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Biblioteca Jurídica Online

Nueva legislación sobre los arrepentidos que no se arrepienten


Por Maximiliano Hairabedián (*)
“Cuando en el año 690 César ordenó comparecer ante su tribunal a los agentes de Sila, los
condenó a todos, excepto a Catilina, que era el más infame”[ 1] .

¡.Introducción

La historia de los delatores es tan antigua como la civilización, al igual que las calumnias
einjusticias que han ocasionado, y el desprecio social. “Que nadie tenga que sufrir como asesino,
ladrón, malhechor o delator” consta en la biblia (Pedro 4:15)[2]. En Grecia, en el Siglo V A.C. se
conocía como “sicofante” a quienes denunciaban a otros por dinero, lo que daba lugar a muchas
acusaciones falsas. En Roma, el término también se usó en un tiempo para referirse a los que
hacían espionaje externo, como los oficiales enviados a Grecia; en este caso era de connotación
neutra (no despectiva), pero sobre todo a partir de la descripción que hace Tacitus de Caepio
Crispinus ya surge la categoría social negativa del arquetípico delator, como feroz oportunista,
inescrupuloso, ambicioso, etc[3]. El odio o desprecio popular hacia los delatores no reconoció
épocas ni civilizaciones[4]. En el proceso de la inquisición tenían particular inserción los llamados
“familiares del Santo Oficio”, suerte de espías secretos que cobraban por las delaciones y obtenían
otros beneficios como prebendas, “limpieza de sangre”, impunidad por sus delitos, todo desde el
anonimato total, cuadro suficiente como para que nos imaginemos el grado de su sinceridad.
Vemos que tampoco es novedosa la delación a cambio de dinero[5].

El concepto moderno del denominado “arrepentido” es la persona que ha intervenido en un delito


previsto por ley, que -independientemente de su motivación íntima- voluntariamente decide
declarar colaborando, a cuyo fin proporciona información útil para los fines del proceso, a fin de
obtener un beneficio.

Su regulación en el derecho argentino no es de larga data. En materia de narcotráfico se inauguró


la nueva era de “arrepentidos” (art. 29 ter ley 23.737), aunque lo cierto es que ya existían algunos
antecedentes (p. ej., la ley 13.985 de 1950 sobre espionaje y sabotaje, el artículo 217 del CP
eximiendo de pena al que revela una conspiración).

Se ha señalado muchas veces que el nombre de “arrepentido” que se le asigna a la figura no es


adecuado. En la mayor parte de los casos es un eufemismo porque ciertas veces nos cuesta llamar
la cosas - y las personas- por su nombre. Parece que suena mal designarlo “delator”[6] y para el
diccionario de la Real Academia el término usado no es incorrecto ni erróneo. En efecto, una de las
acepciones de “arrepentido” es “dicho de un delincuente, que colabora con la justicia,
generalmente mediante delación, a cambio de beneficios penales”. Quienes se acogen al beneficio
lo hacen para lograr una ventaja en el proceso, y no porque se encuentren bajo un cuadro de
autocrítica o genuino arrepentimiento moral, que es el significado más común de la palabra. Para el
caso resulta indiferente el motivo íntimo o subjetivo por el cual la persona decide aportar
información. Mayormente será el de recibir un beneficio penal, pero también puede ser lograr un
ventaja en las condiciones de detención (p. ej., excarcelación, traslado a un pabellón o cárcel más
conveniente), vengarse de otros, buscar seguridad, etc. En otros lugares también se usan
denominaciones más elegantes, como el “pentito” italiano que cobró notoriedad en los procesos
antimafia; “witness o f the crown” del derecho anglosajón; o los “cooperadores eficaces” según la
Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y leyes de algunos países
como Brasil, Perú, Guatemala.

II. La nueva legislación

Anunciada con bombos y platillos finalmente se promulgó la nueva ley 27.304 (B.O. 2/11/2016)
sobre el “arrepentido” que viene a regular esta figura de forma más sistemática, ya que a partir de
ahora no estará legislada de manera suelta en distintas leyes. Así, reemplaza el artículo 41 ter del
CP por uno nuevo que prevé reducción de las escalas penales en la misma porción que la
tentativa, respecto de partícipes o autores de alguno de los delitos que se detallan, cuando
“brinden información o datos precisos, comprobables y verosímiles”.
“El proceso sobre el cual se aporten datos o información deberá estar vinculado” con alguna de las
siguientes figuras[7]:
a) Producción, tráfico[8], transporte[9], siembra, almacenamiento y comercialización de
estupefacientes, precursores químicos o cualquier otra materia prima para su producción o
fabricación previstos en la ley 23.737 o la que en el futuro la reemplace, y la organización y
financiación de dichos delitos;
b) Delitos aduaneros;
c) Todos los casos de delitos cometidos con finalidad terrorista (art. 41 quinquies del CP);
d) Delitos contra la integridad sexual: promoción o facilitación de la prostitución de menores y
mayores (CP., 125, 125 bis y 126); rufianería (127) y pornografía infantil (CP., 128);
e) Delitos que afectan la libertad: secuestro coactivo (142 bis) y extorsivo (170), desaparición
forzada (142 ter) y trata de personas (145 bis y 145 ter);
f) Asociaciones ilícitas (210 y 210 bis).
g) Delitos de corrupción contra la administración pública[10] (título XI) previstos en el código penal
en los capítulos: VI (cohecho y tráfico de influencias); VII (malversación de caudales públicos); VIII
(negociaciones incompatibles con la función pública); IX (exacciones ilegales), IX bis
(enriquecimiento ilícito); X (prevaricato). Se suman todos los fraudes contra la administración
pública (174 inc. 5°).
h) Delitos contra el orden económico y financiero previstos a partir del artículo 303 (lavado de
dinero, manipulación de valores negociables, intermediación financiera no autorizada, financiación
del terrorismo, tráfico de información privilegiada, etc.).

El proclamado detonante de la nueva ley ha sido la declamada necesidad de introducir la figura del
“arrepentido” para poder perseguirla corrupción pública y otros delitos económicos. De todas
formas la efectividad no es una regla aplicable por igual a toda sociedad o fenómeno delictivo.
Depende de muchos factores, tales como la idiosincrasia del que comete la acción delictiva (p. ej.,
un fanático que emprende una acción terrorista no tiene la misma mentalidad que un vendedor de
droga que hace cálculos de riesgos/beneficio), la penalidad real a la que se expone (no es lo
mismo un país como el nuestro donde no hay severidad penal para los delitos de guante blanco
que aquellos que sí la presentan).

Como se podrá observar, el catálogo incluye delitos ordinarios, es decir de jurisdicción provincial.
En el Congreso se debatió si esto no invadía facultades procesales no delegadas por las
provincias. La Senadora Negre de Alonso citó palabras del Ministro de Justicia Garavano cuando
expuso ante su Cámara: “Mi sensación es, en general, que estamos en una norma que prevé
delitos que también son competencia de jurisdicciones locales, y avanzan sobre cuestiones de
índole procesal. Es una vieja discusión que puede entorpecer y dilatar mucho qué es derecho de
fondo, qué es derecho sustancial y qué es derecho objetivo”. Por eso la Senadora llevó la voz
cantante sobre este cuestionamiento sosteniendo el avasallamiento constante de regulaciones en
el Código Penal que son de índole procesal, a lo que Pandolfi explica como resultado directo de
una concepción ideológica unitaria, contraria al espíritu y estructura federal de la Constitución
Nacional. La legisladora se pronuncia enfáticamente por el carácter procesal de la figura del
arrepentido, vinculándolo con el principio de oportunidad[11], propiciando que se lo limite
“exclusivamente para delitos federales”. La respuesta a dicho cuestionamiento vino de la mano de
su colega Urtubey, que refutaba: “Quiero reivindicar la potestad de este Congreso de la Nación en
orden a lo que es la definición de los tipos penales y el funcionamiento de las penas. Y creo que
esto, de verdad, no tiene nada que ver con el unitarismo y el federalismo. Es decir, mezclar la
cuestión del unitarismo y del federalismo con las facultades que tiene este Congreso de la Nación
para definir los delitos, me parece que no corresponde. ¿Y por qué digo esto? ¿Por qué este tema
tiene que estar en el Código Penal, sin perjuicio de que el código procesal de alguna provincia
regule los acuerdos de colaboración? Tiene que estarlo porque este instituto implica una rebaja de
penas. Y acá son solamente los legisladores los que pueden fijar las penas de los delitos. No
pueden hacerlo las provincias. Es decir, un homicidio es de 8 a 25 años acá y en La Quiaca”[12].

El hecho de que sea normativa penal de fondo hace que el régimen anterior tenga aplicación
ultraactiva para aquellos casos de hechos cometidos antes de esta nueva ley, cuando ésta restrinja
el acceso al régimen. Por ejemplo, un imputado que está sometido a juicio actualmente podría
declarar como arrepentido si el evento imputado es de cuando se permitía hacerlo en esa etapa del
proceso; o podría lograr la eximición de pena si la ley derogada lo admitía al momento del hecho).
Al mismo tiempo, la flamante ley se puede aplicar retroactivamente si resultare más benigna (p. ej.,
para un delito previsto en ella y no contemplado en el pasado cuando se lo cometió).

