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1852 1862

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Protocolo de Palermo

En Asambleas Constituyentes Argentinas, T. VI, 2° parte, p. 455


Los infrascriptos, Gobernador Provisorio de la Provincia de Buenos Aires Camarista Don Vicente López; Gobernador
y Capitán General de la Provincia de Entre Ríos, General en Jefe del Ejército Libertador, Brigadier Don Justo José de
Urquiza; Gobernador y Capitán General de la Provincia de Corrientes, Mayor General de dicho Ejército, General
Don Benjamín Virasoro; y el Dr. Don Manuel Leiva, revestido de plenos Poderes para representar al Exmo. Señor
Gobernador y Capitán General de la Provincia de Santa Fe, ciudadano Don Domingo Crespo, reunidos en
conferencia en Palermo de San Benito, residencia actual del Exmo. Señor Gobernador y Capitán General de la
Provincia de Entre Ríos considerando:
3° – Que al disolverse el Congreso Nacional, y con él la presidencia de la República, reemplazándola con una
autoridad provisoria, hasta la reunión de una Convención Nacional, la Ley de 7 de julio de 1827 declaró que las
funciones de esta autoridad se limitarían a lo concerniente a la paz, guerra, relaciones exteriores y hacienda
nacional, y que posteriormente por la Ley provincial de Buenos Aires de 27 de Agosto de 1827, se dispuso que
hasta la resolución de las Provincias, quedaba el Gobierno de Buenos Aires, encargado de todo lo que concierne a
guerra nacional, y a relaciones exteriores;
4° …que el mencionado pacto denominado comunmente de la Liga Litoral, a que adhirieron todas las Provincias de
la República, confirió a la Comisión reunida en Santa Fe, las atribuciones que el Congreso General tenía en la época
de su existencia, detallándolas por su artículo XVI, y que esa misma Comisión dejó al Gobierno de Buenos Aires la
dirección de esos negocios exteriores, sometiendo sus actos a la aprobación de ella, mientras que permaneció
reunida;
5° Que posteriormente a su disolución, y en la época de la primera Administración dcl Dictador D. Juan Manuel de
Rosas, los Pueblos y Gobiernos Confederados que habían aceptado expresamente ese Tratado, encargaron
nuevamente al Gobierno de Buenos Aires la dirección de los Negocios Exteriores de la República… con cuya
facultad ha seguido sin interrupción, hasta que fue modificada por la casi totalidad de los mismos Gobiernos
Confederados, a quiénes se les arrancó la concesión de que esa alta prerrogativa fuese delegada a la persona del
Dictador, y no yá al Gobierno de Buenos Aires, que no existía de hecho, ni de derecho, pues aquel había
conculcado todas sus leyes, y arrebatado todos los Poderes públicos, en cuyo estado fue sorprendido por la
grandiosa victoria de Monte Caseros, en tres de febrero último;
6° Que la desaparición de la escena política de Don Juan Manuel de Rosas, anuló de hecho esa facultad, que se
había abrogado su persona, y restituyó a los Pueblos su respectiva parte de Soberanía Nacional, pudiendo en tal
virtud delegaría en el Gobierno Confederado que gustasen y estuviesen en mejor aptitud de representar y
defender sus derechos en el extranjero.
7° Que el ejercicio de este derecho fue puesto en planta, por los Gobiernos de Entre Ríos y Corrientes, autorizando
plenamente este en Mayo de 1851 al Exmo. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre Ríos, para que
lo representase en todo cuanto pudiese tener relación con los intereses políticos de la misma Provincia
8° Que Ia de Santa Fe, de acuerdo con las demás signatarias del Tratado del de 4 de enero de 1831, pacto
fundamental de la Confederación Argentina, autorizó al Gobierno Provisorio de Buenos Aires, para que continuase
en la dirección de esos negocios, hasta un acuerdo posterior…
9° Qué habiéndose pronunciado yá los Gobiernos de todas las provincias Confederadas, adhiriendo a la política
pacífica y de orden, inaugurada por el Exmo. Señor General D. Justo José de Urquiza, como resulta de las notas de
sus respectivos Gobiernos, y de las autorizaciones que se han recibido, confiando la dirección de los asuntos
exteriores de la República, y hasta la reunión del Congreso Nacional Constituyente a la persona del Excelentísimo
Señor General Don Justo José de Urquiza:

Resuelven
Que para dejar restablecido este importante Poder Nacional, y alejar todo motivo de duda y ansiedad, dando
garantías positivas a los Poderes Extranjeros, que se hallan o pueden hallarse en relaciones con la República, y que
sus compromisos y estipulaciones revistan un carácter obligatorio para la misma Confederación, quede autorizado
el expresado Exmo. Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre Ríos, General en Jefe del Ejército
Aliado Libertador, Brigadier D. Justo José de Urquiza, para dirigir las Relaciones Exteriores de la República, hasta
tanto que, reunido el Congreso Nacional, se establezca definitivamente el Poder a quien competa el ejercicio de
este cargo.
Acordaron en seguida, que cada uno de los Gobiernos signatarios del Tratado del 4 de Enero de 1831, procediese
inmediatamente al nombramiento del plenipotenciario que debe concurrir a formar la Comisión Representativa de
los Gobiernos, para que, reunida esta en la Capital de la Provincia de Santa Fe, entre desde luego en el ejercicio de
las atribuciones que le corresponden según el artículo XVI del mismo Tratado.
Y finalmente que la presente resolución, firmada por los Gobernadores y Plenipotenciarios infrascriptos, sea
circulada a los Gobiernos Confederados, para su conocimiento y aprobación, y que hasta que esta se haya
obtenido, los Poderes signatarios de este Protocolo, y los Gobiernos de Salta y Córdoba, reasumen en si, como
reasumen, toda la responsabilidad y trascendencia de este acto, obligándose como se obligan, a cumplir por sí, los
compromisos que se celebraron con las Naciones, y Gobiernos extranjeros amigos, a cuyos Agentes, como así a
todos los Gobiernos con quienes la Confederación estuviese en relación, se les comunique en debida forma.
Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos
En Asambleas Constituyentes Argentinas, T. IV, p. 308
Teniendo por objeto acercar el día de la reunión de un Congreso General que con arreglo a los tratados existentes y
al voto unánime de todos los pueblos de la República, ha de sancionar la Constitución política que regularice las
relaciones que deben existir entre todos los pueblos argentinos como pertenecientes a una misma familia, que
establezca y defina los altos poderes nacionales y afiance el orden y prosperidad interior y la respetabilidad
exterior de la Nación.
Siendo necesario allanar previamente las dificultades que pueden ofrecerse en la práctica para la reunión del
Congreso, proveer a los medios mas eficaces de mantener la tranquilidad interior, la seguridad de la República y la
representación de su soberanía durante el periodo constituyente. Teniendo presente las necesidades y los votos de
los pueblos que nos han confiado su dirección, e invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y de toda
justicia. Hemos acordado y adoptado las resoluciones siguientes:
1. – Siendo una ley fundamental de la República el tratado celebrado el 4 de enero de 1831 entre las provincias de
Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, por haberse adherido a él todas las demás provincias de la Confederación será
religiosamente observado en todas sus cláusulas, y para mayor firmeza y garantía queda facultado el Excmo. Señor
Encargado de las Relaciones Exteriores para ponerlo en ejecución en todo el territorio de la República.
2. – Se declara que estando, en la actualidad, todas las provincias de la República en plena libertad y tranquilidad,
ha llegado el caso previsto en el articulo 16 del precitado tratado, de arreglar por medio de un Congreso General
Federativo la Administración General del país bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su
navegación, el cobro y distribución de las rentas generales, el pago de la deuda de la República, consultando del
mejor modo posible la seguridad y engrandecimiento de la República su crédito interior y exterior y la soberanía,
libertad e independencia de cada una de las provincias.
3. – Estando previsto en el articulo 9 del tratado referido los arbitrios que deben mejorar la condición del comercio
interior y recíproco de las diversas provincias argentinas y habiéndose notado por una larga experiencia los
funestos efectos que produce el sistema restrictivo seguido en algunas de ellas, queda establecido que los artículos
de producción o fabricación nacional o extranjera así como los ganados de toda especie que pasen por el territorio
de una provincia a otra serán libres de los derechos llamados de tránsito, siéndolo también los carruajes, buques o
bestias en que se transportan y que ningún derecho podrá imponérseles en adelante, cualquiera que sea su
denominación, por el hecho de transitar el territorio.
4. – Queda establecido que el Congreso General Constituyente se instalará en todo el mes de agosto próximo
venidero; y para que esto pueda realizarse, se mandará hacer desde luego, en las respectivas provincias, la elección
de los diputados que deban formarlo, siguiéndose en cada una de ellas las reglas establecidas por la ley de
elecciones para los diputados de las legislaturas provinciales.
5. – Siendo todas las provincias iguales en derechos como miembros de la Nación, queda establecido que el
Congreso Constituyente se formará con dos diputados por cada provincia.
6. – El Congreso sancionará la Constitución Nacional a mayoría de sufragios; y como para lograr este objeto seria
un obstáculo insuperable que los diputados trajeran instrucciones especiales que restringieran sus poderes, queda
convenido que la elección se hará sin condición ni restricción alguna, fiando a la conciencia, al saber y al
patriotismo de los diputados, el sancionar con su voto lo que creyeran más justo y conveniente, sujetándose a lo
que la mayoría resuelva, sin protestas ni reclamaciones.
7. – Es necesario que los diputados estén penetrados de sentimientos puramente nacionales, para que las
preocupaciones de localidad no embaracen la gran obra que se emprende; que estén persuadidos que el bien de
los pueblos no se ha de conseguir por exigencias encontradas y parciales, sino por la consolidación de un régimen
nacional, regular y justo; que estime la calidad de ciudadanos argentinos antes que la de provincianos y para que
esto se consiga los infrascritos usarán de todos los medios para infundir y recomendar estos principios y emplearán
toda su influencia legitima a fin de que los ciudadanos elijan a los hombres de más probidad y de un patriotismo
mas puro e inteligente.
8. – Una vez elegidos los diputados e incorporados al Congreso no podrán ser juzgados por sus opiniones ni
acusados por ningún motivo, ni autoridad alguna hasta que no esté sancionada la Constitución. Sus personas serán
inviolables durante este período. Pero cualquiera de las provincias podrá retirar sus diputados cuando lo creyere
oportuno, debiendo, en este caso, sustituirlos inmediatamente.
9. – Queda a cargo del Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación, el proveer a los gastos de
viáticos y dietas de los diputados.
10. – El Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación instalará y abrirá las sesiones del Congreso por
si, o por su delegado en caso de imposibilidad; proveerá a la seguridad y libertad de sus discusiones; librará los
fondos que sean necesarios para la organización de su despacho, y tomará todas aquellas medidas que creyese
oportunas para asegurar el respeto de la corporación y de sus miembros.
11. – La convocación del Congreso se hará para la ciudad de Santa Fe, hasta que, reunido e instalado, él mismo
determine el lugar de su residencia.
12. – Sancionada la constitución y las leyes orgánicas que fueren necesarias para ponerla en práctica- será
comunicada por el Presidente del Congreso al Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación y éste la
promulgará inmediatamente como Ley de la Nación, haciéndola cumplir y observar. En seguida será nombrado el
Presidente Constitucional de la República y el Congreso Constituyente cerrará sus sesiones dejando a cargo del
Ejecutivo poner en ejercicio las leyes orgánicas que hubiese sancionado.
13. Siendo necesario dar al orden interior de la República, a su paz y respetabilidad exterior todas las garantías
posibles, mientras se discute y sanciona la Constitución nacional, los infrascritos emplearán por sí cuantos medios
estén en la esfera de sus atribuciones para mantener en sus respectivas provincias la paz pública y la concordia
entre los ciudadanos de todos los partidos, previniendo o sofocando todo elemento de desorden o de discordia y
propendiendo al olvido de los errores pasados y estrechamiento de la amistad de los pueblos argentinos.
