EDUCAR HOY ES, ANTE TODO, HUMANIZAR
-Hacia una pedagogía mediadora con rostro humano-
Lorenzo Tébar Belmonte
“La educación del futuro deberá ser una enseñanza fundamental y universal centrada
en la condición humana. Es preciso que (los educandos) se reconozcan en su
humanidad común y, al mismo tiempo, reconozcan la diversidad cultural inherente a
todo lo humano”.
(Edgar Morin: Los siete saberes: Enseñar la condición humana).
Glosario: Pedagogía, Educación, Ética, Humanizar, Habilidades cognitivas,
Mediación, Método, Sentido, Valor.
Encontramos a lo largo de la historia de la Educación una serie de preferencias que se
han decantado a favor de uno de los tres pivotes, en torno a los cuales gira la
educación: Los contenidos, el docente y el educando. La Educación necesita
repensarse constantemente, para que responda a las exigencias y demandas de los
educandos de cada época. Este desafío nos permite ir sorteando las crisis sin encontrar
una respuesta definitiva sobre la que poder acumular esfuerzos en aras de la calidad.
Los docentes actuales recelan, no sin razón, de dar su adhesión a corrientes
pedagógicas más o menos novedosas, pero sin una visión global e integradora de los
principios coherentes de las ciencias humanas. La educación sigue despertando
controversias, tensiones y aventurando respuestas innovadoras, sin rumbo fijo,
navegando en un océano de incertidumbre, a través de un archipiélago de certezas. La
educación va atravesando etapas de confusión y de esplendor, siempre buscando entre
escollos la eficacia y la mejor preparación de la persona para la vida social y para el
empleo. En nuestro empeño está la opción patente por el educando, como protagonista
auténtico de la educación, pero resaltando el desafío que tiene todo el sistema
educativo de crear estructuras humanizadoras que tengan en cuenta su centralidad en
los procesos que hoy impone una escuela compleja, sometida a los vaivenes de la
moda y a las experiencias de los nuevos recursos de la sociedad tecnologizada.
Definitivamente creemos que el paradigma sociocognitivo debe imponerse para la
construcción integral del educando, desde la forja de la persona integral, autónoma y
libre, que le prepare para su plena inserción en la sociedad y para su realización óptima
de su persona:“El sentido de la educación es conservar y transmitir el amor intelectual a
lo humano” (Savater, F. 1997: 180).
1. DEFINICIÓN, SENTIDO Y VALOR DE LA EDUCACIÓN HOY.
En épocas de crisis en las que los docentes desertas de su profesión en busca de
tareas menos desgastantes y con más compensaciones, puede resultar paradójico
exaltar los valores y méritos de la misión más imprescindible y trascendente de nuestro
tiempo. Aún a sabiendas que educar es ir contracorriente, que ser educador hoy es una
pesada carga que toda la sociedad pone sobre las espaldas para ejercer una profesión-
panacea para todos los males que la acucian. El abandono de los maestros se ha
convertido en el “problema moral” número uno de nuestro tiempo. No podemos concebir
un mundo sin escuelas y escuelas sin buenos profesionales, a pesar de reconocer
que “la educación encierra un tesoro” (Delors) y que es la experiencia más decisiva en
nuestras vidas. Necesitamos precisar la definición desde la que partimos, para
comprender el sentido y trascendencia de la Educación, pues se emplean términos
indistintamente, como Pedagogía-Educación-Instrucción, que generan confusión y
reducen su verdadero sentido. En este mismo orden iríamos de la teoría a la praxis más
concreta:
- Pedagogía recoge las teorías, reflexiones y las distintas maneras de concebir
la Educación. Recogiendo la síntesis de Durkheim (1980: 70): Pedagogía es la ciencia
que fundamenta la Educación, mientras que la Educación es la materia de la
Pedagogía.
- Educar es una forma de hacer Pedagogía, pues comprende las prácticas o las
acciones de los padres o los maestros sobre los niños con una intención formadora. La
educación no tiene límites en sus formas de realizarse, una de ellas es la instrucción,
cuando se limita a la transmisión cultural o unos contenidos de aprendizaje.
