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REGUNAGA María Tesis

La tesis investiga la categoría gramatical de género en catorce lenguas indígenas de América del Sur, analizando su manifestación y funcionamiento desde una perspectiva funcionalista tipológica. Se examinan aspectos como la motivación semántica, patrones de concordancia y la marcación de género, revelando la correlación entre los sistemas de clasificación nominal y la jerarquía de animacidad. El estudio sugiere que la categorización nominal ofrece valiosa información sobre la cosmovisión y creencias culturales de las lenguas analizadas.
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REGUNAGA María Tesis

La tesis investiga la categoría gramatical de género en catorce lenguas indígenas de América del Sur, analizando su manifestación y funcionamiento desde una perspectiva funcionalista tipológica. Se examinan aspectos como la motivación semántica, patrones de concordancia y la marcación de género, revelando la correlación entre los sistemas de clasificación nominal y la jerarquía de animacidad. El estudio sugiere que la categorización nominal ofrece valiosa información sobre la cosmovisión y creencias culturales de las lenguas analizadas.
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UNIVERSIDAD NACIONAL DEL SUR

TESIS DE DOCTORADO EN LETRAS

Tipología del género en lenguas indígenas


de América del Sur

María Alejandra Regúnaga

BAHIA BLANCA ARGENTINA

2011
PREFACIO

Esta Tesis se presenta como parte de los requisitos para optar al grado Académico de
Doctora en Letras de la Universidad Nacional del Sur y no ha sido presentada previamente
para la obtención de otro título en esta Universidad u otra. La misma contiene los
resultados obtenidos en investigaciones llevadas a cabo en el ámbito del Departamento de
Humanidades durante el período comprendido entre el 15 de febrero de 2005 y el 26 de
abril de 2011, bajo la dirección de la Dra. Ana Valentina Fernández Garay.

María Alejandra Regúnaga

UNIVERSIDAD NACIONAL DEL SUR


Secretaría General de Posgrado y Educación Continua

La presente tesis ha sido aprobada el .…/.…/.….. , mereciendo la

calificación de .......... (……………………)


i

AGRADECIMIENTOS

En primer lugar, agradezco a mis padres, Susana y Aníbal, por su apoyo y su


predisposición a colaborar ante cualquier necesidad.
A mi directora, Ana Fernández Garay, por el constante estímulo, por su guía y
colaboración en todas mis actividades de investigación.
A Cristina Messineo (Universidad de Buenos Aires), Adolfo Elizaincín
(Universidad de la República, Uruguay) y Elizabeth Rigatuso (Universidad Nacional del
Sur), jurados de esta tesis.
A Bernard Comrie y a Ángel Corbera Mori, por la oportunidad de realizar
productivas estadías de investigación en el Departamento de Lingüística del Max Planck
Institute for Evolutionary Anthropology y en el Instituto de Estudos da Linguagem de la
Universidade Estadual de Campinas.
A los numerosos investigadores que colaboraron, tanto con valiosos consejos como
con la bibliografía específica y los trabajos de descripción lingüística utilizados en este
análisis; particularmente a Joshua Birchall, Marisa Censabella, Mily Crevels, Paola Cúneo,
Zarina Estrada Fernández, Dioney Moreira Gomes, Pieter Muysken y John Kalespi.
A mis amigos lingüistas, con quienes he compartido actividades académicas y no
tanto, en especial a Beatriz Protti Christino, Patricia Dreidemie, Solange Gonçalves,
Marcelo Jolkesky, Gabriela Marrón, Soledad Pessi y Adriana Postigo.
A mis profesoras y ahora colegas en la Universidad Nacional de La Pampa: Marta
Alesso, Raquel Miranda y Sonia Suárez Cepeda.
A profesores y compañeros con quienes compartí los años de formación de
posgrado en la Universidad Nacional del Sur y en la Universidad de Buenos Aires.
Finalmente, a la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica, por la beca
concedida en el marco del Proyecto de Investigación Científica y Tecnológica (PICT) 2005
Nº 32455 “Lenguas indígenas de la Argentina: relaciones gramaticales y aspectos
morfosintácticos de algunas lenguas patagónicas y chaqueñas”.
ii
iii

RESUMEN

Esta investigación se centra en la categoría gramatical de género, uno de los posibles


sistemas de clasificación nominal que se basa fundamentalmente en los criterios de
animacidad y sexo y se caracteriza por presentar concordancia. El análisis de la
manifestación y funcionamiento del género gramatical se realiza desde la perspectiva del
funcionalismo tipológico sobre un corpus de catorce lenguas indígenas de América del
Sur, cuyas ubicaciones se extienden desde Venezuela hasta el sur de Argentina.
En la descripción y cotejo de los sistemas del género se contemplaron tres aspectos
fundamentales: la motivación semántica de la asignación y su vínculo con la animacidad;
los patrones de concordancia, principalmente dentro de la frase nominal; y la marcación de
género en el sustantivo. En varias de las lenguas del corpus se detallaron esas facetas con
respecto a otros sistemas de categorización nominal coexistentes con el de género: clases
nominales y clasificadores.
Al contrastar los sistemas de clasificación nominal de las diferentes lenguas se pudo
comprobar que estos cumplen funciones de determinación; por otro lado, se hizo evidente
la correlación que existe con la jerarquía de animacidad, así como las posibilidades de
extensión metafórica/metonímica de las diferentes categorías de clasificación, hechos que
demuestran que el estudio de la categorización nominal constituye una valiosa fuente de
información acerca de la cosmovisión y las creencias culturales comprendidas en las
lenguas.

ABSTRACT

This research focuses on the grammatical category of gender, one of the possible
systems of noun classification. Gender is mainly based on the criteria of animacy and sex
and is characterized by presenting an agreement system. The analysis of the expression and
function of grammatical gender is performed from the perspective of typological
functionalism on a corpus of fourteen indigenous languages located in South America, and
ranging from Venezuela to Southern Argentina.
In the description and collation of gender systems three fundamental aspects were
considered: semantic motivation for assignment and its link with animacy; patterns of
agreement, primarily within the noun phrase, and gender marking on the noun. In several
of the languages of the corpus these aspects were detailed with respect to other systems of
nominal categorization coexisting with gender: noun classes and classifiers.
By contrasting the noun classification systems of different languages we could
verify that they realize the function of noun determination; on the other hand, it became
obvious the correlation gender systems have with the animacy hierarchy as well as their
possibilities for metaphoric/metonymic extensions of different categories of classification.
These facts demonstrate that the study of noun categorization is a valuable source of
information about the worldview and cultural beliefs among the languages.
iv
v

ÍNDICE

NOTAS PRELIMINARES........................................................................................... 1

INTRODUCCIÓN
1. La categorización como procedimiento cognitivo ............................................... 3
2. Clasificación ontológica y clasificación nominal................................................. 7
3. El género gramatical en la historia de la lingüística ............................................ 12
4. Objetivos............................................................................................................... 21
5. Consideraciones metodológicas ........................................................................... 23
5.1. La construcción de la muestra lingüística ......................................................... 23
5.2. El estudio de la categorización nominal desde la tipología lingüística ................ 31
5.3. Acerca de las descripciones lingüísticas utilizadas ........................................... 33

CAPÍTULO 1
Fundamentos teórico-metodológicos
1. El concepto de marcación................................................................................... 43
1.1. El surgimiento del concepto: Trubetzkoy y Jakobson..................................... 44
1.2. Los desarrollos del concepto de marcación en la tradición estructuralista...... 49
1.2.1. Greenberg: la tipología lingüística ............................................................... 49
1.2.2. Andersen y Shapiro: la iconicidad................................................................ 55
1.2.3. Givón: el funcionalismo ............................................................................... 56
1.3. Críticas al concepto: Haspelmath .................................................................... 57
2. Tipología de los procedimientos de clasificación nominal ................................ 65
2.1. Género, clase nominal y clasificadores: los estudios fundacionales
de Dixon y Allan ............................................................................................ 66
2.2. Correlaciones y parámetros: el aporte de Serzisko.......................................... 72
2.3. Los procedimientos basados en la concordancia: género y
clase nominal según Corbett........................................................................... 75
2.4. La ampliación del corpus: Australia y América.............................................. 83

CAPÍTULO 2
vi

Sistemas de género
1. Introducción .......................................................................................................... 105
2. Criterios de asignación de género ......................................................................... 107
2.1. Motivación en la asignación de los sustantivos ................................................. 108
2.1.1. Inanimados ...................................................................................................... 108
2.1.2. Cuerpos celestes .............................................................................................. 114
2.1.3. Animados no humanos .................................................................................... 114
2.1.4. Humanos.......................................................................................................... 120
3. Patrones de concordancia ...................................................................................... 124
3.1. Pronombres......................................................................................................... 125
3.2. Artículos ............................................................................................................. 128
3.3. Demostrativos..................................................................................................... 129
3.4. Numerales........................................................................................................... 133
3.5. Adjetivos ............................................................................................................ 136
3.6. Posesión.............................................................................................................. 139
4. Marcación formal de género ................................................................................. 146
5. Síntesis del capítulo............................................................................................... 147

CAPÍTULO 3
Sistemas de género y clases nominales
1. Introducción .......................................................................................................... 149
2. Criterios de asignación de género y clase ............................................................. 150
2.1. Motivación en la asignación de los sustantivos ................................................. 151
2.1.1. Inanimados ...................................................................................................... 155
2.1.2. Cuerpos celestes .............................................................................................. 158
2.1.3. Animados no humanos .................................................................................... 159
2.1.4. Humanos.......................................................................................................... 161
3. Patrones de concordancia: géneros y clases .......................................................... 164
3.1. Pronombres......................................................................................................... 164
3.2. Artículos ............................................................................................................. 169
3.3. Demostrativos..................................................................................................... 170
3.4. Numerales........................................................................................................... 174
3.5. Adjetivos ............................................................................................................ 178
3.6. Posesión.............................................................................................................. 182
vii

4. Marcación formal de género y de clase ................................................................ 190


5. Síntesis del capítulo .............................................................................................. 192

CAPÍTULO 4
Sistemas de género y clasificadores
1. Introducción.......................................................................................................... 197
2. Criterios de asignación en los sistemas de categorización ................................... 198
2.1. Motivación en la asignación de género ............................................................. 199
2.1.1. Inanimados ..................................................................................................... 201
2.1.2. Cuerpos celestes ............................................................................................. 202
2.1.3. Animados no humanos ................................................................................... 203
2.1.4. Humanos......................................................................................................... 206
2.2. Asignación de clasificadores ............................................................................. 210
3. Clasificación nominal y concordancia.................................................................. 213
3.1. Pronombres........................................................................................................ 214
3.2. Artículos ............................................................................................................ 219
3.3. Demostrativos.................................................................................................... 219
3.4. Numerales.......................................................................................................... 222
3.5. Adjetivos............................................................................................................ 230
3.6. Posesión............................................................................................................. 234
4. Clasificadores ....................................................................................................... 240
5. Síntesis del capítulo .............................................................................................. 246

CAPÍTULO 5
Género, clases nominales y clasificadores
1. Introducción.......................................................................................................... 249
2. Criterios de asignación de género, clase y clasificadores..................................... 250
2.1. Motivación en la asignación de los sustantivos................................................. 250
2.1.1. Inanimados ..................................................................................................... 251
2.1.2. Cuerpos celestes ............................................................................................. 253
2.1.3. Animados no humanos ................................................................................... 253
2.1.4. Humanos......................................................................................................... 254
3. Patrones de concordancia: género y clases........................................................... 255
3.1. Pronombres........................................................................................................ 256
viii

3.2. Artículos ............................................................................................................. 258


3.3. Demostrativos..................................................................................................... 258
3.4. Numerales........................................................................................................... 259
3.5. Adjetivos ............................................................................................................ 260
3.6. Posesión.............................................................................................................. 261
4. Clasificadores ........................................................................................................ 264
5. Síntesis del capítulo............................................................................................... 267

CONCLUSIONES
1. Generales ............................................................................................................... 269
2. Específicas............................................................................................................. 274
2.1 Lenguas con género............................................................................................. 275
2.2. Lenguas con género, clases nominales y/o clasificadores.................................. 282

ABREVIATURAS .............................................................................................................. 303

BIBLIOGRAFÍA ................................................................................................................ 305


1

NOTAS PRELIMINARES

La comparación entre distintas lenguas presentada en este trabajo se funda en

descripciones realizadas por diferentes lingüistas; ninguno de los datos lingüísticos aquí

mencionados han sido recogidos personalmente. En los ejemplos citados se aclara la obra

de la cual han sido tomados; se hicieron, en contadas ocasiones, algunas ligeras

modificaciones tipográficas para mantener la coherencia dentro de una misma lengua.

Cualquier error es de mi entera responsabilidad.

Los nombres de las lenguas, así como su filiación genética y la región geográfica en que se

ubican, se presentan de acuerdo con Fabre (2005–) Diccionario etnolingüístico y guía

bibliográfica de los pueblos indígenas sudamericanos (versión electrónica). En ciertos

casos, esta información ha sido complementada con otra provista por los autores de las

respectivas descripciones.

Las citas se presentan en su idioma de origen, dado que en varias ocasiones el sentido del

fragmento citado es más claro en la versión original. Excepto para los casos del inglés,

francés y portugués, se las acompaña de su respectiva traducción.


2
3

INTRODUCCIÓN

1. La categorización como procedimiento cognitivo

La categorización consiste en un procedimiento de la cognición mediante el cual es

posible aprehender y conocer tanto el universo físico exterior como el universo

psicológico interior del ser humano. El término categoría proviene del griego κατηγορία,

a su vez del verbo κατηγορέω que significa revelar, descubrir, manifestar, expresar,

significar (Pabón 1983: 339). En un contexto ontológico, dicha acción reveladora se

proyecta sobre las cosas: categorizar implica entonces un modo de ver los objetos, un

medio para entender la realidad, un instrumento racional para que el sujeto acceda al

objeto. El vasto e informe flujo de las impresiones captadas por nuestros sentidos

encuentra en la categorización un mecanismo sistematizador, sintetizador y configurador.

Así pues, cognitivamente, la categorización permite que el organismo reduzca la

ilimitada variación que existe en el mundo a proporciones manejables. Una categoría

cumple esta función en virtud de que

by knowing the category to which a thing belongs, the organism, thereby,


knows as many attributes of the thing as possible (Rosch 1975: 197).

La categorización lingüística, entonces, puede ser entendida como el modo en que

la materia prima ontológica se transforma en materia simbólica. Y, en ese proceso, cada

lengua y cada cultura dejarán la impronta de su visión de mundo.

La propuesta de la relatividad lingüística, surgida desde la filosofía romántica

alemana a fines del s. XVIII, destaca la íntima relación entre lenguaje, cultura y

cosmovisión (Weltanschauung), tal como lo manifiesta Johann Herder en el libro IX de


4

“Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad” (Ideen zur Philosophie der

Geschichte der Menschheit, escrito entre 1784 y 1791):

Der schönste Versuch über die Geschichte und mannigfaltige Charakteristik des
menschlichen Verstandes und Herzens wäre also eine philosophische
Vergleichung der Sprachen; denn in jede derselben ist der Verstand eines Volks
und sein Charakter gepräget. Nicht nur die Sprachwerkzeuge ändern sich mit den
Regionen, und beinah jeder Nation sind einige Buchstaben und Laute eigen,
sondern die Namengebung selbst, sogar in Bezeichnung hörbarer Sachen, ja in
den unmittelbaren Äußerungen des Affekts, den Interjektionen, ändert sich überall
auf der Erde. Bei Dingen des Anschauens und der kalten Betrachtung wächst
diese Verschiedenheit noch mehr, und bei den uneigentlichen Ausdrücken den
Bildern der Rede, endlich beim Bau der Sprache, beim Verhältnis, der Ordnung,
dem Consensus der Glieder zueinander ist sie beinah unermeßlich, noch immer
aber also, daß sich der Genius eines Volks nirgend besser als in der Physiognomie
seiner Rede offenbaret. (Herder 1812: 354-355).1

El nacionalismo alemán en que se sitúa Herder constituye un marco propicio para

establecer tales vínculos. Dentro de este movimiento, el concepto de ‘cultura’ (Kultur)

adquiere un carácter particularista: orientada a la delimitación y consolidación de las

diferencias nacionales, esta acepción de ‘cultura’ se diferencia fundamentalmente de la

concepción universalista y ligada al progreso y la civilización de la ideología francesa. ‘La

cultura’ no es, entonces, una sola: cada pueblo tiene su propia cultura, su propio Volksgeist,

al que se accede por medio de la lengua.2 Así, en su “Ensayo sobre el origen de la lengua”

(Abhandlung über den Ursprung der Sprache, del año 1770), afirma Herder que

1
“El más interesante ensayo sobre la historia y las variadas características del intelecto humano sería, por lo
tanto, una Filología Filosófica Comparada; pues, en cada uno de los idiomas están expresados el carácter y el
intelecto de un pueblo. No sólo los instrumentos del lenguaje van cambiando con las regiones de suerte que
casi cada pueblo posee algunas letras y sonidos propios; sino que la misma denominación, hasta la
designación onomatopéyica, las expresiones inmediatas del afecto y las interjecciones son diferentes en toda
la tierra. En el caso de los objetos de la contemplación y de la fría consideración, las diferencias aumentan
más aún, y en las expresiones impropias, las locuciones figuradas, la estructura idiomática, la proporción,
hipérbaton y sintaxis, las diferencias se hacen abismales, pero siempre de suerte que el genio de un pueblo no
se revela en ningún lugar mejor que en la fisonomía de su lenguaje” (Herder 1959: 272-273).
2
Esta idea particularista de la cultura constituye el germen de la concepción antropológica del relativismo
cultural. Franz Boas (1930) propone así una definición de cultura (que tomaremos como punto de partida
para este trabajo) que comprende “all the manifestations of social habits of a community, the reactions of the
5

Nun teilt sich ihm [der Unmündige] mit der Sprache die ganze Seele, die ganze
Denkart seiner Erzeuger mit; aber eben deswegen teilen sie es ihm gerne mit, weil
es ihr Selbstgedachtes, Selbstgefühltes, Selbsterfundenes ist, was sie mitteilen.
[…] Unsre Muttersprache war ja zugleich die erste Welt, die wir sahen, die ersten
Empfindungen, die wir fühlten, die erste Würksamkeit und Freude, die wir
genossen! (Herder y Koch 1957: 28-30).3

Karl Wilhelm Von Humboldt avanza sobre la idea de que el lenguaje no constituye

un mero instrumento para transmitir pensamientos formados con anterioridad, sino que es

un factor de constitución del pensamiento, y destaca el papel fundamental del sonido en

este proceso:

Die Sprache ist das bildende Organ des Gedanken. Die intellectuelle Thätigkeit,
durchaus geistig, durchaus innerlich, und gewissermassen spurlos vorübergehend,
wird durch den Laut in der Rede äußerlich und wahrnehmbar für die Sinne. Sie
und die Sprache sind daher Eins und unzertrennlich von einander. Sie ist aber
auch in sich an die Nothwendigkeit geknüpft, eine Verbindung mit dem
Sprachlaute einzugehen: das Denken kann sonst nicht zur Deutlichkeit gelangen,
die Vorstellung nicht zum Begriff werden. […] Die schneidende Schärfe des
Sprachlauts ist dem Verstande bei der Auffassung der Gegenstände unentbehrlich.
(Humboldt 1836: 50-51).4

Herederos de esta tradición, los antropólogos-lingüistas norteamericanos Franz

Boas, Edward Sapir –discípulo de Boas y cuya tesis había versado sobre la teoría del

origen del lenguaje de Herder– y Benjamin Lee Whorf –a su vez, discípulo de Sapir–

establecieron una disciplina particular, la etnolingüística, desde donde profundizar el

individuals as affected by the habits of the group in which he lives, and the products of human activities as
determined by those habits” (Boas 1930; citado en Kroeber y Kluckhohn 1952: 43).
3
“Con la lengua [el niño] recibe el alma entera, todo el modo de pensar, de sus progenitores; estos se lo
transmiten con gusto precisamente porque lo han pensado, sentido, descubierto, ellos mismos […] Nuestra
lengua materna fue simultáneamente el primer mundo que vimos, las primeras sensaciones que sentimos, la
actividad y alegría que primero disfrutamos” (Herder 1982: 210-211).
4
“El lenguaje es el órgano que forma la idea. La actividad intelectual, por entero interior y que en cierta
manera pasa sin dejar huella, se vuelve exterior en el discurso gracias al sonido, y con ello perceptible a los
sentidos. Por eso actividad intelectual y lenguaje son uno e indivisibles. Mas aquella contiene también en sí
misma la necesidad de entrar en unión con el sonido lingüístico; de otro modo el pensamiento no alcanzaría
nitidez, ni la representación se volvería concepto. […] La cortante nitidez del sonido lingüístico le es
indispensable al entendimiento para la aprehensión de los objetos” (Humboldt 1990: 74-75).
6

análisis de la relación entre lengua, cultura y realidad. En tanto corriente teórica, el

relativismo lingüístico propició que cobrara cada vez más fuerza la idea de que la “masa

informe” de la realidad es particionada y organizada de diferente manera según el “molde

lingüístico” utilizado en el seno de una cultura determinada. En palabras de Whorf (1956:

213),

We dissect nature along lines laid down by our native languages. The
categories and types that we isolate form the world of phenomena we do not
find there because they stare ever observer in the face; on the contrary, the
world is presented in a kaleidoscopic flux of impressions which has to be
organized by our minds –and this means largely by the linguistic systems in
our minds.

La lengua, pues, es el medio a través del cual aprehendemos la realidad; pero esta

no constituye en sí una masa completamente amorfa: el difuso continuum del mundo que

nos rodea presenta, sin embargo, discontinuidades e interrupciones que facilitan su

fragmentación y su codificación por medio del lenguaje. Luque Durán (2001) denomina a

estas marcas de delimitación ‘líneas de fractura’:

La realidad captada por el hombre no es algo totalmente inestructurado. Esta


realidad se presenta ya con unas líneas de resistencia o fractura […] En el
continuum existen discontinuidades objetivas que la mente humana puede
captar fácilmente y el lenguaje, en consecuencia, puede reproducir y
‘espejar’. Las líneas de fractura son, por tanto, guías para la vivisección del
mundo (Luque Durán 2001: 90)

La existencia de tales ‘líneas de fractura’ en los dominios ontológicos lleva al autor

a la conclusión de que estas se encontrarán presentes en todas las lenguas del mundo

“aunque en algunas puedan estar reflejadas en extenso y en otras apenas esbozadas”

(Luque Durán 2001: 90), y que se manifestarán en cada lengua a través de diversos

dispositivos léxicos y/o gramaticales.


7

Pero la categorización lingüística no depende sólo de las características de lo que

nos rodea; también intervienen en el proceso el modo en que los humanos interactúan,

dentro de una cultura dada, con el mundo, así como los procesos cognitivos que

intervienen en la conceptualización (Taylor 1992: vii-viii).

Así pues, no existen delimitaciones conceptuales que antecedan al lenguaje. Cada

lengua realiza la distinción y codificación de la realidad en función de sus unidades

léxicas, de su organización sintáctica y de sus categorías gramaticales.

2. Clasificación ontológica y clasificación nominal

La categorización de las entidades del mundo se realiza principalmente a través de

las expresiones nominales. Las categorías resultantes se vinculan entre sí, estableciendo

relaciones de subordinación y superordinación, que las organizan en complejas jerarquías

centradas en una categoría de nivel cognitivo básico de contraste y categorización (Rosch

1978). Este el es caso de la categoría básica –en la lengua española– ‘perro’:

ser

animal

perro

galgo
    
whippet borzoi saluki tazi …
(lebrel irlandés) (lebrel ruso) (lebrel persa) (lebrel afgano)

Gráfico 1. Jerarquía categorial (adaptado de Luque Durán 2001: 109)

Paralelamente a la clasificación de las entidades realizada a través de los nombres

(que definiría el conjunto de las ‘clases naturales’ reconocidas por una lengua

determinada), es posible realizar otra clasificación, esta vez de los propios nombres, de
8

acuerdo con propiedades establecidas dentro del sistema lingüístico. Este proceso es el que

posibilita la determinación de las diversas clases gramaticales que operan en una lengua

dada. Así,

speakers of natural languages form categorizations of linguistic objects in


the same way that they form categorizations of natural and cultural objects.
(Bybee y Moder 1983: 267).

Estas categorizaciones lingüísticas constituyen, al igual que las clasificaciones

ontológicas, una manera de interpretar la realidad:

The lexicon of a language, as well as the grammar, embodies a system of


meanings, a certain interpretation and classification of the universe
(Wierzbicka 1984: 314).

La clasificación de los nombres dentro del sistema de la lengua sería así una

‘clasificación de segundo grado’ (en palabras de García-Miguel 2000) y se la denomina

clasificación nominal. Esta puede interpretarse como

todo sistema que permita la distribución de los nombres en clases gracias a


la existencia de unidades o procesos morfológicos que marquen
explícitamente propiedades inherentes del nombre, con tal que la expresión
de clase pueda situarse fuera del nombre y que la clasificación, al menos
parcialmente, tenga un fundamento semántico (García-Miguel 2000: 94).

Existe un acuerdo generalizado acerca de la motivación semántica que subyace en

los sistemas de clasificación nominal. Así, se suele considerar que la función principal de

este tipo de procedimientos responde a una necesidad humana de organizar y categorizar la

realidad: “The classification of nouns can be thought of as a semantic (and grammatical)

necessity, just as verbs must semantically (and grammatically) be classified with respect to
9

tense/aspect” (Demuth 2000: 289). Talmy (1992: 131) sostiene que las lenguas “generally

subcategorize nouns grammatically along certain semantic parameters”.5

Dentro de los procedimientos de clasificación nominal, se suelen distinguir los que

implican fenómenos léxico-sintácticos de aquellos que involucran determinadas categorías

gramaticales. Dentro de los primeros se cuentan los clasificadores nominales,6 que

constituyen sistemas con un gran número de categorías que caracterizan al sustantivo y co-

ocurren con él, a la vez que son independientes de otros elementos de la frase nominal o de

la cláusula. En la mayoría de los casos constituyen palabras independientes que acompañan

a los sustantivos y hacen referencia a propiedades inherentes de estos (tales como ‘animal’,

‘humano’, ‘planta’, etc.). Las lenguas austronésicas, el chino, el tai, el japonés y numerosas

lenguas amazónicas presentan este tipo de sistemas clasificadores. Las clases nominales,7

por otro lado, son sistemas gramaticalizados de concordancias predominantemente afijales

que se corresponden con determinadas características semánticas. Aunque pueden aparecer

marcando el propio sustantivo, su principal característica es que se realizan por fuera de

este, usualmente en modificadores (adjetivos y determinantes) e incluso más allá de la

frase nominal, en predicados y adverbios. La siguiente tabla proporciona un contraste entre

los dos sistemas considerados.

5
A pesar de que casi la totalidad de los estudios sobre los sistemas de clasificación nominal han establecido
la pertinencia de categorías semánticas cognitivamente relevantes (Craig 1986, Lakoff 1987, Corbett 1991,
Senft 2000), Zygmunt Frajzyngier (2003) ha propuesto que la emergencia de la clasificación nominal no está
motivada por una necesidad de categorizar el mundo circundante, sino que constituye una necesidad interna
de las lenguas: “A system of nominal classification, which may include a system of gender distinctions, is
one strategy for solving the problem of anaphoric and deictic reference, or reference tracking” (Frajzyngier
2003: 171).
6
Si bien este tema se desarrollará detalladamente en el Cap. I, adelantamos aquí algunas definiciones. Allan
(1977: 285) define los clasificadores según dos criterios: (a) estos ocurren como morfemas en las estructuras
superficiales en condiciones especificables; (b) tienen un significado, en el sentido en que un clasificador
denota alguna característica sobresaliente –percibida o atribuida– de la entidad a la cual el sustantivo
asociado refiere (o puede referir).
7
La definición de Dixon (1968: 106) establece que la categoría de clase nominal alude a (1) una agrupación
de todos los sustantivos de una lengua en un número relativamente pequeño de clases (2) de modo tal que
existe alguna indicación explícita de la clase de un sustantivo dentro de cualquier frase en que este aparezca,
(3) y esa indicación no se encuentra únicamente en el sustantivo.
10

sistemas de clases nominales sistemas de clasificadores


1 realización en patrones de marcados sólo una vez
concordancia
2 pueden aparecer marcando al no afijados al sustantivo
sustantivo (constituyentes independiente)
3 clasifican a todos los sustantivos no clasifican a todos los sustantivos
4 asignación del sustantivo a una sola el sustantivo puede asignarse a varias
clase clases
5 sistema cerrado sistema posiblemente abierto (ciertos
sustantivos pueden usarse como
clasificadores)
6 cantidad reducida de clases (2-20) extensa cantidad de clases (más de 20)
7 pueden fusionarse con otras categorías no fusionadas con otras categorías
gramaticales gramaticales
8 no hay variación individual variación individual de acuerdo con
usos formales / informales

Tabla 1. Criterios de distinción entre clases nominales y clasificadores (Dixon 1986)

Como puede observarse, el criterio diferencial fundamental entre clases nominales

y clasificadores está dado por la concordancia.

El más característico de los sistemas de clasificación nominal es el del género

gramatical, cuyo análisis se remonta a la antigüedad clásica. Este sistema se halla fundado

principalmente en dos rasgos semánticos, sexo biológico y animacidad, de los cuales el

primero determina la oposición masculino/femenino, mientras que el segundo justifica la

existencia del neutro. De hecho, el filólogo Gustav Oppert (1884: 45-46) propone que el

mecanismo conceptual que deslinda los tres géneros opera en tres pasos sucesivos. La

primera impresión percibida es la presencia de vida frente a su ausencia; en segundo lugar,

si las entidades son o no racionales; por último, se considera a qué sexo pertenecen. Así, se
11

considera –desde estos primeros análisis lingüístico-etnológicos y hasta los estudios

contemporáneos sobre clasificación– que el rasgo más saliente para la distinción de los

seres humanos es el sexo, y este hecho

is manifested in the probably universal lexical distinction of ‘man’ and


‘woman’, and in the very common distinction of masculine and feminine
genders in noun class systems (Croft 1994: 162).

Antes de pasar a una descripción más extensa de los trabajos sobre género

gramatical, creemos necesario hacer unas breves consideraciones acerca de su vinculación

con las clases nominales, en tanto otro tipo de mecanismo basado en la concordancia. A

partir de la incorporación en las bases de datos lingüísticos de lenguas ajenas al tronco

indoeuropeo, los lingüistas observaron algunos procedimientos gramaticales semejantes al

del género8 pero que se distinguían de este por las características semánticas que los

sustentaban y por la cantidad de categorías (hasta veinte en algunos casos) que

presentaban. Esto es particularmente notorio en las lenguas bantúes: el swahili, por

ejemplo, organiza los sustantivos de la lengua en catorce clases que distinguen humanos,

plantas y árboles, frutas y hojas, artefactos, etc., pero no toman en cuenta el rasgo de sexo

(Contini Morava s/d). El yimas, por su parte, presenta diez clases para los sustantivos

(algunas con asignación semántica y otras con asignación fonológica), pero –a diferencia

del anterior– este sistema incluye categorías basadas en el sexo, junto con otras que

agrupan animales, plantas, etc. Por esa razón, algunos lingüistas prefieren identificar tales

sistemas como ‘clases nominales’, y reservar el término ‘género’ para los sistemas de dos o

tres constituyentes basados en las oposiciones masculino/femenino y animado/no animado:

8
Como ya se ha dicho, sistemas generalmente afijales, en correspondencia con ciertos rasgos semánticos, que
–si bien pueden manifestarse en el propio sustantivo– se caracterizan por aparecer reflejados mediante la
concordancia en otros elementos de la frase.
12

It was clear that the term ‘gender’, with its implications of sex correlation,
was unsuitable for Bantu, and other languages. The term ‘noun classes’ has
been preferred. ‘Gender’ can be regarded as a particular instance of ‘noun
class’, when there are just two or three classes and considerable semantic
correlation with sex (Dixon 1968: 105)

Quienes se dedican al estudio de las lenguas africanas, muchas de las cuales

presentan extensos sistemas de clases nominales, también prefieren distinguir ambos

términos:

… in African linguistics, the term ‘gender’ tends to be used only when sex
figures among the bases of classification (Creissels 2000: 242).

Así pues, en este trabajo consideramos necesario distinguir los sistemas de género

en tanto un subtipo de los sistemas de clases nominales, que se caracterizan por poseer un

reducido número de clases (dos o tres), basadas en las distinciones de género natural y

animacidad, aunque también pueden ser extendidas hacia el conjunto de sustantivos

inanimados. De esta manera, se opera una restricción con respecto a los sistemas de clases

nominales, que pueden referir a amplios conjunto de categorías basadas en variados

criterios semánticos (que pueden incluir o no el sexo).

3. El género gramatical en la historia de la lingüística

Ya se ha mencionado que la categoría de género tiene una larga trayectoria en la

reflexión occidental acerca del lenguaje. Protágoras (según consta en Aristóteles, Retórica

1407b6-8) denomina los géneros como masculino (ἄρσην), femenino (θῆλυς) y ‘objeto

inanimado, cosa’ –también ‘instrumento, implemento’– (σκεῦος):


13

ὡς Πρωταγόρας τὰ γένη τῶν ὀνομάτων διῄρει, ἄρρενα καὶ θήλεα


καὶ σκεύη· δεῖ γὰρ ἀποδιδόναι καὶ ταῦτα ὀρθῶς· (Bekker 1831-1870)9

También gracias a Aristóteles (Refutaciones sofísticas 173b17-22) sabemos que Protágoras

trataba como masculinos los sustantivos femeninos ‘ira’ (μῆνις) y ‘casco’ (πήληξ),

probablemente por razones semánticas, en función de su asociación con acciones vistas

como privativas del sexo masculino:

Σολοικισμὸς δ' οἷον μέν ἐστιν εἴρηται πρότερον· ἔστι δὲ τοῦτο καὶ
ποιεῖν καὶ μὴ ποιοῦντα φαίνεσθαι καὶ ποιοῦντα μὴ δοκεῖν,
καθάπερ, ὃ Πρωταγόρας ἔλεγεν, εἰ “ὁ μῆνις” καὶ “ὁ πήληξ”
ἄρρενά ἐστιν· ὁ μὲν γὰρ λέγων “οὐλομένην” σολοικίζει μὲν κατ'
ἐκεῖνον, οὐ φαίνεται δὲ τοῖς ἄλλοις, ὁ δὲ “οὐλόμενον” φαίνεται
μέν, ἀλλ' οὐ σολοικίζει. (Bekker 1831-1870)10

Una observación acerca de la terminología adoptada por el Estagirita para referirse a

los géneros: aunque coincide con Protágoras en la denominación de ‘masculino’ y

‘femenino’, Aristóteles utiliza (Poética 1458a8) el término μεταξύ ‘intermedio’ para

aludir al género neutro, con lo que se pierde la valiosa oposición semántica animado / no

animado:

αὐτῶν δὲ τῶν ὀνομάτων τὰ μὲν ἄρρενα τὰ δὲ θήλεα τὰ δὲ μεταξύ


(Bekker 1831-1870).11

9
“… distinguir, como Protágoras, los géneros de los nombres: masculino, femenino y neutro; pues también
esto debe aplicarse rectamente” (Racionero 2000: 374).
10
“Ya se ha dicho antes en qué consiste la incorrección, pero es posible cometerla, aparentarla sin cometerla
y cometerla sin aparentarla, tal como, por ejemplo, decía Protágoras, que si el ira y el celada son masculinos,
el que llame a aquel funesta comete una incorrección, según él, pero no parece cometerla para los otros; el
que lo llame funesto lo aparenta, pero no comete una incorrección” (Candel Sanmartín 1988: 343).
11
“De los nombres en sí, unos son masculinos; otros femeninos, y otros intermedios” (García Yebra 1974:
207).
14

Otro hecho de interés es que, para la adscripción de los sustantivos a los distintos

géneros, recurre a un criterio formal (fonológico), sin ninguna mención de los criterios

semánticos (Poética 1458a9-17):

ἄρρενα μὲν ὅσα τελευτᾷ εἰς τὸ Ν καὶ Ρ καὶ Σ καὶ ὅσα ἐκ τούτου
σύγκειται (ταῦτα δ' ἐστὶν δύο, Ψ καὶ Ξ), θήλεα δὲ ὅσα ἐκ τῶν
φωνηέντων εἴς τε τὰ ἀεὶ μακρά, οἷον εἰς Η καὶ Ω, καὶ τῶν
ἐπεκτεινομένων εἰς Α· ὥστε ἴσα συμβαίνει πλήθει εἰς ὅσα τὰ
ἄρρενα καὶ τὰ θήλεα· τὸ γὰρ Ψ καὶ τὸ Ξ σύνθετά ἐστιν. εἰς δὲ
ἄφωνον οὐδὲν ὄνομα τελευτᾷ, οὐδὲ εἰς φωνῆεν βραχύ. εἰς δὲ τὸ Ι
τρία μόνον, μέλι κόμμι πέπερι. εἰς δὲ τὸ Υ πέντε * *. τὰ δὲ μεταξὺ
εἰς ταῦτα καὶ Ν καὶ Σ. (Bekker 1831-1870)12

Así pues, estas primeras reflexiones sobre el género gramatical presentan una

limitación importante: al no ser emprendidas desde un estudio propiamente lingüístico,

sino que parten desde disciplinas anexas como la filosofía, la literatura o los modelos

textuales, carecen de una adecuada reflexión acerca de los aspectos puramente formales del

género gramatical (a saber la estructura fonológica, la marcación, los mecanismos de

concordancia, etc.) y de su relación con las cuestiones semánticas que subyacen a la

asignación genérica de los nombres.

El estudio propiamente lingüístico de la clasificación en géneros comenzó entre

fines del s. XVIII y comienzos del XIX. A Johann Christoph Adelung (1783) se deben los

primeros estudios comparativos de género. Sobre una muestra de más de 30 lenguas, este

investigador distinguió el género gramatical según la presencia/ausencia de marcas en el

artículo o el adjetivo. El gramático alemán Jakob Grimm (1890), basándose en las lenguas

12
Son masculinos los que terminan en Ν, en Ρ, en Σ o en letras compuestas de esta, que son dos: la Ψ y la
Ξ. Femeninos, los que terminan en una de las vocales que son siempre largas, es decir la Η y la Ω, o en Α
alargada. De suerte que es igual el número de terminaciones para los masculinos y para los femeninos; pues
la Ψ y la Ξ son la misma. En muda no termina ningún nombre, ni en vocal breve. En Ι, sólo tres: μέλι,
κόμμι, πέπερι. En Υ, cinco: * *. Los intermedios terminan en una de estas o en Ν o en Σ. (García Yebra
1974: 207-08).
15

indoeuropeas y considerando con especial atención al alemán, interpretó la clasificación en

géneros como una extensión metafórica –a partir de la imaginación y de la personificación

de los objetos– del sexo (en tanto orden natural) sobre el resto de los objetos codificados

por la lengua.13 Junto con esta aserción de carácter lingüístico postuló otra del orden de las

representaciones: en su opinión, los referentes de sustantivos masculinos eran anteriores,

de mayor tamaño, más firmes, más inflexibles, activos, móviles y creativos, mientras que

los designados por sustantivos femeninos eran tardíos, menores, más blandos, más

tranquilos, pacientes y receptivos.14

Uno de los hitos fundamentales en la historia de la investigación lingüística sobre el

género proviene de la controversia entre la teoría de Grimm –quien sostenía que el género

gramatical proviene del natural– y la postulada por Brugmann (1889, 1891, 1897), quien –

desde una perspectiva puramente formalista– interpreta la asignación del género gramatical

como esencialmente arbitraria, que sólo responde a los fenómenos de concordancia.

Esta oposición de criterios continuó en la siguiente generación de lingüistas. Por un

lado, Hermann Hirt (1927) extendió la teoría de Grimm acerca del rol de la imaginación

como base de la asignación genérica, aseverando que los objetos íntimamente asociados

con la vida humana fueron dotados de un género masculino o femenino: armas y

herramientas, árboles, ríos, vientos, etc. Por su parte, Edward Prokosch (1939) compartió

la idea de Brugmann acerca de la nula relación entre género gramatical y natural, y

relacionó los sistemas de género indoeuropeos con el proceso de individualización:

The o-stems, the most frequently encountered Indo-European nominal


forms, appear in historical times generally as masculine, but they did not
originally denote male humans and animal beings exclusively, nor did they

13
“... alle und jede nomina” (Grimm 1890: 314).
14
“Das grammatische genus ist demnach eine in der phantasie der menschlichen sprache entsprungene
ausdehnung des natürlichen auf alle und jede gegenstände” (Grimm 1890: 343). “Das masculinum scheint
das frühere, größere, festere, sprödere, raschere, das thätige, bewegliche, zeugende; das femininum das
spätere, kleinere, weichere, stillere, das leidende, empfangende” (Ídem: 357).
16

refer to inanimate things as ‘male’ through a process of metaphorical


sexualization. IE *ekwos ‘horse’, *wlqos ‘wolf’ did not necessarily mean
stallion, he-wolf, but merely signified a definite individual horse or wolf.
The corresponding stems in -a, *equa, *wlqa had either generic or
collective force, i.e. they denoted the type, horse, wolf, or even a group of
horses or wolves (‘Gestüt’, ‘Rudel’).
Under agricultural conditions, the general type of domestic animal is
represented by the female animal, while de male (the stallion, the bull, the
rooster) appears as the exceptional individual […]. The neuter singular was
originally not distinct from the masculine […;] nouns of this type generally
denote inanimate objects that are not very frequently used as active subjects
of a sentence.
These three categories –the individual, the generic, and the objective-
collective– in the course of the time were generalized beyond their original
scope […]. Thus the three ‘genders’ became essential distinctions in the
Indo-European languages, but they are by no means fundamental categories
of language in general. (Prokosch 1939: 228).

Como puede verse en la última parte de la cita, su posición se proyecta más allá del

conjunto de lenguas indoeuropeas, manifestando la apertura hacia la diversidad lingüística

y cultural con que la corriente antropológica de principios del s. XX enriqueció los

estudios lingüísticos. La inclusión de lenguas ajenas a la tradición indoeuropea en las bases

de datos lingüísticos permitió observar que “the sex principle, which underlies the

classification of nouns in European languages, is merely one of a great many possible

classification of this kind” (Boas 1911: 36-37). Whorf (1956), por su parte, considera los

sistemas de clasificación nominal como fundamentales para la definición de las categorías

manifiestas (overt categories) y encubiertas (covert categories).15

Con los estudios tipológicos, el contraste entre extensos conjuntos de variedades

lingüísticas permitió desarrollar las investigaciones acerca del género gramatical en dos

direcciones: procurar, por un lado, la identificación de universales lingüísticos (tema que

15
Estos conceptos serán desarrollados en el Capítulo I, 2.3.
17

aún se halla sujeto a discusiones) y, por el otro, el establecimiento del rango de variación

entre las lenguas.

