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Autodesprecio

El documento reflexiona sobre el autodesprecio del ser humano y critica la dicotomía de si somos inherentemente buenos o malos, argumentando que la educación y el contexto son determinantes en nuestra naturaleza. Se menciona una decadencia cultural en Occidente desde finales del siglo XIX, y se cuestiona la falta de autovaloración a pesar de los avances tecnológicos y sociales. Además, se enumeran diversos retos contemporáneos que enfrentamos, sugiriendo que la humanidad debe recuperar la fe en sí misma para abordar estos desafíos.

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Autodesprecio

El documento reflexiona sobre el autodesprecio del ser humano y critica la dicotomía de si somos inherentemente buenos o malos, argumentando que la educación y el contexto son determinantes en nuestra naturaleza. Se menciona una decadencia cultural en Occidente desde finales del siglo XIX, y se cuestiona la falta de autovaloración a pesar de los avances tecnológicos y sociales. Además, se enumeran diversos retos contemporáneos que enfrentamos, sugiriendo que la humanidad debe recuperar la fe en sí misma para abordar estos desafíos.

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Contra el autodesprecio actual del ser humano

Y, entre nuestras enfermedades, la más salvaje es despreciar nuestro ser.

Michel de Montaigne, Ensayos, III, 13

No se ve el mundo si sólo se mira la propia niebla.


Stefan Zweig, Montaigne

Frente a la polémica maniquea y bizantina que plantea al presunto filósofo novel si el ser
humano es bueno o malo por naturaleza (personificándolo en las doctrinas previamente
simplificadas de Rousseau y Hobbes, que en realidad tienen mucho más de semejantes que de
diferentes), uno debe enarbolar el sentido común afinado por el buen juicio que representa siempre
volver a ver las cosas desde la mirada limpia y serena de Aristóteles. En efecto, Aristóteles dice, en
Ética a Nicómaco -ahora mismo no poseo la referencia bibliográfica, pero esto no es un paper
académico ni pretendería jamás serlo; el mismo Aristóteles no escribió un paper en su vida, que yo
sepa-, que el hombre de por sí no es ni bueno ni malo, sino que todo depende de la educación que
reciba. Así de fácil, así de cierto. Sin embargo, parece mucho más dramático presentar la cuestión
en términos de raíz: o somos de raíz “buenos”, pero luego la vida tuerce nuestras buenas
intenciones, o somos de raíz “malos”, unos hijos de perra como dice algún personaje de Faulkner en
una taberna. Resulta desgarrador y teatral presentarlo así, no cabe duda, y para colmo tiene la gran
ventaja de obligar a cada persona a pronunciarse al respecto, como si fuese un concurso de
televisión o un combate de boxeo, haciéndoles sentirse partícipes de un problema especulativo de
enormes dimensiones. Pero no es más que una tontada pueril, un pseudo-problema, para colmo
indecidible, y en último término, como observó de pasada Aristóteles, algo dependiente del exterior,
no de una presunta “raíz” que sitúa al ser humano como un ser o bien arraigado en el Cielo ab ovo o
bien en el Infierno. Parece obvio que si creces en la Alemania nazi, difícil será que te sustraigas a su
influjo, como le ocurrió al propio Jürgen Habermas, mientras que si creces en la Holanda de los De
Witt difícil será también que no te formes en la tolerancia y el libre comercio. De manera que para
hablar con cierta cordura de la coyuntura contemporánea hay, a mi juicio, que empezar como
empezó Aristóteles, habida cuenta de por “educación” el Filósofo entendía una formación que
duraba una vida entera, y no partir de Rousseau, de Hobbes o de tu cuñado cuando te da su fundada
y experimentada opinión acerca de la conducta humana (el otro día, en un bar un señorón se enfadó
tanto con su hijo de treinta años porque este no se quería convencer de que cualquiera haríamos lo
que fuera por dinero que hasta dejó de hablarle; ¿se ve?: eso es un ejemplo perfecto de pésima
educación…)
Mi tesis aquí va a descansar sobre la idea de que algo, o mucho, ha sucedido en Occidente
desde fines del s. XIX para que cada vez nos gustemos menos, eso que Oswald Spengler llamó
“decadencia” y que sólo ha tenido lugar en el interior de nuestros corazones, poniéndome cursi,
pero no, como él y tantos otros vaticinaron y siguen vaticinando (“predicadores de la muerte”, que
los llamaba Nietzsche en el Así habló Zaratustra), en la pura exterioridad del poder y la influencia
sobre el resto del mundo, que sin duda ha ido considerablemente a más en casi todos los niveles. A
todos los tertulianos y cuñados de la actualidad no se les cae de la boca la inmediata superioridad
planetaria de China, pero que nos nombren un solo literato, actor o grupo de música nacido en
aquellas tierras que conozca como mucho una fracción de la población occidental. Asentimos
bovinamente ante la convicción generalizada de que China va a ser la siguiente potencia mundial,
como ya pronosticaba Napoleón, y debe ser cosa de las grandes cifras, porque nadie sabemos
exactamente el por qué. Y esto último es lo extraño: ¿cómo es que no hay ni el más mínimo signo
visible de algo que según nos dicen que es tan inminente en lo invisible? Rumio yo que lo
estaríamos viendo venir, no sólo en los negocios y las inversiones (la Nueva Ruta de la Seda, la
compra de África, el Gran Taller del mundo, etc., hechos del todo ciertos y comprobables), sino
también en la calle, en los gustos, en la ropa que vestimos, en las modas musicales, no sé, aunque
sea en una marca de chicles sabor bambú. Pues nada. Nada de nada, excepto TikTok, pero a este
lado del Yantgsé nadie ve píldoras de TikTok en la que salgan usuarios chinos. Si los proxenetas del
Dinero no nos lo cuentan, seguiríamos pensando que no hay más ascenso oriental que la
proliferación de los bazares chinos, los ultramarinos chinos, los restaurantes, alguna película de
terror, el barrio de Usera de Madrid -que, por cierto, da gusto verlo y pasearlo-, y se acabó. Curiosa
una colonización que no empieza por la cultura, ni por las costumbres, ni por las sensaciones
siquiera; vamos a vivir un cambio de paradigma sin darnos cuenta hasta que nos hablen del
siguiente, y todo porque, al igual que Galileo Galilei consiguió que el libro de la naturaleza se
leyera en caracteres matemáticos, el flujo de capital internacional va a conseguir -ya ha conseguido
sobradamente, de hecho- que el mundo social se lea en caracteres puramente económicos 1. De
hecho, lo mismo ha ocurrido ya, la famosa supremacía china, como muchos sostienen, y sin
embargo puede ser que los nativos de allí que tratamos en los ultramarinos o vendiendo flores en los
pubs tampoco se hayan enterado…
Lo que quiero decir es que comprendo perfectamente que una civilización que nos es tan
familiar, la nuestra, que causó como 50 millones de muertes violentas totalmente innecesarias en el
s. XX (la población total de Europa en el inicio del siglo XVIII, creo recordar), puesto que los que
se mataron entre sí pertenecían a la parte rica y avanzada del globo, necesite después
inevitablemente de cierta amnesia colectiva. Hemos sido tan inteligentes desde la Revolución
Industrial hasta hoy, tan asombrosamente magníficos -un avión surcando el cielo es una barbaridad
tal que volvería loco a cualquier tatarabuelo nuestro, y cada minuto vuelan miles 11.000 a la vez en
todo el globo, por no hablar de los 3500 satélites que orbitan la Tierra…-, que no se entiende bien
que hayamos sido tan rematadamente malnacidos a la vez. Dado que no se entiende -igual que
todavía seguimos sin entender por qué tuvieron que morir alrededor de 3000 personas privilegiadas
en las Torres Gemelas de Nueva York en 2001-, pues mejor olvidar, volverse un poco bobos y
empezar a acercarse al pasado con ojos nuevos, tal vez frívolos, con toda seguridad algo pueriles; o
si acaso al futuro, lo que pasa en que ya nadie cree cabalmente en el futuro, y menos que nadie
nuestros propios líderes y dirigentes, tanto los que votamos como los que no. La sonda Voyager 1 se
encuentra ahora mismo a 24.000 mil millones de kilómetros de la Tierra, más allá de las lindes del
Sistema solar, que es una epopeya 2 tecnológica frente a que palidece el viaje de Ulises o el de
Cristóbal Colón, y sin embargo oímos por todas partes -y esto en el mejor de los casos-, que los
seres humanos no somos más que una especie animal especialmente arrogante, y que deberíamos
aprender a bajarnos un poco los humos. Una mujer, Rosalind Franklin, se dejó literalmente la vida
por descubrir la estructura helicoidal de la molécula del ADN, poniendo las bases de lo que Watson
y Crick denominaron después, entrando en un bar y exagerando lo justo, “el Octavo Día de la
Creación”. Así mismo, la pandemia de SARS-CoV-2 vino, según nos cuentan, a asolar el mundo
precisamente para eso, para propinarnos una necesaria lección de humildad, pero lo que ya no se
dice es que pudimos con ella en menos de un año y medio, mientras que la mal llamada gripe
española mató hace un siglo al mismo número de personas que la malhadada Segunda Guerra
Mundial. Los griegos antiguos estaban mucho más orgullosos de la anábasis de Ulises a Ítaca desde

