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Tema 7 - Victimología

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TEMA 7

VICTIMOLOGÍA.
CONCEPTO Y APLICACIONES.

Autor: Dr. Manuel G. Jiménez Torres


Universidad de Granada

PRESENTACIÓN

En este tema se aborda la disciplina de la Victimología y su encuadre dentro de la


Criminología. Se incluye un apartado donde se describe el concepto de Victimología y la
definición de lo que se concibe como víctima. Se analizan los conceptos victimológicos
básicos, los tipos de victimización y las diferentes tipologías victimales. Se tratan los
procedimientos para recabar las estadísticas victimales a través de encuestas de
victimización y de autosondeos. Se exponen algunos modelos teóricos relacionados con
la Victimología. También se tratan algunas particularidades de las víctimas de delitos
violentos (agresiones sexuales, terrorismo o malos tratos) y se apuntan algunas
perspectivas futuras de la Victimología.

Se ha tratado de sintetizar al máximo el contenido por la pretensión de ajustarlo a 0,5


créditos ECTS (12,5 horas de trabajo del estudiante). El estudio detenido de este tema en
el texto que se presenta y la realización de las actividades y del cuestionario de
evaluación serán suficientes para adquirir los conocimientos y habilidades que se
persiguen.

Es aconsejable que el estudiante distribuya el tiempo racionalmente para dedicar a este


tema el tiempo previsto (12,5 horas), teniendo en cuenta de incluir en ese tiempo las
siguientes actividades: 1) lectura-estudio del tema, 2) conexión con plataforma
(descarga de materiales, foro), 2) realización de actividades y 3) realización de
cuestionario.

¡Ánimo!

1
1.- Introducción

Se concibe la Criminología como una ciencia empírica e interdisciplinar encargada del


estudio del delito, del delincuente, de la víctima y de los medios de control social sobre el
hecho delictivo, su forma de actuación y de prevención.

A partir de este concepto vemos que hay una relación directa con la Victimología, ya en
su descripción observamos a la víctima como objeto propio de la Criminología, sin
embargo este concepto no ha estado siempre ahí. La víctima comienza a plantearse
como objeto de la criminología a partir de 1950. El primer autor que habla de víctima
fue Von Hentig, que se preocupó por los derechos victimales.

La víctima se concibe como complemento de la secuencia criminal.

Los aspectos en virtud de los cuales se otorga más importancia a la víctima son:

- Información que aporta el delito.

- La información que puede aportar del delincuente.

- Los programas de prevención.

- Y sobre todo, una necesidad social de protección a esta persona.

Igualmente hay que prestar especial atención a los estudios victimológicos; las
encuestas de victimización (aquéllas que sólo pueden ser completadas por víctimas de
delitos) y los auto-sondeos (para la población en general) son mecanismos estadísticos
para medir los índices de victimización y obtener información relevante sobre el
fenómeno criminal.

¿Qué importancia tiene hoy día la Victimología?

Hoy está a la orden del día, podemos otorgarle una importancia absoluta, pero en
algunos casos es excesiva o desmedida porque no se puede tener en cuanta sólo a las
víctimas, especialmente cuando se trata de legislar. La representatividad, sobre todo en
el ámbito del Derecho Penal, debe ser proporcionada.

2.- Relación entre Criminología y Victimología

La victimología se definirá como la ciencia encargada del estudio de las víctimas, pero
debemos plantearnos si la victimología tiene entidad suficiente para considerarla una
ciencia, o bien si la consideramos una disciplina.

Para resolver esa primera cuestión debemos comenzar haciendo un poco de historia.
Hasta el VI Congreso Internacional de Criminología, celebrado en Madrid en 1970,
cuando un sujeto llamado Drapkin propone la celebración del I Symposium
Internacional de Victimología, que se celebraría en Jerusalén (Israel) en 1973 y que
abarcaría los siguientes apartados:

2
1. Estudio de la Victimología.

a. Concepto.

b. Definición de víctima.

c. Metodología.

d. Etc. (se trata de cuestiones generales).

2. Estudio de la víctima: en el sentido de elaborar tipologías victimales, estudiar la


presencia de la víctima en el proceso penal, etc.

3. Relación entre víctima y victimario.

4. Relaciones entre la sociedad y la víctima, y en concreto, lo referente a programas de


prevención, tratamiento, resarcimiento…

Este VI Congreso de Criminología es la primera vez que empieza a plantearse la


hipótesis de la Victimología. A raíz del Symposium, el cual resulta un éxito, comienza a
tenerse en consideración el fenómeno victimal y se inician reuniones científicas cada 3
años donde se intenta ahondar aún más en los contenidos de la victimología.

Volviendo a la pregunta ¿Es la Victimología una ciencia o una disciplina?

Podemos plantear 3 postulados referentes a la relación ciencia o disciplina de la


Victimología:

1. Posición defendida por aquellos autores que interpretan la Victimología dentro de la


Criminología, es decir, consideran que la Victimología no presenta autonomía científica,
sino que es una rama o disciplina de la Criminología.
Los principales autores son Ellenber y Goppinger.

2. Las posiciones autonomistas dicen que la Victimología es una ciencia autónoma con
objeto, método y fin propios. Hay varios autores: Mendelsohn la identifica como una
ciencia paralela a la Criminología porque la Criminología se centra en el estudio del
delincuente y la Victimología en el estudio de la víctima. Otros autores representativos
como Drapkin y Separovic la definen como la ciencia de las víctimas, el concepto de
victimas que defienden es amplio, no como sujeto pasivo, pudiendo englobar no sólo al
sujeto pasivo sino a cualquier persona que sufra un daño por una acción ilícita.

3. Negación de la Victimología: se trata de un grupo de autores que no sólo niegan su


autonomía sino su propia existencia. En concreto Jimenet de Asúa decía que no había
que debatir si era ciencia o no, sino contribuir para establecer el papel de la víctima del
delito. Otro autor fue Kaiser, que también habla de su inexistencia.

El criterio mayoritario es el primero, es decir, se incluye a la Victimología dentro de la


Criminología. Esta posición se justifica mayoritariamente porque el resto de las
posiciones son extremas, una la niega y la otra le da el carácter de ciencia al 100 %.

3
3.- Concepto de Victimología

Así pues, se define la Victimología como una disciplina integrante de la Criminología que
estudia a la víctima, sus características biológicas, psicológicas, morales, sociales y
culturales, su relación con el delincuente y el papel asumido en la génesis del delito, con
el propósito de prevenir futuros comportamientos criminales y atender a las víctimas
del delito.

La Victimología posee las siguientes características:

1. Se trata de una disciplina (no es una ciencia).

2. El método es exactamente igual que en Criminología, se trata del método empírico e


interdisciplinar. Que es empírica significa que se basa en la realidad, a través del
empirismo lo que hacemos es observar la realidad y verificar hipótesis, para ello
tenemos que analizar, sistematizar y explicar los datos que hemos compilado.

Ej: formulamos la Hipótesis: “las mujeres son más proclives a ser maltratadas que los
varones”, para verificar esto elaboramos una investigación: cogemos una muestra de 150
mujeres y durante cierto tiempo y medimos, una vez que lo tenemos, compilamos los
datos si nos da el resultado de que se maltrata más a mujeres que a hombres habremos
verificado la hipótesis inicial.

Por interdisciplinar entendemos que la Victimología lo que hace es traer conocimientos


de otras ciencias. La diferencia entre interdisciplinariedad y multidisciplinariedad es
que la interdisciplinariedad solo coge los datos que le interesan, la multidisciplinariedad
es que coge la ciencia por completo.

Por ejemplo, la Criminología coge del derecho la rama de lo penal o procesal pero no le
interesa el derecho canónico.

3. El objeto de la Victimología es la víctima, que la podemos referir sobre 3 niveles:

a) Este primer nivel será de naturaleza individual entendida como el sujeto


particular sobre el que recae la acción ilícita.

b) Nivel conductual: donde estudiaríamos la conducta desarrollada por la


víctima, es decir, qué ha pasado antes de que la persona sea victimizada hasta que
lo ha sido.

c) Un ámbito general que comprendería a la pluralidad de víctimas.

4. Elemento crítico; pasa lo mismo que con la Criminología, hablamos de elemento


crítico en cuanto que una de sus funciones será criticar los medios de control social
formales e informales. ¿Cómo los criticamos? Pues a través del método empírico: si
hemos planteado la hipótesis del ejemplo anterior y la verificamos, por mucho que nos
digan sabemos que las mujeres son más víctimas en malos tratos que los hombres.

5. Es una disciplina abierta en el sentido de que no se cierra a dogmas ni a axiomas, es


decir, está en constante actualización.

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6. En cuanto a la finalidad de la Victimología comprendería básicamente la mejora del
sistema previniendo la comisión de nuevos delitos y atendiendo y dotando de recursos a
las víctimas.

Tabla 1. Esquema comparativo de Victimología frente a Criminología

CRIMINOLOGÍA VICTIMOLOGÍA

CENCIA Ciencia Disciplina de la Criminología

MÉTODO Empírico e interdisciplinar Empírico e interdisciplinar

OBJETO Delincuente, victima, medios de Víctima


control social y delito

FIN Estudio de las causas del delito, Estudio de la víctima, criticar los
prevenir y controlar el crimen, medios de control social, atención
medir el fenómeno delictivo y a las víctimas del delito
controlar los medios de control (programas de prevención,
sociales asistencia a la víctima…)

4.- Definición de víctima

Centrándonos en el concepto de víctima podemos acotar un sinfín de definiciones según


la perspectiva:

Concepto etimológico: el termino víctima (su traducción etimológica) viene a ser la


"persona o animal sacrificada o que se destina al sacrificio"; este concepto, obviamente va
a ir evolucionando con el paso del tiempo y se empieza a hablar de la persona que
voluntariamente se sacrifica por algo, o también se evoluciona hasta entenderla como
aquel sujeto que sufre por culpa de otro.