Podemos hallar múltiples definiciones de Educación, pues su forma de concreción
responde a una interpretación específica de los tres pilares que la sustentan:
La Educación representa el umbral de todo ese campo semántico, pues ella abarca
cuanto podemos decir de la acción intencional de desarrollo integral del ser humano a
través de una pedagogía. El concepto de educación debe entenderse desde estos tres
campos disciplinares que enmarcan su plena identidad:
- Antropología: Centrada en el conocimiento del sujeto que queremos educar,
sus cualidades, necesidades y potencialidades. Conocer al educando es el primer paso
para la plena construcción y formación de la persona. La auténtica antropología
pedagógica debe ser “presencial” (M. Buber) y partir del trato directo con el hombre: el
de la relación con las personas. Kerschensteiner le exigirá como condición primaria al
educador la capacidad de “penetración psicológica”, que se completa por la acción en el
seno de una comunidad pedagógica.
- Teleología: La ciencia de los fines, que nos orienta hacia qué metas tendemos,
qué tipo de persona queremos formar, con qué cualidades, competencias, actitudes y
valores. Educar exige personalizar, socializar y formar al ciudadano para la vida. Nos
ayuda a definir qué tipo de alumno queremos formar, concretán la utopía abierta de la
perfección humana.
- Pedagogía: Es el arte y ciencia, la teoría y técnica de la Educación. El
concepto fundamental de la pedagogía es la educabilidad del alumno” (Herbart). La
educabilidad es la capacidad receptiva, disposición o plasticidad, -“modificabilidad” para
R. Fuerstein- “potencialidad” ZDP, para Vygotski- la tendencia activa a aprender los
contenidos y los valores necesarios para la formación integral. Hoy se subraya el papel
imprescindible, la implicación y esfuerzo del sujeto en su propia formación. La ciencia
que nos orienta y ayuda a buscar los medios más adecuados de todo orden para una
educación integral de calidad.
Didáctica: Ciencia y arte de la enseñanza, de los métodos de instrucción que
organiza los procesos de aprendizaje.
No es fácil comprender que haya personas que quieran dedicarse a la noble misión de
educar sin amar con pasión su oficio y sin saber explicar sus valores ocultos. Bauman
nos alerta de los “retos de la educación en la modernidad líquida”: Síndrome de la
impaciencia y de la búsqueda de la gratificación inmediata; considerar la educación
como un producto y no un proceso; que hace del conocimiento una mercancía; que
desafía la veracidad del conocimiento; que lo que vende es la velocidad, la diferencia,
en un mundo sin ningún tipo de estabilidad… Todo ello nos presenta el reto definitivo
de “aprender a vivir en un mundo sobresaturado de información. Y también debemos
aprender el aún más difícil arte de preparar a las próximas generaciones para vivir en
semejante mundo” (Bauman, Z, 2007: 46).
EDUCAR ES A LA VEZ CIENCIA Y ARTE.
Es conveniente insistir en la necesidad de disponer de un “tronco común” de
conocimientos teóricos que orienten y clarifiquen al educador a la hora de tener que
elegir las herramientas. La Educación es ciencia y arte. La ciencia nos justifica los
porqués, las razones y argumentos por los cuales actuamos de una manera o de
otra. La ciencia nos sirve de referente teórico que ayuda al discernimiento y a la toma
de decisiones. En la caja de herramientas no aparece el “Manual de Instrucciones” o la
teoría sobre el aprendizaje, las inteligencias o los conjuntos, porque, se sobreentiende,
que está en el bagaje de conocimientos del docente. A todo manual le precede una
teoría, una investigación y una evaluación de su eficacia. El arte es nuestra capacidad
transformadora, nuestro modo de adaptar la utilización de un instrumento o aplicación
de una estrategia a una situación dada. El arte se apoya siempre en unos cánones
estéticos, en una normativa que guía al artista, que le permite combinar los elementos
en cada nueva obra. El arte aplica el proceso adecuado que le inspira su buen
entender, pero proyectado por el saber. Pero nos importa distinguir la educación como
tarea intencional, que sólo puede ser atribuida a la acción responsable del adulto.
