Apunte TS 2025
Apunte TS 2025
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Universidad Nacional de Córdoba
Facultad de Ciencias Sociales
Carrera de Trabajo Social
Equipo docente:
Prof. Titular: Rossana Crosetto
Prof. Asistentes: Susana Andrada, Natalia González, Javier Sueldo, Silvia Drovetta, Luana Massei
del Papa.
PROGRAMA TEÓRICO-PRÁCTICO
PRESENTACIÓN
Introducción al Trabajo Social está ubicada curricularmente en el primer cuatrimestre del primer
año de la Carrera, con un régimen de dictado bimensual y una carga horaria de 50 horas.
FUNDAMENTACIÓN
El proceso de ingreso e inserción comienza con el Ciclo Introductorio al Estudio de las Ciencias
Sociales pero no termina en esta asignatura sino que abarca al menos el trayecto académico del
primer año.
Habitar la universidad pública, la FCS y dentro de ella la Carrera de Trabajo Social es un derecho
de ciudadanía, en el cual se va aprendiendo el oficio de ser estudiante universitarie que implica
asumir una posición activa y participativa en el proceso institucional y académico de enseñanza-
aprendizaje, en el cual les docentes intentamos ser guía, soporte, “puente” entre los contenidos
de la asignatura y los procesos institucionales.
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En la asignatura nos proponemos brindar contenidos y herramientas que permitan una
aproximación al Trabajo Social como profesión inscripta en el campo de las Ciencias Sociales y
vinculada al abordaje de lo social.
OBJETIVOS
CONTENIDOS
Acción social: práctica social y práctica profesional. Las profesiones: el Trabajo Social. Trabajo
Social y los problemas sociales, su construcción científica como objeto de conocimiento y objeto
de intervención. Necesidades Sociales: su construcción. Dimensiones y características.
BIBLIOGRAFÍA
Drovetta Silvia, González Natalia (2024). Trabajo Social en las Ciencias Sociales en Dossier de
Cátedra Introducción a la Licenciatura en Trabajo Social. FCS-UNC
Crosetto Rossana, Sueldo Javier (2024). Trabajo Social y sociedad en Dossier de Cátedra
Introducción a la Licenciatura en Trabajo Social. FCS-UNC
Soto Pimentel, Verónica y Fajardo Carrillo, Jessica (2024). “Un día sin comedores, merenderos y
ollas comunitarias” en Sección Papeles de Coyuntura, FLACSO. Disponible en:
https://politicaspublicas.flacso.org.ar/archivos/13412
Massei del Papa, Luana (2024). Herramientas de estudio
Sociales Pares FCS-UNC (2023). Técnicas de estudio.
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UNIDAD 2- Trabajo Social y Enfoque de Derechos
BIBLIOGRAFÍA
Andrada Susana, Massei del Papa Luana (2024). Intervención profesional en Trabajo Social y
Derechos. Dossier de Cátedra Introducción a la Licenciatura en Trabajo Social. FCS-UNC
González Natalia, Sueldo Javier (2024). La intervención del Trabajo Social en el ejercicio de
derechos de ciudadanía en Dossier de Cátedra Introducción a la Licenciatura en Trabajo Social.
FCS-UNC
Goldar, María Rosa (2021). “La intervención profesional del Trabajo Social, en contexto de
ofensiva neoliberal y conservadora en las políticas públicas. Paradojas, tensiones y disputas para
una profesión enmarcada ética y políticamente en el ejercicio de derechos”. Ponencia presentada
en las IV Jornadas de Sociología en la UNCUYO.
Ley Federal de Trabajo Social 27072/14. Disponible en
https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-27072-239854/texto
MATERIAL AUDIOVISUAL
Video animado: “Eso que llaman amor es trabajo no pago”. ECOFEMINITA. 2018.
https://www.youtube.com/watch?v=vXWtw-FRAOk
Recursos de interés
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METODOLOGÍA
En la instancia teórica, se abordan los contenidos y la bibliografía del programa, las relaciones
entre los temas para comprender la integralidad de la asignatura y sus vinculaciones con la
dimensión de la práctica.
El aula virtual es también un espacio de intercambio que contempla horas semanales de estudio
y producción académica.
1
Carlino, Paula (2005): Escribir, leer y aprender en la universidad. Una introducción a la alfabetización
académica. Ed. Fondo de Cultura Económica. Bs.As., Argentina
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PROMOCIONAL
● Promoción indirecta: aprobar la instancia evaluativa (1) con nota de 7 (siete), sin
recuperatorio. Para aprobar la asignatura al finalizar el cursado, debe rendir COLOQUIO, en la
fecha establecida institucionalmente, de lo contrario pierde la condición y pasa a ser estudiante
regular.
● Promoción directa: aprobar la instancia evaluativa (1) con nota 8 (ocho) o más, sin
recuperatorio. No rinde coloquio, se coloca la nota obtenida en Guaraní.
Cualquiera sea la nota obtenida en esta instancia por acceder a recuperatorio queda en condición
de regular.
La regularidad tiene vigencia por 3 (tres) años lectivos. Finalizado el cursado la asignatura se debe
rendir en mesas de exámenes establecidas institucionalmente.
LIBRE: es quien no cumple con los requisitos de evaluación señalados anteriormente por no
haber aprobado alguna instancia evaluativa o no haberse presentado a la/s misma/s.
Les estudiantes en condición de libre deben tener actuación académica para poder rendir la
asignatura ante un tribunal docente, en los turnos de exámenes establecidos para toda la carrera,
con el programa de la asignatura vigente al momento del mismo.
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Introducción al Trabajo Social
Dossier de Cátedra
Ciclo lectivo 2025
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ÍNDICE
Trabajo Social en las Ciencias Sociales …………………………………………….……….… 10
Acción Social ……………………………………………………………………………………………………..…….... 11
Prácticas Sociales………………………………………………………………………………………………………..14
Prácticas Sociales no profesionalizadas……………………..….……………………………………………….. 15
Prácticas Sociales Profesionales ………………………………………………………………….………….….…..16
Las profesiones: Trabajo Social….……………………………………………………………………….…. 17
Trabajo Social y problemas sociales ……………………………………………………………. 21
Los problemas sociales ………………………………………………………….………………..………………. 22
Los problemas sociales: su construcción científica ………..………….………….………….. 23
Los problemas sociales y las políticas públicas …………………………………..………….……24
Herramientas para el análisis de problemas sociales particulares …………………………….…… 25
Necesidades Sociales ………………………………………………………….……………………..…..…..28
Trabajo Social y Enfoque Derechos. Intervención profesional ………...........…. 33
Sujetos, espacios y estrategias de intervención en Trabajo Social……………..……………………36
Derechos Humanos y Trabajo Social ….…………………………..….………………….…… 40
La intervención del Trabajo Social en el ejercicio de derechos de ciudadanía42
Ciudadanía y pobreza …………………………………………………………………………………..………… 45
La medición de la pobreza ……………………………………….…………………………………………...…….. 49
Bibliografía de referencia ……………………………….………………….………………………………….. 54
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Trabajo Social en las Ciencias Sociales
Introducción
En el presente capítulo, iremos reconstruyendo juntes algunos elementos introductorios sobre
la profesión de Trabajo Social en el marco de las Ciencias Sociales, con el fin de acercar
información que permita orientar e ilustrar tu decisión vocacional y brindarte las primeras
herramientas desde donde comenzar a transitar el primer año de la Carrera.
Empezar a leer la realidad profesional desde el concepto de espacio social 3, nos permitirá
reconocer a la acción social como respuesta a los problemas sociales y a la práctica profesional
como una práctica con fundamentos, diferente a otras prácticas sociales, incorporando en ella la
importancia del contexto social, económico, político y cultural como parte constitutiva en la
determinación de la profesión y no sólo como marco de la misma.
Durante este curso, podrás ir adquiriendo herramientas teóricas y metodológicas que te servirán
para el primer año de la carrera, y también, para el resto de tu trayectoria académica. Por eso,
te proponemos que al finalizar el cursado, vuelvas a leer estos primeros párrafos y compares lo
que entendiste de ellos en la primera lectura y lo que entiendes luego del recorrido en el ingreso.
Pero… ¿Cuáles son tus sueños, motivaciones y expectativas en torno a esta carrera? ¿Qué te
movilizó para estar hoy aquí?
Enormes preguntas, que será importante que te hagas y aproveches el espacio compartido con
tus compañeres para intercambiar puntos de vista.
Los diferentes conocimientos, ideas y experiencias personales y compartidas, que hemos ido
aprendiendo y desarrollando en otros espacios y lugares como la escuela, la familia, el barrio o
la comunidad, como así también en partidos políticos, iglesias, organizaciones comunitarias,
sociales y de derechos humanos, están presentes- de alguna manera- en nuestros intereses.
Es desde esos espacios o lugares donde empezamos a movilizarnos frente a valores como la
justicia, la igualdad, la libertad; valores que tienen que ver con los derechos de todes. Desde aquí,
vamos descubriendo nuestras capacidades creativas, artísticas, expresivas que es importante
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Revisión del texto original “Trabajo Social y Sociedad” 2020, Compiladora: Crosetto Rossana, Autoras/es: Rossana Crosetto,
Sueldo Javier, Gonzalez Natalia y López Eliana.
3 Fundamentalmente, el concepto de espacio social permite ubicar a la profesión como resultante del interjuego entre los
elementos internos y externos al campo profesional. Eje central de la propuesta pedagógica de la asignatura Fundamentos y
Constitución Histórica del TS, en el 1º nivel de la Carrera.
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seguir desarrollando, al igual que la obstinación en creer que el cambio es posible.
Las diferencias y semejanzas en las historias, la procedencia social y geográfica, el sexo, la edad,
las ideologías de cada une de nosotres, vuelve más complejos los modos de mirar, tomar posición
y comprender lo social. Con esto estamos afirmando que existen distintas visiones sobre lo social,
sobre la realidad o acerca de un problema social y que esas diferencias están vinculadas con las
distintas posiciones que como sujetos tenemos con relación al problema y que ocupamos en el
espacio social.
Es así que la multiplicidad expresada en lo que cada une trae, hace que las miradas y expectativas
sobre “qué es el Trabajo Social” sean amplias, complejas y variadas. Este es nuestro inicio, tu
punto de llegada a la formación universitaria y nuestro punto de partida hacia la profesión del
Trabajo Social.
Acción Social
A lo largo de la historia del Trabajo Social se fueron elaborando definiciones que expresan lo que
la profesión es o intenta ser. Algunas preguntas como: “¿qué es hoy el Trabajo Social? ¿Cómo
inciden las transformaciones sociales, políticas y económicas en el hacer profesional?” están
presentes en las discusiones teóricas y en las prácticas de les profesionales en la actualidad.
El Trabajo Social como profesión debe analizarse en relación a los modos particulares en que las
sociedades se organizan para dar respuesta a los problemas sociales, que son manifestaciones
de las contradicciones del sistema capitalista. Así, “las formas de la acción social han variado en
cada momento histórico, de acuerdo a las instituciones en las que se ejercía la profesión, a la
definición de los sujetos sociales a los que se dirigía su práctica profesional y a las concepciones
teórico-ideológicas en las que se fundaban los cuerpos teóricos de la misma” (Peralta, 2020, p.
3).
Existen diferentes miradas en torno a la acción social, concepto que ha despertado a lo largo de
la historia de la humanidad preocupación e interés por poder entender, dar cuenta, explicar,
aquellos hechos, acontecimientos, fenómenos que suceden en lo cotidiano, en la vida en
sociedad. Muchas veces leemos en diarios, revistas, escuchamos en nuestro barrio o vemos en
la televisión diferentes “problemas” que suceden en nuestra ciudad, nuestra provincia, nuestra
comunidad y que ponen en relieve este interés por conocer, comprender y explicar las diferentes
situaciones que acontecen a nuestro alrededor.
Cada une de nosotres tiene distintas formas de vida, distintas condiciones y modos de comer,
vestirse, tener o no hijes, trabajar, estudiar; según seamos jóvenes o adultes, vivamos en la
ciudad o el campo, etc. Es desde este lugar y de acuerdo a nuestro sistema de valores (religiosos,
políticos, ideológicos; que configuran nuestro pensamiento y creencias), a las experiencias
previas y el modo en que nos relacionamos con otres, que miramos y tratamos de opinar,
“explicar” la realidad y por ende, los problemas.
Estas situaciones nos hablan de la diversidad de formas o maneras en que se vive, piensa y actúa
en la realidad social, en la medida que “cada une ve la realidad según cómo está ubicado en ella”.
El concepto de acción remite “a hacer algo”, a “operar, actuar, mover”; este “algo” se hace en
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sociedad no como una respuesta mecánica, sino que entraña un proceso mental activo y creativo
diferente.
Podemos también, en principio, acordar que se genera acción social a partir del reconocimiento
de la existencia de problemas sociales; pero los problemas sociales existen en sociedades
concretas y cada sociedad tiene una manera de organizarse, producir los bienes y servicios que
sus miembros necesitan, distribuirlos, tomar decisiones, etc.
Entendemos, junto al sociólogo alemán Weber (1972) que la acción social es “toda actividad
consciente, organizada y dirigida, ya sea individual o colectiva que, de modo expreso, tiene por
finalidad actuar sobre el medio social, para mantener una situación, mejorarla o transformarla”
(p. s/d).
Es decir, hablamos de que la acción social es organizada por sujetos sociales en base a intereses,
valores y preferencias que inciden sobre las representaciones y decisiones sobre la acción a
realizar. Dicha acción, está orientada por fines u objetivos que se buscan alcanzar dentro del
margen de posibilidades dadas por la situación particular o contexto en donde se desarrolla la
misma. Pero, para alcanzar los objetivos o fines propuestos por medio de la acción social, les
sujetos requieren de medios (recursos-herramientas).
Los componentes básicos a tener en cuenta para la lectura y análisis de la acción social son:
A- Sujetos Sociales (definidos también como actores, agentes) poseen su punto de vista en torno
a los fines que se proponen y los medios disponibles para la consecución de los mismos. Esto
supone cierta racionalidad ya que estos actores cuentan con identidad, motivaciones y
preferencias que se expresa en lo priorizado y definido como necesario a satisfacer y a los modos
que utilizan o valoran para llevarlos a cabo. Hace referencia a los elementos subjetivos de la
acción social (imágenes internas-representaciones, intereses, valoraciones sobre lo deseable y lo
posible).
Estamos reconociendo, de una u otra manera, actores sociales con capacidad real y potencial de
introducir cambios en el mundo social, donde su acción posee poder o capacidad para
transformar situaciones. Esta condición es la que lo define como actor o agente.
-Individuales: personas particulares, con atributos o distinciones (dadas por género, edad,
nacionalidad, domicilio, entre otras), capacidades e intereses particulares, una historia propia
que necesariamente hace referencia a un grupo, sector, clase del que forma parte.
-Colectivos: grupos, organizaciones, sectores sociales, entre otros, que poseen diferencias y
semejanzas en sus características distintivas (por ejemplo: edad, género, ubicación geográfica,
situación con respecto a la tenencia de la tierra y vivienda, etc.), comparten historias, objetivos,
motivaciones e intereses comunes por los cuales se agrupan con el fin de encontrar una
respuesta común a una situación o problema.
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Diferentes autores denominan a las condiciones concretas de vida: estructura, sistema, contexto,
situación.
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situaciones o elementos refieren por ejemplo a: hábitat: comunidad donde reside, servicios con
los que cuenta, vivienda, condiciones sanitarias; inserción laboral: posición que ocupa en el
mercado de trabajo, condiciones de trabajo, ocupación, características de la tarea que realiza,
calificación, ingresos; salud: alimentación, enfermedades, acceso a la información y servicios de
salud; educación: escolaridad alcanzada, acceso a estudios superiores, formación en oficios;
organización: existencia de formas organizativas para dar respuesta a los problemas; políticas
públicas existentes y los recursos disponibles para el acceso a programas sociales y resolver sus
problemas o necesidades, sólo por citar algunos. Es decir, les actores o sujetos sociales
desarrollan su vida en un tiempo y espacio, en determinadas situaciones o condiciones que
posibilitan o restringen el accionar cotidiano de su existencia.
Estas condiciones concretas desde las cuales les actores sociales desarrollan su existencia
permiten relacionar las posibilidades de hoy con las posibilidades concretas que tuvo en el ayer
y comprender las motivaciones, los medios que utiliza, los fines propuestos para modificar,
transformar o mantener una situación dada y es fundamentalmente a partir de ellas desde donde
les sujetos le otorgan sentido (finalidades) a la acción social. Estos sentidos o intencionalidades
definen el límite entre la “conducta natural” y la “acción humana”, entre lo automático y lo
reflexivo.