La tipología constituye en la actualidad una de las facetas más prolíficas de los

estudios lingüísticos. Dado que su objetivo se centra en la exploración de los distintos

aspectos que presentan las lenguas a fin de identificar eventuales patrones, es capaz de

ofrecer una perspectiva acerca del lenguaje que representa a la vez la unidad y la

diversidad de las lenguas del mundo. El reconocimiento de la homogeneidad que subyace a

las más marcadas diferencias, así como la determinación de las razones de su existencia,

conforman algunos de los más importantes logros de la lingüística moderna en general y de

la tipología en particular.

La tipología ha demostrado ser una herramienta de suma utilidad para los lingüistas

que realizan trabajos de campo, ya que permite que estos se aproximen a lenguas que no

han sido previamente documentadas con el conocimiento de la variedad y frecuencia de los

mecanismos lingüísticos ya registrados en otras. Este dominio facilita el reconocimiento y

la comprensión de fenómenos que pueden parecer muy disímiles de los que presentan la

propia lengua y/o las lenguas conocidas por el investigador, pero que a través de la

comparación tipológica revelan ser habituales.

Una de las características que hacen a la tipología una herramienta tan versátil es

que no constituye una teoría gramatical. A diferencia de los muchos marcos teóricos que se

han propuesto para explicar cómo funciona el lenguaje –como el generativismo, el

funcionalismo, la gramática cognitiva, etc.– la tipología se restringe a la comparación

interlingüística, y es por tanto compatible con cualquiera de las teorías gramaticales. De

cualquier modo, existe una marcada relación entre la tipología y las perspectivas

funcionalistas, ya que ambas interpretan que las estructuras lingüísticas no pueden

comprenderse fuera de su función comunicativa. La vinculación entre funcionalismo y


18

estudios tipológicos se comprende mejor al considerar que, a fin de poder realizar una

comparación entre varias lenguas, es necesario en primer lugar identificar un ‘mismo’

fenómeno gramatical a través de todas ellas. Esto presenta un problema: las lenguas varían

notablemente en su estructura; esta variación formal dificulta el uso de criterios estructurales

para la identificación en las distintas lenguas de las categorías gramaticales investigadas;

para solucionar este inconveniente es que se recurre para esta tarea al criterio funcional.

Desde su surgimiento, hacia el s. XIX, la tipología se ha ocupado de dos aspectos

principales, uno en relación con el otro: la identificación de universales y el

establecimiento del rango potencial de variación entre las lenguas. Los primeros trabajos,

llevados a cabo por Friedrich von Schlegel y Wilhelm von Humboldt, se centraron con

exclusividad en la morfología: a través del examen de los procesos de formación de

palabras, estos estudiosos alemanes desarrollaron un esquema para la categorización de las

lenguas, considerándolas en su totalidad (lenguas afijales, flexivas, etc.).

Ya en el s. XX, la tipología manifestó importantes cambios. Sobre la base de las

teorías estructuralistas, el análisis comenzó a extenderse más allá de los dominios

morfológicos, a la vez que dejó de focalizarse sobre las lenguas entendidas como un todo

(perspectiva holística) para atender más bien a los diversos rasgos de las lenguas (tipología

parcial).

Los estudios tipológicos comienzan a cobrar preeminencia dentro del ámbito

lingüístico a partir de la década de 1960, asociados con Givón, Hopper y Thompson, a

quienes pronto se sumaron Keenan, Comrie, Payne y Haiman, por citar algunos de sus

exponentes más reconocidos. Aunque en un principio los análisis se centraron en temas

sintácticos, tales como el estudio del orden de los constituyentes de la frase, pronto se

incorporaron trabajos sobre las características morfológicas de las lenguas.


19

El desarrollo fundamental de la investigación tipológica se debe a Joseph

Greenberg (1963, 1974, 1978) quien sentó las bases para un estudio más riguroso, tanto en

lo metodológico como en lo teórico-conceptual. En el ámbito de la metodología,

Greenberg contribuyó a la configuración de bases de datos adecuadas para el trabajo

tipológico, que deben tener en cuenta no solamente el número de lenguas involucradas sino

también las posibles relaciones que estas presenten entre sí, a fin de evitar sesgos de tipo

genético o areal. Pueden mencionarse otros aportes de este investigador al campo de la

disciplina: en primer lugar, restringió la comparación tipológica a determinadas

construcciones de las distintas lenguas, pasando así de una concepción tipológica que

consideraba como unidades de análisis a las lenguas completas a una tipología parcial, en

las que las unidades analíticas son determinados dominios gramaticales. El segundo gran

aporte de Greenberg fue el desarrollo de una estrategia de medición numérica tanto del

grado como de los tipos de morfología que pueden encontrarse en las lenguas,

demostrando así que estas no necesariamente caen en tipos morfológicos discretos. En el

campo de los procedimientos de clasificación nominal, esta idea ha llevado a considerar los

distintos procedimientos presentes en las lenguas, no como categorías diferentes y

mutuamente excluyentes, sino como gradaciones dentro de un continuum. En tal

concepción se basa la propuesta de Grinevald (2000, basada a su vez en la propuesta de

Serzisko 1982) con respecto a la organización de los distintos sistemas según un continuum

de gramaticalización en el cual el menor grado corresponde a los procedimientos léxicos

(tales como los términos de medida o de clase, como -berry en el inglés: raspberry,

strawberry, blueberry) y el máximo grado involucra los sistemas de clases nominales, tal

como puede apreciarse en la Tabla 2:


20

léxicos léxico-gramaticales gramaticales

términos de medida clasificadores (numerales, clases nominales / géneros


términos de clase nominales, verbales, etc.)

Tabla 2. Sistemas de clasificación nominal: continuum de gramaticalización


(adaptado de Grinevald 2000: 61)

La idea del continuum ha resultado de suma importancia al momento de incorporar

a las bases tipológicas los datos provenientes de las lenguas recientemente descriptas, dado

que se han podido hallar ejemplos de procedimientos que comparten características con

clases y clasificadores nominales, y que por tanto se ubicarían en la Tabla 2 entre los

procedimientos léxico-gramaticales y los puramente gramaticales (véase Seifart 2005).

Finalmente, es en el marco de la tipología donde la reflexión lingüística comienza a

considerar diferencias y semejanzas en los diversos procedimientos de clasificación

nominal, hecho que resultaría en la sistematización de géneros y clases como diferentes

sistemas de concordancia y de clasificadores como sistemas no concordiales. Así, el

conocimiento de las lenguas aborígenes australianas permitió conocer otros sistemas de

asignación de clases nominales16 tanto o más complejos que los de las lenguas africanas.

Por su parte, el notable incremento que han registrado las investigaciones sobre lenguas

16
Como el que se verifica en la lengua murrinhpatha, con diez clases nominales distribuidas de la siguiente
manera (Walsh 1997: 256, citado en Luque Durán 2001: 379):
1. kardu: aborígenes humanos, incluyendo a los espíritus humanos.
2. ku: gente no aborigen y todos los otros seres inanimados y sus productos. Se incluyen aquí los
hombres blancos, los hombres negros no aborígenes y animales como el wallaby, la mosca y la
miel.
3. kura: agua potable y conceptos asociados, como fluidos potables –excepto la leche, que
pertenece a la clase 5–.
4. mi: flores, frutos de plantas y cualquier comida vegetal. También las heces.
5. nanthi: categoría residual en la que se incluyen los nombres que no encajan bien en las otras
clases que están relativamente bien definidas. En esta clase se incluyen la mayoría de los objetos
inanimados como ‘casa’, ‘bastón’, y también todos los fenómenos naturales (por ejemplo, el
viento).
6. thamul: lanzas.
7. thu: armas ofensivas (las armas defensivas como son los escudos se incluyen en la clase 5).
También en esta clase (7) se incluye el trueno, el relámpago y las cartas de juego.
8. thungku: fuego y cosas asociadas con este, como ‘leña’, ‘ascuas’, ‘cerillas’, etc.
9. da: tiempo y espacio, nombres para sitios, estaciones, etc.
10. murrihn: fenómenos del lenguaje y del habla y asociados, como ‘noticias’, ‘canciones’,
‘escuela’, etc.
21

indígenas americanas –en parte motivados por el constante peligro de desaparición al que

estas se encuentran expuestas– ha permitido ampliar de modo considerable el corpus

lingüístico disponible para el análisis de los sistemas de clasificación nominal en general y

de género gramatical en particular. Este contexto particular es el que enmarca y da origen a

esta investigación.

4. Objetivos

Esta investigación se centra en la categoría gramatical de género, uno de los

posibles sistemas de clasificación nominal que se funda en los rasgos de animacidad y en

la diferencia sexual propia de humanos y animales (denominada ‘género natural’ por

oposición al ‘género gramatical’; Trudgill 2002: 76-77).

El género gramatical se caracteriza en primer lugar por ser un rasgo “which

partitions the lexicon, more specifically nouns, according to some lexical property”

(Comrie 1994: 2). Esto implica que la adscripción de cierto término a un género

determinado no responde a una elección del hablante, así como tampoco resultaría posible

para este cambiar dicha asignación a lo largo del discurso. En segundo lugar, la

identificación de los géneros presentes en el sistema de cada lengua –así como su

realización en el uso lingüístico– se hace por medio de la concordancia, interpretada como

una de las características definitorias de las clases nominales (entre las que se cuenta el

género gramatical), denominadas por ello ‘clases concordiales’. De esta manera, es

necesario primero conocer la estructura sintáctica de la lengua en cuestión, y analizar las

relaciones que se entablan entre los elementos del sintagma nominal entre sí y con los

demás constituyentes de la frase. Una vez identificados los patrones de concordancia que

se verifican intra e interoracionalmente se podrán establecer los géneros en los que se


22

organiza el léxico de la lengua. En ciertas ocasiones se podrá indagar también acerca de las

motivaciones semánticas que operan en la asignación de dichos géneros.

Los objetivos específicos de esta investigación apuntan al análisis, en el marco del

funcionalismo tipológico, del sistema del género gramatical en un conjunto de lenguas

indígenas de Sudamérica. De cada una de ellas, se recopilará información relacionada con:

a) Las características de la asignación de género, según responda a criterios semánticos o

formales.

a.1) En el caso de criterios semánticos, interesan particularmente las relaciones con

la categoría de sexo –‘género natural’, en oposición al ‘género gramatical’

(Trudgill 2002)– y con las dicotomías [+humano/–humano] y [+animado/–

animado].

a.2) Cuando los criterios sean de carácter formal, se indicarán los mecanismos de

expresión que se encuentran involucrados.

b) La eventual existencia de categorías no marcadas de género y su identificación.

c) La posibilidad de coexistencia del género con otros sistemas de clasificación nominal.

Una vez recolectada la información, se procederá a la confrontación de las

peculiaridades del sistema de categorización nominal de cada lengua a fin de establecer un

panorama contrastivo en cuanto a las características tipológicas del conjunto de lenguas

indígenas sudamericanas que constituye el corpus de esta investigación.

El objetivo general de esta investigación se orienta, por un lado, a aportar datos a la

discusión sobre la función del género; a contribuir con elementos que ayuden a definir su

importancia en tanto categoría gramatical; a explorar las interacciones con otros dispositivos

lingüísticos estructurales o funcionales y a evaluar su relación con la actitudes del hablante;

por otro lado, al basar el análisis tipológico en lenguas indígenas –muchas de ellas en peligro
23

de extinción–, este trabajo podría contribuir a la revalorización del trabajo descriptivo y a la

mejor comprensión de las lenguas de América del Sur. Por último, al tratarse de un análisis

de tipo comparativo, este trabajo permite la integración de datos que habitualmente se

presentan de forma aislada, en el marco de la descripción de cada lengua en particular.

5. Consideraciones metodológicas

5.1. La construcción de la muestra lingüística

Como ya se ha establecido, el análisis del género gramatical a través de diferentes

lenguas indígenas de Sudamérica se ha realizado desde el marco provisto por el

funcionalismo tipológico. Esta perspectiva pone especial atención en la construcción de la

base de datos sobre la que se analiza determinado rasgo, ya que esta debe de ser lo

suficientemente representativa de la diversidad lingüística, sin dejar de lado el hecho de que

la elección de varias lenguas muy cercanas entre sí (ya sea genética como arealmente) puede

conducir a resultados desviados; en ocasiones se han interpretado como patrones

interlingüísticos lo que no era más que rasgos heredados de una lengua ancestral o bien

adoptados de otra lengua vecina con la que hubiera entrado en contacto. Al respecto, Comrie

(1989) destaca:

[…] No sólo hay que precaverse contra los sesgos genéticos, sino también
contra los sesgos regionales, es decir, contra el hecho de seleccionar un gran
número de lenguas, aunque sea de distintos grupos genéticos, pero
procedentes de la misma zona geográfica. Ello se debe […] a que las lenguas
que se hablan en una misma área geográfica tienden, con el tiempo, a influirse
mutuamente y llegar, mediante préstamos e innovaciones compartidas, a tener
características en común que no son necesariamente universales lingüísticos,
o que incluso pueden ser cruces lingüísticos. […] Además de estas dos
tendencias obvias contra las que hay que estar precavido, hay que precaverse
también contra algo relativamente fácil […] y es que en una muestra ideal,
uno querría protegerse de las tendencias a favor o en detrimento de las clases
de lenguas definidas por las principales características tipológicas. Así, por
ejemplo, sería bastante posible dar con una muestra de lenguas que fueran
24

representativas genética y geográficamente, pero en la que todas las lenguas,


o al menos una mayoría abrumadora, tuviera el orden básico de sujeto-objeto-
verbo, que es el orden básico de palabras más frecuente en las lenguas de todo
el mundo […].

De esta manera, el primer problema metodológico que debe enfrentar una

investigación tipológica consiste en el establecimiento de “una muestra representativa de

lenguas humanas que permita hacer un trabajo sobre universales lingüísticos que sea factible

y que esté libre de los prejuicios que surgen al limitarse a una lengua o a un grupo de

lenguas” (Comrie 1989: 27).

Dos son los criterios que suelen ser tomados en cuenta para la construcción de la base

de datos. En primer lugar, la propuesta delineada por Bell (1978) y luego desarrollada en

Tomlin (1986),17 se basa en la frecuencia de familias lingüísticas. De esta manera, la

representación de cada familia dentro de la muestra depende del número de lenguas que esa

familia registre, y las familias más numerosas reciben mayor representación en la muestra

que las familias pequeñas. La ventaja de este método es que provee una idea general de la

proporción de lenguas del mundo que presenta un rasgo lingüístico determinado.

Para la realización de esta investigación hemos optado por la propuesta de Bybee

(1985) y Perkins (1989): seleccionar un conjunto de lenguas con parentesco genético

distante. Esta muestra, constituida por lenguas con mayor grado de ‘independencia’ entre sí,

no representa la frecuencia de lenguas dentro de las familias, pero brinda la posibilidad de

reflejar con mayor precisión las tendencias que las lenguas presentan. Además, la muestra

requerida resulta de un tamaño más manejable. Por otro lado, como las lenguas que

componen el corpus necesariamente deben contar con un sistema de género (ya que este es

el punto de partida de la investigación), este requisito deja de lado numerosas familias y/o

17
Tomlin (1986) intenta perfeccionar la propuesta de Bell (1978) realizando una medición estadística que
evalúa el grado de disparidad entre la distribución conocida (genética o areal) de las lenguas del mundo y las
muestras lingüísticas propuestas. Dicha muestra puede ser adoptada e implementada para la investigación
tipológica sólo cuando presenta una desviación no significativa (véase Song 2001: 21).
25

grupos de lenguas. Esta restricción en la selección de lenguas lleva a que los resultados del

estudio realizado no provean información cuantitativa con respecto a las lenguas con

género (no se ha relevado el porcentaje ni la frecuencia de aparición de los sistemas de

género en las lenguas de Sudamérica); tal como se ha expresado en los objetivos, se han

analizado las características que presentan determinadas lenguas y, en el proceso, se las ha

agrupado de acuerdo con ciertos rasgos que presentan en común.

La selección de las lenguas ha procurado, en primer lugar, mantener una distancia

genética. En algunos casos, se seleccionó una lengua como representante de determinada

familia o grupo lingüístico. En el caso de familias conformadas por un número muy elevado

de lenguas (como la Arawak, subdividida en varias ramas, grupos y subgrupos, y que se

extiende ampliamente por el territorio sudamericano, y particularmente relevante para el

tema de esta investigación), la elección recayó en lenguas tanto geográfica como

genéticamente distantes. En los casos en que fue posible, se utilizaron lenguas aisladas.

Con respecto a la clasificación genética de las lenguas, es sabido que existen varias

propuestas de organización, no siempre semejantes en cuanto a la cantidad de familias y a

la constitución de estas. Para la realización de esta investigación se ha utilizado como guía

la clasificación de las lenguas indígenas sudamericanas provista por el Diccionario

etnolingüístico y guía bibliográfica de los pueblos indígenas sudamericanos (Fabre

2005), particularmente su versión electrónica, dado que, en primer lugar, se centra en el

subconjunto de lenguas del mundo que constituyen el foco de este trabajo; en segundo

lugar, reconoce el valor de la producción bibliográfica generada desde las propias regiones

de Sudamérica y recoge los aportes realizados por investigadores locales (particularmente

los nuevos desarrollos generados en el marco de instituciones de estudio, tanto de

investigadores de larga trayectoria como los correspondientes a jóvenes lingüistas que


26

presentan los resultados de sus tesis); finalmente, y en relación con lo anterior, se

encuentra en constante actualización.

El corpus de esta investigación se encuentra conformado por catorce lenguas:

1. Mosetén (aislada: Bolivia).


2. Jarawara (Arawá: Brasil).
3. Guajiro o wayuu (Arawak septentrional, grupo Caribeño: Colombia/Venezuela).
4. Wari’ (Chapakura: Brasil).
5. Tehuelche (Chon: Argentina).
6. Guayabero (Guahibo: Colombia).
7. Piaroa (Sáliba: Colombia/Venezuela).
8. Tatuyo (Tukano oriental, grupo Central: Colombia).
9. Miraña (Witoto-Bora: Colombia).
10. Baure (Arawak meridional, grupo Bolivia/Paraná: Bolivia).
11. Matsiguenka (Arawak meridional, grupo Campa: Perú).
12. Achagua (Arawak septentrional, grupo Central, subgrupo Norteamazónico: Colombia).
13. Mamaindê (Nambikwara: Brasil).
14. Andoké (aislada: Colombia).

Los nombres de las lenguas, así como la información acerca de la región geográfica

en que se ubican, han sido tomados del ya mencionado Diccionario etnolingüístico y guía

bibliográfica de los pueblos indígenas sudamericanos de Fabre (versión electrónica). Para

confeccionar el mapa, se complementó esta información con la registrada en WALS-World

Atlas of Language Structures (versión electrónica).


27

Mapa 1. Ubicación de las lenguas del corpus:

1. Mosetén 6. Guayabero 11. Matsiguenka


2. Jarawara 7. Piaroa 12. Achagua
3. Guajiro o wayuu 8. Tatuyo 13. Mamaindê
4. Wari’ 9. Miraña 14. Andoké
5. Tehuelche 10. Baure
28

Dado que algunas de las lenguas presentan cierta proximidad geográfica, se intentó

minimizar la posibilidad de un sesgo areal, particularmente con respecto a tres regiones.

En Colombia existe una notable diversidad lingüística; numerosas lenguas de esa

región cuentan con sistemas de categorización nominal que incluyen el género, y algunas de

ellas han sido incluidas en esta investigación. Se han identificado allí ciertas áreas

lingüísticas, así como zonas de influencia, que dificultan la selección de lenguas con

independencia relativa. Con respecto a la región comprendida entre los ríos Meta y Guaviare,

en Adelaar y Muysken (2004: 162) se indica que las lenguas de la familia Guahibo presentan

una fuerte influencia de las Arawak. La selección para la muestra recayó entonces en el

guayabero (Guahibo), por ser la más divergente dentro de la familia (Adelaar y Muysken

2004: 162).

Mapa 2. Región de los ríos Meta y Guaviare (tomado de Adelaar y Muysken 2004: 51)
29

Con respecto a la zona enmarcada por los ríos Vaupés y Caquetá, se han podido

comprobar correspondencias entre las estructuras de clasificación nominal de lenguas del

diferentes familias: Tukano, Witoto, Peba-Yagua y Arawak (Seifart y Payne 2007: 384).

Esto confirma la existencia de procesos de difusión areal, particularmente visibles en la

clasificación nominal del tariana (Arawak) bajo la influencia de las lenguas de la familia

Tukano (Aikhenvald 2006: 46). Algunas características compartidas se extienden incluso

hasta el río Putumayo. No obstante, los rasgos de semejanza entre las lenguas miraña y

tatuyo responden a un patrón común dentro de la zona noroccidental del Amazonas, por lo

que no se consideró una razón para excluir una de ellas del corpus. Por otro lado, la lengua

andoké, que geográficamente se ubica entre el tatuyo y el miraña, presenta un sistema muy

diferente de clasificación nominal (Seifart 2007: 438).

Mapa 3. Lenguas amazónicas noroccidentales: familias Witoto, Tukano (rama oriental) y Arawak
(grupo rionegrino) (tomado de Seifart y Payne 2007: 382).
30

Finalmente, Crevels y van der Voort (2008) han probado la existencia de un área

lingüística en la región de los ríos Guaporé y Mamoré. Los sistemas de clasificación

nominal, sin embargo, no constituyen rasgos definitorios: sólo el 12,5 % de las lenguas

poseen género y las lenguas con clasificadores ascienden al 33% (Crevels y van der Voort

2008: 170). Más aún, según este rasgo pueden diferenciarse subregiones, la de Rondônia

(con mayor presencia de clasificadores) y la de Bolivia. Tres de las lenguas aquí

consideradas pertenecen a tal área: dos de ellas corresponden a la subregión boliviana

(mosetén y baure) y la restante a la de Rondônia (wari’), y fueron elegidas por presentar

marcada distancia geográfica y pocas semejanzas entre sí con respecto al tema de este

estudio.

Mapa 4. Región de los ríos Guaporé y Mamoré (tomado de Crevels y van der Voort 2008: 157).
31

Una aclaración final: si bien se procuró evitar, en la medida de lo posible, tanto el

sesgo genético como el areal, en ciertas ocasiones no se pudo evitar el denominado ‘sesgo

bibliográfico’: ocasionalmente, la selección de la lengua fue motivada por contar esta con

una descripción gramatical lo suficientemente completa que permitiera recabar los datos

focalizados en este análisis.

5.2. El estudio de la categorización nominal desde la tipología lingüística

El estudio del género gramatical desde la perspectiva tipológica ha generado obras

de notable importancia en la bibliografía lingüística, cuya referencia detallada será objeto

del próximo capítulo; aquí simplemente se hace una breve mención de algunos conceptos

básicos. El tema de la categorización nominal recibió sus primeros tratamientos por parte de

Allan (1977), Dixon (1982, 1986), Serzisko (1982) y Craig (1986). Estos estudios

establecieron la importancia cognitiva de los mecanismos de clasificación, en tanto

expresiones diversas de una facultad de la mente humana, a saber, la clasificación. Allan

(1977) estableció los diversos tipos de mecanismos de categorización nominal (clases

nominales o clasificadores concordiales; clasificadores numerales; clasificadores verbales;

clasificadores posesivos y clasificadores intralocativos). Serzisko (1982) consideró el género,

las clases nominales y la categorización nominal como partes de un continuum de “técnicas

clasificatorias”, de las cuales destacó su gramaticalidad, complejidad semántica y

variabilidad. Sobre esta idea de continuidad, Craig (1986 y posteriores) establece una escala

de acuerdo con el grado de gramaticalización que presentan los sistemas de categorización

nominal (ver Tabla 2), cuya aplicabilidad ha resultado de enorme valor en los análisis de

lenguas indígenas, dado que permite dar cuenta de fenómenos que aparecen con frecuencia

(como la coexistencia de mecanismos con diferente grado de gramaticalización dentro de

una misma lengua). Senft (2000) recoge variados trabajos –algunos de actualización y
32

adaptación de acuerdo con datos lingüísticos de reciente aparición; otros, ejemplos de

análisis que amplían el habitual conjunto de lenguas consideradas en el estudio de la

categorización nominal– y constituye otra referencia obligada en este campo en constante

desarrollo. Entre todas estas obras, destaca por su vastedad la ya mencionada de Greville

Corbett (1991), Gender. En ella se realiza un amplio relevamiento de esta categoría

gramatical en más de 200 lenguas, desde las más extendidas, como el inglés y el ruso, hasta

las que se hablan en regiones muy acotadas –como el archi, lengua norcaucásica hablada en

la zona sudoccidental de Rusia, cerca del límite con Azerbaiján–. A través del análisis de

lenguas individuales se muestra la variedad de sistemas que el género puede adoptar. A pesar

del vasto corpus en que se basa el trabajo de Corbett, es notable la carencia de datos

provenientes de lenguas indígenas americanas. El autor justifica este hecho aduciendo que

“in the Americas, the examples of gender languages are few and are generally isolated”

(Corbett 1991: 2). En la actualidad, el notable avance registrado en las tareas de descripción

y documentación de lenguas indígenas americanas constituye un valioso aporte para las

bases de datos lingüísticos en las que se basan los trabajos tipológicos. No obstante, estas

investigaciones no siempre son consideradas a la hora de las comparaciones interlingüísticas,

tal como reconoce Alain Fabre (2005):

unfortunately, many general typologists are only remotely aware of the vast
potential and variety of data available from the indigenous languages of
Latin America. Moreover, too many linguists, especially from Anglo-Saxon
countries, are prone to underestimate (or even disregard) everything not
written in English. Some may even be surprised to hear about the existence
of modern and high-quality linguistic research made, often despite quite
adverse conditions, by their South-American colleagues.

La intención de este trabajo es, por lo tanto, contribuir a una mejor comprensión de

los sistemas de clasificación nominal, en particular de la categoría de género gramatical, a

través de la incorporación de datos provenientes de las lenguas indígenas de América del


33

Sur. Para su realización se ha recurrido a algunos de los muchos trabajos descriptivos que,

como ya se ha dicho, se han venido llevando a cabo en los últimos años. Las lenguas

indígenas sudamericanas han visto incrementado su estudio no sólo por parte de los

lingüistas locales, sino también por investigadores de otros continentes quienes,

conscientes del constante riesgo de desaparición al que están expuestas muchas de estas

lenguas, se han volcado a su estudio, aumentando con ello de modo significativo el

conocimiento lingüístico en general y las posibilidades de desarrollo de los estudios

tipológico-comparativos en particular.

En casi todos los casos se ha trabajado con materiales publicados, aunque en no

pocas oportunidades los datos han provenido de la colaboración de investigadores quienes,

con gran generosidad, han compartido sus investigaciones más recientes y sus trabajos

inéditos.

5.3. Acerca de las descripciones lingüísticas utilizadas

Para realizar esta investigación, de tipo comparativo, se ha tenido que tomar datos

de diferentes lenguas, provenientes de distintos investigadores y generados desde diversas

perspectivas de análisis. Algunos de los materiales bibliográficos consultados (gramáticas,

diccionarios, etc.) se explayan más en los mecanismos formales que operan en la

clasificación nominal de determinada lengua, y apenas mencionan otras facetas del

fenómeno como la semántica. En otros casos, los investigadores presentan un panorama de

mayor amplitud, que permite ver las relaciones entre los sistemas de categorización y la

concepción de la realidad, los mitos y creencias, etc.

Los estudios basados en las propiedades estructurales de los sistemas de

categorización nominal –particularmente la concordancia– presentan antecedentes notables

entre los que se encuentran los trabajos de Greenberg (1978), Heine (1982) y Corbett
34

(1991). La concordancia –definida como “some systematic covariance between a semantic

or formal property of one element and a formal property of another” (Steele 1978: 610)–

puede expresarse en las diversas lenguas a través de distintos tipos de afijos: prefijos, como

sucede en las lenguas bantúes; sufijos, característicos de las lenguas indoeuropeas o infijos,

tal como aparecen en las lenguas pamir (Corbett 1991: 115-117). Los estudios realizados a

lo largo de vastos conjuntos de lenguas han demostrado que la marcación puede verificarse

en diferentes elementos de la frase: el propio sustantivo, los artículos, adjetivos, verbos,

etc. En relación con este tema, Corbett (1991: 151) propone la distinción entre controller

gender (los grupos en los que pueden ser divididos los sustantivos) y target gender (el

conjunto de marcas que aparecen en los elementos que manifiestan concordancia con el

sustantivo: adjetivos, verbos, etc.).

La tradición lingüística de la Escuela de Praga aporta el concepto de marcación,

inicialmente aplicado en el campo de la fonología y luego extendido a la morfología en los

trabajos de Jakobson (1932, 1939). En morfología, uno de los motivos más sólidos para

tomar en cuenta la marcación es el de la economía. Siguiendo a Greenberg (1966: 65-69),

el valor más frecuente presentará una expresión mínima o incluso nula (Ø), mientras que la

forma menos frecuente será la portadora de una marca distintiva. De esta manera, y

tomando el número como ejemplo, el singular raramente presenta un afijo que lo

identifique como tal, mientras que los plurales y los duales sí suelen poseerlo.

Otra motivación que suele mencionarse es la que parte de la idea de iconicidad

(Haiman 1985); así, sobre el presupuesto de que la estructura lingüística se corresponde –o

al menos presenta cierta analogía– con la estructura de la experiencia, los conceptos

prototípicamente simples se expresan a través de estructuras simples (a veces un solo

morfema), mientras que los conceptos con mayor complejidad presentan una estructura

lingüística compleja y, por ende, más informativa.


35

En el campo de la tipología lingüística, la marcación es uno de los recursos más

valiosos para el planteo de jerarquías gramaticales y de prototipos, dado que ofrece a los

estudiosos un medio por el cual se pueden relacionar propiedades estructurales a través de

una gran cantidad de lenguas diferentes. Así, el descubrimiento de patrones de marcación

ha demostrado que determinadas propiedades de la estructura lingüística son lo

suficientemente generales en el conjunto de las lenguas como para posibilitar una

comparación, a partir de la cual puedan detectarse regularidades fonológicas, morfológicas

y sintácticas.

Dado que los sistemas de género pueden estar constituidos por dos o tres clases, en

lo que hace a la marcación, el primer caso suele realizarse mediante la oposición

marcado/no marcado; pero cuando son tres los géneros involucrados se habla de ‘más

marcado’ o ‘menos marcado’ respecto de esta propiedad. De esta manera, en una lengua

que presente masculino, femenino y neutro, podrá establecerse una jerarquía de marcación

del tipo:

género 1 < género 2 < género 3

en la cual el género menos marcado se encontrará a la izquierda, mientras que el más

marcado se ubicará a la derecha de la cadena jerárquica. Tales jerarquías constituyen el

fundamento para la formulación de universales implicacionales. En el artículo de

Greenberg (1963) “Some universals of grammar with particular reference to the order of

meaningful elements” es posible especificar, a partir de las jerarquías gramaticales allí

propuestas, diferentes tipos de lenguas e incluso postular el comportamientos que estas

presentarán respecto de cierto rasgo. También Greenberg (1966: 38-40) establece una

jerarquía de marcación de género organizada de la siguiente manera:


36

masculino < femenino < neutro

Esto es, que en los sistemas de tres géneros, el masculino es la categoría menos

marcada y el neutro, la más marcada; mientras que los sistemas de dos géneros presentan el

femenino marcado frente al masculino (no marcado). En el marco de esta investigación, el

concepto de marcación resulta de particular interés, pues se ha podido verificar que en

varias lenguas indígenas sudamericanas la categoría no marcada es el femenino, hecho

anteriormente mencionado como rareza tipológicas. De hecho, Corbett (1991: 206), quien

trabaja sobre más de 200 lenguas, cita contados ejemplos, entre los que destaca el zayse,

lengua omótica hablada en Etiopía, en la que “is the agreement found with the feminines

which is used for neutral agreement. […] Clearly, in Zayse, the feminine gender is more

compatible semantically with non-prototypical controllers”.

Otra evidencia proveniente de la comparación interlingüística de corte

estructuralista contempla la interacción entre el género y otras categorías gramaticales

(tales como número, persona, caso, etc.). El número ha demostrado ser la categoría más

estrechamente relacionada con el género, y la combinación de ambas conduce a la

diferencia entre sistemas paralelos (en los que se verifican las mismas distinciones de

género en singular y los restantes números posibles) y sistemas convergentes (en los que se

neutralizan las distinciones en el no-singular). Otra categoría relacionada con el género es

la de persona: en las lenguas con género típicamente lo diferencian en los pronombres

personales, aunque existe una gran variabilidad entre la manera en que cada lengua lo

manifiesta (algunas solo marcan la tercera persona –ausente de la dupla interlocutiva–

mientras extienden la diferencia a la 2º e incluso a la 1º).

Por otro lado, muchas investigaciones sobre el género gramatical han avanzado más

allá de los procedimientos puramente estructurales. Como ya se ha mencionado, los criterios

formales frecuentemente coexisten con los semánticos en las lenguas del mundo. De hecho,
37

en los casos de conflicto entre unos y otros, la evidencia lingüística indica que los criterios

morfológicos tienen –en todos los casos– mayor peso que los fonológicos, y que los

semánticos prevalecen sobre cualquiera de los criterios formales (Dobrin 1998). Este hecho

constituiría una prueba de la presencia de un núcleo semántico en todo sistema de género.

Así, en ruso, djadja ‘tío’ es masculino a pesar de su adscripción morfológica a una clase

declensional de género femenino (la II); en Qafar abbà ‘padre’ es también masculino,

aunque su forma fonológica corresponde al género femenino18 (Corbett 1991: 52).

De esta manera, las descripciones desarrolladas sobre una base teórica más amplia

(que puede provenir de aportes de la semántica, la lingüística cognitiva, la antropología

lingüística, etc.) abren la posibilidad de profundizar en los criterios de asignación genérica,

así como de las asociaciones y representaciones que el sistema de género posea dentro de la

cultura.

Uno de los problemas más interesantes en torno del género gramatical es el de la

relación que presentan los mecanismos formales y la base semántica. Es evidente que el

género gramatical es una categoría central en ciertas lenguas, mientras que otras no lo

manifiestan en absoluto. Dado que la diferencia sexual entre hombres y mujeres (y, en

animales, entre machos y hembras) es universal y constituye una clara “línea de fractura”,

la no universalidad de los sistemas de género ha llevado a la percepción de que en el

estudio de las lenguas es necesario diferenciar el ‘género natural’ del ‘género gramatical’.

El primero responde a una distinción biológica basada en el sexo y utilizada para marcar la

diferencia en seres humanos y animales; esto es, se basa en los rasgos semánticos

inherentes de los nombres, de manera que

nouns referring to male humans and animals are classified as masculine,


those referring to female humans and animals are classified as feminine,

18
Compárese con el término latino nauta.
38

whereas objects and other inanimate are classified as neuter (Pauwels 1998:
36).

La diferencia entre género natural y gramatical se hace más evidente en lenguas que

utilizan un criterio semántico diferente del sexual como rasgo diferencial; el ojibwa, lengua

indígena de América del Norte, sólo distingue animado / no animado, mientras que el turco

atiende a la diferencia humano / no humano. Pero como ya se ha dicho que cada cultura

organiza las categorías de modo particular, a veces la atribución según criterios semánticos

puede resultar confusa: Bloomfied (1933: 271-272) menciona que

In the Algonquian languages, all persons and animals belong to one


category, an “animate” gender, but so do some other objects, such as
“raspberry”, “kettle”, and “knee”; all other objects (including, for instance,
“strawberry”, “bowl”, “elbow”) belong to the other, “inanimate” gender.

En varias de las lenguas aquí analizadas, puede verificarse una interesante

vinculación entre el sexo y la animacidad dentro de los sistemas de categorización

nominal. Así, relacionando los distintos mecanismos de clasificación con la jerarquía de

animacidad, puede verse que los extremos de mayor animacidad se organizan de acuerdo

con sistemas de género gramatical masculino/femenino, mientras que los de más baja

animacidad suelen presentar una organización en conjuntos de extensión variable de clases

nominales o clasificadores cuyo criterio de asignación suele vincularse con determinadas

características de los referentes de los nominales en cuestión, como tamaño, forma, etc.

Así pues, los mecanismos de asignación utilizados por cada lengua en la

organización del léxico por medio de la clasificación de los nominales constituyen otro de

los focos de interés para este estudio. Ya se ha dicho que no se han registrados sistemas de

género puramente formales: todos responden, en cierto grado, al significado del sustantivo

o a las propiedades del referente, e incluso existen sistemas –como el del tamil (lengua
39

dravídica)– que son puramente semánticos. Así, aún los sistemas que realizan la asignación

de los sustantivos en base a criterios fonológicos o morfológicos retienen, no obstante, un

núcleo semántico en su interior: en palabras de Corbett (1991: 308) “formal semantic

systems are really semantic plus formal systems”.

Dado que el género gramatical se fundamenta, como se ha dicho, en los criterios de

sexo y animacidad, es interesante estudiar las asociaciones que presentan ambos rasgos.

Desde los comienzos de los estudios lingüísticos se ha postulado que la base semántica de

los sistemas de género sigue una gradación conceptual. Ya se ha mencionado que Gustav

Oppert (1884) considera que la primera impresión percibida es la presencia de vida frente a

su ausencia. En segundo lugar, si las entidades son o no racionales; por último, a qué sexo

pertenecen. Esto nos enfrenta a una sucesión de rasgos semánticos:

[± animado] > [± racional] > [femenino/masculino]

que subyacen en los sistemas de género. Pero, por más que algunas lenguas lo hacen, no

todas limitan la oposición masculino/femenino a las entidades animadas.19 En estos casos,

la adscripción de los sustantivos inanimados a uno u otro género resulta de particular

importancia dentro del análisis del núcleo semántico del sistema, dado que puede dar

indicios acerca de las asociaciones genéricas, y pueden ayudar a comprender la

cosmovisión de un pueblo, dado que la asignación presuntamente arbitraria de sustantivos

inanimados al femenino o masculino refleja, en muchos casos, una creencia cultural.

Lakoff, en su libro Women, fire, and dangerous things (1987), alude con su título a la

clasificación en cuatro géneros que opera en el dyirbal, lengua australiana de la rama de las

19
Del mismo modo en que no todas las lenguas que poseen un neutro incluyen en este los inanimados. Así, el
inglés admite que se utilice el pronombre it para hacer referencia a un niño de corta edad. Otro tanto sucede
con el alemán, lengua en la cual se asigna género neutro a entidades juveniles de las especies cuyos adultos
pertenecen al masculino y femenino (Zubin y Köpcke 1986). Aikhenvald (2000: 42-43) menciona otras
lenguas con comportamiento semejante, el turkana (nilótico oriental) y el archi (caucasiano nororiental).
40

pama-nyungan. El sistema de género del dyirbal agrupa en la clase I (bayi) a hombres y

animales macho, en la II (balan) a mujeres, pájaros, escorpiones, así como todo lo

relacionado con el agua y el fuego; la clase III (balam) remite a frutas y plantas

comestibles y la IV (bala), residual, alude entre muchas otras cosas a partes del cuerpo y al

lenguaje. El autor aclara que la pertenencia de los pájaros a la clase II se justifica a través

de los mitos, que consideran que las aves son los espíritus de las mujeres que han muerto.

En diversas culturas, el género del sol y la luna se desprende de sus respectivos

roles en la mitología: para los dyirbal, son una pareja en la que la luna es el hombre y el sol

la mujer (este cruce de géneros que se produce con respecto al español no sería percibido,

por ejemplo, en alemán, donde der Mond ‘luna’ es masculino y die Sonne ‘sol’, femenino).

Harris (1751) ya había observado que en las lenguas indoeuropeas el sol pertenece

mayoritariamente al género masculino, y atribuía este hecho a su función de proveer luz,

calor y energía fecundante. La luna es femenina porque su luz, reflejada, es mucho más

tenue. Con respecto a este tema, observa Censabella (2004) que la lengua toba

distingue con género femenino a aquellos seres que dan frutos o vida. Así
todos los árboles, cactus y muchos frutos –aunque no todos– serán
femeninos, como también el sol “que hace crecer los frutos”, mientras que
la luna, por el contrario, es masculina.

Citando un ejemplo del corpus aquí analizado, en el caso de la lengua andoké de

Colombia, Landaburu (1993: 149) explica que el sistema de género de esta lengua extiende

la diferencia basada en el género natural a las clases no animadas –siguiendo un

razonamiento semejante al de Jakob Grimm–. Atendiendo al sentido de las clases

inanimadas, se puede ver que el femenino se asocia con objetos blandos, curvos y huecos,

y lo masculino remite a objetos largos y rígidos, hecho que, en palabras de Landaburu

(1993: 151), “semble signifier, par delà l’idée de sexe au sens biologique, la prégnance
41

cosmique de l’opposition dureté/pénétrabilité”. Así, los insectos que poseen aguijón

(abejas, avispas y hormigas) se consideran exclusivamente de género masculino (Jara

1996), en clara contravención del género natural, cuyo dimorfismo sexual posibilita la

propagación de la especie.

Otra asociación que suelen darse en las lenguas con el género es la de los

diminutivos/apreciativos. En dizi, lengua omótica hablada en Etiopía, el femenino refiere

no sólo a animados femeninos sino a todos los diminutivos. Lo mismo sucede en las

lenguas oromo y berber. En manambu –del grupo sepik-ramu de lenguas de Papua-Nueva

Guinea–, val ‘canoa’ pertenece al género femenino cuando es pequeña, y al masculino

cuando se refiere a una de mayores dimensiones (Trudgill 2002: 82-3). Aikhenvald (2000:

279) menciona los usos afectivos del género como manifestación de aprecio o admiración.

Así, en amharic, los amigos cercanos y familiares varones suelen referirse entre sí con el

género femenino. También usan este género para manifestar admiración. Por su parte, Zubin

y Köpcke (1984a; 1984b) remarcan los correlatos que presenta la lengua alemana entre

rasgos físicos y valores afectivos:

There could be a deep rooted polarity in our understandig of personality and


affect which influences the assignment of a gender on the one hand, and
influences our stereotypic attitudes about maleness and femaleness on the
other (Zubin y Köpcke 1984b: 94).

De acuerdo con estos autores, los términos masculinos están asociados con la fuerza

y los femeninos con la debilidad (en el caso de los vientos, los fuertes son masculinos –der

Sturm– mientras que los suaves son femeninos –die Brise–). Con respecto a la composición

de sustantivos, Zubin y Köpcke (1984b) analizan los compuestos con -mut en términos de la

oposición introversión/extroversión: mientras que la mayoría de las palabras compuestas

con dicho sufijo y pertenecientes al género femenino connotan introversión (die Demut
42

‘humildad’), las de género masculino se asocian con la extroversión (der Mißmut,

‘displicencia,’ der Freimut ‘franqueza,’ der Übermut ‘travesura’).

De esta manera, el género gramatical demuestra ser de gran utilidad para discernir las

representaciones genéricas que cada cultura posee.