14. Si, lo que Dios no permita, la paz interior de la República fuese perturbada por hostilidades abiertas entre una
u otra provincia, o por sublevaciones armadas dentro de la misma provincia, queda autorizado el encargado de las
Relaciones Exteriores para emplear todas las medidas que su prudencia y acendrado patriotismo le sugieran para
restablecer la paz sosteniendo las autoridades legalmente constituidas; para lo cual los demás gobernadores
prestarán su cooperación y ayuda en conformidad con el tratado del 4 de enero de 1831.
15. Siendo de la atribución del Encargado de las Relaciones Exteriores representar la Soberanía y conservar la
indivisibilidad nacional, mantener la paz interior, asegurar las fronteras durante el periodo constituyente, defender
la República de cualquier pretensión extranjera y velar sobre el exacto cumplimiento del presente acuerdo, es una
consecuencia de estas obligaciones el que sea investido de las facultades y medios adecuados para cumplirlas. En
su virtud queda acordado que el Excmo. Señor General Don Justo José de Urquiza, en el carácter de general en jefe
de los ejércitos de la Confederación, tenga el mando efectivo de todas las fuerzas militares que actualmente tiene
en pié cada provincia, las cuales serán consideradas desde ahora como partes integrantes del ejército nacional. El
general en jefe destinará estas fuerzas del modo que crea conveniente al servicio nacional, y si, para llenar sus
objetos, creyere necesario aumentarlas podrá hacerlo pidiendo contingentes a cualquiera de las provincias: así
como podrá también disminuir-las si las juzgase excesivas en su número u organización.
16. Será de las atribuciones del Encargado de las Relaciones Exteriores: reglamentar la navegación de los ríos
interiores de la República, de modo que se consulten los intereses y seguridad del territorio y de las rentas fiscales;
y lo será igualmente la administración de correos, la creación y mejora de los caminos públicos y de postas de
bueyes para el transporte de mercaderías.
17. Conviniendo para la mayor respetabilidad y acierto de los actos del Encargado de las Relaciones Exteriores, en
la dirección de los negocios nacionales, durante el período constituyente, el que haya establecido cerca de su
persona un Consejo de Estado con el cual pueda consultar los casos que le parezcan graves, queda facultado el
Excmo. Señor para constituirlo, nombrando a los ciudadanos argentinos que por su saber y prudencia pueden
desempeñar dignamente su elevado cargo, sin limitación de número.
18. Atendidas las importantes atribuciones que por este convenio recibe el Excmo. Señor Encargado de las
Relaciones Exteriores, se resuelve que su titulo sea de Director Provisorio de la República Argentina.
19. Para sufragar los gastos que demande la administración de los negocios nacionales declarados en este Acuerdo,
las provincias concurrirán proporcionalmente con el producto de sus aduanas exteriores hasta la instalación de las
autoridades constitucionales, a quienes exclusivamente competerá el establecimiento permanente de los
impuestos nacionales.
Artículo adicional. Los gobiernos y provincias que no hayan concurrido al Acuerdo celebrado en esta fecha, o que
no hayan sido representadas en él; serán invitados a adherir por el director provisorio de la Confederación
Argentina, haciéndoles a este respecto las exigencias a que dan derecho el interés y los pactos nacionales.
Dado en San Nicolás de los Arroyos a los treinta y un días del mes de mayo del año mil ochocientos cincuenta y
dos.
Orígenes de la Constitución de 1853
31/05/1852 Acuerdo de San Nicolás convocando a un Congreso Constituyente.
20/11/1852 Se inaugura el Congreso, sin representantes de Buenos Aires, por estar separada de la Confederación.
24/11/1852 Se designa una Comisión de Negocios Constitucionales para redactar el proyecto de Constitución. La
integran los diputados Pedro Díaz Colodrero (Corrientes), Martín Zapata (Mendoza), Juan del Campillo (Córdoba),
Juan María Gutiérrez (Entre Ríos), José Benjamín Gorostiaga (Santiago del Estero), Manuel Leiva (Santa Fe), Pedro
Ferré (Corrientes) quién fue reemplazado por un tiempo por Salustiano Zavalía (Tucumán). En febrero de 1853 se
incorporó Santiago Derqui (Córdoba).
18/04/1853 El proyecto se pone a discusión del Congreso.
30/04/1853 El Congreso aprueba el texto constitucional.
1°/05/1853 Sanción de la Constitución Nacional.
25/05/1853 El Poder Ejecutivo -presidido por Justo José de Urquiza- promulga la Constitución.
09/07/1853 Se procede a jurar la Constitución Nacional en todas las provincias de la Confederación Argentina.
Pactos de convivencia
Art. 1° Ambos Gobernadores reconociendose mutuamente el estatuquo antes de la invasión del 4 de noviembre
del presente año convienen en que desde esa fecha cesarán en el territorio de ambos estados los aprestos
militares causados por la invasión en el de Buenos Aires y se compromenten á mantenerse en paz y buena
armonía, a relevar sus fuerzas de las posiciones que ocuparen a causa de dicha invasión y conservar sus relaciones
de comercio.
Art. 3 Para acercar cuanto antes la reunión de todos los pueblos de la república Argentina y que cese la separación
que hoy existe ambos Gobiernos se comprometen del modo mas formal y solemne, á no hacer uso de las armas ni
permitir que otros lo hagan en sus respectivas jurisdicciones, para dirimir cualquier diferencia y arreglar por
medios amistosos sus mutuas relaciones y cuanto pueda interesar a su estado político, a la seguridad de sus
fronteras en la invasión de los barbaros al comercio, o los habitantes de uno y otro territorio; y al efecto luego de
ratificado el presente tratado adoptarán las medidas de mutua conveniencia.
