Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
Serie Siete de picas 4 ♠1♠
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Cordelia Kingsbridge
Reyes Tuertos 1
Serie Siete de Picas 4
1 One-eyed Royals: La frase Reyes Tuertos no significa que le falte un ojo sino que es
una jerga que se refiere a las tres cartas que muestran solo un ojo: Jota de Picas (J ♠),
Jota de Corazones (J ♥) y Rey de diamantes (K ♦). La terminología resulta de la
representación de la cara en la carta que se muestra de perfil, por lo que solo un ojo es
visible (en todas las demás cartas muestran dos ojos). Las jotas también se conocen,
por separado, como jotas de un solo ojo: Jota de Picas (J ♠), Jota de corazones (J ♥).
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J.J.Q.T.C.P.
Primas de sangre. Hermanas en espíritu.
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Nota a l♠s lectores
Nuestras traducciones están hechas para quienes
disfrutan del placer de la lectura. Adoramos muchos
autores pero lamentablemente no podemos acceder a
ellos porque no son traducidos en nuestro idioma.
No pretendemos ser o sustituir el original, ni
desvalorizar el trabajo de los autores, ni el de ninguna
editorial. Apreciamos la creatividad y el tiempo que
les llevó desarrollar una historia para fascinarnos y
por eso queremos que más personas las conozcan y
disfruten de ellas.
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por este libro más que un Gracias y se prohíbe a
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podremos hacerte llegar muchos más.
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Sin♠psis
Destrozados por su devastadora ruptura, el Detective Levi Abrams y
el detective privado Dominic Russo se encuentran enfrentados cuando más
se necesitan. Mientras Dominic está atrapado en el círculo vicioso de sus
adicciones, Levi se desespera por atrapar al Siete de Picas. El número de
cuerpos dejados por los despiadados vigilantes continúa subiendo, y todo
lo que él puede hacer es mantenerse al día con la carnicería.
Cuando los caminos de Levi y Dominic se cruzan en la
investigación de un círculo de secuestros con un gusto por la mutilación,
parece que la historia se repite. Unidos una vez más por el destino,
colaboran de mala gana en su búsqueda del cerebro detrás de los
secuestros.
Pero los Siete de Picas odian compartir el foco de atención, y tienen
un as en su mano: un nuevo grupo de víctimas con una especial conexión
con Levi. Sus asesinatos envían ondas de choque a través de Las Vegas
y cambian permanentemente las reglas del juego.
Los Siete de Picas han subido la apuesta. Si Levi y Dominic no
juegan bien sus cartas, terminarán perdiéndolo todo.
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Capítul♠ 1
Dominic gimió cuando las sirenas partieron el aire y las luces rojas
y azules parpadearon en su espejo retrovisor. Continuó conduciendo
durante unos segundos, esperando que el policía lo rebasara, pero no
tuvo esa suerte.
Acercó su camioneta a un lado de la carretera y miró el reloj del
tablero. Maldita sea, iba a llegar tarde. Otra vez.
La policía que se acercó a su auto era una joven blanca cuyo cabello
rubio estaba trenzado debajo de su gorra. Dominic se ajustó la chaqueta
para ocultar mejor la forma de la funda del hombro, tenía un permiso de
transporte oculto, pero no tenía sentido correr riesgos con los policías.
Luego volvió a poner las manos en el volante y le dio la sonrisa más
deslumbrante que pudo reunir, lo cual no era hazaña fácil en estos días.
—¿Hay algún problema, Oficial? —Sabía a ciencia cierta que no
había estado acelerando.
—Su luz trasera derecha está rota, señor.
Las manos de Dominic apretaron el volante con tanta fuerza que
crujió bajó su agarre. La oficial se dio cuenta y levantó las cejas.
—Soy consciente de eso —admitió luchando por mantener su voz
tranquila—. Esta es la tercera vez que me detienen por esa luz en los
últimos cinco días.
—Entonces probablemente debería arreglarlo.
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—Lo haré. Es solo que el dinero está un poco ajustado en este
momento.
Ella le dio una mirada no impresionada.
—El dinero estará más limitado si alguien le choca porque no
pueden ver que está frenando.
—¿Una luz trasera rota es realmente el mejor uso de su tiempo? —
preguntó a pesar de su buen juicio—. ¿Qué tal el asesino en serie que ha
estado acechando la ciudad durante casi un año? ¿O los neonazis
corriendo por el valle?
Él señaló con la cabeza al edificio más cercano. El símbolo de
Utopía, un grupo de supremacistas blancos que se había extendido
rápidamente de ser una pandilla de la calle hasta ser casi una milicia
propiamente dicha… algo que estaba graffitado con pintura negra en la
pared.
La policía giró su rostro a un lado, y él pudo ver que había golpeado
un nervio. Mientras la estudiaba de perfil, se dio cuenta de algo más.
—Nos hemos visto antes —dijo sorprendido—. Eres la policía
novata que le gustaba a Levi Abrams… Kelly Marin, ¿verdad? ¿La que fue
arrestada por filtrar la historia de Siete de Picas al Review Journal en
abril pasado?
Ella parpadeó, retrocediendo un paso. Aprovechó su momento de
vacilación.
—Levi te metió en esto, ¿verdad? Te pidió que me acosaras.
—El LVMPD no acosa a los civiles, señor —aseguró ella con
frialdad.
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Dominic resopló.
—¿Entonces es solo una coincidencia que haya recibido más
multas y advertencias de la policía en los tres meses y pico desde que
Levi y yo rompimos de lo que he recibido en toda mi vida? Uno de tus
amigos me dio una multa por cruzar caminando imprudentemente una
calle el mes pasado, en medio de una multitud de personas haciendo
exactamente lo mismo. No puedes esperar que crea que Levi no lanzó
algún tipo de BOLO2 encubierto, pidiéndoles a todos que mantengan los
ojos bien abiertos por mí o mi camioneta y encontrar alguna razón posible
para molestarme.
Kelly no contestó, pero él no lo necesitaba. Cuando en noviembre
su relación se había atizado, Levi había prometido hacer su vida un
infierno, y él había estado a la altura de esa promesa. Dominic no solo
era acosado por policías cada vez que se giraba, sino que estaba bastante
seguro que era Levi quien había roto su luz trasera. Había salido de su
apartamento una mañana para encontrar la luz destrozada
deliberadamente, y sin otros daños a su camioneta o a los otros autos en
el estacionamiento.
—Mira, ¿me vas a dar una infracción o no? —preguntó Dominic—.
Estoy llegando tarde a una reunión de trabajo.
La verdad era que habría llegado tarde incluso si Kelly no lo
hubiera detenido. Pero eso también era culpa de Levi. Desde su ruptura,
el bastardo había estado boicoteando constantemente la entrada de
Dominic a todos los casinos, uno por uno. Cuando Dominic había
recurrido a lugares no tan legales, misteriosamente cada operación ilegal
había sido asaltada al día siguiente por el LVMPD.
2 BOLO: Be on the Lookout: Utilizado en la jerga policial, Ester atento/en guardia/a
la caza de
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En cuestión de semanas, Dominic se había encontrado siendo
persona no grata en casi todos los establecimientos de juego de Las Vegas
y sus alrededores. El único lugar donde la influencia de Levi no se había
extendido fue en el Railroad Pass en Henderson, a media hora en
automóvil desde el Strip. Entonces, a menos que Dominic estuviera
satisfecho con los juegos de azar en línea, que no eran lo mismo, tenía
que arrastrar su trasero hasta allí, y siempre subestimaba el tráfico que
regresaba a la ciudad.
—Esta vez te dejaré ir con una advertencia. Asegúrate que te
arreglen las luces traseras.
—Por supuesto.
Dominic giró la llave del encendido. Sabía que Levi creía estar
haciendo lo correcto. Sin embargo, esto no era como las otras veces que
su juego se había salido de control. Él había aprendido de sus errores
pasados, ahora tenía control en su juego. No era un problema, pero Levi
era demasiado cabeza dura para aceptarlo.
—Por cierto —le gritó a Kelly cuando ella se alejó de la camioneta—
, quizás quieras recordarle al Detective Abrams que dejó el cargador de
su teléfono en mi casa cuando lo jodí el sábado pasado.
Dominic se deslizó suavemente hacia el tráfico, dejándola
boquiabierta detrás de él.
***
—Esta es una nueva perdida —dijo Levi mientras contemplaba la
escena del crimen de los Siete de Picas.
—No se refleja bien la seguridad del edificio, eso es seguro —agregó
Martine.
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Estaban observando las cámaras del Juez de la Corte de Distrito,
Cameron Harding, quien había sido asesinado a media tarde en el Centro
Regional de Justicia de la ciudad, un edificio lleno de personas, cámaras
y guardias armados, sin que nadie se diera cuenta de nada hasta horas
después.
Al igual que la gran mayoría de las veintidós víctimas de los Siete
de Picas, Harding había sido drogado para paralizarlo antes que su
garganta fuera cortada por detrás. Una taza de café medio vacía sobre su
escritorio era la fuente más probable de la droga elegida por el asesino,
ketamina, aunque tendrían que hacer las pruebas para confirmarlo.
El propio Harding estaba sentado ante su escritorio, pero eran los
objetos en la superficie los que llamaron la atención de Levi. Dos
estatuillas de La Dama de la Justicia, espada en una mano y balanza en
la otra, habían sido colocadas a ambos lados, en ángulo para enfrentar a
Harding. Pequeños ojos artesanales habían sido pegados sobre sus
vendas, así que parecía que ellas lo estaban observando.
En el borde superior del escritorio había un modelo en bronce de
las balanzas de la justicia, con un siete de picas cuidadosamente
equilibrado en cada escala. Finalmente, una hoja de papel en el centro
del escritorio, justo enfrente de Harding, con una de sus manos
ensangrentadas descansando sobre ella. Levi podía decir por el
desplazamiento de la sangre alrededor del pecho y el cuello de Harding
que el asesino le había presionado la mano sobre su propia herida en la
garganta antes de colocarla sobre el papel.
Cuando Levi y Martine se pararon lado a lado, tuvo que bajar la
mirada para encontrarse con sus ojos, ella era una mujer pequeña,
aunque su dominante presencia llenaba sin esfuerzo toda una
habitación.
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—¿Sabes algo acerca de este hombre?
—No.
Alejándose del fotógrafo de la escena del crimen, Levi rodeó el
escritorio con las manos enguantadas en los bolsillos. Los CSI seguían
trabajando en la sala y el médico forense no había llegado todavía, por lo
que era aún más importante que él no tocara nada.
Al inclinarse sobre el hombro de Harding, Levi solo pudo distinguir
las palabras en la parte superior del trozo de papel manchado de sangre
debajo de la mano del hombre.
—Es el juramento del cargo que toman los Jueces de distrito del
Condado de Clark —le informó a Martine.
Ella resopló.
—Los Siete de Picas son tan obvios.
Él le lanzó una mirada desconcertada.
—Esa es la evaluación de Mikayla. —Quien era una de sus hijas
adolescentes.
Mikayla no estaba equivocada. Los Siete de Picas se presentaban a
sí mismos como vigilantes, actuando únicamente contra violadores de
confianza… personas que habían cometido algún tipo de traición y se
habían salido con la suya. Los asesinos se deleitaban especialmente al
organizar las escenas para enfatizar la culpa de las víctimas.
El escenario y los detalles del asesinato de Harding enviaban un
claro mensaje. Levi no sabía cómo Harding había violado su juramento
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como Juez; nunca había conocido al hombre y no estaba familiarizado
con su carrera.
Martine dio la vuelta al escritorio, estudiando el cuerpo de Harding.
—Al menos el asesino todavía sigue con su MO3 habitual. No hay
signos de lucha o violencia.
Levi asintió. Los Sietes de Picas, quienes rápidamente habían sido
los precursores de una de las cadenas de asesinatos en serie más
prolíficas e ininterrumpidas de la historia moderna, tenían un estilo
distintivo de asesinato. Parecían lo suficientemente fiables como para
incapacitar a sus víctimas con bebidas narcotizadas sin dar señales de
alarma, para luego asestar un solo corte premeditado en la garganta.
Los Siete de Picas solo se había separado de ese MO tres veces.
Una vez habían contratado a un francotirador para ultimar a un hombre
en los escalones de ese mismo edificio, en represalia porque ese hombre
intentaba incriminarlos por el asesinato de su esposa. En otra ocasión,
asesinaron a cinco traficantes de personas al mismo tiempo, estallaron
de rabia y mutilaron los cuerpos post-mortem. Y una vez, solo una vez,
habían asesinado a una sola víctima sin molestarse en sorprenderlo, lo
sometieron con una pistola paralizadora y le dieron una inyección fuerte
de ketamina.
Después, los Siete de Picas le habían confesado a Levi que habían
disfrutado usar una violencia más activa, y durante un tiempo había
habido la preocupación que los asesinos se volviesen más agresivos. Pero
cada uno de los asesinatos desde allí había sido fiel al MO original. Lo
único que variaba era la elaborada puesta en escena.
3 MO: Modus operandi.
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Levi se volvió hacia el oficial que había sido el primero en
responder, quien estaba flotando a pocos metros de distancia.
—Este edificio está cubierto de cámaras. ¿Cómo se las arregló el
asesino para entrar y salir sin llamar la atención?
—El jefe de seguridad ya investigó eso —respondió el oficial—. Todo
el sistema del edificio fue hackeado y puesto en un sofisticado circuito de
repetición que nadie notó. Aún no han podido arreglarlo, tuvieron que
llamar a especialistas.
—Carmen —murmuró Martine.
Levi cerró los ojos y se frotó el puente de la nariz. No mucho
después de su debut, los Siete de Picas habían reclutado un topo en el
Departamento de Policía Metropolitana de Las Vegas. Carmen Rivera,
una brillante joven especialista técnica. La habían arrestado unos meses
atrás cuando Levi y Martine habían descubierto su traición, pero se había
escapado en cuestión de días gracias a la pandilla callejera Los
Avispones, otro aliado de los Siete de Picas. Dondequiera que ella
estuviera ahora, su ayuda continuaba brindando a los asesinos acceso e
información que no hubieran podido obtener por sí solos.
—Bien, necesitamos...
—¡Levi Abrams! —ladró una voz helada.
Hizo una mueca antes de darse la vuelta.
La Fiscal Adjunta del Distrito, Leila Rashid, estaba con los brazos
cruzados de pie al otro lado de la cinta colgada en la puerta de la oficina.
Como siempre, su negro cabello estaba recogido en una simple coleta, y
su sencillo traje pantalón halagaba las líneas duras y delgadas de su
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cuerpo atlético. Ella torció el dedo índice hacia él, haciendo un gesto para
que se acercara.
A pesar de su irritación por ser llamado como un perro, Levi se
acercó a la cinta. Martine lo acompañó, con una mirada curiosa en su
rostro.
—¿Te olvidaste de hacer algo hoy? —destiló un sarcasmo tan fuerte
que habría aplastado el espíritu de un hombre más débil.
—Por el amor de Dios, Leila, un juez de la ciudad ha sido
asesinado...
—¿Cameron Harding? —Ella miró al cuerpo por encima de él y
agitó una mano desdeñosamente, sin inmutarse visiblemente por la
escena espeluznante—. Todo el mundo odiaba a ese idiota. Sus
sentencias eran descaradamente racistas. Solo me sorprende que los
Siete de Picas no lo hayan atacado antes. —Señalando a Levi con el dedo,
ella dijo—: Se suponía que estarías en mi oficina hace media hora para
preparar el juicio.
Él abrió la boca, pero ella siguió adelante sin darle la oportunidad
de hablar.
—El nuevo abogado defensor de Jason Wilson es un canalla total.
No puedes ir a ese interrogatorio sin estar preparado, especialmente con
tus problemas de manejo de ira.
—¿Jason Wilson? —preguntó Martine, mientras Levi se erizaba
completamente—. ¿No es uno de los pandilleros de Utopía que fue
arrestado por el asalto al casino subterráneo de Sergei Volkov? Pensé que
juicios debían comenzar hace un par de semanas atrás.
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—Ni siquiera me hagas empezar —resopló Leila—. Todos los
imbéciles de Utopía que tenemos en la cárcel o libres con fianza siguen
postergando sus juicios porque sus equipos legales están en constante
cambio, y el calendario judicial es un desastre. Sus abogados siguen
renunciando.
Martine tarareó pensativamente.
—Creo que leí algo sobre eso. Han estado recibiendo amenazas de
muerte, ¿no?
—Sí. Peor aún, en lo que respecta a los abogados, sus clientes
importantes han amenazado con retirarse de sus firmas si representan o
se relacionan con los Nazis.
—Tú eres abogado —señaló Levi.
—Soy Fiscal. Hay una diferencia. Y no intentes cambiar de tema.
—Leila se acercó a la cinta—. Ni siquiera me llamaste para decirme que
no ibas a aparecer, no respondiste ninguna de mis llamadas o mensajes
de texto, lo que significó que tuve que perder tiempo en buscarte.
Levi reprimió un estremecimiento. Eso había sido una mierda de
su parte, aunque tenía una explicación.
—Lo sé, lo siento. Mi teléfono murió hace horas. Perdí mi cargador
y no he tenido tiempo de comprar uno nuevo.
Si solo hubiera sido Leila, eso podría haber funcionado. Pero
Martine lo conocía demasiado bien. Ella era su compañera, su mejor
amiga, una hermana más allá de la biológica, y no era tan fácil que él la
engañara.
Ella entrecerró los ojos.
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—Tú no pierdes cosas. Lo que significa que sabes dónde está su
cargador, pero no puede obtenerlo por alguna razón… —Sus ojos se
agrandaron—.Oh… ¡Dios mío, lo dejaste en el apartamento de Dominic!
—Eres lo peor del mundo —gruñó Levi.
—¿Te acostaste con él otra vez? —Leila fue suficientemente fuerte
como para llamar la atención del oficial uniformado de guardia en la
puerta.
Levi fulminó con la mirada al hombre hasta que rápidamente se
alejó de ellos.
—¡No lo planeé! Solo sucedió. Nos encontramos en la tienda de
comestibles...
—No viven ni remotamente cerca como…
—Y una cosa llevó a la otra —continuó él ignorando firmemente ese
comentario—. Pensé... Bueno, no importa lo que pensé. Estaba
equivocado.
Esta no era la primera vez que él se encontraba en este
predicamento. Dominic y él se habían cruzado, y de acuerdo, algunas
veces fue porque él había arreglado las circunstancias y otras porque
Dominic lo había hecho. Comenzaban a hablar, y si habían pasado los
primeros cinco minutos sin pelear, las cosas volvían a sentirse normales
de nuevo. Dominic parecía ser el mismo hombre encantador, reflexivo y
tranquilo del que Levi se había enamorado, él creía que había esperanza
para su relación después de todo, e inevitablemente terminaban en la
cama.
Entonces, inevitablemente, sucedía algo que golpeaba la dura
verdad en su cara: Dominic era un jugador compulsivo en una recaída
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completa, rechazando todas y cada una de las ofertas de ayuda. Eso no
había cambiado, y hasta que lo hiciera, no podían estar juntos de
ninguna manera significativa.
—No sé si sabes, pero cuando una pareja se separa, generalmente
deja de tener relaciones sexuales —argumentó Martine.
—¿Qué diablos sabes tú al respecto? —replicó Levi. Martine solo
había estado en una relación en toda su vida. Su esposo Antoine y ella
habían sido novios desde la infancia ya que habían crecido juntos en
Flatbush, un vecindario de familias inmigrantes haitianas, y se habían
casado durante la universidad.
—Oyeee, no te enfades con ella —espetó Leila—. No es la que sigue
saltando sobre la verga de Russo.
Martine hizo un ruido exasperado.
—Tiene sentido que Dominic y tú se sientan atraídos. Siguen
enamorados, el que rompieran no cambió eso. Pero esta no es una forma
saludable de lidiar con tu separación.
—Y este no es el momento ni el lugar para tener esta discusión. —
Levi hizo un gesto hacia el cadáver a unos cinco metros de distancia—.
Un funcionario fue asesinado en un edificio gubernamental a plena luz
del día. El alcalde va a sufrir una explosión nuclear.
—Como si las cosas no fueran ya lo suficientemente malas —
expresó Martine con tristeza.
El turismo en Las Vegas se había desplomado desde que Los Siete
de Picas se habían convertido en un fenómeno nacional, a pesar que en
realidad nunca habían asesinado a un turista. El crecimiento explosivo
de Utopía solo empeoró las cosas, y las presiones combinadas provocaron
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una tormenta política en la que el alcalde, el ayuntamiento y el sheriff
estaban más interesados en echarse la culpa unos a otros que en resolver
los problemas.
Martine y Leila se lanzaron a un debate sobre el control de daños,
y Levi dejó escapar un suspiro de alivio. En lo que a él se refería, no había
momento ni lugar adecuado para hablar sobre su relación con Dominic.
Apenas podía soportar pensar en ello.
Dominic era su bashert4, su alma gemela. Sin él, sentía que le
habían disparado y estaba tardando meses en desangrarse.
—¿Detective Abrams? —llamó una de las CSI mientras se acercaba
a él por detrás—. Hay algo que debería ver.
Martine y él la siguieron a través de la oficina. Leila, que no había
ingresado a la escena, se quedó detrás de la cinta.
—Esto parecía fuera de lugar, así que echamos un vistazo más de
cerca. Y… bueno, ya lo verá. —La CSI hizo un gesto hacia una tarjeta de
felicitación colocada en un aparador decorado con fotografías
enmarcadas de la familia de Harding—. Ya ha sido etiquetado y
fotografiado.
Levi recogió la tarjeta cuidadosamente con la punta de sus dedos
enguantados. El frente era un reluciente diseño en trémulo degrade con
las palabras Lamento habérmelo perdido en letras color plata. En el
interior, ¡Feliz cumpleaños tardío! estaba impreso encima de un mensaje
escrito…
Estimado Detective Abrams,
4 Bashert: Expresión judía para alma gemela.
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Sé que tu cumpleaños fue en enero, pero el regalo perfecto toma
tiempo para prepararse. Ten la seguridad de que no lo he olvidado. Tendré
algo especial para ti pronto.
Una marca de un siete de picas se había dejado con un sello de
goma en la parte inferior de la tarjeta.
Piel de gallina llenó el cuerpo de Levi, y se sintió atrapado por el
repentino impulso irracional de romper la tarjeta en pedazos. En cambio,
miró a Martine, que estaba mirando la tarjeta como si fuese una
tarántula.
—¿Qué demonios significa eso?
—No tengo idea —musitó Levi—. Pero estoy bastante seguro que no
me va a gustar.
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Capítul♠ 2
Dominic entró en el Double Down Saloon, un ruidoso bar de mala muerte
cuyo lema oficial era ¡Cállate y Bebe!, y tuvo que esquivar
inmediatamente a un borracho que tropezaba para salir por la puerta.
Puso los ojos en blanco y entrecerró los ojos, viendo a su cliente en menos
de cinco segundos.
El Double D atraía a una multitud ruidosa de punk-rock, y Nathan
Royce se destacaba como el único diamante en una mano de cartas llena
de picas. Él era un zorro plateado vestido con muy buen gusto con un
hermoso traje y un reloj elegante que gritaba clase media alta, no
exactamente la clientela habitual del bar. No ayudaba que él estuviese
inquieto como el infierno, mirando a su alrededor con nerviosismo,
golpeando su pie contra el suelo, tamborileando los dedos sobre la mesa
alta donde estaba bebiendo parado.
Dominic se abrió camino a través de la multitud, lo que no era una
tarea fácil para un hombre de su altura y musculosa estructura, hasta
que llegó a Royce.
—Podríamos habernos encontrado en otro lugar —tuvo que
inclinarse para ser escuchado por encima de la incoherente pero
tremendamente entusiasta banda.
Royce negó con la cabeza.
—Aquí no hay riesgo de encontrarme con alguien que conozca.
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—Usted es el cliente. —Dominic se encogió de hombros. Levantó su
bolsa de mensajero sobre la mesa; en este entorno, era menos probable
que este atrajera la atención que un maletín.
—¿Has encontrado algo?
—Sabe, podría hacer mi trabajo mucho más rápido si fuese más
específico sobre lo que estoy buscando.
—Te he dicho lo suficiente —replicó Royce con impaciencia—.
Información confidencial altamente valiosa ha sido comprometida de una
manera que ha causado graves pérdidas financieras a mi empresa en un
período de tiempo sospechosamente corto. Es una conspiración para
cometer un fraude de seguros o un sabotaje corporativo por parte de una
empresa competidora. ¿Qué más necesitas saber?
—La naturaleza de la información comprometida, para empezar.
—No te puedo decir eso.
Dominic ahogó un suspiró. Royce era el Director de Gestión de
Responsabilidades de la aseguradora Kensington Insurance Group, una
firma nacional que atendía a clientes de alto patrimonio y a compañías
que aparecían en Fortune 500. Tres semanas atrás había contratado a
McBride Investigations, y aunque era un contrato jugoso, su negativa a
revelar todo lo que concernía a sus pólizas también significaba que todo
era innecesariamente frustrante.
Inclinando su cabeza, Dominic observó a Royce en un escrutinio
más cercano. Hacía calor en el Double D, como en cualquier otro bar
lleno de idiotas borrachos, pero Royce sudaba mucho más profusamente
de lo que estaba justificado. También había un fino temblor en sus
manos.
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—Algo más sucedió —aventuró Dominic—. Hoy. Por eso quiso
reunirse de último minuto.
—Yo… —Royce lo miró sorprendido—. Sí. Ha habido, mmm…
preocupación por los nuevos desarrollos. Pero eso es todo lo que puedo
decir.
—Está bien. —Dominic sacó una gruesa pila de carpetas
encuadernadas de su bolsa de mensajero y las colocó sobre la mesa—.
He estado realizando exhaustivas verificaciones de los antecedentes de
todos los nombres que me dio. Todavía estoy trabajando en la lista, pero
hasta ahora todos están limpios.
—¿No has pasado por todo el mundo todavía?
—Es una lista larga, señor Royce.
El grupo de posibles sospechosos que le había proporcionado
estaba dividido en dos grupos, clientes que podrían estar involucrados en
fraudes de seguros, y ejecutivos de agencias competidoras que podrían
estar trabajando en algún tipo de sabotaje corporativo. A juzgar por la
gran cantidad de nombres, Royce era extremadamente paranoico o
estaba hundido en mierda profunda.
Cuando estuvo seguro que Royce había terminado de interrumpir,
continuó:
—No he encontrado ninguna de las banderas rojas que esperaría
ver en casos de fraude o sabotaje. No hay conexiones con elementos
delictivos. Sin ganancias financieras imprevistas o inusuales gastos
excesivos. No hay evidencia de comportamiento errático reciente como
ausencias inexplicables al trabajo o ansiedad anormal. Solo hubo una
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cosa, incluso apenas fuera de lo común. ¿Me hizo revisar a Ethan
Deering, Director financiero de Aphelion Innovations?
Royce asintió, sus ojos redondos.
—Hace dos semanas, su CEO Rose Nguyen tuvo una inesperada
licencia médica por unos días. Deering tuvo que luchar para cubrirla en
algunas reuniones importantes con clientes. Pero ahora está de regreso
en el trabajo, y siguen como siempre, así que no parece sospechoso.
Royce se lamió los labios y miró hacia otro lado, evitando su
mirada. Estaba agarrando la pila de carpetas con tanta fuerza que
Dominic podía ver sus nudillos blanquearse incluso a través de la
penumbra del bar.
Ahora eso sí parecía sospechoso.
—¿Algo de los empleados locales de KIG? —preguntó Royce.
Eligiendo el lado de la discreción, Dominic fingió no saber que
Royce cambiaba de tema a propósito.
—No ha habido alertas del software espía que instaló en sus
computadoras, aunque es posible que desee considerar bloquear
Facebook. McBride puso a un especialista técnico peinando a través de
todo el sistema, y no ha podido encontrar ninguna puerta trasera u otras
debilidades que un hacker promedio pueda aprovechar. ¿Desea que
realice otra asistencia técnica de contramedidas en su oficina?
—Aún no. Recibí demasiadas preguntas la primera vez que hizo
una. —Royce sacó el teléfono del bolsillo de su chaqueta—. Voy a enviarte
otro nombre por correo electrónico para agregarlo a la lista; ella debe
tener prioridad sobre cualquier otra persona que te quede por revisar.
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—Entendido.
Royse dio palmaditas sobre las carpetas.
—¿Puedo guardar estas?
—Por supuesto. Son solo copias de los originales de mi
investigación.
—Muchas gracias. Mantente en contacto.
—Señor Royce...
Demasiado tarde. Royce ya había recogido las carpetas y estaba
abriéndose paso entre la bulliciosa multitud para salir del bar.
Con piel de gallina por la irritación, Dominic consideró brevemente
en seguir a Royce y ponerlo bajo vigilancia durante un tiempo,
simplemente para obtener respuestas directas por una vez. Lo único que
lo detuvo fue la preocupación de que su jefa lo averiguara. Desde que su
juego había puesto en peligro meses atrás una investigación, él había
estado patinando sobre hielo delgado con ella.
Ahora tenía el juego compartimentado y nunca había permitido que
este interfiriera con su trabajo como investigador. Pero McBride no era
conocida por su naturaleza indulgente, por lo que él no podía arriesgarse
a otro error.
Con un suspiro, colgó la bolsa de mensajero sobre su hombro.
Había tenido suficiente con el caso de Royce por un día. Empezaría a
investigar el nuevo nombre mañana por la mañana. Mientras tanto, iría
a casa y cenaría, tal vez sacaría a Rebel a correr y jugaría un poco al
póquer en línea.
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Sin embargo, las mesas de blackjack en el Railroad Pass habían
estado calientes esa noche. Había tenido que abandonar una racha
ganadora para llegar a esa reunión. Si regresaba, podría seguir montando
esa ola y limpiar la casa...
No, no hay manera. Acababa de pasar horas en el casino; no iba a
conducir todo el camino de regreso a Henderson a esta hora de la noche.
Sería demasiado ridículo.
Él no debía hacerlo.
***
La alarma a todo volumen de Dominic lo sacó del sueño a las seis
de la mañana siguiente. Gimió en protesta y agitó un brazo, golpeando
ciegamente su teléfono hasta que se detuvo.
Estaba tan aturdido que su cabeza se sentía rellena de algodón. No
había regresado a casa de Railroad Pass hasta las dos a.m. ¿O eran las
tres? La mayor parte de la noche estaba borrosa.
Lo único que le impidió volver a dormirse de inmediato fue un
gemido silencioso junto a la cama. Abrió los ojos para encontrar a Rebel,
una mezcla de Pastor Alemán y Rottweiler, mirándolo desde unos
centímetros con una mirada triste y conmovedora.
La culpa se estrelló a través de él y se retorció anudando sus
entrañas. Extendió una mano para rascar las orejas de Rebel,
inclinándose hacia adelante para que ella pudiera lamerle el rostro.
Cuando trabajaba de cazarrecompensas, la había llevado a casi
todos los trabajos. Ella había estado a su lado prácticamente veinticuatro
horas al día durante años. Pero él había comenzado a dejarla en su casa
por períodos más largos una vez que consiguió una pasantía en McBride,
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y en estos días ella pasaba más tiempo sola o con sus vecinos de al lado
que con él.
La había sacado hace unas horas cuando llegó, por lo que sabía
que no tenía que aliviarse. Probablemente se sentía sola.
Dios, ¿podría ser más pedazo de mierda sin valor?
—¿Quieres ir a correr? —El entusiasta movimiento de la cola de
Rebel sacudió todo su cuerpo, y él se echó a reír antes de salir de las
mantas—. De acuerdo, vamos.
Se dirigieron al campus de la Universidad de Nevada, Las Vegas,
para recorrer su ruta habitual de ocho kilómetros a través del campus.
Mientras sus pies golpeaban la acera, Dominic aprovechó la oportunidad
para despejar su cabeza y volver a concentrarse en la investigación de
Royce.
Uno de los principales obstáculos que le impedían trabajar con
toda eficiencia era que no sabía qué tipo de fraude de seguros podrían
estar cometiendo los clientes de Royce. Éste se negaba a revelar la
naturaleza de sus pólizas.
Los clientes que había investigado eran todos ejecutivos de alto
rango en compañías exitosas con oficinas locales en Las Vegas. Por
ejemplo, el nombre que le había dado a Dominic la noche anterior, era
Cindy Barnes, Directora de Administración de una firma de inversiones
con sede en Las Vegas.
Así que pudo deducir que las pólizas eran de naturaleza
corporativa. Pero había investigado todas esas compañías, y ninguna
mostraba evidencia de problemas recientes, ni robos, juicios, empleados
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descontentos ni nada por el estilo. No había ninguna razón para que
presentaran reclamaciones contra ninguna póliza de seguro corporativo.
Por otra parte, podría llegar a no ser un fraude de seguros. Royce
parecía convencido que el sabotaje corporativo era una posibilidad
igualmente probable. El hecho que no supiera a qué problema se
enfrentaba hacía que toda la situación fuese incluso más desconcertante.
Para cuando Dominic y Rebel regresaron a su edificio de
departamentos, ambos muy cansados por la carrera y no estaba más
cerca de encontrar una respuesta satisfactoria. Soltó la correa de Rebel
cuando cruzaron la cerca de alambre que rodeaba la propiedad. Mientras
caminaban por la piscina en el centro del edificio en forma de U, se
encontraron con Jasmine Anderson, una de sus vecinas de al lado y
amiga más cercana.
—Hola —saludo él, inclinándose para besar su mejilla—. Lo
lamento, estoy todo sudado.
—No hay problema. —Jasmine tenía docenas de trenzas
multicolores atadas en un moño gigante de la forma en que lo peinaba
cuando se preparaba para trabajar. Ella se agachó para darle a Rebel un
rasguño en la oreja—. Estoy de camino a la reunión final con el DJ de la
boda.
—¿Quieres que vaya contigo?
—No, mi mamá se reunirá conmigo. Aunque gracias. —Ella se
enderezó otra vez—. ¿Está todo listo para la despedida de soltero de
Carlos?
Como muchas parejas en estos días, Carlos y Jasmine habían
decidido celebrar sus despedidas semanas antes de la boda real. Dominic
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estaba decidido a no hacerlo tan mal como el padrino como lo había
hecho antes en su compromiso, de modo que cuando Carlos le confesó lo
importante que era para él tener la experiencia estadounidense esencial
de una despedida de soltero clásica, menos cualquier cosa muy sórdida,
Dominic había preparado toda una lista.
—Sí. Comenzaremos la noche con una tradicional cena de bistec,
luego un tour por los bares más extravagantes de Las Vegas, y nos
reuniremos contigo y tus amigas en Stingray para terminar las cosas. Les
dije a todos los chicos que mantuvieran los detalles en secreto de Carlos.
—Suena genial. Así que… —Jasmine lo miró a través de sus
gruesas pestañas, mordiéndose el piercing en su labio— …creímos
escuchar la voz de Levi el sábado por la noche.
Oh, ellos habían escuchado a Levi, está bien. La habitación de
Dominic compartía pared con la habitación de Carlos y Jasmine, y Levi
había gritado como una maldita banshee durante el sexo.
—Él vino, sí.
—¿Están juntos otra vez?
Dominic se puso rígido. Rebel, quien se había animado con la
mención del nombre de Levi, se sentó atenta y jadeó alegremente.
—No lo creo —dijo con firmeza. Había sido increíble tener a Levi en
sus brazos de nuevo, verlo relajarse e iluminarse por el placer, escuchar
sus jadeantes declaraciones de amor mientras aceleraba dentro de él y
las devolvía con amabilidad.
Pero a la mañana siguiente habían tenido una pelea tan
demoledora, larga y mala como cualquiera de las anteriores, una
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confrontación que terminó con Levi arrojando un plato contra pared y
yéndose furioso. Todo el asunto había sido muy maduro y elegante.
Levi nunca aceptaría que él podía controlar su juego; creía que era
demasiado débil. Dominic tenía que aceptar esa realidad, tarde o
temprano.
—Sabes que invitamos a Levi a la boda. Él ya confirmó su
asistencia. ¿Te parece bien?
—Sí, está bien — respondió Dominic, fingiendo que ver a Levi en la
boda de sus mejores amigos no sería más doloroso que la bala que había
recibido en Afganistán.
—Genial. Y, um... Lo estás haciendo bien, ¿verdad?
Las cejas de Dominic se levantaron y le frunció el ceño. Jasmine,
Carlos y él habían llegado a un acuerdo tácito… no dejaba que su juego
afectara su relación con ellos, y ellos no lo mencionaban. Nunca.
—¿Hay alguna razón por la que no lo haría? —Su voz sonó baja
con un tono de advertencia.
Ella retrocedió de inmediato.
—No. Mira, tengo que correr. ¿Nos vemos más tarde?
—Por supuesto. Que te diviertas.
La vio caminar hacia el estacionamiento, aplastando su creciente
remordimiento. Los sentimientos de vergüenza y culpa solo
intensificaban su necesidad de jugar, pero esta vez él estaría a cargo. No
dejaría que lo siguiera controlando.
Silbando a Rebel, se dirigió a las escaleras.
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Capítul♠ 3
El portazo de la puerta del auto de Levi fue tragado por el vasto
espacio abierto que lo rodeaba. Se había estacionado a lo largo del
bordillo de una calle de viviendas suburbanas en el extremo noroeste del
Valle de Las Vegas. Al final de la calle, unas pocas cuadras al norte, la
civilización daba bruscamente paso a kilómetros de desierto y montañas,
con un par de caminos solitarios que serpenteaban en la distancia.
Las casas en esta zona eran estilo rancho en grandes lotes
cuadrados, pero un lote en el perímetro del vecindario estaba vacío, solo
una extensión vacía de arena y matorral, ahora repleta de personal de
LVMPD. Aunque esta área se encontraba fuera de los límites de la ciudad
de Las Vegas, el LVMPD era el departamento de policía y el departamento
del alguacil todo en uno, por lo tanto, era responsable de investigar los
homicidios que ocurrieran en áreas no incorporadas del Condado Clark,
así como en la ciudad misma.
Sin embargo, esto no necesariamente debía ser un homicidio; el
oficial que había respondido lo había reportado como muerte sospechosa.
Significaba que podía no ser el trabajo del Siete de Picas, lo que era un
gran alivio. Levi había estado obsesionado desde hace días con la
amenazadora promesa del asesino, tratando de anticiparse a los nuevos
horrores que tenían en mente, encogiéndose cada vez que sonaba su
teléfono...
DETENTE, pensó. Apartó sus pensamientos ansiosos y se
concentró en la imagen de una señal de alto, imaginando cada detalle de
ella. Detén esto ahora.
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Controlar tus pensamientos era una técnica que Alana, su
terapeuta, le había enseñado. Su amiga Natasha, también trabajadora
social clínica, lo había remitido a Alana hace varios meses para probar
con la terapia cognitiva conductual para el manejo de la depresión y la
ira. Ayudaba, aunque parecía ser un proceso de dos pasos adelante y uno
atrás.
Con su taza de viaje en mano, comenzó a cruzar la calle, pero se
detuvo cuando otro automóvil se detuvo detrás de él. Tomó un poco de
café mientras esperaba a que Martine saliera de su auto. Usualmente
conducían juntos a las escenas del crimen, pero habían sido llamados
tan temprano que habían venido desde sus respectivos hogares en lugar
de ir desde la subestación.
—Hermoso día para un homicidio —se burló ella mientras se unía
a él.
Él resopló. En realidad, se perfilaba para ser un hermoso día de
primavera. Limpio cielo azul claro, aire agradablemente fresco. Los
recuerdos de días con clima como este eran lo que lo sostenía durante
los meses en que Las Vegas se convertían en un infierno asfixiante y
donde se preguntaba qué lo había poseído para trasladarse a mitad del
desierto.
—¿Has comido? —preguntó ella, porque no era suficiente que Levi
tuviera una madre que constantemente lo molestaba por su cuerpo
delgado.
—¿Justo antes de entrar en una escena del crimen? No. —Ambos
sabían que no era por eso que se había saltado el desayuno, pero era una
buena excusa.
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Ella tomó su taza, bebió un sorbo y con una mueca la empujó otra
vez en su mano.
—Juro por Dios que tu corazón funciona a cafeína pura. Uno de
estos días simplemente va a explotar.
Por lo general, él le habría devuelto sus bromas con una
contestación rápida, pero no le llegó nada esta mañana. Se encogió de
hombros y comenzó a cruzar la calle.
Cogiéndole el codo, ella lo miró más de cerca.
—Mierda. ¿Pesadillas otra vez?
—Sí —murmuró.
Durante la mayor parte de su vida, sus noches habían estado
plagadas de pesadillas recurrentes acerca de estar atrapado e indefenso
mientras era perseguido por un enemigo implacable e invisible. Sin
embardo, hace unos meses el tono de esos sueños había cambiado.
Ahora, en cada una, él era el cazador que acechaba a la aterrorizada
presa.
Martine y Alana eran las únicas personas que sabían del cambio
en sus pesadillas. Nunca se lo había contado a Dominic.
—Estoy bien —le aseguró odiando la preocupación que había
puesto en su cara. Él movió su taza—. Sólo falta de sueño. De ahí el triple
de cafeína.
—Uh Uhmm —tarareó y no ofreció más juicios ni comentarios, eso
era una de las muchas cosas que le gustaba de ella.
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Cruzaron la calle y un oficial uniformado llamado Daley se les
acercó mientras estaban firmando el registro de la escena del crimen,
poniéndose guantes y cubre botas de plástico.
—Buenos días, Detectives.
—Buenos días, Daley —le saludó Levi—. ¿Fuiste el oficial que
respondió?
—Sí. —Levantó la cinta para que Levi y Martine pudieran meterse
por debajo—. La víctima fue encontrada hace dos horas por las personas
que viven en la casa de al lado. Sacaron como de costumbre a su perro
en la mañana, y él corrió directamente hacia el cuerpo. Hociqueo un poco
el cuerpo antes que lo retiraran, pero no hizo algún daño físico.
Levi siguió la dirección del dedo de Daley a una pareja de mediana
edad en el extremo más alejado del lote, sumergidos en una profunda
conversación con un par de uniformados. Un Golden Retriever bailoteaba
al final de una correa, intrigado por toda la actividad.
—Necesitaremos muestras de pelo y saliva del perro.
Martine asintió.
—Entrevistaré a los testigos. ¿Revisas el cuerpo?
—Suena bien.
Ella se giró hacia la pareja, y Levi siguió a Daley a través de la
arena.
La víctima era un hombre blanco entre los cuarenta y tantos años
y principios de los cincuenta, de estatura y constitución media, colocado
sobre su espalda. Estaba vestido de manera informal con una camiseta,
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un pantalón de chándal y zapatillas de deporte. No había lesiones
evidentes ni una causa de muerte. Lo único notable del cuerpo era que
su ojo izquierdo estaba fuertemente vendado.
—El nombre de la víctima es Joel Buckner —informó Daley—. 51
años, dirección de Summerlin.
—¿Tenía identificación?
—Sí. La billetera también estaba llena de efectivo y varias tarjetas
de crédito.
Eso descartaba el robo como motivo y significaba que al asesino no
le preocupaba que se descubriera su identidad. Suponiendo, por
supuesto, que hubiera un asesino.
Sin embargo, Levi se inclinó hacia el homicidio ya que el cuerpo de
Buckner claramente había sido dejado aquí. Esta área no era más que
arena y tierra polvorienta, pero las suelas de las zapatillas de deporte del
tipo estaban absolutamente limpias. De hecho, parecían nunca haberse
usado antes.
—¿Teléfono?
—No que hayamos podido encontrar.
—Gracias. —Se separó de Daley y se acercó al cuerpo,
arrodillándose en el lado opuesto del investigador forense, que ya estaba
trabajando arduamente.
Después de intercambiar bromas, ella comenzó su informe.
—Estimo que murió en las últimas doce horas. Es imposible
determinar la causa de la muerte sin una autopsia completa, pero
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sospecho que hay algún tipo de sobredosis o envenenamiento. Incluso
casi diría que podrían ser causas naturales, si no fuera por la ubicación
y, bueno... —Ella señaló el ojo vendado.
—Sí, iba a preguntar sobre eso. ¿Qué paso?
Agarró el borde del vendaje y vaciló.
—¿Comiste el desayuno?
Ella no estaba preguntando por la misma razón que Martine.
—Nop —dijo con cautela.
—Buena idea. —Retiró el grueso vendaje, revelando una cuenca sin
ojos que no contenía más que un párpado medio abierto que exponía la
cavidad vacía debajo.
—Ugh —exclamó Levi retrocediendo. Esto estaba lejos de ser lo
peor que había visto en sus años como policía, pero había algo en una
cuenca ocular vacía que era profundamente repugnante.
—Enucleación. —El investigador forense dejó el vendaje tirado a
un lado—. Eliminación total de todo el globo ocular. Definitivamente
hecho premortem, pero muy cercano a ello… en las últimas veinticuatro
a cuarenta y ocho horas, a juzgar por la etapa del proceso de curación.
—¿Tortura?
—Lo dudo. El ojo no fue arrancado. Fue extirpado quirúrgicamente
por alguien que sabía lo que estaban haciendo. La herida también se
limpió y vendó adecuadamente, y no hay signos de infección.
En alguien que hubiese sido torturado, Levi también esperaría ver
signos de lucha, heridas defensivas, moretones y abrasiones por estar
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atado. En Busckner no había evidencia de eso. Tendría que mirar debajo
de la ropa del hombre más de cerca, pero sus brazos desnudos no
estaban marcados. Solo había una pequeña irritación y moretones leves
en el dorso de su mano derecha.
—¿Has visto esto? —preguntó él.
—Sí. Es casi seguro que es de una vía IV5. Podría haberse utilizado
para sedar a la víctima durante el procedimiento, o para administrar
analgésicos o antibióticos después. O podría haber sido usado para
asesinarlo.
Esto se estaba volviendo cada vez más raro. Levi agradeció al
investigador forense por su tiempo, se levantó y se apartó del cuerpo para
poder ver la escena en general.
La elección de donde lo dejaron había sido deliberada. Este era un
lugar aislado sin cámaras alrededor. Sería fácil conducir un vehículo
hasta aquí y dejar caer un cuerpo sin ser detectado.
Pero no estaba tan aislado como para que el cuerpo no fuese
descubierto rápidamente. El asesino podría haber dejado a Buckner en
el desierto adyacente, en cambio, había elegido dejar el cuerpo en este
vecindario con su identificación todavía en él. Quería que lo encontraran,
lo que podría haber sido un mensaje para alguien, o incluso una señal
de respeto por el difunto o su familia.
¿Por qué quitarle el ojo a alguien si no lo estaban torturando? Levi
nunca había visto una mutilación no acompañada por otros signos de
rabia u odio hacia la víctima. ¿Cuál era el punto de hacer algo así de
5 Vía IV: Intravenosa o suero intravenoso.
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manera desapasionada? El robo de órganos, tal vez, pero eso era poco
probable teniendo el resto del cuerpo intacto.
El forense había sugerido que había una brecha de uno o dos días
entre la extracción del ojo y la muerte de Buckner, así que… ¿Tal vez la
amenaza había sido utilizada como palanca contra un tercero o contra el
mismo Buckner? Si alguien quería algo de Buckner que no estaban
obteniendo, quitar un ojo era una buena manera de demostrar que no
estaban bromeando. Sin embargo, si ese era el caso, las cosas deben
haber ido mal para que el tipo terminara muerto.
Una cosa era segura… esto no era un acto aleatorio de violencia.
Alguien en algún lugar tenía un motivo personal para matarlo. Lo único
que Levi tenía que hacer era averiguar quién lo tenía.
***
Horas más tarde, Levi se recostó en su silla en la subestación y se
frotó sus ojos secos. Finalmente había logrado algún progreso, mínimo,
pero no obstante un progreso.
Joel Buckner había sido el fundador y socio administrativo de
Buckner Partners LLC, una empresa de inversión con sede en Las Vegas
y con múltiples empresas en el extranjero. No tenía antecedentes penales
ni asociación conocida con alguna organización criminal, tampoco lo
tenía algún miembro de su familia inmediata. Su compañía tampoco
había caído bajo sospecha alguna de mala conducta, Levi había
comprobado con los de Delitos Financieros y la SEC para estar seguro.
A pesar de su ilustre posición, Buckner había estado endeudado
hasta... Bueno, su globo ocular. Su firma, si bien operaba dentro de los
límites de la ley y la ética, estaba fallando. Su esposa y él, llevaban meses
atrasados en su hipoteca, y todas sus tarjetas de crédito estaban al límite.
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¿Era posible que Buckner se hubiese sobrepasado con algún
prestamista? Las deudas hacían que la gente se desesperara, y la gente
desesperada tomaba malas decisiones. Los prestamistas de Las Vegas no
estaban por encima de rastrear a sus clientes y causar algo de dolor si
no conseguían su dinero, aunque Levi nunca había oído hablar de uno
que sacara los ojos de un hombre. De hecho, nunca antes había visto
esta marca de mutilación en el Valle. También parecía improbable que
un prestamista asesinara a un hombre ya que de ese modo nunca podría
pagarle.
Un paso a la vez. Por mucho que Levi odiara lidiar con las
arrogantes personalidades en Crimen Organizado, ellos estarían más al
tanto de los rumores entre los prestamistas locales. Exhaló un suspiró y
alcanzó su teléfono.
Su móvil sonó, dándole una buena excusa para postergar la
desagradable llamada durante unos minutos más. Al ver el nombre de
Martine en la pantalla contestó con un:
—¿Cómo te está yendo por allí?
Martine había pasado la mañana con la familia de Buckner, dando
la noticia de su muerte y luego entrevistándolos uno por uno.
—No me están dando nada. —Su voz temblaba por la frustración—
. Me choqué con una pared de piedra a cada paso. Es obvio que están
escondiendo algo.
—¿De verdad? —Su curiosidad se había picado—. ¿Cómo qué?
—No estoy segura. Cuando les dije que Buckner estaba muerto,
parecieron realmente devastados, pero… No lo sé. Es como si ya lo
supieran. No se sorprendieron en absoluto.
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—¿Crees que estaban involucrados?
—Hmm… —Martine era una buena detective, y no descartaría una
teoría de plano, por muy inverosímil que pareciera—. Lo dudo. Los niños
tienen nueve y siete años, y reaccionaron de la misma manera que su
madre. No puedo imaginar que ella los metiera en un complot para matar
a su padre.
Levi estuvo de acuerdo. Le contó a Martine sobre las deudas de
Buckner, y ella emitió un suave sonido de sorpresa.
—Antes de llamarte, fui a la escuela de los niños. Han estado
ausentes por tres días. La madre le dijo a la escuela que tenían gripe,
pero no vi evidencia de eso.
—Bueno, sabemos por la brecha de tiempo entre lo del ojo y la
muerte que quien lo mató lo tuvo al menos veinticuatro horas, tal vez
más. —Levi miró fijamente al espacio, sus dedos golpeteando su
escritorio—. Su familia tenía que haber sabido que él estaba desparecido,
y tal vez también por qué. Si saben quién lo mató, es posible que tengan
demasiado miedo de las represalias para decir algo.
—Podría explicar el comportamiento nervioso. Mira, no voy a sacar
nada más de estas personas hoy. Iré a la compañía de Buckner y hablaré
con sus colegas para ver si saben algo útil. Si los presiono sobre sus
deudas, tal vez algo aparezca.
—Bien pensado. Estoy a punto de consultar con OC6 sobre el
ángulo del prestamista. Te haré saber lo que encuentre.
6 OC: Crimen Organizado.
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
Terminaron su llamada justo a tiempo para que Levi escuchara
una voz que decía.
—Ese de allí es el Detective Abrams.
Miró hacia arriba. Un oficial uniformado se acercaba a su
escritorio, escoltando a una joven asiática vestida casualmente con una
insignia de visitante sujeta a su sudadera con capucha. Su largo cabello
negro tenía un estilo que ocultaba todo el lado izquierdo de su rostro, lo
que era tan claramente deliberado que Levi asumió que era un intento de
ocultar algún tipo de cicatriz.
El oficial saludó con la cabeza a Levi y siguió su camino.
—Soy el Detective Abrams —se presentó poniéndose de pie y
extendiendo la mano—. ¿Necesitaba verme?
—Sí. Rose Nguyen. —Ella le estrechó la mano enérgicamente—.
Lamento haber aparecido así, pero no sabía cómo contactarle.
El escritorio de Martine estaba unido al de Levi para que los dos se
miraran uno frente al otro. Como ella no estaba aquí, Levi robó su silla y
la hizo girar hacia un lado para Nguyen. Le hizo un gesto para que tomara
asiento y él se sentó también.
—¿Cómo puedo ayudarte? —preguntó preparándose. Si Nguyen
había venido a buscarlo utilizando su nombre, tenía que estar
relacionado con el Siete de Picas.
¿Qué tipo de chiflada sería esta vez? ¿Una con una teoría de
conspiración convencida que su novio/compañero de trabajo/vecino era
el Siete de Picas? ¿Una groupie de los asesinos en serie con la esperanza
de aprender más pretendiendo tener información útil? ¿Ciudadana
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enojada que responsabilizaba personalmente a Levi por el continuo
alboroto de los Siete de Picas?
—Acabo de leer sobre la muerte de Joel Buckner en línea —dijo
Nguyen—. Un blogger con un contacto en la oficina del forense filtró los
detalles.
Espera, ¿qué? Levi sacudió ligeramente la cabeza para despejarla.
—¿Usted conocía al señor Buckner?
—No, en absoluto, pero creo que puedo saber lo que le pasó.
—¿Cómo? —Levi estaba desconcertado.
Ella se apartó el cabello, mostrando un rostro sin cicatrices y un
ojo izquierdo vendado.
—Porque a mí me sucedió lo mismo.
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Capítul♠ 4
—¿Puedo traerle algo? —preguntó Levi mientras cerraba la puerta
de la sala de entrevistas más cómoda, y privada, adyacente al bullpen—.
¿Agua, café?
—No, gracias —rechazó Nguyen, quien se había acomodado en el
mismo mullido sofá que había adornado esta habitación desde principios
de los años noventa.
Levi se sentó frente a ella, sacando una libreta y un bolígrafo.
—¿Por qué no empieza por el principio?
—Ocurrió hace casi un mes, el 20 de febrero. Era la última en la
oficina, como de costumbre, y salí del trabajo bastante tarde. En mi
camino a casa, tuve que tomar una especie de desvío en la carretera.
Terminé en esta pequeña calle lateral. Había un tramo en el que había
estacionados a cado lado del camino enormes equipos de construcción, y
tan pronto como mi auto estuvo entre esas máquinas, grandes SUVs
negros se detuvieron frente y detrás de mí y me encerraron como en una
caja.
Una técnica de secuestro estándar, aunque requería mucha
estrategia y precisión. Asintió para que ella continuara.
—Hombres enmascarados saltaron de las camionetas, me sacaron
de mi auto y me inyectaron algo que me dejó inconsciente. Todo sucedió
tan rápido que ni siquiera tuve tiempo para procesarlo. Cuando me
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desperté, me habían vendado los ojos y me habían atado a una cama. —
Se detuvo para inhalar en medio de un suspiro.
—¿Te lastimaron de alguna manera además de tu ojo? —preguntó
Levi tan gentilmente como pudo.
—No. Quiero decir, estaba aterrorizada de lo que iban a hacer...
bueno, estoy seguro que tiene una idea. Pero una vez que me
secuestraron, apenas me tocaron. En su mayoría me dejaron sola, y
cuando me hablaron, lo hacían de manera… Cortés. Formal, diría yo.
Profesionales, entonces, sin ningún interés en Nguyen más allá de
su día de pago.
—Tan pronto como estuve despierta, me dijeron que me retenían
para pedir rescate y que me liberarían de manera segura una vez que se
pagara —continuó ella—. Luego me quitaron las restricciones y me
dejaron tener acceso libre en la habitación en la que estaba encerrada.
Levi frunció el ceño. ¿Secuestrar a un adulto y retenerlo sin tortura
ni agresión sexual para obtener un rescate? Si bien eso ocurría a diario
en algunas partes del mundo, era inusual en los Estados Unidos.
—¿Te quitaste la venda?
—No pude. Estaba cerrada de alguna manera; si tuviera que
adivinar, diría que era un tipo de equipo fetiche —chasqueó su cuello de
un lado y del otro—. Perdón, creo que si tomaré agua, por favor.
Se levantó para buscar una botella de agua de la nevera en la
esquina. Ella bebió unos pocos sorbos poco profundos antes de seguir
hablando.
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
—He tenido entrenamiento de seguridad para secuestros, así que
sabía que debía mantener la calma y seguir las instrucciones. Pero
también hice lo que pude para conocer algo del diseño de la habitación y
escuchar lo más posible en la puerta. Así que de inmediato escuché
cuando descubrieron que mi empresa se había negado a negociar.
—¿Su empresa?
—Aphelion Innovations. Todavía somos bastante pequeños, pero
recientemente firmamos un contrato enorme con el Departamento de
Defensa. Soy el CEO y Jefe de ingenieros. Los secuestradores fueron
directamente a mi Consejo de Administración por el rescate.
—¿Pero se rehusaron pagar?
—Sí. Luego descubrí que pensaron que era un engaño y cortaron
todo contacto con los secuestradores. Después de eso, escuché un
montón de susurros y tensas discusiones a través de la puerta, pero no
pude entender la mayor parte. Entonces los secuestradores recibieron
una llamada telefónica. Unos minutos después, entraron en mi
habitación y me dijeron que necesitaban sedarme. Tenía miedo que
hicieran algo peor si me negaba, así que cooperé. Me inyectaron algo en
el brazo, y cuando recuperé la conciencia… —Ella tragó saliva, su
respiración se aceleró—. Mi… mi ojo había desaparecido. Supongo que
querían enviar un mensaje que no se pudiera ignorar.
Ella aspiró estremecedoramente, y lágrimas brotaron de su ojo
restante. Levi le entregó una caja de pañuelos y esperó en silencio
mientras se recuperaba.
Sabía lo que era ser una víctima, no solo el dolor y el miedo, sino
también la vergüenza, la profunda sensación de impotencia y toda la
amarga culpa que lo acompañaba. Esas cosas dejaban una ciénaga
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arenosa que no podía ser borrada con las palabras de otras personas, no
importa cuántas veces te dijeran: Esto no es tu culpa o no hay nada que
pudieras haber hecho.
Palabras como esas nunca ayudaron a Levi, por lo que no las diría
ahora.
Finalmente, sus lágrimas se detuvieron y pareció más tranquila.
—Lo lamento.
—No necesitas disculparte. Fue valiente de tú parte venir aquí y
contarme esto.
Ella sonrió débilmente, apretando los pañuelos en su puño.
—¿Podrías hablarme lo que sucedió después…? —Hizo un gesto
vago hacia su ojo.
—Después que tomaron mi ojo, me mantuvieron drogada, por lo
que el resto es solo un borrón. Sé que me dieron medicamentos para el
dolor, y los médicos que vi más tarde dijeron que también seguramente
me habrían dado antibióticos. —Ella destrozó los pañuelos mientras
hablaba, mullidos y blancos trozos cayeron sobre el sofá—.
Aproximadamente un día después, me dijeron que se había pagado el
rescate y que me llevaban de regresó a la ciudad, pero que volverían por
mí si alguien informaba del secuestro a la policía. Me drogaron
nuevamente. Esta vez, me desperté en una silla de ruedas frente a una
sala de emergencias.
Levi se inclinó hacia delante.
—¿Los secuestradores usaron esas palabras exactamente? ¿Qué te
estaban llevando ‘de regresó a la ciudad’?
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
—Um… —Ella lo pensó un poco antes de asentir—. Sí, eso es lo
que literalmente dijeron. Lo recuerdo porque me sentí muy aliviada.
Lo que significa que los secuestradores habían mantenido a
Nguyen fuera de la ciudad. Sin embargo, habrían querido permanecer
cerca para facilitar el transporte y la comunicación. La mente de Levi
regresó a las carreteras del desierto rodeando la arena cerca de donde
dejaron a Buckner.
—Mencionó que ha tenido entrenamiento de seguridad en
secuestros. ¿Es por el contrato de su empresa con el Departamento de
Defensa?
—No realmente. Aphelion siempre ha trabajado mucho para
mejorar la infraestructura de los sistemas de información en los países
en desarrollo. Los lugares donde el secuestro por rescate es casi una
verdadera industria… América Central, ciertas áreas en Asia y Medio
Oriente. Una vez que la compañía comenzó a hacerse un nombre por sí
misma, la junta insistió en que asistiera a la capacitación por si acaso. Y
como me enteré más tarde, es por eso que adquirieron para mí una póliza
contra secuestro y rescate.
Levantó la cabeza de sus notas.
—¿Una qué?
—Una póliza de seguro contra secuestro y rescate. No se escucha
mucho sobre ellas, pero existen. Y gracias a Dios que lo hacen, o este
rescate habría llevado a mi compañía a la bancarrota. Me obsesioné con
eso todo el tiempo que esos hombres me retuvieron. Al menos fue un
alivio descubrir que todavía seríamos solventes.
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Al tratar de estudiar con su cerebro esta nueva información, Levi
preguntó:
—¿Entonces no supiste hasta después del secuestro que tu junta
directiva había comprado esta póliza?
Ella se encogió de hombros.
—No podían decírmelo. Aparentemente, es una condición previa de
la póliza que el sujeto no sepa que existe, al menos así es como está en
KIG. Algo sobre una prevención de fraudes de seguros.
—¿Cómo funciona?
—Cuando la compañía asegurada recibe una demanda de rescate,
KIG envía un equipo profesional de respuesta de crisis para que la policía
no tenga que involucrarse. Una vez que se realiza el intercambio, le
reembolsan todo, no solo el rescate, sino el tiempo perdido en el trabajo,
incluso la atención médica. —Nguyen se pasó una mano tímidamente por
sus vendajes—. Están pagando por una prótesis ocular también. Hasta
ahora me han colocado un implante y una vez que hayan transcurrido
unos meses para que se cure, podrán colocarme la prótesis real.
Levi tomó notas taquigráficas, su mente estaba acelerada. Podía
ver la necesidad de medidas como esta en otros países, pero apostaría a
que la compañía de seguros nunca había esperado que esta política se
activara en territorio estadounidense.
—Usted dijo que su póliza era a través de KIG, es Kensington
Insurance Group, ¿verdad?
Ella asintió. Él garabateó el nombre y lo subrayó varias veces.
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—Si los secuestradores la amenazaron con que acudiera a la
policía, ¿por qué decidió presentarse?
—No sabía que le habían hecho esto a alguien más, pero luego
descubrí que habían matado a una de sus víctimas. Eso significa que algo
salió mal, ¿verdad? —Ella extendió las manos—. ¿Quién sabe qué más
podrían hacer, a cuántas otras personas podrían hacer daño? No puedo
tener eso en mi conciencia.
Levi admiró su coraje aún más.
—Podemos arreglar protección para usted, por si acaso.
Ella aceptó con gratitud, y después de eso, él la guío nuevamente
a través de su historia, buscando más detalles. Nguyen creía que había
sido secuestrada por un equipo de cinco o seis hombres. Nunca había
visto sus caras y ellos no habían usado nombres, pero estaba segura que
reconocería sus voces si las escuchaba de nuevo. Por lo que se había
enterado a través de escuchar a hurtadillas, los hombres habían estado
recibiendo instrucciones por teléfono de alguien que no estaba presente.
Ya que había estado inconsciente las dos veces que había sido
transportada, no tenía idea de dónde había estado retenida. Sin embargo,
había notado una clara falta de ruido ambiental a su alrededor… no
había tráfico, vecinos, o algo más allá de los sonidos de los hombres en
la habitación de al lado y un ruido constante que estaba segura era un
generador. No había agua corriente, por lo que sus captores le habían
proporcionado agua embotellada para beber y bañarse.
Una vez que Levi estuvo satisfecho de obtener todo lo que podía,
consiguió la información de contacto de Nguyen y le entregó su tarjeta.
Mientras estaban de pie, se le ocurrió una última pregunta.
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—¿Qué hicieron exactamente los secuestradores con tu ojo?
Ella se quedó en silencio por un momento.
—Se lo enviaron al presidente de la junta.
Eso era más o menos lo que esperaba. Él le dio las gracias otra vez
y la puso en contacto con un oficial para arreglar los detalles de
protección antes de regresar a su escritorio en el bullpen.
Mirando sus notas, reflexionó sobre las implicaciones de la historia
de Nguyen. Equipos de mercenarios profesionales que secuestraban a
adultos por un rescate generalmente no trabajaban en Estados Unidos.
Por otra parte, nunca hubiera sabido de su existencia si Nguyen no se
hubiera presentado, por lo que tal vez sucedía y las agencias policiales
nunca habían sido informadas.
De cualquier manera, no era coincidencia que los secuestradores
hubiesen escogido a una víctima con este tipo de póliza de seguro.
Agarró su teléfono y le envió un mensaje a Martine. Pregúntales a
los colegas de Buckner si él tenía una póliza de secuestro y rescate con
KIG.
Mientras esperaba su respuesta, investigó a la compañía de
seguros. Resultó que tenían una oficina local justo en Summerlin, un
suburbio de lujo al oeste de Strip.
Ella le devolvió el mensaje diez minutos después. La tenia, y
cualquiera habrían pensado que disparé mi arma por la forma en que
reaccionaron. ¿Qué mierda? ¿Qué está sucediendo?
La satisfacción floreció en el pecho de Levi. Encuéntrame en la
oficina de KIG en Summerlin. Te llamaré de camino.
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***
—Este es uno de los raros —declaró Martine cuando se reunió con
Levi en el estacionamiento de KIG.
Él asintió sin hacer ningún comentario. Habían estado en el
teléfono la mayor parte del camino, informándose sobre sus respectivos
aspectos de la investigación.
Al igual que la familia de Buckner, sus colegas habían mentido a
Martine al principio. Sólo cuando ella mencionó la póliza de seguro, su
resistencia fue resquebrajada. La Directora Administrativa de la
compañía Cindy Barnes, había confesado que su empresa no había
podido reunir los fondos para pagar el rescate exigido por los
secuestradores de Buckner. Entonces le dio el nombre de Nathan Royce
en KIG y se negó a responder cualquier otra pregunta.
No habían llamado antes. Levi quería tomar a Royce por sorpresa.
La emoción de la caza hizo arder la sangre de Levi, la agitación era
una fuerte ventaja manteniéndolo concentrado y con energía. A pesar que
el caso de los Siete de Picas había sacudido su confianza, atenuado su
entusiasmo por un trabajo que una vez había amado, era en estas
ocasiones que recordaba por qué disfrutaba ser detective.
Así que se sentía bastante bien, hasta que Martine y él entraron al
área de recepción de KIG y vieron a Dominic parado ante el escritorio de
la recepción.
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Capítul♠ 5
Mientras esperaba impacientemente a que la recepcionista le
hiciera saber a Royce que él estaba allí, Dominic mantuvo su cuerpo en
ángulo para poder ver la puerta principal en su visión periférica. No era
una decisión consciente, sino un reflejo, la necesidad de mantener una
salida dentro de su radio visual en todo momento que había quedado de
sus días como Ranger del Ejército.
Cuando Levi y Martine entraron, hubo un momento en el que
Dominic realmente pensó que estaba alucinando.
Se giró para mirarlos de frente. Levi y Martine se detuvieron en seco
y le devolvieron la mirada.
Cristo, cada átomo en el cuerpo y alma de Dominic anhelaba estar
más cerca de Levi. Tomó toda su fuerza de voluntad el no inclinarse hacia
adelante.
Sus ojos hambrientos recorrieron la forma familiar de Levi,
delgado, encrespado y permanentemente en tensión. Los pómulos de Levi
eran tan increíblemente afilados que le daban a su rostro una presencia
y mirada intensa que a Dominic siempre le había parecido fascinante.
Después que se habían separado, Levi se había cortado su rizado cabello
negro, lo que había sido un puro ultraje, hecho solo porque sabía cuánto
le gustaba a Dominic más largo. Una cicatriz irregular cortaba
diagonalmente su frente, cortesía de pasar a través de una ventana en el
complejo de Volkov en noviembre pasado.
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Dominic sabía por conversaciones secretas con Martine que Levi
estaba en terapia, pero no estaba seguro que le estuviera ayudando. Los
círculos oscuros bajo los ojos de Levi, la forma en que sus costillas y
huesos de la cadera se habían empujado contra su piel cuando Dominic
lo había visto desvestido el sábado por la noche, dejaba en claro que no
se estaba cuidando a sí mismo, no estaba comiendo lo suficiente y no
estaba durmiendo bien.
—¿Qué estás haciendo aquí? —espetó Levi. Sus ojos grises helados
de desdén.
Inmediatamente a la defensiva, Dominic respondió:
—Esa es información privilegiada. ¿Qué están haciendo ustedes
aquí?
—No es asunto tuyo.
—¿No? Déjame adivinar, entonces. Están asignados al homicidio
Buckner.
Levi se acercó más a él. Incapaz de retroceder ante un desafío,
Dominic enfrentó el avance con uno propio.
—Eso fue reportado como una muerte sospechosa, no un homicidio
—gruñó Levi.
Dominic puso los ojos en blanco.
—Vamos. ¿El tipo estuvo desaparecido desde el martes y aparece
muerto sin un ojo? Alguien lo mató.
Una pizca de sorpresa cruzó el rostro de Levi antes de fundirse en
una sonrisa.
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—¿Y cómo sabrías algo de esto a menos que estuvieras aquí por la
misma razón?
El miércoles pasado, a Dominic le había tomado aproximadamente
dos minutos darse cuenta que había algo muy malo en Buckner Partners
LLC. Después de pasar la mañana haciendo su exhaustiva investigación
habitual esta vez para Cindy Barnes, había ido a la oficina en persona
para reunir más información de su lugar de trabajo. Había encontrado el
lugar envuelto en un caos total, como si un nido de avispas hubiese sido
golpeado con un bate de béisbol.
Por pura curiosidad, había entrado y pedido hablar con Barnes,
solo para ver qué sucedía. El acosado recepcionista la había llamado de
inmediato, sin siquiera verificar su historia acerca de tener una cita antes
de escoltarlo. Mientras estaba dentro, había escuchado lo suficiente como
para saber que había algún tipo de emergencia con el Socio Gerente de
la compañía.
Joel Buckner no era un nombre que Royce le hubiera dado, pero
Dominic no pudo resistir la tentación de tomar ventaja del caos. Así que
fue a la casa de Buckner y la encontró en un estado similar… niños en
casa no en la escuela, abuelos presentes, extraños entrando y saliendo
apresurados y ansiosos.
Los dos días siguientes los había pasado dividido entre vigilar la
casa y la oficina de Buckner. Rápidamente se dio cuenta que Buckner
estaba desaparecido, aunque, como no había instalado ningún
dispositivo de escucha, no sabía por qué. Pero después de aprovechar el
tiempo para investigar más y descubrir los problemas de Buckner,
profundamente endeudado, la compañía tambaleándose al borde de la
ruina financiera, su mejor suposición fue que Buckner se había fugado
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con lo que quedaba de los fondos de la compañía y había dejado un gran
lío por detrás.
Entonces recordó la inesperada licencia médica de Rose Nguyen.
Había echado otro vistazo a las otras tres empresas de las que Royce le
había hablado, y finalmente descubrió el patrón… en las cinco
compañías, los ejecutivos de alto rango habían estado ausentes
recientemente sin explicación durante días. Pero todos esos ejecutivos
estaban de regreso en su trabajo y, además, no eran las personas que
Royce le había pedido que investigara. Sus colegas lo eran.
McBride lo había llamado para ayudar en otro caso durante toda
esta mañana, pero había configurado una alerta de Google para el
nombre de Buckner. Cuando la extraña muerte del hombre se había
filtrado, había decidido que ya era suficiente. Había venido directamente
a KIG para confrontar a Royce y exigir la verdad.
Levi se internó más en el espacio personal de Dominic.
—¿O simplemente me estás siguiendo? —preguntó él con una nota
burlona en su voz—. Halagador, pero ya tengo un acosador espeluznante,
muchas gracias.
Ahora entre sus cuerpos solo había centímetros. Dominic quería
agarrar a Levi y sacudirlo, acercarlo, besarlo para sacarle la mierda hasta
que dejara de ser un maldito bastardo...
—Muy bien, muchachos, guarden sus penes. —Martine se
interpuso entre ellos y los separó, sin estar perturbada por el hecho que
tenía quince centímetros menos que Levi y como treinta menos que
Dominic—. Recordemos que estamos en un lugar público.
Frunciéndose el ceño, se separaron a regañadientes.
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La recepcionista se aclaró la garganta, y todos se giraron para
encontrar que estaba mirándolos con los ojos muy abiertos.
—Lo siento, señor Russo, pero el señor Royce no estará disponible
en todo el día. Puedo programar una cita para la próxima semana...
Antes que Dominic pudiera encontrar una manera profesional de
decirle que buscara a esa pequeña comadreja o algo similar, Levi le
mostró su placa.
—¿Por qué no le dice al Sr. Royce que hay dos detectives de
homicidios del LVMPD esperando para hablar con él, y que estaríamos
encantados de hacerlo en la estación si él lo prefiere?
La recepcionista palideció y asintió, alcanzando de nuevo su
teléfono. La lujuria se hundió en el estómago de Dominic mientras
observaba a Levi completamente vigoroso y autoritario, algo que nunca
dejaba de ponerlo a mil. Quería arrodillarse y adorar el pene de Levi antes
de inclinarlo sobre el escritorio y clavarlo con fuerza hasta que él gritara
de éxtasis.
Levi miró de reojo a Dominic, quien no se molestó en ocultar el
deseo que sabía estaba tan claro como el día en su rostro. En lugar de
responder con irritación, Levi apartó rápidamente su mirada con un
rubor en sus mejillas. Un gruñido silencioso se arrastró por la parte
posterior de la garganta de Dominic.
Royce eligió ese momento para salir corriendo de la oficina de atrás,
sus ojos inyectados en sangre y sus mejillas cubiertas de rastrojos.
—Lo lamento, detectives, pero... —vaciló cuando vio a Levi y
parpadeó rápidamente—. Oh, Dios mío, usted es Levi Abrams.
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Gracias al caso del Siete de Picas y un video viral de YouTube, Levi
era una notoria figura pública en estos días, fácilmente reconocible por
la mayoría de los residentes de la ciudad, a pesar que se negó
rotundamente a ser entrevistado o a proporcionar declaraciones oficiales
de cualquier tipo.
Levi inclinó la cabeza.
—Lo soy, y esta es mi compañera, la Detective Valcourt.
Necesitamos hablar con usted sobre un homicidio reciente.
—Ah... ahora no es un buen momento.
—No me sorprende —afirmó Levi—. Dígame, ¿cuántos reclamos por
fuertes pólizas de seguro de secuestro y rescate se han presentado
recientemente contra su compañía?
Royce dejó caer la mandíbula.
—¿Secuestro y rescate? —preguntó Dominic, y luego gimió cuando
la última pieza esquiva del rompecabezas encajó en su lugar.
—No sé lo que quiere decir —farfulló Royce.
Levi no compraba eso.
—Seguro que lo hace. ¿Cuántos secuestros ha habido, señor
Royce? Sé de al menos dos, pero tengo la corazonada que ha habido más.
¿Cuántos?
—Cinco. —Dominic miró a Royce—. Han sido cinco.
Los ojos de Royce se movieron rápidamente entre Dominic y Levi,
y luego viajaron a Martine como por ayuda. Ella arqueó elocuente una
ceja.
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Con los hombros caídos, Royce se rindió.
—Tal vez deberían pasar.
***
—No entienden —empezó Royce mientras se acomodaban
alrededor de una mesa ovalada en una cómoda sala de conferencias—.
Estas pólizas tenían la intención de proteger a los ejecutivos y personas
de alto patrimonio neto mientras viajaban a través de áreas peligrosas
donde los secuestros son algo cotidiano. Nunca esperamos que nuestros
beneficiarios las necesitasen en los Estados Unidos.
—¿Pero nada en la letra escrita en la póliza impide eso? —preguntó
Martine.
—No.
La silla de Dominic era demasiado pequeña para su cuerpo, se
removió tratando de ponerse cómodo. Levi había intentado evitar que
asistiera a esta reunión, pero Royce, que parecía percibir que Dominic
podía ser utilizado como amortiguador, había insistido en que se lo
incluyera.
—¿Cuándo fue el primer secuestro? —preguntó Levi.
—31 de enero… hace unas seis semanas. Hamza Nadir no vive en
Nevada, pero visita Las Vegas a menudo por negocios. Fue secuestrado
en el camino desde el aeropuerto a su hotel, la demanda de rescate se
envió al director de Gestión de Riesgos de su empresa un par de horas
más tarde, y se comunicaron con nosotros. Nos sorprendió que algo como
esto sucediera aquí, pero hicimos todo lo que haríamos en otro país.
Enviamos al equipo de crisis, facilitamos el intercambio, recuperamos
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ileso al señor Nadir sin necesidad de llamar a la policía. Pensamos que
era un incidente aislado.
—Pero no fue así. —Dominic estaba teniendo problemas para
entenderlo. ¿Una red de secuestros en el valle de Las Vegas?
—No. —Royce se pasó una mano por la cara—. Joanna Shaffer fue
secuestrada poco más de una semana después exactamente de la misma
manera, lo cual es simplemente… imposible.
Levi frunció el ceño.
—¿Por qué?
—El contenido de nuestras pólizas de secuestro es parte de nuestra
información más protegida. Incluso los sujetos de las pólizas no saben
que existen. Pero nos llegaron dos en una semana y media en la misma
área, y no solo los secuestradores sabían a quién atacar, sino también a
quién contactar con las demandas de rescate. Ni siquiera se molestaron
con las familias de las víctimas. Fueron directamente a las personas que
habían comprado las pólizas para empezar. No hay manera que pudiesen
conocer esa información a menos que hubiesen accedido de alguna
manera a las pólizas.