43

CAPÍTULO 1

Fundamentos teórico-metodológicos

1. El concepto de marcación20

En la INTRODUCCIÓN se mencionó brevemente el concepto de marcación, indicando

que este surge, aplicado al nivel fonológico, en el marco de la Escuela de Praga

(particularmente a partir de los análisis de Trubetzkoy), para posteriormente extenderse al

nivel morfológico y a los restantes niveles del análisis lingüístico a través de los estudios

de Jakobson. Posteriormente, un importante número de lingüistas continuó con el

desarrollo y la aplicación del concepto, dando lugar –desde diversos marcos teóricos y

focalizándose en diferentes niveles– a una verdadera “teoría de la marcación”.

La marcación –entendida muy generalmente como una oposición binaria entre los

constituyentes de un sistema lingüístico, que se contraponen en función de la presencia de

un rasgo (marcación) frente a su ausencia– resultó, desde sus inicios en la teoría

fonológica, un término de tanta utilidad y poder explicativo que su utilización se extendió

no sólo a los otros niveles de la lengua sino a otras disciplinas, como la antropología, el

arte y la música. Dentro del campo lingüístico, su aplicación también cubrió un variado

rango de perspectivas teóricas, que pasan por la lingüística descriptiva, la aplicada y la

tipológica. Esta diversidad de áreas de aplicación ha llevado a convertir la marcación en un

término problemático, y varios han sido los investigadores que proponen reemplazar las

numerosas acepciones que el término ha ido sumando por una terminología específica para

cada caso. No obstante, su innegable utilidad para el establecimiento de jerarquías dentro

20
Preferimos utilizar el término “marcación”, en lugar del también utilizado “marcadez”, para traducir
markedness.
44

de la estructura lingüística ha llevado a su permanencia, particularmente en los estudios

tipológicos, dado que permite establecer relaciones entre las propiedades estructurales de

diferentes lenguas, así como extender la comparación fonológica, morfológica y sintáctica

en vastos conjuntos de lenguas.

En este capítulo procederemos a examinar un poco más detenidamente este

concepto. En primer lugar, y siguiendo a Battistella (1996), observaremos el desarrollo de

la idea de marcación en los sucesivos trabajos de Jakobson, desde sus primeras

formulaciones (hacia 1920, con importantes aportes de Trubetzkoy) hasta sus últimos

trabajos de fines de la década del ’70. A continuación, y también guiados principalmente

por Battistella (1996), examinaremos algunas de las propuestas que sobre dicho concepto

fueron postuladas por lingüistas de la siguiente generación. La productividad de la

marcación ha sido tan extensa que un recuento de todas las teorías que adoptaron el

concepto (que abarcan el neoestructuralismo, el generativismo, el funcionalismo, los

estudios de adquisición, de cambio lingüístico y la pragmática) sería excesivo para los

alcances de este trabajo. Por ello, mencionaremos sólo aquellas que se encuentran más

estrechamente relacionadas con nuestro enfoque particular, esto es, el del funcionalismo

tipológico, dedicando especial atención a los aportes de Greenberg (1963, 1966).

Para finalizar, mencionaremos la propuesta de Haspelmath (2006) de eliminar la

marcación del terreno de la lingüística, en tanto término polisémico y ambiguo, para luego

aclarar nuestra opinión al respecto.

1. El surgimiento del concepto: Trubetzkoy y Jakobson

Jakobson entra en contacto con la expresión “tiempo marcado” –utilizada por

Verrier (1909) en referencia al análisis métrico– hacia 1920, año en que inicia su

correspondencia con Trubetzkoy, conservada en la edición hecha por Jakobson (1975). La


45

primera evidencia de la posibilidad de aplicación del concepto al análisis lingüístico es de

1928, cuando Jakobson escribe a Trubetzkoy una carta donde propone la definición de uno

de los principios centrales del estructuralismo, la correlación fonológica: “A phonological

correlation is constituted by a set of binary oppositions all of which are defined by a

common criterion conceivable apart from each couple of opposites” (Viel 1984: 37). Este

binarismo, sumado a la idea de asimetría (en el campo de la fonología ya se hablaba de los

“ceros” para denominar los casos en que el sistema indicaba la existencia de una

correlación pero presentaba sólo un miembro), sentaba las bases para la carta de Trubetzoy

a Jakobson, fechada el 31 de julio de 1930, donde se comienza a perfilar la definición del

concepto:

Apparently, any phonological correlation acquires in the linguistic


consciousness the form of a contraposition of the presence of a certain mark
to its absence […] At least if the opposition is binary […] only one of the
terms of a correlation is perceived as actively modified and as positively
possessing some mark, while the other term is perceived as passively
unmodified and as lacking the mark (Viel 1984:162-63).

En su respuesta, Jakobson reconoce “I am increansingly convinced that your notion

of correlation always being a relation of a marked and an unmarked series is one of your

most remarkable and productive ideas” (Jakobson y Pomorska 1983: 95).

La primera extrapolación de la idea se da hacia el campo de la semántica; allí

Jakobson comienza a explorar las correlaciones marcadas y no marcadas entre las

categorías semánticas. De hecho, esto se enmarca en ciertas aseveraciones hechas por

Jakobson a Trubetzkoy acerca de la importancia de la correlación marcado/no marcado

“not only for linguistics but also for ethnology and the history of culture” (Jakobson y

Pomorska 1983: 95). De hecho, llega a asegurar que muchos fenómenos etnográficos que a

primera vista parecen semejantes (como por ejemplo las concepciones del mundo), en
46

realidad pueden distinguirse al notar que lo que se considera marcado en un sistema

aparece como no marcado en otro.

La extensión al campo de la morfología llega en 1932, en el ya mencionado artículo

“Zur Structur des russischen Verbums” donde, citando el artículo de Trubetzkoy “Die

Phonologischen Systeme” (1931), Jakobson observa que la no equivalencia de las

oposiciones fonológicas puede también ser aplicada a las categorías morfológicas e incluso

a los opuestos léxicos. Este artículo cuenta con la primera de las varias definiciones de

marcación, concepto que irá ajustando a lo largo de sus trabajos:

When a linguist investigates two morphological categories in mutual


opposition, he often starts from the assumption that both categories should
be of equal value, and that each of them should possess a positive meaning
of its own. Category I should signify α while Category II should signify β,
or at least I should signify α and II the absence or negation of α. In reality,
the general meanings of correlative categories are distributed in a different
way. If Category I signals the existence of α, then Category II does not
signify the existence of α, i.e. it does not say whether α is present or not.
The general meaning of the unmarked Category II, as compared to the
marked Category I, is restricted to the lack of “α-signalization (Jakobson
1932: 12).

Como puede verse, Jakobson propone, en su aplicación del concepto a las

correlaciones morfológicas, que la forma no marcada presenta tanto un significado

“general”, equivalente a la no señalización de la marca, y un significado “parcial” (término

que luego será reemplazado por “específico”), que consiste en la señalización de lo opuesto

de la marca. En el caso que nos ocupa, el género gramatical, el masculino (en tanto

categoría no marcada del sistema de género del español), vale tanto en sentido general

como la no especificación de la oposición de género (en los casos en que cubre los sentidos

de masculino y femenino, como en el adjetivo plural de “El gato y la gata curiosos”, o bien

en la posibilidad de interpretar el sujeto de “Los alumnos de primer año” como un conjunto


47

integrado por alumnas y alumnos) como en el sentido específico de no-femenino. Varios

de los problemas esbozados en este artículo fueron desarrollados en la producción posterior

de Jakobson; uno de ellos es el tema de la posibilidad de sustitución entre categorías

marcadas y no marcadas. Al respecto, observó que la categoría no marcada suele tomar el

lugar de la marcada, y que las categorías no marcadas suelen estar representadas por ceros

morfológicos (en el caso del género del español, ‘ladrón-Ø’ frente a ‘ladron-a’; en inglés,

‘lion-Ø’ frente a ‘lion-ess’).

A partir de 1936, cuando escribe el primero de una serie de artículos sobre el

sistema de casos en ruso, Jakobson ingresa de pleno al análisis morfológico. Allí realiza

algunos ajustes en la definición del significado general y del específico, y presenta la idea

de sincretismo, que involucra el modo en que categorías distintas se diferencian en

subcategorías; por mencionar un ejemplo, la 3º persona del inglés diferencia he

(masculino), she (femenino) e it (neutro) en el singular, pero estos géneros se sincretizan

en la forma única del plural they. Establece a su vez una relación entre sincretismo y

marcación: según sus observaciones, las categorías marcadas suelen presentar menor

diferenciación (Jakobson 1936: 97).

En uno de sus ensayos más mencionados, “Signe zéro” (1939), Jakobson

nuevamente abre la perspectiva de análisis, examinando los diferentes tipos de cero no sólo

morfológicos, sino también sintácticos, semánticos y hasta estilísticos. Nuevamente se

establece una identificación (ya planteada en 1932) entre el “signo cero” y el miembro no

marcado de la oposición. En este trabajo analiza también el “significado cero”:

the nominal system and the verbal system can be decomposed into binary
oppositions, where one of the terms of the opposition signifies the presence
of a certain quality and the other (the unmarked or undifferentiated term of
the opposition, in brief, the zero term) indicates neither its presence nor
absence (Jakobson 1939: 153).
48

Aquí Jakobson propone examinar el significado cero a través de la oposición de

género (en la cual el masculino se presenta como el poseedor de significado cero), el

aspecto y el caso. El concepto de marcación es considerado más bien como una relación

general entre oposiciones, más que como asociado a un rasgo particular (fonológico o

semántico).

Recién en 1957 retoma Jakobson el tema de la marcación gramatical, con el artículo

“Shifters, verbal Categories, and the Russian Verb” donde, en su análisis de las asimetrías

de las categorías verbales del ruso, ofrece una nueva definición de marcación:

One of two mutually opposite categories is “marked” while the other is


“unmarked”. The general meaning of a marked category states the presence
of a certain (whether positive or negative) property A; the general meaning
of the corresponding unmarked category states nothing about the presence
of A, and is used chiefly, but not exclusively, to indicate the absence of A.
The unmarked term is always the negative of the marked term, but on the
level of general meaning the opposition of the two contradictories may be
interpreted as “statement of A” vs. “no statement of A,”, whereas on the
level of “narrowed” nuclear meanings, we encounter the opposition
“statement of A” vs. “statement of non-A” (Jakobson 1957: 47).

Entre los trabajos de Jakobson podemos encontrar dos que se centran en el análisis

del género gramatical. En su artículo de 1960 “The gender pattern in Russian”, hace notar

una inversión en los valores de marcación de género de las diferentes categorías

gramaticales: el neutro, generalmente marcado con respecto al masculino en los

paradigmas nominales, es la categoría no marcada dentro de los paradigmas verbales y

adverbiales. Aclara a su vez que este fenómeno constituiría la contraparte morfológica de

la inversión de rasgos fonológicos.

The neuter, which is a specified, marked category in the case-forms, proves


to be the least specified –the unmarked gender– among the caseless forms.
Here a “subjective” class is opposed as marked to the unmarked neuter, and
49

the former signals that the verb or short adjective actually relates to a
subject, namely to a more specified, marked feminine or to a less specific
and, in this respect, unmarked masculine (Jakobson 1960: 142).

El otro de sus trabajos sobre género es el de 1959 (publicado en 1971) “On the

Rumanian neuter”, en el que examina cómo los sustantivos rumanos oponen el femenino

al no-femenino en el singular, pero en el plural la oposición que se verifica es entre

masculino y no-masculino.

Como ha podido apreciarse, un importante número de la vasta producción

lingüística de Jakobson se ha centrado en el tema de la marcación. No obstante, la variedad

de campos en los que fue desarrollando sus análisis –los primeros, focalizados en las

marcación de las oposiciones fonológicas y gramaticales, y sus obras más tardías, de

carácter más abarcativo, en los que la marcación emerge no sólo como un principio

estructural que involucra todos los niveles, sino como un universal lingüístico– han dejado

una teoría de la marcación no del todo sólida y coherente. En palabras de Battistella:

Jakobson’s treatment of markedness is neither fully worked out nor wholly


consistent, but instead is often speculative, fragmented and overly broad.
[…] The resulting picture is variegated and conflicting, with different
approaches focusing on different facets of markedness.

Pero esa misma amplitud en el espectro de sus investigaciones favoreció la apertura

de numerosas líneas de análisis que permitieron a sus herederos intelectuales (la siguiente

generación de lingüistas que trabajaban dentro de la tradición del estructuralismo)

profundizar e incorporar nuevas facetas al fenómeno de la marcación.

2. Los desarrollos del concepto de marcación en la tradición estructuralista

2.1. Greenberg: la tipología lingüística.


50

A partir de la idea de las oposiciones sistemáticas que contrastan un elemento

marcado con otro no marcado (restringidas al plano fonológico, en los trabajos de

Trubetzkoy, y extendidas a otros planos del análisis por Jakobson, pero siempre referidas a

un determinado sistema lingüístico y desde una perspectiva sincrónica), el principal aporte

de Greenberg a este tema ha sido integrar la teoría de la marcación a los estudios

interlingüísticos, así como al análisis del cambio lingüístico (proponiendo que las

asimetrías del sistema pueden comprenderse en tanto producto de la desaparición del

miembro marcado de una oposición) y del uso (donde los fenómenos de marcación se

correlacionan con la frecuencia de uso). Otra gran contribución consiste en haber dejado de

interpretar la marcación como una propiedad absoluta, demostrando que en muchos casos

depende de los contextos particulares (dando lugar a lo que luego se conocería como

marcación inversa, vid. infra).

Así pues, dentro de la perspectiva tipológica, Greenberg (Linguistic Universals,

1966) toma el concepto de marcación pero, en vez de considerar las oposiciones binarias

particulares de una determinada lengua, trabaja interlingüísticamente sobre rasgos

gramaticales y semánticos en oposiciones que pueden involucrar más de dos categorías:

por ejemplo, ciertos sistemas de género (masculino / femenino / neutro) o de número

(singular / dual / plural). Aquí las relaciones entre los miembros de la oposición no se

basan en la señalización/no señalización de un rasgo, sino en una escala jerárquica de

marcación –que permite posicionar las categorías desde el extremo de las “menos

marcadas” hasta el de las “más marcadas”–, en la que el significado general y los

significados específicos de las oposiciones se organizan en un ordenamiento jerárquico. La

evidente ventaja de la aplicación de las escalas de marcación en los estudios tipológicos,

particularmente en el análisis interlingüístico, es que ofrece un conjunto de criterios que

pueden ser aplicados no sólo en los distintos niveles de determinada lengua, sino que
51

funciona a través de la comparación entre distintas lenguas, aunque estas no presenten

exactamente las mismas categorías.

Greenberg había planteado su propia definición de marcación en 1963 (“Some

universals of grammar with particular reference to the order of meaningful elements”), al

referirse al Universal 33 (sobre la categoría de número):

The category which does not appear in the position of neutralization, in this
case the plural, may be called the marked category (as in classical Prague
School phonemic theory) (Greenberg 1963: 94).

En Linguistic Universals, Greenberg intenta proveer una caracterización que

contemple los niveles fonológico, gramatical y semántico-léxico. Al plantear los objetivos

de su estudio, propone como punto de partida tres problemas: (a) ¿cuales son los rasgos

comunes que justificarían la validez del concepto de marcación en campos tan diferentes

como la fonología, la gramática y la semántica?; (b) ¿es posible aislar alguna característica

definitoria para esta noción “wich tends to take on Protean shapes” (Greenberg 1966: 11) y

(c) ¿qué relación existe entre las formas marcada/no marcada y los universales

lingüísticos?

Greenberg comienza su revisión del concepto tomando el nivel donde este surge, el

fonológico, dentro del cual propone que “the marked feature is a positive something, e.g.

nasality, aspiration, while the unmarked feature is merely its lack” (Greenberg 1966: 14).

De allí deduce que las categorías marcadas son relativamente más complejas que las no

marcadas, y que estas últimas son quienes presentan una mayor frecuencia de uso, dado

que aparecen en las posiciones de neutralización en las que el miembro no marcado emerge

como representativo de la oposición marcado/no marcado. Así, establece los siguientes

criterios para la determinación de la categoría no marcada:

- la que emerge ante la neutralización de la oposición;


52

- la que presenta mayor frecuencia;

- la que presenta mayor variabilidad alofónica;

- la que presenta un número mayor de ejemplares que la categoría marcada (por

ejemplo, las vocales frente a las vocales nasalizadas).

- la que presenta el alófono básico, esto es, el que presenta independencia fonológica

del contexto.

Al pasar a los siguientes niveles, gramático y léxico, Greenberg observa que las

categorías no marcadas de las diferentes lenguas en que basa su estudio presentan un

conjunto de características comunes (1966: 25-31):

- indeterminación semántica, según la cual “the ambiguous nature of the unmarked

term, as indicating both the generic category and the specific opposite of marked

member, is paralleled by the likewise ambiguous status of the unmarked member

of the phonological opposition which in the position of neutralization represents

the archiphoneme” (1966: 26);

- expresión cero: author vs. authoress, término marcado de la oposición que

incorpora el sufijo -ess;

- sincretismo flexivo, fenómeno que implica que “distinctions existing in the

unmarked member are often neutralized in the marked categories” (Greenberg

1966: 27).

- expresión facultativa, ilustrada a través de un ejemplo del coreano, lengua en la

cual la categoría de número presenta un sufijo de plural (-tul) que no aparece

necesariamente en todos los casos que involucren más de un elemento, ya que el

singular (expresado por Ø) puede ser utilizado también con el sentido de plural. El

oyente interpretará la forma cero por defecto como singular, pero puede también

tomarla como plural si la situación lo requiere.


53

- neutralización contextual: en ciertos contextos se suprime la oposición entre dos o

más categorías, dando paso a que aparezca el miembro no marcado (mecanismo

análogo a la neutralización en fonología);

- irregularidad morfológica de las formas no marcadas, frente a mayor regularidad en

las marcadas;

- defectivización (defectivization), término acuñado por Hjelmslev para indicar que la

categoría marcada puede carecer de ciertos elementos presentes en la no marcada

(nótese que la defectivización, en el caso de las categorías flexivas, constituye una

forma de sincretismo). El ejemplo citado por Greenberg es el del francés, que en

el modo subjuntivo (marcado) carece de futuro, hecho que puede interpretarse

también como un sincretismo entre presente y futuro;

- predominio (dominance), característica que se restringe a la categoría de número.

Equivalente al término taghli¤b, usado por los gramáticos árabes, el predominio se

aplica a la elección de uno de los miembros (de un conjunto de dos o más) como

representativo del conjunto para el plural. Por ejemplo, ‘los padres’ en español

para referir al padre y la madre, o el sánscrito ahani¤ ‘los dos días’ (dual) para ‘día

y noche’). Un fenómeno relacionado es la concordancia a potiori, en el que

sustantivos de diferentes categorías (por ejemplo, femenino y masculino)

presentan un modificador común a ambos expresado en la categoría no marcada.

El ejemplo provisto por Greenberg es “el hijo y la hija son buenos”.

Aunque advierte que es posible establecer importantes paralelismos entre los

criterios de los niveles fonológico y léxico-gramatical, Greenberg destaca una diferencia

entre ambos con respecto a la frecuencia. En el plano fonológico, esta es un mero resultado

de las tendencias diacrónicas (por ejemplo, la simplificación de series fonéticas complejas


54

–como en los casos en que toda una serie de consonantes glotales se fusiona con la serie de

consonantes no glotales–). Por el contrario, en los niveles gramatical y semántico, la

frecuencia constituye el factor principal para la determinación del miembro no marcado de

la oposición:

There is a real difference between frequency phenomena in phonology and


in the grammatical-semantic sphere. For the former, we do not choose our
expression in terms of sound, except perhaps marginally in poetry so that
phonological frequency is an incidental characteristic which bears the marks
of past diachronic changes. But we make grammatical and semantic choices
based on the momentary situation (Greenberg 1966: 66).

Greenberg reconoce que, a pesar de la importancia concedida a la frecuencia en los

niveles gramatical y semántico, este factor no es más que un síntoma, y que no permite dar

cuenta del complejo panorama en su totalidad:

frequency is itself but a symptom and the consistent relative relations which
appear to hold for lexical items and grammatical categories are themselves
in need of explanation, Such explanations will not, in all probability, arise
from a single principle (Greenberg 1966: 70)

Así, el elemento no marcado aparece con mayor frecuencia porque está implicado

por el término marcado (por ejemplo, “hombre” en el sentido general de no señalización

del rasgo, esto es, con el sentido de “ser humano”, está implicado por el término marcado

“mujer”, así como por el sentido específico de “hombre=no-mujer”, y de allí su mayor

frecuencia de aparición).

Al plantear la marcación como una relación de tipo implicacional (“un síntoma”),

Greenberg, a la vez que relativiza la importancia de la frecuencia en la determinación del

grado de marcación de cierta categoría, da lugar al un tipo particular de universales, el de

los universales implicativos:


55

the concept of marked and unmarked categories provides the possibility of


formulating higher level hypotheses with deductive consequences in the form
of more specific universals commonly arrived at by a more purely empirical
consideration of the evidence (Greenberg 1966:10-11).

2.2. Andersen y Shapiro: la iconicidad

Los neoestructuralistas Henning Andersen y Michael Shapiro interpretan el

fenómeno de la marcación en términos de isomorfismo entre la forma y el contenido

expresado. Las formas no marcadas, en la visión de estos autores, se corresponden con

significados no marcados, de la misma manera en que las unidades lingüísticas no

marcadas se corresponden con contextos no marcados.

La marcación surge en estos autores como una cuestión de asimetrías

paradigmáticas, en las que el término marcado presenta una definición más precisa que el

no marcado, que a su vez detenta una mayor ‘complejidad conceptual’ o ‘complejidad

semántica’ (Shapiro 1983: 79).

Lejos de restringirse al los niveles del análisis lingüístico, la marcación se interpreta

como un principio de organización cognitiva, cuya utilidad se verifica en el

comportamiento general de los seres humanos, en los rituales, en la estructura de los textos

y en el discurso (Andersen 2001).

Andersen (1972) y Shapiro (1983) incursionaron en uno de los aspectos esbozados

por Jakobson en el ya mencionado artículo “On the Rumanian neuter” (1971: 185-86): la

inversión de la marcación (markedness reversal). En dicho artículo, Jakobson propone el

término para designar un cambio en la distribución de las categorías marcadas y no

marcadas, y presenta como ejemplo el género neutro del ruso, que ocupa la segunda

posición en la jerarquía de género en el paradigma nominal pero se convierte en la opción

no marcada en verbos y adverbios. Al respecto, propone que tales inversiones son naturales

y esperables en las lenguas. En palabras de Shapiro (1983), la marcación inversa consiste


56

en “the phenomenon whereby a marked context reverses the normal markedness values of

the terms of an opposition (Shapiro 1983: 93). El aporte de Andersen (1972) y Shapiro

(1983) con respecto a las previas interpretaciones de la inversión de la marcación es

haberla interpretado en correspondencia con la frecuencia de uso, ya que esto permite

comprender por qué determinadas formas marcadas presentan una alta frecuencia en

ciertos contextos. La explicación atribuida a este fenómeno es que las formas marcadas

tienden a aparecer en contextos marcados, mientras que las no marcadas aparecen en

contextos no marcados. Esta idea ya había sido anticipada por Greenberg (1966: 66) al

indicar que la frecuencia no puede abstraerse de la situación en que los usuarios de la

lengua se desenvuelven:

‘Author’ means facultatively a writer of either sex, but par excellence, male,
because in fact most authors are male. We see this if we compare with the
term ‘nurse’. Since nurses are usually female, nurses take on the meaning of
nurse in general, o non-male nurse. To express the maleness of the nurse,
when relevant, we use the marked form ‘male nurse’ (Greenberg 1966: 66).

2.3. Givón: el funcionalismo

T. Givón (2001) entiende la marcación como una asimetría característica tanto de

las categorías lingüísticas como de las conceptuales, en la cual

One member of the pair acts as the unmarked case, the absence of the
category, the general norm. While the other member acts as the marked
case, the presence of the category, the counter-norm (Givón 2001: 330).

Plantea tres criterios (provenientes de distintas áreas del comportamiento) que

sustentan la marcación (Givón 2001: 330):

- complejidad estructural: el caso marcado es más complejo.

- distribución en el discurso: el caso marcado es menos frecuente.

- complejidad cognitiva: la categoría marcada es más difícil de procesar.


57

Battistella (1990) ofrece un recuento final de acerca de lo que las diferentes

perspectivas lingüísticas han ido aportando al concepto de marcación, que comienza –

desde sus orígenes en Trubetzkoy y Jakobson– con la idea de la oposición:

Any opposition involves a distinctive or conceptual property and a relation


between the two poles of that opposition, which may be characterized as
opposites A and B. The effect of markedness is to superimpose onto the
opposition A/B an analysis as signalization of A versus nonsignalization of
A, where the latter has a double meaning. The polarity A/B is the feature or
property defining the opposition, A is the signalization or mark, and
markedness is the asymmetric characterization of the relation. Different
extensions of markedness may be added onto this basic notion, just as
redundant features are imposed on a contrastive opposition. Viewed as a
complex of oppositions, the additional properties of marked and unmarked
terms can be schematized as follows:

Signalization of A Nonsignalization of A
specific meaning general meaning
conceptual complexity conceptual simplicity
narrowly defined broadly defined
syncretized nonsyncretized
subset superset
figure ground
abnormal normal
nonprototypical prototypical
less frequent more frequent
implying implied
low valued high valued
nonneutralizable neutralizable
nonoptimal optimal
overt expression zero expression
(Battistella 1990: 70-71)

3. Críticas al concepto: Haspelmath

En lo expuesto hasta aquí se ha hecho evidente en más de una oportunidad que el

amplio desarrollo de la teoría de la marcación –a través de variadas perspectivas teóricas y


58

diferentes marcos de interpretación– ha llevado a una pérdida de la precisión del concepto,

que se escinde en múltiples facetas según el campo o la tradición en que se utilice. Algunos

lingüistas han propuesto incluso otra terminología, con el objeto de soslayar las

ambigüedades: ‘menor / mayor complejidad conceptual’ (Andersen 1979 y Shapiro 1983);

‘usual/inusual’ (Kuipers 1975); ‘normal/especial’ (McCawley 1985); ‘más básico/menos

básico’ (Lakoff 1987) y ‘prototípico/no prototípico’ (Ross 1987).

Mencionaremos a continuación uno de los más completos relevamientos acerca de

la multiplicidad de acepciones de la marcación. Su autor, Martin Haspelmath (2006),

provee un completo y detallado panorama de los diversos sentidos con que se ha cargado el

concepto a lo largo del siglo XX. En su examen identifica doce interpretaciones diferentes

de la oposición marcado / no marcado, que pueden ser agrupados bajo cuatro clases:

(marcación como complejidad, como dificultad, como anormalidad y como correlación

multidimensional).

Marcación como complejidad:

Sentido 1: como especificación de una distinción fonológica, esto es, el sentido

originalmente propuesto por Trubetzkoy (1931, 1939) en referencia a las oposiciones

privativas en las que un miembro porta una marca de la que el otro carece: sonoro /sordo,

nasalizado /no nasalizado.

Sentido 2: como especificación de una distinción semántica (marcación semántica),

que corresponde a la extensión del sentido anterior hacia los restantes niveles lingüísticos

(Jakobson 1932, 1939, 1957). En el ejemplo de Jakobson (1932), la marca semántica de

sexo opone osël/oslíca (‘burro/burra’ en ruso), par en cuyo segundo miembro puede

encontrarse una marca semántica de femenino, que por no estar presente en el primer
59

miembro lo hace apto para su aplicación a toda la categoría. En este sentido, la diferencia

no se establece entre A y no-A, sino entre A y la no diferenciación entre A y no-A.

Sentido 3: como código explícito (marcación formal). Relacionado con el ‘signo

cero’ de Jakobson, esta interpretación se aplica cuando uno de los elementos de la

oposición presenta explícitamente un afijo o término auxiliar del que carece el otro

elemento (marca cero). Pero, en un sentido más amplio, tiene validez en los casos donde

ambos elementos presentan una marca formal explícita, auque con diferente grado de

complejidad: “marked form […] are more morphologically complex and less lexicalized,

more prolix or periphrastic” (Levinson 2000: 137).

Marcación como dificultad:

Sentido 4: como dificultad fonética; propuesta realizada en el marco de la fonología

natural (Hurch y Rhodes 1996) en la que el elemento fonético no marcado se vincula con

las ideas de ‘simple’, ‘natural’, ‘que presenta menor esfuerzo articulatorio’, ‘que exige un

menor esfuerzo perceptual’.

Sentido 5: como dificultad / antinaturalidad morfológica. Constituye una extensión

del sentido anterior al campo de la morfología (Mayerthaler 1981). Ciertas estructuras

morfológicas (‘más naturales’; ‘menos marcadas’) son preferidas a otras en función de su

iconicidad (el plural del inglés en sheep/sheep ‘oveja/-s’ no es icónico, y por tanto es más

marcado que el de girl/girls ‘chica/-s’), su uniformidad (los casos que presentan variación

morfológica, como en alemán el plural de Zug/Züge ‘tren/-es’, más marcado que uno

invariante como Boot/Boote ‘bote/-s’ ) y su transparencia (medida en referencia a la

función de cada elemento: el singular del presente del indicativo, amo/-as/-a, es más

transparente que el del subjuntivo, donde se presenta un sincretismo entre la 1º y la 3º

persona: ame/-es/-e).
60

Sentido 6: como dificultad conceptual (marcación cognitiva). Este es el sentido

propuesto por Givón (1991: 337): “the marked category tends to be cognitively more

complex –in terms of attention, mental effort or processing time– than the unmarked one’.

Así, las estructuras pasivas presentan más dificultades para el procesamiento que las

activas, y por tanto son el elemento marcado.

Marcación como anormalidad:

Sentido 7: como infrecuencia textual (marcación textual). Ya Trubetzkoy (1939)

había observado que los fonemas marcados tendían a aparecer raramente, en relación con

los no marcados. Y, dentro de la tipología, ya se ha visto que Greenberg (1966) destacó la

importancia de la frecuencia en las asimetrías de la marcación gramatical y semántica.

Sentido 8: como infrecuencia en el mundo (marcación situacional): Levinson

(2000: 136) utiliza la expresión ‘situación marcada’ como sinónimo de ‘anormal’ o ‘raro

en el mundo’.

Sentido 9: como infrecuencia interlingüística (marcación tipológica); alude a la

relación entre los universales lingüísticos y las propiedades particulares de cada lengua,

estableciendo que las propiedades no marcadas aparecen en casi todas las lenguas,

mientras que las propiedades muy marcadas constituyen una infrecuencia y se encuentran

en muy pocos casos. Este criterio permitiría oponer los sistemas de número que sólo

diferencian singular/plural de aquellos que presentan singular/dual/trial.

Sentido 10: como restricción en la distribución (marcación distribucional); los

segmentos más complejos y difíciles presentan frecuentemente una distribución más

restringida. El ejemplo de Lyons (1977) con respecto a la semántica léxica demuestra que

la distribución de dog ‘perro’ es más amplia que la de bitch ‘perra’, dado que puede

combinarse con los adjetivos male y female, mientras que no son posibles las
61

construcciones *male bitch o *female bitch. Esta idea tiene mucho en común con la

definición de Jakobson en la que se indica que “one of the terms of the opposition signifies

the presence of a certain quality and the other (the unmarked or undifferentiated term of

the opposition, in brief, the zero term) indicates neither its presence nor absence”

(Jakobson 1939: 153), y por consiguiente con el concepto de neutralización fonológica

(archifonema). También Dixon (1994:56-57) define su ‘marcación funcional’ (opuesta a la

‘marcación formal’ indicada como sentido 3) en términos de restricciones en la

distribución.

Sentido 11: como desviación del parámetro. Este uso del concepto de marcación se

genera dentro de la perspectiva chomskyana de Principios y Parámetros (Chomsky 1981,

1986) en una elección binaria de parámetros, una de los valores paramétricos (el no

marcado) es elegido por defecto, mientras que el otro valor (marcado) se elige sólo si

existe evidencia que imponga esa opción. Esta interpretación posee puntos en común con

la idea de Andersen (1972) y Shapiro (1983) acerca de que las formas marcadas tienden a

aparecer en contextos marcados, mientras que las no marcadas aparecen en contextos no

marcados.

Marcación como correlación multidimensional (= Sentido 12): los diferentes sentidos

enumerados hasta ahora, si bien distinguibles uno de otro, no son necesariamente

incompatibles. La conjunción de algunos de los sentidos ya descriptos constituye, pues, las

múltiples dimensiones de esta interpretación de la marcación, seguida particularmente por

Greenberg (1966) y Croft (1990). La principal ventaja de este enfoque es que permite

comparar las estructuras lingüísticas en sus valores de marcación a través de numerosas

dimensiones o criterios (número, género, tiempo, etc.). Así, el plural se considera

semánticamente complejo, marcado explícitamente, menos frecuente en textos, no


62

necesariamente presente en todas las lenguas, y restringido en su distribución, mientras

que el singular es semánticamente simple, no marcado explícitamente, frecuente en los

textos, presente en todas o casi todas las lenguas y sin restricciones de distribución. La lista

de propiedades que se toman en cuenta dentro de esta correlación multidimensional se basa

en las características comunes planteadas por Greenberg (1966) respecto de las categorías

no marcadas (vid. supra 2.1.), con algunas modificaciones terminológicas introducidas por

Croft (1990):

- frecuencia textual (= sentido 7)

- codificación estructural (= sentido 3)

- diferenciación flexiva (= sentido 8)

- expresión facultativa (= sentido 2)

- neutralización contextual (= sentido 10)

- implicación tipológica (= sentido 9)

Para Greenberg y Croft todas estas dimensiones son igualmente importantes. Sin

embargo otros autores destacan la mayor pertinencia de la correlación entre la

especificidad semántico-conceptual (= sentido 2) o la complejidad semántico-conceptual

(= sentido 6) y la codificación explícita (= sentido 3). Esta correlación puede describirse en

términos de iconicidad, y ha sido mencionada por Andersen (1972), Shapiro (1983) y

Givón (1991).

La propuesta final de Haspelmath (2006) es la de dejar de lado el polisémico

concepto de marcación para utilizar expresiones más claras y precisas, que permitan

comprender inmediatamente el sentido que se está dando al término. En algunos casos,

propone una alternativa terminológica; en otros, simplemente propone el método por el

cual se puede interpretar sin ambigüedades la clase de fenómeno que se desea analizar:
63

Tipo de marcación Puede reemplazarse por…


(1) Como especificación de una distinción … una descripción fonética y distribucional
fonológica detalladas
(2) Como especificación de una distinción …una descripción semántica y un análisis
semántica pragmático detallados
(3) Como código explícito ‘codificación explícita /codificación cero’
(4) Como dificultad fonética … un estudio detallado de los factores
fonéticos
(5) Como dificultad / antinaturalidad … un análisis de los principios generales de
morfológica) la organización mental de las palabras (con
especial atención a las diferencias de
frecuencia)
(6) Como dificultad conceptual ‘dificultad conceptual’ (a veces debida a la
escasa frecuencia de aparición)
(7) Como infrecuencia textual ‘infrecuencia textual’
(8) Como infrecuencia en el mundo ‘infrecuencia en el mundo’
(9) Como infrecuencia ‘implicación tipológica’/ ‘infrecuencia
interlingüística interlingüística’
(10) Como restricción en la (a) ‘distribución restricta / no restricta’
distribución (b) ‘distribución específicamente
definida / distribución por defecto’
(11) Como desviación del parámetro ‘desviación del parámetro por defecto’
(12) Como correlación … un análisis de la frecuencia textual
multidimensional) y de sus consecuencias

Tabla 3. Los diversos sentidos de la marcación y sus posibles reemplazos


(adaptado de Haspelmath 2006: 64-65).

Corbett (1991: 290-293) también considera que el concepto de marcación carece de

relevancia, al menos para la resolución de género, que depende más bien de una elección

semántica específica de cada lengua. Retomando ejemplos del francés, en que la resolución

favorece al masculino cuando se coordinan dos nominales de diferente género, observa que
64

esto se debe a una regla semántica que permite que el masculino denote humanos de ambos

sexos; y que este hecho está semánticamente justificado sólo para sustantivos con referente

humano, mientras que no es posible aseverar lo mismo cuando los sustantivos coordinados

remiten a inanimados. Así, rechaza la aserción de Schane (1970) con respecto a que la

forma utilizada en la resolución es la no marcada, ya que esto resulta parcialmente correcto

en el caso del número pero no se verifica en el número: en un sistema de singular/plural, la

forma de resolución es la marcada, es decir, el plural.

En este sentido, se hace necesario distinguir entre lo que constituye la marcación

formal, por ejemplo, del género en un sustantivo (habitualmente equiparable al “sentido 3”

de Haspelmath): ‘doctor-Ø / doctor-a’ con lo que sería la marcación funcional (“sentido

10” de Haspelmath, dominance según Greenberg) para los casos de “neutralización” de

una oposición, tal que uno de los elementos de esta es usado en circunstancias específicas

mientras que el otro aparece en los casos restantes, tal como en el caso de la conjunción de

nominales animados de distinto género.

Aikhenvald (2000: 51) retoma la idea de Corbett (1991) y especifica que la

marcación formal y la funcional pueden correlacionarse, pero no necesariamente van juntas

en todos los casos. Observa también que en ciertos sistemas todas las categorías están

formalmente marcadas, por lo que no puede establecerse una relación con la marcación

funcional.

En el marco de esta investigación, se han tomado como conceptos operativos tanto

el de marcación formal como el de marcación funcional. Los diferentes ejemplos de las

lenguas analizadas registran casos en que una de las categorías de género es marcada

formalmente, mientras que la otra permanece con marca cero; pero también existen casos

en que cada género recibe su propia marca. En cuanto a la marcación funcional, y

siguiendo las observaciones de los propios investigadores que realizaron la descripción de


65

la lengua, se considera una prueba válida la resolución de nominales animados coordinados

de diferente género, así como los casos en que existe una neutralización semántica del tipo

(en términos de Jakobson) “la no señalización de la marca”.

2. Tipología de los procedimientos de clasificación nominal

En la INTRODUCCIÓN se presentaron algunos de los fundamentos cognitivos que

subyacen a todo sistema de clasificación. Recurriendo principalmente a estudios

emprendidos desde la lingüística cognitiva y la psicología lingüística, se pudo apreciar de

qué modo los procedimientos de categorización nominal constituyen una segunda instancia

de clasificación (“clasificación de segundo grado”, según García-Miguel 2000), luego de la

cognitiva, en el proceso de aprehensión de la realidad.

Se mencionó también cómo las distintas tradiciones lingüísticas –a través del

tiempo y desde diferentes perspectivas teóricas– fueron dando cuenta de los mecanismos

mediante los cuales se organizan los sustantivos. Allí vimos que la categoría de género

gramatical aparece mencionada ya en el s. V a.C., en reflexiones sobre la lengua griega, y

que ha sido un concepto central en toda la lingüística indoeuropea, donde alcanza su

máxima importancia en los primeros estudios tipológicos del s. XIX.

El conocimiento de nuevas familias y tipos lingüísticos demostró la existencia de

otros sistemas de clasificación de los sustantivos: el desarrollo de investigaciones sobre las

lenguas africanas de la familia bantú y ciertas lenguas caucásicas condujo a la delimitación

de otra categoría, la clase nominal (aplicable a sistemas con numerosas clases que, al igual

que el género, se manifiesta en patrones de concordancia); mientras que las lenguas

orientales requirieron de una conceptualización que permitiera la adecuada comprensión y

descripción de los procedimientos operantes, los clasificadores.


66

En esta sección se repasan algunas de las formulaciones teórico-metodológicas con

respecto a estas tres categorías principales, tal como han sido consideradas desde

perspectivas comparativas con marcado enfoque tipológico. A partir de estos estudios –

relativamente recientes, ya que los primeros fueron realizados en la década del ‘70–, se

podrá observar de qué modo se las presenta, qué elecciones terminológicas han sido

favorecidas por los distintos investigadores y cómo ha ido cambiando la relación entre los

sistemas de categorización nominal más representativos. Veremos que las últimas

tendencias proponen tipologías concebidas como un continuum más que discretas, en

respuesta a los datos lingüísticos aportados por las lenguas de más reciente descripción (en

particular, las amazónicas), cuyos sistemas de clasificación nominal desafían las

distinciones teóricas precedentes.

2.1. Género, clase nominal y clasificadores: los estudios fundacionales de Dixon y

Allan

Una de las primeras consideraciones teóricas acerca de las categorías de género y

clase nominal fue la realizada por R. M. W. Dixon (1968) para enmarcar su análisis de las

clases nominales del Dyirbal. Allí coloca el género como categoría entroncada en la

tradición indoeuropeísta, en la cual queda fuertemente vinculada con los rasgos de

animacidad y sexo. La presencia de otros fundamentos semánticos en los sistemas de

clasificación nominal encontrados en las lenguas bantúes y otras lenguas de África puso en

evidencia que

the term ‘gender’, with its implications of sex correlation, was unsuitable
[…]. The term ‘noun classes’ has been preferred. ‘Gender’ can be regarded
as a particular instance of ‘noun class’, when there are just two or three
classes and considerable semantic correlation with sex (Dixon 1968: 105).
67

Dixon propone, más que una definición terminante, algunas sugerencias iniciales

como punto de partida para la discusión:

the category of noun classes is (1) a grouping of all nouns of a language into
a smallish number of classes, (2) so that there is some overt indication of the
class of a noun within any sentence in which it occurs, (3) and this
indication is not entirely within the noun-word (Dixon 1968: 106).

Se introduce aquí lo que luego se considerará el criterio definitorio de géneros y

clases nominales, por oposición a los sistemas de clasificadores (Allan 1977; vid. infra): la

concordancia.

Es interesante mencionar que Dixon considera la posibilidad de coexistencia de

géneros y clases, en tanto dos diferentes dimensiones de la clasificación:

Some African languages have been said to have both noun class and gender:
for instance, noun, possessive and adjective may bear an affix showing the
class of the noun, and verb an affix showing its gender […]. This is plainly
an instance of two separate dimensions of noun classification, realised by
two sets of affixes that attach themselves to different types of word (Dixon
1968: 113).

We mentioned that grammatical gender is a type of noun class system […].