Concepto gramatical: gramaticalmente el termino víctima se puede interpretar


conforme a tres definiciones:

La definición etimológica.

- Persona que se expone u ofrece a un grave riesgo a favor de otra.

- Persona que padece un daño por culpa ajena o causa fortuita.

- De estos tres conceptos gramaticales el tercero es el que más se acerca.

Concepto congresual: el principal congreso que trató la víctima de forma más científica
fue en el seno de la ONU, el VI Congreso de Caracas (Venezuela) celebrado en 1980 y el
VII Congreso, que se llevó a cabo en Milán Italia).

5
En estos dos congresos se determinó que la víctima era la persona que había sufrido una
pérdida daño o lesión, sea en su persona propiamente dicha, su propiedad o sus
derechos humanos, como resultado de una conducta que englobe alguna de estas
hipótesis:

- Aquellos hechos que constituyan una violación a la legislación penal nacional;


Según esta primera consideración sólo sería víctima el sujeto pasivo de un delito.

- Que suponga un delito bajo el derecho internacional. Ej.: genocidio, terrorismo,


falsificación de monedas, tráfico de seres humanos, prostitución.

- Que de alguna forma implique un abuso de poder por parte de personas que
ocupen posiciones de autoridad política o económica. Ej.: supuestos de una
dictadura.

En el Congreso de Milán se clasificó a la víctima dentro de dos grandes grupos:

a. Víctimas de delitos: que comprenderían a toda aquella persona que individual o


colectivamente haya sufrido algún daño, incluyendo lesiones físicas o mentales,
sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de derechos
fundamentales como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación
penal de su estado. Esta definición es muy amplia, ¿Cómo medimos el sufrimiento
emocional? Esta definición añade que también serán víctimas los familiares o personas
cercanas a la misma.

b. Víctimas de abuso de poder: identifica estas víctimas como toda aquella persona
que individual o colectivamente haya sufrido algún daño, incluyendo lesiones físicas o
mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de
derechos fundamentales como consecuencia de acciones u omisiones que no constituyan
una violación del derecho penal nacional (que no sea constitutivo de delito en ese país)
pero que violen normas internacionalmente reconocidas referentes a los derechos
humanos.

Una de las grandes diferencias entre las víctimas de delitos y las segundas viene dada
por el concepto de delito: que viole la legislación nacional mientras que la de abuso de
poder habla de violar normas internacionalmente reconocidas. Esta diferencia puede
darse en países subdesarrollados ya que en las potencias mundiales estos delitos ya
están contemplados en el catálogo de delitos.

Definiciones doctrinales

Definición de Mendelsohn: define la víctima como la personalidad del individuo o de la


colectividad en la medida en que se encuentre afectada por las consecuencias sociales de
un sufrimiento determinado por factores de muy diverso origen como puede ser el
físico, psíquico, económico, político o social, así como el ambiente natural o técnico.

Definición de Separovic: define víctima como cualquier persona física o moral que
sufre como resultado de un despiadado designio incidental o accidentalmente.

Hay diversas definiciones además de las anteriores, pero las tres más representativas
son:
6
Definición de naturaleza victimológica general: entiende a la víctima como "el
individuo o grupo que padece un daño por una acción u omisión propia o ajena o por causa
fortuita".

Definición victimológico - criminal de víctima: la definimos como aquella persona


física o moral que sufre un daño producido por una infracción propia o ajena aun no
siendo el detentador (propietario) del derecho vulnerado.

Concepto jurídico de víctima: jurídicamente la víctima la relacionamos con la figura


del perjudicado, que muchas veces será el sujeto pasivo del delito. El perjudicado sería la
persona física o jurídica que a consecuencia de la comisión de un delito sufre un daño,
mientras que el sujeto pasivo será el titular del bien jurídico protegido o puesto en
peligro. Ej. En un delito de lesiones el perjudicado y el pasivo son la misma persona. En
un delito de robo: le pueden robar a la empleada pero los bienes robados son del dueño.

De las tres definiciones anteriores, la que vamos a encontrar en la práctica es la jurídica


debido a un criterio coherente, es la que más se da, para estudiar delitos tenemos que
partir de premisas jurídicas. Por tanto, cuando hablemos de víctima genéricamente
siempre nos referiremos a la definición jurídica, si queremos hacer referencia a las otras
dos definiciones tendremos que establecerlo expresamente.

5.- Conceptos victimológcos básicos. Tipos de victimización: víctimas y


delincuentes

Definiremos los conceptos utilizados en Victimología:

Victimario: persona que produce el daño, sufrimiento o padecimiento a la víctima, se


podría identificar con el delincuente (en Criminología).

Victimidad o factores victimógenos: conjunto de factores que predisponen a una


persona o grupo de personas a ser víctima. (1) Endógenos, innatos de la persona, y (2)
exógenos, adquiridos del exterior.

Victimización: (en Criminología sería modus operandi) mecanismo o proceso en virtud


del cual una persona llega a ser víctima.

¿Es posible la autovictimización? Si, por ejemplo, que la persona se cree el daño ella
misma o se ponga ella sola en esa situación.

¿Sería posible el castigo de la autovictimización? Si, por ejemplo, por estafas. El suicidio
no es punible y la autolesión es impune.

Podemos establecer las siguientes tipos de victimización:

1. Según la naturaleza de la infracción, podemos hablar de victimización


antisocial y victimización criminal. La primera no es constitutiva de delito a diferencia
de la victimización criminal que sí lo es.

2. Según la extensión del hecho:


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a. Directa: aquella victimización proyectada sobre la víctima en sí. Ej. Atropellar a
alguien y lesionarlo.

b. Indirecta: aquella que es consecuencia de la primera y recae sobre personas


que tienen una relación estrecha con el agredido. Ej. La familia de la persona
lesionada del ejemplo anterior.

3. Según las personas: primaria, secundaria y terciaria.

Veremos los diferentes tipos de victimización.

La víctima

Siguiendo un criterio personal, podemos referir tres grandes tipos de victimización: la


primaria, la secundaria y la terciaria:

La victimización primaria: es aquella dirigida contra la persona o el individuo


particular.

La victimización secundaria: aquellos supuestos en los que la víctima ha de rememorar


los hechos en virtud de los cuales ha sido victimizada. Normalmente esta victimización
secundaria se produce ante la administración de justicia, los cuerpos y fuerzas de
seguridad… p. ej., cuando tiene que contar lo que ha sucedido.

En la victimización secundaria, el daño psíquico padecido por las víctimas de


delitos (p. ej. Por malos tratos), más su vulnerabilidad, lleva a que sea fácil
reforzar y cronificar su concepto de víctima y sus lesiones psíquicas
(victimización) haciéndoles revivir varias veces su sufrimiento en una asistencia
multidisciplinaria (policial, médica, jurídica, psicológica y social), ya que se obliga
a contar la historia de su trauma en una media de seis o siete ocasiones, sin tener
en cuenta las que se darán durante la intervención clínica, cuando la víctima
entre en el proceso judicial, aumenta el riesgo de victimización secundaria.

Es la respuesta que puede originar el sistema en una mujer, que la hace revivir su
papel de víctima, con el agravante de que esta nueva victimización se da por parte
de las instancias de las que ella espera ayuda y apoyo. Esta vez no es sólo víctima
de un delito, sino de la incomprensión o falta de coordinación del sistema.

Ejemplo de esto, en ocasiones, lo encontramos en mujeres que acuden a servicios


de valoración pasados varios meses desde el momento de la denuncia; no han
pasado por terapia o asistencia de ninguna clase y exclusivamente se les ha
solicitado el relato de los hechos una y otra vez. Manifiestan emotividad
exacerbada no sólo a lo largo de la entrevista al relatar lo ocurrido, sino a los
pocos minutos de comenzar la entrevista o antes (entran ya llorando o lo hacen
en la sala de espera).

Sirvan como las manifestaciones de algunas denunciantes durante la valoración:


cuando hablo del tema, me altero y me da rabia y coraje, estoy nerviosa, incómoda,
me quiero ir, ayer tuve dolor de cabeza terrible, esta noche he tenido pesadillas, que
era muy fea, me duele la cabeza cada vez que hablo del tema, ahora estoy mejor
8
según como me pille, muchas veces no puedo dormir bien, todo me da rabia, estoy
en rabia, cada vez que vengo se me nubla la cabeza, antes de venir aquí me he
tomado una tila, etc.

Si bien es verdad que la terapia de la presunta víctima puede alterar la valoración


forense, por otro lado, hemos de tener en cuenta la posible victimización, que de
igual manera puede alterarla. Así pues, todos los equipos profesionales que
intervienen deben procurar lograr la coordinación necesaria para que el proceso
inicial instructor (denuncia, declaraciones, valoración forense) dure lo menos
posible, sin que ello implique hacerlo con prisas que resten garantías, y suprimir
todos los trámites innecesarios, con lo que, al igual que con cualquier otro grupo
sensible de víctimas (malos tratos infantiles, agresiones sexuales, abuso sexual
infantil), lograremos reducir el riesgo de victimización secundaria.

La victimización terciaria: es un concepto vago e impreciso pues engloba multitud de


acepciones que en muchos casos no tiene nada que ver una con otra. Hay varias
definiciones:

- Terceras personas que o padecieron el proceso victimal de manera directa, sino


como testigos y padecen secuelas. Sería una victimización primaria indirecta.

- Aquella dirigida al delincuente por el cumplimiento de la pena por la que ha sido


condenado. Se entiende por las hipotéticas intimidaciones, vejaciones sufridas en
prisión, el rechazo social cuando salga. Esta última vendría referida a los
familiares del delincuente y englobaría los padecimientos físicos y psicológicos
que pagarían por parte de la sociedad debido a la vinculación familiar con el
detenido. Si defendemos esta opción, igualmente podemos plantear la
victimización terciaria habría que vincularla con los familiares, pero lo referente
al delincuente o a los familiares del mismo habría que vincularlo como
victimización del delincuente.