Establece la flamante normativa que “para la procedencia de este beneficio será necesario que los
datos o información aportada contribuyan a evitar o impedir el comienzo, la permanencia o
consumación de un delito[13]; esclarecer el hecho objeto de investigación u otros conexos[14];
revelar la identidad o el paradero de autores, coautores, instigadores o partícipes de estos hechos
investigados o de otros conexos; proporcionar datos suficientes que permitan un significativo
avance de la investigación o el paradero de víctimas privadas de su libertad; averiguar el destino
de los instrumentos, bienes, efectos, productos o ganancias del delito; o indicar las fuentes de
financiamiento de organizaciones criminales involucradas en la comisión de los delitos previstos”.

La previsión abarca todas los grados de participación en el ilícito penal, sea como coautor,
cómplice primario o secundario, o instigador, siempre que los sindicados tengan una
responsabilidad igual o mayor que el arrepentido[15]. Es común que en los delitos organizados
haya personas con distintos niveles de responsabilidad, lo cual surge de la prueba y obviamente
tiene especial gravitación al momento de fijar la pena en concreto[16].

El suministro de datos suficientes que permitan esclarecer el hecho o avances significativos en la


investigación, puede darse cuando la información arrimada haya sido determinante para lograr el
estado de probabilidad de la etapa investigativa. Es el progreso importante para el descubrimiento
y comprobación de los hechos en que estuviese implicado o de otro suceso de la misma o
diferente especie conectado con ellos. Será esta última, en principio, una cuestión sujeta a la
valoración judicial y hecha sobre la base de circunstancias acreditadas en cada caso atendiendo,
siempre, a la magnitud del avance investigativo[17].
III. Oportunidad

Antes de esta reforma no era preciso el momento en el cual un imputado podía declarar como
“arrepentido”. Ampliamente podía ser “durante la sustanciación del proceso o antes de su
iniciación”, lo cual generaba algunos problemas interpretativos. Bajo aquel contexto normativo
interpretamos que podía ser en cualquier momento, inclusive en la etapa de ejecución de la
pena[18]. Pero la ley actual especifica que el acuerdo con el imputado arrepentido[19] “deb erá
realizarse antes del auto de elevación a juicio, cierre de la investigación preparatoria o acto
procesal equivalente”.

En el debate parlamentario, el Senador Guastavino, luego de repasar las personalidades que


fueron escuchadas en la Cámara, dice que en la oportunidad “también coincidieron muchos
expositores que vinieron a plantear aquí que era necesario poner un plazo a la facultad del
arrepentimiento, para poder avanzar exitosamente en la investigación. Además, obviamente
eliminamos la posibilidad de que el imputado maneje los tiempos de la información. Estamos
viendo hoy que, algunos personajes que están haciendo declaraciones, pareciera que van
entregando la información a cuentagotas y de alguna forma con una actitud que hasta pareciera
claramente extorsiva. Y no podemos permitir que el arrepentido que se arrepiente especule y
entregue la información en cuotas. No puede ser. El momento de arrepentirse tiene que ser claro y
contundente: en la etapa de la investigación y antes de la elevación a juicio” [20].

Por lo tanto, actualmente puede haber “arrepentimiento” desde antes de iniciarse el proceso hasta
después de formulada la requisitoria de elevación a juicio o acusación formal (CPPN., 347). Si hay
oposición al requerimiento, es posible el acuerdo hasta que el juez resuelva la oposición dictando
el auto de elevación a juicio (351). Y si no hubo oposición, se puede hasta el decreto de remisión al
tribunal de juicio (349 in fine).

Puede tratarse de un sujeto que se presenta espontáneamente, haya o no una persecución en su


contra, se encuentre o no individualizado. Desde que una persona se presenta pidiendo acogerse
a la figura del arrepentido, está adquiriendo la condición de imputado a los fines de ejercer sus
derechos. Entonces no hace falta que esté formalmente imputado para que realice la solicitud.

IV. Alcances

La ley establece que “la información que se aporte deberá referirse únicamente a los hechos ilícitos
de los que haya sido partícipe y a sujetos cuya responsabilidad penal sea igual o mayor a la del
imputado arrepentido”.

Este punto fue objeto especial del trámite parlamentario. En efecto, hubo resistencia a que el
arrepentido pudiera declarar sobre hechos ajenos a la causa en la que está involucrado, en lo que
para algunos radica la diferencia con el colaborador eficaz[21].

Asimismo, excluye de este régimen/beneficio a “los funcionarios que hayan ejercido o estén
ejerciendo cargos susceptibles del proceso de juicio político de acuerdo a lo establecido por la
Constitución Nacional” y a los procesos por delitos de lesa humanidad.

En el debate parlamentario, la Diputada Copes decía: “consideramos correcto haber excluido los
delitos de lesa humanidad que habían sido incorporados en los borradores anteriores. Existe un
reclamo de justicia que no puede ser desoído en estos casos. Hablamos de casos de lesa
humanidad, hablamos de terrorismo de Estado. Estas figuras no pueden ciertamente favorecer a
nadie que haya contribuido a ello”.

Sobre este último punto se pudo haber previsto alguna excepción, por ejemplo, que accedan al
régimen aquellas personas que den información que posibilite la recuperación de la identidad de
niños sustraídos y el recupero de la familia biológica. Si se trataba de excluir del beneficio de
reducción de pena a los que secuestraron y mataron a sus padres, existía la posibilidad de incluir a
quienes no participaron directamente en la represión ilegal (p. ej., los que recibieron a los niños y
los inscribieron como propios). Se trata de un tema sensible, difícil de discutir, que su intento de
legislación suscitó escándalo en el Congreso y sobre el que existe una férrea oposición por parte
de organismos de derechos humanos[22].

V. Reducción de pena

La regla general es que “las escalas penales podrán reducirse a las de la tentativa”, o sea la pena
se puede disminuir de un tercio a la mitad (arts. 42 y 44 del CP)[23]. Pero también es sabido que
no hay acuerdo acerca de cómo juegan esas reducciones sobre el mínimo y máxima de la pena.
Mientras algunas provincias siguen con la tesis de que se reduce un tercio el mínimo y la mitad el
máximo[24]; en el orden nacional/federal muchos tribunales lo interpretan al revés. Además del
famoso caso del “Bambino” Vieyra en el cual la Corte Suprema en 1992 se pronunció por la
reducción de la mitad del mínimo, luego se sumó de manera más explícita el plenario “Villarino” de
la Cámara de Casación[25] estableciendo que “la reducción de la pena en un supuesto de delito
tentado debe realizarse disminuyendo en un tercio el máximo y en la mitad el mínimo de la pena
correspondiente al delito consumado” por lo cual así se lo ha aplicado en esa jurisdicción[26]. En
suma, en las causas federales el arrepentido podrá ver reducida su pena desde la mitad del
mínimo establecido para el delito y grado de participación que se le impute[27].

La ley prevé que cuando el delito estuviere reprimido con prisión o reclusión perpetua, la pena sólo
podrá reducirse hasta los quince años de prisión. Asimismo, que no habrá disminución respecto de
la inhabilitación o multa.

Se establece también que “cuando la reducción de la escala penal prevista por el artículo 41 ter del
Código Penal aparezca como probable, podrá ser considerada a los fines de la excarcelación o de
la exención de prisión, de acuerdo a las normas procesales comunes”.

VI. Criterios de aplicación

La misma ley dispone que para otorgar los beneficios deberá considerarse:
a) El tipo y el alcance de la información brindada;
b) La utilidad de la información aportada para alcanzar las finalidades previstas;
c) El momento procesal en el que el imputado brinda la colaboración. La norma establece que se
beneficiará especialmente a quien se arrepintiere en primer término. Parece indicar que esto
debería repercutir con un beneficio mayor que a los que decidan hacerlo después. A tal fin deberá
valorarse también el contenido de la información. Porque una cosa es que un imputado diga lo
mismo que un arrepentido anterior, y otra distinta es que aporte datos novedosos o que conduzcan
a nuevas pistas, pruebas, partícipes.
d) La gravedad de los delitos que el imputado ha contribuido a esclarecer o impedir;
e) La gravedad de los hechos que se le atribuyen y la responsabilidad que le corresponde.

VII. Procedimiento

Otra novedad es que la nueva ley regula el procedimiento. Así, las declaraciones que el imputado
arrepentido efectuare en el marco del acuerdo de colaboración “deberán registrarse a través de
cualquier medio técnico idóneo que garantice su evaluación” posterior, en tanto que dicho acuerdo
“se celebrará por escrito, y deberá consignar con claridad y precisión” los siguientes requisitos[28]:
a) La determinación de los hechos atribuidos, el grado de participación del imputado arrepentido y
las pruebas en las que se funde la imputación;
b) El tipo de información a proporcionar: nombre de otros coautores o partícipes; precisiones de
tiempo, modo y lugar de los hechos por los cuales se brindare colaboración; teléfonos u otros datos
de comunicación con coautores o partícipes; cuentas bancarias u otra información financiera e
identificación de sociedades u otras entidades utilizadas para colocar, disimular o transferir los
fondos ilícitos utilizados o el producto o provecho del delito; toda otra documentación o cualquier
otro dato que se reputare valioso para el avance de la investigación o el esclarecimiento de los
hechos;
c) El beneficio que se otorgará por la colaboración. Si bien la misma ley después dice que la
ejecución del beneficio se difiere al momento de dictar la condena por el tribunal de juicio”, esto no
puede significar que siempre haya que cuantificarlo exactamente al momento del acuerdo. Se debe
interpretar que alude -com o mínimo- a la modalidad, sea la reducción de pena y/o excarcelación u
otro beneficio, porque como hay criterios de aplicación que dependen del resultado de lo que diga
el arrepentido, no siempre es posible al momento del acuerdo hacer una precisión absoluta del
monto de reducción. Ahora bien, si fuera posible saber el quantum de la reducción de confirmarse
lo dicho por el delator, en este caso puede fijarse el monto supeditándolo a la corroboración
probatoria.

