistema
educativo. Sin embargo, el criterio de participación no busca idealizar una utopía inalcanzable, sino comenzar desde la realidad
concreta. El proceso de aprendizaje debe recuperar su sentido transformador y no quedarse en la repetición mecánica de temas
abstractos. El simple hecho de que un maestro se acerque a conocer las realidades de sus estudiantes ya es un paso crucial hacia
una educación más participativa y relevante.
El criterio de problematización busca generar una reflexión profunda sobre la realidad, lo que va más allá de un simple análisis.
Reflexionar implica reconocer que formamos parte de la realidad que intentamos comprender y transformar junto con la comunidad. A
diferencia de la investigación clásica, donde el sujeto estudia un objeto de manera externa, en el enfoque del Modelo Educativo
Sociocomunitario Productivo (MESCP), se entiende que el conocimiento no es algo aislado y objetivo, sino que surge de la interacción
del sujeto con la realidad, que a su vez influye en nosotros y nos transforma.
La perspectiva clásica de la investigación tiende a ver los fenómenos como objetos de estudio, lo que deshumaniza a los sujetos y
niega su capacidad de transformar su realidad. Este enfoque tradicional ha contribuido a perpetuar sistemas coloniales, patriarcales
y dependientes. En cambio, el criterio de problematización del MESCP se enfoca en cuestionar y reflexionar sobre la realidad,
entendiendo nuestra responsabilidad y papel en su transformación.
Por ejemplo, si en el aula se enseña un tema como "El género narrativo" de manera conceptual y abstracta, se lo presenta como algo
distante de los estudiantes y su contexto. Sin embargo, al problematizar el contenido, el maestro puede proponer preguntas que
conecten el tema con la realidad de la comunidad, como explorar la narrativa de los pueblos originarios, las problemáticas que
abordan, y cómo configuran las relaciones entre los sujetos y la naturaleza.
De esta manera, la problematización permite otorgar un sentido transformador al contenido, haciéndolo relevante no solo para el
estudiante, sino para toda la comunidad. Este enfoque conecta el contenido educativo con las problemáticas y necesidades del
entorno, haciendo que el aprendizaje tenga un propósito y una carga de sentido. Desde la perspectiva curricular, este proceso
permite que los estudiantes desarrollen habilidades y cualidades de manera articulada, lo que se refleja en la formulación de objetivos
holísticos y en la implementación de estrategias metodológicas más significativas y dialécticas.
El criterio de lo integral y la articulación en la educación no se refiere solo a la obligación de integrar contenidos de distintas áreas y
campos de conocimiento, sino a la posibilidad de establecer relaciones entre los sujetos y la realidad en la que viven. Muchos
maestros, especialmente en el nivel Secundario Comunitario Productivo, ven este enfoque como un proceso burocrático, ya que creen
que integrar áreas significa simplemente cumplir con un requisito. Sin embargo, lo que realmente se busca es generar sentido en los
contenidos que se enseñan, preguntándonos: ¿Para qué y por qué se trabajan ciertos temas?
El trabajo de articulación entre áreas, aunque puede parecer burocrático al tener que coordinar entre maestros de distintas
asignaturas, en realidad facilita el proceso educativo. Si los maestros colaboran para complementar sus contenidos, se pueden
reorganizar según las necesidades específicas de los estudiantes o del contexto, en lugar de seguir estrictamente el currículo de
manera lineal.
Además, esta integración de áreas y campos permite simplificar el desarrollo de los momentos metodológicos. Por ejemplo, si se
planifica una visita a un centro productivo como parte de una clase práctica, esa misma visita puede servir de base para abordar temas
de diversas áreas, lo que optimiza el tiempo y enriquece el aprendizaje al conectar los contenidos de manera significativa para los
estudiantes y sus realidades.
1. Equipos de Trabajo Comunitario:
o El trabajo en equipo es vital para generar prácticas complementarias basadas en la diversidad. Es importante
diferenciar entre un grupo y un equipo; mientras que un grupo puede estar formado por individuos sin una
organización clara, un equipo busca la complementariedad y el respeto a las diferencias.
o Un ejemplo de este trabajo se puede observar en el programa PROFOCOM, donde se organizaron las Comunidades
de Práctica y Trabajo Educativo (CPTEs), permitiendo compartir experiencias y reflexionar sobre ellas.
2. Aula Abierta:
o El concepto de aula abierta a menudo se confunde con un momento administrativo, como una simple jornada para
informar a los padres sobre el rendimiento curricular. Sin embargo, debemos entenderlo como un espacio para la
producción de conocimientos que integre diversas áreas y se base en las necesidades e intereses de los
estudiantes.
o Esto requiere crear un espacio comunitario donde se valore la diversidad y se reflexione sobre la realidad educativa,
alejándonos de la especialización excesiva del conocimiento.