Pedagogía y Psicología se dan la mano en este proceso de interacción educativa, como
bien intuyó Durkheim: “Sólo la historia de Enseñanza y de la Pedagogía permite
determinar los fines que debe perseguir la educación en cada momento. Pero, por lo
que respecta a los medios necesarios para la consecución de los fines propuestos, hay
que recurrir a la psicología” (Durkheim, E. 1980: 88).
La primera cuestión que necesitamos clarificar es la de la propia identidad del docente,
tanto como instructor como educador. El posicionamiento en este campo ya nos permite
discernir una serie de principios que aportan sentido o delatan su vaciedad. ¿Qué es y
qué sentido tiene para los docentes la palabra Educación? Indudablemente la pregunta
puede ampliarse o iniciarse desde la comprensión de la Instrucción y también culminar
con misión social, para descubrir latrascendencia de una profesión y el carácter
inherente, tan marcadamente socializador y ético. Encontrar una definición compartida
de educación debiera ser la primera tarea de un equipo de educadores que asumen un
mismo proyecto educativo, para llegar a identificar qué elementos antropológicos,
teleológicos y psicopedagógicos se ponen en común.
En educación no podemos esclavizarnos a un simple método, ni siquiera a un
solo paradigma, pues necesitamos compaginar mundos muy diversos (cognitivo,
afectivo, social, axiológico…), máxime cuando las aulas se han transformado en un
abigarrado y plural ámbito de culturas, idiomas, niveles, actitudes… Esta inmensa
dificultad que experimentan los docentes necesita la búsqueda de una orientación
ecléctica, pero bien fundamentada. Necesitamos realizar nuestra síntesis, encontrar un
paradigma integrador, al que podemos echar mano para dar coherencia a la hora de
integrar todos los haces de luz en una misma dirección. Nos referimos al PARADIGMA
DE LA MEDIACIÓN EDUCATIVA que viene demostrando su capacidad de ayudar a
cambiar el modo de comprender la educación y de enriquecer los estilos de enseñanza-
aprendizaje en las aulas. La historia de la educación ha ido focalizando su atención en
los elementos esenciales, pero sin integrarlos: Han privado los contenidos sobre la
forma de presentarlos por los docentes, o han privado los métodos por encima del
protagonismo de losalumnos. Educar no es una reducción a lo que cada uno considere
más importante, sino que cada elemento tiene su peso, pero sin despreciar nada.
La formación del docente debe aportarle todo un sistema de creencias, de convicciones,
que permitan un glosario común actualizado de conceptos psicopedagógicos, asumidos
por la comunidad educativa.
De cuanto llevamos expuesto ya podemos cuestionar y hacer el primer análisis de la
realidad pedagógica que nos envuelve:
- ¿Cuáles son los principios que cimentan nuestro método pedagógico?
- ¿Cuál es realmente el método de enseñanza-aprendizaje que sigo con relativa
frecuencia?
- ¿Cuál es la importancia dada por cada docente a: Profesor- Alumno-
Contenidos-
Método- Clima de Relaciones- Actividades- Evaluación.
Avanzando un paso más en este análisis pedagógico, pero necesariamente concreto,
pues justamente la educación actual adolece de una falta de concreción de metas. La
primera de ellas debería responder a esta cuestión: ¿Qué tipo de persona queremos
formar? Definiendo el perfil utópico del resultado de todos los procesos formadores en
todas las dimensiones que seamos capaces de contribuir desde las oportunidades que
puede ofrecer la vida escolar. Si seguimos este camino de reflexión es porque hemos
constatado que si no nos marcamos unas metas, no podremos nunca seleccionar los
medios y los recursos de todo tipo, que nos ayuden a buscar esos logros.