Art. 4 El presente Tratado será ratificado por el Excmo. Gobernador del Estado de Buenos Aires y por el Excmo.
Señor Presidente de la Confederación Argentina y cangeadas las ratificaciones en esta Ciudad en el término de 15
días desde su fecha. En fe de la cual firmo el presente convenio en Buenos Aires á 20 de diciembre de 1854 del año
del Señor. Fdo. Ireneo Portela, Cullen, Gowland.
RATIFICACION
Art. 4. Los buques argentinos bien matriculados en el estado de Buenos Aires o en la confederación Argentina
enarbolarán solamente la Bandera Nacional.
Art. 5. Los buques en cabotaje del estado de Buenos Aires y los de la confederación Argentina serán admitidos
como hasta aquí en los respectivos puertos cualesquiera que sea su tonelaje; sin imponerles otros derechos.
Art. 6. En el Estado de Bs. As., se admitirán libres de derechos de introducción todas las producciones naturales de
la Confederación Argentina cualquiera que sea su forma; y la Confederación admitirá del mismo modo las del
Estado de Bs. As.
Urquiza y la incorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina
El 23 de octubre de 1859 tuvo lugar la batalla de Cepeda entre los ejércitos de Buenos Aires y de la
Confederación, comandados por los generales Bartolomé Mitre y Justo José de Urquiza respectivamente. El
ejército porteño fue sorprendido y vencido por las fuerzas de la Confederación. Tras la batalla, se iniciaron las
negociaciones que culminaron con la firma del Pacto de Paz y Unión en San José de Flores, que puso fin la
segregación de la provincia de Buenos Aires y comenzó el proceso de reincorporación de esta provincia a la
Confederación Argentina, que se consolidaría tras la batalla de Pavón en septiembre de 1861. Reproducimos a
continuación la proclama del presidente Urquiza al momento de emprender su campaña por la integridad
nacional el 25 de mayo de 1859.
Proclama del Presidente Urquiza a los pueblos y a sus ejércitos.
Cuando afirmado por muchos años de dominio, parecía inconmovible el poder despótico del general Rosas, que
negaba a los pueblos argentinos la Constitución y las garantías que ellos reclamaban, yo arriesgué mi fortuna, mi
familia y mi vida, poniéndome al frente del movimiento regenerador en que entró después la Nación entera.
Mi pensamiento entonces fue alcanzar para mi país los beneficios de la libertad, devolviendo a la Nación sus
derechos e invitándola a constituirse definitivamente de una manera regular y permanente.
Fui impulsado por un sentimiento purísimo de patriotismo y sin trepidar puse en la balanza los sucesos, con mi
espada, la alta posición que debía al pueblo entrerriano, y mi cabeza; no podía hacer a la patria mayor ofrenda.
Sacrifiqué en sus aras todo interés personal y me consagré a la grande obra de la nacionalidad argentina, abriendo
la campaña gloriosa del Ejército Grande, con el concurso de lo más sano, ilustrado y valiente, que lucía en las filas
de los viejos partidos, que habían dividido la República.
En algunos días se había cambiado la situación política del país. El cielo había protegido a los campeones de la
libertad que seguían la bandera que yo llevaba, y la victoria de Caseros coronando nuestros esfuerzos, dio en tierra
con un régimen que ya era incompatible con las exigencias de los pueblos argentinos, y con el espíritu del siglo. El 3
de febrero de 1852 fue el punto final de una época tempestuosa, que la Providencia me eligió para cerrar. El 3 de
febrero de 1852 empezó para los argentinos una nueva era de reconciliación, de fraternidad, de fusión, de
organización, de libertad y de civilización. Tal fue al menos mi propósito.
Todavía duraba el entusiasmo del triunfo, cuando en nombre de la patria y con toda la sinceridad de mi alma de
que tantas pruebas ha dado al país, declaré para su gloria y con su aplauso, que el triunfo era de la Nación, no de
un partido, dije: no hay vencedores, ni vencidos. Era una victoria sin derrota. Era el precursor en la reconciliación
de la familia argentina, el emblema de la fusión política, la voz de la civilización cristiana y el lema de la igualdad
ante la ley.
No hay vencedores, ni vencidos quiere decir: no hay unitarios, ni federales, no hay proscriptos, ni perseguidos; no
hay responsabilidad política por el pasado; todos somos iguales, todos somos hermanos; unámonos los argentinos
a la sombra de la bandera de Mayo; hagámonos dignos de ella, contribuyendo todos a la paz, a la prosperidad y al
engrandecimiento de nuestra dilacerada patria.
Mis intenciones eran puras. No perseguí a nadie, no hice preferencias. Busqué las aptitudes, la idoneidad sin
distinción de colores políticos. Quise que el país se constituyera, se diera leyes y se organizara, como una nación
culta y poderosa puede serlo.
Bajo mis auspicios, las provincias confederadas hoy, legítimamente representadas entonces, promulgaron su pacto
de alianza perpetuo e indisoluble; se constituyeron; y la Nación existe.
La provincia de Buenos Aires que se había convulsionado el 11 de septiembre de 1852, resistía entre tanto el
Acuerdo de San Nicolás en sus detalles, pero sin atacar el sistema federal, se declaraba nacionalista, y sólo podía
ser oída de otro modo. Este movimiento degeneró después en sus fines.
Podía emplear la fuerza nacional y comprimir. Preferí hacer oír la razón y convencer. Movido por el deseo de evitar
la efusión de sangre argentina, y haciendo a aquella benemérita provincia argentina árbitro de sus propios
destinos, envié a uno de mis jefes inmediatos, al coronel Báez en misión especial, para que la invitase a formular
sus deseos de manera que ellos pudieran ser apreciados con claridad y precisión, por su hermanas confederadas
hoy.
Son del dominio público esos documentos, que atestiguarán siempre ante el mundo, la nobleza de proceder y la
humanidad de sentimientos que me llevaban hasta reconocer la revolución, pidiéndole su expresión genuina por el
amor de la paz y el deseo de la organización e integridad nacional.