1 El hombre unidimensional de Herbert Marcuse este año cumple sesenta: (…) en esta totalidad apenas es ya
posible la distinción conceptual entre los negocios y la política, el beneficio y el prestigio, las necesidades y la
publicidad. Se exporta un “modo de vida”, o se exporta a sí mismo en la dinámica de la totalidad. Con el capital,
los ordenadores y el saber-vivir, llegan los restantes “valores”: relaciones libidinosas con la mercancía, con los
artefactos motorizados agresivos, con la estética falsa del supermercado.
2 O los adelantos increíbles de las matemáticas en los últimos dos siglos que la han hecho posible, eso que el
alemán de origen judío C. G. J. Jacobi denominó, a mi parecer con razón, el “honor del espíritu humano”.
Troya de lo que lo estamos nosotros de la catábasis de la Voyager 1, y siento decir que es de locos,
de verdaderos locos de remate. G. K. Chesterton escribió que el pesimismo no consiste en estar
cansado del mal, sino en estar cansado del bien. La desesperación no consiste en estar cansado del
sufrimiento, sino en estar cansado de la alegría. Pesimismo, por tanto, y también decadencia, por
utilizar ese maldito vocablo de Spengler y compañía, lo que ocurre es que no hay motivo, o por lo
menos no más que hace tan sólo 70 años, cuando se concibió el Estado de Bienestar, comenzó la
descolonización, irrumpió a lo grande la música popular y se fundó la ONU, sea cual sea su
verdadera relevancia. Estos días he estado espigando de aquí y de allá viejos capítulos de las viejas
y venerables series de Star Trek, de las que sabía muy poco -sigo sin saber, todo se andará 3-, y me
ha sorprendido como tan solo hace unas décadas la fe en la humanidad que reflejaba esta mítica
serie (por ejemplo, primer capítulo de The Next Generation, mismo nombre que los fondos de la
UE...) ha desaparecido, dando lugar al más negro de los pronósticos. En Star Trek, la llamada
Federación Unida de Planetas de un no tan remoto futuro (es, por ejemplo, muy anterior al
feudalismo tecnológico -pace Evgeny Morozov- de la saga de Dune, que se parece más al destino a
dónde nos quieren llevar), enviaba naves de exploración a la galaxia para conocer otras especies
inteligentes y llevar orden y civilización al espacio exterior, pero esta vez de verdad, no como se
llevó a cabo la “evangelización” del continente americano.
Ahora, en cambio, hemos pasado de eso tan prometedor a Don´t look up, que es la película
más significativa a mi juicio de lo que va de siglo XXI, que no, desde luego, la mejor. Es
significativa porque lo malo de Don´t look up no es ya la sátira de las fake news 4 o de las redes
sociales, de la frivolidad y corrupción de las instituciones, de las grandes plataformas de
(in)comunicación o incluso del hombre corriente, o de que no exista ya la verdad o nadie preste su
adhesión a ella -o que, tras la pandemia, vivamos con la mosca tras la oreja como los campesinos de
Pedro y el lobo-, lo malo, insisto, lo espeluznante, es que resulta que la verdad, de existir, ya no se
impone por sí misma, como se ha pensado siempre, y hasta es posible que tampoco el tiempo ponga
las cosas en su sitio, o que “el tiempo lo dirá”, etc. Y no hay nada más terrible que eso, el nihilismo
no en sí -el corazón del mundo como lacrimae rerum...-, que es sin duda hasta no poco poético -el
pensamiento trágico que dicen algunos-, sino el nihilismo para sí, es decir, el nihilismo en el alma
de cada uno de nosotros, ahora que, ni que decir tiene, ya nadie creerá más en el alma...