El delincuente

La victimización del delincuente comprendería la victimización del victimario. Algunos


autores defienden esta victimización del delincuente, quizá uno de los que o han
defendido con más ímpetu es Landrove que parte de la consideración de que el
delincuente es una víctima institucional, es decir, el delincuente sería la victima de
estructuras sociales injustas que le lleva a la comisión de hechos delictivos a través de
los que intenta evadirse de la marginación; dicho en otras palabras, el delincuente va a
delinquir por culpa de la sociedad, va a vivir en zonas marginales y la única manera que
tiene de huir de la marginalidad es delinquiendo. Estaríamos en una sociedad enferma
en la que habría un grupo dominante (los que tienen el poder) y luego unas capas
marginales, aquí las capas marginales serían las víctimas.

¿Qué forma tenemos nosotros para combatir esa delincuencia? Si el problema es de la


sociedad la forma de contrarrestar la delincuencia es reformando la sociedad, pero esto
es una utopía ya que en cualquier sociedad habrá una capa marginal como consecuencia
de la propia inercia de la sociedad. El medio al que se acude para combatir esto es la
pena de prisión, y estos autores entienden que el medio carcelario victimiza; sin
embargo, este no sería el único medio que victimiza al delincuente, sino que habría otros
medios de victimización que serían los siguientes:
9
La victimización jurisdiccional: Aquí habría que incluir los errores judiciales, cuando
se mete en prisión a un inocente. ¿En qué supuestos sería útil la prisión? En algunos
casos la prisión solo sirve para quitar de en medio al delincuente y para nada más.

Por ejemplo, el pedófilo que consume material pornográfico infantil? meterlo en la


cárcel no sirve de nada, cuando salga volverá a hacer lo mismo.

Supuestos de intervención policial referida a supuestos de torturas y vejaciones que


puedan sufrir los sujetos; aquí estamos en un estado garantista, democrático y de
derecho, por tanto sería directamente una víctima, es una victimización primaria, no una
victimización del delincuente.

Presencia de antecedentes policiales, en el sentido de que hay un mayor riesgo de


futuras detenciones, es decir un sujeto con antecedentes tiene más probabilidad de
sufrir futuras detenciones.

Prisión preventiva: estos sujetos afirman que la prisión preventiva (la prisión
preventiva es una medida cautelar que podemos encontrar en la Ley) victimiza
igualmente que los medios anteriores. La prisión provisional se da en casos muy
estrictos como: posibilidad de fuga, destrucción de pruebas… en realidad, la prisión
provisional es necesaria en algunos casos y además solo se da en casos muy concretos;
en el único caso en que se victimizaría sería en caso de que la sentencia fuese favorable
al sujeto, donde volveríamos al primer caso.

Victimización carcelaria: algunos autores victimológicos, como es el caso de Neuman,


que entiende que el preso es una víctima del sistema penal. ¿Cuáles son los problemas o
factores que inciden en esta victimización carcelaria?: (1) el hacinamiento: cuando por
ejemplo, en una celda de 2 hay 3 sujetos, cuando se supera la capacidad de la prisión; (2)
tratos vejatorios: tanto entre los presos como de los funcionarios a los reclusos; (3)
dudosa alimentación; (4) agresiones sexuales; (5) drogas; (6) ley del terror: mafias
dentro de la prisión.

Victimización post penitenciaria: en el sentido de que la victimización del delincuente


no concluye con su puesta en libertad, sino que continúa con el rechazo social por la
consideración de ex – recluso que arrastra.

6.- Otras tipologías victimales

a. Víctima Falsa.

- Imaginaria.

- Simulada

b. Víctima Real.

- Individual

Inocente: especialmente vulnerable, accidental, o común.


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Voluntaria.

Provocadora.

Culpable.

- Colectiva.
Colectiva propiamente dicha.

Colectiva difusa.

El primer criterio que tenemos que distinguir es si se trata de una víctima falsa o real. La
diferencia viene puesta de manifiesto por la propia consideración de víctima, es decir, la
real será un sujeto que ha sido victimizado, mientras que las víctima falsa es aquella que
creemos que en principio ha sido victimizada pero que a posteriori se demuestra su falsa
victimización.

A. Las víctimas falsas hay algunos autores que niegan su consideración porque no se
tratan de víctimas en sentido estricto, sin embargo, a efectos operativos si nos interesa
por cuanto su falsa consideración puede llevar consigo responsabilidad posterior.

La víctima imaginaria comprendería a aquella persona que debido a determinados


factores biopsicosociales va a creerse víctima de un delito, ¿Quiénes suelen ser? Sujetos
con patologías, los supuestos más habituales son supuestos de paranoicos, individuos
con personalidad histriónica, algunas psicosis (delirium, esquizofrenia…), también lo
son los menores de edad y ancianos.

La víctima simulada la identificamos con aquellos individuos que, mediando algún tipo
de interés propio o ajeno, actúan como si verdaderamente fueran víctimas, sabiendo
interiormente que no lo son, un ejemplo puede ser el que simula un robo para cobrar un
seguro o el que quema su propia casa para cobrar el seguro.

La diferencia entre la imaginaria y la simulada es que en la primera el sujeto cree a


ciencia cierta que es víctima, mientras que en l simulada saben desde el principio que no
han sido victimizados.

B. La víctima real comprende el caso más habitual de víctima, e incluiría aquellas


hipótesis en las que se comete un ilícito penal que afecta a uno o varios sujetos. La
podemos subdividir en dos grupos:

B1. Víctima individual: la definimos como aquella persona o personas afectadas por el
ilícito penal que no presentan ningún tipo de nexo causal entre ellas o presentándolo no
ostentan el grado de representatividad. (el grado de culpabilidad de la víctima es 0% y
del delincuente 100%). Dentro de estas distinguimos 4 hipótesis. El criterio que vamos a
seguir para delimitar estas categorías es el grado de responsabilidad de la víctima sobre
el hecho criminal:

1. Víctima inocente es aquella cuyo grado de culpabilidad sobre el hecho ilícito es nulo,
hablamos de casos en los que el victimario escoge libremente a su víctima sin que esta
tenga conocimiento de su futuro estado: ej. Un tirón de bolso por la calle.

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Dentro de estas distinguimos tres hipótesis:

- Víctima especialmente vulnerable: la circunscribimos a aquellos grupos sociales que


revisten caracteres exógenos o endógenos que los hacen fácilmente victimizables,
siendo, por tanto, su índice de victimización mayor que el resto de sujetos. Ej. En el
delito de violación sería víctima especialmente vulnerable una mujer joven de 18 a 30
años. En la violencia domestica serian ancianos, niños y mujeres.

- Víctima inocente accidental: sería aquella cuya victimización se produce por causa o
fuerza mayor, lo habitual en estos casos es que el sujeto activo no sea una persona física,
sino que más bien, estas situaciones provienen de hechos donde no hay intervención
humana. Ej. Desastres naturales, ataques de animales. ¿Podría darse el caso fortuito
producido por otra persona? Accidente de tráfico en el que el conductor ha llevado todas
las precauciones necesarias. Ej. En un lugar de caza un cazador dispara a una persona al
confundirla con la presa.

- Víctima común: es la más fácil de las tres por cuanto incluye a todos aquellos sujetos
victimizados que no reúnen ni la consideración de especialmente vulnerable ni la de
accidental, es decir, la víctima común la obtendremos eliminando las hipótesis
anteriores, si no especialmente vulnerable ni accidental, será común. Ej. En el delito de
violencia domestica la víctima común será el hombre, hemos descartado a mujeres,
ancianos y niños.

2. Víctima voluntaria: la entendemos como aquellas personas que se ofrece como


sujeto pasivo en la comisión de un delito. Se caracteriza por el carácter voluntario y libre
que manifiesta en su actuación, es decir, tiene que haber un pacto o acuerdo entre el
sujeto activo y el sujeto pasivo, en ese sentido el grado de responsabilidad de víctima y
delincuente es del 50% para cada uno. Ej. El alemán que puso un anuncio en internet de
que se quería comer a alguien y el sujeto pasivo respondió. Ej. La eutanasia.

3. Víctima provocativa: englobaría aquellos supuestos en los que la víctima incita al


sujeto activo a cometer la conducta delictiva, sería un supuesto muy próximo a la
voluntaria donde el sujeto provoca hasta que el otro desarrolla la conducta criminal, el
grado de culpabilidad del delincuente sería del 25% y de la víctima 75%. ¿Cómo
diferenciamos la víctima voluntaria de la provocativa? En la provocación. Ej., Seven, en la
escena final el malo le da al bueno la cabeza de su mujer para que le dispare y la mate, en
este caso el malo le provoca para que le mate.

4. Víctima culpable: es aquella en la que la víctima presenta un 100 % de


responsabilidad en cuanto el hecho criminal mientras que el delincuente no presenta
responsabilidad alguna; aquí tenemos un intercambio de roles, la víctima pasa a ser
delincuente y el delincuente víctima; el resultado en los casos reales es que el
delincuente sea absuelto. Ej. Un sujeto se lanza a la calzada para ser atropellado y cobrar
una indemnización.

B2. Víctima colectiva

Se tienen que dar dos elementos esenciales: representativas, y nexo causal. La


representatividad, tienen que verse afectados la mitad más uno de los integrantes del
grupo. El segundo requisito, el nexo causal: entre los integrantes del grupo tiene que
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haber un elemento identificativo común (ejemplo: ser hombres, morenos, ser alumnos,
estar en un lugar).

Hay dos tipologías dentro de la víctima colectiva: la difusa y la propiamente dicha.


La difusa nos sirve para cuando no se sabe el número concreto de sujetos afectados.
(Ejemplo: delitos contra el medio ambiente, humos, no pudiendo determinar las
víctimas de esos hechos).

La propiamente dicha, si se puede realizar la victimización de forma concreta.