En nuestro país, al igual que en el resto de Latinoamérica, los recursos se distribuyen de manera
desigual dentro de la lógica del sistema capitalista. Este es un problema central -en las relaciones
Estado y Sociedad Civil -que está presente en cada acción desarrollada, implicando posibilidades
o desventajas en torno a la puesta en práctica de los derechos sociales. El acceso a la vivienda, al
trabajo, a la salud, a la educación, entre otros, refiere al acceso a recursos que significan
posibilidades o limitaciones para el desarrollo de una vida desde el buen vivir y bienestar. Las
posibilidades se potencian en el marco de la organización y participación de les sujetos colectivos
en vistas al reclamo, a la demanda, a las reivindicaciones sociales y políticas, es decir, al
reconocimiento y ejercicio de los derechos de ciudadanía; en tanto las limitaciones se presentan
cuando las mismas no pueden ser resueltas y entonces se convierten en obstáculo o problemas
sociales, que en la vida cotidiana de les sujetos son vivenciadas como problemas o necesidades,
como veremos más adelante.
C-La relación entre actores y condiciones de vida en el análisis de la acción social (Costa, 1997).
Las representaciones (imagen interna que le sujeto tiene acerca de la acción y las condiciones de
vida desde donde desarrolla su existencia) se articulan y refuerzan mutuamente, están presentes
en la acción social. Con esto queremos decir que la relación entre unos y otras no es en términos
de antes y después sino que, desde sus condiciones de vida, como sujetos vamos conformando
el horizonte de posibilidades, valorando determinados medios y desechando otros, en un
escenario complejo que condiciona esas posibilidades.
Volviendo a la acción social, es necesario aclarar que Weber desarrolla su pensamiento buscando
comprender la acción humana siendo clave el concepto de acción social en su teoría. Este autor
crea diferentes tipos ideales de acción social (racional con arreglo a fines, racional con arreglo a
valores, acción afectiva y acción tradicional), los cuales son sólo modelos teóricos que no
aparecen puros en la realidad social. El tipo de acción social que hemos estado abordando es la
orientada hacia fines, y en ella debemos reconocer: actor social –individual o colectivo- que
vivencia sus motivos, elige los fines, anticipa las respuestas, selecciona los medios -dentro del
marco de restricciones en el que vive- lo cual estaría haciendo referencia a la conciencia del actor.
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¨Esta conciencia remite a la acción social como acción deliberada, realizada de manera expresa”
(Alayón, 1985, p. s/d).
“Una acción orientada hacia fines”5, supone que les actores antes de comenzar la acción cuentan
con un fin y con los medios que emplearán para conseguirlo (lo que no significa que estos medios
sean los mejores y que el resultado alcanzado sea óptimo).
Como actor va aprendiendo, a partir del ensayo y el error, modos, asociaciones que resultan
exitosas para la satisfacción de necesidades y otras que son desventajosas. Este aprendizaje lo
aparta del azar a medida que va incorporando formas organizadas de llevar a cabo sus
respuestas. Asimismo, les actores poseen valores, afectos, tradiciones, que están presentes en
las elecciones de los medios que consideran como válidos y apropiados para la consecución de
sus fines.
Las sociedades van construyendo modos diferentes de abordar y resolver viejos y nuevos
problemas sociales y promueven el desarrollo de la ciencia, la tecnología, las profesiones y de las
diversas instancias sociales, políticas, culturales (parlamentos, sindicatos, partidos, escuelas,
hospitales, organizaciones de la sociedad, etc.) involucradas en el desenvolvimiento de lo social.
Es decir, las diferentes formas de resolver los problemas se encauzan a través de formas de acción
social, que involucran a diferentes sujetos que tienen distintos modos de mirar, comprender,
explicar e intervenir en los mismos.
Estos diferentes “modos de hacer” son en general prácticas sociales. En ellas podemos distinguir:
las prácticas sociales profesionalizadas y no profesionalizadas.
Prácticas Sociales
Prácticas Sociales no profesionalizadas
Existen distintos tipos de conocimiento sobre la realidad social, entre los que podemos
mencionar al sentido común, al saber popular, ancestral y al conocimiento científico.
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“La acción social se toma objeto de estudio de la sociología siempre y cuando esté orientada subjetivamente por
la referencia a otro u otros. Esta acción puede ser racional con arreglo a fines (ante una pluralidad de medios y fines
el individuo opta por los medios en función de su eficacia, racional con arreglo a valores (los fines están prefijados y
los medios son los más aptos para su consecución), afectiva (los medios y fines están determinados por factores
emocionales) y tradicional (cuando hábitos y costumbres son los mentores de fines y medios). Weber introduce el
concepto de relación social, en el cual se establece el punto de nexo entre la acción social individual y los grupos e
instituciones sociales...” Max Weber “Ensayos sobre metodología sociológica”. Amorrortu Editores. Buenos Aires,
1972.
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basan en el sentido común, entendiendo al mismo como un conjunto de saberes, cotidianos, populares
y/o ancestrales que se articulan de diversas maneras para dar respuestas a problemas y a necesidades.
Caracterizando este tipo de conocimiento, podemos decir que el sentido común tiene
fundamentalmente un carácter práctico. Es práctico porque nos es útil para poder interactuar
socialmente en los distintos espacios que cotidianamente transitamos y porque no se interroga
por los fundamentos de las prácticas sociales cotidianas; esto es, no se pregunta todo el tiempo
por qué hacemos o actuamos de esta manera y no de otra. En este sentido, difiere
sustantivamente del conocimiento de lo social del que aspiran las Ciencias Sociales y entre ellas,
el Trabajo Social, como veremos en el próximo título.
El sentido común tiende a la naturalización del mundo social y a presentar la realidad social como
algo dado. Es decir, no se pregunta si las cosas –relaciones sociales- pueden ser de otra manera.
Al tener un carácter práctico, toma los objetos de la vida social como “lo real”, como el modo
natural de ser de las mismas; cuando en realidad son formas históricas que los sujetos, a través
de sus acciones, podrían modificar.
Pensemos por ejemplo el lugar de la mujer en la vida pública. Durante mucho tiempo se
construyó una imagen social de la mujer como no apta para las actividades públicas. El trabajo
remunerado y la política, para poner dos ejemplos, eran considerados ámbitos que
“naturalmente” correspondían a los varones. Las tareas domésticas y el cuidado de la familia era
el espacio al que las mujeres, por su condición “natural”, estaban asignadas. Esa división sexual
del trabajo y de los espacios sociales no era cuestionada. Hoy sabemos que ambas situaciones
no son “naturales”, sino expresión de determinadas formas de dominación sexual, asociadas a
formas sociales de producción que requerían las distinciones de sexo antes mencionadas.
Los que realizan una determinada práctica social, por ejemplo, alguien que realiza un apoyo en
una parroquia o en una comunidad como voluntarie o militante de un partido político, ecológico
o feminista, no requiere dar cuenta de un lenguaje científico, de conocimientos teóricos, ni
metodológicos específicos para ejecutar una acción; sólo le basta tener interés buena voluntad y
los saberes en relación a la posición de su partido político o la doctrina de la iglesia, frente a un
tema o problema. Es decir, necesita saber y conocer sobre aspectos relacionados con la doctrina
de la iglesia o de la política para realizar su intervención; más los intereses y motivaciones
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personales para hacerlo.
Ahora bien, dentro de las fuentes de conocimiento y vinculado al sentido común también
encontramos los saberes populares o ancestrales; es decir a un conjunto de saberes que se
articulan de diversas maneras para dar respuestas a problemas y a necesidades, de pensar y
resolver la vida que diferentes comunidades a lo largo de la historia han realizado, muchos de
ellos invisibilizados por otros tipos de conocimientos que se auto-adjudican como verdades
absolutas y se imponen desconociendo y deslegitimando diversas fuentes de conocimientos que
forman parte de las historias colectivas de nuestros pueblos y territorios.
Es un tipo de conocimiento que exige una actitud de ruptura a las explicaciones que damos
cotidianamente a los problemas sociales. Es decir, no se detiene en los fenómenos reales y
concretos tal cual se presentan sino que intenta ir más allá de ellos.
Así, un primer paso en el conocimiento de lo social que construyen las Ciencias Sociales, es
preguntarnos por las interpretaciones dominantes presentes en los discursos oficiales y en el
sentido común, para poder abordar los problemas sociales como objeto de conocimiento: esto
es, desnaturalizar los problemas sociales buscando identificar causas, relaciones, la construcción
histórica-social de los mismos.
Las Ciencias Sociales son parte del conocimiento científico, en tanto conjunto de conocimientos
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logrados a través de un distanciamiento de las expresiones hegemónicas, se basan en
determinados procedimientos y un sistema interpretativo -teoría social- que les confiere
legibilidad. Así, y respecto de este último punto, debe entenderse que las Ciencias Sociales no
son un mero agregado de datos producidos sobre la realidad social, sino que desde los
procedimientos del método científico vinculan un conjunto de datos de manera coherente a
marcos teóricos que permiten una posible interpretación de la realidad social.
Las primeras profesiones –y sus profesionales- surgen para dar respuestas “especializadas” a
determinados problemas que derivan de los cambios del modo de organización de la sociedad;
con el pasaje a la sociedad industrial y moderna. Por ello, podemos decir que las profesiones son
una “creación de las sociedades modernas''.
Existen diversas perspectivas teóricas que han abordado a lo largo de la historia el concepto de
profesiones, entre las que podemos mencionar la teoría crítica, funcionalista, estructuralista y el
interaccionismo simbólico. Asimismo, distintos autores clásicos como Marx, Weber y Durkheim
han debatido y aportado a la construcción de esta categoría; teorías más recientes como la Teoría
de Campos (Bourdieu) y la Tecnología del Poder (Foucault) también simbolizaron importantes
contribuciones para enriquecer y pensar a las profesiones.
Desde esos debates entendemos por profesión a las ocupaciones de tipo no manual que exigen
una prolongada preparación y una competencia en un campo específico; la competencia queda
sancionada por un título y es considerada como exclusiva del cuerpo profesional (Subiratsen
Estruch y Guell, 1976).
Diverses autores consultados (Gómez Campo y Tenti Fanfani, 1995; Rubi y Tenti Fanfani, 1991)
sostienen que una profesión debe reunir los siguientes elementos para ser considerada como tal:
Constituir una respuesta cualificada (diferenciada) a las demandas sociales, lo cual se logra sólo
si la práctica profesional está fundada en un cuerpo teórico-metodológico que la diferencie de
otras profesiones y de otras prácticas sociales preocupadas por lo social -no profesionales-.
Estas categorías generales del concepto de profesión nos permiten acercarnos a partir de una
actitud exploratoria, investigativa e interrogativa en el camino de la construcción de
conocimiento a la realidad profesional de Trabajo Social.
El Trabajo Social nace, se institucionaliza y desarrolla como una profesión. En sus orígenes
comienza a constituirse recuperando elementos de otras prácticas no profesionales, a través de
las cuales se interviene en las necesidades para cumplir con las prescripciones de una doctrina
(ya sea esta moral, ideológica u otra). Esto es, las prácticas sociales no profesionales son prácticas
“previas y autónomas” a la práctica social profesional y coexisten con el desarrollo mismo de la
profesión.
En el caso particular de Trabajo Social su surgimiento y desarrollo nos ubica en la primera mitad
de siglo XX; está directamente vinculado al surgimiento y desarrollo del Estado de Bienestar en
nuestros países latinoamericanos y se instituye como profesión que interviene en los procesos
sociales, que vinculan las necesidades de los sujetos con los objetos de satisfacción (en su
mayoría políticas públicas estatales), en contextos socio-históricos particulares y concretos. Al
decir de Fredianelli y otras (2018):
El espacio ocupacional de Trabajo Social en torno a las necesidades sociales confiere utilidad
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social a la práctica social profesional. Tal como lo expresa Netto (1992): “en el surgimiento
profesional del Servicio Social no es éste el que se constituye para crear un cierto espacio en la
red socio-ocupacional, sino que es la existencia de este espacio lo que lleva a la constitución
profesional” (pg. s/d).
Estes autores coinciden en sus reflexiones en la medida que sostienen que es el establecimiento
de las condiciones histórico-sociales que demandan este agente profesional, configuradas en el
surgimiento del mercado de trabajo; lo que da surgimiento, desarrollo y consolidación al Trabajo
Social.
Para Leandri (1999), las nuevas teorías aportan una mirada especialmente en las funciones
ocultas de las profesiones, entendiendo a las profesiones como formas históricas posibles de
control institucionalizado de una ocupación. En las sociedades diferenciadas, la aparición de
ocupaciones especializadas crea relaciones de dependencia, distancia social y económica, de este
modo aparecen en la historia formas de control institucionalizado7.
La profesión de Trabajo Social, por lo que venimos señalando, es una construcción histórico-
6
“La educación formal superior sería un requisito para la obtención de autonomía y autocontrol, pero el
conocimiento en sí mismo no otorgaría ningún poder especial sino que este puede alcanzarse cuando el
conocimiento se torna exclusivo, habilitando para el ejercicio de una práctica, delimitando jurisdicciones
profesionales garantizadas por el Estado. Esta delimitación se establece como resultado de un conjunto de
relaciones de carácter político que pueden mantener, mejorar o desplazar la posición de la profesión en el
mercado.” Schapira, V. Marta, ob.cit.
7
Tres formas de control institucionalizado de resolver la tensión producto de la estructura de incertidumbre
(profesional/cliente). proponen los autores: a) control colegiado, que produce necesidades al consumidor y le
propone formas de satisfacción; b) patronazgo oligárquico y corporativo, cuando un sector social o empresarial
dominante impone condiciones a grupos ocupacionales que brindan servicios donde también deben
considerarse las posibilidades de control comunitario; y c) mediación del Estado en la relación consumidores-
productores.
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social, que se constituye en respuesta a una demanda social; esto es, se estructura en un proceso
a través del cual se delimita el ámbito de relaciones sociales, donde se hace necesario
determinado tipo de intervención. Este ámbito de relaciones está constituido por Sujetos
Sociales, que tienen un lugar que define su participación en el problema social que origina la
demanda de una práctica profesional (García Salord, 1991).
En tanto práctica social, la profesión (Aquín y Acevedo, 2008) está estructurada por una situación
macroestructurante, es decir, está situada en un tiempo socio histórico y en un espacio concreto
determinado, pero es al mismo tiempo resultante de la acción de sus agentes profesionales, les
trabajadores sociales. Esto significa que la profesión es una actividad socialmente determinada,
pero también es una estrategia que produce les profesionales. Esto equivale a afirmar que
“nuestra práctica profesional concreta es expresión y resultado tanto de las estructuras en que se
inscribe como de la acción consciente de sus agentes” (Aquín y Acevedo, et. al), de allí la
importancia e interconexión con el contexto social, económico, político y cultural como parte
constitutiva en la determinación de la profesión y no sólo como marco de la misma.
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Trabajo Social y problemas sociales
Introducción
Nos aproximamos al concepto de acción social, como modo de dar respuesta a los problemas
sociales y esos modos de hacer los vinculamos a las categorías de prácticas sociales y dentro de
ellas, incluimos las prácticas profesionales.
En el caso particular de la profesión del Trabajo Social su surgimiento y desarrollo nos ubica en
la primera mitad del siglo XX, directamente vinculado al surgimiento y desarrollo del Estado de
Bienestar en nuestros países latinoamericanos. En este sentido, Trabajo Social como práctica
social profesional, como construcción social de carácter socio-histórico y situada, se inserta y se
va resignificando de maneras particulares de acuerdo a los procesos sociales, políticos, culturales,
económicos que acontecen en determinados momentos históricos a nivel local, regional o
nacional e internacional.
Las formas de mirar, entender e intervenir en los problemas sociales varían de acuerdo al modelo
de estado, de desarrollo vigente y a las corrientes teóricas e ideológicas que predominan en cada
momento histórico. Así, el contexto socio-histórico es constitutivo de la profesión de Trabajo
Social, en tanto práctica inserta en una red de relaciones sociales tejidas en torno a los problemas
sociales, que se van resignificando en distintos períodos históricos.
En este apartado vamos a centrarnos en la relación Trabajo Social y problemas sociales. Qué
entendemos por ello, cómo se construyen, por qué forman parte del objeto de conocimiento y
de intervención en Trabajo Social. Estas son algunas preguntas que intentaremos empezar a
responder desde las Ciencias Sociales en general y desde el Trabajo Social, en particular.
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La compilación del material teórico de la unidad, expresamente construido para estudiantes, es una versión
revisada y ampliada de Crosetto, Rossana, et. al (2022): “Trabajo Social y Sociedad- Introducción a la Carrera
de Licenciatura en Trabajo Social”. Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba.
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carrera universitaria. También hay hechos y fenómenos de la vida social que cotidianamente
vivimos o escuchamos por los medios de comunicación o las redes que llamamos problemas que
nos atraviesan y nos movilizan, preocupan, sobre los que opinamos y tomamos una posición a
partir de lo que creemos, sentimos, hacemos, como por ejemplo: violencia de género, femicidios,
desnutrición infantil, embarazo adolescente, contaminación ambiental, el aumento de la
pobreza, la desocupación, el cierre de fábricas, el deterioro de los salarios, aumento del dólar y
la tasa de interés, etc.