3 Star Trek es la única serie en que el espectador descubre que los personajes están tan sentados como él
mismo y su familia en el sofá, se trata, por tanto, de una serie/espejo...
4 La mentira como arché social ineludible es la estrategia reina de la Alt-Right internacional, que son los
máximos beneficiaros, a mi juicio, de la pésima idea que tenemos de nosotros mismos, una rémora que nos echa en
brazos de nacionalismos antes desacreditados y de espectáculos de masas que ahogan al individuo con criterio
propio (como dijo Eduardo Galeano, “si la clase trabajadora supiera de política tanto como de fútbol sería
invencible”).
Es cierto, y no se puede negar, que la lista de nuestros actuales retos es vasta y no de poca
monta. Vamos a tener que ingeniárnoslas para dar solución, o cuanto menos coexistir lo menos
penosamente posible, con el Cambio Climático (sobre todo en el Sur Global, que no lo ha
generado), con el fanatismo desesperado de las religiones residuales, con el incremento de las
llamadas superbacterias, con los privilegios suicidas de las cada vez más poderosas corporaciones
trasnacionales, con el arte infantilizado e instrumentalizado por cada vez menos manos y más
irresponsables, con las grandes tecnológicas como Quinto Poder no electo ni electible, si se puede
decir así, con la denominada “Robolución”, que va a eliminar cientos de millones de puestos de
trabajo -y devaluar de paso y en lo posible a todos los restantes-, con el uso y abuso de las
Inteligencias Artificiales para el beneficio y la dominación 5, con la investigación en torno a las
energías renovables, sin descuidar el Hidrógeno Verde y la Energía de Fusión, con la
implementación de los llamados “cuerpos cyborg”, por ejemplo la medicalización invasiva de
nuestra salud (y la subsiguiente posibilidad de su “hackeo”, ¡del hackeo de nuestro propio cuerpo!),
con el macronegocio, entre empresarial y político, de la minería de datos, con el peligro de los
coches autónomos, que ya se han cobrado vidas, con el envés perverso y atomizador de las redes
sociales, con la pornografía ubicua e inapta para todos los públicos, con los problemas futuros de
infertilidad humana6, con -tal vez lo más inquietante de todo- las explosivas posibilidades de la
ingeniería genética, con ciberataques masivos, con la acidificación de los mares, con la presencia de
microplásticos y tecnofósiles en el medio ambiente, con la penetración en nuestros hogares del
Internet Of Things (y, de nuevo, la subsiguiente posibilidad de su “hackeo”), con la rivalidad
planteada por los llamados “Brics” contra la hegemonía de EE.UU., con las pandemias por venir,
puesto que las macrogranjas no parecen disminuir su actividad, con el analfabetismo funcional tanto
en habilidades básicas de cultura general como en destreza en el diseño de lenguajes informáticos,
con los riesgos inesperados de los experimentos con transgénicos, con las migraciones masivas