Martine anotó eso.
—¿Cuándo contrató al señor Russo?
—Después del tercer secuestro. Rose Nguyen. Eso… salió mal. Su
compañía en un principio se negó a negociar y…
—Los secuestradores le sacaron el ojo y se lo enviaron al presidente
de la junta —completó Levi con frialdad.
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Dominic hizo un ruido involuntario de disgusto. Royce se encogió
de hombros y se miró las manos.
Levi se volvió hacia Dominic.
—Dijiste cinco víctimas. Buckner debe haber sido el quinto, ¿quién
fue el cuarto?
—Walter Randolph. Él ya está de regreso en el trabajo y
definitivamente tiene ambos ojos, por lo que todo debe haber ido bien con
ese.
Royce lo confirmó asintiendo.
—¿De verdad cree que esto es un fraude de seguros? —le preguntó
Dominic. Había visto algunas estafas fraudulentas en su época, pero esto
significaría que los socios de confianza de las víctimas los habían
traicionado. Las víctimas no pudieron haber participado, no cuando un
secuestro terminó en mutilación y otro en asesinato.
—¡No puede ser coincidencia! —exclamó Royce—. Miren, después
del secuestro de la Sra. Nguyen, mis superiores se dieron cuenta de la
cantidad de reclamos importantes que se habían presentado tan
rápidamente y exigieron una explicación. O bien los asegurados
conspiraron entre sí para secuestrar a los sujetos de sus pólizas, o una
agencia competidora se apoderó de la información de nuestros clientes y
nos está saboteando sobrecargándonos con enormes reclamos. ¿Qué más
podría ser?
—KIG es una agencia nacional con cientos de oficinas en todo el
país —le interrumpió Levi—. Pero usted es el Director de Seguros de
Responsabilidad de Gestión para toda la compañía, ¿no? Lo que significa
que es directamente responsable de las pólizas de secuestro.
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—Sí…
—¿Y maneja las pólizas en todo Estados Unidos?
—Por supuesto.
—Pero los únicos que fueron secuestrados vivían o visitaban el área
de Las Vegas, donde usted, la única persona que definitivamente tiene
acceso a la información de las pólizas, tiene oficina en su casa de manera
muy conveniente. —Levi se recostó—. Eso es un poco sospechoso, ¿no le
parece?
Royce palideció, luego se levantó con aire de nerviosismo.
—No sé lo que está insinuando...
Sonó un golpe en la puerta, y se abrió para dejar pasar a una joven
impresionante que podría haber caminado directamente desde una
alfombra roja de Hollywood… Juliette Dubois, Asistente ejecutiva de
Royce. Dominic la había visto dos veces en sus visitas anteriores a la
oficina.
—Lamento interrumpir. Tengo su café aquí, señor Royce.
Se echó el lustroso cabello color bronce detrás de un hombro y se
acercó para poner una taza junto a la mano de Royce. El comportamiento
completo de él se suavizó mientras la observaba como si ella fuera la
única persona en la habitación.
—¿Puedo ofrecer algo a sus invitados? —preguntó ella, escaneando
la mesa con ojos perceptivos—. ¿Café, agua?
Royce le acarició el brazo con la mano.
—Estamos bien, Juliette, gracias.
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Ella lo miró con una sonrisa deslumbrante y salió, cerrando la
puerta en silencio. Dominic puso los ojos en blanco y miró para ver si
Levi y Martine habían llegado a la misma conclusión que había sacado la
primera vez que había observado a Royce y Juliette interactuar. No estaba
decepcionado.
—Es bastante mojigato para un tipo que tiene una aventura con su
asistente —declaró Levi.
—¿Qué? —Royce parpadeó rápidamente, jugueteando con su anillo
de bodas como por reflejo—. Yo… yo no tengo… Cómo se atreve...
Él observó sus expresiones, pareció recordar que se enfrentaba a
dos detectives con experiencia y un investigador privado, y se rindió.
—No es lo que piensan. Mi esposa y yo no somos monógamos.
Nosotros solo… mantenemos las cosas discretas. —Con un gruñido
frustrado, agitó ambas manos—. Pero eso no tiene que ver con esto.
Nunca tomaría parte en estos terribles crímenes. E incluso si fuera ese
tipo de persona, que no lo soy, no tendría sentido sabotear mi propia
compañía. Mi trabajo está en juego.
Levi solo sonrió. Dominic sabía lo que estaba pensando. El pago de
cinco grandes rescates podría valer más que un trabajo perdido,
especialmente si Royce estaba considerando cabalgar hacia el atardecer
con su hermosa y joven novia.
—Señor Royce —intervino Martine— una vez que se dio cuenta que
los objetivos de sus pólizas estaban siendo los secuestrados, ¿por qué no
les advirtió?
—¿Advertirles? —Lucia honestamente sorprendido por la
sugerencia—. No puedo hacer eso. Anularía las pólizas.
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La habitación se quedó en silencio mientras todos se quedaron
mirándolo.
Dominic fue el primero en hablar.
—¿Habla en serio?
—Muy en serio. Los términos de la póliza declaran explícitamente
que el sujeto no puede conocer la existencia de ella o esta se anula de
inmediato. Incluso si solo alertáramos a las empresas de la amenaza, se
lo dirían a los sujetos… es la naturaleza humana. Parecería que KIG
deliberadamente estaría tratando de sabotear las pólizas para evitar
reclamos. Nos estaríamos abriendo a enormes demandas judiciales.
Con voz llena de una rabia mal controlada, Levi espetó:
—¿Así que está dispuesto a dejar a Dios sabe cuántas personas en
riesgo de ser secuestradas, mutiladas y asesinadas solo para proteger a
su empresa?
Martine le puso una mano en el brazo. Él respiró hondo, pero no
pareció calmarse.
Royce se había encogido en su asiento.
—No yo… No es como si no hubiera hecho nada. Por eso contraté
a un investigador privado. Para silenciosamente arreglar las cosas por
detrás de escena sin que nadie tuviese que saberlo.
—Excepto que no me contó la historia completa —espetó Dominic.
Su propia ira aumentando rápidamente—. Si hubiera sabido la verdad
desde el principio, podría haber podido detener esto. Joel Buckner
todavía podría estar vivo.
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—¿Por qué no está vivo? —preguntó Martine—. La señora Barnes
me dijo que no podían pagar el rescate. ¿Por qué importaría eso si tenían
el seguro?
—Um… —Royce retorció sus manos, su mirada recorriendo toda la
habitación, excepto sus caras—. La compañía de Buckner ha estado
luchando financieramente durante algún tiempo, y las primas para el
seguro de secuestro y rescate son bastante caras. En el momento de su
secuestro, su asegurado había incumplido varios pagos y su compañía
no podía reunir el dinero para cubrir las primas vencidas. Tienen que
entender que no podemos cumplir con una póliza caducada.
Este nuevo silencio mortal era incluso peor que el anterior. El único
sonido que Dominic podía escuchar era la trabajosa respiración de Levi.
Lo había visto así antes, sin moverse, excepto por un fino temblor de
rabia, con los ojos fijos, sin parpadear, en el blanco de su ira, y eso
siempre significaba que Levi estaba a punto de explotar.
Martine estaba atónita como Dominic no la había visto nunca.
—¿Entonces sabía que Buckner moriría y no hizo nada para
ayudar?
—No es así como funciona el seguro…
Levi se puso de pie y golpeó ambas manos sobre la mesa con tanta
fuerza que toda la cosa se sacudió.
—Eres un pedazo de mierda.
—¡Levi! —exclamaron Dominic y Martine al mismo tiempo, aunque
en diferentes tonos… Dominic con asombro, Martine en tono severo.
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Las fosas nasales de Levi se hincharon cuando se contuvo, aunque
no se sentó. Martine le lanzó una mirada de preocupación, luego se volvió
hacia Royce.
—¿Por qué no nos da una lista de los titulares de pólizas y nosotros
les avisamos? Eso anulará las pólizas, pero debería eliminar la cuestión
de responsabilidad por parte de KIG.
—Eso es información confidencial —declaró Royce, mostrando su
primer signo de columna vertebral a pesar de la forma cautelosa en que
estaba mirando a Levi—. No estoy autorizado a compartir esos nombres.
—Correcto —soltó Dominic con un resoplido—. Y estoy seguro que
los millones de dólares en primas anuales que perdería no tienen nada
que ver con su decisión.
Royce apretó la mandíbula.
—Usted… —Levi se detuvo y tragó con dureza. Cuando volvió a
hablar, su voz era inestable por el esfuerzo de contener su ira—. Déjeme
ser claro. Esta es una investigación oficial de homicidios. Si insiste en
una orden judicial, podemos obtener una, pero si alguien más es
secuestrado mientras la estamos esperando, la culpa recaerá en usted.
La culpa apareció en el rostro de Royce, pero no dijo nada.
—Mientras tanto, si no nos va a ayudar, manténgase fuera de
nuestro camino. —Levi arqueó una ceja a Dominic—. Eso significa que la
hora de los aficionados termino.
Dominic había estado a bordo con la diatriba de Levi hasta ese
momento.
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—¡Whoa, oye! No tienes derecho a decirle a un ciudadano que no
puede contratar a un investigador independiente, siempre y cuando no
obstruya la investigación.
—No se puede caminar por una acera sin obstruirla —replicó Levi.
Dominic abrió la boca, pero solo pudo resoplar indignado.
—¿Ustedes dos se conocen? —preguntó Royce.
Martine también se puso de pie, puso una mano en la espalda de
Levi.
—Es hora de que salgas.
Levi salió de la sala de conferencias sin una palabra más.
Debido a que Martine se había alejado de Royce para ver a Levi
irse, Dominic fue el único que vio el agotamiento que cayó sobre su rostro.
Cuando regresó su atención a Royce, su expresión era tan neutral y
profesional como siempre.
—Él está en lo cierto, sabe. Obtendremos una orden judicial para
esos nombres, y si usted hace algo para impedir nuestra investigación,
no tengo ningún problema en acusarlo de obstrucción. —Ella le pasó su
tarjeta de presentación—. Todo esto va a saltar tarde o temprano. Puede
que sea mejor para usted y su empresa ayudarnos. Estaremos en
contacto.
Ella apretó el hombro de Dominic al salir. Royce le dirigió a
Dominic una mirada de impotencia, y Dominic le devolvió el ceño.
—Quédese aquí —ordeno él—. Usted y yo no hemos terminado.
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Dejando a Royce solo en la sala de conferencias, Dominic buscó en
su bolsa de mensajero mientras perseguía a Levi y Martine. Los alcanzó
en el estacionamiento justo afuera de la oficina.
—¡Levi!
Cuando Levi se dio la vuelta, Dominic le lanzó su cargador de
teléfono. Levi lo atrapó, lo miró fijamente por un segundo y luego se volvió
absolutamente incandescente de furia.
La mirada agraviada que Martine le envió a Dominic pudo haberle
sacado sangre, pero él apenas se dio cuenta. Solo tenía ojos para Levi.
Claro, era mezquino, pero no podía soportar que se fuera sin
reconocerlo. Incluso la ira de Levi era preferible a su indiferencia.
Levi no gritó, aunque esto parecía estar causándole una gran
cantidad de tensión extra.
—¿Llevabas esto contigo?
—Sabía que nos encontraríamos en algún momento.
Levi arrojó el cargador a la cara de Dominic, quien consiguió
atraparlo a tiempo.
—Ya compré uno nuevo.
—Debe ser bueno simplemente descartar un cargador
perfectamente bueno y comprar otro sin preocuparse por nada en el
mundo —replicó Dominic—. Algunos no podemos ser tan informales
sobre cómo gastamos nuestro dinero. ¿Tal vez te gustaría reembolsarme
por la luz trasera que destrozaste en mi camioneta?
—¿Hiciste qué? —exclamó Martine.
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Levi le dio a Dominic una sonrisa que era pura malicia. La
respiración de Dominic se tambaleó y su pene se agitó.
La cosa era que él siempre había amado los duros bordes de Levi,
su lengua ácida, su temperamento implacable. Debajo de todo ese
sarcasmo espinoso yacía un corazón dolorosamente compasivo, un
hombre que era inquebrantablemente leal y ferozmente protector.
Dominic había disfrutado despegando todas esas capas, había disfrutado
el saber que era una de las pocas personas en el mundo en las que Levi
confiaba lo suficiente como para dejarse ser vulnerable.
Excepto que… Dominic había violado esa confianza. En un
esfuerzo por ocultar su recaída, había lastimado a Levi a propósito, y más
de una vez. Por lo que Levi ya no confiaba en él.
Recordarlo fue tan bueno como una bofetada en la cara. Dominic
vaciló y retrocedió un paso arrastrando los pies.
Levi observó a Dominic por un segundo, su sonrisa viciosa
desapareció.
—Voy a pagar por la luz trasera —dijo en voz baja, antes de girar
sobre sus talones y dirigirse a su coche.
Dominic lo miró fijamente, su lengua pesada con todas las cosas
que quería decir pero que no podía.
Martine dejó caer sus ojos al cargador en su mano, luego los
levantó hasta su rostro.
—¿De verdad?
De repente, avergonzado, volvió a meter el cargador en su bolso.
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—Me dijiste que la terapia de Levi estaba ayudando, pero su ira
todavía está totalmente fuera de control.
Ella se encogió de hombros.
—Hace unas semanas, habría tenido que impedirle físicamente que
volteara la mesa allí dentro. Es un pequeño progreso, pero es mejor que
nada. —Ella le dirigió una mirada aguda y añadió—: Al menos él tuvo las
pelotas para admitir que necesitaba ayuda y pedirla.
La familiar cascada de vergüenza, ira y actitud defensiva ondeó
sobre Dominic como derribando un domino. Levi le había contado a
Martine sobre los juegos de azar, a lo que Dominic no se había resentido,
porque Levi no había tenido otra manera de explicarle su separación a su
amiga más cercana, pero no toleraría que ella se lo tirara en la cara.
—Estoy bien —aseguró con voz tensa—. Levi simplemente no
puede aceptar que soy lo suficientemente competente como para
manejarlo. Tengo todo bajo control.
—Sabes, en Brooklyn, tuve un tío con un problema de alcohol.
Solía decir lo mismo… que tenía todo bajo control. Cada vez que volvía a
beber, repetía ese mantra una y otra vez, hasta que sus várices esofágicas
se rompieron y murió de una hemorragia interna a la edad de cincuenta
y dos años.
Dominic cerró brevemente los ojos.
—Si le dieras a Levi una pequeña señal de que estas dispuesto a
obtener ayuda, si le arrojaras la migaja de pan más pequeña, él te
apoyaría en segundos y eso tú lo sabes. Pero no puedes esperar que siga
golpeando su cabeza contra la misma pared de ladrillo. No es justo. Amar
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a alguien no significa que tengas que dejar que te traten como a una
mierda, sin importar por lo que estén pasando.
Un músculo saltó en la mandíbula de Dominic; no podía soltar
palabra. Martine suspiró.
—Cuídate, Dom —se despidió y se alejó.
***
—No es él —fue lo primero que dijo Martine cuando se instalaron
en sus escritorios adyacentes en el bullpen de la subestación.
—Es él, Martine —replicó Levi con cansancio—. Son solo las peores
partes de él. Y no es como si no lo entendiera. Cuando mi ira se me escapa
y digo o hago cosas que no debería hacer, ese soy yo. Un extraño no toma
mi cuerpo y me obliga a ser un maldito idiota.
—Él…
—No quiero hablar de eso. —Levi suavizó su petición con una
sonrisa—. Por favor.
Martine lo dejó pasar, y se pusieron a trabajar.
Al menos Levi tenía un caso interesante para distraerse. Si bien su
orden oficial era resolver el homicidio de Buckner, eso requeriría
investigar los cinco secuestros. Martine y él tendrían que entrevistar a
todas las víctimas y sus familiares, amigos y compañeros de trabajo,
buscando coincidencias y discrepancias entre las historias de todos para
poder crear una línea de tiempo de los secuestros y establecer el MO de
los perpetradores.
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Además, tendrían que obtener imágenes de la cámara de tráfico
para cada área de la que habían sido secuestradas y donde habían sido
devueltas las víctimas, además de los datos de GPS de los teléfonos y los
autos de las víctimas, aunque los secuestradores habían devuelto el auto
de Nguyen a su casa con su teléfono en el tablero de instrumentos, por
lo que anticipó que esto último no les sería muy útil. También sería buena
idea contactar a sus soplones; una red de secuestro mercenario no podría
haberse mudado a Las Vegas sin causar algún tipo de efecto domino.
Finalmente, Levi iba a cumplir su misión personal no solo de
obtener los nombres de los asegurados de KIG, sino también de investigar
a fondo a Nathan Royce. Por un lado, el tipo era sombrío como el infierno,
pero Levi podía admitir que su determinación nacía del rencor tanto como
de otra cosa.
Royce era un cobarde egoísta que había puesto su trabajo por
encima de la vida de personas inocentes. Levi iba a hacer que lo
lamentara.
Trabajo hasta altas horas de la noche, horas después que Martine
se hubiera marchado, aunque no se arrepintió de su partida, después de
todo, ella tenía un marido y dos hijas en casa. No había nadie esperando
a Levi, ni siquiera una mascota.
Mañana era sábado, y planeaba continuar trabajando en el nuevo
caso a pesar que era su día libre. Martine había aceptado reunirse con él
después del juego de softball de su hija. Sin embargo, ese plan se
desbarató por el mensaje que lo esperaba cuando salió de la ducha el
sábado por la mañana.
El Siete de Picas había golpeado de nuevo.
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***
Levi se paseaba por el vestíbulo del Caesars Palace mientras
esperaba a Martine, ignorando las miradas de soslayo de los turistas que
daban un amplio rodeo cuando pasaban a su lado. No había garantía que
este asesinato estuviera relacionado con el ‘regalo’ que los Siete de Picas
le habían prometido, pero un hoyo enfermo en su estómago le aseguraba
que sí.
Todo lo que hacían los Siete de Picas era meticulosamente
planeado hasta el más mínimo detalle. Le habían dejado esa tarjeta de
cumpleaños para joder su cabeza, y el momento de su próximo asesinato
no era un accidente, había pasado el tiempo suficiente para que Levi se
preparara con ansiosa anticipación, pero no tanto como para sacarle del
borde de su aprensión. Esta seguramente era la siguiente etapa en su
esquema.
—Tenía que ser un sábado, ¿no? —Martine se quejó cuando
apareció—. Simone está tan enojada de que me esté perdiendo otro juego.
—Al menos Antoine estará allí.
—Sí, pero me estoy cansando de tener que decirles a mis chicas
que no puedo asistir para apoyarlas porque un asesino en serie está
arrasando la ciudad cortando gargantas a diestra y siniestra.
Mientras se dirigían al ascensor, Levi preguntó:
—¿Por qué aquí? Los Siete de Picas no matan turistas.
—Tal vez sea un empleado.
Subieron al piso veinte y entraron en una de las lujosas suites de
tres habitaciones del hotel. Levi arrugó la nariz con disgusto mientras
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miraba a su alrededor, todo el lugar era un extravagante espectáculo de
fantasía del Imperio Romano. Parecía un cursi juego porno.
Tan pronto como entraron, fueron recibidos por Jonah Gibbs, un
oficial robusto de rostro rubicundo y con un temperamento volátil,
aunque Levi le estaba dando una oportunidad en estos días.
—Hola, detectives. Tengo que decir que esto es extraño, incluso
para los Siete de Picas.
Levi y Martine siguieron a Gibbs a través de la habitación principal
de la suite. Había mucha gente trabajando en el gran espacio, oficiales
uniformados, CSI, el fotógrafo de la escena del crimen, pero también
había seis civiles a quienes Levi notó de inmediato. Eran todos hombres,
étnicamente diversos, pero en el mismo grupo de edad, treinta y pocos,
como el propio Levi.
La mayoría parecía estar conmocionado, inmóvil y con los ojos
vidriosos, pero un hombre lloraba y otro gritaba furioso contra su teléfono
junto a la ventana, casi incoherente en su dolor.
—Fin de semana de despedida de soltero —informó Gibbs,
señalando a los hombres—. Su amigo ganó algún tipo de escapada con
todos los gastos pagos. Apuesto a que están deseando haberse quedado
en casa.
—Gibbs —le amonestó Martine bruscamente, impaciente como
siempre con su falta de tacto.
Entraron en el dormitorio principal, y para Levi, el tiempo se
detuvo.
Un hombre blanco estaba atado a una silla, con la garganta cortada
en un arco abierto. Su boca estaba cerrada con cinta adhesiva, y una
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carta de naipe estaba pegada horizontalmente a la cinta que estaba sobre
sus labios. Una enorme cinta roja había sido envuelta alrededor de su
pecho y atada en un arco gigante como si hubiera sido envuelto para
regalo. Media docena de globos con dibujos alegres se sostenían al
respaldo y los brazos de la silla, todos con el lema ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
junto a caras sonrientes y coloridas estrellas.
Pero el cerebro de Levi solo catalogó esos detalles en piloto
automático, porque el resto de él estaba paralizado. Cada movimiento en
la habitación parecía ocurrir en cámara lenta, cada sonido a su alrededor
era un eco prolongado y distante.
—Les presento al futuro novio —dijo Gibbs—. Sus amigos lo
encontraron así cuando se despertaron. Pobres bastardos.
El tiempo paro. Levi se tambaleó hacia atrás, tropezó y se estrelló
contra la pared lo suficientemente fuerte como para sacudir un cuadro
cercano. No había respirado durante al menos diez segundos, así que
cuando finalmente aspiró aire, su fuerte jadeó se hizo eco a través del
dormitorio.
Todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para mirarlo.
Martine corrió a su lado.
—¿Levi qué sucede?
—Él es uno de ellos —murmuró Levi. No podía apartar los ojos de
la víctima.
Aunque el rostro del hombre era una década más viejo, Levi nunca
lo olvidaría. La imagen quedó grabada en su memoria como una
quemadura de cigarrillo, esas mismas facciones retorcidas en una mueca
de odio, arrojándole bilis homofóbica mientras era golpeado hasta casi
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un centímetro de la vida. Esas manos lo habían ahogado, le dieron
puñetazos, lo sujetaron. Esos pies lo habían pateado una y otra vez, hasta
que sintió que sus costillas se rompían y le perforaban los pulmones y
supo que iba a morir allí mismo en el sucio asfalto del estacionamiento.
—¿Uno de quién? —preguntó Martine.
Un violento estremecimiento atormentó el cuerpo de Levi.
—Es uno de los hombres que me atacaron en la universidad.
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Capítul♠ 6
Martine no reaccionó al principio, así que Levi consideró si lo había
dicho en voz alta. Se obligó a sí mismo a girar la cabeza, y la encontró
mirándole fijamente sin comprender.
Entonces ella parpadeó una vez, miró a la víctima, y su rostro se
torció con horror.
—¿Qué sucede? —Gibbs se acercó—. ¿Abrams, estás bien,
hombre?
Levi tosió, apretándose el pecho. Sabía que estaba respirando, pero
nada de ese oxígeno llegaba a sus pulmones. Una aplastante presión
constreñía alrededor de su corazón. ¿Era posible tener un ataque al
corazón por la conmoción de algo como esto?
Dios, este hombre iba a ser su muerte después de todo, solo que
diez años después...
Martine lo aferró por el codo, lo arrastró al cuarto de baño y cerró
la puerta. Él vislumbró su propio rostro blanco como la tiza en el espejo
antes que ella lo empujara hacia el asiento del inodoro cerrado y se
agachara frente a él.
—Levi —su voz era calmada y mesurada— estás sufriendo un
ataque de pánico.
Él sacudió la cabeza sin comprender. Nunca había tenido un
ataque de pánico. Su problema siempre había sido la rabia, no la
ansiedad.
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Su corazón galopaba, y se dobló con un gemido. La falta de aire
volvió borrosa su visión.
—No puedo respirar.
—Sé que se siente de esa manera, pero puedes hacerlo. Intenta
respirar por la nariz y soltar por la boca, calmado y lento.
Él inspiró, pero todas sus respiraciones eran ásperas sibilancias.
Sonaba como un animal frágil y asustado, algo que no había escuchado
en sí mismo… desde esa noche.
—¡Levi! —Ella agarró su rodilla—. Estás a salvo. No voy a dejar que
te pase nada.
Eso era cierto. Se aferró a ese pensamiento con ambas manos y lo
sostuvo con fuerza.
—Ahora, quiero que cuentes hacia arriba en múltiplos de ocho, ¿de
acuerdo? Solo haz lo mejor que puedas.
Tuvo que tragar varias veces antes de poder comenzar.
—Ocho —dijo con los dientes apretados—. Dieciséis. V…
veinticuatro…
El contar le dio algo en que concentrarse además de su miedo, pero
aún así llegó a 120 antes que la presión en su pecho se calmara y pudiera
respirar normalmente. Abandono el contar, enterró la cabeza en sus
manos enguantadas y pronunció una oración silenciosa en busca de
fortaleza.
Escuchó a Martine levantarse y alejarse.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
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—Sí. —Tomó una inspiración más profunda y se puso de pie sobre
sus temblorosas piernas. Aunque quería desesperadamente beber un
poco de agua, tal vez salpicar un poco en su rostro, la suite del hotel era
una escena activa del crimen. Ya era bastante malo que se hubiera
sentado en el baño.
Ella lo miró por encima.
—Vamos a sacarte de aquí.
No podría haber aceptado más rápido.
Regresaron a la habitación, Levi ya se estaba ruborizando al pensar
en cómo todas estas personas lo habían visto enloquecer. La mayoría le
lanzaron miradas curiosas, pero siguieron con sus asuntos. Gibbs fue el
único que extendió las manos y exclamó:
—¿Qué demonios sucede?
—El detective Abrams tiene que recusarse —declaró Martine—. Él
conoce a la víctima.
Levi se perdió la respuesta de Gibbs, porque se había vuelto hacia
al hombre muerto como si hubiera sido atrapado en el tirón de un rayo
tractor. Se acercó a la silla sin querer.
—¿Por qué está atado y amordazado? —musitó él—. Los Siete de
Picas nunca han hecho eso antes.
Bajó los ojos a las muñecas de la víctima, las cuales estaban
magulladas por tirar de las bridas. Apostaría a que debajo de los
pantalones había marcas similares en los tobillos de la víctima.
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—Forcejeo —dijo a Martine—. Y mira su rostro, estaba
aterrorizado. La ketamina no lo paralizo completamente.
—Tal vez el asesino tuvo que atarlo porque había otras personas
en las habitaciones adyacentes. Y tal vez tomó tanto tiempo que las
drogas comenzaron a desaparecer. De cualquier manera, no tienes que
preocuparte por eso.
Tomó su mano y tiró de él hacia la puerta. Aunque él no se resistió,
caminó hacia atrás, con la mirada fija en el cadáver de un hombre que
una vez lo había golpeado hasta dejarlo al borde de la muerte.
—¡Esperen, no se vayan! —Les pidió Gibbs—. No han escuchado
todo.
Martine se detuvo con un gemido.
—Lo que sea…
—Hay otros tres hombres desaparecidos.
—¿Cómo?
—Diez hombres vinieron en este viaje. Los seis de allí encontraron
a este cuando despertaron, pero hay tres más que nadie encuentra. No
han sido vistos desde anoche y no contestan sus teléfonos.
Levi y Martine se miraron. Él vio su propia conclusión reflejada en
el rostro de ella antes siquiera que le hiciera la pregunta.
—¿Cuántos hombres…?
—Cuatro —contestó entumecido—. Había cuatro.
***
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Dominic tironeó irritado del nudo en su corbata mientras se
acomodaba en el asiento del conductor del Toyota Camry de Carlos.
Habían intercambiado vehículos por el día de hoy, ya que su camioneta
pickup no funcionaría con su actual asignación.
Una de las cosas que más extrañaba de ser cazarrecompensas era
el no tener que usar traje. Se quitó la chaqueta, la arrojó a un costado y
se aflojó un poco la corbata. Luego, pensándolo bien, arrancó
completamente la maldita cosa.
Mucho mejor.
Dio un vistazo hacia atrás, a la casa que acababa de dejar, la cual
pertenecía a la última de las cuatro víctimas que había sobrevivido al
secuestro. Se había pasado el día entrevistando a las víctimas y a sus
familias, presentándose como un representante de KIG, lo cual era
técnicamente cierto, aunque en este caso él aducía que estaba
investigando la validez de sus reclamos. Según su experiencia, nada
alentaba más a la sinceridad que el creer que el dinero estaba en juego.
Las cuatro historias de las víctimas habían sido iguales, salvo
algunos detalles adicionales y desafortunados en el caso de Rose Nguyen.
Estos secuestradores eran limpios. Profesionales. Precisos. Habían
ejecutado sus misiones con un mínimo de embrollo y trataban a sus
víctimas con desapego.
Este no era el trabajo de una pandilla callejera o delincuentes
comunes. Estos hombres eran mercenarios. Y donde había mercenarios,
había un cliente.
Los elevados montos de los rescates podrían ser motivación
suficiente para costear la contratación de un equipo de mercenarios, si
no fuera por el hecho de que todas las víctimas tenían una póliza de
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seguro a través de KIG. ¿Por qué apuntar específicamente solamente a
esas personas cuando Las Vegas estaba a reventar de tiburones del juego
listos para recogerse? ¿Era solo debido a la garantía de que las víctimas
con pólizas de secuestro podrían cumplir las demandas de rescate? Si
era así, los cerebros detrás de la operación debieron haber recibido un
impacto desagradable cuando se enteraron que la póliza de Buckner
estaba caduca.
Dominic suspiró, giró la llave en el encendido y miró el reloj del
tablero. Tenía algunas ideas sobre cómo llevar a cabo esta investigación,
pero se estaba haciendo tarde, y tenía que estar en Stingray en unas
pocas horas para el cierre del turno nocturno. Si se iba ahora, tendría el
tiempo suficiente para conducir hasta el Railroad Pass y participar en
algunos juegos de póquer antes de tener que regresar.
No, vamos. Si necesitaba tomar un descanso del trabajo, había
otras cosas que podía hacer… ir al gimnasio, llevar a Rebel a correr, ver
qué hacían Carlos y Jasmine...
¿Pero por qué no apostar? Sería la mejor manera de aliviar la
tensión del día y ponerlo en un estado de ánimo positivo para una noche
en Stingray. Además, incluso si llegaba a perder dinero, lo recuperaría
todo con las propinas. No era un gran problema.
Mientras ponía el auto en marcha, ya distraído por la emoción,
pensó que era extraño que hubiera llegado a todas las víctimas antes que
la policía.
***
Levi se sentó tieso ante la misma mesa en la sala de conferencias
donde se había reunido con el grupo de trabajo oficial del Siete de Picas.
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Desde que esa mañana encontraron a la última víctima, había estado tan
rígido que le dolían todos los músculos de su cuerpo.
El grupo de trabajo se organizó en noviembre, cuando se volvió
innegable que los Siete de Picas no serían capturados por medios
ordinarios. Además de Levi y Martine, los detectives principales
encargados del caso, el equipo incluía a su superior inmediato, el
Sargento James Wen, el Capitán Dean Birndorf, un puñado de oficiales
uniformados, varios detectives seleccionados de las oficinas de todo el
departamento y algunos miembros del personal de soporte técnico, todos
aprobados por Asuntos Internos después del fiasco de la traición de
Carmen Rivera. Leila Rashid representaba a la oficina del fiscal en el
caso.
Rohan Chaudhary del FBI había regresado a Quántico después de
completar el perfil del Siete de Picas, concluyendo con su teoría de que la
impecable técnica del asesino podría haber sido el resultado de una etapa
previa de asesinatos como práctica de la cual la policía aún no estaba al
tanto. En su lugar, la oficina local del FBI había asignado a su propio
enlace permanente al grupo de trabajo. La agente especial Denise
Marshall era una mujer burbujeante y enérgica cuyo entusiasmo
incontenible por todo frustraba y sorprendía a Levi por turnos.
De todas las personas en la sala, solo Martine y posiblemente Wen
conocían el asalto a Levi, lo que lo ponía en la nauseabunda posición de
tener que contárselo a todo el mundo.
—Cuando era estudiante en la universidad, cuatro hombres me
asaltaron en el estacionamiento de un bar gay —comenzó con la voz dura
y tan sin emoción como podía lograr—. Me golpearon hasta dejarme
inconsciente. Me desperté en el hospital y pasé mucho tiempo
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recuperándome. El caso nunca fue cerrado; ni siquiera hubo alguna
pista.
Mantuvo sus ojos en la pared al frente, porque no podía soportar
ver las expresiones de lástima que estaba seguro que lo rodeaban. Pero
escuchó a uno de los oficiales uniformados murmurar:
—Eso explica mucho.
—Sí, ¿y qué explica la mierda que es tu historial de arrestos? —
Leila se expresó en su tono aburrido habitual—. Oh, cierto, eres
incompetente. Otro misterio resuelto.
El oficial tartamudeó una respuesta indignada mientras algunas
personas se reían, lo que tuvo el efecto de romper la tensión y desviar
parte del intenso enfoque sobre Levi.
—Les pedí a los otros chicos de la despedida de soltero que me
dieran fotos de los hombres desaparecidos. —Gibbs le mostró un puñado
de imágenes impresas—. ¿Podrías…? Quiero decir, está bien si…
—Por supuesto. —Levi se irguió cuando Gibbs extendió los papeles
frente a él.
Las fotografías habían sido seleccionadas de sitios de redes
sociales, mostrando a los mismos tres hombres guapos en fiestas,
vacaciones, divirtiéndose con familiares y amigos. Estos hombres habían
dejado a Levi herido y sangrando en un estacionamiento y habían vuelto
a vivir sus vidas sin ninguna preocupación en el mundo. ¿Alguna vez se
habían preguntado qué había sucedido con él?
Levi se aclaró la garganta.
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—Son ellos. Incluyendo a la víctima de esta mañana, son los
mismos cuatro hombres que me atacaron en Nueva Jersey.
—Scott West, Wayne Reddick y George Quintana —nombró Gibbs,
tocando la foto de cada uno de los hombres.
La primera víctima era Jared Foley. Más de una década después,
Levi finalmente pudo poner nombre a los hombres cuyas acciones lo
habían perseguido durante la mayor parte de su vida adulta.
—Foley se iba a casar en mayo —explicó Martine—. Según sus
amigos, ganó un viaje de despedida de soltero con todos los gastos pagos
a Las Vegas a través del sitio web de un registro de bodas. Pero cuando
contacté con el sitio, no tenían idea de lo que estábamos hablando. Fue
solo un elaborado truco financiado por los Siete de Picas.
El sargento Wen había sido llamado en su día libre, y aunque
estaba inmaculado, su historial como militar no permitía nada menos,
parecía agotado.
—Querían una manera de atraer a los cuatro atacantes de Abrams
a Las Vegas al mismo tiempo.
Gibbs siguió con la historia desde allí.
—Los hombres anoche tenían servicio VIP en el Ambrosia. Esa fue
la última vez que alguien vio a los desaparecidos. Piensan que todos
fueron drogados allí, porque ninguno recuerda nada más allá de las 10
p.m. No saben lo que sucedió en el club, cómo regresaron al hotel, cuando
Foley se separó del resto de ellos. Nada.
—¿Ketamina? —preguntó Levi. Además de la parálisis y otros
efectos anestésicos disociativos, la ketamina podría inducir la pérdida de
memoria a corto plazo.
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—Estamos haciendo análisis de sangre para confirmar, pero creo
que es una apuesta segura.
—Revisé el club —informó Hannah Ostrowski, otra oficial
uniformada—. Es el sueño de un secuestrador… no hay videovigilancia
dentro o alrededor del edificio, fácil acceso a la salida trasera, mucho
espacio para estacionar un vehículo para transportarlos.
—Los Siete de Picas nunca han mantenido a víctimas vivas antes
—enfatizó Denise Marshall. Sus ojos estaban muy abiertos y brillantes,
su voz emocionada—. Ya es bastante difícil manejar a un cautivo, mucho
menos a tres al mismo tiempo. Esto podría ser donde los asesinos
cometan algún error fatal. Usaremos todos los recursos del FBI para
localizar a estos hombres mientras aún están vivos.
—Por supuesto —murmuró Gibbs—. Todos los medios… gastemos
un montón de dinero de los contribuyentes corriendo al rescate de tres
mierdas violentas y homofóbicas.
Denise era una de las pocas personas que Levi sabía que Gibbs no
podía provocar. Ella solo le dio una suave sonrisa.
—No tenemos la opción de escoger a quién protegemos, Oficial.
—Estoy más preocupado por cómo los Siete de Picas supieron a
quién atraer aquí en primer lugar —interrumpió Leila—. Si estos hombres
nunca fueron identificados e incluso Levi no sabía quiénes eran, ¿cómo
los encontraron los asesinos?
—Me pondré en contacto con el Departamento de Policía de
Trenton y solicitaré el archivo del caso —afirmó Martine.
—¿Trenton? —Gibbs le dijo a Levi con un aire ligeramente
horrorizado—. Amigo, ¿por qué irías a un bar en Trenton?
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Levi se encogió de hombros.
—Estaba cerca del campus de la universidad.
Gibbs hizo una mueca.
—¿Cuál?
Levi se movió incómodamente, miró a Martine y suspiró.
—Princeton.
Murmullos de sorpresa recorrieron la habitación y él puso los ojos
en blanco. Había una razón por la que prefería no contárselo a la gente.
—¿Fuiste a Princeton y luego decidiste mudarte a Las Vegas y
convertirte en policía? ¿Por qué harías...? —Los ojos de Gibbs se posaron
en las fotografías que aún estaban dispersas sobre la mesa, y él vaciló—
. Oh.
Ahora todos estaban mirando nuevamente a Levi.
—Abrams —Wen intervino en ese punto— no te va a gustar lo que
tengo que decir a continuación. Ha sido claro desde el principio que los
Siete de Picas tienen un extraño vínculo contigo. Pero ahora se han
esforzado para atraer víctimas hacia la ciudad y se han desviado
significativamente de su MO. Teniendo en cuenta la tarjeta que dejaron
para ti en la oficina de Harding y los detalles de la escena del crimen de
esta mañana, obviamente todo esto es un regalo para ti.
Era verdad. Sin importar si el ‘Feliz cumpleaños tardío’ de los Siete
de Picas era sincero o irónico, estos hombres habían sido el blanco por
una razón muy específica.
Wen intercambió una mirada con Birndorf.
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—El capitán Birndorf y yo hemos discutido esto en detalle. Lo
siento mucho, Abrams, pero no tenemos más remedio que sacarte de la
investigación de los Siete de Picas.
La visión de Levi se oscureció, y lo siguiente que supo fue que
estaba de pie, su silla en el suelo detrás de él. Su pulso latía lo
suficientemente fuertemente en su cabeza como para romperle el cráneo,
y ambas manos estaban oprimidas en puños tan apretados que sus uñas
se clavaron en sus palmas.
Cuando él se enojaba, generalmente se iba acumulando con el
tiempo… algunas veces solo por unos minutos, pero siempre había una
sensación de escalada. Se deba cuenta por las señales de advertencia en
su respiración rápida, sus músculos tensos, sus pensamientos violentos,
y tenía la oportunidad de calmarse o retirarse de la situación.
Hoy no. Todos en la habitación se habían alejado y lo observaban
con cautela. Algunos de los policías tenían sus manos sobre sus armas.
Incluso Denise lucia sobresaltada.
La única persona que no se había movido era Leila, quien estaba
sentada en su estado habitual eficientemente calmado, mirándolo con
una expresión ilegible.
—Este es el mejor curso de acción para todos los involucrados —
afirmó Wen. Sus ojos se posaron en las manos de Levi.
Aunque había gran una mesa entre ellos, esta no era un verdadero
obstáculo. Levi podría saltarla en segundos, agarrar la garganta de Wen
y apretar...
Se mordió con fuerza la lengua. Su cuerpo entero se sacudió por el
esfuerzo que le tomó quedarse quieto. Probó la técnica de Alana para
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controlar su mente, pero fue inútil contra la fantasía de estrellar la cara
de Wen contra la mesa de conferencias hasta que su nariz chorrease
sangre.
Las imágenes febriles eran tan aterradoras que Levi giró y salió
corriendo de la sala de conferencias como si estuviera en llamas. Prefería
que todos creyeran que se está escapando a arriesgarse a perder el
control de sí mismo y hacer algo imperdonable.
Fue directamente al baño de los hombres, se encerró en un puesto
y apoyó ambas manos contra la puerta de metal, su cabeza entre los
brazos. Sus respiraciones irregulares resonaban sobre las baldosas.
En un rincón de su mente, había sabido desde esa mañana que
esto sucedería. Era política del departamento que los detectives no
podían trabajar en los casos en que conocían a las víctimas. Una
excepción podría haber sido posible en este caso, dada la participación
de un asesino en serie tan prolífico, pero Wen había estado buscando una
excusa para sacarlo de la investigación desde hacía seis meses.
Este caso se había comido un año de la vida de Levi. Había
continuado la investigación a un gran costo personal incluso cuando
todos los demás creían que el Siete de Picas estaba muerto. Lo habían
llamado loco, obsesivo y lo peor de todo era que además de haber sido
acosado por la prensa también había sido burlado y acosado por el
asesino. Había sacrificado cada parte de su vida para cazar al Siete de
Picas, ¿y qué había ganado con eso?
Nada.
—¡Mierda! —gritó. Aplastó un violento golpe de palma contra la
puerta. Esta golpeó contra el marco lo suficientemente fuerte como para
sacudir toda la fila de puestos.
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Lo peor era que sabía que Wen tenía razón. Por el amor de Dios,
esta era la segunda vez hoy en que había tenido que esconderse en un
baño para recomponerse. Tal vez en este punto él era más un estorbo que
un activo.
Se quedó dónde estaba hasta que su respiración volvió a la
normalidad y sus pensamientos ya no giraban en una violenta espiral.
Sólo entonces se aventuró a volver al bullpen.
Fue evidente que se había extendido las ordenes, porque la
habitación estaba anormalmente tranquila y todos tenían cuidado de no
mirarle. La furia con la que había estado luchando durante los últimos
veinte minutos regresó. Todos sus compañeros de trabajo pensaban que
era un monstruo, una bomba de tiempo en la que no se podía confiar.
Los Siete de Picas habían arruinado su reputación profesional tanto como
todo lo demás en su vida.
Se hundió en la silla ante su escritorio y se llevó ambas manos a
su rostro. No iba a perderse, no otra vez...
—¿Levi?
Dejó caer sus manos, listo para dispararle a quienquiera que había
tenido la audacia de acercarse a él, solo para encontrarse mirando a la
única persona en el mundo a la que no atacaría.
—Adriana. —Las llamas de su rabia se aquietaron por el momento.
Se puso de pie y esperó a ver si ella iniciaría un abrazo. Cuando lo hizo,
él envolvió sus brazos alrededor, muy flojamente, para que no se sintiera
restringida, entonces ella le devolvió el abrazo.
Devolver el abrazo era nuevo. Cuando Levi se había encontrado con
Adriana por primera vez, ella había sido capaz de tolerar muy poco
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
contacto físico, especialmente con hombres. Pero después de meses de
vivir con una familia de acogida como apoyo, someterse a terapia y
capacitarse con Levi en Krav Maga la ayudaron a avanzar en su
recuperación. Ella había abrazado a Levi espontáneamente por primera
vez hace unas semanas.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó una vez que se separaron.
—Estaba recibiendo asesoramiento con Natasha. —Adriana señaló
con la cabeza hacia el bullpen, donde Natasha Stone estaba de pie fuera
del pasillo que llevaba a su oficina en la subestación—. Ella dijo que
estabas teniendo un mal día y que tal vez quisieras hacer algo para no
pensar en eso.
Natasha sonrió y le dio un pequeño saludo. Él le devolvió el saludo
y se volvió hacia Adriana.
A la mierda. En este momento, prefería estar en cualquier lugar
que no fuera aquí, y de todos modos no estaba programado para trabajar
el día de hoy.
—¿Quieres ir a Counterstrike y entrenar para tu prueba P1?
Adriana sonrió.
—Por supuesto.
—¿Por qué no llamas a tus padres adoptivos y te aseguras que
están de acuerdo?
Ella rebotó felizmente, sacando su móvil. Gracias, Levi le musitó a
Natasha con los labios.
Natasha asintió, le guiñó un ojo y se dirigió hacia su oficina.
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Levi y Adriana fueron a Counterstrike, su escuela de Krav Maga, y
también la de ella ahora que era miembro registrado de la Federación
Internacional de Krav Maga. Además de entrenarla en defensa propia
general, él la estaba preparando para el examen de Practicante de Nivel
Uno que sería el próximo mes.
Recorrieron el currículum de principio a fin. En el momento en que
terminó enviándola a trabajar en una bolsa pesada, se sentía mucho más
estable. El Krav siempre había sido una de las pocas cosas que podían
acallar su cabeza.
Quería mantenerse en movimiento mientras observaba la técnica
de ella en la bolsa, así que agarró una cuerda para saltar y se puso a su
lado, cambiando su ritmo y su trabajo de pies cada unos pocos segundos.
—¿Puedo preguntarte algo? —preguntó ella un minuto después sin
apartar los ojos de la bolsa.
—Mm-hmm.
—¿Te hace feliz que uno de los hombres que te lastimó esté
muerto?
Tropezó con la cuerda y se sostuvo de la siguiente bolsa. Ella
permaneció concentrada en su propia bolsa, golpeándolo con duros
golpes de palmas y rodillas.
Levi no se había dado cuenta que Natasha le había contado los
detalles específicos de por qué había tenido un mal día. Aunque no era
un gran problema, él había compartido la historia completa de su asalto
con Adriana hacía tiempo, esta era la primera vez que ella lo mencionaba.
Su estómago se revolvió, pero no podía mentirle. No sobre esto.
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—Sí —susurró él.
Ella asintió. Él esperó, sabiendo que había preguntado por una
razón.
—A veces desearía que mi padre adoptivo anterior viviera en Las
Vegas en lugar de Reno. —Clavó un feroz codazo en la bolsa que habría
roto la mandíbula de un atacante, y Levi sintió una oleada de orgullo a
pesar de la mórbida conversación—. Creo que, si él viviera aquí los Siete
de Picas lo matarían.
—Yo también —concordó Levi. Los Siete de Picas albergaban un
odio particular hacia los adultos que dañaban a los niños. Un padre
adoptivo abusivo estaría en su lista.
Adriana agarró la bolsa para evitar que se balanceara;
probablemente estaba jadeando tanto por la angustia emocional como
por el esfuerzo.
—Deseo que un asesino en serie lo liquide. ¿Eso significa que soy
una mala persona?
—No. —Levi tomó su mano y le dio un ligero apretón para que lo
mirase a los ojos—. Hay una diferencia entre la fantasía y la realidad. Es
natural querer vengarse de las personas que te hicieron cosas terribles,
pero solo porque quieres lastimar a alguien no significa que lo harías si
tuvieras la oportunidad.
Ella reflexionó sobre eso.
—¿Habrías lastimado a esos hombres si te hubieras encontrado
con ellos?
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—Bien, si somos honestos… podría haberles dado unos buenos
golpes —contestó complacido cuando ella sonrió—. Pero no los hubiera
matado, sin importar cuántas veces haya fantaseado con hacer
exactamente eso.
—¿Y si ellos lastimaron a alguien más?
Él se detuvo.
—¿Qué?
—No sabes a cuántas otras personas le hicieron daño esos
hombres de la misma manera que te lo hicieron a ti. Y mi padre adoptivo
anterior podría tener otros hijos viviendo con él ahora, porque nadie en
Reno me creyó. Si las personas así no se detienen, seguirán haciendo las
mismas cosas malas una y otra vez.
—Yo… —Levi estaba estancado en encontrar una respuesta. Ella
tenía razón, por supuesto… ¿Cómo podía esperar que una joven
traumatizada aceptara el hecho de que su abusador nunca sería llevado
ante la justicia?
—Es tonto, pero algunas veces tengo miedo que me persiga. Que
me vuelva a encontrar. —Ella soltó un suspiró tembloroso—. Sé que no
hay razón para que él haga eso. Probablemente se olvidó de mí en el
segundo que me escapé. Pero todavía pienso mucho en eso.
Oh. De repente, esta conversación tenía mucho más sentido.
—Es por eso que estás aprendiendo a protegerte. Y te prometo,
nunca, jamás, permitiría que alguien te haga daño otra vez. Cualquiera
que viniera por ti tendría que pasar sobre mí.
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Esta vez, su sonrisa llegó a sus ojos. Se miraron, compartiendo un
momento de entendimiento que Levi nunca podría tener con Martine o
incluso con Dominic.
—Creo que hemos tenido suficiente entrenamiento por un día. ¿Por
qué no vamos a buscar un poco de helado?
—¿No quieres decir que yo voy a tomar un helado y tú tomarás un
café? —preguntó ella con malicia.
—Solo ve a cambiarte —respondió él empujándola hacia el baño
con una sonrisa.
***
Dominic reprimió un gemido cuando el crupier arrastró el bote
hacia un jugador en el lado opuesto de la mesa de póquer. Había perdido
otros quinientos, estaba fuera de juego esta noche. A este ritmo, incluso
las propinas de una noche del sábado en Stingray no cubrirían sus
pérdidas…
No, no. Había tenido una mala racha, lo que solo significaba que
tenía buenas cartas por venir. Podía sentir el giro llegar. Todo lo que tenía
que hacer era seguirlo.
Su teléfono vibró en su bolsillo, y como estaban entre manos lo
comprobó. Frunció el ceño cuando vio el nombre de Martine en la
pantalla. Ella no lo llamaría durante la noche, a menos que algo estuviera
muy mal con Levi.
Aviso al crupier que volvería en la siguiente mano y se apresuró a
alejarse de la mesa, hacia la puerta donde la recepción era mejor.
—¿Qué sucede? —gruñó a modo de saludo.
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Martine no lo reprendió por su rudeza.
—Tenemos un gran problema.
Escuchó con creciente consternación mientras ella le informaba
sobre los eventos del día.
—¿Levi está bien? —preguntó cuando terminó, ya sabiendo la
respuesta.
—Ni siquiera he llegado a la peor parte —aseguró con gravedad—.
Wen lo sacó del caso Siete de Picas.
La respiración de Dominic se detuvo en su pecho.
—¡No! ¡Cristo, Martine, eso va a matarlo! Tienes que decirle a Wen
que no lo haga.
—¡Lo intenté! Discutí con él durante más de una hora. Incluso Leila
lo intentó, y tú sabes cómo es ella. Él está convencido que es lo mejor. La
única razón por la que dejó que permaneciera en el caso durante tanto
tiempo fue porque el agente Chaudhary hizo la recomendación. Pero
ahora que Levi tiene una conexión personal con las víctimas…
—¿Sabes dónde está Levi ahora?
—Natasha hizo arreglos para que él pasara el resto del día con
Adriana.
Los hombros de Dominic se hundieron con un ligero alivio. Sin
importar cuál fuese su estado mental, Levi nunca dejaría que algo dañase
a Adriana, a quien amaba como a una hermana pequeña. Su presencia
aseguraría que él mantuviera el control de sí mismo.
—Deberías llamarlo —dijo Martine.
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—Solo empeoraría las cosas.
—Dominic...
—Levi ya no confía en mí. No querría que lo viera tan vulnerable.
—Creo que te equivocas —le contradijo, pero no trató de
persuadirlo otra vez. Una vez que ella prometió mantenerlo actualizado,
colgaron. Cuando Dominic presionó el botón para finalizar la llamada,
sus ojos se posaron en el reloj del teléfono.
—Oh, mierda —él maldijo tan fuerte que asustó a varias personas
cercanas. Había perdido completamente la noción del tiempo, y ahora iba
a llegar tarde al Stingray.
Regresó a la mesa de póquer para recoger lo que quedaba de sus
fichas y se dirigió al cajero, golpeando su pie con ansiedad mientras
esperaba en la cola.
—¿Dominic?
Se giró, sorprendido por el acercamiento de una escultural mujer
griega que atraía miradas por todo el casino mientras avanzaba… Diana
Kostas, a quien había conocido cuando se había enredado en una de las
investigaciones de homicidios de Levi el verano pasado.
—Di... —Se detuvo cuando los ojos de ella se abrieron ligeramente
negando con la cabeza—. Pandora —cambió al nombre de su trabajo—.
Wow, es bueno verte.
—Igualmente. Ha pasado tiempo.
Él le había salvado la vida administrándole RCP después que ella
había sido estrangulada, pero le había roto varias costillas en el proceso.
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Él había hecho algunas reparaciones alrededor de su casa después de
eso, y habían tenido algunas buenas conversaciones, aunque habían
perdido el contacto después que ella se había recuperado.
—¿Cómo está tu hijo?
Ella brilló ante la mera mención del niño.
—Lo está haciendo muy bien. La psicóloga infantil que Natasha le
recomendó hizo maravillas después del ataque. ¿Y tú? ¿Cómo está Levi?
La persona frente a él terminó y se alejó. Él le entregó sus fichas al
cajero con una sonrisa distraída antes de decir:
—Nosotros, umm… en realidad, rompimos.
—Oh. Lamento oír eso. —Sus ojos recorrieron sus fichas, y él supo
lo que debía estar pensando, su historial de juego era algo de lo que
alguna vez habían hablado, aunque solo brevemente.
La picadura caliente de la vergüenza trajo a su viejo amigo, la
actitud defensiva.
—No es lo que...
—Oye, no necesitas darme una explicación. —Levantó la palma de
una mano—. Sé cómo es que las personas te juzguen y te digan qué hacer
con tu vida. No obtendrás eso de mí.
—Gracias. —Tomó los billetes que el cajero le entregó, los guardó
en su billetera y se apartó de la fila—. ¿Estás aquí por trabajo? Esto no
parece ser tu tipo de lugar habitual.
Diana era una acompañante de alto nivel en Secretos Pecaminosos,
una de las agencias de acompañantes de más alto nivel en Las Vegas. El
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Railroad Pass, no era un antro, pero tampoco era el lugar más elegante
del Valle.
Ella rió.
—Para algunos clientes, la discreción es más importante que la
atmósfera. Hablando de eso… —Ella le sonrió a alguien por encima de su
hombro—. Tengo que irme.
—Por supuesto. Yo también.
Ella comenzó a moverse alrededor de él, pero se detuvo y le tocó el
codo.
—Me ayudaste mucho cuando lo necesite. Si alguna vez puedo
devolver el favor, no dudes en avisarme.
—Claro —él estaba desconcertado pero emocionado por la oferta—
. Gracias.
Después de darle un apretón en el brazo, ella caminó por el piso
del casino para saludar a un hombre mayor que la miraba como un
turista asombrado en la Capilla Sixtina. Dominic revisó su teléfono, se
encogió por la hora, y casi corrió hacia el estacionamiento.
Stingray era un club nocturno extravagante en el vecindario LGBT
al este de la Strip más conocido como Fruit Loop, el edificio de tres pisos
tenía varios bares, varias pistas de baile y ambientado tipo submarino
siendo todo realzado por la iluminación azul y grandes acuarios. Llegar
hasta allí desde Henderson en sábado por la noche era un desastre, y
finalmente, llegó más de una hora tarde.
Le había enviado un mensaje de texto a su gerente con una historia
sobre problemas con el auto, pero podía decir que ella no le creía. Así que
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lo reprendió y luego lo exilió asignándole a uno de los bares más remotos
del club, donde él ganaría la mitad de las propinas que en una de las
barras en las pistas de baile. Eso fue un golpe inesperado para sus
ingresos, y especialmente preocupante a la luz de su mala suerte.
Carlos, su mejor amigo y compañero barman, lo abordó en el
vestuario mientras se estaba cambiando. El uniforme de Stingray de
pantalón negro y una camiseta negra se ajustaba a la contextura
desgarbada de Carlos, y su cabello castaño y liso estaba desordenado
como si hubiera estado pasando las manos por él.
—No puedo creer que llegues tarde otra vez —se quejó Carlos.
Dominic se quitó el pantalón que llevaba puesto todo el día y lo
arrojó a su casillero.
—Tuve problemas con el coche.
—No me largues esa mierda. Estabas jugando.
Dominic se puso rígido y lo fulminó con la mirada. Carlos levantó
sus cejas en desafío.
—Traté de cubrirte. Les dije que te habían asignado un caso y que
no podías librarte.
Eso explicaba por qué la encargada no había comprado su historia.
—No te pedí que hicieras eso —le espetó Dominic.
—¿Qué harás cuando pierdas este trabajo?
Dominic se congeló con su camiseta en una mano.
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—Sé que no puedes permitírtelo —continuó Carlos—. Dudo que los
dos trabajos que tienes ahora sean suficientes para mantenerte a flote
por mucho más tiempo.
—No me van a despedir. Traigo demasiados clientes habituales. —
Dominic se sacó la camiseta por la cabeza.
—Por favor. Esto es Las Vegas. ¿No crees que haya cincuenta
chicos calientes y aduladores haciendo fila para tomar tu trabajo? Nadie
es insustituible.
Eso voló su acuerdo tácito referente a no discutir sobre el juego.
Cerró de golpe su casillero y cruzó los brazos sobre su pecho mientras se
enfrentaba a Carlos, con los bíceps tensos contra las mangas apretadas
de su camiseta.
Carlos no estaba ni un poco asustado.
—Sé que nada de lo que diga o haga podrá realmente convencerte
de que aceptes ayuda antes que estés listo. Solo quiero que recuerdes
cuánto perdiste la última vez que esto sucedió, y que pienses si estás
dispuesto a pasar por todo eso otra vez.
Pasando una mano sobre su mandíbula desaliñada, Carlos se
volvió y salió. Las fosas nasales de Dominic se ensancharon.
Estaba tan jodidamente enfermo de las personas que le ofrecían
ayuda, como si fuera algún tipo de inválido. Él estaba jodidamente bien.
Sin embargo, Carlos tenía un buen punto, sus ingresos actuales
no podrían mantenerle al día con sus deudas anteriores y las pérdidas
recientes. Pero era fácil de resolver. Todavía tenía su licencia de ejecutor
de fianzas; podía volver a tomar uno o dos trabajos como
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cazarrecompensas y usar el dinero extra para ayudarlo hasta que su
suerte cambiara y comenzara nuevamente a ganar en grande.
Todo estaba bien.
Dominic chasqueó su cuello de un lado a otro, puso expresión de
trabajo y se dispuso a servir a los turistas calientes y dulces para llenar
su billetera.
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Capítul♠ 7
El lunes por la noche Levi se encontró sentado en su auto, no
quería ir a casa, pero no sabía qué más hacer consigo mismo. Wen lo
había excluido de la investigación del caso Siete de Picas, así que, aunque
sabía que los hombres desaparecidos aún no habían sido encontrados,
vivos o muertos, no tenía idea del progreso que se había logrado. No había
intentado que Martine compartiera detalles a escondidas; él sabía que
ella lo haría si se lo preguntaba, pero no quería meterla en problemas.
Para distraerse, había puesto todas sus energías al homicidio de
Buckner, oficialmente confirmado como causa de la muerte una
sobredosis masiva de pentobarbital… y se había asociado esto con los
distintos secuestros. No le había sorprendido el hecho de que Dominic
hubiese llegado primero a todas las víctimas y sus familias, o por el
subterfugio que Dominic había usado. Ya que los investigadores privados
y los cazarrecompensas no eran agentes del orden público, se les permitía
mentir sobre sus identidades, una técnica llamada pretexto.
Al no tener la misma ventaja, Levi probablemente había podido
obtener menos información. Además de Nguyen, todos los testigos del
caso se habían mostrado reacios a hablar con él, ya que todos habían
recibido las mismas amenazas de parte de sus secuestradores. Pero aún
así había averiguado lo suficiente como para establecer una línea de
tiempo clara y un MO para los crímenes.
Las imágenes de las cámaras de tráfico también fueron útiles, ya
que todas las víctimas fueron secuestradas en tránsito. Aunque los
secuestradores habían tenido cuidado de no llevarse o dejar a las víctimas
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en algún lugar bajo vigilancia directa, Levi había descubierto qué
cámaras rodeaban las áreas en cuestión y se revisaron las imágenes de
las ventanas de tiempo, buscando grandes SUVs negros. La comparación
de las imágenes de cada evento le permitió detectar un patrón e
identificar dos autos, un Chevrolet Suburban y un Toyota Sequoia, como
los posibles vehículos de los secuestradores.
Cada vez que notó esos SUV, estos tenían diferentes matrículas.
Cada placa resultó haber sido reportada como robada de automóviles en
la región noroeste del Valle. Había emitido el pedido a todos los oficiales
del departamento que revisaran las placas de cualquier automóvil que
viesen que coincidiera con las descripciones que él había proporcionado.
Ahora, sin embargo, estaba atrapado en un círculo de espera.
Estaba esperando para ver si el contador forense del LVMDP podía
rastrear los pagos de rescate, a la espera de recibir una respuesta de sus
CI y los de Martine, esperando que lo de los vehículos funcionara,
esperando a que el tribunal terminara de luchar contra los abogados de
KIG por su lista de clientes. Y, por mucho que odiara admitirlo, estaba
esperando otro secuestro.
Pero eso podría no suceder. Era obvio por las historias de las
víctimas que los secuestradores fueron contratados por un tercero. Esa
persona aún tenía que hacer otro movimiento, por lo que era posible que
se hubiera desmoralizado por su información obsoleta sobre la póliza
caída de Buckner y se hubiera retirado permanentemente.
De cualquier manera, no había más nada que Levi pudiese hacer
hoy.
Su teléfono sonó y él lo sacó para leer un mensaje de Kelly Marin.
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Gran evento de March Madness7 en Railroad Pass esta noche. DR
confirmo que planea asistir.
Levi se mordió el labio inferior. Había oficiales en el LVMPD aún
leales a él, y dispuestos a ayudar a controlar los movimientos de Dominic
alrededor del Valle. Kelly era la más entusiasta, pero eso no era
sorprendente. Después de filtrar la historia del Siete de Picas el año
pasado, fue sentenciada a trabajar en el mostrador de evidencia, Levi
había jalado cuerdas para hacer que ella fuese devuelta a Tráfico.
March Madness… Era una idea terrible. Una vez que Dominic
comenzara a apostar, no se detendría a menos que algo lo obligara a
hacerlo, sin importar las consecuencias. El frenesí de las apuestas
deportivas que rodeaban el torneo de baloncesto universitario podría
hacer que él perdiera miles de dólares en una sola noche y él no sería
capaz de alejarse.
Levi no dejaría que eso sucediera.
Gracias. Envió respondiendo un mensaje de texto a Kelly. Entonces
arrancó su auto y piso el acelerador, lleno con un renovado sentido de
propósito.
***
—Lo sé, cariño, lo siento —le dijo Dominic a Rebel, que lo estaba
viendo vestirse con ojos tristes—. Pero vas a pasar tiempo con Carlos y
Jasmine. Eso será divertido, ¿no?
Ella no reaccionó, ni siquiera para menear la cola. Él suspiró y
siguió buscando su teléfono, que había perdido dentro del desagradable
7 March Madness: se refiere a torneos de baloncesto universitarios donde suelen
producirse apuestas Fuertes.
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desastre que se había vuelto su apartamento. Realmente debería limpiar
todo eso, pero estaba muy ocupado en estos días…
Rebel se levantó sobre sus cuatro patas con las orejas levantadas.
Segundos después, sonó un golpe en la puerta.
Dominic frunció el ceño y se dirigió a mirar por la mirilla.
Parpadeando, desconectó la alarma inalámbrica y desbloqueó sus
múltiples cerraduras antes de abrir la puerta.
—¿Levi qué haces aquí?
Levi estaba apoyado contra la jamba de la puerta y lo miró a través
de las pestañas. Dominic le dio un vistazo de cuerpo completo e inhaló
bruscamente.
Levi llevaba jeans.
En la rara ocasión en que Levi era encontrado con algo más que un
traje bien hecho, usaba pantalones de vestir o chinos. Es más, estaba
seguro que solo poseía un par de jeans, y verlo con ellos era algo que
Dominic siempre codiciaba.
—¿Puedo entrar? —preguntó Levi, y simplemente se abrió paso
dentro del apartamento sin esperar una respuesta. Dominic estaba
demasiado distraído para protestar.
Rebel corrió hacia Levi en un saludo extático. Eso significó que
Dominic se benefició con la imagen de un Levi inclinándose sobre un
ajustado denim, lo que solo lo dejo aún más fascinado. Todavía luchaba
por recuperarse cuando Levi se enderezó y se volvió para bloquear todas
las cerraduras.
—No has respondido a mi pregunta —dijo Dominic.
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Levi le dirigió una mirada ardiente que era imposible de
malinterpretar.
—¿Qué crees tú?
Agarró las solapas de la chaqueta de Dominic y comenzó a avanzar
a través de la sala de estar. Dominic se dejó empujar, hipnotizado por el
calor en los solemnes ojos grises de Levi.
—Uh… En realidad, estaba justo a punto de sali...
Levi agarró la nuca de Dominic con una mano y los lanzó dentro
de un beso feroz. Gimiendo, Dominic se rindió de inmediato y agarró el
culo redondo de Levi, acariciándolo con avidez a través de sus pantalones
vaqueros.
Se besaron y caminaron a tientas a través del apartamento, y no
fue hasta que tropezaron contra la pared del pasillo que conducía a la
habitación que Dominic recobró el sentido.
Levi tenía dos mecanismos para afrontar el estrés… la violencia y
el sexo. Cosas terribles le habían sucedido este fin de semana, cosas que
debían haberlo jodido emocionalmente. No era coincidencia que hubiese
aparecido aquí solo unos días después.
—Espera —jadeó Dominic mientras Levi le quitaba la chaqueta y
la dejaba caer al suelo—. No deberíamos.
—¿Por qué no? —Levi acarició la parte inferior de la mandíbula de
Dominic.
—Sé lo que sucedió con los Siete de Picas. Esta no es una forma
saludable de lidiar con eso.
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Levi apartó a Dominic de la pared solo para girarlo y empujarlo
contra el lado opuesto del pasillo.
—Eso no tiene nada que ver con esto —afirmó antes de hundir los
dientes en la garganta de Dominic.
Dominic jadeó, sus rodillas se debilitaron. Levi sabía cuánto
disfrutaba ser mordido, maldito tramposo.
—Solo quiero que me jodan. —Levi pasó la lengua por la marca de
la mordedura, e inclinó la cabeza de Dominic hacia abajo para poder
mirarlo a los ojos—. ¿Prefieres que encuentre a alguien más que haga eso
por mí?
—¡No! —gruñó Dominic, su disgusto era tan visceral que no tuvo
esperanza de ocultarlo o incluso minimizarlo. Jesús, habían estado
separados durante meses, y el pensar en Levi con otro hombre todavía lo
hacía querer salirse de su piel.
Tenían que dejar de tener sexo; eso hacía imposible que alguno de
los dos siguiera adelante.
—Entonces no veo el problema. —Levi llevó a Dominic a la
habitación y cerró la puerta.
—Yo…
Levi lo besó otra vez, más lánguidamente. Cuando rompió el beso,
se mantuvo cerca, con los labios a centímetros de los de Dominic.
—Te dejaré atarme.
Las manos de Dominic convulsionaron sobre las caderas de Levi.
Ni él ni Levi eran exclusivamente dominantes o sumisos en la cama,
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ambos habían tenido momentos en los que estaban de humor para uno
u otro, y esa dinámica siempre había sido fluida entre ellos.
Sin embargo, aunque a Levi le gustaba que lo sacudiera de aquí
para allá, que fuera brusco con él e incluso que el peso superior de
Dominic lo sujetara en alguna ocasión, nunca dejaba que lo atara. Al
comprender los delicados problemas emocionales de Levi sobre la
vulnerabilidad, Dominic había tenido cuidado de no presionar nunca
sobre eso, aunque no era un secreto que restringir a Levi era una fantasía
que atesoraba.
—¿Hablas en serio? —la voz de Dominic era áspera.
Levi se apartó, metió el pulgar en el bolsillo delantero de los
vaqueros, sacó un par de esposas y levantó las cejas.
—Joder, sí. —Todas sus reservas olvidadas, Dominic levantó a Levi
del suelo. Levi cerró sus piernas alrededor de la cintura de Dominic,
envolvió sus brazos alrededor del cuello y lo besó sin tregua mientras
Dominic retrocedía hasta que pudo sentarse en la cama con Levi en su
regazo.
Levi empujó a Dominic de espaldas contra las almohadas y movió
la boca hasta su cuello, besando, mordiendo y chupando. Una de sus
manos acarició el brazo de Dominic mientras que la otra trabajaba los
botones de su camisa. Dominic rodó sus caderas, frotando sus erecciones
a través de sus jeans, masajeando el culo de Levi e imaginando lo bien
que se vería atado a su cama...
Click. Click.
Antes que Dominic hubiera procesado completamente el sonido,
Levi saltó y se alejó de la cama, moviéndose hacia la pared del fondo.
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Dominic trató de alcanzarlo, pero no pudo… por las esposas que
encadenaban su muñeca derecha a uno de los listones de madera en su
cabecero.
—No puedo creer que hayas caído con eso —aseguró Levi
incrédulo—. ¿Hay algo de sangre en tu cerebro ahora mismo?
—¿Qué…? —Dominic, cuyo cerebro empañado de lujuria estaba
teniendo problemas para adaptarse a este repentino giro de los
acontecimientos, miró desconcertado su brazo esposado—. ¿Qué mierda?
—No puedes pensar seriamente que confiaría en ti lo suficiente
como para atarme cuando estas así.
La sangre de Dominic hirvió mientras caía en la realidad de la
situación. Levi había venido aquí para seducirlo con la deliberada
intención de atarlo a esta cama. Todo lo que le había dicho y hecho desde
que había puesto un pie en este apartamento había sido una actuación.
—Tú, hijo de puta —escupió Dominic—. ¿Qué diablos quieres decir
con ‘estas así’?
—En medio de una recaída total y completamente en negación al
respecto.
—No estoy… —Dominic hizo un ruido frustrado y tiró de las
esposas—. Esto es ridículo, Levi. ¡Déjame ir!
—No.
Dominic luchó contra las restricciones por unos segundos más.
Luego, soltando un rugido furioso e incoherente, tiró de su brazo hacia
adelante y tiró de las restricciones con cada gramo de fuerza en su
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cuerpo. La cabecera gimió, traqueteó e hizo un sonido de crujido
siniestro.
Los ojos de Levi se ensancharon y dio un paso atrás.
Si esto fuera cuestión de vida o muerte, Dominic podría romper la
cabecera. Sin embargo, le jodería la muñeca y eso no valía la pena cuando
no estaba en peligro real. Se relajó de nuevo y dejó caer el brazo sobre el
colchón.
—Esto es una detención ilegal. Eres un policía que está cometiendo
un delito grave.
—Entonces llama al 911. —Levi le arrojó su propio teléfono, el cual
Dominic atrapó con su mano libre.
Levi había respondido al farol de Dominic sin siquiera parpadear.
Irritado, revoleó el teléfono contra la cara de Levi tan fuerte como pudo.
Levi logró atraparlo en el aire con sus malditos reflejos de Krav Maga.
—¿Cuál es el punto de esto? —preguntó Dominic.
—Puede que no me guste el baloncesto, pero estoy familiarizado
con March Madness, y sé que planeabas asistir a un gran evento de
apuestas deportivas esta noche. Estoy tratando de evitar que cometas
otra serie de errores catastróficos y así arruinar tu vida incluso más de
lo que ya has hecho.
Idiota santurrón. Dominic se estaba preparando para mandar todo
al infierno cuando un gemido silencioso fuera de la puerta llamó su
atención.
—Creo que Rebel está preocupada por ti —aventuró Levi mientras
abría la puerta.
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Rebel correteó dentro, saltó sobre la cama y olfateó a Dominic de
pies a cabeza, pareciendo particularmente interesada pero no
preocupada por su muñeca esposada. Aunque era un perro
increíblemente inteligente y bien entrenado, incluso ella no podría
conseguirle un par de llaves. Y como nunca la enfrentaría a Levi, sin
importar la provocación, no había nada que pudiera hacer para ayudarlo.
Aparentemente, decidiendo que él no corría ningún peligro, le lamió
la cara y luego se dejó caer a su lado con un bofetón satisfecho.
—¡Oye! —exclamó Dominic cuando Levi se dirigió hacia la puerta—
. ¿A dónde mierda vas?
Levi le lanzó una mirada de desprecio por encima del hombro.
—Voy a limpiar tu sucia pocilga para que vuelva a lucir como un
apartamento. Me volví loco la última vez que estuve aquí.
Salió de la habitación, ignorando los repetidos y cada vez más
enojados gritos de Dominic. Con el tiempo, simplemente se dio por
vencido. Obviamente, gritar no iba a cambiar la decisión de Levi, y él
confiaba en que, al menos, no lo dejaría solo en el apartamento mientras
estuviese atado.
Acurrucándose más cerca, Rebel apoyó la cabeza sobre el pecho de
Dominic y lo miró con adoración. Su corazón se derritió a pesar de las
circunstancias, y le rascó las orejas con su mano libre.
—Yo también te amo. Lo siento, soy una cagada como padre.
Ella cerró los ojos y suspiró con alegría perruna.
Acariciarla le ayudó a calmarse. Continuó acariciando su cabeza
mientras yacía allí silenciosamente, analizando su situación más
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estratégicamente. No había forma que fuera a ser manipulado por Levi
Abrams.
Supuso que había pasado aproximadamente una hora cuando
gritó:
—¡Levi!
—¿Qué? —respondió Levi.
—Estoy sediento.
Levi regresó a la habitación y le tiró a Dominic una botella de agua
desde la puerta. Dominic le dirigió una mirada molesta.
—Me sentiría muy insultado si pensaste que soy lo suficientemente
estúpido como para colocarme al alcance de alguna de tus extremidades
—afirmó Levi.
No lo había hecho, aunque había tenido que intentarlo. Pero eso
era solo el plan A. Dominic se colocó en posición sentada contra la
cabecera y logró destapar torpemente la botella.
—Sabes, Carlos y Jasmine esperan que les lleve a Rebel.
—Lo supuse. Ya los he llamado.
—¿De verdad? ¿Les dijiste...?
—¿Que te tenía esposado a la cama? —completó Levi secamente—
. No. No les di ningún detalle. Yo solo... Les deje que sacaran sus propias
conclusiones.
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Un ligero rubor tiñó los pómulos afilados de Levi, y miró hacia otro
lado. Fascinado, Dominic perdió momentáneamente el hilo de la
conversación y solo le miró.
Sacudiendo un poco la cabeza, tomó un sorbo de agua para cubrir
su pausa. Mierda, ¿por qué era tan fácil que Levi lo desequilibrara incluso
sin intentarlo?
—¿Qué si tengo que usar el baño? —preguntó señalando la botella
de agua.
—Estaré feliz de vaciar esa botella y devolvértela.
—Eso es asqueroso.
Levi se encogió de hombros.
Luchando por controlar su frustración, Dominic siguió hablando.
—Tendrás que dejarme ir eventualmente. ¿Cuánto tiempo planeas
mantenerme aquí?
—Hasta que terminen los partidos de baloncesto. Tal vez más
tiempo. No lo he decidido todavía.
—¡No puedes impedir que juegue! —espetó Dominic—. Has estado
intentándolo durante meses y siempre encuentro una manera de
rodearte. No necesito un evento especial para apostar. Incluso después
que terminen los juegos, el casino está abierto las veinticuatro horas del
día.
Levi levantó una ceja.
—Habla un hombre que realmente se controla a sí mismo.
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Dominic apretó la mandíbula. Su mano dio un espasmo alrededor
de la botella de plástico, derramando agua sobre la cama.
—¿Dónde está tu televisión, Dominic? ¿Tu computadora? ¿Tu
microondas?
Mantuvo la boca cerrada. La verdad era que los había empeñado
durante las últimas semanas, lo que había sido particularmente horrible
porque habían sido los nuevos que había reemplazado cuando los Siete
de Picas saquearon su apartamento en noviembre pasado.
Levi soltó una carcajada sin humor y negó con la cabeza.
Esta debacle iba cada vez más descontrolada y rápida. Dominic
tenía que volver a la pista. Tenía una táctica más que sabía que
funcionaría, aunque la había dejado como último recurso.
—Fue un plan bastante elegante el que se te ocurrió —dijo él—.
Usar ropa que sabes que me gusta, ofrecerme algo que sabes que quiero
tanto que me distraería mientras me metes aquí y me esposas.
Normalmente no eres tan manipulador.
—Sí, bueno, aprendí del mejor —respondió Levi.
Fue pensado como un insulto, pero Dominic no se ofendió. Si no
fuera un manipulador experto, nunca se habría convertido en un exitoso
cazarrecompensas o investigador privado.
—Sin embargo, no todo fue un acto, ¿no? —Escudriñó
perezosamente a Levi de pies a cabeza—. Pude sentir lo duro que estabas,
escuchar lo rápido que respirabas. Tu rostro estaba completamente
enrojecido de la manera en que esta cuando me necesitas dentro de ti.
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Levi respiró bruscamente, su rubor se oscureció. Él disfrutaba
sentirse avergonzado… aunque Dominic debía tener cuidado, porque no
estaba seguro de cómo habían cambiado los límites desde su ruptura.
—Puedes decirte a ti mismo que has venido aquí para protegerme.
Pero ambos sabemos que hay algo que quieres aún más.
Levi lo miró, sin parpadear, por un momento.
—Rebel. Fuera.
Ella levantó la cabeza y miró a Dominic. Él asintió, y ella saltó de
la cama y salió trotando de la habitación. Levi cerró la puerta detrás de
ella, rondó los pies de la cama y apoyó una rodilla en el colchón.
Dominic colocó la botella de agua en la mesita de noche, que
apenas estaba al alcance. Necesitaría su mano libre…
—Debes estar bromeando —dijo Levi con voz sedosa. Se arrastró
hasta la cama, lento y depredador, hasta que pudo poner ambas manos
en los tobillos de Dominic y colocarlos sobre el colchón—. ¿Crees poder
ganarme con sexo?