Poco después, la campaña de la provincia disidente se pronunció en contra de la autoridad de hecho que regía en
la ciudad. Yo me presenté allí como pacificador entre los partidos y desgraciadamente no fui comprendido.
La serie de vicisitudes porque ha pasado aquella provincia, sus luchas intestinas, sus desgracias, los males de un
provisorio prolongado, se hubieran evitado por una sincera adhesión al pacto federal, que ha previsto todos los
casos; para que fueran oídos los reclamos justos y atendidas las exigencias locales de cada provincia argentina,
legalmente representadas en el congreso nacional.
En medio de las dificultades consiguientes a tal estado de, la Nación Argentina dio un gran paso para su
organización definitiva; toda ella reconoció y adoptó como régimen legal de gobierno al sistema federal.
La constitución misma de la provincia disidente, contrae en su primer artículo la obligación de delegar
expresamente en un gobierno federal, parte de la soberanía interior y exterior, así que cese la situación provisoria
en que está mantenida por intrigas y artificios que la Historia ha de juzgar con la misma severidad que merece de
los contemporáneos.
Se complacieron en exacerbar las pasiones para hacer la división más profunda; ella debe cesar. La victoria de
Caseros ha sido el sepulcro de los viejos partidos. Derrotado el sistema centralizador y ultraunitario del general
Rosas, la opinión pública se manifestó uniformemente a favor de la independencia provincial, que es la base del
gobierno federal, y la Nación Argentina ligada por los indisolubles vínculos de la ley, apareció por primera vez en
nuestra historia, de acuerdo toda sobre el principio político que debía regirla.
La idea federal, en su realización práctica, es la aspiración legítima de los pueblos argentinos.
Las ambiciones mezquinas de los hombres sin patria, ni fe política que oprimen a Buenos Aires, lanzaron sobre mi
nombre la calumnia y la injuria en retribución de mis sacrificios y de mi dedicación al bien general, y para
cohonestar sus propósitos de anarquía levantaron la enseña de un partido viejo; se declararon unitarios. Ese
cambio de sistema que ataca esencialmente la misma constitución que mana de septiembre en aquella provincia, a
la vez que amenaza el orden público de la Confederación, fue seguido de toda clase de violencias; las elecciones
para diputados fueron practicadas por el gobierno de hecho contra la voluntad manifiesta del pueblo de Buenos
Aires que quería y quiere la unión nacional; cuatro mil ciudadanos naturales de aquella provincia vagan hoy fuera
de sus hogares perseguidos por sus opiniones nacionalistas; aquél consume anualmente cien millones de pesos
papel para mantener la posición que asume; la dilapidación toma proporciones desconocidas antes en estos
países; las provocaciones a la guerra se suceden, y la intriga se extiende por todos los medios a las provincias
confederadas, al mismo tiempo en que, suprimiendo todas las garantías individuales, la simple sospecha de tener
opiniones nacionalistas, basta para que la calificación de espía autorice la expulsión o el arbitrario castigo impuesto
por una autoridad que no ha temido resucitar la confiscación de bienes como pena en que incurre todo aquel que
directa o indirectamente contribuye a que la provincia de Buenos Aires vuelva a hacer (sic) parte de la Nación
Argentina; los mejores ciudadanos fueron proscriptos, entre ellos cuatro generales de la Nación, y ciertos
empleados civiles y militares, degradados o depuestos. No se comprende el régimen especial que hoy esclaviza a
Buenos Aires; rige allí una constitución que prescribe expresamente la delegación a un gobierno federal del poder
que corresponde a la Nación, y no obstante el titulado gobierno provincial se declara unitario por sistema, en
abierta oposición con la prescripción constitucional. No tiene ese círculo ni el personal, ni el dogma político del
antiguo partido unitario, cuyos principales hombres han contribuido con sus esfuerzos a echar los cimientos de la
magna obra de la nacionalidad argentina y está hoy a su servicio; pero tiene sí, la intención de resucitar los viejos
odios para resucitar con ello la guerra civil.
Fracasarán en su sacrílega empresa. El país quiere el orden. La extinción de los viejos partidos es un hecho
consumado ya; y la fusión es práctica y efectiva en la Confederación.
Mientras el círculo que domina en Buenos Aires se presentó al amparo de la idea federal, sólo en disidencia de
detalles para su aplicación, el gobierno de la Confederación toleró, contemporizó y esperó que el tiempo y el mejor
conocimiento de los propios intereses locales y nacionales trajeran a más dignos sentimientos a los hombres de la
situación; pero cuando implícitamente declaran su intención de derrocar las constituciones federales, que
uniforman el pensamiento político y representan los intereses nacionales argentinos, bajo el pretexto de un
absurdo unitarismo sin hombres, ni programa, no cabe la elección; se hace necesario sofocar la anarquía al nacer,
preservar y proteger de toda eventualidad los vínculos que nos ligan y hacen de la Nación Argentina un cuerpo
político sujeto a reglas determinadas de buen gobierno que se deben fortificar, para que lleguemos un día después
de tantas desgracias, a ocupar en el mundo civilizado el puesto que nos pertenece.
La provincia de Buenos Aires está llamada a tomar una parte activa en este gran propósito. No lo alcanzaremos
jamás mientras vivamos fraccionados y devorados por las perpetuas luchas de los viejos partidos, con los
mezquinos intereses o las ciegas pasiones que traen por séquito el desorden y el atraso general.
El porvenir de la patria está cifrado en el afianzamiento del régimen federal. Alarmados los pueblos confederados
por las demasías del círculo demagógico que oprime a la provincia hermana disidente, se reunieron
espontáneamente; los pronunciamientos se sucedieron en las provincias de la Confederación y el cintillo punzó
que llevamos a Casero, reapareció como divisa de guerra, como una demostración del entusiasmo popular por
repetir la cruzada y la victoria que ha de afianzar los principios entonces conquistados y no como divisa de partido.