5 Hace poco saltó a la luz pública la noticia de que Apple, que hasta ese momento había sido la hermana
pequeña entre las empresas que están desarrollando la IA, había decidido subsanar esa desventaja instalando
inteligencia artificial en los IPhone, los IPads y el Macintosh, de tal manera que sería el algoritmo, y no nosotros, el
que a partir de ese momento gestionase la totalidad de las interacciones digitales del titular de nuestras cuentas, y
por tanto quien filtraría las relaciones de cada uno de nosotros con nuestro entorno, en una suerte de pesadilla
neoliberal que impugnaría su origen histórico e ideológico mismo -¿complejo de Edipo?...-, puesto que el
liberalismo clásico hubiera recibido tal intromisión en la vida individual de las personas como un totalitarismo
intolerable, que es lo que en efecto es. Contra ello, hay que celebrar la aparición en nuestros pagos del Manifiesto
OFF, y desear que coseche un gran éxito dentro y fuera de nuestras fronteras; firmar el apoyo en Home | Manifiesto
OFF (offm.org)
6 Porque nuestro problema ahora no es la superpoblación, como alertaba en el siglo XX gente informada como
Isaac Asimov, sino que lo es la infrapoblación, como explica Marta Peirano en su magnífico Contra el futuro
(Debate, 2022; por ejemplo en las páginas 62 y 63), no sólo porque las previsiones de brusco descenso de población
a partir de 2050 lo señalan así, sino porque precisamente el Cambio Climático va a requerir más brazos, no menos,
para nutrir lo que ella llama al final de su estudio un “ejército civil contra la crisis climática”.
desde los países pobres, con la inusitada capacidad de manipulación al tiempo que de descreimiento
que otorgará a la vuelta de la esquina el deepfake, y, en fin, espero que un no muy largo etc…
Hiela la sangre. Va a ser necesario hacer de nosotros un auténtico Hércules del compromiso y
de la planificación coordinada para afrontar tanto desafío, y eso teniendo en cuenta que, como en
una ocasión oí decir a José Luís Pardo, nadie va a recordar en breve tiempo quién es o fue Hércules
-a no ser que salga en un videojuego 7, pero entonces ya sólo será Hércules de nombre. Para ello
sería precisa una autoconfianza en nosotros mismos como especie que parece completamente
incompatible con este apagamiento nuestro8 actual que nos roba autoestima en medio del momento
más opulento, poderoso y adelantado de la historia de la humanidad. Somos listos, pero ¿somos
sabios? ¿Tenía razón Bobby McFerrin con el Don´t worry, be happy, o debemos acostumbrarnos a
un Don´t be happy, be worried? Lo que parece claro es que mientras que algunos, pocos, se aferran
a misticismos caducos, estilo New Age 9, y esperan del futuro ciertamente demasiado, otros, la
mayoría, son adictos a las distopías, o a los psicofármacos, o a los anabolizantes, o a las mañas de
los psicólogos, o a los videojuegos, o a la infelicidad sin término de ser menos ricos u ostentosos
que los vecinos. Los adolescentes adoran las series -en España la más exitosa es La que se avecina-
en la que los personajes son egoístas, chillones, mezquinos y avariciosos 10. Están convencidos,
según he podido comprobar, pero muchos adultos también, de que todos tenemos un precio, y de
que este precio a menudo resulta ser ridículamente barato. Los filósofos, científicos, artistas y
grandes exploradores del pasado eran tipos o tipas “que se aburrían”, o si no no se entiende por qué
se esforzaron en realizar hallazgos que mejorasen el estado material e ideativo de la humanidad en
vez de quedarse en casa tumbados a la bartola. Freud pensaba que somos una bestia resignada a la
que la camisa de la cultura le aprieta por todas partes, Sartre no veía en nosotros más que angustia
sin sentido, Lacán escribió que “tú no eres tú, tú eres lo que tu deseo inventa de ti”, Foucault
decretó la “muerte del hombre”, Deleuze habló de la “vergüenza de ser hombre”, Virilio que todo
“pequeño paso del hombre es un pequeño paso hacia la inhumanidad”, Cioran que aquel que
todavía no ha tenido la lucidez -parafraseo a mi manera- de suicidarse a los 25 años, entonces es
que tiene bien merecido el castigo de vivir, y Thomas Ligotti, autor de La conspiración contra la
especie humana, de 2010, el más dicharachero de todos nuestros savants, que el ser humano es “una

