Sitio de Memoria Londres 38
Antecedentes Generales
El sitio Londres 38, ubicado en la calle Londres Nº 40 en el barrio patrimonial París y
Londres en la comuna de Santiago Centro, es uno de los sitios de memoria más emblemáticos
e importantes del país. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en el año 2005, y según
el Informe Valech (2004), se constituyó como el primer centro clandestino de detención y
exterminio utilizado por la dictadura. Fue utilizado principalmente por el organismo de
inteligencia DINA (Seguel, P. 2019) y fue bautizado en jerga militar como el Cuartel
Yucatán. Actualmente su numeración no es la original, ya que fue cambiada de nº 38 a nº 40,
a fines de la década de los 70, a modo de desestimar las acusaciones vinculadas a la dirección
ante los tribunales de justicia (Rojas, et al., 2007).
Inmediatamente después del Golpe de Estado de 11 de septiembre de 1973, las
Fuerzas Armadas hacen toma ilegal de Londres 38 constituyéndose como parte importante
del primer periodo de represión de la dictadura, hasta 1975. El recinto se constituyó como la
primera pieza de la cadena represiva de la dictadura militar en la capital; muchos de los
detenidos llegaban inicialmente a la casa, para luego ser trasladados a lugares como Villa
Grimaldi o Tres Álamos.
El inmueble perteneció a la DINA formalmente hasta 1978, año en el que fue
gratuitamente traspasado por el Estado al Instituto O’Higginiano (Glavic, 2016). Luego de
una larga batalla de organizaciones de derechos humanos por recuperar el terreno en manos
del Estado, el 2011 el Ministerio de Bienes Nacionales otorgó la concesión de uso a la
organización Londres 38 (Londres 38, 2011), y actualmente es utilizado como casa de
memoria abierta para el público. Su figura ha sido centro de numerosos debates en los
periodos de post dictadura en torno a la memoria, el patrimonio y la museografía, y ha sido
citado como un ejemplo de lo que se conoce como museografía crítica de parte de algunos
autores (Iniesta, 2009).
El barrio París y Londres, a nivel urbano, tiene una historia que data de 1920, cuando
Chile se encontraba aún en un auge económico post etapa salitrera y la capital era foco de
migración nacional. Los terrenos de ese sector, hoy centro histórico de Santiago, pertenecían
desde el siglo XVI a la orden de San Francisco, la cual entre fines del XIX y comienzos del
XX vendió parte de sus terrenos a privados y al Estado. La urbanización estuvo a cargo de los
arquitectos nacionales Roberto Araya y Ernesto Holzman, además de complementarse con
diseños de Alberto Cruz Montt y Ricardo Larraín Bravo (Consejo de Monumentos
Nacionales, s/f).
Larraín fue quién construyó la vivienda Londres 38 en el año 1925, que luego fue
adquirida por Francisco Irarrázabal y ocupada hasta 1945 por María Donoso, su familia y un
equipo de empleados/as. Desde el año 1945, fue habitada por Carmen Muñoz, quién fuera
parte con su madre del grupo de empleadas que acompañaban a la primera familia (Cabeza, et
al., 2017). En 1970, el Partido Socialista (PS) compró el inmueble y lo usó como la sede de la
Octava Comuna, hasta 1973. A partir de archivos históricos y pericias arqueológicas, estas
serían las primeras dos de un total de cinco etapas de ocupación de Londres 38; la tercera
siendo la ocupación por la DINA, la cuarta por el Instituto O’Higginiano y la última como
centro de memoria desde 2007.
De los cuatro principales centros de detención, tortura y exterminio de la DINA en la
Región Metropolitana (Villa Grimaldi, José Domingo Cañas, Ex Clínica Santa Lucía),
Londres 38 es la única construcción que no fue destruída (Cabeza, 2017).