El acuerdo “se celebra entre el fiscal y las personas que brindaren información” y “en todos los
casos, el imputado arrepentido contará con la asistencia de su defensor”. No es necesario que se
trate del defensor designado en la causa, a propuesta del imputado puede ser otro que lo asista
especialmente como arrepentido. Esto tiene que ver con los casos que se presentan en la realidad
donde al “perejil le pone el abogado” su patrón en el delito, práctica que puede ocurrir por el simple
móvil de “no dejarlo regalado” o bien para tener el dominio de la estrategia y el control de lo que
diga.

El acuerdo debe ser presentado al juez de la causa a los fines de la homologación, pudiendo
aprobarlo o rechazarlo en “audiencia convocada al efecto con la presencia del imputado
arrepentido, su defensor y el fiscal”, en la cual “escuchará a las partes y se asegurará que el
imputado arrepentido tenga debido conocimiento de los alcances y las consecuencias del acuerdo
suscripto”. El juez lo aprobará “si el imputado arrepentido hubiera actuado voluntariamente y se
hubieran cumplido los demás requisitos previstos en los términos del artículo 41 ter del Código
Penal y de la presente ley”. Esto significa que el rechazo no es discrecional[29], sino que debe
estar fundado en la ausencia de tales requisitos.

En la discusión parlamentaria, la Diputada Copes decía: “para que la figura resulte eficaz, el
arrepentido debe contar con garantías sobre los términos del acuerdo. Por este motivo resultaba
absolutamente necesario establecer que el acuerdo llevado adelante por el fiscal fuera
homologado luego por el juez. El dictamen recupera este punto que erróneamente no había sido
incluido en anteriores versiones. Sin embargo, subsisten aún inconvenientes en la instancia de
homologación. En un sistema acusatorio el Fiscal es quien establece el acuerdo y es el
responsable de la acción penal. El juez, en su caso, debe controlar la legalidad del acuerdo y
homologarlo, pero no ponderar la información suministrada. En este punto, el dictamen es confuso.
Es correcto que el juez controle la legalidad de los actos (que el imputado haya aceptado
voluntariamente, sobre todo de cara al riesgo cierto de abusos para coaccionar un
arrepentimiento), pero no es claro el motivo por el cual el juez deba ponderar, además, si se
cumplieron los requisitos que incluyen la valoración de la información al interior de la investigación.
Se supone que esa decisión, esa ponderación, la realiza el propio Ministerio Público Fiscal de cara
a la evaluación de la investigación”.

El rechazo es apelable “por ambas partes”, lo que debe entenderse como alternativo, es decir, por
cualquiera de los que quisieron el acuerdo: el fiscal para lograr avances investigativos y el
imputado persiguiendo un beneficio. Sobre el efecto de ese recurso, en la discusión parlamentaria
el Diputado Burgos decía: “nosotros habíamos propuesto que en caso de rechazo judicial del
acuerdo las partes tuvieran derecho a la revisión de Alzada mediante el recurso de apelación con
efecto devolutivo. Los senadores creyeron que era conveniente no expresar concretamente el
término del efecto devolutivo, porque en los primeros artículos ya quedaba plenamente consagrada
la posibilidad de recusar -sic-, sin necesidad de expresar la palabra del efecto que tenía, que en
este caso era devolutivo”.

De aceptarse, “el acuerdo será incorporado al proceso, y la ejecución del beneficio se diferirá al
momento del dictado de la sentencia de condena por el tribunal de juicio”. La disposición sobre la
incorporación es problemática. Si en la declaración del arrepentido se sindican otros partícipes que
aun no fueron llevados al proceso, o pruebas que todavía no han sido obtenidas, la existencia de
otros co imputados con acceso a la causa podría frustrar los fines de corroboración para los cuales
existe un plazo de un año, lo que excede ampliamente la acotada posibilidad de dictar el secreto
de las actuaciones (CPPN., 204). Y vedar indefinida y prolongadamente el acceso a la causa a los
imputados que ya declararon puede afectar su derecho de defensa. Una solución superadora de
ambos intereses en pugna (el descubrimiento de la verdad y la defensa), puede ser la tramitación
desglosada por separado de la investigación consecuente al acuerdo con el arrepentido. Por otra
parte, la incorporación al proceso puede poner en riesgo al arrepentido, lo cual autorizaría a
medidas tendientes a reducirlo, por ejemplo, suprimiendo la identidad de la persona en las actas e
instrumentos a incorporarse al proceso[30].La reserva de la identidad del arrepentido puede
extenderse al juicio si no es ofrecida como prueba de cargo y sólo se valora la prueba obtenida en
consecuencia. No es igual que el testigo de identidad protegida, porque aquí sí pretende usar su
declaración como prueba de cargo, por lo que existen obstáculos constitucionales para impedirle a
la defensa interrogarlo ampliamente, lo que incluye su cuestionamiento.

Se establece también que “si la homologación fuera rechazada finalmente, las actuaciones
deberán quedar reservadas y las manifestaciones efectuadas por el imputado arrepentido no
podrán valorarse en su contra ni en perjuicio de terceros”.

El juez o el fiscal cuentan con el plazo máximo de un año[31] para “corroborar el cumplimiento de
las obligaciones que el imputado arrepentido hubiera contraído en el marco del acuerdo,
especialmente la verosimilitud y utilidad, total o parcial, de la información que hubiera
proporcionado”, lapso durante el cual se suspende el curso de la prescripción.

Un punto particular que no prevé la nueva ley es qué ocurre cuando la información proporcionada
por el arrepentido fue idónea (de calidad) para lograr su efecto, pero no pudo ser corroborada por
ineficacia, impericia, desidia o inactividad de los órganos encargados. La jurisprudencia ha
aceptado que pueda haber reducción en estos casos e inclusive en el debate parlamentario esta
posibilidad fue expresamente admitida[32].

De todas formas, pueden subsistir las dificultades para pactar la reducción de pena concreta en el
momento del acuerdo con el arrepentido, aun contando como hipótesis que la información resulte
corroborada y de utilidad. Generalmente los tribunales encargados de fijar las penas no participan
del acuerdo para la declaración en tal carácter[33], porque esto último ocurre durante la
investigación, momento en el que no actúa el mismo fiscal que intervendrá en el juicio, y ni siquiera
se sabe cuál será el tribunal sorteado para juzgar y sentenciar. Una forma de solución puede ser
que el Ministerio Público haga realidad los principios de unidad de actuación y coherencia de la
función persecutoria que constituyen la tendencia y dirección actual en materia de organización de
esa institución. Así, cuando haya acuerdo entre el Ministerio Público Fiscal y el imputado en que
éste declare como arrepentido y sobre el eventual beneficio de confirmarse sus dichos, es posible
que ese organismo esté representado conjuntamente tanto por el fiscal de investigación y el de
juicio[34], si actuaren fraccionados. También está la alternativa de que en el pedido final de pena,
si el fiscal interviniente fuera distinto al que hizo el acuerdo, el primero respete lo pactado por el
segundo con el acusado. Y en caso de discrepancia entre los fiscales, que sea convocado el que
hizo el acuerdo para que lo mantenga. Esto debe unirse con la visión del proceso acusatorio, ya
admitida por la jurisprudencia[35], en orden a que la pretensión punitiva del acusador es el techo
de la pena porque limita la potestad del tribunal que no podrá imponer una mayor a la solicitada.
De esta forma se puede dotar de previsibilidad al acuerdo hecho en la investigación, para el
momento del juicio y la fijación de pena.

Como pautas de protección se prevé que los arrepentidos “se encuentran alcanzados por las
disposiciones del Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados creado por la ley
25.764 y sus modificatorias”. Recordemos que las medidas especiales que prevé esa normativa
pueden consistir en la custodia personal o domiciliaria; el alojamiento temporario en lugares
reservados; el cambio de domicilio; el suministro de los medios económicos para alojamiento,
transporte, alimentos, comunicación, atención sanitaria, mudanza, reinserción laboral, trámites,
sistemas de seguridad, acondicionamiento de vivienda y demás gastos indispensables, dentro o
fuera del país, mientras la persona beneficiaria se halle imposibilitada de obtenerlos por sus
propios medios; asistencia para la gestión de trámites o reinserción laboral; el suministro de
documentación que acredite identidad bajo nombre supuesto a los fines de mantener en reserva la
ubicación de la persona protegida y su grupo familiar (art. 5)[36].

VIII. Constitucionalidad

Como la figura del arrepentido no es nueva en la legislación argentina, la discusión sobre su


legitimidad ya se ha suscitado. La práctica judicial y la jurisprudencia han respaldado esta figura,
pero en la doctrina se advierten mayores contrapuntos. Riquert[37]cita a Ziffer para quien la
valoración de la conducta procesal para agravar la pena “debe constituir un tabú” en la medida en
que se pretenda garantizar ampliamente el derecho de defensa del imputado, lo que provoca el
rechazo casi unánime de la pretensión de agravar la condena por el silencio o por negar el hecho,
aunque “la cuestión parece no ser tan clara cuando se trata de premiar la colaboración durante el
proceso con una rebaja de pena”. También señala que las principales preguntas que plantea la
autora son acerca de la legitimidad de premiar una confesión con una atenuación de la pena,
porque esto deriva indirectamente en un agravamiento para quien hace uso del derecho a negarse
a declarar, y además, si hacerlo (premiar) no es, en última instancia, una forma de coaccionar la
confesión[38]. Asimismo Riquert cita que para Terragni la denominación de “arrepentido” importa
un “torcido uso del lenguaje (que) procura disimular la inmoralidad intrínseca de la figura”; que para
Maier lo más curioso es que esta compra de impunidad por una persona que no está arrepentida
de nada, sino que negocia desde una situación de inferioridad, obtiene más ventajas cuando es
más inmoral; y a Sancinetti señalando que se encubre una perfidia, ya que no se estaba frente a
un sujeto que se condolía de su pasado y que por eso colaboraba con la investigación, sino ante el
autor de un delito que obtenía un beneficio a cambio de traicionar la confianza de los
copartícipes[39].