7.- Estadísticas victimales: encuestas de victimización y autosondeos

Hablamos de dos grandes grupos de estadísticas victimales: encuestas de victimización y


auto sondeos. ¿Qué son? Ambas son una fuente de información real sobre el delito. En
primer lugar, las encuestas de victimización las definimos como unos cuestionarios
estructurados en los que se realizan diversas preguntas a las víctimas de un delito sobre
el hecho criminal concreto y sus consecuencias, p. ej., circunstancias en que se produjo,
relación con el autor, perfil del agresor, perfil de la víctima… también se pueden incluir
hechos posteriores al delito como si fue bien atendido en comisaría, bien informado…
¿Qué se pretende medir con las encuestas de victimización? Se pretende medir:

1. El índice de victimización.

2. La eficacia de los programas de prevención.

3. las características típicas del hecho delictivo.

4. El modus operandi más frecuente.

5. La eficacia de los aparatos judiciales: como el tiempo que tarde en recibir


indemnización, si se tomaron medidas cautelares…

6. Nuevas medidas de política criminal para actuar y prevenir el delito: se trataría


de un estudio pormenorizado del fenómeno criminal y sus consecuencias bajo la
perspectiva de la víctima.

Los autosondeos son un tipo de cuestionarios consistentes en preguntar de forma


anónima a un porcentaje representativo de la población objeto de estudio cuestiones
relacionadas con su participación o conocimiento de un hecho criminal o antisocial. El
problema que tienen los autosondeos es la fiabilidad.

Diferencia entre auto sondeos y encuestas de victimización

Las encuestas de victimización serán rellenadas por victimas del hecho delictivo que
estemos midiendo. En el autosondeo no es necesario que la persona sea víctima, aquí
interesan las que son víctimas y las que no, será cualquier persona porque también
interesa el valor absoluto 0. Para que la encuesta de victimización sea más fiable y
menos traumática, también la puede rellenar una persona de apoyo que conteste las
preguntas con o por ella. Suelen ser personas que están en centros.

13
La recopilación de datos

Una de las tareas principales de la Victimología teórica es recoger datos empíricos sobre
las víctimas de delitos. El principal instrumento utilizado en la actualidad para recopilar
esta información son las encuestas de victimización, realizadas a nivel local, regional,
nacional e internacional. Dignas de señalar entre estas encuestas son las que se llevan a
cabo sobre bases regulares, a intervalos regulares, en Inglaterra y los [Link].: la British
Crime Survey [Encuesta Británica sobre el Delito], y la National Crime Survey [Encuesta
Nacional sobre el Delito] (Estados Unidos). Cada una de estas encuestas arroja una gran
cantidad de información sobre las víctimas de delitos.

Ambas permiten un análisis exhaustivo de los patrones y las tendencias temporales y


espaciales de los distintos tipos de victimización. El objetivo original de estas encuestas,
es decir, contar la victimización, se ha ampliado en gran medida. Se han agregado varias
preguntas nuevas al instrumento en los últimos años, con el fin de explorar áreas
anteriormente no cubiertas como los niveles de miedo al delito, los niveles de
satisfacción con la actuación de la policía, las razones para no denunciar el incidente a la
policía, las consecuencias de la victimización, etc.

Las encuestas examinan además las medidas adoptadas por Victimología: pasado,
presente y futuro los encuestados para prevenir ciertos tipos de delitos, o para reducir al
mínimo las posibilidades de futuras victimizaciones. Algunos estudios han tratado de
establecer cualquier relación que pueda existir entre la delincuencia y la victimización
mediante la inclusión de preguntas solicitando a los encuestados el autoinforme de actos
delictivos que puedan haber cometido. Estas últimas preguntas han revelado una fuerte
interrelación entre la delincuencia y la victimización.

En su encuesta de Londres, Inglaterra, Sparks, Genn y Dodd (1977) encontraron a las


víctimas de delitos violentos significativamente más propensas que las no-víctimas a
autoinformar de la comisión de delitos violentos.

Gottfredson (1984) analizó los datos de la British Crime Survey de 1982 y le impresionó
la relativamente fuerte interrelación entre la delincuencia y la victimización. Para las
personas con al menos un delito violento auto-informado, la probabilidad de
victimización personal fue el 42 por ciento, o siete veces la de las personas que no
refieren delitos violentos autoinformados.

La Encuesta Británica sobre el delito de Escocia (Chambers y Tombs, 1984) reveló que el
40 por ciento de los encuestados que admiten haber realizado un acto de asalto fueron
ellos mismos víctimas asaltadas durante el mismo período.

A pesar de los problemas metodológicos y prácticos de las encuestas de victimización, y


a pesar de sus limitaciones, han permitido a los investigadores recopilar una gran
cantidad de datos sobre las víctimas de la delincuencia que es extremadamente rica en
variedad y detalle. Gracias a las encuestas de victimización, ahora sabemos que la
delincuencia y la victimización se agrupan dentro de ciertos grupos y ciertas áreas, y que
hay mucha más afinidad entre los delincuentes y las víctimas de lo que se cree
comúnmente.

14
Esto no quiere decir que todas las víctimas de la delincuencia compartan los atributos de
sus victimarios. Es sólo para subrayar que las dos poblaciones tienen varias
características comunes. Ya sea en Europa, los [Link]., Canadá o Australia, la
investigación ha demostrado que los delincuentes involucrados en los tipos de delitos
cubiertos por las encuestas victimización son desproporcionadamente varón, joven,
residentes urbanos, del nivel socioeconómico más bajo, desempleados (y no en la
escuela), no casados, y en los [Link]., negros. Las encuestas de victimización han
revelado que las víctimas de manera desproporcionada comparten estas características
y que los perfiles demográficos de las víctimas de delitos y de delincuentes convictos son
sorprendentemente similares (Gottfredson, 1984).

Varios investigadores (Hindelanget al., 1978; Singer, 1981) descubrieron que,


particularmente en los delitos de asalto, víctimas y delincuentes estaban relacionados en
sus características demográficas y en términos de ciertas respuestas comunes ante
situaciones percibidas de amenaza física o psicológica.

Es comprensible que la frecuencia con la que algunos individuos se involucren en


situaciones propensas a la violencia afecta tanto a sus posibilidades de uso de la
violencia como de ser receptores de la violencia, de atacar y ser atacado, de herir y ser
herido, de matar y ser matado. Quién va a terminar siendo la víctima y quién se
considere legalmente delincuente depende, a menudo, de factores de oportunidad más
que de una acción deliberada, planificación, o intención. Por lo tanto, los roles de
víctima/agresor no son necesariamente antagónicos pero son frecuentemente
complementarios e intercambiables (Fattah, 1994b).

Un paso importante en el camino hacia la Victimología comparada se alcanzó con las


Encuestas Internacionales de Victimización. Las encuestas fueron un intento útil para
recoger datos sobre victimización estandarizados de un número de países que utilizan el
mismo cuestionario en cada país. Su principal objetivo era evitar los problemas de la
comparación de los datos recogidos por medio de diferentes instrumentos utilizando
diferentes metodologías. Los datos de campo de la primera encuesta internacional sobre
la delincuencia se reunieron en enero de 1989 utilizando el método de entrevista
telefónica asistida por ordenador (CATI) y los resultados se publicaron en 1990 (Van
Dijket al.).

Una segunda ronda de la Encuesta Internacional del Delito se llevó a cabo en1992.
Algunos de los países que participaron en la primera encuesta, como Suiza, Noruega e
Irlanda del Norte, no participaron en la segunda. Pero la segunda encuesta incluyó
algunos países de Europa del Este que no participaron en la primera, como Polonia y la
antigua Checoslovaquia (Del Frate et al., 1993).

La tercera barrida de la Encuesta Internacional de Víctimas del Delito se llevó acabo en


1996-97 en veinte países en transición. Estos fueron los antiguos países socialistas de
Europa del Este, desde Polonia a Mongolia en el este, y de Albania, Bulgaria y Macedonia
en el sur a los países Bálticos, Estonia, Letonia y Lituania en el Norte. Los informes
nacionales de este estudio fueron publicados en 1998 por el Instituto Interregional de
las Naciones Unidas y la Justicia (UNICRI) (Hatalak et al.).

A pesar de la proliferación de las encuestas de victimización y su incuestionable utilidad,


aún no está claro lo que miden exactamente y cuáles son sus objetivos a largo plazo. La

15
victimización es una experiencia individual, subjetiva y culturalmente relativa (Fattah,
1993b).

El sentimiento de ser víctimas no siempre coincide con la definición legal de la


victimización. Entonces ¿qué tratan de medir exactamente las encuestas de
victimización? ¿Es su objetivo contar aquéllas victimizaciones criminales que cumplen
con los criterios establecidos por el código penal, o se trata de medir las experiencias
subjetivas de la victimización de los encuestados? Éstas, no hace falta decirlo, son dos
realidades diferentes.

8.- Modelos teóricos

La riqueza de los datos recogidos principalmente a través de las encuestas de


victimización ha dado lugar a diversas formulaciones teóricas. Los modelos han sido
desarrollados para ofrecer explicaciones plausibles de las variaciones en los riesgos de
victimización y de la agrupación de la victimización en determinadas zonas y
determinados grupos. También han ayudado a desentrañar el fenómeno intrigante de
repetición de la victimización.

Uno de los primeros y más importantes modelos que explican los riesgos diferenciales
de victimización es el estilo de vida desarrollado por Hindelang y cols. (1978). Este
modelo postula que la probabilidad de que un individuo sufra una victimización
personal depende en gran medida del estilo de vida.

Usar el estilo de vida para explicar las variaciones en el riesgo no es ni un enfoque nuevo
ni único. Se ha sabido durante mucho tiempo que la probabilidad de muerte o lesión
accidental está en muchos aspectos relacionada con el estilo de vida de la población y el
tipo de actividades en las que están involucrados. Los médicos han insistido en la
estrecha relación entre el estilo de vida y las actividades de rutina y el riesgo de padecer
ciertas enfermedades como el cáncer de pulmón y de piel, alta presión arterial y
enfermedades cardiovasculares, cirrosis hepática, SIDA, etc.

