1.
PAPA PÍO XI
- Acontecimientos importantes en su papado:
Firmó con Benito Mussolini los Pactos de Letrán con los que finalizaba el encierro de
los papas en el Vaticano durante 59 años y se establecía la autoridad temporal del
papado sobre la Ciudad del Vaticano en Roma. Aunque negoció un tratado con el
Gobierno de México en 1929 para que las iglesias católicas en aquel país pudieran
reanudar sus oficios religiosos, las relaciones entre la Iglesia y el Estado en ese país
volvieron a deteriorarse.
En 1933 firmó un concordato con Alemania que protegía los derechos de la Iglesia bajo
el Tercer Reich, pero tuvo el desafortunado efecto de desbaratar la oposición a Adolf
Hitler tanto dentro como fuera de Alemania. A partir de entonces, el Papa protestó
repetidas veces contra los atentados del nacionalsocialismo contra la ley y la Iglesia en
Alemania. Destacado enemigo del comunismo, apoyó el régimen del dictador español
Francisco Franco durante la guerra civil española. Hasta 1938 mantuvo relaciones
amistosas con el Gobierno de Mussolini pero a partir de entonces se opuso a los
gabinetes de Italia y Alemania y lanzó peticiones contra el antisemitismo y la guerra.
- Contexto histórico: 1922 hasta su muerte el 10 de febrero de 1939, lo que suma un
total de 17 años y 4 días, gobernó en el periodo entre guerras. El comunismo,
victorioso en Rusia, había empezado a sublevar las almas de los ingenuos en toda
Europa. En la misma Italia, descontenta con los resultados conseguidos después de la
guerra, comunistas y socialistas provocaban desórdenes sin cesar y el país vivía en un
pánico permanente. En octubre de 1922, después de la marcha sobre Roma, Benito
Mussolini, fue encargado por el rey de formar gobierno.
Las Encíclicas de Pío XI fueron de mucha importancia, ya que enfocaron con claridad el
problema de la expansión de la Iglesia en el mundo y supieron definir con consciente
sabiduría las causas de la crisis que sacudía al mundo y que provocaría la catástrofe de
1939. La "Rerum Ecclesiae", de 1926, se refería a las misiones y a la constitución de
Iglesias indígenas. En 1925 la cuestión de la unión con las Iglesias orientales volvió a
actualizarse. En pleno año jubilar, el Papa hizo conmemorar el Concilio de Nicea (325) y
en 1928 la Encíclica "Mortalium animos" dirigía un emocionante llamamiento a las
Iglesias separadas en vista de una posible unión. En 1926 confirmó la condenación,
como agnóstico, del movimiento ideológico y político de Charles Maurras, el
monárquico francés, y de su periódico "L´Action francaise", condenados ya por Pío X en
1914. Con la Encíclica "Mit brennender Sorge" ("Es con una viva inquietud..."), el Papa
puso de relieve el carácter pagano del nazismo y condenó el racismo. El mismo año
(1937) condenó el marxismo y el comunismo ateo en la Encíclica "Divini Redemptoris",
y atacó duramente la doctrina de los "sin Dios". Con la "Quadragesimo anno", que
conmemoraba los cuatro decenios desde la publicación de la "Rerum Novarum", de
León XIII, el Papa se dirigía a los obreros, recordando la obra de la Iglesia a favor de los
trabajadores y condenando otra vez el comunismo, abogando por una "restauración
del orden social en plena conformidad con los preceptos del Evangelio".
2. Papa Pío Xii
Eugenio Maria Giuseppe Pacelli, quien se convertiría en el Papa Pío XII, nació en Roma
el 2 de marzo de 1876. Su familia estaba estrechamente vinculada a los despachos
jurídicos de la Curia Romana, ya que su padre era decano de los abogados
consistoriales y su hermano, Francesco, era jurista de la Santa Sede y miembro de la
Comisión Vaticana que redactó los Pactos de Letrán.
Estudiante de la Universidad Gregoriana y del Ateneo Pontificio del Seminario Romano
de Apolinar.En 1917, mientras se desarrollaba la Primera Guerra Mundial, fue
nombrado arzobispo titular de Sardes (Anatolia) y nuncio apostólico en Múnich, donde
se comprometió a ayudar a los prisioneros y a la población alemana agotada por las
penurias del conflicto y la derrota militar.