A pesar de las críticas hay buenas razones para admitir esta figura. La discrepancia ética no
significa necesariamente la inconstitucionalidad[40]. Además, hay que tener en cuenta los
siguientes motivos:
a) Las dificultades probatorias propias de los delitos de criminalidad organizada o cuello blanco o
cometidos en aparatos organizados de poder;
b) la relativa eficacia demostrada por la práctica nacional (hay condenas por narcotráfico que
comenzaron con la declaración de un arrepentido) y comparada (p. ej., los procesos italianos
contra la corrupción y la mafia)[41];
c) La ausencia de afectación al derecho a declarar involuntariamente[42], puesto que quien decide
sumarse a esta opción lo hace para beneficiarse, y por ende no se puede invocar un derecho
establecido a su favor para perjudicarlo. Un ejemplo ilustra lo que digo. Supongamos que un
imputado pacta con el fiscal declarar como arrepentido sindicando a los jefes de una organización
del narcotráfico en la cual él sólo es una “mula” o “camello”, indicando donde se encuentran las
pruebas y la droga. Se acuerda una reducción de su pena. Acusador y acusado están felices, cada
uno por sus motivos distintos. Pero ocurre que el juezes tan celoso guardián del derecho del
imputado a no ser obligado a declarar en contra de sí mismo, que declara inconstitucional la ley del
arrepentido. El mensaje del magistrado sería: “Lo lamento, en vez de una eventual condena
pactada en tres años en suspenso, usted probablemente sea condenado a seis años de prisión;
todo sea por sus derechos, compréndame, el cumplimiento del deber me lo impone”.
d) La irrelevancia del pensamiento íntimo de la persona acerca de su propia decisión de
beneficiarse a cambio de información (si lo hace por cargo de conciencia, porque cambió de
parecer o simplemente porque le conviene en un balanceo de pro y contras, es algo que forma
parte de su fuero íntimo inexpugnable). Precisamente en esta línea, Abel Cornejo dice que “algún
sector confunde este concepto con el propósito de enmienda, propio del ámbito confesional, no del
procesal...en efecto, el legislador no tuvo en cuenta si el reo se muestra pesaroso con su proceder,
sino la significación de su confesión en relación con el hecho examinado en forma global y, por
cierto, su contribución a su esclarecimiento”, por lo que pretender indagar en las finalidades
subjetivas sería violar la prohibición de penar pensamientos[43].

Spolansky resalta el aspecto utilitario y refuta reparos constitucionales diciendo que “nadie tiene el
derecho a no ser investigado y que los llamados pactos de silencio entre los miembros de un grupo
cuyas obras son delitos no están protegidos por ninguna regla constitucional. La deslealtad entre
criminales podrá tener sus propias reglas, pero el Estado no las reconoce como válidas, ni tampoco
protege su incumplimiento, pues ello implicaría, por una parte, la validez de los compromisos en
relación a la actuación de quienes violan la ley penal y, por la otra parte, un modo autofrustrante de
convertir en irrealidad el sentido de la amenaza de la ley del Estado. En cambio, el silencio que
está protegido constitucionalmente es aquel que se mantiene en ocasión de tener que producir
prueba, y ella puede constituir una autoincriminación si se dice lo que se sabe. Cuando se ofrece al
posible arrepentido la opción de decir lo que sabe - y lo que sabe es útil y eficaz para descubrir el
hecho delictivo e identificar a los responsables- a cambio de una pena más leve, no se está
planteando una alternativa en la que la modalidad más grave es un hecho prohibido (la tortura),
sino la manera de mostrarle que puede tener un tratamiento más benévolo, basado en un criterio
puramente utilitario si aporta datos útiles y eficaces para descubrir el hecho delictivo e identificar a
los responsables del hecho. Por otra parte, si los críticos a la figura del arrepentido señalan el clima
de compulsión que puede existir al presentarse la opción de tener una pena leve o una mucho más
grave, él desaparece si se elimina la detención indeterminada, o bien se aceleran los trámites para
que el juicio se haga lo más rápidamente posible”[44].

Como dice con claridad Diego Luciani, el instituto del arrepentido “se presenta como una
herramienta sumamente eficaz para coadyuvar en investigaciones complejas y de difícil
comprobación probatoria, por lo que merece tener favorable acogida”[45].

IX. Valoración

Establece la flamante normativa que durante la etapa investigativa, “el juez deberá valorar
preliminarmente[46] el acuerdo arribado y la información brindada a los fines de dictar las medidas
cautelares del proceso respecto de las personas involucradas por el imputado arrepentido”. Y en el
juicio no podrá recaer sentencia condenatoria fundada únicamente en las manifestaciones del
arrepentido. Asimismo se dispone que “para la asignación de responsabilidad penal sobre la base
de estos elementos, el órgano judicial deberá indicar de manera precisa y fundada la correlación
existente entre esas manifestaciones y las restantes pruebas en que se sustenta la condena. La
materialidad de un hecho delictivo no podrá probarse únicamente sobre la base de esas
manifestaciones”.

Este es un punto especialmente importante. Lamentablemente la historia demuestra que existen


declaraciones mendaces de los “arrepentidos” que sólo persiguen obtener beneficios procesales o
penales a cualquier costa valiéndose de funcionarios engañados, ingenuos, indiferentes o de mala
fe que actuando apresuradamente terminan comprando un buzón a costa de terceros. Por eso es
una verdad de Perogrullo que, a fin de que no se haga un mal uso de la esta figura, es necesaria la
intervención de magistrados honestos, equilibrados y despiertos, que no ordenen detenciones a las
apuradas[47]. Hay casos conocidos que condujeron a resultados nefastos. En la causa “Amia” un
imputado incriminó a terceros por dinero de las arcas estatales, que luego resultaron absueltos tras
pasar años privados de su libertad[48]. Sin alcance nacional pero difundido a nivel provincial,
estuvo el caso de un detenido por hechos graves, con varios antecedentes penales, que declaró
como arrepentido. Usando el viejo artilugio de combinar verdades con falsedades, este ejemplo de
manual de riesgo procesal logró una excarcelación express. El “arrepentido” gozó de un tiempo de
crédito, veneración y fama mediática, llegó a pontificar cual celebridad en la televisión[49]; se dio el
lujo de cometer una estafa vulgar y se fugó. En un par de procesos quedaron al descubierto
inventos, lo que le valió ser calificado judicialmente como “mentiroso”. Para entonces, los
señalados por el fabulador habían ido a parar a la cárcel, salvo uno, que antes se disparó un
tiro[50].

Por la fragilidad y desconfianza histórica hacia los delatores, la regla debe ser la no credibilidad de
todo aquello que no sea confirmado por pruebas externas y objetivas. La jurisprudencia española,
a la par de admitir con reparos la constitucionalidad de la figura, ha descalificado el valor probatorio
de la declaración del arrepentido cuando se presenta como única evidencia de cargo sin
corroboración, aun cuando se la quiera fortalecer con apreciaciones subjetivas, p. ej., la
inexistencia de animadversión o la solidez[51].

La declaración de un arrepentido no deja de ser la declaración de un imputado, que además tiene


un interés en lo que dice. Por eso su valor autónomo es prácticamente nada, en el sentido de que
sin corroboración probatoria de lo que dice, son meras palabras sujetas a comprobación. Ni
siquiera el recurso de probar algunos tramos de lo que dice puede dar lugar a inferir la veracidad
del todo, porque la experiencia indica que se dan las versiones parcialmente verdaderas, que
mezclan verdades y mentiras en distintas proporciones. Y saber en qué porcentaje esto ocurre,
sólo puede establecerse en base a evidencias. Señala Montoya que las declaraciones confirmadas
sólo en algunos puntos y desvirtuadas en otros son útiles para la fundamentación de la decisión
sólo en cuanto a los puntos confirmados en forma irrefutable, respecto de las otras expresiones
difícilmente puedan valer como pruebas; en tanto que las confirmadas en algunos puntos y no
desmentidas en otros, la confirmación parcial unida a los indicios de importancia intrínseca, admite
dar crédito, especialmente a las declaraciones que no son aisladas y se intercalan armónicamente
en un contexto con otros elementos[52].

Para Riquert la valoración de los dichos del “arrepentido” siempre es compleja porque podría
decirse que participa del problema de carencia de consistencia como prueba plena propio de la
declaración del co-imputado, lo que lleva a que además de su coherencia interna requiera
corroboración externa[53]. En esta línea, dice Muñoz Conde[54] que las dificultades que depara la
valoración de las declaraciones de los coacusados no son más que el reflejo de las mismas
dificultades que tiene la doctrina procesal para conceptuarlas jurídicamente; en realidad, la mayoría
de los autores considera que no son prueba, o que, en todo caso, no pueden ser consideradas al
mismo nivel que la prueba testifical. En primer lugar, porque ningún acusado está obligado a
declarar contra sí mismo y, por tanto, si lo hace una vez que no puede negar su participación en
los hechos y lo hace para inculpar a otros, no lo hace gratuitamente, sino buscando algún tipo de
ventaja, o por motivos de odio, resentimiento o enemistad hacia los que acusa, o simplemente por
desesperanza, porque, como dice el refrán castellano, “ya perdidos, todos al río”. En segundo
lugar, porque el coacusado, a diferencia de lo que sucede con el testigo — precisamente porque no
tiene ninguna obligación de declarar— , no puede ser acusado tampoco de falso testimonio, así
que, diga lo que dijere, lo hace en la más absoluta impunidad[55].