La disidencia de Buenos Aires respecto al modo de federarse se convierte en una negativa absoluta a federarse. Es
el rompimiento de la tradición argentina, la separación de la comunidad, la fórmula de un cambio total en la forma
de gobierno reconocido. ¡Es una tentativa de desmembración!
Los apóstoles de la anarquía, los fautores de la guerra civil, esos hombres que, sin título para ello, ni programa
político se llaman unitarios con el siniestro fin de provocar la reaparición de los viejos partidos, para envolvernos
de nuevo en los males de una lucha ya terminada, han querido hacer entender a sus pocos parciales, que ese
cintillo punzó era el prólogo de una era de tiranía y matanza, de proscripción y de degüello, de persecución y de
confiscación y olvidando mis servicios, servicios a que deben la libertad de que gozan, calumniándome atrozmente,
me presentan como jefe de una horda de bandidos pronta al exterminio y a la carnicería, sediento de sangre y
ávido de venganza, haciéndome responsable y solidario de los excesos y extremos a que puse término en Caseros.
La provincia de Buenos Aires no puede ser unitaria, sino separándose para siempre de la Confederación como
desea el círculo que la domina, o conquistando las provincias federales para hacerlas unitarias a pesar suyo. Como
jefe de la Nación no puedo consentir en la desmembración de aquella provincia. Como jefe de la Nación mi
deber es prevenir a los pueblos argentinos de la celada que les tienden para hacerlos caer de nuevo en el abismo
de la guerra civil, que hemos cegado ya.
Los viejos partidos pertenecen a la historia; sus distintivos, como sus hechos han pasado ya. No son unitarios, ni
son federales nuestros adversarios, porque no prefieren sistema; son enemigos de la nacionalidad y partidarios del
aislamiento para usufructuar el poder que usurpan.
Una situación nueva, una era nueva de organización nacional y de sistemas regulares de gobierno es la aspiración
suprema de los pueblos, cuyo intérprete fue antes y después de la gran victoria con el dios de los ejércitos quiso
favorecer la causa de la civilización argentina.
La cuestión no es, pues, de los viejos partidos, sino de las nuevas ideas. La separación de Buenos Aires,
abandonada al furor de sus verdugos, o su incorporación a la Nación, para que ocupe en ella el distinguido
puesto que le corresponde, son los términos del dilema de hierro a que nos trae el círculo malo que
combatimos.
La Constitución de Mayo garante la integridad provincial, y tanto ella como la constitución que Buenos Aires se ha
dado, consagran la integridad nacional.
La integridad nacional está amenazada. Así lo ha comprendido el congreso legislativo federal al autorizarme por
ley del 20 del corriente para resolver por medio de negociaciones pacíficas o por medio de la guerra, la cuestión
de la integridad nacional respecto de la provincia disidente. Así lo ha comprendido el Poder Ejecutivo en ejercicio,
según los bellos considerandos en que funda su decreto.
Los precedentes históricos que dejo consignados prueban la justicia y el buen derecho con que el Congreso y el
Gobierno proceden, levantando en alto el espíritu y el sentimiento nacional, a que obedezco con toda la efusión de
mi alma. La cuestión es, pues, de integridad nacional. He aquí el lema que llevaremos en nuestros pendones y que
consagrará la victoria.
El fin es santo. Los medios de que dispone la Nación son irresistibles y Dios protege la causa del gran pueblo
argentino, cuyas desgracias van a terminar. Todos los argentinos servimos la causa hermosa de la integridad
nacional, como lo han probado los pueblos al secundar el pronunciamiento del Uruguay. Los enemigos los
contamos por sus crímenes contra el honor y la libertad de Buenos Aires.
La nueva era tiene su símbolo: la Constitución. En Caseros triunfó la idea federal; hecho consumado ya, como lo
será pronto y también por la fusión política, el triunfo de la integridad nacional, complemento de aquella victoria.
No llevaremos la guerra de conquista a nuestros hermanos de Buenos Aires, le llevaremos la paz, la libertad, la
ley, la unión y el abrazo fraternal que ha de hacer sólida y perpetua la organización y la integridad nacional.
Y con ella, y por ella, la inmigración y los capitales extranjeros atraídos por la paz general, la civilización y el
progreso de instituciones sabias y liberales, la circulación de la riqueza facilitada por las vías de circulación que
serán creadas con las rentas que hoy absorben y esterilizan las atenciones de la guerra intermitente de intrigas y
acechanzas que vamos a deshacer.
Resuelto este gran problema, no será interrumpida ni perturbada ya la marcha ascendente de nuestro país; su
desarrollo moral no tendrá más límites que los de la ciencia; su desenvolvimiento material no tendrá límites;
porque poseemos campos fértiles, producciones ricas, clima benigno e interminables ríos que surcan territorios
donde la seguridad y la estabilidad que dará la ley obedecida en la nación íntegramente organizada, concentrarán
los adelantos del siglo, para recogir (sic) mil por ciento, en cambio de los progresos y mejoras que la paz no puede
dejar de traer a un país que no tiene, ni teme más enemigos que las pasiones ruines de sus malos hijos.
La provincia de Buenos Aires va a recibirnos como sus hermanos y libertadores. Sus más valientes hijos
engrosarán las filas de los ejércitos de la Nación. Las armas nacionales radicando la libertad en la ley, devolverán al
proscripto su hogar, al ciudadano sus garantías, a los pueblos la paz, a los argentinos la quietud y a la patria su
esplendor, para que cese el escándalo de nuestras luchas fratricidas y organizados y fuertes, podamos mostrar con
nuestros hechos que, en efecto, se levanta a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación, ¡He ahí, argentinos, la
grande obra que ambiciono complementar!
He ahí los votos que formulé en Caseros, victorioso. Aspiro a que la gran nación sea de hecho, una e indivisible. Y
esa es mi única aspiración. Y la proclamo, obedeciendo a la alta misión que acaban de confiarme los pueblos y sus
legisladores, en el gran día de la patria argentina, porque es profunda mi fe en la realización del porvenir venturoso
que presintieron nuestros heroicos padres, al proclamar la libertad de un pueblo, que sólo necesita estar unido
para elevarse a los altos destinos que merece por su valor y sus virtudes.