7 Maravilloso guion, por cierto, al respecto de los videojuegos y sin ahorrarse una crítica feroz a sus
promotores, el de Free Guy, película de 2021.
8 Al contrario que la dolorida ranchera de José Alfredo Jiménez (Que te vaya bonito): Cuántas luces dejaste
encendidas / Yo no sé cómo voy a apagarlas.
9 El culto de la Nueva Era predica que en el año 2160 entrará el Sol en el signo de Acuario, y será entonces
cuando esta nueva religiosidad será capaz de conciliar las iglesias y las religiones, luz de hombres y mujeres
nuevos. La humanidad como organismo vivo y consciente se integrará en el ser de Gaia (no exactamente la Gaia de
James Lovelock, que era un cibernético) y podrá celebrar la vida cotidiana como un sacramento cósmico, eso todos
los días puntualmente desde la hora de desayunar hasta la de lavarse los dientes antes de acostarse.
10 Mejor ni mencionar que su película favorita es el Torrente de Santiago Segura, abyecta y vulgar a la vez.
nada consciente de sí”11 (para él, la conciencia es, a su vez, la “madre de todos los horrores”), una
“excrecencia accidental”, y un ser “malignamente inútil”… Ni que decir tiene que ninguno de estos
alegres muchachos se suicidó, casi todos llegaron a muy viejos, y el bueno de Ligotti aún sigue
acumulando premios literarios con sumo gusto. Yo, personalmente, desde que conozco a Ligotti
hasta me empieza a caer bien Paolo Coehlo…
Nada de esto es necesario, nada de esto repercute en favor nuestro y sobre todo nada de esto
es mínimamente verdadero. Vale que el hombre no es ese ser bendecido por todos los dones en que
ponía su fe el idealismo alemán, tanto filosófico como estético, pero tampoco una “excrecencia
accidental”, como si fuera una ventosidad que se le ha escapado a Dios, las excrecencias
accidentales y las ventosidades no escriben best-sellers y ganan premios literarios a costa de
difamar a sus congéneres. Nietzsche escribió, en Ecce homo, que “no hay que sustraer nada de lo
que existe, nada es superfluo” (Alianza, pág. 69), y que Zaratustra es aquel que “dice sí hasta la
justificación, hasta llegar incluso a la redención de todo lo pasado” (Ibidem, pág.105), incluso del
pasado más atroz, añado yo. En consecuencia, Ligotti se burla de él y le califica de “adepto del Sí”,
cuando él mismo es el mercader literario del No. Sin embargo, yo creo que ya pisamos un nuevo
mundo, en el que esas tinieblas siguen asustando mucho, pero en el fondo carecen ya de
fundamento. Recordaba Thomas Mann en su Schopenhauer, Nietzsche, Freud que el núcleo de la
espiritualidad oriental12 está en la célebre fábula del Tat Twam Así, y que reza como sigue:

11 Más serenamente, Ricardo Reis:

(…) Nada queda de nada / Nada somos


Un rato al sol y al aire retrasamos
el frío, la tiniebla. Somos sólo
cadáveres aplazados que procrean.

Como el hombre, también la obra del hombre


tiene su tumba. Leyes, templos, poemas:
vana ceniza que dispersa en viento.
Somos cuentos contando cuentos, nada (...)
12 La de verdad, no la que nos venden. Como escribe Juan Masía en Aprender de Oriente, Bilbao, Desclée:
Me llamo la atención en unos grandes almacenes el título de astrología y esoterismo sobre un estante de libros.
Repasé el contenido y vi que abarcaba desde traducciones serias de textos de zen o estudios sobre el tao hasta las
publicaciones más ligeras sobre adivinación o pseudomagia. En cambio, en las librerías de Tokio estoy
acostumbrado a ver otro panorama. Por supuesto, también allí se encuentran, en mayor cantidad que aquí, las
abundantes publicaciones sobre astrología y esoterismo, ya que para el consumismo internacional no hay
fronteras. Pero no se colocan en ese mismo lugar las obras serias de budismo. Hay otra sección de religiones
donde, junto a hinduismo y budismo, tiene su sitio editoriales protestantes y católicas. Es posible, además, pero yo
no sabría decirlo, que pese al nihilismo que con razón atribuye Nietzsche al budismo, exista en esa tradición una
intuición positiva y, por así decirlo, irisada, rica, de la Nada que nosotros en Occidente somos incapaces de
comprender -porque para comprenderla mínimamente necesitaríamos saber qué metáforas la vehiculan, como poco.
El hombre experimenta la virtud tal como la experimentó aquel aprendiz indio ante cuya
mirada un gran espíritu hizo desfilar todos los seres del mundo, los animados y los inanimados, y al
pasar cada uno decía: <Tat twam así> (“ese eres tú”) (Alianza, pág. 48)

Ese sería sin duda un buen comienzo, aunque proceda de una fuente tan vetusta y venerable
como los Upanishads: reconocer a todo ser vivo -¡y hasta no vivo, puesto que incluso las criaturas
bidimensionales del famoso Juego de la vida de Conway 13 se relacionan, crecen y se transforman!-
como compañero de hábitat en la biosfera terrestre 14, porque bien podrías haber sido tú uno de ellos,
si es que no lo vas a ser a continuación, como entiende esa famosa doctrina de la reencarnación que
ya tuvo su reflejo occidental en Platón. Desde luego que pensar que el hombre, aún siendo
claramente un animal, es únicamente “nuda vida”, como dice Giorgio Agamben, o “cuerpo vivo”,
como señala Paul B. Preciado, es estar completamente ciego, es no querer ver la diferencia entre
Madrid, con su código de circulación, su parla común, su alcantarillado, su red eléctrica, sus fiestas,
su aeropuerto, sus malos gobiernos, su polución, etc., y el campo prehistórico de helechos que
configuraba su solar hace millones de años. Si un armadillo 15 es capaz siquiera de concebir un lápiz,
un delito, las Variaciones Goldberg o un aeropuerto, que venga Joaquín Araújo (le leía yo mucho y
con satisfacción de mozo...) y lo vea. Ni Agamben ni Preciado ayudan mucho, en mi opinión, en lo

