OSCURO DESPERTAR
Pedro Sinester
“Quiero escribir, pero me sale espuma”
César Vallejo
CANSANCIO
Si vas a cansarte,
que tu sudor sea de alzar las alas
clavadas en cruz,
para alcanzar el lado oscuro de la luna.
Aceptar
que la sangre no arde,
que fluye tibia
mientras danzas sobre las cenizas
de tu corona de espinas.
Porque esa aureola
es solo el reflejo
de quienes no pisan tierra,
anclados a nubes
en su nave de humo,
mientras abajo—
los peces en el agua
son panes en la mesa
de alguien que sueña
con otro día más.
Que no se te olvide:
que el alma va a la espalda,
y se es como todos:
un “si hubiera sido”,
o un golpe en el pecho
no es más
que un cántaro
que suena vacío
en el fondo de nuestras almas.
EL ESPEJO ROTO
Mi sombra se va,
se desvanece en la tarde gris.
Yo no la busco
ni pregunto por ella.
Sé que anda por ahí,
como un pájaro revolotea
en las extensiones de este lar
que me dejan diminuto
ante la sombrilla fresca
de una palmera que da cocos.
Mi sombra no está,
y no me preocupa en absoluto,
pues sé que, a medio andar,
se ha trazado un límite,
una frontera contra la luz,
proyectando esa típica mancha
de mi corazón, tupida en el muro
o en algún prado o suelo.
No tengo sombra,
ni siquiera la extraño.
Es que, en realidad, está presente
allá afuera, donde anda pareja
al trote de los pasos del hombre,
llenando su oscuridad de otras grietas
que se completan como un extraño
rompecabezas.
Es una nota desafinada
entre toda la espesura
de la armonía universal
que tiñen los días de la humanidad,
donde estoy presente y ausente,
a medio andar lejano
cuando estoy dormido.
Y sobre mi sombra, pisándole las huellas,
que recojo buscando
estrellas que iluminen mi cabeza
cuando estoy despierto.
SIRENA
Esta calidez, sombrilla,
cubre un sol azul marino,
bien resguarda su destino,
de una sirena chiquilla.
Rosa escamosa colilla,
y sobre su piel de aurora,
una estrella le decora.
En un silencio profundo,
siendo lo más iracundo,
cresta gran ola sonora.
ESTADOS DE ÁNIMO
Cae, rueda, ríe y muere.
Toma la balsa en aguas turbulentas
y mira al espejo con extrañeza.
Persigue a la presa.
¡Ya disté en el blanco!
Espera, era bruma. Para.
Vuela, diente de león; un niño sopla, en algún lugar, tu corola.
Con la boca de la primavera,
el viento revolotea con una pluma,
que se va cada vez más lejos, se pierde, me deja.
Perenne roble, huérfano de pájaros, calmo y solitario sobre la calle,
una de sus secas hojas le mira,
contorsiona su rostro.
Y tú roble te estremeces levemente.
MIRLO
Había en mi habitación
una pajarera vacía
y una ventana abierta.
PASEO
Elige qué mano
apresará al silencio,
qué zodiaco trepador
te florecerá en los ojos.
Elige qué montaña
agitará tu aliento,
qué rincón del cielo
tragará al sol y su misterio.
Elige qué sombra
te guiará hasta el puerto,
qué barco flotará
sobre el mar inmenso.
Elige qué alas
llevarán tus sueños,
y con qué yunque
moldearás el dolor de estar despierto.
DÍA TRISTE
El día está lluvioso.
Y hay bocanadas freudianas
en mi cabeza de lodo.
Siento a mi corazón sitiado
por el silencio de entre la multitud.
La alegoría de Foucault
aprieta mi correa.
Guardo, desde hace tiempo,
una mejilla plástica en mi maleta negra,
para recibir bofetadas y besos solemnemente,
unos anteojos para computar lo descifrable,
transformando los árboles en números.
Aun así, espero cosas lindas de la vida,
aunque se vista con traje,
aunque el día se haya maquillado,
aunque la seda se vista de mona,
aunque la norma nos corte fronteras.
Hay, en las fauces del smog,
un cruel látigo que nos vuelve viciosos
del viacrucis de los semáforos y señales,
que nos deja con un bolsillo roto,
donde se caen los boletos de una vida sencilla.
Tengo que pensar en grande,
en una mente empequeñecida,
me dice la corona de espinas,
que aprisiona mis sienes
y me ufana de ser un uno delante de los ceros.
Hoy
Voy asir mi cuchara
para mezclar y sorber como pensando
el café amargo de los días que me quedan.
DÍA DE FRANCO
Vámonos, que todavía hay sol,
a ese río de plateadas mareas.
Échate en el pasto,
a recoger tu propio desencuentro.