En 1920 fue nombrado Nuncio en la nueva República de Alemania decretada por la
Asamblea de Weimar, y en este cargo trabajó para concluir acuerdos entre la Santa
Sede y Baviera (1925) y Prusia (1929).
Su profundo conocimiento del alemán lo impulsó a la firma del Concordato de la Santa
Sede con la Alemania de Hitler (1933), aunque temió desde el principio el fracaso del
acuerdo. Este, sin embargo, sirvió para proteger, de alguna manera, al mundo católico
en el Reich nazi.
Tras la muerte de Pío XI el 10 de febrero de 1939, el Cónclave se inauguró el 1 de
marzo, y al día siguiente se eligió al nuevo Papa: Pío XII. Este fue el nombre elegido por
Eugenio Pacelli, para mostrar una continuidad sustancial con el trabajo del anterior jefe
de la Iglesia. quien así comenzó su largo pontificado (19 años, de 1939 a 1958), uno de
los más difíciles y dramáticos de los muchos que la Iglesia ha recordado a lo largo de
dos milenios.
Contexto histórico: De 1939 a 1958. Tuvo un pontificado largo, tumultuoso y
controvertido. Durante su reinado, el papado enfrentó los estragos de la Segunda
Guerra Mundial (1939-1945), los abusos del nazismo ,Los regímenes fascistas y
soviéticos , el horror del Holocausto , el desafío de la reconstrucción posbélica y la
amenaza del comunismo y la Guerra Fría . Considerado un asceta y un "santo de Dios"
por sus admiradores, Pío fue criticado por otros por su supuesto "silencio público" ante
el genocidio y sus políticas de imparcialidad aparentemente contradictorias durante la
Segunda Guerra Mundial, pero su ferviente anticomunismo durante la posguerra.
- Enseñanzas sociales
Las enseñanzas sociales de papa Pío XII se refieren al conjunto de encíclicas,
constituciones apostólicas y alocuciones de este pontífice enmarcadas en un contexto
no teológico, considerando temas como la medicina, ciencias, educación, justicia
social, familia y sexualidad, y trabajo.
Enseñanzas Sociales
Teología de la medicina
Pío XII emitió numerosos discursos dirigidos a los profesionales de la medicina e
investigadores, destacando el documento en latín: Discorsi Ai Medici que compila 700
páginas de directrices específicas. Aquí, el pontífice no sólo insta a los médicos,
enfermeras y obstetras, a detallar a los pacientes todos sus derechos -respetando por
cierto su dignidad -, responsabilidades médicas, e implicaciones morales de las
enfermedades mentales y el uso de psicofármacos, sino que además, aborda el uso de
la medicina en pacientes terminales, los problemas médicos que podrían aparecer
cuando se enfrentan enfermedades graves, y los derechos que tienen los familiares a
tomar decisiones, aunque vayan en contra de la opinión experta de los profesionales
médicos. El pontífice, adelantándose a los nuevos tiempos, fue el primero en
determinar que el uso de terapias contra el dolor en pacientes terminales está
justificado, incluso si dicha terapia acortaba la vida, indicando que dicha situación no
era el objetivo terapéutico en sí mismo que se perseguía.[1]
Sexualidad y conciencia
El papa Pío XII aceptó completamente el método del calendario como una forma moral
de planificación familiar en dos alocuciones realizadas en 1951, aunque sólo limitado al
contexto familiar.[2][3] Cabe indicar sin embargo, que ya algunos católicos habían
interpretado la encíclica de 1930 Casti connubii de Pío XI como un permiso moral para
utilizar este método,[4] y las reglamentaciones internas de la iglesia de 1853 y 1880[5]
[6] que declaraban que la abstinencia periódica era una vía moral para evitar el
embarazo. Algunos historiadores consideran a estas dos alocuciones realizadas por Pío
XII como la primera aceptación explícita de la iglesia de dicho método.[7]
En su alocución destinada a las obstetras, Pío XII ofrece su interpretación de los
placeres sexuales:
«El creador por sí mismo... estableció que en la función procreadora, las esposas
debería experiemntar placer y felicidad de cuerpo y espíritu. Además, ellas no realizan
nada maligno en la búsqueda de dichas experiencias, aceptando lo que el creador les