Como una cuestión de hecho, el concepto de estilo de vida impregna las explicaciones
dadas para la mayor o menor susceptibilidad a una amplia variedad de enfermedades.
La creencia de que el estilo de vida puede influir en la probabilidad de victimización
aumentando o disminuyendo las probabilidades de convertirse en víctimas de ciertos
delitos de la gente puede ser vista como una extensión lógica de este concepto a la esfera
social.

Otro modelo explicativo es el Enfoque de la Actividad Rutinaria desarrollado por


Cohen y Felson (1979). El énfasis en el enfoque de Cohen y Felson está en violaciones
predatorias de contacto directo, que son aquellas que implican contacto físico directo
entre al menos un delincuente y al menos una persona u objeto que ese delincuente
intenta tomar o dañar. Estos autores argumentan que la aparición de este tipo de
victimización es el resultado de la convergencia en el espacio y el tiempo de un mínimo
de tres elementos: delincuentes motivados, objetivos adecuados, y la ausencia de
guardianes capaces. Los factores centrales que subyacen en el enfoque de la actividad
rutinaria son oportunidad, proximidad/exposición y factores facilitadores.

16
Los modelos de estilo de vida y actividades rutinarias no son de ningún modo los únicos.
También está el modelo de oportunidad (Cohen et al., 1981) y el Modelo holandés (Van
Dijk y Steinmetz). El modelo de oportunidad incorpora elementos de los dos anteriores y
postula que el riesgo de victimización delictiva depende en gran medida del estilo de
vida de las personas y actividades rutinarias que les ponen a ellos y/o sus bienes en
contacto directo con los posibles infractores en ausencia de vigilancia adecuada.

El Modelo holandés fue desarrollado por Van Dijk y Steinmetz y sugiere tres factores
principales: la proximidad, el atractivo y la exposición como los determinantes más
importantes de los riesgos diferenciales de victimización.

En un intento de integrar los diversos modelos en un sistema global, Fattah (1991)


agrupó todos los factores aparentemente pertinentes en diez categorías diferentes. Son
las siguientes:

1) Oportunidades, que están estrechamente vinculadas a las características de los


objetivos potenciales (personas, hogares, empresas) y a las actividades y el
comportamiento de estos objetivos.

2) Factores de riesgo, particularmente los relacionados con las características


sociodemográficas como la edad y el género, zona de residencia, ausencia de vigilancia,
presencia de alcohol, y otros.

3) Delincuentes motivados. Los delincuentes, incluso los no profesionales, no eligen a sus


víctimas/objetivos al azar, sino que seleccionan a sus víctimas/objetivos de acuerdo con
criterios específicos.

4) Exposición. La exposición a posibles infractores y a situaciones y entornos de alto


riesgo aumenta el riesgo de victimización delictiva.

5) Asociaciones. La homogeneidad de la población víctima y el ofensor sugiere que la


asociación diferencial es tan importante para la victimización delictiva como lo es para
el crimen y la delincuencia. Por lo tanto los individuos que están en estrecho contacto
personal, social o profesional con delincuentes y criminales potenciales corren un mayor
riesgo de ser víctimas que los que no lo son.

6) Momentos peligrosos y lugares peligrosos. Los riesgos de victimización delictiva no se


distribuyen de manera uniforme en el tiempo o en el espacio - hay momentos peligrosos,
como la noche, la madrugada y fines de semana.
También hay lugares peligrosos, como los lugares de espectáculos públicos en que los
riesgos de llegar a ser víctima son más altos que en el trabajo o en casa.

7) Conductas peligrosas. Ciertos comportamientos tales como la provocación aumentan


el riesgo de victimización violenta, mientras que otras conductas como negligencia y
descuido aumentan las posibilidades de victimización patrimonial. Hay otros
comportamientos peligrosos que ponen a quienes los realizan en situaciones peligrosas
donde su capacidad de defenderse y protegerse contra los ataques se reduce
considerablemente. Un buen ejemplo de esto es el autostop.

8) Las actividades de alto riesgo también aumentan la posibilidad de victimización. Entre


esas actividades está la búsqueda de diversión, que puede incluir actividades irregulares
17
e ilegales. También es bien sabido que ciertas ocupaciones tales como la prostitución
llevan consigo un potencial más alto que el promedio de victimización criminal.

9) Comportamientos defensivos/ de evitación. Dado que muchos de los riesgos de


victimización criminal podrían ser fácilmente evitados, las actitudes de la gente ante
estos riesgos pueden influir en sus posibilidades de ser victimizados. No hace falta decir
que los que asumen riesgos están destinados a ser víctimas más veces que quienes
evitan riesgos. Esto también significa que el miedo a la delincuencia es un factor
importante en la reducción de la victimización ya que los que tienen miedo, por ejemplo
los ancianos, toman más precauciones contra la delincuencia, incluso reduciendo su
tiempo de actividades diurnas y nocturnas reduciendo así su exposición y vulnerabilidad
a la victimización.

10) Propensión estructural/ cultural. Existe una correlación positiva entre la falta de
poder, las privaciones y la frecuencia de victimización criminal. La estigmatización
cultural y la marginación también aumentan los riesgos de victimización criminal
designando a ciertos grupos como ‘presa fácil’ o como víctimas culturalmente
legitimadas.

9.- La Victimología en el momento actual. Tendencias de la Victimología


contemporánea

La Victimología ha experimentado una evolución no sólo rápida sino también más


fundamental en las dos últimas décadas. Las décadas de los años 80 y 90 podrían
fácilmente describirse como un período de consolidación, recopilación de datos y
teorización, con nueva legislación, compensación a las víctimas, reparación y mediación,
ayuda, asistencia y apoyo para posibilitar a las víctimas recuperarse de los efectos
negativos de la victimización.

En los últimos años, la disciplina de la Victimología se ha establecido firmemente en el


ámbito académico. Ha habido un incremento sustancial en el número de Universidades y
Colegios que ofrecen cursos de Victimología y temas relacionados. Se han publicado
numerosos libros y artículos en diferentes idiomas y, además de varias publicaciones
periódicas en los idiomas locales, la Revista Internacional de Victimología, en inglés, fue
difundida por AB Academic Publishers en Gran Bretaña.

Se han establecido una serie de sociedades nacionales y regionales de Victimología.


Japón ha sido un líder en este sentido, gracias a los incansables esfuerzos del
victimólogo de renombre mundial, el profesor Koichi Miyazawa, y un dinámico grupo de
sus discípulos y seguidores.

La Sociedad Mundial de Victimología sigue manteniendo sus simposios internacionales,


una vez cada tres años. Con todo ello, la Victimología ya no causa asombro o simple
curiosidad, sino que se está convirtiendo poco a poco en una palabra familiar. Esto se ve
facilitado por la amplia cobertura que las noticias de crímenes y asuntos de víctimas
están recibiendo en los medios de comunicación, por la gran publicidad que están
recibiendo los programas para víctimas y por la proliferación de servicios a las víctimas
y programas de asistencia a las víctimas en muchos países.

18
Los últimos veinte años han sido testigos de la creación y extremadamente rápida
expansión de servicios a las víctimas. Los programas de asistencia a las víctimas,
totalmente inexistentes hace un par de décadas, se han multiplicado en todo el mundo,
desde Australia a Europa, de Sudamérica a Asia, y de las grandes Islas de Japón a las
relativamente pequeñas Islas Canarias.

Uno de los avances más importantes en el campo de la Victimología en los últimos veinte
años ha sido la aprobación formal por parte de la Asamblea General de las Naciones
Unidas el 11 de noviembre de 1985 de la "Declaración sobre los Principios
Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y de Abuso de Poder". Al adoptarla,
la Asamblea General declaró que era "Consciente de que millones de personas en todo el
mundo sufren daños como resultado de delitos y abuso de poder y que los derechos de estas
víctimas no han sido reconocidos en forma adecuada".

El campo de intervención de la Victimología en el momento actual se resume en cuatro


tendencias:

1. Expansionismo activo y práctico que consiste en una consolidación de los estudios


victimológicos en detrimento de los postulados teóricos. Estudiar a la víctima conforme
a estudios empíricos y dejar al margen las teorías.

2. Mayor atención a las necesidades de la víctima manifestadas a través de encuestas de


victimización. Tenemos los estudios, vamos a subsanar los déficits de las víctimas. Estas
necesidades se suelen enfocar en tres ideas:

a. La asistencia post victimización.

b. El ámbito de resarcimiento.

c. La compensación.

3. El reconocimiento de los derechos victimales.

4. La consolidación de la victimodogmática, que analiza hasta qué punto y en qué medida


las propias víctimas son corresponsables de la consumación de un hecho criminal, por
haber contribuido a él con actos dolosos e imprudentes, y en este sentido valorar una
atenuación e incluso eximente de la responsabilidad del autor.

La doble hipótesis: víctima sin crimen y crimen sin delito

Matizaremos el sentido de tres variables: delito, víctima, crimen social.

Recurriremos a la definición legal de delito: toda aquella acción y omisión dolosa o


imprudente penada por la ley.

Crimen social lo referimos como aquel hecho, constitutivo o no de delito que genera un
daño social.

Entonces, podríamos plantearnos las siguientes preguntas:

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1. ¿Es posible el delito con crimen social?

Si, en homicidio. Todos los tipificados en el Código Penal llevan consigo un daño social.

2. ¿Es posible el delito sin crimen social?

No. Todos los delitos llevan implícito un crimen social.

3. ¿Es posible el crimen social sin delito?

Si, un suicidio, el menor de ocho años que comete un homicidio: es inimputable, hay
crimen social pero no hay delito, catástrofe natural, consumo de alcohol y drogas,
supuestos de contaminación ambiental.