10 de noviembre de 1859 – Pacto de San José de Flores
1 ° Buenos Aires se declara parte integrante de la Confederación Argentina, y verificará su incorporación por la
aceptación y jura solemne de la Constitución Nacional.
2° Dentro de veinte días de haberse firmado el presente convenio, se convocará una convención provincial que
examinará la Constitución de mayo de 1853, vigente en las demás provincias argentinas.
3° La elección de los miembros que formarán la convención se hará libremente por el pueblo, y con sujeción a las
leyes que rigen actualmente en Buenos Aires.
4° Si la Convención Provincial, aceptase la Constitución sancionada en Mayo de 1853, y vigente en las demás
provincias argentinas, sin hallar nada que observar a ella, la jurará Buenos Aires solemnemente en el día y en la
forma que esa convención provincial designare.
5° En el caso que la convención provincial manifieste que tiene que hacer reformas en la Constitución mencionada,
esas reformas serán comunicadas al Gobierno Nacional para que, presentadas al Congreso Federal Legislativo,
decida en convocación de una convención ad-hocque las tome en consideración y a la cual la provincia de Buenos
Aires se obliga a enviar a sus diputados con arreglo a su población, debiendo acatar lo que esta convención así
integrada decida definitivamente salvándose la integridad del territorio de Buenos Aires que no podrá ser dividido,
sin el consentimiento de su legislatura.
6° Ínterin llega la mencionada época, Buenos Aires no mantendrá relaciones diplomáticas de ninguna clase.
7° Todas las propiedades de la provincia que le dan sus leyes particulares como sus establecimientos públicos de
cualquier clase y género que sean, seguirán correspondiendo a la provincia de Buenos Aires, y serán gobernados y
legislados por la autoridad de la provincia.
8° Se exceptúa del artículo anterior la Aduana que, como por la Constitución federal corresponden las aduanas
exteriores a la Nación, queda convenido en razón de ser casi en su totalidad las que forman las rentas de Buenos
Aires, que la Nación garante a la provincia de Buenos Aires su presupuesto de 1859 hasta cinco años después de su
incorporación, para cubrir sus gastos inclusive su deuda interior y exterior.
9° Las leyes actuales de aduanas de Buenos Aires sobre el comercio exterior seguirán rigiendo hasta que el
Congreso Nacional, revisando las tarifas de aduana de la Confederación y Buenos Aires, establezca la que ha de
regir para todas las aduanas exteriores.
10° Quedando establecido por el presente pacto, un perpetuo olvido de todas las causas que han producido
nuestra desgraciada desunión, ningún ciudadano argentino será molestado por hechos u opiniones políticas
durante la separación temporal de Buenos Aires, ni confiscados sus bienes por las mismas causas conforme a las
constituciones de ambas partes.
11° Después de ratificado este convenio, el Ejército de la Confederación, evacuará el territorio de Buenos Aires,
dentro de quince días, y ambas partes contratantes reducirán sus armamentos al estado de paz.
12° Habiéndose hecho ya en las provincias confederadas la elección de presidente, la provincia de Buenos Aires
puede proceder inmediatamente al nombramiento de electores para que verifiquen la elección de presidente,
hasta el 1° de enero próximo, debiendo ser enviadas las actas electorales antes de vencido el tiempo señalado para
el escrutinio general, si la provincia de Buenos Aires hubiese aceptado sin reservas la Constitución Nacional.
13° Todos los generales, jefes y oficiales del Ejército de Buenos Aires dados de baja desde 1852, y que estuviesen
actualmente al servicio de la Confederación, serán restablecidos en su antigüedad, rango y goce de sus sueldos,
pudiendo residir en la provincia o en la Confederación, según les conviniere.
14° La República del Paraguay, cuya garantía ha sido solicitada tanto por el Exmo. Señor Presidente de la
Confederación Argentina, cuanto por el Exmo. Gobierno de Buenos Aires, garante el cumplimiento de lo estipulado
en este convenio.
15° El presente convenio será sometido al Exmo. Señor Presidente de la República del Paraguay, para la ratificación
del artículo precedente en el termino de cuarenta días, o antes si fuera posible.
16° El presente convenio será ratificado por el Exmo. Señor Presidente de la Confederación y por el Exmo.
Gobierno de Buenos Aires, dentro del término de cuarenta y ocho horas o antes si fuera posible.
En fe de lo cual el Ministro Mediador y los Comisionados del Exmo. Señor Presidente de la Confederación y del
Exmo. Gobierno de Buenos Aires lo han firmado y sellado con sus sellos respectivos. Fecho en San José de Flores, a
los diez días del mes de noviembre del año 1859.
Reforma constitucional de 1860
La Convención encargada de decidir sobre las reformas propuestas por la Provincia de Buenos Aires, en la
Constitución de la Confederación Argentina de 1° de Mayo de 1853, habiéndolas tomado en consideración,
sanciona las siguientes reformas:
1. Al artículo tercero, ésta:
Las autoridades que ejercen el Gobierno Federal, residen en la Ciudad que se declare Capital de la República por
una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más Legislaturas Provinciales del territorio que haya
de federalizarse.
2. Al artículo cuarto, ésta:
Suprimir «de las Aduanas», y agregar después de exportación hasta 1866 «con arreglo a lo estatuido en el inciso 1°
del artículo 64».
El número de este artículo será el que corresponda, según la nueva numeración.
3. Al artículo quinto, ésta:
Suprimir «gratuita, y las constituciones provinciales serán revisadas por el Congreso antes de su promulgación».
4. Al artículo sexto, ésta:
«El Gobierno Federal interviene en el territorio de las Provincias para garantir la forma republicana de gobierno, o
repeler las invasiones exteriores, y a requisición de sus autoridades constituidas para sostenerlas o restablecerlas,
si hubiesen sido depuestas por la sedición, o invasión de otra Provincia».