ha destinado. Al mismo tiempo, ellas debieran saber cómo auto-mantenerse dentro de
los límites de la moderación» (alocuciones de Pío XII, 1951).[2][3]
Para Pío XII:
«La conciencia es como el núcleo más íntimo y secreto del hombre. Allá dentro se
refugia con sus facultades espirituales en absoluta soledad: solo consigo mismo, o
mejor, solo con Dios –de cuya voz, la conciencia es un eco– y consigo mismo. Allí
dentro se determina por el bien o por el mal; allí dentro escoge entre el camino de la
victoria o el de la derrota. Aunque alguna vez quisiese, jamás lograría el hombre
quitársela de encima; en su compañía, ora apruebe, ora desapruebe, recorrerá todo el
camino de su vida, y siempre con ella, como testigo veraz e insobornable, se
presentará al juicio de Dios. La conciencia es, por tanto, para expresarla con una
imagen tan antigua como bella, un «aditon», un santuario ante cuyo umbral todos
deben detenerse (...)» (extracto de la alocución Pío XII, 1952).[8][9]
Al respecto, aplica tanto a los menores como a los más adultos: «Se puede argumentar
correctamente que, el verdadero significado de la independencia de los adultos es no
guiarlos como a un pequeño niño».
El Concilio Vaticano II tomó como referente literal a estas citas sobre conciencia
emanadas de Pío XII en el documento denominado Lumen Gentium, concluyendo que
los fieles:
«(...) bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante
el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna» (Lumen Gentium,
extracto del punto Nº 16).[10]
Desde 1993, el Magisterio de la Iglesia explícitamente ha destacado este punto de vista
particular de Pío XII, citándolo como uno de los elementos del catecismo católico.[11]
Bajo este contexto sin embargo, se debe indicar que la visión moderna de la iglesia
católica sobre la planificación familiar fue desarrollada en 1968 a través de la encíclica
Humanae Vitae publicada por el Papa Pablo VI[12] y en la Teología del Cuerpo de Juan
Pablo II.[13]
Teología y Ciencia
Para Pío XII, la ciencia y la religión son hermanas celestiales, constituyéndose en
manifestaciones distintas de la exactitud divina, por lo que en términos generales, no
es posible que se contradigan la una a la otra;[n 1] en particular, y con respecto a dicha
relación, su consejero -el profesor Robert Leiber- escribió: «Pío XII fue muy cuidadoso
de no cerrar ninguna puerta prematuramente, siendo enérgico respecto a este punto,
lamentando por cierto lo sucedido con Galileo».[14]
Anticipándose a las plegarias realizadas por el papa Juan Pablo II en 1992, Pío XII realiza
el siguiente comentario respecto a Galileo en su primera alocución realizada en 1939
para la Academia Pontificia de las Ciencias: «(...) el más audaz héroe de la investigación
... sin miedos a lo preestablecido y los riesgos a su camino, ni temor a romper los
monumentos» (Pío XII, 1939, p. 34).[15]
El pontífice mantuvo un interés cierto en los procedimientos de la Academia Pontificia
de Ciencias, creado por su predecesor inmediato (Pío XI), dirigiendo sus sesiones en
varias ocasiones.[n 2]
La calidad científica de la Academia en la época de Pío XII fue intachable: Bohr, Planck,
y Schrödinger fueron miembros en virtud del nombramiento del pontífice. De Broglie y
Heisenberg fueron admitidos en 1955; mientras que el químico Bernard Pullman le
dedicó parte de su libro,[16][n 3] y más específicamente en la historia del atomismo,
mencionando el interés del papa en la mecánica cuántica y la física atómica que
emergió durante toda su vida:
«Among all 20th century popes, Pius XII was the one who dealt most extensively with
the issue of atomism, particularly with the scientific and philosophical questions raised
by the advent of quantum mechanics, questions that could not have left the Church
indifferent. [His] two speeches to the Pontifical Academy... are lengthy and marvelously
prepared dissertations that attest to the detailed knowledge the Pontiff had of the
subject matter. Reading them is not unlike attending a magisterial lecture, as they
constitute genuine updates on the state of knowledge at the time».