Dominic vaciló. Esto no era lo que había esperado, tenía la
intención de atraer a Levi hasta la cama, usar sus piernas y su brazo
libre para luchar contra él hasta someterlo en una posición lo
suficientemente incómoda como para obligarle a entregar la llave. Pero
Levi no estaba actuando como si lo hubiera atraído a alguna parte.
—No negaré que seas bueno manipulándome. —Levi arrastró sus
manos por las piernas de Dominic, sobre sus muslos, en la curva de sus
caderas y su ingle, lo que provocó que el pene de Dominic diera un salto
de interés—. Dios sabe que tienes un largo e ilustre historial de hacer
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exactamente eso. Pero no puedes hacerlo con sexo, Dominic. Me deseas
demasiado también. Preferirías que te chupe antes que dejarte ir.
Dominic gruñó cuando Levi palmeó su creciente bulto. Levi estaba
justo entre sus piernas, perfectamente colocado como para someterlo,
pero Dominic estaba paralizado por el deseo de ver qué sería lo que Levi
haría a continuación.
—De hecho, todo lo que tengo que hacer es decirte cuánto me
encanta sentir tu gran pene jodiendo mi garganta… —Levi sonrió con
satisfacción cuando Dominic fue atormentado por un estremecimiento
que azotó todo su cuerpo—. Y no podrías dejar esta cama aún si la
prendiera fuego.
—¿Lo harás o solo hablarás de ello? —susurró Dominic, sabía
cuándo había sido vencido.
Levi se movió hacia atrás, pero Dominic solo tuvo tiempo de sentir
una punzada de decepción antes que él tirara de sus tobillos. Captando
la indirecta, se tumbó nuevamente.
La expresión en el rostro de Levi era de pura hambre mientras
tiraba de los pantalones de Dominic para abrirlos y bajarle el bóxer para
liberar su pene. Dominic tenía razón… Levi quería esto. El problema era
que él lo quería también, incluso si eso significaba pasar la noche
encadenado a su propia cama.
Levi escupió en su palma y comenzó a masturbarlo con toda su
fuerza. Cuando el pene de Dominic se hinchó, los ojos de Levi se volvieron
vidriosos y su mandíbula se aflojó.
—Reina de la talla —se burló Dominic.
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A pesar que Levi le dirigió una ceja arqueada, no lo negó. Se
acomodó sobre su vientre, entre las piernas de Dominic y frotó su cara a
lo largo del eje, haciendo que Dominic siseara ante el ligero raspado de
su rastrojo. Mirando ardientemente a Dominic todo el tiempo, Levi le dio
un beso en la base, se acurrucó, pasó la cabeza de un lado a otro por su
boca y se abrió camino por el otro lado.
—Levi. —Dominic logró hilar una frase coherente con sus dos
últimas células cerebrales restantes—. Ponlo en tu boca.
Levi lamió delicadamente la punta, se llevó la cabeza a la boca y
chupó con fuerza. Dominic gritó cuando sus caderas levitaron fuera de
la cama.
Con una risa, Levi deslizó su boca por el eje y comenzó a chuparlo
en serio, estableciendo un ritmo agresivo desde el principio. Dominic
gimió con una mezcla de placer y alivio.
—Eso es. —Entrelazó su mano libre en los rizos de Levi, deseando
que fueran más largos—. Tómalo todo.
Ver a Levi luchar para tomar su pene nunca se volvía menos
emocionante. Incluso después de meses de práctica, aún no podía
tragarlo completamente, pero eso nunca le había impedido hacer todo lo
posible. Las primeras veces que la cabeza llegó a su garganta, se
atragantó un poco, pero continuó aplicándose con su característica
resolución. Pronto, Dominic se deslizaba suavemente dentro y fuera de
ese apretado y húmedo canal.
—Joder, sí. Toma un poco más, cariño...
Levi apartó su mano y soltó su pene tan rápido que las bolas de
Dominic dieron un enojado latido.
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—No me llames así —espetó Levi, fulminándolo con dagas en sus
ojos.
Le encantaba el mote cariñoso cuando estaban juntos, pero desde
su separación, se negó a dejar que él lo usara.
—No lo haré —dijo Dominic en voz baja—. Lo lamento.
Levi entrecerró los ojos, luego se quitó la camisa, regresó a la
posición sobre su estómago y volvió al trabajo.
Dominic deslizó tentativamente sus dedos por el cabello de Levi
otra vez; cuando no se opuso, le tomó la nuca, dejó caer su propia cabeza
hacia atrás y cerró los ojos, solo disfrutando del momento. Levi era tan
bueno en esto, entusiasta y determinado, con la garganta profunda tanto
como podía manejar mientras usaba su mano en el resto, su lengua
inteligente en constante movimiento. Incluso cuando tomaba descansos
para reposar la mandíbula, continuaba bombeando el pene de Dominic y
chupando la punta.
El placer estaba empezando a dar un giro urgente cuando Levi se
detuvo abruptamente y se levantó de la cama. Los ojos de Dominic se
abrieron de golpe, y él estaba listo para rogar, arrastrarse, prometer
cualquier cosa si eso convencía a Levi para que continuara...
Pero no había necesidad. Levi solo se había levantado para
desvestirse, quitándose los zapatos, los pantalones y la ropa interior para
desnudar su cuerpo. Dominic gimió bajo en su garganta, admirando la
fuerza letal en los magros y fibrosos músculos de Levi.
Levi se inclinó sobre el costado de la cama para besar a Dominic
lenta y profundamente. Pasó una pierna sobre su cuerpo para sentarse
a horcajadas sobre el pecho de Dominic, de frente a sus pies.
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—Sí —suspiró Dominic, viendo lo que Levi tenía en mente—. Ven
aquí.
Levi retrocedió hasta que pudo enganchar sus piernas debajo de
los hombros de Dominic y meterle el pene en la boca. Con el apoyo de la
almohada, todo lo que Dominic tuvo que hacer fue inclinar su cabeza en
el ángulo correcto y relajar su mandíbula, permitiendo que Levi se
deslizara directamente hacia su garganta.
Gimiendo suavemente, Levi empujó un par de veces antes de
estirarse para volver al pene de Dominic. Debido a su diferencia de altura,
él podría tomar incluso menos de Dominic que antes, pero el placer
recíproco de la nueva posición lo compensaba.
Dominic dobló sus rodillas, colocando sus pies contra el colchón
para poder mover sus caderas y empujar su pene un poco más dentro de
la boca de Levi. Utilizó su mano sin esposas para guiar el ritmo,
señalando en silencio cuánto podía tomar. Una vez que había calentado
su mandíbula, le dio a Levi un codazo, indicándole que fuera más rápido.
Levi chasqueó sus caderas cada vez más fuerte hasta que estuvo jodiendo
ansiosamente su garganta, sus bolas pesadas sobre la cara de Dominic.
Dominic se concentró en controlar su respiración, lo cual era difícil
de hacer cuando los gemidos ruidosos e irregulares de Levi vibraban
arriba y abajo de su propio pene. Joder, le encantaba los ruidos que hacía
en la cama, aunque incluso este hermoso gemido no tenía nada de los
gemidos necesitados, las maldiciones y los gritos descarados que Levi
soltaba cuando estaba realmente emocionado. Dominic era codicioso por
conseguir más, pero una mamada por sí sola no iba a sacar los tipos de
ruidos que quería de Levi.
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Tocó la cadera de Levi. Levi salió de inmediato, girándose para
mirar a Dominic por encima del hombro. Sus pupilas estaban enormes,
sus finos labios hinchados y húmedos.
—¿Qué? —le preguntó.
—Incorpórate un poco. —La voz de Dominic ronca por los estragos
del pene de Levi.
Levi se levantó en un ángulo de cuarenta y cinco grados, lo que
tuvo el efecto que se le arqueara la espalda y así presentar su culo justo
donde Dominic lo quería. Dominic lamió un camino desde las bolas de
Levi hasta su agujero, entonces enterró su rostro entre las mejillas.
Levi dejó escapar un jadeo desigual que se disparó directamente al
pene de Dominic. Sus muslos se arquearon, separándose, y Dominic
extendió sus mejillas aún más. Después de lavar el agujero de Levi con
besos de boca abierta, movió burlonamente su lengua sobre la carne
sensible y la arrastró en círculos alrededor del borde.
Esta era la forma de hacer que Levi perdiera el control. Estaba
gimoteando ahora, sus caderas se retorcían inquietas. Tenía una mano
apoyada en el estómago de Dominic, y la otra aún tirando de su pene,
aunque los movimientos se habían vuelto torpes y descoordinados.
Cuando Dominic le metió la lengua en el agujero, Levi soltó un
gritito y abandonó el pene de Dominic por completo, su mano se disparó
entre sus propias piernas para sacudirse. Dominic le dio lo que
necesitaba, jodiéndole vigorosamente con la lengua. Levi se empujó hacia
atrás, montándole la cara mientras sus gritos se hacían más fuertes y
frenéticos.
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No pasó mucho tiempo antes que la mandíbula de Dominic doliera
tanto como su descuidado pene. Se retiró un poco, chupó su dedo índice
hasta que se empapó de saliva y metió el dedo en el culo de Levi.
Moviéndose con cuidado, sabiendo que la fricción sería significativa sin
lubricante real, enganchó su dedo hacia la parte frontal en su búsqueda
de...
Un fuerte grito marcó su contacto con la próstata de Levi. Dominic
sonrió y volvió a poner su cara allí, lamiendo el agujero alrededor de su
dedo mientras masajeaba la próstata de Levi, su dedo moviéndose y
pulsando justo donde sabía que su amante lo ansiaba.
—¡Joder! —Levi golpeó su trasero contra la cara y mano de
Dominic, sus piernas temblando donde estaban sujetas contra el cuerpo
de Dominic—. Así, oh Dios mío, no pares, no pares, no pares...
Su voz se elevó hasta llegar al grito que él había estado esperando,
su agujero apretó alrededor de los dedos mientras se corría sobre todo el
estómago y la camisa desabotonada de Dominic. Dominic mantuvo la
presión sobre su próstata hasta que él estuvo gimiendo y temblando con
las réplicas, drenado de cada gota.
Era fácil para Dominic dejar de lado sus propias necesidades
cuando estaba viendo el placer de Levi, pero ahora que ya había sido
atendido, las demandas de su propia erección hinchada cayeron con una
venganza. Retiró el dedo, golpeó el culo de Levi y lo empujó hacia
adelante.
—Levi, vamos. Venga.
Todavía jadeando, Levi quitó las piernas de los hombros de
Dominic y avanzó arrastrando los pies hacia adelante hasta que estuvo
agachado sobre el estómago de Dominic, en una mejor posición para
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chupar adecuadamente el pene de Dominic. Eso le dio una deliciosa vista
de su agujero brillante que se flexionaba y revoloteaba entre esas
exuberantes mejillas.
Dominic había olvidado que estaba atado. Intentó alcanzar a Levi
con las dos manos, solo para que su derecha llegara hasta donde daban
las esposas. La lujuria corrió por su espina dorsal, contrayendo sus
pelotas y liberando una corriente de pre-semen en la ocupada boca de
Levi.
Agarró el culo de Levi con su única mano disponible, acariciando
con el pulgar el agujero para darle un poco más de ánimo. Levi era un
desastre caliente esta vez, pero había un encanto especial en una
mamada descuidada, demasiado entusiasta. Podía sentirlo ahogándose y
gimiendo alrededor de su pene, incitándolo a subir sus caderas a un
ritmo cada vez más rápido.
Dominic se tensó contra las esposas una y otra vez, el recordatorio
de su estado vulnerable ahora más emocionante que cualquier otra cosa.
Solo podía joder la boca de Levi porque Levi le estaba dejando hacerlo.
Todo lo que podía hacer era acostarse aquí y aceptar lo que consideraran
conveniente darle. Si Levi se levantaba y salía ahora mismo, no podría
detenerlo.
Irónicamente, la idea de que Levi pudiera abandonarlo en la
cúspide del orgasmo fue lo que lo empujó hasta el borde. Pero él quería
más que correrse en su boca, sin importar cuanto Levi quisiera eso. No,
Dominic necesitaba venirse sobre todo su cuerpo, tenía que marcarlo,
tenía que demostrar que le pertenecía a él y solo a él...
—Levi. —Cuando no respondió, Dominic apretó su culo con fuerza
y deslizó la punta de su pulgar en el agujero de Levi, lo que hizo que éste
se sacudiera y lo mirara—. Déjame venirme en tu cara.
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Levi arrugó la nariz.
—¿Qué? ¡No!
—Por favor. —Dominic metió su pulgar más adentro, disfrutando
el tembloroso gemido de Levi—. Yo haré cualquier cosa que quieras. Por
favor.
—No te dejaré venirte sobre mi cara, Dominic. —Levi se mordió el
labio, rodando las caderas contra su mano—. Puedes venirte sobre mi
espalda.
—Está bien —aceptó Dominic rápidamente. Eso era casi tan bueno
como lo otro.
Levi avanzó, a horcajadas sobre los muslos de Dominic. Arqueó su
espalda y presionó su culo contra la base del pene de Dominic.
—Oh, joder, quédate así. —Dominic se sacudió con la mano, un
poco incómodo, porque tenía que usar su izquierda, pero estaba muy
lejos del punto de dar mierda por eso. Se sacudió brutalmente, mirando
fijamente la visión que tenía ante él. Levi tenía el rostro medio vuelto,
mirándolo por el rabillo del ojo, fingiendo que no estaba ansioso por un
disparo, el bastardo.
Dominic volvió a tirar de las esposas, dándose una última chispa,
y disparó su carga por todos los músculos apretados de la espalda de
Levi. Levi hizo ruidos tranquilos mientras Dominic llovía sobre su piel,
pulso tras pulso, desgarrando su hermoso cuerpo, hasta que logró un
disparo final en la base de la columna vertebral de Levi y se dejó caer
contra la cama, exhausto.
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Levi agachó la cabeza entre los brazos y no se movió. Dominic cerró
los ojos, queriendo saborear el brillo posterior antes que inevitablemente
se rompiera.
Aproximadamente un minuto después, Levi se bajó de él y entró al
baño. Dominic no se molestó en abrir los ojos hasta que regresó, pero
todo lo que Levi hizo fue limpiarle en silencio su corrida del estómago y
camisa con un paño húmedo.
Aunque Levi estaba desnudo, Dominic estaba completamente
vestido, aunque con su ropa en completo desorden. Incluso aún tenía sus
zapatos puestos.
Levi frunció el ceño ante el brazo derecho de Dominic.
—Tu muñeca está magullada.
—Está bien. Estaba tirando de las esposas a propósito.
Levi se encontró con los ojos de Dominic por primera vez, desde
que ambos se habían venido, e inmediatamente apartaron la mirada.
—Puedes quitarlas —dijo Dominic—. Te doy mi palabra que no me
iré del departamento esta noche si me das una razón para quedarme.
Levi le lanzó una mirada incrédula.
—Por favor. Podemos seguir enojados el uno con el otro mañana.
Yo solo… —Dominic se calló y suspiró. Siempre se sentía un poco en
carne viva después de ser restringido durante el sexo, y no podía manejar
la amargura y el resentimiento que había entre ellos en este momento.
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Después de un largo momento, Levi asintió, apartó la toalla y sacó
la llave de sus jeans. Se subió a Dominic para arrodillarse sobre su lado
derecho mientras abría las esposas.
En el segundo que estuvo libre, presionó a Levi de lado y se tiró
encima, intentándolo sujetar a la cama. Pero Levi había anticipado el
movimiento, y usó el impulso de Dominic contra él para mantenerlos
rodando, justo al borde de la cama. Dominic aterrizó duro sobre su
espalda con todo el peso de Levi encima de él.
Mientras Dominic tosía, luchando por recuperar el aliento, Levi se
levantó de un salto y se alejó. Era revelador que no saliera de la
habitación. En cambio, se apoyó contra la pared, que era algo que un
luchador entrenado nunca haría en una confrontación real. Ni siquiera
tenía las manos en alto; sus brazos permanecían flojos a los costados,
sus palmas apoyadas contra la pared.
Dominic se puso de pie lentamente. Cuando Levi todavía no se
movió, Dominic se quitó la camisa desabrochada, dejando sus bóxer y
sus jeans junto a ella, cada movimiento sin prisas y deliberado.
Todo lo que Levi hizo fue mirarlo, su pecho agitado.
—Vas a pagar por lo que me hiciste —aseguró Dominic quien
caminó a través del dormitorio, agarró las caderas de Levi y le empujó
fuerte contra la pared, utilizando su altura y volumen sobre él. La
respiración de Levi se aceleró aún más.
Tenían una palabra segura, pero con o sin ella, Dominic se habría
detenido si hubiera visto el más mínimo indicio de temor, duda o incluso
vacilación por parte de Levi.
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Lo único que se manifestaba en su lenguaje corporal era una
ferviente anticipación.
—Eso fue un terrible abuso de autoridad, Detective. —Dominic
acarició sus pulgares sobre los sensibles huesos de la cadera de Levi—.
Creo que alguien tiene que enseñarle una lección.
—Tendrás que atraparme primero —se burló Levi.
Dominic resopló.
—Creo que te tengo bastante bien...
Levi metió sus dedos en el hueco de la garganta de Dominic.
Mientras Dominic se tambaleaba hacia atrás, ahogándose, captó el
fantasma de una sonrisa en el rostro de Levi antes que huyera de la
habitación.
Dominic gruñó y le dio caza.
***
Levi se despertó solo unos minutos antes que se activara su
alarma. Saltó de la cama, se golpeó con la mesita de noche soltando una
maldición cuando un profundo dolor palpitó en su pecho y apretó los
dientes mientras buscaba su teléfono en el desorden en el suelo.
Lo encontró y canceló la alarma justo a tiempo para evitar que se
activase y despertara a Dominic. Miró hacia la cama. Rebel lo miraba con
curiosidad desde los pies, pero Dominic todavía estaba muerto para el
resto del mundo.
Crisis evitada.
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Era bueno que Dominic tuviera un sueño tan profundo, porque
Levi hacía más ruido de lo normal mientras cojeaba por el dormitorio,
recogiendo su ropa con cautela, deteniéndose de vez en cuando para
evitar soltar un grito de dolor.
Dominic lo había jodido la noche anterior en una variedad de
posiciones altamente imaginativas y extremadamente vigorosas. Se había
aprovechado de su vigorosa resistencia sexual para empujar a Levi hasta
el límite de lo que podía manejar y mantenerlo allí durante horas.
Levi había disfrutado cada segundo. Fue una de las mejores
sesiones de sexo que habían tenido nunca.
Pero ahora… ahora se sentía como el mayor idiota del mundo otra
vez. Se había acostado con su ex por enésima vez, a pesar que las cosas
solo estaban cambiando para peor. La recaída de Dominic se estaba
volviendo tan mala que había estado empeñando sus pertenencias y
descuidando las tareas básicas del hogar como lavar los platos y sacar la
basura durante lo que parecieron semanas. Sin embargo, Levi no podía
mantenerse fuera de su pene.
Esto era humillante.
Levi sentía que solo los cobardes se escaparían del apartamento de
Dominic sin despertarlo, pero no cambió de opinión al respecto. Cerró la
puerta de la calle tan silenciosamente como pudo cuando se fue, y sintió
otra punzada de remordimiento cuando se dio cuenta que no tenía las
llaves de las nuevas cerraduras.
Oh bien. Al menos Dominic tenía a Rebel.
Levi hizo su lento y doloroso camino por la escalera exterior y se
dirigió hacia el estacionamiento. No podría haber sido más obvio lo que
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había hecho la noche anterior. Iba a tener que tomar una tonelada de
ibuprofeno, e incluso entonces, no estaba seguro de poder caminar
normalmente durante al menos un día. Tal vez debería simplemente
llamar y decir que estaba enfermo.
Era natural en Levi buscar debajo de su auto cuando se acercó, así
como mirar en el asiento trasero antes de subir. El comportamiento era
tan automático que rara vez era consciente de ello, por lo que ya estaba
presionando el desbloque remoto en sus llaves cuando lanzó una mirada
casual a través de la ventana trasera de su Honda.
Había un hombre sentado en el asiento trasero.
Levi saltó hacia atrás, su dolor olvidado por una descarga de
adrenalina. Su mano fue por su arma, o donde habría estado su arma, si
la hubiera estado usando.
—Mierda. —Sacó su teléfono en su lugar. Tendría que llamar al
911, y tanto el teléfono como sus llaves podrían usarse como armas.
Sin embargo, mientras su pulgar se movía sobre el botón de
llamada, su nuca le pico con una sensación de inquietud.
Definitivamente había un hombre en el asiento trasero, la forma era
inconfundible incluso desde la distancia y a través del vidrio tintado, pero
ese hombre no se había movido. Ya debería haber notado a Levi y
reaccionado.
Con las armas improvisadas preparadas y listas, Levi se acercó al
auto con más cautela para mirar mejor.
Todo el aire dejó sus pulmones en una exhalación ruidosa. El
hombre era Wayne Reddick. Sostenía una caja de regalo alegremente
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envuelta en su regazo, rematada con un arco y un siete de picas, todo
empapado por la sangre de su garganta.
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Capítul♠ 8
—¿No deberías ir a trabajar? —preguntó Levi.
—Soy un investigador privado —le respondió Dominic—. Uno de
los beneficios es un horario flexible.
Levi no reaccionó a eso, pero igualmente Dominic no lo había visto
reaccionar a nada en la última hora. Su rostro era como de madera, su
voz plana… Había estado así desde que lo había despertado con la noticia
del último asesinato de los Siete de Picas.
El estacionamiento estaba lleno de agentes del LVMPD y del FBI,
incluido el escuadrón local de bombas, que había sido llamado para
inspeccionar el sospechoso paquete que estaba sosteniendo la víctima
dentro del auto de Levi. La cinta de la escena del crimen se colocó a lo
largo del perímetro para mantener a los espectadores alejados, un grupo
al que Levi pertenecía en esta época, lo que tenía que ser una píldora
difícil de tragar. Los curiosos vecinos de Dominic se amontonaban a lo
largo de la cerca de alambre que separaba el área del edificio, tratando
de ver mejor toda la conmoción, mientras que la prensa se mantenía a
raya en el costado de la calle.
Junto con Carlos y Jasmine, quienes se habían unido a ellos hace
rato, Dominic y Levi estaban parados a un costado, el cuerpo de Dominic
en ángulo para ocultar a Levi de las cámaras tanto como le fuera posible.
Rebel estaba sentada junto a Dominic, con una correa a pesar que no la
necesitaba, así que esta colgaba medio olvidada en su mano.
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Levi observó a los policías trabajando en su auto con un desapego
emocional que era preocupantemente poco característico. Aunque a
menudo él fingía ser frío y distante, eso nunca era verdad. ¿Dónde estaba
su ira por el crimen del Siete de Picas? ¿Su frustración por ser relegado
a los límites fuera de la escena del crimen?
Dominic lanzó a Jasmine una mirada impotente. Dio un paso
adelante y puso una mano en el hombro de Levi.
—¿Puedo conseguirte algo, Levi? ¿Café?
—No, gracias.
Las cejas de Carlos y Jasmine se dispararon, y la preocupación de
Dominic se multiplicó por diez. Nunca había escuchado a Levi rechazar
el café.
El escuadrón de bombas declaró que el paquete estaba libre de
explosivos, y los CSI y el fotógrafo de la escena del crimen comenzaron a
arrastrarse por todo el auto. Martine se encontraba a unos metros de
distancia, en una profunda conversación con el sargento Wen y una
mujer de color que vestía un rompevientos del FBI y a quien Dominic no
reconoció.
Manteniendo la cabeza girada, intentando proteger a Levi de una
amenaza entrante, Dominic reprimió un gemido cuando vio a Jonah
Gibbs caminando hacia ellos mientras aseguraba el perímetro.
Para sorpresa de Dominic, Gibbs saludó a Levi casi con suavidad.
—Hola, Detective. ¿Está bien?
—Estoy bien. Gracias. —Levi continuó con la mirada perdida en
dirección a su auto.
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Gibbs frunció el ceño a Dominic.
—¿Russo? ¿Qué estás haciendo aquí?
—Este es mi edificio.
Gibbs miró de un lado a otro entre Dominic y Levi, luego miró el
auto de Levi. No había manera de evitar que llegase a una conclusión
correcta, solo había una razón por la que estaría aparcado ante el
departamento de Dominic tan temprano en la mañana.
—Pensé que se habían separado —afirmó Gibbs.
Levi cerró los ojos.
—Muévase, oficial —soltó Dominic bruscamente.
Gibbs sonrió y se alejó. Levi respiró hondo y abrió los ojos, pero no
parecía siquiera un poco enojado, lo que preocupaba a Dominic más que
la reacción explosiva que había esperado.
La ira de Levi frecuentemente se volvía tóxica y fuera de control,
claro, pero también era su mecanismo de defensa más confiable. ¿Cómo
se protegería sin ella?
Cuando los técnicos terminaron con el auto, Martine se recostó en
el asiento trasero, sacó la caja de regalo y la colocó sobre el capó. Parecía
que la tapa estaba envuelta por separado del resto, porque ella pudo
levantarla sin desenvolver la caja. Miró dentro con el ceño fruncido, luego
sacó una grabadora de voz de mano.
Después de una breve conferencia con Wen, Martine caminó hacia
su pequeño grupo, se unió a ellos al otro lado de la cinta, e hizo un gesto
a Levi para que la acompañara a la esquina más alejada del área. Dominic
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entregó la correa de Rebel a Carlos y lo siguió sin ser invitado, pero
Martine no hizo ningún comentario.
—Esto es lo único que había en la caja —informó a Levi—. ¿Quieres
que lo escuche primero y te cuente qué hay en él?
Levi negó con la cabeza.
—Sólo enciéndela. Por favor.
Martine pulso Play. Los sonidos de golpes pesados y crujidos
húmedos llenaron el aire, junto con un hombre que gritaba de dolor,
alguien estaba recibiendo una seria paliza.
—¡No, por favor, está bien, está bien! —gritaba el hombre de la
grabación—. Lo haré, solo, ungh, solo por favor, detente. Haré lo que
quieras.
Lo que siguió definitivamente era otra persona hablando, pero la
grabación había sido alterada, por lo que la voz era solo un sonido
ininteligible whomp-whomp-whomp como en algunos dibujos animados.
El hombre resopló de miedo.
—Entiendo. Por favor, no. —Tomó varias respiraciones sollozantes
antes de continuar—. Mi nombre es Grant Sheppard. De 1999 a 2011,
fui el director del Departamento de Policía de Trenton.
Dominic, Levi y Martine se pusieron rígidos. En la grabación, la voz
misteriosa habló de nuevo.
—Te lo dije —soltó Sheppard— no hay manera que pueda recordar
cada caso que...
Aunque no hubo sonido de impacto, Sheppard soltó un grito agudo.
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—¡Mierda, está bien! Sí, recuerdo a quien te refieres. Fue en 2005
o 2006. Un chico de la universidad fue golpeado fuera de un bar gay. Fue
bastante malo.
Whomp-whomp.
—¿Cómo diablos me acordaría de la víctima...?
Esta vez, los gritos y las maldiciones de Sheppard se prolongaron
durante diez segundos completos. El estómago de Dominic se revolvió, y
Martine se estremeció mientras escuchaba. Levi era el único que no
parecía afectado.
—¡Levi Abrams! El nombre de la víctima era Levi Abrams. —
Sheppard lloró silenciosamente por unos momentos hasta que su
torturador volvió a hablar, y entonces él dijo—: Sí, eso es correcto. El caso
sigue sin resolverse. Los perpetradores nunca fueron identificados.
Whomp.
—¿Qué? No... —Sheppard gritó de terror, el ruido volvió la piel de
gallina en todo el cuerpo de Dominic—. Espera, ¡Dios, por favor! Por favor,
no. Te lo diré.
Hubo una pausa mientras Sheppard tragaba aire. Cuando volvió a
hablar, su voz estaba llena de mucosidad y sangre, sospechaba Dominic.
—Identificamos el posible vehículo de los sospechosos por una
cámara cercana que había capturado un automóvil en una luz roja. El
coche estaba registrado a nombre de un tal Scott West. Su padre era
senador estatal. Un pilar de la comunidad, uno de nuestros mayores
benefactores.
Levi retrocedió un paso.
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—Primero lo contactamos por cortesía —continuó Sheppard—.
Resulta que Scott y algunos de sus amigos habían estado... metidos en
algunas travesuras. Su padre nos ofreció dinero para solucionar el
problema. Así que barrimos todo bajo la alfombra.
Levi se balanceó sobre sus pies, su rostro absolutamente carente
de sangre. Dominic lo estabilizó.
Whomp-whomp-whomp.
—Sí —dijo Sheppard—. Yo... aconsejé a mis oficiales que aceptaran
un soborno a cambio de encubrir el violento crimen. ¿Es eso lo que
querías? ¿Para eso viniste aquí? —Sonaba desesperado ahora, sollozando
frenéticamente—. ¡Por favor, sé los nombres de los otros hombres! Te lo
puedo decir. Te lo contaré todo. Haré lo que quieras, solo por favor, por
favor, no... No, espera ... ¡No! ¡No!
La voz de Sheppard se volvió gritos histéricos, y luego la grabación
se cortó. Los tres se quedaron en silencio durante un minuto.
—Siempre nos dijeron que no tenían ninguna pista —musitó Levi
débilmente—. Mis padres los acosaron durante meses y ellos se cerraban
cada vez. Pero la policía sabía quién fue todo el tiempo. —Como la mano
de Dominic todavía estaba sobre su espalda, tuvo que empujarlo para
retroceder un paso.
—Parece que el Siete de Picas puede haber matado a este tipo
también. —Martine señaló a la grabadora—. Creo que deberías venir a la
subestación conmigo.
Levi asintió y dio varios pasos hacia ella. Parecía completamente
fuera de él, casi catatónico.
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—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Dominic sin pensar. ¿Por
qué Levi lo querría a él, de todas las personas?
—¿Hmm? —Levi parpadeó, pero no se rió ni se burló—. Oh. No,
estoy bien. Aunque gracias.
Y eso fue todo. Martine le dio a Dominic un pequeño asentimiento
que decía mucho... Yo lo cuidaré, no te preocupes, antes de alejarse con
Levi.
Cuando Dominic los vio irse, notó una obvia cojera en los pasos de
Levi y se palmeó la cara. Una visión que podría haberlo despertado en
otras circunstancias ahora lo hacía sentir como el mayor imbécil del
mundo. Había sido demasiado duro la noche anterior, y Levi tendría que
sufrir las consecuencias de eso todo el día además de lidiar con el resto
de esta basura.
En el auto de Levi, el investigador forense estaba supervisando la
transferencia del cadáver de la víctima a una bolsa en una camilla. Dos
muertos, dos desparecidos.
Dominic no pudo evitar la sensación de que lo peor estaba por
venir.
***
Levi no estaba acostumbrado a estar en este lado de la ecuación.
Se sentó en el sofá de la misma habitación donde había entrevistado a
Rose Nguyen, una taza de café intacta en la mesa auxiliar junto a él. Un
desagradable dolor de cabeza latía justo detrás de sus ojos, reverberando
a través de su cráneo sobre los músculos contracturados en su cuello y
hombros. Estaba teniendo problemas para concentrarse a través de la
niebla que se había apoderado de su cerebro.
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Los policías conocían la identidad de los hombres que lo habían
golpeado casi hasta matarlo. Los habían mirado a sus padres y a él a los
ojos y les habían mentido en la cara una y otra vez. A los hombres que
deberían haber ido a la cárcel se les había permitido caminar libremente
durante años, todo por dinero.
Esa revelación debería haberlo arrojado dentro de una furia impía;
había explotado por mucho menos en el pasado. Pero la ardiente ira que
lo infectaba en lo más profundo de su corazón, la brillante chispa siempre
lista para estallar en cualquier momento, se quedó dormida, dejándolo
vacío y frío justo cuando más la necesitaba.
Levantó la mirada cuando la puerta se abrió. Martine y Wen
entraron, acompañados por Natasha.
—Le pedí a Natasha que estuviera presente —explicó Martine—.
Espero que esté bien para ti.
—Por supuesto —aseguró Levi, quien estaba feliz de verla. Una
trabajadora social por capacitación y una mediadora por naturaleza,
Natasha ejercía una influencia calmante en cualquier situación y tenía la
habilidad de ofrecer apoyo sin juzgar.
Aunque el hecho de que Martine considerara necesaria la presencia
de Natasha no era una buena señal para la conversación que estaban a
punto de tener.
Martine y Wen se sentaron en las sillas frente al sofá, mientras que
Natasha se sentó junto a él. Ella dio un apretón a su rodilla y una sonrisa
alentadora.
Wen jugueteó con su corbata, aunque esta estaba perfecta.
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—El actual director de la policía en Trenton me dijo que Grant
Sheppard se mudó a Filadelfia después que se retiró. Acabo de hablar
por teléfono con el Departamento de Policía de Philly8 y nos enviaran un
fax sobre el archivo del caso de su homicidio.
—¿Así que fue asesinado? —preguntó Levi.
—Fue asesinado el 27 de diciembre en un aparente robo
domiciliario —respondió Martine—. Su casa fue saqueada, todo lo valioso
robado. Lo ataron a una silla, lo golpearon gravemente y lo electrocutaron
varias veces con una pistola paralizante antes de ser finalmente
apuñalado.
—¿Alguna droga en su sistema?
—No tenían razón para buscarlas.
—¿Había una carta siete de picas en la escena?
—No.
La frente de Levi se arrugó.
—No encaja con el MO de los Siete de Picas. Para nada. Ellos no
golpean a las personas, no apuñalan, solo les hemos visto usar una
pistola de aturdimiento en una ocasión… —Una llamarada de dolor
atravesó su cabeza, siseó y aplastó los talones de sus manos sobre sus
doloridos ojos—. Lo siento. Tengo un maldito dolor de cabeza.
Martine hizo un ruido exasperado.
—Estás en abstinencia de cafeína. Bebe tu café.
8 Philly: diminutivo comúnmente utilizado para Philadelphia.
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Él recogió su abandonada taza y tomó unos sorbos. Ya de por sí
era de mala calidad, peor aún estando tibio ya que había estado
esperando en esta habitación por un largo rato. Sin embargo, continuó
bebiéndolo porque era ligeramente preferible a los síntomas de
abstinencia.
—Casi todos los elementos de esta situación son una desviación de
la MO de los Siete de Picas —afirmó Wen—. Podemos asumir que su...
Apego a ti es lo que está conduciendo este comportamiento inusual. En
cuanto a Sheppard, tomar crédito por su muerte habría interferido con
los planes del asesino para atrapar a los otros cuatro hombres. Ahora
están moviéndose por Las Vegas con dos cautivos, planeando sabe Dios
qué, y no podemos anticipar sus acciones porque nunca han hecho algo
así antes.
—¿El FBI no ha logrado algún progreso en localizar a los hombres
desaparecidos? —preguntó Natasha.
Dejándose caer hacia atrás en su silla, Martine se pasó una mano
por sus cortos y elásticos rizos.
—No tenemos nada. Es como si hubieran sido secuestrados por
extraterrestres.
Levi tragó el terrible café.
—¿Qué pasa con los policías de Filadelfia? ¿Tienen alguna pista del
homicidio de Sheppard?
—Lo habían atribuido a las pandillas locales. —Wen vaciló—.
Pero... hay un problema.
Martine y él intercambiaron una mirada preocupada que
instantáneamente puso a Levi en alerta máxima.
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—¿Qué? —espetó.
Martine descruzó las piernas y las cruzó nuevamente antes de
hablar.
—Sheppard fue asesinado en Filadelfia el 27 de diciembre. Tú
estuviste en Nueva Jersey visitando a tu familia para Hanukkah el mismo
día.
Ahí estaba la ira de Levi.
Esta se encendió en llamas de un solo golpe, quemándolo de
adentro hacia afuera, haciéndolo temblar tanto que tuvo que darse prisa
para dejar su taza de café. Luchó por controlar su repentinamente rápida
respiración mientras sus manos se abrían y cerraban, desesperadas por
algo que lanzar, golpear, romper, cualquier cosa para liberar la furia que
quemaba su garganta y le revolvía el estómago.
—Debes estar bromeando. —El rostro de Natasha estaba aturdido
por el asombro—. Martine, para que tú, de todas las personas insinúes...
—No estoy insinuando nada —le cortó bruscamente Martine—. Yo
creería que Santa Claus es el Siete de Picas antes de creer que fuiste tú.
Pero tampoco creo que el momento del asesinato de Sheppard sea una
coincidencia. Tampoco lo es el hecho de que el cuerpo de Wayne Reddick
fuese encontrado en tu auto.
Levi tuvo que obligarse a repetir uno de los ejercicios de respiración
de Alana antes de confiar en sí mismo para hablar.
—Crees… ¿Qué el Siete de Picas me está inculpando? Eso no tiene
sentido.
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—El agente Chaudhary sugirió que los Siete de Picas querían
reclutarte como un activo en un futuro cercano. Esta puede ser su forma
de forzar tu aceptación.
—Independientemente de las intenciones del asesino, ahora es más
vital que antes que te mantengas lo más lejos posible del caso. —Wen se
pellizcó el puente de la nariz—. La prensa va a tener un día de campo con
esto. Trataremos de mantener la mayor parte del tiempo posible esto en
secreto, pero no se puede esconder que se te retiro de la investigación, y
cualquier periodista especializado podría averiguar por qué.
—Tal vez deberías tomarte el resto de la semana libre. —Natasha
le sugirió.
—No puedo hacerlo. Si no trabajo, me volveré loco. Además, tengo
una reunión programada con Carolyn Royce esta tarde.
—No hay razón para que no puedas trabajar —aseguró Wen—. Solo
sé tu habitual yo circunspecto. —Hizo una pausa—. Y si la prensa se
acerca a ti, intenta no…
—¿Arrojar gasolina al fuego? —completó irónicamente Levi.
Wen asintió. Levi no estaba ofendido; había una excelente
posibilidad que hiciera exactamente eso si un reportero lo confrontara de
mala manera mientras estaba en este estado de ánimo.
—Tengo que ir a casa a ducharme y cambiarme. Después de eso,
me quedaré en mi escritorio y revisaré mis llamadas hasta que sea hora
de reunirme con la Sra. Royce.
Al menos todo ese tiempo muerto le daría la oportunidad de utilizar
algunas de las técnicas de Alana para tratar con su ira de manera
constructiva. Con los Siete de Picas brillando como un reflector siempre
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encendido sobre él, no podía arriesgarse a hacer nada que dañara la
reputación del LVMPD.
O la suya.
***
Una campana sonó cuando Dominic abrió la puerta de Value Pawn.
A diferencia de algunas de las famosas casas de empeño de Las Vegas,
este antro, ubicado en un sórdido centro comercial en el lado oeste,
estaba sucio y en ruinas. Las ventanas estaban tan llenas con carteles
llamativos que anunciaban préstamos por día y dinero en efectivo por oro
que era poca la luz solar que podía penetrar, dejando la tienda iluminada
por el brillo enfermizo de los parpadeantes fluorescentes en el techo. Los
estantes estaban abarrotados de todo, desde artículos electrónicos, joyas
y bolsos de imitación que creaban pasillos estrechos y claustrofóbicos, y
las paredes estaban atestadas con escopetas y rifles suficientes para
armar a una pequeña milicia.
Un hombre blanco, delgado como un riel, con piel desgastada y una
barba gris desaliñada, estaba parado detrás del mostrador, mascando
ruidosamente tabaco mientras hojeaba una revista Guns & Ammo. En la
esquina, un televisor encadenado a donde la pared se encontraba con el
techo reproducía un programa diurno de entrevistas de mala calidad.
—Hola, Paulie —saludó Dominic mientras se acercaba.
—Russo —dijo Paulie sin levantar la mirada—. ¿Qué vendes hoy?
—No vendo. Compro.
Paulie resopló y pasó una página en su revista.
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—No tienes dinero. ¿A menos que finalmente hayas golpeado algo
grande?
Dominic colocó un sobre grueso sobre el mostrador.
—Mi cliente es el que paga.
Paulie miró el sobre mientras escupía un chorro de jugo de tabaco
en un vaso rojo descartable y entonces abrió el sobre. Deslizó su pulgar
a lo largo del fajo de billetes.
—Esto es mucho dinero —dijo suspicazmente.
—Ha habido una serie de secuestros en el Valle en los últimos
meses. Profesionales, víctimas de alto perfil, sin intervención de la policía,
hasta que la última víctima apareció asesinada este fin de semana.
—No sé nada sobre eso.
—Pero puedes averiguarlo.
Los ojos furtivos de Paulie recorrieron la tienda vacía. Dominic
puso ambas manos sobre el mostrador para reclamar su atención.
—¿Por qué crees que vengo aquí, Paulie? ¿Tus increíbles ofertas?
¿El fantástico ambiente? —Dominic se inclinó hacia delante—. Eres un
perista9 y un amañador. No vamos a jugar. Me has conectado antes.
—Eso fue cuando eras un cazarrecompensas —dijo Paulie con una
mueca—. Ahora eres un investigador privado que se está tirando a un
policía, o lo estabas, de todos modos. Te has vuelto legal, y yo no soy
idiota.
9 Fence: perista. Persona que vende artículos de dudosa procedencia.
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Ser cazarrecompensas no era menos legítimo que ser investigador
privado o policía, pero había una percepción generalizada de que los
cazarrecompensas solo lo hacían por el dinero y la emoción de la
persecución, estando a solo un paso de convertirse en criminales. Eso
había beneficiado a Dominic en el pasado, por lo que ahora no discutiría
contra eso.
—No soy policía. No me importa qué clase de mierda ilegal tienes
aquí. Solo quiero resolver este caso para mi cliente y obtener el resto del
pago. —No le preocupaba exagerar esa parte. Los cabrones como Paulie
siempre estaban dispuestos a creer que otras personas eran tan
codiciosas y corruptas como ellos mismos.
Paulie sorbió fuerte entre su masticar mientras consideraba el
dinero.
Dominic aprovechó la apertura.
—Trabajos como estos secuestros no caen sin causar algún tipo de
impacto. Mano de obra, recursos, una casa segura, es seguro que algo
habrían necesitado de la comunidad local. Solo necesito que me apuntes
en la dirección correcta.
Paulie escupió con decisión en el vaso descartable y tomó el sobre.
—Sí, está bien. Veré lo que puedo encontrar y te avisaré al móvil.
No vuelvas por aquí por al menos una semana.
—Es un trato.
Cuando Dominic se apartó del mostrador, sonó un estallido de
música diminuta de la televisión, que pasó del programa de entrevistas a
una sala de redacción local.
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—Este es un boletín de última hora —anunció la presentadora—.
El asesino en serie Siete de Picas se cobró otra víctima esta mañana… El
residente de Nueva Jersey, Wayne Reddick, es uno de los tres hombres
que fueron secuestrados en el club nocturno local Ambrosia el viernes
por la noche. Acabamos de enterarnos que el auto en el que se encontró
el cuerpo de Reddick pertenecía al Detective Levi Abrams del LVMPD.
Dominic se puso rígido. La imagen cambió a una vista panorámica
de la escena del crimen de esa mañana. Levi podía ser visto en el fondo,
pero el cuerpo de Dominic lo ocultaba bastante, como lo había previsto.
—Como hemos informado anteriormente, el Detective Abrams fue
uno de los detectives principales en el caso Siete de Picas hasta el sábado
pasado y fue retirado de la investigación por razones no reveladas luego
que el asesino en serie asesinó al turista Jared Foley en el hotel Caesars
Palace y supuestamente secuestró a tres de los amigos de Foley. Fuentes
internas en el LVMPD ahora nos dicen que el Detective Abrams tiene
fuertes conexiones personales con las cuatro víctimas, aunque la
naturaleza exacta de esa conexión aún no fue revelada.
Eso había sido rápido. Dominic se frotó la boca y la mandíbula con
una mano ansiosa, el aguijón contra su palma le recordó que había
olvidado afeitarse otra vez.
—También nos informaron que el Detective Abrams fue nombrado
una persona de interés en un homicidio en Filadelfia que ocurrió en
diciembre, aunque nuestras fuentes enfatizaron que no es un sospechoso
activo.
¿Qué? Ese... tenía que ser el ex Jefe de Policía de Trenton. ¿Por qué
Martine no le había avisado?
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—El LVMPD y el FBI continúan coordinando una cacería conjunta
en busca de los dos hombres que aún están desaparecidos. Se cree que
George Quintana y Scott West están cautivos por los Siete de Picas en
algún lugar del Valle de Las Vegas. El FBI está ofreciendo una
recompensa sustancial a cambio de información que conduzca a su
paradero…
—Parece que ese chico tuyo se metió en un poco de agua hirviendo
—comentó Paulie mientras la presentadora continuaba apelando al
público.
—Él no es mi chico —afirmó Dominic distraídamente, con los ojos
aún clavados en el televisor.
—Desearía que la policía encontrara a ese monstruo. —Paulie
sorbió entre su masticar—. Es malo para los negocios.
Apartando su atención del televisor, Dominic le lanzó a Paulie una
sonrisa de suficiencia.
—¿Qué sucede, Paulie? ¿Preocupado de que puedas ser el
siguiente?
Paulie frunció el ceño. Dominic rió entre dientes y se dirigió a la
puerta, aunque ahora su mente estaba menos centrada en el caso Royce
y más en Levi.
Durante el año pasado, Levi se había convertido en una figura
pública muy reconocida en Las Vegas. En general, estaba bien
considerado, su mística solo se acentuaba por su directo rechazo a hablar
con la prensa, pero si la opinión pública se volvía contra él ahora…
Al salir de la casa de empeños, Dominic se topó con un grupo de
tres cabezas rapadas que entraban. Llevaban camisetas sin mangas y
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pantalones de tiros bajos, todo justo para mostrar los tatuajes de los
símbolos de la supremacía blanca y los signos de pandillas de Utopía
gravados en sus pálidas pieles.
—Cuidado, hermano —le espetó uno de los pandilleros.
Dominic se incorporó en toda su altura, dejando que la anchura de
sus hombros y la mayor parte de sus músculos hablasen por él. Pudo ver
que los hombres estaban cargados, tenían sus armas metidas en sus
cinturones, los idiotas, pero él también iba armado. Desde que los Siete
de Picas habían destrozado su departamento, había empezado a llevar su
arma a todas partes, pero él tenía licencia. Y dudaba que estos idiotas
tuvieran algún entrenamiento o habilidad real con un arma de fuego.
Un ansia imprudente dentro de él quería que los hombres
comenzaran algo. Tenía quince centímetros y casi treinta kilos más de
músculos que el más grande de ellos, y derrotar a tres punks nazis
dejándoles como pulpa sanguinolenta podría ser lo más divertido que
había hecho en mucho tiempo.
—¿Tenemos un problema? —preguntó suavemente.
El pandillero que había hablado vaciló, recapitulando sobre la
estatura de Dominic. Sus ojos viajaron bien consientes sobre el ligero
bulto de la funda de hombro debajo de la chaqueta de Dominic, por lo
que parecía que no era un total idiota.
—Nah, hombre. —Levantó las manos, aunque su pecho todavía
estaba inflado—. Todo bien.
Él y sus dos amigos continuaron su camino. Dominic miró a Paulie,
preguntándose si debería dejarlo solo con estos cabezas rapadas. Paulie
observaba a los hombres con clara irritación, pero sin miedo aparente.
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Imaginando que un hombre cristiano blanco y hetero como Paulie
estaba tan a salvo de Utopía como cualquiera podría estarlo, Dominic
salió de la tienda con el ruido de la campana sobre la puerta.
***
Levi entró en el garaje para visitantes en un parque empresarial al
este de la Strip, no lejos de donde vivía Dominic cerca de la Universidad
de Nevada, Las Vegas. Su coche personal aún era una escena del crimen,
por lo que había tomado un sedán sin marcas del departamento. Pero,
incluso una vez que devolvieran su auto, nunca podría volver a
conducirlo. Tal vez debería donarlo.
Sacudiendo la cabeza, Levi sacó su mente de los Siete de Picas y
volvió a ponerla en el asunto que tenía entre manos. De todos los
involucrados en los casos de secuestro, Nathan Royce tenía los mejores
medios y oportunidades, tenía acceso ilimitado a las políticas de K&R y
recursos más que suficientes para contratar a mercenarios profesionales.
El eslabón perdido era el motivo. Levi había venido aquí para seguir
su corazonada sobre que la relación de Royce con su asistente Juliette
podría haberle llevado a organizar los secuestros para después poder huir
con ella. Aunque esa teoría planteaba la cuestión de por qué Royce
secuestraría a Buckner cuando él sabía a ciencia cierta que la póliza del
hombre había caducado.
Dominic pudo haberle ganado en entrevistar a las víctimas, pero
seguramente él no se habría acercado a Carolyn Royce; no investigaría a
su propio cliente, simplemente para evitar molestar a su jefe. Esta era
una ventaja que Levi se había guardado.
Se paseó por el parque empresarial, observando los pálidos y
ordenados edificios de estuco con sus ordenadas filas de enormes
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ventanas. Esto no era diferente de lo que vería en su casa en Nueva
Jersey, con la excepción de las palmeras que salpicaban el paisaje.
Carolyn y Nathan Royce se habían enriquecido antes de casarse.
Ella era Vicepresidenta Ejecutiva de Graff Gaming, una corporación que
poseía docenas de propiedades de juego de azar en los Estados Unidos.
Fue fundada por su abuelo, y su familia aún manejaba la empresa,
aunque desde entonces se había hecho pública.
Después de revisar el directorio del edificio, Levi tomó el ascensor
hasta el tercer piso y salió al vestíbulo de las oficinas centrales de Graff
Gaming. Se acercó al escritorio de la recepcionista y se cruzó con un
grupo de personas que charlaban y que perdieron el turno en el ascensor
cuando se cerró detrás de él.
Le mostró a la recepcionista su placa.
—Soy el detective Levi Abrams del LVMPD. Tengo una cita para ver
a Carolyn Royce.
El grupo junto al ascensor, que ya habían estado lanzando miradas
curiosas hacia él, dejó de hablar y lo miraron fijamente. La recepcionista
lo miró boquiabierta. Las puertas del ascensor se abrieron nuevamente
con un suave sonido y se cerraron de unos segundos más tarde cuando
nadie ingresó.
Levi se obligó a no reaccionar. Martine le había advertido que
algunas de las noticias sobre su conexión con las víctimas de los Siete de
Picas y el asesinato de Sheppard se habían filtrado.
En lugar de acosar a la recepcionista de la forma en que sentía, se
apretó la cintura con las manos hasta que sus nudillos se tensaron
contra su piel, y simplemente levantó las cejas.
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—Um… Sí, señor. Un momento —Ella cogió su teléfono y pulsó una
extensión—. ¿Alan? Tengo al detective Abrams para la Sra. Royce… Sí,
gracias. —Ella colgó, le dio a Levi una sonrisa incómoda—. Su asistente
ya está con usted.
—Gracias.
Ella siguió observándolo. Las personas en el ascensor estaban
murmurando, sin hacer algún movimiento para llamar nuevamente al
ascensor, y Levi no pudo soportarlo más así que se giró.
—¿No tienen a dónde ir? —les soltó fríamente.
Los mirones se sobresaltaron, la mayoría sonrojándose y
agachando la cabeza. El hombre más cercano al ascensor pulsó el botón
de llamada. Las puertas se abrieron de inmediato, y se apilaron dentro.
Todos evitaron los ojos de Levi hasta que el ascensor se los llevó.
Cuando el asistente vino a buscarlo, fue mucho más discreto, le
dio una bienvenida cortés y lo llevó a una oficina en la esquina. Llamó a
la puerta y abrió sin esperar una respuesta, haciendo entrar a Levi.
La oficina era un espacio hermoso, decorado con obvia riqueza,
pero sin ostentación. Fotografías enmarcadas de las propiedades de Graff
Gaming colgaban en las paredes junto con varios premios de la industria
y un diploma de la Escuela de Negocios de Wharton.
La mujer que se levantó de su escritorio y se acercó para saludarle
era blanca, de unos cincuenta años, con su cabello mezcla entre rubio
pálido y plateado. Al igual que su oficina, no exhibía una muestra vulgar
de su riqueza, pero Levi notó el ajuste personalizado de su traje, las perlas
que adornaban sus orejas y su garganta, el reloj Patek Philippe brillando
en su muñeca. Esta mujer tenía dinero, y en abundancia.
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—Detective Abrams —le saludó con una sonrisa amable—. Es un
placer conocerle.
—Gracias por hacer tiempo para verme, señora Royce.
—Carolyn, por favor.
—Levi —él devolvió la cortesía mientras se estrechaban las manos.
—Tengo que admitir que ya sé mucho sobre ti. He estado siguiendo
el caso Siete de Picas desde abril pasado. —Carolyn agitó una mano
señalando una silla cómoda y se sentó detrás de su escritorio—. Escuché
sobre las circunstancias del asesinato de esta mañana. Lo lamento
mucho. Eso debe haber sido horrible, y ser retirado de la investigación
después de todo tu arduo trabajo…
Levi se mantuvo rígido, posado en el borde de su asiento.
—Fue en el mejor interés del caso.
—¿Esos otros dos hombres todavía están desaparecidos?
—Sra... Carolyn. Con el debido respeto, no puedo comentar sobre
esa investigación. Estoy aquí para hablar sobre un conjunto diferente de
secuestros.
—Sí, por supuesto. —No lució ofendida por el brusco cambio de
tema—. Los clientes de las pólizas de secuestro y rescate de Nathan, lo
dijiste por teléfono. Me encantaría ayudar, pero no estoy segura de cómo
puedo.
—¿Te ha dicho él lo que ha estado pasando? —preguntó Levi.
Ella movió su mano hacia adelante y hacia atrás.
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—Un poco. Generalmente no hablamos mucho sobre trabajo. Me
contó más después del homicidio, pero…
Llenó los espacios en blanco por ella, aunque obvio algunos
detalles que no habían sido compartidos con el público. Ella escuchó con
la barbilla apoyada sobre sus manos unidas, con un ligero ceño fruncido
en su rostro.
—¿Entonces Nathan piensa que es un sabotaje corporativo o un
fraude de seguros? —aventuró ella cuando él terminó.
—Sí. Pero el investigador privado que contrató no ha encontrado
ninguna evidencia al respecto. —Él la observó atentamente—. Si puedo
ser honesto, esto parece un trabajo interno.
—Trabajo interno... ¿Quieres decir que Nathan es sospechoso? —
Ella se recostó en su silla, agitando una mano—. Imposible. Nathan
nunca le haría daño a nadie y, además, no tiene razón para hacer tal
cosa. Arruinaría su reputación profesional, y no es como que necesite el
dinero.
—¿Estás segura de eso? ¿Tu esposo tiene deudas? ¿Algún interés
o actividad que pueda causarle problemas financieros?
Ella lanzó una mirada aguda hacia las fotografías en la pared.
—¿Quieres decir como problemas de juego? No. Nathan nunca ha
tomado muchos riesgos, lo cual es otra razón por la que no puedo
imaginarlo haciendo algo como esto.
—Las personas pueden hacer cosas sorprendentes cuando están
acorralados —argumentó Levi—. ¿Tiene el señor Royce algún pasatiempo
costoso? ¿Coches, vinos? —Se detuvo un momento—. ¿Mujeres?
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Los labios de Carolyn se curvaron.
—Si hay algo que quieres decir, Levi, siéntete libre de hacerlo.
De acuerdo entonces.
—¿Sabes que tu marido está teniendo una aventura con su
asistente?
Inesperadamente, ella rió.
—Están durmiendo juntos, pero no es una aventura. Nathan y yo
siempre hemos sido una pareja abierta. Somos libres de divertirnos
siempre y cuando seamos discretos.
—¿Consideras que tener sexo con su asistente es ser discreto? —
Levi no pudo evitar que la incredulidad se le filtrara en la voz.
—No es lo más inteligente que él haya hecho. —Ella se encogió de
hombros—. Pero Juliette es muy hermosa, y Nathan es... Bueno, ya sabes
cómo son los hombres.
—¿Entonces su relación no es seria?
—Para nada.
Eso no encajaba con lo que Levi había observado de la interacción
de Royce y Juliette, aunque ese momento había sido breve.
—¿No le preocupa que él pudiera querer... Llevar más lejos su
relación con ella?
Ella parpadeó, y él pudo ver como juntaba las piezas.
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—¿Y empezar una nueva vida con ella y sus ganancias mal
habidas, quieres decir? No. Estoy segura que Juliette es una encantadora
compañera de juegos, pero eso es todo lo que es. Nathan no sacrificaría
su seguridad y estabilidad por ella, ni por nadie más. No es ese tipo de
hombre.
Aunque Levi quería darle el beneficio de la duda, había pasado una
década escuchando a cientos de personas repetir variaciones de esto… él
nunca haría eso. Ella no haría daño a una mosca. Él nunca me dejaría. En
todos los casos, esa enfática afirmación había sido totalmente errónea.
Todos escondían partes de sí mismos, incluso de las personas que más
amaban.
—¿Puedo preguntar en qué medida el Sr. Royce y tú comparten sus
finanzas? —preguntó en lugar de cuestionar directamente su fe en su
marido.
—No lo hacemos realmente. Ambos nos casamos con una gran
cantidad de dinero y bienes familiares, por lo que tenemos un estricto
acuerdo prematrimonial y mantenemos nuestros ingresos por separados.
Tenemos una cuenta conjunta para la hipoteca y cosas de esa naturaleza.
Lo que significa que sería fácil para Royce mover grandes
cantidades de dinero sin que su esposa fuese consciente de ello. Él podría
canalizar miles de dólares a los mercenarios bajo sus órdenes, y ella no
tendría forma de saberlo.
Levi tamborileó sus dedos sobre el brazo de su silla.
—¿Has notado algo inusual en su comportamiento últimamente?
¿Algo fuera de lo común?
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—No. —Carolyn respondió de inmediato, pero como la mayoría de
las personas, se detuvo y reconsideró una vez que pensó bien en la
pregunta—. Bueno, quiero decir, él ha parecido ansioso estas últimas
semanas. Nervioso, incluso. ¿Pero quién no lo estaría, considerando por
lo que está pasando?
—¿Qué quieres decir con ansioso y nervioso?
—Oh, tú sabes. Saliendo apresuradamente de la habitación para
tomar llamadas, a veces a horas extrañas. Se sobresalta bastante cuando
se lo toma por sorpresa. Manteniendo su maletín con él en todo momento.
—Su discurso se hizo más lento mientras hablaba, sus ojos se
desenfocaron—. Pero todo eso podría explicarse por los secuestros.
Probablemente estuviera hablando con su investigador.
Mientras que antes su voz había sido firme, con confianza, ahora
sonaba más como si estuviera tratando de convencerse a sí misma. Era
un fenómeno común, se le había pedido que considerara el
comportamiento reciente de Royce desde cierta perspectiva, ella estaba
viendo patrones que no había notado conscientemente antes.
Esa nueva sospecha significaba que ella haría parte del trabajo por
él; ella estaba en mejor posición para investigar a su marido de lo que
Levi podría. Decidió retroceder antes de presionar demasiado.
—Creo que tengo suficiente por ahora. —Le entregó su tarjeta
mientras se levantaba—. Si se te ocurre algo más, por favor, llámame.
—Por supuesto —aseguró ella, de pie junto a él—. No planeas
arrestar a Nathan, ¿verdad?
—No en este momento. No tenemos pruebas suficientes para
arrestar a nadie, aunque eso puede cambiar si hay otro secuestro. Con
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suerte, la intervención de la policía convencerá a quien esté detrás de
esto para que se detenga. —Levi miró su reloj, la mayor parte de su
atención en sus planes para el resto del día—. Ayudaría aún más, si su
esposo cooperara.
Carolyn frunció el ceño.
—¿Perdón?
—Él sabe quiénes son todas las posibles víctimas. La red de
secuestro solo apunta a los sujetos de las pólizas de secuestro y rescate
de KIG. El LVMPD desea advertir a todos los que aún estén en peligro,
pero él se niega a compartir esa lista con nosotros.
Su rostro se quedó en blanco por un momento, y luego sus fosas
nasales se agrandaron y sus labios se afinaron.
—¿El qué?
—Estamos luchando con sus abogados —dijo Levi, sorprendido por
la fuerte de su reacción—. Estoy seguro que eventualmente se verá
obligado a entregar la lista.
—No será necesario. —Su voz era tan ligera como sus ojos azul
pálido—. Yo me encargaré de eso. Tendrás esa lista al final del día, te doy
mi palabra.
Ese fue un golpe de suerte sorprendente. Levi no había estado
buscando la ayuda de Carolyn para confrontar a su esposo, pero de todas
maneras él estaría agradecido. No envidiaba a Royce sea lo que fuera que
ella tenía en mente hacer.
***
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Levi regresó a la subestación, pero odio la forma en que todos lo
trataban como si fuese un volcán al borde de la erupción, por lo que se
fue a la hora habitual del cambio de turno, lo que era tan inusual para él
que atrajo aún más la atención. Aunque Martine quería que se quedara
en su casa por un tiempo, no creyó que fuera una buena idea. Ella ya
tenía dos hijas adolescentes, por lo no necesitaba un tercer agujero negro
de depresión y problemas de manejo de la ira en su casa.
En vez de eso, fue al gimnasio en su edificio y se forzó a través de
más de una hora de entrenamiento a intervalos de alta intensidad, hasta
que estuvo agotado hasta los huesos y al borde de perder su estómago.
Luego subió a su departamento y tomó una ducha irresponsablemente
larga y abrasadoramente caliente.
Cuando salió del baño lleno de vapor, estaba tan mareado que
apenas llegó al sofá antes de caer. Sólo entonces se dio cuenta que no
había comido en todo el día.
Tomó su teléfono de la mesa de café y abrió la aplicación
Postmates. Sin embargo, a mitad de ordenar su cena, una notificación de
correo electrónico apareció en su pantalla.
Como le había prometido, Carolyn se había asegurado que la lista
de los titulares de pólizas de secuestro y rescate de KIG, junto con los
sujetos de dichas pólizas, fuera enviada por correo electrónico al LVMPD.
Levi había recibido una copia del mensaje.
Curioso, abandonó la cena y abrió el documento adjunto. Era una
lista larga, pero los nombres de los sujetos que vivían o que viajaban con
frecuencia a Las Vegas habían sido resaltados de manera útil.
Levi solo tuvo un momento para complacerse con eso antes que
sus ojos se atascaran con el primer nombre resaltado.
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Barclay, Stanton.
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Capítul♠ 9
—Detective, por favor disminuya la velocidad. Apenas puedo
entenderle.
—Necesito hablar con el Señor Barclay de inmediato. —Levi hizo
todo lo posible por hablar a velocidad normal, incluso mientras se
paseaba por su sala de estar como un tigre enloquecido—. Es una
emergencia. Lo he llamado cinco veces y no responde.
—El Señor Barclay está en Ginebra —dijo Bridget, la asistente
ejecutiva de Stanton. Su voz estaba sombreada con irritación.
Levi se giró tan repentinamente que se chocó con su sofá.
—¿Él qué?
—Está en una conferencia de la industria hotelera en Suiza. Están
nueve horas por delante nuestro. Estoy segura que la única razón por la
que no responde sus llamadas es porque está dormido. Sabe que apaga
el timbre de su teléfono cuando se va a la cama.
Con las rodillas débiles de alivio, Levi se apoyó pesadamente contra
el brazo del sofá.
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?
—Diez a.m. nuestras. Estaba bien entonces.
—¿Cuándo regresará a Las Vegas?
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—No hasta el próximo lunes. —Su tono se suavizó cuando agregó—
: Si realmente hay una emergencia, puedo darle su número en el hotel.
El teléfono de la habitación lo despertará.
—No, no —respondió Levi, contento que ella no pudiese ver el rubor
mortificado quemando sus mejillas—. Estaba preocupado por una
amenaza potencial para su seguridad, pero si no está en los Estados
Unidos, no está en peligro. —Se encogió al pensar en los frenéticos
múltiples mensajes de voz que había dejado a Stanton—. ¿Puedes por
favor decirle que no hay necesidad que me devuelva la llamada?
—Por supuesto, detective —respondió Bridget—. Ten una buena
noche.
—Igualmente.
Golpeó la tecla Fin, dejó caer el teléfono en el sofá y enterró su
rostro en ambas manos. Dios mío, había perdido su mierda y entró en
pánico como un novato en su primera llamada.
Stanton era el único hombre al que Levi había amado, además de
Dominic. Incluso después de su tumultuosa ruptura y todo el drama que
le siguió, una amenaza para Stanton había enfurecido a Levi tan
ferozmente como una amenaza a su propia familia.
Ahora que sabía que Stanton estaba a salvo en Suiza, Levi podía
relajarse. Dio un paso alrededor del sofá y tropezó bajó una ola de mareo
que casi lo hizo caer al suelo.
Maldita sea, aún no había comido.
***
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Un estridente sonido penetró en la espesa niebla del sueño que
asfixiaba el cerebro de Dominic. ¿Su teléfono?
Nop. No está pasando. Lo ignoró, se dio vuelta en la cama y estrelló
su cara contra la almohada. El sonido se detuvo, y volvió a caer en la
inconsciencia.
Segundos después, el zumbido comenzó de nuevo. Maldiciendo con
los ojos aún cerrados, estiró flojamente un brazo.
Sin embargo, cuando su mano hurgó entre el caos en su mesita de
noche y salió vacía, se vio obligado a abrir los ojos. A medida que su
cerebro volvió a conectarse, se dio cuenta que el timbre venía de la
dirección equivocada.
—Jódeme —gruñó entrecerrando los ojos en su oscura habitación.
Se colgó del borde del colchón, buscando su teléfono en la pila de
ropa sobre el suelo. Rebel golpeó su cola contra la cama mientras le
observaba.
Se había pasado todo el día anterior tocando a sus contactos en
todo el valle, diciendo que estaba investigando la red de secuestros. En
este punto, no se sorprendería si los secuestradores vinieran a buscarlo
solo para callarlo.
Después de diez agotadoras horas de plantar esas semillas, había
necesitado desahogarse. Así que había ido al Railroad Pass y terminó
quedándose hasta tarde. Aunque no tenía idea de qué hora era en este
momento, sabía que solo había dormido unas horas.
Gruñó triunfante cuando su mano se cerró alrededor de su móvil.
—¿Qué? —espetó sin verificar el identificador de llamadas.
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—¡Ha habido otro secuestro!
—¿Señor Royce? —Dominic se arrastró de regreso dentro de la
cama.
—Uno de nuestros asegurados acaba de llamarme. —Royce sonó
sin aliento como si hubiera estado corriendo—. El sujeto de su póliza,
Christelle Perrot, no llegó a casa el día de ayer, pero su auto está
estacionado en su camino de entrada con el teléfono en el tablero, al igual
que todas las demás víctimas.
—Espere… ¿Fue secuestrada anoche? —Dominic verificó la hora
en su teléfono, 7: 48—. ¿Por qué recién me avisa ahora?
—Nadie sabía que había sido secuestrada. No ha habido una
demanda de rescate. Su familia ni siquiera se dio cuenta que estaba
desaparecida hasta esta mañana, y fue solo por la historia de Buckner
en las noticias...
Interrumpiendo firmemente la diatriba de Royce, Dominic
preguntó:
—¿Qué quiere decir con que no ha habido una demanda de
rescate?
—Solo eso. No ha habido ninguna comunicación de los
secuestradores.
Dominic se enderezó. Sintiendo su tensión, Rebel ladeó la cabeza,
alerta y lista para los problemas.
—En todos los demás casos, los secuestradores se contactaron con
el titular de la póliza dentro de las dos horas posteriores al secuestro de
la víctima.
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—Sí. —La respiración de Royce era aún más agitada—. Y ahora ya
han pasado… ¿Diez? ¿Doce?
Algo había salido mal. Otra vez.
Dominic balanceó sus piernas por el costado de la cama y alcanzó
sus jeans del piso.
—¿Ya llamó a la policía?
Royce hizo un ruido estrangulado.
—¡Por supuesto que no! Usted sabe que lo primero que exigen los
secuestradores es que no involucremos a la policía. Nuestros
negociadores de crisis pueden manejarlo.
—¿Sí? —Dominic metió sus piernas en sus jeans y los levantó
mientras se ponía de pie—. ¿Con quiénes van a negociar?
—Yo…
—Llame al Detective Abrams —ordenó Dominic, abrochándose los
vaqueros con una mano—. Confíe en mí, si tengo que llamarlo yo mismo,
no va a estar feliz con ninguno de los dos.
—Pero…
—Él y su compañera no dudarán en acusarlo de obstrucción a la
justicia. Y el Detective Abrams tiene una amiga en la oficina del Fiscal del
Distrito que estará encantada de preparar una acusación por colaborar
e incitar el secuestro si él se lo pide.
—Está bien. —Royce aceptó con un profundo y exasperado gemido,
como si le hubiese cargado con una tarea irrazonable.
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—Le veré en su oficina en una hora. —Dominic colgó y arrojó su
teléfono sobre la cama antes de buscar una camisa limpia.
***
—Supongo que el secuestro es la nueva moda en Las Vegas —
comentó Martine.
Levi suspiró, observando a los CSI peinando el auto de Christelle
Perrot y tratando de mantener su mente fuera de los recuerdos de la
mañana anterior que le estaba trayendo. Al menos este auto no tenía un
cadáver, particularmente afortunado por el intempestivo calor. La
temperatura ya estaba pasando los treinta, subiendo más a cada hora a
medida que el sol golpeaba.
Tan pronto como Royce le informó del secuestro, Levi declaró que
el auto de la víctima era una escena del crimen y envió agentes
uniformados para asegurarlo. Esta era la primera vez que tenían acceso
a uno de estos autos tan pronto después del incidente. Aunque era poco
probable que mercenarios profesionales dejaran huellas dactilares en la
puerta o fibras extrañas sobre los asientos, todos cometían errores.
Levi miró la palaciega villa estilo mediterráneo detrás de ellos.
Christelle Perrot era una expatriada francesa que ocupaba un puesto
ejecutivo de alto rango en MGM Resorts. Había quedado viuda muy joven
con dos niños pequeños, por lo que su madre vivía con ella para brindarle
apoyo y cuidado a los niños. Como no era raro que Perrot trabajara hasta
tarde, toda la familia se había acostado la noche anterior sin pensar en
el hecho de ella que todavía no había regresado a casa.
Las entrevistas con su madre y compañeros de trabajo le
permitieron a Levi deducir su camino más probable a casa desde el
trabajo y solicitar imágenes de las cámaras de tráfico a lo largo de esa
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ruta. Si esto fuera como los otros trabajos que la red de secuestros había
realizado, le habían tendido una emboscada en una zona fuera de las
cámaras de vigilancia, la drogaron con una aguja y la arrastraron a uno
de sus vehículos. Luego se aseguraron que su auto y su teléfono móvil
fueran llevados a su casa, por lo que la información del GPS sería inútil.
Muy limpio. Muy ordenado. ¿Entonces dónde estaba la demanda
de rescate?
Lo más probable fuera que los secuestradores no hicieran ninguna
demanda porque no podían ofrecer una prueba de vida a cambio.
Levi no dudó en desparramar el nombre y la imagen de Perrot en
todas las redacciones de noticias del Valle. En este punto, después que
haber transcurrido al menos dieciocho horas sin comunicación de los
secuestradores, exponer el crimen no podría ponerla en mayor peligro del
que actualmente ella enfrentaba. Probablemente ya estaba muerta,
aunque Levi había sido cuidadoso con su familia para mantener un aire
de optimismo.
—¿Levi? ¿Estas escuchando?
—¿Eh? —Él giró su cabeza hacia Martine.
—Dije que creo que voy a dar marcha atrás en este caso. Parece
que lo tienes bajo control.
Su tono era tan casual como su lenguaje corporal, y si él no la
hubiera conocido bien, habría tomado la declaración como sonaba. Pero
atrapó las pequeñas líneas de tensión en las esquinas de sus ojos y boca,
la forma en que ella miraba ligeramente a la derecha en lugar de
encontrarse directamente con él. Ella se ofrecía a retirarse de la
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investigación para que él ocupara más tiempo y concentración,
distrayéndolo de los Siete de Picas.
—Yo... —Fue interrumpido por uno de los CSI que se aproximó.
—Detectives hemos extraído un montón de huellas dactilares y
muestras de cabello del auto, pero necesitamos muestras de eliminación
de la víctima, su familia y cualquier otra persona que pueda haber tenido
acceso al automóvil.
Levi asintió.
—Hablaré con su madre. Gracias.
El CSI se alejó. Sobre sus cabezas, la pequeña capa de nubes se
disipó y el sol brilló aún más. Martine arrugó la nariz y sacó un par de
gafas de sol del bolsillo de su chaqueta.
Levi no pudo evitar envidiar la imagen que ella proyectaba. Parecía
tan fresca y descansada con sus anteojos tipo aviador y su ceñido traje
de pantalón azul marino, su cabello rizado se agitaba con la brisa ligera.
—Voy a regresar a la subestación —dijo ella—. Tengo uniformados
contactando personalmente con todas las posibles víctimas de secuestro,
así que voy a chequear como van. Avísame si necesitas cualquier otra
cosa.
—Claro. —Mientras ella se alejaba, él gritó—: ¡Martine!
Ella se dio la vuelta.
Se había dicho a sí mismo que no iba a hacer esto, pero la pregunta
salió de todas formas.
—¿Es verdad que no hay ninguna pista sobre West y Quintana?
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—No muchas. La autopsia de Wayne Reddick reveló marcas de
ligaduras en sus muñecas y tobillos, así como ketamina en su sistema.
Está bastante claro que los Siete de Picas mantienen a los hombres
drogados y amarrados. —Ella hizo un gesto hacia el coche de Perrot—.
Estos secuestradores necesitan un equipo completo de mercenarios para
manejar a una persona por vez, pero los Siete de Picas no se preocupan
por el trato cordial. Los cautivos inconscientes son mucho más fáciles de
manejar y mantener ocultos.
Sus palabras golpearon a Levi con un nuevo razonamiento. Como
ella había mencionado, la droga elegida por los Siete de Picas era la
ketamina, para la cual tenían algún tipo de suministro grande y
asegurado. Después de un año de cooperar con la DEA para rastrear las
líneas de fabricación y distribución de ketamina en el oeste se USA, así
como de revisar minuciosamente las licencias de los profesionales
registrados para dispensarla, Levi no estuvo más cerca de descubrir cómo
el asesino obtenía las drogas que usaba para paralizar sus victimas
La red de secuestros se habría preparado de manera similar para
sedar a sus víctimas. Si fuesen de Las Vegas, habrían conseguido un
suministro antes de comenzar; si habían venido de afuera, habrían traído
esa provisión con ellos.
Lo que los secuestradores no habían podido planear era una
cirugía. El relato de Nguyen sobre escuchar frenéticas conversaciones
telefónicas susurradas entre los mercenarios y su jefe dejó en claro que
no había plan de contingencia ante la posibilidad que se rechazara una
demanda de rescate. La decisión de quitar su ojo había sido tomada en
el último minuto.
Si bien era posible que el equipo de mercenarios ya contara con un
miembro capaz de realizar una enucleación de grado médico, no habrían
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tenido ninguno de los suministros necesarios. Habrían necesitado
obtener bolsas de IV, instrumentos quirúrgicos, antibióticos…
—¿Martine todavía tienes ese contacto del enfermero en el Hospital
Valley?
El hombre en cuestión, había sido atrapado demasiadas veces
llevándose narcóticos recetados, por lo que se había convertido en
informante para evitar el tiempo en la cárcel y la pérdida de su licencia
de enfermería. Él había demostrado ser una fuente útil, porque no solo
se enlazaba con la escena de las drogas locales, sino que también
controlaba los robos y las ventas de suministros médicos en el mercado
negro.
Sus ojos se iluminaron cuando captó su expresión.
—Síp.
Levi sonrió, animado por el zumbido anticipatorio de una ventaja
prometedora.
—¿Crees que podrías organizar una reunión?
***
Devil Dogs, el bar que Paulie había señalado a Dominic, se
encontraba de manera incongruente en el área de Chinatown, dos
cuadras al oeste de la Strip. Sus ventanas ennegrecidas y su sutil letrero
casi se perdían en la profusión de restaurantes chinos, tailandeses y
vietnamitas que lo rodeaban en la cuadra comercial.
Vestido con una maltratada chaqueta de cuero y unos jeans
desgastados, Dominic abrió la puerta. Había oído hablar de este lugar,
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pero nunca había estado aquí, era un bar de la Marina, aunque en teoría
daban la bienvenida a cualquier tipo de veteranos.
El interior estaba limpio y despejado, era un típico local de base,
con recuerdos de los Marines en las paredes, pero sin otro tipo de
decoración. Era temprano en la noche, pero los especiales de la hora feliz
habían atraído a una respetable multitud, charlando en grupos ya sean
en las mesas o relajándose en la barra. Nadie le prestó atención más allá
de un segundo vistazo del tipo Mierda, ese es un hombre grande al que
estaba acostumbrado a recibir de extraños.
Dominic vio a su objetivo en el otro extremo de la barra. Doug
Ephron, ex Marine, ahora empleado de la firma de seguridad privada
Delgado & Vincent. De acuerdo con las fuentes de Paulie, Ephron no era
ajeno a los segundos trabajos de dudosa legalidad, y había estado
aflojando su borracha boca por allí después que el homicidio de Buckner
fuera noticia. Puede que no haya estado involucrado, pero sabía más de
lo que debería.
Dominic iba a averiguar qué.