Vámonos, por el frío de la brisa,
a encontrar nuevos sitios
para vomitar todo nuestro vértigo
en una corriente destejida
por las musas de la esperanza.
No hay pájaro que no cante en el día,
y no es una corazonada solamente.
Baja por el cielo
hacia tu propio cuerpo y recita.
La hoja del cúter con que trabajas,
el jabón espumoso con el que te bañas,
hoy dan su contracara.
Tienes franco,
anda descalzo, canturrea,
sacude tu piel negra,
expulsa todos tus candados.
Hoy yo voy a caer,
como llovizna en las fisuras
de tu cuerpo agotado.
Escucha esa flauta,
ya viene la tormenta, dice el pronóstico.
Ponte el cortaviento,
la chompa roja y abraza
el frío de tus horas.
Enseña
la aritmética de tus simplezas.
No olvides
tu caballo de madera.
SOY UN CERO
El hecho de ser un cero
es, en parte, lo que me hace
inmune a la muerte y a la edad.
Es el punto en donde me atollo
con el vacío existencial,
y encuentro la sencillez en ser un número cualquiera.
La irrealidad de ser algo más que cero
es el pan de cada día.
Por eso, a veces, me sumo
cosas que sean positivas.
La palabra es un ejemplo.
Pero no me disgusta, a veces, ser un cero,
como la hora exacta en donde oscurece el día.
Pues sé que cada penumbra despierta al gato,
y este me encontrará durmiendo la siesta
de lozana holgadla,
ya lejos de aquella resta
que me indaga con su división.
En esta oda al cero,
quisiera preguntarle al signo más
si le repercute añadir un cero más
a alguna de sus tantas partes,
para ver si el total sufre una agonía que no pueda soportar,
y termine muerto en medio del mar, o en la orilla.
Quisiera preguntarle, para eso, cuántos ceros hacen falta.
Todos los posibles jamás llegarán a un uno,
ni a un menos,
pues es el cero el abismo
y el centro del huracán
de todos mis espíritus
buscando contar con algo más que cero.
SELVA
Yo me pierdo en los rosales,
me extravío en amapolas,
me sumerjo entre las olas,
en estrellas animales.
Busco cosas naturales,
lejos del gris y del hierro,
bajo los bosques me entierro,
subo cumbres soleadas,
en lobas embarazadas,
para no morir me encierro.
PREGUNTÁNDOME
Respuestas sencillas para preguntas oscuras
¿Al final del viaje que nos espera?
La nada armada de lo que fuimos azotando a los vivos
¿Qué se esconde tras del espanto?
Una igualdad entre mortales
¿Con que mano mata el hombre a su hermano?
Con la mano invisible de ajenas ideas
¿Con que cara se ven los locos?
Con el ceño fruncido de un dios decepcionado
Ahora, último.
¿Cuáles fueron las ocasiones en que ser valiente valió la pena?
YO NO ME BUSCO, ACÁ ESTOY
Oruga de encrespadas cumbres,
eres sabia,
en tu hechizo
engendras epifanía.
Pequeña estrella colgada
de la rama más alta,
me esperas como un sabio
en un viaje de peregrinaje largo.
Tan solo con encontrarme
estaría contento.
Sin embargo, te ovillas
en preguntas que flexibilizan
los pasos de un errabundo
que, si acaso, soy yo,
en el otro lado del monte.
Desde aquí
no puedo ni ver mi sombra,
que escapa por los andamiajes,
dejando huellas circulares
huecas y dispersas.
Pero en el centro
es tan solo nada,
ni una húmeda palabra
a la voz de mi cuello.
A esa sombra
el sol le baila
de cuerpo entero,
muda como tumba;
regresa como las olas
al mismo punto
en el que se bifurcan
sus opuestos senderos.
La respuesta es aguda
para el que dentro de la sombra
es sombra,
satisfecho de la nada y de lo incierto.
NO SÉ
¿Quién sabe cómo esta noche
me recibirá mi luz tenue?
¿Con amargura y juicio,
o con soltura y temple?
¿Quién sabe cómo será la guadaña
que mañana me abrirá un ojo,
para que pueda verte,
viva y embalsamada en el recuerdo?
Mañana partiré hacia un nuevo mar,
profundo y lejano,
sin más que mis miedos
y con mi certeza en la cartuchera.
No quiero despertar otro día
sabiendo que aún no he quitado el clavo,
que la sangre sigue fluyendo
más allá de lo que van mis pasos.
¿Acaso no importa saber
si el filo y su sonido
retumbarán en un dolor viejo?
¿Quién sabe cuál será la pared
donde mi sombra se quedará estrellada,
pensando que no tiene otro rincón?
¿Cómo saber, al besar la tierra,
hasta dónde voy?
¿Cuándo podré volver a decirte
lo que guarda esta selva profunda?