«Entre todos los papas del siglo XX, Pío XII fue el único que abordó de manera
extensiva el atomismo, y más específicamente aquellas interrogantes científicas y
filosóficas que emergieron con el advenimiento de la mecánica cuántica, cuestiones
que por cierto no podían dejar indiferentes a la iglesia. [Sus] dos discursos realizados
en la Academia Pontificia.... son disertaciones larga y maravillosamente preparadas que
atestiguan el detallado conocimiento que el pontífice tenía sobre la materia en
cuestión. Su lectura no es muy distinta a la de una conferencia magistral, dado que se
constituyen en auténticas actualizaciones del estado del conocimiento hasta esa
fecha» (Pullman, 1998, p. 318).[16]
Pullman cita un discurso, fechado el 21 de febrero de 1943, como evidencia de que Pío
XII ya era consciente de la posibilidad emergente de armas nucleares.[16]
Resulta especialmente notable que Georges Lemaitre, quien no sólo era sacerdote
católico, sino que además un astrofísico y estudiante de Eddington, y el primero en
proponer que el universo se originó por la explosión de un «átomo primigenio» o
«huevo cósmico» o hylem (conocida actualmente como Big Bang), fuera también un
miembro de la Academia Pontificia durante los días del papado de Pío XII. Gracias a
Lemaitre, el pontífice estuvo bien informado respecto al desarrollo de la astrofísica
moderna. Al respecto, al comentar sobre «el estado y naturaleza de la materia
original», el Santo Padre reconoció que la ciencia lo declaraba como un «enigma sin
solución» pero continua diciendo que «(...) parece que la ciencia contemporánea, al
retroceder millones de siglos hacia atrás, haya logrado hacerse testigo de aquel “Fiat
lux” primordial, cuando junto con la materia brotó de la nada un mar de luz y
radiación, mientras las partículas de los elementos químicos se dividieron y renunieron
en millones de galaxias» (Pío XII, 1939, p. 82).[15]
El papa llegó a señalar que estos hechos debieran continuarse investigando, y que las
teorías encontradas en dicho contexto debieran ser «(...) nuevos desarrollos y pruebas
en orden a ofrecer una base segura para el razonamiento» (Pío XII, 1939, p. 82).[15]
Evolución
Artículo principal: Humani Generis
En 1950, Pío XII promulga la encíclica Humani Generis, reconociendo que la evolución
podría describir con exactitud los orígenes biológicos de la vida humana, pero a la
misma vez criticaba a aquellos que la usaban como una religión, y que
«(...) admiten de hecho, sin discreción y sin prudencia, el sistema evolucionista,
aunque ni en el mismo campo de las ciencias naturales ha sido probado como
indiscutible, y pretenden que hay que extenderlo al origen de todas las cosas, y con
temeridad sostienen la hipótesis monista y panteísta de un mundo sujeto a perpetua
evolución» (Pío XII, 1950).[17]
Mientras este documento puede ser considerado como la primera ocasión en que el
papa explícitamente aborda la evolución in extenso, éste no representó un cambio en
la doctrina de la iglesia católica, siguiendo la lógica de lo que el cardenal John Henry
Newman escribió en 1868, «(...) la teoría de Darwin, verdadera o falsa, no
necesariamente es ateística; por el contrario, esta puede sugerir simplemente una idea
general de la divina providencia».[18]
3. PAPA JUAN XXIII
Ángelo Giuseppe Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881, en la localidad de Sotto il
Monte (Bajo la Montaña) en Bérgamo, un pequeño pueblo en el norte de Italia. Incluso
cuando Ángelo era joven, sus padres sabían que él no era como sus hermanos. Ángelo
no crecería para ser el granjero que su padre deseaba. El sacerdote local, el padre
Francesco Rebuzzini, guiado y daba tutoría al joven Ángelo.