Este interés por los hechos y fenómenos de la vida social que cotidianamente vivimos, ha llevado
a las Ciencias Sociales en general y al Trabajo Social en particular, a elaborar múltiples conceptos
y definiciones en torno a los problemas sociales, que constituyen herramientas para su estudio y
explicación.
Trabajo Social como profesión, desde sus orígenes se relacionó directamente con un tipo
particular de problemas: los problemas sociales. Por ello en las explicaciones que se construyen
sobre esta profesión -tanto desde el sentido común como desde una perspectiva científica- se
recurre a este concepto. Esta cualidad de “social” le da particularidades a la idea simple de
problema, como desarrollaremos a continuación.
Existen distintas visiones sobre un problema social y modos de actuar frente al mismo. Trabajo
Social tiene una mirada particular sobre los problemas sociales, pero no es la única. Esas
diferencias sobre las miradas están vinculadas con las posiciones o lugares que los sujetos tienen
en relación al problema, ya que los modos en que se presentan los problemas como los modos
de dar respuesta a los mismos no son estáticos, sino que varían socio-históricamente.
22
Los problemas sociales: su construcción científica
Los problemas sociales se constituyen en ejes centrales de la profesión de Trabajo Social desde
dos planos:
Entonces surgen preguntas como ¿por qué hablar de construcción? ¿Quiénes, dónde y cuándo
se construyen los problemas?
Estela Grassi, trabajadora social y antropóloga argentina, considera que para constituir un
problema que llega al Trabajo Social en objeto de la práctica profesional es necesario formularse
preguntas, interpelarlo, buscar y construir definiciones, identificar les sujetos, sus argumentos y
relaciones, buscar las relaciones entre los fenómenos, a partir de los cuales un acontecimiento
deviene en problema y demanda su resolución o intervención (Grassi, 1996). Esto significa, como
ya hemos visto, que el conocimiento científico de la realidad es algo que se conquista, que
requiere trabajo, preguntas y repreguntas, idas y vueltas, el objeto científico, concebido como
sistema de relaciones expresamente construido (Gutiérrez, 1998).
23
Ahora bien ¿cómo se llega en cierto momento de la historia y en una sociedad en particular a
afirmar que una situación o fenómeno dado es un problema social?
Podemos decir que cada sociedad va construyendo valores y criterios con respecto a “lo
necesario” y lo va plasmando en normas, reglas y leyes que expresan lo que una sociedad
considera justo para la ciudadanía en un momento dado de su desarrollo, por lo tanto, no es lo
mismo en todas las sociedades ni en los distintos momentos históricos.
Estas normas, leyes son expresión del surgimiento, desarrollo y contradicciones de cada modo
de organización y cuando una situación comienza a ser un “problema” pasa a ocupar un lugar
como asunto público, a ser debatido y a ser objeto de políticas públicas.
Los problemas sociales se construyen como objeto de intervención para el Trabajo Social, dado
que desde sus orígenes la profesión se relaciona directamente con este tipo particular de
problemas. Este aspecto es central para entender por qué y desde qué lugar Trabajo Social se
ocupa de los problemas sociales. La preocupación por la intervención se vincula al conjunto de
acciones tendientes a modificar o transformar los obstáculos que ciertos grupos sociales tienen
para resolver las dificultades de su vida cotidiana, vulnerando sus derechos de ciudadanía.
La Política Social configura el espacio político donde se define la direccionalidad final que tendrá
la distribución de los recursos sociales, para satisfacer un determinado perfil de necesidades
humanas (Bustelo, S/D). Son el conjunto de dispositivos, mecanismos que el Estado desarrolla
para atender/resolver las demandas (a veces contradictorias) ya sea abarcando al conjunto de la
ciudadanía o de modo más particular, dirigido a determinados sectores como, por ejemplo, los
más pobres.
El proceso por el cual se llega a acuerdos o consensos sociales sobre qué es un problema social,
no es proceso automático ni gradual, etapista, natural como tampoco lo es la asunción de
respuestas por parte del Estado. Por el contrario, es producto de luchas, tensiones y conflictos
entre grupos sociales que tienen intereses diversos y muchas veces contrapuestos.
Como ninguna sociedad posee la capacidad ni los recursos para atender toda la lista de
necesidades/problemas, sólo algunos serán problematizadas y legitimadas, reconocidos por la
sociedad como cuestiones importantes a resolver. De esta forma, el Estado capitalista como
arena de negociación, concertación, confrontación, construye los problemas sociales
incorporándolos en la agenda pública.
La agenda pública es entendida como el temario de una sociedad, que refiere a los problemas
que preocupan a esa sociedad, en un momento específico y son reconocidas por el colectivo de
actores sociales como cuestiones importantes a resolver; temario que depende de la correlación
de fuerzas sociales entre las clases y grupos de una sociedad en un momento, el temario público
24
es un indicador de que ciertos sectores han podido construir una determinada hegemonía.
(Barberena; 2000:1)
Para analizar problemas sociales particulares, nuevamente remarcar que debemos ubicarlos
como nuestro objeto de estudio; esto implica plantearnos un problema y responder a la
inquietud de conocer más de lo que ya conocemos.
Una vez identificada una problemática particular en un momento dado (adicciones, desempleo,
represión, contaminación, etc.) se necesita precisar sobre qué dimensiones o categorías mirar,
indagar, buscar información. ¿Qué cuestiones debemos tener en cuenta para mirar, indagar y
pensar la realidad social en tanto generadora de problemas sociales? Algunos de los conceptos
mediadores orientadores 9 en esta búsqueda y que utilizamos en Trabajo Social son:
La importancia de estudiar los acontecimientos es que ellos, por adquirir un sentido especial para
los sujetos, se constituyen en objeto de opinión, valoración, etc. y por lo tanto revelan la
percepción y el sentido que los distintos actores tienen sobre el acontecimiento.
9
Se siguen los lineamientos de Souza, Herbert J. - ¿Cómo hacer un análisis de coyuntura? Cuadernos de Educación
Popular- CEDEPO Nro 2.
25
Escenario: (¿DÓNDE?: tiempo y lugar). Las acciones de la trama social y política se desenvuelven
en determinados espacios que podemos considerar como escenarios particulares o generales.
Cada escenario presenta particularidades que influyen en el desarrollo que puedan tener los
acontecimientos y dan cuenta de las relaciones (de lucha, de negociación...) que los distintos
grupos sociales establecen en torno al mismo. Por ejemplo, los cortes de ruta de los campesinos
son un escenario y pueden implicar distintos compromisos de resolución de la problemática. Es
diferente si los funcionarios públicos se trasladan al lugar en que los cortes se realizan a que si el
planteo del problema se efectúa en el despacho de los funcionarios por dos o tres representantes
de la misma comunidad.
El escenario: un barrio, una ciudad, una provincia, el país, remite a un tiempo histórico y a un
espacio o lugar, que se presenta como un espacio de lucha, de disputa en pos de la atención y
resolución de la problemática (acontecimiento).
Son actores en la medida que participan de alguna manera significativa en relación con el
problema, que tienen posibilidad de organización, de expresión, de movilización y representan
una idea, un proyecto, una reivindicación, un reclamo, de un grupo o sector social. A su vez, les
distintes actores entienden los problemas de diferente manera, de acuerdo a cómo viven,
sienten, interpretan, actúan y se ubican frente al mismo.
De esta manera, resulta importante entender qué piensa, hace, siente cada actor con relación al
problema. Por ejemplo, frente a la pobreza o el trabajo infantil no es lo mismo lo que piensa y
hacen las familias pobres y sus miembros (adultes, jóvenes, niñes) que el Estado o la Iglesia.
Tampoco es lo mismo lo que opinan, sienten y viven las mujeres pobres cuando deben decidir si
tener o no hijes, que el Estado o la Iglesia, sólo por citar algunos ejemplos.
Relaciones de fuerza: (¿PARA QUÉ). Les distintes actores interactúan, están en movimiento y
establecen relaciones unes con otres en el escenario, de acuerdo a sus intereses particulares.
Esta categoría es fundamental porque permite analizar los problemas sociales poniendo en
movimiento a les actores en el escenario, identificar posibles alianzas entre algunes actores para
enfrentar o presionar a otres, etc.
Los elementos descritos: acontecimientos, escenario, actores y relaciones de fuerza que los
mismos establecen, no se dan en el vacío, sino que se ubican en una estructura económico- social,
o sea, en un modo de organización de la sociedad, donde las relaciones sociales, económicas y
políticas entre sectores sociales son el resultado de un proceso histórico que no puede explicarse
26
con datos del momento, sino que es necesario “...desentrañar en el pasado, las determinaciones
históricas, sociales, económicas y políticas que le dieron origen...” (Fredianelli, 2001).
27
Estas opciones deben estar rigurosamente argumentadas desde el punto de vista teórico y
sostenidas por valores que dan direccionalidad a nuestro actuar, ya que comprometen
condiciones materiales y no materiales de vida de la población con la que trabajamos. Refiere
necesariamente a concepciones teóricas mucho más amplias relativas a cómo concebimos lo
social, los sujetos, los problemas, etc.
En síntesis, este conjunto de categorías son orientadores para realizar un análisis en torno a un
problema o escenario particular, que incorpore tanto la dimensión estructural como histórica de
la misma y se constituyen en fundamento de toda estrategia de intervención profesional. Esto
por cuanto el contexto social, económico, político y cultural es constitutivo de nuestra profesión,
en tanto es una práctica inserta en una red de relaciones sociales tejidas en torno a los problemas
sociales. Por otro lado, es necesario remarcar que la lectura y comprensión del contexto no se
realiza en etapas estáticas y desde una mirada unívoca, de explicación causal (a tal causa, tal
efecto), sino que- en el marco de la complejidad de la realidad social- debemos conocer y buscar
reconocer en los acontecimientos las dimensiones descriptas, a través del surgimiento y
desarrollo de los mismos en la dinámica social, la incorporación o salida de actores del escenario
y la modificación o no de opiniones y acciones que éstos asumen en torno al problema. En este
sentido, los modos particulares que asuman las distintas situaciones problemáticas, los sujetos,
las interacciones y los modos de resolución de los problemas sociales expresan “la cuestión
social”, tal como es entendida en cada momento histórico (Palma, 1995).
Necesidades Sociales
En las sociedades capitalistas el modo de organización social, política y económica presenta
contradicciones que se expresan como problemas sociales y repercuten en la vida de les sujetos
de maneras diferentes según su posición de clase social, género, edad, raza, entre otras.
En Trabajo Social esos obstáculos que se les presentan a les sujetes, derivados de las relaciones
de desigualdad nos acercan al concepto de necesidad.
Comprender y entender este concepto desde un lugar científico ha sido de mucha utilidad para
la intervención profesional; no obstante, conceptualizar y describir necesidades es una tarea
particularmente problemática y que ustedes tendrán la oportunidad de ir profundizando a lo
largo de la carrera.
En principio, cabe preguntarnos ¿qué son las necesidades? ¿Quiénes y cómo las expresan?
¿Cómo se resuelven las necesidades? anticipando que no existen respuestas acabadas ni
unívocas, sino diferentes perspectivas.
Agnes Heller (1978) autora marxista que desde la filosofía, la sociología y la política, desarrolló
una extensa obra cuyo eje es el tema de las necesidades, plantea que el concepto de necesidad
es intrínsecamente humano, por ende, las necesidades no son aisladas de los sujetos que las
portan.
La misma autora entiende a las necesidades como individuales y colectivas, pero también como
carencia y potencialidades humanas y colectivas.
28
Necesidades individuales son aquellas que cada une tiene y necesidades colectivas hacen
referencia a aquellas que son percibidas como comunes por un grupo de sujetos: organizaciones,
familias, comunidades y que las motivan a darles satisfacción.
Entendemos a las necesidades como una tensión entre carencia y potencia (Max Neff y otres,
1982). Esto es, un individuo o grupos de individuos no sólo expresan la necesidad como la “falta
de algo”, “lo que no se tiene” (“carencia - ausencia”) sino también pueden expresar alternativas
que constituyen una potencialidad a la hora de buscarle solución o satisfacción a una necesidad.
Es potencialidad en tanto moviliza a las personas o a los grupos a satisfacerlas. Siguiendo con el
ejemplo anterior, la necesidad de agua potable en un barrio es una carencia que trae grandes
complicaciones individuales y también como colectivo, pero esta situación es, a su vez, lo que
lleva a muchas familias, grupos, comunidades a organizarse y demandar una respuesta o su
satisfacción.
Este enfoque de necesidades ubica a quien las porta en una posición activa, de sujeto; superando
la concepción y la mirada sobre ciertos sujetos basada en sus carencias, en lo que les falta, sin
reconocer sus potencialidades ni sus recursos. Esto es así, en tanto cada sujeto apela
cotidianamente a lo que tiene para resolver sus necesidades y, por ende, cuenta con recursos y
posibilidades de acción para actuar en la resolución de las mismas. Esto nos hace hablar de un
tipo de recursos distintos, no convencionales. Las capacidades de estos sujetos de movilizarse,
peticionar, solidarizarse, expresarse, etc., son recursos que no se gastan con su uso, sino que se
potencian, que se perfeccionan, que se multiplican (Peralta, 2006).
La necesidad es social, en tanto es producida socialmente. Tanto las necesidades como los
objetos de satisfacción quedan determinados por la sociedad, por el grado de desarrollo técnico
y cultural que ha alcanzado una sociedad. El objeto que motiva la acción para la resolución es un
producto social que puede ser una mercancía, un modo de vida, otros hombres, etc.; por lo tanto,
cuando hablamos de necesidades, hablamos de pasiones, de aptitudes y de capacidades que
tienen como sentido el apoderarse del objeto.
29
particularmente la vida de las mujeres porque la sociedad les asigna la realización de las
tareas domésticas.
● Conocemos de las necesidades de mujeres árabes, quienes no pueden salir a trabajar o
estudiar y deben tener su cuerpo totalmente cubierto; a ellas se les presentan
necesidades muy diferentes como por ejemplo, las mujeres chilenas, quienes pueden
vestirse "libremente”, además de estudiar y trabajar.
● También podríamos mencionar las necesidades de la infancia en el norte de Jujuy, en
torno a mejorar el acceso a la escuela, como diferentes a las necesidades de quienes viven
en Chubut vinculadas por ejemplo al abrigo, más allá de todos los puntos de encuentro
sobre necesidades comunes dadas por pertenecer a una misma clase social, tener una
misma edad o el género.
Si las necesidades surgen en relación con otres, también se satisfacen en esa relación. Ante la
respuesta de las necesidades, se presenta un punto de tensión o lucha por la imposición y/o
reconocimiento de las mismas para su satisfacción.
Las necesidades materiales, refieren a un objeto real y concreto: alimentación, vestido, vivienda,
etc. En tanto las necesidades no materiales o simbólicas, remiten a valores, disposiciones de
sentimiento, conocimientos o saberes, habilidades, etc., es decir, están relacionadas con lo
afectivo, la participación social y política, la libre expresión, el respeto.
Es el Estado quien tiene las posibilidades de dar respuestas con los recursos con los que cuenta
y no sólo porque tiene posibilidades sino, también, responsabilidades. A manera de ejemplos
podemos citar: ante el creciente problema social de violencia familiar, que en realidad afecta
fundamentalmente a mujeres y niñes, el Estado a través de los organismos de gobierno, debe
implementar programas de prevención y asistencia a las personas que están ante este problema;
es decir, desarrollar una política que de respuesta a este problema social.
Existen numerosos problemas que ayudan a comprender lo expuesto. Pensar, por ejemplo, en el
embarazo adolescente, les niñes trabajadores, el fracaso y deserción escolar, desnutrición
infantil, la falta de saneamiento ambiental en algunos barrios de las grandes ciudades, sólo son
algunos ejemplos.
Por otro lado, nos preguntamos: ¿cómo se expresan las necesidades y quiénes lo hacen?
En una primera aproximación, señalamos que les sujetos expresan sus necesidades desde la
demanda y desde la reivindicación.
30
La demanda puede ser individual o colectiva. Es el pedido como una expresión o manifestación
del reconocimiento de una necesidad que lleva a explicitar un requerimiento determinado.
Otro aspecto a tener en cuenta cuando reflexionamos sobre las necesidades y modos de
resolverlas es que las necesidades fueron conformadas en cada espacio de convivencia e
interacción de los individuos, que los proveen de una determinada identidad; es decir, varían de
acuerdo al espacio social en que se presentan. En tal sentido no es lo mismo una necesidad y su
abordaje en el espacio familiar que en el barrio o comunidad, en una institución o en un grupo
determinado.
Así, por ejemplo, en los grupos familiares la conformación de necesidades es variable y responde
a cuestiones relacionadas con la definición de necesidades de cada une de sus miembros. No
todos en el grupo familiar tienen las mismas necesidades. Estas varían según la edad: si se es
niñe, adolescente, adulte; el género: varón, mujer u otra identidad sexual; la ocupación: si
trabaja, estudia; la adaptación a las coyunturas económicas sociales, como así también la propia
historia del grupo doméstico atravesado por un marco propio de creencias y valores, en tanto
proceso temporal de acumulación/pérdida de recursos necesarios para las actividades ligadas al
mantenimiento de sus integrantes.