Afortunadamente, había un lugar libre al lado de Ephron. Dominic
se acomodó en el taburete, lanzó una mirada de reojo a lo que estaba
bebiendo, y ordenó un trago de whisky con una cerveza marca IPA para
él. No era idéntico a la elección del hombre, pero estaba lo
suficientemente cerca como para que Ephron sintiera una familiaridad
subconsciente hacia él desde el principio.
Ignorando a Ephron, se bebió de un trago el whisky y luego tomó
un sorbo de cerveza. Fue una lucha mantener la mueca fuera de su
rostro, nunca le habían gustado las IPA.
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Cuando dejó el vaso, presionó su mano justo debajo del lado
derecho de su clavícula, sobre una antigua herida de bala. Entonces dejó
que la mueca saliera, moviendo el hombro unas cuantas veces y
exhalando un largo y lento suspiro, como si estuviera tratando de
permanecer estoico ante un gran dolor.
No estaba dolorido, por supuesto. La lesión tenía muchos años y
ya no le causaba problemas. Pero Ephron, quien también había recibido
un disparo en el cumplimiento de su deber, no lo sabía.
—¿Mala lesión? —preguntó Ephron, señalando con la cabeza al
hombro de Dominic.
—Atrapé una bala en Afganistán. —Dominic se negó a aclarar
exactamente cuándo había ocurrido eso—. Todavía me molesta algunas
veces.
Ephron se dio una palmada en el muslo izquierdo.
—Igual aquí. Conseguí un injerto de hueso y todo, pero al menos
me quedé con la pierna. ¿Eres Marine?
—Ranger, 2º Batallón.
Le habría ayudado en su relación con Ephron si él también hubiera
podido presentarse como un Marine, pero Dominic no estaba lo
suficientemente loco como para mentir sobre su historia militar en un
bar lleno de Jarheads10. Mientras no actuara engreído como lo hacían
algunos Rangers, no debería causar demasiada fricción entre ellos.
10JarHeads: El título hace referencia a la forma coloquial con la que se denomina a los
marines, «cabezabotes», debido a la apariencia otorgada por el corte de pelo militar típico
de los marines.
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—No me digas —dijo Ephron, mirando a Dominic de arriba a
abajo—. Bueno, al menos no eres un Squid11.
Dominic rió. Si había una cosa que podía unir a un Marine y un
Ranger, era su disgusto por los de la Armada.
—Beberé por eso. —Chocó su vaso contra el de Ephron y tomó un
profundo trago antes de agregar—. ¿Te invito otro?
Conseguir que Ephron se emborrachara descuidadamente
requeriría menos esfuerzo que disparar a un objetivo estacionario a
quemarropa. Dominic excusó su propio ritmo lento de beber al afirmar
que no quería mezclar demasiado alcohol con los analgésicos para su
lesión, y Ephron estaba feliz de dejar que Dominic le comprase ronda tras
ronda. Durante un rato intercambiaron historias de guerra, mientras
Dominic guiaba la conversación para crear la mayor camaradería posible,
hasta que Ephron arrastraba las palabras y se balanceaba en su
taburete.
—Entonces —balbuceó Ephron, moviendo la cabeza de lado a
lado— ¿qué haces ahora que estás de regreso en casa?
—Soy cazarrecompensas. Buen dinero, y puedo escoger mi propio
horario.
—Sí, conozco a algunos chicos que se metieron en eso. Pero los
contratistas de seguridad privada... —Ephron dio una palmada en el
hombro derecho de Dominic y luego se disculpó cuando hizo una mueca
de dolor—. Ahí es donde está el dinero real, mi amigo. Mucho mejor pago
y beneficios que nunca verías en el ejército.
11 Squid: Calamar, nombre dado a los militares de la Armada.
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Ahora si estaban llegando a alguna parte.
—Lo he oído, pero esos lugares no tienden a convertirse en campos
de reclutamiento para... Ya sabes —Dominic bajó la voz y miró alrededor
de la barra—. ¿Mercenarios?
Ephron resopló, haciendo un gesto dramático con su vaso dejando
caer la cerveza sobre el borde.
—¿Y qué? ¿Un hombre no puede tomar un trabajo de vez en
cuando para llegar a fin de mes?
—Supongo que me preocuparía que me atraparan —argumentó
Dominic.
—La clave es… —Ephron hipó, de un trago se terminó el resto de
su cerveza y golpeó el vaso vacío sobre la barra—. La clave es establecer
algunas reglas, ver y atenerse a ellas. Ni niños, ni mujeres. Ese tipo de
cosas. No quieres ir demasiado lejos.
Dominic le indicó al cantinero que volviera a llenar el vaso de
Ephron.
—¿Así que no aceptarías un trabajo si pensaras que una mujer
podría salir lastimada?
—Diablos, no —espetó Ephron, inflando su pecho—. No me
importa lo grande que sea el pago, tienes que trazar la línea en algún
lugar. Y se lo diría directamente al cliente en su cara.
—Parece que estás hablando por experiencia.
—Sucedió. ¿Has oído hablar de ese asesinato, en el lado oeste? ¿El
tipo con el ojo cortado? —Cuando Dominic asintió, Ephron hizo un ruido
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de disgusto—. Jodidos aficionados. Sabía que ese trabajo sería un
problema a un kilómetro de distancia.
—¿Alguien trató de contratarte para eso?
—Yo… —Ephron apenas logró enfocarse en el rostro de Dominic,
estrechando sus ojos húmedos—. Oye, ¿por qué estás tan interesado en
eso?
—Sólo por conversar —respondió Dominic, pero era demasiado
tarde.
Los ojos de Ephron pasaron de su vaso al de Dominic, y su
expresión se oscureció.
—¿Me estás emborrachando a propósito? ¿Eres policía o algo así?
—Se levantó tambaleante de su taburete, su voz se elevó al nivel de un
grito—. ¿Qué tipo de maldito juego estás jugando?
Librarse mediante algún subterfugio ya no era una opción.
Dominic ni siquiera se puso de pie; su mano derecha salió disparada
hacia la garganta de Ephron golpeando al hombre contra su taburete con
tanta fuerza que este se balanceó sobre sus patas traseras antes de volver
a su lugar.
Manteniendo su agarre mientras Ephron abofeteaba inútilmente
su mano, Dominic miró por encima de su hombro. La conmoción había
llamado la atención de todos en el bar. Unos cuantos hombres y mujeres
se habían levantado de sus asientos, mirando a Dominic con ojos duros
que decían que no les importaría enseñarle el significado de Semper
Fidelis con sus puños.
—Es solo un enojo de borracho —aseguró Dominic—. Estoy
tratando de convencerlo que llame a su patrocinador.
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El estado de ánimo en el bar cambió a uno de pena y compasión, y
recibió algunos asentimientos de comprensión cuando todos regresaron
a sus asuntos. Cada veterano aquí dentro había visto la devastación que
la dependencia del alcohol podía causar en uno de los suyos.
Dominic miró a Ephron, que todavía estaba luchando por liberarse,
y apretó un poco los dedos.
—No soy policía —aseguró en voz baja—. Lo que significa que no
tengo ningún problema para llevar esto afuera. ¿Crees que estás
preparado para eso?
Ephron se quedó quieto, con las manos apoyadas en la muñeca de
Dominic. Por supuesto que no... No habría sido rival para Dominic sobrio,
mucho menos balanceándose como hojas en el viento.
—¿Qué quieres? —gruñó.
Dominic le soltó.
—Alguien ha estado dirigiendo una red de secuestros profesionales
en el Valle. Quiero que me cuentes todo lo que sepas al respecto.
—¿Sí? ¿Qué hay para mí si lo hago?
—No le diré a mis amigos en el LVMPD dónde encontrarte. —
Sonriendo ante el ceño fruncido que se ganó, Dominic apretó el brazo de
Ephron—. ¿Y qué tal otro trago de whisky?
Manteniendo su historia de cubierta, Dominic agitó al cantinero y
ordenó el whisky encogiéndose de hombros con tristeza como diciendo…
Lo sé, pero ¿Qué más puedo a hacer?
Ephron estaba más dispuesto una vez que había bebido el trago.
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—Hace un par de meses, me enteré de un nuevo jugador en la
ciudad que estaba buscando armar un equipo con verdaderas
habilidades, no con matones que pudiese sacar de la calle. K&R, del tipo
que generalmente no se ve en los Estados Unidos.
—¿Cómo te enteraste?
—Igual que siempre. De boca en boca, ya sabes cómo es. Todo el
mundo en el negocio sabe qué tipos están preparados para un trabajo
por aquí y allá. Todo lo que un cliente tiene que hacer es susurrar en el
oído correcto, y la noticia se propaga.
—Pero no te apuntaste tú mismo.
—Pensé en eso. El trabajo parecía bastante simple, la paga era
buena, y el cliente prometía que no habría trabajo húmedo, ni daños
reales a los objetivos. —Ephron soltó una risa oscura y amarga—. Ya viste
cómo resultó eso. Pero, de todos modos, cuando descubrí que algunas de
las marcas iban a ser mujeres, le di un pase.
—¿A pesar que el cliente dijo que las víctimas no serían dañadas?
—preguntó Dominic.
—Nunca se puede garantizar eso. En trabajos como este,
eventualmente algo va a salir mal. Y mira lo mal que salió este. Quiero
decir… ¿Cortar los ojos de las personas? ¿Qué clase de mierda es esa?
—¿Dónde mantienen a las víctimas mientras esperan el rescate?
Ephron lo miró con incredulidad.
—¿Crees que alguien me diría eso antes de unirme?
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—Creo que sabes más de lo que estás diciendo. Hombres como tu…
Ellos hablan. —Dominic sacó su teléfono de su bolsillo y lo puso sobre la
barra—. Pero, de nuevo, tal vez no soy tan brillante. Tal vez debería tener
a un detective revisando esto.
—Muy bien, hombre, Cristo. —Ephron tomó varios largos y
sedientos tragos de su cerveza, cuando terminó se frotó la boca con el
dorso de la mano—. Mira, todo lo que sé es que se han hecho de un
escondite en algún lugar al noroeste de la ciudad, en el desierto. Del tipo
de lugar que nunca encontrarías si no supieras dónde está.
Dominic había temido eso. El área de Las Vegas era, después de
todo, un valle, rodeado por vastas extensiones de desierto y montañas
hacia todos lados. Incluso con una idea general de la dirección donde
buscar, encontrar un lugar escondido en todo ese desierto era una
perspectiva desalentadora.
—Uno pensaría que una mujer sabría mejor que nadie el riesgo de
poner a otra mujer en una situación como esa, en medio de la nada con
un grupo de hombres extraños —agregó Ephron.
Dominic parpadeó, su columna vertebral se puso rígida.
—¿Qué estás diciendo? ¿El cliente era una mujer?
—Eso fue lo que oí. Nunca he hablado con ella.
Inclinándose hacia adelante, Dominic acercó la cerveza a Ephron.
—Sigue hablando.
***
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—Esto no luce muy bien. —Dominic hablaba con Rebel, que estaba
sentada en el lado del pasajero de su camioneta.
Sin inmutarse por su pesimismo, ella se retorcía felizmente de un
lado a otro, mirándolo con ojos brillantes.
—Lo sé. —Sonriendo, se estiró para rascar sus orejas—. Igual que
en los viejos tiempos, ¿eh?
Ella resopló y golpeó su cabeza contra su mano.
La avenida principal que conducía al noroeste desde el Valle era la
95. Dominic había conducido más allá de los límites de zona urbana y
luego sacó su camioneta hacia un lado de la carretera que corría en medio
del desierto, usando su punto de acceso móvil para escanear imágenes
satelitales del área en su computadora portátil.
La vista era desalentadora. Más allá de los suburbios de Las Vegas,
había solo unos pocos asentamientos escasamente poblados dispersos a
través de enormes franjas de la nada absoluta por kilómetros y kilómetros
en cualquier dirección. Un puñado de caminos de acceso se bifurcaban
por aquí y allá, pero cualquiera con un vehículo con doble tracción podría
salir de la carretera, atravesar el desierto y adentrarse en las montañas.
Este era un lugar perfecto para esconderse.
Para empeorar las cosas, ya estaba oscuro y no había farolas en
esta parte de la carretera. Dominic no podía ver más allá del brillo de sus
propios faros, no es que hubiera mucho que ver además de arena, arena
y más arena.
Tal vez debería hacerlo de día. Podía regresar mañana por la
mañana y, mientras tanto, ir al casino. Aunque el único efectivo que tenía
disponible era el dinero que Royce le había dado para los gastos,
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fácilmente podría duplicarlo o triplicarlo en una mesa de póquer. Se
quedaría con la ganancia, y Royce nunca sabría la diferencia…
La lengua de Rebel se deslizó húmeda a lo largo de su rostro. Él se
sobresaltó, agitando su computadora portátil y gentilmente la empujó
alejándola. Las náuseas lo atravesaron cuando vio el reloj en el tablero.
Habían pasado más de diez minutos sin que se diese cuenta.
Cristo, ¿realmente había estado fantaseando con jugar con el
dinero de un cliente?
—Estoy bien —se aseguró a sí mismo—. Lo tengo bajo control.
Incluso Rebel no parecía convencida de eso. Se limpió la saliva de
su mandíbula, y se dio un par de palmadas en las mejillas para obligarse
a concentrarse.
Los mercenarios tendrían una serie de necesidades básicas:
refugio, comida y agua, electricidad, gasolina, armas. No habría sido un
problema acumular provisiones y armas para unos meses en la casa de
seguridad que el cliente le había proporcionado. En cuanto a la
electricidad, las víctimas sobrevivientes informaron haber escuchado un
generador durante su cautiverio, tanto mejor para ellos mantener la casa
fuera de la red eléctrica pública.
Sin embargo, la gasolina era una historia diferente. Necesitarían
una tonelada, no solo para los múltiples vehículos grandes que habían
estado manejando para entrar y salir de la ciudad, sino también para
alimentar el generador. No sería práctico guardar tanta gasolina de
antemano.
Aunque no se arriesgarían a detenerse en las estaciones de servicio
en el Valle, especialmente después que el homicidio de Buckner explotó.
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Pero no había estaciones de servicio a lo largo de la 95 hasta la pequeña
ciudad de Indian Springs, a media hora de distancia. Excepto…
Acercó el mapa. A unos trece kilómetros desde el extremo noroeste
del Valle estaban las tierras propiedad de la tribu Paiute de Las Vegas a
la que pertenecía la madre de Jasmine, y eso incluía el Resort Golf Paiute
donde se casarían Jasmine y Carlos en mayo.
Dominic había visitado el sitio con ellos un par de veces, por lo que
sabía que, justo después de la salida de la 95 hacia el complejo, había
una pequeña estación de Chevron adjunta a la tienda de cigarros Snow
Mountain. Era discreta, apartada y, lo más importante, bajo la
jurisdicción de la Policía Tribal y no del LVMPD.
Valía la pena intentarlo. Cerró el portátil, lo puso a un lado y volvió
a la carretera.
A diferencia de las carreteras circundantes, Snow Mountain estaba
bien iluminada, desde el letrero de neón Chevron que anunciaba los
precios de la gasolina hasta las luces encendidas de la tienda. Solo había
dos bombas, ambas desocupadas, pero algunos autos estaban
estacionados frente a la tienda.
Hizo retroceder su camioneta hasta un lugar cerca de la puerta,
transfirió a Rebel a parte trasera para que pudieran verse a través de las
grandes ventanas.
—Quédate —le ordenó y le besó la punta de la nariz antes de entrar.
La tienda estaba ordenada, luminosa y llena de coloridas imágenes
de cigarros, cigarrillos y tabaco sin humo. Un aroma a tierra con una
dulce nota subyacente colgaba en el aire, y él inhaló profundamente.
Aunque nunca había sido fumador, disfrutaba el olor a tabaco real.
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Varias personas estaban paseando frente a los estantes, pero la
atención de Dominic se dirigió inmediatamente a un hombre al otro lado
de la tienda, estaba hablando con un empleado de espaldas a Dominic.
Un hombre muy familiar con cabello negro y rizado y un culo al que no
podía renunciar.
Dominic no pudo evitar la sonrisa que se liberó en su rostro. Por
supuesto que Levi había llegado hasta aquí.
No tuvo mucho tiempo para apreciar el momento, porque Levi se
giró para ver por qué se había abierto la puerta, tal como lo haría
Dominic. Fue una mirada casual lanzada por encima del hombro, pero al
segundo que lo reconoció, sus ojos se agrandaron y giró en ciento
ochenta.
—¿Cómo? —fue todo lo que dijo Levi.
Dominic se acercó, fingiendo una indiferencia que no estaba cerca
de sentir.
—Te mostraré lo mío si me muestras lo tuyo.
Las fosas nasales de Levi se ensancharon.
—Sabes que estás fuera de tu jurisdicción, ¿verdad?
—Soy consciente del protocolo jurisdiccional, gracias —espetó Levi
con frialdad—. Eso no significa que no pueda preguntarle a este joven si
ha visto vehículos con las descripciones de los SUV de los secuestradores
recientemente.
—Te lo dije, no he visto nada —se quejó el empleado, quien
definitivamente era Paiute. Miraba a Levi con un desagrado abierto que
bordeaba la hostilidad. Levi tendía a frotar a la gente de la manera
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incorrecta, incluso cuando estaba tratando de ser amable, pero Dominic
dudaba que hubiera algo que Levi pudiera haber dicho o hecho para
mejorar esta reunión.
Tomó el codo de Levi.
—¿Puedo hablar contigo afuera, por favor?
La expresión de Levi se volvió plana, sus ojos de una gris piedra.
—Quita tu mano de mí —ordeno él, cada palabra medida y
deliberada.
Dominic lo liberó de inmediato y dio un paso atrás por razones de
seguridad. Levi se alisó la chaqueta de su traje y tiró de sus puños con
fuerza.
—¿Quieres hablar? Bien. Vamos a hablar. —Levi salió de la tienda
sin mirar de reojo a Dominic o al empleado.
—¿Tú también eres policía? —le preguntó el empleado a Dominic.
—Mierda, no.
—Bien. Lo último que necesitamos es que más policías blancos de
la ciudad vengan aquí y se metan en nuestros negocios.
—No podría estar más de acuerdo —le aseguró Dominic.
Salió de la tienda para encontrar a Levi de pie junto a su camioneta,
acariciando a una extática Rebel.
—No me excedí —afirmó Levi antes que Dominic pudiera decir
algo—. Al menos, no que yo sepa. Sé que no soy la persona más
diplomática del mundo, pero nunca...
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Dominic levantó una mano.
—Te creo. Pero no podías haber pensado que esto iba a salir bien,
Levi. ¿Por qué razón alguien de aquí tendría que confiar en un oficial de
policía blanco?
—Lo sé. —La postura de Levi perdió algo de su rigidez—. Lo sé.
Debería haber ido directamente a la Policía Tribal. Solo es que,
honestamente, no pensé que a los empleados les importaría responder
algunas preguntas básicas.
—Probablemente no, si no te hubieras presentado como un
Detective del LVMPD. Lo que asumo hiciste.
—Por supuesto. ¿Qué más diría?
—¡Literalmente cualquier cosa menos eso!
Levi puso los ojos en blanco.
—Y ahora que me han visto contigo, nadie me dirá nada tampoco
—se quejó Dominic—. ¿Qué te trajo aquí, de todos modos?
—Uno de los informantes de Martine nos habló de un pedido de
suministros médicos del mercado negro en tierras de los Paiute sin el
conocimiento de la tribu, obviamente es la forma en que los
secuestradores crean problemas jurisdiccionales para obstruir la
investigación. El cuerpo de Buckner fue arrojado en el extremo noroeste
de los suburbios, y las rutas que hemos trazado utilizando viejas
imágenes de vigilancia conducen al noroeste de la ciudad, por lo que su
base de operaciones debe estar en el área general. Vi que había una
estación de servicio aquí, y me di cuenta que era la mejor apuesta para
donde han estado reabasteciéndose de combustible.
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Suministros médicos. Dominic ni siquiera había considerado ese
ángulo.
Levi lo miró de arriba abajo, parpadeando como si lo viera por
primera vez.
—¿Qué llevas puesto? Pareces un matón.
Dominic no se había molestado en cambiarse de su traje de cuero
y mezclilla cuando pasó por su apartamento para recoger a Rebel y su
computadora portátil.
—Tuve que mezclarme en cierto bar.
—¿Qué bar? —Levi se cruzó de brazos y arqueó las cejas
expectantes—. ¿Cómo llegaste hasta aquí? Intercambio justo.
Tenía razón, por lo que le habló de su reunión con Ephron y
terminó con la revelación de que la persona que había contratado a los
mercenarios era una mujer.
—¿Una mujer? —repitió Levi.
—Sí. El único nombre que Ephron tenía era Bennett.
—Es Juliette —aventuró Levi, agitando una mano cuando Dominic
comenzó a protestar—. Vamos, Dominic. Esto tiene trabajo interno
escrito por todas partes. Juliette podría acceder fácilmente a los archivos
de Royce. Tal vez ella está detrás de todo esto, o tal vez están conspirando
juntos. Incluso podría estar manipulándolo con eso. Carolyn Royce
parecía convencida que no era algo que su marido podría hacer. —Se
frotó la mandíbula y añadió—: Nosotros deberíamos revisar los
antecedentes de Juliette. Ella podría ser una especie de estafadora.
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El corazón de Dominic se hinchó ante el uso de la palabra nosotros
por parte de Levi, por lo que su cerebro tardó un segundo en ponerse al
día.
—Espera. ¿Hablaste con la mujer de mi cliente?
—Por supuesto. Él es mi principal sospechoso.
—Levi...
—No voy a ignorar a la persona con los mejores medios y la mejor
oportunidad para cometer el crimen solo porque es tu cliente.
Dominic lanzó sus manos al aire.
—¿Por qué Royce contrataría a un investigador si estaba detrás de
los secuestros? ¿O elegir una víctima cuya póliza él ya sabía que había
caducado?
—Para tener los argumentos exactos que estás haciendo ahora —
dijo Levi.
—Necesitas nervios de acero para contratar a alguien que
investigue tus propios crímenes para parecer inocente —argumentó
Dominic—. Royce tiene nervios de pudín. Es un desastre, y está
empeorando cada día. No tiene la columna vertebral para llevarlo a cabo.
—Eso le da más peso a la teoría de que Juliette está involucrada.
—La mirada de Levi se agudizó de repente—. Por cierto, nunca
mencionaste para qué contratista de seguridad trabaja Ephron.
Dominic apretó la mandíbula, sabiendo exactamente hacia dónde
se dirigía esto.
—Delgado y Vincent.
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—Uh uh. Por curiosidad, ¿quiénes son algunos de sus principales
clientes?
—Son una firma internacional. Tienen muchos clientes.
—¿Incluyendo Kensington Insurance Group? —preguntó Levi, todo
falsa dulzura.
Sí, de hecho. Delgado & Vincent era contratista de KIG cuando
necesitaban brindar seguridad privada a clientes o empleados, un hecho
que solo hacía que Royce pareciera más culpable.
Cuando Dominic no respondió, Levi dejó escapar una risa
desagradable. Dominic tuvo la tentación de golpear esa pequeña sonrisa
burlona en su cara, o mejor aún, arrastrarlo a la camioneta y quitarle la
mala actitud por completo.
—Yo... —Eso fue todo lo que salió de Dominic antes que Rebel
ladrara dos veces, de manera corta y aguda, su advertencia condicionada
para un extraño que se acercaba.
Dominic y Levi fruncieron el ceño mientras miraban alrededor del
estacionamiento. Ningún coche nuevo se había detenido, y nadie había
salido de la tienda de cigarros. Incluso si lo hubieran hecho, Rebel no
ladraba ante las idas y venidas ordinarias. Su advertencia fue de "extraño
peligroso", como lo llamaba Dominic y solo lo usaba cuando la persona
que se acercaba representaba una potencial amenaza.
Rebel saltó para poner sus patas delanteras en el costado de la caja
de la camioneta, mirando hacia el desierto más allá del estacionamiento.
Repasó su secuencia de ladridos tres veces más, con todo el cuerpo rígido
desde la nariz hasta la cola.
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En un movimiento fluido y simultáneo, Dominic y Levi sacaron sus
armas y giraron para mirar en la misma dirección. Estaba completamente
oscuro, más allá del alcance de las luces de la tienda, el brillo de luna y
estrellas, meros pinchazos en una oscuridad que lo abarcaba todo. El
borde de la tierra podría estar a un kilómetro de distancia y no tendrían
ni idea.
—No puedo ver nada —indicó Dominic—. ¿Tú?
Levi sacudió la cabeza y sacó una linterna de su bolsillo y la
sostuvo con las dos manos junto con la pistola. La propia linterna de
Dominic estaba en la camioneta, pero podía usar su teléfono para el
mismo propósito.
Rebel ladró de nuevo, un sonido más ansioso esta vez. Se dejó caer
sobre sus cuatro patas y se paseó en círculo en la caja de la camioneta,
gimiendo desde la parte posterior de su garganta.
Confiando en su instinto, Dominic abrió la parte posterior de la
caja y ordenó:
—Ve.
Rebel despegó como un tiro, y salió corriendo del estacionamiento
hacia el desierto. Dominic y Levi la siguieron.
Levi era el corredor más rápido, superando a Dominic desde el
principio, pero incluso él no podía correr tan rápido como lo hacía
normalmente. En la oscuridad, la arena irregular y puntiaguda
amenazaba con torceduras de tobillos a cada zancada.
Entonces Dominic lo vio, una forma humana, apenas visible ante
el brillo combinado de sus linternas, tambaleándose a través del desierto
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en su dirección. La persona cayó de rodillas y se desplomó sobre su rostro
justo cuando Rebel lo alcanzó.
Cuanto más se acercaban, mejor podía ver. Rebel empujó a la
persona sobre su espalda y le lamió la cara, tratando de despertarla,
hasta que Levi se arrodilló junto al cuerpo y palpó el cuello. Dominic llegó
unos segundos después, jadeando y sosteniendo su teléfono en un ángulo
que le diera más luz a Levi. Su trabajo hecho, Rebel retrocedió.
Levi enfundó su arma y puso ambas manos en el cuello de la mujer,
porque era una mujer, vestida con un vestido desgarrado y arrugado que
estaba empapado en sudor y embadurnado con arena.
—Está viva —informó Levi.
Dominic inclinó su teléfono, iluminando su rostro. Levi y él se
quedaron sin aliento.
El rostro de la mujer estaba magullado y lleno de ampollas por
quemaduras viciosas, las mejillas hundidas, los labios blancos y
agrietados. Pero todavía era reconocible como Christelle Perrot.
Los ojos de Perrot se abrieron de golpe, y ella se agitó a medias con
un grito de pánico. Levi la atrapó, manteniéndola inmóvil. Su mirada
amplia y suplicante se lanzó entre Levi y Dominic mientras soltaba un
sollozo.
—Aidez-moi —dijo ella, con voz seca y ronca—. Dios, por favor
ayúdame.
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Capítul♠ 10
Levi se paseaba por la sala de espera en el pabellón del Hospital
Centennial Hills, donde Perrot había sido admitida, recorriendo el mismo
camino en el piso de linóleo una y otra vez. Tenía náuseas por la fatiga y,
al mismo tiempo, estaba demasiado excitado para sentarse. Horas
después que hubiesen encontrado a Perrot, aún no tenía idea de en qué
estado se encontraba ella, aunque por protección tenía un oficial
uniformado colocado fuera de su habitación.
Se giró cuando la puerta de la sala de espera se abrió y se relajó
cuando vio a Dominic. En estas primeras horas de la madrugada, eran
las únicas personas en la sala.
—¿Ya se sabe algo? —preguntó Dominic.
Levi negó con la cabeza. Después que los paramédicos se llevaron
a Perrot, Dominic y él habían ido por caminos separados. Levi detrás de
la ambulancia al hospital, Dominic llevó a Rebel con Carlos y Jasmine.
Pero Levi lo había estado actualizando por texto desde entonces.
Dominic cargaba un emparedado envuelto en papel y una bandeja
de poliestireno con dos tazas de café. Le entregó una de las tazas a Levi
antes de sentarse ante una mesa redonda cuya superficie laminada
estaba dañada y arañada por años de intenso uso.
—Gracias —dijo Levi. Tomó un sorbo del café y lo encontró
exactamente como le gustaba, fuerte y oscuro preparado con un par de
tiros de café expreso.
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—De nada. —Dominic desenvolvió su emparedado y lo separó en
dos mitades. Acercando una mitad en dirección a Levi, levantó una ceja
inquisitiva.
Levi vaciló. A diferencia de la mayoría de las personas en su vida,
Dominic nunca lo había presionado a comer. Si rechazaba la oferta, lo
dejaría pasar. Pero había pasado tiempo desde la última vez que comió,
y aunque no tenía hambre, era una buena idea conseguir un poco de
combustible en su sistema que no fuese cafeína.
Asintiendo, se sentó ante la mesa y aceptó la mitad del sándwich.
Cuando lo mordió, se sorprendió al descubrir que era carne asada, su
favorita.
A Dominic ni siquiera le gustaba la carne asada.
Levi tragó su bocado y miró hacia arriba. Dominic estaba
masticando en silencio, mirando el infomercial en la televisión a través
de la habitación como si fuera la cosa más fascinante que había visto
nunca. Levi jugueteó por un momento con la corteza del sándwich y dio
otro bocado.
Comieron sin hablar durante unos minutos. Levi casi había
terminado con su mitad, mirando fijamente a través de la ventana que
daba al pasillo, cuando vio a la madre de Perrot acercarse a la sala de
espera.
Se puso de pie tan repentinamente que Dominic se sobresaltó,
llevando una mano sobre su arma debajo de su chaqueta. Levi le hizo
una mueca y señaló hacia la puerta que se abría. Dominic giró en su silla
y luego se apresuró a levantarse también.
—Sra. Durand —saludó Levi—. ¿Cómo esta ella?
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—Viva —dijo Durand en su grueso acento francés. Había conocido
a Levi y Dominic ese mismo día, así que las presentaciones no eran
necesarias, pero no parecía feliz de verlos—. El médico me dijo que ha
estado esperando aquí para hablar con ella toda la noche.
—Sé que no es lo ideal, pero es urgente. Si Christelle está
consciente, necesito hablar con ella lo antes posible. Las personas que le
hicieron esto aún están ahí fuera, y mientras más tiempo pase, más difícil
será atraparles.
—Bien, vamos entonces. —Durand sacudió su barbilla hacia la
puerta.
Levi y Dominic la siguieron al pasillo.
—Pensé que Christelle debería esperar hasta la mañana para verle
—afirmó Durand mientras caminaban—. Ella ya ha pasado por
suficiente. Estuvo vagando en ese desierto por casi veinticuatro horas.
Presenta deshidratación, insolación, una quemadura de sol de segundo
grado… Pero ella insistió en que necesitaba hablar con usted ahora
mismo.
El oficial de la puerta saludó con la cabeza a Levi cuando su grupo
entró en la habitación privada de Perrot. Estaba acostada en posición
vertical en la cama del hospital, conectada a líquidos por vía intravenosa.
Sus manos estaban vendadas, y su cuello y rostro quemados llenos de
una sustancia espesa y brillante. Aunque parecía estar durmiendo, abrió
los ojos cuando su madre dijo su nombre.
—Sra. Perrot, soy el Detective Levi Abrams. —Levi le mostró su
placa, ignorando el destello de sorpresa que se le cruzó en la cara—. Este
es Dominic Russo. Es un investigador privado que investiga el mismo
caso. ¿Está lo suficientemente bien como para hablar?
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—Sí. —Su voz sonaba ronca—. Por favor, siéntese.
Levi acercó una de las pequeñas sillas de plástico a la cama.
Dominic hizo lo mismo en el otro lado, aunque Levi lo sorprendió
lanzando una dudosa mirada a la cosa media débil antes que él colocara
cautelosamente su considerable peso sobre ella.
Durand se unió a ellos, pero Perrot extendió una mano.
—Mamá, en realidad me gustaría hablar con ellos a solas. S’il vous
plaît.
Durand frunció el ceño, pero no discutió.
—Iré a comer algo.
Perrot esperó hasta que la puerta se cerró detrás de ella para
hablar.
—¿No eres Detective de homicidios?
—Sí.
—¿Entonces los hombres que me secuestraron son los mismos que
secuestraron al hombre que fue asesinado el fin de semana pasado? ¿El
que tenía el ojo cortado?
—Eso es correcto.
Ella se estremeció.
—Pensé que probablemente lo fueran. Mon Dieu.
—¿Por favor podría contarme toda la historia desde el principio? —
preguntó Levi, preparando una libreta y un bolígrafo.
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—Estaba conduciendo a casa desde el trabajo. Pensé que el desvío
era extraño, pero no entendí lo que sucedía hasta que fue demasiado
tarde. Fui emboscada y encerrada por dos SUVs negros. Hombres
enmascarados me sacaron de mi auto y me noquearon con algún tipo de
inyección.
Así era exactamente como lo habían explicado las otras cuatro
víctimas vivas.
—¿Qué sucedió luego? —inquirió Levi. Cada uno de los otros había
informado que habían estado despiertos con los ojos vendados y atados
a una cama.
—Ah… —Perrot bajó la mirada, estudiando sus manos vendadas—
. Debes entender, los últimos años han sido muy difíciles para mí. Mi
esposo falleció poco después que nació nuestro segundo hijo. Mi madre
es un ángel, pero no es lo mismo sin él. Y mi trabajo, es muy estresante
—se detuvo como si buscara las palabras adecuadas—. Di a luz a Ludovic
por cesárea. Los médicos me dieron una receta.
—¿Para opiáceos? —intervino Dominic.
—Sí. Después que mi esposo muriera, comencé a tomar más y más.
—Sus labios se torcieron con una sonrisa triste—. Luego medicamentos
contra la ansiedad, luego vinieron los sedantes y los tranquilizantes.
Cualquier cosa que aplacara el dolor por un tiempo.
Levi no tenía tiempo para andarse por las ramas.
—¿Ha estado abusando de los medicamentos recetados? ¿Por
cuánto tiempo?
Ella levantó la cabeza.
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—Años. Pero yo… no soy una drogadicta. Sé que tomo más de lo
que debería, pero siempre tengo cuidado. Tengo todo bajo control.
Dominic se aclaró la garganta, su silla crujió mientras cambiaba
su peso. Levi no se atrevió a mirar en su dirección.
Solo había una razón por la que Perrot les admitiría esto.
—Ha creado una tolerancia a ciertas sustancias de una manera
que los secuestradores no esperaban.
—Sí. Me desperté en el coche.
Levi se enderezó y miró a Dominic, quien estaba igual de intrigado.
—Fingí que todavía estaba inconsciente. Mis muñecas y tobillos
habían sido amarrados, y había al menos tres hombres en el auto
conmigo, así que no quería arriesgarme a hacerles saber que estaba
despierta. Condujeron durante unos cuarenta minutos. Luego me
sacaron del auto, me metieron en una casa y me acostaron en una cama.
Se estaban preparando para atarme a ella, pero para hacer eso, tenían
que quitar las bridas.
Perrot se detuvo allí y tosió, un terrible seco y cortante ruido. Levi
se levantó para traerle un poco de agua y le ayudó a beberla con una
pajita.
—Merci —ella agradeció mientras Levi apartaba el agua—. Esto
es... Más difícil de contar de lo que esperaba.
—Entiendo. Tómese su tiempo.
—Sabía que esa era mi única oportunidad. Cuando mis manos y
pies estuvieron libres, abrí un poco los ojos, solo lo suficiente para echar
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un vistazo rápido. Todavía llevaban máscaras, pero uno de los hombres
estaba inclinado sobre mí. Había una pistola en una funda en su cadera.
Yo… —Ella inclinó la cabeza—. Agarré el arma y le disparé en el
estómago.
Los ojos de Levi se ensancharon. Dominic hizo un ruido suave de
conmiseración.
—Todo se volvió un caos —continuó ella—. Los hombres estaban
en pánico. No tenían idea de lo que estaba pasando. Me arriesgué y
simplemente corrí. Salí corriendo de la casa y seguí corriendo tan rápido
como pude. Me persiguieron, pero sus disparos fallaron y, no sé, tal vez
fue porque tenía mucho miedo o porque estaban más preocupados por
su amigo, pero termine escapando de ellos.
Si ella había escapado de sus perseguidores y no había visto sus
rostros, los secuestradores probablemente habían priorizado la
evacuación de la casa de seguridad y la ayuda de su colega lesionado.
—¿Sabe dónde estaba? —preguntó Levi.
—Al pie de una montaña, justo al borde del desierto. El problema
es que estaba tan asustada cuando escapé que no presté atención a
dónde iba. Cuando regresé a mi sano juicio, estaba completamente
perdida. Había dejado caer el arma en algún lugar, y no tenía idea de
dónde estaba ni a dónde ir. Así que seguí caminando. —Su respiración
era irregular—. Hacia tanto calor. No había nada más que arena por todas
partes donde miraba. Pensé que iba a morir allí, pero sabía que no podía
dejar de moverme. Cuando oscureció, vi luces en la distancia, pero para
entonces pensé que era una alucinación. Realmente no recuerdo nada
después de eso.
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Ella cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la almohada, su pecho
saltando con la respiración desigual de alguien que trataba de no llorar.
Ni Levi ni Dominic hablaron mientras ella se recomponía.
—Quizás maté a ese hombre —le dijo a Levi cuando abrió los ojos.
—No habrá cargos. —Levi sabía que eso era un mal consuelo. Él
había matado para salvar vidas antes. Aún así, era devastador.
Asintiendo, Perrot soltó un gran suspiró y luego tosió otra vez.
—¿Está bien si le hacemos algunas preguntas más? —preguntó
Levi.
Condujo a Perrot nuevamente a través de su historia, buscando
suavemente algunos detalles más. Dominic intervino con preguntas
propias aquí y allá.
Perrot pudo proporcionar una descripción general de la base de los
secuestradores: una cabaña rústica de dos habitaciones en medio de la
nada, lejos de cualquier camino legítimo. Aunque los mercenarios no
habían hablado mucho durante el viaje, ella había escuchado lo
suficiente como para asegurar que no estaban contentos con el estado
actual de todo el asunto, una conclusión que se confirmó cuando uno de
los hombres se comunicó con su jefe por teléfono.
—Tengo que admitir que me sorprendió descubrir que era una
mujer —comentó Perrot.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Dominic—. ¿Los escuchaste usar
un nombre?
—No. Pero cuando el hombre colgó, la llamó… ‘perra loca’.
Serie Siete de picas 4 ♠ 194 ♠
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Sobre la base del relato de Perrot, Levi suponía que los mercenarios
habían querido parar mientras el asunto estuviese ardiendo, tal vez
abandonar completamente el anillo de secuestros, pero el cliente había
insistido en lo contrario. O bien les estaba pagando a los hombres una
buena cantidad para dejar sus reservas, o tenía algún tipo de influencia
sobre ellos para garantizar el cumplimiento de sus demandas.
Una vez que terminaron y se disponían para irse, Perrot preguntó:
—¿Esos hombres vendrán a buscarme?
—Lo dudo —respondió Levi—. Sería lo más estúpido que
posiblemente podrían hacer, y ya que son profesionales deberían de
saberlo. Pero mantendremos una unidad de la policía con usted hasta
que los encontremos.
Desearon a Perrot una pronta recuperación, dejaron sus
respectivas tarjetas de negocios y se dirigieron al ascensor, lado a lado,
perdidos en sus propios pensamientos. Recién cuando estaban entrando
en el ascensor, Dominic habló:
—Deberíamos trabajar juntos en esto.
Levi soltó una carcajada y apretó el botón de la planta baja.
—Lo digo en serio. Si no cooperamos entre nosotros, nos
meteremos en el camino del otro.
—No tengo que preocuparme por meterme en tu camino —dijo
Levi—. Cuando tú te metes en mi camino, se llama obstrucción de la
justicia.
Dominic no se inmutó.
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—Hemos unido fuerzas antes, rastreando a Keith Chapman,
infiltrándonos en el complejo de Sergei Volkov. Dame una buena razón
por la que no deberíamos hacer lo mismo ahora.
—No quiero estar cerca de ti.
Dominic se echó hacia atrás como si lo hubieran abofeteado, y su
rostro se quedó sin color. Levi no quiso decirlo como que sonó, pero… ¿y
qué? Dejaría que Dominic se sintiese herido. Rechazado. Él había hecho
que Levi se sintiera así con mucha frecuencia.
Las puertas del ascensor se abrieron en el pasillo que daba a la
sala de emergencias, que a esta hora de la noche era la única manera de
entrar y salir del hospital. Levi se alejó y ya estaba a medio camino por el
pasillo antes que se rompiera su resolución. No podía dejar cosas así.
Dándose la vuelta, regresó hacia Dominic, quien caminaba mucho
más despacio.
—Es muy difícil, Dominic. Duele mucho estar cerca tuyo y no… —
Tragó e hizo un gesto de impotencia.
Una chispa de esperanza iluminó el rostro de Dominic, y se le
acercó.
—Levi, sabes que aún…
—Lo sé. —Levi no podría soportar escuchar a Dominic decir las
palabras en voz alta, no ahora—. Yo también. Es por eso que es tan
horrible.
—Si pudieras...
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—No necesito que estés en recuperación. —Levi observó que la cara
de Dominic se cerraba y se quedaba en blanco—. Pero necesito que
admitas que tienes un problema y aceptes ayuda. Si no vas a hacer eso,
no hay nada más que decir.
Se miraron el uno al otro bajo las enfermizas luces fluorescentes,
el clamor de la sala de emergencia cercana llenó el silencio.
La raíz del dilema era que Dominic no consideraba que su problema
de juego fuese una enfermedad. Lo veía como una debilidad, un fracaso
personal. En un hombre que se enorgullecía de ser un fuerte, competente
y protector, la debilidad era particularmente imperdonable, por lo que
había tenido que convencerse a sí mismo que el juego no era un problema
en absoluto.
La última vez que la adicción de Dominic se había salido de control,
la emergencia de salud que amenazó la vida de Rebel fue lo único que lo
había empujado a buscar ayuda. ¿Tomaría algo igualmente dramático
esta vez para lograrlo?
—Coordinar nuestros esfuerzos en este caso es lo mejor para la
investigación, y tú lo sabes —argumentó Dominic, como si los últimos
minutos nunca hubieran sucedido—. ¿O te sientes cómodo asumiendo el
riesgo que los hombres de los que escapó Christelle Perrot, y por los que
pasó un día en el desierto y casi muere, se te escapen de los dedos?
¿Quieres decirle a Rose Nguyen que las personas que le cortaron un ojo
nunca serán encontradas?
Dominic siempre había sabido la mejor manera de manipularlo.
—Está bien, está bien —dijo Levi bruscamente cuando pudo ver
que Dominic se estaba preparando para decir algo más—. No tienes que
seguir dándome lata. —Se pellizcó el puente de la nariz, reflexionando
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sobre las cosas—. Si el hombre al que Perrot disparó logró sobrevivir, sus
amigos lo habrían llevado a algún lugar para que recibiera atención
médica. Manejaré ese extremo de las cosas y comenzaré a buscar
propiedades que coincidan con la descripción que nos dio de la casa de
seguridad. Mientras tanto, tú puedes obtener el nombre que Ephron dio
a sus contactos y hacer la verificación de antecedentes de Juliette.
—Si Royce se entera que estoy investigando a su amante, estaré en
la mierda.
—Solo escóndelo de él. Eres bueno en eso.
Un músculo saltó en la mandíbula de Dominic.
Levi suspiró.
—Lo lamento. Estoy realmente cansado.
—Háblame de eso —dijo Dominic, crujiendo el cuello de lado a lado.
Parecía agotado, su rostro sin afeitar demacrado y con los ojos hundidos.
—¿Estás bien como para conducir a tú casa? —preguntó Levi.
—Lo suficiente. ¿Tú?
No. Consigamos una habitación de hotel y simplemente durmamos
en la misma cama y pretendamos que todo es como era hace seis meses.
Te extraño.
—Sí —respondió Levi—. Estoy bien.
***
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—Oiga, ¡no puede entrar allí! —espetó la recepcionista, saltando de
su silla mientras Levi y un oficial uniformado pasaban frente a la
recepción del Hospital de Animales Desert Road.
Levi mostró su placa y un fajo de papeles sin disminuir la
velocidad.
—Tenemos una orden judicial.
—Pero, pero… —Ella tomó su teléfono, Levi no intentó detenerla.
La advertencia funcionaría a su favor.
El oficial y él entraron a través de una puerta batiente hacia el área
trasera del edificio. Esta no era una práctica pequeña, de propiedad
independiente, como las que los Siete de Picas le habían pagado a Los
Avispones para que golpearan en su intento de inculpar a Keith
Chapman. Era un bullicioso hospital de atención las veinticuatro horas
con numeroso personal y espacio suficiente para albergar las perreras, el
laboratorio completamente equipado, las instalaciones de farmacia, y
varios quirófanos.
Su informante solo sabía que el hospital estaba siendo utilizado
para atención médica en la trastienda, no sabía cuál de los veterinarios
estaba participando. Ahí era donde la recepcionista era útil. A los pocos
segundos que Levi entró en el pasillo, una veterinaria en estado de pánico
salió apresuradamente del laboratorio, chilló de miedo al verlo y salió
corriendo.
Levi la persiguió hacia la salida trasera, el oficial pisándole los
talones, aunque ninguno de los dos corrió a toda velocidad. No tenían
que hacerlo. La veterinaria abrió la puerta y se deslizó hasta detenerse,
gritando al ver a Martine parada en el callejón junto con otro uniformado.
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—¿Cómo estás? —saludó Martine.
La veterinaria giró, su cabeza se movía de lado a lado mientras
buscaba otra ruta de escape, pero la tenían rodeada.
—Hace dos noches, un hombre entró aquí con una herida de bala
en el abdomen —dijo Levi—. ¿Dónde está?
Ella sacudió la cabeza, abriendo y cerrando la boca sin emitir
sonido.
Él dio un amenazador paso hacia adelante.
—Ese hombre estuvo involucrado en múltiples secuestros, dos
mutilaciones y un homicidio. ¿Dónde está?
Los hombros de la veterinaria se hundieron.
—Aquí.
Los condujo a una oficina en la esquina trasera del edificio. En el
interior, lo que parecía ser la puerta de un armario daba paso a una
clínica improvisada y sin ventanas.
Levi maldijo cuando vio al chico sin camisa en el catre contra la
pared del fondo. El hombre estaba gris y brilloso de sudor, sacudiéndose,
su respiración era superficial. Indicadoras rayas rojas irradiaban desde
su abdomen vendado.
—Está infectado —dijo la veterinaria—. Necesita un hospital, un
hospital humano. Pero se ha estado negando a ir.
—¿Así que solo ibas a dejarlo morir aquí? —Levi corrió al lado del
hombre y buscó su pulso; estaba peligrosamente débil.
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—¡Por supuesto que no! —Con el ceño fruncido ella puso sus
manos en sus caderas—. Nosotros... quiero decir, yo iba a resolverlo.
Levi no tenía tiempo para tratar con su ego herido. Miró a Martine.
—Pediré una ambulancia —informó Martine, sacando su teléfono—
. ¿Por qué no le pones las esposas al Dr. Trabajo de Aficionados aquí?
—¡Yo... tuve que ayudarlo! —gritó la veterinaria mientras Levi
avanzaba hacia ella—. ¿Qué se supone que debía hacer, echarlo con una
bala en las entrañas?
—Puedo decir lo que no debías hacer, y eso es realizar una cirugía
sin licencia y albergar a un criminal. —Levi colocó las esposas alrededor
de sus muñecas—. Tendrás suerte si todo de lo que te acusan es de
práctica no autorizada de la medicina.
Mientras conducía a la mujer que aún protestaba mientras salían
de la habitación, volvió a mirar al secuestrador. Ese tipo no estaría listo
para un interrogatorio a corto plazo.
***
Dominic se recostó en su silla y frotó su cuello, mientras miraba
fijamente la pantalla de su computadora. Se las había arreglado para
dormir unas horas entre dejar del hospital y volver a su oficina en
McBride, pero aún estaba agotado, y el brillo del monitor no estaba
ayudando a su dolor de cabeza.
Tampoco lo hacia la información en él. Se había pasado el día
desenterrando todo lo que pudiera encontrar sobre Juliette Monique
Dubois, veinticuatro años, asistente ejecutiva de Kensington Insurance
Group. Aunque su crédito no era malo, en el resto de la verificación de
antecedentes habían saltado todas las banderas rojas en el libro.
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Juliette tenía algunos cargos criminales por robar y emitir cheques
sin fondos, aunque cada uno de ellos había sido cerrado sin pena de
cárcel. Su historial de trabajo era irregular e inconexo, y tenía un patrón
de cambiar de residencia casi cada año, saltando de ciudad en ciudad
por todo el estado. A juzgar por las declaraciones actuales de su
apartamento, automóvil y tarjeta de crédito, su estilo de vida superaba
con creces sus ingresos, pero aún así no tenía ninguna deuda.
Lo más preocupante, en lo que se refería a Dominic, era la ausencia
de su presencia en las redes sociales. Sabía por las pocas veces en que la
había visto, así como los cargos en sus tarjetas de crédito, que era una
joven sociable y extrovertida, la principal demografía de las redes
sociales. Pero ella no tenía siquiera un Facebook en desuso o un feed de
Instagram.
Dominic confiaba en su instinto, y ahora mismo su instinto le decía
que Juliette tenía algo que ocultar. A pesar de lo sospechosa que lucía,
no había pruebas de alguna conexión con los secuestros.
Una notificación de correo electrónico apareció en la esquina
inferior izquierda de su pantalla. Agradecido por la distracción, hizo clic
sobre ella.
La contadora forense interna de McBride había enviado el informe
sobre su investigación de los pagos de rescate de las cuatro víctimas de
secuestro sobrevivientes. Dominic hizo su mejor esfuerzo para leerlo,
pero la densa jerga financiera habría volado por su cabeza incluso
completamente descansado, por lo que saltó directamente al resumen.
Los pagos habían rebotado en varias cuentas en el extranjero antes
de recalar en una compañía fantasma con un representante llamado,
Nicholas Fox, una identidad falsa tan débil como una muñeca de papel.
La contadora pretendía seguir investigando, pero no era optimista.
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Dominic levantó su teléfono.
—Detective Abrams. —Levi saludó unos timbres más tarde. No
debía de haber reconocido el número de la oficina de Dominic.
—Soy yo. Estoy llamando desde el trabajo.
—¿Encontraste algo? —Levi sonó tan cansado como se sentía
Dominic.
Dominic le habló sobre el correo electrónico, y Levi hizo un ruido
frustrado cuando él terminó.
—Recibimos un informe similar de nuestro propio contador esta
mañana. Todos los nombres conectados a la cuenta son fachadas de
compañías basura con alias igualmente falsos. Es un callejón sin salida.
—¿Qué pasó con el secuestrador al que Perrot disparó? ¿Alguna
suerte allí?
—Sí, en realidad, aunque aún no lo celebraría. Acabo de regresar
de escoltarlo al hospital. Su herida se infectó y tuvieron que llevarlo de
nuevo a cirugía. Veré lo que tiene que decir cuando despierte.
Dominic giró su silla para mirar a través de la ventana hacia la
concurrida calle, a una cuadra del Strip.
—El representante nombrado para la cuenta donde terminaron los
pagos de rescate era un hombre.
—Eso no significa nada —dijo Levi. Dominic podía oírle tecleando
en el fondo—. Una mujer podría fácilmente arreglar eso. De todas
maneras, la identidad es falsa.
—Es cierto, pero no creo que Juliette pueda hacerlo.
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—¿Por qué no? ¿Su verificación de antecedentes salió limpia?
—No exactamente. Es solo… He visto historias como la de ella
antes. O está huyendo de algo o es una persona que trabaja poco tiempo
y de bajo perfil. De cualquier manera, dudo que ella tenga la habilidad
para organizar una serie complicada de transferencias de cuenta. ¿Y
cómo podría permitirse el lujo de contratar mercenarios de este calibre?
Levi murmuró pensativamente.
—¿Entonces crees que, si Juliette estuviera involucrada,
necesitaría un compañero?
—Tal vez…
—¿Alguien como Nathan Royce?
—Por el amor de Dios, Levi...
—Mira, no es mi culpa que tu cliente sea sospechoso como el
infierno. Ya es hora que lo enfrentes con esto.
—No puedo hacer eso —dijo Dominic con los dientes apretados.
—¿Por qué no? —Cuando Dominic no respondió, Levi preguntó—:
¿Por qué temes que te despida? No es como si estuvieses evitando tomar
riesgos necesarios.
—Perdí la confianza de McBride porque asumí los riesgos que creía
necesarios en un caso.
—Esa fue una situación completamente diferente. Sabes que no es
lo mismo. Si estás tan preocupado, ¿Por qué no hablas primero con
McBride y le pides consejo? —Levi vaciló, y su voz se volvió más suave—
. No hay nada de malo en admitir que necesitas ayuda...
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Dominic giró su silla para mirar su escritorio.
—Oh, oye, alguien acaba de entrar. Te actualizaré más tarde, ¿de
acuerdo? Adiós. —Él colgó ante el sonido del gemido exasperado de Levi.
Apoyó los codos sobre el escritorio y se pasó las manos por el
cabello. Por mucho que odiara admitirlo, Levi tenía razón. Si le
preocupaba dar el siguiente paso lógico en su investigación porque estaba
preocupado por la reacción de McBride, entonces lo mejor que podía
hacer era hablar con ella.
Tragándose su orgullo, envió un rápido correo electrónico a
McBride, preguntándole si tenía espacio en su agenda para reunirse hoy
con él. Media hora más tarde, estaba entrando en la oficina de ella con el
archivo de Royce bajo un brazo.
McBride agitó la mano que sostenía su siempre presente cigarrillo
electrónico indicándole a Dominic la silla frente a su escritorio.
—¿Qué sucede? —preguntó ella con una voz profunda y ronca
agrietada por décadas de fumar uno tras otro antes de cambiar al
electrónico—. ¿Problemas con el caso Royce?
—No sé cómo manejar la información que apareció en mi
investigación.
Ella se detuvo con el cigarrillo a unos centímetros de sus labios.
—No creo haberte escuchado decir algo así antes.
—Sí, bueno, hay una primera vez para todo. —Se estiró
entregándole el archivo—. Aquí está el problema…
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Ella hojeó el archivo mientras lo escuchaba describir los detalles,
su ceño se fruncía cada vez más.
—¿Crees que es un trabajo interno?
—Tal vez, pero no creo que Royce esté realmente involucrado. No
tiene la entereza como para contratar a un investigador privado para
indagar su propio crimen, o para secuestrar a alguien que él sabría que
no podría pagar el rescate solo para deshacerse de una posible sospecha.
—Sin embargo, esa misma falta de entereza podría convertirlo en
una marca fácil para un estafador. —Ella tocó la fotografía de Juliette.
—Esa es mi principal preocupación. Los policías creen que Royce
está detrás de los secuestros, posiblemente con Juliette como su
cómplice. Por lo que he visto, es más probable que si ella es la que está
involucrada, lo esté manipulando sin su conocimiento. Aunque en ese
caso, o ella debe tener un socio, o es una estafadora tan talentosa que
incluso las cosas que encontré en su verificación de antecedentes son
falsas.
McBride continuó estudiando el archivo, fumando su cigarrillo
electrónico y exhalando bocanadas de vapor con sabor a piña colada.
—Si Royce no fuera tu cliente, ¿cuál sería tu próximo paso?
—Pondría a Juliette bajo un microscopio —respondió Dominic—.
Excavaría lo más profundo que pueda, hacer que la vigilen, averiguar
todo lo que hace y con quienes está hablando. El problema es…
—Tienes que informar lo que estás haciendo a Royce, y si descubre
que estás investigando a su novia, puede rescindir su contrato con la
agencia.
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—Exactamente.
McBride inclinó la cabeza hacia atrás y dirigió su siguiente
exhalación hacia el techo.
—¿No has encontrado evidencia de fraude o sabotaje?
—Ninguna. Y no hay pruebas que alguien de fuera de la compañía
haya accedido a la lista de entre las que se eligieron las víctimas.
—Está bien. —Ella se encontró con sus ojos—. El Señor Royce nos
contrató para responder a una pregunta en particular. Nuestro deber
como investigadores privados es recopilar la información necesaria para
responder a esa pregunta por todos los medios legales disponibles a
nosotros. No podemos garantizar cuál será la respuesta o que esta le
gustará al cliente. Se lo aclaramos desde el principio.
Ella inhaló profundamente, luego apuntó su cigarrillo hacia él.
—Si tu investigación te está llevando en una dirección que está
respaldada por evidencia y libre de prejuicios personales, ¿Qué vas a
hacer, ignorarlo? Eso sería una violación de la responsabilidad hacia tu
cliente. Ahora, no estoy diciendo que debas ir por detrás de él. Tienes que
ser sincero con él acerca de hacia dónde se dirige la investigación. Si
decide que prefiere protegerse a sí mismo y a su novia antes que
descubrir la información por la que estaba lo suficientemente
desesperado como para contratar un investigador, eso queda en él.
Cuando un cliente te despide por hacer bien tu trabajo… —Ella se
encogió de hombros—. No puedes controlarlo.
Un nudo se aflojó en los hombros de Dominic, y él respiró un poco
más fácilmente.
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—Este caso implica mucho dinero. Pensé que si perdía a Royce
como cliente…
—¿Te patearía fuera de aquí? —Soltando una carcajada áspera de
fumador, McBride empujó el archivo hacia él—. La última vez que la
cagaste, fue porque estabas haciendo mal tu trabajo. Cada uno tiene
momentos en que un cliente prefiere enterrar su cabeza en la arena en
lugar de enfrentarse a la horrible verdad. Nada puedas hacer para
cambiar eso. Solo asegúrate de documentar cada movimiento que hagas.
—Sí, señora. Gracias. —Dominic tomó el archivo y salió de la
oficina con renovada resolución. Llamaría a Royce, y dejaría que las
fichas cayeran donde pudieran.
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Capítul♠ 11
El viernes por la tarde, la tensión en la subestación era asfixiante.
Los Siete de Picas todavía tenían dos cautivos, y aunque nadie
directamente había compartido información con Levi, no era ciego a la
agitación, los susurros frenéticos y sus expresiones angustiadas. La
presión para encontrar a las víctimas antes que murieran estaba puesta
sobre el LVMPD y el FBI, pero los Siete de Picas permanecían esquivos.
Extrañamente, no habían contactado a Levi ni a ninguna otra persona en
el LVMPD, ni siquiera en reacción a que Levi fuera retirado de la
investigación.
Levi permaneció en su escritorio, cabeza gacha, ignorando a todos
los demás incluso cuando le lanzaban miradas sospechosas y se
desviaban para evitar hablar cerca de él. Dejó que la gente pensara lo que
quisiera. Su responsabilidad ahora era con las víctimas de unos
secuestradores muy diferentes.
Desafortunadamente, este caso estaba perfilándose como
igualmente frustrante. Charles Graham, el hombre al que Perrot había
disparado, había logrado salir bien de la cirugía… solo para
inmediatamente contratar a un abogado de la poderosa firma Hatfield,
Park y McKenzie, lo que esencialmente hacía imposible que la policía
hablara con él, incluso mientras continuaba recuperándose en el hospital
bajo custodia.
La búsqueda de Levi de la casa de seguridad de los secuestradores
había sido igualmente improductiva. No debería haber habido problemas
jurisdiccionales con los que lidiar, porque la línea del Condado de Clark
se extendía más allá del rango que Perrot podría haber viajado en el
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tiempo que había estado desaparecida, y las tierras de los Paiute no
estaban cerca de las estribaciones. Pero aún así era un área enorme que
abarcaba una mezcla de terrenos públicos y privados, sumado a que no
había garantía alguna de que existiera registro legal de la propiedad.
Muchos de los supervivencialistas12 vivían allí, y no sería difícil construir
una cabaña secreta en medio de la nada y mantenerla fuera de la red de
todas las empresas de servicios públicos y agencias gubernamentales.
Incluso Dominic no era inmune a toda esta tensión. Había llamado
antes para tocar la base, porque Royce había estado esquivando sus
llamadas desde ayer. Cuando Levi señaló que esto solo hacía que luciera
más culpable, Dominic le había colgado.
El único punto brillante había venido de la Policía Tribal. Cuando
Levi se acercó a ellos y les explicó la situación, su oficina envió meses de
filmación de las cámaras de seguridad de Snow Mountain Smoke Shop y
su estación de servicio adjunta. Al comparar esas grabaciones con las de
las cámaras de tráfico que usó para identificar los vehículos de los
secuestradores a principios de la semana, podría hacer una coincidencia,
incluso echar un vistazo de los propios secuestradores. Era un trabajo
lento y tedioso, pero era la mejor pista que tenían, por lo que no le
importaba si tomaba todo el fin de semana. Su culo estaría pegado a esta
silla hasta que encontrara lo que estaba buscando.
Tan pronto como el pensamiento cruzó por su mente, su móvil
zumbó con un mensaje de Leila.
12 El supervivencialismo1 o survivalismo (este último del inglés survivalist, también
llamados preppers o preparacionistas, y por tanto se puede llamar preparacionismo) es
el nombre que recibe el movimiento de individuos o grupos que se preparan activamente
para sobrevivir una posible futura alteración del orden político o social, ya sea a nivel
local, regional, nacional o internacional.
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
No lo olvides, preparación para la corte hoy a las 3. Si tratas de
escabullirte de nuevo, te cazaré.
Levi puso los ojos en blanco. Allí estaré, respondió antes de
devolver su atención a su computadora.
Horas de tedio adormecedor de mentes, tres tazas de café y un
dolor de cabeza palpitante más tarde, se sacó la lotería. Había estado
pausando las imágenes de la gasolinera cada vez que aparecía un gran
SUV negro, comparando marca, modelo y la placa de matrícula con las
imágenes que tenía de los autos de los secuestradores. Era un modelo
común, por lo que había tenido muchas comparaciones fallidas.
Pero esta vez, en una grabación fechada el 19 de febrero, el
Chevrolet Suburban que se detuvo en la gasolinera tenía la misma placa
robada que los secuestradores habían usado cuando habían secuestrado
a Rose Nguyen.
Mientras Levi observaba, un hombre salió del auto para comenzar
a bombear gasolina mientras que otros dos se dirigieron a la tienda de
cigarros, todos con la cara descubierta. Con el corazón acelerado, Levi
avanzó lentamente a través de las imágenes, haciendo capturas de
pantalla hasta que tuvo fotografías claras de los rostros de los tres
hombres. Agregó las imágenes para que se ejecutaran a través de su
programa de reconocimiento facial, junto con un filtro para buscar
registros militares primero.
Eso tomaría tiempo, así que continuó escaneando las grabaciones,
buscando otras ocasiones en que los secuestradores se detuvieran en la
gasolinera. Estaba tan absorto en su trabajo que no se dio cuenta de la
hora hasta las 14:45.
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Odiaba detenerse cuando estaba en racha, así que llamó a Leila y
le pidió que reprogramaran. Ella solo aceptó retrasar su reunión un par
de horas y que cenaran en su oficina, e incluso esa concesión la hizo con
poca gracia, por lo que él no presionó su suerte.
Cuando abandonó la subestación, había encontrado dos escenas
más donde los secuestradores usaban la estación de servicio y tenía fotos
claras de seis hombres diferentes, incluido Graham. Ahora era solo
cuestión de tiempo antes que identificara a esos hombres, y ningún poder
en esta tierra lo detendría de llevarlos ante la justicia.
***
—Esto es ridículo —exclamó Levi sobre los restos de comida
tailandesa en cajas para llevar—. A los jurados no les gusto, nunca lo he
hecho, ¿qué importa siquiera?
Leila parecía aburrida, pero dado que ese era su estado emocional
predeterminado, era difícil saber cuánto de aburrida se había sumado en
la última hora de infructuoso entrenamiento.
—No necesito esto para que les agrades. Lo necesito para que te
respeten. La gente no respeta a los policías que pierden la paciencia en
el estrado de los testigos.
—Yo no...
—Frankie Papadopoulos es la escoria de la tierra. Utilizará todas
las tácticas delicadas y malintencionadas que pueda pensar para
desacreditar tu testimonio durante el interrogatorio. Después del juicio
de Drew Barton, todos los abogados defensores de la ciudad saben que
la mejor manera de provocarte es a través de tu conexión con los Siete de
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Picas. Y después de todo lo que sucedió esta semana, eres un barril de
pólvora más volátil que nunca.
Levi dejó caer su tenedor de plástico en su caja y apartó su comida
a medio comer.
—Puedo manejarlo. Estoy mejorando.
—Te creo. Pero aún así tenemos que practicar. —Ella dobló las
manos sobre la mesa, sus ojos concentrados sobre su rostro—. Levi, la
gente te respeta incluso cuando no les gustas personalmente. Tienes un
aire de gravedad que las personas encuentran tranquilizador en una
figura de autoridad. Eso siempre ha servido en el pasado en beneficio de
la fiscalía. He leído transcripciones de tu testimonio en juicios anteriores,
y nunca tuviste un arrebato de ira en la sala de audiencias antes que
apareciera el caso Siete de Picas.
—Estoy haciéndolo lo mejor que puedo —dijo él con cansancio—.
¿Crees que quiero ser el tipo de persona con que la gente cree que tiene
que andar de puntillas por temor a que se salga de control en cualquier
momento? Quiero decir, Dios, solían pensar mal de Jonah Gibbs por sus
bromas de mal gusto, y ahora yo soy incluso peor que él.
—Estás bajo una forma de estrés que es casi inimaginable. La gente
que te conoce está dispuesta a darte un poco de espacio. —Con un
encogimiento de hombros, ella se echó hacia atrás en su silla—. Los
extraños, no tanto.
—¿Eso es tan importante en este caso? La evidencia física es
abrumadora. Wilson se lesionó durante el asalto al casino y lo atraparon
con su AR-15 aún en sus manos. No hay lugar para duda alguna de su
culpabilidad.
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Ella hizo una mueca.
—Has sido policía por demasiado tiempo para ser tan ingenuo. La
gente es estúpida. Toman decisiones con sus entrañas, no con sus
cabezas. Entonces, si Papadopoulos te hace ver como un cañón a punto
de explotar, toda la evidencia con la que estés conectado estará
manchada por simple asociación. No veré a un nazi salirse limpio en
varios homicidios porque doce idiotas decidieron que no pueden confiar
en el detective involucrado en el caso.
Ella tenía razón. El trabajo de un policía no terminaba cuando el
perpetrador iba a la cárcel; proporcionar un testimonio útil para la
fiscalía era tan importante como la investigación en sí. Estaba dejando
que su ansiedad por el interrogatorio lo superara.
—Lo entiendo. —Él dejó escapar un fuerte suspiro—. Está bien,
vamos a intentarlo de nuevo.
—Utiliza palabras más pequeñas esta vez —le indicó ella mientras
tiraba los contenedores para llevar y revolvía sus papeles—. Los jurados
deben ser alimentados con cucharas de información, como si fuesen
tontos niños pequeños.
Él no pudo evitar reír.
—Eres muy humanitaria.
Pasaron una hora más practicando el testimonio que Levi
proporcionaría como testigo de Leila, que era la parte fácil, y luego
practicando el lado contrario, para lo cual Leila asumió el papel de
Papadopoulos. Ella no frenó sus golpes, lo que Levi apreciaba. La única
forma de practicar su control era experimentar lo más cerca posible la
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genuina provocación. De hecho, todo esto le recordó el juego de rol que a
veces hacía en sus sesiones con Alana.
No era demasiado tarde cuando lo dejaron y aún había muchos
autos en el estacionamiento al lado del edificio de oficinas de Leila. Levi
se había estacionado más cerca de la entrada, pero caminó con ella hasta
su auto, contándole sobre su progreso con el anillo de secuestro. Con un
poco de suerte, tendría algunas de las identidades de los mercenarios
para cuando regresara a la subestación.
Incluso cuando él mención eso, ella frunció el ceño y miró su reloj.
—¿Vas a volver al trabajo?
—¿A dónde más iría?
—Levi...
Su boca se cerró de golpe, y ambos dejaron abruptamente de
caminar. Estaban en uno de los niveles inferiores del garaje, entre dos
filas de autos estacionados. Aunque nada parecía fuera de lo común, la
parte posterior del cuello de Levi se erizó con inquietud mientras las
campanas de alarma se dispararon en su cabeza. Mirando a Leila, supo
que ella también lo sentía.
—Algo no está bien —afirmó ella.
Antes que él pudiera responder, múltiples puertas cerrándose
retumbaron en el hormigón cuando los hombres bajaron de autos
estacionados en todas direcciones. Levi se giró automáticamente de modo
que quedó de espaldas a una pared, lo que dificultaba que alguien se
pusiera detrás de él. A su derecha, Leila hizo lo mismo.
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Los hombres se acercaron a ellos en un suelto semicírculo: ocho
en total, todos blancos, algunos muy tatuados. La mayoría estaban con
las manos vacías, pero uno movía ociosamente un bate de béisbol de
aluminio en una mano, mientras que la otra hacía girar una cadena de
hierro en círculos perezosos.
Estos gilipollas no necesitaban presentación. Sus tatuajes y las
repugnantes consignas en sus camisetas proclamaban que eran de
Utopía tan fuerte como si lo estuvieran gritando.
Levi cambió a una postura de combate, pero no intentó tomar su
arma, eso solo agravaría la situación, y Leila y él estaban terriblemente
superados en número.
—Mira lo que tenemos aquí —dijo el hombre en el centro del grupo,
un delgado y esbelto cabeza rapada con ojos agudos—. Un judío y una
árabe. ¿No se supone que son enemigos?
—Corey Fletcher —enfatizó Leila—. ¿No se supone que estás en la
cárcel?
Fletcher sonrió.
—Buen comportamiento.
—¿Conoces a este tipo? —preguntó Levi.
—Él ha estado entrando y saliendo de la CCDC. Agresión,
vandalismo, hurto. —Ella barrió la alineación de hombres con una
mirada que goteaba desdén—. Pero podría estar confundida. Todos estos
punks nazis me parecen iguales.
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
—¡No somos nazis! —exclamó un chico a la izquierda de Fletcher,
inflando su pecho—. Solo porque estamos tratando de preservar nuestra
raza...
—Sí, no suenas como un nazi en absoluto —se burló Leila.
El pandillero hizo un gruñido y se dirigió hacia ella, pero Fletcher
le dio una palmada en el pecho.
—Los dos nos han estado causando muchos problemas en los
últimos meses —dijo Fletcher, su tono rebozaba pura indiferencia. Miró
a Levi de arriba abajo—. Pensé que era hora que viéramos de qué se
trataba todo este alboroto. Has estado haciéndote de una gran
reputación, muchacho.
Las fosas nasales de Levi se ensancharon.
—Solo estoy haciendo mi trabajo, lo cual, les recuerdo, es ser
detective del LVMPD.
Aunque los labios de Fletcher se curvaron, sus ojos permanecieron
intactos.
—UH Huh. ¿Y estás haciendo tu trabajo cuando drogas a la gente
y les cortas las gargantas?
El pulso de Levi se aceleró cuando un rubor ardiente recorrió su
piel. Se acomodó más ligero sobre las puntas de sus pies, con las manos
flexionándose con una energía inquieta.
—No soy el Siete de Picas. ¿Pero si yo fuera un asesino en serie que
me hubiese agenciado más de veinte cuerpos en menos de un año,
realmente crees que sería una buena idea joder conmigo?
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—Los Siete de Picas atrapan a las personas por sorpresa. No tienes
eso ahora.
Fletcher avanzó, y Levi captó el brillo del acero debajo de su
chaqueta. Levi se movió rápidamente, sacó su propia pistola, pero
también lo hicieron tres de los pandilleros, así como el propio Fletcher.
La tensión en el estacionamiento aumentó exponencialmente, los
hombres se erizaron con la anticipación del derramamiento de sangre. El
corazón de Levi martilleaba contra su caja torácica. A su lado, Leila se
había quedado completamente inmóvil.
La verdad era que no sabía si podría usar su arma. Desde que
había matado al autor de una crisis de rehenes hace un año, tenía una
tendencia a ahogarse cuando sacaba su arma. La única vez que pudo
disparar fue para proteger a Dominic de una muerte inminente, así que
tal vez podría hacer lo mismo por Leila...
—Ponla en el suelo y patéala hacia mí —ordenó Fletcher. Su agarre
en su propia arma era firme como una roca.
Aunque dudó, no había una verdadera elección. Un arma no haría
una mierda contra cuatro, incluso si él confiaba en sí mismo para
disparar.
Se agachó para poner su arma en el suelo, luego se levantó y le dio
una patada. Fletcher la pateó de nuevo, enviándola deslizándose a través
del concreto para quedar debajo de un auto al otro lado del pasillo.
—No te preocupes, no te vamos a matar. —Fletcher bajo su arma
y asintió a sus amigos, quienes guardaron las suyas—. Solo les vamos a
enseñar una lección sobre conocer su lugar. Eso enviara un mensaje a
esta ciudad depravada.
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Mientras Fletcher hablaba, Leila se colocó ligeramente detrás de
Levi, y él la oyó abrir su bolso. Pensando que podría estar tratando de
pedir ayuda a escondidas, hizo todo lo posible por mantener la atención
de los pandilleros en sí mismo.
—¿Qué mensaje seria ese? —preguntó, dejando que su burla se
escuchara en su voz.
El rostro de Fletcher se iluminó con pasión, sus ojos brillaban como
con fiebre.
—La revolución está llegando. Utopía no se mantendrá ociosa
mientras nuestro país está invadido por judíos, sodomitas y razas
menores. Estamos tomando medidas, y comienza contigo. Cuando
terminemos con los Siete de Picas, todos sabrán que esta es nuestra
ciudad. Seremos el nombre al que teman.
—Oh, Dios mío —espetó Levi—. Estás tan jodidamente delirante
que sentiría pena por ti si no me hubieras dado ganas de vomitar.
Fletcher sonrió, y el semicírculo se estrechó a medida que los
hombres avanzaban. Ahora todos sonreían, hacían crujir sus nudillos y
movían el cuello de un lado a otro. El que tenía el bate de béisbol afianzó
su agarre; el que tenía la cadena de hierro golpeó el metal contra su
palma.
—Ahora bien, sé que tienes todo tipo de astutos trucos israelíes
bajo la manga. —Fletcher aún tenía la pistola en la mano—. Pero no los
vas a usar, ¿verdad? No cuando podríamos hacerlo mucho peor de lo que
ya estamos planeando para tu bonita amiga abogada.
—Oh, por favor. —La cartera de Leila cayó al suelo, y ella salió de
detrás de Levi con un grueso cilindro negro en la mano. Ella lo partió por
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la mitad, movió ambas mitades hacia un lado para expandir dos bastones
largos y malvados—. No te retengas por mi causa.
Los ojos de Levi se ensancharon. Varios de los hombres
retrocedieron, sobresaltados, intercambiando miradas inciertas. Leila
miró a Levi y arqueó una ceja con una sonrisa en su boca.
De acuerdo.
Los bastones de Leila destellaron mientras se elevaba hacia los
cuatro hombres de la derecha, todos ellos gritaron consternados y
retrocedieron. Eso dejó a Levi con los otros cuatro: Fletcher, quien estaba
parado directamente frente a él y el único que todavía sostenía un arma,
y otros tres hombres a su izquierda.
El arma era la mayor amenaza, una Levi tenía que neutralizar
antes que Fletcher se recuperara de su conmoción. La mano de Levi salió
disparada para redirigir el arma a su izquierda, manteniendo a Leila fuera
de la línea de fuego, antes que su otra mano se acercara para atrapar el
percutor. Se lanzó hacia adelante en diagonal y pateó fuertemente a
Fletcher en las pelotas, entonces giró el arma bruscamente para quitarla
de su agarre. Un fuerte chasquido fue acompañado por un grito de dolor
cuando el movimiento de desarme rompió el dedo índice de Fletcher.
Levi tenía el arma ahora, pero los hombres lo rodeaban, y tomarse
el tiempo para disparar lo dejaría vulnerable a un asalto por detrás.
Luchó con las piernas para mantenerlos a raya, primero clavando al que
venía por detrás con una patada que envió al hombre volando hasta un
auto estacionado y activó una alarma estridente, entonces usó el impulso
para clavar el pie en el pecho de otro hombre que venía hacia él desde el
frente. Cuando Fletcher hizo un valiente intento de volver a atacarlo, Levi
dio una patada lateral y lo tiró sobre su culo.
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El hombre con el bate lo levantó por encima de su cabeza con
ambas manos, gritando mientras cargaba contra Levi. Fue un ataque tan
salvaje que Levi tuvo mucho tiempo para esquivarlo, agachándose y
deslizándose en ángulo. Giró su pierna izquierda en un gancho
modificado atrapando al tipo justo debajo de las rodillas y haciéndole caer
sobre el cemento.
A tres metros a su derecha, Leila era un torbellino de fluidos y
continuos ataques, y sus dos brazos operaban de forma independiente
en una muestra de elegante coordinación como nada que hubiera visto
Levi. Sus bastones golpeaban a los hombres con rápidos y desagradables
cracks, y solo el que tenía una cadena de hierro estaba dando una buena
pelea.
El momento que le llevó a Levi chequear como le iba a ella, dio a
uno de sus atacantes la oportunidad de atraparlo con la guardia baja con
un gancho de derecha. Su defensa estaba descuidada así que, aunque
logró evitar el impacto directo del golpe, fue suficiente como para
sacudirle el cerebro.
Este tipo era un boxeador entrenado; era claro por la fuerza
devastadora y la precisión de sus golpes. Él dirigió su puño izquierdo
hacia el plexo solar de Levi y siguió con una cruz derecha que se estrelló
contra su cara a toda velocidad. Jadeó por aire mientras sangre brotaba
de su nariz y boca.
Levantó las manos para proteger su rostro, por lo que pudo redirigir
el siguiente golpe del tipo más por reflejo que por cualquier otra cosa…
con su mano derecha, la que todavía sujetaba el arma. El hombre siseó
de dolor y cometió el error de alzar su otro brazo para dar un poderoso
puñetazo, mostrando inequívocamente sus intenciones.