Ángelo fue ordenado sacerdote en 1904. Más de 50 años después, cuando se convirtió
en Papa, tomó el nombre de Juan, el nombre de su padre. Durante la Primera Guerra
Mundial, el joven sacerdote sirvió como médico y capellán. Durante la Segunda Guerra
Mundial, como diplomático papal en Turquía y Grecia, utilizó su carga para ayudar a
millas de refugiados en Europa.
Fue elegido Papa en 1958. Él era conocido por su calidez y humor, y visitó a los niños
en los hospitales ya los presos en Navidad. Dicen que le gustaba salir a hurtadillas del
Vaticano en la noche a caminar libremente alrededor de Roma.
Al Papa Juan XXIII se le recuerda más por convocar el Concilio Vaticano II en 1962. Esta
fue una reunión de todos los obispos de la Iglesia. El Papa Juan XXIII quería que
ayudaran a toda la Iglesia a comprender mejor la función y el propósito de la Iglesia.
Los documentos de este concilio ayudan a los cristianos a vivir mejor como seguidores
de Cristo en nuestro propio tiempo. Murió el 3 de junio de 1963, a la edad de 81 años.
En 2013 el Papa Francisco declaró que el Papa Juan XXIII y el Papa Juan Pablo II fueron
canonizados formalmente en el mismo día.
Fiesta: 11 de octubre
Canonizado: 27 de abril de 2014
Beatificado: 3 de septiembre de 2000
Venerado: 20 de diciembre de 1999
PAPADO
Su pontificado, que duró menos de cinco años, lo presentó al mundo como una
auténtica imagen del buen Pastor. Manso y atento, emprendedor y valiente, sencillo y
cordial, practicó cristianamente las obras de misericordia corporales y espirituales,
visitando a los encarcelados y a los enfermos, recibiendo a hombres de todas las
naciones y creencias, y cultivando un exquisito sentimiento de paternidad hacia todos.
Su magisterio, sobre todo sus encíclicas «Pacem in terris» y «Mater et magistra», fue
muy apreciado.
Convocó el Sínodo romano, instituyó una Comisión para la revisión del Código de
derecho canónico y convocó el Concilio ecuménico Vaticano II. Visitó muchas
parroquias de su diócesis de Roma, sobre todo las de los barrios nuevos. La gente vio
en él un reflejo de la bondad de Dios y lo llamó «el Papa de la bondad». Lo sostenía un
profundo espíritu de oración. Su persona, iniciadora de una gran renovación en la
Iglesia, irradiaba la paz propia de quien confía siempre en el Señor. Falleció la tarde del
3 de junio de 1963. inauguró solemnemente el Concilio Vaticano II el 11 de octubre de
1962.
EL PAPA DEL CONCILIO
Muchos saben que, cuando fue elegido sucesor de Pío XII, a los casi 77 años, se le
consideró y se le trató en ciertos ambientes clericales como “un papa de transición”.
Eso hace imaginar la sorpresa que tuvieron los cardenales, reunidos en consistorio en
la basílica de San Pablo fuori le mura, cuando, el 25 de enero de 1959, manifestó su
decisión de convocar el concilio Vaticano II.
Pero la sorpresa no correspondía a la claridad de intenciones del Papa. Fueron
evidentes en la constitución apostólica Humanae salutis, por la que convocó el Concilio
el día de Navidad: “La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de la humanidad,
que traerá consigo profundas mutaciones. Un orden nuevo se está gestando, y la
Iglesia tiene ante sí misiones inmensas … Porque lo que se exige hoy de la Iglesia es
que infunda en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del
evangelio” (n. 3, citado en JM p. II9); el Papa, frente a aquello que ha definido como
crisis, dice: “Nos, sin embargo, preferimos poner toda nuestra confianza en el divino
Salvador de la humanidad, quien no ha abandonado a los hombres por él redimidos”
(n. 4, JM p. 120). Su conocido optimismo tuvo fundamentos claramente cristológicos.