Señalamos que las necesidades y los modos de resolverlas varían, si se presentan en familias
urbanas o en familias rurales, por ejemplo; si estas familias están compuestas solamente por una
mujer jefa de hogar o si están compuestas por la pareja e hijes. Tampoco son las mismas las
necesidades que presenta un grupo de jóvenes aborígenes del Chaco a un grupo de jóvenes que
viven en una villa, más allá de los puntos que tienen en común.
Como vemos, son diferentes les sujetos que presentan esas necesidades como también lo es el
contexto social, político, económico y cotidiano de un país o localidad en la que se producen, y
las diferencias dadas según la clase social de la que son parte. Por lo tanto, las respuestas tienen
que incluir la complejidad y diversidad de miradas, es decir, de modos de conocer y explicar lo
que sucede para poder intervenir en un determinado problema social.
Esta mirada implica una lectura y conocimiento tanto teórico como empírico. Es por ello que,
desde la profesión, se han ido construyendo prácticas (modos de intervenir) específicas y
diferentes.
Lo específico está dado, no sólo por los espacios sociales en que se producen las necesidades-
familiares, institucionales, comunitarios, grupales- y por los sujetos –mujeres, infancias,
juventudes, adultes, ancianes- sino también por el tipo de problema social que se aborda.
Es así que los problemas sociales tales como violencia, adicciones, VIH- Sida, conflicto con la ley,
erradicaciones de viviendas, problemas alimentarios, entre otros, requieren y demandan de
prácticas profesionales especializadas. Esto significa que los profesionales cuentan con una teoría
y metodología particular (diagnóstico, objetivos, procedimientos, técnicas, etc.), que los
especializa en el tema, pero también en cada espacio social en que se presentan necesidades
31
requiere y demanda un determinado tipo de intervención que incorpora las particularidades del
mismo.
Desde la profesión, a largo de su historia, se han ido construyendo distintos tipos de intervención,
es decir, diferentes estrategias y modos de hacer, de acuerdo a cómo y dónde se presentan los
obstáculos en el desarrollo de la vida cotidiana de los individuos en tanto miembros de una
familia, una comunidad, una organización, un sector específico. Asimismo, es importante
considerar que distintes sujetos significan sus prácticas y entienden sus necesidades de distinta
manera. Se incorporan así las diferencias de clase, de género, generacionales, de las minorías,
etc. En la profesión de Trabajo Social, las preguntas ligadas a cómo cada sujeto vive, siente,
interpreta, actúa, sufre, goza, frente a las necesidades, ocupan un lugar central.
Las necesidades, cuando no pueden ser resueltas por les sujetes y se convierten en un obstáculo
o dificultad llegan a Trabajo Social a través de demandas (pedido, solicitud) que éstes realizan -
individual o colectivamente- a los servicios sociales o instituciones públicas o privadas donde
trabajamos. Ejemplos de ello puede ser el no acceso a un tratamiento de salud, desnutrición
infantil, embarazo no deseado, deserción escolar o repitencia, falta de agua potable, de
recolección de residuos, de vivienda, entre otros.
Por otra parte, algunas necesidades que se les presentan a les sujetes no son vividas como tales,
porque forman parte de su vida cotidiana, están naturalizadas y, por ende, al no vivirlas como
problema tampoco se presentan como pedido de intervención a la profesión. Ejemplos de ello
pueden ser la falta de espacios barriales para la recreación infanto-juveniles, la identidad, la
participación, entre otras necesidades.
De esta manera, podemos decir que el Trabajo Social orienta su intervención (acción profesional)
hacia la atención de necesidades sociales, materiales y no materiales, que se constituyen en
dificultades en la vida cotidiana de diferentes sujetos, sean estos personas, familias, grupos,
instituciones y comunidades, impidiéndoles el real ejercicio de sus derechos.
32
Trabajo Social y Enfoque Derechos
Intervención profesional
Susana Andrada- Luana Massei del Papa 10
En la primera parte avanzamos sobre las nociones de acción social y dentro de éstas, distinguimos
las prácticas sociales profesionales y no profesionales. A continuación abordaremos algunas
aproximaciones introductorias acerca de la intervención profesional del Trabajo Social.
De lo expuesto hasta acá afirmamos que Trabajo Social es una profesión que interviene en el
campo de los problemas sociales que se estructuran en el proceso de desarrollo del modo de
producción capitalista, generador de las múltiples contradicciones, en distintos contextos socio-
históricos y políticos particulares y concretos. Esto es, en tanto práctica profesional, interviene
en los procesos que vinculan las necesidades sociales de los sujetos, grupos o sectores que
presentan obstáculos para su propia reproducción, con los objetos o satisfactores de las mismas.
La intervención profesional ha sido abordada por numeroses autores/as de Trabajo Social desde
diversas perspectivas teóricas. Recuperando algunos elementos que están presentes cuando se
habla de intervención del Trabajo Social, podemos precisar:
● Un campo, espacios o contextos sociales.
● Actores sociales y relaciones sociales que se tejen en torno a procesos de reproducción
material y social de sectores subalternos en sociedades desiguales.
● Las posiciones de la profesión en ese espacio social/contexto que ponen especial
atención en determinados sujetos, con problemas o necesidades, que demandan la
intervención para su resolución.
Siguiendo a Margarita Rozas Pagaza (2021) reconocida trabajadora social argentina, autora de
numerosos textos, podemos plantear que toda intervención tiene una matriz teórica que la
sustenta y un instrumental metodológico que le permite recrear dichos conceptos en la realidad
social, lo que significa que la intervención profesional del Trabajo Social supone un proceso
teórico-práctico.
Teórico porque la intervención se fundamenta en un conjunto de conceptos que orientan el
quehacer profesional, por cuanto no intervenimos espontáneamente ni tampoco desde nuestro
10
La revisión del material de esta unidad es una versión revisada y ampliada de Crosetto, Rossana, et. al (2022):
“Trabajo Social y Sociedad- Introducción a la Carrera de Licenciatura en Trabajo Social”. Córdoba: Universidad
Nacional de Córdoba.
33
sentido común, sino que estamos orientados, contamos con un basamento teórico, con un
conjunto de conocimientos que operan como un paraguas en el accionar profesional. La realidad
y sus expresiones no hablan por sí misma, accedemos a ella a través de las lentes de la teoría y
sus mediaciones, articulaciones entre teoría y empiria.
Práctico en razón que la intervención supone necesariamente el “hacer”, la acción, “porque el
trabajador social no sólo piensa, sino también actúa; por ello, pensar y actuar son dos aspectos
fundamentales de toda intervención llamada profesional” (Rozas Pagaza, 2021).
La autora nos habla además de un instrumental metodológico de la intervención que refiere
conjunto de técnicas, procedimientos, instrumentos que ordenan y dan sentido a la intervención,
pero entendiendo este proceso fundamentalmente como una estrategia flexible que articula la
acción específica de les trabajadores sociales con el contexto específico de intervención. La
metodología nos va señalando qué y cómo hacer en la realidad concreta, con la orientación de
nuestro marco teórico.
Si decimos que teoría, práctica y metodología constituyen así los componentes fundamentales
de toda intervención profesional entonces, siguiendo a la mencionada autora, debemos advertir
que la misma no puede reducirse solamente a un conjunto de actividades o acciones que se
estructuran para dar respuesta a las demandas de les sujetos con los que trabajamos ni que
intervención sea igual a poner en práctica o a instrumentalizar un conjunto de técnicas aplicables
a la solución de cada demanda y que dicha solución que será eficaz en la medida que se
perfeccionen dichas técnicas de intervención. Con esto queremos señalar que, si sólo
disponemos del dominio de algunas técnicas o herramientas, éstas no serán suficientes al
momento de la intervención profesional.
Por otro lado, no podemos equiparar ni reducir la intervención profesional a un conjunto de
acciones desde las cuales se generan los procesos revolucionarios, para lo cual no es necesario
ni la teoría ni la técnica, solamente se debe afianzar el compromiso con los sectores populares.
Así como no es posible restringir la intervención a un conjunto de acciones que tienen un sentido
de “ayuda” a los sufrimientos sociales que padecen les sujetos.
Reconocemos que la intervención profesional se desarrolla en la compleja trama de las relaciones
sociales, conectada a las determinaciones económicas, históricas, políticas, culturales y sociales,
a la dinámica de las políticas sociales, al papel del Estado, a las instituciones y a los sujetos socio-
históricos a quienes va dirigida.
En el espacio profesional, le trabajadore social no actúa en soledad. Interactúa con una diversidad
de sujetos: la institución que los contrata, les sujetos que demandan, otres profesionales,
organizaciones comunitarias, etc. Asimismo, el contexto socio-histórico atraviesa y condiciona
cotidianamente el ejercicio profesional, afectando sus condiciones de trabajo, las posibilidades y
límites de su intervención, así como también las condiciones de vida de la población que
demanda de los servicios sociales.
Consideramos que la reconstrucción teórica de la acción profesional, de les actores que
intervienen y de las problemáticas sociales definidas en los diferentes momentos históricos,
permiten reconocer la identidad profesional como proceso histórico en formación, en tanto toda
intervención se construye y resignifica históricamente, se fundamenta en un conjunto de
conceptos teóricos -sustento conceptual- y representaciones que guían el accionar sobre ciertas
34
problemáticas desde la racionalidad científica, pero también se conjugan con otros aspectos
(sociales, culturales, históricos, políticos) y en los propios sujetos.
A nivel disciplinario hay consensos teóricos que acuerdan que en la complejidad del escenario en
que actualmente se desarrolla la intervención profesional, es necesario desarrollar tres
competencias o dimensiones: I) teórico - metodológica, II) técnico - operativa y III) ético – política.
35
Retomando autoras significativas de TS, interesa resaltar que:
La intervención no es el mero hacer, no es considerada una actividad o varias actividades (visión
instrumentalista), sino que es necesario en cada situación construir una matriz de análisis e
interpretación (donde se juegan los conocimientos teóricos), que nos permita comprender - con
la mayor profundidad posible- la complejidad social que estamos abordando, puesto que según
como interpretemos el problema, los caminos de intervención y por ende, las estrategias serán
diferentes.
Es necesario desarrollar la capacidad de pregunta permanentemente, para que nos permita
orientar la búsqueda hacia la explicación de los fenómenos y las posibilidades y límites de la
intervención.
A modo de ejemplo: cuando nombramos chicos de la calle, o chicos en la calle o chicos que
trabajan… Cada una de estas nominaciones están designando diferentes interpretaciones y están
remitiendo a estrategias o modos de acción/intervención diferentes.
Desde esta perspectiva teórica, definimos el Trabajo Social en términos de INTERVENCIÓN
FUNDADA, como práctica específica que al intervenir en ciertos objetos, lo hace desde la
racionalidad científica. Insistimos que el Trabajo Social constituye su especificidad en las
mediaciones de un modo particular de “ver”, que tiene como resultado un “hacer” particular.
Con insistencia afirmamos que no hay intervención profesional sin interpretación social, sin una
concepción teórica que la sustente.
Hasta aquí hemos hecho una introducción al Trabajo Social, como práctica e intervención
profesional pero, seguramente, ustedes se preguntarán ¿qué hacemos los/as trabajadores/as
sociales?, ¿cómo lo hacemos?, ¿con quiénes trabajamos? y… tal vez… tendrán muchas más
preguntas que aspiramos empezar a compartir a lo largo del cursado.
36
Venimos hablando de sujetos sociales y de las relaciones que establecen entre elles, lo que nos
lleva a reflexionar en torno a ¿con quién/es trabajamos? Nos referimos a les sujetos que expresan
la necesidad o problema social y, según sean elles, el accionar profesional se desarrolla con
individuos, grupos o instancias sociales.
La intervención no se orienta a un único sujeto, ya que las necesidades y problemas sociales
resultan construcciones socio-históricas y en la actualidad se expresan en diferentes sujetos
(varones, mujeres, niños/as, adolescentes/jóvenes, adultos, ancianos) pertenecientes a distintos
sectores sociales (pobres estructurales, clase media empobrecida, etc.), y en una multiplicidad
de espacios (individuales o personalizados, familiares, comunidades, grupales, organizaciones
campesinas, sindicales, territoriales, institucionales). Estos últimos constituyen los modos o
formas de trabajar las necesidades y/o problemas sociales y definen los diferentes abordajes de
intervención profesional.
El Trabajo Social no modifica necesidades, ni crea satisfactores, sino que media entre éstos. Tal
como expresa la autora Nora Aquín (1996), “intervenimos en los procesos a través de los cuales
los sujetos intentan defender, mejorar, o adaptar sus condiciones de vida a través de la demanda
y de la búsqueda de satisfactores”. Esto es porque como profesionales no contamos con los
recursos para la satisfacción de las necesidades demandadas, pero sí con competencias,
habilidades y sustentos teóricos, para poder mediar en la relación necesidad-recurso.
El para qué de la intervención alude a los objetivos y fines de la intervención, que deben ser
analizados en dos niveles: por un lado, los objetivos generales o los fines que le dan una
direccionalidad general a la intervención, de acuerdo a la perspectiva teórica desde la que se
posiciona el profesional; y por el otro lo que corresponde a la construcción de objetivos
específicos en relación a la estrategia profesional más inmediata.
Para graficar, y siguiendo con las necesidades mencionadas, ante la falta de agua potable, de
recolección de residuos, de vivienda y muchas otras, podemos “promover procesos de
participación comunitaria que permitan gestionar recursos y administrar los existentes”,
“favorecer el desarrollo de articulaciones con otras instituciones de la localidad”. En el caso de
niños/as: “propiciar la participación, organización y expresión infantil” o bien, “favorecer la
atención sanitaria y el cuidado de la salud de niños de 0 a 6 años”, entre otros posibles objetivos
de intervención. Como se advierte, en su intervención, el Trabajo Social promueve la
organización de los sujetos (personas y grupos) para el reconocimiento de sus dificultades, de los
recursos y de sus potencialidades, como sujeto de derechos. Orienta en la búsqueda, diseño y
consecución de alternativas de solución.
Respecto al cómo, hacemos referencia al proceso metodológico en el que están contenidos un
conjunto de instrumentos, técnicas y herramientas necesarios para actuar sobre las necesidades
y problemas. Los procedimientos metodológicos se derivan, están orientados por la perspectiva
teórica que fundamenta la intervención. En este sentido, la pregunta que orienta la intervención
es ¿cómo voy a lograr los objetivos planteados? ¿Qué acciones o actividades me permiten su
logro? Así, en las situaciones ejemplificadas anteriormente, podemos desarrollar espacios de
encuentro o reuniones grupales entre niños/as para desarrollar actividades de dibujos, juegos,
lectura, o reacondicionar una plaza abandonada y en desuso, o abordar determinadas temáticas
de interés de los/as participantes como por ejemplo: el conocimiento personal, el
reconocimiento de los otros, etc. En el caso de bienes y servicios colectivos, como el agua, la
vivienda, el asfalto podemos realizar reuniones con vecinos para definir necesidades y
37
prioridades, gestionar recursos o elevar notas a las autoridades a fin de obtener respuestas, entre
otras acciones.
38
escolares, por mencionar algunos espacios. Esto va perfilando un grado de especialización al
interior de la categoría profesional.
En el área de salud, les trabajadores sociales se pueden desempeñar en el Ministerio de Salud,
en hospitales, dispensarios o a través de la promoción comunitaria en una organización barrial,
etc. En educación, su desarrollo profesional puede darse en educación formal en las escuelas,
gabinetes o dictando algunas materias en escuelas secundarias, en terciarios o en la universidad;
también en educación no formal, por ejemplo, en educación para adultos, experiencias de apoyo
escolar, en educación para el trabajo, para la salud, para la vida, etc.
Otras áreas, que son espacios históricos de intervención profesional, son el área de vivienda o de
hábitat en secretarías o direcciones de oficinas públicas que atienden desde las políticas públicas
estas necesidades. Un espacio no menor ha sido el de la justicia: en tribunales de familias, en las
cárceles etc.; es así que nos encontramos con profesionales trabajando desde distintos ámbitos
estatales: nacional, provincial, municipal y en diferentes áreas.
Como se mencionara, también su desempeño laboral puede desarrollarse en el sector no
gubernamental, ámbito que se caracteriza por su pertenencia al conjunto de organizaciones de
la sociedad civil. Estas son “organizaciones de bien público que trascienden con su organización
a los miembros que la conforman y que se orientan, genéricamente, a contribuir al desarrollo
social, a la consolidación de organizaciones populares y redes sociales y a la lucha contra la
pobreza (en áreas como hábitat, salud, educación, igualdad de género, derechos de minorías,
etc.). Encontramos ejemplos de ello en: asociaciones, mutuales, gremios, organizaciones no
gubernamentales, organizaciones de pobladores unidos por una problemática, campesinos,
niños, adolescentes, mujeres, cooperativas de vivienda, trabajo, servicios, etc.