13 Por ejemplo en: https://youtu.be/2ssnMkJFqbA?si=cFt5iAi-RhVZfCFL


14 También por debajo de nuestros pies, como muestra el fantástico libro de David W. Wolfe, El subsuelo.
15 Sobre la discutida dignidad animal, resulta curioso que Celso, en su Discurso verdadero contra los
cristianos, ¡que es del siglo II d.C.!, dedique ya un buen número de páginas a la defensa de la vida animal, como
habiendo leído con perspicacia entre líneas del Génesis, y siglos antes de que el fenómeno se universalice (por
cierto, la española Escuela de Salamanca también se sumó a esa tan calumniada causa, la causa animalista, en los
siglos XVI y XVII). Porque, en efecto, desde el arranque de la Biblia las numerosas bestias no han sido creadas por
Dios más que con el único fin de servir al hombre, para lo cual Adán dio nombre a cada una de ellas, pese a lo que
diga después la canción de Bob Dylan. Servir de peones sin jornal y servir de alimento en el todo o en las partes,
cuando no de representaciones del Diablo o de cualquiera de sus fieles sirvientes. Naturalmente, el hombre no puede
ni debe evitar predominar sobre sus compañeros de planeta (que son muchos más, por cierto: sólo el peso
acumulado de todas las hormigas de la Tierra supera con creces el de todos los humanos juntos), y por eso no es de
recibo ni penal ni ideológicamente el discurso ecologista radical que propone el exterminio del primero en beneficio
de los segundos -después de todo, 12 monos de Terry Gilliam no era tan disparatada como parecía... Pero una cosa
es eso, y otra muy distinta el procesamiento industrial masivo y despiadado a que se somete a los bichos en la
actualidad, frente al cual la tortura del toro en la arena es pura tontería -Jesús Mosterín escribió sobre la primera
cuestión, Savater publica a favor la segunda... ¿quién es el más listo? Sea para fabricar carne, vender pieles o probar
cosméticos, más vale que seas del tamaño de un microbio o blanco y negro, grande y chino si no quieres tener un feo
y doloroso final…
Gerald Durrell, que era el hermano inteligente de la familia, escribía al final de uno de sus libritos de fácil
consumo y rápida venta un informe aterrador acerca de la desaparición de especies en los últimos cien años. Y, para
colmo, está el caso de los caballos, que se diría que sobreviven sólo porque a la policía madrileña le encanta dejar
sus cacas esparcidas por el asfalto, y a los que les ha sido arrebatada su posición de “mejor amigo del hombre” por
el perro, como si “animal” equivaliese a “mascota”, por mucho que los tontos y bellos equinos se hayan dejado la
piel a millares en los campos de batalla de todos los tiempos, como hemos vuelto a recordar con la película de
Napoleón de Ridley Scott. Estos días se está dando la noticia, o abundando en ella, de las miles de especies nuevas
que han sido halladas en los fondos marinos, algunas realmente propias de la imaginación de H. P. Lovecraft o de
Julio Verne. Chicos y chicas subacuáticos: ya podéis ir escondiéndoos más profundamente…
que toca a recuperar la confianza en la grandeza del hombre. En cambio, sí que ayudan, y mucho,
Donna Haraway, en filosofía y, por encima de todo, Ilya Prigogine, en todos los demás saberes
científicos incluida la propia filosofía. Prigogine, probablemente (y la probabilidad es precisamente
uno de esos campos que él ha trastocado por completo para mejor) el mayor genio y más abarcador
del final del siglo XX junto con Lynn Margulis 16, habló del reencantamiento del mundo y de la
unión entre Ciencias y las Humanidades, en contra de la tosca división dicotómica de C. S. Snow 17.
En las últimas líneas de su La Nueva Alianza (el nombre quizá evoque un tanto el Arco Iris de la
Biblia tras el Diluvio Universal), publicado por primera vez en 1984 junto con la epistemóloga
Isabelle Stengers, dice que…

El descubrimiento de la complejidad es, ante todo, un desafío. Nos recuerda que nuestras
ciencias están todavía dando sus primeros pasos, que fueron apasionadas pero a veces
presuntuosas. Hoy empezamos a reconocer lo que implica la idea de un mundo intrínsecamente
activo y, por tanto, a comprender hasta dónde llega nuestra ignorancia. Pero esta complejidad
lleva consigo la esperanza de una nueva identidad de la ciencia, la esperanza que evoca el título de
nuestro libro, La nueva alianza. Con este título afirmábamos que, más allá de falsas
clasificaciones, de prohibiciones, de limitaciones culturales, políticas y económicas, las ciencias no
tienen, por derecho, otro límite que el de la creatividad humana. No son una limitación fatal a la
que deberíamos sometemos, sino una limitación que produce un significado que no dejamos de
crear y que podemos crear de forma que no construyamos contra ella, sino con ella, las nuevas vías
de diálogo entre los hombres y con el mundo que habitan.