Como lo evidencian numerosos documentos conciliares, sobre la revelación (Dei
verbum), la Iglesia (Lumen gentium) y su misión (Ad gentes) y la liturgia (Sacrosanctum
concilium), el Papa quiso poner claros y comprensibles fundamentos doctrinales: “Lo
que principalmente atañe al Concilio ecuménico es esto: que el sagrado depósito de la
doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz”.
MATER ET MAGISTRA
Terminada la Segunda Guerra Mundial, se inicia casi de inmediato un gran movimiento
de descolonización en Asia y algo después en África. Surge la problemática del
subdesarrollo.
Precisamente, al grave problema de la relación entre los países económicamente
desarrollados y los países subdesarrollados -gentilmente conocidos como “en vías de
desarrollo”- dedicó Juan XXIII su primera encíclica social, Mater et magistra, el 15 de
mayo de 1961. “El problema tal vez mayor de nuestros días es el que atañe a las
relaciones que deben darse entre las naciones económicamente desarrolladas y los
países que aún están en vías de desarrollo económico: las primeras gozan de una vida
cómoda; los segundos, en cambio, padecen durísima escasez … Dada la
interdependencia progresiva que actualmente sienten los pueblos, no es ya posible
que reine entre ellos una paz duradera y fecunda si las diferencias económicas y
sociales entre ellos resultan excesivas” (n. 157).
PACEM IN TERRIS
El II de abril de 1963 Juan XXIII recibió el premio Balzan por la Paz, gracias a la encíclica
Mater et magistra y a su actuación durante la crisis de Cuba entre Estados Unidos y la
Unión Soviética. Ese mismo día apareció su última encíclica, Pacem in terris, en la que
el Papa expresó su preocupación por la convivencia internacional y la paz.
Al mismo tiempo que reconoció la importancia de la Organización de las Naciones
Unidas, hizo sugerencias sobre una actuación más decidida y reafirmó sus convicciones
previas sobre el tema de los derechos humanos.
Desde entonces, la visión de la Iglesia católica sobre esta problemática se basa en la
dignidad humana: “En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que
establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es,
naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene
por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de
su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y
no pueden renunciarse por ningún concepto” (n. 9). A ello se agrega que “a la luz de las
verdades reveladas por Dios, hemos de valorar necesariamente en mayor grado aún
esta dignidad, ya que los hombres han sido redimidos con la sangre de Jesucristo,
hechos hijos y amigos de Dios por la gracia sobrenatural y herederos de la gloria
eterna” (n. 10).
Por otro lado, el Papa hizo un esfuerzo muy grande para señalar que la convivencia
entre las personas, la relación de los ciudadanos con su país, las relaciones entre las
naciones y las que se dan en el pIano internacional deben guiarse por cuatro “valores”
espirituales: la verdad, la justicia, el amor y la libertad (n. 35).
Tres conceptos complementan lo hasta ahora resumido:
Cada persona y cada sociedad debe ser considerada como protagonista de su propia
realización: “La dignidad de la persona humana requiere… que el hombre, en sus
actividades, proceda por propia iniciativa y libremente… Cada cual ha de actuar por su
propia decisión, convencimiento y responsabilidad, y no movido por la coacción o por
presiones” (n. 34). Esta afirmación se hace expresa respecto a los trabajadores (n. 40),
a las mujeres (n. 41) y a todos los pueblos que -se especifica- “han adquirido ya su
libertad o están a punto de adquirirla” (n. 42).
Ya se han mencionado, de paso, los “grupos intermedios” (supra, n. 53) que han ido
apareciendo en las diferentes naciones, movidos por el principio de la libre asociación,
y que constituyen realmente el “tejido social”; vale agregar que el Papa señala que han
de ser promovidos: “De la sociabilidad natural de los hombres se deriva el derecho de
reunión y de asociación; el de dar a las asociaciones que creen la forma más idónea
para obtener los fines propuestos; el de actuar dentro de ellas libremente y con propia
responsabilidad y el de conducirlas a los resultados previstos … Es absolutamente
preciso que se funden muchas asociaciones u organismos intermedios, capaces de
alcanzar los fines que los particulares por sí solos no pueden obtener eficazmente” (ns.
23-24).