Contexto histórico represivo
El recinto se caracterizó por operar durante los primeros años de la dictadura, en lo
que se conoce como el primer periodo represivo. La DINA puso a prueba técnicas de
interrogación y tortura, cuando las dinámicas de represión aún no estaban completamente
sistematizadas, tampoco sus límites y objetivos (Cabeza et al., 2017). Durante este primer
periodo, las víctimas permanecían desde días, semanas y hasta el mes, habiendo
determinados casos que superaron los 30 días. Su funcionamiento se extendió durante el
segundo periodo de la dictadura, sin embargo, fue paulatinamente desocupada por los centros
de inteligencia debido a las tempranas denuncias de familiares y testigos.
Respecto a sus nombres, en la jerga militar era conocida como “Cuartel Yucatán”,
pero también fue conocida como “La casa de las Risas”, “La Silla” o “La casa de las
campanas”, este último llamado así por los sobrevivientes que:
atados de manos y pies, con su vista vendada, tenían como única señal de referencia
[…] el toque de campanas de la iglesia San Francisco que cada cierto tiempo
escuchaban, desde las improvisadas celdas de reclusión. (Landaeta, p. 3326) “La Casa
de la Silla, […] en alusión al hecho de que allí los detenidos eran mantenidos día y
noche durante todo su periodo de reclusión, sentados en una silla, a la cual se les
amarraba de pies y manos, con la vista vendada” (Comisión Nacional sobre Prisión
Política y Tortura, 2004, p. 264)
Según lo establecido actualmente, serían 98 personas las que fueron desaparecidas o
ejecutadas luego de su permanencia en el recinto (Cabezas, et al., 2017) quienes fueran 84
hombres y catorce mujeres, dos de ellas embarazadas (Glavic, 2016). Respecto a su
militancia se ha establecido que “64 eran militantes del MIR, 18 del Partido Comunista, 10
del Partido Socialista y seis sin militancia conocida” (p. 11). Según el Informe Retting
(1991), hasta 60 prisioneros fueron mantenidos en simultáneo en el inmueble. Hoy las
investigaciones duplican esa cifra (Glavic, 2016). No se ha determinado una cifra exacta ni
aproximada de la cantidad de prisioneros que pasaron por Londres 38, sin embargo, diversas
fuentes estiman que el número va desde las mil hasta las 2 mil personas (Londres 38, 2019)
El periodo más álgido del centro fue entre octubre de 1973 y marzo de 1975.
El informe Retting (1991) llama “el apogeo de Londres 38” al periodo entre julio a
agosto de 1974 en el cuál se instedifica la ofensiva de la DINA hacia el MIR, lo que Elgueta
(2007) califica como el inicio de la “guerra contrainsurgente”, la sistematización de
dinámicas de persecusión, secuestro, tortura y desaparición que en los años siguientes se
enfocarían en el Partido Socialista (1975) y el Partido Comunista (1976). En este periodo el
sitio adquiere un rol protagónico tanto a la interna (Glavic, 2016) como en el lugar que
ocupaba en la cadena de la DINA, siendo el punto de partida de muchos prisioneros que
luego serían transferidos a otros centros de detención. Según el Informe Valech (2004):
“Durante los interrogatorios los prisioneros fueron torturados con golpes, en
ocasiones hasta causarles fracturas; pau de arara, el submarino seco y el mojado, con
aplicación de electricidad en la parrilla, colgamiento, quemaduras con cigarrillos, el
teléfono; fueron sometidos a la ruleta rusa; se les administraban drogas; estaban
expuestos a ruidos molestos durante la noche para impedirles dormir, especialmente
música a todo volumen. Eran obligados a escuchar y presenciar torturas a otros
detenidos; fueron objeto de vejaciones y violaciones sexuales, de simulacros de
fusilamiento, de amenazas y manipulación psicológica” (p. 118)
Usos y estructuras del sitio
Las investigaciones respecto a su uso se han basado principalmente en relatos orales,
testimonios e identificación del lugar por sobrevivientes y testigos. Pese a su ocultamiento y
negación, las denuncias de familiares y organizaciones de derechos humanos fueron
tempranas en comparación a otros casos por lo que la DINA, posterior CNI deja de utilizar
sus inmediaciones aproximadamente en 1974, abandonando la casa paulatinamente hasta
1978 (Cabeza, 2017).