En la última década, con los cambios producidos en el contexto y particularmente con los
servicios públicos, se han ido abriendo o ampliando espacios o áreas en el sector mercantil. Hoy,
encontramos profesionales de Trabajo Social ocupados en fundaciones y empresas, consultoras,
aseguradoras de riesgo de trabajo, en clínicas y sanatorios privados, en clínicas geriátricas, etc.
Existen también diferencias dadas por el tipo de intervención, según la posición que ocupen en
la institución donde trabajan. Así, hay trabajadores/as sociales que están en lugares de decisión,
como direcciones de políticas, dirección de programas de trabajo, direcciones de instituciones no
gubernamentales, mientras que otros trabajan a nivel de la ejecución de programas o proyectos.
En estas definiciones en torno a las prácticas y los espacios de intervención de la profesión de
Trabajo Social, se ponen en juego lo propio y específico de la intervención en los problemas
sociales y las diferencias con otras prácticas sociales, como las religiosas, voluntarias, políticas,
profesionales.
La convivencia de distintas prácticas y tipos de intervenciones provoca disputas de sentido
respecto del modo de abordar los problemas sociales y las necesidades sociales; que tienen que
ver con el modo de conocer lo que sucede en una sociedad y lo que se necesita para mejorar la
calidad de vida de la ciudadanía.
Para comprender la conformación de las prácticas e intervenciones profesionales es necesario
analizar la incidencia de múltiples factores y elementos, como son el contexto general, su relación
con las necesidades y recursos con los que se cuenta, las características de los sujetos que las
portan y las políticas públicas definidas desde el Estado y la sociedad civil como modos de dar
respuestas.
39
Derechos Humanos y Trabajo Social
Natalia Gonzalez - Javier Sueldo11
Muchas veces escuchamos hablar de derechos, en los medios de comunicación, en las charlas
entre vecines, aparecen y se abordan como contenidos en los colegios, entre otros ámbitos.
“¡Tengo derecho!”, se suele decir cada vez que alguien siente o experimenta una injusticia de las
tantas que estructuran el tejido social. Es decir, inicialmente, podemos afirmar que los derechos
constituyen fuerzas contrarias a las desigualdades, que como vimos, son expresiones de
problemas sociales y aparecen en formas de necesidades insatisfechas. Es una categoría a la cual
apelar al momento de peticionar, exigir o ponderar asuntos que hacen a la calidad de vida.
Ahora bien, y avanzando en el desarrollo de esta categoría, ¿de dónde provienen los derechos?
¿Quién o quiénes dicen que son tal cosa? ¿Cuáles son sus características? Veamos. Los derechos
humanos tal cual los conocemos, tienen un puñado de décadas de existencia. Frente a una de las
más trágicas experiencias que ha vivenciado la humanidad, nos referimos a la 2da Guerra
Mundial, acontecimiento que sacudió al mundo a mediados del S. XX dejando al menos 60
millones de fallecidos entre personal militar y civiles, es que las Naciones Unidas (entidad
supranacional creada también en aquel contexto, 1945) sanciona el 10 de diciembre de 1948 (en
su Resolución 217 A n°III) la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La misma fue
elaborada por representantes de todas las regiones del mundo, asentándose en diferentes
antecedentes jurídicos y culturales. Constituye un plafón normativo y político que condensa una
serie de condiciones y valores que toda nación parte de la Naciones Unidas, debe respetar y
proteger. Es decir, los países (Estados-Nación) que integran éste órgano, como lo es el caso de
Argentina y todos los países vecinos de nuestra región, se comprometen en reconocer y hacer lo
que de ellos dependa para asegurar el respeto de aquellos derechos. En nuestro caso, fue en
1994, con una reforma constitucional, que los derechos humanos adquirieron jerarquía
constitucional. La promoción y protección de estos derechos es transversal a todas las políticas
públicas y recoge las principales preocupaciones de la sociedad. Te invitamos a que te acerques
al enlace e indagues dentro de los derechos humanos consagrados, ¿los conocías? 12
Existen profundos debates al interior de las Ciencias Sociales -que exceden las posibilidades de
nuestro Curso de Ingreso- en torno a las dinámicas sociales y políticas que dan origen o inciden
decididamente en la creación de los derechos. Nos interesa resaltar en este punto, que todo
proceso vinculado al reconocimiento de derechos, encuentra en sus génesis diferentes disputas,
procesos de lucha por parte de los sectores populares, sujetos o grupos sociales que vieron
afectada su calidad de vida. Luego ello es recuperado y resignificado por las agendas públicas-
institucionales y se avanza en su reconocimiento formal/legal. En el caso de nuestro país, merece
ser mencionada y ponderada, la incansable tarea en defensa de la vida que vienen llevando
adelante desde inicios de la década del 70 los denominados “organismos de DDHH”, colectivo de
diversos actores dentro de los cuales se destacan las Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza
de Mayo, la Agrupación Hijos, entre tantas otras, siempre en articulación con sectores sindicales
y del campo social y popular. Este colectivo, desplegó y despliega una serie de acciones de
11
Gonzalez,N.; Sueldo,J.: en este eje se retoman fichas elaboradas específicamente por les autores de referencia.
Versión revisada y ampliada, Año 2019, 2021 y 2023.
12
https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights
40
defensa y promoción de los derechos humanos, a partir (pero no solamente) de los delitos de
lesa humanidad llevados adelante por la última dictadura cívico-militar que comenzara en el año
1976. Sus aportes a una sociedad justa y fraterna, sosteniendo las banderas de la memoria,
verdad y justicia, continúan influyendo en nuestra sociedad.
Finalmente y a modo de comenzar con una distinción entre los derechos, existe cierto consenso
en agruparlos en “generaciones” (lo cual remite al surgimiento de cada conjunto de derechos).
Si bien el debate en torno a la “clasificación” de los derechos resulta un asunto en permanente
revisión, podemos encontrar que los derechos de primera generación son aquellos agrupados
como derechos civiles y políticos (se centran en proteger las libertades individuales y garantizan
la capacidad de ciudadanía para participar en la vida civil y política del Estado en condiciones de
igualdad y sin discriminación, a la protección de la vida, integridad física y psíquica, libertad
personal); los derechos de segunda generación son los económicos, sociales y culturales (se
incluyen aquí los derechos a la alimentación, a la vivienda adecuada, a la educación, a la salud, a
la seguridad social, a la participación en la vida cultural, al agua y saneamiento, al trabajo); los
derechos de tercera generación agrupan los que corresponden a grupos de personas o
colectividades que comparten intereses comunes (comunidades específicas). Más
contemporáneos los derechos de cuarta generación, ponen en tensión el acceso igualitario y
justo a las innovaciones tecnológicas y los efectos del fenómeno de la globalización.
41
La intervención del Trabajo Social en el ejercicio de
derechos de ciudadanía
A lo largo del camino transitado, pudimos identificar al Trabajo Social como una práctica
profesional que interviene desde la racionalidad científica, desde una forma particular de “ver”
fundada teórica, ética y políticamente, que tiene como resultado una forma particular de
“hacer”.
Nora Aquín (2016) reflexiona que la profesión es una práctica social que se encuentra
determinada por las condiciones sociales objetivas (tipos de estado, modelo de desarrollo,
visiones del sujeto y de la sociedad) que van marcando su dirección, pero no la limitan por
completo, por el contrario hay una cuota de poder y autonomía (siempre relativa), desde la que
les profesionales construyen su ejercicio a partir de los propios modos de percibir, conocer,
comprender y posicionarse frente a las políticas públicas. Es decir, les profesionales llegan y están
dentro de un contexto que no es creado por elles. El contexto impone límites, pero también
oportunidades que remiten a una difícil relación entre autonomía relativa y heteronomía.
Por otra parte, entendemos a la heteronomía como la asunción de una ley que nos ha sido dada
sin injerencia de nuestra decisión, impuesta por un poder diferente, ajeno, siendo obedientes y
42
dejando librado a mandatos autoritarios los procesos de toma de decisión de la intervención
profesional. (Aquín & otras; S/D).
Así, desde la autonomía relativa les profesionales asumen posiciones que no son únicas, ni
unívocas. Esto es significativamente importante en tiempos de retroceso de la intervención
estatal en los problemas sociales y en la regresividad de derechos donde es preciso tener claridad
sobre las perspectivas de intervención del Trabajo Social, para saber desde dónde nos
posicionamos.
Aquín (2016) expresa que hay dos perspectivas que son alternativas pero no complementarias:
Posicionarnos desde esta última perspectiva, es parte de aceptar el desafío del lugar incómodo
de ser un oficio enmarcado en “la mano izquierda del Estado”, que aborda los problemas y
necesidades sociales que afectan el ejercicio de derechos de ciudadanía. La noción de ciudadanía
se presenta y construye de modo indivisible a la idea de “derechos”.
43
profesionales se configuran en “la mano izquierda del estado” a fin de promover el acceso a
derechos, intentando acercar las brechas cada vez más amplias entre los sectores sociales que
concentran las riquezas que la sociedad toda genera, y los más desfavorecidos, en situación de
pobreza. El Estado posee un papel central en aquella búsqueda de mayor equidad y justicia, y
nuestras prácticas allí se sitúan.
Así repensar la intervención del Trabajo Social con base en derechos nos lleva a recuperar la
fuerza de la Ley Federal de Trabajo Social Nº 27.072, sancionada en diciembre del 2014, la cual
define como fundamento de la profesión la defensa, reivindicación y promoción del ejercicio
efectivo de los Derechos Humanos y Sociales, la construcción de ciudadanía y la democratización
de las relaciones sociales.
Otros marcos legales que resultan necesarios ser conocidos y apropiados, son: las Leyes
Provinciales N° 7341 y 7342 y sus reglamentos (promulgadas en 1985) que reconocen y dan
creación a nuestro Colegio de Profesionales en Servicio Social de la Provincia de Córdoba, quien
tiene por objeto el otorgamiento de la matrícula habilitante para el ejercicio en el territorio de la
Provincia de Córdoba (las matrículas, son de alcance provincial, cada provincia de nuestro país
cuenta con su Colegio o Consejo de Profesionales, quienes además se encuentran nucleados en
la Federación Argentina de Asociaciones Profesionales en Servicio Social).
Recuperamos como herramienta colectiva del Trabajo Social, nuestro “Código de Ética”, que
“constituye un importante punto de apoyo y documento institucional para orientar, defender y
proteger al ejercicio profesional en concordancia con los principios” establecidos.
En este documento se presenta a la ética como “una práctica reflexiva de la libertad. Si no hay
libertad, no hay ética”, con carácter promocional, no-punitivo. En dicho código se establece
dentro de sus principios el “1. Compromiso profesional con los derechos y libertades proclamados
en la Constitución de la Nación Argentina, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos
y Pactos de Derechos Humanos Universales y Regionales de jerarquía constitucional. 2.
44
Reconocimiento de la libertad, la justicia social, la igualdad, la solidaridad y la inclusión social,
como valores éticos – políticos fundamentales de la profesión. 3. Respeto por el ejercicio
responsable de la libertad como expresión del derecho a la autodeterminación de la persona. 4.
Compromiso ineludible con la justicia social y la igualdad promoviendo la universalidad de las
políticas públicas para atender la cuestión social (…)”.
En nuestro país las mayorías que configuran las clases trabajadoras (que viven de la venta de su
fuerza de trabajo) ven disminuidas sus capacidades de compra de bienes y acceso a servicios
esenciales a partir de la escalada inflacionaria y el aumento de los costos de vida; se ven
incrementadas la desocupación y precarización laboral configurando un escenario conflictivo
tanto social como político; se desoyen las demandas sociales y comienza a erigirse como
respuesta a las mismas la represión y la presencia de fuerzas de “seguridad” en las calles.
En este escenario, repensar colectivamente el Trabajo Social nos exige advertir en primera
instancia, el agresivo despliegue de mecanismos que avasallan y buscan socavar las bases de la
ciudadanía, por ello la necesidad de avanzar en lecturas que fundamenten nuestras acciones
sobre la misma. Lo que redundará en la generación de condiciones que amplíen el acceso a
derechos, o al menos intenten impedir el avance de procesos que vulneren los derechos de
ciudadanía.
Por ello, sostenemos “que los procesos en que interviene Trabajo Social pueden facilitar la
efectivización de la ciudadanía” (Aquín, 1998), dado que como profesionales intervenimos en los
problemas sociales que afectan el ejercicio de derechos, y lo hacemos desde políticas sociales
que se constituyen en un tejido reparador y contenedor de los mismos. Hoy, requerimos
acompañar los procesos de luchas sociales en defensa de los derechos conquistados, apostando
a ganar el espacio público entendiendo al mismo como espacio de contienda donde se disputan
las formas de entender e intervenir sobre los problemas, por lo que las/os trabajadoras/es
sociales y ustedes como estudiantes de la profesión, estamos llamados a estar presentes.
Ciudadanía y pobreza
En las sociedades capitalistas, como venimos expresando, el modo de organización social, política
y económica presenta contradicciones que se expresan como problemas sociales.
45
La pobreza situada y relacional es uno de ellos, derivada de la desigualdad estructural y dinámica
de la sociedad, abre un amplio repertorio de desigualdades que definen trayectorias
completamente diferentes para les sujetes: desigualdades de ingresos, geográficas, de género,
generacionales, migratorias, de transporte, educación, salud, prestaciones sociales, que generan
obstáculos en su vida cotidiana en la medida que no se aseguran las condiciones de igualdad para
dar respuestas a los mismos. Esto es, el sistema de poder se articula y co-construye vinculado a
las lógicas de exclusión y pobreza (la raza, la clase social, las sexualidades, entre otros), que se
expresan en los sujetos como dificultades y barreras en el acceso a ciertos bienes, servicios y
prestaciones.
Las expresiones concretas de la falta de acceso a derechos de ciudadanía, pueden asumir formas
diferentes: el impedimento de la participación política-democrática de un determinado sector o
referente político; coberturas de salud inexistentes o deficitarias; educación sin presupuestos
acordes; el no reconocimiento del colectivo de diversidades y disidencias sexuales; por
mencionar algunos ejemplos. No obstante, existe una situación, ciertamente alarmante, que
puede concentrar por sí sola un conjunto de derechos vulnerados: la pobreza.
La pobreza es para el Trabajo Social, tanto un objeto de estudio como de intervención. Hablar de
ella, tematizarla, comprenderla en su compleja trama para su abordaje en miras de su resolución,
implica ciertamente una mirada profunda que supone el reconocimiento de lo que
probablemente sea la mayor deuda de nuestro sistema de organización social, político y
económico. Al mismo tiempo, implica reconocer las discusiones teóricas en torno a la
construcción social de la categoría de pobreza que derivan en ciertas formas de intervención
sobre ésta. Posiblemente la pobreza sea la expresión más cabal del no acceso a los derechos de
ciudadanía. Expresa un problema social que no es solamente abordado desde el Trabajo Social
pero que, en el caso de nuestra profesión, concentra en gran medida las acciones cotidianas que
desarrollamos.
Existen diversos enfoques y miradas sobre la pobreza como categoría. Algunes autores (Lo Vuolo,
Gutiérrez A., Clemente, Scribano, entre otros) coinciden en que la pobreza como tal, se
constituye en una categoría fundamentalmente descriptiva: "pobre es aquel que en comparación
con otros individuos de su sociedad alcanza, de una serie de rasgos tomados como
categorizadores, los más bajos niveles” (Jaume en Gutiérrez, 2007).
46
En este sentido, la pobreza referiría entonces a la escasez, privación o ausencia de algo, en
comparación con ciertos niveles fijados con anterioridad; desde este punto de vista la pobreza
se diferencia de la desigualdad, dado que esta última coloca el foco en los procesos de
distribución de los objetos sociales/riquezas que termina favoreciendo a ciertos grupos más que
a otros; mientras que la noción de pobreza se centra en si un grupo social cuenta con ciertos
bienes valorados socialmente.
Así, para definir quién es pobre y quién no lo es, se determinan ciertas variables a priori de
medición que permiten cuantificar la pobreza, siendo la preocupación la de medir la cantidad de
pobres, a través de instrumentos de medición como la línea de pobreza, línea de indigencia y
necesidades básicas insatisfechas.
Este enfoque de carácter positivista, no toma en consideración las percepciones de los propios
sujetos sobre la pobreza (si se sienten pobres o no, como entienden a la pobreza), adquiriendo
así la pobreza un carácter que pareciera natural y borrando las condiciones socio-históricas de su
reproducción.
La pobreza como problema social, desde esta perspectiva, aparece aislada de los procesos de
distribución de las riquezas y se tiende a concebirla como una condición del sujeto, ocultando las
tramas de relaciones que la generan. Desde esta lógica la intervención estatal apunta a la
denominada política de lucha contra la pobreza, donde no se busca igualar las condiciones de
vida, ni eliminar las diferencias entre ricos y pobres, sino mitigar ciertas manifestaciones
extremas de la pobreza para que el sistema capitalista siga funcionando en dicha estructura
(Giuseppe 2017).
Alicia Gutiérrez (2007), nos invita a profundizar y superar la caracterización de la pobreza desde
su dimensión meramente descriptiva, para reconocerla como categoría relativa y relacional.