5. Al artículo duodécimo, ésta:
Agregar al final “sin que en ningún caso puedan concederse preferencias a un puerto respecto de otro, por medio
de leyes o reglamentos de comercio».
6. Al artículo decimoquinto, ésta:
Agregar al final «y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el solo hecho de pisar el
territorio de la República».
7. Al artículo decimoctavo, ésta:
Suprimir «las ejecuciones a lanza y cuchillo y colocar la partícula ~, después de la palabra ‘tormentos'».
8. Al artículo treinta, ésta:
Suprimir «pasados diez años desde el día en que la juren los pueblos».
9. Al artículo treinta y uno, ésta:
Agregar al final «salvo para la Provincia de Buenos Aires, los tratados ratificados después del Pacto del 11 de
Noviembre de 1859».
10. Agregar después del artículo 31, los artículos siguientes con la numeración que corresponda:
«El Congreso Federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción
federal.»
«Las declaraciones, derechos y garantías, que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de
otros derechos y garantías, no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del Pueblo y de la forma
republicana de gobierno.
«Los Jueces de las Cortes Federales no podrán serlo al mismo tiempo de los Tribunales de Provincia, ni del Servicio
Federal, tanto en lo civil como en lo militar, da residencia en la Provincia en que se ejerza y que no sea la del
domicilio habitual del empleado, entendiéndose esto para los efectos de optar a empleos en la Provincia en que
accidentalmente se encuentre.»
«Las denominaciones adoptadas sucesivamente desde 1810 hasta el presente, a saber: PROVINCIAS UNIDAS DEL
RIO DE LA PLATA; REPUBLICA ARGENTINA; CONFEDERACION ARGENTINA; serán en adelante nombres oficiales
indistintamente para la designación del Gobierno y territorio de las Provincias, empleándose las palabras: NACION
ARGENTINA, en la formación y sanción de las leyes.»
11. Al artículo treinta y cuatro, ésta:
Suprimir «por la Capital seis» y poner «por la Provincia de Buenos Aires doce».
12. Al artículo treinta y seis, ésta:
Agregar al final «y ser natural de la Provincia que lo elija, o con dos años de residencia inmediata en ella».
13. Al artículo cuarenta y uno, ésta:
Sustituirlo así «Sólo ella ejerce el derecho de acusar ante el Senado, al Presidente, Vicepresidente, sus Ministros y a
los miembros de la Corte Suprema y demás Tribunales inferiores de la Nación, en las causas de responsabilidad
que se intenten contra ellos por el mal desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones, o por crímenes
comunes; después de haber conocido de ellos y declarado haber lugar a la formación de causa por mayoría de las
dos terceras partes de sus miembros presentes”.
14. Al artículo cuarenta y tres, ésta:
Agregar al final «y ser natural de la Provincia que lo elija, o con dos años de residencia inmediata en ella».
15. Al artículo cincuenta y uno, ésta:
Suprimirlo totalmente.
16. Al artículo sesenta y cuatro, ésta:
Reemplazar el inciso 1° en estos términos:
«Legislar sobre las Aduanas exteriores y restablecer los derechos de importación, los cuales, así como las
avaluaciones sobre que recaigan, serán uniformes en toda la Nación; bien entendido, que ésta, así como las demás
contribuciones nacionales, podrán ser satisfechas en la moneda que fuese corriente en las Provincias respectivas,
por su justo equivalente. Establecer igualmente los derechos de exportación hasta 1866, en cuya fecha cesarán
como impuesto Nacional, no pudiendo serlo provincial».
Al inciso 9°, agregarle al final: «sin que puedan suprimirse las Aduanas exteriores que existan en cada provincia al
tiempo de su incorporación».
Al inciso 11, agregarle: «sin que tales códigos alteren las jurisdicciones locales, correspondiendo su aplicación a los
tribunales federales o provinciales, según que las cosas o las personas cayeren bajo sus respectivas jurisdicciones»,
y después de la palabra «ciudadanía» agregar «con sujeción al principio de la ciudadanía natural, así como etc.,
etc.».
Al inciso 28 suprimirle «examinar las Constituciones Provinciales y reprobarías si no estuviesen conformes con los
principios y disposiciones de esta Constitución» y la partícula y.
17. Al artículo ochenta y tres, ésta:
Suprimir el inciso 20, y poner en reemplazo del inciso 23, lo siguiente: «El Presidente tendrá facultad para llenar las
vacantes de los empleos que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de
nombramientos en comisión, que expirarán al fin de la próxima Legislatura».
18. Al artículo ochenta y seis, ésta:
Suprimirle «sin previo mandato o consentimiento del Presidente de la Confederación».
19. Al artículo noventa y uno, ésta:
Sustituirlo por lo siguiente: «El Poder Judicial de la Nación será ejercido por una Corte Suprema de Justicia y por los
demás Tribunales Inferiores, que el Congreso estableciere en el territorio de la Nación”.
20. Al artículo noventa y siete, ésta:
Suprimirle de los conflictos «entre los diferentes poderes públicos de una misma Provincia, de los recursos de
fuerza», y reemplazar la parte final del artículo, desde donde dice: «entre una Provincia y sus propios vecinos, y
entre una Provincia y un Estado o ciudadano extranjero», por esto, «y entre una Provincia o sus vecinos contra un
Estado o ciudadano extranjero», y agregar además: «con la reserva hecha en el inciso 11 del artículo 64», después
de la frase «que versen sobre puntos regidos por la Constitución».
21. Al artículo ciento uno, ésta:
Agregarle al final «y el que expresamente se hayan reservado por pactos especiales al tiempo de su
incorporación».
2. Al artículo ciento tres, ésta:
Suprimir «y antes de ponerla en ejercicio la remite al Congreso para su examen
Sala de sesiones de la Convención Nacional «ad hoc» en Santa Fe a 23 de septiembre de 1860.

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