Claro, aquí tienes un análisis detallado de los puntos solicitados en la actividad, respetando las
pautas y la extensión indicadas.
Actividad No. 02. Materia: Historia Política de Venezuela Profesor: José Maza
Análisis 1: Decreto de la Instrucción Pública, gratuita y obligatoria del
27 de junio de 1870 (una cuartilla)
El Decreto de Instrucción Pública, gratuita y obligatoria, promulgado el 27 de junio de 1870 por
el presidente Antonio Guzmán Blanco, representa uno de los hitos más importantes en la
historia social y política de Venezuela. Este decreto no fue un acto aislado, sino la piedra
angular del proyecto modernizador, centralista y laico que Guzmán Blanco, autodenominado el
"Ilustre Americano", buscaba imponer para transformar una nación devastada por décadas de
guerras civiles y dominada por el poder de los caudillos regionales y la Iglesia Católica.
El contexto previo a 1870 era el de una educación precaria, elitista y casi exclusivamente en
manos de la Iglesia. Las escasas escuelas que existían eran privadas o parroquiales, con
acceso limitado a quienes podían pagarlas, perpetuando así una profunda desigualdad social.
La tasa de analfabetismo era abrumadora, lo que dificultaba la formación de una ciudadanía
consciente y la consolidación de un Estado-nación moderno.
El decreto de Guzmán Blanco atacó este problema en tres frentes fundamentales. Primero,
estableció la gratuidad de la educación primaria, eliminando la barrera económica y
reconociendo la instrucción como un derecho fundamental, no un privilegio. Segundo, la
declaró obligatoria, convirtiendo la educación en un deber tanto para los padres como para el
Estado, que asumía la responsabilidad de crear y supervisar las escuelas. Esto fue un cambio
revolucionario, pues implicaba que el Estado tenía un rol activo en la formación de sus
ciudadanos. Tercero, y quizás lo más polémico para la época, al crear un sistema de
instrucción pública, el decreto sentó las bases para un modelo educativo laico, buscando
arrebatarle a la Iglesia el monopolio sobre la formación de las mentes jóvenes y subordinarla al
poder civil.
Si bien la implementación del decreto enfrentó enormes desafíos—falta de fondos, escasez de
maestros, resistencia de la Iglesia y la dificultad de aplicarlo en un país rural y de geografía
compleja— su impacto simbólico y a largo plazo fue innegable. Fundó el principio de que la
educación es una responsabilidad indelegable del Estado venezolano, sentó las bases para la
futura expansión del sistema educativo nacional y fue un paso decisivo en la secularización de
la sociedad y la consolidación del poder central frente a las instituciones tradicionales.
Análisis 2: La Constitución de 1864 y la proclamación de los "Estados
Unidos de Venezuela" (¾ de cuartilla)
La Constitución de 1864 es la máxima expresión jurídica del triunfo federalista en la Guerra
Federal (1859-1863). Promulgada bajo el gobierno de Juan Crisóstomo Falcón, esta carta
magna representó una ruptura radical con el centralismo que había caracterizado a las
constituciones previas y consagró un modelo de federalismo extremo que tendría profundas
consecuencias para la estabilidad política del país.
Su cambio más visible fue el nombre oficial de la nación: "Estados Unidos de Venezuela".
Esta denominación no era meramente simbólica; era una declaración de principios que imitaba
el modelo estadounidense y reflejaba la aspiración de las regiones a un alto grado de
autonomía. Las antiguas provincias pasaron a ser "Estados Soberanos", con la potestad de
elegir a sus propios presidentes, legislar sobre una vasta gama de asuntos internos y mantener
sus propias milicias.
Las principales características de esta constitución fueron la descentralización casi absoluta del
poder. Se debilitó enormemente la figura del Presidente de la República, cuyo período se
redujo a cuatro años sin posibilidad de reelección inmediata, y se limitaron sus facultades de
intervención en los asuntos estatales. En la práctica, el gobierno central se convirtió en un ente
débil, dependiente de la voluntad y los recursos de los poderosos estados.
Las implicaciones de este diseño institucional fueron casi inmediatas: en lugar de pacificar el
país, el federalismo radical de 1864 exacerbó el poder de los caudillos locales, quienes ahora
gobernaban sus estados como feudos personales con respaldo constitucional. La debilidad del
poder central impidió la creación de un ejército nacional fuerte, la recaudación efectiva de
impuestos y la implementación de políticas nacionales coherentes. Venezuela se fragmentó en
una confederación de estados inestables, en constante pugna, lo que generó un período de
anarquía conocido como el "Federalismo Amarillo". Precisamente, esta inestabilidad y caos
fueron el caldo de cultivo que permitió el ascenso de Antonio Guzmán Blanco, quien, a pesar
de mantener la retórica federal, impondría en la práctica un férreo centralismo para poder
gobernar.