La mirada analítica nos va a ayudar a volver a descubrir mejor el potencial de cada
uno de los protagonistas del acto educativo. El primero, sin duda, va a ser fijarnos en el
educando, el auténtico protagonista, que necesitamos implicar en nuestro proyecto,
pues sólo el profesional puede ser el creador y gestor de un proyecto educativo. Y la
cuestión esencial es: ¿Cómo aprenden los alumnos? ¿Cuál es la actitud, estilo
cognitivo, la motivación de cada educando? ¿Cuáles son sus dificultades o
necesidades? ¿Cómo ayudarles a solucionarlas? Estas preguntas nos pueden ayudar a
hacer una inmersión en la epistemología, conscientes de poner a prueba nuestra
profesionalidad, para poner en armonía mente, corazón, entorno… El aprendizaje no es
una actividad inmediata ni directa, sino que es un proceso transformador, pues
aprendemos también con todas nuestras vísceras.
2. TOMAR LA EDUCACIÓN EN NUESTRAS MANOS.
Cada día se hace más difícil seguir bregando en el mundo educativo. Los problemas
de la sociedad tienen su impacto en la vida de las aulas y en la tarea formadora. Los
conflictos sociales se reflejan en las relaciones del micromundo de cada aula. Sin
embargo, parece que nunca hemos tenido tantos medios como ahora para hacer que la
educación mejore su calidad. A sabiendas de que hay muchas soluciones y que no
parece que hayamos encontrado la definitiva, queremos apuntar un camino seguro y
eficaz de formación, con elementos muy valiosos para el cambio pedagógico que hoy se
necesita en la educación. ¿Por dónde empezar?: “Conocer lo humano es,
principalmente, situarlo en el universo y no cercenarlo. Interrogar nuestra condición
humana supone interrogar primero nuestra situación en el mundo”(E. Morin, 2001: 57).
No avanzan los resultados positivos de las evaluaciones educativas al ritmo que sería
de desear. Los países introducen reformas educativas sin llegar a dar con la clave de la
respuesta para un mayor éxito educativo. Parece que los docentes pierden moral y
desertan de la función docente, queriendo buscar otros oficios más llevaderos y con
menos desgaste. La educación sigue siendo imprescindible para la formación de una
sociedad más habitable, más justa y más solidaria, pero la sociedad no encuentra los
medios para que la escuela recupere su prestigio y los educadores la autoestima que
merece su trascendente e imprescindible labor social.
Los cambios educativos y los programas experimentales nos han abierto pistas muy
clarificadoras para poder ahondar en las propuestas pedagógicas en la sociedad del
conocimiento. Parece como si existiera una ceguera contagiosa que impide ver las
auténticas causas que producen las deserciones de los docentes y los mediocres
resultados de muchos alumnos en los diversos países de la OCDE –especialmente nos
referimos a los resultados de PISA (Programa Internacional de Evaluación de los
Estudiantes del mundo, de 15 años). Y, sin embargo, todas las respuestas que se están
dando, como resultado de las innovaciones en torno al aprendizaje por competencias o
al desarrollo del pensamiento, a la formación de la inteligencia, etc., nos llevan a la
misma conclusión: Para educar hoy necesitamos maestros que sepan trabajar en
equipo, que sean profesionales de su oficio, que sepan ayudar a construir la mente de
sus alumnos, a través del aprendizaje de sus disciplinas curriculares, pero en un clima
de interacción y sana convivencia.
Parece sencillo, pero no se ha entendido. Existe una reiterada convicción de que los
profesores siguen preocupados por transmitir contenidos –centrados en la instrucción-,
no enseñan a pensar, sino que se limitan a transmitir los contenidos de sus materias.
No enseñan a aprender, pues cada uno emplea su método, sin preocuparse cómo
compaginar y complementar el método de los demás docentes. El problema de
las teorías implícitas denuncia este fallo profesional: Casi todos los profesores –
carentes de una básica formación psicopedagógica- enseñan a sus alumnos de la forma
como ellos aprendieron a estudiar. Hemos constatado esta hipótesis en nuestra
investigación (El perfil del profesor mediador), demostrando que más del 90% del
profesorado consultado en España y en varios países de América Latina (N=860), no
tiene un método concreto, no sabe definir los pasos que construyan una programación
de aula y que expresen su propuesta pedagógica.