La estructura del recinto cuenta principalmente con tres pisos, un patio de acceso y un
patio de luz al fondo del terreno. El primer piso se constituye, en el exterior, con una entrada
lateral de piso de cerámica blanco y negro, que es uno de los elementos más reconocibles y
por ende destacados por testigos y sobrevivientes (Memoria Viva, 2023). Dentro de la
construcción, la primera planta cuenta con un pasillo de acceso, tres salas, una escalera
principal, un baño, una cocina, y una escalera secundaria junto a la cocina. El acceso ha sido
señalado como el lugar por donde los prisioneros ingresaban, vendados y se generalmente de
les tomaban los primeros datos de identificación. Una vez dentro, una de las salas era
utilizada como lugar de detención, donde los y las prisioneras permanecían día y noche, en
sillas o de pie durante el día, y en el suelo por las noches. Los dos otros espacios, eran
utilizados por la DINA como sala de interrogatorios y “oficinas”. El segundo piso cuenta con
cinco piezas y un baño, tres han sido identificadas como piezas de torturas e interrogatorios,
una de ellas simultáneamente funcionaba como “oficina”. La cuarta pieza era destinada a
enfermos y heridos. Finalmente el entrepiso sólo contaba con una pieza, destinada también a
torturas e interrogatorios (Glavic, 2016).
Investigaciones testimoniales desarrolladas por el Centro Nacional de Conservación y
Restauración (Glavic, 2016), han identificado cuatro periodos de operación dentro de los años
de ocupación de la DINA (1973-1978):
1. Instalación (diciembre 1973 - marzo 1974): Los interrogatorios y detenciones se
concentraron en el primer piso de la casa, mientras que la segunda planta es utilizada
como espacio de trabajo y oficinas
2. Tecnificación (abril - junio 1974): Corresponde a la etapa donde la DINA se
profesionaliza y el actuar represivo de la dictadura se intensifica, con un foco
principal en la desmantelación del MIR. En este periodo las actividades de detención,
interrogación y torturas también ocupan el segundo piso, y según las investigaciones,
se instala un “horario de trabajo” en conjunto con una “optimización” del actuar de
los miembros y colaboradores de la DINA.
3. Intensificación (julio - agosto 1974): El flujo de prisioneros es constante, y el Cuartel
llega a concentrar hasta 120 personas dentro. Las investigaciones refieren a que en
este periodo la casa llegó a funcionar hasta las 24 horas del día, mediante turnos de
los perpetradores y guardias.
4. Paulatino abandono (agosto 1974 hasta fines del 1978): En septiembre de 1974 ya no
quedaban detenidos en el lugar, sin embargo, se usó ocasionalmente hasta 1978.
Testimonios de sobrevivientes recopilados en el Informe Valech (2004) indican que
se sufrían torturas de todo tipo en el recinto; colgamiento, asfixia, quemaduras con cigarrillos,
simulacros de fusilamiento, pau de arara, “el teléfono” (repetido traumatismo auricular),
ruleta rusa, violaciones y abusos sexuales, siendo una de las más características y usada la de
“la parrilla”. También muchos fueron obligados a presenciar torturas a otros detenidos.
En junio del 1975 se armó una de las operaciones más grandes y reconocidas de la
dictadura chilena, la Operación Colombo que fue un montaje comunicacional que buscó
ocultar la desaparición y asesinato de 119 personas en manos de la dictadura chilena
(Sepúlveda, 2020). Mediante noticias falsas en medios nacionales e internacionales de
Argentina, Brasil y Chile, se atribuyeron distintas razones que habrían llevado a estos
chilenos a la muerte: enfrentamientos armados entre extremistas de izquierda, ajustes de
cuentas y supuestos operativos militares. La verdad era que todos/as los/as habían sido
detenidos y asesinados por la DINA entre abril de 1974 y febrero de 1975, y hoy se sabe que
45 de ellos habrían estado secuestrados en Londres 38 (Londres 38, s/f).