¿No es alentador? Lejos de estar agonizando ahora mismo, Prigogine sostiene que estamos
empezando ahora mismo, más allá de un error de siglos, el error mecanicista, 18 que ha distorsionado
nuestra verdadera relación con la naturaleza. Tal como yo lo veo, lo mismo sucede con el mundo
social. No es que seamos ya incapaces de racionalizar el mundo humano, económico, político y
relacional, y por eso es justo que caigamos en la desesperación con respecto a nuestro porvenir. Es,
sencillamente, que hemos estado empleando una forma de racionalidad demasiado esquemática,
demasiado abstracta, y el devenir del mundo, también del circunscrito a la labor, trabajo y acción
humana -Arendt-, si es que esto se puede delimitar tan claramente del entorno (Haraway, y muchos
16 Opina Marta Peirano, en su libro ya citado (pág. 64), que Margulis despreciaba el drama de la extinción
humana porque los Homo sapiens no le parecían interesantes, al igual que el resto de los mamíferos. Somos
criaturas convencionales comparadas con los verdaderos amos del planeta, las bacterias, hongos y protistas que
conforman la vida terrestre. De hecho nos consideraba estúpidos, porque hemos sido incapaces de comprender que
la clave de la supervivencia no es la competencia sino la colaboración.
17 Sobre ese viejo tema, que tanto daño ha hecho, mi 09 Oscar Sánchez Vadillo UNA CONTRAPROPUESTA
ACTUAL A LA TEORÍA DE LAS “DOS CULTURAS” DE C.P. SNOW.pdf (revistasaafi.es)
18 Lo bautizo, e intento argumentarlo, mecanicismo canalla en un texto de mi El beso de la finitud, Kiros, 2022.
otros, incluido un servidor, pensamos que no), nos ha superado por completo 19. De modo que no es
que nos estemos sumiendo en la irracionalidad, es que resulta que la racionalidad siempre ha sido
harto más compleja de lo que imaginábamos, y estamos viviendo anacrónicamente. No obstante, la
buena nueva que ofrece Prigogine no tiene nada de agorera, todo lo contrario, y por eso la llamo
“buena”. La matemática fractal, las estructuras disipativas, las dinámicas entrópicas, la “evolución
creadora”, los procesos irreversibles, el desequilibrio generador 20, y en general la física y la química
del caos -o por mejor decir, del caosmos21-, ofrecen una visión del universo y de nuestro lugar en él
mucho más jubilosa de lo que poseíamos hasta la fecha. El pragmatismo norteamericano,
específicamente el de William James, establecía que la verdad es cuestión de la actitud -no de
utilitarismo, esto es una interpretación interesada y falsa- del sujeto conocedor, que es siempre un
sujeto situado, vivo. Si modificamos nuestra actitud podemos modificar también la verdad, y con
ella nuestras expectativas respecto de la realidad. No otra cosa es precisamente lo que pidió Ilya
Prigogine durante décadas desde la praxis de las ciencias.
En vez de eso, en vez de un cambio decisivo de nuestro enfoque práctico que nos saque del
pozo en el que inadvertidamente o no nos hemos metido, lo que los popes del presente nos ofrecen
es huir de la realidad (el “Metaverso” de Mark Zuckerberg), espectralizar la realidad (los
“multiversos” de cierta Mecánica cuántica y las últimas películas de Marvel), o negar la realidad (la
ultraderecha22 que ha pasado a ser más posmoderna que el “wokismo” que cree atacar, puesto que
afirman que el discurso científico es ideológico 23). James Joyce veía la Historia Universal como una
pesadilla de la que intentaba despertar, mientras que el insomne poeta norteamericano Delmore

19 En un libro reciente de César Rendueles que cito mucho porque me parece sintomático de los dilemas de
nuestro tiempo, Rendueles afirma, por un lado, que las empresas son archipiélagos de autoritarismo rodeados de un
contexto legal público formalmente igualitarista, y en ellos pasamos la mitad de nuestra vida adulta consciente
(Sociofobia, Capitán Swing, pág. 86); pero, por otro lado, que no está claro que la planificación pueda, ni siquiera
en teoría, establecer cuál es la oferta y la demanda de bienes y servicios globales de una sociedad compleja y
mucho menos determinar los procesos productivos y organizativos necesarios para que se ajusten (Sociofobia,
Capitán Swing, pág. 163). Puesto que ambas aseveraciones me parecen atinadas creo que lo que necesitamos no
solamente es amor, como querían los Beatles, sino nuevos modelos sociopolíticos, volver, en fin, a pensar en serio...
20 El hombre no se sostiene en la quietud sino en la ebriedad, se tiene porque camina, porque reposa en su
propio movimiento de decadencia, en su inquietud y flexibilidad. Cuando el hombre cae, no lo hace, como suele
decirse, porque haya “perdido el equilibrio”, sino más bien al contrario, porque ha perdido el desequilibrio y se ha
convertido, al desplomarse sobre la tierra, en un ser perfectamente equilibrado, en una naturaleza idéntica , en La
intimidad, José Luis Pardo, Pre-textos, pág. 42
21 Porque no hay “cosa en sí”, y ni siquiera el propio Kant, del que Prigogine sabía mucho, lo había pensado del
modo que nos lo cuentan: Ignoramus et ignorabimus: ¿Para qué sirve el noúmeno de Kant? (filosofiaenlacalle.com)
22 Definición brutal de la identidad ultraderechista que vi en un meme de Facebook: “A mí tampoco me
importa nadie excepto los millonarios y los fetos”. Mucho más sutil, como siempre, la observación de Chesterton,
que da en el blanco: Todo el mundo moderno se ha dividido en conservadores y progresistas. El negocio de los
progresistas es seguir cometiendo errores. El negocio de los conservadores es evitar que se corrijan los errores.
23 También es negación de la realidad esa manía que le ha entrado a tanto magufo o paranoico desde la película
Matrix de empeñarse en que nuestro mundo es una simulación generada por ordenador, en el espíritu del Genio
Maligno de Descartes. Pero... https://dialektika.org/2022/09/15/y-si-el-mundo-no-fuera-una-simulacion/
Schwartz le corregía, haciendo notar que la Historia es una pesadilla dentro de la cual estaba
intentando conciliar un buen sueño... Ese es el ambiente en que se crían los niñ@s 24 del siglo XXI,
sobre todo en los países hiperdesarrollados (para los del resto del mundo es mucho peor: complejo
de inferioridad, resentimiento, o ambas a la vez 25). Damos tan por hecha la extinción, el fracaso de
la especie humana, que actualmente se están rellenando lugares seguros como fortines en desiertos
como la Antártida con catálogos completos tanto del genoma de cada especie biológica que hemos
podido conocer, de modo que pudiera ser eventualmente reconstruida -sí, Jurassic Park...-, como de
archivos lo más exhaustivos posibles de la Memoria de la Humanidad, en forma de registros
digitales. Ahí depositamos nuestro legado ante los aliens, que más nos vale no conocer, conforme a
la Hipótesis del Bosque Oscuro26. Nos damos por ya desahuciados, pese a que, como versificó
Calderón de la Barca, los muertos que vos matáis gozan de buena salud. Debemos rehabilitar la
lentitud de la verdadera cultura, aplastada por la bota del odioso impácto súbito 27; debemos
reverdecer la voluntad de futuro, que hasta el más arrastrado de nuestro antepasados poseía 28. De
nuevo Chesterton: La verdad es: bienaventurados los que nada esperan, pues serán gloriosamente
sorprendidos. Quien nada espera ve las rosas más rojas que los hombres comunes, ve la hierba más
verde o el sol más brillante. O el puritano John Milton, en el siglo XVII:

La razón en el jardín del Edén

Más no con tal rigor nos ha impuesto el trabajo

24 Personalmente, entiendo el lenguaje inclusivo y demás como una muy necesaria reparación histórica frente a
los agravios sufridos por las mujeres en el pasado, pese al histrionismo o la sobreactuación de tantos al respecto.
25 Fragmento de El escudo de Aquiles, W. H. Auden, 1952:

That girls are raped, that two boys knife a third,


Were axioms to him, who´d never heard
Of any world where promises were kept,
Or one could weep because another wept.

(Que las muchachas sea violadas, que dos chicos acuchillen a un tercero,
era axiomas para él, que nunca había oído hablar
de ningún mundo donde se cumplieran las promesas,
o alguien pudiera llorar conmovido por un llanto ajeno).
26 Esto sí que es para poner los pelos de punta: Hipótesis del bosque oscuro - Wikipedia, la enciclopedia libre
27 En los últimos tiempos estamos haciendo con la cultura lo que los psicotrópicos alucinógenos hacen con el
psiquismo, y ahora que la generación de imágenes, textos y sonidos va a correr a cargo de las mal llamadas
Inteligencias Artificiales a una sola orden absurda de sus operadores, ese fenómeno no puede más que incrementarse
exponencialmente. Por otro lado, también puede que eso fuerce la resurrección del debate estético, que ya era hora.
28 Si se me acusa por ello de voluntarista en oposición a racionalista, respondo con esa emocionante secuencia de
Escrito bajo el sol, de 1957, en la que, como John Wayne ha quedado paralítico de una caída, un camarada suyo le
alienta a recuperarse con la sola admonición de que se concentre en un dedo de su pie y repita el mantra “¡¡¡¡tengo
que mover ese dedo!!!!”, una y otra vez, mientras el animoso colega toca el banjo. Magia no va a hacer, pero sin esa
magia de la actitud cualquier otra posterior y más plausible creo yo que sería imposible.
el Señor, que nos niegue el refrigerio cuando
lo necesitamos, ya sea alimento, o charla intercalada,
alimento de la mente, o ese dulce intercambio
de miradas y sonrisas, pues las sonrisas fluyen de la Razón,
negada al bruto, y son el alimento del Amor,
el cual no es de la vida humana el fin más bajo.
Pues no para el pesado esfuerzo, sino para el deleite
nos creó, y el deleite a la Razón unido29.

O, por último, el filósofo socialdemócrata Jürgen Habermas, todavía entre nosotros, ya


mencionado aquí: Si he preservado algún pequeño jirón de utopía, ese ha sido la idea de que la
democracia -y su lucha pública por lograr su mejor forma- pudiera cortar el nudo gordiano
representado por unos problemas que de otra manera sería insolubles. No digo que vayamos a
lograrlo; ni siquiera sé si tal cosa es realmente posible. Pero tenemos que intentarlo, precisamente
porque no lo sabemos. (Citado en Gran Hotel Abismo, Stuart Jeffries, Turner Noema, pág. 429)
O dicho con otro meme, este genial: “Si la vida te da limones, haz un acelerador de
partículas”. Ese es el espíritu.

29 En Hong Kong, a día de hoy, no existe el desempleo ni la delincuencia. La razón es que el gobierno obliga a
trabajar a toda la población, donde “obligar” significa que te meten en una empresa en la que sólo tienes derecho a
vacaciones pasados tres años, siempre y cuando no hayas sido despedido antes, en cuyo caso el temporizador se
pone a cero. No hay fiestas ni fines de semana ni despidos improcedentes, la culpa de una pérdida de empleo es
enteramente del empleado, por holgazán. Naturalmente, Hong Kong tiene un PIB extraordinario, pero esa es toda su
riqueza. Si calificamos esto como totalitarismo, ¿cuál es entonces la diferencia entre la máxima expresión del
comunismo y la máxima expresión del capitalismo? La Guerra Fría fue una desavenencia entre hermanos gemelos...

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