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Levi se inclinó fuera de la línea de ataque, redirigió el brazo del
hombre sosteniéndolo totalmente extendido. Cuando el hombre luchó por
alejarse, Levi lo golpeó con la pistola varias veces hasta que cayó
inconsciente en el suelo.
Uno de los bastones de Leila destrozó la ventana de un auto, y otra
alarma se unió a la cacofonía que ya chillaba contra las paredes de
cemento junto con los gritos de enojo y gruñidos de dolor. Levi sacudió la
cabeza, todavía desorientado, y escupió un poco de sangre.
El del bate de béisbol permanecía en el suelo, aturdido por la caída,
pero Fletcher y su otro amigo se habían recuperado. Corrieron hacia Levi
por ambos lados, lo agarraron de los brazos y lo empujaron hacia atrás
demasiado rápido para que él se defendiera. Lo levantaron en el aire y lo
tiraron de espaldas contra el maletero de un automóvil.
Aunque el golpe hizo que Levi quedara en una mala posición y le
hizo soltar el arma, llevó las rodillas a su pecho por pura memoria
muscular. Había pasado demasiados años entrenado para mantener sus
piernas entre un atacante y él como para dejar su cuerpo como un
objetivo completamente fácil.
Buena cosa, también, porque el del bate de béisbol se estaba
poniendo de pie. Agarrando su arma avanzó hacia Levi con una sonrisa
maliciosa que prometía una retribución mientras los otros dos hombres
lo sostenían sobre el auto.
A la mierda con eso. Levi se giró sobre su cadera izquierda,
agradeciendo a Dios por su flexibilidad, y pateó a Fletcher en la cabeza
hasta que el hombre maldijo y se retiró. Con su brazo izquierdo libre, fue
capaz de rodar hacia su derecha, se arrodilló moviendo su antebrazo y
su codo para protegerse la cabeza unos segundos antes que el bate se
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estrellara justo donde él había estado, rompiendo la ventana trasera del
auto.
—¡Mierda! —exclamó el del bate de béisbol. Se echó hacia atrás
para asestar otro golpe.
Levi se desenrolló y le dio una patada en el rostro, rompiéndole la
nariz. Simultáneamente, se estiró y clavó los dedos de su mano libre en
los ojos del hombre que todavía lo sostenía.
Cuando el hombre gritó y lo soltó, Fletcher corrió hacia adelante
para agarrar uno de los pies de Levi en un intento de voltearlo o de
arrastrarlo fuera del auto, Levi nunca lo supo, porque levantó su otra
pierna en el aire doblándola para precipitarla hacia abajo para golpearlo
en las manos. Con el agarre liberado, Levi retiró ambas piernas y desató
una brutal patada doble que impulsó a Fletcher hacia atrás, justo sobre
el del bate de béisbol.
Tan pronto como los dos hombres se derrumbaron en un montón,
una llanta salió disparada por el aire y los golpeó a ambos. Levi miró a
su derecha y vio que el hombre que la había estado manejando estaba
fuera del conteo, con la cara y las manos llena de moratones de los
bastones de Leila.
Levi saltó del maletero solo para que el hombre cuyos ojos había
atacado para soltarse, lo girase e intentara aplastarlo de nuevo contra el
auto. Levantó las manos a tiempo para evitar que lo aplastaran o le
golpearan la cara, pero el hombre se pegó a él mientras lo ahogaba por
detrás, sin dejar espacio entre sus cuerpos.
Tosiendo, Levi arrancó una de las manos del hombre de su
garganta aflojando el estrangulamiento mientras movía su pie por la
espinilla del hombre y pisoteaba su empeine. Cuando el tipo gruñó y se
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movió hacia atrás, Levi tuvo espacio para levantar su talón con una feroz
patada de mula dándole justo en las pelotas.
El hombre chilló. Levi repitió la agresión, acumulando dolor sobre
dolor. Lanzó un codazo sobre la barbilla del hombre y le volvió a dar otra
patada, entonces tomó con una mano uno de los vidrios templados de la
ventana rota del auto mientras se giraba, al mismo tiempo que sus golpes
de codo se clavaban en la mejilla del hombre una y otra vez.
Detrás de quien lo ahorcaba, Fletcher y el del bate de béisbol
estaban de pie. Tiró el vidrio hacia sus rostros para mantenerlos atrás,
agarró la nuca de su ahorcador y golpeó la cara del hombre contra el
borde del maletero, dejándolo inconsciente.
Fletcher todavía estaba quitándose el vidrio templado de los ojos,
pero el del bate llegó a Levi blandiéndolo en un verdadero giro horizontal.
Levi giró el hombro, levantó la otra mano para protegerse el rostro y se
lanzó al ataque, golpeando de costado el hombro del hombre, de modo
que el bate se balanceó inofensivamente a su alrededor. Antes que el
hombre pudiera recuperarse, Levi envolvió el brazo que sostenía el bate,
le lanzó el codo directo a su cara y lo golpeó dos veces más en la ingle.
Cuando sintió que el hombre se debilitaba, Levi tiró de él
quitándole el bate de la mano golpeando de lado contra su cabeza.
Cuando el hombre se tambaleó, Levi lo agarró por el hombro y la muñeca
y giró una pierna hacia atrás para golpear las pantorrillas del hombre,
barriéndolo de sus pies. El hombre aterrizó con fuerza sobre su espalda,
todavía consciente, pero los golpes en la cabeza con el bate y el cemento
lo habían incapacitado.
Levi se arriesgó a mirar por encima del hombro para ver cómo
estaba Leila. Uno de sus dos atacantes restantes estaba tratando de
sacar su arma, pero la lucha para recuperarla de su cintura le dio a ella
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tiempo suficiente para tumbarlo completamente. Ahora, como a Levi, solo
le quedaba un hombre.
Levi volvió su atención a dicho hombre, Fletcher, quien lo estaba
mirando con odio venenoso. Era un poco impresionante que el tipo
todavía estuviera de pie a pesar de su rostro sangrante y su dedo roto.
También parecía haber aprendido su lección sobre cómo atacar. En
lugar de intentar aplastarlo, sacó una navaja de su bolsillo y deslizó su
larga hoja antes de avanzar con precaución.
Amagaron y evadieron, ambos desconfiando de las armas del otro.
El bate de béisbol daba a Levi la ventaja de un alcance más largo, pero si
Fletcher se acercaba con ese cuchillo, el bate sería inútil y Levi estaría
jodido.
Levi le sacó el jugo a la longitud del bate, manejándolo con rápidas
y feroces oscilaciones, llevando a Fletcher hacia atrás con el objetivo de
atraparlo contra uno de los pilares de concreto del garaje. Su estrategia
fue exitosa, pero cuando osciló el bate hacia la cabeza de Fletcher, éste
se agachó en el último segundo y el bate se estrelló contra el pilar.
Levi había puesto tanta fuerza detrás del movimiento que reverberó
dolorosamente a través del bate de metal, sacudiéndole los huesos arriba
y abajo de sus brazos. Lo dejó caer con un grito.
Fletcher se lanzó hacia delante con una puntada diagonal con la
navaja. Levi se echó hacia atrás saliendo de su alcance, levantando sus
manos para proteger su rostro por si acaso. Cuando Fletcher intentó con
un golpe de revés, Levi se lanzó directamente para golpear sus antebrazos
contra el brazo que sostenía la navaja como si fueran postes, deteniendo
el movimiento. Agarró el brazo de Fletcher con una mano, dándole varios
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puñetazos en la cara con la otra y le asestó un golpe en las pelotas por si
acaso.
Sin detenerse ni por un momento, ya que cada segundo que un
cuchillo estaba en juego era un segundo de más, Levi agarró la mano que
sostenía el arma con las suyas, la giró y tiró a Fletcher sobre su espalda.
Levantando el brazo de Fletcher hacia arriba, Levi le hizo rodar sobre su
estómago, dislocándole el hombro en el proceso para finalmente quitarle
la navaja.
Miró hacia Leila. Estaba terminando con su propio atacante de pie,
pero uno de los hombres detrás de ella había recuperado la conciencia y
estaba arrastrándose sobre su vientre hacia la pistola que Levi había
dejado caer antes.
—¡Detrás de ti! —gritó Levi.
Leila se giró, movió su bastón derecho a un agarre de revés y golpeó
al hombre con un suave golpe diagonal.
Las alarmas de los coches continuaban sonando a su alrededor.
Cada uno de los ocho pandilleros estaba en el suelo, algunos
inconscientes y otros demasiado heridos para moverse. Levi cerró la
navaja de Fletcher y se apresuró al lado de Leila, pateando el arma caída
aún más lejos.
—No puedo creer que la policía no haya aparecido todavía. —Ella
escudriñó el garaje mientras giraba en un círculo lento—. Alguien tiene
que haber escuchado algo de toda esta conmoción.
Uno de sus pómulos estaba hinchado, y la sangre goteaba de la
comisura de su boca… pero sus ojos centellaban, su rostro brillaba con
la misma emoción embriagadora y triunfante que Levi sentía después de
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ganar una pelea difícil. Era la mayor emoción que había visto en el
semblante de ella.
—¿Arnis? —preguntó él, señalando sus bastones con una mano y
buscando sus esposas con la otra. Él había reconocido el estilo de lucha;
era el arte marcial nacional de Filipinas, también llamado Kali o Eskrima.
Cuando ella asintió, él le preguntó—: ¿Dónde aprendiste?
—La familia de mi mejor amiga de la infancia era de Filipinas. Su
padre era un maestro. —Leila se agachó para golpear los extremos de sus
bastones contra el suelo, haciendo que se replegaran, se puso de pie y
volvió a unir las dos piezas—. A su hija no le interesaba aprender, pero a
mí sí. Me enseñó todo lo que él sabía. Lo he estado practicando la mayor
parte de mi vida.
—Eres increíble. —Levi miró sus esposas, dándose cuenta que no
tenía sentido restringir a un hombre de ocho. De todas maneras, se
sorprendería si cualquiera de estos hombres pudiera levantarse por sí
solo.
—Igual que tú —dijo Leila. Recogió su bolso, le sacudió los cristales
rotos y ladeó la cabeza—. ¿Estás bien?
Estaba temblando por la adrenalina y la emoción, su corazón latía
con fuerza, su cerebro estaba acelerado, como si acabara de tomar un
puñado de anfetaminas.
—Sí, estoy bien. —Se limpió un poco de sangre del rostro, se miró
a sí mismo y se estremeció ante el destrozo de su ropa—. Sin embargo,
parece que arruiné otro traje.
En cualquier segundo, comenzaría la excitación… esa lujuria
urgente que sentía después de cualquier pelea de vida o muerte, el anhelo
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indomable de ser jodido profunda, dura y ásperamente hasta correrse
gritando. Ya podía sentirla agitarse en sus entrañas, encendiéndose cada
vez más caliente mientras dejaba que su memoria se detuviera en el ruido
de la carne sobre carne, el chasquido de huesos, la visión de sus
enemigos cayendo por sus puños.
Dominic podría cuidar de él. Dominic podría darle lo que él
necesitaba, dejarlo jodido y saciado de una manera que ningún otro
hombre había podido hacer nunca...
No. Dios, esto tenía que parar.
Las sirenas chillando anunciaron la llegada de dos vehículos que
venían bajando por las rampas del estacionamiento. Los autos se
detuvieron en seco al final de la fila y varios policías saltaron con las
armas en la mano. Se quedaron boquiabiertos ante los ocho hombres
golpeados y ensangrentados repartidos entre los coches abollados.
—Mejor tarde que nunca, supongo —resopló Leila.
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Capítul♠ 12
—¿Estás bien, Dom? —preguntó Carlos—. Pareces distraído.
—¿Eh? —Dominic levantó la vista de los programas de la
ceremonia que estaban organizando—. Oh, sí, estoy bien.
Después del trabajo, él se había ido al apartamento de Carlos y
Jasmine para ayudar con la planeación de ceremonia y la cena de la boda.
Su parte estaba desparramada sobre la mesa de café, mientras que ellos
estaban a su lado sobre el suelo, encorvados sobre la cartulina que
estaban utilizando para planear la ubicación de los asientos para la
recepción. Rebel yacía a pocos metros de distancia, royendo felizmente
un enorme hueso de cuero que podría haber sido arrancado de una
megafauna prehistórica.
La mirada de soslayo que intercambiaron Carlos y Jasmine era
reveladora. Sin embargo, por una vez, no eran los problemas de juego lo
que tenía tan preocupado a Dominic.
—Es uno de mis casos —dijo para tranquilizarlos—. El cliente me
ha estado evitando durante un día y medio, y no puedo avanzar como
necesito hasta que hable con él.
El hecho que Royce evadiera tan evidentemente, no solo sus
llamadas, sino también sus visitas, había hecho que revisara su opinión
sobre si su cliente era totalmente ajeno a lo que estaba sucediendo. Sin
embargo, dudaba en poner a Juliette bajo seria vigilancia sin el visto
bueno de Royce.
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Mientras tanto, había hurgado más y estaba seguro que Royce
había estado pagando los gastos de Juliette durante meses, lo que no era
algo que un hombre haría por una aventura sin importancia. También le
había pasado la foto de Juliette a Paulie y a sus otros contactos
criminales, junto con el nombre de Bennett, para ver si eso hacía que
algo saltara.
Carlos y Jasmine aceptaron su explicación sin discutir. Así que, él
volvió a concentrarse en los programas, que mostraban acuarelas
abstractas de color melocotón pálido, verde terroso y naranja atardecer
sobre un fondo blanco. Si bien trabajaba como artista de tatuajes,
Jasmine era experta en múltiples medios de arte visual, y ella misma
había diseñado toda la papelería para la boda, desde las invitaciones
hasta las tarjetas de ubicación en las mesas.
—¿Cómo está Levi? —preguntó Jasmine después de unos
momentos de laborioso silencio—. Ya sabes, con… todo. Lo llamé para
ver cómo estaba el día después que encontró a ese tipo en su auto, y
estaba aún más serio de lo normal.
Dominic se encogió de hombros.
—No es a mí a quien deberías preguntar.
Le preocupaba que Levi no lo hubiera informado de su lado del caso
desde esa mañana. No debía de haber encontrado nada en las cámaras
de seguridad de la estación de servicio, después de todo. O tal vez todavía
estaba mirando las grabaciones, tendía a meterse en un caso para
distraerse de la misma manera en que lo hacía él.
—Entonces —exclamó Dominic, con el objetivo de cambiar el
enfoque de la conversación a sí mismo—. Despedida de solteros mañana.
¿Estás emocionado?
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—Si por “emocionado” te refieres a “nervioso”, entonces seguro que
sí —dijo Carlos—. ¿En verdad no vas a decirme nada al respecto?
—No. Es una sorpresa.
—Mientras no se convierta en The Hangover13.
—Nunca te daría roofie14 —dijo Dominic solemnemente.
Carlos y Jasmine se rieron.
Por la mañana, Dominic tendría que intentar confrontar a Royce
en su casa. El hombre no le había dejado otra opción. Carolyn Royce
había ayudado a obligar a su esposo a actuar como un ser humano una
vez antes, por lo que también podría ser de ayuda esta vez.
Hasta entonces, la mente de Dominic pertenecía aquí, con sus
amigos. Se concentró en su tarea y tomó un sorbo de cerveza mientras
escuchaba la poética de Jasmine sobre un viaje de ácido salvaje en sus
días de universidad.
Unos diez minutos después, Rebel levantó la cabeza y miró la
puerta principal. Dominic lo notó, pero no pensó en nada hasta que ella
se levantó, abandonó su hueso y ladró dos veces.
En ese momento, Dominic se levantó también, su mano yendo a su
arma. Carlos y Jasmine se pusieron tensos y callados.
13 The Hangover: (Resacón en Las Vegas en España y ¿Qué pasó ayer? en Latinoamérica)
es una comedia dirigida por Todd Phillips y protagonizada por Bradley Cooper, Ed
Helms, Zach Galifianakis y Justin Bartha, donde estos 4 amigos organizan la despedida
de solteros de Doug en Las Vegas, pero se les pierde el novio junto con los recuerdos de
lo que sucedió esa noche.
14 Roofie: llamada droga de la violación y es lo que les habían dado a los protagonistas
de la película por lo que perdieron la memoria.
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—¿Qué es? —preguntó Carlos.
—No lo sé…
Rebel ladró de nuevo. Dominic oyó un golpe en el pasillo, seguido
del sonido de pies corriendo. Corrió hacia la puerta, la abrió de golpe y
miró hacia arriba y hacia abajo del pasillo, el cual, debido a que su edificio
estaba diseñado como un motel, estaba abierto directamente a la noche.
Rebel corrió a su lado.
—Quédate —ordenó Dominic cuando vio el corredor. Era solo un
niño delgado con una sudadera con capucha, quien saltó por la escalera
exterior como un campeón de parkour15. El chico corrió a través del patio
interno, traspasó las puertas de la propiedad, y entró en un auto que le
esperaba, el cual salió a toda velocidad con un chirrido de neumáticos.
Jasmine y Carlos vinieron detrás de Dominic.
—¿Qué está pasando? —preguntó Jasmine.
Dominic frunció el ceño después que las luces traseras
desaparecieran rápidamente.
—No estoy seguro.
Rebel trotó hacia la puerta de su apartamento, una unidad más
allá, y olfateó un grueso sobre de papel manila que habían dejado caer
delante de la puerta. Él la alejó, giró el paquete con la punta de su zapato,
15Parkour: El bcspn (pronunciado en francés: [ickkc]) es una disciplina física en la
capacidad mkotriz de roxy, desarrollado a partir del método natural. Los practicantes
son denominados traceurs y tienen como objetivo trasladarse de un punto a otro en un
entorno de la manera más sencilla y eficiente posible, adaptándose a las exigencias del
mismo con la sola ayuda de su cuerpo.
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
con el corazón en la garganta mientras esperaba ver la insignia de los
Siete de Picas.
Sin embargo, en lugar de una carta de juego, el paquete mostraba
una imagen de una avispa lista para atacar, el símbolo de Los Avispones.
—Que… —Dominic tendió una mano deteniendo a Carlos y
Jasmine—. No lo toquen.
Recuperó un par de guantes de nitrilo de su apartamento y volvió
a recoger el paquete. Sus amigos lo siguieron mientras él lo llevaba
dentro, despejaron un espacio alrededor de la basura que se había
acumulado en su mesa de comedor desde que Levi había limpiado el
apartamento, y lo apoyó.
Rebel no parecía preocupada por el contenido del paquete, por lo
que Dominic tampoco lo estaba; como un perro de protección personal
entrenado, ella habría detectado explosivos. Abrió el sobre y dejó caer el
contenido sobre la mesa.
—Whoa —exclamó Carlos, con los ojos muy abiertos—. Son…
—Documentos falsos. —Dominic los examinó con las manos
enguantadas. Había dos juegos de documentos falsificados, certificados
de nacimiento, pasaportes, licencias de conducir, tarjetas de seguridad
social… pero los documentos estaban a medio terminar. Todavía no
tenían fotografías, parte de la información demográfica estaba en blanco
y varios de los diseños estaban chorreando tinta fresca.
Jasmine hizo un ruido de burla.
—No son muy buenos, ¿no? Lo que quiero decir es que yo podría
hacer un mejor trabajo que esto.
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Dominic y Carlos la miraron.
—Sólo digo.
—Estos son los tipos de documentos que haces cuando uno se está
preparando para comenzar una nueva vida —les explicó Dominic—. Hay
dos juegos aquí, uno para un hombre y otro para una mujer. Nicholas
Fox y Monica Bennett. —Se echó hacia atrás sobre sus talones.
—¿Eso significa algo para ti? —preguntó Carlos.
Dominic asintió distraídamente. Papeles falsos para un hombre y
una mujer, uno con el mismo nombre que el cliente de los secuestradores
y el otro con el nombre adjunto a la cuenta bancaria que había recibido
los pagos de rescate… Levi había tenido razón todo el tiempo. Royce y
Juliette estaban planeando huir.
Su teléfono sonó, sobresaltando a los tres. Lo sacó de su bolsillo y
miró la pantalla.
BLOQUEADO.
La parte inferior de su estómago se retorció. Sabía exactamente
quién estaba en el otro extremo de la línea, incluso si no estaba seguro
de por qué.
Mientras Carlos y Jasmine le observaban con preocupación,
Dominic se aclaró la garganta seca y contestó el teléfono.
—¿Hola?
—No diga que nunca le doy nada, señor Russo —dijo el áspero
sonido electrónico de la voz disfrazada del Siete del Picas.
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Con su mano libre Dominic se aferró al borde de la mesa. Aunque
los Siete de Picas habían llamado en algunas ocasiones a Levi, al trabajo
como a su teléfono, todas las interacciones pasadas de Dominic con ellos
habían sido a través de textos o mensajes escritos. Esta era la primera
vez que lo llamaban directamente.
Abrió una aplicación para grabar la llamada antes de volver a
hablar.
—¿Asumo que son responsables del paquete que acabo de
encontrar en mi puerta?
—Un presente de mis amigos en Los Avispones.
—¿Cómo?
—Se enteraron que estabas buscando a una mujer llamada
Bennett quien está conectada a estos secuestros recientes. Uno de sus
falsificadores fue contratado por un tercero para hacer esos papeles para
una mujer con el mismo nombre. Mucha coincidencia, ¿no?
—¿Así que hiciste que me dieran los papeles?
—No insistí en ello. Sólo lo sugerí. No habría sabido nada al
respecto de esto si mis amigos no hubieran venido a mí primero. Ellos
conocen mi… relación especial contigo.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Dominic. No había manera que a
los Siete de Picas les importase que ciertos adultos fueran secuestrados
por un rescate, no había traición a la confianza involucrada, y ellos no se
preocupaban por los delitos comunes.
Después de una breve pausa, el Siete de Picas dijo:
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
—¿Tienes idea de cuánto tiempo he estado planeando mi regalo
para el detective Abrams?
—¿Regalo? —Dominic hizo una mueca—. ¿Te refieres a secuestrar
y asesinar a los hombres que lo atacaron cundo estaba en la universidad?
Aunque Carlos y Jasmine debían tener sus sospechas sobre con
quién estaba hablando Dominic, eso fue lo que lo confirmó. Ambos se
apartaron de la mesa, Carlos respiró hondo y Jasmine se llevó una mano
a la boca.
—Meses de cuidadosa preparación y estrategia —afirmó el Siete de
Picas—. Decenas de miles de dólares. Sin mencionar el considerable
esfuerzo físico que he gastado. Toda la inversión de tiempo, dinero y
energía… ¿y la misma semana estos idiotas asquerosos explotan su
operación y revelan su anillo de secuestro a toda la ciudad?
Dominic alejó el teléfono de su oreja y lo miró por un segundo.
—Lo lamento, ¿estás diciendo que me estás ayudando con este
caso porque estás molesto porque la gente detrás de esto está robando tú
gloria?
—Estoy diciendo que Las Vegas tiene asuntos más importantes de
los que preocuparse. Quiero que la gente se enfoque de nuevo en lo que
debe.
—Y por “enfocarse” te refieres a que vuelvan los “reflectores” a ti.
—Esta es mi ciudad —exclamó el Siete de Picas con tal repentina
malicia que rompió incluso el efecto aplanador del algoritmo de
enmascaramiento—. Cuando mis planes para el Detective Abrams se
hagan realidad, nadie en Las Vegas se preocupará por otra cosa. Ni
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siquiera hemos arañado la superficie de lo que tenemos reservado para
él. Nada va a interponerse en el camino.
Un sudor frío estalló en la frente de Dominic y corrió a lo largo de
su columna vertebral. ¿Qué demonios estaba planeando hacerle este
monstruo a Levi? Más importante aún, ¿cómo podría él frenarlo?
Sacudiendo la cabeza, Dominic preguntó:
—¿Por qué me envían estos documentos en lugar de a Levi? —Pero
respondió inmediatamente a su propia pregunta—. Claro, por supuesto.
Porque si el detective en el caso obtiene esta información de un asesino
en serie, el abogado defensor lo impugnaría de inmediato. Pero si Levi lo
obtiene de un investigador privado quien solo puede decirle que lo obtuvo
de un informante, probablemente no se descartaría como prueba
admisible.
—¿Quién dijo que eras solo una cara bonita?
—Aún así, esto no me da mucho con lo que seguir. Ni siquiera hay
fotos.
—El falsificador no había recibido aún las fotografías. Estos
papeles eran solo un borrador, una especie de plantilla. No puedo hacer
todo el trabajo por ti.
—Yo…
—¿Eres investigador privado o no? Investigue, señor Russo. Y
rápido. —La voz del Siete de Picas se endureció—. Porque estoy perdiendo
la paciencia.
La comunicación se cortó. Dominic desactivó la app de grabación,
guardó el archivo y dejó el teléfono. Su mano temblaba.
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—Oh, Dios mío, Dom —exclamó Jasmine, agarrando el brazo de
Carlos como si estuviera buscando apoyo—. Ese era el Siete de Picas,
¿verdad? ¡Acabas de hablar con un asesino en serie!
—Sí. —Él se pasó ambas manos a través del cabello—. Lo lamento,
tengo que encargarme de esto. ¿Podríamos dejar para después lo de los
programas?
No fue fácil evadir sus preocupadas preguntas y exclamaciones,
pero se las arregló para sacar a Carlos y Jasmine de su apartamento y
ponerlos a salvo en su propio departamento. De regreso en el suyo, con
todas las cerraduras echadas, la alarma activada y Rebel a su lado,
Dominic se sentó a la mesa para examinar más detenidamente los
documentos falsificados. Había algo en ellos que ya le había molestado
antes de la llamada de los Siete de Picas.
—Monica Bennett —leyó en voz alta. El nombre le sonaba, no
exactamente familiar, pero le recordaba algo…
Se encendió una bombilla cuando hizo la conexión. Agarró su
teléfono y marcó a Martine.
—¿Cómo te has enterado? —preguntó ella al responder.
—¿Enterarme? —Dominic había estado tan concentrado en la
pregunta que quería hacerle que le tomó un segundo procesar el
inesperado saludo—. ¿Enterarme de qué?
Ella no dijo nada.
—Martine. ¿Enterarme de qué?
—Está bien, antes que digas algo, quiero que sepas que Levi está
totalmente bien. Un poco golpeado, pero no es nada grave.
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Dominic se puso de pie, sorprendiendo a Rebel.
—¿Qué? —Oh, Dios, ¿los Siete de Picas ya habían llegado a él?
—Él y Leila fueron atacados por unos pandilleros de Utopía en un
estacionamiento —le informó Martine—. Pero se las arreglaron para salir
ganadores. Sabes cómo es Levi, y al parecer Leila puede hacer algún tipo
de locas artes marciales filipinas con palos o bastones o algo así.
—¿Arnis? —aventuró Dominic, luchando por mantenerse al día.
Era obvio por la forma en que Leila se comportaba que era una luchadora
entrenada, y Arnis sería una buena opción para su ágil estructura.
—Síp. O eso creo. De todos modos, todos los hombres han sido
arrestados, y ni Levi o Leila resultaron gravemente heridos.
Dominic se hundió en su silla, frotándose el rostro con una mano.
Rebel lo miró con recelo antes que ella también se echara.
—¿Estás segura que él está bien?
—Sí. En realidad, está de buen humor. Él esta... Bueno, no
necesito explicártelo.
No necesitaba hacerlo. Ambos estaban familiarizados con cuánto
disfrutaba Levi de una buena lucha violenta. Su cerebro debía de estar
empapado de endorfinas en este momento. Si la pelea había sido
particularmente intensa, probablemente anhelaba una buena jodida...
Dios mío, este no es el momento para tener estos pensamientos.
Dominic golpeó el talón de su mano contra su frente.
—¿Pero no es por eso que me llamaste? —preguntó Martine.
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—No. Quería hacerte una pregunta. ¿Cuál sería la versión francesa
del apellido Bennett?
Martine suspiró.
—En primer lugar, entiendes que soy haitiana, ¿no? Hablo creole16,
no francés. E incluso mi creole se ha oxidado desde que me mudé al oeste.
—Lo sé. Esperaba que al menos los nombres fueran lo
suficientemente similares.
—Pueden serlo. Bennett, ¿eh? —Ella se quedó en silencio por un
momento—. Diría que... ¿Binet, tal vez? O Benoit.
El estómago de Dominic dio un vuelco. Le agradeció a Martine por
su ayuda, le pidió que le dijera a Levi que lo llamara cuando pudiera y
colgó. Entonces buscó su investigación sobre Juliette, la desparramó
sobre la mesa junto a los papeles falsos y hojeó las páginas hasta que
encontró lo que estaba buscando.
El segundo nombre de Juliette era Monique. Y el apellido de soltera
de su madre era Benoit.
Dominic tomó su computadora portátil, la única computadora que
le quedaba, y se sumergió en un aspecto de la investigación que había
estado evitando hasta ahora… una verificación de antecedentes sobre el
mismo Nathan Royce. Unos minutos más tarde, había confirmado sus
sospechas.
16El creole es el idioma criollo que se habla en Haití, una lengua inspirada en el francés,
aunque con influencias de otras procedentes de África como el wolof, el fon, el kikongo
o el yoruba.
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El apellido de soltera de la madre de Royce era Nichols; su abuela
paterna era Fuchs. Nicholas Fox.
—Jesucristo —juró Dominic. Este era el mismo error de aficionado
que había hecho fallar a muchos de los que habían evadido sus fianzas
en el pasado, elegir un alias demasiado relacionado con sus identidades
reales. Algunas personas no tenían imaginación.
La evidencia era circunstancial, pero cuadraba con otros aspectos
de la investigación, esto sería suficiente para que Levi obtuviese las
órdenes de arresto de un juez amigable. Debería asegurar su arresto.
Royce se resquebrajaría bajo la presión de un interrogatorio, y si Juliette
era el tipo de persona que sugería su historial, estaría dispuesta a hacer
un trato. McBride recibiría un golpe con la pérdida del contrato de Royce,
pero no había manera de evitar eso.
Su teléfono sonó otra vez… ahora era Levi.
—Hola —saludó Dominic—. ¿Estás bien?
—Estoy bien —aseguró Levi, y las palabras sonaron verdaderas
para variar. No había estrés ni tensión en su voz—. Casi estoy en casa.
¿Martine dijo que la habías llamado?
—Sí. Tengo algo sobre los secuestros.
—Yo también. Pero tu primero.
Dominic le informó sobre el paquete de Los Avispones y la llamada
telefónica de los Siete de Picas, aunque omitió lo que el asesino había
dicho sobre el propio Levi, ya que no quería molestar su merecida calma
en estos momentos. Terminó con su propia investigación y las
conclusiones que había sacado.
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—Tienes razón. Puedo obtener órdenes con eso —dijo Levi. En el
fondo, Dominic oyó que el motor de su auto se apagaba, luego el golpe de
su puerta haciendo eco en el estacionamiento de su edificio—. Llamaré
al juez Morales tan pronto como colguemos. Pero esto se pone mejor.
Antes del ataque, atrapé a los secuestradores en las cámaras de la tienda
de cigarros, y mientras estaba con Leila y los de Utopía, el reconocimiento
facial fue capaz de encontrar coincidencias. Ya teníamos a Charles
Graham, y el sistema identificó a los otros cinco hombres.
—Estás bromeando.
—No. —Las palabras de Levi se interponían entre respiraciones
rápidas y uniformes mientras corría por las escaleras; él rara vez tomaba
un ascensor por menos de cinco pisos—. Todos tienen antecedentes
militares, y algunos también tienen antecedentes penales. Acabo de sacar
un boletín; todos los policías y agentes del FBI en el valle de Las Vegas
los están buscando ahora. Nos estamos acercando.
—Eso es grandioso.
—Sí. Solo necesito ducharme y cambiarme, y una vez que tenga la
orden, podré arrestar a Royce y Juliette esta misma noche.
Dominic sonrió mientras escuchaba que la puerta del apartamento
de Levi se abría y cerraba, seguida de un suave pitido del sistema de
alarma antes que Levi la desactivara. No lo había escuchado tan
energizado en mucho tiempo.
—Oye —dijo Levi—. ¿Estás seguro que...?
Pero Dominic nunca sabría lo que Levi iba decir a continuación,
porque sus palabras se cortaron bruscamente en un grito estrangulado
que hizo que todo el cabello de Dominic se erizara.
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—Oh, Dios mío —gritó Levi, su voz tan retorcida por el horror que
Dominic apenas la reconoció.
Hubo un fuerte estruendo, como si el teléfono se hubiera caído,
luego un golpe como un cuerpo golpeando el suelo. Entonces nada.
—Levi. —El corazón de Dominic golpeó con fuerza—. ¡Levi!
No hubo respuesta.
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Capítul♠ 13
Levi se quedó donde había caído, acurrucado sobre el suelo
después que sus rodillas se hubieran rendido. Mirando aturdido su
comedor.
Una brillante bandera de ¡Feliz cumpleaños! había sido colgada a
lo largo de la pared. Debajo, el cadáver de George Quintana estaba
sentado a la cabecera de la mesa del comedor, con un sombrero de fiesta
de papel alegremente puesto sobre el costado de su cabeza con una carta
siete picas pegada en él. Sus ojos nublados estaban abiertos, su piel, una
vez marrón dorada, ahora gris por las arterias vacías de su cuello. La
sangre empapaba su ropa y se acumulaba en el suelo por debajo de su
silla.
Una elaborada tarta de cumpleaños estaba en la mesa frente a él,
rodeada de velas apagadas, con una vela de color rojo sangre en el centro
con la forma de un siete. Los brazos de Quintana habían sido colocados
sobre la mesa, con un tenedor y un cuchillo en sus manos, como si
estuviera a punto de comerlo.
Levi no tuvo un ataque de pánico. Tampoco se enojó. Él solo
quedó... estático.
Se percató como a la distancia de un pequeño grito, luego de un
estridente zumbido que se repetía una y otra vez, pero los sonidos
carecían de significado. Estaba fuera de su cuerpo, flotando sobre él,
donde nada podía lastimarlo.
Finalmente, el timbre se detuvo. Levi se imaginó que podía
escuchar gota a gota como la sangre de Quintana golpeaba el piso de su
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departamento, pero claro que eso no era real. Toda la sangre hacía tiempo
que se había secado.
Su teléfono volvió a sonar. Esta vez, sobresaltando a Levi que
regresó a su cuerpo. Respiró hondo, parpadeó rápidamente y alcanzó el
teléfono sin apartar la vista del cadáver.
—Hola.
—¿Te gusta tu regalo, Detective?
Levi acercó sus piernas a su pecho y dejó caer su frente sobre sus
rodillas.
—¿Por qué me están haciendo esto?
—Estoy tratando de ayudarte. De liberarte.
—¿Libérame de qué? —murmuró Levi sobre sus rodillas.
—De tu pasado. De tus miedos. De las restricciones que has
impuesto en tu propio potencial.
—Eso no tiene sentido.
—Los hombres que casi te matan nunca más te harán daño, ni a ti
ni a nadie —aseguró el Siete de Picas—. ¿Eso no alivia los recuerdos del
ataque que pesan sobre ti? ¿No te hace sentir mejor?
—¡No! Matarlos no cambia nada. No borra el pasado. —Levi levantó
la cabeza y se le revolvió el estómago mientras observaba el horrible
cuadro frente a él una vez más—. Deberían haber ido a la cárcel. No
quería que murieran.
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—¿No? Mira a Quintana, Detective. Obsérvalo detenidamente. ¿Lo
recuerdas de esa noche?
Levi nunca podría olvidarlo. Quintana había estado sonriendo,
disfrutando inmensamente, gritando de júbilo mientras conducía sus
puños y pies hacia el cuerpo indefenso de Levi. Risueñamente había
sugerido voltear todos los dientes de Levi para convertirlo en un mejor
mamador y se echó a reír.
—Ellos rompieron más que tus huesos. Ellos alteraron todo el
curso que tu vida hubiera tomado. Te alejaron de tu familia, de tus
amigos. Te volvieron lleno de enojo. Desconfiado. Las consecuencias de
sus acciones se extendieron mucho más allá de aquella sola noche. Ahora
están pagando. ¿Realmente puedes decirme que eso no te hace feliz?
—Yo…
—He estado tratando a estos hombres de manera diferente a los
otros, ya sabes. Antes de matarlos, les hablo. Me aseguró que sepan que
van a morir y, lo que es más importante, por qué lo harán. Sufren
primero. Saben que se acerca el fin y tienen miedo. Igual que tú lo tuviste.
Levi tragó saliva, sus ojos sin parpadear en el rostro de Quintana.
Imaginó a Quintana llorando, balbuceando de terror, rogando por su vida
como lo había hecho él. Percibiendo la inevitabilidad de la muerte y
siendo impotente para detenerla. Su aliento se volvió rápido y superficial.
—¿Te gusta eso? —preguntó suavemente el Siete de Picas.
—Sí —susurró Levi.
—Bien —respondió el asesino, su voz electrónica aún silenciosa—.
Eso es bueno, Detective. Estás tan cerca ahora. Una vez que los cuatro
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hombres estén muertos, su control sobre ti se romperá, y serás libre para
ser quien realmente eres.
—¿Quién...? ¿Qué? ¿De qué estás hablando?
Saliendo del extraño ensueño en el que había caído, Levi se
incorporó. Esto no era solo un regalo retorcido. El Siete de Picas nunca
hacía nada sin un motivo ulterior.
Sus ojos recorrieron el apartamento hasta caer en la puerta
principal, y entonces algo lo golpeó.
—La entrada no fue forzada. La alarma estaba activada.
—No hay nada que puedas hacer para mantenerme fuera. Aunque
es admirable que sigas intentándolo.
—Mataste a Grant Sheppard en Filadelfia cuando yo estaba cerca
de allí a propósito —musitó Levi, las piezas cayeron en su lugar—. No
tengo coartada alguna para el asesinato de Foley. Reddick fue encontrado
en mi auto, Quintana en mi departamento… La gente va a pensar que yo
hice esto. Pensarán que soy el Siete de Picas. Pero eso es lo que quieres,
¿no?
—No los necesitas. Ellos sólo te están reteniendo.
—Así que piensas que, si vuelves a la gente contra mí, me aislaras,
y yo... ¿Qué… seré como tú?
—Ya eres como yo. Simplemente no lo admites.
—No lo soy. —Cuando Levi se puso de pie, su vieja y familiar ira se
apoderó de él, pero esta vez, él le dio la bienvenida. Disfrutó la forma en
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que calentaba su piel, endurecía su columna vertebral, barría la niebla
aturdida de su cerebro—. No soy nada como tú. Nunca lo seré.
La risa electrónica del Siete de Picas fue escalofriante.
—Ya lo veremos. Feliz cumpleaños, Detective.
Ellos colgaron. Segundos más tarde, resonaron pasos en el pasillo
fuera del apartamento de Levi y puños golpearon la puerta.
—¡Policía, abra! —gritó una voz femenina. El pomo de la puerta se
sacudió, pero Levi había asegurado las cerraduras antes de girarse y
haber visto el cuerpo de Quintana—. Detective Abrams, ¿está ahí?
Reconociendo la voz, se apresuró a desbloquear la cerradura y abrir
la puerta. Kelly Marin corrió hacia adentro, se detuvo cuando vio la
escena del crimen y se llevó las dos manos a la boca con un grito. Otro
policía, un hombre que Levi no conocía, entró detrás de ella, solo para
tropezar hacia atrás contra la puerta mientras su rostro se volvía blanco.
—Kelly —dijo Levi—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Ella dejó caer las manos, pero quedó hipnotizada por lo que veía
en el comedor, habló sin mirarlo.
—Hubo una llamada al 911, algo sobre que te atacaron en tu
apartamento.
Ese tenía que haber sido Dominic. Debía estar volviéndose loco sin
saber qué le había pasado...
Kelly se giró para mirar a su compañero.
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—Has el anuncio a Despacho por radio de que ha habido otro
asesinato del Siete de Picas. —Cuando el hombre no reaccionó, ella le dio
un empujón—. Ve.
Él salió corriendo. Los ojos de Kelly se posaron en la puerta, la
puerta intacta y claramente no forzada, y el sistema de alarma a su lado,
luego regresó al cuerpo de Quintana.
—Sé cómo luce —dijo Levi.
—Estoy segura que hay una explicación.
Por supuesto. La explicación era que los Siete de Picas tenían
copias de sus llaves y conocían su código de alarma. Ellos mismos se lo
habían dicho, no había nada que Levi pudiera hacer para mantenerlos
fuera. No estaba a salvo en su propia casa.
—Estás herido —señaló Kelly—. ¿Qué sucedió?
—Oh, esto no… —Levi se llevó una mano a su rostro magullado,
miró su traje ensangrentado y destrozado—. Esto sucedió hace horas. No
tiene nada que ver con el Siete de Picas. Pero no puedo quedarme aquí.
—No puedo dejar que te vayas —contestó Kelly con una mueca de
disculpa.
—Lo sé. ¿Puedes hacer que tu compañero asegure la escena
mientras tú me llevas a la subestación? Por favor.
Ella se mordió el labio, luego asintió. Después de registrarse con
su compañero, llevó a Levi al piso de abajo y salió por la puerta principal
del edificio. Habían dejado su coche patrulla justo en la acera en lugar
de estacionarlo en el garaje.
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Cuando ella estaba abriendo la puerta trasera, un fuerte chirrido
hizo que ambos giraran. Una camioneta se acercó a la esquina, se dirigió
hacia ellos y pisó los frenos a solo unos centímetros de distancia. Dominic
saltó, sin siquiera molestarse en cerrar la puerta antes de correr al lado
de Levi.
—Dios, Levi, ¿qué sucedió? —Su voz sonó fina por el estrés—. Estás
herido, Jesucristo, pensé que estabas muerto...
—Estoy bien. —Levi levantó ambas manos—. Todo esto es de la
pelea con la gente de Utopía.
Un nudo se formó en su garganta mientras estudiaba a Dominic,
quien estaba pálido y respiraba con dificultad. Para que Dominic hubiese
llegado desde su propio apartamento en el tráfico de un viernes por la
noche, solo unos minutos después de los oficiales que respondieron,
debió haber subido a su camioneta justo cuando Levi dejó caer su
teléfono y romper todas las leyes de tránsito en el camino. Era un milagro
que no hubiera sido detenido por alguno de los policías que Levi todavía
tenía sobre él.
—El Siete de Picas asesinó a George Quintana dentro de mi
apartamento y dejó el cuerpo para que yo lo encontrara —agregó Levi.
La mandíbula de Dominic cayó.
—Están haciendo que parezca que estoy detrás de todo esto.
La comprensión cruzó el rostro de Dominic, seguido por el horror.
—Mierda.
—Detective —les interrumpió Kelly— lo siento, pero realmente
tenemos que irnos.
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Levi comenzó a meterse en el coche, pero dudó en el último
segundo y puso una mano en el techo.
—Dominic —le llamó—. Todavía queda un hombre.
***
Era casi medianoche cuando el Sargento Wen entró en la sala de
interrogatorios donde Levi había estado enfriando sus talones por horas.
Los muebles de acero y el espejo de dos vías estaba lejos de la cómoda
sala de entrevistas donde había esperado después que apareciera el
cuerpo de Reddick en su auto.
Levi se puso de pie, con una docena de preguntas en sus labios,
solo para ser sorprendido por la barba rastrojo de Wen. En los cinco años
que había trabajado con el hombre, nunca le había visto nada menos que
afeitado.
—Siéntate —dijo Wen con cansancio.
Levi se hundió en la incómoda silla de metal. Wen se sentó frente
a él y cruzó las manos sobre la mesa.
—La historia está en todas partes —soltó sin preámbulos—. Se
transmite en todos los canales de televisión, y en todos los sitios web de
noticias. Un periodista de investigación descubrió tu conexión con las
víctimas y publicó la historia junto con la noticia del último asesinato.
Todo el mundo lo sabe.
Todo el mundo lo sabe. Las yemas de los dedos de Levi marcaron la
superficie pegajosa de la mesa. Había mantenido el asalto en secreto de
casi todas las personas que conocía durante más de una década, y ahora
incluso los extraños que pasaban por la calle estarían al tanto de ello.
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—¿Qué dice la gente? —preguntó él, temiendo la respuesta.
—Muchos creen que el Siete de Picas solo te está atormentando.
En cuanto al resto, parece que hay dos bandos: un grupo más pequeño
que cree que has sido el asesino todo el tiempo, y un grupo más grande
y mucho más vocal que cree que has imitado el MO del asesino para llevar
a cabo tu propia venganza personal. Una vendetta.
—Si eso fuera cierto, estaría fallando espectacularmente.
Los labios de Wen se torcieron, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos
y desapareció en segundos.
—Estoy seguro que puedes entender que esto ha creado una
pesadilla de relaciones públicas, no solo para el LVMPD, sino para toda
la ciudad. Los altos mandos claman que una acción rápida es necesaria.
Por lo tanto, estás suspendido, con pago, en espera de una investigación
de Asuntos Internos sobre tu conexión con los recientes homicidios.
La silla de Levi se estrelló contra el suelo cuando saltó. Wen hizo
una mueca, pero no se movió.
—¿Me estás suspendiendo? —La voz de Levi tembló. No había
imaginado que llegarían tan lejos—. Sé que la situación es mala… ¡Pero
no he hecho nada malo!
—Entonces la investigación lo confirmará. —Wen levantó una
mano antes que Levi pudiera hablar otra vez—. Esta no fue mi decisión.
La orden vino directamente del sheriff. Lo siento, pero no hay nada que
pueda hacer.
Levi levantó su silla caída del suelo, se colocó detrás de ella, sus
dedos se curvaron en un agarre mortal alrededor del borde superior. Sus
ojos se movieron hacia el espejo de dos vías.
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¿Había gente al otro lado, mirando esto? ¿Lo estarían disfrutando?
Sus manos se apretaron en la silla cuando fue sobrellevado por el
repentino deseo de levantarla y golpearla contra el espejo, estrellarla
contra el cristal una y otra vez hasta que el espejo se rompiera de la
misma manera que su vida había...
DETENTE, pensó, reemplazando la imagen violenta con una de un
letrero rojo brillante. Detente. Detente.
Exhaló un suspiró tembloroso y miró a Wen, que estaba estudiando
las manos de Levi como si supiera exactamente lo que estaba pasando
por su mente.
Levi se obligó a liberar la silla.
—Esto es exactamente lo que quiere el Siete de Picas… aislarme,
hacer que las personas se vuelvan contra mí. Estás jugando su juego.
—Sea como sea, mis manos están atadas. —Wen se levantó con un
rasguño de metal contra el linóleo—. Lo lamento de verdad, Abrams. Un
detective de AI tomará pronto tu declaración oficial.
—Espera…
Pero Wen ya se había ido, la puerta cerrándose detrás de él con un
golpe decisivo. Levi golpeó su puño contra esta una vez, luego la pateó
por un buen rato.
No podía ir a sentarse después de eso, así que caminó por la
habitación, enfurecido. En el momento en que la puerta se abrió otra vez,
estaba tan furioso que su respuesta al ver quién entraba fue:
—Oh, mierda no.
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—¿No te alegras de verme, Abrams? —preguntó Terence Freeman.
En un departamento lleno de idiotas, él era uno de los peores: agresivo,
de mentalidad cerrada y obstinado. Levi y él habían estado en desacuerdo
desde el primer momento en que se conocieron, y su relación no había
mejorado por la forma en que Freeman había manejado la investigación
de AI de Keith Chapman el año pasado, ni el arresto de Kelly Marin por
filtrar la historia del Siete de Picas a la prensa.
—¿Pediste esta asignación, o el universo simplemente decidió que
no me había cagado lo suficiente esta noche? —exclamó Levi.
Freeman sonrió y se hizo a un lado para dejar entrar a su
compañero a la habitación. Valeria Montoya era en muchos aspectos su
polo opuesto, una mujer estoica con ojos penetrantes y el silencio
pedregoso de un búho.
Algo de la tensión de Levi se alivió al verla. Montoya en realidad
había ayudado con la investigación del Siete de Picas, ella había realizado
una investigación exhaustiva e independiente sobre docenas de
sospechosos potenciales antes de confiar esa información a Levi. Pero
Martine y él eran las únicas personas en la subestación que lo sabían.
—¿Por qué no te sientas para que podamos empezar? —Freeman
le ordenó—. Prefiero no estar aquí toda la noche.
Los tres se sentaron ante la mesa… Levi a un lado, Freeman y
Montoya al otro. Freeman sacó un bloc de notas mientras Montoya
simplemente se sentó con las manos en su regazo y su inquietante
mirada concentrada en el rostro de Levi.
—¿A qué hora llegaste a casa? —preguntó Freeman.
—Un poco después de las nueve de la noche.
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—¿Notaste algo inusual cuando entraste a tu apartamento?
—No. La puerta estaba cerrada con llave, y el sistema de alarma
estaba activado. No vi el cuerpo hasta que ya estaba dentro.
—¿Cuántas personas además de ti conocen el código de la alarma?
—Dos. Martine Valcourt y Dominic Russo.
Freeman garabateó en su libreta.
—El Señor Russo llamó al 911 para informar sobre una
perturbación en su apartamento casi al mismo tiempo que dice que llegó
a casa.
—Estábamos hablando por teléfono en ese momento —explicó Levi.
Mantuvo su voz calmada y firme, simplemente declarando los hechos
desprovistos—. Escuchó mi reacción al encontrar el cuerpo, pero no sabía
lo que había sucedido, así que pidió ayuda.
—Pero tú no lo hiciste —refutó Freeman, inclinando su cabeza.
La mandíbula de Levi se apretó.
Haciendo una demostración de contoneó a través de sus notas,
Freeman agregó:
—Tengo aquí que los oficiales que respondieron llegaron
aproximadamente quince minutos después de la llamada al 911 de
Russo. En todo ese tiempo, nunca llamaste al 911 ni a nadie más para
denunciar el delito. ¿Sabías que Russo ya lo había hecho?
—No. —Levi clavó los dedos en sus muslos. Aunque la verdad era
vergonzosa, era preferible a la conclusión que Freeman sacaría a falta de
una—. Cuando encontré el cuerpo de Quintana de esa manera,
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experimenté un episodio disociativo. No recuerdo cuanto tiempo paso, ni
nada más.
La frente de Montoya se arrugó, y Freeman parpadeó.
—Un episodio disociativo, ¿eh? ¿Te ha pasado eso antes?
—Hasta cierto punto. —Levi recordó sus reacciones a los disparos
de Drew Barton, al cadáver de Reddick en su auto—. Fue mucho más
grave esta vez.
—Hmm. —Freeman golpeó su pluma contra la mesa—. ¿Aún
estabas disociado cuando tuviste una conversación de cinco minutos con
la persona que llamó antes que apareciera la policía?
Levi se tensó, demasiado desprevenido para ocultar su reacción, y
Freeman sonrió.
—Recibiste una llamada de un número registrado en un teléfono
desechable diez minutos después que Russo se comunicara con el 911.
Esa llamada duró un total de cinco minutos. ¿Realmente esperas que
crea que estuviste disociando todo ese tiempo? —Cuando Levi no
respondió, Freeman se inclinó hacia delante, con los ojos fijos en su
cara—. ¿Con quién estabas hablando, Abrams?
Freeman ya lo sabía, por supuesto, y también Montoya. Era obvio.
Pero no solo Levi había estado demasiado confundido como para grabar
la llamada del Siete de Picas como se suponía que tenía que hacer, sino
que no se lo había contado a nadie. Se humedeció los labios secos
mientras consideraba su respuesta.
La puerta se abrió de golpe. Levi se sobresaltó y se volvió, solo para
que su sorpresa creciera cuando Jay Sawyer entró casi a la carrera.
Serie Siete de picas 4 ♠ 256 ♠
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—Esta conversación ha terminado —afirmó Sawyer.
Sawyer era un apuesto abogado defensor, su impresionante
historial era solo superado por su enorme ego. Incluso en medio de la
noche, estaba vestido con un elegante traje Brioni, su cabello
perfectamente peinado y los gemelos de diamantes brillando sutilmente
en sus muñecas.
En circunstancias normales, la mera presencia de Sawyer sería
suficiente para hacer que la presión arterial de Levi se disparara, pero en
este momento solo sentía un desconcertado alivio.
—¿Qué demonios está haciendo aquí, Sawyer? —soltó Freeman
con un chasquido.
Las cejas de Sawyer se alzaron.
—Creo que una mejor pregunta sería qué está haciendo usted aquí.
Porque me parece que está interrogando a un Detective de homicidios
condecorado sin abogado o incluso un representante sindical presente.
—El Detective Abrams no está bajo arresto.
—Bien, entonces se va. —Sawyer sacudió su cabeza hacia Levi con
un gesto imperioso—. Vamos.
Aturdido por el repentino giro de los acontecimientos, Levi empujó
su silla hacia atrás y se puso de pie. Freeman se levantó también; solo
Montoya permaneció sentada, observando la confrontación con su
característico silencio pensativo.
—No irá a ninguna parte hasta que terminemos de hablar con él —
espetó Freeman.
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
—La única persona con la que hablará de ahora en adelante seré
yo —replicó Sawyer—. Mi cliente está invocando su derecho a permanecer
en silencio, y continuará haciéndolo en todas las comunicaciones
oficiales con LVMPD hasta que se levante su suspensión y esta
investigación absurda se cierre para siempre. Como tal, no tiene sentido
detenerlo a menos que vayan a presentar cargos, y ambos sabemos que
no tiene pruebas suficientes para hacerlo.
Freeman apretó los puños, sus fosas nasales se ensancharon. Levi
vio una pequeña sonrisa parpadear en el rostro de Montoya antes que su
expresión se suavizara en sus habituales líneas neutrales.
—Mientras tanto, si tiene alguna pregunta, no dude en llamar a mi
oficina. Estoy seguro que tiene mi número.
Sawyer tomó el codo de Levi y lo sacó de la habitación. La maldición
de Freeman los siguió hasta que la puerta se cerró y cortó todo el sonido.
—Espero que no hayas dicho demasiado antes que yo llegara —
susurró Sawyer mientras caminaban por el pasillo—. Ustedes de todas
las personas deberían saber que nunca, nunca deben hablar con la
policía...
—¿Qué está sucediendo? —Levi le interrumpió. Se detuvo en el
centro de la sala, obligando a Sawyer a hacer lo mismo—. Aprecio lo que
acabas de hacer, pero nunca pedí un abogado.
—Leila llamó y me pidió ayuda.
—Leila te odia.
Sawyer sonrió.
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—Es cierto, pero en última instancia es una mujer práctica. Ella
nunca deja que sus sentimientos personales triunfen sobre la lógica, y
soy uno de los mejores abogados defensores de Nevada, y de lejos el de
Las Vegas.
—Ugh —masculló Levi, pero lo más molesto de la arrogancia de
Sawyer es que era merecida. Si necesitaba un abogado, no podría pedir
uno mejor. Aunque...— No hay manera que pueda permitírtelo. ¿Cuál es
tu tarifa por hora, mil dólares? Estoy holgado, pero no holgado como para
Hatfield, Park y McKenzie.
—Que mejor oportunidad de adjuntar mi nombre a esos que lo que
se perfila como el caso de asesinato en serie más emblemático y de alto
perfil en la historia de Estados Unidos. Haré el trabajo gratis. —Sawyer
se acercó, sus ojos se calentaron, y pasó los dedos por la mandíbula de
Levi—. Pero si quisieras pagarme de otra manera…
Levi apartó su mano, aunque con menos hostilidad de la que solía
utilizar para rechazar los frecuentes avances de Sawyer. Estaba
demasiado cansado.
—Ahora no, Sawyer.
—Lo lamento. —La burlona sonrisa se deslizó del rostro de Sawyer,
reemplazada por una expresión mucho más grave—. No te ves bien.
—Un asesino en serie dejó un cadáver en mi apartamento como un
gato que me trae su nueva presa. No estoy bien.
—Entonces, no perdamos más tiempo aquí.
Continuaron su camino, pero tuvieron que atravesar el bullpen
para salir del edificio. Levi vaciló tan pronto como entró en la habitación.
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Había tres veces la cantidad de personas presentes que debería
haber habido a esta hora de la noche, y todos se quedaron en silencio en
cuanto lo vieron. El peso de sus ojos sobre él era asfixiante.
Todos lo sabían. Lo sabían todo.
Levi odiaba que lo mirasen y tomó todo su autocontrol para
mantenerse mientras cruzaba el bullpen. Incluso utilizando todas las
técnicas que Alana le había enseñado, sintió que la ira inundaba sus
mejillas, la parte posterior de su garganta sabía a bilis. Sus rígidos
hombros se deslizaron hacia sus orejas.
Martine estaba de pie junto a sus escritorios contiguos, junto con
Dominic, lo que solo retorcía las entrañas de Levi en nudos aún más
dolorosos. ¿Qué estaba haciendo Dominic aquí, dando vueltas y
actuando como si aún fuera su novio? ¿No era esta situación lo
suficientemente estresante?
Cuando Levi se detuvo a su lado, Martine dijo:
—Dominic me informó sobre el progreso con el anillo de secuestro.
Me encargaré de eso, no te preocupes. Arrestaré a Royce y a Juliette yo
misma.
—Gracias. —Levi ni siquiera tendría la satisfacción de ver ese caso
concluir.
—¿Necesitas algo de tu escritorio? —preguntó Sawyer. Cuando Levi
negó con la cabeza él agregó—: Sabes que no puedes volver a tu
apartamento. Es una escena del crimen activa.
—La única vez que volveré será para mover mis cosas —dijo Levi,
haciendo una mueca. Su apartamento se había arruinado para él, al igual
que su coche.
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Martine le tocó el brazo.
—Te lo dije, deberías quedarte conmigo por un tiempo.
—No puedo. Eso podría poner en riesgo a tu familia.
—Entonces quédate conmigo —ofreció Dominic. La preocupación
ansiosa estaba escrita en toda su cara, al igual que cuando había
aparecido presa del pánico en el apartamento de Levi. Estaba actuando
como si nada hubiera cambiado, como si tuviera el derecho de estar aquí,
el derecho de ser el hombro en el que se apoyara, cuando ambos sabían
que era una solo broma enferma.
El tenue control que Levi tenía sobre su ira se desintegró.
—¿Quieres que me quede contigo? —preguntó riendo
amargamente—. ¿No se interpondrá en todos tus juegos importantes?
Dominic palideció, sus ojos se dirigieron a las personas más
cercanas a ellos.
—Pero bueno, tú mismo lo dijiste, no puedo detenerte. —Levi
avanzó hacia Dominic, quien retrocedió de inmediato—. Perder nuestra
relación no te detuvo. Perder el respeto de tu jefe no te detuvo. Tener que
vender la mitad de tus pertenencias para pagar el alquiler no lo ha
detenido. Así que en serio, ¿qué lo haría?
—Levi —siseó Martine en voz baja, agarrándolo.
Él se sacudió. Este rencor se había estado acumulando durante
meses, envenenándolo de adentro hacia afuera, y era un alivio tan grande
liberarlo por fin que no pudo detenerse, incluso cuando un rincón de su
mente gritaba horrorizado por la sensación de traición en el rostro de
Dominic.
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—Sé exactamente lo que estás pensando. Vienes corriendo a mi
rescate como una especie de caballero blanco, pensando que serás quien
cuidará de mí, quien me salvará. ¡Pero ni siquiera puedes salvarte a ti
mismo!
Dominic se estremeció.
—Deja de tratarme como si fuera tu novio —escupió Levi—.
Nuestra relación ha terminado, y eso se debe a las decisiones que tú
tomaste. ¿Me escupes en la cara cada vez que te ofrezco ayuda, luego te
das la vuelta y tratas de actuar como el gran héroe? ¿Estás bromeando?
—¡Cristo, Abrams! —gritó Jonah Gibbs desde detrás de él,
llamando la atención de Levi sobre el hecho que todos en el bullpen los
observaban con una fascinación silenciosa y mórbida—. Para alguien
bajo sospecha de ser un asesino en serie, no estás tranquilizando a nadie.
Levi contuvo el aliento, se giró e hizo algo que había querido hacer
durante años… le dio un puñetazo a Gibbs justo en la cara.
El golpe envió a Gibbs tambaleándose hacia un escritorio, casi
cayendo al suelo mientras se tambaleaba sobre pies inestables. El
bullpen entró en acción con gritos furiosos y de alarma; varios oficiales
pusieron sus manos en sus pistolas, y la atmósfera en la habitación
crepitó mientras todos se preparaban para la violencia.
—¡Está bien! —Gibbs se puso de pie, limpiándose la sangre de la
boca—. Fue mi error. Yo lo provoque. Lo pedí incluso.
Levi sacudió su dolorida mano y asintió brevemente.
—Por el amor de Dios, sácalo de aquí —le dijo Martine a Sawyer.
Sawyer agarró el brazo de Levi.
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—Vámonos.
Levi miró a Dominic, quien estaba desplomado contra el borde de
su escritorio, con los ojos fijos en el suelo. Era la única persona presente
que no lo miraba.
—¿Quieres pasar el resto de tu noche en una celda? —Sawyer tiró
del brazo de Levi—. Vámonos.
Levi siguió a Sawyer fuera de la subestación sin mirar atrás.
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Capítul♠ 14
Dominic se dejó caer pesadamente en un taburete de metal en el
Centro de Detención del Condado de Clark. Levantó el auricular del
teléfono en la pared, esperando que el sistema computarizado conectara
la pantalla frente a él.
Las visitas sociales en el CCDC se realizaban a través de cámaras
de video. Como investigador, no se lo consideraba un visitante
profesional, y Martine había tenido que tirar de varios hilos para que él
pudiese entrar fuera de las horas de visita y sin una cita.
Nathan Royce apareció en la pantalla, su rostro pálido y una
atormentada expresión en sus ojos inyectados en sangre. Aunque solo
había estado en la cárcel unas pocas horas, estaba frente a un fin de
semana largo por lo que no había podido obtener una audiencia de fianza
hasta el lunes.
—La detective Valcourt dijo que se niega a hablar con alguien que
no sea yo. —Dominic levantó una mano—. Antes que diga algo, sabe que
estas llamadas se graban, ¿verdad? No soy su abogado. Esta
conversación no tiene privilegios.
—Está bien. Porque soy inocente.
—Señor Royce...
—¡De lo que me acusan es una locura! —La voz de Royce se
escuchó histérica y demasiado fuerte—. Nunca abandonaría a Carolyn,
mi trabajo, mi vida, para huir y vivir bajo una identidad falsa. Estaba
perfectamente feliz con la forma en que estaban las cosas.
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—Entonces su abogado podrá argumentar eso en la corte. No sé
qué espera que haga yo.
Royce agarró el receptor con ambas manos.
—¿Por qué te contrataría para investigar los secuestros si estuviera
detrás de ellos? No soy ese tipo de persona. Debe de saber eso a estas
alturas.
Dominic vaciló. Era cierto, todavía le resultaba difícil creer que
Royce hubiera tenido las pelotas de contratar a McBride si fuese culpable.
Además, toda la evidencia contra el tipo era circunstancial.
Así que decidió escuchar a Royce por el momento.
—Si no estuvo involucrado en los secuestros, entonces Juliette lo
cago a lo grande.
—Ella no haría eso —aseguró Royce—. Ella me ama.
—Cuando la policía llegó esta mañana a su departamento, ella ya
se había ido. Había empacado sus maletas, no quedaba nada valioso y
había abandonado su auto. ¿Por qué se iría así si fuera inocente? ¿Cómo
sabría siquiera que debía irse?
Royce sacudió la cabeza.
—Juliette nunca me traicionaría a menos que la forzaran a hacerlo.
—¿Forzado? ¿Cómo? —preguntó Dominic, su interés despertó a
pesar de sí mismo.
—Amenazas, coerción, chantaje, no lo sé. Pero es la única
explicación posible. Juliette tiene un… pasado escabroso y una larga
historia de abuso y manipulación emocional. Ha estado trabajando en
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todo eso, pero aún tiene amigos que, en el mejor de los casos, podrían
describirse como desagradables. Tal vez alguien descubrió a qué tipo de
información tenía acceso y se aprovechó de ella.
Aunque Dominic pensó que era una locura, podía ver cuán
apasionadamente Royce se había convencido a sí mismo de la teoría, por
lo que no discutió.
—Todavía estoy esperando saber qué espera que haga sobre esto.
—Quiero que encuentres a Juliette antes que la policía —le pidió
Royce.
—¿Qué?
Royce miró de un lado a otro antes de inclinarse sobre el receptor
y su voz salió en un susurro:
—Tienes habilidades suficientes como para rastrearla primero,
averiguar la verdad y limpiar nuestros nombres. La policía y el fiscal del
distrito están demasiado ansiosos por resolver este caso; no escucharán
nada de lo que tenemos que decir. Es el único que puede ayudarnos, y
yo estaría dispuesto a pagar cualquier cosa que me pida.
—Señor Royce —dijo Dominic con calma— si descubriera dónde
está Juliette y no le informara a la policía, me abrirían cargos penales. Y
le recuerdo nuevamente que estas llamadas están siendo grabadas.
—Claro, por supuesto. Lo entiendo. —Royce le dio un guiño
exagerado.
Dominic se consideraba un hombre paciente, pero privado de
sueño y aún recuperándose de los acontecimientos de la noche anterior,
no pudo soportar ni un segundo más de la mierda de Royce.
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—Si hubiera sido sincero conmigo desde el principio, podría
haberle ayudado —soltó bruscamente—. Hasta podría ser que no
estuviese allí sentado. Pero es demasiado tarde para eso. —Respiró hondo
para intentar calmarse—. Si su abogado quisiera contratar a McBride
para ayudar en una legítima investigación que ayude a su defensa legal,
me complacería participar en ella. Más allá de eso, aquí es donde termina
mi participación en este caso. Lo lamento.
—Pero…
—Mientras la policía cateaba el apartamento de Juliette,
encontraron una botella vacía de vitaminas prenatales en la basura.
¿Sabía que estaba embarazada?
—¡No lo está! —exclamó Royce—. Quiero decir, lo estuvo, pero tuvo
un aborto.
—¿Cuándo?
—Hace dos meses. —Frunció el ceño a Royce, porque, por
supuesto, era seguro asumir que Juliette habría sacado su basura en
algún momento de ese tiempo.
—¿Y de quién fue la decisión? —preguntó Dominic.
—Fue... fue mutuo —respondió Royce, aunque sus ojos culpables
contaban una historia diferente.
—Uh-huh —resopló Dominic con una risa despectiva—. ¿Quiere
saber lo que pienso? Juliette decidió quedarse con ese niño, y encontró
la manera de conseguir un nido de huevos dorados y, al mismo tiempo,
joderle. Tenía papeles falsos hechos para usted, pero nunca tuvo la
intención de llevarle con ella. Todo lo que quería era sacarle del cuadro.
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Royce no respondió. Se quedó allí sentado con sus ojos
desenfocados, con una expresión de horror que se arrastraba lentamente
por su rostro.
—Buena suerte, señor Royce. —Dominic colgó el teléfono y salió de
la cabina.
Este caso ya no era de su incumbencia. Royce estaba bajo custodia
y la policía encontraría, o tal vez no, a Juliette. Por lo último que supo de
Martine, un terrateniente privado había visto las fotografías de los
secuestradores en las noticias y avisó que le había alquilado una cabaña
a uno de ellos. El LVMPD probablemente lo estaba arrestando en este
momento, pero tanto si encontraban algo como si no, no tenía nada que
ver con él. Como a Levi le encantaba recordarle, él no era un policía.
Pensar en Levi empeoró aún más su humor. Lo que le había hecho
la noche anterior, ventilar sobre sus juegos de azar frente a docenas de
personas, fue la traición más humillante y dolorosa que jamás había
experimentado. Todavía estaba medio negando que eso hubiera ocurrido.
El recuerdo era tan desgarrador que no podía soportar pensarlo durante
más de unos pocos segundos a la vez.
Alejó los recuerdos, guardándolos con cada otra emoción incómoda
que giraba en su cabeza. Lo único que le preocupaba hoy era asegurarse
que Carlos tuviera el mejor momento de su vida en la despedida de soltero
de esta noche.
Hasta entonces, tenía una cita con una mesa de póker.
***
Levi había estado mirando el techo de su habitación de hotel
durante al menos media hora. Pesadas cortinas colgaban sobre las
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ventanas, pero incluso el ligero resplandor que se habían filtrado por las
grietas ya se había desvanecido en la nada.
Con lo que parecía un esfuerzo monumental, se puso de costado y
miró el reloj en su mesita de noche. Eran casi las siete, lo que significaba
que había estado durmiendo durante aproximadamente dieciséis horas.
Una vez que Sawyer lo registró en el Renaissance Las Vegas bajo la
cuenta de gastos de su firma, Levi no salió de esta cama excepto para
usar el baño.
Tampoco veía una razón para levantarse ahora. No era como si
tuviera algo que hacer, y al menos mientras estuviera acostado aquí, no
podía causar más daño.
El Siete de Picas estaba allí afuera, conspirando contra él. Fue
suspendido de su trabajo y estaba siendo investigado por asesinato.
Había agredido a un colega en su lugar de trabajo. Y Dominic…
Levi aplastó su rostro contra la almohada. Dios, Dominic. Exponer
públicamente su adicción era la cosa más despreciable que había hecho
nunca. La vergüenza de sus actos era lo suficientemente gruesa como
para sofocarlo. No se sorprendería si Dominic nunca lo perdonaba,
diablos, no debería hacerlo.
Su respiración se aceleró, y por un momento de vértigo, se mantuvo
al borde de otro ataque de pánico. Pero la ansiedad disminuyó antes que
llegara a la cima y su respiración volvió a la normalidad.
Ataques de pánico, episodios disociativos, arrebatos incontrolables
de ira, no podía dejar que esto continuara. Necesitaba llamar a Alana. Su
oficina no estaría abierta, pero ella le había dicho que el servicio de
contestador lo podía conectar con un psiquiatra de guardia las
veinticuatro horas del día en caso de emergencia.
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Tal vez necesitaba más ayuda de la que había estado recibiendo.
Tal vez necesitaba... ir a algún lugar por un tiempo.
Había apagado su teléfono la noche anterior, sabiendo que este iba
a estallar durante todo el día. Cuando finalmente lo volvió a encender,
hizo una mueca ante las docenas y docenas de llamadas perdidas,
correos de voz y mensajes de texto que surcaban la pantalla.
La mayoría eran de sus padres.
—Mierda —murmuró Levi, llamándolos de vuelta sin escuchar
ninguno de sus numerosos mensajes. Sería alrededor de las diez en
Nueva Jersey, pero todavía estarían levantados.
Su madre respondió después de dos timbres.
—Levi Samuel Abrams —contestó ella, su acento engrosado por el
estrés— tu padre y yo te hemos estado llamando todo el día. ¡Saul,
levanta el teléfono! ¡Es tu hijo!
—Yo…
—Estoy aquí —dijo Saul. Levi podía imaginarlos a los dos en la casa
de su infancia, su madre en el receptor de línea fija de la cocina, su padre
en el estudio.
—Hay historias en todos los canales de noticias —continuó
Nancy—. Las cosas que están diciendo sobre ti, Levi, mi Dios. Todo lo que
Martine nos dijo fue que estás en un lugar seguro, y nos hemos estado
preocupando hasta casi caer enfermos.
—Mamá. —La voz de Levi se quebró con una sola palabra, y él
cubrió sus ojos con su mano libre.
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Su tono se suavizó de inmediato.
—¿Qué ocurre? Cuéntanos qué sucedió, bubbeleh.
Levi lo contó todo, la tediosa historia de cómo el Siete de Picas
había descubierto la verdad detrás de su ataque, engañó a los hombres
para que vinieran a Las Vegas y luego los asesinó uno por uno de manera
que él se viera cada vez más culpable de los crímenes. Terminó con la
noticia de su suspensión antes de quedarse en silencio.
—Voy para allá —afirmó Nancy—. Puedo estar allí mañana por la
mañana. ¿Quieres que venga tu padre también? Saul, ¡busca la
computadora!
—¡No! —Levi se sentó en la cama—. No pueden venir aquí.
Quédense en Jersey, por favor.
—Levi, este no es el momento de alejar a tu familia —le regañó Saul
con un toque de suave reproche.
—Eso no es lo que estoy haciendo. —Cuando sus padres hicieron
dos ruidos iguales, él gimió—. Sé que eso es lo que normalmente hago,
pero no es así esta vez. Créanme, nada me haría sentir mejor que tenerlos
aquí. Pero es demasiado peligroso. No tengo idea de lo que están
planeando los Siete de Picas, y estar cerca de ellos podría ponerles en
riesgo. Si les pasara algo, nunca me lo perdonaría. Por favor,
manténganse alejados de Las Vegas.
Ambos estuvieron callados por un momento hasta que Nancy volvió
a hablar.
—¿Puedes venir a nosotros entonces?
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—No puedo salir de la ciudad mientras este bajo investigación.
Aunque estaré bien. Lo prometo.
—No me gusta la idea de que pases por esto solo. ¿Has hablado
con Dominic?
Levi se encogió.
—Él tiene sus propias cosas con las que lidiar ahora mismo. Estoy
bien. La investigación demostrará que soy inocente, y ese será el fin. —
No era tan optimista como pretendía, pero mantener a sus padres a salvo
superaba todas las demás preocupaciones.
—Bueno, solo si estás seguro. —Nancy hizo una pausa—. El último
de los hombres que te hirieron, ¿aún vive?
—Hasta donde sabemos. El Siete de Picas todavía lo tiene.
—Bien —dijo ella, e hizo un ruido de escupir—. ‘Zol er krenken un
gedenken’. Que sufra y recuerde por qué.
—¡Mamá!
—Lo siento, Levi, pero no puedes esperar que esté más que
complacida de que esos animales finalmente obtuvieron lo que se
merecían.
—También vamos a demandar a los idiotas del Departamento de
Policía de Trenton —agregó Saul—. De hecho, lo primero que haré
mañana por la mañana es llamar a Al Rosenberg para ver si su firma
toma el caso.
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Lograr que sus padres cortaran la llamada no fue una tarea fácil,
dado que estaban ansiosos por él, pero cuando se despidieron, Levi confió
en que no iban a tomar un vuelo hacia el oeste.
Después de colgar, se mordió el labio mientras estudiaba su
teléfono. No podía llamar al servicio de contestador de Alana ahora. Si
sus padres descubrieran que él había buscado un tratamiento en un
centro de salud mental, se apresurarían a ir a su lado sin importar el
peligro. No podía arriesgarse.
En su lugar, se desplazó por su teléfono, escaneando sus textos y
borrando sus correos de voz. Además del diluvio de sus padres, Martine,
Natasha, Adriana y Leila habían intentado ponerse en contacto con él
varias veces, aunque todavía no podía devolver sus mensajes. También
hubo algunas llamadas de otras personas que conocía a través del
trabajo, así como algunos números sin nombres adjuntos que apostaría
hasta su último dólar que pertenecían a reporteros.
Enterrado en medio de sus correos de voz había uno de Stanton.
Con los ojos muy abiertos, Levi presionó Play y levantó el teléfono
hasta su oreja.
—Hola, Levi, soy yo. Leí lo que sucedió en línea y solo quería ver
cómo estabas. Bridget dijo que no querías que te devolviera la llamada
después de haber dejado esos mensajes hace unos días, pero... Quiero
asegurarme que estás bien. Por favor, llámame.
Levi se aclaró la garganta dolorida y borró el buzón de voz. Las siete
treinta aquí significaba, ¿qué… las cuatro treinta en Ginebra? Llamaría
a Stanton por la mañana.
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Mientras tanto, sabía que no podría dormir mucho más hoy, pero
si no encontraba algún tipo de distracción, realmente se volvería loco.
Tiró las cobijas y se dirigió al minibar.
Agachado en el suelo con una pequeña botella de whisky en una
mano, vaciló. Nada decía tocaste fondo como emborracharse solo en una
habitación de hotel. Al menos debería ir a un bar, tratar de preservar una
fachada de normalidad.
La gente lo miraría fijamente, pero una vez que tomara algunas
bebidas, no le importaría tanto. Todavía era preferible a caer en un
estupor solitario mientras estaba sumido en el odio hacia sí mismo.
Y si alguien intentaba meterse con él… bueno, eso no sería tan
malo.
***
La única ropa que Levi tenía era el traje ensangrentado en el que
había dejado la subestación la noche anterior, pero Las Vegas no tenía
escasez de tiendas abiertas los sábados por la noche. Así que corrió para
abastecerse de lo esencial antes de regresar a su hotel, ducharse y
cambiarse.
Incluso esa breve incursión le hizo reconsiderar su plan. Aunque
nadie se le acercó, pudo sentir los ojos sobre él a donde iba, y escuchó
los repentinos susurros que surgían en su camino. Mucha gente hizo
todo lo posible para darle el amplio espacio que daría a un leproso de la
edad media. ¿Quería verdaderamente someterse a más de eso?
Mientras vacilaba junto a la puerta, pensando que después de todo
debería beber solo en su habitación, un recuerdo le tiró del cerebro. El
día después de haber encontrado a Reddick en su auto, Jasmine lo había
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llamado para ver cómo estaba. En un esfuerzo por animarlo, un intento
condenado al fracaso, aunque a pesar de ello lo apreciaba, había hablado
de que Adriana había aprendido a montar en la granja de sus padres, sus
planes de boda, su despedida de soltera…
Era esta noche, ¿no? Jasmine y Carlos estaban haciendo eso donde
comenzaban sus fiestas por separado y se reunían al final de la noche.
Ella mencionó que Dominic había hecho los arreglos para los chicos
después de la cena.
Eso significaba que Dominic justo en este momento estaba en un
bar abarrotado, distraído por sus amigos. Lo que significaba que Levi
podría chequearlo desde lejos, ver cómo estaba y asegurarse que no se
había derrumbado después de lo que le había hecho anoche, sin que
Dominic supiera que él estaba allí. Si pudiese saber que Dominic estaba
bien, tal vez se sentiría mejor. Hasta pudiera no necesitar beber.