Both noun classes and also types of gender systems are widespread in New
Guinea. Laycok y Z’graggen (1975: 743-4) report that Wogamusin and
Chenapian have five or more noun classes, shown by different forms of
numerals; in addition, the number ‘one’ is said to have distinct masculine
and feminine forms in each class. The data here are minimal […]. It is to be
hoped that detailed study will be undertaken of these and other critical
languages from New Guinea21 (Dixon 1982: 169)

21
De hecho, el detallado estudio de Foley (1991) sobre la lengua Yimas de Nueva Guinea constituyó un
significativo aporte a este campo de estudio. El sistema de clasificación nominal en esta lengua consta de 11
clases y presenta dos reglas coexistentes de asignación: reglas semánticas (cuando los referentes son
humanos masculinos, femeninos, animales superiores o plantas con una función importante en la cultura = I a
IV) y fonológicas (V a XI).
68

En un estudio posterior, Dixon se centra en contrastar las características de dos

fenómenos “which can fill similar semantic roles in a language, but have quite different

grammatical statuses” (Dixon 1986: 105). Se trata de las clases nominales (sistemas

gramaticales obligatorios, en los que los sustantivos se distribuyen en un conjunto reducido

de posibilidades; incluye aquí la mayor parte de los sistemas de género) y los

clasificadores nominales (lexemas separados, organizados en conjuntos numerosos, que

acompañan al sustantivo en ciertos contextos –con notable frecuencia en el de la

cuantificación numeral–22). Establece pues ciertos puntos a tener en cuenta en la

diferenciación de los dos tipos de mecanismos de categorización nominal:

(a) el tamaño, que en el caso de las clases oscila entre dos y veinte categorías,

mientras que entre los clasificadores es común que haya más de cien–el tzeltal registra

cuatrocientas, según datos de Berlin (1968)–; también hace notar, con respecto a este

punto, que las clases afectan a todos los sustantivos de una lengua, pero en casi todas las

lenguas con clasificadores existen ciertos sustantivos que no admiten un clasificador;

(b) la realización, que opone un sistema gramatical cerrado, codificado en afijos o

en cliticos, en el cual la clase nominal puede estar fusionada con otras categorías (como

caso o número); los clasificadores, por otra parte, son siempre formas libres, que nunca

forman una unidad morfológica con el sustantivo;

(c) el dominio (scope): la marca de clases nominales nunca se encuentra sólo en el

sustantivo mismo, sino que aparece en otras palabras de la oración como manifestación de

concordancia; los clasificadores, por el contrario, no exhiben concordancia.

22
El thai presenta un típico sistema con clasificadores numerales, así llamados porque su presencia es
obligatoria en muchas expresiones de cantidad:
phûjiŋ sǎm khon (Haas 1978 [1942]: 58).
mujer tres CL.NUM.PERSONA
‘tres mujeres’

mǎ sŋ tua (Haas 1978 [1942]: 61).


perro dos CL.NUM.CUERPO
‘dos perros’
69

En cuanto a la semántica de ambos sistemas, Dixon (1986) observa que

noun class systems and sets of noun classifiers each provide the means for
categorization of an object in terms of relevant parameters of world-view.
They do essentially the same semantic task, although they do approach it in
rather different ways, noun classes operating in terms of an obligatory
morphological system, with a limited number of possible choices, and noun
classifiers constituting a largish set of lexical items, in syntactic
constructions with the head noun (Dixon 1986: 108)

Con respecto a las correlaciones tipológicas, Dixon (1986) vincula estos sistemas

de categorización tanto con la genética (ciertas familias, como la Indoeuropea, se

caracterizan por la presencia de clases nominales, mientras que otras, como la urálica, por

su falta) como con lo areal (las clases son un rasgo del área lingüística africana, y los

clasificadores numerales son un rasgo del sudeste y este de Asia). También interpreta que

es posible establecer una correlación entre las lenguas flexivas y las aglutinantes con las

clases nominales, y entre los clasificadores y las lenguas aislantes.

Específicamente con respecto a los clasificadores, uno de los primeros estudios

tipológicos sobre este tipo de procedimiento fue el realizado por Allan (1977), en un

artículo donde detalla las características de las lenguas con clasificadores, a la vez que

identifica cuatro tipos de clasificadores. Su definición de los clasificadores se basa en dos

criterios:

(a) they occur as morphemes in surface structures under specifiable


conditions; (b) they have meaning, in the sense that a classifier denotes
some salient perceived or imputed characteristic of the entity to which an
associated noun refers (or may refer) (Allan 1977: 285).

Considera que todas las lenguas tienen algún tipo de clasificador, pero que no todas
pueden ser denominadas “lenguas clasificadoras”; estas se distinguen de las que no lo son
en que:
70

(a) They have classifiers, at least some of which are restricted to classifier
constructions, although classifiers exist which function in other
environments like nouns. (b) They belong to one of four types–(i) numeral
classifier languages, (ii) concordial classifier languages, (iii) predicate
classifier languages, and (iv) intra-locative classifier languages (Allan 1977:
286).

El primer tipo, considerado paradigmático, es el que comprende las lenguas

asiáticas, tales como el thai, el vietnamita y el birmano, en las que el clasificador aparece

en las expresiones de cantidad (ver ejemplos en nota 22). Las lenguas con clasificadores

predicativos, como las atabascanas, presentan clasificadores informativos acerca de las

características de los objetos que participan en ciertas acciones de locación o movimiento

(1) béésò sì-ą (navajo; Hoijer 1945: 13 [citado en Allan 1977: 287])
dinero PERF-yacer(entidad redonda)
‘una moneda yace (ahí)’

(2) béésò sì-nìl


dinero PERF-yacer(colección)
‘algo de dinero (cambio) yace (ahí)’

(3) béésò sì-łtsòòz


dinero PERF-yacer(entidad plana y flexible)
‘el billete yace (ahí)’

Las lenguas con clasificadores intralocativos, por su parte, presentan clasificadores

en las expresiones locativas que obligatoriamente acompañan los sustantivos y que aluden

a su forma o disposición (extendidos en sentido vertical u horizontal, tridimensional, etc.).

Este es el caso del toba, lengua que presenta un sistema de seis clasificadores que se

anteponen al sustantivo y que combinan forma/posición con deixis (Messineo 2003):

da [extendido, vertical]
ñi [no extendido tridimensional]
71

ʒi [extendido horizontal]
na [en movimiento, próximo]
so [en movimiento, distante]
ka [no perceptible, ausente]

Hemos dejado el segundo tipo, el de las lenguas con clasificadores concordiales,23

para ser considerado aparte. Los tres tipos antes mencionados –(i), (iii) y (iv), en la

numeración de Allan (1977)– corresponden a la clase de mecanismo de categorización

nominal identificadas como ‘clasificadores’ en Dixon (1986), es decir, un mecanismo más

léxico que morfosintáctico que no se realiza en patrones de concordancia. Por el contrario,

el tipo (ii) alude específicamente a las lenguas “in which classifying formatives are affixed

(usually prefixed) to nouns, plus their modifiers, predicates, and pro-forms” (Allan 1977:

286). Claramente, esta descripción remite a los sistemas de clases nominales en la

terminología de Dixon (1986), y los ejemplos provistos por Allan para este tipo (las

lenguas bantúes) así lo confirman:

(4) ba-sika ba-ntu bo-bile (tonga: Collins 1962 [citado en Allan 1977: 286])
HUM.PL-llegar HUM.PL-hombre HUM.PL-dos
‘llegaron dos hombres’

La cuestión aquí sería, entonces, cómo considera Allan el género gramatical que,

para Dixon, constituye un tipo particular de clase nominal. La respuesta consiste en la

exclusión del género gramatical (al menos, el europeo) de la tipología propuesta, en tanto

categoría vacía de sentido –es decir, que no cumple con el criterio (b) de la definición–:

If classifiers were meaningless, the use of different classifiers with the same
noun would have no semantic effect; but in fact it does, and different
classifiers are used with the same noun (or noun stem), both in normal

23
Para algunos autores, concord no es equivalente a agreement. Ver 2.3 en este mismo capítulo.
72

straightforward discourse and in verbal play, to focus on different


characteristics (or imputed characteristics) of the referent […]. No such
thing is possible with European gender, which does not classify inanimate
objects according to perceived or imputed characteristics, although it does
for the most part reflect the sexual differentiation of human beings and
higher animals. But only a few nouns in continental European languages can
take more than one gender in order to distinguish different sexual reference;
e.g., we have It. il ragazzo, la ragazza; Fr. un élève, une élève; Slavic
surnames in -ski, -ska. But this sort of things is exceptional; and there are
just as many examples where the gender of the nouns is inappropriate to the
sex of referent–cf. Fr. Le professeur, elle est en classe, or Cet animal de
femme… etc. Although the German feminine noun Magd reflect the sex of
the maid it refers to, the addition of the diminutive suffix creates a neuter
noun Mädchen: I think it is significant that, in a European language, the
characteristics of the referent are less influential than the syntactic reflex of
a diminutive suffix. By and large, European gender is semantically empty,
and the gender morphemes of European languages are not classifiers in
the sense of this paper” (Allan 1977: 291; la negrita es nuestra).

2.2. Correlaciones y parámetros: el aporte de Serzisko

Establecidas así las características definitorias de estos tres sistemas de

categorización nominal, la investigación se volcó a establecer, más allá de semejanzas y

diferencias, una comparación funcional en tanto diferentes manifestaciones de posibles

‘técnicas clasificatorias’. La propuesta de Fritz Serzisko (1982) apunta, en primer lugar, a

considerar clases, géneros y clasificadores en función de la aprehensión24 (Seiler 1978;

[ed.] 1978), para luego proponer una comparación de dichas técnicas con respecto a los

parámetros de gramaticalidad, semanticidad y variabilidad.

A partir de los tres criterios mínimos indicados por Dixon (1968) para caracterizar

las clases nominales (vid. supra), propone una definición de clasificación:

24
La aprehensión se interpreta como la captación y representación lingüística de los objetos. Las diferentes
técnicas clasificatorias presentan cierto grado de indicatividad (captación e individualización del objeto a
través de la deixis), que se correlaciona con el grado de gramaticalización de cada técnica.
73

Classification is: (1) a grouping of all nouns of a language into a delimited


number of classes (2) so that there is at least some overt indication of the
class of a noun within any sentence in which it occurs within one of a
certain set of syntactic constructions, (3) and this indication is not entirely
within the noun-word (Serzisko 1982: 96).

Así, sobre estas bases, establece tres diferentes técnicas clasificatorias: el género,

típicamente implícito en el sustantivo, con una pertenencia fija de este a cierta clase, y que

presenta como máximo tres clases usualmente basadas en el sexo; la clase nominal,

explícitamente marcada en el sustantivo y ligada a la expresión del número –las marcas de

clase difieren en singular y plural–; y, por último, la clasificación numeral, que aparece en

las construcciones cuantificativas y afecta a numerales y cuantificadores, aunque no

aparece expresada en el propio sustantivo.

El aporte más interesante que Serzisko realiza al tema consiste en no interpretar las

técnicas antes mencionadas como definiciones estrictas, sino más bien

as prototypes, as focal instances on a scale which is determined by three


parameters:
GRAMMATICALITY: which describes the relation between class marker and
classified noun on the morphosyntactic level
SEMANTICITY: which compares the techniques according to their
semantic complexity
VARIABILITY: which measures the derivative productivity of a
classificatory system. (Serzisko 1982: 99).

El primer parámetro presenta aspectos morfológicos y sintácticos.

Morfológicamente se mide en el grado de vinculación entre el marcador de clase y el

sustantivo clasificado (máximo cuando el primero se encuentra fusionado con otras

categorías nominales, y nulo cuando se trata de elementos léxicos independientes); el

aspecto sintáctico se mide en la complejidad de las construcciones en las que aparece el


74

clasificador (se deja de lado este aspecto, por requerir este de mayores precisiones que no

son necesarias para esta descripción).

La semanticidad también comprende dos aspectos (en algunos casos

correlacionados pero en otros independientes). Por un lado, la complejidad semántica del

sistema de clasificación (esto es, la cantidad y eventual jerarquización de categorías que

presenta dicho sistema) y, por otro lado, los criterios para la asignación de los sustantivos a

las diferentes clases.

Por su parte, la variabilidad implica la posibilidad de que la adscripción de un

sustantivo a cierta clase (sea sobre bases formales o semánticas) no sea fija y

predeterminada desde el léxico, sino “temporaria” y que permita el cambio de clase;25

dicho procedimiento resulta, a su vez, en la utilización de la clase como un mecanismo de

derivación.

Es posible así organizar las ‘técnicas clasificatorias’ propuestas por Serzisko en

continua respecto de estos tres parámetros:

clasificador numeral clase nominal género


vinculación elementos pre-/sufijos fusión
morfológica independientes
(léxicos)

baja alta
GRAMATICALIDAD

Tabla 4: escala de técnicas clasificatorias con respecto a la gramaticalidad


(adaptado de Serzisko 1982: 103)

25
Serzisko (1982: 108) observa que “the class meaning of this ‘temporary’ class then modifies the meaning
of the noun”. Esto resultará particularmente relevante en ciertos sistemas de clasificación nominal presentes
en varias lenguas indígenas de Sudamérica.
75

clasificador numeral clase nominal género


complejidad
≅ 40 ≅5 <3
semántica

asignación semántica semántica/mecánica mecánica

alta baja
SEMANTICIDAD

Tabla 5: escala de técnicas clasificatorias con respecto a la semanticidad


(Serzisko 1982: 107)

clasificador numeral clase nominal género


productividad
alta restringida cero
derivativa

alta baja
VARIABILIDAD

Tabla 6: escala de técnicas clasificatorias con respecto a la variablilidad


(Serzisko 1982: 112)

Esta consideración paramétrica más que categorial de las técnicas de clasificación

resulta de fundamental importancia para el análisis de los sistemas de categorización

nominal que no responden a la división tradicional entre clases nominales/géneros vs.

clasificadores.

3. Los procedimientos basados en la concordancia: género y clase nominal según

Corbett

Uno de los trabajos más referidos es el realizado por Greville Corbett en 1991. Esta

obra resulta de enorme valor para el interesado en sistemas de clasificación nominal

basados en la concordancia ya que recupera (particularmente de Greenberg 1978)

conceptos fundamentales para la interpretación y descripción de los sistemas presentes en


76

las lenguas. Las nociones de ‘overt / covert gender’ (género explícito / encubierto),

‘controller gender / target gender’ (género regente / regido) y ‘agreement class’ (clase de

concordancia) han sido constantemente retomadas en la numerosa bibliografía sobre el

tema que sucedió a la publicación de esta obra.

En cuanto a las precisiones terminológicas con respecto a los distintos

procedimientos,

Corbett considera que no tiene demasiado sentido mantener una división estricta entre

‘género’ y ‘clase nominal’, “since similar systems are described as gender in one language

family and as noun classes in another” (Corbett 1991: 146). Reconoce que ambos sistemas,

aunque basados por igual en la concordancia, de hecho presentan diferencias, pero

considera que “the difference is one of grammatical tradition rather than linguistic data”26

(Corbett 1991: 146). Así pues, indica que a lo largo de su análisis usará normalmente el

término ‘género’ para referirse a cualquier sistema de clasificación nominal en el cual la

clase a la que pertenece un sustantivo aparece reflejada en el comportamiento de las

palabras asociadas, y que tales sistemas serán el foco de su estudio.27 Los clasificadores,

26
En otros casos, se suman otros criterios para la distinción, como puede verse en las definiciones de
Hellinger y Bußmann (eds.) (2001), quienes editan una obra en tres volúmenes destinada a presentar “a
comprehensive collection of in-depth description of gender-related issues in languages with very diverse
structural foundations and socio-cultural backgrounds” (Hellinger y Bußmann 2001: ix). Allí, las editoras
aclaran:
we will not use the terms “gender language” and “noun class language” synonymously, but will
define them as two different types of noun class languages based on grammatical and semantic
considerations. This distinction is also motivated by our interest in the linguistic
representation of the categories “female” and “male” (Hellinger y Bußmann 2001: 5; la negrita
es nuestra).
27
También en esto Corbett (1991) muestra notable apego a las propuestas de Greenberg (1978):
By a noun gender system will be meant a system in which the noun stems of a language are
divided into a set of genders, this distinction being based on the fact that the choice of a noun
belonging to a particular gender determines the choice among a set of alternative “agreeing” forms
in one or more other classes of morphemes or words, e.g.: articles, demonstratives, adjectives,
unbound anaphoric pronouns, pronouns incorporated in a verb complex, etc. Such systems are
often called noun class systems. However, it is not usual to apply this term when sex is among the
bases of classification. Structurally, such systems do not differ in any basic way from those in
which sex does not figure. ‘Gender’ ultimately comes from latin genus which simply means
“kind,” and there is ample precedent for applying the term gender to all such systems. When
sex figures among the bases of classification, we will refer to sex gender. (Greenberg 1978: 49; la
negrita es nuestra).
77

por su parte, “fall outside our study because they do not show agreement” (Corbett 1991:

5).

Aquí se hace necesario mencionar otra observación terminológica de Corbett

(2004: 5-7). El término español ‘concordancia’ suele usarse en correspondencia con el del

inglés ‘agreement’. Pero esta última lengua presenta otro término, ‘concord’, que suele

generar confusiones en cuanto a su relación con el más usual ‘agreement’. En principio, la

literatura lingüística presenta dos versiones opuestas con respecto a la relación entre ambos

términos. Para Bloomfield (1933: 191-194) y sus seguidores, ‘agreement’ es el término

superordinado que incluye tres tipos de fenómenos: ‘government’, ‘cross-reference’ y

‘concord’ o ‘congruence’, que se restringe a miembros de la frase nominal y a los verbos

predicativos.

Por el contrario, para Greenberg (1978), ‘concord’ remite al procedimiento más

general, del cual ‘agreement’ es un subtipo:

It would be useful, then, to distinguish the wider notion of concord from


agreement, the latter being a subtype in which the choice of alternative
concord elements depends on the class to which the stem of governing item
belongs, whether marked by an affix or not (Greenberg 1978: 50).

Deslinda así, por ejemplo, la concordancia de caso, en tanto un ejemplo de

‘concord’ (en el cual las diferencias en los patrones de concordancia no dividen los

sustantivos en diferentes clases), de la concordancia (‘agreement’) intrínsecamente ligada

al género por definición:

A noun gender system may be regarded […] as involving the intersection of


two basic factors, classification and agreement, the two being in a relation
of mutual determination, the gender being defined by the agreements and
the agreements being determined by the genders” (Greenberg 1978: 50).
78

Corbett (2004: 6) observa otro tipo de diferencia entre ambas propuestas: para

Bloomfield, ‘concord’ implica una restricción en el dominio de operación con respecto a

‘agreement’, mientras que para Greenberg la distinción recae en el tipo de rasgo

involucrado: ‘agreement’ supone un rasgo léxico, mientras que ‘concord’ comprende otro

tipo de rasgos.

Estas posiciones encontradas son dejadas de lado por Corbett (1991: 105), quien

especifica que “concord is generally treated as synonymous with agreement and we shall

use it in this way”; no obstante, luego se inclinará más bien por el último, en tanto término

de uso más corriente, ya que considera que “there is no particular reason to determine my

terms primarily according to the domains of agreement or to the features involved: both

should be a part of the account” (Corbett 2004: 7).

Dado que (como se dijo al inicio de este breve excursus) el español no registra la

dupla ‘agreement’/‘concord’, no existirán problemas al utilizar los términos

‘concordancia’ o ‘concordial’ en el sentido básico de cualquier covarianza sistemática

entre una propiedad semántica o formal de un elemento y una propiedad formal de otro

En su análisis de los sistemas concordiales de clasificación, Corbett (1991) realiza

una división entre los sistemas de género de acuerdo con los criterios que operan para la

asignación de los sustantivos a determinado género. Observa que la asignación puede

depender de dos tipos básicos de información: el significado del sustantivo o su forma. El

primero da lugar a sistemas semánticos, organizados en una escala decreciente que va

desde un extremo con sistemas totalmente semánticos (como el tamil y otras lenguas

dravídicas) y pasa por otros en los cuales la semántica se articula, en mayor o menor grado,

con factores formales.

Con respecto a la asignación basada en criterios formales, subdivide a su vez los

sistemas, de acuerdo con el tipo de información formal que utilicen, en dos tipos: sistemas
79

basados en la morfología, en los que la información relevante remite a la estructura de la

palabra y donde se incluyen los mecanismos de derivación e inflexión, y sistemas basados

en la fonología, en los cuales la asignación responde a la estructura sonora.

Los sistemas fonológicos toman en cuenta tanto segmentos (o secuencias de

segmentos) como rasgos suprasegmentales. En la lengua qafar (cushítica oriental), por

mencionar un ejemplo, se suman a las reglas semánticas (para humanos y animales

masculinos y femeninos) dos reglas fonológicas basadas en el acento: los sustantivos que

finalizan con vocal acentuada pertenecen al género femenino, mientras que los que

terminan con consonante o vocal no acentuada son masculinos. Las reglas morfológicas de

asignación de género se clasifican en tres tipos: las flexivas, las derivacionales y las

composicionales. Las primeras son las más productivas y cubren un mayor número de

sustantivos. En un sistema flexivo, la asignación se basa en formas paradigmáticas: el

género de un sustantivo depende de la clase a la que pertenezca. El ruso constituye un

ejemplo de este tipo de asignación morfológica: de las cuatro tipos declensionales que

presenta, el I comprende sustantivos masculinos; los tipos II y III, femeninos, y el tipo IV,

residual, se relaciona con el género neutro.

Las reglas derivacionales involucran la afijación. Los datos demuestran que el

proceso más común en las lenguas es la asignación de género por medio de sufijos,

particularmente frecuentes en las lenguas indoeuropeas. Con menor frecuencia aparecen

los prefijos, aunque pueden encontrarse en el alemán en los compuestos con el prefijo

colectivo ge- (como en Gemisch). Las lenguas bantúes (particularmente el swahili)

constituyen otro ejemplo de prefijación.

Finalmente, en la composición, el elemento que generalmente rigen al asignación

de género es el último: en sueco, modelejon ‘dandy’ pertenece al género neutro porque este
80

es el del sustantivo lejon ‘león’, mientras que la palabra alemana das Grundgesetz

‘constitución’ toma el género de das Gesetz ‘ley’.

Más allá de la variedad de mecanismos formales registrados en las distintas lenguas,

Corbett (1991: 8) considera que en todos los sistemas de género son de tipo semánticos, ya

que siempre existe un núcleo semántico en la asignación. No se han registrado sistemas de

género puramente formales: todos responden, en cierto grado, al significado del sustantivo o

a las propiedades del referente –aunque existen algunos sistemas, como el del tamil (lengua

dravídica), que son estrictamente semánticos.

Asimismo, refuerza la prominencia de los factores semánticos al indicar que, en

caso de existir un conflicto entre los criterios semánticos y formales (por ejemplo, en ruso,

djadja ‘tío’ morfológicamente pertenecería al género femenino, pero se lo asigna –

siguiendo la semántica del término– al masculino, como lo demuestran los patrones de

concordancia), el que suele predominar es el semántico.

El ejemplo anterior pone en evidencia dos cuestiones: por un lado, la posibilidad de

que el propio sustantivo presente alguna marcación formal de género; por otro, la utilidad

de considerar el género tal como se manifiesta en el sustantivo de manera separada del

modo en que aparece reflejado en los otros elementos de la frase. La primera cuestión, en

el tratamiento de Corbett (199), es resuelta por medio de las nociones de ‘género explícito’

y ‘género encubierto’:

Languages in which the gender of a noun is evident from its form are often
described as having ‘overt’ gender; those where gender is not shown by the
form of the noun have ‘covert gender’. Clearly, then, languages with formal
assignment systems are those with overt gender. However, the distinction is
much less rigid than is often implied. There are many possibilities between
the poles of absolutely overt and absolutely covert (Corbett 1991: 62).
81

Para el estudio del segundo problema, Corbett recurre a las nociones de género

regente y género regido (controller and target gender); el primero alude a los conjuntos en

que se organizan los sustantivos de una lengua, y el segundo, a las formas de concordancia

que pueden encontrarse en tal lengua:

We should therefore differentiate controller genders, the genders into which


nouns are divided, from target genders, the genders which are marked on
adjectives, verbs and so on (depending on the language […]) (Corbett 1991:
151)

Este último aporte conceptual ha resultado sumamente productivo en los sucesivos

análisis de los procedimientos de categorización nominal, y es retomado, citado y ampliado

por otros lingüistas, dado que constituye un método claro para deslindar la cantidad de

clases que un sistema de clasificación nominal posee. Y, estrechamente ligada a estas

nociones, se encuentra la de clase de concordancia (agreement class), definida (a partir de

Zaliznjiak 1964) como

a set of nouns such that any two members of that set have the property that
whenever (i) they stand in the same morphosyntactic form, and (ii) they
occur in the same agreement domain, and (iii) they have the same lexical
item as agreement target, then their targets have the same morphological
realization (Corbett 1991: 147).

Corbett (1991: 149-152) ilustra el mecanismo mediante el cual se puede establecer

el número de categorías que presenta un sistema de clasificación nominal de cierta lengua.

Tomando como ejemplo al rumano, el primer paso consiste en identificar las diferentes

correlaciones formales que se establecen entre un núcleo y su(s) modificador(es):

(a) bǎrbatul e bun


hombre.el es bueno
82

(b) scaunul e bun


silla.la es buena

(c) fata e bunǎ


niña.la es buena

(d) bǎrbaŃii sint buni


hombres.los son buenos

(e) scaunele sint bune


sillas.las son buenas

(f) fetele sint bune


niñas.las son buenas

A partir de estos datos, puede observarse que la concordancia se manifiesta

siguiendo los siguientes patrones:

(i) formas con –Ø en singular y –i en plural

(ii) formas con –Ø en singular y –e en plural

(iii) formas con –a en singular y –e en plural

Quedan así delimitadas tres clases de concordancia. Pero observando la morfología

del adjetivo concordante, puede verse que no presenta seis posibilidades combinatorias

(producto de tres clases y dos géneros), sino sólo cuatro. Aquí es donde demuestra su

utilidad la oposición entre género regente y regido: el sistema del rumano se puede

interpretar como poseedor de tres géneros regentes –(i), (ii) y (iii)– y cuatro géneros

regidos (dos en singular y dos en plural), esquematizados de la siguiente manera:

singular plural
–Ø i –i
iii
ii
–a –e
Tabla 7: Sistema de género del rumano (Corbett 1991: 152).
83

Una observación que realiza Corbett (1991) con respecto a este método es que no

siempre las clases de concordancia corresponden a un género: existen casos, por ejemplo,

de subgéneros asociados con géneros propiamente dichos (como sucede en el ruso; ver

Corbett 1991: 161-168); pero este hecho no disminuye la utilidad analítica de su propuesta.

2.4. La ampliación del corpus: Australia y América

Australia

La incorporación de lenguas provenientes de los “jóvenes” continentes australiano

y americano dio un giro decisivo al estudio de los sistemas de categorización nominal: de

estas zonas provienen la mayor parte de las lenguas que presentan sistemas que se apartan

de las rígidas dicotomías “clases/géneros” vs. “clasificadores”.

La presencia australiana se encuentra desde el inicio de los estudios sobre este

tema, aunque no con variedad de lenguas y de voces: durante los primeros treinta años de

trayectoria de la tipología de la clasificación nominal, el representante del continente fue

Dixon y la lengua emblemática, el dyirbal (Dixon 1972). Pero la detallada investigación de

Sands (1995) finaliza con este predominio al ofrecer un panorama comparativo entre varias

lenguas aborígenes australianas en el que se demuestra la presencia (a veces conjunta) de

los tres mecanismos canónicos: géneros, clases nominales y clasificadores. En relación con

el uso de tales términos, la autora recuerda que en el estudio de los sistemas de clasificación

de las lenguas europeas se consideran sinónimas las expresiones ‘género’ y ‘clase nominal’,

para luego aclarar que en su análisis restringirá los alcances del primero para aludir

solamente a los sistemas en los que los sustantivos referidos a cierta entidad animada se

categorizan según su sexo. Al respecto, observa que

The term gender should not be applied to situations in which there is a


distinction between feminine and nonfeminine or masculine and
84

nonmasculine (i.e., where inanimates group with the masculine or femenine


nouns) […]. Note that the approach taken here differs from the approach of
many others (e.g. Greenberg 1978; Corbett 1991) who label noun classes as
“gender.” I, however, make this distinction between noun classes and gender
(natural sex) systems, since Australian languages clearly demonstrate that
some forms belong to the noun class system, whereas others do not and
categorize nouns only according to natural sex (Sands 1995: 248-249).

En el artículo de Sands (1995) se provee una panorámica general de varias lenguas,

lo que constituye un valioso primer acercamiento a la temática que nos ocupa. El volumen

editado por Harvey y Reid (1997) complementa el trabajo anterior, al ofrecer estudios de

mayor profundidad y nivel de detalle de un conjunto de lenguas particularmente

representativas. Los editores reconocen que “nominal classification systems are a

prominent feature of many Aboriginal languages from northern Australia. However, to

date, there are detailed materials on only a few languages” (Harvey y Reid 1997: 1), e

intentan suplir esta carencia a través de un conjunto de trabajos que presentan material

detallado acerca de los sistemas de clasificación en dichas lenguas, en análisis

emprendidos desde perspectivas semánticas y de variación estructural. Entre los primeros

destaca la contribución de Harvey (1997) en la que retoma el hecho de que varias lenguas

australianas presentan sistemas de clasificación nominal que involucran una oposición

masculino/femenino, correlativa con el sexo biológico en el caso de referentes humanos y

ciertos animales superiores (particularmente canguros y wallabis). Pero en especial observa

que dicha oposición se aplica también a otras entidades animadas, aunque sin presentar

relación con el sexo (todos los sustantivos que refieren a individuos de cierta especie son

asignados al mismo género, más allá de su sexo biológico), así como a entidades no

animadas, en una asignación supuestamente arbitraria. Un examen más detallado del léxico
85

de las lenguas que sirven de base a ese estudio28 demuestra que existen ciertas bases

semánticas para dicha asignación: los animales que habitan en la tierra se vinculan con el

género masculino, mientras que el femenino apunta a especies del aire, el agua y los árboles.

Este trabajo comparte numerosos rasgos con el de Zubin y Köpcke (1986) mencionado en la

INTRODUCCIÓN.

Otros trabajos se centran en cuestiones más formales. El de Reid (1997) es

particularmente cuidadoso en la definición de las categorías operantes. Antes de abocarse a

la descripción del sistema de clasificación nominal del ngan’gityemerri, el autor deja

establecido qué entiende por ‘género’ y ‘clase nominal’:

Gender classes are defined as those sets of terms whose referents are assigned
membership within a class, and such membership is signalled grammatically
by a system of noun markers. There are 16 such categories which have
become grammaticised in Ngan’gityemerri. While entities are assigned to a
gender, the nouns that denote these entities, and which carry the
morphological marking of their gender assignment, together constitute a
‘noun class’ (Reid 1997: 172).

Una vez definidos los conceptos, Reid (1997: 165 y ss.) identifica quince categorías

marcadas de clasificación nominal29 en ngan’gityemerri. Este sistema es categorizado, en

cuanto a sus criterios de asignación, como predominantemente semántico. Las quince clases

se identifican a través de marcas (existe, según el autor, una clase más, que recibe marcación

cero, y que agrupa sustantivos que remiten a objetos naturales como nubes, estrellas, el sol,

28
Gaagudju (Harvey 1992); mayali (Evans Ms); maung (Dineen Ms); nunggubuyu (Heath 1981, 1984);
unggumi (McGregor Ms); warndarrang (Heath 1980).
29
Curiosamente para la tradición lingüística australiana, y con el uso predominante del volumen colectivo al
que pertenece este estudio, las denomina “géneros” (‘gender’/ ‘gender classes’); cf., en el mismo volumen, la
afirmación de Evans: “I shall use the term ‘noun class’ instead of ‘gender’ for the sake of consistency in the
volume, but the principle is the same” (Evans 1997: 109).
86

rocas, etc.30) que, según la clase, pueden presentarse como morfemas libres, ligados, o de

ambas formas. Es interesante notar que las clases 1, 2 y 3, con referentes humanos, sólo

pueden marcarse en el sustantivo mediante formas ligadas31 que marcan obligatoriamente al

sustantivo, aunque son opcionales en los modificadores:

Género Marcación del núcleo


Morfema libre Morfema ligado
1: humano masculino x
2: humano femenino x
3: grupo humano x
4: animal x x
5: vegetal x x
6: partes del cuerpo x
7: caninos x
8: árboles/manufacturas de madera x x
(también en general)
9: lanzas grandes y pesadas (con asta x x
de bambú)
10: fuego x
11: armas para golpear x
12: lanzas pequeñas y livianas x
13: bebidas x
14: woomeras (arma arrojadiza) x
15: varas para cavar x

Tabla 8. Clases del ngan’gityemerri (adaptado de Reid 1997: 173).

30
Según Reid (1997: 172), “the establishment of a Ø-marked class is not warranted simply by the existence
of nouns such as those listed above which cannot be gender marked, but, as will become apparent, it emerges
as a useful class in accounting for certain patterns of agreement marking”.
31
Lo mismo ocurre con las clases 6: partes del cuerpo y 7: caninos.
87

Es interesante notar que en ciertas lenguas indígenas americanas, las clases con

referentes humanos femeninos y masculinos (y algunos animados no humanos) también

presentan un mayor grado de gramaticalización, que las distingue de las restantes clases (cf.

Seifart 2005).

América

Los enfoques mencionados en los puntos 2.1 a 2.3 de este capítulo suelen tomar

como base de análisis ciertas familias de lenguas con gran cantidad de datos disponibles,

producidos en el marco de una larga trayectoria de estudios lingüísticos (algunos que se

remontan hasta la Antigüedad Clásica), centrados en las lenguas Indoeuropeas, las

Dravídicas, varias familias lingüísticas de África como la Khoisana, la Niger-Congo y la

Nilo-Sahariana. Los trabajos de Dixon (1962, 1968, 1986) y de varios otros lingüistas

focalizados en las lenguas australianas (esp. Harvey y Reid 1997) incorporaron, como ya

hemos visto, nuevos datos a la discusión sobre los sistemas de categorización nominal.

Pero, salvo algunas menciones a ciertas lenguas de América del Norte (particularmente las

algonquinas, así como a algunas lenguas atabascanas en los trabajos sobre clasificadores),

el panorama lingüístico de nuestro continente permanecía casi ajeno al tema.

El volumen colectivo editado por Craig (ed. 1986) presenta –sumados a los ya

tradicionales estudios sobre los clasificadores de lenguas asiáticas, el género de las lenguas

europeas y las clases nominales de lenguas africanas– dos análisis centrados

específicamente en lenguas indígenas centro y sudamericanas: el jacalteco (Craig 1986) y

el yagua (Payne 1986). Ambas lenguas presentan complejos sistemas de categorización

nominal, que no pueden adscribirse a los “tipos discretos” de clases nominales y

clasificadores. Nos detendremos en el trabajo de Craig (1986), dado que en él se realizan

algunas consideraciones sobre las características de los sistemas de clasificación nominal.


88

En cuanto a sus características morfosintácticas, el jacalteco presenta cuatro tipos

de clasificadores: (a) clasificadores numerales, (b) clasificadores de número, (c)

clasificadores de plural y (d) clasificadores nominales.

(a) Los clasificadores numerales permiten la individuación y/o medición de los

sustantivos:

(5) ox(eb) motx ixim


32
3(CL.NB) CL.NUM maíz
CANASTA
‘tres canastas de maíz’

Entre los clasificadores numerales, se distinguen los mensurales y los sortales:33

clasificador MENSURAL clasificador SORTAL


- permiten medir unidades de sustantivos -morfemas que especifican unidades (no
no contables y contables cantidades)

-clase lexical abierta y numerosa -expresan una característica inherente


(son semánticamente redundantes)
-funcionalmente equivalentes a los
‘términos de medida’ (una rodaja de pan) -no presentan equivalentes en las lenguas
en las lenguas no-clasificadoras no clasificadoras

Tabla 9. Clasificadores mensurales y sortales (adaptado de Grinevald 2004: 1020).

32
Ejemplos (5) - (12) tomados de Craig (1990) y Grinevald (2004). Las abreviaturas usadas son: CL.MENS
‘clasificador mensural’; CL.N ‘clasificador nominal’; CL.NB ‘clasificador de número’; CL.NUM ‘clasificador
numeral’, CL.PL ‘clasificador de plural’, CL.SORT ‘clasificador sortal’.
33
El término sortal (del inglés sort “clase, grupo, tipo” proviene de la filosofía. Aparece por primera vez en
1690, en la obra de John Locke (Essay III “An Essay Concerning Human Understanding”, Book 3: Of
Words, Chapter 3: On general terms), en relación con las “esencias nominales”: “[…] it being evident that
things are ranked under names into sorts or species, only as they agree to certain abstract ideas, to which we
have annexed those names, the essence of each genus, or sort, comes to be nothing but that abstract idea
which the general, or sortal (if I may have leave so to call it from sort, as I do general from genus), name
stands for. And this we shall find to be that which the word essence imports in its most familiar use”
(Campbell Fraser 1959: 26-27). Es retomado luego por Peter Strawson (1996 [1959]: 168). Como concepto
lingüístico supone la identificación de un principio de individuación, y también designa a los sustantivos
contables que representan dicho concepto (manzanas, pero no arena).
89

Las diferencias entre ambos pueden verse en los siguientes ejemplos del kanjobal,

otra lengua maya de la sub-familia chujeana-kanjobal, al igual que el jacalteco:

(6) a. oš-eb’ tinan eb’ nax winax (kanjobal: Zavala 1990: 20)
3-CL.NB CL.MENS CL.PL CL.N hombre
INAN GRUPO HUM HOMBRE
“tres grupos de hombres”

b. oš-wan k’itan eb’ nax winax


3-CL.NB CL.SORT CL.PL CL.N hombre
HUM SEPARADO HUM HOMBRE
“tres hombres (separados unos de otros)”

(b) Los clasificadores de número se manifiestan a través de tres sufijos (que

distinguen humano / animal / inanimado) que marcan obligatoriamente al numeral, excepto

cuando se usa el clasificado numeral mencionado en (a):

(7) ox-k’onh cheh


3-CL.NB caballo
ANIMAL
‘tres caballos’

(8) ox-eb’ nhah


3-CL.NB casa
COSA
‘tres casas’

(c) Los clasificadores de plural cuentan con marcas respectivas para humano y

animal, mientras que los inanimados permanecen no marcados:

(9) heb’ naj winaj


CL.PL CL.N hombre
HUMANO HOMBRE
‘los hombres’
90

(10) hej no’ wakax


CL.PL CL.N vaca
ANIMAL ANIMAL
‘las vacas’

(d) Los clasificadores nominales son morfemas libres que preceden al sustantivo y

pueden co-ocurrir con él, junto con otros determinantes; se organizan en dos sistemas, uno

para calificar a seres humanos y entidades del mundo espiritual y otra aplicable a los

objetos concretos del mundo:34

(11) naj John


CL.N John
HOMBRE NO
PARIENTE
‘John’

(12) ha’ nhab’


CL.N lluvia
AGUA
‘lluvia’

De esta manera, Craig observa que el conjunto total de clasificación nominal del

jacalteco comparte características con los sistemas de clasificación de las lenguas europeas

(particularmente visible en los clasificadores de plural), con los clasificadores “clásicos” de

las lenguas orientales (los clasificadores nominales) y con un tipo léxico y abierto que

opera como los términos de medida (clasificadores numerales).

Este estudio de caso conduce cuatro años después a una notable propuesta teórico-

metodológica en la cual Craig (2000) presenta una tipología morfosintáctica de los

34
Denominados por Craig (1990: 255-56) “clasificadores de interacción social” (‘dios’, ‘diosa’, ‘persona
respetada’, mujer no emparentada’, ‘infante’, etc.) y “clasificadores de interacción física y funcional”
(‘animal’, ‘planta’, ‘agua’, ‘fuego’, etc.), respectivamente.
91

clasificadores. Teniendo en cuenta la proliferación de estudios sobre sistemas de

clasificación en variadas lenguas, su intención es

to produce a research tool that might foster the production of more thorough
and more comparable descriptions of classifiers systems which would then
facilitate more comprehensive and sophisticated typological studies of the
phenomenon (Craig 2000: 51).

Particularmente, llama la atención sobre la necesidad de actualizar el panorama

tipológico de la clasificación nominal para poder dar cuenta de los sistemas de las lenguas

amazónicas, “which appear to challenge estabished notions about what classifier systems

look like” (Craig 2000: 53).

Haciendo una revisión conceptual acerca de los sistemas de clasificación nominal,

propone la interpretación de ‘género’, ‘clase nominal’ y ‘clasificador’ en términos de

puntos sobre un continuum léxico-gramatical de sistemas de clasificación, cuyos extremos

se definen de la siguiente manera:

‘Lexical’ here means (a) part of the lexicon and its word-building dynamics
and (b) semantically compositional, while ‘grammatical’ means part of the
morphosyntax of a language (Craig 2000: 55).

En dicho continuum, identifica los siguientes sistemas:

a) en el extremo ‘gramatical’ se ubican los sistemas de género y de clases

nominales.

i) El género, caracterizado por la concordancia, se asigna a todos los

sustantivos de la lengua y está obligatoriamente marcado. Constituye el

sistema más limitado en cuanto a número de clases (dos o tres en el típico

sistema indoeuropeo) y su motivación semántica se suele limitar a los

animados, en correlación con su sexo.


92

ii) Las clases nominales, también concordiales, son típicas de las lenguas del

Niger-Congo, y presentan mayor cantidad de clases morfológicas (entre

doce y veinte).

b) en el extremo ‘léxico’ ubica los términos de medida y los términos de clase:

i) Los términos de medida se consideran de tipo léxico dado que constituyen

frases nominales analíticas que expresan cantidades, tanto para identificar

unidades en los sustantivos de masa (‘vaso de agua’, ‘kilo de azúcar’) como

para indicar una particular distribución de los sustantivos contables (‘pila de

libros’, ‘grupo de niños’).

ii) Los términos de clase aluden a morfemas clasificatorios de origen léxico

que exhiben diversos grados de productividad dentro del lexicón; uno de los

dominios semánticos donde más comúnmente operan es el de la botánica,

donde suelen especificar la diferencia entre árboles y frutas (X-

fruta/redondo vs. X-árbol/alargado). En inglés, los morfemas como tree o –

berry funcionarían como términos de clase en los siguientes conjuntos:

strawberry, blueberry, raspberry, boysenberry, gooseberry, marionberry /

apple tree, banana tree, orange tree, cherry tree, olive tree, palm tree.

c) Por último, en una posición intermedia entre ambos extremos, se encuentran los

clasificadores, que constituyen sistemas explícitos de categorización nominal

utilizados en construcciones morfosintácticas determinadas. Tales sistemas

exhiben un claro origen léxico, pero se diferencian de los sistemas puramente

léxicos en que marcan la categoría más allá del propio sustantivo (en morfemas

independientes o en afijos sobre otros elementos de la cláusula). A su vez

difieren de los sistemas de clase / género en que presentan una

gramaticalización incompleta. Los sistemas clasificadores presentan


93

equivalentes semánticos a los términos de medida y de clase especificados entre

los procedimientos léxicos: los clasificadores mensurales y los clasificadores

sortales,35 como puede verse en los siguientes ejemplos:

- Clasificador mensural: “dos [bolsas de] naranjas”; “tres [rondas de] niños”;

- Clasificador sortal: “dos [REDONDO] naranjas”; “tres [HUMANO] niños”.

De esta manera, tales sistemas pueden ordenarse en un continuum de

gramaticalización:

<Léxico………………………………………………………………………gramatical>
términos de medida clases nominales- género
términos de clase
CLASIFICADORES

clasificadores mensurales/sortales

Tabla 10. Continuum de gramaticalización (Craig 2000: 61).