Es importante no dejar impresionarse por las revelaciones grandilocuentes o su difusión ampliada


en los medios de comunicación, porque a veces quienes hacen este tipo de declaraciones buscan
generar un impacto considerable para lograr sus ventajas, y en ciertos casos han sido parte de
“operaciones”.

X. El delito de suministro malicioso de información falsa o inexacta

Se prevé la figura delictiva del suministro malicioso[56] de información falsa o inexacta por parte
del “arrepentido” (CP., 276 bis), con una pena de 4 a 10 años de prisión y obviamente la pérdida
del beneficio obtenido.
Este tipo penal puede presentar reparos en orden a su constitucionalidad[57]. Quien declare como
arrepentido, al ser un imputado, no lo va a hacer bajo juramento, toda vez que nuestra tradición
jurídica viene siendo históricamente reacia a esta alternativa[58]. Y existe controversia en cuanto a
si existe un “derecho a mentir” del imputado con rango constitucional y eventualmente sobre sus
alcances[59]. Lo cierto es que la Constitución no establece tal derecho por lo cual en
circunstancias como las apuntadas en la cual no se lo toma como presunción de culpabilidad, es
razonable su tipificación.

(*)Doctor en Derecho. Profesor Adjunto de Derecho Procesal Penal en la UNC (Universidad