Una vez que se le ocurrió esa posibilidad, no pudo obligarse a no
hacerlo. Todas esas fiestas recorrían la misma ruta general a través de
los bares turísticos de la ciudad. Solo tenía que buscar en sus sitios web
los lugares más probables, capturar un Uber y visitarlos uno por uno.
El tercer lugar que probó fue Atomic Liquors, el bar independiente
más antiguo de Las Vegas y posiblemente el más famoso. El lugar estaba
lleno a rebosar, lo que dificultaba moverse entre la multitud, pero no
recibió más que un segundo vistazo ocasional mientras se abría paso
hacia la barra. Por supuesto, era menos probable que los turistas lo
reconocieran que los residentes de la ciudad.
Incluso entre tanta gente, Dominic destacaría. Levi escudriñó la
aglomeración de cuerpos achispados en busca de esas dimensiones
inconfundibles, diciéndose firmemente que no era un acosador. Le había
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dado un golpe bajo, y no era el tipo de cosa por la que podía pedir
disculpas. Necesitaba saber que no le había causado un daño irreparable.
Un estallido de risas estrepitosas llamó su atención. Miró a través
de la barra a un grupo de hombres ruidosos en la esquina más alejada y
se tensó.
Carlos estaba sentado en medio del grupo con una llamativa
corona de plástico inclinada a un lado de su cabeza, con las mejillas tan
rojas que Levi podía ver el rubor incluso desde esta distancia. Y sentado
en ángulo con él, su rostro de perfil a Levi, estaba Dominic. Estaba
hablando animadamente, gesticulando con la botella de cerveza que
sostenía. Aunque había algo extraño en su lenguaje corporal que Levi no
podía ubicar, parecía estar bien. Al menos él estaba sonriendo.
Se había equivocado. Ver a Dominic no lo hizo sentir mejor. Todo
lo que hizo fue recordar lo que había hecho, el recuerdo de la conmoción
y el dolor en el rostro de Dominic, golpeándolo con tal fuerza que lo hizo
retroceder.
Tenía que salir de aquí. Asfixiándose con su remordimiento, se
aclaró la garganta y se dio la vuelta...
Sus rodillas se doblaron, su visión se oscureció, y se tambaleó
hacia un lado mientras perdía el conocimiento por un breve momento.
Afortunadamente, la multitud era lo suficientemente gruesa como
para que varias personas lo atraparan antes que cayera al suelo. Regresó
a sí mismo rodeado de exclamaciones de preocupación, con dos hombres
que sostenían sus brazos mientras lo ayudaban a llegar a la barra. Una
mujer dejó su taburete inmediatamente para que él pudiera sentarse.
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—Estoy bien —aseguró al mar borroso de caras preocupadas
agrupadas a su alrededor. Sus oídos silbaban, por lo que no podía
distinguir palabras individuales, pero captó la idea—. Estoy bien, no
estoy borracho, simplemente no he comido nada.
Intentó ponerse de pie, medio avergonzado por haberse desmayado
en un bar, medio desesperado por escapar antes que Dominic notara la
conmoción. Todo lo que logró fue volver a caer de nuevo.
Alguien le entregó un vaso de agua, mientras que otro empujó un
tazón de pretzels hacia él. Murmuró gracias, sus mejillas se sonrojaron y
lanzó una mirada de pánico a la esquina de la habitación.
Sus peores temores se confirmaron cuando vio a Dominic y Carlos
mirándolo, con los ojos y la boca bien abiertos.
Mierda.
Frunciendo el ceño, Dominic se puso de pie, tropezó y se apoyó en
el respaldo de su silla. Cuando Carlos le puso una mano en el brazo,
Dominic se agachó para hablar en su oído y le dio una palmada en el
hombro.
Levi estaba congelado en su lugar, incapaz de mirar hacia otro lado
mientras Dominic cruzaba la habitación hacia él, agarrando su botella de
cerveza con una mano y bamboleándose de lado a lado con cada paso.
Las personas trataban de salir de su camino lo mejor que podían, y Levi
no los culpó. Nadie quería estar cerca de un hombre del tamaño de
Dominic que además tenía problemas para mantenerse en pie.
Dominic se movió a través de las pocas personas que aún se
movían alrededor de Levi.
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—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó con una clara caricia en
su voz.
—Estás borracho —dijo Levi con incredulidad, olvidando sus
propios problemas ante este sorprendente descubrimiento.
—Es una jodida despedida de soltero. —Dominic arrojó el brazo
hacia un lado, casi golpeando el rostro de una mujer con su botella, y el
último de los buenos samaritanos de Levi se desvaneció cuando captaron
el drama—. Por supuesto que estoy borracho.
No había, por supuesto, al respecto. Levi nunca lo había visto
borracho antes, y eso no era una coincidencia. Dominic tenía un punto
de no beber en exceso, porque la intoxicación empeoraba sus antojos de
juego.
El barman eligió ese momento para ver cómo estaba Levi.
—Oye, hombre, ¿estás bien?
—Estoy bien, gracias. —Mierda. Estaba aquí; así que también
podría beber—. ¿Puedo tener un Old Fashioned, por favor?
El camarero parpadeó, pero luego asintió y se alejó.
—Wow —exclamó Dominic—. Ser miserable te resulta atractivo.
Levi suspiró. Desde su ruptura, no había podido soportar beber un
Boulevardier. Lo deprimía demasiado.
Dominic apuntó su botella a Levi acusadoramente.
—Hablando en serio. ¿Por qué estás aquí? ¿Decidiste que anoche
no fue lo suficientemente malo por lo que me buscaste para una segunda
ronda?
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—¡No! Solo quería asegurarme que estabas bien. No quería que me
vieses. Dominic, yo... —Levi no estaba seguro que Dominic incluso
recordara esta conversación por la mañana, pero siguió adelante de todos
modos—. Lamento mucho lo que hice anoche. Fue injustificado y cruel,
y sé que una disculpa no es suficiente, pero quiero que sepas cuánto lo
lamento. Haría cualquier cosa para volver el tiempo atrás.
—Bueno, no puedes hacerlo. Y tienes razón, una disculpa no vale
una mierda. Sabes mejor que nadie cómo me siento acerca de que las
personas sepan esas cosas sobre mí, y simplemente las gritaste para que
todos las escuchasen.
—Lo lamento —susurró Levi con un gesto de impotencia.
Dominic intentó poner su botella sobre la barra, pero esta terminó
por caerse; regando cerveza sobre la superficie de madera mientras se
movía.
—¡No me importa! ¿Tienes alguna idea de cómo se siente que
alguien en quien confías te traicione de esa manera?
Levi apretó los labios y sacudió la cabeza.
—No, no lo sabes. Porque yo nunca te haría eso. ¿Qué te parecería
si les dijera a todas estas personas que eres una jodida reina de la talla?
Con sus pelos erizados Levi respondió:
—Por supuesto. Tú solo guardas tu crueldad para cuando estamos
solos.
—Ves, tu problema es que puedes repartirlo, pero no puedes
tomarlo. —Dominic colocó ambas manos sobre los muslos de Levi,
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cerniéndose sobre él—. Cada vez que alguien te da una probada de tu
propia medicina, empiezas a comportarte como un mártir.
Levi encontró la mirada de Dominic con una de las suyas. Él no
estaba intimidado, nunca lo había estado, nunca lo estaría. Incluso
furiosamente enojado y bamboleando su trasero, Dominic no lo
lastimaría físicamente.
Lástima que Levi preferiría el dolor físico a lo que estaba sintiendo
ahora.
—Me importa una mierda cómo alguien más me pueda tratar —
afirmó él—. Eres el único que hace que duela tanto.
Las manos de Dominic se apretaron en los muslos de Levi. Una
suave tos sonó junto a ellos, y ambos giraron sus cabezas.
—Tenemos que irnos, Dom —aseguró Carlos—. Estamos saliendo
hacia la próxima parada de la gira.
Dominic liberó a Levi y se enderezó, solo para corregir su equilibrio
y balancearse peligrosamente hacia atrás. Tanto Levi como Carlos se
estiraron para estabilizarlo, pero Levi fue el único al que apartó.
—Te espero afuera —le dijo Dominic a Carlos antes de meterse
entre la multitud.
—Lo siento —se disculpó Levi—. No quise causar problemas.
Estaba preocupado por él, y tenía la intención de entrar y salir antes que
me vieran.
—Está bien. ¿Estarás bien? Parecías haberte caído o algo así.
Levi forzó una sonrisa débil.
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—Sólo estrés. Estoy bien, lo prometo. Deberías irte.
—Si estás seguro. —Carlos apretó su hombro y comenzó a buscar
a Dominic.
—¿Oye, Carlos? Felicidades.
Carlos sonrió.
—Gracias.
Después que Carlos y su despedida de soltero salieron, Levi se
volvió hacia la barra para ver su bebida esperando delante de él. La
levantó y se zampó la mitad en un largo trago, dejó el vaso y el resto para
beberlo más lentamente. Ya se había desmayado una vez hoy; no
necesitaba una repetición de eso.
Bebió hasta la última gota, con la cabeza apoyada de mala manera
sobre una mano, cuando la persona que estaba en el taburete a su lado
se levantó y alguien más se sentó.
—Para un hombre tan inteligente, tomas muchas decisiones
lamentables —le amonestó Sawyer.
Levi levantó la cabeza, asombrado por la presencia de Sawyer como
Dominic por la suya.
—¿Me estás siguiendo?
—No tuve que hacerlo. —Sawyer se desabrochó la chaqueta y apoyó
los codos sobre la barra—. La gente está tuiteando tu ubicación. Si no
sales de aquí pronto, habrá pandilleros de Utopía esperando para saltar
sobre ti otra vez cuando te vayas, solo que esta vez estarás borracho y sin
Leila para respaldarte.
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—Puedo cuidarme solo —murmuró Levi.
Sawyer arqueó una ceja.
—No creo que realmente puedas. Mira, un hombre que puede
cuidarse solo habría comido hoy, lo cual sé que no has hecho porque tu
cara esta blanca como una hoja y la mitad de esos Tweets decían que te
desmayaste. Un hombre que puede cuidar de sí mismo no bebería solo
en un bar cuando la mitad de la ciudad piensa que es un asesino en serie,
esperando que alguien pelee con él.
Levi parpadeó.
—Es por eso que todavía estás sentado aquí, ¿no es así? Estoy
seguro que te convenciste con algún otro motivo, pero la verdad es que te
encantaría que alguien se parara frente ti y te diera una excusa para
agregar más moretones a tu colección.
Incapaz de mirar a Sawyer a los ojos, Levi apartó su vaso vacío.
—Estoy seguro que eso te hará sentir mejor —siguió Sawyer—. Por
unos minutos. Pero esos pocos minutos de alivio no valdrían la pena,
Levi. Por otro lado, harías un daño irreparable a tu investigación de IA.
Era raro que Sawyer lo llamara por su nombre de pila, y aún más
raro que él sonara tan serio, y por ello Levi no pudo expresar algo de
indignación ante la interferencia.
—¿Así que viniste aquí para asegurarte que no haga más difícil tu
trabajo?
—Condenadamente cierto.
Una sonrisa reticente tiró de la boca de Levi.
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—Bueno, no tienes que preocuparte. No voy a meterme en ninguna
pelea.
—Lo siento, pero no te creo. Anoche, golpeaste a un policía en la
estación solo porque fue un poco idiota. ¿Esperas que crea que, si un
extraño te acosa de ese modo, no le arrancaras la cabeza? Y eso sin
siquiera tener en cuenta cómo Utopía estará tras de ti después de lo de
ayer. —Sawyer interrumpió a Levi antes que este pudiera discutir—. No
te voy a dejar solo en este bar. Fin de la discusión.
Levi se dejó caer hacia atrás en su taburete, pasándose los dedos
por el cabello. Sabía que sería una estupidez monumental si se metiera
en algún tipo de pelea ahora, cuando su reputación, su carrera y
posiblemente su libertad estaban en juego. Sería tan estúpido como
emborracharse con el estómago vacío mientras era tan vulnerable. El
solo... ya no quería sentirse así, y no podía pensar en otra manera de
calmar su dolor.
—¿Quieres joderme? —le preguntó bruscamente.
Tuvo el placer sin precedentes de ver a Sawyer sin palabras
durante cinco segundos completos.
—¿Ya estás borracho? —resopló Sawyer una vez que se recuperó.
—No. Solo he tomado una copa esta noche. —Levi señaló su vaso
vacío—. Mira, llevas años intentando ponerme de espaldas. ¿Era solo por
bromear, o es algo que realmente quieres?
Sawyer sacudió la cabeza, aunque no en negación.
—No puedo. Estas molesto. Me estaría aprovechando de ti.
Levi resopló.
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—Déjame aclarar esto para ti. Hay dos caminos posibles para mi
esta noche. Uno, me siento en este bar y sigo bebiendo hasta
desmayarme. Dos, me llevas a casa y me jodes, otra vez… hasta
desmayarme. Puedes ver el punto en común.
—Yo… —Golpeando sus dedos en la barra, Sawyer miró a la
multitud circundante—. No es seguro que te quedes aquí.
—Entonces llévame a tu casa.
Sawyer se mordió su labio inferior, estudiando el rostro de Levi.
Entonces asintió.
—De acuerdo, salgamos de aquí.
***
El apartamento de Sawyer era tan llamativo y exagerado como el
hombre mismo, cada centímetro del gran espacio llenó con su riqueza.
Levi giró lentamente en la sala principal antes de mirarle expectante.
Sawyer, que se había mostrado extrañamente reticente durante el
viaje, seguía de pie en la puerta principal.
—¿Seguro que quieres hacer esto?
En tres grandes zancadas Levi cruzó la habitación hacia él, agarró
sus solapas y le dio un beso, aunque momentáneamente se encontró
sorprendido por el hecho que no tenía que inclinar la cabeza hacia atrás
para poder hacerlo. Sawyer y él tenían la misma altura.
Sawyer gimió en el beso, ahuecando el rostro de Levi con ambas
manos. Levi dejó que sus propias manos vagaran sobre el cuerpo de
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Sawyer, ajustándose a la sensación de músculos magros y una
constitución esbelta no muy diferente a la suya.
Cuando el beso se rompió, presionó sus caderas contra las de
Sawyer.
—¿Dónde está tu dormitorio?
Sawyer demostró ser un amante increíble, pero Levi no había
esperado nada menos. El hombre era demasiado vanidoso para
permitirse ser menos que excepcional en todo lo que hacía.
Hizo venir a Levi dos veces, primero con las manos y boca, para
luego darle una larga y dura jodida sobre sus codos y rodillas hasta que
todos los músculos de Levi se convirtieron en gelatina. El placer físico fue
innegable, los orgasmos verdaderamente satisfactorios.
Pero cuando todo terminó, Levi se sintió vacío y frío, como si le
hubieran arrancado y reemplazado con aserrín todas sus entrañas.
Aunque el sexo había sido bueno, no había sido parecido a lo que él
quería.
No había sido Dominic.
Acostado en el lío de la cama gigante, miró al hombre que estaba a
su lado. Sawyer se había quedado dormido en el momento en que su
cabeza golpeó la almohada junto a la suya; él estaba roncando un poco,
felizmente ajeno a todo lo demás en la habitación.
Cuando Levi se levantó de la cama y se movió de puntillas para
recoger su ropa, se dio cuenta que era la segunda vez en una semana que
se escapaba después de tener sexo. Eso no hizo mucho por su maltratada
autoestima.
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Al menos no necesitaba sentirse culpable por no haber despertado
a Sawyer para decirle adiós; en todo caso, un tipo como él apreciaría que
le salvaran de la incómoda mañana siguiente.
Levi regresó a su hotel, se duchó y luego limpió el vapor del espejo
para observar su reflejo. Sawyer no le había dejado ninguna marca, no
como lo habría hecho Dominic. No había evidencia de lo que habían
hecho, excepto un ligero dolor y la sensación de entumecimiento que no
podía limpiar.
Esto era lo que había querido, ¿verdad? ¿Dejar de sentir en la forma
que se sentía antes?
Salió del baño y se acostó. Cuando salió el sol a la mañana
siguiente, todavía estaba despierto.
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Capítul♠ 15
Dondequiera que hubiese una manera de apostar dinero, Dominic
ya había estado allí. El póquer era su favorito, el blackjack en segundo
lugar, pero también tenía historia con los dados, la ruleta, las apuestas
deportivas, las carreras de caballos, los boletos de lotería, incluso el
bingo. Demonios, una vez había apostado en un juego de Go Fish.
Sin embargo, había una forma de juego en la que rara vez
participaba… las máquinas tragamonedas. En Jugadores anónimos,
habían hablado mucho sobre la diferencia entre el juego de ‘acción’ y el
de ‘escape’. Dominic solía jugar por la emoción, el desafío, la adrenalina,
todas las sensaciones que podía obtener de los emocionantes juegos
basados en sus habilidades como el póquer. Las tragamonedas, por otro
lado, tenían un efecto casi narcótico, que tendía a ser lo contrario de lo
que él buscaba.
Hoy, sin embargo, las tragaperras eran justo lo que recetó el doctor.
Sufriendo su primera resaca en años, Dominic no tenía la energía o el
enfoque mental para ninguna actividad que requiriese estrategia. Mirar
una pantalla y tirar de una palanca sin pensar una y otra vez le ayudaba
a distraerse de sus problemas sin demasiado esfuerzo, incluso si todas
las campanas y silbidos empeoraban su dolor de cabeza.
Intentó no volver a lo que había sucedido con Levi. Dejando de lado
ese encuentro inesperado, la despedida de soltero había sido un gran
éxito. Carlos había disfrutado inmensamente, que era lo más importante,
y cuando se reunieron con el grupo de la despedida de soltera de
Jasmine, los dos se encontraban en un estado envidiable de
bienaventuranza prenupcial borracha. Dominic se había visto obligado a
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sentarse entre ellos en el Lyft para evitar un cargo por indecencia pública,
y una vez que regresaron a sus respectivos apartamentos, pudo escuchar
exactamente el buen momento que ellos estaban pasando durante una
hora a través de la pared compartida.
Carlos y Jasmine eran su familia. Él haría cualquier cosa para
proteger y preservar la felicidad que ambos merecían. Pero tenía que
admitir que estaba celoso.
Había evitado el habitual almuerzo de los domingos en la casa de
su madre, afirmando que estaba demasiado borracho de la fiesta. Su
madre no había tratado de convencerlo que fuese, él se había salteado
tantos eventos familiares en los últimos meses que había renunciado a
discutir con él.
Ahora libre de todas sus obligaciones, tiró de la palanca de su
máquina y observó las imágenes desplazarse con poco interés en el
resultado. Había cargado doscientos dólares en efectivo, y aún no se
habían agotado, aunque no estaba seguro de cuánto tiempo llevaba aquí.
Los carretes se detuvieron sin premio. Tiró de la palanca de nuevo.
—¿Dominic?
Se giró en su taburete, estupefacto ante la borrosa visión de la
persona que estaba parada unos metros a su derecha.
—¿Natasha?
—Lamento entrometerme, pero Diana Kostas me dijo que podría
encontrarte aquí.
—Estoy bien —dijo reflexivamente él.
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La boca de ella se crispó como si estuviera luchando por no sonreír.
—Me alegra escucharlo. ¿Está bien si me siento?
Se encogió de hombros, observando desconcertado mientras ella
arrastraba el taburete de la siguiente máquina más cerca de él. En una
tarde de domingo, el Railroad Pass estaba haciendo buenas ganancias,
pero no estaba lleno. Había un montón de espacios vacíos ante las
máquinas.
—He estado tratando de ponerme en contacto con Levi todo el fin
de semana —aseguró ella apoyando su bolso en su regazo—. También lo
intentaron Martine y Leila e incluso Adriana. No está devolviendo
ninguna de nuestras llamadas o mensajes de texto. Estamos empezando
a preocuparnos.
—Anoche me encontré con él durante unos minutos. Está bien.
Sin embargo, Levi no estaba bien. Dominic estaba demasiado
borracho como para pensar en ese momento, pero Levi se había
desmayado en el bar, aunque solo fue por un segundo. En primer lugar,
no debería haber estado solo en la ciudad con el ánimo actual. Su
condición física claramente deteriorada empeoraba las cosas, hasta el
punto en que Dominic sospechaba que él estaba siendo intencionalmente
autodestructivo.
¿Y si algo le había sucedido después que se fuera? La ciudad se
estaba volviendo contra él, y Utopía estaba tras su sangre ahora más que
nunca. Si había sido atacado...
Dominic detuvo firmemente sus pensamientos en espiral. Levi le
había dicho en términos inequívocos que dejara de actuar como si todavía
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estuvieran juntos; no iba a desperdiciar energía preocupándose por un
hombre que solo rechazaría su preocupación.
—Levi no… —Natasha vaciló, su boca se abrió y se cerró como si
estuviera buscando las palabras correctas—. Él es una persona muy
fuerte, pero no tiene los mecanismos de afrontamiento más saludables, y
las cosas que están sucediendo en este momento están vinculadas a
algunas de sus heridas más profundas. Me temo que, sin apoyo termine
lastimándose.
—¿Y tú crees que soy la persona adecuada para ofrecer ese apoyo?
—¿Quién mejor?
—¡Casi cualquier otra persona! —Dominic se pasó una mano por
su rostro—. Mira, Natasha, sé que tienes buenas intenciones, pero Levi
no quiere mi ayuda. No estoy suponiéndolo. Me lo gritó frente a todos al
alcance del oído con otros muchos coloridos comentarios el viernes por
la noche.
Ella se estremeció.
—Sí, Martine me habló de eso. Lo lamento. Eso debe haber sido
horrible para ti.
Él agitó una mano, no queriendo que se convirtiera en una
conversación sobre él.
—Mi punto es que Levi no apreciaría mi interferencia.
—Puede que no quiera tu ayuda en este momento, pero la necesita.
—¿Así que se supone que debo ir sabiendo que simplemente me va
a patear en las bolas por mi problema? —Dominic tiró con fuerza de la
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palanca, luego suspiró cuando la máquina encontró otra combinación
perdedora. Había sido perdida tras perdida durante toda la tarde, así que
pronto tendría que estar cerca de un buen premio—. ¿Por qué prestarme
para eso?
Ella se quedó en silencio por un momento, observándolo tirar de la
palanca una vez más.
—Después que comenzaste a jugar de nuevo, ¿cómo reaccionaste
ante los intentos de ayuda por parte de Levi?
—¿Llamas a lo que ha estado haciendo ayudarme? Hacer que
policías me sigan y me acosen, me pongan en las listas negras de los
casinos... —Me esposó a mi cama, casi agregó, pero lo mordió antes que
saliera.
—No son técnicas que un consejero recomendaría —argumentó ella
con una sonrisa triste— pero sé que él también ha intentado llegar a ti
con tácticas más suaves. Y cada vez que lo hizo, recibió la misma
respuesta de ti.
Dominic no estaba orgulloso de todas las veces que le había
mentido, lo había manipulado, le había herido deliberadamente para
obligarlo a retroceder. Pero no habría tenido que hacer ninguna de esas
cosas si Levi se hubiese retirado solo.
—A pesar de todo eso, nunca dejo de intentarlo —siguió Natasha—
. Porque el amor no es racional. Nos impulsa a hacer cosas inexplicables,
como perdonarle a una persona algo que hubiera sido imperdonable
viniendo de otra. O negarnos a alejarnos incluso cuando la situación
parece desesperada. Ahora, no estoy diciendo que siempre sea algo
bueno, pero es parte de la experiencia humana. Y a veces, lo único que
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puede sacar a alguien del borde es saber que hay una persona que nunca
se rendirá sin importar lo mal que se pongan las cosas.
Dominic frunció el ceño, mirando la máquina tragamonedas. Su
mano picaba por tirar de la palanca.
—No dudo de la fuerza de tu amor por Levi. Y no creo que siquiera
lo que sucedió la otra noche te impida ir a su lado en un momento de
crisis. Esa no es la razón por la que estás sentado aquí. —Ella colocó su
mano sobre la pantalla, rompiendo su línea de visión y sobresaltándolo
tanto que él se hecho hacia atrás—. Si tuvieras que levantarte de este
taburete ahora mismo y dejar este casino, ¿podrías?
Por supuesto que podría. Esto no es como la última vez. Podría
detenerme cuando quisiera.
Se imaginó saliendo del casino y de repente se sintió mareado. Si
dejaba de jugar, no habría nada que lo distrajera. Tendría que sentir todo,
todo la angustia, ira y dolor, y no quería nada de eso.
—Si hubiese un terremoto o algo, claro que podría —le respondió a
la ligera.
—¿Estás seguro?
Él cerró los ojos.
—No lo sé.
—Podría haberte llamado para hablar sobre Levi. Elegí venir a
buscarte porque hay otra cosa de la que me gustaría hablar contigo. ¿Me
darías unos minutos más?
—Por supuesto.
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Mientras Natasha buscaba en su bolso, el teléfono de Dominic sonó
con un mensaje de texto entrante. Sacó el teléfono de su bolsillo.
El texto era de un número bloqueado.
Tenemos un gran problema.
Dominic se tensó de pies a cabeza. Un texto ominoso de un número
bloqueado solo podría ser el Siete de Picas. ¿Pero de qué diablos estaban
hablando ellos?
—¿Ese era Levi? —preguntó Natasha, con una nota esperanzada
en su voz.
—No. —Dominic se guardó el teléfono en el bolsillo y la miró para
ver que tenía una moneda de un cuarto de dólar.
—Escoge —pidió ella mientras lanzaba la moneda al aire.
—Cara. —Él estaba intrigado por su enfoque. Como trabajadora
social, Natasha sabría que los jugadores compulsivos no debían apostar
ni siquiera en algo tan aparentemente inocuo como tirar una moneda.
¿Cuál era su ángulo?
Natasha atrapó la moneda en el dorso de su mano, y retiró su
palma para revelar el perfil de George Washington. Una placentera
sensación se disparó en la columna vertebral de Dominic incluso por esa
trivial victoria.
—Genial —dijo ella—. ¿Cuáles eran las posibilidades que esta
moneda saliera cara?
—Cincuenta cincuenta.
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—Y si vuelvo a hacerlo por segunda vez, ¿cuáles son las
posibilidades que vuelva a aparecer?
—Cincuenta cincuenta —repitió él, con más renuencia esta vez,
porque ahora sabía a dónde iba ella con esto, y no le gustó nada.
Natasha lanzó la moneda en el dorso de su mano una y otra vez
mientras hablaba.
—¿Y si arrojara la moneda noventa y nueve veces y cada vez saliese
cara? ¿Cuál es la probabilidad que sea cara en el centésimo lanzamiento?
—Todavía seria el cincuenta por ciento.
—¿De verdad? Pero salió cara cien veces seguidas. Tiene que ser el
correcto ahora, ¿verdad?
—No. —La palabra se arrastró fuera de él por pura fuerza de
voluntad.
Ella arqueó las cejas.
—¿Por qué no?
Frunciéndole el ceño, él respondió:
—Porque cada tirada es un evento independiente.
—Exactamente. —Ella dejó caer la moneda de regresó en su bolso—
. Cada vez que lanzas una moneda, juegas una mano de póker, tiras de
la palanca de esta máquina, la probabilidad del resultado no se ve
afectada por tus resultados anteriores. Puede haber predicciones
generales sobre patrones durante largos períodos de tiempo, pero cuando
se trata de un evento individual, esas predicciones no significan nada. La
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errónea creencia de que los eventos estadísticamente independientes
influyen entre sí se denomina falacia del jugador.
—Ya sé todo eso.
—Puede que lo sepas, pero no lo has interiorizado. La falacia del
jugador desempeña un papel importante en los problemas de juego.
Cuando un jugador está teniendo mucho éxito, dirá que está en una
buena racha, y necesita continuar para preservarla. Cuando lo esté
haciendo mal, dirá que se debe a algo de mala suerte, y solo tiene que
aguantar hasta que la racha cambie. Notarás que ambas conclusiones
conducen a una continuidad del juego.
Sí, y ambas eran cosas que había dicho y pensado innumerables
veces a lo largo de los años.
Estaba luchando por pensar en un argumento contrario cuando su
teléfono volvió a sonar. Murmurando una disculpa, lo comprobó sin
sacarlo del bolsillo.
Estoy siendo serio, señor Russo. No me ignore.
Con un giro de sus ojos, Dominic hizo exactamente eso. No jugaría
este juego con los Siete de Picas. Si querían decirle algo, podrían solo
escupirlo.
Natasha frunció el ceño al observar su reacción, pero no hizo
ninguna pregunta. En cambio, hizo un gesto hacia la pantalla delante de
ellos.
—Mira esta máquina tragamonedas. Se ejecuta por un generador
de números aleatorios regulado por la Comisión de Juego. El
desplazamiento de las ranuras es solo por el espectáculo; su resultado
real se determina en cuanto se tira de la palanca, y cada vez que sucede,
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las probabilidades son exactamente las mismas, porque el chip de la
computadora siempre usa el mismo algoritmo. Tú entiendes de
matemáticas. Sin embargo, no puede decirme que, mientras estabas aquí
sentado, no has imaginado que esta máquina debía estar más cerca de
un premio mayor porque has perdido muchas veces seguidas.
Él se recostó en el taburete como si ella lo hubiese empujado.
Demasiado desprevenido para mentir dijo:
—No lo entiendes. Va mucho más profundo que eso. Yo…
No supo cómo terminar esa oración, así que simplemente lanzó sus
manos al aire y suspiró temblorosamente.
—Puede haber algo así como la suerte, pero no se puede predecir
ni controlar —aseguró ella, su actitud era tan tranquila y gentil como
siempre—. Y si bien hay algunos juegos donde la habilidad y la estrategia
te pueden dar una ventaja, como el póquer, siempre hay un elemento de
posibilidad aleatoria. Es por eso que el juego puede convertirse en un
problema. Te atrae porque estás buscando un sentido de dominio sobre
tu entorno, la euforia que obtienes al tomar un riesgo y tener éxito. Pero
cualquier sensación de control que te da el juego es una ilusión que
puede ser destruida en el siguiente momento.
Su estómago se revolvió.
—Eso es algo difícil de aceptar. Porque si no puedes controlar esos
riesgos, si el éxito o fracaso se determina más por casualidad que por tu
propia competencia, ¿por qué seguir apostando incluso cuando las
consecuencias son tan graves?
—Porque soy débil —contestó de manera irregular.
Ella resopló.
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—No hay un hueso débil en tu cuerpo, Dominic. El juego
compulsivo no es una falla moral. Es una enfermedad que requiere
tratamiento. Solo tienes que estar dispuesto a buscar ayuda y trabajarlo.
Lo has hecho una vez antes; no hay razón para que no puedas volver a
hacerlo.
Su teléfono volvió a sonar, haciéndole saltar. Él miró a la pantalla.
Bien. No diga que no se lo advertí.
—¿Necesitas responder eso? —preguntó Natasha.
—No. —Dominic apagó el sonido—. No es importante.
Váyanse al infierno, monstruos, pensó, complacido rencorosamente
por la imagen de uno de los Siete de Picas sentado en algún lugar con su
propio teléfono en la mano, cada vez más frustrado cuando él se negaba
a responder.
Natasha lo aceptó asintiendo.
—Solo tengo una cosa más que decir. No puedes controlar esta
máquina tragamonedas. Lo que puedes controlar es lo que eliges hacer
ahora mismo, en este momento, cuando el hombre que amas se está
desmoronando y quizás tú eres el único que pueda comunicarse con él.
Me gustaría que pensaras en eso.
Ella se puso de pie, arrojando su bolso en el hueco de su codo. Él
le dirigió una mirada de sorpresa.
—No vas a…
—No tienes que probarme nada. —Ella se encogió de hombros—.
Tú eres el único que necesita estar convencido de su propia fuerza.
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Ella apoyó la mano sobre su brazo por un momento antes de
alejarse.
Dominic alcanzó automáticamente la palanca de la máquina
tragamonedas, entonces vaciló.
Cuanto más herido se sintiera Levi, más se aislaría. Era el clásico
Levi Abrams: si no podía luchar o joder con sus emociones incómodas,
intentaba huir de ellas, lo que significaba evitar a cualquiera que lo
obligara a enfrentarlas.
Algún tiempo libre para descansar, para sí mismo, sin riesgo de
arruinar sus relaciones con arrebatos no intencionales, podría hacerle
algún bien. El problema era que estar solo, especialmente en su actual
estado emocional inestable, lo hacía exponencialmente más vulnerable a
lo que los Siete de Picas le tenían reservado.
Los mensajes anteriores del asesino podrían haber sido una
genuina advertencia de una amenaza inminente, o la salva inicial del
juego final que habían admitido que estaban planeando para Levi. De
cualquier manera, un Levi asustado y solitario sería una presa fácil.
¿Entonces por qué no podía quitar su mano de la palanca?
Estaba furioso con Levi, y profundamente herido. Pero eso no
significaba que lo abandonaría a los obsesivos caprichos de un asesino
en serie. Levi no tenía en este momento un sistema de apoyo; no se sabía
cuáles serían las consecuencias si él no hacía todo lo posible por
ayudarle.
Dominic intentó retirar la mano, pero la idea de bajar de ese
taburete y salir del casino era como estar al borde de un acantilado, a
punto de caer a una absoluta oscuridad. Su corazón latía con fuerza,
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causando que la sangre resonara en sus oídos. El sudor corrió por su
nuca.
Esto no era lo que se sentía estar en control. Esto no era manejar
las cosas. Había estado aquí antes… esta sensación enfermiza de ser un
títere en su propio cuerpo, incapaz de cortar los hilos de su compulsión
sin importar a quién lastimaba.
No diga que no se lo advertí.
Levi podría estar en peligro.
Dominic sacó su mano de la palanca y golpeó su otra mano en el
botón Recoger simultáneamente. La máquina escupió un boleto con un
código de barras que contenía el saldo de su efectivo; lo agarró y se
apresuró a alejarse antes que el impulso tóxico de su cerebro le hiciera
volver a sentarse.
Después de pasar por el cajero, salió del casino tan rápido como
pudo sin correr. No paró de moverse hasta que estuvo en su camioneta.
Cuando sacó su teléfono, le temblaban tanto las manos que se le cayó en
el espacio para los pies y tuvo que escarbar para recuperarlo.
Colocó el teléfono en su regazo, obligándose a respirar
profundamente varias veces. Entonces, sacó una toalla de la bolsa de
deporte que tenía en su camioneta y se secó su húmedo rostro. Solo
cuando se sintió menos en la cúspide de un colapso inminente, volvió a
levantar el teléfono.
No sabía dónde estaba Levi, pero eso no era un verdadero
problema. Solo le tomó unos minutos rastrear el número de Jay Sawyer.
—¿Hola? —respondió Sawyer con un toque de amabilidad cortés.
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—¿Sawyer? Hola, soy Dominic Russo. —En el completo y absoluto
silencio que siguió, Dominic frunció el ceño e insistió—. ¿Hola? ¿Sigues
ahí?
—Um, sí. —Sawyer se aclaró la garganta—. Ah... ¿Qué puedo hacer
por usted, Señor Russo?
—Estoy buscando a Levi. Ninguno de sus amigos ha podido
ponerse en contacto con él, y solo quería asegurarme que esté bien.
¿Supongo que sabes dónde está?
—¿Quieres decir que no han hablado hoy?
—No, en absoluto.
—Oh —exclamó Sawyer, en lo que sonó extrañamente como un
suspiro de alivio—. Sí, mi firma lo puso en el Renaissance en Paradise
Road. Habitación 1412.
—Gracias.
—No hay problema. Adiós.
Sawyer colgó, dejando a Dominic parpadeando ante la abrupta
desconexión.
—Hombre raro —murmuró Dominic mientras apartaba su teléfono
y giraba la llave de contacto.
El viaje de media hora le dio el suficiente tiempo para dudar de su
decisión, así como de luchar contra las voces constantes que le decían
que era un idiota por conducir hacia una casi segura pena cuando podría
regresar al casino y evitarlo. Bajó las ventanillas por completo, encendió
la radio y condujo lo más rápido que pudo sin ser detenido por ninguno
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de los Minions de Levi. Cuando llegó al hotel, le dolían las manos por lo
fuerte que había estado agarrando el volante.
Estaba ensayando lo que diría mientras caminaba por el vestíbulo,
solo para que todo saliera volando de su cabeza cuando vio a Levi de pie
en la recepción.
Levi era el hombre más llamativo que había conocido, pero en este
momento se veía terrible. Su piel estaba extrañamente pálida, lo que
hacía que los moretones de su lucha con Utopía destacasen en su piel en
un contraste aún más marcado. El rastrojo en sus mejillas y mandíbula
era evidente, y parecía estar apoyado en el mostrador solo para poder
mantenerse erguido más que cualquier otra cosa.
Dominic cuadró los hombros y siguió caminando. Cuando Levi lo
vio, gimió y se dejó caer aún más contra el escritorio.
—Oh, Dios mío —exclamó Levi, y demostró que no era una forma
de hablar cuando puso los ojos en blanco y añadió—: ¿Por qué me haces
esto?
—Tenemos que hablar —respondió Dominic, sin inmutarse.
—No puedo. —Levi se volvió, su voz entrecortada—. Por favor,
Dominic, no puedo hacer esto contigo hoy.
Antes que Dominic pudiera responder, un empleado salió de una
habitación detrás del mostrador de la recepción y le entregó a Levi un
pequeño paquete cuadrado.
—Aquí tiene, Detective.
—Gracias.
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—¿Qué es eso? —preguntó mientras Levi usaba sus llaves para
cortar la cinta que mantenía cerrada la caja.
—Sawyer me envió un paquete. Simplemente me llamaron para que
bajara por él. —Levi dejó la tapa de cartón a un lado para revelar una
caja más pequeña, esta con bisagras y hecha de acero.
La frente de Dominic se frunció. No podía dejar de pensar que
Sawyer le habría mencionado enviarle un paquete a Levi cuando
hablaron, y, además, si iba a enviarle algo, ¿no serían documentos?
—Espera —exclamó, pero Levi ya había abierto la parte superior de
la caja.
El rostro de Levi se quedó en blanco, como si todos los músculos
se hubieran cerrado en una máscara sin expresión. Tras aumentar su
ansiedad, Dominic se movió para mirar por encima del hombro, luego se
atragantó y dio un paso atrás.
Un globo ocular intacto descansaba sobre una pequeña bolsa de
hielo. Aunque el iris se estaba desvaneciendo, Dominic solo había visto
un azul tan penetrante en una persona antes.
Había un mensaje escrito pegado en la tapa interior de la caja:
MANTENGA A LA POLICÍA ALEJADA SI QUIERE QUE Él VIVA.
—¿Es de Stanton? —preguntó Dominic débilmente, ya casi seguro
que lo era.
Levi no respondió. Dominic se preparó, pero no tenía idea de cómo
iba a reaccionar. ¿Gritaría y lanzaría la caja contra la pared? ¿Estallaría
en lágrimas? ¿Solo colapsaría? Tenía que estar listo para cualquier cosa.
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Excepto que Levi no hizo ninguna de esas cosas. Se volvió para
encontrar la mirada de Dominic y dijo, con una voz perfectamente
tranquila.
—Alguien va a morir.
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Capítul♠ 16
—Voy a decir esto una vez más —insistió Dominic—. Tenemos que
llamar a la policía.
Con el móvil en la mano, Levi se detuvo junto a la ventana de la
habitación de su hotel y contempló la concurrida carretera de abajo.
Dominic lo había seguido hasta allí sin preguntar, pero él no había
protestado.
—No podemos hacerlo. —Se sentía más mareado de lo que había
estado en días, como si la niebla que lo mantenía hubiera sido barrida de
su cerebro—. Viste la nota. Juliette hará que maten a Stanton.
—Los policías ya la están persiguiendo y también a sus lacayos. Si
ellos no se enteran que han secuestrado a Stanton, no sabrán que deben
mantenerse alejados.
Levi se encogió de hombros.
—De todas maneras, no se alejarían. Es una política
estadounidense que los órganos de aplicación de la ley no negocian con
terroristas, y eso incluye a secuestradores. La policía puede fingir que
está de acuerdo con ellos, pero no dejará ir a los perpetradores. Es
demasiado peligroso involucrarles.
El silencio se prolongó hasta que Dominic volvió a hablar.
—Esto no es lo que tú recomendarías si esta situación le ocurriera
a otra persona.
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—No, no lo es. —Levi se volvió hacia Dominic, quien lo había estado
tratando con guantes de seda desde que él había abierto la caja. Entendía
por qué, aunque no era necesario—. Pero esto está pasándome a mí, y sé
de lo que soy capaz. He visto situaciones de rehenes irse a la mierda.
Estoy seguro que tú también. No dejaré que eso le pase a Stanton, sin
importar cuáles sean las consecuencias para mí persona.
Dominic asintió.
—¿Estás seguro que fue secuestrado? Lo verifiqué mientras
estabas en el teléfono, no ha habido informes de secuestros o robos de
autos hoy en Las Vegas.
—Bridget dijo que Stanton regresó de Ginebra hoy temprano y que
su avión aterrizó en McCarran según lo programado. Él le envió un
mensaje hace unas horas para decirle que estaba conmigo. No hay otra
razón por la que hubiera hecho eso. Y su teléfono sigue yendo
directamente al correo de voz.
Levi arrojó su teléfono sobre la cama. Bridget había estado
comprensiblemente confundida por su llamada, pero pensó que lo había
jugado lo suficientemente bien como para disipar cualquier sospecha.
—Si aterrizó a salvo, pero nunca llegó a donde iba... —Dominic
comenzó a pasearse por la habitación—. Deben haberlo estado esperando
en su automóvil en el aeropuerto.
—Me llamó ayer cuando se enteró de lo que sucedió con los Siete
de Picas. Pero nunca le devolví la llamada, así que Bridget dijo que él
decidió interrumpir su viaje y volver antes a casa. —Su voz se quebró—.
Sabía que Stanton estaba en la lista de posibles víctimas, y nunca le dije
nada. Pensé que estaría a salvo en Europa.
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—Esto no es tu culpa.
—Lo sé. —Levi sacudió levemente la cabeza—. Son los Siete de
Picas. Esto no estaría sucediendo si no fuera por ellos.
—Sobre eso —dijo Dominic, una sombra cruzando su rostro—. Los
Siete de Picas me enviaron un mensaje de texto hoy, siendo vagos y
siniestros sobre que algo había salido mal. Pensé que estaban jugando
uno de sus juegos, así que los ignoré. Debieron haber descubierto que
Stanton había sido secuestrado, y estaban tratando de advertirme.
—No importa. Si realmente quisieran ayudar, te lo habrían dicho a
ti o a mí. No les importa Stanton. Simplemente disfrutan jodiendo con
nuestras mentes.
—Los Siete de Picas deben de vigilar a Stanton como lo hacen con
todos los demás que son importantes para ti y para mí. Para que los
amigos de Juliette estuvieran listos para agarrarlo de último minuto, ella
debe haber estado haciendo lo mismo.
—Probablemente, Stanton subió a lo más alto de su lista cuando
me nombraron detective principal en el caso Buckner —conjeturó Levi—
. Y ella también tenía que estar vigilándome, ya que pudo rastrearme
hasta este hotel. Aunque anoche usé mi tarjeta de crédito en algunas
tiendas en esta área, por lo que no habría sido difícil reducir las opciones.
Dominic se apoyó contra la pared.
—Vamos a analizarlo. Los mercenarios de Juliette secuestraron a
Stanton de tal manera que no nadie lo supo, no hubo pedido de rescate,
cortaron uno de sus ojos inmediatamente, y lo enviaron directamente a
su ex novio policía quien había estado investigando sus crímenes. No lo
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secuestraron por dinero. Lo hicieron como un seguro. Tan pronto como
estén libres y a salvo, lo matarán.
—Lo sé. Es por eso que necesito encontrarlo primero. Una vez que
tenga un mejor panorama de situación, si eso no aumenta el riesgo para
la vida de Stanton llamaré a la policía.
—Bueno, eso suena bien en teoría —contradijo Dominic con el ceño
fruncido—. Excepto que incluso la policía no tiene nada con qué trabajar.
Royce no sabe nada que nos sirva, Juliette desapareció en el aire y
Martine me dijo que el registro de la casa en el desierto no había arrojado
nada. A menos que tengamos suerte y alguien más reconozca a uno de
los hombres y nos dé una punta, nuestras pistas se han enfriado.
Excepto que eso no era exactamente cierto, ¿verdad? Había una
gran ventaja por la izquierda. Simplemente no era una que la policía
hubiese podido perseguir.
No legalmente, de todos modos.
Levi agarró su teléfono, su tarjeta de acceso y se dirigió a la puerta.
Dominic se interpuso en su camino con ambas manos extendidas.
—Whoa. ¿A dónde diablos vas?
Levi levantó la barbilla.
—Estoy a punto de hacer algo muy malo. Ahora, puedes venir
conmigo o puedes mantenerte alejado, pero no podrás detenerme.
—Cubro tu espalda.
—¿Está seguro que…?
—Cubro tu espalda —repitió Dominic con firmeza.
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Un pequeño nudo de tensión se aflojó en el cuello de Levi. Tomó
una de las manos de Dominic y entrelazó sus dedos, apretando
brevemente antes de moverse a su alrededor para salir de la habitación.
—¿Entonces a dónde vamos? —preguntó Dominic mientras lo
seguía por el pasillo.
—Al Hospital MountainView.
***
Levi merodeó junto a la pared justo al lado de la estación de
enfermeras, mirando al oficial uniformado que se encontraba fuera de la
habitación de Charles Graham al final del pasillo.
—No va a dejarme entrar. Incluso si no me hubiesen suspendido,
no me permitirían hablar con Graham sin su abogado presente.
Dominic, quien estaba recostado contra la pared de manera mucho
más convincente, tocó la mano de Levi hasta que éste lo miró en lugar de
al policía.
—Podría tratar de distraerlo, alejarlo de la habitación para que
puedas colarte sin que él te vea.
—No. Si deja su puesto y algo le sucede a su asignación, podría
perder su trabajo. Tiene que haber otra manera.
No habían tenido dificultad alguna para ingresar al hospital, ya que
estaban dentro de las horas de visita, pero el centinela de Graham
planteaba un frustrante obstáculo. Levi no quería arriesgar el trabajo de
un hombre si había alguna otra opción.
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Al enviar una mirada casual por encima del hombro, Dominic
afirmó:
—No conozco a ese policía. Lo que significa que probablemente él
no me conoce.
—¿Eso es bueno o malo?
—¿En este caso? Bueno. —Dominic hojeó su billetera y sacó una
tarjeta—. ¿Cuál es el nombre del abogado de Graham?
—Um… —Levi hurgó en su memoria—. Reuben Cooke.
Dominic le dirigió una sonrisa pícara.
—Ya no. Sígueme la corriente.
Se dio la vuelta y camino por el pasillo a un ritmo rápido.
Sobresaltado, Levi se apresuró a alcanzarlo.
Cuando llegaron a la habitación de Graham, a Dominic le faltaba
el aliento, aunque tenía que estar fingiendo.
—Necesito hablar inmediatamente con mi cliente.
El policía parpadeó desde su silla de plástico.
—¿Qué? ¿Usted quién es? —Cuando se dio cuenta que Levi estaba
detrás del hombro de Dominic, su rostro mostró confusión—. ¿Detective
Abrams?
Dominic chasqueó los dedos frente a la cara del policía.
—Soy Michael Greene. El nuevo abogado del señor Graham.
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Le entregó al policía la tarjeta que sostenía, la cual Levi se dio
cuenta debía ser una identificación falsa. Él nunca había sido un buen
mentiroso, por lo que se concentró en esconderse lo más posible detrás
del voluminoso cuerpo de Dominic y tratar de mantener su rostro en
blanco.
El policía estudió con el ceño fruncido la tarjeta.
—No entiendo. ¿Qué paso con…?
—El Señor Cooke tuvo un ataque al corazón esta mañana.
—Oh, Dios mío. ¿Esta…?
—Acabo de enterarme que mi firma me asignó la mitad de sus
casos, algo que, como puede ver, no estaba preparado en un domingo por
la tarde. —Dominic señaló su ropa informal—. Los archivos de Cooke son
un desastre, y considerar su trabajo como descuidado sería un gran
cumplido. Necesito hablar con el Sr. Graham sobre la revisión de su
estrategia de defensa de inmediato.
—Eso está bien, ¿Pero ¿qué está haciendo el Detective Abrams
aquí? —El policía miró a Levi otra vez—. Quiero decir, ¿no está, eh,
suspendido?
Dominic cruzó los brazos sobre su enorme pecho, sus bíceps se
tensaron en las mangas de su camiseta. Se acercó al policía, cerniéndose
sobre él, y el policía se echó hacia atrás en su silla con los ojos muy
abiertos.
—¿Me está diciendo cómo hacer mi trabajo? —espetó Dominic en
un tono bajó y peligroso.
—¿Qué? ¡No!
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—¿Voy a su subestación y le digo cómo hacer su trabajo?
—No…
—¿Entonces le gustaría explicarme por qué le niega a un
ciudadano estadounidense su derecho constitucional a un abogado
oficial?
—Jesús, no, yo nunca… —El policía sacudió frenéticamente su
cabeza, sus mejillas se sonrojaron y le devolvió la tarjeta a Dominic—.
Adelante. Lo lamento.
—Gracias. —Dominic hizo un gesto hacia la puerta—. Después de
usted, Detective.
Levi tuvo que morderse la lengua para evitar que su reacción
apareciera en su rostro cuando paso junto a ellos entrando en la
habitación. Dominic lo siguió, cerrando la puerta una vez que ambos
estuvieron dentro.
Charles Graham estaba dormido, se veía mucho mejor que la
última vez que Levi lo había visto. Había más color en su cara, y su pecho
subía y bajaba con respiraciones constantes. Lo primero que hizo Levi
fue asegurarse que Graham no estuviera conectado a ningún tipo de
monitor de telemetría que alertara a la estación de enfermería de un
cambio en su ritmo cardíaco. Le tranquilizó ver que lo único que estaba
conectado al cuerpo de Graham era una línea intravenosa, y un par de
esposas que sujetaban su muñeca izquierda a la barandilla de la cama.
Cuando Levi se acercó a la cama, Graham se despertó y lo miró
medio dormido. Segundos después, los ojos de Graham se redondearon
con temor y reconocimiento. Luchó por levantarse de su posición
semirreclinada, se derrumbó con un gemido y abrió la boca.
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—No grites —ordenó Levi moviendo el botón de llamada fuera del
alcance de Graham.
La mirada de Graham se dirigió hacia Dominic, quien permaneció
frente a la puerta con los brazos aún cruzados, antes de regresar a Levi.
—No puedes estar aquí. Es ilegal que hable conmigo sin mi
abogado.
—No me importa.
Levi se sentó en el borde de la cama. Graham se alejó, pero no tenía
a dónde ir en el estrecho colchón.
—Tus amigos se llevaron a alguien muy importante para mí —le
informó Levi—. Le cortaron el ojo y me lo enviaron en una caja.
—No tuve nada que ver con eso.
—Obviamente. Pero tú puedes decirme dónde encontrarlos.
—No…
—¿Estás casado?
—Uh… —Graham se movió incómodamente—. No.
—Sin embargo, supongo que tienes personas en tu vida que te
importan. Personas a las que amas. ¿Tus padres, tal vez? —Observando
la reacción de Graham, Levi se jugó un presentimiento—. ¿Tu madre?
La mandíbula de Graham se apretó.
Levi asintió.
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—Me gustaría que te imagines que un grupo de conocidos asesinos
secuestran a tu madre, la mutilan y la retienen como rehén. ¿Hay algo
que no harías para recuperarla de forma segura? ¿Alguna ley que no
romperías? —Apoyó su mano ligeramente en el centro del pecho de
Graham—. ¿Alguna línea que no cruzarías?
Un estremecimiento recorrió a Graham incluso con ese ligero
contacto. La parte oscura y secreta de Levi, la que disfrutaba del dolor,
la sangre y las luchas, se estiraba y ronroneaba como un gato que se
deleitaba con la luz solar.
—Por favor, no sé nada —aseguró Graham temblando.
—No me mientas. Seguro tenían otra casa secundaria establecida
para el caso que su base de operaciones primaria estuviera
comprometida. ¿Dónde está?
—No teníamos ninguna.
—Te dije que no me mientas. —Levi retiró la delgada manta,
revelando la bata de hospital de Graham y le pasó una mano por el
abdomen. Sabía que había encontrado la herida de bala cuando Graham
se encogió y aspiró con fuerza.
—Sí, correcto. —Graham logró meter un impresionante tono de
burla a pesar de su temblor—. Tú nunca…
Levi presionó la herida, colocando su otra mano sobre la boca de
Graham para silenciar los gritos que brotaron. Graham se acurrucó en la
cama, tratando de empujarlo, pero no podría quitarse a Levi de arriba ni
siquiera con toda su fuerza. Comprometido con una lesión abdominal,
una infección reciente y la desventaja de estar de espaldas con un brazo
esposado, no tenía posibilidad alguna de hacerlo.
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Levi observó a Graham luchar con un desapego clínico. No había
estado seguro de tener el estómago para esto, pero todo lo que tenía que
hacer era pensar en Stanton, en su terror mientras era secuestrado, en
su horror y desesperación cuando le quitaron el ojo, en la desesperanza
que debía sentir en este momento, creyendo que nadie iría por él.
Los mercenarios habían mantenido a Nguyen inconsciente
mientras le sacaban el ojo, pero no había alguna garantía de que
hubieran hecho lo mismo con Stanton, o incluso que hubieran usado
anestesia. Él podría haber estado despierto durante todo el
procedimiento. Podría haber estado sufriendo un dolor horrible todo el
tiempo.
Si bien Graham no había lastimado a Stanton personalmente,
había aterrorizado a otras seis personas de manera similar. Podría haber
sido quien mutiló a Rose Nguyen, o el que mató a Joel Buckner. Levi lo
miró sufrir y no sintió nada.
Cuando lo soltó, Graham estaba empapado en sudor, con su rostro
pálido. Él aspiró varias bocanadas de aire.
—¡Eres un maldito psicópata! —gruñó—. ¿Qué demonios estás
haciendo? Jesucristo…
—Dime a dónde llevaron a Stanton Barclay tus amigos —demandó
Levi, implacable.
—Te lo dije, no lo sé.
Levi empujó contra la herida, hundiendo sus dedos en la piel
alrededor. Graham chilló contra su palma, retorciéndose de dolor,
balanceándose inútilmente ante el rostro de Levi con su brazo libre y
luego escarbándole la mano.
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Dominic aún estaba parado frente a la puerta, una presencia sólida
e inquebrantable que Levi podía sentir sin necesidad de mirarlo. No se
molestó en evaluar su reacción, porque si fuese a interferir, ya lo habría
hecho. Había sido un soldado. Seguro que había visto cosas peores que
esto.
Cuando Levi se detuvo, Graham sollozaba, las lágrimas se
acumulaban en las esquinas de sus ojos y se deslizaban por su rostro.
Levi se preguntó si iría a vomitar.
—No puedes hacer esto —exclamó Graham, con un tono de pura
incredulidad. Sus manos revoloteaban sobre su abdomen, donde
manchas de sangre salpicaban su bata de hospital—. No puedes. Eres
policía.
—Quiero que me mires a los ojos mientras te digo esto. —Cuando
Graham se negó a obedecer, Levi agarró su barbilla y se inclinó sobre él
para que no tuviera otra opción—. No hay nada que yo no haga para que
Stanton vuelva con vida. Seguiré lastimándote hasta que me digas dónde
está, y si te desmayas, te despertaré y te haré daño otra vez.
Soltó a Graham y se recostó, dándole un momento para que lo
entendiera antes de continuar.
—Si crees que perderé un momento de sueño por causar dolor a
un hombre que participó en el secuestro de personas inocentes, cortando
el ojo de una joven y asesinando a un hombre cuya familia no pudo pagar
su rescate, piénsalo de nuevo. Tú te metiste en esto. Dime dónde está.
Graham vaciló, pero cuando Levi levantó las manos, palideció y
exhaló un gemido asustado.
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—¡Bien… bien! Hay una casa en Boulder City, 1123 Olmo Road. Es
donde deberíamos ir si las cosas salían mal. El resto de ellos habrían ido
directamente allí después que evacuaron la cabaña del desierto, y con
sus rostros en todas las noticias, tratarían de no mostrarse demasiado.
Si tienen al hombre que estás buscando, lo mantendrán allí mientras
elaboran una estrategia de escape.
—Gracias. —Levi se puso de pie. Una dirección era un buen punto
de partida. Incluso si los secuestradores ya no estaban allí, era una nueva
pista.
—No vas a salirte con la suya en esto —aseguró Graham, valiente
ahora que Levi ya no estaba sentado a su lado—. Les diré a todos lo que
hiciste. Irás a la cárcel.
Levi lo golpeó con un revés, girando su cabeza hacia un lado.
—Me importa un carajo —replicó y se dirigió hacia la puerta.
El rostro de Dominic estaba impasible, pero puso una mano sobre
el brazo de Levi cuando él llegó a la puerta.
—Necesito un momento solo con Graham.
—¿Por qué?
—Solo confía en mí. Espérame en el coche.
Levi se encogió de hombros y salió de la habitación. Dominic podía
manejar cualquier plan que estuviera cocinando; Levi tenía cosas más
importantes en las que centrarse.
Stanton no iba a pasar un minuto más a merced de los
secuestradores de lo que tuviese que estar.
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***
Le había tomado a Dominic algo de tiempo entender qué parte del
comportamiento de Levi lo estaba inquietando tanto. No era la crueldad,
siempre había admirado ese aspecto de su personalidad. Tampoco era el
desprecio por las consecuencias personales, porque Levi no era el tipo de
persona que se preocupaba por sí mismo cuando alguien a quien amaba
estaba en peligro, y eso era algo que Dominic y él tenían en común. Ni
siquiera su intención de causar dolor.
Era que nunca lo había visto lastimar a alguien
desapasionadamente.
Lo había visto participar en varias peleas por su vida, atacar con
furia, poner a un imbécil desagradable en su lugar, azotar a un
simpatizante nazi y dejarlo medio muerto en un almacén bajo asalto
armado. Todos esos incidentes tenían una cosa en común: para Levi, la
violencia siempre estaba vinculada a emociones poderosas. Nunca algo
frío y calculador.
Cuando Levi abrió la caja con el ojo de Barclay, fue como si todas
sus emociones se apagasen. Tal vez eso no era tan sorprendente, ya que
lo mantenía funcional bajo un estrés abrumador. Pero Dominic no podía
sacudirse la creciente sensación temerosa de que cuando esas emociones
volvieran a estar en línea, se producirían niveles de destrucción nuclear.
Después que la puerta se cerró detrás de Levi, Dominic se volvió
hacia Graham, quien estaba lloriqueando en voz baja. No sentía simpatía
por el hombre; como Levi había dicho, se había provocado a si mismo
todo esto. Solo había una preocupación en su mente en este momento.
Cuando Dominic se acercó, la respiración de Graham se aceleró y
extendió la mano sin esposas a la defensiva. Dominic no podía culparlo,
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su estatura lo hacía parecer más intimidante que Levi, a pesar que Levi
había sido una amenaza mucho mayor.
—¿Qué, es tu turno ahora? —preguntó Graham—. ¡Le dije todo lo
que sé!
—Te creo. Además, causar dolor nunca ha sido lo mío. —Dominic
echó un vistazo a la mancha de sangre que se filtraba por la bata del
hospital de Graham—. Usted sirvió en el ejército, ¿verdad?
—Primer batallón, 5to infantes de marina.
—Eres una vergüenza para tu país —espetó Dominic.
Graham se estremeció, pero trató de ocultarlo con una mirada
fulminante.
—¿Yo? ¿Qué hay de ustedes dos? Ambos caerán por esto, lo juro
por Dios...
—No lo creo. —Dominic inclinó la cabeza hacia la puerta—. Sabes
quién es él, ¿verdad? Me di cuenta en tu rostro que lo reconociste cuando
entramos.
—Todos en Las Vegas saben quién es él —murmuró Graham.
—¿Has visto las noticias mientras has estado aquí?
Graham se lamió los labios.
—Están diciendo que podría ser el Siete de Picas.
—No lo es —contradijo Dominic—. Pero es cierto que los Siete de
Picas le tienen cariño. Están obsesionados con él, en realidad.
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¿Recuerdas a Drew Barton, el tipo al que le disparó un francotirador fuera
del Centro de Justicia el verano pasado?
Graham asintió bruscamente.
—Trató de asesinar al Detective Abrams, luego hizo que su abogado
arruinara la reputación del Detective en la corte. A los Siete de Picas no
les gustó eso. —Dominic bajó la voz—. ¿Y los otros hombres que has visto
en las noticias esta semana? Hicieron daño al Detective Abrams hace más
de una década, pero los Siete de Picas aún así lograron cazarlos,
arrastrarlos aquí y eliminarlos uno por uno. Si me preguntas, las
personas que representan una amenaza para el Detective Abrams no
tienen una esperanza de vida muy larga. Es posible que desees tener eso
en cuenta.
Las manos de Graham se apretaron en puños impotentes, pero sus
ojos estaban oscurecidos por el miedo, su pecho agitado. Su manzana de
Adán se balanceó mientras tragaba con fuerza.
—Bien. Mantendré la boca cerrada.
—Eso es probablemente lo más sabio. Puede comenzar con una
explicación plausible de cómo se soltaron los puntos. —Dominic tiró de
la manta de Graham hasta su pecho y volvió a colocar el botón de llamada
en su posición original—. Que se mejore.
Se despidió del policía, todavía aturdido, que se encontraba fuera
de la habitación y volvió al aparcamiento. Levi estaba sentado en el
asiento del pasajero de su camioneta, la computadora portátil de Dominic
apoyada sobre sus rodillas. Cuando Dominic se deslizó en la cabina, Levi
le lanzó una mirada inquisitiva.
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—Todo bien. —Dominic no compartiría los detalles con él hasta que
Barclay estuviera sano y salvo. A Levi no le importaría nada antes de eso.
Levi asintió y volvió su atención a la computadora portátil.
—Busque la dirección que Graham me dio. Es una casa pequeña
en un vecindario suburbano en Boulder. El banco ejecutó el desalojo hace
unos meses, por lo que actualmente está vacía.
Giró la computadora y le mostró a Dominic la información de la
propiedad que había recogido junto con algunas imágenes de Google
Earth. Las casas en ejecución hipotecaria eran buenas casas de
seguridad temporales, siempre que los vecinos no fueran del tipo curioso.
—Así que ahora llamaremos a la policía, ¿verdad? —preguntó
Dominic.
Levi se quedó en silencio.
—Levi. Vamos. Esto es una locura.
—Si informo esa dirección a la policía, y ellos asaltan la casa y
Stanton termina atrapado en fuego cruzado… —Levi puso la
computadora portátil en las manos de Dominic—. No puedo arriesgarme.
—Espero que no estés pensando en asaltar la casa, porque eso
podría terminar con el mismo resultado, con la complicación adicional de
que es totalmente ilegal. —Dominic cerró la computadora y la dejó a un
lado—. Incluso si tienes tu insignia, Boulder City es jurisdicción
separada. Policía o no, no hay manera que ingreses legalmente a esa
casa, y yo soy un civil.
Levi se puso rígido.
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—Eso no es del todo cierto, ¿verdad? —señalando la computadora
portátil, agregó—: Déjame ver eso de nuevo.
Aunque Dominic lanzó un gemido exasperado, le devolvió la
computadora sin discutir. Levi trabajó en ella por un minuto antes de
hacer un ruido triunfante.
—Aquí, mira esto. Uno de los mercenarios, Ramon Acosta, a veces
opera bajo el alias de Carl Trujillo. Esto no era importante antes porque
la policía ya lo estaba siguiendo y ellos saben todo esto, pero Trujillo no
se presentó ante el tribunal por un cargo de agresión en Carson City hace
unos seis meses.
El pulso de Dominic se aceleró.
—¿Se saltó la fianza?
—Sí. Y tú todavía eres un cazarrecompensas con licencia.
—Agente de cumplimiento de fianzas —le corrigió Dominic
distraídamente.
Se sorprendió por la risa de Levi, un sonido breve pero genuino.
—Lo que sea. El punto es que, si aceptas esta asignación, puedes
perseguirlo legalmente. Podrías entrar en una propiedad ejecutada para
arrestarlo.
—Bueno sí. Pero eso no cambia el hecho de que tú no puedes.
Levi hizo una mueca.
—No me importa eso.
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—A mi sí. —Dominic extendió una mano para cortar la impaciente
respuesta que anticipó recibir—. Y también le importaría a Stanton.
¿Cómo crees que se sentiría si descubriera que perdiste tu carrera y
posiblemente tu libertad tratando de salvarlo? ¿Es eso algo que él
querría?
—No, pero yo… —Levi se sacudió en su asiento, con la frustración
escrita en cada línea tensa de su cuerpo—. Mira, es como dijiste, en este
momento no soy policía. Eso realmente funciona a mi favor. Sin una
insignia o un arma de servicio, soy un civil, actuando bajo la extrema
presión de saber que un ser querido está en peligro de muerte. Es
demasiado difícil hacer que los cargos se adhieran a ese contexto. Los
jurados son sensibles y puede ser malas relaciones públicas para la
fiscalía. Estoy dispuesto a tomar el riesgo.
—De ninguna manera. Estamos hablando de la información de
perfil de un lugar suburbano en un área poblada por civiles, con un
equipo de dos contra un número desconocido de enemigos armados con
antecedentes militares en un entorno desconocido. ¡Ni siquiera tienes
entrenamiento SWAT!
—Entonces es bueno que tenga a un ex Ranger a mi lado.
—Oh, Dios mío. —Dominic se frotó los ojos—. Te haré un trato.
Aceptaré la asignación por el alias de Acosta y exploraremos esta
locación, evaluaremos la situación, obtendremos la mayor cantidad de
información posible sobre el diseño, los números y los patrones. Es una
cortesía común para un cazarrecompensas alertar a la policía local
cuando ejecuta una orden en su jurisdicción, así que una vez que
sepamos lo que está sucediendo, los llamaré y les haré saber que creo
que mi fugitivo tiene un rehén. Entonces los esperaremos. ¿Es un trato?
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Levi miró por la ventana, con la mandíbula apretada y los brazos
apretados sobre el pecho.
—Bien —dijo finalmente con poca gracia.
—Está bien. —Dominic arrancó la camioneta—. Entonces supongo
que vamos a volver a la ciudad de Boulder. Parece que hemos completado
el círculo.
La ciudad de Boulder era donde habían perseguido a Keith
Chapman el año pasado cuando los Siete de Picas lo habían estado
inculpando. Ante el recordatorio, el lenguaje corporal de Levi se relajó un
poco, y le dio a Dominic una débil y fugaz sonrisa.
—Sin embargo, primero tenemos que pasar por mi apartamento —
señaló Dominic mientras se ponía en marcha.
—¿Para qué?
—Suministros.
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Capítul♠ 17
—No puedo creer que hayas empeñado tu microondas antes de
empeñar estas armas —le regañó Levi.
Dominic suspiró y extendió la mano para cerrar la caja de metal
que Levi sostenía, contenía tres Glock de diferentes tamaños, incluida
una pequeña pistola que era útil para esconder en una funda de tobillo.
—Las necesito para trabajar.
Rebel los observaba atentamente desde el asiento trasero. Como
Levi no tenía auto y la camioneta de Dominic era demasiado visible, Levi
había alquilado un Ford Explorer para su improvisada misión de
reconocimiento. Habían estacionado a una cuadra de la supuesta casa
de seguridad de los secuestradores en Boulder City.
—Solo las traje para que en el peor de los casos estemos preparados
—agregó Dominic—. E incluso así, no llevaras un arma a alguna parte
cerca de esa casa.
—¿Por qué no?
—Porque te bloquearas.
Levi lo miró con una silenciosa y boquiabierta indignación.
—¿Vas a decirme que no te congelas antes de poder apretar el
gatillo en una situación de vida o muerte?
—¡Le disparé a ese miembro del Colectivo Eslavo en el complejo de
Volkov hace unos meses!
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—Le disparaste por puro instinto porque él estaba a punto de
matarme. —El recuerdo aún llenaba a Dominic de una mezcla incómoda
de culpa, gratitud y apasionada adoración. Nunca olvidaría que Levi
había tomado una vida para salvar la suya—. No fue una decisión
consciente. Tienes problemas sin resolver sobre disparar un arma, lo que
hace que sea peligroso que lleves una a una situación volátil.
—Yo…
—Levi, sabes que es más seguro que lleves un arma no letal que
usarías sin pensarlo dos veces en lugar que un arma que podría hacerte
dudar en un momento crítico. Traje un montón de ellas también.
Dominic señaló con la cabeza la bolsa de lona en el piso detrás de
sus asientos. Había metido un par de pistolas paralizantes y una lata de
gas pimienta, además de algunas granadas explosivas y algunos otros
objetos potencialmente útiles. Por otra parte, el cuerpo de Levi era un
arma por sí mismo.
Aunque claramente disgustado, Levi murmuró su acuerdo.
—Pero esta discusión es solo académica, porque no vas a entrar en
esa casa —insistió Dominic.
Levi no respondió. Ambos giraron sus miradas hacia el parabrisas,
mirando hacia la calle a pesar que no podían ver la casa desde esta
distancia.
Después de un minuto de silencio, Levi volvió al tema anterior.
—¿Ese microondas era siquiera tuyo para que lo pudieses
empeñar? ¿No pertenece al apartamento?
Dominic dejó caer su cabeza contra su asiento y cerró los ojos.
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Había estado luchando contra las ganas de llamar a la policía de
Boulder City, o a Martine, durante las últimas dos horas, sabiendo que
eso solo sumiría más profundamente a Levi en la oscuridad. Pero no se
engañaba a sí mismo sobre que era una estupidez lo que estaban
haciendo.
Levi y él compartían la propensión a un comportamiento
imprudente, especialmente cuando las personas que les importaban
estaban en peligro, por lo que no era como si no sintiera empatía. Si
fuesen Carlos y Jasmine quienes estuvieran allí, o su madre, su abuela,
uno de sus hermanos, Dominic estaría actuando exactamente de la
misma manera, decidido a asumir todo el riesgo y la responsabilidad, no
dispuesto a confiar la vida de sus seres queridos a extraños. Sin embargo,
también confiaría en que Levi lo sacaría del borde antes de hacer algo
monumentalmente idiota.
Mientras había estado en su departamento empacando los
suministros, esperando a que Levi regresara con el auto de alquiler, casi
había cambiado de idea varias veces sobre ir allí. ¿Cómo podía insistir en
precaución y prudencia en un momento, y luego girarse y llenar una
bolsa completa de equipo de infiltración al siguiente?
Porque no podía controlar a Levi, esa era la razón. Haría todo lo
posible por mantenerlo a salvo dentro del auto, pero siempre existía la
posibilidad que Levi no cumpliera su palabra. Y si Levi entraba en esa
casa contra toda lógica y sentido común, Dominic no iba a dejar que lo
hiciera desprotegido o solo.
—Llevaré a Rebel para evaluar la situación —explicó abriendo los
ojos—. Te quedaras aquí, en el asiento trasero, donde las ventanas están
tintadas. No salgas del auto por ninguna razón. Esos tipos te
reconocerían de inmediato.
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Levi no discutió, solo intercambió lugares con Rebel mientras él se
pasaba a la parte de atrás y ella saltaba hacia el asiento delantero del
pasajero. Dominic se puso un chaleco de protección sobre el chaleco
balístico y la funda para el hombro, sujetó la correa de Rebel a su cuello
y salió del auto. Rebel tenía su propio chaleco balístico K-9, aunque el de
ella estaba disfrazado para imitar el de un perro de servicio, al menos
desde algo de distancia.
De los tres, Levi era el único sin protección similar. No tenía acceso
a su propio chaleco, se había negado incluso a pensar en la sugerencia
de desviarse para obtener uno y no podía usar el de Dominic de repuesto
debido a su diferencia de tamaño. Esa era solo una razón más para que
lo mantuviera fuera de peligro.
Después de asegurarse que no se podía ver a Levi en el asiento
trasero del Explorer, Dominic partió caminando por la acera como si
estuviera llevando a Rebel a dar un agradable paseo el domingo por la
noche. Ella trotó obedientemente a su lado, sus orejas moviéndose hacia
adelante y hacia atrás.
La ubicación de la casa de seguridad de los secuestradores había
sido bien escogida. Este barrio suburbano estaba en el extremo oriental
de la ciudad de Boulder, justo al borde de un vasto desierto. Solo una
calle sin cercas separaba el bloque exterior de las viviendas del desierto,
por lo que un vehículo todo terreno podría conducirse desde alguno de
los garajes directamente hacia el desierto sin siquiera reducir su
velocidad.
La casa en sí, una pequeña de estilo rancho, estaba en un estrecho
lote de esquina con fácil acceso a múltiples rutas de escape. De acuerdo
con la información de la propiedad a la que Levi había accedido, era de
ciento cuarenta metros cuadrados, con tres dormitorios y dos baños.
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Dominic hubiera preferido hacerse con planos completos, pero no había
posibilidad de lograr obtenerlos, no con tan poco tiempo y menos
mientras operaran con turbia legalidad.
Mientras Rebel y él paseaban por el perímetro, notó detalles
adicionales. Como todas las otras casas en el vecindario, la propiedad
estaba rodeada por tres lados por una pared de ladrillos a la altura del
pecho. No había autos en el camino de acceso, pero la puerta cerrada del
garaje mostraba que podría esconder hasta dos. Todas las persianas
estaban cerradas y no había luces encendidas por dentro o por fuera, a
pesar que el sol casi se había puesto.
Memorizo algunos puntos de entrada posibles, una puerta al lado
del portón del garaje, así como otra en la pared trasera, además de unas
puertas corredizas de vidrio en el lateral y en la parte posterior de la casa.
Sin embargo, estos mercenarios tenían antecedentes militares y, peor
aún, habían tenido mucho tiempo para fortalecer su posición. Podrían
haber cubierto toda la propiedad con abundantes medidas de seguridad
e incluso con trampas explosivas.
Cuanto más observaba Dominic, más pesimista se volvía su
perspectiva. Esta casa estaba más cerrada que un convento. A medida
que avanzaba, percibió algunos destellos de movimiento detrás de las
persianas, por lo que había alguien allí, pero no podía saber quién o
cuántos. Era imposible que lograran tener ojos u oídos dentro.
Cualquiera en la casa sería capaz de ver acercarse a un enemigo mucho
antes que dicho enemigo tuviera la oportunidad de hacer cualquier daño,
y solo Dios sabía qué precauciones habían tomado para tal evento.
Rebel y él caminaron por la cuadra detrás de la hilera de casas,
luego se giraron y volvieron sobre sus pasos para que pudieran volver por
la esquina. Esta vez, cuando pasaron por la casa de al lado de los
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secuestradores, Dominic notó que el buzón estaba desbordado y había
un volante en la puerta de entrada que no estaba en ninguna de las otras
casas en la calle.
Volviendo al Explorer, dejó a Rebel en la parte de atrás y se sentó
en el asiento del conductor.
—Los vecinos de al lado no han estado en casa en al menos un par
de días. Quédate en el asiento trasero. Me voy a estacionar en su camino
de entrada para tener un mejor punto de vista.
No dijo nada más hasta que se movieron, pero una vez que se
instalaron en la puerta de al lado, ya no pudo dejar de decirle a Levi la
horrible verdad.
—No hay nada que podamos hacer.
Levi se inclinó hacia delante, solo para echarse atrás con un
resoplido cuando Dominic lo espantó con la mano.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que esa casa es una caja negra, y acercarse sería
suicida. No hay manera que determinemos el diseño interno, el número
y la posición del enemigo, sus medidas defensivas... Podría haber diez
hombres armados hasta los dientes en el interior, con alarmas y alambres
cubriendo cada centímetro. No sabemos nada.
—No hay...
Dominic siguió hablando directamente sobre él.
—Tendría que configurar un puesto de vigilancia móvil con
tecnología de infrarrojos y un micrófono láser para comenzar a planificar
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una extracción exitosa, y eso es suponer que Stanton está
verdaderamente dentro, lo cual no puedo demostrarlo ni a mí mismo ni
a la policía. No van a entrar armados en esta casa solo con mi palabra,
especialmente cuando no puedo explicar cómo me enteré de esto en
primer lugar.
El fulgor en la mirada de Levi pudo haber chamuscado la tierra.
—Entraste en un recinto amurallado lleno de pandilleros armados,
solo, para rescatar a una mujer que apenas conocías.
—Eso fue completamente diferente. —Dominic le contradijo,
negándose a ser intimidado —. El lugar de Volkov era enorme, con
muchas opciones para cubrirse y ocultarse. ¿Esta pequeña casa? —Él
inclinó la cabeza hacia ella —. Esta cosa es una galería de tiro. No habría
manera de disimular nuestra entrada, y probablemente no hay dónde
esconderse una vez dentro. Además, cuando me infiltré en el complejo,
tuve la clara ventaja de un enemigo distraído en múltiples frentes.
—Entonces eso es lo que haremos. Causar una distracción… algo
que rompa su patrón y, con suerte, los atraiga afuera.
Dominic se frotó la mandíbula, considerándolo. La idea tenía
mérito.
—Traje gas lacrimógeno.
—¡No le arrojaré gas lacrimógeno a Stanton! ¿No crees que ya ha
pasado por suficiente? —Los ojos de Levi se desenfocaron mientras
miraba al espacio —. Podríamos provocar un incendio.
Dominic dejó caer su mano.
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—¿No estás dispuesto a usar químicos no letales, pero estás de
acuerdo con tomar el riesgo de incendiar la casa con Stanton dentro?