Estimar qué se entiende por “calidad de vida”, está íntimamente ligado a su contexto socio-
histórico, “en cada sociedad se marcan pautas mínimas de calidad de vida para sus miembros, y
aquellos que no las pueden obtener o disfrutar son los considerados ´pobres´. Por ello, no es
posible establecer en abstracto, es decir, fuera de determinadas condiciones espacio-
temporales, indicadores por debajo de los cuales situar a los pobres, sino que éstos se establecen
históricamente” (Gutiérrez, 2007).
La pobreza es relacional en cuanto existen otres que no son pobres, es decir, son ricos. De allí,
que podemos decir que quienes atraviesan situaciones de pobreza, lo experimentan a partir de
procesos que no manejan o donde no pueden incidir sustantivamente siendo los mecanismos
macro-económicos de distribución de la riqueza, crecientemente concentrada, los que
constituyen en gran medida, una de las principales razones por las que esta problemática social
acontece.
Como expresa Gutiérrez (2007), si apelamos sólo al carácter descriptivo de la categoría pobreza
podremos describir ciertas condiciones de vida de los grupos definidos como pobres en base a
47
una serie de parámetros y cálculos, pero para avanzar en la explicación de la pobreza debemos
adentrarnos en reconocer las causas de la pobreza, las relaciones estructurales entre ricos y
pobres, las prácticas y estrategias que realizan quienes son considerados pobres para
reproducirse socialmente en tales condiciones de vida.
Las formas de entender y definir la pobreza, atraviesa las intervenciones sobre quienes son
considerados pobres. Adriana Clemente13 (2016) retoma tres corrientes de pensamiento, que
orientan y fundamentan determinados modos de abordaje en torno a la pobreza. Estas
concepciones dominantes y con límites difusos entre sí, son: a) pobreza como externalidad del
modelo de mercado; b) pobreza como amenaza de la convivencia social; y c) pobreza como
vulneración de derechos.
En palabras de María Inés Peralta (2006), “los sectores pobres urbanos -con su particular
(dificultosa e inestable) inserción en el mercado de trabajo, y por lo tanto con obstáculos para la
satisfacción de sus necesidades- hacen uso y son destinatarios de políticas sociales particulares
que los estados y sociedades han concebido a tal fin, que los instala en una tensión central: ser
ciudadanos (por derecho) sin serlo (de hecho), expresándose en ellos y en sus condiciones de
existencia las contradicciones más crudas del sistema.”
Adriana Clemente (2016), trabaja la noción de “intervención situada” para las intervenciones
estatales en torno a la pobreza (en donde fuertemente actúa y se desarrolla el Trabajo Social);
entendiendo a “la pobreza como un fenómeno situado”. Esto es entender que según como se
defina una condición de pobreza al momento de pensar su abordaje supone dos asuntos:
ii) reconocer causas y atributos de orden microsocial que se materializan en los territorios
concretos (barrios, comunidades) que es el modo en que se expresa el problema de la pobreza y
sus formas de reproducción en la vida cotidiana de los sujetos.
“Se trata de reconocer las situaciones en su contexto y así evitar generalizaciones bajo la
suposición de los recursos de la política social (…). La noción de abordaje situacional es un
enfoque orientado a consignar que el diseño de las políticas que esperan transformar situaciones
de pobreza persistente y/o prevenirla deberá atender las particularidades del contexto. Según la
experiencia acumulada con los programas de transferencia de ingresos, hay que relativizar el
impacto de las intervenciones que pretenden tener resultados totalizadores a partir de una única
13
Adriana Clemente. Argentina, Lic. En Trabajo Social-Dra. En Ciencias Sociales. Docente e investigadora de
la Universidad de Buenos Aires.
48
estrategia. Es justamente en la heterogeneidad que se sustenta la necesidad de enfoques que
actúen en las desigualdades y brechas que también se reproducen muy fuertemente a nivel
microsocial” (Clemente, 2016:22).
La medición de la pobreza
Como hemos descrito, a grandes rasgos, existen diversas perspectivas desde las Ciencias Sociales
para entender y abordar la pobreza en nuestro país. Los estudios sobre este problema social
aportan en la búsqueda de comprensión de este fenómeno, en torno a diferentes dimensiones
como las condiciones de vida, las representaciones, las experiencias, las estrategias de los grupos
sociales que se encuentran en esta situación, no gozando de los derechos socialmente
establecidos para vivir en condiciones de bienestar.
En Argentina la preocupación para definir y construir indicadores que permitan medir la pobreza
lleva décadas. Las instituciones oficiales de producción estadísticas, centraron la mirada
principalmente en la medición de la pobreza, en tanto lo cuantificable se convierte en un dato
de relevancia para definir las políticas públicas destinadas a los grupos denominados pobres,
cuestión de central importancia para disputar desde el Trabajo Social modalidades de
intervención dirigidas a la construcción de ciudadanía.
De este modo, podemos establecer que existen dos grandes métodos tradicionales que se han
construido históricamente en Argentina para medir la pobreza: la línea de indigencia/pobreza
(LI-LP) y las necesidades básicas insatisfechas (NBI).
La llamada línea de pobreza (LP), presupone la determinación de una canasta básica de bienes y
servicios, teniendo en cuenta las pautas culturales de consumo de una sociedad en un momento
histórico determinado. Una vez valorada la canasta de bienes y servicios se obtiene dicha línea
de pobreza.
Según este criterio entonces, serían "pobres" aquellos hogares con ingresos inferiores al valor de
la línea de pobreza, en la medida en que no pueden cubrir el costo de esa canasta básica con sus
ingresos”. (Gutiérrez, 2007:24).
Desde este método, un grupo familiar será considerado pobre si la suma de ingresos que
obtienen fuera menor que la línea de pobreza correspondiente al hogar. Para establecer esto, es
necesaria la definición del valor de la Canasta Básica de Alimentos (CBA), o conjunto de bienes
que satisfacen las necesidades nutricionales, que parten de reconocer los hábitos de consumo
predominantes de una sociedad.
49
representa únicamente el consumo de alimentos necesario para asegurar la reproducción física
de los miembros del hogar.
En relación a este grupo, denominado comúnmente como “pobreza extrema”, Adriana Clemente
lo conceptualiza como “pobreza persistente” entendiendo por ello:
El indicador de NBI, se elabora en Argentina en base a los datos del Censo Nacional de Población,
Hogares y Viviendas. Así, el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) considera que un
hogar es pobre si sufre al menos de alguna de las siguientes privaciones: hogares que habitan
viviendas con más de tres personas por cuarto (hacinamiento crítico); hogares que habitan en
una vivienda de tipo inconveniente (pieza de inquilinato, vivienda precaria u otro tipo); hogares
que habitan en viviendas que no tienen cuarto de baño; hogares que tienen algún niño en edad
escolar que no asiste a la escuela; hogares que tienen cuatro o más personas por miembro
ocupado y en los cuales el jefe del hogar tiene bajo nivel de educación (sólo asistió dos años o
menos a nivel primario). La sola carencia de un grupo familiar en al menos una de las
dimensiones, determina que se encuentra con NBI.
“Estos métodos reflejarían dos fenómenos diferentes. Las diferencias obedecen a que con el
criterio de NBI se estaría detectando a los llamados pobres estructurales–que poseen una
vivienda deficitaria, o bajo nivel educativo u otras características-, mientras que con el criterio de
LP, al caracterizar a los hogares como pobres de acuerdo con el ingreso total percibido, se
detectaría a los hogares pauperizados, de particular importancia en el caso argentino. El conjunto
de los hogares pobres según el criterio de NBI delimita la situación de pobreza estructural,
mientras que el de los que se ubican por debajo de la LP, pero que no sufren ninguna de las
carencias tomadas en consideración por el indicador de NBI, corresponde al grupo pauperizado,
que incluye a los ´nuevos pobres´” (Gutiérrez, 2007:26).
Estos métodos tradicionales, tienen una larga historia y presencia en nuestro país, pero los
mismos deben ser repensados en el marco del contexto actual. Tenemos que preguntarnos y
cuestionar los valores establecidos para la canasta básica alimentaria y total, es decir,
repreguntarnos acerca de la conformación de las mismas ¿quiénes establecieron esos
parámetros? ¿qué otros parámetros pueden ser utilizados tomando en consideración la
coyuntura actual? Asimismo, el método de las NBI no incluye variables como la educación
50
secundaria, nivel educativo que en la actualidad es obligatorio y que se constituye en un requisito
más para el acceso al mundo del trabajo (Eguía, 2017).
Los diversos debates sobre la pobreza y los cuestionamientos entorno a los aportes
unidimensionales (LI/LP) de los métodos cuantitativos utilizados en base a ingresos, generaron
el interés de ampliar la mirada para avanzar en otros recorridos e incorporar otras metodologías
que incluyan múltiples dimensiones, con la intención de desnaturalizar y deconstruir el alcance
de la noción de pobreza centrada exclusivamente en la insuficiencia material/monetaria/ de
ingresos, para poder incluir desde la opción multidimensional otras variables no monetarias. En
este sentido los aportes de Amartya Sen (en Sione, 2024), fueron nodales para correr la mirada
de los ingresos/gastos y poder pensar en términos de bienestar y condiciones de vida; así el
enfoque multidimensional busca “mensurar el nivel de satisfacción de las necesidades esenciales,
fundamentales o básicas, pero ampliadas a la salud, la educación, el saneamiento, la vivienda, la
integración social, etc. Miden el nivel de satisfacción de estas necesidades tanto a nivel de los
ingresos como de los recursos colectivos, y caracterizan a la pobreza como un cúmulo de
desventajas o deprivaciones sufridas y vividas en diferentes planos de la vida cotidiana y social
por los individuos o los hogares” (Sione, 2024). En esta línea inicialmente aparecieron los
métodos de las NBI y el índice de desarrollo humano.
Organismos como la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), OCDE
(Organización para la Cooperación y el Desarrollo), promovieron la adopción de un marco
conceptual desde un enfoque multidimensional que enfatizara en las condiciones
objetivas/materiales de vida y las condiciones subjetivas que hacen al bienestar de las personas.
Desde este marco se incorpora por ejemplo variables tales como, el trabajo infantil, la
informalidad laboral, el trabajo no remunerado (de cuidado, doméstico, el de autosustento, el
voluntario), la seguridad social, es decir, se incorpora, entre otras cosas, las dimensiones del
bienestar futuro; desigualdades verticales y horizontales; y el capital social, humano y ambiental
en conjunto con el capital económico (INDEC, 2020). Este marco apunta a poner en diálogo el
enfoque multidimensional con el enfoque de derechos humanos, que concibe a la pobreza como
vulnerabilidad en la titularidad de derechos, abriendo la posibilidad que desde lo
multidimensional se consideren los derechos inalienables a las personas y medir la pobreza en
términos de su vulneración. Si bien, las estrategias cuantitativas permiten conocer las formas de
identificar la cantidad de pobres, con medir la pobreza no alcanza, es necesario avanzar en
comprender los impactos del fenómeno de la pobreza sobre les sujetos, las implicancias de las
luchas de poder discursivas por definir el problema social de la pobreza, las formas de resolverlo.
Ello implica reconocer de alguna manera la pugna entre los sectores pobres y el poder de los
sectores dominantes, para imponer y organizar el campo y sus reglas de juego (De Certeau,
1996). En este sentido, las estrategias cualitativas nos acercan a otros tipos de comprensiones de
la pobreza, centradas en las experiencias de las personas, en las condiciones de vida miradas,
descriptas, pensadas e interpeladas por los propios sujetos, pero también condicionadas por la
estructura social, configuradas por las trayectorias de vida y atravesadas por otras desigualdades
como el género, la edad, la pertenencia étnica, la cultura, el territorio (Eguía, 2017).
Asumimos de este modo, una perspectiva que reconoce los impactos de las estructuras sociales
y económicas sobre los sujetos, pero que ciertamente dejan márgenes, resquicios por los cuales
se pueden intentar respuestas para superar esta situación de pobreza. En esta línea, creemos
que:
51
“estos sectores (en relación a sectores en situación de pobreza) requieren indefectiblemente
de la intervención del Estado para acceder a satisfactores que resuelvan sus necesidades. Las
políticas sociales, campo donde se juega el acceso a dichos satisfactores, son concebidas de
distinta manera en distintos momentos históricos, en función de la hegemonía que logran
construir y plasmar los sectores en pugna, impactando a su vez, en la subjetividad de actores
sociales que circulan por los dispositivos que estas políticas implementan. Así, los modelos
políticos, las concepciones del Estado, llegan a su vida cotidiana de la mano de organizaciones
e instituciones que median en la resolución de sus necesidades” (Peralta y otros, 2016).
Entre preguntas…
Hemos intentado en las páginas que preceden, entender de modo fundamentado en aspectos
teóricos y metodológicos, el fenómeno de la pobreza. Sin ánimo de concluir ni cerrar, más bien
todo lo contrario, nos interesa explicitar algunas posiciones construidas por el equipo docente
de la asignatura, como así también algunos interrogantes con la expectativa de que intentemos
construir sus respuestas colectivamente.
Si comprendemos y de alguna manera aceptamos el hecho de que la pobreza se produce por la
concentración de la riqueza (distribución primaria del ingreso), ¿en qué medida la voluntad de
las personas que atraviesan esa situación puede alterar esa estructura? Dicho de otro modo, ¿las
familias pobres, son pobres porque quieren? ¿Depende centralmente de las familias su
situación? ¿Qué roles asumen las familias en estos procesos?
Al momento del diseño y de la ejecución de acciones orientadas al abordaje de la pobreza es que,
como profesión, reivindicamos el rol del Estado, asunto tan cuestionado en los tiempos que
corren. Acordamos centralmente con el enfoque de derechos, en tanto tiende a reconocer las
causas estructurales y estructurantes que operan como generadoras de la pobreza, ubica a las
familias que atraviesan esta situación como “sujetos de derechos” y que la vulneración de esos
derechos requiere de compromisos y responsabilidades del Estado vía acciones de las políticas
públicas, para garantizar los mismos. En ello la profesión de Trabajo Social tiene mucho que
aportar. Ciertamente, esta postulación en torno a la centralidad del Estado y la profesión del
Trabajo Social constituyen interpretaciones, apuestas y construcciones de la profesión.
Estamos frente a escenarios complejos que nos desafían a asumir posiciones que apunten a la
construcción de ciudadanías como a profundizar lecturas, a cuestionar aquello que muchas veces
el sentido común nos indica, buscando respuestas más amplias y comprensibles para el
fenómeno de la pobreza, que en la actualidad atraviesa a extensos sectores de nuestra sociedad,
e interpela centralmente a nuestra profesión, por lo que estudiar Trabajo Social, implica
recuperar colectivamente este desafío.
Las/os invitamos a apropiarnos de estas y otras categorías, entendidas como herramientas
válidas para la defensa y acceso a los derechos por, con y para quienes, se ejerce el Trabajo Social.
Nora Aquín plantea un desafío para el Trabajo Social en los tiempos actuales, ¿lo compartimos?
52
“El reto es de construir ciudadanía desde el Trabajo Social, en nuestro trabajo cotidiano con
los sectores excluidos o deficientemente incluidos. El Trabajador Social interviene con su acción
profesional en distintas instancias, y en cada una de ellas se puede intervenir en la perspectiva
de la construcción de la Ciudadanía, esto es la habilitación de sujetos conscientes de sus
derechos y responsabilidades, o en la perspectiva de desciudadanización, es decir, de
colaboración en procesos de pérdida de derechos y de conciencia de los derechos.
La perspectiva de la ciudadanía para el Trabajo Social, tiene como núcleo duro de su
formulación la recuperación no sólo de la noción sino de la práctica de ciudadanía como
derechos y responsabilidades, como factor de integración social, de respeto por las diferencias,
de construcción de igualdad y de emancipación, de posibilidad, de reconsideración para los
tiempos actuales, de la conflictiva relación entre igualdad, libertad y diferencia. Cada
Trabajador Social debe hacer de la ciudadanía una práctica, incorporarla como un conjunto de
ejercicios o prácticas deliberativas y comunicativas de una comunidad de ciudadanos sobre sus
propios asuntos, pero también sobre los asuntos públicos.”
El Trabajo Social como profesión promueve un ejercicio pleno, igualitario y justo de los derechos,
que hacen a un mejoramiento de las condiciones y calidad de vida de las personas. Promueve
valores que hacen a la ciudadanía, a la democracia, a la justicia, por ello la preocupación por la
vigencia y el ejercicio de los derechos humanos y la inclusión de todos/as en la sociedad.