Nacional de Córdoba). Autor de varios libros y artículos de su especialidad.-
[1]Mommsen, Theodor, Historia de Roma, Libro V, trad. de García Moreno, Turner, Madrid, 2003,
p. 192. También tenía otras acepciones: “delatio significa la publicación del nombre de una persona
a la cual se le otorga un cargo o se le imputa una cosa. Así se habla de delación de la tutela o de la
herencia; o se relaciona con uno de los primeros actos del proceso público, llamado nominis
delatio, que debía cumplirse por todo aquel que denunciaba o acusaba a una persona por un delito
determinado. Más tarde, la delación se confunde con la postulatio, y la expresión sirve para
designar la acusación criminal formulada por un ciudadano, conocido entonces como delator”
(Cattan Atala, Ángela - Loyola Novoa, Héctor, “Los delatores”, Revista Chilena de Historia del
Derecho, N° 14, Facultad de Derecho, Universidad de Chile, 1991, ps. 36 y ss).
[2]El evangelio según San Lucas dice “No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada
secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será
escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será
proclamado desde lo alto de las casas” (12:2-3). Se ha interpretado que es posible que esté
advirtiendo “que la confesión o negación de Cristo será comunicada por delatores engañosos”
(Keener, Craig,S., Comentario del contexto cultural de la biblia, -El trasfondo cultural de cada
versículo del nuevo testamento, trad. por Nelda Bedford de de Gaydou y otros, Ed. Mundo
Hispano, Texas, 2003, p. 119).
[3]Rutledge, Steven H., Imperial inquisitions-Prosecutors and informants from Tiberius to Domitian,
Routledge, Londres, 2001, ps. 10 y 11.
[4] “Exterminado todo el linaje de los Asmoneos, creyó Herodes que nada tenía que temer, y que
podía impunemente conducirse como las naciones extranjeras sin respetar los usos y leyes del
país. Hizo construir en Jerusalén un anfiteatro para celebrar juegos y espectáculos en honor de
Augusto y todo esto irritó en extremo a los judíos no acostumbrados a estas representaciones que
les parecían contrarias a la ley. Diez de los descontentos conspiraron contra Herodes y
resolvieronmatarle al entrar al teatro; se descubrió la conjuración y los conjurados fueron
condenados a muerte después de los más crueles tormentos: el delator fue despedazado por el
pueblo que estaba irritado por los suplicios impuestos a los culpados” (Calmet, Agustín et. al.,
Sagrada biblia: en latín y en español con notas literales, críticas e históricas, Imprenta de Galván,
Méjico, 1832, Vol. 18, p. 367). “Escucha César: ¡A los leones los delatores!” es una muestra
elocuente contenida en la resolución del Senado romano condenándolo a Cómodo después de su
muerte por haber sido “más cruel que Domiciano y más impuro que Nerón” (Picón, Vicente -
Cascón, Antonio, Historia Augusta, Akal, Madrid, 1989, p. 194).
[5] Fue objeto hasta de regulaciones, como en época de Trajano (Gottilier Heineccio, Juan, Historia
del derecho romano en latín, trad. de Fernández Arango y Lorenzana, Imprenta Pedro Sán, Madrid,
1845, ps. 212 y 213). En tiempos de Augusto los delatores eran usados como espías domésticos
pagos, principalmente para descubrir conjuras, “el sistema funcionó bien al inicio, pero corrompió
pronto a los espías. Los delatores informaron sobre inocentes para cobrar recompensas, o sobre
los otros espías para eliminar su com [Link] bién fueron explotados por los que poseían
poder para falsamente acusar a sus enemigos” (Frank, Michael, Espías, espionaje y operaciones
encubiertas-Desde la antigua Grecia hasta la guerra fría”, trad. de Gutiérrez Bravo, Edición digital
2014).
[6][6] El mal sonido se puede atenuar con la combinación “Delación judicial” que usa Laje Anaya
(Narcotráfico y derecho penal argentino”, 2° ed. Lerner, Córdoba, 1996, p. 310).
[7] Se derogan los distintos regímenes especiales de “arrepentidos” previstos en las leyes 23.737 -
narcotráfico- (art. 29 ter);25.241 -terrorismo-; 25.246 -lavado- (art. 31). Respecto a esta última
norma, la figura del arrepentido había pasado relativamente desapercibida, hasta que se difundió
públicamente sobre su regulación (ver Pleé, Raúl Omar, “La ley del arrepentido ya está vigente”, La
Nación,30/3/2016). En la discusión parlamentaria, el diputado Burgos decía que “la enumeración
sigue siendo taxativa”; y la Diputada Copes que “sólo pueden acogerse a la figura de arrepentido o
colaborador eficaz aquellas personas imputadas o condenadas por los delitos contenidos en el
artículo 1, y sólo por estos delitos”. En los casos en que no esté prevista la figura del arrepentido,
la jurisprudencia española ha aplicado una atenuante analógica con importantes consecuencias
penológicas (Gascón Inchausti, Fernando, Infiltración policial y agente encubierto, Comares,
Granada, 2001, p. 26).
[8]El tráfico de estupefacientes abarca conductas distintas descriptas principalmente en el art. 5 de
la ley 23.737, por lo cual todas las figuras allí contempladas deben considerarse incluidas (p. ej., la
entrega, distribución o tenencia de estupefacientes con fines de comercialización).
[9] Debe tratarse del delito previsto en el art. 5 inc. c de la ley 23.737, y no cualquier traslado o
movimiento de sustancias que no encuadre en esa previsión. Sobre la problemática los alcances
de esa figura puede verse De Luca, Javier Augusto, “El concepto de transporte en la ley 23.737”,
Cuadernos de Doctrina y Jurisprudencia Penal, Año I, número 0, Editorial Ad Hoc, Buenos Aires,
1993, ps. 277 y ss.)
[10] “Estábamos incumpliendo los propios compromisos asumidos en Convenciones
Internacionales. La Convención Internacional contra la Delincuencia Organizada Transnacional,
aprobada por ley 25.632, ya establecía en su artículo 26 la necesidad de instrumentar medidas de
este tenor para los delitos que la Convención abarca; por su parte, también lo hacía la Convención
de las Naciones Unidas contra la Corrupción, aprobada por ley 26.097, en su artículo 37” (discurso
de la Diputada Copes).
[11 ]“Fui a la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de la provincia de Córdoba, en
donde conseguí un trabajo que fue emitido en junio de 2011, titulado “La regulación provincial del
principio de oportunidad”. ¿Qué es el principio de oportunidad, que es nuestro, de las provincias
argentinas, no es de la Nación o del Congreso Nacional? La insignificancia, el arrepentido
colaborador, la mediación, la pena natural, la selección de los hechos innecesarios, la exigua
contribución con el hecho, el expreso pedido de la víctima para que el fiscal se abstenga de ejercer
la acción penal, la enfermedad incurable en estado terminal de avanzada edad” (Senado de la
Nación, Período 134°, 13a Reunión, 5a Sesión ordinaria, 7/9/2016).
[12] “Entonces, no es asimilable el arrepentido al caso de extinción de la acció[Link] enda
potestad de esta naturaleza de poder apartarse de los mínimos y máximos legales y rebajar una
pena -e s una atribución, repito, del Congreso fijar las penas- requiere, obviamente, que esté en la
parte general del Código Penal”.
[13]“Esto está dirigido a impedir el comienzo. Si impedimos el comienzo, no hay delito. Es decir,
tenemos una deficiencia de técnica legislativa ya en el primer artículo” (alocución de la Senadora
García).
[14] Por ejemplo, delitos cometidos para facilitarlo o procurar la impunidad,o la facilitación de lugar
para la comisión del narcotráfico, o la confabulación (arts. 10 y 29 bis de la ley 23.737), los delitos
cometidos por la asociación ilícita, o bien el delito precedente del lavado de dinero.
[15]“La persona delatada debe tener un ascendiente en la estructura vertical de la organización
respecto del confesor. Se pretende así evitar la delación de los llamados en la jerga policial
“perejiles”, es decir, que un jefe u organizado de un delito de investigación compleja se beneficien
delatando a personas que se encuentren bajo sus órdenes” (discurso de la Senadora Crexell). “El
dictamen equivocadamente elige el monto de la pena como criterio demarcatorio. A ver si nos
entendemos: por más que esto parezca objetivo, lo cierto es que muchas veces los eslabones más
bajos son los que reciben las mayores penas, y ello nada tiene que ver con ocupar un lugar
jerárquico en la organización. Recordaba Cafferata Nores que la aplicación sólo podría ser
admitida como forma de obtener la colaboración de miembros no representativos de poderosas
organizaciones ilícitas o de partícipes secundarios de gravísimos delitos, que permita la condena
de sus copartícipes que sean líderes de aquéllas o de los coautores, instigadores o cómplices
necesarios de estos, y no a la inversa. Ya hemos advertido en otras oportunidades respecto de la
inconveniencia de dejar sujeta la definición del rol al interior de la organización, al monto de la
pena. Con esta definición podemos inclusive ser completamente ineficaces: el sentido de la figura
es poder avanzar en la red criminal, por lo que pensar en beneficiar al superior que “delata” para
abajo en la cadena es un contrasentido” (discurso de la Diputada Copes, que rescata borradores
anteriores impidiendo acuerdos de colaboración a los que brinden información sobre partícipes que
ocupen una posición o participación inferior).
[16]“Debería permitirse en los casos de trata y secuestros la figura del arrepentido jefe. En este
caso, su pena sería inferior a la del arrepentido cuando la declaración implicara evitar o impedir el
comienzo, la permanencia o consumación de un delito como el de trata de personas o secuestros,
revelando la identidad de los coautores, instigadores, participes oencubridores. El beneficio en
estos casos es inconmensurable, pues implica rescatar personas de la esclavitud. Si el jefe u
organizador de la banda delictiva es quien por cualquier motivo se arrepiente y puede brindar datos
que impliquen es rescate de las víctimas, bien vale la excepción a la regla de procedencia
impuesta por la norma en cuanto a que la información aportada por el arrepentido o colaborador
debe ser referida a igual o mayor grado en la consideración delictiva o escala penal” (Diputado
Brizuela del Moral).
[17]CNCP, Sala I, 18/5/1999, “Fernández”, reg. 2774.1, Bol. Jurispr. CNCP, 2° trim., 1999, p. 13.
[18] Hairabedián, Maximiliano, Eficacia de la prueba ilícita y sus derivadas en el proceso penal,2°
Ed. Ad Hoc, Buenos Aires, 2012. La casación federal ha señalado que es admisible el recurso de
revisión para hacer la reducción “toda vez que el caso es subsumible en el inciso 4° (del art. 479
del CPPN), al intentar el recurrente demostrar la existencia de un nuevo elemento que a su
entender podría modificar la pena oportunamente impuesta”, motivado en el procesamiento
dispuesto en las actuaciones que se iniciaron a partir de las declaraciones de arrepentidos.
[19]“Una de las pequeñas modificaciones introducidas al proyecto venido en revisión del Honorable
Senado hace referencia a la posibilidad de mejorar la terminología y de sustituir el término
“arrepentido” por la expresión “imputado arrepentido”. Debemos tener en cuenta que aquella
persona que se acoja a esta figura del arrepentido ya está imputada por un delito y precisamente lo
hace para proporcionar datos. En consecuencia, el Honorable Senado creyó que era conveniente
sustituir la palabra “arrepentido” por la expresión “imputado arrepentido” (alocución del Diputado
Burgos, HCD., Periodo 134, 17° Reunión, 16° Sesión ordinaria especial, 19/10/2016).
[20] El Diputado Burgos decía: “habíamos determinado en la redacción originaria del proyecto que
ello debía tener lugar durante la sustanciación del proceso. Los senadores y los expertos que
analizaron el tema dijeron que quedaba discrecionalmente librado al imputado y al manejo
deliberado -en algunos casos- de los tiempos procesales. Por lo tanto, expresaron que era más
conveniente establecer un límite a fin de que el imputado arrepentido pudiera acogerse a dicha
figura y al beneficio que ello implicaba”.