Craig (2000) resume las características distintivas de los extremos de dicho

continuum en una tabla en el que reorganiza los criterios presentados por Dixon (1986)

para cada uno de los sistemas:

Sistemas de clases nominales-géneros Sistemas de clasificadores


clasifican todos los sustantivos no clasifican todos los sustantivos
relativamente pocas clases numerosas clases
sistema cerrado sistema abierto
fusionadas con otras categorías constituyentes independientes
gramaticales
pueden marcarse en el sustantivo no afijados al sustantivo

35
También llamados clasificadores cuantitativos y no cuantitativos, respectivamente.
94

realizados en patrones de concordancia marcados una sola vez


asignación del sustantivo a una única clase posibilidad de asignación a varias clases
sin variación según el registro variación según uso formal/informa

Tabla 11. Clases nominales/géneros vs. clasificadores (Grinevald 2000: 62) .

A pesar de esta presentación contrastiva, Craig no pierde de vista

the fuzzy edges of all the types considered. Those fuzzy edges correspond to
two levels of blending between systems: one is the blending of classifier
systems among themselves, and the other the blending of classifier systems
with other nominal classification systems, either more lexical or more
grammatical ones (Craig 2000: 81).

Resulta interesante destacar una observación que Craig (2000) realiza con respecto

a los sistemas de concordancia –vid. supra (a) (i y ii)–:

gender and noun classes are treated as one major system of nominal
classification […]. The tradition is to call gender those systems which rely
in the feature of sex, and to take the systems of Indo-European languages as
the prototypical cases, while labelling ‘noun classes’ the larger systems
which are considered more ‘exotic’ from a Eurocentric point of view (Craig
2000: 57)

A pesar de la frecuente consideración conjunta de géneros y clases, reconoce la

ventaja metodológica de identificarlos como procedimientos distintos, particularmente en

vista de los sistemas de clasificación de las lenguas amazónicas:

Those languages seems very rich in nominal classification systems,


including traditional-looking gender systems coexisting with extensive other
systems variously called concordial o classifier systems. Much remains to
be done to account for the exact nature of these still partially described
systems, in order to distinguish between co-existence of various classifier
types or existence of one complex noun class system with irregularities in
its morphology” (Craig 2000: 58).
95

Amazonian languages appear to offer cases of co-existence of gender


systems and other nominal classifying systems that are contrary to
predictions stated in Corbett (1991). They may present in fact some
argument for maintaining a distinction between gender and noun class
systems, in that some of the systems that co-occur with gender systems are
often labelled as classifier systems but are in fact more like noun systems
morphosyntactically. Like noun class systems, they are largely concordial.
[…] However, like classifier systems, they have a strong semantic
motivation and a marked discourse use (Craig 2000: 82).

Con respecto a los clasificadores (que por cierto constituyen el foco de su estudio),

los organiza en:

- Clasificadores numerales, del tipo más conocido y descripto, como los de las

lenguas del sudeste asiático, así como el chino y el japonés, que ocurren en contextos de

cuantificación como morfemas libres o ligados. Tal como se indicó anteriormente, suelen

presentarse en dos subtipos semánticos: clasificadores sortales y mensurales.

- Clasificadores nominales, que se realizan como morfemas libres dentro de la frase

nominal, independientemente de la operación de cuantificación. Según observa Craig

(2000: 65), “noun classifiers constitute a generally ignored type. […] It is not a very

common type, and the documented instances are still few”.

- Clasificadores genitivos, que aparecen en construcciones posesivas, usualmente

ligados morfológicamente al posesor pero clasificando semánticamente al poseído. En

general, afectan a un reducido conjunto de los sustantivos, particularmente a los que

presentan importante significación cultural.

- Clasificadores verbales que, a diferencia de los anteriores, no ocurren dentro de la

frase nominal, sino que aparecen junto con el verbo, modificando sus argumentos

nominales.
96

Otro estudio que da lugar a lenguas de América (tanto del Norte –concretamente las

nororientales–, del Sur y de Mesoamérica) es la obra de Nichols (1992). Por más que de

Sudamérica registra unas pocas lenguas relevantes para el tema de la categorización

nominal (campa ashéninca, yagua y waorani), resulta de interés mencionarla aquí por la

propuesta que hace en la definición de los términos implicados (género, clase nominal,

etc.). Sostiene, en primer lugar, la importancia de la precisión terminológica, paso

fundamental que permitirá la comparabilidad entre los distintos sistemas gramaticales. A

partir de las definiciones “fundacionales”, observa que los trabajos focalizados en los

clasificadores numerales –por ejemplo, Dixon 1986 y Allan 1977– consideran marginales

los sistemas de género, mientras que los trabajos que priorizan las propiedades

estructurales de los sistemas lingüísticos –Greenberg 1978– los consideran centrales para

sus análisis. Más cercana a esta última línea, Nichols (1992: 125) propone distinguir tres

niveles de categorización nominal, basados en la concordancia o en otro tipo de inflexión,

que serían (en nivel decreciente de especificidad formal) la subclase de concordancia36

(concord subclass), es decir, cada una de las distinciones morfológicas que marcan la

concordancia con cierto sustantivo –equivalente al género regido de Corbett 1991– ; el

género (gender), en tanto el rasgo que especifica la categoría a la que pertenece el

sustantivo –género regente para Corbett 1991–, más abstracto y que agrupa subclases de

concordancia y, finalmente, el macrogénero (macrogender), nivel de máxima generalidad

que comprende distintos géneros.

En cuanto a la terminología, reconoce que en los trabajos sobre categorización

nominal que focalizan la concordancia habitualmente se utilizan ‘género’ y ‘clase’, el

primero en los casos que opera la distinción femenino/masculino, y el segundo para referir

a “other systems” (Nichols 1992: 127). Dado que no encuentra motivos para diferenciarlos,

36
Probablemente, en el sentido otorgado por Greenberg (1978). Ver 3.
97

propone utilizar ‘género’ para ambos –al igual que Corbett 199137–, y reservar ‘clase’

como término genérico para los tres niveles por ella propuestos,

as the label for categorization in languages not distinguishing three levels,


and as analytic generalization whenever is not necessary to talk specifically
about concord subclasses, genders, or macrogenders (Nichols 1992: 127).

Tanto en este esquema jerárquico de categorización como en los ejemplos

mencionados, Nichols demuestra un profundo apego al modelo lingüístico indoeuropeo y a

los análisis africanistas: considera la dupla singular/plural como ejemplo típico de subclase

de concordancia y, como géneros más frecuentes, los basados en el sexo del referente. De

hecho, menciona que

classes almost always include a masculine/feminine or human/non human


opposition. Probably a human or animate macrogender is operant to some
extent in all class systems, although not all grammatical descriptions allow
this fact to be established (Nichols 1992: 129).

Un aporte interesante con respecto a los loci de marcación de clase (es decir, los

distintos lugares en que puede marcarse la concordancia con el sustantivo: artículos,

adjetivos, etc.) consiste en hacer intervenir la direccionalidad de la concordancia: si va de

núcleo a dependientes o viceversa. La intervención de este criterio ha demostrado, en la

experiencia de la autora, ser relevante como factor que limita o favorece el surgimiento de

sistemas de género.

También resulta sumamente interesante la propuesta de que las clases tienen un

fuerte componente areal:

37
Recordemos que Dixon (1986) utiliza para ambos ‘clase nominal’, tal como luego lo haría Evans (1997:
109).
98

Most of the languages having them [i.e., classes] occur in what I will call
HOTBEDS, which I define as areas in which most languages have classes,
classes are found in languages of more than one family, and the formal
implementation of classes –the number of classes, the loci of marking,
prefixal or suffixal marking, etc.– takes more than one form. […]
Languages with classes located outside of hotbeds will be called outliers. Of
the 47 languages with classes in my sample, 13 are outliers and 34 are in
hotbeds (Nichols 1992: 130-131).

Por último, no puede soslayarse la contribución realizada por Aikhenvald (2000) al

análisis tipológico de los sistemas de clasificación nominal. La autora recoge la propuesta

de Craig (2000: 58; vid. supra) e incorpora los datos provenientes de las muchas lenguas

amazónicas por ella estudiadas (tariana, baniwa, warekena, baré, palikur –familia Arawak–

, tucano, piratapuya –familia Tukano oriental– y paumarí –familia Arawá–), así como los

provenientes de otras recientes investigaciones, al panorama de los procedimientos de

categorización nominal. En primer lugar, sorprende la vastedad del corpus de análisis (más

de 500 lenguas). El criterio de selección para la conformación de tal corpus explica su gran

tamaño:

I have not restricted myself to considering just some samples of the


available set of languages. Rather, I have looked at every language on which
I could find data and which has noun categorization devices. This approach
(sometimes called ‘sample of convenience’) allowed me to make the
typology proposed here as comprehensive as it could be at our present level
of knowledge about the languages of the world, without imposing artificial
limitations dictated by this or that ‘sampling strategy’ (Aikhenvald 2000: 4).

En cuanto al problema terminológico entre clases nominales y géneros, la autora

indica que a lo largo de la obra

I shall use ‘noun class’ as cover term for noun class and gender. In
agreement with the linguistic tradition, I shall reserve the term gender for
small systems of two to three distinctions (always including masculine and
99

feminine), like the ones typically found in Indo-European, Afroasiatic, and


Dravidian languages (Aikhenvald 2000: 19)38.

Mantener, pues, la distinción entre géneros y clases nominales se ha convertido en

una estrategia usual en los análisis realizados en los últimos años (justamente surgidos en

torno a datos provenientes de lenguas de reciente descripción), dado que permite mayor

claridad en la descripción de sistemas en los que coexisten más de un sistema concordial,

como el tucano, varias lenguas de la familia Arawak y otras lenguas de la Amazonia

oriental, en las que se ha registrado un sistema de género (masculino/femenino) entre los

sustantivos que refieren a entidades humanas o animadas y otro sistema de clases

nominales entre los inanimados. Así sucede en la lengua piaroa (Krute 1988), donde las

entidades animadas se clasifican en masculinas (no marcadas) o femeninas (que sufijan -

hu) , mientras que las inanimadas se organizan en un enorme conjunto de más de cien

clases (-phæ ‘hilo’, -du ‘objetos redondos, duros, pequeños y difícilmente

individualizables’, -mi ‘objeto bidimensional pequeño y redondo’, -na ‘tubo’, -ha ‘líquido

espeso’,etc.):

(13) a. hikičawa bo


grande niño
‘niño grande’

38
En una definición anterior, fundamentada (tal como lo hiciera Corbett 1991) en Zalizniak (1967), relaciona
–horizontalmente, en lugar de jerárquicamente– el término ‘género’ con ‘clase de concordancia’:

“Em algumas línguas o número de classes de concordância equivale ao número de gêneros, como
é o caso do latim, lituano, alemão. A situação em outras línguas é diferente. O russo é conhecido
como uma língua com três gêneros gramaticais: masculino, feminino, neutro. Contudo, em russo,
cada classe de concordância apresenta, na realidade, um conjunto de traços: gênero, com três
gramemas: masculino, feminino, neutro; e animado-inanimado. Isso resulta na existência de sete
classes de concordância, de acordo com Zalizniak (1967:79). […] Uma possível solução seria,
neste caso, continuar chamando de “gênero” apenas os sistemas gramaticais fechados,
predominantemente baseados na oposição semântica de sexo e animado/inanimado, e de “classe
de concordância” os sistemas mais complexos, que envolvem mais de dois parâmetros de
subcategorização” (Aikenvald 1994: 38-39).
100

b. hikičawa-hu bo-hu
grande-f niño-f
‘niña grande’

(14) a. kuupæ-na adiwæ-na


arma-CL.tubo buena-CL
‘escopeta buena’

b. ane-ha reo-ha
aceite- CL.liquido.espeso rancio- CL
‘aceite (para cocinar) rancio’

c. pi-mi hawap-mi
esta-CL píldora-CL.disco
‘esta píldora’

Con respecto a la distinción entre clases y clasificadores, Aikhenvald (2000)

coincide con Craig en que las posiciones que los oponen como sistemas opuestos e

irreconciliables ya no tienen cabida dentro del panorama actual de los estudios sobre el

tema:

The dichotomy between a concordial noun class as an ‘obligatory


grammatical system where each noun chooses one from a small number of
possibilities’ and noun categorization as a system where ‘noun classifiers
are always separate lexemes which may be included with a noun in certain
syntactic environments’ (Dixon 1986: 105) appears to be rather simplistic,
especially in the light of the data from Amazonian languages (Aikhenvald
2000: 10).

En esta aseveración resuena lo indicado por Payne más de diez años antes, citado

también en Derbyshire y Payne (1990):

the use of classifiers in some of these [Amazonian] languages blurs the


distinction between […] the two categories that Dixon 1986 wants to keep
separate: grammatical noun class (i.e. gender and concordial systems) and
101

lexico-syntactic noun classification (i.e. numeral classifier systems)


(Derbyshire y Payne 1990: 266; las negritas son del original)

Así, en la obra de Aikhenvald, los tipos de clasificación “are not viewed as discrete

entities, but rather as focal points on continua of various properties” (Aikhenvald 2000:

13). Las dimensiones propuestas para establecer tales puntos focales en el continuum

tipológico de procedimientos de clasificación son:

(A) Locus morfosintáctico de codificación: el entorno morfosintáctico en que se realiza

determinado procedimiento de categorización.

(B) Dominio de la categorización: si se restringe a la frase nominal, o si se extiende a la

verbal.

(C) Principios de asignación: si responde a criterios semánticos, morfológicos o

fonológicos.

(D) Tipo de realización: tales como afijos, clíticos o palabras independientes.

(E) Concordancia: presente o no en determinado sistema de categorización.

(F) Relaciones de marcación, tanto formal como funcional.

(G) Grado de gramaticalización y lexicalización del mecanismo de categorización

Junto con estas propiedades, consideradas definitorias, propone otras contingentes:

(H) Interacción con otras categorías gramaticales, tales como número, caso o con

categorías verbales.

(I) Organización semántica del sistema: por más que algunos parámetros han mostrado

ser universales (humano / no humano), existen importantes variaciones en cuanto a

la cantidad de parámetros considerados, su transparencia semántica y la

obligatoriedad de la clasificación, entre otros aspectos.


102

(J) Evolución y decadencia de los sistemas.

(K) Adquisición y disolución de los procedimientos de categorización.

A partir de estas propiedades es que caracteriza los tipos (“puntos focales”) del

continuum de mecanismos categorizadores: clases nominales y géneros, clasificadores

nominales, clasificadores numerales, clasificadores relacionales (equivalentes a los

‘clasificadores genitivos’ de Craig 2000), clasificadores verbales y clasificadores locativos

y clasificadores deícticos. Es decir, a la nómina propuesta por Craig agrega dos tipos de

clasificadores, poco o nada considerados en la literatura anterior: los clasificadores

deícticos se encuentran, según Aikhenvald (2000) en las lenguas guaycurúes de Argentina

y Brasil, mientras que los clasificadores locativos (semejantes a los considerados por Allan

1977) se restringen a unas pocas lenguas sudamericanas, como el palikur (Arawak), el dâw

(Makú) y algunas lenguas Carib.

Un importante aporte de la obra de Aikhenvald consiste en haber prestado especial

atención a los sistemas lingüísticos donde coexisten más de un tipo de mecanismo

clasificador. Es en tales lenguas donde la tipología propuesta (basada fundamentalmente en

el locus morfosintáctico de codificación) demuestra su versatilidad. Según Aikhenvald

(2000), el caso más frecuente es la coexistencia de dos conjuntos de dispositivos de

clasificación: clases nominales y clasificadores numerales (presentes en algunas lenguas

índicas, iranias, dravídicas y, ya en Sudamérica, en ciertas lenguas del grupo Arawak),

clasificadores nominales y clases nominales (lenguas del norte de Australia), clasificadores

numerales y clasificadores relacionales (lenguas micronesias), clasificadores nominales y

clasificadores numerales (algunas lenguas mayas y austronésicas). Pero también registra la

coexistencia de tres, cuatro y hasta cinco conjuntos de mecanismos clasificadores. En

algunos de ellos pueden encontrarse sistemas de concordancia en los que operan, por un
103

lado, los criterios de animacidad y sexo y, por otro, rasgos semánticos relativos a forma,

tamaño, disposición o función; esos son los casos que apoyan las tendencias que distinguen

entre géneros y clases nominales.

Es indudable la evolución que puede apreciarse en la tipología de procedimientos

de clasificación nominal, cuyas primeras propuestas, un tanto rígidas y dicotómicas, fueron

cediendo lugar a consideraciones más flexibles y permeables, más adecuadas para la

descripción de los sistemas de categorización que se han ido encontrando en las lenguas

indígenas, particularmente las amazónicas, que presentan con frecuencia lo que, para

Derbyshire y Payne (1990: 243) constituye “a mixture of two or all three types”, mientras

que Craig (2000: 58) los describe como “complex noun class system”, y Aikhenvald

(2000) los menciona como “multiple classifiers systems”.


104
105

CAPÍTULO 2

Sistemas de género

1. Introducción

En este capítulo se presenta el estudio comparativo de un conjunto de lenguas cuya

categorización nominal exhibe características de los sistemas ‘tradicionales’ de género,

semejantes a los de las lenguas indoeuropeas. Algunas presentan dos categorías

(masculino/ femenino) y otras se organizan en tres (masculino/ femenino/ neutro). En todas

ellas opera –en diferente grado– el rasgo semántico de sexo.

Dicho análisis focaliza las semejanzas y diferencias que estas lenguas presentan

con respecto a: (i) los criterios de asignación de género: arbitrario o motivado, con

particular atención a los rasgos [+animado], [+humano] y al sexo de los referentes; (ii) los

patrones de concordancia, a fin de identificar qué clases covarían con las diferentes

categorías del sistema de género y de qué modo se manifiesta esta variación en lo formal; y

(iii) la marcación, con el objeto de reconocer eventuales categorías marcadas y no

marcadas.

Esta comparación se centra en un conjunto de seis lenguas indígenas de América

del Sur que pertenecen a diferentes familias:

- el mosetén (MOS), lengua aislada de Bolivia. Cuenta con aproximadamente 1.000

hablantes que habitan en la región del alto río Maniqui y el Apere. Las fuentes

bibliográficas utilizadas son Sakel (2002, 2004).

- el jarawara (JAR), perteneciente al grupo Arawá, hablado por unas 150 personas

que se localizan en la zona del curso medio del río Purus (Estado Amazonas, Brasil), cerca
106

de la ciudad de Lábrea. Los datos de esta lengua provienen de Vogel (1989) y Dixon

(2004).

- el guajiro o wayuunaiki (GJI), una de las lenguas de la extensa familia Arawak,

hablada en la península Guajira (Colombia) y en regiones aledañas que se extienden hasta

Venezuela; el análisis de esta lengua se basa en bibliografía publicada por Jusayú (1975);

Olza Zubiri y Jusayú (1978); Mansen y Captain (2000); Ramírez (2001); Captain y Captain

(2005).

- la lengua wari’ (WAR), que pertenece a la familia Chapacura y se localiza en la

cuenca sudoccidental del Amazonas (en torno de la confluencia de los ríos Mamoré y

Guaporé) en el estado de Rondônia (Brasil). En la actualidad cuenta con un importante

número (superior al millar) de hablante. Los datos provienen de Everett y Kern (1997).

- el tehuelche (TEH), pertenece a la familia Chon, en avanzado estado de extinción,

que se hablaba en la provincia de Santa Cruz, Argentina. La bibliografía en que se funda el

análisis corresponde a Fernández Garay (1997; 1998; 2004a,b; 2007) y a Fernández Garay

y Hernández (2006).

- el guayabero (GYA), que forma parte del grupo lingüístico Guahibo, se ubica en

Colombia, a lo largo del río Guaviare, en la frontera entre los departamentos de Meta y

Guaviare. La población asciende en la actualidad a unas mil personas (Tobar 2000: 599).

Los datos presentados en este análisis provienen de Tobar (1989, 1994, 2000).

Dichas lenguas, que no están vinculadas genéticamente entre sí ni se encuentran en

contacto directo unas con otras, coinciden en organizar la clasificación de los sustantivos

en respectivos sistemas de género gramatical con dos o tres categorías:

masculino/femenino (MOS, JAR y GJI) o masculino/femenino/neutro (WAR, TEH, GYA).


107

2. Criterios de asignación de género

Casi la totalidad de las lenguas aquí consideradas (MOS, JAR, WAR, TEH y GYA)

presentan un género inherente a los sustantivos; en términos generales, esas lenguas

organizan el conjunto nominal en dos clases (masculino/ femenino) o en tres (masculino/

femenino/ neutro). La asignación a cada clase no puede ser modificada por elección del

hablante, sino que viene predeterminada desde el lexicón.39 Sin embargo, existe una

excepción en el conjunto aquí considerado: los sustantivos del guajiro no pertenecen a un

género predeterminado de antemano. Los sustantivos que remiten a entidades sexuadas,

por ejemplo, refieren al espécimen genéricamente; si el hablante deseara focalizar el

carácter femenino o masculino del humano o animal al que el término refiere, puede

recurrir a ciertos sufijos determinativos (masculino singular/femenino singular/plural) o

elegir las formas concordantes en género que presentan otras clases relacionadas con dicho

nominal. Dado que el género funcionalmente no marcado es el femenino, es el que se

utiliza por defecto en objetos, aunque también en personas y animales cuando no se conoce

o no se quiere especificar su sexo.

Las lenguas en las que el género es una propiedad inherente a los sustantivos no son

uniformes en cuanto a la motivación semántica del rasgo de sexo en las entidades

animadas. Las aquí consideradas basan la distribución de los sustantivos en el sexo de los

referentes solo en el caso de los seres humanos (considerando, en el GJI, la posibilidad de

hacer uso de las categorías de masculino y femenino, es decir, tomando como válido el

vínculo semántico entre el género natural y el género gramatical, aunque no con los

sustantivos propiamente dichos).

En el caso de los animados no humanos, el comportamiento no es uniforme. En TEH

y GJI, el género gramatical se corresponde con el sexo del animal (al menos, en los

39
En JAR; Dixon (2004: 284) observa que, si bien casi todos los sustantivos tienen un género inherente, unos
pocos –que refieren a humanos, como habai ‘amigo’– pueden adoptar concordancias masculinas o
femeninas, según el sexo del referente.
108

animales superiores). En GYA, es posible indicar el género de un animal, aunque no

gramatical sino léxicamente. En JAR y WAR, los animales pertenecen a un género

determinado, no necesariamente en correspondencia con el sexo del referente.

Los inanimados del MOS y del JAR se adscriben arbitrariamente a los géneros

masculino y femenino. El GJI, por su parte, vincula al género no marcado (femenino) los

sustantivos con referente inanimado. En WAR se reparten entre el masculino y el neutro,

mientras que en TEH pertenecen mayoritariamente al neutro, aunque hay también algunos

de género masculino y muy pocos de género femenino. El GYA, por último, agrupa todos

los inanimados bajo el género neutro.

2.1. Motivación en la asignación de los sustantivos

Dado que el fundamento semántico del género varía de acuerdo con la animacidad

de los referentes nominales, resulta conveniente tratar por separado los casos de entidades

humanas, animadas no humanas e inanimadas. A estos tres niveles se suma el de algunos

cuerpos celestes y fenómenos de la naturaleza –cuya asignación de género suele estar

ligada al papel que juegan en los relatos cosmogónicos–, ya que proveen interesante

información acerca de las creencias de cada pueblo.

2.1.1. Inanimados

Con respecto a las entidades inanimadas, el MOS las adscribe arbitrariamente a los

géneros masculino y femenino. Como en la mayoría de los casos el género no se manifiesta

en el propio sustantivo, sino a través de las concordancias, son los otros elementos de la

frase quienes permiten reconocer si la entidad inanimada es masculina o femenina:

(1) mo’ aka’ daer (MOS-Sakel 2002: 294)


3SG.F casa grande
’la casa es grande’
109

(2) jaem’-si’ shiish (MOS-Sakel 2004: 103)


bueno-R.F carne
’carne buena’

Los sustantivos que han sido tomados del español también son asignados a uno de

los géneros:

(3) its kasko (MOS-Sakel 2004: 144)


DEM.M bote
’este bote’

(4) öi teja (MOS-Sakel 2004: 120)


DEM.F teja
‘esta teja’

Si bien en los ejemplos anteriores cada término conserva el género que presenta en

la lengua de origen, esto no siempre se verifica:

(5) jiri-s paper (MOS-Sakel 2004: 420)


uno-F papel
‘un papel’

(6) jiri-ty camisa (MOS-Sakel 2004: 321)


uno-M camisa
‘una camisa’

En JAR, los sustantivos con referente inanimado también se asignan arbitrariamente

al masculino o al femenino.40 Las especies vegetales –sami(F) ‘ananá’, jifari(F) ‘banana’,

40
Vogel (1989: 4) calcula los siguientes porcentajes de distribución de género para humanos, animados no
humanos e inanimados (diferenciando plantas, cuerpos celestes, otros fenómenos naturales, objetos y
conceptos, nombres de lugares):
seres humanos animales cuerpos plantas fenómenos objetos y lugares
celestes naturales conceptos
femenino según el sexo de 15% 0% 47% 93% 78% 75%
masculino los individuos 85% 100% 53% 7% 22% 25
110

kimi(M) ‘maíz’, hosi(M) ‘batata’– presentan una distribución casi equitativa entre ambos

géneros; su pertenencia a uno u otro se conoce por medio de las concordancias que

manifieste el correspondiente sustantivo:

(7) jifari hata-ke (JAR-Dixon 2004: 342)


banana estar.maduro-DECL.F
‘la banana está madura’

Ciertos elementos y fenómenos naturales –como jifo(F) ‘fuego’, boni(F) ‘viento’,

jati(F) ‘piedra’, wami(F) ‘tierra, terreno’ faha(F) ‘agua’, rako41(F) ‘lago’– son

predominantemente femeninos: los únicos masculinos registrados en este grupo son

hijabo(M) ‘nido de termitas’, atiwa(M) ‘espina’ y jama hote(M) ‘niebla’. Los objetos y

conceptos generales –entre los que se incluyen artefactos en general, comidas,

enfermedades y conceptos misceláneos– presentan también un predominio de femeninos.

Es interesante notar que, en algunos casos, opera un principio semejante al identificado en

la lengua andoké, según el cual el femenino se asocia con objetos curvos y huecos, y lo

masculino remite a objetos largos y rígidos, así como a animales con aguijón.42 Así, en el

conjunto de mano y mortero, tara ‘mano’ es masculino y fowa ‘mortero’ es femenino.43

Los préstamos del portugués son asignados a uno de los géneros (no

necesariamente el mismo que el de la lengua original):

(8) móto(M) ‘motor’, de motor(M) ; sitáti(F) ‘ciudad’, de cidade(F) (JAR-Dixon 2004: 25)

(9) sáko(F) ‘bolsa’, de saco(M); ójo(F) ‘aceite’, de óleo(M) (JAR-Dixon 2004: 25)

41
Préstamo del portugués.
42
De la misma manera, en JAR tanto awani(M) ‘avispa’, abija(M) ‘abeja’ como jimo(M), mafo(M) ‘(distintas
especies de) hormiga’ son también inherentemente masculinos, al igual que en andoké.
43
Existe un sustantivo masculino homónimo, fowa ‘mandioca’. En este caso, el género es lo que permite la
desambiguación.
111

En WAR, dado que el femenino solo se aplica a las entidades animadas, la

distribución de los inanimados se realiza entre el masculino y el neutro. La mayoría de las

plantas y de los objetos pertenece al género neutro; también las partes del cuerpo y algunos

fenómenos naturales:

(10)a. wao' b. xirim (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘canasta pequeña’ ‘casa’

(11) tononoin (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘pasto’

(12) at (WAR-Everett y Kern 1997: 444)


‘hueso’

(13) xowi (WAR-Everett y Kern 1997: 448)


‘lluvia’

Pertenecen al masculino ciertos objetos (en especial los culturalmente

representativos, es decir, aquellos que se encontraban en la cultura tradicional de los wari')

y unos pocos fenómenos naturales:

(14) wom (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘algodón’

(15) towapiji (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘viento frío del sur’

En TEH, los términos con referentes inanimados, así como las abstracciones,

pertenecen mayoritariamente al neutro:

(16)a. qaqewten (TEH-Fernández Garay 2004a: 103) b. čočaon (TEH-Fernández Garay 2004a: 67)
‘ropa’ ‘baile’

c. k:aw (TEH-Fernández Garay 2004a: 82) d. taБn (TEH-Fernández Garay 2004a: 112)
‘casa, toldo’ ‘dinero’
112

e. БaБjn (TEH-Fernández Garay 2004a: 131) f. k'oč (TEH-Fernández Garay 2004a: 90)
‘idioma’ ‘cielo’

aunque hay también algunos de género masculino, que incluyen objetos, fenómenos de la

naturaleza, plantas y partes del cuerpo:

(17)a. pelkel (TEH-Fernández Garay 2004a: 92) b. ko:joБ (TEH-Fernández Garay 2004a: 78)
‘hacha’ ‘cuchara’

(18) č’ek’er (TEH-Fernández Garay 2004a: 62)


‘escarcha, hielo’

(19) paБr44 (TEH-Fernández Garay 2004a: 91)


‘junco’

(20)a. tap45 (TEH-Fernández Garay 2004a: 104) b. got’46 (TEH-Fernández Garay 2004a: 69)
‘riñon’ ‘pelo, cabello’

y unos pocos de género femenino:

(21)a. Бašk’om (TEH-Fernández Garay 2004a: 123) b. xelmen (TEH-Fernández Garay 2004a: 117)
‘olla’ ‘harina/masa’

(22) paБwn (TEH-Fernández Garay 2004a: 94)


‘neblina’

(23) gox (TEH-Fernández Garay 2004a: 69)


‘cadera’

En GYA, los objetos inanimados pertenecen siempre al género neutro:

44
Algunos de los sustantivos de género masculino que remiten a especies vegetales, pueden establecer
concordancias con el género neutro, hecho que indica que deben ser interpretados como colectivos. Así,
paБr(N) significa ‘conjunto de juncos’. Otros ejemplos: k’ak(M) ‘leño, mata’/ k’ak(N) ‘leña, matorral’; qo:n
(M) ‘fruta de calafate’/ qo:n(N) ‘conjunto de frutas de calafate’.
45
También en el caso de las partes del cuerpo que se presentan como pares el género es informativo: el
masculino indica que se considera uno solo, el neutro indica la focalización del par: tap (N) ‘par de riñones’;
también naБm(M) ‘testículo’ / naБm(N) ‘par de testículos’; ša:n(M) ‘oreja’ / ša:n(N) ‘par de orejas’.
46
En este caso, el cambio de masculino a neutro indica parte/todo: got’(N) ‘cabellera’; también Бor (M)
‘diente’ / Бor (N) ‘conjunto de dientes, dentadura’.
113

(24)a. jaџ (GYA-Tobar 1989: 114) b. marma (GYA-Tobar 1989: 92)


‘ropa’ ‘olla’
c. bu (GYA-Tobar 1989: 114) d. tolda (GYA-Tobar 1989: 125)
‘hamaca’ ‘toldillo’

La adscripción al género neutro se reconoce a partir de las concordancias que el

sustantivo origina, pues este no presenta una marca explícita:

(25) marma-t pasoja-x (GYA-Tobar 1989: 92)


olla-SGTV47 ser.rojo-N
‘la olla es roja’

Ya se ha mencionado que, en el caso de las entidades animadas, el GJI no adscribe

los sustantivos a determinado género, sino que los considera femeninos (en tanto género no

marcado) a menos que se desee focalizar el rasgo masculino de cierto hombre o animal

macho. En el caso de referentes inanimados, los ejemplos registrados del GJI demuestran

que las concordancias establecidas por los sustantivos son del género no marcado, el

femenino:

(26) t᭣ uchi-kat (GJI-Olza Zubiri y Jusayú 1978: 17)


DEM.PRX.F cerro-DET.F
‘el cerro’

(27) t᭣ pichi motsa-ka (GJI-Jusayú 1975: 22)


DEM.PRX.F casa pequeño-DET.F
‘la casa pequeña’

(28) t᭣ wopu jerrut-ko (GJI-Jusayú 1975: 23)


DEM.PRX.F camino ancho-DET.F
‘el camino ancho’

47
El sustantivo del GYA conforma un concepto genérico, que remite a un conjunto de entidades con
determinadas características en común. La individualización de las entidades se realiza por medio de un
sufijo singulativo –t.
114

2.1.2. Cuerpos celestes

Procedemos a detallar bajo una sección propia el caso de la asignación de los

cuerpos celestes y de los fenómenos meteorológicos, por presentar ciertas particularidades.

En JAR, los cuerpos celestes: bahi ‘sol’,48 abariko ‘luna’, amowa ‘estrella’ y maya

‘lucero matutino/vespertino’ se consideran entidades animadas y pertenecen todos al

género masculino. Esta asignación está motivada en la mitología jarawara, que considera

hombres míticos a los astros (Dixon 2004: 285). Por su parte, boni ‘viento’ es de género

femenino.

También en WAR los astros se consideran masculinos –panawo’ ‘luna’, xina ‘sol’,

pijo’ ‘estrella’–, al igual que towapiji ‘viento frío del sur’. Por su parte, otros fenómenos

naturales pertenecen al género neutro: xowi’ ‘lluvia’, comerem ‘trueno’, hotowa ‘viento’.

El sol y la luna, según las creencias de los TEH, formaban una pareja.

Consecuentemente, qe:ngenken ‘sol’ es de género masculino y qe:nkenkon ‘luna’ es femenino.

Los fenómenos meteorológicos y de la naturaleza pueden pertenecer al masculino,

como gexer(M) ‘arco iris’, t’e:o(M) ‘lluvia’, xošn(M) ‘viento’ y karot’(M) ‘relámpago,

trueno o tormenta’ o, en menor medida, al femenino: paБwn(F) ‘neblina’ y je:w49(F) ‘nieve’.

2.1.3. Animados no humanos

En cuanto al MOS, Sakel (2004: 86) observa que, excepto para los seres humanos, la

asignación de género parece arbitraria:

(29)a. jiri-s okoko (MOS-Sakel 2004: 153) b. mi’ baekae (MOS-Sakel 2004: 445)
uno-F sapo 3SG.M ardilla
‘un sapo(F)’ ‘la ardilla(M)’

48
El mismo término se utiliza también para el trueno. Según Dixon (2004: 71), en el Proto-Arawá se
diferencian *mahi ‘sol’ y *bahi ‘trueno’. Esta diferencia se mantiene en otras lenguas Arawá, como el deni y
el dialecto jamamadi del Madi. Pero tanto el JAR como el banawá presentan una misma palabra para ambos
conceptos –en el caso del banawá es bai (< bahi)–.
49
Término antiguo, luego reemplazado por majge, también femenino.
115

c. öi-nä-ki näkä’ (MOS-Sakel 2004: 350) d. iits ojtere’ (MOS-Sakel 2004: 192)
DEM.F-FO-CO agutí DEM.M gallo
‘este agutí(F)’ ‘este gallo(M)’

No obstante, y dado que los sustantivos generalmente no explicitan el género,

algunos ejemplos muestran que es posible asignar concordancias masculinas o femeninas

acordes con el sexo del referente:

(30)a. nunca katyi' khä bailar-yi-’ mö’ achae Diana (MOS-Sakel 2004: 268)
nunca EVID bien bailar-MV-SG.F 3SG.F perro Diana
‘la perra Diana nunca va a bailar’

b. mi’ achae sabe wailar (MOS-Sakel 2004: 458)


3SG.M perro saber bailar
‘el perro sabe bailar’

En el caso de los nombre de animales tomados en préstamo del español, éstos

mantienen el género de la lengua de origen:

(31)a. jiri-s waka (MOS-Sakel 2004: 325) b. mi’ kabayo (MOS-Sakel 2004: 163)
uno-F vaca 3SG.M caballo
‘una vaca’ ‘el caballo’

En JAR no es sencillo encontrar principios indefectibles para la asignación de

género en animados no humanos, aunque pueden observarse ciertas tendencias. Los

animales presentan un género inherente, mayoritariamente masculino (según Vogel 1989,

aproximadamente el 85% del total de mamíferos, aves, peces e insectos, aunque en algunas

subcategorías –hormigas, avispas y moluscos– la totalidad de los sustantivos integrantes

pertenece al género masculino; ver tabla en nota 40):

(32) jimo sone-hibona (JAR-Dixon 2004: 599)


hormiga caer-INT.M
‘la hormiga se cayó’
116

En el caso de los animales superiores, es posible especificar el sexo del referente.

Por ejemplo, kato ‘gato’, pertenece al género femenino y por tanto da lugar a una serie de

concordancias que reflejan el género inherente del sustantivo, como puede verse en (33)a;

pero es posible focalizar el sexo de un animal específico y usar las concordancias

adecuadas, tal como sucede en (33)b:

(33)a. kato ohi-mine-ke (JAR-Vogel 1989: 7)


gato(F) llorar-AUX.F-DECL.F
‘El gato está llorando’

b. kato ino wata-ka-ra (JAR-Vogel 1989: 7)


gato nombre existir-DECL.M-NEG.M
‘el gato(M) no tiene (otro) nombre’

En otros casos, más allá del género inherente del sustantivo, pueden agregarse los

términos fana ‘hembra’ o maki ‘macho’, a fin de especificar el sexo:

(34) kerewe(F) (JAR-Dixon 2004: 79)


‘perezoso’

a. kerewe maki b. kerewe fana


‘perezoso macho’ ‘perezoso hembra’

Con respecto a los préstamos, no siempre los términos para animales conservan el

género de la lengua de origen (portugués):

(35) abíja(M) [de abelha(F)] (JAR-Dixon 2004: 25)


‘abeja’

En GJI los términos que remiten a animales aluden a la especie y no al ejemplar

individual (y por tanto sexuado):


117

(36)a. ama b. kalina (GJI-Jusayu 1975: 23)


‘caballo/yegua’ ‘gallo/gallina’

No obstante, es posible indicar la correspondencia entre el sexo del animal (al

menos los superiores) y el género gramatical, mediante la sufijación del determinante al

nominal respectivo:

(37)a. či p᭣liiku-kai b. t᭣ p᭣liiku-kat (GJI-Captain y Captain 2005)


DEM.PRX.M burro-DET.M DEM.PRX.f burro-DET.F
’este burro(M)’ ‘esta burra/este burro (sin focalizar sexo)’

c. či ama-kai
DEM.PRX.M caballo-DET.M
‘este caballo’

Así, -kai se utiliza para determinar nominales singulares que tengan como

referentes a humanos o animales de sexo masculino, mientras –ka/-kat/-ko determinan a

personas, animales y objetos en general, por lo que constituye

un archigénero en cuanto que se puede aplicar a personas y animales machos,


pero al emplear este género se ha prescindido de que son varones o machos.50
Este género es el de más uso, por eso los niños guajiros al aprender castellano
dicen: una gato, una zorro, la pie, etc. (Olza Zubiri y Jusayú 1978: 18).

En TEH existen unos pocos términos en los que se verifica una correspondencia

entre el género natural de los animales superiores y el género gramatical:

(38)a. gaБwoj b. gaБwoj-ne (TEH-Fernández Garay y Hernández


caballo caballo-F 2006: 103)
‘caballo’ ‘yegua’

50
Por esa razón, algunos investigadores prefieren, al identificar las clases nominales de esta lengua, utilizar
los términos “masculino/no-masculino” (Mansen y Captain 2000: 797; Adelaar 2004: 121). A pesar de que
reconocemos la validez de esta terminología, mantendremos las categorías de ‘masculino’ y ‘femenino’ para
evitar una complicación en las glosas.
118

También existen casos de pares supletivos para la distinción de sexo:

(39)a. gaБwoj (TEH-Fernández Garay: 67) b. xo:ken (TEH-Fernández Garay: 119)


‘caballo’ ‘yegua’

(40)a. qampen (TEH-Fernández Garay: 95) b. ka:nš (TEH-Fernández Garay: 74)


‘oveja’ ‘carnero’

En las mayoría de los casos, no obstante, es necesario agregar las formas ksemwen

‘hembra’ o kxe ‘macho’ a fin de determinar el sexo del referente.