Análisis 3: El Pacto de Punto Fijo y sus implicaciones (2 cuartillas)
El Pacto de Punto Fijo, firmado el 31 de octubre de 1958, fue el acuerdo de gobernabilidad que
inauguró el período democrático más largo y estable de la historia de Venezuela. Surgió tras la
caída de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez (23 de enero de 1958) y fue suscrito
por los líderes de los tres principales partidos políticos del momento: Rómulo Betancourt por
Acción Democrática (AD), Rafael Caldera por el Comité de Organización Política Electoral
Independiente (COPEI) y Jóvito Villalba por la Unión Republicana Democrática (URD). Su
objetivo fundamental era evitar los errores del pasado, particularmente la polarización y el
sectarismo que llevaron al derrocamiento del primer gobierno electo de Rómulo Gallegos en
1948, y asegurar la supervivencia del naciente sistema democrático frente a las amenazas de
golpes militares y la radicalización política.
El pacto se basaba en tres principios clave: el respeto a los resultados electorales, la formación
de gobiernos de unidad nacional (donde el partido ganador compartiría el poder ejecutivo y la
administración pública con los partidos perdedores firmantes) y la adhesión a un programa de
gobierno mínimo común, que incluía la defensa de la constitucionalidad, el fomento del
desarrollo económico a través de la renta petrolera y la mejora de las condiciones sociales.
Una de las implicaciones más determinantes del pacto fue la exclusión del Partido
Comunista de Venezuela (PCV). A pesar de su importante rol en la lucha clandestina contra la
dictadura, el PCV fue deliberadamente marginado del acuerdo. Esta exclusión, motivada tanto
por las presiones de Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría como por el
anticomunismo de figuras como Betancourt y los intereses de las élites económicas, tuvo
consecuencias profundas. Por un lado, empujó a la izquierda radical a la vía de la lucha
armada en la década de 1960, generando un ciclo de violencia guerrillera y represión estatal.
Por otro, sentó las bases de un sistema político que, aunque democrático, era inherentemente
excluyente y limitaba el pluralismo ideológico.
Implicaciones Positivas: La principal consecuencia positiva del pacto fue el logro de su
objetivo primordial: la estabilidad política. Durante 40 años (1958-1998), Venezuela fue una
de las pocas democracias estables de América Latina, con transferencias de poder pacíficas y
continuas a través de elecciones. Esta estabilidad, lubricada por la inmensa riqueza petrolera,
permitió un notable desarrollo de la infraestructura, la salud y la educación, consolidando una
amplia clase media y mejorando significativamente los indicadores sociales del país. El sistema
"puntofijista" generó un consenso entre las élites políticas, económicas y sindicales que facilitó
la gobernabilidad durante décadas.
Implicaciones Negativas y Colapso: Con el tiempo, las características que garantizaron la
estabilidad se convirtieron en la causa de su decadencia. El reparto del poder entre AD y
COPEI (URD se retiró del pacto tempranamente) derivó en un sistema bipartidista cerrado,
conocido como la "partidocracia". Los partidos se convirtieron en maquinarias clientelares que
controlaban todos los resortes del Estado, desde los cargos públicos hasta los contratos y los
sindicatos. La lealtad al partido se volvió más importante que el mérito, y la corrupción se
extendió de manera sistémica.
Este sistema elitista y cerrado generó una creciente desconexión entre la clase política y la
población. La crisis económica que comenzó con el "Viernes Negro" de 1983 y se agudizó con
el "Caracazo" de 1989 (un estallido social brutalmente reprimido), dejó en evidencia que el
modelo de reparto de la renta petrolera era insostenible y que los partidos tradicionales eran
incapaces de ofrecer soluciones. La legitimidad del Pacto de Punto Fijo se erosionó por
completo. El sistema fue percibido como corrupto, ineficiente y al servicio exclusivo de las
élites. Este profundo descontento popular fue el que capitalizó Hugo Chávez, un militar ajeno al
sistema, quien con un discurso anti-partidos y anti-élite, ganó las elecciones de 1998, poniendo
fin al orden político nacido en 1958 y dando paso a un nuevo ciclo en la historia política de
Venezuela. En resumen, el Pacto de Punto Fijo fue un éxito para establecer la democracia,
pero su naturaleza excluyente y su posterior degradación en un sistema corrupto sembraron las
semillas de su propia destrucción.