4. ¿Es posible un supuesto donde exista una víctima pero no haya delito ni crimen
social?

Si, médico que le corta la pierna a un sujeto que tiene gangrena, no hay delito ni crimen
social, hay un daño, pero para mejorar al sujeto.

5. ¿Puede haber delito sin víctima?

No, siempre que hay delito hay víctima (los delitos de peligro abstracto no valen porque
se entiende la sociedad como víctima, en los delitos en grado de tentativa también hay
víctima)

6. ¿Puede haber crimen social sin víctima?

No, si hay crimen social, tiene que haber víctima siempre.

7. ¿Es posible que una persona se convierta en víctima sin intervención humana? Es
decir, un supuesto de una conducta equiparable a delito en el que no haya intervención
humana y produzca una víctima: si, perro callejero que muerde a alguien, desastres
naturales, casos fortuitos (se cae una pared).

10.- La evaluación de las secuelas de la víctima

A diferencia de cuando evaluamos a los acusados, en este caso los trastornos con los que
nos vamos a enfrentar pertenecen al espectro de los trastornos de estado de ánimo o los
trastornos de ansiedad, donde la sintomatología relevante se refiere al espectro de las
emociones y la afectividad.

Nuestro interés se centrará en valorar a las personas para determinar, primero, si existe
algún trastorno psicopatológico y, segundo, si dicho trastorno está relacionado con el
delito que se está sometiendo a juicio. El interés de las partes estará en determinar si
hay secuelas, entendiendo por tales aquellas que van a perdurar en el tiempo.

A diferencia de las secuelas físicas, las cuales pueden ser fácilmente objetivables, las
secuelas a nivel psicológico no lo son tanto. Recientemente, en un caso de atropello
donde resultó muerta una persona, se solicitó la valoración psicológica de la viuda, al
20
objeto de determinar la cuantía de la indemnización que iba a recibir. Realizada la
exploración, se constató un trastorno depresivo de carácter moderado que, con el
conveniente apoyo psicológico, se preveía que iba a remitir, no pudiéndose estimar el
tiempo para dicha remisión.

Por tanto, no podía considerarse como una secuela dicho trastorno, ya que era tratable
podía desaparecer en el futuro. Es ésta una de las múltiples ocasiones en las que nos
hemos encontrado con esta forma de considerar secuelas psicológicas, es decir, con
posibilidad de remisión. Por otro lado, en nuestro Código Civil, solo resultan
indemnizables una serie de trastornos psicopatológicos que son:

Tabla 2. Trastornos indemnizables

Síndromes psiquiátricos

Trastornos de personalidad:
 Síndrome posconmocional (cefaleas, vértigos, alteraciones del sueño, de la memoria, del
carácter, de la líbido).
Trastorno orgánico de la personalidad:
 Leve (intimidación leve de las funciones interpersonales y sociales diarias).
 Moderado (limitación moderada de algunas, pero no de todas, las funciones
interpersonales y sociales de la vida cotidiana, existe necesidad de supervisión de las
actividades de la vida diaria).
 Grave (limitación grave que impide una actividad útil en casi todas las funciones sociales
e interpersonales diarias, requiere supervisión continua y restricción al hogar o a un
centro).
 Muy grave (limitación grave de todas las funciones diarias que requiere una dependencia
absoluta de otra persona: no es capaz de cuidar de sí mismo).
Trastorno del humor:
 Trastorno depresivo reactivo.
Trastornos neuróticos:
 Por estrés postraumático.
 Otros trastornos neuróticos.
Agravaciones:
 Agravación o desestabilización de demencia no traumática (incluye demencia senil).
 Agravación o desestabilización de otros trastornos mentales.

Echeburúa (2004) estima que entre el 60% y el 70% de las víctimas de agresiones
sexuales o de terrorismo van a sufrir los efectos del trauma en su vida cotidiana, siendo
las más afectadas las víctimas recientes frente a las que han sufrido el trauma con una
mayor distancia temporal. No obstante, estas víctimas “lejanas”, aproximadamente dos
tercios según este mismo autor, padecen alteraciones emocionales relevantes, siendo las
conductas de evitación las que tienden a cronificarse con mayor facilidad.

Cuando hablamos de un suceso traumático, nos estamos refiriendo a unos


acontecimientos de carácter marcadamente negativo, que excede a las expectativas
normales de los sujetos, que se inicia de forma brusca e inesperada, no resulta posible
controlarlos, y que pone en peligro la integridad física o psicológica de las personas que
sufren de manera directa o indirecta (vicaria). Los mecanismos psicológicos de
afrontamiento se ven afectados, por lo que las personas que lo padecen sufren intensas
21
consecuencias, destacando fundamentalmente el terror, la indefensión y los
sentimientos de culpa.

Cuando abordamos este tipo de casos, el objetivo, como ya se ha mencionado, es la


valoración del daño psicológico existente. Por ello, en muchas ocasiones el informe
pericial psicológico tiene como objetivo el servir para probar la existencia de un delito,
en ausencia por ejemplo de indicadores físicos. En otras ocasiones, el objetivo será
reparar el daño que se le ha causado a la víctima. En estos casos, el enfoque de la
exploración psicológica se centrará en valorar:

1. El nivel de adaptación previa de la víctima en todos los niveles: familiar, social,


laboral y emocional.
2. El nivel de adaptación existente en la actualidad.
3. Cómo se ha readaptado después del suceso: procesos de afrontamiento y su
resultado.
4. Correlación entre la inadaptación actual y el delito sufrido.
5. Pronóstico de futuro.

SECUELAS EN VÍCTIMAS DE DELITOS VIOLENTOS

En función de los recursos personales con los que cuente una persona, ésta pondrá en
marcha una serie de estrategias para afrontar las situaciones con un alto contenido
estresante. Si bien resulta algo artificial la división que aquí establecemos, nos parece
interesante hacerlo de esta forma para clasificar la actuación pericial de los psicólogos.

Así, en este apartado, describiremos los trastornos psicopatológicos que con mayor
frecuencia nos solemos encontrar en estos casos, donde nos centraremos en las
agresiones sexuales, por ser los más comunes dentro de los delitos sometidos a juicio, y
nos referiremos a otros acontecimientos traumáticos, como actos de terrorismo,
secuestros y accidentes.

Trastornos psicopatológicos más frecuentes

Partimos de la siguiente base: los acontecimientos traumáticos inciden negativamente


sobre la percepción de seguridad de las personas, que pierden la confianza básica en la
creencia en un mundo justo. Hablaremos de dolor psicológico, del daño psíquico para
poder tipificar posibles indemnizaciones por ello. Pero en nuestro Código Penal, como ya
se ha referido, no se recogen con exhaustividad todas las posibles repercusiones
psicológicas. Las lesiones psíquicas, como las denomina Echeburúa (2004), son medibles
mediante instrumentos psicológicos estandarizados y baremados en la población
española, siendo las más frecuentes los trastornos adaptativos, el trastorno de estrés
postraumático o la descomposición de una personalidad en riesgo previo.

En general, podemos sintetizar el daño psíquico en la siguiente tabla:

Tabla 3. Daño psíquico en víctimas de delitos violentos.

 Sentimientos negativos: humillación,  Cambios en el sistema de valores,


vergüenza, culpa o ira. especialmente la confianza en los
22
 Ansiedad. demás y la creencia en un mundo justo.
 Preocupación constante por el trauma,  Hostilidad, agresividad, abuso de
con tendencia a revivir el suceso. alcohol y de drogas.
 Depresión.  Modificación de las relaciones
 Pérdida progresiva de confianza (dependencia emocional, aislamiento).
personal como consecuencia de los  Aumento de la vulnerabilidad, con
sentimientos de indefensión y de temor a vivir en un mundo peligroso, y
desesperanza experimentados. pérdida de control sobre la propia vida.
 Disminución de la autoestima.  Cambio drástico en el estilo de vida,
 Alteraciones en el ritmo y el contenido con miedo a acudir a los lugares de
del sueño. costumbre, necesidad apremiante de
 Pérdida de interés y de la trasladarse de domicilio.
concentración en actividades  Disfunción sexual.
anteriormente gratificantes.

Por otro lado, nos referiremos a secuelas emocionales cuando el daño psíquico se haya
estabilizado, resultando una incapacidad permanente que no remite con el paso del
tiempo ni con un tratamiento adecuado (Echeburúa, 2004).

En este sentido, lo más frecuentes son los cambios profundos en la estructura de


personalidad (suspicacia, dependencia extrema) que se mantienen durante, al menos,
dos años posteriormente al suceso y que conlleva un deterioro en las funciones laborales
y en las relaciones interpersonales.

EL DIAGNÓSTICO DE TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

Desde su aparición como trastorno en el DSM-III (1978), Ha sido uno de los diagnósticos
que con mayor frecuencia se han realizado, como consecuencia de los delitos de carácter
violento. También han sido muy cuestionados los criterios para definir el padecimiento
de dicho trastorno. En nuestro Código Penal se contempla dentro de las secuelas, pero, si
bien suele conllevar a nivel psicológico una gran incapacidad para el que lo padece, no
parece ser ésta la consideración que de dicho trastorno se hace desde el ámbito jurídico,
siendo su puntuación máxima de 5, muy por debajo de la puntuación que se le concede
al trastorno depresivo.

Según el DSM-IV-TR el trastorno de estrés postraumático se caracteriza por:

A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha


existido (1) y (2):

1) La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más)


acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física
o la de los demás.
2) La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.
Nota: en los niños estas preguntas pueden expresarse en comportamientos
desestructurados o agitados.

B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de


una (o más) de las siguientes formas:
23
1) Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar
y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: en los
niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen
temas o aspectos característicos del trauma.
2) Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen
malestar. Nota: en los niños puede haber sueños terroríficos de contenido
irreconocible.
3) El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático
está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia,
ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flash-back, incluso los que
aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: los niños pequeños pueden
reescenificar el acontecimiento traumático específico.
4) Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que
simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.
5) Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que
simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático.