Los animados no humanos del WAR se distribuyen arbitrariamente entre los géneros

masculino y neutro.51 El primero comprende aproximadamente la mitad de los animales:

peces, pájaros, insectos y mamíferos:

(41) nanacam' (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘tucunaré (pez de gran tamaño)’

51
El moré, lengua cercanamente emparentada con el WAR, también categoriza los sustantivos según
animacidad y sexo: los que remiten a humanos presentan una correlación entre género gramatical (M/F) y
sexo, mientras que entidades animadas no humanas se reparten entre los géneros masculino y neutro.
Angenot-de Lima (2001: 235), a partir de un léxico de 3050 sustantivos, presenta los siguientes porcentajes
de ocurrencia de género gramatical:
GRO. F GRO. M GRO. N
sexo m - 100% -
humanos sexo f 100% - -
sexo indet. - 100% -
- invertebrados (74%) invertebrados (26%)
mamíferos (70%) mamíferos (30%)
aves (55%) aves (45%)
Animados animales peces (53%) peces (47%)
serpientes (29%) serpientes (71%)
no humanos
tortugas (100%) lagartos (100%)
batracios (100%)
árboles (35%) árboles (65%)
vegetales palmeras (22%) palmeras (78%)
plantas (29%) plantas (71%)
- anatomía (5%) anatomía (95%)
naturaleza astros (29%) astros (71%)
otros (46%) otros (54%)
No
- ropas (74%) ropas (26%)
animados
objetos manufacturas (4%) manufacturas (96%)
alimentos (7%) alimentos (93%)
topónimos - - 100%
119

(42) 'awu (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘tucán’

(43) towem towem (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘libélula’

(44) min' (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘tapir’

Pertenecen al género neutro:

(45) 'aratarawan (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘bagre’

(46) 'arum (WAR-Sousa 2009: 54)


‘jacamim (cierto tipo de ave)’

(47) tohoro’ (WAR-Everett y Kern 1997: 445)


‘mosca’

(48) mijac (WAR-Everett y Kern 1997: 288)


‘queixada (especie de cerdo salvaje)’

El GYA indica el género de los animales por medio de un procedimiento léxico: cuando

se quiere especificar la pertenencia al sexo femenino, se antepone pawis ‘mujer, hembra’:

(49) pawis w᭣r (GYA-Tobar 1989: 114)


mujer perro
‘perra’

El carácter no marcado del masculino se ratifica al reemplazar pawis ‘mujer,

hembra’ por poi ‘hombre, macho’: en este caso, la oración será interpretada como una

predicación nominal:

(50) poi w᭣r (GYA-Tobar 1994: 513)


hombre perro
‘el hombre [es un] perro’
120

2.1.4. Humanos

En MOS, los sustantivos con referente humano presentan una marca de género

explícito, -si’ para el femenino y -tyi’ para el masculino:

(51)a. nanasi’ b. nanatyi’ (MOS-Sakel 2004: 81)


‘muchacha’ ‘muchacho’

(52) waemtyi’ (MOS-Sakel 2004: 123)


‘esposo’52

Otros sustantivos presentan formas supletivas para ambos géneros:

(53)a. phen b. soñi’ (MOS-Sakel 2004: 81)


‘mujer’ ‘hombre’

En el caso de referentes humanos, el género del sustantivo en JAR se corresponde

con el sexo biológico. Dado que los nominales no explicitan morfológicamente su género,

esta división se manifiesta mediante pares supletivos:

(54)a. ami(F) b. abi(M) (JAR-Dixon 2004: 47)


‘madre’ ‘padre’

(55)a. fana(F) b. maki(M) (JAR-Dixon 2004: 41)


‘mujer’ ‘hombre’

Como se dijo anteriormente, algunos sustantivos valen tanto para masculino como

para femenino, y adoptan las concordancias correspondientes de acuerdo con el sexo del

referente. Por ejemplo, inamatewe ‘niño/a’:

52
Para ‘esposa’ se utiliza phen ‘mujer’, a veces acompañado por el posesivo:
mi’ phen (MOS-Sakel 2004: 376)
3SG.M mujer
‘su (de él) mujer’
121

(56) inamatewe amosa-misa-waha-ka (JAR-Dixon 2004: 142)


niño/a estar.bien-ARR-AH-DEC.M
‘el niño se está poniendo mejor ahora’

(57) inamatewe jati na-mina-ra-ke (JAR-Dixon 2004: 153)


niño/a estar.vivo AUX-MA53-PAS.INM.EVID.F-DEC.F
‘la niña estaba viva esta mañana’

En GJI, la especificación del sexo de los referentes humanos se realiza (al igual que

en el caso de los animales) por medio de los determinantes sufijados al nominal:

(58)a. jint᭣i-kai b. jintut-ko (GJI-Jusayú 1975: 45)


niño-DET.M niño-DET.F
‘niño’ ‘niña’

(59)a. wayu-kai b. wayu-ko (GJI-Olza Zubiri y Jusayú 1978:


17)
guajiro-DET.M guajiro-DET.F
‘hombre guajiro’ ‘mujer guajira’

Algunos términos, no obstante, presentan formas específicas para masculino y

femenino:

(60)a. eečin b. er᭣in (GJI-Captain y Captain 2005: 70)


‘esposo’ ‘esposa’

El WAR no explicita el género en el propio sustantivo, sino que para reconocerlo es

necesario atender a sus concordancias. En cuanto a los seres humanos, este dominio es el

único en el cual es motivada la asignación de género:

(61)a. tarama' b. narima' (WAR-Everett & Kern 1997: 150)


‘hombre’ ‘mujer’

53
Dado que el JAR no presenta términos para ‘hoy’, ‘ayer’, ‘mañana’, ni para ‘mañana’, ‘tarde’, ‘noche’,
ciertas marcas temporales se codifican mediante sufijos verbales. El sufijo –mina indica ‘(el día de) mañana’
o, cuando aparece combinado con tiempo pasado, ‘esta mañana (el día de hoy, más temprano’.
122

(62)a. taxi-54 b. mana- (WAR-Everett & Kern 1997: 425)


‘esposo’ ‘esposa’

En TEH, los sustantivos que denotan humanos presentan, en ciertos casos, pares

supletivos para indicar la diferencia de género natural:

(63)a. Бalen (TEH-Fernández Garay 2004a: 121)


‘hombre’

b. ka:rken (TEH-Fernández Garay 2004a: 74)


‘mujer’

En ciertos casos, esta diferencia se manifiesta mediante una marca morfológica:

(64)a. e-kalom (TEH-Fernández Garay 1998: 387)


1SG hijo
‘mi hijo’

b. t-kalom-n (TEH-Fernández Garay 1997: 204)


3SG-hijo-F
‘su hija’

Cuando el sustantivo proviene de la nominalización de un verbo atributivo puede

sumar un sufijo indicativo de sexo (-k para masculino, -Ø para femenino). Así, del verbo

t’ale ‘ser pequeño’ provienen:

(65)a. t’alen-Ø b. t’alen-k (TEH-Fernández Garay 1998:


140)
pequeño-F pequeño-M
‘niña’ ‘niño’

El GYA también presenta sustantivos que remiten a humanos con el género marcado

morfológicamente:

54
Los términos de parentesco requieren de la sufijación de un posesivo.
123

(66)a. tah-x᭣lo-n (GYA-Tobar 1989: 112) b. tah-x᭣lo-w (GYA-Tobar 1989: 110)


1SG-hijo-M 1SG-hijo-F
‘mi hijo’ ‘mi hija’

(67)a. -mo-n b. -mo-w (GYA-Tobar 1989: 115)


nieto-M nieto-F
‘nieto’ ‘nieta’

(68)a. -џamo-n b. -џamo-w (GYA-Tobar 1989: 115)


hijo.político-M hijo.político-F
‘yerno’ ‘nuera’

En otros casos, la oposición masculino/femenino se encuentra codificada en pares

supletivos:

(69)a. -ax b. -en (GYA-Tobar 1989: 115)


‘papá’ ‘mamá’

(70)a. –mal b. –haw (GYA-Tobar 1989: 115)


‘esposo’ ‘esposa’

(71)a. poi (GYA-Tobar 1994: 513) b. pawis (GYA-Tobar 1989: 114)


‘hombre/macho’ ‘mujer/hembra’

Como puede verse, casi todos los ejemplos anteriores remiten a términos de

parentesco (grupo de sustantivos inalienables que requieren de la presencia de un prefijo

posesivo); es en tal dominio que la lengua exhibe con mayor frecuencia una marcación

explícita de género. La gran mayoría de los sustantivos no marca el género, sino que se lo

reconoce por las concordancias.


124

3. Patrones de concordancia

La concordancia, en tanto característica definitoria de los sistemas de género

gramatical, se registra en todas las lenguas aquí analizadas, aunque no en todos los casos la

covariación con el sustantivo se manifiesta en las mismas clases.

El análisis de los patrones de concordancia (tanto aquí como en los subsiguientes

capítulos) se realiza dentro de la frase nominal; si bien en algunas ocasiones se puede hacer

referencia a determinadas concordancias verbales, estas no constituyen el foco de este

estudio.

En cuanto a las clases observadas, se ha tomado como base la discusión

interlingüística de la estructura de la frase nominal realizada por Dryer (2007). Así, se

consideran las siguientes clases: pronombre, artículo, demostrativos, numerales y

adjetivos. Con respecto al pronombre, se incorpora aquí como categoría involucrada en la

concordancia, tal como lo hace Corbett (1991: 112), al igual que otros investigadores

(Givón 1976, Lehmann 1982) que consideran la relación entre un pronombre y el

sustantivo correferente como una manifestación de concordancia.

El análisis contempla también la estructura posesiva (o ‘estructura genitiva’, según

Dryer 2007: 178), a fin de relevar si la lengua en cuestión marca poseedor, poseído, ambos

o ninguno de ellos.

A continuación, veremos qué categorías, dentro de la frase nominal, manifiestan

una variación formal al relacionarse con sustantivos de distintos géneros que presentan las

lenguas analizadas.
125

3.1. Pronombres

En MOS sólo presentan diferencia de género los pronombres de 3º persona:55 mi’

‘él’; mö ‘ella’; mi’in ‘ellos’; mö’ïn ‘ellas’:

(72) a. mö’ saeks-i-’ b. mi’ saeks-i-Ø (MOS-Sakel 2004: 182)


3SG.F comer-V-SG.F 3SG.M comer-V-SG.M
‘ella come’ ‘él come’

(73) mi’-in saeks-i-Ø-in (MOS-Sakel 2004: 182)


3M.PL comer-V-SG.M-PL
‘ellos comen’

También en GJI son los pronombres personales56 de 3º persona singular los que

exhiben formas particulares para cada género:

(74) e’in-aa-p᭣-s᭣ jia (GJI-Ramírez 2001: 28)


tejer-ACT-HAB-SG.F 3SG.F
‘ella siempre teje’

(75) okt-ee-ši nia (GJI-Ramírez 2001: 47)


morir-DES-SG.M 3SG.M
‘él quiso morir’

55
Los pronombres personales, que pueden usarse para referir tanto a nominales animados como inanimados,
presentan las siguientes formas:

Pronombres MOS (Sakel 2004: 117)


Número Persona Pronombres Número Persona Pronombres
1 yäe 1 tsin
2 mi 2 mï’in
Singular Plural
3 masculino mi’ 3 masculino mi’in
3 femenino mö’ 3 femenino mö’ïn
56

Pronombres GJI (Adaptado de Mansen y Captain 2000: 798; Captain y Captain 2005: 4)
Número Persona Pronombres Prefijo Número Persona Pronombres Prefijo
1 taja ta- 1 waja wa-
2 pia p᭣- 2 hia h᭣-
Singular Plural
3 masculino nia n᭣-
3 naja na-
3 femenino šia ~ jia s᭣-~ j᭣-
126

No obstante, el resto de las personas puede recibir los sufijos determinativos a fin de

ser informativos con respecto al género:

(76)a. taja-ka b. taja-kai (GJI-Jusayú 1975: 29)


1SG-DET.F 1SG-DET.M
‘yo(F)’ ‘yo(M)’

(77)a. pia-ka b. pia-kai (GJI-Jusayú 1975: 29)


2SG-DET.F 2SG-DET.M
‘vos(F)’ ‘vos(M)’

Si bien los pronombres del JAR no marcan la distinción de género,57 es interesante

notar que todos los pronombres distintos de Ø presentan una marca de concordancia verbal

femenina (sin importar si remiten a una entidad masculina o femenina):

(78)a. o-tafa o-ke (JAR-Dixon 2004: 80)


1SG comer 1SG-DECL.F
‘yo estoy comiendo’

b. otaa tafa-ke (JAR-Dixon 2004: 80)


1EXCL comer-DECL.F
‘nosotros (excl.) estamos comiendo’

c. mee tafa-ke (JAR-Dixon 2004: 80)


3NO.SG comer-DECL.F
‘ellos están comiendo’

En TEH, las formas pronominales se dividen en dependientes (formas reducidas que

se afijan a otros morfemas) e independientes.58 Existen marcas específicas de número (-k-

57

Pronombres JAR (Dixon 2004:77)


Número Persona Pronombres Número Persona Pronombres
1 o- 1 inclusiva ee
2 ti- 1 exclusiva otaa
Singular No singular
3 animado Ø 2 tee
3 inanimado Ø 3 animado mee
127

‘dual’ y -š- ‘plural’), que aparecen en las formas respectivas. Ninguno de los pronombres

expresa género.

(79) kenaj t-Бor o-š-wen p’a:we-š-k’n wen čen-tš (TEH-Fernández Garay 1998: 300)
dónde 3SG-quizá 1-PL-palabra llevar-EP-MR DEM-SUST-PL
¿adónde llevarán estos/as nuestras palabras?

(80) čexčex kawr t- xa:-k’e (TEH-Fernández Garay 1998: 300)


arena sobre 3SG-acostarse-MR
‘él/ella se acostó sobre la arena’

(81) ke Бema-me Бemaj t-ke kaj k-ot-k’e (TEH-Fernández Garay 1997: 287)
dicen.que matar-MNR y 3-dicen.que cuero 3SG-sacar-MR
‘dicen que lo mató y entonces le sacó el cuero’

En este último ejemplo, aparece un pronombre dependiente de 3º persona diferente

del que figura en la tabla (t-). Las formas k- y Б-, que expresan la 3º persona paciente

semántica de verbos transitivos del Grupo 1,59 son las únicas que marcan concordancia con

un sustantivo o sintagma nominal: k- indica que el paciente es masculino o femenino y Б-,

que el paciente es neutro.

Según Everett y Kern (1997: 5), el WAR no cuenta con pronombres personales

simples, por lo que esta función es expresada a través de los demostrativos. Sin embargo,

existen unos pronombres enfáticos,60 que manifiestan formas para masculino, femenino y

58

Pronombres TEH (adaptado de Fernández Garay 1998: 204-205).


Pers. Nro. P. ind. P. dep. Nro. P. ind. P. dep. Nro. P. ind. P. dep.
1 ja: e- ~ j- Dual o-k-wa: o-k-(w-) Plural o-š-wa: o-š-(w-)
2 Sing. ma: m- m-k-ma: m-k-(m-) m-š-ma: m-š-(m-)
3 ta: t- t-k-ta: t-k-(t-) t-š-ta: t-š-(t-)
59
Ver Fernández Garay (1998: 260-63).
60

Pronombres enfáticos WAR (Everett y Kern 1997: 295)


Número Persona Pron. enf. Número Persona Pron. enf.
Singular 1 wata’ Plural 1 inclusivo wari’
2 wum 1 exclusivo warut
128

neutro en el singular, y para masculino y femenino en plural. Estas formas no aparecen

solas como argumentos del verbo, pero pueden acompañar (en aposición) a un sustantivo:

(82) wiricam cam cwa’ To’o co tomi’ na-em cwa’ (WAR-Everett y Kern 1997: 134)
3SG.F.ENF F DEM.PRX.M/F To’o(F) FL.M/F.RP/P hablar 3SG.RP/P-2sg DEM.PRX.M/F
‘Es ella misma To’o’ quien habló con vos acá’

(83) wirico Mon’ co pa’ na mijac (WAR-Everett y Kern 1997: 295)


3SG.M.ENF Mon’(M) FL.M/F.RP/P matar 3SG.RP/P cerdo
‘Fue Mon’ quien mató el cerdo’

El pronombre de 3º persona singular61 del GYA hapo- sufija la marca de género: -n

para masculino, -w para femenino y –x para neutro:

(84) hapo-n nahet-Ø (Tobar 1989: 117)


3SG-M correr-IND3
‘él corre’

(85) hapo-w ke-xadiehat-Ø (Tobar 1989: 93)


3SG-F mano-pasar-IND3
‘ella repartió [todo]’

3.2. Artículos

El artículo no se encuentra presente en todas las lenguas: el TEH, el JAR y el GYA no

lo cuentan entre sus clases. Ya se ha mencionado que el GJI utiliza un sufijo determinativo,

3 masculino wirico 2 wahu’


3 femenino wiricam 3 masculino wiricoco
3 neutro je 3 femenino wiricacam
61

Pronombres GYA (Tobar 1989: 117)


Número Persona Pronombres Número Persona Pronombres
1 inclusivo xatis
1 xan
1 exclusivo xatisel
2 xam 2 xamal
Singular Plural
3 masculino hapon
3 femenino hapow 3 hapoi
3 neutro hapox
129

que actualiza el sustantivo y le confiere género y número; en este sentido, se le puede

considerar como funcionalmente semejante a un artículo en el cual las categorías de género

se manifiestan sólo en el singular.

(86) musa (GJI-Jusayú 1975: 99)


‘felino’

(87) musa-kai (GJI-Jusayú 1975: 45)


gato-DET.M
‘gato(M)’

(88) musa-irrua (GJI-Jusayú 1975: 23)


gato-PL
‘gatos/gatas’

El MOS utiliza los pronombres de tercera persona como artículo: mi ‘3SG.M’ / mö

‘3SG.F’:

(89)a. mi’ mintyi’ b. mö’ minsi’ (MOS-Sakel 2002: 291)


3SG.M hombre 3SG.F mujer
‘el hombre’ ‘la mujer’

Dado que el WAR no cuenta con artículos, pero utiliza los demostrativos a fin de

indicar el carácter definido o indefinido de un sustantivo, retomaremos este tema al

presentar la clase correspondiente.

3.3. Demostrativos

La clase de los demostrativos existe en las seis lenguas aquí consideradas. El MOS

presenta formas supletivas para el único demostrativo62 que posee: iits ‘DEM.M’ / öi

‘DEM.F’:63

62
Los adverbios de lugar (que derivan de los pronombres personales y, por lo tanto, exhiben diferencias de
género) sí presentan formas diferentes según la distancia involucrada:
130

(90)a. öi nanasi’ (MOS-Sakel 2004: 153) b. iits soñi’ (MOS-Sakel 2004: 63)
DEM.F muchacha DEM.M hombre
‘esta muchacha’ ‘este hombre’

(91)a. öi faejfaej (MOS-Sakel 2004: 327) b. iits tara’tara’ (MOS-Sakel 2004: 162)
DEM.F paloma DEM.M rata.grande
‘esta paloma’ ‘esta rata(M)’

El JAR también marca el género en sus demostrativos, tanto en los antepuestos

como en los pospuestos. Existen también formas no marcadas con respecto al género:

Demostrativos antepuestos JAR (Dixon 2004: 361)


Proximidad M F sin indicación de género
DEM haahi haaha haa

Demostrativos pospuestos JAR (Dixon 2004: 361)


Proximidad M F sin indicación de género
DEM visible haari haaro haa
DEM. no visible faari faaro faa

(92)a. haaha makari b. haahi Jobeto ama-ka-ra (JAR-Dixon 2004:


363)
DEM.F ropa DEM.M Jobeto ser-DECL-NEG.M
‘esta ropa’ ‘este no es Jobeto’

Adverbios de lugar MOS (Sakel 2004: 155)


mi’-LO (M) cercano, pero no ‘aquí’
mö’-LO (F)
mi-LO (M) más lejano, usualmente fuera de la vista
mö-LO (F)
i-LO (M) muy cercano, usualmente ‘aquí’
ö-LO (F)
63
Dichas formas valen para singular y plural. Comparar el siguiente ejemplo con (91)b:

iits mimi’ paerae’ tara’tara’ (MOS-Sakel 2004)


DEM.M solo.M dos rata.grande
‘solo estas dos ratas’
131

(93) kona wata-ka haari (JAR-Dixon 2004: 589)


tingui(M) estar.en-DECL.M DEM.VIS.M
‘el tingui (veneno de pez) está acá (lit.‘el tingui está, esto –visible–’)’

(94) jifo ka-witi-ne faaro (JAR-Dixon 2004: 364)


fuego APL-estar.en-CONT.F DEM.NO.VIS.F
‘el fuego está allá (lit. ‘el fuego está, aquello –no visible–)’

También el GJI diferencia el género en los demostrativos del singular. El conjunto

de demostrativos incluye varias formas indicativas de distintos grados de proximidad:

Demostrativos GJI (Mansen y Captain 2000: 798)


Proximidad masculino singular femenino singular Plural
či t᭣ na
Cercano
 čira t᭣ra nala
 čisa t᭣sa nasa
Distante
čia t᭣a naja

(95)a. či p᭣liiku-ka b. t᭣ p᭣liiku-kat (GJI-Captain y Captain 2005:


3)
DEM.PRX.M burro-DET.M DEM.PRX.F burro-DET.F
‘el burro’ ‘la burra’

El WAR cuenta con demostrativos de proximidad y de distancia, que diferencian

masculino/ femenino de neutro:

Demostrativos WAR (Everett y Kern 1997: 149)


Proximidad masculino/femenino neutro
Cercano al hablante cwa' ca'
Cercano al oyente ma’
Distante de los interlocutores cwain cain
132

(96)a. tarama' cwa' b. narima' cwain (WAR-Everett y Kern 1997: 150)


hombre DEM.PRX.M/F mujer DEM.DIST.M/F
‘este hombre’ ‘aquella mujer’

(97)a. xirim ca' b. pana cain (WAR-Everett y Kern 1997: 150)


casa DEM.PRX.N árbol DEM.DIST.N
‘esta casa’ ‘aquel árbol’

Como esta lengua no presenta artículos, la determinación puede realizarse por

medio de los demostrativos:

(98)a. cao' 'ina-on hwam (WAR-Everett y Kern 1997)


comer 1SG.RP/P-3SG.M pescado
‘yo como pescado’

b. cao' 'ina-on hwam cwa' (WAR-Everett y Kern 1997)


comer 1SG.RP/P-3SG.M pescado DEM.PRX.M/F
‘Yo como el pescado’

Los demostrativos del TEH presentan algunas formas específicas de género, aunque

ciertas formas son empleadas para cualquiera de los tres géneros:

Demostrativos TEH (Fernández Garay 2007: 66)


Proximidad M/F/N masculino femenino neutro
1º wen - wenn ~ wenne wenne
2º Бem, mer Бeme Бemn ~ Бenm -
3º mon - - -

(99)a. Бeme xalwen (TEH-Fernández Garay 1997: 285)


DEM.M tigre
‘ese tigre’

b. Бenm ka:rken (TEH-Fernández Garay 1997: 333)


DEM.F mujer
‘esa mujer’
133

(100) wenne-tš o-š-ge:wt-ne-tš (TEH-Fernández Garay 1998: 236)


DEM.N-PL 1-PL-campo-N-PL
‘estos nuestros campos’
El GYA presenta una única forma demostrativa que sufija las mismas marcas de

género que los pronombres:

(101) ampo-n poi nababoela-Ø (GYA-Tobar 1989: 92)


DEM-M hombre bailar-IND3
‘este hombre baila’

(102) ampo-x marma-t (GYA-Tobar 1989: 113)


DEM-N olla-SGTV
‘esta olla(N)’

3.4. Numerales

Excepto por el WAR, que según Everett y Kern (1997: 338) es una lengua que no

presenta numerales, las demás lenguas exhiben al menos una forma que manifiesta género.

Con respecto al WAR, existen los verbos xica' pe ‘estar solo/ser uno’ y tucu caracan

‘enfrentar uno a otro’ para ‘uno’ y ‘dos’ respectivamente (aunque en la actualidad se

recurre a los numerales del portugués):

(103) ‘an xica’ pe ‘ina-in jaji-Ø caji-Ø tawi (WAR-Everett y Kern 1997: 233)
tomar estar.solo estar.SG 1SG.RP/P-3N contenedor-3N extrañeza-3N miel
‘tomé um paquete de azúcar (lit. miel extraña)’

El JAR también cuantifica por medio de formas verbales. Según Dixon (2004: 559),

los jarawaras no tienen términos para los números: indican las cantidades a través de los

verbos intransitivos: -ohari(ha)- ‘ser único, estar solo’ y -fama- ‘ser dos, ser un par’:

(104) o-wahari-habone o-ke (JAR-Dixon: 2004: 559)


1SG-ser.único-INT.F 1SG-DECL.F
‘estoy solo, soy uno solo’
134

(105) otaa fami-bana-ke (JAR-Dixon 2004: 559)


1EXCL ser.dos.NMZ-FUT-DECL.F
‘seremos un par (=‘nos vamos a casar’)’

A partir de ellos se efectúa la numeración (‘uno’ y ‘dos’64); estos verbos

manifiestan el género a través del sufijo de modo:

(106) barato fama-ke (JAR-Dixon 2004)


plato ser.dos-DECL.F
‘los platos son dos (=‘hay dos platos’)’

La lengua TEH cuenta con formas femeninas para los tres primeros numerales:

čoče/nne ‘una’, xawken ~ xa:one ‘dos(F)’ y qa:šn ‘tres(F)’, frente a čoče, xawke y qa:š:

(107) xa:one ka:rken (TEH-Fernández Garay 1998: 238)


dos.F mujer
‘las dos mujeres’

El MOS sólo establece la diferencia de género en la unidad; el resto de los cardinales

no recibe marcas de género:65

(108) jiri-s jame (MOS-Sakel 2004: 111)


uno-F flor
‘una flor’

(109) jiri-s kirjka (MOS-Sakel 2004: 137)


uno-F libro
‘un libro’
64
Para cantidades superiores a dos, se recurre a préstamos del portugués: terei-na ‘ser tres’; kowato-na ‘ser
cuatro’; siko-na ‘ser cinco’, etc.
65
Aunque sí los ordinales, en todas sus formas:
paerae-yi-’-si’ mayedye’ aj karij-tya-ki-tsin (MOS-Sakel 2004: 169)
dos-V-F-R.F día(F) aún difícil-V-ANIM-1PL
‘el segundo día aún trabajamos’
chhibin-yi-tyi’ soñi’ tsin käw-ë-te (MOS-Sakel 2004: 169)
tres-V.M-R.M hombre 1PL ver-V-3M
‘hemos visto al tercer hombre’
135

(110) jïrï-ty ïtsïkï (MOS-Sakel 2004: 111)


uno-M jaguar
‘un jaguar(M)’

(111) jiri-ty soni’ (MOS-Sakel 2004: 452)


uno-M hombre
‘un hombre’

El GJI, según datos de Jusayú (1975), permite focalizar el género de los numerales

de modo más extenso:

Numerales GJI (Jusayú 1975: 26-27)


masculino femenino
1 waneshia waneshia wanes᭣ya
2 piama piama-shi piama-s
3 apun᭣in apun᭣in-shi apun᭣in-s
4 pieinči pieinči-shi pieinči-s
5 jarrai jarrai-shi jarrai-s
6 aipirrua aipirrua-shi aipirrua-s
7 akarraishi akarraishi-shi akarraishi-s
8 melisal᭣ / mekisat mekisat-shi mekisat-s

9 mekietasal᭣/mekietasat mekietasat-shi mekietasat-s

10 polo polo-shi polo-s

Así, un sustantivo de género femenino concordará con la forma femenina del

numeral:

(112) wanes᭣ya piči (GJI-Jusayú 1975: 26)


uno.F casa
‘una casa’

Si el sustantivo no estuviera determinado en cuanto a género (interpretación

genérica), el numeral adoptará la forma no informativa de género:


136

(113) polo kalina (GJI-Jusayú 1975: 26)


diez gallo/gallina
‘diez gallos/gallinas’

Acerca de los numerales en GYA, lamentablemente, no fue posible encontrar datos.

3.5. Adjetivos

Algunos de los adjetivos del GJI son invariables –anamia ‘bueno’, ala ‘mentiroso’,

m᭣leu ‘grande, largo’–, y manifiestan la concordancia con el sustantivo mediante la

sufijación de la forma correspondiente al género del determinante:66

(114)a. či waju anamia kai (GJI-Olza Zubiri y Jusayú 1978: 18)


DEM.PRX.M guajiro bueno-DET.M
‘el hombre guajiro bueno’

b. t᭣ waju anamia-ka (GJI-Olza Zubiri y Jusayú 1978: 18)


DEM.PRX.F guajiro bueno-DET.F
‘la mujer guajira buena’

Otros adjetivos presentan formas alternativas de femenino y masculino, como

kasutai ‘blanco’ vs. kasutolu ~ kasutot ‘blanca’:

(115) či kaula kasutai-kai (GJI-Jusayú 1975: 22)


DEM.PRX.M chivo blanco.M-DET.M
‘este chivo blanco’

66
El sufijo determinante puede anexarse al sustantivo o bien al adjetivo, cuando éste sigue al sustantivo:
a. či jint᭣i-kai b. či jint᭣i anamia-kai (GJI-Jusayú 1975: 22)
DEM.PRX.M niño-DET.M DEM.PRX.M niño bueno-DET.M
‘este niño’ ‘este niño bueno’
a. t᭣ piči-ka b. t᭣ piči motsa-ka (GJI-Jusayú 1975: 22)
DEM.PRX.F casa-DET.F DEM.PRX.F casa pequeña-DET.F
‘esta casa’ ‘esta casa pequeña’
137

El adjetivo en MOS suele estar marcados por medio de morfemas de relación (-tyi

para el masculino y -si’ para el femenino), descripto como “a macrofunctional marker, i.e.,

it appears in a number of structures. These structures are all related and can be summarized

as elements that can appear in modifier position of a noun phrase” (Sakel 2004: 105). A

través de estos morfemas de relación es que se manifiesta la concordancia de género del

adjetivo con el sustantivo:

(116)a. jaem’-si’ shiish


bueno-R.F carne
‘buena carne’

b. jiri-ty kojti daer-tyi’ (MOS-Sakel 2002: 291)


uno-M corazón grande-M
‘un corazón grande’

(117)a. jiri-s son daer-si’ (MOS-Sakel 2002: 291)


uno-F árbol grande-F
‘un árbol grande’

b. jaem’-tyi’ tyärä’ (MOS-Sakel 2004: 145)


bueno-R.M maíz
‘buen maíz’

(118)a. nanasi’ jaem’-si’ (MOS-Sakel 2004: 144)


muchacha bueno-R.F
‘muchacha buena’

b. jaem’-tyi’ mintyi’ (MOS-Sakel 2004: 102)


bueno-R.M hombre
‘buen hombre’

El JAR cuenta con un reducido número de adjetivos, que presentan formas propias

para cada género:

(119)a. yimawa bite b. bani biti (JAR-Vogel 1989)


cuchillo pequeño.F animal pequeño.M
138

‘cuchillo pequeño’ ‘animal pequeño’

Sin embargo, muchas cualidades son expresadas por medio de verbos, por lo que la

marca de género es el morfema de modo declarativo:

(120)a. awa nafi-ke b. yome nafi-ka (JAR-Vogel 2006)


árbol ser.grande-DECL.F perro ser.grande-DECL.M
‘el árbol es grande’ ‘el perro es grande’

(121) aba bita-ka (JAR-Vogel 1989: 3-4)


pescado(M) amargo-DECL.M
‘el pescado es amargo’

En TEH, la función calificativa es llevada a cabo por medio de verbos atributivos,

conjunto de verbos intransitivos que suelen concordar en género –a través del personal

prefijado– con el sujeto de la oración:

(122) k-ašter-š-k'-e wajenk (TEH-Fernández Garay 1998: 261)


3M/F-ser.profundo-EP-MR-m pozo(M)
‘el pozo es profundo’

(123) leБašk'o Б-ašter-en (TEH-Fernández Garay 1998: 261)


manantial(N) 3N-ser.profundo-INF
‘el manantial que es profundo’

También el GYA expresa calificación por medio de formas verbales. Los verbos

atributivos sufijan la marca de género correspondiente al nominal animado que están

modificando:67

67
Los verbos atributivos pueden marcar el género incluso en imperativo:
pasoi-n-amde (GYA-Tobar 1994: 525)
ser.rojo-M-IMP
‘¡enrojézcase [usted hombre]!’

dalo-w-amde (GYA-Tobar 1994: 525)


ser.gordo-F-IMP
‘¡engórdese [usted mujer]!’
139

(124) maria cimio-w (GYA-Tobar 1989: 95)


Maria(F) ser.bonito-f
‘María es bonita’

(125) huan cimie-n (GYA-Tobar 1994: 523)


Juan(M) ser.bonito-m
‘Juan es bonito’

Cuando un sustantivo con referente inanimado presenta el sufijo singulativo, la

concordancia del verbo atributivo puede darse con respecto al género o al número:

(126) n᭣ma-t mo-x (GYA-Tobar 1989: 105)


camino(N)-SGTV ser.corto-N
‘el camino es corto’

(127) marma-t cimie-t (GYA-Tobar 1994: 523)


olla(N)-SGTV ser.bonito-SGTV
‘la olla es bonita’

El WAR, por su parte, lleva a cabo la calificación de los sustantivos por medio de otro

sustantivo, en una estructura semejante a la de la posesión, en la que el primer nominal, que

modifica al segundo, sufija un morfema posesivo que indica el género del sustantivo

modificado:

(128)a. paca’ nucun wom b. wijima-in xirim (WAR-Everett y Kern


1997)
rojo POS.3SG.M ropa pequeñez-3N casa
‘ropa roja (‘la rojitud de la ropa’)’ ‘casa pequeña’ (lit. ‘la pequeñez de la
casa’)

3.6. Posesión

La expresión de la posesión en MOS se codifica al incorporar -si’ (femenino) o -tyi’

(masculino) al pronombre personal que remite al poseedor. La marca de género concuerda

con el elemento poseído:


140

(129)a. yäe-si’ phen b. yäe-tyi’ mama’ (MOS-Sakel 2004: 106)


1SG-F mujer 1SG-M padre
‘mi esposa’ ‘mi padre’

Cuando el poseedor se encuentra codificado por un pronombre de 3º persona, el

pronombre posesivo exhibe una doble marcación de género: la propia de la parte

pronominal, que marca al poseedor, y la del morfema de relación (específico de género)

adicionada, que concuerda con el poseído:

(130) mi’-si’ äwä’ (MOS-Sakel 2004: 121)


3SG.M-R.F hija
‘su (=de él) hija’

El morfema de relación, que indica género, también puede sufijarse a un nominal:

(131) Martin-si’ aka’ (MOS-Sakel 2004: 64)


Martín-R.F casa(F)
‘la casa de Martín’

El JAR presenta una estructura diferente para la posesión alienable y la inalienable.

En el primer caso, es necesaria la presencia del marcador posesivo kaa entre el poseedor y

el poseído:

(132) Okomobi kaa kanawa (JAR-Dixon 2004: 295)


Okomobi(M) POS canoa(F)
‘La canoa de Okomobi’

Si bien el marcador posesivo no indica género, a partir de las concordancias verbales

se deduce que es el sustantivo poseído quien determina el género de la frase posesiva:

(133) Wero kaa farina ama-ke (JAR-Vogel 1989: 21)


Wero(M) POS fariña(F) ser-DECL.F
‘Es la fariña de Wero’
141

La posesión inalienable, por su parte, presenta el mismo orden sintáctico poseedor-

poseído; pero en este caso no hay marca de posesión, y el género de la frase nominal está

dado por el del sustantivo poseedor, quien rige la concordancia verbal:

(134)a. Okomobi moni ama-ka (JAR-Vogel 1989: 22)


Okomobi(M) sonido(F) ser-DECL.M
‘Es el sonido de Okomobi’

b. Hinabori moni ama-ke (JAR-Vogel 1989: 22)


Hinabori(F) sonido(F) ser-DECL.F
‘Es el sonido de Hinabori’

El GJI también diferencia entre posesión inalienable y alienable; asimismo, utiliza

los pronombres prefijados al elemento poseído para codificar el poseedor. Dado que solo

los pronombres de 3º persona singular distinguen formas para femenino y masculino, el

único género que se manifiesta es el del poseedor de 3º persona singular:

(135)a. ta-(a)shi b. wa-(a)shi (GJI-Olza Zubiri y Jusayú 1978:


32)
1SG-padre 1PL-padre
‘mi padre’ ‘nuestro padre’

c. p᭣-(a)shi d. h᭣-(a)shi (GJI-Olza Zubiri y Jusayú 1978:


32)
2SG-padre 2PL-padre
‘tu padre’ ‘padre de ustedes’

(136)a. n᭣-(a)shi b. s᭣-(a)shi (GJI-Olza Zubiri y Jusayú 1978:


32)
3SG.M-padre 3SG.F-padre
‘padre de él’ ‘padre de ella’

En algunos casos, puede explicitarse en la construcción posesiva (como aposición)

el nominal al que remite el prefijo pronominal:


142

(137)a. ni-(e)pia Juan b. ji-(e)pia Juana (GJI-Jusayú 1975: 34)


3SG.M-casa Juan 3SG.F-casa Juana
‘su casa, de Juan’ ‘su casa, de Juana’

(138) ši-(e)pia waju (GJI-Jusayú 1975: 35)


3SG.F-vivienda guajiro
‘vivienda del guajiro(F)’

(139) okt-᭣-s᭣ t᭣ ni-e᭣in-p᭣-ka Wottikoso (GJI-Ramírez 2001: 29)


morir-PERF-SG.F DEM.SG.F 3SG.M-esposa-DET.SG.F Wottikoso
‘la esposa de Wattikoso(M) murió’

En estos dos últimos ejemplos, la forma prefijal del pronombre de 3º persona marca

a los sustantivos (epia, ‘vivienda’ y e᭣in ‘esposa’) en concordancia con el poseedor (en el

primer caso wayu, ‘guajiro’, interpretado como femenino en tanto género funcionalmente no

marcado, es decir, sin focalización del sexo del referente; en el segundo, Wottikoso, nombre

propio de hombre). Es interesante destacar que en el ej. (139) puede comprobarse que, dentro

de la construcción posesiva, así como el poseedor de 3º persona marca al poseído a través de

un prefijo que concuerda en género con él, es el poseído quien rige tanto la concordancia

verbal como el sufijo determinativo, que presentan ambos formas femeninas.

La posesión alienable sólo difiere en que, para poder prefijar el pronombre, el

sustantivo debe incorporar un sufijo de relación –se ~ -in:

(140)a. ni-irrama-in b. ši-irrama-in (GJI-Jusayú 1975: 33)


3SG.M-venado-R 3SG.F-venado-R
‘su venado (de él)’ ‘su venado (de ella)’

(141)a. na-apain-se b. ša-apain-se (GJI-Jusayú 1975: 31)


3SG.M-huerta-R 3SG.F-huerta-R
‘su huerta (de él)’ ‘su huerta (de ella)’

Así, el pronombre que se prefija al poseído concuerda en género con el poseedor.


143

La distinción entre la posesión inalienable y alienable en WAR es un claro ejemplo

de iconicidad: los sustantivos inalienables marcan el poseedor mediante un sufijo que, en la

3º persona, indica género:

(142)a. xi-con (WAR-Everett y Kern 1997: 63) b. cawina-cam (WAR-Everett y Kern 1997:
29)
madre-3SG.M hijo-3SG.F
‘madre de él’ ‘hijo de ella’

c. xi-nain mijac (WAR-Everett y Kern 1997: 147)


madre-3N cerdo(N)
‘madre del cerdo’

En el caso de los alienables, la marca de posesión no es un sufijo sino una forma

libre:

(143)a. banana nucun jowin (WAR-Everett y Kern 1997: 291)


banana 3SG.M.POS mono.jowin
‘la banana del mono jowin

b. banana nequem pije’ (WAR-Everett y Kern 1997: 291)


banana 3SG.F.POS niña
‘la banana de la niña’

c. banana nein waram (WAR-Everett y Kern 1997: 290)


banana 3N.POS mono.waram
‘la banana del mono waram’

Los nominales del GYA presentan, al igual que las lenguas anteriores, una distinción

con respecto a la posesión alienable e inalienable: el primer caso presenta formas libres,

mientras que los inalienables –característicos de los términos de parentesco– se codifican

mediante formas ligadas: tahax / tah- ‘posesivo de 1º persona singular’; wahax / wah

‘posesivo de 1º persona plural’; nihax / neh- ‘posesivo de 2º persona’; pihax / pah-

‘posesivo de 3º persona’. Ninguna de las formas posesivas presenta marcas de género:


144

(144)a. tahax kanau (GYA-Tobar 1989: 125) b. tah-kuewo-n (GYA-Tobar 1989: 90)
POS1SG canoa(N) POS1SG-hermano-M
‘mi canoa’ ‘mi hermano’

(145)a. pihax tolda (GYA-Tobar 1989: 125) b. pah-kuewo-w (GYA-Tobar 1989: 113)
POS3 toldillo(N) POS3-hermano-F
‘su toldillo’ ‘su hermana’

La lengua TEH presenta tres construcciones posesivas (Fernández Garay 2004b: 50-

56): la construcción compuesta por un sustantivo precedido por un personal facultativo

ligado o libre:

(146)a. e-ka:w b. ja: kaw (TEH-Fernández Garay 2004b: 54)


1-toldo 1 toldo
‘su toldo’ ‘su toldo’

La segunda es una construcción conformada por un sustantivo al que precede un

personal obligatorio y siempre ligado:

(147) j-a:nk’o (TEH-Fernández Garay 2004b: 52)


1-padre
‘mi padre’

Finalmente, existe una construcción que yuxtapone dos sustantivos, el primero de

los cuales (el poseído) antepone un personal ligado:

(148) t-kalomn-e še:wen (TEH-Fernández Garay 1997: 318)


3-hija-M sol(M)
‘la hija del sol’

La categoría de género resulta particularmente pertinente en el tercer tipo de

construcción, que yuxtapone un sustantivo (el poseído, determinado por un personal) a otro
145

sustantivo (el poseedor, en relación de aposición con el personal del primero). Su uso se

restringe a la tercera persona, y dado que esta remite a una entidad identificable y

explicitada en la misma construcción (su apósito), se codifica en un personal invariable

para género t-. Pero, para hacer evidente el género del poseedor, el sustantivo poseído

sufija una marca de género explícito en concordancia con el género del poseedor: -n para

los femeninos y -e ~ -j para los masculinos:

(149)a. t-kalomn-e БAmečo (TEH-Fernández Garay 1997: 78)


3-hija-M БAmečo(M)
‘la hija de БAmečo’

b. t-kalomn-(n) Qotson (TEH-Fernández Garay 1997: 78)


3-hija-F Qotson(F)
‘la hija de Qotson’

La construcción posesiva por yuxtaposición de sustantivos suele aparecer vinculada

con un poseedor de 3º persona casi siempre humano o animado, y en referencia a partes de

cuerpo, a lazos de parentesco o a objetos que se encuentran en relación permanente con el

poseedor:

(150) e-t-xom:ne-š-k' t-q'e:wš-n j-a:n (TEH-Fernández Garay 1997: 72)


1-3-recordar-EP-MR 3-canto(M)-F 1-madre
‘yo recuerdo el canto de mi madre

(151)a. t-aj te:n-n Lenka t-pe-k’n (TEH-Fernández Garay 1997: 260)


3-donde hermano-F Lenka(F) 3-estar
‘ella está donde el hermano de Lenka’

b. t-ajte-š-m t-še:-j Počo (TEH-Fernández Garay 1997: 260)


3-dejar-EP-MNR 3-esposo/a(M/F)-M Počo
‘la esposa de Pocho lo dejó’

(152) t-Бamel-e xalwen (TEH-Fernández Garay 1997: 285)


3-cachorros(N)-M tigre(M)
‘los cachorros del tigre’
146

4. Marcación formal de género

Tal como se dijo en un comienzo, una de las características definitorias de los

sistemas de género es la de la concordancia, que permite reconocer si un sustantivo es

masculino, femenino (o neutro, en el caso de que existiera) aunque no exista una marca

explícita de género en el propio núcleo nominal, a partir de las formas que adoptan sus

modificadores.

Hemos visto, en el apartado anterior, cuáles son las clases que manifiestan

concordancia en las distintas lenguas analizadas; ahora nos focalizaremos en la posibilidad

de que los propios sustantivos marquen el género al que pertenecen.

El MOS acepta que ciertos sustantivos (que remiten a entidades sexuadas)

manifiesten explícitamente su género, por medio de la sufijación de -si’ para el femenino y

-tyi’ para el masculino:68

(153)a. min-si’ b. min-tyi’ (MOS-Sakel 2004: 86)


ser.humano-F ser.humano-M
‘mujer’ ‘hombre’
También el TEH, en ciertas ocasiones, sufija el género en los sustantivos, -n ~ -ne en

el caso de femeninos o neutros, y -e ~ -je en el de los masculinos:

(154)a. wamenk-je b. č'e:per-n (TEH-Fernández Garay 2007: 65)


curandero-M cucaracha-F
‘curandero’ ‘cucaracha’

En los casos restantes, los sustantivos no explicitan su género.

El GYA, por su parte, puede marcar explícitamente los géneros masculino y

femenino en ciertos sustantivos, particularmente los términos de parentesco:

68
Si bien existen también formas supletivas: phen ‘mujer’; soñi’ ‘hombre’.
147

(155)a. -mo-n b. -mo-w (GYA-Tobar 1989: 115)


nieto-M nieto-F
‘nieto’ ‘nieta’

(156)a. -pamo-n b. -pamo-w (GYA-Tobar 1989: 115)


hijo.político-M hijo.político-F
‘yerno’ ‘nuera’

No obstante, la mayor parte de los sustantivos no marca el género.