Recuperación
Aún en dictadura el recinto Londres 38 fue reconocido por ex detenidos/as y
familiares que realizaron denuncias de su uso como centro de detención y tortura clandestino.
Esto es señalado por la literatura como una de las razones de su paulatina desocupación desde
agosto de 1974 hasta fines de 1978, sumado al uso intensivo que comenzaron a tomar otros
centros como Villa Grimaldi (Glavic, 2016). Este último fue el año en donde mediante un
decreto firmado por el dictador Augusto Pinochet el Estado cedió gratuitamente el recinto al
Instituto O’Higginiano, un organismo privado vinculado al Ejército de Chile. Posteriormente,
en el año 2006 el instituto intentó rematar la vivienda para una posterior demolición, en un
nuevo intento por borrar los vestigios materiales relacionados con la historia y las violaciones
a los derechos humanos que allí tomaron lugar (Londres 38, 2006).
Al hacerse pública la noticia se realizaron diversas manifestaciones y actividades de
protesta junto al sitio, algunas autoridades y parlamentarios de ese entonces se plegaron a las
demandas, donde se apuntaba a la recuperación del sitio y la elaboración de un proyecto
enfocado en el rescate de la memoria (Londres 38, 2006). De la sociedad civil fueron el
Colectivo Londres 38, el Colectivo 119, el Codepu y la Coordinadora de ex-prisioneros y ex-
prisioneras políticas de Santiago quienes realizaron el llamado público para impedir la
subasta. Finalmente, esta no se llevó a cabo por los impedimentos y garantías que el título de
Monumento Histórico Nacional le entregaba al lugar. El 2 de marzo de 2006, el Instituto
O'Higginiano aceptó la permuta ofrecida por el Ministerio de Bienes Nacionales.
Junto a la adquisición por parte del Estado, el gobierno de Michelle Bachelet expresó
su intención de utilizar las dependencias para las oficinas del futuro Instituto Nacional de
Derechos Humanos. Algunas organizaciones de familiares de [Link], exiliados políticos y
miembros de la sociedad civil se posicionaron públicamente en contra de la medida,
aludiendo a la importancia del uso público que un espacio de memoria como estee podría
tener. Mediante una carta publicada por la prensa de ese entonces, el Colectivo Londres 38,
más otras siete organizaciones nacionales de derechos humanos adhieren a la campaña “La
persistencia de la Memoria” (El Mostrador, 2007) que rechazó tajantemente la decisión del
gobierno, haciendo alusión a la “borradura” que habría sufrido Londres 38 en diversas
ocasiones, por parte de la dictadura y el Estado. En 2008 se establece una Mesa bipartita de
trabajo para diseñar distintas propuestas de recuperación y uso, esta fue conformada por el
Colectivo Londres 38, el Colectivo 119 de Familiares y Compañeros, y el Colectivo Memoria
119. En representación del Gobierno asistieron el Ministerio de Bienes Nacionales, el
Consejo de Monumentos Nacionales, la Intendencia Metropolitana, el Museo Histórico
Nacional y la Asesora Presidencial (Glavic, 2016). El proyecto resultante apuntaba a una
recuperación arquitectónica y uso museográfico del lugar, además comprometía al Estado a
definir un presupuesto anual para el espacio:
Habilitación del lugar que comprendía el diseño de la recuperación arquitectónica
del inmueble, la gestión sustentable, la museografía y una propuesta de prospección
para el peritaje. Junto con ello, el Estado asumió tres compromisos: otorgar
financiamiento para el funcionamiento de la entidad a través del presupuesto anual
de la Nación, destinar recursos por una vez para la recuperación arquitectónica y la
museografía, y formalizar la concesión provisoria del inmueble. Por su parte, los tres
colectivos antes mencionados convergieron para formar una sola organización , la
cual se encargó de constituir, a partir de 2010, un equipo de trabajo permanente para
la ejecución del proyecto Londres 38, espacio de memorias. (Glavic, 2016. p. 6)
Debates en torno a su uso: memoria, museografía e historia social.