—¡Solo sería un fuego pequeño! —disparó Levi—. Si lo
empezáramos en la parte delantera de la casa, por ejemplo, en el garaje,
se verían obligados a evacuar por la parte trasera.
—No hay garantía que se lleven consigo a su rehén si eso sucediera.
Levi calló, y Dominic se volvió hacia el parabrisas. Debería estar en
la parte de atrás con Levi para que los vecinos que pasaban no se
preguntasen por qué un hombre estaba sentado en su auto en el camino
de entrada, pero el lenguaje corporal de Levi estaba gritando: No te
acerques a mí.
—Podría intercambiarme por Stanton —acotó Levi en voz baja.
Dominic se giró tan rápido que su columna vertebral tronó.
—¿Qué?
—Yo sería un rehén mucho mejor. Podría ofrecerme a cambio de
su libertad.
—No.
—Podrías ponerme un micro. Sería capaz de brindarle a la policía
y a ti la información interna que necesitan, y estoy mejor capacitado que
él para protegerme si algo sale mal.
Incapaz de creer lo que estaba escuchando, Dominic gruñó
bruscamente.
—¡No arriesgaré tu vida para salvar la suya!
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Levi retrocedió como si las palabras hubieran sido un golpe físico.
Sus fosas nasales se ensancharon.
—Esa no es tu decisión.
—Levi —Dominic remarcó cada sílaba— la única manera en que
entres en esa casa es pasando por encima de mi cadáver.
El aire dentro del coche crujía por la tensión. Rebel se quejó,
golpeando sus patas delanteras contra el asiento.
Dominic no iba a retroceder en esto. Se preocupaba por Barclay en
la medida en que el hombre era importante para Levi, y porque era un
ser humano, pero lo empujaría por un precipicio en un segundo si la vida
de Levi estuviera en juego. Si Levi intentaba hacer algo tan estúpido como
intercambiarse por Barclay, primero tendría que vencerlo y dejarlo
inconsciente.
Su feroz concurso de miradas podría haber continuado por
siempre, si no fuera por el ruido de un camión que se aproximaba. Ambos
miraron por la ventana y se pusieron tensos cuando un gran camión de
mudanzas se detuvo justo al otro lado del escondite de los
secuestradores, entró en reversa con un fuerte pitido y retrocedió hacia
el camino de entrada de la casa de seguridad.
—¿Qué demonios? —espetó Dominic.
—Deben estar planeando cambiar de ubicación. —Levi se deslizó
más cerca de la ventana —. Nadie cuestionará un camión de mudanzas
en una propiedad con ejecución hipotecaria, y de esa manera pueden
acomodar a varios tipos y tal vez a un rehén en la parte de atrás sin que
nadie lo note. Los policías estatales no están buscando a uno o dos
hombres en un camión como este.
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Levi estaba vibrando por los nervios. Dominic levantó una mano
para tocar su brazo.
—Esto es algo bueno. Llamaremos a la policía, les damos la
información del camión y lo seguiremos para asegurarnos que no
escapen. Queríamos que dejaran su posición defendible, ¿recuerdas? Las
personas siempre son más vulnerables mientras están en tránsito.
Con su rostro desprovisto de sangre Levi dijo:
—Los mercenarios lo sabrían tan bien como tú y yo. ¿Qué pasa si
deciden que los beneficios de tener un rehén no valen los riesgos de
transportarlo?
Dominic no tenía una respuesta para eso. Dudaba que los
secuestradores entregaran su póliza de seguro de alto valor tan temprano
en el juego, pero no podía garantizar que no cortarían sus pérdidas aquí
y dejar el cadáver de Barclay mientras escapaban.
La puerta del garaje se levantó cuando dos hombres salieron de la
cabina del camión, ambos con pesadas chaquetas y gorras de béisbol,
sus facciones demasiado difíciles de discernir en la oscuridad. Uno abrió
la parte trasera del camión y bajó la rampa de carga, mientras que el otro
desapareció dentro del garaje.
—Está bien —susurró Dominic—. Esto es lo que...
Levi salió del auto y corrió hacia la casa.
—¡Levi! —siseó Dominic golpeando el puño contra la puerta—.
Maldita sea.
Esto era exactamente lo que había temido.
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También saltó del auto, se quitó la cazadora y sacó su pistola.
Cuando se palmeó el muslo, Rebel saltó desde el asiento trasero, bajando
por la puerta que Levi había dejado abierta.
—Peligro —indicó Dominic, antes de saltar la pared baja entre las
casas. Ella dejó escapar un gruñido bajo y lo siguió.
Dominic giró tras el camión de mudanza justo a tiempo para ver a
Levi sorprender al primer secuestrador por detrás, machacando una
pistola paralizadora en el cuello del hombre. Debió haber sacado el arma
de la bolsa de Dominic mientras él y Rebel habían estado paseando.
Cuando el secuestrador se convulsionó, ahogándose en su grito,
Levi agarró la parte posterior de su cabeza y estrelló su cara contra el
camión. El hombre se desplomó en el suelo.
—Mételo en el camión —susurró Levi.
Dominic comunicó su disgusto con una mirada fulminante para
después mirar hacia el garaje. Estaba vacío, excepto por un gran cubo de
basura con ruedas, la puerta interna entre el garaje y la casa estaba
cerrada. Sin duda, uno o más hombres saldrían pronto, pero el ruido del
rostro del primer hombre golpeando el camión no había sido más fuerte
que el de alguien pasando por allí. Esto parecía no haber levantado
alarmas, al menos.
El camión estaba lleno de muebles y cajas, tanto mejor para apoyar
la artimaña de los secuestradores y ofrecer donde ocultarse a cualquiera
que se escondiera en la parte de atrás. Dominic lo revisó primero, por si
acaso, entonces enfundó su arma el tiempo suficiente para arrojar al
hombre inconsciente sobre su hombro y subirlo por la rampa. En el
momento en que arrojó el cuerpo del hombre al suelo, sacó su arma otra
vez y se agachó para cachear al hombre.
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Como era de esperar, el hombre estaba cargado. Dominic confiscó
la Beretta y la metió en su propia funda vacía, ya que no había tenido
tiempo de agarrar alguna de sus armas de respaldo o municiones.
Levi estaba vigilando en las sombras del garaje junto con Rebel.
Cuando Dominic se reunió con ellos, Levi hizo un gesto entre ambos,
luego señaló la puerta interna con dos dedos extendidos. Capturando el
rumbo de su estrategia, Dominic asintió.
Primero, sin embargo, acomodó a Rebel en medio del garaje, a unos
tres metros frente a la puerta.
—Enemigos —indicó señalando la casa.
Ella clavó las orejas hacia atrás, su cuerpo bajando a una postura
agresiva. Dominic y Levi tomaron posiciones a ambos lados de la puerta
con la espalda apoyada contra la pared.
Solo tuvieron que esperar unos segundos antes que la puerta se
abriera. Un hombre caminó a través de ella, una bolsa de lona colgaba
de cada hombro, solo para tropezar hasta detenerse con un jadeo
ahogado cuando vio a Rebel.
Ella era una imagen intimidante, cincuenta kilogramos de músculo
sólido y dientes afilados. Ahora mostraba los dientes, sus labios se
separaron mientras su gruñido resonó en el garaje, agachándose como si
se preparara para saltar hacia la garganta del hombre.
Congelado por el instintivo terror de un humano enfrentado por un
perro grande y beligerante, el hombre no se dio cuenta de Levi y Dominic
hasta que fue demasiado tarde. Levi le disparó con la pistola aturdidora,
y Dominic lo golpeó con la suya antes que tuviera la oportunidad de gritar
una alerta. Después de mover el cuerpo del hombre, Dominic lo desarmó,
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se guardó la recámara y la bala de la cámara para él y arrojó la pistola
vacía al bote de basura.
Habían estado callados, pero no habían sido tan silenciosos.
—¡Oye, Boone! —llamó una voz desde el interior—. ¿Estás bien,
hombre?
Dominic y Levi regresaron rápidamente ubicándose a ambos lados
de la puerta abierta, esta vez en cuclillas. Dominic hizo un gesto a Rebel
para que se ubicase a su lado.
Se oyeron pasos en el suelo de madera, acercándose.
—¿Boone?
Aunque la casa estaba a oscuras, las luces en el garaje se habían
encendido automáticamente cuando se abrió la puerta, así que Dominic
pudo ver el interior. Esta puerta daba a un pasillo estrecho, directamente
frente a una cocina rectangular. Aparte de ese único punto de entrada,
la cocina estaba rodeada por todos sus lados por paredes o mostradores
gruesos, proporcionando una barrera natural contra el resto de la casa.
Dominic escuchó el susurro de un arma que estaba siendo
desenfundada. Mirando a Levi, vio que habían llegado a la misma
conclusión.
Dominic respiró hondo y disparó dos tiros a ciegas hacia la cocina.
—¡Joder! —gritó el hombre que estaba dentro, aunque Dominic no
pudo decir si le había atinado. Hubo una repentina conmoción de pies
que corrían, voces gritando y puertas golpeando mientras el resto de los
secuestradores se ponían en acción.
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Mientras Dominic continuaba disparando, lanzando fuego
supresor, Levi y Rebel corrieron por el pasillo hacia la cocina. Una vez
que estuvieron a salvo, Dominic cruzó la misma brecha, rodando a lo
largo de las baldosas hasta que golpeó con fuerza los gabinetes. Unas
cuantas balas zumbaron por el pasillo, solo unos segundos demasiado
tarde.
—¿Qué diablos sucede? —exclamó uno de los hombres.
—¡Nos encontraron!
—¿Quién, los policías?
—¡No lo sé!
Entre las voces individuales y las pisadas, Dominic contó tres
hombres diferentes. Levi puso una mano en su brazo para llamar su
atención, luego levantó tres dedos con una mirada inquisitiva. Dominic
confirmó en silencio su evaluación.
Su carrera a través del pasillo le había dado una fugaz impresión
del resto de la casa. Estaba dividida por la mitad a lo largo, del lado
izquierdo se ubicaba la cocina, donde ellos estaban actualmente
escondidos detrás de los gabinetes debajo del fregadero, y más allá una
sala de estar y comedor abiertos. Eso significaba que todos los
dormitorios y baños estaban en el lado derecho de la casa, pero la
disposición de las paredes proporcionaba muchos rincones, y era allí
donde los secuestradores se habían puesto a cubierto.
Se habían reagrupado y estaban tratando de detenerlos en la
cocina con fuego continuo. Manteniéndose abajo, Dominic miró por el
borde del mostrador y disparó al hombre más cercano, cinco metros en
diagonal a su derecha. Se echó detrás de su cubierta cuando el hombre
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devolvió el fuego, e hizo una mueca cuando sonaron disparos adicionales
desde la parte trasera de la casa.
Esos eran dos de los tipos. ¿Dónde estaba el tercero?
Cuando Dominic terminó el cargador en su Glock, cambió su
pistola por la Beretta robada. Continuó intercambiando balas con los
mercenarios mientras Levi buscaba en los armarios de la cocina.
La poca iluminación y los números desiguales complicaban el
asunto, y fue más suerte que cualquier otra cosa cuando Dominic logró
darle al mercenario más cercano a ellos. El tipo dejó escapar un grito
agudo de dolor, pero siguió disparando.
Levi tocó el hombro de Dominic. Aprovechando la oportunidad para
recargar la Beretta, Dominic comprobó los dos objetos que Levi había
dejado en el suelo: una lata de insecticida en aerosol y un extintor de
incendios.
Levi levantó el extintor de fuego, levantando las cejas. Dominic
resopló y se encogió de hombros. Solo le quedaban unos pocos tiros antes
que estuvieran totalmente en la mierda. Se movieron al mismo tiempo.
Levi arrojó el extintor de incendios a la sala de estar, y Dominic le disparó.
La rápida descompresión resultante llenó la sala de estar de nubes
de humo espeso y blanco, dejando a los dos secuestradores con ataques
de tos. Dominic oyó una fuerte maldición, seguida de pisadas y una
puerta cerrarse cuando el hombre que estaba cerca de la parte trasera de
la casa buscó refugio en uno de los dormitorios.
Levi y él no perdieron el tiempo. Mientras salía corriendo de la
cocina junto a Rebel, Levi agarró la lata de insecticida y simplemente
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saltó sobre el mostrador, dirigiéndose directamente hacia el secuestrador
que Dominic había herido.
Todavía tosiendo, el hombre intentó levantar su arma, solo para
que Levi le rociara insecticida en los ojos y boca. El hombre gritó,
arañándose la cara, lo que facilitó que lo desarmase. Levi luego lo golpeó
en el costado de la cabeza con la lata, dejándole inconsciente sobre el
suelo.
El humo del extintor de incendios se había disipado, y finalmente
Dominic tuvo una visual clara de la casa. La sala de estar estaba vacía,
excepto por una docena de bolsas de lona dispuestas en ordenadas filas,
claramente dispuestas para su inspección e inventario para la huida de
los secuestradores. No había lámparas ni luces en el techo, pero se
habían conectado luces nocturnas en las tomas de la pared aquí y allá,
proporcionando la suficiente luz para moverse con seguridad sin ser visto
desde fuera de la casa.
Levi le entregó a Dominic el arma confiscada, y volvieron a su
posición agachados, despejando el pequeño pasillo donde el hombre
había estado a cubierto. Había tres puertas cerradas, una por pared.
Dominic y Levi escogieron una puerta y encontraron una lavandería y un
baño, ambos vacíos.
Sin previo aviso, balas atravesaron la tercera puerta y volaron
hacia la sala de estar al otro lado de la casa para golpear la pared y
romper una ventana.
Cristo, ¿dónde estaban los policías? Había un maldito tiroteo
resonando… los vecinos tenían que estar histéricos.
Dominic le indicó a Levi que se quedara en el baño de su lado del
pasillo. Con Rebel apretada contra su costado, se agachó junto a la
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puerta cerrada y aguzó los oídos. Escuchó un gemido asustado en el otro
lado, el cual que no creía que fuera del secuestrador, pero tampoco podía
imaginar que fuera Barclay.
Poniendo su dedo fuera del seguro, Dominic golpeó con fuerza la
boca de la pistola contra la puerta. El hombre que estaba dentro gritó y
lanzó varios disparos más de pánico que navegaron inofensivamente por
el pasillo vacío. Después de un momento, Dominic escuchó lo que había
estado buscando, una maldición apagada y el sonido del hombre
recargando.
Dominic se tiró contra la puerta, abriéndola con el hombro. Rebel
corrió hacia dentro gruñendo, y se lanzó hacia el hombre justo cuando
este estaba levantando su arma. Apretando sus mandíbulas alrededor de
su brazo, ella lo tiró al suelo, mordiendo salvajemente el miembro cautivo
mientras él tipo gritaba a todo pulmón.
Dominic se giró en un círculo cerrado, escaneando el resto de la
habitación vacía. La única otra persona allí era un cautivo, atado y
amordazado sobre un colchón de aire, pero no era Stanton Barclay.
Era Juliette.
Los brazos de Dominic se agitaron por una fracción de segundo
antes de reafirmar su arma. Miró a Levi, que había entrado detrás de él
y estaba mirando a Juliette con la mandíbula floja.
—Cierra la puerta —ordenó Dominic.
Levi cerró la puerta, aunque no les serviría de mucho, ya que
estaba llena de agujeros de bala y Dominic había roto la cerradura.
Juliette estaba golpeando el colchón ahora, gritando detrás de su
mordaza de cinta adhesiva, y Levi se movió a su lado.
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Dominic tomó el arma caída del secuestrador.
—Liberar —ordenó a Rebel. Cuando ella dejó libre al hombre,
Dominic lo arrastró a la esquina de la habitación y lo cacheó para buscar
más armas.
—Oh, Dios mío, sácame de aquí —rogó Juliette cuando Levi le quitó
la cinta—. ¡Sácame de aquí!
—¡Shh! —Levi presionó sus dedos sobre sus labios—. Vamos a
ayudarte, pero debes estar callada.
Dominic se dio cuenta que Juliette tenía sus muñecas y tobillos
atados con bridas, lo que sería muy útil ahora mismo.
—¿Tienen más de esos por aquí?
Levi buscó a través de una bolsa abierta al lado del colchón de aire
y sacó un rollo de cinta adhesiva y un paquete de tirantes. Lanzó ambos
a Dominic, quien se dispuso a darle al secuestrador el mismo tratamiento
que Juliette había recibido.
—Nunca debí confiar en ella —gimió Juliette, aunque en voz baja.
—¿En quién?
—¡Carolyn!
Dominic encontró la mirada de Levi a través de la habitación.
—Hija de puta —escupió Levi.
—Estaba tan feliz cuando me quedé embarazada, pero Nathan no
lo quería —admitió Juliette—. Él dijo que tenía que abortar. Y yo ya lo
había hecho antes, pero ahora las cosas eran diferentes… soy mayor,
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tengo un buen trabajo y quería este bebe. Pero él ni siquiera hablaría de
eso.
Levi sacó un pequeño par de tijeras de la bolsa.
—Así que se lo contaste a su esposa.
—Ella estaba furiosa. Creo que él le había hecho lo mismo cuando
se casaron, la presionó para que abortara, y solo después del matrimonio
le dijo que nunca había querido tener hijos. Le había mentido sobre eso
cuando estaban comprometidos.
Cuando tuvo asegurado al secuestrador, Dominic se acercó al
colchón, donde Levi estaba cortando los lazos alrededor de las muñecas
de Juliette.
—Ella dijo que lo castigaríamos. Podríamos inculparlo y sacarlo del
camino. Entonces se haría cargo de mí y criaríamos al bebé juntas. —
Juliette se echó a llorar—. ¡Pero ella mintió! Todo el tiempo, me ha estado
inculpando también. Todo lo que quiere es el bebé. Solo quiere tomar lo
que cree que él le robó.
—Ojo por ojo —murmuró Levi y cortó los lazos en los tobillos de
Juliette.
Cuando los secuestradores sacaron a Juliette de su apartamento,
hicieron que pareciera que se había escapado por su propia voluntad.
Carolyn pudo haberla mantenido cautiva hasta que naciera el bebé, y
luego matarla sin que nadie se diera cuenta.
—Esa es la razón por la que Carolyn estaba tan dispuesta a que
Royce me diera la lista de posibles víctimas —aventuró Levi—. Ella quería
que yo supiera que Stanton estaba metido en eso. Quería hacerme
sospechar.
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Dominic asintió, luego tomó la mano de Juliette y le dio un suave
apretón.
—¿Cuántos hombres estaban quedándose en esta casa?
—Um… —Soltó varios sollozos y se secó los ojos—. Cinco.
—¿Hay otros rehenes además de ti?
—Sí. Solo lo he visto un par de veces, pero hay un hombre, uno
muy guapo. —Su voz tembló—. Le cortaron el ojo, como hicieron con los
demás. Lo escuché gritar cuando se despertó y se dio cuenta de lo que le
habían hecho.
La mano de Levi estaba con los nudillos blancos aferrándose
alrededor de las tijeras que aún estaba agarrando. Dominic le lanzó una
mirada furiosa y sacudió la cabeza minuciosamente. Si Juliette se
asustaba más de lo que ya estaba, se convertiría en una seria
complicación.
Cuatro hombres caídos significaban que uno se había ido, el tipo
en la parte trasera de la casa que había huido de su improvisada bomba
de humo. Dado que ninguno de los secuestradores que habían derribado
hasta ahora había sido Ramon Acosta, también conocido como Carl
Trujillo, ese debía ser él. Probablemente se había escondido en la
habitación donde estaban manteniendo a Barclay.
—Quiero que te escondas en el armario y te recuestes boca abajo.
—Dominic le ordenó a Juliette—. Las balas pueden atravesar las paredes,
así que mantente lo más bajo que puedas y no salgas hasta que la policía
te diga que es seguro. ¿Lo entiendes?
—Sí.
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Dominic la ayudó a posicionarse, verificó que el secuestrador atado
estuviera seguro y se reunió con Levi y Rebel en la puerta.
—Si este tipo esta arrinconado, será peligroso.
Los agudos planos del rostro magullado y lesionado de Levi
contrastaban aún más por las sombras parpadeantes. No dijo nada
mientras miraba a Dominic, pero Dominic sabía lo que estaba pensando:
No más peligroso que yo.
Dominic lideró el camino cuando salieron de la habitación. Solo
quedaban dos habitaciones donde buscar, pero se desvió a la sala de
estar para asegurarse primero que Acosta no hubiera salido por una de
las puertas corredizas de vidrio.
Tan pronto como se acercó lo suficiente para ver en la penumbra a
través de las puertas, supo que eso era imposible. A pesar que no lo había
podido distinguir a través de las persianas desde el exterior, ambas
puertas corredizas de vidrio habían sido aseguradas desde el interior con
placas de chapa metálica, lo que disminuía el riesgo de intrusión, pero
también evitaba un fácil escape.
Era muy bueno que no hubieran decidido incendiar la casa.
El cuarto del medio estaba vacío, dejando solo el principal. Dominic
y Levi se detuvieron a ambos lados de la puerta, fuera de la línea de fuego
en caso que Acosta decidiera leer la misma página del libro que su amigo,
pero todo lo que Dominic escuchó fue el sonido de una pesada
respiración.
Sin riesgo no hay recompensa. Dominic abrió la puerta con un golpe
poderoso, luego se metió dentro, preparado para disparar a la primera
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señal de movimiento. Levi y Rebel entraron detrás de él, solo para que los
tres se detuvieran ante la imagen que les esperaba.
Stanton Barclay estaba sentado en una silla plegable, frente a la
puerta, con las muñecas detrás de la espalda y los tobillos cruzados
atados con tirantes. Juliette no lo había inventado, él era un hombre muy
guapo, como un ídolo salido de la edad de oro del cine, pero ahora su piel
bronceada estaba cetrina, su cabello grasoso, desordenado y empapado
de sudor. Su ojo izquierdo estaba tapado por vendajes.
Ramon Acosta estaba detrás de él, con un brazo envuelto alrededor
del cuello de Barclay y la otra mano presionando un arma en su sien.
—No —suspiró Barclay, su ojo restante se ensanchó—. Dios, Levi,
¿qué estás haciendo aquí?
—Un paso más y le exploto los sesos —amenazó Acosta.
Levi hizo un suave ruido de angustia. Dominic no podía arriesgarse
a apartar sus ojos de Acosta ni siquiera por el segundo que se necesitaría
para mirarle de reojo, pero sabía que Levi debía sentirse atrapado en una
pesadilla viviente.
Esta era la tercera vez que se encontraba en esta misma y exacta
situación. Primero fue la situación de rehenes con Dale Slater en el
Tropicana y luego el hospital donde Keith Chapman había usado a otro
oficial como escudo humano antes de suicidarse.
Levi aún no se había recuperado del trauma de esos dos primeros
eventos. Un tercero lo destruiría.
—Esto es lo que va a suceder —afirmó Acosta, con solo un toque
de inestabilidad en su voz—. Me voy a ir y me llevaré al Sr. Barclay
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conmigo. No me seguirán. Cuando esté a una distancia segura, lo dejaré
ir.
—Eso no va a suceder —respondió Levi—. No voy a dejar que te
vayas de aquí con él.
—Entonces lo mataré.
—Si haces eso, terminarás siendo arrestado, solo que con un cargo
de asesinato adicional.
Como si hubiesen sido convocados mágicamente, el aullido de las
sirenas de la policía rompió el aire. Justo a maldito tiempo.
—¿Ves? —Levi se encogió de hombros—. No hay manera que huyas
de este lío.
Acosta presionó el arma más fuerte sobre la sien de Barclay.
—Entonces tal vez solo deba matarlo para fastidiarlos.
Barclay se quedó sin aliento. Levi dio un brusco paso hacia
adelante, con una mano extendida.
Unos pocos gramos de presión en el gatillo, y Dominic podría enviar
una bala a través del cerebro de Acosta. Probablemente podría disparar
antes que Acosta asesinase a Barclay.
Probablemente.
—Llévame en su lugar —dijo Levi.
Dominic se quedó frío. Barclay tuvo una reacción similar, a juzgar
por la manera frenética en que comenzó a luchar contra el control de
Acosta.
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—¡No, Levi, no! Solo deja que me lleve, por favor, estaré...
El brazo de Acosta se apretó alrededor de la garganta de Barclay,
cortando su voz.
—Te escucho.
—Te ayudaré a escapar. —Levi levantó las manos mientras daba
otro paso hacia la silla. Los ojos de Acosta se movieron rápidamente hacia
las tijeras que Levi todavía sostenía, y Levi rápidamente las metió en su
bolsillo antes de levantar sus manos nuevamente—. Tienes una mejor
oportunidad de evadir tu captura con un rehén cooperativo,
especialmente uno con mi experiencia. Una vez que estemos a salvo,
puedes hacer lo que quieras conmigo. Solo tienes que dejar ilesos a los
demás.
Barclay soltó un grito de protesta sin palabras, moviendo sus
piernas atadas. Las sirenas se acercaban cada vez más y Acosta parecía
estar considerando su oferta.
—No —intervino Dominic—. Esto no sucederá.
Levi se volvió hacia él con ojos tristes.
—Dominic...
—Déjame reformularlo —dijo Dominic suavemente—. Lo que estoy
diciendo es que no permitiré que esto suceda. —Miró directamente a
Acosta—. Si intentas salir de esta habitación con alguno de estos
hombres, te mataré. Si le haces daño alguno, te mataré. Y si por algún
milagro del destino mi tiro falla, mi perro te arrancará la garganta.
El gruñido de Rebel rasgó la habitación. Aunque ella no estaba en
su línea de visión, él estaba seguro que parecía aún más temible que
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antes, con la sangre del último mercenario manchando su boca y
goteando de sus mandíbulas.
El agarre con las dos manos de Dominic sobre su arma era firme
como una roca.
—Cualquier otra opción que no sea tu rendición inmediata e
incondicional no terminara contigo esposado. Terminará contigo en una
bolsa de cadáveres.
En su visión periférica, vio que Levi lo miraba boquiabierto.
Algunas veces, se preguntaba si Levi sabia verdaderamente lo qué
significaba que hubiese sido un Ranger, si alguna vez había considerado
las cosas que debió hacer en los ocho años de servicio en tiempo de
guerra, o si alguna vez se preguntó cuántos hombres había matado.
Tomar una vida humana nunca le era un asunto trivial. Pero
tampoco era algo de lo que se escapara cuando era necesario.
—A menos que estés listo para morir hoy, pon tu arma en el suelo
y dale una patada hacia mí —agregó Dominic.
Hubo un momento cargado en el que nadie se movió. Dominic
respiró lenta y uniformemente, con su dedo en el gatillo, preparado para
hacer lo que fuera necesario.
Con un gruñido frustrado, Acosta soltó a Barclay. Puso su pistola
en el suelo, la pateó en dirección a Dominic y retrocedió con las manos
en el aire.
Dominic puso su pie sobre el arma y la pateo deslizándola aún más
lejos. Levi se apresuró a arrodillarse a los pies de Barclay.
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—Está bien —susurró presionando ambas manos en las mejillas
de Barclay—. Todo va a estar bien.
—¿Por qué viniste? —La voz de Barclay se quebró—. No deberías
haber venido Levi, no deberías haberte arriesgado. Podrías haber muerto.
—Siempre iré por ti. —Levi se movió detrás de la silla, donde
Dominic asumió que las muñecas de Barclay estaban atadas al igual que
sus tobillos.
Las sirenas estaban justo afuera del lugar, los policías se gritaban
unos a otros mientras rodeaban la casa. Dominic enfundó su arma a
regañadientes; no quería que le volaran la cabeza cuando la policía
entrara.
Cuando Levi sacó las tijeras de su bolsillo para cortar las ataduras
de Barclay, la cabeza de Barclay cayó hacia adelante, sus hombros
sacudiéndose por los sollozos. Las lágrimas corrían por su rostro de su
ojo intacto.
Acosta se burló de él.
—Síp, también lloró como una perra después que se enteró de su
ojo.
Levi se quedó inmóvil.
El estómago de Dominic se estremeció, y estiró ambas manos.
—Levi, no.
Levi se había mantenido tranquilo desde que había recibido el
mensaje de los secuestradores, lidiando con una amenaza y un obstáculo
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tras otro sin perder realmente su autocontrol. Pero Dominic había estado
temiendo este momento todo el día.
Porque Levi Abrams no era frío. Cuando se congelaba, era solo para
ocultar el fuego de rabia dentro de él. Y una vez que se desataba ese
infierno, inevitablemente demolía todo a su paso.
Levi se puso de pie, agarró la cabeza de Acosta con una mano y le
clavo las tijeras en el ojo.
—¡Mierda! —Saltando hacia adelante, Dominic agarró los brazos de
Levi y lo arrastró lejos. Levi fue con él, sin resistencia, tirando las tijeras
al suelo mientras Dominic lo arrastraba al otro lado de la habitación.
Él estaba riendo.
Gritando de dolor, Acosta se desplomó sobre sus rodillas. La sangre
brotaba de detrás de las manos que había acunado sobre su ojo.
La policía entró en la habitación y gritó a todos que se tiraran al
suelo. Dominic llevó a Rebel y a Levi con él al piso, pero incluso sobre el
clamor de las voces y las botas repicando, lo único que podía escuchar
era esa terrible y burlona risa.
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Capítul♠ 18
—No digas una palabra —ordenó Leila cuando entro en la sala de
interrogatorios—. Lo digo en serio, Levi. Ni siquiera abras la boca.
Levi no podría haber hablado, aunque quisiera. Estaba demasiado
sorprendido por su presencia. Él había estado toda la noche
languideciendo en esta habitación en el Departamento de Policía de
Boulder City y no había ninguna razón para que ella estuviese aquí.
—El fiscal de la ciudad me invitó como cortesía. —Ella se sentó en
la silla al otro lado de la mesa—. Francamente, tengo la impresión que
nadie en esta ciudad quiere tocar ninguno de tus dramas ni siquiera con
un palo de tres metros, y no los culpo porque eres un desastre.
Él se echó hacia atrás con un suspiró. ¿Qué iba a hacer,
discutírselo?
—Lo que lo empeora es que siempre sabes que lo que estás
haciendo es estúpido aún mientras lo haces, pero eso nunca te detiene.
Cierto, aunque él se mantenía firme en su convicción de que
algunas cosas en la vida eran más importantes que comportarse con
perfecta racionalidad en todo momento. Algunos riesgos valían la pena
sin importar el peligro. Si Dominic y él hubieran actuado de manera
diferente ayer, los secuestradores habrían huido con Stanton o lo habrían
asesinado. Ahora Stanton estaba a salvo, y él estaba dispuesto a aceptar
cualquier consecuencia.
Leila cruzó las manos sobre la mesa.
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—El abogado de la ciudad ha elegido no presentar cargos en tu
contra.
Levi se irguió, con la boca abierta de puro asombro, pero la cerró
ante su mirada de advertencia.
—Es su opinión, debido a que tus acciones de anoche fueron en
defensa de un ser querido inocente y que llevaron a la captura de cinco
delincuentes buscados, sería muy difícil convencer a un jurado de un
veredicto de culpabilidad, y por lo tanto no vale la pena el gasto a los
contribuyentes. —Hizo una pausa—. Probablemente no duela que él
tenga miedo de que los Siete de Picas lo persigan si trata de encarcelarte.
Básicamente, la ciudad quiere lavarse las manos lo más rápido posible.
—Pero... —Levi apretó sus labios hasta que ella le dio un enérgico
asentimiento—. Qué con… —Él miró a la cámara en la esquina de la
habitación e hizo un gesto vago a su ojo.
—Es una historia divertida —afirmó ella, aunque su tono carecía
de humor alguno—. De camino hacia el hospital, Ramon Acosta parecía
haber estado gritando a cualquiera que escuchara que habías aplicado el
Antiguo Testamento en su ojo. Mientras él esperaba en la sala de
emergencias, algunos miembros de Los Avispones entraron con algunas
puñaladas superficiales, lo cual es particularmente interesante porque
Los Avispones no operan en la ciudad de Boulder. Ellos terminaron
siendo tratados en el cubículo al lado de Acosta, y después que se fueron,
Acosta se retractó repentinamente de su historia. Ahora dice que no
puede recordar lo que sucedió o por qué parece que está protagonizando
una producción de teatro comunitario de Los Piratas de Penzance17.
17 Los
Piratas de Penzance: Opera cómica de 1879 que narra las peripecias de Frederick,
un aprendiz de un barco pirata.
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La sangre zumbaba en los oídos de Levi. Los Avispones debían
haber amenazado a Acosta en nombre de los Siete de Picas. No había otra
explicación.
Cegar a Acosta era lo único que lamentaba de todo lo que había
hecho ayer. Estar toda la noche sentado en esta habitación le había dado
el tiempo suficiente para guisarse en su remordimiento y auto-odio,
reviviendo el repugnante recuerdo una y otra vez. Si bien era optimista
que Sawyer pudiera hacer que lo absolvieran de cualquier cargo, una
parte de él creía que no se lo merecía.
Lo que le había hecho a Acosta fue ataque con un arma mortal y
lesiones corporales graves, un delito grave de Clase B que conllevaba una
pena de prisión de dos a quince años. No había lastimado a Acosta en
defensa propia ni para proteger a otra persona. Solo había sido un
psicótico vengativo sediento de sangre. Él debería ser castigado.
En lugar de eso, ¿solo iba… a librarse de eso? Eso no estaba bien.
Dejando a un lado sus preocupaciones egocéntricas, preguntó:
—¿Dominic?
—Dominic estaba ejecutando una orden judicial en su calidad de
Agente de cumplimiento de fianzas y tiene la licencia adecuada para
operar un arma de fuego. Fue liberado hace horas. —Previendo
correctamente las siguientes preguntas de Levi, Leila agregó—: Stanton
está a salvo en el hospital con un policía de guardia, por si acaso. Los
cinco secuestradores y Juliette Dubois están bajo custodia. Los
trasladaremos a Las Vegas más tarde para enfrentar todos los cargos que
me pueda imaginar.
—¿Rebel?
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Leila sonrió.
—Ella pasó algún tiempo con la unidad local K-9 mientras Dominic
estaba dando su declaración. Está bien.
Levi exhaló lentamente, aliviado de que cualquier consecuencia de
la noche anterior descansara solo sobre sus hombros. Incluso en
ausencia de cargos legales, iba a tener que dar una seria explicación a su
ya abierta investigación de AI. Todavía había una gran posibilidad que
perdiera su trabajo.
—¿Soy libre para irme, entonces?
—Sí. Créeme, Boulder City no puede esperar para deshacerse de ti.
Después de firmar algunos papeles, le fueron devueltos sus efectos
personales, y se encontró con Leila nuevamente en el vestíbulo de la
estación de policía. Ella le cogió el brazo antes que él pudiera caminar
hacia afuera.
—Si no fuera por el diablo guardián mirando por encima de tu
hombro, estarías jodido —afirmó ella, capaz de hablar más libremente
ahora que no había posibilidad que fuesen grabados—. Definitivamente
estarías sin trabajo, y estarías enfrentando una pena de prisión. No lo
olvides solo porque las cosas fueron de otra manera.
—No estaba planeando hacerlo. —Levi le abrió la puerta y luego la
siguió hasta el estacionamiento, donde el sol estaba empezando a salir—
. ¿Estás demasiado enojada conmigo como para llevarme de regreso a Las
Vegas?
—No será necesario. —Ella señaló a través del estacionamiento.
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Dominic estaba sentado en el capó de su Explorer alquilado, con
las manos entrelazadas entre las piernas colgando.
El corazón de Levi dio un vuelco. Poniendo los ojos en blanco, Leila
se giró.
—Hasta luego. —Y comenzó a ir en la dirección opuesta.
—¡Espera! Nunca te agradecí. —Ante su mirada en blanco, él
agregó—: Por enviarme a Sawyer la noche que me suspendieron.
Ella frunció.
—No lo hice.
—¿Qué?
—No le pedí a Sawyer que aceptara tu caso. No me malinterpretes,
lo habría hecho. Él es un idiota, pero no se podría pedir un mejor abogado
defensor. Sin embargo, no me enteré de tu suspensión hasta el día
siguiente.
Ahora era el turno de Levi de mostrarse confundido.
—¿Por qué me mentiría?
—Probablemente sabía que tú no aceptarías su ayuda de otra
manera —contestó ella encogiéndose de hombros—. Conduce con
cuidado.
Ella continuó caminando hacia su coche. Levi se tomó un momento
para procesar esta nueva información y luego decidió dejarlo pasar. En
lo que respecta a secretos, este probablemente era el más pequeño de
Sawyer.
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Cruzó el estacionamiento hasta que estuvo frente a Dominic.
—¿Le contaste a Martine...?
—¿Sobre Carolyn Royce? Sí. —Dominic extendió las manos—. Lo
lamento Levi, pero Carolyn se fue hace tiempo. Parece que huyó tan
pronto como arrestaron a su esposo.
Aunque Levi no había esperado nada más, la noticia seguía siendo
un golpe. Al menos habían atrapado a todos los demás asociados con el
anillo de secuestro.
—¿Rebel está en el coche?
—No. La dejé con Carlos y Jasmine.
—Tú… —Levi sacudió la cabeza, desconcertado—. ¿La llevaste a
Las Vegas y luego volviste para esperarme?
—Sí.
Eso era una media hora en coche por trayecto. Levi se aclaró la
garganta y miró a un lado, incapaz de mantener el contacto visual.
Dominic saltó del coche.
—¿Podemos ir a algún lugar para hablar, tal vez conseguir algo de
comer? En Las Vegas, quiero decir. Estoy bastante seguro que el
Departamento de Policía local tiene órdenes de acompañarnos
físicamente más allá de los límites de la ciudad si no salimos antes que
salga el sol. No les causamos más que problemas.
Riéndose suavemente, Levi giró hacia el lado del pasajero.
—Podría tomar un poco de café.
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***
Levi se quedó dormido durante el viaje. Aunque la adrenalina del
rescate de Stanton y su ansiedad por las consecuencias lo mantuvieron
encendido durante las largas horas a solas en la estación de policía, el
hecho que no hubiera dormido en casi veinticuatro horas estaba
empezando a alcanzarlo. Dominic tuvo que sacudirlo para despertarlo
cuando llegaron a un restaurante cerca de su hotel.
—¿Preferirías volver a tu habitación? —preguntó Dominic.
—No. Tenías razón, tenemos que hablar.
Sin embargo, no lo hicieron. Tomaron una cabina privada en la
esquina y se sentaron silenciosamente hasta que la mesera se acercó a
ellos y ambos pidieron café. Después que se fue, Dominic miró el menú
laminado como si su vida dependiera de leer cada palabra.
Levi estaba buscando una manera de iniciar la conversación
cuando Dominic levantó la mirada.
—Sabes que generalmente no diría esto, pero por favor, come algo.
Justo en ese momento, el estómago de Levi retumbó lo
suficientemente fuerte como para que ambos lo oyeran.
—Lo haré.
Su incómodo silencio continuaba cuando la mesera regresó con
sus cafés y tomó su pedido de comida. Una vez más, Levi arrugó la nariz
mientras observaba a Dominic tirar dos cremas y tres paquetes de azúcar
en su taza.
Dominic lo atrapó haciéndolo y soltó una risita.
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—Snob del café —lo dijo con tanto cariño que fue como una bala
en el corazón de Levi.
—No sé por qué lo hice —soltó Levi.
Para su crédito, Dominic no fingió no saber de qué estaba
hablando.
—Habías estado reprimiendo tu miedo e ira todo el día. Stanton
finalmente estaba a salvo, Acosta se burló de él, y tú te quebraste.
—Eso no es una excusa.
—Una explicación no es lo mismo que una excusa.
Levi puso sus manos sobre la mesa desconchada.
—¿Cómo sabías que podías volver a Boulder City? ¿Leila te dijo que
no presentarían cargos en mi contra?
—Lo hizo, pero para ese momento yo ya había regresado. Tenía el
presentimiento que no iban a mantenerte encarcelado.
—Es por el Siete de Picas. Acosta se retractó de su historia sobre
mi ataque después que Los Avispones lo amenazaron en el hospital. —
Levi tomó un trago de café—. Aún así, las tijeras con las que lo apuñalé
estaban en la escena del crimen con su sangre y mis huellas dactilares
sobre ellas. La ciudad podría haberme procesado sin su declaración.
Ellos eligieron no hacerlo. No me encarcelaron por lo que hice ayer porque
no quieren enredarse con los Siete de Picas. Un asesino en serie me está
protegiendo de las consecuencias de mis propias acciones.
—Más de lo que te das cuenta, en realidad. —Dominic hizo girar
una cuchara a través de su taza, luego la dejó a un lado—. Le hice lo
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mismo a Graham después que saliste de la habitación. Dejé claro que, si
él iba por ti por la visita ilegal, los Siete de Picas probablemente irían tras
él.
La boca de Levi se abrió.
—¡Dominic!
—Es verdad. Recordárselo puede haber salvado su vida.
—Oh, Dios mío —exclamó Levi, pasándose las manos por el cabello.
Dominic apoyó sus antebrazos contra el borde de la mesa.
—Permítame hacerte una pregunta. Además de apuñalar el ojo de
Acosta, ¿te arrepientes genuinamente de algo de lo que hiciste ayer? Si
retrocedieras en el tiempo, ¿harías las cosas de una manera diferente?
—No. —Ningún otro camino hubiese llevado al regreso rápido y vivo
de Stanton.
—¿Entonces por qué estás tan molesto… por no perder tu trabajo
o por salvarte de ir a la cárcel por lo que hiciste? —Cuando Levi no
respondió, Dominic bajó la voz—. ¿Quieres ser castigado?
—Tal vez —susurró Levi—. Tal vez debería ser castigado. ¡He
jodidamente mutilado a un hombre desarmado, Dominic! Tal vez no
debería permitírseme ser policía, o incluso caminar libremente. Una
persona que no puede controlar su propia rabia no tiene nada que hacer
en una posición de autoridad.
—Tú puedes controlarlo. Estás recibiendo ayuda. Martine me dijo
que has estado mejorando.
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—¿Te pareció que estuviese mejor anoche? —Levi golpeó los talones
de sus manos sobre sus ojos—. Nunca he hecho algo así antes. Esta no
es la persona que quiero ser, pero es como si me estuviera deslizando por
la ladera de una montaña, y no tengo nada a lo que pueda aferrarme para
detenerme.
Levi bajó las manos para ver a Dominic mirando su café con
expresión preocupada. Contuvo las preguntas que quería hacerle… ¿Ver
lo que hice cambió la forma en que te sientes acerca de mí? ¿Te disgusto
ahora? ¿Por qué sigues perdiendo tu tiempo conmigo?
En ese momento la mesera volvió con su comida, gracias a Dios
por las cafeterías y su servicio rápido. Primero tomó de su bandeja la
tortilla vegetariana de Levi, luego descargó la comida del combo
ridículamente grande de Dominic, que incluía una porción de cada
elemento de desayuno conocido por el hombre y que necesitó tres platos
para servirse.
Comenzaron a comer, pero Levi solo pudo tragar unos cuantos
mordiscos antes de tener que detenerse.
—Si no hubieras estado el día de ayer conmigo, las cosas habrían
sido muy diferentes. ¿Por qué estabas allí? ¿Qué te hizo venir a buscarme
a mi hotel?
Dominic se tomó su tiempo masticando y luego tragando, y no lo
miró cuando habló.
—El viernes hubo más en la conversación que tuve con los Siete de
Picas, después que me enviaron esos papeles falsificados. Dijeron que,
cuando sus planes para ti ‘se hicieran realidad’, a nadie en la ciudad le
importaría otra cosa. Que solo habíamos arañado la superficie de lo que
tenían en esa tienda. Eso fue antes que encontraras a Quintana, pero
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como Scott West sigue desaparecido, no creo que la muerte de Quintana
sea a lo que se referían los Siete de Picas.
Un escalofrío recorrió la espalda de Levi.
—Nunca me dijiste nada de esto.
—Estabas tan contento por la pista que habías conseguido en el
caso de los secuestros que no quise arruinártelo. Y justo después… —
Dominic hizo un gesto de impotencia con su tenedor.
—Todo se fue a la mierda.
—Sí.
Levi se obligó a seguir comiendo. A pesar que no sentía hambre, su
cuerpo necesitaba combustible.
—El domingo por la tarde, estaba apostando en el Railroad Pass
mientras tú estabas completamente solo en una habitación de hotel,
atravesando el peor momento de tu vida, aislándote de todos y
enfrentando una amenaza de la que no sabías. Por lo menos, yo tenía que
advertirte. Pero incluso sabiendo eso, en lugar de buscarte de inmediato,
vacilé. No porque estuviera enojado contigo por haberme expuesto, lo
estaba y lo sigo estando, sino porque no quería dejar de jugar.
Levi se congeló con el tenedor a medio camino de su boca. Eso
había sonado como…
No. Se negó a hacerse ilusiones. Dominic le había hecho esto más
de una vez en los meses pasados.
—Si el juego es más importante para mí que tu seguridad, incluso
por un minuto, ¿qué tipo de persona soy? —se lamentó Dominic—. Si no
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hubiera estado contigo en el momento que abriste esa caja, demonios, si
hubiera ido unos minutos más tarde, habrías tomado toda la mierda por
tu cuenta. No habrías confiado lo suficiente en mí como para llamarme
en busca de ayuda, habrías tratado de salvar a Stanton solo, y podrías
haber terminado muerto, todo mientras yo estaba sentado en un casino.
Eso me habría perseguido por el resto de mi vida.
Levi no se atrevió a hablar. Ni siquiera se movió, excepto para bajar
el tenedor muy lentamente.
—Después de dejar a Rebel en Las Vegas, no regresé directamente
a Boulder City. Pasé por Henderson de camino y me detuve en el Railroad
Pass. Me senté en el estacionamiento durante una hora y media,
convenciéndome de no entrar, sudando, temblando y a punto de vomitar
todo el tiempo. Lo único que me convenció de marcharme fue pensar en
lo que podría haberte pasado ayer si yo no hubiera estado allí. E incluso
así, incluso entonces, solo me fui por un pelo.
—Dominic…
—No sé si puedo parar —siguió Dominic con voz temblorosa. Sus
ojos estaban oscuros por la desesperación—. Quiero hacerlo, lo hago,
pero la compulsión es mucho más fuerte que yo.
Levi se estiró sobre la mesa para tomar su mano.
—Nada ni nadie es más fuerte que tú.
—No. Lo que dijiste en la subestación es verdad… si perderte no
fue suficiente para que dejara de jugar, nada lo será.
—Dije eso porque estaba enojado, y fue una total tontería. Siempre
se habla de la recuperación de las adicciones como si se tratara de pura
fuerza de voluntad, pero eso no es cierto. Necesitas ayuda Dominic,
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ayuda profesional y apoyo. Pero no lo aceptas porque significaría admitir
que hay algo en tu vida que no puedes manejar por tu propia cuenta.
Dominic giró su mano con la palma hacia arriba y entrelazó los
dedos con los de Levi.
—No soporto pensar que soy débil. Es aún peor pensar que tú
puedas verme de esa manera.
—No ha habido un solo segundo en todo el tiempo en que te
conozco, que haya pensado en ti como débil. —Levi apretó su agarre—.
El juego no es un factor decisivo para mí. Nunca lo ha sido, y nunca lo
será. Fue el mentir, manipular y lastimarme a propósito para ocultar tú
problema con el juego lo que no podía tolerar. Por eso no podía estar
contigo.
Contuvo el aliento mientras esperaba la respuesta de Dominic. Le
había dicho esto innumerables veces. ¿Sería este el momento en que
finalmente hiciera mella?
—¿Qué pasa si realmente no puedo parar? —musitó Dominic.
—No lo sabrás a menos que lo intentes. Y cuando digo intentarlo,
no me refiero a asistir a una reunión de Jugadores Anónimos cada dos
meses y confiar el resto a tú autocontrol pendiendo de un hilo. Me refiero
a ver a un terapeuta, conseguir un patrocinador, todo el asunto completo.
¿Estás dispuesto a hacer eso?
Después de un largo y agonizante momento, Dominic asintió. Sus
ojos estaban desenfocados mientras miraba sus manos unidas.
—No necesitas ocultarme nada —aseguró Levi, las palabras
cayendo apresuradamente. Había esperado tener esta conversación
durante tanto tiempo que casi no podía creer que estuviera sucediendo—
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. Tienes que confiar en que no te abandonaré porque recaíste. La única
manera en que puedo ayudarte es si eres sincero conmigo sobre lo que
estás luchando.
Espera. Levi estaba hablando de volver a estar juntos como si fuera
algo inevitable. Ese podría haber sido el caso una semana atrás, pero no
ahora.
Retiró su mano de la de Dominic, encogiéndose cuando la fría
comprensión lo atravesó.
—Pero sé que no puedo... Quiero decir, no debería asumir... —Miró
por la ventana—. Lo que te hice el viernes fue imperdonable.
El silencio que descendió sobre la cabina fue más insoportable que
cualquiera de los que lo precedieron. La incapacidad de Levi para
controlar su genio había arruinado cualquier posibilidad de
reconciliación entre ellos, y Dominic seguro solo estaba tratando de
encontrar una manera diplomática de decírselo.
—No fue imperdonable —contradijo Dominic—. De cualquier otra
persona, tal vez lo seria. No de ti.
La cabeza de Levi giró.
—Dominic...
—Por favor, déjame sacar esto de mi interior. —Dominic esperó a
que Levi asintiera antes de continuar—. Esa fue una de las peores formas
en que pudiste haberme traicionado. Duele. Todavía duele. Pero no
pretenderé que no te hice cosas horribles también. He roto tu confianza
de cien maneras diferentes, y si bien eso no hace que este bien lo que
hiciste, no es como si pudiera afirmar que soy una víctima inocente.
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Cuando amas a alguien, sabes mejor que nadie cómo causarle el mayor
dolor. Somos un buen ejemplo de eso.
Juntando las manos debajo de la mesa, Levi se mordió el labio
inferior para no interrumpirle.
—Ambos hemos hecho mierdas, cosas que nos gustaría retirar. —
Una triste sonrisa cruzó la cara de Dominic—. No podemos hacerlo, pero
tal vez podemos optar por borrar la pizarra y encontrar una nueva forma
de avanzar, en la que trabajemos más duro para no cometer los mismos
errores.
—Me gustaría eso —dijo Levi, sabiendo que su moderada respuesta
era desmentida por su rostro enrojecido. Dominic probablemente podía
ver el pulso acelerado latiendo en su garganta desde el otro lado de la
mesa—. Si los últimos meses me han enseñado algo, es que somos más
fuertes juntos que separados. Prefiero estar a tu lado que luchar contra
ti.
—Yo también. —Dominic respiró hondo—. Por lo tanto, puedo
prometer que obtendré ayuda con mi problema de juego como lo pediste,
y no mentirte ni manipularte más… Eso si puedes prometer seguir
recibiendo ayuda con tus propios asuntos y no atacarme cuando tengas
problemas con tu ira.
—Puedo hacer eso.
Se sonrieron el uno al otro a través de la mesa. Levi no había
apreciado del todo la energía que su continua batalla con Dominic había
estado absorbiendo hasta que alcanzaron esa distensión. Ahora respirar
era más fácil, como regresar al nivel del mar después de un viaje a las
montañas.
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Todavía tenía miedo a las armas, no podía confiar en que Dominic
no lo decepcionaría de nuevo, o viceversa. Pero si pudieran superar esto,
si pudieran aceptar las faltas del otro, perdonar los errores del otro y
ayudar a compartir las cargas, podrían forjar una relación más sólida que
la que habían tenido antes.
El momento fue roto por el timbre del teléfono de Levi.
—Es Adriana —dijo después de mirar la pantalla—. ¿Por qué me
llamaría tan temprano?
Dominic le hizo un gesto para que respondiera y regresó a su
desayuno con renovado entusiasmo.
Levi se llevó el teléfono a la oreja.
—¿Adriana? ¿Estás bien?
—¿Levi? —La voz de Adriana era borrosa e indistinta, la línea crujía
con estática—. Lamento molestarte tan temprano, pero hice algo tonto.
—¿Dónde estás? Esta conexión es terrible. —Levi revisó su
teléfono, pero el problema debía ser del lado de ella.
—Le mentí a Marcus y Wendy. Les dije que iba a pasar la noche
estudiando en la casa de un amigo, pero yo... en lugar de eso fui a la casa
de este tipo. Parecía muy agradable. Pensé que era agradable. —Ella
sollozó—. Pero él, um, quería hacer cosas que yo no, y se enojó cuando
le dije que no.
Levi agarró el borde de la mesa con su mano libre. Dominic le
dirigió una mirada inquisitiva.
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—Salí corriendo de su casa antes que sucediese algo, pero luego no
tenía como regresar a la granja de los Anderson, y no podía llamarlos
para que vinieran a buscarme sin explicar lo que había hecho. Así que
caminé a la casa de otro amigo a un par de kilómetros de distancia y pasé
la noche allí.
—¿Caminaste cruzando la ciudad sola durante la noche? —
preguntó Levi, horrorizado. Tenía que conceder que Adriana había vivido
en las calles de Las Vegas durante meses, pero igualmente su sangre se
enfrió al pensar en lo que podría haberle ocurrido.
—Estuvo bien. Pero ahora tengo el mismo problema. Marcus y
Wendy me esperan dentro de un par de horas, pero los padres de Madison
no están en casa, ninguno de nosotros tiene licencia, y no hay nadie más
que pueda llevarme. Sé que es mucho pedir, pero yo... ¿Esperaba que
pudieras venir a recogerme? Sólo tengo miedo… —Un sollozo estalló—. Si
saben que mentí, es posible que ya no me quieran, que me regresen y
¿qué sucedería conmigo? Sé que fue una estupidez y lo lamento...
—¡Adriana! Respira profundamente. Todo va a estar bien. —Levi
esperó a que su llanto disminuyera—. Por supuesto que voy a buscarte.
¿Pero, por qué necesitas que te lleve a casa? ¿No tienes escuela?
—Tenemos un fin de semana de tres días por una conferencia de
maestros.
Levi tomó una servilleta de papel del dispensador de la mesa y sacó
un bolígrafo del bolsillo.
—Bien. Dame la dirección e iré ahora mismo.
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En el momento en que Levi colgó, Dominic ya había señalado a la
mesera que les trajera la cuenta. Levi le explicó la situación mientras
esperaban.
—Los Anderson nunca la rechazarán por algo que todos los
adolescentes hacen en algún momento —aseguró Dominic.
—Lo sé. Pero estaba entrando en pánico. Hablaré con ella al
respecto durante el viaje.
Con solo un auto, no había otra opción que el que Dominic fuera
con él. No era lo ideal, Adriana todavía estaba media intimidada por él,
cuya constitución le recordaba a su abusador, pero el tiempo que le
tomaría llevar a Dominic a su apartamento sería más tiempo para que
Adriana sufriera un ataque de pánico. Levi solo lo haría sentarse en el
asiento trasero una vez que llegaran.
La amiga de Adriana, Madison, vivía en un suburbio de Henderson
que podría haber sido una réplica del vecindario que acababan de dejar
en Boulder City, salvo que las casas aquí eran un poco más grandes y los
patios más espaciosos. Levi aparcó en la vacía entrada, se dirigió hacia
el sendero y llamó al timbre.
No hubo respuesta, aunque podía oír ruido dentro. Volvió a tocar
el timbre y probó el pomo, por si acaso.
La puerta no estaba cerrada con llave.
Tensándose, Levi empujó la puerta la cual se abrió completamente
mientras permanecía en el umbral.
—¿Hola?
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La casa se veía acogedora y vivida, con fotos familiares en las
paredes y el tipo de desorden que hacía que fuera evidente que había
adolescentes viviendo allí. Desde la puerta, podía ver la sala de estar,
donde había almohadas y mantas arrugadas en el sofá y el piso. Las latas
de refrescos y las bolsas de comida chatarra medio vacías estaban
dispersas en la mesa de café, y los sonidos que había escuchado
provenían de la televisión.
A pesar de las extrañas circunstancias, Levi no pudo evitar sonreír.
Fue un alivio saber que Adriana estaba teniendo experiencias normales
de adolescente como una pijamada en la casa de una amiga.
Luego continuó escudriñando la casa, y la sonrisa desapareció de
su rostro.
Una huella de mano ensangrentada manchaba la pared de un
pasillo que conducía a lo más profundo de la casa, esta resaltaba contra
la pintura blanquecina. Todavía estaba húmeda, goteando sobre la
alfombra beige. Más sangre se esparcía sobre el suelo y alrededor de una
esquina que estaba oculta a la vista.
Levi se lanzó para entrar en la casa, pero se agarró a la jamba de
la puerta con tanta fuerza que recibió un latigazo. No podía entrar solo y
desarmado. Ésa era exactamente la clase de mierda por la que Leila lo
había sermoneado.
Mientras marcaba el 911, corrió por el camino de entrada lo
suficientemente lejos como para hacer un gesto frenético hacia Dominic.
Dominic saltó del auto y se apresuró a reunirse con él en la puerta
principal.
—¿Qué sucede?
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Levi señaló la sangre. Maldiciendo, Dominic sacó su arma de
debajo de su cazadora.
—Lo sentimos, todos los operadores están ocupados —recitó una
voz femenina automatizada en el otro extremo de la línea.
Levi miró el teléfono con incredulidad. ¿Qué? Golpeó brutalmente
la pantalla para volver a marcar.
—Hablaste con Adriana hace quince minutos —afirmó Dominic.
—Eso es sangre fresca. —El corazón de Levi estaba en su garganta
mientras escuchaba el timbre del teléfono. Adriana le había dicho que le
preocupaba que su viejo padre adoptivo la persiguiera hasta aquí. ¿Y si
el hombre estaba esperando para atacar cuando ella fuese más
vulnerable? Levi debería haberle escuchado, él debería haberla tomado
más en serio...
Desde la parte posterior de la casa surgieron dos fuertes golpes, un
estruendo y un grito agudo y aterrorizado que sin duda era el de una
adolescente. Levi palideció, su cuerpo entero vibró con la necesidad de
correr hacia los sonidos. Dominic no parecía estar mucho mejor.
—Lo sentimos, todos los operadores están ocupados.
—¡Mierda! Dominic, mi llamada no está siendo tomada.
Dominic abrió la boca para responder, pero fue interrumpido por
otro grito desde lo más profundo de la casa, este aún más desgarrador
que el primero.
Levi gimió. Él no podía quedarse parado mientras Adriana estaba
en peligro. Tenía que ayudarla, tenía que ir a ella...
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—A la mierda —exclamó Dominic—. Sólo quédate detrás de mí.
Entraron a la casa, Levi se mantuvo cerca mientras Dominic movía
su arma de lado a lado, despejando cada habitación por la que pasaban.
Siguiendo el rastro de sangre en la alfombra, se aventuraron por el pasillo
y doblaron la esquina. Cuanto más se internaban, más fuertes se hacían
los sonidos, los crujidos húmedos de alguien siendo golpeado,
acompañado de sollozos y gritos.
El pasillo terminaba en una puerta entreabierta, más allá de la cual
Levi podía ver más sangre sobre el suelo. Esa habitación era de dónde
venía todo el ruido.
—¡Alto! —gritó Dominic mientras irrumpió en la habitación. Levi
estaba pisándole los talones, listo para arrancar la espina del intruso con
sus propias manos si tenía que...
Los tres segundos que le tomó al cerebro de Levi procesar las
incongruencias de lo que veía demostraron ser dos segundos demasiado
largos.
Los sonidos que habían estado escuchando se cortaron a mitad del
grito. La puerta se cerró de golpe detrás de ellos con un boom.
—¿Qué diablos es esto? —preguntó Dominic, bajando su arma.
Levi se volvió en un círculo lento. La habitación estaba alfombrada,
con paredes blancas y sin una sola ventana; la única fuente de luz era
una lámpara montada en el techo. La puerta por la que habían entrado,
la puerta que se había cerrado sola, se fundía a la perfección con las
paredes y no tenía perilla en ese lado.
Los únicos artículos en la habitación eran un gran televisor de
pantalla plana en la pared más lejana, debajo del cual había una mesa
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plegable que sostenía una pequeña caja. Una camilla con ruedas estaba
contra la pared izquierda. La forma humana que descansaba sobre ella
estaba cubierta con una sábana de pies a cabeza.
Ahora que la grabación en el televisor se había desactivado, no
había otra explicación para lo que habían escuchado, el único sonido era
una sibilancia que provenía de la camilla. La forma era demasiado alta
para ser Adriana, pero Levi corrió hacia la camilla a pesar de todo y tiró
de la sábana.
Era Scott West.
Levi jadeó y se tambaleó hacia atrás. West estaba inconsciente,
pero sus párpados se movían rápidamente. Su piel estaba pálida y
pegajosa, y respiraba tan superficialmente que su pecho se sacudía con
cada trabajosa inhalación.
—Oh, Dios mío —exclamó Levi—. Oh, no.
Dominic apareció detrás de Levi y silbó entre dientes.
—¿Qué le sucede?
—Está sangrando internamente —respondió una voz, no la voz
electrónica que utilizaban los Siete de Picas, pero a pesar de todo les era
familiar.
Levi se giró para ver el rostro de Carmen Rivera en la televisión.
—¡Carmen! ¿Qué diablos está pasando? ¿Dónde está Adriana?
—Adriana está a salvo en casa de los Anderson. No estabas
hablando antes con ella; estabas hablando conmigo. Falsifiqué el
identificador de llamadas y usé un algoritmo de transformación de voz.
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Levi sacudió la cabeza, estupefacto. Si bien el saber que Adriana
nunca había corrido peligro era un peso que se levantó de su pecho, lo
que Carmen estaba describiendo requería una larga muestra de la voz
del objetivo para entrenar al programa informático sobre cómo simularlo.
¿De dónde había sacado eso de Adriana, y cómo había sido capaz de
hacerse pasar por Adriana de manera tan convincente?
Céntrate en el problema más inmediato, se ordenó.
—Déjanos salir. Ahora.
—No puedo hacerlo. —El rostro de Carmen era solemne, su cabello
oscuro caía suelto sobre sus hombros en lugar de estar en el desordenado
moño en el que siempre lo había visto antes. Sus ojos se deslizaron más
allá de Levi a Dominic—. Señor Russo. No se suponía que estuviera aquí.
—Lamento decepcionarte —respondió burlonamente Dominic.
Sus labios agrietados se adelgazaron con desagrado.
—Bueno, por favor no desperdicies tu energía tratando de escapar.
Esta habitación ha sido insonorizada con resistentes paneles y un
sistema de paredes múltiples. La puerta está chapada en acero y
asegurada con una cerradura electromagnética; incluso el señor Russo
no podría atravesarlo. Y no hay servicio de teléfono. La única conexión
con el mundo exterior es a través del enlace de audio / visual que yo
controlo.
—¿Estabas interceptando mi teléfono antes? —preguntó Levi.
—Sí.
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Todo en esta casa era falso. Los muebles y las fotografías, la linda
escena de la fiesta de pijamas en la sala de estar, la sangre en las paredes
y el piso, todo era utilería.
—Tengo a alguien a quien le gustaría hablar contigo —dijo Carmen.
Su expresión se suavizó—. Fue agradable verte de nuevo, Detective.
Buena suerte.
Antes que Levi pudiera cuestionar esa siniestra afirmación, la cara
de Carmen desapareció de la pantalla. Fue reemplazada por una vista
panorámica de un bloque de casas en ruinas que podrían haber estado
en cualquier vecindario económicamente deprimido en cualquier ciudad
de Estados Unidos.
—Bienvenido, Detective Abrams —saludó uno de los Siete de Picas.
—¿Qué clase de mierda estás preparando esta vez? —Levi habló
hacia la televisión, mirando fijamente la cámara web que vio
incorporada—. ¿Qué quieres de mí?
—En realidad, quiero hablar con su pareja primero. ¿Nadie le ha
dicho alguna vez que es de mala educación entrar a una casa sin ser
invitado, señor Russo?
—¿Consideras que es súper educado encerrar a las personas en tu
sala de asesinatos psicóticos insonorizada? —respondió Dominic.
El Siete de picas se echó a reír, un sonido espeluznante y
escalofriante.
—Esta habitación nunca fue planeada para usted. Pero ya que está
aquí, tendré que asegurarme que se mantenga apartado. Sé que está
armado. Por favor, coloque su arma en la mesa debajo de la pantalla.
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—¿Por qué debería hacer algo de lo que pide?
La cámara se movió hacia un lado de la manzana, donde dos
mujeres mayores estaban charlando en una esquina, luego al otro, donde
un hombre estaba fumando un cigarrillo en su bata mientras dejaba salir
a su perro.
—Los disparos al azar ocurren en este barrio todo el tiempo. Sería
una pena que una de estas personas inocentes atrapara una bala
perdida.
Levi miró a Dominic, viendo su propia frustración reflejada en su
rostro. Los Siete de Picas no usaban armas ni asesinaban a personas
‘inocentes’, pero antes de esta semana, nunca habían secuestrado a
nadie ni atraído a Levi a una trampa. No tenía sentido arriesgarse.
Después que Dominic colocó su Glock sobre la mesa, los Siete de
Picas le hicieron quitarse la funda de hombro, luego se quitó la camisa y
giró en un círculo lento.
—¿Lleva alguna otra arma? —le preguntaron.
—Sí, tengo un arma metida en mi trasero. —Cuando eso fue
recibido con un ominoso silencio, Dominic suspiró—. No, no tengo nada
más.
—Bien. Vaya a la esquina más alejada de la sala y no se mueva ni
hable hasta que yo le diga que lo haga.
Dominic se retiró, dejando a Levi solo frente al televisor. Aunque
sabía que Dominic no tenía más remedio que seguir las instrucciones del
asesino, se sentía abandonado.
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—Detective Abrams —dijo el Siete de Picas, y aunque no eran
visibles en la pantalla, Levi podía sentir sus ojos en él—. Esta es la parte
final de tu regalo de cumpleaños.
Levi se mantuvo quieto.
—Poco antes que usted llegara, corté varios vasos sanguíneos
importantes dentro de la cavidad abdominal del Sr. West. Se está
desangrando internamente y morirá en unas pocas horas. Sin embargo,
si recibe atención médica dentro de la siguiente media hora, es muy
probable que sobreviva.
Levi lanzó una mirada de sorpresa hacia la camilla. Solo había
tirado la sábana mostrando el pecho de West, por lo que no había notado
ningún trauma abdominal.
—Esta casa. —La cámara hizo zoom en uno de los edificios—. Es
una casa segura de Utopía. Más específicamente, es donde la Sra. Rashid
y varios de los hombres que te atacaron se ocultaron después que fueron
liberados bajo fianza, pero también hay otros adentro. Siete en total,
según mi último recuento.
Levi contuvo el aliento cuando una mano se extendió frente a la
cámara, era la primera vez que alguno de los Siete de Picas había revelado
alguna parte de su cuerpo. Sin embargo, el grueso guante de cuero negro
en la mano ocultaba cualquier indicio de género o raza.
El asesino sostenía lo que parecía ser un interruptor de la puerta
de un garaje.
—Y este es el detonador para el C4 que he colocado en puntos
vitales en la estructura de la casa de segura.
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—Estás faroleando —exclamó Levi sin pensar—. No usan
explosivos; no lo harían. No es su estilo.
—Cierto. Y para ser honesto, todavía no tengo mucha experiencia
con ellos. Así que no puedo garantizar que, si esa casa explota, no tomará
las de ambos lados tampoco, o para el caso, todo el bloque.
—¿Por qué…?
—Por favor, abra la caja en la mesa.
Arrastrando sus extremidades como si estuviera caminando a
través del agua, Levi se acercó a la mesa y extendió una mano
cautelosamente. La última vez que abrió una caja misteriosa, uno de los
ojos de Stanton había estado dentro.
Esta vez la caja contenía solo un par de guantes de nitrilo y una
pistola. Levi parpadeó, luego retrocedió para mirar la webcam.
—No entiendo.
—Para celebrar su cumpleaños, vamos a jugar un juego de ¿Qué
opción prefieres? con apuestas reales. —La voz electrónica del Siete de
Picas crepitaba con maliciosa alegría—. Esa pistola no está registrada, es
completamente imposible de rastrear, y contiene una sola bala. Puede
elegir usarla para matar a Scott West, o puede escoger que destruya esta
casa segura nazi y a todos los que están en ella. Tiene tres minutos para
decidirse.
Apareció un temporizador en la esquina inferior derecha de la
pantalla, contando en reversa desde 3:00.
—Jesucristo —exclamó Dominic.
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—Le dije que mantuviera la boca cerrada —espetó el asesino.
Levi no se giró para mirar a Dominic. No podía moverse ni hablar;
se limitó a mirar la pantalla con silencioso horror, la sangre resonando
en sus oídos.
—Si decide no hacer nada, volaré la casa de todos modos, y luego
los dejaré a los tres encerrados en esa habitación hasta que el Sr. West
sucumba a sus heridas. Así que ya ve, Detective, usted no solo decide
quién muere, sino quién vive.
—No... —La voz de Levi salió en un susurro seco y agrietado. Tosió
y lo intentó de nuevo—. No puedes hablar en serio. Esto es una locura.
—¿Lo es? Pensaría que para usted sería una elección fácil. Un
disparo para matar al hombre quien consiguió un pase libre por golpearle
casi hasta matarle.
Levi miró de reojo el cuerpo inconsciente de West y se estremeció
ante la repentina oleada de recuerdos sensoriales. Fue el padre de West
quien organizó el soborno, quien se aseguró que West y sus amigos nunca
enfrentasen a la justicia por lo que habían hecho, y que Levi nunca
hubiera llegado a un cierre.
—Entonces, una vez más, tal vez prefiera matar a siete neonazis.
La gente en esa casa cree que usted no tiene derecho a existir, Detective
Abrams. Cada uno de ellos sin duda causará un dolor indecible a otros
si se les permite continuar respirando. Así que realmente, no hay una
elección equivocada aquí. Lo que decida será hacer un favor al mundo.
Pero debe decidirse pronto. Dos minutos.
—No. Lo que está proponiendo es asesinato. —Levi exhaló ante una
sombría sospecha—. Quiere que me convierta en un asesino. ¿Por qué?
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Cuando el Siete de Picas habló nuevamente, su voz era más baja
pero mucho más intensa.
—Sabe por qué disfruta tanto de la violencia, ¿verdad? Cuando
esos hombres le atacaron, estaba indefenso. Era demasiado débil para
defenderse. Ahora que todo ha cambiado. Cada vez que lucha con alguien
que está tratando de lastimarle, está reviviendo ese momento, solo que
ahora sale victorioso. Cada golpe que lanza contra un agresor en realidad
es dirigido a los hombres con los que lucho antes. Está reescribiendo la
narrativa de su victimización, y eso le emociona.
Envolviendo sus brazos fuertemente contra su abdomen, Levi se
dobló alrededor de su estómago retorcido. Las palabras del asesino
golpearon su cráneo y todos sus temores más profundos se expresaron
en voz alta.
—Pero el ciclo se repetirá, porque no importa a cuántas personas
golpeé si no son ellos. La catarsis solo llegara cuando esa victoria sea
real. Cuando lo asesine, cuando sepa lo bien que se siente arreglar las
cosas, hacer las cosas como se supone que deben ser, entonces será libre.
Créame, estoy hablando por experiencia.
Levi no podía dejar que los Siete de Picas volaran esa casa. Incluso
si hubieran mentido acerca de no estar seguros del área que afectaría,
siempre había una posibilidad de que las cosas salieran mal con los
explosivos. Había docenas de personas en esas casas. Niños. No podía
ponerlos en peligro.
—No quiere que presione este botón —aseguró el Siete de Picas,
como si estuviera leyendo su mente—. Quiere asesinar a Scott West.
Piense en cómo se sentirá al saber que los cuatro están muertos, y usted
es el que queda en pie. Justicia, por fin. La ley no podría darle eso. Soy
el único que puede.
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Levi gruñó y sacudió la cabeza. No podía matar a West por la misma
razón por la que los Siete de Picas lo deseaban… tenía miedo de
disfrutarlo.
Una parte de él vivía con el temor que los Siete de Picas tuviesen
razón, que fuese un asesino, uno violento, enojado y sádico. Si tomaba
una vida en una situación distinta a defenderse durante una lucha
activa, y eso le gustaba, la forma en que disfrutaba las peleas y abatir a
los tipos espeluznantes en los bares...
Ese era un conocimiento de sí mismo que, una vez liberado, nunca
podría volver a colocarse en una caja. Si asesinaba a Scott West,
realmente sería como alguno de los Siete de Picas. Él nunca, jamás podría
regresar de eso.
—Tic tac, detective. Treinta segundos.
Un sollozo histérico arañó la parte posterior de la garganta de Levi.
—Por favor. —Apoyó ambas manos contra la mesa, respirando en
temblorosos jadeos, y miró suplicante a la webcam—. Por favor no me
haga hacer esto. Haré lo que quiera, solo por favor, por favor, se los ruego,
no me hagan esto.
Bang.
El disparo fue ensordecedor en el espacio cerrado. Levi chilló y se
giró, mirando primero el agujero en la cabeza de West y luego a Dominic,
quien sostenía una pequeña pistola, una de las mismas pistolas que
había empacado para su misión de rescate pero que nunca había tenido
la oportunidad de usar. La pierna de su pantalón estaba arrugada sobre
una funda de tobillo, y sus ojos eran planos y fríos.
—Mentí.
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Capítul♠ 19
—Usted… —La respiración pesada del Siete de Picas atravesó el
modificador de voz—. Qué…
—¿No te has enterado? —le interrumpió Dominic—. Soy un
mentiroso, uno muy bueno. No pudo haber creído verdaderamente que le
dejaría hacerle esto a Levi, que dejaría que lo destruyese de esta manera.
El asesino lanzó un grito de rabia sin palabras, que fue seguido por
una serie de violentos golpes y patadas fuera de cámara. Haciendo caso
omiso de su rabieta, Dominic miró con preocupación a Levi, quien se
había recostado contra la mesa y estaba mirando el cadáver de West. En
la pantalla, el temporizador llegó a cero, pero nada sucedió.
Después de ser forzado a perseguir a Levi dentro de un tiroteo sin
un arma de respaldo, Dominic había decidido que sería prudente
comenzar a llevar dos armas en lugar de una, por lo que se ató la funda
de tobillo en el momento en que regresó al auto después que la policía de
Boulder City lo liberó. Si creyera en Dios como lo hacía Levi, pensaría que
esa elección fue inspirada por él.
—¡Ni siquiera se suponía que estuviera aquí!
Dominic devolvió el arma a su funda y alisó la pierna del pantalón
hacia abajo.
—Sí, bueno, no hay nada que pueda hacer al respecto ahora.
Quiero decir, todavía puede volar la casa de seguridad de Utopía si lo
desea, pero no presionará a Levi para que cometa asesinato, que es la
única razón por la que, en un comienzo, ustedes estaban dispuestos a
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asesinar gente de una manera tan impersonal. Además, si empiezan a
usar explosivos, les etiquetarán como terroristas. Eso va a arruinar la
marca de antihéroes vigilantes que han cultivado tan cuidadosamente.
Él no era tan indiferente como su tono sugería. Si esa casa volaba,
podría haber víctimas civiles, lo que había sido un factor importante en
su decisión de matar a West.
—No voy a detonar los explosivos —contestó el Siete de Picas con
una nota de petulancia—. Un trato es un trato, incluso si la persona
equivocada fue quien lo cumplió.
—Bien. Levi, ¿estás bien?
—Tú lo mataste —dijo Levi confundido. Él aún no se había movido.
Queriendo confirmar eso, Dominic cruzó la habitación y presionó
sus dedos contra la garganta de West. No encontró pulso. West
permaneció en silencio e inmóvil, ya no atormentado por el dolor de la
hemorragia interna. Dominic apoyó una mano sobre los ojos cerrados de
West por un momento antes de levantar la sábana para cubrir su rostro.
Lo lamento, pensó Dominic. Por supuesto, West había golpeado a
Levi dejándole como un desastre roto y traumatizado por lo que, aunque
no disfrutaba de su muerte, no estaba tan arrepentido como podría
estarlo en circunstancias diferentes.
Dominic se volvió hacia la pantalla.
—¿Supongo que tenía un plan para deshacerse del cuerpo sin
implicar a Levi?
—Sí. Tengo aliados a la espera de deshacerme de él.
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—El problema es que le disparé con mi propia pistola, no con la
suya, y no tengo forma de recuperar esa bala. —Debido a que había
estado de pie, apuntando a una figura reclinada en un ángulo a través
de la habitación, había sido imposible para él conseguir un tiro limpio.
La bala estaba profundamente enterrada en el cráneo de West.
Necesitaría una sierra para huesos para recuperarla—. Si se encuentra
su cuerpo, la bala podría rastrearse hasta mí, lo que preferiría evitar. ¿A
menos que esté planeando que yo caiga por esto?
—¡No! —Volviendo a la acción, Levi se levantó de la mesa y miró a
la pantalla—. No.
—Por supuesto que no. No sirve de nada tener al señor Russo en
prisión. Me aseguraré que el cuerpo nunca sea encontrado. Tienen mi
palabra.
Dominic no estaba emocionado de confiar su libertad a un asesino
en serie que se divertía jugando con la vida de las personas, ¿pero qué
opción tenía?
—Empéñala —sugirió Levi. Ante la desconcertada expresión de
Dominic, agregó—: No estaría fuera de lugar si le vendieras el arma a una
casa de empeños. Los Siete de Picas harán que un miembro de Los
Avispones la compre, así que si el cuerpo se encuentra alguna vez y la
bala se rastrea a esa pistola, parecerá que los Siete de Picas están
tratando de inculparte como el as... —Su voz tembló— el asesino.
—Buena idea. —Dominic levantó las cejas ante la webcam.
Después de una breve pausa, el Siete de Picas respondió:
—De acuerdo.
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—Tenemos que limpiar cada superficie que hayamos tocado en esta
casa antes de irnos —señaló Dominic—. ¿Van a abrir esta puerta o qué?