El concepto de ciudadanía conlleva la noción de disputa por el ejercicio y ampliación de los
derechos. Desde el Trabajo Social, significa promover el ejercicio real de los derechos en donde
“los sujetos se constituyen y desarrollan en relación con la creación de condiciones más
equitativas, de mayor libertad y más solidarias, a partir de las relaciones y circunstancias en las
que ese ciudadano se inserta”14 . 4
14
Palma Diego: “La Educación Popular y el tema de la Ciudadanía”. La Piragua Nº 10.Revista Latinoamericana de
Educación y Política de CEAAL, 1995
53
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56
Un día sin comedores, merenderos
y ollas comunitarias
Por Verónica Soto Pimentel y Jessica Fajardo Carrillo*
En 2004 se estrenó en Estados Unidos la película Un día sin mexicanos, un drama de ficción
que, a través de un relato imaginario, plantea la problemática de la migración en términos de
prejuicios y discriminación de este colectivo en California. A partir de la extraña desaparición
de latinos e hispanos, la película muestra cómo diferentes dinámicas y prácticas sociales se
ven afectadas por este fenómeno. En su narrativa, encontramos la profunda relación entre el
sostenimiento de la vida y poblaciones que son invisibilizadas y despreciadas por un sector de
la sociedad y de la institucionalidad. Nos parece oportuno traer esta metáfora y exponer el
lugar de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) en el bienestar de los territorios y cómo
en el último tiempo se está viviendo un proceso similar de deslegitimación y estigmatización
de este actor.
Lo nuevo y preocupante frente a esta situación, es que con la llegada del gobierno de La
Libertad Avanza al poder, asistimos a un quiebre en dos de los consensos sociales que creemos
sostenían las herramientas y políticas públicas para enfrentar la emergencia alimentaria. Por
una parte, la idea del Estado como principal garante del derecho a la alimentación de las
personas y por otra, la legitimidad del rol que han tenido las OSC en la contención alimentaria
de la población más vulnerable frente a las crisis económicas e inflacionarias. Ambos
supuestos, habían forjado, más allá de las ideologías de las coaliciones gobernantes, una
relación de colaboración entre las OSC y el Estado para garantizar el derecho a la alimentación,
sobre todo donde el segundo no alcanzaba a llegar. Sin embargo, esta lógica se ha puesto en
tensión con el gobierno de Javier Milei, lo que ha traído consecuencias tanto en términos
materiales (recursos económicos para garantizar el derecho a la alimentación) como
discursivos (legitimación de quien provee este bienestar).
En términos materiales, asistimos a una merma en los recursos para garantizar el derecho a la
alimentación. El Ministerio de Capital Humano es responsable de ejecutar la política
alimentaria mediante un conjunto de programas que, en parte, se articulan a las acciones de
cuidado comunitario de las OSC[1]. Además de contar con herramientas nacionales para ello,
se disponen de mecanismos de cooperación internacional, cómo es el Abordaje Comunitario
del Plan Nacional Argentina Contra el Hambre del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD). En el documento oficial del Plan, observamos el compromiso del Estado
argentino de asignar 217.152.144 dólares para garantizar la seguridad alimentaria entre los
años 2020 y 2025 (Informe 85263037, 2020).
Sin embargo, según el informe de abril del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el
gobierno redujo un 45% el gasto presupuestario destinado a comedores y merenderos (CEPA,
2024). El recorte del crédito comprometido para llevar adelante planes cómo el del PNUD,
tiene su correlato en el anuncio oficial de alcanzar el superávit fiscal y en las distintas
denuncias y testimonios sobre la falta de alimentos que realizan referentes de comedores,
merenderos y ollas comunitarias, en su mayoría mujeres. A ello se suma que durante los
primeros cien días del gobierno de Javier Milei, se registraron 82 hechos de protesta y se
observó un incremento de las demandas por alimentos, contra el ajuste y la suba de precios
(Soto Pimentel, Gradin y Reiri, 2024, p. 1-2).
Por otro lado, la problemática no se reduce a la gestión presupuestaria. Las tensiones han
escalado al plano discursivo. Bajo la promesa electoral de acabar con el “curro de la justicia
social”, el gobierno de La Libertad Avanza ha instalado una retórica contra el entramado
organizativo de los movimientos sociales y sindicales, deslegitimando y criminalizando el rol
de éstos en la provisión y garantía de derechos sociales, entre ellos, el de la alimentación.
Según los medios masivos de comunicación, el Ministerio de Capital Humano realizó una
auditoría y señaló que, de los 2.600 comedores y merenderos auditados, 1.201 no pudieron
ser validados georeferencialmente (Ventura, 2024). El Ministerio tomó el Registro Nacional de
Comedores y Merenderos Comunitarios (ReNaCom), una herramienta que sistematiza los
espacios comunitarios que brindan asistencia alimentaria a nivel nacional. Es preciso
mencionar que en el ReNaCom no todos reciben ayuda del Estado. Muchos de estos lugares
funcionan de forma autogestiva y con recursos de las comunidades y organizaciones de base.
Así mismo, sabemos que las dinámicas sociales y geográficas son complejas y exceden los
registros institucionales.
Bajo el argumento de esta auditoría, también conocida como el caso de los “comedores
fantasmas”, el poder ejecutivo frenó la entrega de alimentos conveniada con distintas OSC y
las acusó de conformar una red corrupción contra el pueblo argentino. Incluso, han demorado
la distribución de toneladas de alimentos por vencer, almacenados y adquiridos por la gestión
anterior, pese a una orden judicial que obliga al Gobierno Nacional a repartirlos. Estas
denuncias fueron interpuestas al Ministerio de Capital Humano por referentes de los
movimientos sociales y organismos de Derechos Humanos, encontrando en la justicia una
herramienta para arbitrar y tensionar la disputa por los alimentos. También se suma a esta
trama, la investigación penal que adelanta la Oficina Anticorrupción sobre contrataciones
irregulares en el Ministerio de Capital Humano.
Volviendo a nuestra premisa inicial, esta situación da cuenta, por una parte, de un quiebre en
el consenso social que admitía al Estado como garante del derecho a la alimentación de la
población argentina. En coherencia con la posición política e ideológica de un gobierno
neoliberal, para el ejecutivo el garante de la alimentación es el mercado y por ende, el
individuo y su capacidad de decidir cómo proveérsela. Esto lo ha ratificado el presidente Milei
hace pocos días cuando señaló en un discurso en Estados Unidos que “la gente no es idiota,
va a llegar un momento donde la gente se va a morir de hambre. De alguna manera va a decidir
algo para no morirse”. Esta postura respecto del rol del Estado se articula con la política del
gobierno de la “motosierra” que pone como prioridad pública la reducción del gasto y el déficit
fiscal. Ahora bien, si esto implica una merma en la provisión de alimentos para sectores
vulnerables, se pone en duda la promesa del gobierno de que el ajuste lo pague la casta.
Por otro lado, el relato oficial sobre la corrupción y la judicialización de algunes dirigentes
sociales, está profundamente mediatizado y profundiza el quiebre del consenso social sobre
la legitimidad de los OSC en la garantía de derechos. Durante los últimos años, el trabajo de
los comedores, merenderos y ollas comunitarias no se limitó a la provisión de alimentos. Allí
se atienden otras problemáticas cómo son las situaciones de violencia por motivos de género,
las barreras en el acceso a la salud, al trabajo y a la educación, el consumo problemático de
drogas, la crisis habitacional, entre otras. Las cocinas se convirtieron en escenarios que
permiten el acceso a otros derechos. Consideramos que para que una política pública sea
efectiva, no se puede prescindir de estos espacios y de las relaciones sociales que se dan
alrededor. En la contención alimentaria se reconstruye parte de un tejido social que se rompe
en momentos críticos de ajuste y recesión, cómo el que atraviesa la Argentina ahora y donde
toman fuerza los discursos de odio. Es una pesada carga que asumen las comunidades y las
organizaciones de base y que demanda que el Estado asuma un rol central para atender
problemáticas sociales que son estructurales e históricas.
Acá queremos retomar la metáfora inicial para una reflexión final. El gobierno de La Libertad
Avanza insiste en que lo que busca no es terminar con la asistencia social, sino dirigirla
directamente a la gente, sin intermediarios. Pero, ¿qué pasaría si por un día desaparecieran
los comedores, las ollas populares y los merenderos gestionados por las OSC? y más relevante
aún, ¿qué pasaría si sólo por un día no estuvieran quienes militan el derecho a la alimentación
en los barrios y territorios? Una primera consecuencia, miles de personas simplemente no
podrían recibir un almuerzo, una merienda o una cena, ni podrían acceder a servicios sociales
y a otros derechos humanos como los mencionados anteriormente. Se rompería el lazo que
históricamente ha permitido ejecutar políticas públicas de diversa índole mediante relaciones
de colaboración entre el Estado y las OSC. Y se rompería un canal que es fundamental para la
promesa del ejecutivo de seguir otorgando asistencia social, porque, ¿cómo planea distribuir
los alimentos a los merenderos, ollas populares y comedores sin el conocimiento territorial de
las OSC?, ¿cómo va a reemplazar el trabajo concreto que miembros de esas organizaciones
construyen diariamente para cuidar, cocinar y proteger a quienes muchas veces ni siquiera
tienen un lugar para dormir?
Referencias
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INDEC y Ministerio de Economía de la Argentina.
Soto Pimentel, V., Gradin, A. y Reiri, M. (2024). Informe N° 44 | La conflictividad social a 100
días del inicio del gobierno de Javier Milei. Observatorio sobre políticas públicas y reforma
estructural. Disponible en: https://politicaspublicas.flacso.org.ar/wp-
content/uploads/2024/03/Informe-44-Observatorio.pdf
Ventura, A. (17 de mayo de 2024). Uno por uno, los 1201 comedores fantasma que recibían
fondos del Estado y todas las irregularidades
detectadas. TN. https://tn.com.ar/politica/2024/05/17/uno-por-uno-los-1201-comedores-
fantasma-que-recibian-fondos-del-estado-y-todas-las-irregularidades-detectadas/
[1]
Estos programas también están vinculados a comedores escolares y transferencias directas
a los hogares.
Mesa 61: Límites y potencialidades del concepto “Cuestión social” y “Nueva cuestión social”.
Sus implicancias para la definición de políticas sociales y para la intervención.
Resumen
Las acciones profesionales del Trabajo Social, en tanto disciplina social de carácter
interventivo, se despliegan en un campo de tensiones en el que se articulan: aspiraciones
de orden ético político del colectivo profesional, orientaciones de las políticas públicas en las
que se desarrollan esas intervenciones y el marco normativo de la profesión.
1
- La importancia de recuperar aprendizajes que surgen en las intervenciones sociales
a partir de la tensión entre la noción de sujetos de derechos en contrapartida del discurso de
la meritocracia propia del discurso neoliberal y conservador de tratamiento de la cuestión
social.
1- Introducción
Es por ello que en diálogo y apelación a diferentes fuentes teórico-analíticas se pretende dar
cuenta a lo largo de la ponencia del marco de tensiones en que se despliega la intervención
profesional del Trabajo social, su inscripción en el marco de las políticas públicas y la
necesidad de una sistemática y permanente acción reflexiva de su quehacer y modo de
abordar la cuestión social contemporánea.
2
2. Desarrollo
2.1. Caracterización del Trabajo Social
a- El Trabajo Social como Disciplina interventiva en su doble carácter
Hablar en el marco de una disciplina interventiva que tiene como especificidad el “hacer y el
saber hacer” sobre lo social, implica necesariamente hacer un alto para desentrañar
obviedades. Si ya el Trabajo es “social” por definición (se enmarca en relaciones sociales de
producción) hablar de una “profesión” que se define como Trabajo Social implica dar cuenta
de la especificidad.
Adoptamos, entonces, la noción de Nora Aquin quien señala que el Trabajo Social participa
al mismo tiempo de las características de una práctica distributiva – como distribución de
valores de uso entre individuos y grupos, cuyo objetivo es lograr una distribución deseada
(más justa, equitativa, etc.)- y al mismo tiempo de aspectos propios de una práctica cultural
–entendida como símbolos y formas culturales cuyo alcance puede ser de trasformación o
reproducción de los discursos sociales (Aquín; 2003: 119).
Traigo a colación esta definición porque lo que hoy está puesto en cuestión, profundamente
tensionado es el ejercicio profesional en ambas dimensiones de la intervención . Si bien
cuando se habla de cambios en el contexto, referimos básicamente a cambios de orden
político y económico, siempre es bueno hacer foco en la necesidad de dar una mirada
contextual que permita comprender los procesos societales en ambos planos y sus
implicancias para el ejercicio de la profesión.
Carlos Vilas señala que “las políticas públicas son ejercicio de poder aplicado a áreas
temáticas específicas y al tratamiento gubernamental de cuestiones o situaciones
consideradas problemáticas (en el sentido de integrar la agenda de asuntos respecto de los
3
que deben tomarse decisiones y encarar acciones)… Son las herramientas mediante las
cuales el Estado penetra en la sociedad. Constituyen la materia propia de la función de
gobierno, una función que guarda una relación de adecuación al proyecto de poder de las
fuerzas políticamente dominantes, pero que en ciertas ocasiones adquiere una cierta
autonomía operativa respecto de aquél [del gobierno] como condición para un desempeño
eficaz de su cometido específico. Por ese motivo el diseño y la ejecución de las políticas
públicas suelen ser un terreno de interlocución pero también de confrontación entre actores
con diferentes intereses” (Vilas; 2013: 90)
Desde el Trabajo Social es preciso comprender que su ejercicio está circunscripto, forma
parte y se despliega en la trama de las políticas públicas. Por ello, poder mirar y comprender
las Políticas públicas y sujetos sociales en el actual contexto coloca a la profesión en la
necesidad de enfrentarse a las incertidumbres y vislumbrar las implicancias para la
intervención profesional
Sin embargo, las Políticas Públicas para el Trabajo Social no son ni telón de fondo ni hilos
de marioneta. Es preciso comprenderlas en tanto herramientas y dispositivos (de distinto
tipo: legislaciones, programas, planes, etc.) cuyas orientaciones constituyen un campo de
disputa política en el cual tanto desde el Estado como desde diversos actores sociales (no
ajenas a las hegemonías de las distintas profesiones) puedan encaminarse esfuerzos pero
fundamentalmente participar en la conformación de fuerzas sociales.
La etapa que vive América Latina actualmente y en particular nuestro país y región cono sur,
con un renovado e inusitada reflujo de derechas neoliberales y neoconservadoras algunas
de las cuales han accedido a los gobiernos, nos lleva a preguntarnos por el papel y
orientación de las políticas públicas en esta etapa.
4
c- Profesión Regulada: entre la hetero normatividad y auto normatividad.
Reconocimiento de derechos y “emancipatoria”
Respecto a los proyectos económico- sociales el economista Aldo Ferrer - en una artículo
suyo poco tiempo antes de morir- señala que el regreso del neoliberalismo (para el caso
argentino, pero que puede extenderse a otros países latinoamericanos con sus obvias
particularidades) puede verificarse en el marco de la alternancia entre dos modelos de
desarrollo que –desde el fin de la 2° Guerra Mundial- han marcado la historia de estos
últimos 60 años: el modelo nacional y popular y el neoliberal. Si bien ambos se despliegan
dentro de la economía de mercado, el primero se caracteriza por el protagonismo del
Estado, el impulso soberanista y el énfasis en la inclusión social. El segundo, por su
5
confianza en las virtudes del mercado, se caracteriza por la apertura incondicional al orden
mundial y la prescindencia del Estado en la distribución del ingreso. Por su parte el impulso
de la industrialización por sustitución de importaciones y su consecuente impulso de
creación de empleo, predomina en el modelo nacional y popular; mientras que el énfasis en
la producción y las exportaciones primarias y las finanzas, en el neoliberal (FERRER, A.
2012; 4).
A grandes trazos podemos decir que el pasaje de un modelo societal en que el Estado
regula un conjunto de relaciones fundamentalmente económicas a un modelo económico y
político basado en la hegemonía del mercado como regulador de las relaciones sociales,
implica –en términos de políticas pública- necesariamente programas de ajuste estructural y
disminución del gasto fiscal, con el consecuente achicamiento del Estado. Todo lo cual
conlleva a un aumento de la pobreza y las desigualdades sociales, así como la
desarticulación de los mecanismos de protección de los sectores vulnerables y de las
formas clásicas de acción colectiva. Como correlato se desmonta y desarticula la ciudadanía
social y el campo de los derechos sociales convirtiéndose la educación, la salud y otros
bienes y servicios básicos en mercancías que deben adquirirse en el mercado,
acrecentando –de este modo- la desigualdad social.
En 2012, José Seoane nos proponía una lectura de escenarios señalando que “El fin de la
hegemonía absoluta detentada por el neoliberalismo durante los ´90, dio paso a un
panorama latinoamericano mucho más heterogéneo que, aparece de manifiesto en el mapa
gubernamental que surge del largo circuito electoral que se extiende a nivel regional entre
fines de 2005 y principios de 2009 y en el que se realizaran elecciones presidenciales en
casi toda la región. Un período… en el que habrá de consolidarse la geografía de los
cambios y las continuidades respecto del modelo vigente en la década anterior. La
valoración de estos cambios, de las fuerzas en pugna y de cómo enfrentar los desafíos
planteados suscitó y suscita aún un intenso debate al interior del pensamiento crítico. En
este caso, proponemos una interpretación de los mismos a partir de la identificación y
confrontación entre tres grandes proyectos societales que surgen en nuestra región como
respuesta a dicha crisis del régimen neoliberal y que retomando lo señalado por otros
autores vamos a llamar como ‘neoliberalismo de guerra’(González Casanova, 2002),
‘neodesarrollismo’ (Katz, 2006) y ‘procesos constituyentes’ (Seoane, 2008)” . (SEOANE, J.