Y, en tercer lugar, el planteamiento de una “autoridad pública general” (n. 137), que
hace poco fue relanzado por Benedicto XVI en la encíclica Caritas in veritate (ns. 57 y
67) y más recientemente, el 24 de octubre del 20II, por el Pontificio Consejo Justicia y
Paz. Escribió en 1962 el papa Roncalli: “Esta autoridad general, cuyo poder debe
alcanzar vigencia en el mundo entero y poseer medios idóneos para conducir al bien
común universal, ha de establecerse con el consentimiento de todas las naciones y no
imponerse por la fuerza… Es menester que sea imparcial para todos, ajena por
completo a los partidismos y dirigida al bien común de todos los pueblos” (n. 138).
Me he extendido más de lo esperado. Espero que pueda comprenderse mejor que
santidad y bienaventuranza, preocupación por la Iglesia y hondo sentido de la realidad
política no se oponen, sino que, en casos como el de Juan XXIII, van de la mano.
4. PAPA JUAN VI
El 26 de setiembre de 1897 nace en Concesio, Lombardía (Italia), Giovanni Battista
Enrico Antonio Maria Montini, un niño frágil pero inteligente perteneciente a una
familia adinerada, a quien más tarde el mundo conocería como el Papa Pablo VI, el
Papa peregrino.
Pablo VI desde pequeño estudió con los jesuítas cerca a su casa en Brescia y en 1916
ingresó al seminario, pero vivía con permiso de sus superiores en su casa ya que su
salud era delicada.
El 29 de mayo de 1920 a la edad de 22 años es ordenado sacerdote y enviado a Roma
para que estudie en las Universidades de Roma y la Gregoriana. A los dos años de
llegar a la ciudad eterna, ingresó a la Academia Pontificia Eclesiástica para prepararse
en la Diplomacia sin dejar sus estudios de Derecho canónico en la Universidad
Gregoriana.
Al año siguiente se convierte en adjunto de la Nunciatura de Warsaw (Polonia) pero
debido al clima invernal del país que afectaba su salud, es mandado nuevamente a
Roma al año de haber llegado al país polaco, es decir, en 1924.
En Roma fue asignado a la oficina de la Secretaría de Estado, en donde permaneció por
30 años. Fue además nombrado Capellán de la Federación de los Estudiantes de la
Universidad Católica Italiana y enseñó en la Academia Pontificia Eclesiástica.
El entonces Padre Montini, durante la Segunda Guerra Mundial era responsable de
organizar la atención y el socorro a los refugiados políticos. El 1 de noviembre de 1954
a la edad de 57 años, fue nombrado Arzobispo de Milano siendo ordenado Obispo el
12 de diciembre del mismo año y el 15 de diciembre de 1958, San Juan XXIII lo nombró
Cardenal.
Durante el tiempo que estuvo designado en Milano, su apostolado se distinguió por
estar cercano a la clase trabajadora, siendo incluso llamado el “Arzobispo de los
trabajadores”, de esta manera dió un nuevo impulso a la diócesis predicando el
mensaje social del Evangelio.
A su vez promovió la educación católica y ayudó a la prensa católica. Su labor pastoral
era tan conocida que llamó la atención del mundo entero.
En 1963, al morir San Juan XXIII, el entonces Cardenal Montini fue elegido el 21 de
Junio de ese año, Pontífice de la Iglesia Católica tomando el nombre de Pablo VI,
diciendo al mundo que continuaría con la labor de su predecesor.
Los años de su pontificado no fueron sencillos, ya que existía conflicto entre la primacía
del Papa y el Colegio Episcopal, de la misma manera a pesar de los diferentes
acontecimientos con temas controversiales siempre defendió el “depósito de la fe”.
Pablo VI estableció el 14 de setiembre de 1965 el Sínodo de Obispos y de los Padres
Conciliares y algunos de los temas para discutir en las reuniones fueron reservados
para él.
El 24 de junio de 1967 trató el tema del celibato en una encíclica y el 24 de julio de
1968 escribió en su última encíclica, Humanae Vitae, sobre la regulación de la
natalidad. Ambos fueron temas controversiales durante su pontificado.