C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamientos de la


reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican
tres (o más) de los siguientes síntomas:

1) Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos p conversaciones sobre el


suceso traumático.
2) Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos
del trauma.
3) Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
4) Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
5) Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
6) Restricción de la vida afectiva (p. ej. Incapacidad para tener sentimientos de
amor).
7) Sensación de un futuro limitado ([Link]., no espera obtener un empleo, casarse,
formar una familia o, en definitiva, tener la esperanza de una vida normal).

D) Síntomas persistentes de aumento de la activación (arousal) (ausente antes del


trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:

1) Dificultades para conciliar o mantener el sueño.


2) Irritabilidad o ataques de ira.
3) Dificultades para concentrarse.
4) Hipervigilancia.
5) Respuestas exageradas de sobresalto.

E) Estas alteraciones (síntomas de los criterios B, C y D) se prolongan más de un mes.

F) Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o


de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Se debe especificar si es de carácter agudo (los síntomas duran menos de tres meses),
crónico (los síntomas duran tres meses o más) o de inicio demorado (entre el

24
acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas han pasado como mínimo seis
meses).

Como se puede observar, es un trastorno muy incapacitante, donde se debe realizar un


buen diagnóstico diferencial con respecto a otros trastornos como el trastorno
adaptativo, el trastorno por estrés agudo, el trastorno obsesivo-compulsivo.

Algunos de sus criterios, como los síntomas de evitación o los episodios de flashback,
pueden ser debidos a otros trastornos como depresión, trastornos psicóticos, consumo
de sustancias tóxicas, etc.

EL DIAGNÓSTICO DE TRASTORNO POR ESTRÉS AGUDO

Según el DSM-IV-TR, los criterios diagnósticos son:

A) La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha existido (1)


y (2)2:

1) La persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más)


acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física
o la de los demás.
2) La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.
Nota: en los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos
desestructurados o agitados.

B) Durante o después del acontecimiento traumático, el individuo presenta tres ( o más) de


los siguientes síntomas disociativos:
1) Sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de reactividad
emocional.
2) Reducción del conocimiento de su entorno ([Link]., estar aturdido).
3) Desrealización.
4) Depersonalización.
5) Amnesia disociativa (p. ej., capacidad para recordar un aspecto importante del
trauma).

C) El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente en al menos una de


estas formas: imágenes, pensamientos, sueños, ilusiones, episodios de flashback
recurrentes o sensación de estar reviviendo la experiencia, y malestar al exponerse a
objetos o situaciones que recuerdan al acontecimiento traumático.

D) Evitación acusada de estímulos que recuerdan el trauma (p. ej., pensamientos,


sentimientos, conversaciones, actividades, lugares, personas).
1) Síntomas acusados de ansiedad o aumento de la activación (arousal) (p. ej.,
dificultades para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad, mala
concentración, hipervigilancia, respuestas exageradas de sobresalto,
inquietud motora).

E) Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral, o


de otras áreas importantes de la actividad del individuo, o interfieren de forma notable
con su capacidad para llevar a cabo tareas indispensables, por ejemplo, obtener la ayuda
25
o los recursos humanos necesarios explicando el acontecimiento traumático a los
miembros de su familia.

F) Estas alteraciones duran un mínimo de dos días y un máximo de cuatro semanas, y


aparecen en el primer mes que sigue al acontecimiento traumático.

G) Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directos de sustancias (p. ej.,
drogas, fármacos) o a una enfermedad médica, no se explican mejor por la presencia de
un trastorno preexistente de los Ejes I y II.

Se debe especificar si es de carácter agudo (los síntomas duran menos de tres meses),
crónico (los síntomas duran tres meses o más) o de inicio demorado ( entre el
acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas han pasado como mínimo seis
meses).

EL DIAGNÓSTICO DE TRASTORNO ADAPTATIVO

Según el DSM-IV-TR, los criterios diagnósticos son:

A) La aparición de síntomas emocionales o comportamentales en respuesta a un


estresante identificable, tiene lugar dentro de los tres meses siguientes a la
presencia del estresante.

B) Estos síntomas o comportamientos se expresan clínicamente del siguiente


modo:
1) Malestar mayor de lo esperable en respuesta al estresante.
2) Deterioro significativo de la actividad social o laboral (académica).

C) La alteración relacionada con el estrés no cumple los criterios para otro


trastorno específico del Eje I y no constituye una simple exacerbación de un
trastorno preexistente del Eje I o Eje II.

D) Los síntomas no respondes a una reacción de duelo.

E) Una vez cesado el estresante (o sus consecuencias), los síntomas no persisten


más de seis meses).

11.- Las víctimas de agresiones sexuales

Existe una serie de factores muy importantes a tener en cuenta para valorar el impacto
psicológico de este tipo de delitos, como son el nivel de violencia empleado por el
agresor, el conocimiento previo de éstos, los sentimientos de culpa experimentados por
la víctima, el miedo a la repesaría, la victimización secundaria al entrar en contacto con
el sistema legal, etc.

11.1.- Agresiones sexuales en adultos

26
Normalmente, el perfil de estas víctimas suele ser el de una chica joven, entre 16 y 30
años, no solo por el mayor atractivo físico, sino también porque suelen exponerse a
mayores situaciones de riesgo y se suele minimizar la importancia de dichos factores de
riesgo por parte de las víctimas (salidas, búsqueda de nuevas experiencias, amplio grupo
de relaciones sociales). El consumo de drogas y/o alcohol y el retraso mental pueden
convertir a la persona en víctimas potenciales de éstos delitos, también los trastornos de
personalidad pueden constituir un factor de riesgo. Destacan según Echeburúa (2004)
los trastornos límites, histriónico y dependiente de la personalidad.

Como ya se ha comentado, la gravedad de los síntomas dependerá de diversas


circunstancias, dentro de las que destaca la duración, la existencia de penetración, las
heridas, utilización de armas intimidatorias, el miedo a morir durante la agresión, el que
sea realizada en grupo, etc.; pero existen otras que están ligadas a la víctima y que tienen
que ver con su estado psicológico previo, la salud en general y su adaptación al entorno.

Así, si existe una adaptación previa deficitaria (depresión, ansiedad, baja autoestima),
coexistente con otros problemas como falta de trabajo, historia previa de maltrato, etc.
Se presentaría una mayor tendencia a quedar traumatizada por este tipo de delitos. Por
último, los factores protectores del trauma se relacionan con el apoyo social que la
víctima tenga y el cómo se lleva a cabo el proceso judicial.

Las consecuencias psicológicas de estas agresiones deben de distinguirse según


parámetros temporales.

Tabla 4. Consecuencias psicológicas en función del tiempo transcurrido

A CORTO PLAZO Quejas físicas, alteraciones del apetito,


trastornos del sueño y pesadillas,
desánimo, ansiedad y miedo generalizado y
tendencia al aislamiento. La conducta
global está desorganizada y existe cierta
dificultad para retomar la vida cotidiana.
A MEDIO PLAZO Depresión, pérdida del autoestima,
dificultades para la interacción social y
disfunciones sexuales, Se retorna la vida
habitual pero con ciertas limitaciones. Son
frecuentes los miedos, estando éstos
relacionados con estímulos que recuerdan
la agresión.
A LARGO PLAZO Irritabilidad, desconfianza, alerta excesiva,
embotamiento afectivo, disfunciones
sexuales y capacidad disminuida para
disfrutar de la vida. La relación de pareja se
suele ver afectada en gran medida.

Una característica propia de estos delitos son los sentimientos de culpa experimentados
por las víctimas que los sufren. Suelen tener pensamientos recurrentes en relación a
medidas protectoras que deberían haber tomado previamente, lo que deberían haber
hecho mientras duraba la agresión (gritar, resistirse, etc.) y lo que han hecho después de
la agresión (impacto en sus vidas cotidianas y en las relaciones con los demás).

27
Estos sentimientos de culpa se agravan cuando la persona agresora es conocida, aparte
de verse afectadas todas las creencias ligadas a la amistad.

11.2.- Agresiones y abuso sexual de menores

Las secuelas de este tipo de delitos son muy similares a otros tipos de maltratos.
Echeburúa y Guerricaecheverría (2000) las sintetizan en la tabla siguiente:

Tabla 5. Repercusiones psicológicas de las agresiones sexuales en menores [Echeburúa y


Guerricaecheverría (2000)]

Tipo de efectos Síntomas Periodo evolutivo


Físicos Problemas de Infancia y adolescencia
sueño(pesadillas)
Cambios en los hábitos de Infancia y adolescencia
comida
Pérdida del control de Infancia
esfínteres
Conductuales Consumo de drogas o alcohol Adolescencia
Huidas del hogar Adolescencia
Conductas autolesivas o Adolescencia
suicidas
Hiperactividad Infancia
Bajo rendimiento académico Infancia y adolescencia
Emocionales Miedo generalizado Infancia
Hostilidad y agresividad Infancia y adolescencia
Culpa y vergüenza Infancia y adolescencia
Depresión Infancia y adolescencia
Ansiedad Infancia y adolescencia
Baja autoestima y sentimientos Infancia y adolescencia
de estigmatización
Rechazo del propio cuerpo Infancia y adolescencia
Desconfianza y rencor hacia Infancia y adolescencia
los adultos
Trastorno de estrés Infancia y adolescencia
postraumático
Sexuales Conocimiento sexual precoz o Infancia y adolescencia
inapropiado para su edad
Masturbación compulsiva Infancia y adolescencia
Excesiva curiosidad sexual Infancia y adolescencia
Conductas exhibicionistas Infancia
Problemas de identidad sexual Adolescencia
Sociales Déficit en habilidades sociales Infancia
Retraimiento social Infancia y adolescencia
Conductas antisociales Adolescencia

Este tipo de delitos tienen lugar habitualmente en el ámbito de la familia o entorno


cercano al menor (vecinos, amistades), la mayoría de ellos se comete contra niñas.