2012: 38-39)
6
En ese escenario latinoamericano así descripto, sin embargo, en un período de cuatro años
las condiciones fueron modificándose sustancialmente y fue dándose paso a un proceso de
inestabilidad regional y de una creciente escalada de desestabilización de aquellos
regímenes de gobierno que (desde finales del Siglo XX y sobre todo en el inicio del Siglo
XXI) cuestionaron y tomaron distancia de la hegemonía neoliberal, identificados con
propuestas neodesarrollistas/populistas y de un nuevo Socialismo Siglo XXI ( o de procesos
constituyentes). Como desenlace de ese proceso hoy cobra nuevo vigor un retorno
hegemónico del neoliberalismo en la Región. Se produce un reflujo neoliberal y
neoconservador en gran parte del Latinoamérica.
Como ya hemos dicho, el desarrollo del quehacer profesional del Trabajo Social, no sólo se
inscribe como práctica distributiva sino también como práctica cultural.
Hacer foco en esta segunda dimensión que señala Aquín, implica indagar a fin de hallar
claves conceptuales para una lectura del conflicto social contemporáneo en el plano
simbólico-cultural. Implica además tener en cuenta que en todo proceso de intervención
profesional, nuestra sola “presencia”, nuestra procedencia institucional, etc. y obviamente
nuestra acción incidirán en y desde esta dimensión, seamos o no conscientes de ello.
7
Por tanto, es necesario contar con elementos y sustento teórico que den cuenta y
fundamenten nuestra intervención en este plano. Tomamos entonces la noción de
Configuraciones culturales acuñada por Alejandro Grimson (Grimson; 2011: 18 y ss)
¿Por qué nos resulta importante esta noción de configuración cultural para profundizar
acerca de la intervención social y de la intervención profesional del Trabajo Social?
8
Que en esta dimensión simbólico-cultural también está en juego el poder: qué se dice, qué
se oculta, qué se pone en valor, qué se desvaloriza. Y esto tiene que ver con correlación de
fuerzas que intervienen histórica y socialmente en los diversos contextos. Y, si en toda
relación social hay circulación de poder, es aquí donde se juega la hegemonía. Por tanto, en
el plano de las configuraciones culturales la hegemonía se plasma como producción de
sentidos comunes y subalternizaciones naturalizadas. Esta noción de hegemonía, dice el
autor, es un proceso dinámico, histórico, con brechas abiertas desde abajo y que no pueden
ser clausuradas desde arriba.
Nora Merlín, en un libro muy sugestivo e interesante, señala que si bien en primer término,
el neoliberalismo en un sistema social caracterizado por el predominio absoluto del mercado
y el debilitamiento de los Estados nacionales, cuyos mecanismos de control y regulación se
vuelven cada vez más impotentes para contrarrestar sus embates, constituye un error
teórico, concebirlo exclusivamente como un plan económico. Según la autora, el
Neoliberalismo también apunta a la producción de una cultura y una subjetividad
colonizadas, organizadas por un ideal de consumo transformado en imperativo y el dominio
de lo que ella denomina la “mercadocracia”.
Merlin señala que la subjetividad neoliberal tiene una fascinación compulsiva por suturar los
agujeros del cuerpo, los límites, las imposibilidades, de la misma forma en que rechaza los
vacíos existenciales… [Y en ese intento por suturar esos vacíos existenciales, analiza la
autora] el neoliberalismo tiende a la producción de un sistema social totalitario que intenta
recubrir el lugar de la causa –que en democracia debería quedar abierta e indeterminada-
con objetos de consumo y con la instauración, necesaria para el cierre del sistema, de un
enemigo. De este modo el neoliberalismo constituye un todo cerrado que no se caracteriza
por el lazo social sino por el individualismo y que toma consistencia en variadas expresiones
de odio. (Merlin; 2017: 25 y ss)
Las múltiples y diversas formas en que se van revistiendo los mecanismos de control social
en esta etapa, no pueden comprenderse sin este sustrato de carácter subjetivo y cultural
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que ha ido en un rápido proceso de consolidación en nuestro país. Es preciso comprender al
neoliberalismo en esta dimensión simbólica y cultural como productor de subjetividades y en
su capacidad colonizadora de sentidos. Desde esta perspectiva y trayendo la noción antes
señalada de Grimson, es preciso reconocer la capacidad con que estos procesos en el
contexto actual, han podido establecerse y asentarse como configuraciones culturales de
época. Muchas (si no casi todas) tienen la posibilidad de contar con respaldo de amplios
sectores de la población, muchos de ellos perjudicados por las medidas de política
económica y social, porque se aceptan y/o avalan la pérdida de derechos y el deterioro de
sus condiciones de vida.
Adela Cortina (filósofa española) quien ha acuñado este término señala que para que ciertos
fenómenos cobren existencia hay que nombrarlos. En este sentido dice que es imposible
señalar físicamente la misoginia, la homofobia, la xenofobia y, por tanto, hay que poder
nombrarlos para sacarlas de las sombras del anonimato porque si permanecen allí siguen
operando con la fuerza que permite sostener su dominación. Entonces acuña el término
APOROFOBIA, entendiéndola como el rechazo y odio al pobre, rechazo que no constituye
una actitud individual, sino que es de carácter masivo. Lo particular de este tipo de fobias es
que no son producto de una determinada historia personal de odio hacia una persona
determinada. Se trata de una animadversión hacia determinadas personas (a las que la
mayor parte de las veces ni siquiera se conocen) porque participan o poseen las
características propias de un grupo determinado, despreciado y despreciable respecto a
quien/es se reconoce una relación de superioridad (Cortina; 2017: 17 y ss).
Este proceso está en curso y subyace o está a la base de la mayor parte de las regresiones
en términos de conquistas de derechos en nuestra sociedad.
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El territorio, en cuanto noción, aparece –a primera vista- como una idea de sentido común.
Como el espacio físico en el cual se asienta una determinada población o en el cual
“permanece” un determinado conjunto de bienes naturales.
Sin embargo, a los fines de analizar procesos de intervención social es preciso entender el
territorio en tanto espacio de intervención compleja. Territorio es entonces “ese espacio que
excede los límites catastrales e incluye lo simbólico, lo identitario, y que contiene en su
interior tensiones por la representación, interjuegos de poder e imaginarios en cuanto a su
desarrollo, según los sectores abarcados. Estos sectores tendrán un diálogo permanente –
de alianza o de confrontación- con las instituciones estatales (manifestaciones centrales del
Estado en ese territorio) y también entre las diversas manifestaciones organizacionales allí
expresadas” (Giraldez; 2013: 23).
Por su parte, María Diloretto señala que el territorio de relegación (en la forma de barrio,
villa, asentamiento, monoblocks) no es sólo una entidad topográfica o agregación de familias
pobres. Constituye una forma institucional, que puede caracterizarse como una formación
socioespacial fundada en la relegación forzada de una población negativamente tipificada,
en un territorio en el cual esa población desarrolla un conjunto de instituciones específicas
que actúan como sustituto funcional y escudo protector de las instituciones dominantes de la
sociedad… Estos territorios de relegación social están organizados en forma diferente, en
respuesta a la necesidad social y a los arreglos coyunturales que sus habitantes van
desarrollando para su sobrevivencia cotidiana. Los trabajos, los ingresos, son informales y
esta informalidad no puede ser captada por las instituciones con que tradicionalmente el
Estado ‘baja’ al territorio... Es donde se concentra la población con mayores niveles de
vulnerabilidad social, inseguridad y fragilidad de los hogares para enfrentar cambios en el
entorno socioeconómico, explicitando así un creciente debilitamiento de los mecanismos de
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integración social. En ese sentido la vulnerabilidad posee dos dimensiones: una económica,
en la cual los lazos con el mercado de trabajo se ven amenazados y/o debilitados y otra
social, caracterizada por la fragilidad en la integración en redes sociales… y el acceso a los
servicios públicos” (Diloretto; 2015: 121)
Según Merklen D. (2003: 14), citado por Giraldez, la inscripción territorial de determinada
población implica “cuatro ‘puntos de apoyo’ necesarios de ser vistos y analizados. En primer
lugar, sostiene que en el territorio se dan las dinámicas para la sociabilidad elemental por
medio de la estructura familiar primaria, las redes de vecinazgo, etc. En segundo lugar, es el
‘trampolín’ para la salida a la ciudad, adonde se concurrirá para buscar diversos
satisfactores, particularmente ligados a obtener ingresos por medio del trabajo. En tercer
lugar, el autor encuentra en el territorio un sustento para la acción colectiva –sobre todo
cuando los cambios en el mundo del trabajo implicaron una re afiliación a las formas
territoriales- . Como cuarto y último elemento, se incluye al territorio como un espacio
sensible para la intervención de la política social como expresión gubernamental-estatal.
Estos elementos implican entender el territorio como el escenario de una intervención que
es atravesada por disímiles formas de inscripción de los problemas sociales” (Giraldez,
2013: 24).
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Entre las primeras, señalamos que por fuerza de los condicionantes en que se inscribe hoy
la intervención profesional nos encontramos ante el dilema de profundizar orientaciones que
permitan el ejercicio de los Derechos en tanto protecciones colectivas versus neo tutelaje. Y
en tal sentido, tenemos varios ejemplos en los últimos años y en varios puntos del país, de
ser una profesión sospechada cuando sus centros académicos y/o asociaciones
profesionales se colocan en posicionamientos de defensa de derechos.
Al mismo tiempo no podemos dejar de ver que el campo de tensiones descripto coloca
zonas de permanente riesgo de regresiones. El reflujo neoconservador proveniente de
algunos actores gubernamentales nos pone ante la necesidad de advertir que se están
consolidando nuevos dispositivos de control social.
Éstas y otros condicionamientos tanto en el campo de las políticas públicas, como en las
construcciones de las configuraciones culturales a que apela el neoliberalismo, nos coloca
ante el desafío de poder ejercer la profesión desde la pregunta y la problematización
permanente. A partir de ellas ir avanzando sobre la formulación de certezas, pero más que
en la línea de afirmaciones a priori, entenderlas fundamentalmente como construcciones
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provisorias y colectivas. Espacios como los congresos y/o múltiples formatos de debate y
formación se tornan prioritarios en este sentido.
4. Bibliografía
AQUIN, Nora (2003) El Trabajo Social Comunitario en las actuales condiciones: fortalecer la
ciudadanía. En: AQUIN, Nora (Comp.) (2003) Ensayos sobre ciudadanía. Reflexiones desde
el Trabajo Social. Buenos Aires, Espacio Editorial. Pág.113-125
FERRER, Aldo. El regreso del Neoliberalismo. En: Le Monde diplomatique. Edición Cono
Sur. Año XVII N° 201. Bs. As., Marzo 2016.
GRIMSON, Alejandro (2011). Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad.
Buenos Aires. Siglo XXI.
MERLIN, Nora. (2017) Colonización de la subjetividad. Los medios masivos en la época del
biomercado. Buenos Aires. Letra Viva
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VILAS, Carlos M (2013) El poder y la política. El contrapunto entre razón y pasiones. Buenos
Aires, Biblos.
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TRABAJO SOCIAL Ley 27.072 Ley Federal del Trabajo Social.
Sancionada: Diciembre 10 de 2014
Promulgada: Diciembre 16 de 2014
CAPÍTULO I
Disposiciones generales
ARTÍCULO 1° — Objeto. La presente ley tiene por objeto establecer el marco general para el
ejercicio profesional de trabajo social en todo el territorio nacional, sin perjuicio de la aplicación
de las normas locales dictadas por las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
ARTÍCULO 2° — Alcance. Las disposiciones de esta ley son de orden público y de aplicación en
todo el territorio de la República Argentina.
d) Proteger el interés de los ciudadanos, generando las condiciones mínimas necesarias para la
prestación de servicios profesionales con competencia, calidad e idoneidad;
Ejercicio Profesional
ARTÍCULO 5° — Uso del título profesional. Se considera uso del título profesional el empleo de
sellos, leyendas, dibujos, insignias, chapas, tarjetas, avisos, carteles, publicaciones, informes,
documentos o manifestaciones de cualquier tipo o especie, donde se nombre o se mencione,
directa o indirectamente, la profesión de trabajo social.
Capítulo III
Incumbencias profesionales
Capítulo IV
Derechos profesionales
ARTÍCULO 10. — Derechos. Son derechos de los/as Licenciados/as en Trabajo Social los
siguientes:
c) Capacitarse y actualizarse en el campo disciplinario del trabajo social y de las ciencias sociales
cuando ejerzan su profesión en relación de dependencia pública o privada, independientemente
de la naturaleza del vínculo laboral-profesional incluyéndose aquí la obligatoriedad para la
entidad empleadora, de asignar y/o autorizar hasta catorce (14) días por año destinados a la
formación y actualización profesional, académica, de investigación y de sistematización de las
prácticas profesionales;
e) Contar con las medidas de prevención y protección que fueren necesarias cuando el ejercicio
de la profesión implique un riesgo para la integridad física de los profesionales o bien para su
salud física o mental, independientemente de la naturaleza jurídica del vínculo laboral-
profesional que se establezca con las instituciones públicas, privadas o mixtas en cuyo ámbito se
lleve a cabo dicho ejercicio;
g) Concurrir a las asambleas, reuniones, congresos y otros eventos que se organicen a nivel local,
nacional o internacional, en representación de las organizaciones profesionales de trabajo social,
con justificación de las inasistencias laborales en el ámbito público o privado en que incurran por
dicho motivo y sin que ello afecte el cobro de adicionales por presentismo laboral y otros de
similar naturaleza;
Capítulo V
Obligaciones profesionales
ARTÍCULO 11. — Obligaciones. Son obligaciones de los/as Licenciados/as en Trabajo Social las
siguientes:
c) Ejercer la profesión de conformidad con las normas establecidas en los códigos de ética
sancionados por los colegios o consejos profesionales;
d) Prestar la colaboración que le sea requerida por las autoridades sanitarias en caso de
epidemias, desastres u otras emergencias;
Capítulo VI
Disposiciones generales
ARTÍCULO 14. — Se invita a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a la
presente ley.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS DIEZ DIAS
DEL MES DE DICIEMBRE DEL AÑO DOS MIL CATORCE.
2025
Las herramientas de estudio son un conjunto de
estrategias que facilitan el estudio durante el proceso de
aprendizaje.
S eñ a la l o s c onc e p t o s c l av e s p a r a i d e n t i f ic ar las id ea s
p rin c i p a l es a si mp l e v is t a . N o s u b r ay e s t o d o, s olo aque lla s
p a la b r a s o fr a s es m á s i m p o r ta n t e s . P u e d e s u ti liz ar d if ere n te s
c olo re s y a s i g na r a c a d a c o l o r u n a c a t e go r í a (con cept o clav e,
d e f in i ci ón , ej emp l o, e t c . ) , p ar a q u e s e a m á s s en ci llo acced e r a
la in f o r ma ci ó n rel e v an t e .
Es i mporta nte co mp l emen tar la lec tura c on otros mét odos de est udio
que te pe rmitan consolid ar el aprend i zaj e
Resúmenes
I m plic a r e es cr i bi r l a s id e a s p r i n c ip a l e s d el tex to le íd o
s in t et i z a nd o a l m á xi m o la i nf o r m ac ió n .
E s imp or ta n t e el a bo r a r un a s ín t e si s p a r a s e gu ir est ud i an d o a
pa r t ir de l re s u men , c o n p á r r a f o s c o r to s qu e i n clu yan la s
p a la b ra s e i de a s c la v e s d e l ap u n te , a r t íc ul o , l ib ro.
P a ra d es ta ca r l as i d e as p r in c ip a l e s y o r ga n iz ar vi su almen te el
c o n t e n i do p o d es s u br a y a r e l t e xt o , u ti l i zar marc ad ore s y
re s a lt a r p a l a b ra s c o n c o l o r e s o a p l ic a r d i f eren tes ti pos d e
le t ra .
Fichas de estudio
Las fichas de estudio, son tarjetas pequeñas en las que se representan con un
formato atractivo conceptos o ideas importantes.
Para ello, podes leer en voz alta los textos o apuntes mientras te grabas con
el teléfono para luego escucharlos.
Tecnicas
de
ESTUDIO
Bienvenides a la
universidad Pública
y a la Facultad de Ciencias sociales
El esquema es la aplicación
gráfica del subrayado
En la misma ficha realizas un resumen de lo que se trata el libro según los capítulos y sus
contenidos o resumes un capítulo o tema del mismo que te interesa.
Las fichas generalmente pueden ser de tamaño de 20x12, que permite tenerlas a mano,
ordenadas por autor.
ASPECTOS FORMALES
Autorxs:
Información de contexto:
CONSIDERACIONES ESPECÍFICAS