Finalmente, ni el JAR, ni el GJI ni el WAR marcan formalmente el género en el

sustantivo.

5. Síntesis del capítulo

Cada una de las seis lenguas aquí analizadas cuenta con un sistema de género

gramatical. Algunas de ellas cuentan con dos géneros, masculino y femenino; otras (WAR,

TEH y GYA) suman el neutro. Es interesante notar que, mientras los seres humanos

presentan una fuerte correlación entre los géneros femenino y masculino y el sexo de las

entidades, esto no necesariamente se verifica con respecto a los animales: en varias de las

lenguas, la indicación del sexo del referente se hace por medios léxicos. Otro hecho a

destacar, en relación con las lenguas que presentan género neutro, es que solamente en el

caso del GYA los objetos inanimados pertenecen todos a dicho género.

La mayoría de las lenguas marca profusamente el género dentro de la frase nominal

(particularmente en demostrativos y adjetivos), mientras que no lo hace (o solo lo hace en

ciertos casos) en el propio sustantivo. La estructura posesiva puede marcar tanto al

poseedor como al poseído, o bien solo al poseedor, o bien a ninguno de ellos.

Es notable la ausencia de artículos en varias de estas lenguas, así como la

funcionalidad de los verbos como elementos de calificación.

La siguiente tabla sintetiza los rasgos detallados a lo largo de este capítulo:


148

MOS JAR GJI WAR TEH GYA

tres clases (m/f/n) – – – + + +


motivado en sexo: humano + + [+] + + +
motivado en sexo: animado
Asigna- – – [+] – (+) –
no humano
ción
géneros/inanimados m/f m/f f m/n m/f/n n
géneros/animados no
m/f m/f m/f m/n m/f m/f
humanos
pronombres (3º SG) + – + (–)1 (–)2 +
artículos +3 n/a [+] (+)3 n/a n/a
demostrativos + + + + (+) +
Concor-
numerales (1-10) (+) –4 + –4 (+) ?
dancia
adjetivos + +5 (+) (+)6 (+)7 +7
poseedor (+) – (+) (+) (+) –
poseído + – – – – –
Marca- en el propio sustantivo (+) – – – (+) (+)
ción funcionalmente no marcado f f f f m m

1
Pronombres enfáticos
2
Indican género solo los pronombres utilizados para expresar la 3º persona paciente semántico.
3
La determinación es llevada a cabo por otra clase (pronombres o demostrativos).
4
Función llevada a cabo por verbos.
5
La función calificativa es llevada a cabo también por verbos.
6
La función calificativa es llevada a cabo por sustantivos.
7
La función calificativa es llevada a cabo por verbos.
149

CAPÍTULO 3

Sistemas de género y clases nominales

1. Introducción

En el capítulo anterior se presentó una comparación entre los sistemas de

categorización nominal basados en animacidad y sexo (rasgos característicos de los

tradicionales géneros gramaticales) de algunas lenguas indígenas de América del Sur

En este capítulo, las lenguas objeto de comparación presentan sistemas de

clasificación nominal basados en la concordancia, pero que van más allá del género

gramatical. Nuevamente, el análisis atenderá al modo en se organizan las distintas clases

de la lengua: (a) semánticamente, a fin de considerar cómo se realiza la asignación de los

sustantivos a los diferentes géneros y clases, en lo que respecta a la relación entre los

criterios [+animado] [+humano] con el género natural (masculino/femenino) y con otros

rasgos semánticos como forma, función, material, consistencia, disposición, etc., y (b)

formalmente, para evaluar de qué modo se realizan los patrones de concordancia generados

por los sustantivos en las distintas clases con que estos entran en relación, así como las

marcas específicas que surgen por dicha concordancia.

El corpus aquí considerado se encuentra formado por las siguientes lenguas:

- Piaroa (PIA), perteneciente a la famila Sáliba (junto con el sáliba, el ature, el

makú y el guagua; Tax 1960; McQuown 1955; Greenberg 1960) y hablada en el territorio

Amazónico del Orinoco Medio, en el centro y norte del Territorio Federal de Amazonas en

Venezuela y en el Departamento Vaupés (hacia el sur del río Vichada) en Colombia. Los

datos tomados de esta lengua provienen de Krute (1988) y de Monsonyi (2000, 2002).
150

- Tatuyo (TAT), una de las varias lenguas que conforman la rama oriental de la

familia Tukano (Fabre 2005), utilizada en la zona del río Pirá-Paraná (alto y medio) y sus

afluentes, en el departamento del Vaupés y del Amazonas (Colombia). Las fuentes

bibliográficas para esta lengua son las numerosas publicaciones de Gómez-Imbert (1986,

1996, 2000, 2007).

- Miraña (MIR), lengua amenazada hablada por alrededor de 100 personas

(ninguno de ellos niños) que habitan en la parte nororiental de la Amazonia, a lo largo del

río Caquetá (Colombia) y perteneciente –junto con su variante dialectal, el bora, localizada

hacia la región sudoccidental– a la familia Witoto-Bora. Las descripciones de esta lengua

provienen de Seifart (2002, 2005, 2009).

- Baure (BAU), lengua Arawak meridional (Fabre 2005), localizada en el

departamento de Beni, en Bolivia y considerada una lengua seriamente amenazada (hacia

2003 contaba con aproximadamente medio centenar de hablantes, todos ellos mayores de

60 años y bilingües). Los análisis de esta lengua comenzaron hacia 1960 con las

investigaciones de Baptista y Wallin (1967). Recientemente, los trabajos de campo

realizados por Swintha Danielsen entre los años 2003 y 2006 han dado como resultado una

detallada gramática (Danielsen 2007) de la cual provienen los datos presentados en este

análisis.

2. Criterios de asignación de género y clase

En las lenguas aquí consideradas (PIA, TAT, MIR y BAU), la clase y/o género al que

pertenecen los sustantivos es de tipo inherente, es decir, que no puede ser modificado por

elección del hablante, sino que se encuentra determinada desde el lexicón. En términos

generales, se puede mencionar que en algunas de estas lenguas es posible considerar

ciertos sustantivos como ‘no clasificados’, ocasión en que su significado es genérico, pero
151

la adición de marcas clasificatorias diferentes dan como resultado ítemes léxicos que

denotan elementos distintos. Con respecto al género, la adscripción a los géneros

masculino y femenino se corresponde con el sexo de los referentes solo en el caso de los

humanos; ciertos mamíferos superiores pueden también distinguir la diferencia de sexo,

pero la motivación de género entre animados no humanos no es uniforme. Tampoco es

constante la motivación semántica de las clases nominales.

Procederemos ahora a detallar algunos aspectos de la asignación de género y clase

en las lenguas seleccionadas.

2.1. Motivación en la asignación de los sustantivos

El género en la lengua PIA organiza los sustantivos en estrecha correlación con la

animacidad de sus referentes: en humanos y animales es posible diferenciar masculino (no

marcado) de femenino (que sufija -hu), según el sexo de las entidades denotadas. No

obstante, en este caso la animacidad se extiende más allá de humanos y animales, dado que

varios cuerpos celestes se consideran animados. El sufijo de femenino, por su parte, puede

aparecer marcando ciertos términos como isahu ‘herida’, rehu ‘madriguera’, khæk’ohu

‘espacio central abierto en una casa’ e isæhu ‘hueco, abertura corporal’ (como fosas

nasales, ano, etc.). De allí que se pueda suponer que estos términos constituyen una

extensión metafórica a partir de la asociación de femenino = ‘hueco, cóncavo’.

Los sustantivos inanimados se organizan en un conjunto de clases nominales,

algunas semánticamente transparentes (que responden a criterios de forma, tamaño,

organización, textura, material, etc.) y otras más opacas. La adscripción de un sustantivo a

determinada clase no presenta variabilidad, en términos de Serzisko (1982), por lo que se

la puede suponer predeterminada desde el léxico.69 No obstante, existen ciertos sustantivos

69
Por el contrario, en la lengua sáliba (perteneciente a la misma familia que el PIA), los sustantivos pueden
recibir diferentes marcas de clase, según la cualidad que se desee destacar:
152

‘genéricos’ (no cuantificables, interpretados semánticamente como ‘algunos, varios…’)

que pueden combinarse con diferentes sufijos de clase, aunque en cada caso el nominal

resultante tendrá un significado diferente: así, el sustantivo genérico ræt’e ‘pimiento’

puede sumar el significado de cierta marca de clase para proveer mayor precisión

semántica: ræt’e-i (CN.planta/árbol/arbusto) ‘planta de pimiento’, ræt’e-wa (CN.viscoso)

‘salsa de pimiento’, ræt’e-mi (CN.disco) ‘semilla de pimiento’.

En TAT también existe una primera división de los sustantivos entre animados e

inanimados. Los primeros –que incluyen humanos y animales superiores, así como cuerpos

celestes y ciertos fenómenos naturales– se subdividen en femeninos y masculinos,

respectivamente marcados por los sufijos –o/-ko e -/-k. En el caso de humanos y

animales, la pertenencia al género masculino o femenino está determinada por el sexo de la

entidad denotada. Los cuerpos celestes, por su parte, son de género masculino, en

concordancia con su mitología.

Los sustantivos que remiten a inanimados se interpretan de modo genérico, a menos

que se encuentren marcados por alguna de las numerosas clases nominales, que proveen

información acerca de determinadas propiedades físico-culturales de los elementos (forma,

función, material, organización, etc.), en algunos casos, de manera más transparente que en

otros. Por ejemplo, patu ‘coca’, puede recibir una mayor especificidad semántica a través

de los sufijos de clase: patu- (CN.cilíndrico) ‘planta de coca’, patu-rk (CN.esqueje)

‘esqueje de coca’, patu-kaa (CN.fila) ‘fila [de plantas] de coca’, patu-rape

(CN.cilindro.vertical.hueco) ‘lata de coca’, patu-poa (CN.bolsa) ‘bolsa de coca’.

La animacidad es nuevamente el criterio diferenciador en el MIR. Los sustantivos

con referente animado se distribuyen en dos clases generales (interpretables como

a. ojo-pu b. ojo-mo (Estrada Ramírez 1996: 82)


olla- CN.redondo olla-CN.abierto
‘olla ‘olla’
153

géneros), con asignación motivada para humanos (los humanos de sexo masculino son

masculinos y los de sexo femenino, femeninos) y parcialmente motivada en los animados

no humanos (solo algunos animales de sexo femenino pertenecen a dicho género). Las

marcas de clase, por su parte, pueden afijarse a sustantivos inanimados, así como a ciertos

animales; en cambio, no es posible categorizar seres humanos con ellas.

Ciertos sustantivos (que denotan elementos naturales –como la madera–, especies

botánicas y pequeños animales) pueden no presentar ningún afijo clasificatorio; en tal caso,

reciben una interpretación genérica o grupal, que puede restringirse o individualizarse por

medio de alguna marca de clase: así, a partir del sustantivo no clasificado h ‘banana’,

mediante la combinación con diferentes marcas de clase se obtiene h-o

(CN.3D.oblongo) ‘una banana (fruta)’; h-h (CN.2D.redondo) ‘una semilla de banana’;

h-ko (CN.1D.puntiagudo) ‘una planta de banana’; h-i (CN.racimo) ‘un racimo de

bananas’. Los sustantivos obligatoriamente clasificados no pueden aparecer sin su

correspondiente marca de clase; finalmente, existen algunos sustantivos que funcionan

como repetidores,70 que denotan partes del cuerpo, partes de plantas o artefactos, así como

unidades espaciales o temporales.

La lengua BAU presenta una mayor integración entre los sistemas de género y de

clase nominal en que se organizan los sustantivos. El género presenta dos categorías:

femenino, que clasifica inherentemente a humanos y algunos animales de sexo femenino, y

masculino (aunque sería más apropiado ‘no-femenino’), que engloba al resto de los

sustantivos, incluso los que remiten a entidades inanimadas. Superpuesto al género se

encuentra un sistema secundario de categorización, que puede interpretarse como un

70
‘Repetidor’ (repeater) aparece mencionado en Aikhenvald (2000: 103, 361), Grinevald (2001: 1974), Senft
(1996: 6) para designar a sustantivos que pueden ser también utilizados en construcciones de clasificación, en
las cuales aparecen como clasificadores. Grinevald (2001) distingue entre los repetidores que se utilizan solo
con el propio sustantivo (denominados ‘únicos’, como iN ‘casa’ en birmano) y aquellos que se clasifican a
sí mismos pero también a otros sustantivos.
154

sistema de clases nominales71 basado en los criterios semánticos de animacidad, forma,

dimensión, textura, función, etc. Las clases nominales presentan un grado más alto de

pertinencia semántica, ya que brindan alguna característica (real o percibida) del referente

del sustantivo.

Las clases nominales pueden organizarse en tres grupos, según su grado de

gramaticalización y características semánticas (Danielsen 2007: 142ss.). En primer lugar,

un subconjunto cerrado de cerca de treinta formas ligadas, que marcan obligatoriamente a

los numerales y a ciertos adjetivos y que presentan el más alto grado de gramaticalización;

semánticamente, proveen información acerca de la animacidad (‘humano’, ‘animal’,

‘frutas/pájaros’), forma (‘redondo’, ‘largo y delgado’, ‘plano’, ‘oval’), tamaño

(‘diminuto’), función (‘instrumento’, ‘recipiente’), consistencia (‘líquido’), material

(‘agua’), distribución (‘tejido’, ‘red’), etc. En segundo lugar, hay unas diez formas ligadas

que, si bien poseen un significado específico y un conjunto definido de sustantivos a los

que se afijan, se han extendido (metafórica o metonímicamente) y ampliado su rango de

aplicación; en cuanto a su significado, se vinculan principalmente con partes del cuerpo

(‘cara’ > frente de las cosas; ‘espalda’ > parte superior de las cosas; ‘ojos’ > estrellas,

‘mano’ > puñado de algo –como cuantificador–), y con la localización (‘debajo de’, ‘hacia

abajo’, ‘otro lugar’). Finalmente, más cercanos a mecanismos léxicos que gramaticales, un

grupo de aproximadamente treinta formas (semánticamente vinculadas con las partes del

cuerpo y de las plantas) que “repiten” el sustantivo (‘repetidores’ en el sentido indicado en

la nota 70). Estos incluyen partes de plantas (‘hojas’, ‘racimos’, ‘semillas’, ‘flores’); partes

del cuerpo humano (‘diente’, ‘pierna’, ‘oreja’, ‘nariz’); partes del cuerpo de animales

(‘cuerno’, ‘pluma’, ‘cola’, ‘pezuña’), el tiempo (‘día’, ‘año’).

71
A pesar de que presenta rasgos en común con los clasificadores (sistema abierto, importante cantidad de
categorías) y con las clases nominales (todos los sustantivos están clasificados, cada sustantivo se asigna a
una única clase, se realizan en patrones de concordancia), en el presente análisis nos centramos en el criterio
de la concordancia para considerar este sistema como de clases nominales.
155

Género y clases nominales difieren en cuanto a su motivación semántica (parcial el

sistema de género, más alta el de clases nominales) y coinciden en estar basados en la

concordancia, aunque con loci de marcación diferentes. Por esa razón, las concordancias

de un sustantivo permiten identificar tanto el género como la clase nominal a los que

pertenece:

(1) te mpo-se senti čo-se (BAU-Danielsen 2007: 101)


DEM.PRX.M tres-CN.oval melón grande-CN.oval
‘esos tres melones grandes’

2.1.1. Inanimados

En PIA, los sustantivos inanimados se clasifican obligatoriamente según variados

criterios, a través de un numeroso conjunto de más de cien marcas de clase que provienen

de la gramaticalización de sustantivos genéricos que han perdido la posibilidad de ser

usados de manera independiente y operan solo como sufijos o infijos.

Dichas marcas de clase suelen conservar su carga semántica, sumándola a la de la

base léxica a la que se anexan:

(2) oku ‘fuego’ oku-ræ (CN.blanco) ‘fuego ardiente’


oku-rae-phi (CN.blanco-CN.ceniza) ‘ceniza de fuego ardiente’
oku-(i)sok'i (CN.puntiagudo) ‘fósforo’
oku-be (CN.manojo) ‘conjunto de fósforos’
oku-č'ũ (CN.objetos.estrechos.paralelos) ‘atado de fósforos’
oku-(i)sopha (CN.espuma) ‘humo’ (PIA-Krute 1988)

Algunas clases presentan criterios claros de asignación, así como alta

productividad, mientras que otras resultan un tanto más opacas y menos productivas.

La lengua TAT organiza los sustantivos inanimados en un sistema de

aproximadamente ochenta clases nominales, que se sufijan para singularizar y

complementar semánticamente al sustantivo correspondiente. Por ejemplo, las especies


156

vegetales pueden recibir ciertas marcas de clase que especifican características de la planta

denotada por el nombre (- ‘tallo/tronco macizo’, -w ‘tallo/tronco hueco’, - yo ‘pseudo

tallo/tronco’) o de su fruto (-a ‘redondeado’, -ro ‘no redondeado’, etc.).

Algunos de estos sufijos presentan un significado claro y pueden categorizar a un

gran número de entidades (-/-k ‘cilíndrico’ remite a árboles de tronco macizo, bastones

ceremoniales, manos de mortero, hamacas, el cuerpo humano, etc.), mientras que otras

clases (-wehe ‘jardín de yucas’, -wii ‘casa’) se aplican a solo un nominal, por lo que se

constituyen en ‘repetidores únicos’:

(3) pai-ri''-wii wii (TAT-Gómez-Imbert 1986: 82)


ser.grande-DEV-CN.casa casa
‘casa grande’

Los sustantivos que denotan entidades inanimadas en MIR pueden carecer de marca

de clase, en cuyo caso se consideran genéricamente, como materia no cuantificable (ko

‘madera’) o como especie vegetal (tk ‘cierta especie de árbol’). La adición de una

marca de clase específica, además de individualizar, restringe los alcances semánticos, al

sumar el significado de dicha marca: ko-i (madera-CN.1D.mediano) ‘palito de madera’;

tk-ba (árbol.tk-CN.3D) ‘calabaza (= fruta del árbol tk). Los principales criterios

semánticos que funcionan en el caso de los inanimados son los de forma (una, dos o tres

dimensiones, etc.), función (recipiente, transporte) y material (líquido). Es interesante

mencionar que las concordancias con un sustantivo inanimado que presenta una marca de

clase específica pueden repetir esa misma marca, o bien darse con una marca de clase

general inanimada:

(4) a. í-o h-o (MIR-Seifart 2005: 240)


DEM.PRX-CN.3D.oblongo banana-CN.3D.oblongo
‘esta banana’
157

b. í-n h-o (MIR-Seifart 2005: 241)


DEM.PRX-INAN banana-CN.3D.oblongo
‘esta banana’

La categorización nominal de los sustantivos con referente inanimado del BAU

presenta un rasgo no motivado semánticamente de género (todos los inanimados

pertenecen al género masculino) y otro de clase nominal (a veces solo apreciable a través

de las concordancias) que presenta una mayor motivación:

(5) to pari čino-mpe (BAU-Danielsen 2007: 87)


ART(M) casa vieja-CN.plano
‘una/la casa vieja’

(6) to hikoč čo-pe (BAU-Danielsen 2007: 157)


ART cuchillo grande-CN.cubertería
‘el cuchillo grande’

(7) teč ewokoe čo-wok (BAU-Danielsen 2007: 157)


DEM.PRX.M árbol grande-CN.árbol
‘ese árbol grande’

(8) ro=aromo-se-wapa to yasor (BAU-Danielsen 2007: 208)


3SG.M=hundir-CN.oval-CDE ART(M) bote
‘el bote se hundió’

Algunas marcas de clase se combinan con numerosos sustantivos (-pi

‘CN.largo.y.fino’ aparece incluso marcando algunos sustantivos como koropi ‘liana’,

sakopi ‘gusano’, horompi ‘anguila eléctrica’, yakopi ‘vela’), mientras que los repetidores

se limitan a clasificar el sustantivo del cual provienen:

(9) po-wohis-is to ni=wohis (BAU-Danielsen 2007: 144)


uno-CN.mano-uno ART 1SG=mano
‘una de mis manos’
158

2.1.2. Cuerpos celestes

Dado que tanto los cuerpos celestes (sol, luna, estrellas, planetas) como ciertos

fenómenos meteorológicos (viento, trueno, lluvia, etc.) no suelen considerarse entidades

inanimadas, resulta interesante presentar de qué modo se categorizan los sustantivos que

denotan tales elementos en las distintas lenguas.

Los cuerpos celestes se consideran animados en la lengua PIA, aunque las

descripciones no explicitan si se los adscribe a un género gramatical determinado:

yodok'æwã ‘luna’, k'æwã ‘sol’, siri’ko ‘estrella’ (Monsonyi 2002: 79).

También el TAT marca los cuerpos celestes como animados (Gómez-Imbert 1986:

160). En este caso, tanto los astros (sol, luna, estrellas) como el arco iris y el rayo se

consideran masculinos: buip ‘sol/luna (ambos son manifestaciones de un mismo

principio)’, yoko ‘estrella’.

En MIR, tanto los cuerpos celestes como el trueno y el arco iris dan lugar a

concordancias con marcas de clase general animada. El sustantivo que denota ‘trueno’, por

ejemplo, no presenta una marcación explícita de clase nominal o de género, pero

concuerda con la marca de masculino:

(10) tihti íh a-:b (MIR-Seifart 2005: 123)


trueno hablar/sonar-M
‘el trueno está sonando’

De acuerdo con las concordancias que presentan, la lengua BAU parece considerar

pertenecientes al género masculino72 aquellos sustantivos que denotan tanto los cuerpos

celestes como los fenómenos atmosféricos:

72
Si bien el artículo es neutral con respecto al género, usualmente se lo interpreta como masculino
(Danielsen 2007: 108).
159

(11) a. to ses (BAU-Danielsen 2007: 449) b. to kiher (BAU-Danielsen 2007: 312)


ART(M) sol ART(M) luna
‘el sol’ ‘la luna’

c. to vir (BAU-Danielsen 2007: 312) d. to sowon (BAU-Danielsen 2007: 312


ART(M) viento ART(M) lluvia
‘el viento’ ‘la lluvia’

Sin embargo, en algunos ejemplos ‘sol’ y ‘luna’ aparecen con géneros opuestos:73

(12) a. teč ses (BAU-Danielsen 2007: 323) b. tič kiher (BAU-Danielsen 2007: 270)
DEM.DIST.M sol DEM.PRX.F luna
‘el sol’ ‘la luna’

2.1.3. Animados no humanos

En PIA, los sustantivos con referentes animados no humanos incluyen a mamíferos,

reptiles, peces y ciertos insectos (aquellos que pueden aparecer de manera individual), y se

clasifican de acuerdo con el sexo del referente; el masculino constituye el género no

marcado, mientras que el femenino sufija –hu:

(13) a. yæwi (PIA-Krute 1988: 65) b. yæwi-hu (PIA-Krute 1988: 304)


jaguar jaguar-F
‘jaguar’ ‘jaguar hembra’

El TAT también presenta un sistema de género dicotómico (masculino: Ø, femenino:

-o/-ko)74 para los animales superiores, en correlación con el sexo biológico de sus

referentes:

(14) a. wek b. wek-ó (TAT-Gómez-Imbert 1986: 169)


tapir tapir-F
‘tapir’ ‘tapir hembra’

73
Quizás en el marco de algún relato mitológico.
74
En varios ejemplos, el masculino aparece como no marcado, y solo el femenino recibe el sufijo de género.
160

Los sustantivos que denotan animales son asignados de manera arbitraria en el MIR:

la marca de clase específica no aporta al contenido semántico de los sustantivos sino que se

limita a individualizarlos. Así, pertenecen a la clase -o ‘oblongo’: pa:b-o ‘picaflor’;

tiri-o ‘picalón (cierto pez)’; gwa:ni-o ‘piojo’; ti:ti-o ‘ardilla’; maj:na-o ‘lagarto’. A

pesar de la arbitrariedad, han podido identificarse ciertos patrones de asignación de clase

basados en la forma: por ejemplo, diferentes especies de caracoles reciben la marca de

CN.2D.redondo, mientras que las varias especies de pájaros carpinteros se marcan con la

marca de CN.3D.oblongo. A fin de manifestar la concordancia con los demás elementos de

la frase, es posible elegir entre la marca de clase nominal específica que presenta el

sustantivo o la marca de clase general animada correspondiente al número y eventualmente

género de los referentes. Por otro lado, ciertos animales importantes para la cultura refieren

al individuo aun cuando no presentan marca de clase específica. La concordancia en estos

casos se realiza a través de un repetidor:

(15) tsá-:h (:h) (MIR-Seifart 2005: 235)


uno-RP.oso.hormiguero (oso.hormiguero)
‘un oso hormiguero’

En BAU la distinción de género se aplica solo a unos pocos animales domésticos.

Dado que el género no se marca en el sustantivo, otros elementos concordantes de la frase

permiten identificarlo:

(16) a. to tiporek b. ti tiporek (BAU-Danielsen 2007: 118)


ART(M) pollo DEM.PRE.F pollo
‘el pollo’ ‘la gallina’

También es posible codificar el sexo del referente mediante recursos léxicos:


161

(17) to hir tiporek (BAU-Danielsen 2007: 118)


ART(M) hombre pollo
‘el gallo’

Existen, no obstante, formas supletivas para la oposición masculino/femenino

(algunas de ellas préstamos del español):

(18) a. poeh b. sore (BAU-Danielsen 2007: 118)


‘pata’ ‘pato’

(19) a. wak b. tor (BAU-Danielsen 2007: 387)


‘vaca’ ‘toro’

Con respecto a la clase, algunos animales se adscriben a una genérica de ‘animal’:

(20) teč po-a yor (BAU-Danielsen 2007: 171)


DEM.PRX.M otro-CN.animal mono
‘ese otro mono’

mientras en otros la marca de clase provee datos acerca de alguna característica propia:

(21) teč kiwor mehew-pi (BAU-Danielsen 2007: 159)


DEM.PRX.M serpiente feo-CN.largo.y.fino
‘esa serpiente fea’

2.1.4. Humanos

Los nominales que remiten a humanos presentan en PIA la misma clasificación

según el sexo del referente que se había observado en los que refieren a animados no

humanos. Así, en algunos casos la marca de femenino –hu se sufija para diferenciar del

masculino no marcado:

(22) a. č-awaruæ (PIA-Krute 1988: 5) b. č-awarua-hu (PIA-Krute 1988: 304)


‘mi amigo’ ‘mi amiga’
162

(23) a. č-æ’o (PIA-Krute 1988: 81) b. č-a-hu (PIA-Krute 1988: 304)


‘mi padre’ ‘mi madre’

En otros casos, existen pares supletivos: ubo ‘hombre’ / isahu75 ‘mujer’. Estos dos

términos tienen la peculiaridad de presentar también plurales supletivos: umæt ‘hombres’ /

ñæt ‘mujeres’.

El TAT marca también los sustantivos que refieren a humanos según el sexo de sus

referentes, con los mismos sufijos ya vistos en el caso de los animales, -/-k para los

masculinos y -o/-ko para los femeninos:

(24) a. ka- wiba- b. ka- wiba-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 157)


76
STAB -niño/a-M STAB-niño/a-F
‘niño’ ‘niña’

(25) a. wapa-k b. wapa-ko (TAT-Gómez-Imbert 1986: 177)


guerrero-M guerrero-F
‘guerrero’ ‘guerrera’

Los términos para hombre y mujer presentan formas supletivas, en las que el

primero sufija el morfema de masculino y el segundo, el de femenino:

(26) a. ka- b- b. ka- robi-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 212)


STAB-hombre-M STAB-mujer-F
‘hombre’ ‘mujer’

75
is-V- es un elemento que funciona como soporte de las marcas de clase: todas ellas pueden sufijarse a esta
raíz, dando como resultado un elemento léxico que funciona sintácticamente como un sustantivo cuyo
contenido semántico remite al de la clase correspondiente: iso-m (CN.anillo) ‘anillo’; iso-mæ
(CN.disco.plano) ‘plato’; isæ-na (CN.tubular) ‘tubo’, iso-t’a (CN.recipiente) ‘recipiente (“que tiene forma de
copita”)’, isa-hu (femenino) ‘mujer’. Monsonyi (2000: 659) indica que el significado de esa raíz es
‘verdadero’; así, isæna significa literalmente ‘tubo verdadero o propiamente dicho’.
76
El prefijo ka-, denominado ‘índice de relación’ (Gómez-Imbert 1986) o ‘estabilizador’ (Gómez-Imbert
2007) otorga autonomía sintáctica a términos que requieren de un prefijo posesivo (generalmente partes de
cuerpo, términos de parentesco, etc.)
163

Gómez-Imbert (1996: 449) indica que todos los sustantivos que refieren a humanos

presentan marcas de género en el singular –masculino -(k), femenino -(k)o–, con dos

excepciones: los términos que refieren a ‘bebé’ (sua) y ‘shamán’ ( kubu), por aludir a una

función exclusivamente masculina.

Los sustantivos que refieren a seres humanos no pueden ser categorizados por las

clases nominales en la lengua MIR; en este caso, se utilizan exclusivamente las marcas de

clase general animada, que proveen información acerca de su número y género. Existe no

obstante una excepción: el término que refiere a ‘niños’ se combina con la marca de clase

general inanimada. Por otro lado, es posible usar formas masculinas cuando no se conoce o

no se desea focalizar el sexo de referentes animados, dado que el masculino es el género

funcionalmente no marcado.

En BAU los sustantivos referidos a humanos no marcan gramaticalmente el género;

este se identifica a través de la concordancia:

(27) a. tin monči moni-ko (BAU-Danielsen 2007: 104)


DEM.DIST.F niño/a lindo-ABS
‘aquella niña linda’

b. te monči (BAU-Danielsen 2007: 286)


DEM.PRE.M niño/a
‘este niño’

En algunos casos presentan formas supletivas para la oposición masculino/

femenino:

(28) a. eton b. hir (BAU-Danielsen 2007: 129)


‘mujer’ ‘hombre’

(29) a. -en b. –ia (BAU-Danielsen 2007: 117)


‘madre’ ‘padre’
164

Tales duplas pueden coexistir con una forma general aplicable a ambos sexos -iron

‘progenitor/a’).

3. Patrones de concordancia: géneros y clases

Ya sea que marquen o no su categoría de género y/o de clase en el nominal, los

sistemas aquí analizados se encuadran entre los que se manifiestan típicamente por medio

de la concordancia. Detallaremos a continuación de qué modo la categoría del sustantivo se

refleja formalmente en otros elementos de la frase nominal con que entra en relación:

pronombres, artículos, demostrativos, numerales y adjetivos. También observaremos los

patrones de concordancia en las estructuras que codifican la posesión.

3.1. Pronombres
77
En el sistema pronominal del PIA, el género es una categoría relevante para la 3º

persona: Las formas masculina y femenina de singular codifican, además, el carácter

definido (definición78). Según Krute (1988: 155-156), los pronombres definidos remiten a

una entidad anteriormente mencionada, conocida, visible o al menos localizable. En este

sentido, tales pronombres comparten rasgos con los demostrativos, dado que permiten

oponer “cercanía espacial/mayor definición” a “lejanía espacial/menor definición”.79 En

plural, la 3º persona no diferencia definido/indefinido, solo género. Los pronombres de 2º

77

Pronombres PIA (Krute 1988: 155)


Número Persona Pronombres Número Persona Pronombres
1 th 1 uhutu
2 (u)ku 2 ukutu
definido ču / yu
Singular 3 masculino Plural 3 masculino hit
indefinido hau
definido (yahu)
3 femenino 3 femenino hit / whæt
indefinido whæhu
78
‘Definiteness’ en inglés.
79
A pesar de esta especificación en el grado de definición, no obstante, estas formas no equivalen a un
artículo.
165

y 3º persona de plural pueden además aparecer acompañados por ñæt ‘mujer’, y de esa

manera proveer una especificación de género, aunque este hecho es raro en el discurso real

y genera desacuerdos en la elicitación (Krute 1988: 155).

(30) hau-ku (PIA-Krute 1988: 72)


3SG.M-hacia/con
‘con él’

(31) th-mæ uku-th-næ abonæ bo-sæ (PIA-Krute 1988: 198)


1SG-TOP 2SG-1SG-con frente.a grande-1SG.PRES
‘yo soy más grande que vos’

En TAT, los pronombres80 que distinguen animacidad y género se restringen a la 3º

persona del singular. Así, existen formas singulares para animado femenino, animado

masculino y para inanimado.

(32) k oo karoa-o aa-Ø- bo (TAT-Gómez-Imbert 1986: 54)


3SG.F bonito-SG.F existir-EVD-IMPF.SG.F
‘ella está bonita’

En plural, la diferencia de género se neutraliza en una única forma animada.

El MIR presenta un conjunto de pronombres personales monosilábicos81 que se

limitan a distinguir persona y número:

80

Pronombres TAT (Gómez-Imbert 1986: 224)


Número Persona Pronombres Número Persona Pronombres
1 inclusivo badi
1 y
1 exclusivo haa
2 b  2 b+SOC
Singular Plural
masculino k
animado
femenino koo 3 animado daa
inanimado ti+CN
81
Estos pronombres pueden ser utilizados en diversos contextos (los guiones indican categorías expresadas
por los pronombres personales polisilábicos):
166

(33)a. o tsá-i (MIR-Seifart 2005: 53)


1SG venir-PRED
‘yo vine’

b. tsá-i (MIR-Seifart 2005: 53)


2SG venir-PRED
‘vos viniste’

c. o:-k82 kábóko-:b (MIR-Seifart 2005: 53)


1SG-AC golpear-3SG.M83
‘él me golpea’

d. :-k kábóko-:b (MIR-Seifart 2005: 54)


2SG-AC golpear-3SG.M
‘él te golpea’

También existe otro grupo de formas polisilábicas que distinguen dual/plural,

inclusivo/exclusivo y masculino/femenino:

Pronombres personales monosilábicos MIR (Seifart 2005: 52)


persona función no sujeto de la sujeto de prefijo de prefijo de
sujeto cláusula cláusula poseedor imperativo
principal subordinada
singular 1º o taj no regist.
2º  di
no 1º m
singular 2º - -
cualquier - Ø i no regist.

número

82
-k es la marca de acusativo para animados. Los inanimados no reciben marca.
83
Las marcas de clase nominal correfieren con el sujeto y pueden ser usadas con referentes de 1º y 2º y 3º
persona; en los dos primeros casos es necesaria la presencia del correspondiente pronombre personal:
o tsá:-d  (MIR-Seifart 2005: 54)  tsá:-d  (MIR-Seifart 2005: 54)
1SG.SUB venir-3SG.F 2SG.SUB venir-3SG.F
‘yo, quien vino’ ‘vos(F), quien vino’
En el caso de ausencia del pronombre personal, la referencia de la marca de clase se interpreta como de 3º
persona:
tsá:-d  (MIR-Seifart 2005: 54)
venir-3SG.F
‘ella vino’
167

Pronombres personales polisilábicos MIR (Seifart 2005: 55)


persona Número y clase nominal
dual plural
M F

1º INCL m:mtsí m:mp m:m:áj


EXCL mtsí mp m:áj
2º ámtsí ámp ám:áj
3º di:-ttsi di:-tp di:-t

(34)a. mtsí m tsá:i (MIR-Seifart 2005: 55)


1DL.M.EXCL 1/2PL venir-PRED
‘nosotros (dos, al menos uno masculino, EXCL) vinimos’

b. m:mp m td´s:-i (MIR-Seifart 2005: 55)


1DL.F.INCL 1/2PL venir-PRED
‘nosotras (dos mujeres, INCL) vinimos’

Aunque la oposición masculino/femenino es pertinente para el dual de los

pronombres de 1º, 2º y 3º persona, es en estos últimos donde se aprecia plenamente el

sistema de categorización nominal de la lengua. Los pronombres de 3º están compuestos

por una raíz ligada t:- a la que puede sumarse o bien una marca de clase específica o bien

la marca de clase general inanimada, o por una raíz di:- que agrega una marca de clase

general animada:

(35) di:-b b. di:-d  (MIR-Seifart 2005: 125)


PN3-3SG.M PN3-3SG.F
‘él’ ‘ella’

(36) di:-t (MIR-Seifart 2005: 125)


PN3-3ANIM.PL
‘ellos/as’
168

(37) t:-n (MIR-Seifart 2005: 124)


PN3-3INAN
‘él/ellos (inanimado)’

(38) t:-gwa b. t:-o (MIR-Seifart 2005: 124)


PN3-CN.2D.recto PN3-CN.3D.oblongo
‘él (tabla, banco, etc.)’ ‘él (fruto de banano, nariz, etc.)’

Estos últimos ejemplos muestran de qué modo los pronombre de 3º, gracias a la

variedad de marcas de clase nominal que pueden sufijarse a la raíz pronominal, dan lugar a

una categoría intermedia entre el sustantivo y el pronombre en cuanto a su contenido

semántico: no tan general como los típicos pronombres, ni tan específica como un

sustantivo. Se genera así una relación hiponímica entre el pronombre más general, que

contiene una marca de inanimado, los pronombres conformados por las marcas de clase

nominal y los sustantivos categorizados por cada una de esas marcas específicas de clase:

t:-n
PN3-3INAN
‘él/ellos (inanimado)’

t:-o t:-gwa etc.


PN3-CN.3D.oblongo PN3-CN.2D.recto
‘él (oblongo)’ ‘él (recto)’

h-o th-o nam-o oko:m-o


‘banana’ ‘nariz’ ‘pene’ ‘colmena’

En BAU, los pronombres personales (al igual que los posesivos) derivan de las

marcas de correferencia con los argumentos que se cliticizan al verbo y a los predicados no
169

verbales.84 Así, también las formas pronominales libres distinguen género solamente en la

3º persona singular:

Pronombres personales BAU (Danielsen 2007: 319)


Número Persona Pronombres Número Persona Pronombres
1 nti’ 1 viti’
2 piti’ 2 yiti’
Singular Plural
3 masculino roto’ 3
noti’
3 femenino riti’

(39)a. nti’ ni=činco-no-wo piti’ ač noka roti’ (BAU-Danielsen 2007: 319)


1SG 1SG=saber-NMZ-COP 2SG y NEG 3SG.F
‘te entiendo a vos pero no a él’

b. riti’ ri=veko-wo avi nka ni=čo-wo=ro (BAU-Danielsen 2007: 391)


3SG.F 3SG.F=hablar-COP pero NEG 1SG=saber-COP=3SG.M
‘ella está hablando, pero yo no entiendo’

3.2. Artículos

Tres de las lenguas aquí presentadas –PIA, TAT y MIR– no cuentan con artículos. El

artículo en BAU, por su parte, tiene rasgos peculiares: no indica el carácter definido de un

sustantivo, ni sirve para introducir personajes en una narración (para ello se usan los

demostrativos). Si bien es neutral con respecto al género, se lo suele interpretar como

masculino. Generalmente se lo utiliza con nombres propios, aunque también con los de los

cuerpos celestes y los fenómenos meteorológicos (ver ejemplos 11.a-d).

84

Clíticos personales BAU (Danielsen 2007: 317)


Número Persona Pronombres Número Persona Pronombres
1 ni 1 vi-
2 pi- 2 yi-
Singular Plural
3 masculino ro- 3
no-
3 femenino ri-
170

3.3. Demostrativos

El sistema de demostrativos del PIA consta de dos términos que oponen proximidad

(pV-) / distancia (yo-/hi-). Los sustantivos de la lengua PIA exhiben concordancia con los

demostrativos, tanto en el caso de los nominales que refieren a entidades inanimadas (que

repiten la marca de clase correspondiente):

(40) pi-mi hawap-mi (PIA-Krute 1988: 144)


DEM.PRX-CN píldora-CN.disco
‘esta píldora’

(41) yo-k’i iweñuto-k’i (PIA-Krute 1988: 144)


DEM.DIST-CN lápiz-CN.puntiagudo
‘aquel lápiz’

como a los que remiten a animados (que diferencian masculino de femenino):

(42) a. æwiri pide85 b. æwiri-hu pa-hu (PIA-Krute 1988: 154)


perro DEM.PROX.M perro-F DEM.PROX-F
‘este perro’ ‘esta perra’

(43) a. ubo pide b. isahu pa-hu (PIA-Krute 1988: 154)


hombre DEM.PROX.M mujer DEM.PROX-F
‘este hombre’ ‘esta mujer’

En el caso de los inanimados, la especificidad de la marca de clase es tal que se

puede incluso omitir el sustantivo, cuyo sentido se deduce del significado de la clase:

(44) yo-t’a (PIA-Krute 1988: 148)


DEM.DIST-CN.recipiente
‘aquel (recipiente)’

(45) hi-na (PIA-Krute 1988: 148)


DEM.PRX-CN.planta.tubular.no.leñosa
‘aquella (planta)’

85
Según Krute (1988: 159), esta es una “etymologically and derivationally opaque form”.
171

Los demostrativos del TAT se organizan en un sistema de dos términos (proximidad:

ati- /distancia: (h)i-). En el caso de los sustantivos que hacen referencia a entidades

inanimadas, cuando estas no se encuentran determinadas por una marca de clase (es decir,

que se las interpreta genéricamente), el demostrativo sufija la marca de clase nominal

general que corresponde a los inanimados, –e:

(46) ati-e patu (TAT-Gómez-Imbert 1986: 243)


DEM.PRX-INAN coca (Erythroxylon coca)
‘esta coca (sp.)’

(47) ati-e he (TAT-Gómez-Imbert 1986: 92)


DEM.PRX-INAN uva (Forouma cecropiaefolia)
‘esta uva (sp.)’