A Pablo VI se le recuerda como un hombre brillante y profundamente espiritual,
humilde, reservado y gentil, un hombre de “infinita cortesía”. Ha sido el primer Papa en
visitar los cinco continentes. Su destacado pensamiento se ve reflejado en sus
mensajes, cartas, discursos pronunciados entre otros.
Es además recordado por fomentar los diálogos ecuménicos. En la historia de la Iglesia
ha dejado huella con tantas acciones, como su exitosa conclusión del Concilio Vaticano
II, así como su rigurosa reforma de la Curia Romana, el discurso ante la Organización de
las naciones Unidas en 1965.
También entre sus escritos tenemos su encíclica Populorium Progressio de 1967 y en
1971 está su carta de carácter social, Octogesima Adveniens, y su Exhortación
apostólica, Evangelii Nuntiandi.
El Papa Pablo VI murió, el día que se celebra la Fiesta de la Transfiguración del Señor, el
6 de agosto de 1978.
El 11 de mayo de 1993, en tiempos de San Juan Pablo II, dieron inicio al proceso
diocesano de beatificación del Siervo de Dios Pablo VI y el 20 de diciembre de 2012
publicaron el decreto de la Congregación de las causas de los santos, que reconocen
sus virtudes heroicas reconocidas por el entonces Papa Benedicto XVI, hoy Sumo
Pontífice Emérito.
El Papa Francisco aprobó en mayo del 2014 su beatificación y la ceremonia se llevó a
cabo el 19 de octubre del mismo año en el Vaticano, y contó con la presencia de
Benedicto XVI.
1.
Ecclesiam Suam "Su Iglesia" El mandato de la Iglesia en el mundo
contemporáneo 6 de agosto de 1964 español
2.
Mense Maio "Mes de mayo" Se invita a rezar a la Virgen María durante el mes de
mayo 29 de abril de 1965 español
3.
Mysterium Fidei "El misterio de la fe" Sobre la doctrina y culto de la Sagrada
Eucaristía 3 de septiembre de 1965 español
4.
Christi Matri "Madre de Cristo" Súplicas a la Santísima Virgen en el mes de
septiembre 15 de septiembre]] de 1966 español
5.
Populorum progressio "El desarrollo de los pueblos" La necesidad de promover el
desarrollo de los pueblos 26 de marzo de 1967 español
6.
Sacerdotalis Caelibatus "Celibato sacerdotal" Sobre el celibato sacerdotal 24 de
junio de 1967 español
7.
Humanae vitae "De la vida humana" Sobre el control de la natalidad 25 de julio de
1968
5. PAPA JUAN PABLO IAlbino Luciani nació el 17 de octubre de 1912 en Canale d'Agordo,
una pequeña localidad en la región de Véneto, Italia. Proveniente de una familia de
escasos recursos, Luciani experimentó de primera mano las dificultades de la pobreza.
Esta experiencia moldeó su carácter y su enfoque pastoral, siempre cercano a las
necesidades de los más desfavorecidos. Tras su ordenación sacerdotal en 1935, Luciani
dedicó su vida al servicio religioso, destacando por su humildad y dedicación.
En 1969, fue nombrado Patriarca de Venecia por el Papa Pablo VI, y en 1973, creado
cardenal. Su trayectoria reflejaba una combinación de profunda espiritualidad y
compromiso social.
Un pontificado efímero pero significativo
El 26 de agosto de 1978, tras la muerte de Pablo VI, Luciani fue elegido Papa,
adoptando el nombre de Juan Pablo I en honor a sus dos predecesores inmediatos:
Juan XXIII y Pablo VI. Este gesto simbolizaba su intención de continuar con las reformas
iniciadas por ambos. A pesar de la brevedad de su pontificado, Juan Pablo I dejó una
impresión duradera. Su estilo sencillo y accesible, junto con su calidez humana, le
ganaron el cariño de muchos fieles.
Sin embargo, su repentina muerte el 28 de septiembre de 1978, apenas 33 días
después de su elección, conmocionó al mundo y dio lugar a numerosas especulaciones.
6. PAPA JUAN PABLO II
7. PAPA BENEDICTO XVI
8. PAPA FRANCISCO