¿Quizás en el perfume de las frutas frescas o en un roce cálido de ramas que
abrazan?
¿Cómo darme cuenta si desde las piedras
saldrás como un grillo o escaparás como mariposa?
No sé, simplemente.
ACUARELA DE UNA FÁBULA
Un hombre de cristal
esconde sus quebrantos
en lo más profundo de su corazón,
esperando que alguien,
sea una Pandora o Prometea
los saqué y llene de besos.
Un hidalgo
de crayón azul,
saca todos sus anhelos
al aire libre,
saca su risa,
saca su viento,
Y lanza su avión de papel.
Un día dulce,
abre su alcoba de violetas espantosas de tan bellas,
planta mis pasos de corazonadas,
despertando el quién sabe
de la huella que deja en el cielo.
Ese mismo día,
traga un poco de saliva,
pierde su tristeza,
y salta hacia un camino,
de desechos del alma reciclados.
¿Quién habrá de entregarse
a ese tierno caracol
con la arruga de una vida torcida?
Temiendo esos ojos mundanos,
llenos de justo descaro,
que tiene el mismo brillo de los mismos ojos del día.
¿Quién habrá de salir de la rutina huyendo del diagrama?
De un hombre malo,
Que arregla sus órdenes,
Al rabo de la desesperanza,
con calendarios y catálogos.
¿Quién habrá de seguir a la serpiente
hasta el final del túnel
y convencerla de que no está sola?
Que hay pajaritos,
gusanitos,
perdices,
rosas y laureles.
De nuevo, no lo sé.
TRAJE COLECTIVO
Ese grito, o esa carcajada, o ese silencio, ese ruido en el vericueto del camino,
es una mujer perdida, un gato muerto, un cigarro caído en el suelo. Es correr
las bambalinas y salir de este montaje, de la corbata que me ahorca con
fuerza.
¿Dónde está la tristeza que hoy no resuelvo? Ese vagabundo dormido en la
esquina, ese cielo blanco, esos pasos con zapatos sencillos, no están, no
están. Pero sí su aliento agonizante en el asfalto, en cada cuadra, en cada
tropiezo, en cada llaga que nos ha hecho nuestra corona de espinas.
Y se despeina el desequilibrio cuando siento el rayo de luna, la gota de lluvia,
el pan, tus manos y la locura de la mota de polvo.
Está allí, en la calle, esperando a quien hoy sale de esa casa vieja, llena de un
poco de cordura, solo un poco, que se pierde en los segundos de este
personaje.
ARENA AGONAL
Que feliz que soy cuando no estoy con "hubiera"/mientras haya un farol
insomne que en la noche parpadea/soy una cicatriz, una marca en la
madera/soy dos que están en la arena librando la guerra.
TU RUMOR SE APIADE
Tengo un sueño insinuando
la espuma intermitente del deseo,
nuestra hiedra que se enrosca
en el precipicio ardiente del camino.
En un desvío, una flecha invisible
muerde mi alma temblorosa,
robando un gajo de mi instinto.
Tu perfume, música y colores
flotan en torno mío,
pellizcándome a migajas.
Bajan las nubes y el cielo,
hasta el ras, hasta la nada,
después todo se apaga,
y la noche se pierde siguiendo una luciérnaga.
ACEPTACIÓN
Esta noche he huido
Sin dar explicaciones,
He dejado mi casaca oscura, mis vértigos y nostalgias.
He exhalado un poco de mi muerte,
atorada en mi garganta.
La noche me ha hecho ver un encontronazo, un duende, un caparazón roto tal
vez perdido,
con grietas abiertas al frío que no esperan las hadas.
De una risa diabólica han salido mis misterios,
y entre la bruma espesa de la nada,
he acariciado el ramaje plomo en la helada del espanto.
ODA A LO INCOMPLETO
Amo lo incompleto en ti,
la sabiduría y habilidad de la ternura,
la marcha preparatoria de este duelo,
la mancha de mi sangre en tu beso.
Nos vimos como agonía y sueño,
en dos caminos cruzados,
regidos por un Dios incompleto.
Nunca empecé por pisar el mundo,
por buscarte en su centro
y llamarte con acento nuevo,
ese que te dormía en un parque del barrio,
en mis acordes, con mi gato, mi templo,
como si fuera yo un despierto,
un loco, un sabio, un viejo, un niño,
uno que para eso muchas veces había muerto.
Ahora que siento que el frío se acerca a mi pecho,
me recuerdas a todo aquello que ya está lejos:
la sopa fría del mercado, tus amigas y tu perro.
Ahora que no estás y mi mundo baja lento,
ahora que no siento ni tu selva ni tu herejía,
ahora que sí tengo otro acento,
me entrego a ese Dios,
porque aún te recuerdo.