Esperó inquieto la respuesta. Después de todo, había arruinado
sus planes cuidadosamente orquestados, en los que habían estado
trabajando por meses, y además los Siete de Picas tenían una historia de
comportamiento mezquino. Podrían decidir mantenerlos atrapados aquí
por puro rencor.
Un ruido de rechinamiento señaló la apertura de la cerradura
electromagnética y la puerta se abrió de golpe. Dominic tomó una
respiración temblorosa.
—Lo siento, Levi. —La pantalla se oscureció.
Levi cuadró sus hombros.
—Vamos a terminar esto para que podamos salir de aquí. Cuanto
más rápido te deshagas de esa pistola, mejor.
Mientras Levi usaba la desechada chaqueta de Dominic para
limpiar la mesa y la caja que sostenía, Dominic agarró su funda de
hombro y la volvió a su lugar. Luego giró en un círculo lento, explorando
la habitación y considerando qué otra cosa había tocado. Levi había
retirado la sábana que cubría a West, pero los Siete de Picas se desharían
de eso con el cuerpo...
Levi se paralizó de repente, medio inclinado sobre la mesa,
arrugando la frente.
—¿Qué? —preguntó Dominic, alerta ante cualquier nueva
amenaza.
Los grandes ojos de Levi se encontraron con los suyos.
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Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
—Es la única vez que los Siete de Picas me han llamado por mi
nombre.
***
Con una misión en la que centrarse y objetivos concretos que
cumplir, tanto Dominic como Levi tenían la capacidad de compartimentar
sus emociones y concentrarse solo en la tarea en cuestión. Después de
eliminar cualquier rastro de sus huellas dactilares de la casa, regresaron
al auto y a Las Vegas, donde Dominic se deshizo del arma en una casa
de empeños cerca de Henderson. Mientras tanto, Levi llamó a los
Anderson para asegurarse que Adriana estuviera segura en su casa.
No fue hasta que estuvieron sentados en el auto en el
estacionamiento de la casa de empeños, con todos sus puntos a realizar
tildados, que la atmósfera se espesó por la tensión. Dominic no sabía qué
decir, o qué se suponía que debía hacer a continuación. ¿Debería pedirle
a Levi que lo dejara en su casa? ¿Seguirían como si nada hubiera
sucedido?
Levi estaba en el asiento del conductor, con las manos en el volante
a pesar que las llaves no estaban en el encendido. Su respiración era
dificultosa mientras su mirada a través del parabrisas estaba fija en la
nada.
—Cometiste un asesinato.
—No me vas a arrestar, ¿verdad?
La cabeza de Levi se giró hacia él.
—¡No es gracioso! —Su tono incrédulo estaba mezclado con una
fuerte corriente oculta de dolor—. Por el amor de Dios, Dominic. Cómo
puedes bromear...
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—Sé que no es gracioso —suspiró Dominic, el agotamiento
aplastante de las últimas veinticuatro horas lo alcanzó—. Hice lo que
había que hacer.
—No...
—Había vidas civiles en juego. Si esa casa hubiese explotado,
podría haberse llevado consigo a personas inocentes. Si no hubiéramos
hecho nada, la casa habría estallado y West habría muerto de todos
modos, de una manera lenta y dolorosa debido a la hemorragia interna.
Tal vez si los Siete de Picas nos hubieran dado más de tres minutos,
podríamos haber encontrado otra forma, pero esa no era la situación. La
muerte de West fue inevitable y evitó una tragedia mucho mayor. Dentro
de los parámetros que nos dieron, solo había una opción aceptable para
minimizar las bajas. Tú no podías tomar esa decisión sin que te
desgarrase. Yo podía. Es así de simple.
Levi negó con la cabeza.
—Una vez me dijiste que el día en que tomar una vida humana se
convierte en algo que puedes ignorar es el día en que debes encontrar
una nueva línea de trabajo.
—¿Es eso lo que crees que estoy haciendo? ¿Encogerme de
hombros como si nada? —Dominic soltó una carcajada sin humor—.
Nunca. Odio el tener que haberle matado. Ojalá hubiera sido de otra
manera. Pero a veces la única opción correcta en una situación terrible
apesta. Aceptar esa realidad no significa trivializar lo que hice.
Las manos de Levi se deslizaron del volante hacia su regazo, y se
quedó en silencio por un momento mientras las estudiaba.
—No lo entiendo.
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—Lo sé, porque tú te sentirías diferente en mi posición. También
sé por qué estabas tan aterrorizado por la idea de matar a West. Pero
hubiera sido aún peor si los Siete de Picas hubieran matado a todos, así
que tomé las medidas necesarias.
Dominic se acercó, dándole a Levi suficiente tiempo para indicar
que su toque no era bienvenido. Cuando se quedó quieto, le tomó la
mano.
—Eres policía, Levi. Yo era un soldado. No es lo mismo. Lo que
sucedió hoy pesará en mí, pero puedo vivir con eso. Con lo que no hubiera
podido vivir es con ver cómo te destruías a ti mismo.
Levi no respondió.
—¿Te sientes diferente con respecto a mí ahora? —preguntó
Dominic, la posibilidad helando sus huesos.
—¿Te sentiste diferente acerca de mí después de verme mutilar a
Acosta? —respondió Levi irónicamente.
—No.
—Te amo. —Levi encontró sus ojos con los ojos de Dominic—. No
sé si hay algo que pudieras hacer para cambiar eso, pero matar a alguien
para salvar vidas inocentes y protegerme definitivamente no lo es.
Dominic pasó su mano libre por la mandíbula de Levi, luego ahuecó
su mejilla. Levi se apoyó en el contacto.
—Sabes que las circunstancias no serían importantes para un
tribunal de justicia —comentó Levi—. Lo que hiciste fue técnicamente un
asesinato. Si los Siete de Picas mintieron acerca de no querer que cayeras
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por eso... Dominic, podrían haber estado grabando todo lo que sucedió
en esa habitación. Tenemos que estar listos en caso que te entreguen.
—¿Listos cómo?
—Empacaré una bolsa. Retiraré tanto dinero como pueda y
conseguiré un auto que no nos implique a ninguno de los dos. Diría que
deberíamos tomar unas ‘vacaciones’ que estén convenientemente
ubicadas en un país sin política de extradición, pero estoy bajo
investigación y, por supuesto, hay que pensar en Rebel.
Dominic apretó la mano de Levi para evitar que se girara.
—¿Qué quieres decir con ‘nosotros’? Si huyo por asesinato,
¿vendrás conmigo?
Lo dijo en tono de broma, pero Levi lo miró desconcertado.
—Por supuesto. —Su tono sonó como que Dominic era la persona
más tonta del mundo.
La respiración de Dominic temblaba en su pecho. Estudió el rostro
de Levi en busca de algún indicio de exageración, pero solo encontró la
franca sinceridad que era su sello distintivo. Levi no era dado a vacíos
gestos románticos; nunca diría algo tan serio a menos que fuera la
absoluta verdad.
Dominic se lanzó sobre el cambio de marchas y le dio un brusco
beso. Levi gritó, luego se derritió, sus manos se deslizaron por los brazos
y el cuello de Dominic para enredarse en su cabello. Aunque el ángulo
era incómodo, se besaron hasta que tuvieron que separarse para jadear
por aire. Los labios de Dominic estaban adoloridos, su rostro
hormigueaba donde la barba de Levi había raspado la suya.
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Incluso después que se separaron, Dominic mantuvo cerca a Levi,
acunando su mandíbula.
—Creo que los Siete de Picas ya están preocupados que te hayan
empujado demasiado lejos; no se arriesgarían a alienarte más. Solo
tenemos que evitar llamar la atención sobre nosotros mismos. Y nunca
podemos contarle a nadie lo que pasó hoy. Jamás.
Levi apoyó la mano sobre la de Dominic, asintió y se inclinó para
tocar su frente con la de él. Ambos cerraron los ojos.
Ahora estaban vinculados para siempre, conectados por secretos
peligrosos que nunca podrían compartir con otro ser humano. Pero en
lugar de separarlos, esos secretos solo los habían vinculado más
profundamente. Se habían visto en su momento más oscuro y su amor
no solo había sobrevivido, era más fuerte que antes. Incondicional.
Irrompible.
—Vamos a casa —dijo Dominic.
***
Levi y Dominic nunca habían sido el tipo de pareja que se tocaba
mientras dormían. Ellos se acurrucaban después del sexo, o cuando
recién se acostaban, pero siempre se movían a sus lados individuales de
la cama cuando era hora de dormir.
Hoy, sin embargo, después que cayeron desnudos y exhaustos en
la cama de Dominic, éste se colocó detrás de Levi y lo sostuvo como si
nunca hubiera planeado dejarlo ir. Levi se acurrucó en su abrazo,
saboreando la calidez de la piel de Dominic contra la suya, el peso de su
enorme brazo colgando de su cintura, la palma de su mano presionando
contra su corazón.
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Se desmayaron así y durmieron diez horas seguidas.
Levi tenía vagos recuerdos de haberse levantado en algún momento
para usar el baño, pero cuando se despertó de nuevo, Dominic y él
estaban en la misma posición. Dominic estaba prodigándole besos en el
cuello, meciendo sus caderas para frotarle suavemente su erección
contra el culo.
Levi se estiró bajo las mantas, resolviendo los pliegues de su
espalda, luego guió la mano de Dominic entre sus piernas con un suspiro
de satisfacción. Gimiendo en la oreja de Levi, Dominic comenzó a tirar y
acariciar su pene mientras Levi empujaba hacia atrás contra la
promisoria dureza que se deslizaba a lo largo de la curva de sus mejillas.
Su respiración se aceleró cuando Dominic lo llevó a una completa
erección en un tiempo récord. Cada vez que sus labios se apretaban
contra su nuca esto enviaba escalofríos por su espalda; la sensación de
ese grueso pene tan cerca de donde quería que estuviera era una broma
perversa.
El calor que se acumulaba bajo las sabanas pronto se volvió
intolerable. Levi se dio la vuelta, empujó a Dominic sobre su espalda y
trepó a horcajadas sobre sus caderas. Las sabanas se agruparon
alrededor de sus cinturas.
Rebel, a quien Dominic había buscado de casa de Carlos y Jasmine
al regresar a su apartamento, resopló de disgusto cuando su movimiento
perturbó su propio sueño. Les lanzó una mirada sucia antes de saltar de
la cama y salir de la habitación.
Levi colocó su erección contra la de Dominic y se inclinó para
besarlo. Se frotaron perezosamente, intercambiando profundos y
lánguidos besos mientras sus manos se deslizaban sobre la piel del otro.
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Levi dejó escapar un gemido cuando los pulgares de Dominic se
deslizaron entre sus cuerpos para acariciar los puntos sensibles de los
huesos de su cadera.
Aunque nunca habían dejado de tener sexo mientras estuvieron
separados, se sentía como si estuvieran volviendo a conocerse. Levi se
aferró a cada centímetro de Dominic que pudiera alcanzar, volviéndose a
familiarizar con la flexión de sus duros músculos, el roce del vello de su
pecho, la cicatriz arrugada de la herida de bala debajo de su hombro
derecho. Ningún otro hombre lo había despertado tanto; el toque de nadie
más lo había incitado de esa manera.
Tampoco nunca habían sido buenos para mantener un ritmo lento.
No pasó mucho tiempo antes que se empujaran ásperamente uno contra
el otro, con sus penes pegajosos por el presemen, antes de estar jadeando
en la boca del otro porque ya no podían concentrarse en el beso. Levi
pasó su lengua por el labio inferior de Dominic, amando la manera
codiciosa en que Dominic le amasaba el culo, y entonces hundió sus
dientes en la tierna piel de la unión entre la garganta y el hombro de
Dominic.
Dominic se arqueó contra él con un grito blasfemo, sus dedos se
clavaron en la carne de Levi. Levi chupó más fuerte, queriendo dejar una
marca, queriendo demostrar que era suyo.
Gruñendo, Dominic les dio la vuelta, aplastando a Levi en la cama
con su cuerpo. Molió su erección más fuerte contra la de él, presionando
con urgencia, dejando besos descuidados en el rostro y la mandíbula de
Levi.
Podrían venirse así, y sería glorioso, pero no era lo que Levi quería.
—Lubricante —jadeó—. Rápido.
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Dominic se apartó solo lo suficiente como para agarrar la botella
de la mesita de noche. No había nada lento ni cuidadoso en el
hundimiento de sus dedos mientras hacía que Levi se abriera, pero Levi
necesitaba eso, ansiaba la sensación de ser preparado un poco
demasiado rápido. Se agachó y deslizó uno de sus dedos en su agujero
junto al de Dominic, gruñendo por la quemadura de un estiramiento que
estaba justo en el lado de lo doloroso.
Dominic rió entre dientes contra la piel de Levi.
—Sé que crees que estás ayudando, pero te estás interponiendo.
—No estoy tratando de ayudar. Solo quiero sentirme lleno.
—Joder. —Dominic empujó sus dedos más agresivamente por unos
pocos vertiginosos segundos antes de retirarlos y apartar la mano de
Levi—. Te daré algo mejor.
Levi acercó sus piernas a su pecho con ansiosa anticipación.
Dominic se puso de rodillas, apoyó el culo de Levi entre sus muslos y
alineó su pene desnudo con el agujero.
Su desnudo…
Oh, no.
—¡Espera! —Levi movió sus caderas hacia arriba y lejos del ángulo,
rodando hacia un costado y colocando sus piernas entre él y Dominic, de
la misma manera que se defendería contra un asalto desde esta posición.
—¿Qué sucede? —La cara de Dominic estaba enrojecida, su cabello
despeinado porque Levi lo había jalado antes—. ¿Prefieres esperar hasta
que estemos seguros que las cosas funcionarán esta vez? Porque lo
entiendo, sé que te he decepcionado antes...
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—No es eso. Es solo... —Levi daría cualquier cosa por no tener que
decirlo, pero no tenía otra opción—. Tenemos que usar condón.
Dominic frunció el ceño.
—¿Por qué? No he estado con nadie más.
Levi apretó los labios.
—Oh. —Dominic se meció hacia atrás para sentarse sobre sus
talones—. Oh.
Después de todo el juego y las mentiras de Dominic, la ira
incontrolada de Levi, la violencia, la sangre y el asesinato directo, iba a
ser su estúpida aventura de una noche lo que los separara para siempre.
—Lo lamento —fue todo lo que Levi pudo pensar decir.
—¿Quién fue? —preguntó Dominic—. No puede haber sido Barclay.
Él ha estado en Europa desde la última vez que tú y yo dormimos juntos.
—Dios, no, por supuesto que no fue Stanton. —Levi se sentó contra
la cabecera—. Nunca te haría eso a ti o a él. Fue Jay Sawyer.
La boca de Dominic se abrió.
—¿Sawyer? ¡Odias a ese tipo!
—Esa noche, te odiaba a ti y a mí aún más que a él.
Con la luz de la comprensión en sus ojos, Dominic aventuró:
—El sábado. La noche de despedida de soltero de Carlos.
—Sí.
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—Cristo, no es de extrañar que Sawyer actuara tan raro cuando lo
llamé al día siguiente para averiguar dónde estabas —murmuró Dominic.
Levi hizo una mueca y se puso de rodillas para que Dominic y él
estuvieran a una altura más equivalente.
—Lo siento mucho. Estaba realmente mal, pensé que no había más
esperanza para nosotros, y solo quería algo que me sacara de mi cabeza.
Fue algo estúpido.
—No tienes que disculparte. No es como si me hubieran engañado;
no estábamos juntos. Tenías todo el derecho a dormir con alguien más.
—Lo sé. Pero aún desearía no haberlo hecho.
Dominic avanzó de rodillas y levantó las manos hacia el rostro de
Levi.
—Lo que más me molesta es que estuviste en un lugar tan malo
que tuviste que tomar una oportunidad con alguien al que no puedes
soportar. Eso no es como eres tú en absoluto.
—Quería que fueses tú —murmuró Levi—. Fue lo único en lo que
pensé después.
Dominic lo besó, lento y dulce. Levi exhaló un suspiró tembloroso
cuando sus labios se separaron.
—¿Todavía quieres…? —Levi no pudo terminar la pregunta, sin
saber si se refería a tener sexo o algo mucho más cargado… volver a estar
juntos.
—Lo hago si tú lo haces.
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Levi miró el pene desinflado de Dominic y arqueó una ceja.
Sonriendo, Dominic acercó la mano de Levi a su carne floja, que comenzó
a animarse en cuanto lo acarició.
Como Levi también había perdido su erección, pasaron unos
minutos besándose y masturbándose, esforzándose por recuperar el
estado de ánimo de unos minutos antes. Aunque no pasó mucho tiempo
hasta que ambos estaban ansiosos por volver, la vibra era diferente.
Dominic estaba demasiado callado, sus movimientos rígidos, su toque
cuidadoso no tenía nada que ver con su habitual agarre exigente.
Después que se puso un condón, instó a Levi a ponerse de espaldas
otra vez, pero él negó con la cabeza y se puso de costado.
—De esta manera. Como estábamos antes.
Dominic se puso detrás y Levi levantó su pierna superior para
facilitar el acceso. Pero entre la preparación demasiado apresurada y la
tensión adicional que había superado a Levi después de su confesión,
Dominic solo pudo meter la cabeza de su polla en el interior antes que el
cuerpo de Levi se apretara y rechazara la entrada.
Dominic presionó unos centímetros hacia adentro y hacia afuera,
burlándose del agujero de Levi, que por lo general lograba el truco en
aproximadamente un minuto. Esta vez, sin embargo, no importaba cuán
profundamente respirase Levi o qué tan deliberadamente se presionará,
su culo permanecía cerrado para todo el asunto.
—Levi a menos que realmente solo quieras la punta, tienes que
relajarte.
No podía. Pensó que habían pasado demasiado rápido de lo
Sawyer, que eso estaba flotando sobre sus cabezas como un yunque que
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podía aplastarlos en cualquier momento, y odiaba que tuvieran que usar
un condón cuando sabía cuánto prefería Dominic joderlo a pelo.
Demonios, él prefería enormemente lo mismo.
—¿Por qué no estás más molesto? —espetó sin pensar.
Dominic se quedó quieto con la cabeza de su pene acurrucada
dentro del culo de Levi.
—¿Qué?
Levi se giró para mirar hacia atrás; la posición lo empujó un poco
más hacia el pene de Dominic y los hizo gruñir a ambos.
—Te dije que tuve sexo con alguien más, y tú solo... lo aceptaste.
—¿Qué quieres que haga? —Dominic se retiró y luego volvió a
meter la punta—. ¿Gritarte?
—Eso no es lo que quise decir. No sería justo que te enfades
conmigo. Pero puedo decir que estás reteniendo algo. Si estás celoso,
molesto o decepcionado, no tienes que ocultarlo. Me sentiría igual en tu
posición.
Dominic se quedó en silencio por un momento, continuando al
minuto su empuje.
—No voy a ser de ese tipo. Odias a los hombres así.
—¿Cuáles?
—Idiotas Neandertales que son todo territoriales y posesivos con
sus novios. No seré así.
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Asombrado, Levi soltó su pierna para apoyar su mano en la mejilla
de Dominic.
—Nunca podría pensar eso de ti. Hay una gran diferencia entre ser
un psicópata dominante y sentirse herido porque alguien a quien amas
ha tenido sexo con otra persona. —Cuando Dominic frunció el ceño, Levi
agregó—: ¿Cómo vamos a reconstruir nuestra relación si no puedes ser
honesto conmigo sobre algo tan importante?
—Bien —espetó Dominic con los dientes apretados—. ¿Quieres la
verdad? Saber que tuviste sexo con Sawyer me está volviendo
jodidamente loco. Pensar en sus manos sobre ti me pone enfermo.
Dominic rodó sus caderas, logrando hundir su pene un poco más
profundo. Levi jadeó y se volvió hacia el frente, agarrando su rodilla y
tirando de ella hacia sus costillas.
—No quiero que nadie más te vea así, que te toque de esta manera.
—La voz de Dominic, que ya era de un grave retumbar, fue aún más baja
de lo normal—. Imaginando su pene dentro de ti…
Levi se estremeció. Dominic estaba tan alejado del tipo de imbécil
que vigilaba celosamente su comportamiento y rechazaba violentamente
a los otros cerca de él que la idea era ridícula. Así que tal vez hacer esa
jugada no haría ningún daño, de hecho, podría ser bueno para ambos.
—El pene de Sawyer no era lo suficientemente grande.
Dominic gimió, sus caderas se sacudieron.
—¿No?
—No después de ti.
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—¿Sí? —El tono áspero y burlón de Dominic hizo que las mariposas
revolotearan en el estómago de Levi—. Mírate a ti mismo. Ni siquiera
puedes tomarlo.
Levi se humedeció los labios.
—Puedo si me obligas.
—Jesús, Levi. —La fuerte exhalación de Dominic le agitó el
cabello—. ¿Es eso lo que quieres? ¿Quieres que fuerce todo esto dentro
de ti hasta que estés lleno?
El gemido de respuesta de Levi sonó roto y necesitado.
—Sí. Hazlo.
Dominic empujó su pene tanto como había conseguido entrar, lo
que aún no era mucho, y levantó la pierna libre de Levi con la mano. Levi
se agarró al borde del colchón, gimiendo bajo y sin parar cuando Dominic
lo penetró con más fuerza, avanzando poco a poco, apenas retrocediendo
antes de volver a empujar hacia adelante. Aliviado que estuviera
actuando como lo hacía habitualmente, Levi descubrió que su cuerpo se
abría más fácilmente, y ahora que luchaba por aceptar la longitud grande
y rígida que lo invadía, fue emocionante en lugar de frustrante.
—Este pene te arruinó, ¿eh? —La excitación en la voz de Dominic
avivó las llamas de la propia lujuria de Levi—. ¿Ahora no puedes estar
satisfecho con nada menor?
—Mm-hmm. —Levi no pudo decir nada más que eso; todavía tendía
a negar que era una reina de la talla, a pesar que tanto Dominic como él
sabían que era una mentira endeble.
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Porque él adoraba lo grande que era el pene de Dominic. Amaba
cómo se sentía dentro de él, la forma en que lo enraizaba tan firmemente
que no podía concentrarse en nada más allá que el momento presente.
Incluso ahora, temblaba por el placer de la abrumadora incursión.
—Dios, la mitad de las veces, joderte es como meterse en un virgen.
—En el siguiente empuje Dominic se envió casi hasta las bolas—.
Reventar esa cereza apretada una y otra vez.
Levi dejó escapar un grito silencioso, su rostro se sonrojó cuando
una emoción cálida y dulce de vergüenza lo recorrió. Su agujero se aflojó,
permitiendo a Dominic deslizar esos últimos centímetros a casa.
—Eso es. —Capaz de moverse libremente, Dominic meció sus
caderas, jodiendo a Levi a un ritmo constante—. Eso se siente tan bien,
cariño… —Pero luego sus empujes flaquearon—. Lo lamento, me olvidé…
—Está bien. —Levi se estiró hacia atrás para pasar su brazo
alrededor del cuello de Dominic—. Dilo. Quiero que lo hagas.
Presionando un beso en la parte superior del brazo de Levi,
Dominic reanudó su ritmo.
—Te sientes tan bien a mi alrededor, cariño —susurró al oído de
Levi, como si fuera un secreto, lo cual era, en cierto sentido. Levi nunca
había dejado que nadie más lo llamara así.
El término cariñoso hizo gemir a Levi, que a su vez provocó un
gemido ronco en la garganta de Dominic. Levi echó la cabeza hacia atrás
para que pudieran besarse mientras jodían.
En esta posición acostada de lado, Dominic no podía ir tan
profundo sin ir lento, para lo que ninguno de los dos estaba de humor.
Cuanto más aceleraba Dominic, más se reducían sus embestidas, pero el
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ángulo le permitía apuntar infaliblemente a la próstata de Levi, friendo
su sistema nervioso con pura felicidad eléctrica.
Levi apartó la boca de la de Dominic, respirando jadeos
desgarrados. Dio a su propia erección unos cuantos jalones suaves, luego
arrastró los dedos hacia abajo para explorar el lugar donde Dominic lo
estaba extendiendo, llenándolo, completándolo.
—Aquí es donde perteneces. Muéstrame lo feliz que eres de volver
a donde se supone que debes estar.
La mano de Dominic se apretó en la rodilla de Levi.
—Quiero escucharte gritar.
—Entonces tendrás que trabajar más duro que esto.
Dominic enganchó su brazo alrededor del muslo de Levi y se lanzó
a un vigoroso asalto de fuego rápido que hizo que Levi gritara de sorpresa
y aprecio. Levi frenéticamente tiró de su propio pene mientras Dominic le
martilleaba, devastando su cuerpo con un placer tan intensamente
enfocado que pensó que podría desmayarse.
Y él grito… siempre lo hacía con Dominic, el éxtasis era demasiado
abrumador para ser contenido o suprimido. Sus gritos rebotaron en las
paredes, sus dedos de los pies se retorcieron, sus músculos se tensaron
y las extremidades se le cubrieron de piel de gallina.
Levi colgó suspendido por un momento del borde del clímax, su
mano volando sobre su pene, antes que su orgasmo estallara a través de
él dejándolo en relucientes fragmentos. Todavía estaba temblando y
convulsionando alrededor del pene de Dominic cuando este lo puso boca
abajo, moviéndose para nunca retirarse completamente. Dominando los
muslos de Levi con los suyos y curvando sus manos debajo de sus
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hombros para apalancarse, Dominic lo sujetó contra la cama con su peso
y lo atacó como un animal en celo.
Levi ahogó un grito en la sábana, luego volvió su rostro hacia un
lado para que poder respirar. Siempre le gustaba que lo jodiesen después
de venirse, especialmente por el enorme pene de Dominic, que provocaba
una reacción en cadena de réplicas en su cuerpo sensibilizado.
Dominic lo conocía bien, y no se estaba conteniendo. El golpe
obsceno de sus caderas rebotando en su culo competía con el chirriante
colchón y la cabecera golpeando contra la pared. Él gruñó y maldijo, su
pene se hundió más profundamente en Levi, tan profundo que Levi cerró
los puños en la sábana de abajo con la suficiente fuerza como para
arrancar las esquinas del colchón.
—Jódeme... jódeme… —recitaba Levi, apenas consciente de lo que
estaba balbuceando. Estar sometido a Dominic en un frenesí primordial
de lujuria nunca dejaba de hacerle perder su maldita mente—. Jódeme
con ese pene monstruoso, Dios, eres una maldita bestia, nadie me ha
jodido nunca como tú...
Con un grito gutural, Dominic enterró su pene en el culo de Levi y
lo molió en círculos desesperados mientras se corría. Cuando terminó,
gimió como un hombre moribundo y se desplomó sobre la espalda de
Levi.
Levi hizo un ruido estrangulado. Dominic había estado apoyando
algo de su propio peso sobre sus codos, pero ahora sentía que estaba
siendo aplastado debajo de una estatua de mármol.
—No puedo respirar —exclamó él, enviando un codo descoordinado
al costado de Dominic.
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Dominic se levantó sobre sus manos y se retiró con cuidado. Levi
hizo una mueca, pero incluso la sensación incómoda no pudo hacer mella
en su resplandor. Su cerebro estaba empapado en tantos productos
químicos para sentirse bien en este momento que bien podría haber sido
apedreado y no darse cuenta.
—Hay una ventaja de usar un condón. —Dominic se movió hacia
un lado, quitando el látex de su pene—. Limpieza más fácil.
Levi se puso de espaldas y miró expresivamente a Dominic donde
su propia corrida manchaba su vientre. Dominic lo había hecho rodar
sobre el lugar húmedo.
—O no —dijo Dominic con un toque de vergüenza—. Espera.
Tiró el condón y sacó un paquete de toallitas húmedas de la mesa
de noche. Mientras Dominic lo limpiaba a él y a la cama, Levi esparcía
besos por la piel que se acercaba a su boca, tan satisfecho que casi estaba
ronroneando.
Dominic tiró de la sábana inferior para colocarla en su lugar, y en
el momento en que se acostó, Levi se acurrucó a su alrededor y apoyó la
cabeza en su pecho. Dominic lo abrazó, acariciando una mano arriba y
abajo de su espalda. Permanecieron así durante mucho tiempo,
disfrutando de la alegría de la presencia del otro mientras su respiración
se estabilizaba y sus latidos se hacían más lentos.
Dominic fue el primero en romper el silencio.
—Podemos hacer esto, ¿verdad?
Levi apoyó la cabeza en el hombro de Dominic para mirarle la cara.
—No será fácil.
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—No quiero lo fácil. —Con los labios curvados, Dominic trazó su
pulgar a lo largo de la mandíbula de Levi—. Te quiero a ti.
Levi lo empujó, Dominic tomó represalias, y su lucha se convirtió
rápidamente en un juego de lucha libre que terminó con Levi tendido
sobre el cuerpo de Dominic y ambos jadeando.
—Te amo —declaró Dominic, mirando a Levi con ojos suaves.
Levi sonrió.
—Yo también te amo.
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Capítul♠ 20
—Creo que te debo una disculpa —exclamó Sawyer, sentado frente
a Levi en el escritorio de su oficina.
—Hemos estado evitando exitosamente esta conversación durante
los últimos veinte minutos —respondió Levi—. No arruinemos todo ese
trabajo duro.
Sawyer apartó el expediente del caso de Levi.
—No debería haber dormido contigo. Estabas emocionalmente
vulnerable, y me aproveché de eso. Lo lamento.
Aunque Levi hubiera estado perfectamente feliz de seguir fingiendo
que su aventura de una noche nunca había ocurrido, si Sawyer insistía
en sacarlo, él se aseguraría que el asunto quedase resuelto para siempre.
—Te presioné para que durmieras conmigo.
—No tu…
—No reescribas la historia. Jugué con tu atracción hacia mí e
insinué deliberadamente que me pondrías en peligro si me dejabas solo
en ese bar. En todo caso, nos aprovechamos el uno del otro. Fue un error,
pero somos adultos y no hubo daño real. Vamos a dejarlo atrás y seguir
adelante.
Sawyer jugueteó con el borde de una pila de papeles.
—¿Tú ex estaría de acuerdo con eso ultimo?
Serie Siete de picas 4 ♠ 404 ♠
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—Oh, um… —Aclarándose la garganta, Levi se removió en su
asiento—. En realidad, ayer resolvimos volver a estar juntos.
Sawyer se echó hacia atrás, su rostro pálido.
—¿Él sabe acerca de…?
—Sí. —Levi observó la agitada postura de Sawyer y levantó sus
cejas—. Oh, vamos. ¿Qué? ¿Crees que Dominic va a cazarte y patear tu
trasero? Él no es de esa clase.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—No sé qué me hizo dormir con un hombre cuyo ex está construido
como un tanque y tiene un permiso para portar armas —murmuró
Sawyer.
Levi puso los ojos en blanco.
—No puedo creer que estés más preocupado por Dominic que por
lo que haría el Colegio de Abogados del Estado de Nevada si descubriesen
que tuviste sexo con un cliente.
—Pro bono no cuenta —soltó Sawyer con un guiño. Como ya era
su marca registrada, parecía que él había recuperado su compostura.
—¿Podemos terminar con esto, por favor? Tengo que recoger a
Adriana de su escuela en una hora.
Volvieron al caso y discutieron su próxima audiencia de Asuntos
Internos, la cual estaba programada para el viernes.
Serie Siete de picas 4 ♠ 405 ♠
Cordelia Kingsbridge Reyes muertos
—AI no tiene nada —argumentó Sawyer—. Tienes sólidas
cuartadas para varios de los asesinatos del Siete de Picas, más una
coartada para el asesinato del Capitán Sheppard en Filadelfia. Y
contamos con declaraciones juradas de media docena de personas que
demuestran que los Siete de Picas han estado atormentándote
psicológicamente durante casi un año, lo que hace que los recientes
asesinatos encajen perfectamente con su patrón de comportamiento
establecido. AI no tiene pruebas en las que basar el continuar con tu
suspensión, y menos aún para solicitar una orden de arresto contra ti.
—¿Y si por la presión el sheriff y el alcalde deciden lo contrario?
—Podríamos demandar. Entre otras cosas, tienes un sólido caso
por difamación de carácter.
—Ugh, no. —Levi agitó una mano—. No quiero atraer más atención
sobre mí.
—¿De verdad? ¿Después del fin de semana que acabas de
protagonizar? —Sawyer se rió ante el ceño fruncido de Levi—. No hay
razón para preocuparse. Ahora, si Boulder City hubiera decidido
presentar cargos, esa podría ser una historia diferente, pero AI no puede
traer tu pequeña aventura a la audiencia sin el apoyo de ellos. Todo lo
que tienes que hacer entre ahora y entonces es mantenerte fuera de
problemas. Sé lo difícil que es para ti, pero hazlo lo mejor que puedas.
Una vez que cerraron algunos detalles más, Sawyer acompañó a
Levi a las puertas del ascensor. Las elegantes oficinas de Hatfield, Park y
McKenzie apestaban a riqueza y ambigüedad moral, y Levi atrajo más
que su justa atención de los empleados y clientes presentes.
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—En la audiencia, déjame hablar todo el tiempo. No digas una sola
palabra. Los policías de AI intentarán embaucarte para que te incrimines,
son unas pequeñas comadrejas astutas.
—Dice el abogado defensor —replicó Levi.
Sawyer sonrió.
—Agradece conocer uno.
Levi le estrechó la mano, contento de haber dejado de lado la
incomodidad de su indiscreción con un mínimo de drama, y se dirigió a
la escuela de Adriana en Henderson.
En el bordillo, Adriana saltó al asiento delantero de su auto de
alquiler, llena de energía y parloteo. Dejó caer la mochila a sus pies
lanzándose inmediatamente dentro una historia sobre las complicadas
políticas sociales del tercer año.
Él escuchó sin interrumpirle mientras giraba el auto para regresar
a Las Vegas. Estaba tan animada que él odiaba arruinar su buen humor,
aunque eventualmente tendría que hacerlo.
De hecho, fue la misma Adriana quien abordó el tema. Cuando
finalmente a mitad de camino ella se detuvo para respirar, lo miró con
curiosidad y preguntó:
—Entonces… ¿Por qué quisiste llevarme en lugar de dejar que
Marcus me recogiera como lo hace siempre? Krav no abre hasta dentro
de par de horas.
—Necesitaba hablarte sobre algo en privado. —Levi flexionó sus
dedos alrededor del volante, manteniendo sus ojos en la carretera—. ¿Has
notado últimamente que algo extraño o fuera de lugar está sucediendo a
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tu alrededor? ¿Sientes como si estuvieras siendo observada o seguida,
recibiendo llamadas extrañas, escuchando interferencias en tu teléfono,
algo así?
Ella no respondió, así que él la miró de reojo. La joven exuberante
que había estado sentada en su asiento unos momentos antes había
desparecido, para ser reemplazada por un fantasma de piel grisácea, ojos
grandes y que no pestañeaba. El cambio fue tan profundo que dejó a Levi
sin palabras.
—Él me está buscando —susurró ella. Ella respiraba
superficialmente por la nariz.
—¡No! —Levi se maldijo cuando se dio cuenta de su error.
Encorvando sus hombros, llevó el auto al bordillo y se giró en su asiento
para mirarla—. No es por eso que pregunte, lo juro. Tu antiguo padre
adoptivo todavía está en Reno. No va a llegar a ti.
Ella sacudió la cabeza, irradiando un temor tan palpable que el
corazón de Levi latió con simpatía.
—Tú... puedes decirme si está aquí. No voy a enloquecer...
—¡Adriana! —Levi la miró a los ojos y esperó a que ella se enfocara
antes de continuar—. No estoy solo suponiendo. Yo lo vigilo. Sé que no
ha dejado Reno en meses.
—Tú... ¿Qué?
Él se encogió de hombros con timidez. Esto no era algo que hubiese
planeado contarle, pero era mejor eso a que ella tuviera un ataque de
pánico.
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—Tengo un contacto en la policía de Reno que me ayuda. Entre los
dos, no hay manera que ese hombre pueda venir a Las Vegas sin que yo
lo sepa.
Lo que no agregó fue que su amigo en Reno también se pasaba por
la antigua casa de Adriana de vez en cuando, y ocasionalmente
estacionaba su blanco y negro al otro lado de la calle durante varias
horas. Con algo de suerte, el monstruo que había abusado de Adriana
estaría demasiado intimidado como para poner las manos en los niños
que todavía estaban bajo su cuidado.
Adriana abrió la boca, pero parecía haberse quedado sin palabras.
Parte del color volvió a sus mejillas.
—Entonces, ¿por qué preguntaste todas esas cosas raras?
Bueno, no iba a obtener la información que necesitaba siendo vago.
Aunque no podía decirle a Adriana toda la verdad, al menos podía
compartir las partes más relevantes.
Eligio sus palabras cuidadosamente.
—Lo que voy a decirte es algo que solo tú, Dominic, y yo sabremos,
¿de acuerdo? Y tiene que quedarse así.
Ella asintió.
—Hace unos días los Siete de Picas hicieron que alguien me
contactara haciéndose pasar por ti.
—¿Te enviaron un mensaje de texto que parecía que venía de mi
número?
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—No. Esta persona me habló por teléfono usando algo que sonaba
como tu voz. No tuve idea que no eras tú hasta más tarde.
Sus cejas se alzaron.
—¿Eso es posible?
—Con ciertos programas sofisticados de computadora, sí, y los
Siete de Picas tienen un genio trabajando con ellos. Pero esos programas
requieren de una larga muestra de la voz del objetivo para enseñarle a la
computadora cómo imitarla. Me preocupa el cómo los Siete de Picas
obtuvieron eso de ti, si te han estado grabando de alguna manera,
molestándote en casa o en la escuela…
Su voz se apagó. Adriana había bajado la cabeza mientras él
hablaba, pero ahora, cuando levantó su rostro, sus ojos brillaban.
—¿Qué? —La piel de Levi escoció con temor.
Ella rebuscó en su mochila para recuperar su teléfono, abrió la
pantalla y se la entregó. Él se encontró mirando su registro de llamadas
recientes. Intercalados entre su propio nombre, el de los Anderson, y los
de sus amigos había regulares llamadas entrantes desde un número
bloqueado.
—Los Siete de Picas me llaman algunas veces.
Con el corazón en la garganta, Levi verificó los detalles de cada una
de las llamadas, una tras otra, esperando ver longitudes de diez o quince
segundos, tiempo suficiente para que Adriana se diera cuenta de quién
estaba en el otro extremo y colgara.
Treinta y dos minutos. Veintisiete. Cincuenta y cinco.
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—Las llamadas comenzaron un par de meses después que me
mudé con los Anderson —continuó Adriana mientras Levi miraba su
teléfono con horror—. Al principio solo les dije que se fueran al infierno,
pero siguieron llamando y... ellos me escuchan.
Pulsó el botón para apagar la pantalla, sin poder aguantar la
imagen de las llamadas por más tiempo.
—¿Acerca de qué?
—Acerca de él. —Ahora las lágrimas corrían por las mejillas de
Adriana, aunque no estaba sollozando—. No puedo ser sincera contigo ni
con Natasha al respecto, en realidad no. Ambos tienen esa mirada en sus
ojos cuando hablo de querer herirlo, como si pensaran que hay algo malo
en mí. Los Siete de Picas lo entienden. Saben por qué lo quiero muerto.
—Entiendo, sabes que yo...
—¡Esos hombres no te violaron!
Su grito hizo eco a través del coche. Levi se echó hacia atrás.
Ella limpió con los talones de sus manos sus mejillas húmedas.
—Lo lamento, Levi. Lo que te sucedió fue horrible, pero no fue lo
mismo. Tú no lo entiendes.
—Tienes razón —susurró él—. Lo lamento.
—Le pedí a los Siete de Picas que lo mataran.
Levi se aferró al borde de su asiento.
Levantando la barbilla, Adriana lo miró como si lo desafiara a
regañarla.
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—Dijeron que querían hacerlo, pero que no pueden en este
momento, porque llamarían la atención sobre el hecho que se han estado
comunicando conmigo. Pero un día lo matarán y yo no lo lamentaré.
Estaré agradecida.
—Adriana… —Tragó saliva—. Sé que la idea de deshacerse de gente
así es muy tentadora. El sistema que tenemos no es perfecto. La gente se
sale con la suya haciendo cosas malas todo el tiempo, y es horrible y
frustrante. Pero el asesinato por parte de un vigilante no es la respuesta.
—¿Por qué no? Si matar a ciertas personas hace del mundo un
lugar mejor, ¿Por qué estaría mal?
—Porque ninguna persona debería tener tanto poder. A ningún ser
humano se le debe permitir juzgar a otros, decidir su castigo y llevarlo a
cabo por sí mismo. Hay una razón por la que nuestros jurados tienen
doce miembros.
Frunciendo el ceño, ella volvió la cabeza para mirar por la ventana.
Por lo que podía ver de su rostro, se dio cuenta que su argumento había
golpeado algo.
—Es posible que los Siete de Picas se preocupen verdaderamente
por lo que te sucedió. —Levi colocó su teléfono en la consola central—.
Pero no es por eso que se han estado comunicando contigo. Sabían que
podían usarte contra mí, y se aprovecharon de eso. Se aprovecharon de
ti.
Adriana esnifó.
—Estoy tan harta de tener miedo, ¿sabes?
Él inclinó la cabeza. Ella era fuerte, y tenía fe en que lograría
superar esto, que tendría un brillante y próspero futuro por delante. Pero
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en este momento, no había nada que él pudiera decir para que ella se
sintiera mejor.
Adrianna tomó algunas respiraciones temblorosas, frotándose la
nariz y la boca.
—Hay servilletas en la guantera —señaló él sabiendo que ella no
querría que se metiera en su espacio personal.
Ella recuperó las servilletas y se sonó la nariz.
—No tenía idea que usarían nuestras conversaciones para
engañarte o lastimarte. Nunca habría hablado con ellos si lo hubiera
sabido.
—Lo sé. Y todo salió bien. No tienes que preocuparte por eso.
—No volveré a hablar con ellos. —Ella se mordió el labio,
metiéndose las servilletas en el puño—. Aunque supongo que ya
obtuvieron lo que querían de mí. Así que ya no me llamarán, ¿verdad?
—Probablemente no.
Suspirando, metió las servilletas en un bolsillo lateral de su
mochila.
—¿Vas a contárselo a alguien?
—No. —Apoyó su mano en el espacio entre sus asientos, lo
suficientemente cerca para llamar su atención, pero no lo suficiente como
para tocarla—. Quise decir lo que dije antes, esto tiene que ser un secreto.
Lamento no poder explicarte por qué, pero es muy importante que nunca
le cuentes esto a nadie más. De hecho, creo que deberías eliminar esas
llamadas de tu teléfono.
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Aunque claramente sorprendida, abrió su teléfono y comenzó a
hacerlo sin discutir. Seguro que ella no estaba al borde de un ataque de
pánico, Levi se unió al flujo de tráfico en la carretera.
—¿Quieres pasar de Krav hoy? —le preguntó él después de unos
minutos de conducir en silencio—. Podríamos ir a ver una película o algo
así.
—Claro, suena bien. —Unos segundos más tarde, y en voz mucho
más baja, ella musitó. —¿Estás enojado conmigo?
—No. —Él habló con firmeza, por lo que ella no tendría razón
alguna para dudar de su convicción—. No hiciste nada malo. Estoy
enojado con los Siete de Picas.
Adriana se desplomó en su asiento, pareciendo mucho mayor que
sus dieciséis años.
—Yo también.
***
Con la bendición de McBride, Dominic se había tomado toda la
semana libre para juntar su mierda, las palabras de ella, no las suyas.
Había ido todos los días a las reuniones de Jugadores Anónimos, algunos
días a dos o tres, y había aceptado la oferta de un viejo conocido para
patrocinarlo. Natasha también lo había remitido a un trabajador social
clínico que se especializaba en trastornos del juego, y ya había concertado
una cita para la próxima semana.
Cinco días después, todavía estaba libre de apuestas, pero las
ansias eran incluso peores que la última vez que había pasado por esto
y la abstinencia era una perra. Su estado de ánimo se movía rápidamente
entre los extremos. Su estómago se revolvía en una constante náusea de
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bajo grado. Había tenido un constante y persistente dolor de cabeza
desde el lunes por la noche.
Podría haberse bajado del tren, si no fuera por el hecho que Levi se
estaba quedando temporalmente en su departamento. Debido a la
suspensión, los dos habían podido pasar la mayor parte de la semana
juntos, reconectándose y reparando su relación. No dolía que nadie
hubiera sido tan bueno como Levi para distraerle de sus impulsos de
juego.
El viernes, Dominic planeaba ir a la subestación para la audiencia
de Levi en AI, no solo como apoyo emocional, sino también como ayuda
si las cosas se desviaban. Sin embargo, eso no era hasta el final de la
tarde, y Levi se había ido para tratar con su ansiedad en privado bajo el
delgado pretexto de hacer diligencias, lo que dejó a Dominic con un
peligroso tiempo libre para llenar.
El ejercicio había sido una de las mejores ayudas para su
recuperación la primera vez, por lo que ahora busco refugio en él. Fue al
gimnasio con Carlos para un circuito de cuerpo completo, luego recogió
a Rebel y la llevó a su carrera regular de ocho kilómetros a través del
campus de UNLV. De regresó en casa, salió adolorido de la ducha y en
un mejor estado de ánimo, pero una vez más con tiempo libre.
Mientras vagaba por la cocina, buscando algo que le distrajera de
sus crecientes ansias, sus ojos se posaron en una tarjeta de visita que
estaba en el refrigerador. Lo primero que hizo el martes fue sentarse con
un asesor de crédito en una empresa sin fines de lucro que se dedicaba
a la gestión de deudas para inscribirse en un plan de gestión de todas las
suyas. Eso implicaba entregar todas sus deudas de las tarjetas de crédito
y préstamos personales al DMP; haría pagos regulares a la compañía, que
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a su vez distribuiría los fondos a sus diversos acreedores y ayudaría a
mantenerlos alejados de su espalda.
Hacer eso significó cancelar todas sus tarjetas de crédito, que era
algo que debería haber hecho años atrás. También había destruido su
tarjeta de débito y todos sus cheques personales. Ahora, si quería dinero,
tenía que ir físicamente al banco para retirarlo en efectivo.
Su consejera de crédito, Sandra Delaney, había dicho que lo
contactaría dentro de un par de días para discutir la posibilidad de
negociar tarifas más bajas y tasas de interés con sus acreedores, pero
aún no había tenido noticias de ella. No estaría mal tomar la iniciativa.
Agarró la tarjeta de la nevera y marcó su celular mientras
caminaba hacia la sala de estar. Delaney respondió después de unos
pocos timbres.
—Hola, soy Dominic Russo. Estoy llamando para hacer una cita de
seguimiento.
Hubo un breve silencio sobre su final.
—Lo siento, ¿una cita para qué?
—Usted mencionó que había posibilidad de convencer a algunos de
mis acreedores para que redujeran sus tarifas ahora que estoy en un
DMP.
—Bueno, sí, pero ya que la deuda ha sido pagada, ya no hay nada
que discutir.
Dominic se congeló a medio paso.
— ¿La deuda ha sido qué?
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—El pago que envió ayer redujo a cero su saldo —informó ella—.
La cuenta ha sido cerrada.
Él se sentó fuerte sobre el sofá. Rebel levantó la cabeza del hueso
de cuero crudo que había estado mordiendo y él le rascó las orejas.
—No hice eso —dijo él débilmente—. Debe haber algún error.
Después de un estallido de rápido tecleo, Delaney tarareó su
desacuerdo.
—Estoy mirando el historial de su cuenta en este momento. El pago
se realizó ayer cancelando su totalidad.
Acunó su cabeza en una mano, incapaz de procesar siquiera lo que
ella estaba diciendo. Debía más de cien mil dólares, y esa deuda acababa
de ser... ¿Borrada? ¿Cómo era posible?
Su primer pensamiento ineludible fue que los Siete de Picas lo
habían hecho. Pero en este momento estaban furiosos con él. En todo
caso, seguramente estarían planeando su venganza.
—¿De dónde vino el pago? —preguntó.
—No puedo estar seguro. Fue hecho por cheque de caja del Wells
Fargo. Simplemente asumí que usted o un miembro de la familia lo
habían enviado.
Nadie en la familia de Dominic podría estar cerca de poder pagar
una suma tan grande.
Sólo había una persona que él sabía que podría.
***
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—¿Señor Russo? —llamó Bridget, la sensata mujer que custodiaba
el santuario interno de Stanton Barclay como si fuese Cerberus—. El
Señor Barclay le verá ahora.
Escoltó a Dominic a una oficina de esquina que era más grande
que todo su apartamento, con dos enormes paredes de cristal que
dominaban la energía frenética y reluciente de la Strip y más allá de ella
se extendía la ciudad. Barclay lo recibió a medio camino y le estrechó la
mano.
—Gracias por recibirme en tan poco tiempo —agradeció Dominic.
—Por supuesto.
Levi, quien había visitado a Barclay varias veces durante la semana
pasada, había mantenido informado a Dominic sobre su recuperación.
Barclay se veía mucho mejor desde el domingo, regresando a su apuesto
y elegante yo, pero Dominic notó el ligero encorvamiento en sus hombros,
cómo su mirada escudriñaba constantemente la habitación, su
estremecimiento pronunciado cuando Bridget cerró la puerta. El trauma
de su secuestro lo había marcado de una manera más sutil que su ojo
perdido.
En lugar de llevar a Dominic al escritorio, Barclay le mostró unos
acogedores sofás de cuero agrupados alrededor de una mesa de centro
de cristal.
—¿Cómo se siente? —preguntó Dominic cuando se acomodaron.
Barclay llevaba un parche negro sobre su ojo izquierdo, debajo del
cual se veían los bordes blancos del vendaje.
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—Tan bien como se puede esperar, dadas las circunstancias. —
Puso sus dedos debajo del ojo—. Se colocó un implante ocular, pero
pasarán unos meses antes que pueda obtener la prótesis.
—Honestamente, creo que podría mantener todo el aspecto del
parche en el ojo. Funciona en usted.
Barclay se rió entre dientes.
—¿Qué puedo hacer por usted, Señor Russo?
Tomando una página del libro de Levi, Dominic eligió la franca
honestidad sobre el tacto.
—Usted pagó toda mi deuda.
—Eso no suena como una pregunta.
—No lo fue —dijo Dominic encogiéndose de hombros—. No hay
alguien más que pudiese haberlo hecho. Excepto tal vez los Siete de Picas,
pero ellos no están muy contentos conmigo en este momento.
Lanzándole una mirada cautelosa, Barclay preguntó:
—¿Está aquí para insistir en que retire el dinero? Porque eso no es
posible...
—Mierda, no. —Dominic levantó las manos—. Tengo orgullo, pero
no soy un idiota.
—¿Entonces por qué está aquí? —El tono de Barclay contenía un
desconcierto educado.
Dominic se inclinó hacia delante y apoyó los antebrazos en las
rodillas.
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—Si usted fuese otra persona, creería que lo hizo para intentar
recuperar a Levi. Pero lo conoce demasiado bien para pensar que eso
funcionaría.
Una sonrisa melancólica cruzó la cara de Barclay.
—Cierto. El dinero nunca ha sido la clave al corazón de Levi.
—¿Por qué lo hizo entonces?
—¿La gratitud no es motivo suficiente? Después de todo, salvo mi
vida y, lo que es más importante, protegió a Levi. Si no fuera por ambos,
probablemente en este momento estaría muerto.
Dominic inclinó la cabeza, no se lo compraba. Había muchas
maneras en que Barclay podría haberle agradecido y que no involucraría
perder cien de los grandes, menos anónimamente.
Como si sintiera su incredulidad, Barclay se aclaró la garganta y
se alisó un pliegue en los pantalones.
—Todavía estoy enamorado de Levi.
—Lo sé —afirmó Dominic en voz baja.
—Cuando amas a alguien, cuando realmente lo amas, su felicidad
es lo más importante del mundo para ti, incluso más que la tuya. Cuando
estaban juntos, Levi estaba más feliz de lo que nunca había estado
conmigo. Cuando se separaron, él estaba devastado de una manera que
nunca había visto. Y ahora que están juntos otra vez... —Los labios de
Barclay se curvaron—. Bueno, él tiene cuidado con lo que dice frente a
mí, pero puedo decir que está muy feliz. Tú eres a quien él quiere. Respeto
eso.
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—¿Pero?
—Pero deudas como la tuya son tóxicas. Incluso si nunca volvieses
a recaer durante toda tu vida, te hubieran ahogado. Habrían envenenado
tu relación, y Levi se merece algo mejor que eso. Se merece la oportunidad
de un futuro real sin que las deudas de su compañero lo arrastren hacia
abajo. —Suspirando, Barclay hizo un gesto de impotencia con ambas
manos—. Eso es lo único que podía darle, así que lo hice.
Dominic se enderezó, asombrado por esta revelación. Reconocer
que la persona a la que amas estaba enamorada de otra y aceptarlo con
gracia era una cosa, ¿pero ayudar a esa relación deliberadamente para
asegurar la felicidad de esa persona a expensas de la tuya? No podía
imaginar lo que le habría costado emocionalmente a Barclay hacer tal
sacrificio.
—Gracias. —Su voz estaba llena de emoción—. Sé que hizo esto por
Levi, pero no tiene idea de la diferencia que hace para mí, la manera tan
completa en que ha cambiado mi vida. Quiero que sepa que estoy
dedicado a él y a mi recuperación. No le faltaré el respeto al regalo que
me ha dado. A nosotros.
—Eso es todo lo que pido —vaciló Barclay—. Aunque... Supongo
que no tiene sentido pedirle que no le diga lo que hice.
—No, lo lamento. Incluso si no le hubiera prometido no mentirle
más, no podría ocultarle esto. Tan pronto como descubriera que mi deuda
ha sido liquidada, se daría cuenta que fuiste tú tan rápido como yo lo
hice. —Estudiando a Barclay más de cerca, Dominic agregó—: Puedo
decirle que prefiere no hablar con él al respecto.
—Gracias —la voz de Barclay sonó aliviada.
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Sin querer quedarse demasiado tiempo, Dominic se puso de pie.
Barclay siguió su ejemplo, y se dieron la mano una vez más.
—Sé bueno con él.
Dominic asintió, le agradeció a Barclay de nuevo y salió de la
oficina, cada paso más ligero que el anterior.
Había vivido bajo una deuda aplastante durante tanto tiempo que
la realidad de estar libre de ellas aún no le había golpeado por completo.
Sin embargo, no había estado exagerando cuando dijo que Barclay había
cambiado su vida para siempre. Si bien su crédito tardaría años en
recuperarse, le dio el mejor comienzo posible. Los errores de su pasado
todavía pesaban sobre sus hombros, pero ya no respiraban tan
ardientemente sobre su cuello.
Alentado por la brillante y pura esperanza que brotaba en su
pecho, Dominic se dirigió a la subestación de Levi.
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Capítul♠ 21
—Llegas temprano —dijo Martine cuando Levi entró en el bullpen
lleno de gente.
—Quería registrarme primero. —También se había quedado sin
cosas que hacer para distraerse de su inminente audiencia, pero no
quería admitirlo.
Su escritorio estaba limpio y vacío de todo menos su computadora,
apagada en su ausencia. Se sentó, ignorando las muchas miradas y
susurros dirigidos hacia él. ¿A quién le importaba lo que estas personas
pensaran? No iba a dejar que los pequeños chismosos se metieran bajo
su piel.
Sin embargo, el hecho que tenía que llevar una insignia de visitante
en su propia subestación era irritante.
Martine frunció el ceño.
—Sabes que no puedo compartir detalles de las investigaciones en
curso con un oficial suspendido.
—Oh. —Por supuesto. ¿No había tenido ese mismo pensamiento
después de haber sido retirado del equipo de trabajo del caso Siete de
Picas no queriendo ponerla en problemas? Frustrado, comenzó a
levantarse—. Lo siento, yo…
—¡Estoy bromeando! —Ella le hizo un gesto para que se sentara—
. Vamos, sabes que me importa una mierda eso.
Él resopló y se hundió de nuevo en su silla.
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—Graciosa.
Esta no era la primera vez que hablaban esta semana. Habían
estado enviándose mensajes de texto como de costumbre, y se habían
reunido el miércoles para un largo almuerzo privado, durante el cual él
le había contado la verdad absoluta acerca del rescate de Stanton,
aunque nada sobre los eventos de la mañana siguiente. Pero durante
todas sus conversaciones, habían evitado hablar sobre el trabajo y se
apegaban a temas personales.
—El homicidio de Buckner y los secuestros asociados, asaltos y
mutilaciones han sido en su mayoría esclarecidos. —Martine sacó una
gruesa carpeta de una pila de su escritorio y la abrió—. Todos los
secuestradores que Dominic y tú rastrearon están detenidos sin derecho
a fianza en el CCDC, al igual que Charles Graham, ahora que fue dado
de alta del hospital. No sabemos cuál de ellos mató a Buckner y no están
hablando, pero debido a que su muerte ocurrió durante la ejecución de
un secuestro en el que estaban todos involucrados, Leila los acusó a
todos de asesinato en primer grado.
Levi asintió. Teniendo en cuenta la gran cantidad de cargos graves
que enfrentaban y el peso de la evidencia en su contra, sería un milagro
si cualquiera de esos hombres escapaba de pasar el resto de su vida en
la cárcel.
—Nathan Royce fue liberado de la cárcel y todos los cargos
retirados.
Una pequeña misericordia, ya que toda la vida del hombre había
implosionado a su alrededor.
—¿Juliette? —indagó Levi.
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—Acusada por múltiples cargos de conspiración, pero ella negoció
una reducción de sentencia al declararse culpable y acordó atestiguar
contra Carolyn Royce.
—Pero Carolyn sigue desaparecida, ¿No es así?
—Sí —respondió Martine, cerrando la carpeta—. Pensamos que la
teníamos hace un par de días, pero su rastro se enfrió en una pequeña
ciudad costera de California. Hay una buena posibilidad que saliera del
país sin ser detectada. En cualquier caso, entregamos la investigación al
FBI, por lo que está fuera de nuestras manos.
Levi tamborileó sus dedos contra el escritorio. Odiaba los hilos
sueltos en una investigación, aunque eran una realidad inevitable de la
aplicación de la ley.
—Lo que realmente me extraña es que nadie ha sabido nada de los
Siete de Picas en casi una semana.
Levi se tensó, sus dedos se detuvieron.
—Bueno, todavía tienen a Scott West. —Martine se frotó la nuca—
. Después de todo el drama que crearon con los primeros tres tipos, creí
que estaban planificando un gran espectáculo final. Pero solo... ¿Nada?
¿Ni una palabra en absoluto? ¿No te parece extraño?
—Son asesinos en serie. Todo lo que hacen es extraño.
—Me refiero a que esta fuera de su carácter.
—Supongo. ¿Quién sabe qué sucede en la cabeza de esos
monstruos? —Levi lanzó una mirada a Martine para encontrarla
mirándola con desconcierto. No más había nada más anormal que el que
él no se preocupara por los Siete de Picas.
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Él aplastó su culpa por mantenerla en la oscuridad. Si hubiera sido
solo su secreto, se lo habría contado, pero él se llevaría la verdad de las
acciones de Dominic a la tumba.
Afortunadamente, fueron interrumpidos por la llegada de Terence
Freeman mientras él caminaba hacia sus escritorios contiguos.
—Abrams. Necesitamos empezar sin Montoya. Ella se retrasó en
otro caso.
—Bien —aceptó Levi, a pesar que se vio sacudido por la noticia.
Consideraba a Montoya un aliado, aunque discreta, y no le gustaba la
idea de proceder sin ella. Comprobando la hora en su teléfono, frunció el
ceño—. Sawyer debe estar retrasado.
—Bueno, averigua dónde está. Tengo planes para cenar.
Levi le estaba enviando un mensaje de texto a Sawyer cuando el
susurro en el bullpen, que se había apagado mientras él había estado
hablando con Martine, comenzó más descaradamente que antes. Levantó
la cabeza para ver a Dominic acercarse.
Aunque la mayoría de estas personas no habían estado presentes
la noche en que Levi había expuesto la adicción de Dominic, la noticia ya
se había extendido. Todos los que estaban aquí sabían que Dominic era
un jugador compulsivo, algo que le carcomería incluso aunque trajera
pegada una encantadora sonrisa y fingiera que no era gran cosa.
Excepto que no había nada forzado en la sonrisa en el rostro de
Dominic. Estaba brillando, caminando con un rebote en su paso,
rebosante de energía vertiginosa.
Dejando caer su teléfono en su escritorio, Levi se levantó para
reunirse con él.
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—Pensé que no vendrías hasta más tarde.
—Tenía una cita en la Strip, y no tenía sentido ir a casa solo para
volver hasta aquí. —Dominic saludó a Martine y luego a Freeman—. ¿Aún
no han comenzado?
—Esperamos a Sawyer.
—Bien. Necesito decirte algo.
Dominic tomó la mano de Levi y lo llevó a un lado. Intrigado, Levi
le siguió sin resistencia. Lo que sea que fuera debía ser una buena
noticia; Dominic estaba actuando como Rebel cuando estaba a punto de
comer pollo.
—Nunca vas a creer esto —exclamó Dominic.
Cada computadora en el bullpen crepitaba con ensordecedora
estática, lo suficientemente fuerte como para ahogar toda conversación.
Segundos después, todos los monitores se volvieron negros.
La gente refunfuñaba confundida, el aire se llenó con el ruido de
los teclados y los ratones haciendo clic. Un escalofrío de premonición se
deslizó sobre la piel de Levi como un viento helado.
Contra la pared más alejada se encontraba un carrito de
computadora rodante con un enorme monitor de pantalla plana, utilizado
para presentaciones grupales y sesiones informativas. Este emitió una
explosión de estática que llamó la atención y luego mostró la imagen de
una habitación de motel insípida y vacía: paredes beige, colcha de flores
descoloridas, un paisaje insípido enmarcado en una madera rayada.
—Buenas tardes —saludó el Siete de Picas.
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Gritos de alarma sonaron en todo el bullpen. Levi agarró el codo de
Dominic, regresando a la horrorosa habitación y a la pantalla de
televisión donde los Siete de Picas los habían atormentado a ambos. Esto
no podía estar sucediendo de nuevo…
Dominic apoyó su mano sobre la de Levi y la apretó
tranquilizadoramente. A unos pocos metros de distancia, Martine
presionó la alarma silenciosa en el escritorio de Levi la cual alertaba a
todo el LVMPD de una comunicación entrante de los Siete de Picas.
—Me disculpo por perturbar su jornada laboral, pero ha llamado
mi atención que el Detective Levi Abrams haya caído recientemente bajo
sospecha de mis propios delitos.
Levi contuvo un giro de ojos. Había llamado su atención, claro,
como si ese no hubiera sido precisamente su objetivo todo el tiempo.
—Si me dan unos minutos de su tiempo, puedo refutar esa teoría.
Pero primero… ¿Detective Valcourt?
Martine, que había estado dirigiendo silenciosamente al personal
en el bullpen con gestos de sus manos y palabras insinuadas, se
sobresaltó.
—¿Sí?
—Por favor, escoja un número entre uno y cinco.
—Uh… ¿Cuatro?
Una gruesa mano enguantada extendió cuatro dedos delante de la
cámara. Varias personas se quedaron sin aliento; un oficial saltó de su
silla, la cual se deslizó hacia atrás sobre el linóleo y se estrelló contra el
escritorio detrás de ella.
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—Detective Freeman, la misma petición, por favor.
Sorprendido visiblemente al ser abordado por un asesino en serie,
Freeman vaciló por un momento antes de decir.
—Dos.
Los Siete de Picas repitieron su truco.
—Como pueden ver, es imposible que esto sea una grabación.
Detective Valcourt, ¿podría confirmar que el Detective Abrams está
físicamente presente en el bullpen en este momento exacto?
—Sí, está a solo unos metros de mí.
—Gracias. Vamos a empezar.
La cámara giró noventa grados para mostrar a una mujer
desplomada en una silla, era Carolyn Royce.
Exclamaciones de sorpresa e incredulidad se escucharon por toda
la sala.
—¡Averigua de dónde viene esa transmisión! —le susurró Martine
a un oficial uniformado, quien salió corriendo del bullpen como si su culo
estuviera en llamas.
Carolyn no estaba atada, pero no se movía más que para respirar
y ocasionalmente parpadear. Sus ojos vidriosos miraban hacia la nada, y
había una expresión vacía en su rostro. Seguramente había sido drogada
con ketamina.
—Ahora que la Señora Rivera ha sido liberada de las ataduras de
una burocracia inflada e inútil, se sorprenderían de lo rápido que puede
localizar a las personas que no quieren ser encontradas. Arrastrar a la
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Señora Royce de su escondite fue un poco más difícil, pero una de las
consecuencias de traicionar a todos a tu alrededor es que no hay nadie
para ayudarte cuando alguien como yo viene a llamar a tu puerta.
—Tenemos que detener esto. —Dominic le susurró a Levi.
—¿Cómo?
Martine dio un paso hacia el monitor.
—Así que tienes a Carolyn Royce. ¿Todavía tienes a Scott West?
Junto a Levi, Dominic contuvo el aliento y su cuerpo se puso rígido.
—¿Oh, él? —El Siete de picas respondió descuidadamente—. Trató
de escapar, así que tuve que dispararle en la cabeza. Una pena, porque
no era lo que había planeado, pero no tuve otra opción. De todas
maneras, se estaba volviendo aburrido.
Un escalofrío de sorpresa recorrió a Dominic, pero permaneció en
silencio. Martine era la única en el bullpen que parecía más confundida
que disgustada por este anuncio casual. Levi desvió sus ojos antes que
pudiera volverse hacia él, sabiendo que no sería capaz de disimular su
reacción lo suficientemente bien como para engañarla.
—Ahora, volviendo al asunto en cuestión, si hay alguien presente
que aún duda de la culpa de la Señora Royce, permítame tranquilizarlo.
La imagen cambio a una grabación en la que la cámara se
encontraba exactamente en el mismo ángulo y Carolyn estaba sentada
en la misma silla. La única diferencia era que, en la grabación, Carolyn
estaba despierta, alerta y atada a la silla por sus muñecas y tobillos. Se
sostenía erguida con la aterrorizada quietud de un animal acorralado por
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un depredador, mirando a alguien que estaba detrás y al costado de la
cámara.
—Sabes que esto no será admisible en ningún tribunal de justicia
—afirmó ella.
El Siete de Picas se limitó a reír, una áspera, misteriosa y
amenazadora risa traducida a través del aparato interferente de voz.
Carolyn palideció. Estaba temblando, pero mantuvo su barbilla levantada
mientras dirigía su mirada hacia la cámara.
—Nathan y yo nos casamos en nuestros veinte. Decidimos esperar
unos años antes de tener hijos, pero quedé embarazada
involuntariamente en el primer año de nuestro matrimonio. Nathan
quería que me hiciera un aborto. Me convenció que no estábamos listos,
que un niño en ese momento descarrilaría nuestras carreras,
especialmente la mía. Estuve de acuerdo.
Sus ojos por un momento se dirigieron hacia los Siete de Picas.
—Pero a medida que pasaron los años y él me dio una excusa tras
otra, me di cuenta que había más que el trabajo. Cuando lo confronté,
admitió que había mentido cuando nos comprometimos, no quería tener
hijos y nunca tuvo la intención de tenerlos. Se había casado conmigo con
falsos pretextos y me había convencido para que terminara lo que él sabía
muy bien que podría ser el único embarazo que hubiera tenido.
—¿Por qué no te divorciaste de él?
Con una sonrisa amarga, ella siguió.
—Pensé que todavía lo amaba. Y, de todas formas, creí que era
demasiado tarde. No quería tener un hijo por mi cuenta y tenía treinta y
cuatro años en ese momento. El tiempo que hubiera tomado comenzar
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de nuevo, encontrar a alguien, establecerse nuevamente… —Ella se
encogió de hombros miserablemente.
—Pero nunca lo perdonaste, ¿verdad?
—No. Después de eso, comencé a verlo bajo una luz diferente. Me
di cuenta de lo cobarde que era, de lo pusilánime, de lo egoísta. Él no
tiene principios. Lo único que le importa es su propia comodidad. Llegó
a disgustarme. ¡Y luego, no solo fue lo suficientemente estúpido como
para embarazar a su asistente de veinticuatro años, sino que tuvo el
descaro de tratar de hacerle a ella lo que me había hecho a mí!
—Tenías que castigarlo por eso.
—No podía soportar otro día con él. Había arruinado mi vida;
merecía que hiciera lo mismo. —El miedo de Carolyn se desvaneció
cuando se vio eclipsada por su furia, una rabia que, después de décadas
en una olla a presión de resentimiento y aversión, había envenenado su
mente. El odio por su marido enderezó su espina dorsal y fortaleció su
voz, transformándola de la víctima de los Siete de Picas a la despiadada
mujer que había arreglado un anillo de secuestro para vengarse del
hombre al que culpaba por toda una vida de decepción—. Además, me
debía un hijo. Era lo justo.
—Estoy de acuerdo. Traicionaste a tu esposo, pero él te traicionó
primero, y para ser franco, suena como un imbécil. Admiro la forma en
que armaste todo para que fuese derribado por su propia incompetencia
y egoísmo. La enucleación de las víctimas fue un poco exagerada, pero
decir eso podría ser hipócrita de mi parte.
Todo el foco de Carolyn estaba en la persona detrás de la cámara
ahora. Un pequeño rayo de esperanza brilló en sus ojos.
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—Pero le prometiste a una desesperada joven embarazada que la
protegerías, la cuidarías y luego la traicionaste dos veces. —El tono del
Siete de Picas se endureció abruptamente—. Siempre planeaste
secuestrarla y asesinarla una vez que obtuvieras lo que querías. Eso es
algo por lo que no puedes tener redención.
El terror de Carolyn volvió con fuerza. Su piel palideció. Sus manos
arañaron los brazos de su silla.
—¡No iba a matarla! Una vez que la niña y yo estuviéramos a salvo,
la habría dejado volver a su casa.
—Estás mintiendo.
Movimientos sonaron fuera de la pantalla. Carolyn chilló y
retrocedió en su silla tanto como sus restricciones lo permitieron.
—¡No, por favor! Por favor, no, no he visto sus rostros, no...
La grabación terminó y el monitor volvió al tiempo y espacio actual.
Carolyn derrumbada en su silla, drogada en una parálisis disociativa, a
la espera de su inevitable ejecución.
La cámara hizo zoom hasta que solo mostró su cabeza y cuello. El
Siete de Picas camino detrás de ella, no era más que una forma oscura y
sombría en el fondo. Esta vez, cuando extendió su mano, estaban
sosteniendo un cuchillo cuya maliciosa hoja brilló en la tenue luz.
Los ojos de Carolyn se movieron. Ella no podía moverse, pero
estaba despierta, y aunque sus pensamientos eran seguramente un
embrollo intoxicado, debió haber una parte que sabía lo que estaba
sucediendo. Sabía que estaba a punto de morir, y no que podía hacer
nada para evitarlo.
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—Oh, Dios mío, Levi —se quejó Martine. Todos los demás en el
bullpen parecían haberse congelado por el horror.
—¡Detente! —Levi trastabilló hacia adelante, dirigiéndose al
monitor. No estaba seguro si el Siete de Picas tenía ojos allí, pero
seguramente reconocería su voz—. No hagas esto, por favor. Solo déjala
donde está, escapen y luego díganme dónde encontrarla. Ella misma dijo
que no ha visto sus rostros. No tienen que matarla.
—Sé que no tengo que hacerlo. —El Siete de Picas colocó el cuchillo
en la garganta de Carolyn—. Quiero hacerlo.
—No lo hagas. Por favor. Has expresado tu punto de vista, no soy
el Siete de picas. Lo entendemos.
—Todo esto podría ser un acto —dijo el asesino, sorprendiendo a
Levi—. Mire a su alrededor, Detective. ¿Cuántas caras amigables ve?
Desconcertado, Levi escudriñó el bullpen y se dio cuenta que, a
excepción de Dominic y Martine, no había una sola persona presente a
quien pudiera llamar más que simple conocido, en el mejor de los casos.
En el peor, como Freeman, algunos eran inequívocamente hostiles hacia
él.
—Podría ser una de las personas leales a ti enviada aquí para fingir
que es el Siete de Picas, personas que no están en la habitación contigo
en este momento. Tú y yo podríamos haber ensayado esta escena por
adelantado. Si dejo las cosas en este punto, si permito que me convenzas
para que le perdone la vida, siempre habrá gente que crea que esto fue
montado. La única manera de limpiar verdaderamente su nombre es que
yo mate a la Señora Royce mientras sus colegas pueden ver que sus
manos están limpias.
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Si alguien realmente hubiera pensado eso, ahora no importaba. Al
presentar la posibilidad, el Siete de Picas se había asegurado de mostrarle
que había personas que si lo hacían. Levi podía verlo en sus caras.
—No me importa. Así no es como probamos la culpabilidad o la
inocencia. No quiero esto.
—Eso es muy malo. —Con un golpe rápido y limpio, él cortó la
garganta de Carolyn Royce.
Los gritos resonaron en todo el bullpen. Uno de los oficiales se
dobló y vomitó en un bote de basura. Varias personas más salieron
corriendo de la habitación, llorando y con náuseas. Martine se giró, las
lágrimas corrían por su rostro.
Dominic se acercó por detrás de Levi y le puso las dos manos en
los hombros muy probablemente para evitar que explotara en una furia
frenética.
Levi observó cómo la sangre brotaba de la garganta de Carolyn,
observó cómo la vida se le escapaba de los ojos hasta que todo lo que
quedaba era una cáscara sin alma. Estaba enojado, con los Siete de Picas
por perpetuar esta pesadilla, consigo mismo por no poder detenerlo.
Hubo un punto en el que su reacción a esto habría sido arrojar el monitor
al suelo y romperlo en pedazos. Pero mientras veía morir a Carolyn, una
nueva emoción brotó y eclipsó todo lo demás.
Desprecio.
—Son patéticos —escupió él.
Hubo un ruido en el monitor, luego un breve silencio.
—¿Le ruego me disculpe?
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Levi habló con una claridad de pensamiento que no había sentido
en meses.
—Finge que es un héroe en una misión por la justicia, retomando
donde la ley termina. Pero lo veo por lo que realmente es. Una persona
triste y vacía que está luchando por ganar atención de cualquier forma
en que pueda obtenerla.
Algunas personas detrás de él se quedaron sin aliento, pero Levi
no se giró.
—No les importa lo que han hecho las personas que asesinan. Es
solo la óptica, parte del juego que está o están jugando, la leyenda que
está tratando de crear. Estoy seguro que disfruta asesinando, pero es el
poder de tener a la ciudad en su poder lo que más ama. Quiere que las
personas le teman, estén aterrorizadas, creen que son más grandes que
la vida. Están constantemente en su propio drama, pero nunca es
suficiente, ¿verdad? Por eso tienes o tienen que seguir escalando, por qué
deben hacer que cada gesto sea más dramático y teatral que el anterior.
No importa cuánta atención reciban, nunca será suficiente para el vacío
que intentan llenar. Es patético.
El único sonido que venía de los Siete de Picas era su pesada
respiración.
—Ya no jugaré este juego —afirmó Levi calmadamente—. Pueden
ser inteligentes y hábiles, pero personas al fin, no un mito. Y como
cualquier persona, son falibles. Eventualmente, cometerán un error y les
detendré.
—Cuidado, Detective. —La voz alterada electrónicamente sonó en
un gruñido grave y áspero—. Si apuestas al caballo equivocado, puedes
perderlo todo.
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Esta vez, Levi no se molestó en ocultar el rodar de sus ojos.
—Síp, todo bien. Sé que disfrutan con las metáforas y juego de
palabras sobre el juego. Entonces… ¿Qué tal esto? —Se acercó al
monitor—. Al final del día, es simplemente otro chiflado homicida que
tiene una carta menos que un mazo completo. No hay nada especial en
ustedes. Cuando les encuentren, les encerrarán, perderán la llave, y la
única vez que alguien hablará de ustedes será cuando recuerden que
eran un ser humano enfermo, miserable y roto.
Pulsó el botón de encendido en el monitor. La pantalla se oscureció.
La mente de Levi estaba clara y resuelta. Los Siete de Picas había
mantenido la ventaja durante demasiado tiempo porque él se había
dejado desmoralizar por su mitología, porque había comprado la leyenda
de un cerebro esquivo y presuntuoso, como si su inteligencia y su
monstruosidad los hicieran sobrehumanos.
Pero el Siete de Picas era humano, asesinos humanos con
debilidades humanas.
Atrapar asesinos era lo que Levi siempre había hecho mejor.
—Entonces —Levi se volvió hacia un mar de rostros sorprendidos,
la expresión decidida de Martine, la sonrisa orgullosa de Dominic—.
¿Alguien más ha tenido suficiente de este hijo de puta?
Fin
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Staff
Soñadora
Debysg
Cazadora Final y Diseño
Lelu
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Próximamente
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Sobre la aut♠ra
Cordelia Kingsbridge tiene una maestría en trabajo social de la
Universidad de Pittsburgh, pero rápidamente descubrió que la práctica
directa en el campo no era para ella. Después de haber escrito novelas
como hobby en la escuela de postgrado, decidió centrarse en la escritura
como una carrera de tiempo completo. Ahora explora su fascinación por
el comportamiento humano, la motivación y la psicopatología a través de
la ficción. Sus puntos débiles incluyen pares de opuestos que se atraen.
Lejos de su escritorio, Cordelia es una fanática del fitness y puede
la puedes encontrar realizando entrenamiento de fuerza, ciclismo y
prácticas de Krav Maga. Ella vive en el sur de Florida, pero pasa la mayor
parte de su tiempo en el interior con el aire acondicionado en pleno
funcionamiento.
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