En la historia de los lugares de memoria en América Latina, los investigadores
identifican que la creación o la preservación de espacios o “lugares de la memoria” ha sido
una estrategia central enfocada en la educación de la ciudadanía y el procesamiento colectivo
de los traumas asociados a violencias estatales (Lazara, 2011). Sin embargo, su mayoría se ha
enmarcado en la ética de los derechos humanos como marco social de la mano con una
narrativa histórica oficial (González y Meloni, 2019). Como señala un informe de peritajes
arqueológicos publicado el 2016, Londres 38 desde sus cimientos materiales es un caso
bastante único en el continente, ya que a diferencia de otros centros de tortura, detención y
exterminio, no llegó a ser destruido. Las investigaciones arqueológicas realizadas en el
recinto, son de las pocas que no se han enfocado en la búsqueda de víctimas, sino que han
planteado al inmueble como el sujeto de estudio y materialidad, la investigación desde una
micromirada de las estructuras materiales represivas (Glavic, 2016).
Según Lazzara (2011) nos encontramos con un ejemplo alternativo a la mayoría de
espacios de memoria tradicionales (como el Museo de la Memoria) en donde el camino de su
recuperación y posterior uso como espacio de memoria ha tenido como protagonistas a
organizaciones de la sociedad civil, familiares de detenidos desaparecidos y sobrevivientes,
quienes han emplazado en diversas ocasiones a las instituciones gubernamentales, y se han
involucrado como un actor político en diversas coyunturas de la actualidad nacional e
internacional (Guglielmucci & López, 2019). Por otra parte, la organización Londres 38,
hasta hoy ha potenciado distintas áreas de investigación; históricas, arqueológicas y legales, y
se ha planteado desde su origen como un espacio crítico, político y dialógico. Según la autora
Gloria Elgueta Pinto, sus características encuadran con la escuela de la “la nueva
museología”, una corriente que surge en los años 80 que propone “acoplar el concepto de
patrimonio al de ciudadanía y recurrir a la noción de ágora para denominar los espacios útiles
a las sociedades democráticas contemporáneas” (Iniesta, 2009, p. 472), abriendo el debate
sobre cómo se entiende la labor “pedagógica” de los espacios museo y proponer nuevos
lugares a donde se va a dialogar, intercambiar, pensar y crear:
En una perspectiva afín a este enfoque se inscribe la “visita dialogada”, un concepto
desarrollado por Londres 38 para nombrar una “experiencia dinámica centrada en los
sujetos y el diálogo, una invitación a tomar una posición activa en la construcción de
los relatos y memorias del pasado, presente y futuro (…) que retroalimenta el
discurso y las prácticas de Londres 38 con nuevas experiencias, subjetividades y
discursos” (Londres 38, 2018:14 en Pinto, 2018)
En la literatura también encontramos bastantes referencias al lugar simbólico y
material que ocupa Londres 38 en la museografía de la memoria, tanto en Chile como en
América Latina. Las reflexiones críticas en torno al patrimonio y los monumentos han
levantado preguntas respecto a qué se recuerda y para quiénes (Lazzara, 2011), apuntando sus
miradas a la historia oficial que se construye alrededor de un hito histórico. En ese contexto,
Londres 38 ha sido puesto como un ejemplo de una nueva forma -nueva, no refiriendo a la
temporalidad, sino más bien a la escasez, que por ende sigue siendo algo novedoso y distinto-
que ha relevado el lugar de las otras historias, los relatos populares y sociales. Actualmente
siguen en desarrollo investigaciones arqueológicas, históricas y testimoniales dentro del
recinto, además de conformarse como un objeto de estudio para historiadores, antropólogos e
intelectuales latinoamericanos, que apuntan a seguir pensando el cómo se investiga, se piensa
y se simboliza los lugares de violencia en el continente.
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