28
Existiendo dos bandas de edad con un mayor riesgo, entre los seis y siete años y entre
los diez y los 12.

Se diferencia de las agresiones en adultos en que suelen ser conductas muy repetidas,
que se inician de forma leve para ir creciendo en intensidad. Esto conlleva los
fenómenos de revictimización y, por tanto, un mayor riesgo de alteraciones psicológicas.
Son poco frecuentes las penetraciones y, entre los niños, es frecuente el retraso mental.

12.- Secuelas psicológicas en víctimas de terrorismo y secuestros

Todos estos delitos tienen un aspecto fundamental en común y es la vulneración de la


idea de justicia, que sitúa a la víctima en una situación de indefensión absoluta y provoca
sentimientos de rabia profunda dirigidos hacia el agresor.

Según recoge Echeburúa (2004), el impacto psicológico en estas víctimas es muy


elevado, lo que aumenta de dos a tres veces la probabilidad de sufrir algún trastorno
psicopatológico con respecto al resto de la población.

En relación con las víctimas de actos terroristas, el impacto es similar tanto en los
supervivientes como en los familiares de los fallecidos, caracterizándose por:

Tabla 6. Consecuencias psicológicas en víctimas de actos terroristas.

A corto plazo: horas después al . Derrumbe emocional


acontecimiento . Reacción de incredulidad
. Sobrecogimiento
. Incapacidad para reaccionar.
. Alteración de la consciencia.
. Abatimiento
A medio plazo: días después . Se diluye el estado de shock
. Experimentación de la sensación de ahogo
o muerte inminente.
. Intensificación de las vivencias afectivas:
dolor, rabia, odio, impotencia, miedo, culpa.
. Internalización o externalización de la
culpa
.Reexperimentación del acontecimiento
vivido (estrés postraumático).
. Reactividad emocional intensa ante
noticias de otros atentados.
A largo plazo: . Cambios en la personalidad: pasividad,
dependencia, introversión, actitud
victimista, irritabilidad, sobreactivación.
. Complicaciones en las interacciones
sociales y familiares.
. Embotamiento emocional.
. Anclaje en el pasado.
. Suspicacia.
. Actitud derrotista ante acontecimientos
cotidianos.
. Sentimientos intensos de culpa generados
por la ambivalencia.
. Tendencia al consumo de alcohol y drogas.
29
Con respecto a las víctimas de secuestro debemos señalar que supone una situación que
puede alargarse mucho tiempo, lo que implica afrontar unas circunstancias de
incertidumbre continuada donde no se sabe qué es lo que va a ocurrir con la vida.

El aislamiento social al que suelen estar sometidas y las condiciones del lugar de
reclusión también incidirán negativamente en estas víctimas. La percepción de control
de la situación está totalmente ausente, salvo que se generen expectativas que tengan
que ver con su comportamiento.

Las víctimas suelen sentirse amenazadas, según Echeburúa (2004), en cuatro planos:
amenaza de la propia vida, de la integridad física y a la salud, amenaza a la seguridad
emocional y amenaza a la autoimagen y al sistema de valores.

Durante el tiempo que dura el secuestro, las víctimas pueden evolucionar atravesando
por distintas fases de acomodación al hecho, desde la conmoción inicial a la aceptación
resignada del cautiverio, desde el odio hacia a los secuestradores hasta la indiferencia o
el denominado Síndrome de Estocolmo (intento de establecer relaciones
interpersonales con los secuestradores que le llevan a experimentar una intensa
simpatía hacia ellos y su causa).

Tras la liberación, las reacciones psicológicas también son muy diversas, muy influidas
por la duración de éste y por las posibles secuelas físicas. Son frecuentes las
alucinaciones, la depresión, las crisis extremas de ansiedad, pesadillas, reacciones
agorafóbicas o de terror a espacios cerrados, síndrome de estrés postraumático,
amnesias psicógena y disociativas, cambios en la personalidad.

13.- Secuelas psicológicas de los malos tratos habituales

Son muchas las teorías que abordan las explicaciones relativas a la violencia dentro de
la familia, desde aquellas que se centran en los factores individuales a aquellas que
abordan estos fenómenos desde perspectivas más amplias, como las que derivan de los
planteamientos sistemáticos. No es éste el lugar para profundizar en éstas cuestiones;
nos centraremos fundamentalmente, en sintetizar los hallazgos encontrados en las
personas víctimas de malos tratos, especialmente en los psicológicos.

Nos encontramos ante una situación de estrés crónico que tiene una repercusión
importante sobre el organismo por la activación casi continuada del sistema de alerta, lo
que repercute a nivel fisiológico. Por eso, pueden ser frecuentes los síntomas físicos
relacionados con dolores de cabeza o trastornos psicosomáticos, especialmente
relacionados con el aparato digestivo.

En síntesis, lo que esperamos encontrar en la exploración de las víctimas de malos tratos


continuados son los siguientes rasgos psicológicos (Echeburúa, 2004):

*Una intensa sensación de que su vida se encuentra amenazada constantemente, lo que


les genera una gran inseguridad personal. A esto le acompaña la percepción de
incontrolabilidad, motivada por la violencia ejercida sobre ellas, que es repetida e

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intermitente, siguiendo a estos periodos otro de profundo arrepentimiento. Todo ello
genera una ansiedad extrema y una constante respuesta de alerta.

*Aislamiento social y tendencia a ocultar lo ocurrido, especialmente por los sentimientos


de vergüenza asociados a la opinión social. Todo esto lleva a una mayor dependencia del
agresor, quien, a su vez, experimenta una mayor percepción de control de la relación, un
mayor poder sobre la mujer, a medida que ésta se siente cada vez más sola.

*Sentimientos de culpa por las conductas que ha realizado para ocultar la violencia,
como mentir a familiares y a amistades, encubrir a su agresor, mantener relaciones
sexuales no consentidas, no proteger adecuadamente a su hijos, plegarse a las exigencias
de su pareja renunciando a sus propios deseos e intereses. Los sentimientos de culpa se
convierten en un elemento esencial para valorar, de tal forma que una vez que las
mujeres se han liberado de las presiones sociales son capaces de reconocer en su
agresor al verdadero culpable de su situación.

Tabla 7. Sentimientos de culpa en mujeres maltratadas en el hogar. [Echeburúa, 2004]

ATRIBUCIONES A SU PERSONALIDAD
. Considerarse estúpida.
. Verse poco atractiva
. Sentirse sin valía o inferiores a los demás.
ATRIBUCIONES A SU CONDUCTA
. Creerse provocadoras de la violencia sufrida.
. Mantener sentimientos ambivalentes hacia su pareja.
. Haber cedido a los chantajes o a las amenazas del agresor.
. Haber tenido contactos sexuales a su pesar.
. Ocultar un problema o encubrir al maltratador, ante otras personas (familiares, amigas,
etc.) o ante diversos profesionales (médico, trabajadores sociales, abogados…).
. Haber denunciado al maltratador.
. Sentirse responsable de las medidas legales tomadas contra el agresor.
. Haberse casado voluntariamente con el agresor en contra de los consejos de algunos
familiares o amigos.
. Sentirse responsables del maltrato causado por su marido a los hijos.
ATRIBUCIONES A LA TRANSGRESIÓN DE NORMAS AUTOIMPUESTAS
. Considerarse responsable de haber roto la familia o de que los hijos carezcan de
recursos por la separación de la pareja.
. Pensar que los problemas del hogar no deben salir al exterior.
. Haberse destruido el principio de que la pareja debe permanecer unida, de que casarse
es para siempre o de que el amor debe ser eterno.

*Depresión y sentimiento de baja autoestima. La apatía, la desesperanza y la sensación


de culpabilidad contribuyen a hacer, más difícil la decisión de romper la relación. Se
suelen convencer a sí mismas que de las cosas, en el fondo, no están tan mal.

En resumen, existe un perfil psicopatológico caracterizado por los síntomas ansiosos y


depresivos, donde son importantes los elementos de abandono, desesperanza y
aislamiento social. Es evidente que todo ello da lugar a profundas desadaptaciones en la
vida cotidiana, siendo mayor el malestar emocional cuanto más tiempo se lleva sometido
al maltrato.

31
El momento más crítico para una mujer víctima de malos tratos es cuando se separa, ya
que es en este periodo cuando estadísticamente se produce el mayor índice de
agresiones con resultado de muerte.

14.- Perspectivas futuras de la Victimología

Parece evidente que el futuro de la victimología influirá, y será influenciado por, la


evolución del sistema de justicia. Debido a esto, el futuro de la Victimología dependerá
en gran medida del grado en que se acepte y se implemente el paradigma de la Justicia
Restaurativa.

La sociedad de hoy está sufriendo una rápida y radical transformación. Los paradigmas
de Justicia tienen que cambiar con la evolución social para permanecer en armonía con
los sistemas de creencias imperantes y para hacer balance de los avances y
descubrimientos en los campos de la Criminología y la Penología.

Las futuras políticas de control del delito se basarán en gran medida en la evaluación de
riesgos, gestión de riesgos, cobertura de riesgos, reducción de riesgos y prevención de
riesgos.

La medición del daño (físico, material y mental) probablemente se convierta en el


componente central de la reacción social a la delincuencia. Los objetivos principales de
esta respuesta serán resarcimiento, reparación y la compensación. Todas las acciones
dañinas generarán la obligación de reparar, junto con los esfuerzos para prevenir su
ocurrencia futura.

Como afirma Fattah (1999), ésta será la era de la justicia restaurativa, y este cambio de
paradigma tendrá un profundo impacto en la Victimología del futuro. Seguramente, la
Victimología del futuro se convertirá en una verdadera disciplina científica y una
práctica verdaderamente humanista.

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