[21]La diputada Bregman decía que “el colaborador eficaz es una persona que en otra causa
puede hablar de una relacionada con la corrupción, por ejemplo, y entonces el juez le otorga un
beneficio. ¿Ese beneficio involucra la otra causa? No se sabe qué es el colaborador eficaz.
Algunos decían que eran sinónimos, otros decían que eran figuras autónomas”. En tanto que
Tailhade afirmaba que “de acuerdo con los términos del dictamen de mayoría, elcolaborador eficaz
puede no tener nada que ver con la causa a la cual va a aportar información, pero sí recibir un
beneficio mayor que el que correspondería al arrepentido. En otras palabras, el arrepentido que
aporte datos para que se esclarezca la causa en la que está involucrado -autores, destino del
botín, etcétera- puede recibir el beneficio de la reducción de la pena, mientras que el colaborador
eficaz, que no tiene nada que ver, puede ser eximido de aquella que le corresponda” (HCD.,
Periodo 134, 9° reunión, 8° sesión ordinaria especial, 23/6/2016).
[22] Ver Ginzberg, Victoria, “Un intento de garantizar impunidad”, Página 12, 12/5/2016.
[23] “A diferencia del texto aprobado en la Cámara de Diputados que contemplaba la reducción en
un tercio del mínimo y la mitad del máximo (el Senado) consideró apropiado remitirse a las escalas
de la tentativa” (discurso de la Senadora Crexell).
[24] TSJCba., S. N° 112, 20/12/2002, “Herrera”; S. N° 42, 26/5/2004 en “Toledo”, entre otras.
[25] CNCP., Plenario N° 2, 21/4/95, L.L., 1995-E, p. 120; D.J., 1995-2.
[26] En el debate parlamentario, el Senador Ernesto Martínez, no obstante su condición de
abogado penalista y de representante de Córdoba “La Docta”, mostraba desorientación al
respecto, cuandodecía que “se optó por decir, simplemente, las escalas de la tentativa, si es que
en el futuro se cambia el cuadro que va desde la mitad del máximo a bajar un tercio del mínimo.
Esto puede ser en el futuro, como digo, mutado por otra escala penal. Entonces, se deja,
simplemente, lo de tentativa”. También evidenciaba desconocimiento de la realidad cuando
sostenía que la investigación penal preparatoria (a cargo del fiscal) está rigiendo ya en todas las
provincias. Al menos es rescatable la sinceridad del legislador por reconocer que es aburrido su
modo de expresarse y que no puede “poner pasión en algo que es absolutamente técnico ni llamar
a que (lo) escuchen con alguna alegría”.
[27] Esto no quedó claro en el debate parlamentario. El Diputado Burgos decía que “dentro de lo
que son las escalas penales tomadas en cuenta por la Cámara de Diputados para disminuir o
morigerar la pena de aquella persona que está imputada y que se acoge a esta figura, habíamos
establecido que ellas debían ubicarse entre un tercio del máximo y la mitad del mínimo. Los
senadores consideraron que era conveniente cambiar la escala penal y tomar en cuenta la de la
tentativa, que establece el artículo 44 del Código Penal, disminuyéndose así de un tercio a la
mitad. Los senadores y los catedráticos y estudiosos que concurrieron para analizar este tema
consideraron que era conveniente modificar la escala penal. Esto también fue aceptado en la
reunión plenaria de comisiones”.
[28] Decía la Diputada Copes, acompañando de ejemplos de la normativa comparada: “se deben
precisar, tal como recordaba Cafferata Nores, “los requisitos que debe reunir la colaboración en la
investigación para que pueda ser penalmente recompensada, no sólo por ser veraz, sino también
arreglada a criterios de proporcionalidad entre la importancia decisiva de los datos que suministre y
la amplitud del beneficio a otorgar”.
[29] Durante la vigencia de la figura del arrepentido regulada por la ley de estupefacientes 23.737,
la jurisprudencia interpretaba que la adopción por parte del tribunal de la figura receptada en el
artículo 29 terera “netamente facultativa del tribunal” (CFCP., Sala I, 9/2/2015, “Larroza Garcete”).
[30] En la discusión parlamentaria decía el diputado Brizuela del Moral: “Para que el sistema
funcione adecuadamente, se debe garantizar al arrepentido su seguridad mediante el secreto, el
anonimato o un plan de testigos protegidos idóneo. Esto en el proyecto no está claramente
plasmado, pero es cierto que tiene que ver con la aplicación que los jueces y el Poder Ejecutivo
hagan de esta norma”.
[31]“Cuando vamos al Código Procesal Penal, que trató este Congreso y que actualmente está
suspendido, se establece el plazo de un año para toda la investigación preliminar. Entonces,
verdaderamente no existe relación entre los dos años para corroborar los datos del arrepentido con
el año para realizar toda la investigación. En función de eso, la sugerencia es muy chiquitita:
simplemente eliminar el segundo párrafo del artículo 13 y dejarle al juez o al fiscal un año nada
más para que compruebe la verosimilitud de lo expresado por el arrepentido” (alocución de la
Senadora Fiore).“Es coherente la propuesta que acaba de hacer la senadora Fiore, porque,
cuando entre a regir el nuevo código, el proceso sumarial va a tener que durar 180 días. Por lo que
me parece que un año es un período de tiempo razonable para la corroboración, que es tratar de
certificar lo que dice el arrepentido con las otras pruebas que están en el proceso” (discurso del
Senador Pichetto).
[32] TOCF N° 1 de Cba., 13/11/2012, A.I. 242 “N., A. y otro”. “Para que la figura resulte eficaz, el
arrepentido debe contar con garantías sobre los términos del acuerdo. Por este motivo resultaba
absolutamente necesario establecer que el acuerdo llevado adelante por el fiscal fuera
homologado luego por el ju e z .P a ra el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 de Mendoza, los
datos no deben conducir necesariamente a una investigación exitosa, “pues no podría exigirlo así
la ley, porque si el delator -por hipótesis- aportó una batería de datos fidedignos y precisos y la
investigación, por apresuramiento o por errores, por ineficacia o inexperiencia, no llega a buen
destino, el acusador sufriría las cargas de su delación -particularmente los peligros- sin
contrapartida a su favor”. Coincidimos con Julio Báez en que “si la finalidad con que se plasmara el
acuerdo se trunca por negligencia de los órganos encargados de la persecución penal, o por el
azar, jamás esta circunstancia puede morigerar la situación del imputado. Por ello, el órgano que
lleva adelante la investigación y anhela el desbaratamiento de las organizaciones mafiosas o los
efectos del delito debe efectuar una prudente valoración acerca de la información que se le
suministra. Si la misma es rayana con la fabulación, poco crédito debe dársele y, menos aún,
conceder los galardones. Si la misma es atinada, entonces debe el Estado cumplir con lo pactado -
reduciendo o eximiendo de pena al delator aun cuando no se hubiese logrado el fin propuesto sin
perjuicio de las responsabilidades que correspondieren deslindar” (discurso de la Diputada Copes).
Cómo el Estado haga uso de la información, cuánto prospere la causa, no puede ser nunca la
variable que determine si se aplica o no la figura. Si la información que brinda el arrepentido
permite abrir líneas certeras de investigación, identificar posibles responsables, el fiscal decidirá la
aplicación de la figura. No es una figura ex post; si no, no hay garantías posibles para quien decide
delatar a sus superiores en la organización. El dictamen en esto incurre en confusiones.
[33]“El fiscal puede negociar con él y puede creer que le corresponde un premio por lo que dijo y
determinar cuál es -s i la libertad, si menos cárcel, etcétera-, pero también me parece muy
importante que la definición de eso sea en el momento de la sentencia y lo hagan los jueces,
porque, en última instancia, son los que van a valorar, en el momento definitivo del proceso, si lo
que se dijo realmente tiene una implicancia real” (discurso del Senador Caserio).
[34] Ya bajo la vigencia del régimen anterior de la ley 23.737 que permitía el “arrepentimiento” en
todas las etapas del proceso, se advertían los problemas de la intervención dividida de distintos
fiscales para fijar una estrategia común en orden a los “arrepentidos”, por lo que una resolución de
la Procuración General de la Nación preveía que “cuando ambos fiscales lo estimen necesario y
conveniente, asuman en forma conjunta la consecuente investigación” y en virtud de lo dispuesto
por la Res. PGN 26/12, “se determine que ese fiscal general sea quien actúe en el eventual juicio”
(Res. PGN N° 78, 25/7/2012).
[35] CFCP., Sala II, 9/2/2012, "Saavedra”; Sala I, 25/6/2012, “Aranea”; Sala IV, 25/2/2008, “Achili”;
16/7/2008, “Palma Gamero”; 22/11/2010, “Gómez Molina”; 2/5/2011, “Hernández”. Binder señala
que "además del límite fijado por el legislador el juez tiene otro límite: aquel fijado por el acusador,
sea éste oficial o privado" (Introducción al derecho penal, Editorial Ad Hoc, Buenos Aires, 2004,
p.297).
[36]“Para que el sistema funcione adecuadamente, se debe garantizar al arrepentido su seguridad
mediante el secreto, el anonimato o un plan de testigos protegidos idóneo. Esto en el proyecto no
está claramente plasmado, pero es cierto que tiene que ver con la aplicación que los jueces y el
Poder Ejecutivo hagan de esta norma” (Diputado Brizuela del Moral).
[37]Riquert, Marcelo, “¿Necesitamos más delatores premiados (“arrepentidos”)?”, El Dial, DC20F4,
4/5/2016.
[38] Riquert, Marcelo, “El delator (“¿arrepentido?”) en el derecho penal argentino”, El Dial,
DC13DF, 10/9/2010, citando a Ziffer, Patricia S., Lineamientos de la determinación de la pena, Ad
Hoc, 1996, ps. 171, 173 y 175. También agrega la autora citada que impedir la valoración negativa
pero crear un sistema de premios para facilitar una investigación más efectiva de los delitos (con
figuras como el arrepentido o el testigo de la corona), ofrece una “armonía aparente” o bien
“pagada a un alto costo para la garantía de defensa”porque “hacerle saber al imputado que su
confesión posiblemente lo libere de una pena grave reduce su libertad de decisión
considerablemente”, por lo que “la restricción del derecho de defensa sólo puede ser evitada
mediante la prohibición de valorar la conducta procesal en cualquiera de sus formas, pues sólo
esto elimina el riesgo de que los jueces caigan en la tentación de valorar negativamente, de
manera explícita o velada, que el imputado se haya negado a declarar”.
[39]Riquert, Marcelo, “El delator (“¿arrepentido?”) en el derecho penal argentino”,
[Link] .pdf, p. 10.
[40] “No advierto que el recurrente, para sustentar que en el caso se encuentra comprometida la
ética del Estado, haya dirigido su crítica a la validez constitucional de alguna norma en concreto”
(CFCP., Sala III, Reg. N° 2052, 30/10/2013, “Salgán”).
[41] En el debate parlamentario, la senadora Crexell señalaba: “La figura del arrepentido se
encuentra regulada en legislaciones de Alemania, Italia, España, Costa Rica, Portugal, Colombia,
Bolivia, Francia, Brasil, entre otros casos. A nivel internacional, son muchos los ejemplos en que la
aplicación de esta figura ha sido exitosa en relación al descubrimiento de delitos de investigación
compleja. A modo de ejemplo, podemos mencionar los recientes casos, de público conocimiento,
de Brasil, Italia, Estados Unidos y FIFA, entre muchos otros, en que esta figura fue determinante en
la investigación de complejos entramados delictivos. En Brasil la figura surgió como consecuencia
de la Ley de crímenes hediondos N° 8072/90, referida a los delitos de corrupción. Se la denomina
“delación premiada” utilizada en el conocido “mega fraude de Petrobras””.
[42]Cuando en el Senado fueron oídas personalidades sobre el tema, Yacobucci opinó que “...ni el
arrepentido, ni la extinción de dominio per se colisionan con el orden convencional, ni con el orden
constitucional. Con el orden convencional, sin duda que no, porque son una buena consecuencia
de la Convención de Palermo, de la lucha contra el crimen organizado, que el Estado argentino ha