3. Feria a la Inversa:
o Esta actividad busca romper la lógica auto-referencial de la escuela al involucrar a la comunidad en la socialización
de saberes. La feria a la inversa permite a los padres presentar investigaciones temáticas, promoviendo la
colaboración en lugar de la competencia.
o Es crucial que esta actividad tenga una intencionalidad transformadora, en lugar de centrarse únicamente en lo
cuantitativo.
4. Círculos de Reflexión:
o Uno de los retos fundamentales del PROFOCOM es valorar la experiencia del maestro. La experiencia debe ser
reflexionada y compartida para no quedarse en el ámbito individual, sino para generar posibilidades de
transformación en la comunidad.
o En los círculos de reflexión, los docentes pueden compartir sus vivencias y dialogar sobre ellas, lo que permite
identificar problemas y posibilidades de mejora en su contexto. Este espacio fomenta la escucha, el diálogo y la
problematización, ayudando a construir un conocimiento más profundo y transformador.
Conclusión: En conclusión, las posibilidades para la profundización del MESCP son amplias y variadas. La clave radica en generar un
sentido transformador de la realidad a través de la reflexión constante y el trabajo colaborativo. Al visibilizar nuestras prácticas y crear
espacios de construcción comunitaria, podemos mejorar la educación y hacerla más pertinente y significativa para nuestros
estudiantes y la comunidad en general.
El concepto de Aula Abierta es una de las posibilidades menos exploradas en las Unidades Educativas. Se refiere a una estrategia
que va más allá de la simple administración de información, como cuando los maestros informan a los padres sobre el rendimiento
académico de los estudiantes. Aunque esta práctica es útil, se limita al aspecto administrativo y no constituye una verdadera
evaluación comunitaria o transformación educativa.
La Aula Abierta pretende aprovechar los espacios de interacción para generar experiencias educativas que potencien la producción
de conocimientos. Esto significa que no solo se compartan informes académicos, sino que se usen esos espacios para conectar el
aprendizaje escolar con el conocimiento de la comunidad y con saberes universales, permitiendo una mayor articulación entre ambos.
La Aula Abierta debe enfocarse en la integración de diferentes áreas de conocimiento y desarrollarse fuera del aula tradicional,
basada en los intereses y necesidades de los estudiantes. Este enfoque promueve la complementariedad, es decir, la colaboración y
cooperación entre los diversos actores educativos y la comunidad. Al hacerlo, se permite tomar conciencia de una realidad más
integrada, cuestionando la especialización excesiva del conocimiento que a menudo lo desvincula de la realidad cotidiana.
Por otro lado, el apoyo es igualmente crucial. Este apoyo debe ser estratégico y personalizado, teniendo en cuenta las diversas
especialidades y necesidades de cada maestro. No podemos olvidar que cada docente tiene un contexto particular y desafíos únicos.
Por lo tanto, el apoyo debe ser flexible y adaptarse a estas realidades.
Es esencial que un director no intente llevar a cabo todo el proceso curricular en solitario. Esto es simplemente inviable. En lugar de
eso, debe generar espacios de diálogo, tanto colectivos como individuales. Así, podrá identificar las inquietudes y necesidades de los
maestros, lo que les permitirá mejorar su práctica educativa y, por ende, el aprendizaje de los estudiantes.
Criterios para el Acompañamiento: Para que el acompañamiento sea efectivo, debemos tener en cuenta algunos criterios:
1. Participación y Producción Comunitaria: Es fundamental construir un sentido de comunidad y colaboración, en lugar de
imponer estructuras preestablecidas. Debemos involucrar a la comunidad educativa y fomentar su participación activa en el
proceso.
2. La Problematización: Esto implica generar reflexión. No basta con analizar la realidad; debemos cuestionar y
problematizarla. Por ejemplo, al enseñar un contenido como el “género narrativo”, en lugar de abordar solo la teoría,
podríamos preguntar: ¿Cómo se refleja la narrativa de nuestros pueblos originarios en nuestra cultura actual? Esto no solo
enriquece el aprendizaje, sino que también permite que los estudiantes se sientan parte del proceso.
3. Lo Integral y la Articulación: Integrar contenidos de diferentes áreas no solo facilita el aprendizaje, sino que también ayuda
a los maestros a colaborar entre sí. Este trabajo conjunto puede enriquecer el desarrollo curricular y hacer que el aprendizaje
sea más significativo.
Conclusión: Para concluir, quiero enfatizar que el acompañamiento y el apoyo son fundamentales para mejorar la calidad educativa.
Estos elementos no solo impactan el proceso de enseñanza, sino que también transforman la experiencia de aprendizaje de los
estudiantes y fortalecen a la comunidad educativa en su conjunto. Les invito a reflexionar sobre cómo podemos implementar estos
enfoques en nuestra práctica diaria para generar un ambiente educativo más enriquecedor y colaborativo.