firmado. Y es una consecuencia importante que ha sido validada a nivel internacional e incluso por
esta Casa. En el orden constitucional, tampoco, porque en buena medida el arrepentido no está
declarando obligadamente contra sí mismo, de modo que todas esas retóricas que se vuelcan
contra la figura en términos abstractos o generales son inconsecuentes” (citado en el discurso de la
Senadora Crexell).
[43] Estupefacientes, Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2003, p. 375.
[44] Y en cuanto a la crítica consiste en sostener que se lo obliga a elegir la pena más leve,
cuando, quizás, en un debate público, o bien podría tener el mínimo de la escala penal más grave,
o bien podría ser absuelto, acepta que si bien es cierto, “esta es una opción que debe elegir el
propio imputado y realizar un análisis de beneficios y desventajas. El fiscal puede formular mal su
acusación. Las pruebas pueden no ser favorables a la pretensión punitiva, y alguno de los actos o
documentos del proceso pueden ser absolutamente nulos. Precisamente, el arrepentido no es
obligado normativamente a transmitir información útil. Tampoco lo es físicamente, y es él y su
abogado quienes deberán calcular cuáles son las consecuencias más ventajosas para el
interesado” (Spolansky, Norberto Eduardo, “El llamado arrepentido en materia penal”, La Ley, T°
2001-F, ps. 1434 y ss). La crítica apuntada tiene similitudes con aquella que cuestiona el juicio
abreviado por la coerción indirecta o velada que ejerce el sistema para que el acusado confiese
(ver Langbein, John, "Sobre el mito de las constituciones escritas: la desaparición del juicio penal
por jurados", Harvard Journal of Law and Public Policy", vol. 15, n° 1, trad. de Alberto Bovino y
Christian Courtis, Nueva Doctrina Penal, Del Puerto, 1996-A; Bovino, Alberto, "Simplificación del
procedimiento y juicio abreviado", Primeras Jornadas Provinciales de Derecho Procesal,Colegio de
Abogados de Córdoba, 1995).
[45]Luciani, Diego, Trata de personas y otrosdelitos relacionados, Rubinzal Culzoni, Santa Fe,
2015, p. 261. Agrega que así también lo entendió Donna Edgardo, “Comentario a la ley 25.742 de
reforma al Código Penal de la Nación en Reformas Penales, Rubinzal Culzoni.
[46]“No resulta claro a que se refiere el término “preliminarmente”, si se refiere al proceso del
arrepentido o al proceso respecto del cual el arrepentido suministra información”, advertía la
Senadora Crexell en el debate parlamentario. Creemos que se refiere a que puede hacerlo de
manera anticipada al avance del proceso.
[47]“Bien utilizado, el instituto sirve. Si lo utilizamos con criterios sectoriales, con criterios políticos
partidarios o con un juez que no está a la altura de las circunstancias, lógicamente se producirán
desviaciones” (discurso del Senador Rozas). “La figura del arrepentido ayuda mucho a
desenmascarar los crímenes. Pero la eficacia de estas normas depende de la honestidad de los
jueces que las aplican” (Diputado Conesa).
[48] Las derivaciones del caso aun no están cerradas, porque no hay sentencia firme en el juicio a
los acusados de encubrir y desviar la investigación del atentado.
[49]El problema del show mediático alrededor de ciertos arrepentidos estuvo presente en el debate
parlamentario en los discursos de representantes de distintos bloques. De todas formas, el
problema de la credibilidad liviana o apresurada de los arrepentidos es más preocupante desde el
punto de vista judicial, porque al sistema de justicia obviamente se le exige mucha más precisión y
responsabilidad que a los medios de difusión, principalmente que actúe en base a pruebas, más
aun cuando lo que está en juego no es sólo la honra, sino también la libertad. Es que la prensa y el
Poder Judicial comparten temas e intereses pero persiguen distintos fines y tutelan diferentes
valores.
[50] La historia aun no está definitivamente cerrada porque, si bien están firmes sentencias que
declararon la mendacidad del arrepentido, las absoluciones a los acusados por aquel están
recurridas en casación. Y respecto a la investigación de las circunstancias de la muerte de uno de
los sindicados, la prensa informó que las autopsias concluyeron que se disparó, pero no ha
trascendido si concluyó.
[51]TC., 9/12/2002, S. 233 y TS., Sala 2a, 25/1/2007, S. 24. Por cierto que la base de cualquier
beneficio consiste en que la información del “arrepentido” sea veraz. Y es útil reiterar que se trata
de un coimputado del mismo hecho o de otros conexos, “que asumiendo una condición de ‘soplón’
puede proporcionar datos falsos, buscando mejorar su situación procesal” (véase Cafferata Nores -
Hairabedián, La prueba en el proceso penal,Abeledo Perrot, 7° ed., ps. 277 y 278).
[52] Montoya, Mario D., Informantes y técnicas de investigación encubiertas, 2° ed. Ad
Hoc,2001,ps. 270/271. Cuenta este autor que el famoso juez italiano Falcone, que terminó
asesinado por la mafia, tenía confianza en los arrepentidos porque comprendía como funcionaba
su psicología, decía que los hombres de honor cuando elegían hablar, decían la verdad, porque en
una mafia donde la ley es el silencio, cuando se colabora se lo hace con seriedad (p. 269).
Desconozco si esa mentalidad funcionaba realmente así, pero la experiencia argentina demuestra
que hay que desconfiar de la información de los arrepentidos, aun expresada con firmeza y
convicción, o con datos espectaculares e impactantes. Puede ser tan cierto como no.
[53] Riquert, Marcelo, “El delator (“¿arrepentido?”) en el derecho penal argentino”, ElDial,
DC13DF, 10/9/2010. Agrega que esta es la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos
(TEDH) en una serie de casos respecto de los “pentiti" italianos: “Contrada” (1998), “Labita” (2000)
y “Perna” (2001).
[54]Búsqueda de la verdad en el proceso penal, Hammurabi, Buenos Aires, 2000, ps. 68 y 69.
[55]La Corte Suprema ha dicho que “respecto a la imputación de los co-procesados debe
observarse que las acusaciones de esta especie son siempre, en principio, sospechosas, aunque
quienes las formulen no hayan de conseguir con ellas excusar o aminorar su responsabilidad
penal, por lo cual para que constituyan prueba, han de tener particular firmeza y estricta
coherencia...” (Fallos 215:324).
[56] Decía la Diputada Litza: “Si bien tenemos algunos reparos respecto de las modificaciones del
Senado, hay otras que consideramos muy acertadas porque ajustan un poco más la redacción,
aunque hay dos cuestiones que no quiero pasar por alto. Una es la relativa al artículo 2° donde se
agrega la frase “proporcionare maliciosamente”, y quienes entienden un poco de dogmática penal
saben que estamos incorporando un elemento subjetivo de difícil comprobación”. En tanto que su
colega Burgos “esto se vincula con aquellos casos en que el arrepentido otorga datos necesarios
en forma deliberada pero malintencionada, proporcionando datos que son inexactos, lo que lleva a
entorpecer el normal procedimiento del proceso” (HCD., Periodo 134, 17° Reunión, 16° Sesión
ordinaria especial, 19/10/2016).
[57]Cuando en el Senado fueron escuchadas personalidades, Arslanián advertía que el artículo “es
de dudosa constitucionalidad porque se castiga al arrepentido o imputado que miente cuando no
está atado a ningún juramento de decir verdad, dado que nadie está obligado a declarar en su
contra, según el artículo 18 de la Constitución Nacional; y esta se trata de una garantía no
negociable, está por encima del propio imputado. Él no puede prescindir de ella, no es negociable,
como decía recién, como no lo son las garantías constitucionales. De modo que, si no cumple el
acuerdo a causa de la mentira, ese incumplimiento no debería resultar sancionable” (citado en el
discurso de la Senadora Crexell). Su par García decía que “el arrepentido no declara como testigo,
sino que lo que hace es, en el marco de una declaración indagatoria, una m anifestació[Link]
imputado que declara puede mentir, ya que tenemos un principio constitucional que dice que nadie
puede declarar contra sí mismo, de modo que, en esa oportunidad, en la cual el imputado se está
acogiendo a la figura del arrepentido, puede mentir. Esto tenemos que tenerlo en [Link] no
es testigo. El único que está obligado a decir la verdad es quien declara en su calidad de testigo y
no como imputado”.
[58] Ilustra De Luca que “nuestra legislación patria había reconocido estos principios, como lo pone
de manifiesto la moción del diputado Valle en la Asamblea del Año XIII que ordenó no se exigiera
más el juramento: "por lo que hace al reo en las causas criminales puede asegurarse ciertamente,
que el exigir de él la verdad bajo juramento es ponerlo en la dura alternativa de invocar el Santo
nombre de Dios para autorizar la mentira, o de poner él mismo en mano del verdugo la duración de
su existencia, violando aquel axioma del derecho natural que dice nema tenetur se ipsum prodere".
Agrega que proscribía también el juramento para la confesión el Estatuto Provisional de 1815 y
expone el comentario de Obarrio en la exposición de motivos del antiguo Código de Procedimiento
en materia penal: " . l a indagatoria se tomará en la forma que el proyecto determina, sin que jamás
pueda hacerse al procesado preguntas capciosas o sugestivas ni emplearse coacciones.
amenazas o falsas promesas, ni exigirle juramento ni aún simple promesa de decir la verdad, bajo
el concepto de ser corregido disciplinariamente el juez que violara estas prohibiciones legales, si
no hubiere lugar de su parte a una responsabilidad mayor". De Luca consigna que “ la Corte
Suprema adoptó esta posición desde sus comienzos y la mantuvo: Fallos, 1:350; 227:63; 281:177”
desarrollando el contenido deprecedentes al respecto (De Luca, Javier A., "Notas sobre la cláusula
contra la autoincriminación coaccionada", Cuadernos de Doctrina y Jurisprudencia Penal, Año V,
N° 9 "B",Ad Hoc, Buenos Aires, 1999, ps. 266/267).
[59] “El imputado en un proceso penal no está sometido a la obligación jurídica de decir la verdad,
sino que puede callar total o parcialmente o incluso mentir, en virtud de los derechos a no declarar
contra sí mismo y a no confesarse culpable y que no pueden extraerse consecuencias negativas
para el acusado derivadas exclusivamente del ejercicio de su derecho a guardar silencio o de los
derechos a no declarar contra sí mismo o a no confesarse culpable (TCEspaña, S. N° 76
16/4/2007). El Tribunal Superior de Justicia de Córdoba ha resaltado la conexión entre el principio
de inocencia y el derecho de defensa, pues proporciona a éste su verdadero sentido, de modo que
no se podrá utilizar como presunción de culpabilidad en su contra, ni como circunstancia agravante
para la individualización de la pena que se le pudiere imponer, art. 41 C.P., que el imputado se
abstenga de declarar, o que al hacerlo mienta, o el modo en que ejerza su defensa (Sent. n° 45,
27/05/2004, “Alfaro”). Cafferata Nores, al cuestionar el uso de la mentira del imputado para
perjudicarlo en la valoración de la prueba, aclara que “por cierto que no se pretende aquí abordar
toda consecuencia perjudicial que pudiere acarrearle cualquier mentira que pronuncie en ese acto
procesal. Por ejemplo, si sus dichos resultan agraviantes para el honor de una persona por
imputarle falsamente un delito de acción pública, podrá -eventualmente quedar sujeto a
responsabilidad penal o civil (art 109 CP); o si proporciona datos falsos sobre el delito de terrorismo
que se le imputa buscando las ventajas del “arrepentido”, quedará sujeto a las sanciones
expresamente previstas para ese supuesto en el art. 6 de la ley 25241” (¿Es constitucionalmente
aceptable el indicio de “mala justificación”?-Entre el “vuelo de la golondrina” y el “vuelo del
murciélago”, Academia de Derecho y Ciencias Sociales, Córdoba, [Link]
constitucionalmente-aceptable-el-indicio-de-mala-justificacion).

Citar: elDial DC222D


Publicado el: 11/15/2016
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