En caso de que el sustantivo presente una marca de clase nominal específica, el

demostrativo también la sufija:

(48) ati-w pido-w (TAT-Gómez-Imbert 1986: 243)


86
DEM.PRX-CN anaconda-CN.tubular
‘esta prensa de yuca’

(49) k ubu-a, ati-a (TAT-Gómez-Imbert 1986: 223)


canoa-CN.redondeado DEM.PRX-CN
‘(una) canoa, esta’

En caso de que el sustantivo refiera a entidades animadas, el demostrativo sufija la

marca de género correspondiente:

(50) a. adi87 yai b. ati-o yai-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 222)


DEM.PRX.M jaguar DEM.PRX-F jaguar-F
‘este jaguar’ ‘esta jaguar hembra’

86
La adición de un sufijo de clase a una entidad animada (‘anaconda’) da lugar a un término con referente
inanimado (‘prensa de yuca’).
87
Gómez-Imbert (1986: 62) indica que esta es una forma sincrética: adi < ati- (DEM.PRX-M)
172

(51) ati-o ka- robi-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 213)


DEM.PRX-F STAB-mujer-F
‘esta mujer’
El MIR también presenta un sistema de demostrativos de dos términos

(proximidad/distancia), que presenta bases diferentes según se combine con marcas

generales para animados, indicadoras de género, o bien con marcas específicas o generales

de inanimado:

(52) í-htp (MIR-Seifart 2005: 126) b. aj:-di (MIR-Seifart 2005: 83)


DEM.PRX-DL.F DEM.DIST-M
‘estas (dos mujeres/hembras)’ ‘aquel (persona o animal)’

(53) a. :-h b. í-gwa (MIR-Seifart 2005: 126)


DEM.DIST-CN.2D.redondo DEM.PRX-CN.2D.recto
‘aquello (botón, moneda, etc.)’ ‘esto (tabla, banco, etc.)’

c. -n (MIR-Seifart 2005: 276)


DEM.DIST-INAN
‘aquello’

En los casos de entidades animadas no humanas e inanimadas, donde es posible la

opción de clasificación (género o clase nominal específica; clase general inanimada o clase

nominal específica; clase general inanimada o repetidor), la concordancia del demostrativo

puede repetir la marca del sustantivo (ejs. 54-56) o alternar con la otra posibilidad (ejs. 57-

59):

(54) í-o h-o (MIR-Seifart 2005: 240)


DEM.PRX-CN banana-CN.3D.oblongo
‘esta banana’

(55) :-ko pihh-ko (MIR-Seifart 2005: 80)


DEM.DIST-CN pescar.NMZ-CN.1D.puntiagudo
‘aquella caña de pescar’
173

(56) í-:baj  i-:baj (MIR-Seifart 2005: 78)


DEM.PRX-CN canasta-CN.recipiente
‘esta canasta’
(57) aj:-di k:m-h (MIR-Seifart 2005: 169)
DEM.DIST-M tortuga-CN.2D.redondo
‘aquella tortuga’

(58) :-n pihh-ko (MIR-Seifart 2005: 80)


DEM.DIST-INAN pescar.NMZ-CN.1D.puntiagudo
‘aquella caña de pescar’

(59) :-n mí-o:-gw-:k (MIR-Seifart 2005: 166)


DEM.DIST-INAN dos-RP.trozo-DIM-DL
‘aquellos dos trocitos’
En BAU, todos los demostrativos (que conforman un sistema de tres términos:

presencia/proximidad/distancia) poseen formas de masculino y femenino,88 por lo que

permiten identificar el género del sustantivo con el cual concuerdan. Los demostrativos no

indican clase nominal, solo género (que, como ya se ha dicho, en el caso de los inanimados

es siempre masculino):

(60)a. tič eton (BAU-Danielsen 2007: 194)


DEM.PRX.F mujer
‘esa mujer’

b. teč hir (BAU-Danielsen 2007: 294)


DEM.PRX.M hombre
‘ese hombre’

(61) a. teč ka’an (BAU-Danielsen 2007: 314)


DEM.PRX.M animal
‘ese animal’

88

Demostrativos del BAU (Danielsen 2007: 311)


M F
de presencia te ti
de proximidad teč tič
de distancia ten tin
174

b. tin marip (BAU-Danielsen 2007: 88)


DEM.DIST.F bruja
‘aquella bruja’

3.4. Numerales

En PIA, los numerales en concordancia con sustantivos inanimados infijan la marca

de la clase a la cual dichos nominales pertenecen:

(62) hi-k’i-tetæ ido-k’i (PIA-Monsonyi 2000: 661)


uno-CN-uno piedra-CN.duro.pequeño.afilado
‘una piedra’

(63) to-kha-re woi-kha (PIA-Krute 1988: 120)


dos-CN-dos canoa-CN.plano.con.lados.angulares
‘dos canoas’

(64) wæbo-wa-tukæ isæ-wa (PIA-Krute 1988: 150)


tres-CN-tres bulto-CN.gota
‘tres bultos’

De los numerales del PIA que concuerdan con sustantivos animados, el único que

presenta formas específicas para masculino y femenino es el correspondiente a la unidad:89

(65) a. hikičawa ñatetæ bo (PIA-Krute 1988: 154)


grande uno.M niño
‘un niño grande’

b. hikičawa-hu yahutetæ bo-hu (PIA-Krute 1988: 154)


grande-F uno.F niño-F
‘una niña grande’

Los numerales del TAT,90 cuando concuerdan con sustantivos inanimados, sufijan la

marca de clase que estos presenten, tanto para la unidad como para cantidades superiores:

89
‘Dos’ y ‘tres’ pueden estar acompañados, en el caso de modificar sustantivos femeninos, por el término
ñæt ‘mujeres’
175

(66) hika- yik- (TAT-Gómez-Imbert 1986: 231)


uno-CN árbol-CN.cilíndrico
‘un árbol’

(67) pga- yik- (TAT-Gómez-Imbert 1986: 231)


dos-CN árbol-CN.cilíndrico
‘dos árboles’

Cuando la concordancia se da con sustantivos que remiten a entidades animadas, el

numeral hika ‘uno’ sufija la marca de género que corresponda:

(68)a. hika- ka- w


 iba- (TAT-Gómez-Imbert 1986: 213)
uno-M STAB-niño-M
‘un niño’

b. hika-o ka- robi-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 213)


uno-F STAB-mujer-F
‘una mujer’

Para numerales superiores a la unidad, el numeral repite el sufijo de animado plural

(en el que se neutraliza la diferencia de género) que presenta el sustantivo:

(69)a. pga- ra ka- w


 iba- ra (TAT-Gómez-Imbert 1986: 213)
dos-ANIM.PL STAB-niño-ANIM.PL
‘dos niños/as’

b. pga- r a robi-a (TAT-Gómez-Imbert 1986: 213)


dos-ANIM.PL mujer-ANIM.PL
‘dos mujeres’

La lengua MIR también presenta concordancia entre numerales y sustantivos. Seifart

(2005: 130) indica que existen formas independientes para los numerales ‘uno’, ‘dos’ y

‘tres’, y observa además que en el caso del numeral ‘dos’ es también obligatoria la marca

90
Los más frecuentemente usados son: 1= hika-; 2 = pga-; 3 = itia-; 4 = bapari. kadaka- (bapa = par,
kadaka- = cantidad); 5 = hika- wabo. kadaka- (lit:‘una mano, cantidad completa’).
176

de número91 (en este caso, dual). Los ejemplos muestran también que el numeral ‘tres’

sufija la marca de plural - a:

(70) tsa-ba tómi-ba (MIR-Seifart 2005: 116)


uno-CN pájaro.carpintero-CN.3D
‘un pájaro carpintero’

(71) tsa- í:- (MIR-Seifart 2005: 116)


uno-CN huevo-CN.3D.redondo
‘un huevo’

(72) mi-o-:k h-o-:k (MIR-Seifart 2005: 154)


dos-CN banana-CN.oblongo-DL
‘dos bananas’

(73) ma:kini-i- a (m-i) (MIR-Seifart 2005: 3)


tres-CN (madera-CN.1D.mediano)
‘tres (varas de madera)’

Esta concordancia entre numeral y sustantivo se registra no solo con las marcas de

clase específica, sino también con las de clase general: género (masculino/femenino) o

inanimado:

(74) tsa-:pi gwa-hpi (MIR-Seifart 2005: 158)


uno-M humano-M
‘un hombre’

(75) ma:kini-m- a ki-m (MIR-Seifart 2005: 153)


tres-ANIM.PL-PL pintadillo-ANIM.PL
‘tres pintadillos (cierto pez)’

91

Marcas de número en MIR (Seifart 2005: 56)


sustantivos numerales otras expresiones nominales/
cláusulas relativas
dual -:k
plural -:n -  -h
177

Dado que la lengua cuenta con una marca para el número dual, es posible indicar

cantidades pares recurriendo o no al numeral ‘dos’:

(76) mí:-ttsi-:k (MIR-Seifart 2005: 131)


dos-DL.M-DL
‘dos (hombres/entidades animadas sin indicación de sexo)

(77) í-htp (MIR-Seifart 2005: 126)


DEM.PRX-DL.F
‘estas (dos mujeres/hembras)’

(78) gwatsíh-gwá-:k (MIR-Seifart 2005: 126)


machete-CN.2D.recto-DL
‘dos machetes’

Los numerales92 en BAU, po-š ‘uno’, api- ‘dos’ y mpo- ‘tres’, sufijan (o infijan, en

el caso de ‘uno’) la marca de clase nominal.93 Dada la alta especificidad semántica de las

marcas de clase –particularmente los repetidores–, en muchos casos su presencia hace

innecesaria la mención del sustantivo:

(79) po-wohis-is (BAU-Danielsen 2007: 143)


uno-CN.mano-uno
‘una (mano)’

En otros casos, la marca de clase especifica características del sustantivo:

(80) a. api-poe erapoe’ b. api-čow erapoe’ (BAU-Danielsen 2007: 141)


dos-CN.una.fruta plátano dos-CN.círculo plátano
‘dos bananas’ ‘dos círculos de bananas’

92
Al igual que los cuantificadores:
iyowko-po-a-no te kokono-nev (BAU-Danielsen 2007: 139) teč po-a kove’ (BAU-Danielsen 2007: 213
varios-CN.diminuto-R-NMZ DEM.PRE.M oruga-PL DEM.PRX.M otro-CN.animal perro
‘varias orugas’ ‘este otro perro’
93
Kwatro- y sinko-, préstamos del español, también sufijan la marca de clase.
178

c. api-ew erapoe (BAU-Danielsen 2007: 141)


dos-CN.racimo plátanos
‘dos racimos de bananas’

Las marcas de clase están presentes en todos los numerales, tanto en los que

modifican a sustantivos con referente animado como inanimado:

(81) po-no mapi-no eton-anev (BAU-Danielsen 2007: 171)


otro-CN.humano dos-CN.humano mujer-PL.H
‘otras dos mujeres’

(82) p-a-š simori (BAU-Danielsen 2007: 176)


uno-CN.animal-uno cerdo
‘un cerdo’

(83)a. po-po-š hoser (BAU-Danielsen 2007: 141)


uno-CN.diminuto-uno mosca
‘una mosca’

b. po-po-š him (BAU-Danielsen 2007: 139)


uno-CN.diminuto-uno pez
‘un pez’

(84)a. po-e-š mokovis (BAU-Danielsen 2007: 142)


uno-CN.fruta.no.dulce-uno calabaza
‘una calabaza’

b. po-i-š mokovore’(BAU-Danielsen 2007: 142)


uno-CN.fruta.dulce/pájaro-uno papaya
‘una papaya’

3.5. Adjetivos

Como se ha podido apreciar en ejemplos anteriores (65.a-b), los adjetivos del PIA

concuerdan con los sustantivos referidos a humanos en género. Otro tanto sucede con los

animados no humanos:
179

(85) æwiri-hu aukwa-hu (PIA-Krute 1988: 144)


perro-F pequeño-F
‘perra pequeña’

Por su parte, los sustantivos inanimados deterninan en los adjetivos que los

modifican una concordancia con respecto a la clase nominal a la que pertenecen:

(86) woi-kha suro-kha (PIA-Krute 1988: 144)


canoa-CN.plano.con.lados.angulares malo-CN
‘canoa mala’

(87) inæ-yu suræ-yu (PIA-Krute 1988: 144)


piedra-CN.bulto malo-CN
‘roca mala’

(88) kuupæ-na adiwæ-na (PIA-Monsonyi 2000: 660)


arma-CN.tubo buena-CN
‘escopeta buena’

(89) ane-ha reo-ha (PIA-Krute 1988: 306)


aceite-CN.líquido.espeso rancio-CN
‘aceite (para cocinar) rancio’

En TAT, la calificación94 del sustantivo con referente inanimado da lugar a una

concordancia de clase nominal:

(90) yoa-ri''- pu- (TAT-Gómez-Imbert 1986: 246)


ser.largo-DEV-CN hamaca-CN.cilíndrico
‘hamaca larga’

(91) pai-ri''-wii wii (TAT-Gómez-Imbert 1986: 114)


ser.grande-DEV-RP.casa casa
‘casa grande’

94
« La catégorie ‘adjectif’ n’existant pas dans la langue, cette fonction est assumée par des déverbaux
obtenus à partir des bases verbales ou des verboïdes. Des qualités telles que : grand, haut, large, laid, noir,
rouge etc. son exprimées par des verbes ; joli, neuf, vieux, non-mûr le sont par des verboïdes » (Gómez-
Imbert 1986: 246)
180

(92) pai-ri''- yo  dee- yo (TAT-Gómez-Imbert 1986: 246)


ser.grande-DEV-CN Mauritia flexuosa-CN.palmera
‘palmera grande’

(93) ka- waba-ro hutii-ro (TAT-Gómez-Imbert 1986: 247)


STAB-nuevo-CN ropa-CN.cóncavo
‘ropa nueva’

Los sustantivos con referente animado también generan concordancia en sus

calificativos, pero en este caso con respecto al género:

(94)a. ka-pai- b- (TAT-Gómez-Imbert 1986: 317)


STAB-ser.grande-M hombre-M
‘hombre grande’

b. ka-pai-o robi-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 317)


STAB-ser.grande-F mujer-F
‘mujer grande’

c. wai bo(ti)- (TAT-Gómez-Imbert 1986: 262)


pescado blanco-M
‘pescado blanco’

d. yaba ka- hua- (TAT-Gómez-Imbert 1986: 144)


ciervo STAB-ser.rojo-M
‘ciervo rojo’

De acuerdo con Seifart (2005: 51) no hay evidencia conclusiva de la existencia de

una clase separada de adjetivos en MIR; la función habitual de estos es principalmente

expresada por medio de cláusulas relativas “mínimas” –que constan solamente de un verbo

estativo y una marca de clase, por medio de la cual se realiza la concordancia con el

sustantivo–:
181

(95) bodo-gwa tsts:-gwa (MIR-Seifart 2005: 134)


remar.NMZ-CN.2D.recto blanco.SUB-CN
‘remo blanco’

(96) n:-n (MIR-Seifart 2005: 3)


parecer.SUB-INAN
‘(algo) parecido’

Nuevamente, en los casos de sustantivos que pueden recibir más de una marca, la

concordancia con estos “adjetivos” puede variar entre una y otra:

(97) :-h mh-b k:m-h (MIR-Seifart 2005: 169)


DEM.DIST-CN ser.grande.SUB-M tortuga-CN.2D.redondo
‘aquella tortuga grande’

(98) :-h mh-h k:m-h (MIR-Seifart 2005: 169)


DEM.DIST-CN ser.grande.SUB-CN tortuga-CN.2D.redondo
‘aquella tortuga grande’

Algunas cualidades en BAU son expresadas por medio de verbos. En estos casos, el

clítico afijado al verbo indicará a que género pertenece el sustantivo.

(99) ro=topoko-wo te hikoč (BAU-Danielsen 2007: 103)


3SG.M=estar.sucio-COP DEM.PRE.M cuchillo
‘el cuchillo está sucio’

Ciertos adjetivos son formas ligadas que requieren de la sufijación de una marca de

clase, tanto para entidades animadas como inanimadas:

(100) p-a-š ka’an moser-a-no (BAU-Danielsen 2007: 105)


uno-CN.animal-uno animal rojo-CN.animal-NOM
‘un animal rojo’

(101) ti’-i-wo to yandroe’ (BAU-Danielsen 2007: 197)


pequeño-CN.frutas.y.pájaros.COP ART(M) ñandú
‘el ñandú (era) pequeño’
182

(102) kwe’ him čo-po-ča95 (BAU-Danielsen 2007: 139)


existir pez grande-CN.diminuto-AUM
‘hay un pez muy grande’

(103) pero-pi-no teč it (BAU-Danielsen 2007: 455)


largo-CN.largo.y.fino-NMZ DEM.PRX.M anguila
‘la anguila (era) larga’

(104) ti-’iki te kastarok a te č-iki (BAU-Danielsen 2007: 213)


pequeño-CN.red DEM.PRE.M canasta y DEM.PRE.M grande-CN.red
‘esta canasta (es) pequeña y esta grande’

Otros adjetivos son formas absolutas que no cambian a través de las concordancias:

(105) a. monik ti eton (BAU-Danielsen 2007: 206)


bonito DEM.PRE.F mujer
‘la mujer (es) bonita’

b. monik piti’, čapak (BAU-Danielsen 2007: 334)


bonito 2SG araña
‘sos bonita, araña’

c. monik te pi=ser ti-š-či-nev (BAU-Danielsen 2007: 132)


bonito DEM.PRE.M 2SG=diente pequeño-CN.palito-DIM-PL
‘tus dientes pequeños y finos son bonitos’

3.6. Posesión

Con respecto a la posesión, en la lengua PIA la construcción posesiva con poseedor

animado se codifica mediante la yuxtaposición del poseedor y el poseído, el primero

opcionalmente prefijado al segundo, exhibiendo concordancia con el poseedor en persona,

número y, en el caso de la 3º de singular, género:

95
El mismo proceso de gramaticalización parece haber oscurecido la motivación semántica de ciertas marcas
de clase, como sucede con el afijo –po ‘diminuto’ que, además de identificar insectos, materiales polvorosos
y cosas muy pequeñas, se utiliza con los peces, dando lugar a construcciones aparentemente contradictorias
como la de este ejemplo.
183

(106) a. č-ukurodæ (PIA-Krute 1988: 85) b. rari '-ukurodæ (PIA-Krute 1988: 218)
1SG-machete Larry 3SG.M-machete
‘mi machete’ ‘machete de Larry’

(107) a. kh-uri-yu b. ’-iæ-tha (PIA-Krute 1988: 82)


3SG.F-olla-CN.recipiente 3SG.M-campo-CN.jardín
‘su (de ella) olla’ ‘su (de él) campo cultivado’

Esta estructura constituye un tipo de posesión directa; también existe otro tipo de

posesión, una indirecta, que involucra una perífrasis con el posesivo prefijado a un

reducido conjunto de morfemas: -æehi ‘mascota, criado’, -ukwæ ‘comestible’, -'ære ‘cosa’,

-'oñæ ‘cadáver’, que dan lugar a una subdivisión de los sustantivos poseídos en diferentes

categorías. Tales morfemas (que no forman parte del conjunto de marcas de clase nominal)

resultan semejantes a los clasificadores posesivos:

(108) a. č-æehi tæ'u b. č-ukwæ tæ'u (PIA-Krute 1988:88)


1SG-CP.mascota nutria 1SG-CP.comestible nutria
‘mi nutria mascota’ ‘mi carne de nutria’

c. č-ukwæ pæruru (PIA-Krute 1988:91) d. č-'ære pote-ba (PIA-Krute 1988:88)


1SG-CP.comestible banana 1SG-CP.cosa pote-CN.esfera.hueca
‘mi banana’ ‘mi pote’

Por otro lado, en el caso de poseedor de 3º persona singular, el prefijo podrá

presentar las formas de masculino (’-) o femenino (kh-).

La estructura posesiva directa o indirecta se relaciona con la semántica de los

sustantivos poseídos, en la que entra en consideración la distinción entre sustantivos de

posesión inalienable y alienable. Tradicionalmente se consideran dentro del primer grupo

los que remiten a partes del cuerpo y los términos de parentesco, dado que son los que
184

presentan un grado más alto de inherencia.96 En PIA, los sustantivos de posesión inalienable

presentan en carácter de obligatoria la estructura posesiva directa:

(109) k-u (PIA-Krute 1988: 84)


2SG-cabeza
‘tu cabeza’

(110)a. '-u b. kh-u (PIA-Krute 1988: 84)


3SG.M-cabeza 3SG.F-cabeza
‘cabeza de él’ ‘cabeza de ella’

(111) a. č-ihæwa b. č-hori (PIA-Krute 1988: 101)


1SG-hermano.menor 1SG-nuera
‘mi hermano menor’ ‘mi nuera’

También se consideran altamente inherentes ‘nombre’, ‘palabra’, ‘enemigo’,

‘amigo’, ‘sombra’, ‘tierra’ y ‘espíritu/pensamiento’.97

Los sustantivos con posesión alienable que remiten a objetos, sean naturales o

hechos por el hombre) presentan opcionalmente la estructura directa:

(112) a. phapha (PIA-Krute 1988: 99) b. '-æpha (PIA-Krute 1988: 84)


paquete 3SG.M-paquete
‘paquete’ ‘paquete de él

(113) a. ihta-wiyæ (PIA-Krute 1988: 100) b. kh-hta-wiyæ (PIA-Krute 1988: 85)


territorio-PL 3SG.F-territorio-PL
‘territorios’ ‘territorios de ella’

96
Seiler (2001: 39) advierte que, más que entender la alienabilidad como ‘separabilidad’, es mejor
considerarla en términos de inherencia: si la relación está inherentemente dada (‘padre’ necesariamente es ‘el
padre de alguien’, según su ejemplo). En tal caso, y a pesar de que “it appears that differences between
languages as to which categories they treat as inalienable may not be reconciled in terms of a universal
hierarchy” (Chappel y McGregor 1996: 8), los términos de parentesco y las partes del cuerpo han demostrado
ser las clases semánticas que presentan mayor grado de inherencia dentro de la relación posesiva a través de
numerosas lenguas.
97
Ciertos vínculos se consideran alienables (y por tanto pueden o no recibir el prefijo de persona en posesión
directa): rua ‘jefe’, reno ‘huérfano’.
185

Por otra parte, la posesión indirecta o perifrástica afecta principalmente a los

sustantivos que refieren a animales, ciertas plantas comestibles, a través de los

clasificadores posesivos (ej. 108).

En cualquiera de los dos casos, el rasgo de masculino o femenino aparecerá

marcado solo en el caso de poseedor de 3º persona singular. La entidad poseída, por su

parte, puede recibir marcas de clase –si se trata de un inanimado (ej. 107a-b)– o de género,

si es animado (ejs. 22 y 23).

En PIA no es posible utilizar la misma estructura de poseedor animado (posesión

directa/indirecta) para expresar la relación con “poseedor” inanimado (como sería en

español ‘la pata de la mesa’): esta relación se codifica por medio de la yuxtaposición de

ambos nominales (“poseedor”-“poseído”):

(114)a. mesa-(i)soka (PIA-Krute 1988: 82)


mesa-palo
‘pata de la mesa’

b. whoæ-ido-k’i (PIA-Krute 1988: 75)


rallador-diente-CN.puntiagudo
‘dientes del rallador’

La posesión en TAT presenta también una distinción entre sustantivos alienables e

inalienables; estos últimos refieren a entidades que deben ser interpretadas en relación con

otra entidad, y que semánticamente remiten a partes de un cuerpo animado (humanos,

animales) o inanimado (vegetal, objeto), así como relaciones sociales (términos de

parentesco, ‘jefe’, ‘amigo’, etc.) y espaciales. Esta dependencia semántica tiene su

correlato sintáctico: los inalienables necesariamente prefijan un sustantivo o determinante

que codifica al poseedor de la relación:


186

(115) b iyo-pak-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 209)


Miño-progenitor-F
‘la madre de Miño’

(116) yai-rpo-a (TAT-Gómez-Imbert 1986: 245)


jaguar-cabeza-CN.redondeado
‘la cabeza del jaguar’

(117) ka- robi-o pii (TAT-Gómez-Imbert 1986: 245)


STAB-mujer-F canasta
‘la canasta de la mujer’

Los ejemplos anteriores muestran que el poseído marca el género cuando se trata de

una entidad animada, y puede (116) o no (117) indicar la clase nominal cuando el poseído

es inanimado.

En los casos en que el prefijo es un demostrativo o un pronombre98 de 3º persona

singular, queda de manifiesto el género del poseedor:

(118)a. adi-pak-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 245)


DEM.PRX.M-progenitor-F
‘la madre de este’

b. k’-pak-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 245)


3SG.M-progenitor-F
‘su (de él) madre’

98

Prefijos personales TAT (Gómez-Imbert 1986: 224)


1SG y-
2SG b-
3SG.M k’-
3SG.F ko’-
3SG.INAN to- ~ ka-
1PL.EXCL ha-
1PL.INCL badi-
2PL b+ haa (2SG+sociativo)
3PL da’-
187

(119) a. adi-rpo-a (TAT-Gómez-Imbert 1986: 240)


DEM.PRX.M-cabeza-CN-rendondeado
‘la cabeza de este’

b. k’-rpo-a (TAT-Gómez-Imbert 1986: 240)


3SG.M-cabeza-CN.redondeado
‘su (de él) cabeza’

(120) a. ko’-pii (TAT-Gómez-Imbert 1986: 240)


3SG.F-canasta
‘su (de ella) canasta’

b. k’-wehe (TAT-Gómez-Imbert 1986: 326)


3SG.M-huerta
‘su huerta’

El poseído, por su parte, también puede presentar una marca explícita de género

(que, como se ha dicho, es obligatoria en los términos referidos a humanos, y aparece en

animales femeninos):

(121) ko’- b ak-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 66)


3SG.F-hijo-F
‘su (de ella) hija’

(122) a. k’-yai-o b. ko’- bidi (TAT-Gómez-Imbert 1986: 252)


3SG.M-perro-F 3SG.F-pájaro
‘su (de él) perra’ ‘su (de ella) pájaro’

Estos últimos ejemplos muestran que la lengua TAT codifica la posesión de una

mascota mediante una estructura directa (poseedor-poseído), a diferencia de lo que se ha

visto con respecto a la lengua PIA (ej. 108a).

El TAT utiliza la misma estructura en el caso de un “poseedor” (por extensión

metafórica) inanimado:
188

(123)a. h oko-ro-  ke-a99 (TAT-Gómez-Imbert 1986: 211)


rallador-CN.cóncavo-nariz-SGTV
‘punta del rallador’

b. h oko-ro-opi (TAT-Gómez-Imbert 1986: 211)


rallador-CN.cóncavo-dientes
‘dientes del rallador’

El MIR cuenta con un conjunto de pronombres posesivos que pueden afijar una

marca de clase en concordancia con la entidad poseída. Existen cuatro formas100 y ninguna

de ellas indica género ni clase; las entidades poseídas, por su parte, aparecen también sin

marca, tanto las animadas como las inanimadas:

(124) a. táj-nad  (MIR-Seifart 2005: 64) b. táj-:bá (MIR-Seifart 2005: 46)


POS1SG-hermana POS1SG-pez, sp.
‘mi hermana’ ‘mi pez, sp.’

c. táj-p:ká (MIR-Seifart 2005: 46)


POS1SG-yuca
‘mi yuca’

(125) dí-m:n (MIR-Seifart 2005: 37)


POS2SG-canoa
‘tu canoa’

(126) a. í:-tá:d  (MIR-Seifart 2005: 68) b. í-óhts (MIR-Seifart 2005: 272)


POS3SG-abuela POS3SG-mano
‘su abuela’ ‘su mano’

99
Se considera que las fosas nasales, al igual que los dientes, constituyen un conjunto, por lo que para indicar
uno solo se debe sufijar un singulativo.
100

Pronombres personales monosilábicos MIR (Seifart 2005: 52)


prefijo de poseedor
singular 1º taj-
2º di-
no singular 1º m-
2º (expresado por pron. polisilábicos)
cualquier número 3º i-
189

En otros casos, la entidad poseída (inanimada) presenta una marca de clase

específica:

(127) a. í-do:tó- (MIR-Seifart 2005: 291) b. í-kapáj- (MIR-Seifart 2005: 264)


POS3-calabaza-CN.3D.redondo POS3-bolsa-CN.3D.redondo
‘su calabaza’ ‘su bolsa’

La lengua BAU distingue entre sustantivos obligatoriamente poseídos

(‘inalienables’), opcionalmente poseídos (‘alienables’) y sustantivos no poseíbles. Los

primeros, que codifican términos de parentesco, partes del cuerpo y partes con respecto a

un todo, prefijan el poseedor: un clítico de persona (que en la 3SG diferencia masculino ro-

de femenino ri-) o un poseedor no especificado (e-):

(128) a. ro=eyon b. ri=avinon (BAU-Danielsen 2007: 194)


3SG.M=esposa 3SG.F=esposo
‘su (de él) esposa’ ‘su (de ella) esposo’

c. ri=kis d. ro=kis (BAU-Danielsen 2007: 119)


3SG.F=ojo 3SG.M=ojo
‘su ojo (de ella)’ ‘su ojo (de él)’

e. e-ser (BAU-Danielsen 2007: 120)


no.especif-diente
‘un diente’

Los alienables son sustantivos libres que pueden o no presentar un poseedor, y que

constituyen el conjunto nominal mayoritario:

(129) a. hačkis b. ni= hačkis (BAU-Danielsen 2007: 123)


anteojos 1SG=anteojos
‘anteojos’ ‘mis anteojos’

Algunos sustantivos presentan formas supletivas poseído/no poseído:


190

(130) a. pari (BAU-Danielsen 2007: 122) b. ro=wer (BAU-Danielsen 2007: 204)


casa 3SG.M=casa
‘casa’ ‘su casa (de él)’

Finalmente, los sustantivos no poseíbles remiten a los cuerpos celestes (ses ‘sol’) y

a animales (kove’ ‘perro’). A pesar de que los animales constituyen entidades no poseíbles,

existe un sustantivo inalienable, -per ‘animal domesticado’, con el que se puede formar

una construcción que exprese la posesión de cierto animal:

(131)a. ni=per kove’ (BAU-Danielsen 2007: 370)


1SG=ANIM.DOM perro
‘mi perro’

b. ni=per simori (BAU-Danielsen 2007: 124)


1SG=ANIM.DOM cerdo
‘mi cerdo’

4. Marcación formal de género y de clase

Tal como se dijo en la INTRODUCCIÓN, una de las características definitorias de las

clases nominales, y de los sistemas de género en tanto un subtipo de aquellas, es la

cuestión de la concordancia, que permite reconocer si un sustantivo es masculino,

femenino (o neutro, en el caso de que existiera) aunque no exista una marca explícita de

género en el propio núcleo nominal, a partir de las formas que adoptan sus modificadores.

Hemos visto, en el apartado anterior, cuáles son las clases sintácticas en las que las

distintas lenguas analizadas manifiestan la concordancia; ahora nos focalizaremos en la

posibilidad de que los propios sustantivos marquen el género o la clase a la que pertenecen.

Casi la totalidad de los sustantivos con referente inanimado de la lengua PIA marcan

la clase nominal a la que pertenecen; incluso los préstamos y las creaciones léxicas a partir

de nominales, que se asignan a una de las clases existentes en la lengua de acuerdo con

alguna característica perceptible del referente (Krute 1988: 121). Se exceptúa de esta regla
191

un pequeño conjunto de sustantivos (dau ‘árbol’, ahe ‘río’, deæ ‘carne (para comer)’, mi

‘leña’), cuya pertenencia a cierta clase se puede identificar a partir de las concordancias en

otros elementos de la frase:

(132) ti-i-re dau (PIA-Krute 1988: 137)


dos-CN.árbol-dos árbol
‘dos árboles’

Entre los sustantivos con referente animado, los humanos y mamíferos superiores

marcan explícitamente el femenino (-hu) para distinguirlo del masculino no marcado (ver

ejs. 13, 22 y 23).

Hay ciertos nominales que no reciben marca en sí mismos ni generan patrones

regulares de concordancia; semánticamente remiten a entidades animadas y grupos, ciertos

roles sociales, enfermedades, y algunos fenómenos naturales o relativos al tiempo: morõ

‘día’, yodo ‘noche’, yodok'æwã ‘luna’.

La falta de una marca de clase en los sustantivos del TAT con referentes inanimados

da lugar a una interpretación genérica de dichos nominales. A fin de singularizarlos y

especificarlos semánticamente, se recurre a diversos sufijos indicadores de clase.

Con respecto a los animados, existe una diferencia entre la marcación de animales y

humanos: en los primeros, el masculino aparece como no marcado, frente al femenino que

sufija –(k)o:

(133) a. yai b. yai-o (TAT-Gómez-Imbert 1986: 169)


jaguar jaguar-F
‘jaguar’ jaguar hembra’

Por otro lado, los sustantivos con referente humano marcan explícitamente tanto el

masculino:-(k) como el femenino: -(k)o. Ya se ha mencionado que todos los sustantivos


192

que denotan seres humanos exhiben marcas de género en el singular, excepto los términos

que refieren a ‘bebé’ y ‘shamán’.

En BAU el género no aparece formalmente marcado en el propio sustantivo, sino

que se identifica a través de las concordancias que este establece con otros elementos de la

frase. Algunas marcas de clase, sin embargo, pueden sufijarse a los sustantivos: hawpa

‘jabón’, hanapa ‘tabla de madera’ (-pa ‘CN.plano.y.redondo’); kaharopi ‘hilo’, arampipi

‘alambre’ (-pi ‘CN.largo.y.fino’).

5. Síntesis

A lo largo de este capítulo se han podido ver las semejanzas y diferencias que presentan las

lenguas PIA, TAT, MIR y BAU en sus maneras de categorizar los sustantivos. Es interesante

resaltar el importante papel que juega la animacidad en la organización de los sistemas de

género y de clases nominales, al asignar generalmente las entidades animadas a los géneros

masculino/femenino y las inanimadas a alguna de las numerosas clases nominales. Si bien

este patrón se cumple rigurosamente en el PIA y en TAT, los ejemplos presentados

demuestran que esta distribución no es tan estricta en el MIR y el BAU, por lo que resulta

pertinente ahondar un poco más en estos dos casos.

La lengua MIR, si bien adscribe los sustantivos a una clase o género sin que exista

posibilidad de variación, ha demostrado ser más flexible en lo que respecta a los patrones

de concordancia. Ciertos sustantivos que denotan animales, cuya marca correspondería a

una clase nominal, pueden dar lugar a concordancias de género (ejs. 57 y 97); asimismo,

un inanimado con una marca de clase específica puede generar también concordancias en

una clase general inanimada (ejs. 58 y 59). La distinción previamente realizada entre

sustantivos no clasificados, los clasificados opcionalmente, los obligatoriamente

clasificados y los repetidores es pertinente a la hora de considerar los patrones de


193

concordancia de los sistemas de categorización nominal, dado que cada tipo presenta

particularidades propias. La concordancia de todo sustantivo puede darse con las marcas de

clase general (masculino, femenino e inanimado); los sustantivos con marca de clase específica

suman la posibilidad de concordar con respecto a esta. Los nominales que funcionan como

repetidores pueden exhibir concordancia según la clase general o según el repetidor.

La lengua BAU, por su parte, presenta una superposición entre el sistema de género y el

de clases nominales, que da lugar a una doble categorización de los sustantivos. Como ya se ha

dicho, el sistema de género es parcialmente motivado (los humanos y unos pocos animales de

sexo femenino pertenecen al género femenino, mientras que los demás animados y la totalidad

de los inanimados pertenecen al masculino), mientras que el sistema de clases nominales

provee información acerca del tamaño, función, forma y animacidad de las entidades

categorizadas. Dado que rara vez se encuentran marcados en el propio sustantivo, género y

clase se conocen por medio de la concordancia: el género de un sustantivo se manifiesta en las

concordancias de 3º persona singular con los clíticos correferenciales, los demostrativos y los

pronombres personales y posesivos, mientras que la clase nominal se hace explícita a través de

las concordancias con cuantificadores, numerales y adjetivos.

De esta manera, al igual que en el género, la clase nominal a la que pertenece un

sustantivo también se reconoce por medio de las concordancias que entabla con numerales

y adjetivos. Pero, a diferencia de aquel, que solo en parte es semánticamente pertinente (en

el caso de los referentes animados femeninos), la clase nominal de un sustantivo brinda

suficiente información (acerca de determinadas propiedades que se atribuyen al referente, o

que realmente este posee) como para evitar su mención explícita: en la gran mayoría de los

ejemplos recogidos por Danielsen (2007), la presencia del afijo de clase en un numeral o

un adjetivo es suficiente para la identificación y el seguimiento de la referencia, con

absoluta certeza en el caso de los repetidores:


194

(134)a. moro-wok (BAU-Danielsen 2007: 159)


seco-CN.árbol
‘[árbol] seco’

b. kotipo-sero-no (BAU-Danielsen 2007: 162)


blanco-CN.diente-NMZ101
‘[diente] blanco’

Esa es la razón por la cual son escasos los ejemplos en los que aparecen

conjuntamente el afijo de clase nominal y el sustantivo; los ejs. (1), (81) y (100) son de

hecho considerados construcciones redundantes o enfáticas por los hablantes nativos.

El siguiente cuadro intenta integrar lo expuesto a lo largo de este análisis comparativo:

PIA TAT MIR BAU

tres géneros
– – + –
(m/f/n)
motivado en sexo:
+ + + +
humano
motivado en sexo:
animado no (+) (+) (+) (+)
humano
género para
– – – +
inanimados
Asigna- motivación
ción semántica de las (+) (+) (+) (+)
clases
variabilidad en la
asignación de – – – –
clase
clases nominales
para animados no –1 – + (+)
humanos
clases nominales
–1 – – (+)
para humanos

101
Ciertos adjetivos (entre ellos los que indican los colores) requieren de un sufijo nominalizador que se
pospone al clasificador.
195

PIA TAT MIR BAU

pronombres
+ + + +
(3º)
artículos n/a2 n/a n/a (M)
demostrativos M/F (anim) - 3
M/F (anim)- M/F/CN.ESP (anim) - M/F (anim)- M
CN.ESP/ INAN
CN (inan) CN.ESP/INAN (inan) (inan)
(inan)
numerales CN.HUMANO/
4 4 3
M/F (anim) - M/F (anim) - M/F/CN.ESP (anim) - ANIMAL/ESP
Concor- CN (inan) CN (inan) CN.ESP/INAN (inan) (anim)-
dancia CN.ESP (inan)
adjetivos CN.HUMANO/
3
M:Ø/F (anim) M/F (anim) - M/F/CN.ESP (anim) - ANIMAL/ESP

- CN (inan) CN (inan) CN.ESP/INAN (inan) (anim)-


CN.ESP (inan)
poseedor Ø (anim)-
M/F (anim) M/F (anim) M/F (anim)
INAN (inan)
poseído M:Ø/F (anim) M/F (anim) - Ø (anim) -

- CN (inan) CN (inan) CN.ESP (inan)

género
obligatoriamente (+) (+) – –
marcado
Marca-
marcado sólo el
ción en + – + –
femenino
el sust.
clase
obligatoriamente – – (+) –
marcada

1
Excepcionalmente, y con sentido peyorativo, se puede agregar una marca de clase propia
de inanimados a entidades animadas:
i) æwiri-č'e pide ii) isahu-č'e ra-hu (PIA-Krute 1988: 155)
perro-CN.pelo DEM.PRX.M mujer-CN.pelo grande-F
‘este perro peludo’ ‘mujer grande y peluda’

2
No aplicable.
3
Para animados no humanos.
4
Solo para la unidad.
196
197

CAPÍTULO 4

Sistemas de género y clasificadores

1. Introducción

Las lenguas presentadas hasta ahora compartían la característica de poseer sistemas

de clasificación nominal basados en la concordancia. Tanto fueran lenguas con género o

con género y clases nominales, la categoría de los sustantivos se conocía (a veces

solamente) por medio de su reflejo en otros elementos de la frase.

En este capítulo, sin embargo, se podrán encontrar, junto con los de género, otros

sistemas que tipológicamente se encuentran más cercanos a los de clasificadores, ya que

presentan un elevado número de categorías que aluden principalmente a características

percibidas o atribuidas a los referentes de los sustantivos a los que acompañan.

Las tres lenguas aquí comparadas son:

- El matsigenka (MAT), lengua perteneciente al grupo campa de la rama meridional

del complejo y vasto tronco Arawak (Fabre 2005). Otros investigadores, como Mary Ruth

Wise (1986), consideran que el grupo campa, junto con el grupo purú y la lengua amuesha,

conforman el arawak preandino. El pueblo matsiguenka, perteneciente a la Amazonía

Peruana, se localiza en la zona oriental del departamento Junín. Siguiendo a Fabre (2005),

el matsigenka contaba con casi 9.000 hablantes al año 1996. Los datos provienen de Snell

(1976, 1978, 1998); Shepard (1997) y Carlson (1985).

- El achagua (ACH) también pertenece al tronco Arawak, concretamente al grupo

central de la rama meridional; dentro de dicho grupo, el ACH comparte el subgrupo piapoco

con la lengua del mismo nombre y el tariano (Fabre 2005). La comunidad achagua se

encuentra localizada en el departamento de Meta (Colombia) y cuenta con


198

aproximadamente 250 personas (muchas de ellas provenientes de otro grupo étnico, el

piapoco). La lengua utilizada en la comunicación intragrupal es el ACH; el español se

emplea en las interacciones con personas ajenas al grupo, aunque también está presente en

las conversaciones familiares. El análisis se sustenta en datos tomados de Meléndez

Lozano (1989, 1993, 1998, 2000) y Wilson y Levinsohn (1992).

- El mamaindê (MAM), que forma parte –junto con el negarotê, el tawendê, el

latundê, el lakondê, el tawandê y el sowaintê (Telles y Wetzels 2011)– de la rama norte de

la familia Nambikwara. Sus hablantes se ubican en cuatro comunidades (Capitão Pedro,

Cabixi, Tucumã y Campo do Meio) de la región noroeste de Mato Grosso (Brasil), en

cercanías con el límite estatal con Rondônia y de la frontera con Bolivia. Cuenta con

alrededor de 200 hablantes, y su descripción más completa corresponde a Eberhard (2009),

de cuya obra se han extraído los datos que aquí se presentan.

Dos de las lenguas aquí seleccionadas, el MAT y el ACH, poseen sistemas de género

y de clasificadores numerales para la organización de los sustantivos; el MAM, por su parte,

cuenta con género y clasificadores nominales. Procederemos a continuación a cotejar los

datos de estas lenguas, a fin de destacar las semejanzas y diferencias que presentan en la

organización y la articulación de tales sistemas de categorización.

2. Criterios de asignación en los sistemas de categorización

Los criterios que fundamentan la organización del género en el MAT son la

animacidad y el género natural. Si bien existe una primera división entre entidades

animadas e inanimadas, la oposición masculino/femenino no se restringe a los humanos

sino que se extiende a animales e inanimados (si bien solamente en los humanos existe una

correlación entre género natural y género gramatical). Las marcas de género y animacidad

generalmente no se manifiestan en los sustantivos, y el género es una propiedad inherente


199

de estos. Las marcas de clasificación, por su parte, no afectan a todos los sustantivos, sino

que se limitan a los inanimados y a algunos animales. Esta marca suele ser constante, es

decir, distintos hablantes en diferentes ocasiones utilizan solamente un clasificador para

referirse a determinado objeto. Solo unos pocos objetos resultan ambiguos y pueden tomar

más de un clasificador (por ejemplo, una calabaza llena de cerveza de mandioca puede

clasificarse con –tsota ‘calabaza’ o con –koa ‘recipiente lleno de líquido’).

En ACH, los géneros masculino y femenino se extienden tanto en los nominales

animados como en los inanimados. La pertinencia del rasgo de sexo es clara tan solo en el

caso de los humanos. Los clasificadores (que ya no constituyen un elemento productivo de

la lengua) pueden aplicarse a humanos, animales o elementos inanimados.

El MAM cuenta con un sistema de género donde el masculino es el no marcado y

cuyo dominio es el de las entidades animadas. La asignación es motivada en el caso de los

humanos, mientras que en los animales los criterios de asignación de género no se limitan

al sexo, sino que entran otros rasgos en consideración. Los clasificadores nominales

presentan algunas formas para los animados, que pueden coexistir con la marca de género,

y varias otras para entidades no animadas, que aluden a los criterios de forma, textura,

consistencia, función, tiempo y espacio, entre otros.

Procederemos ahora a detallar algunos aspectos de la asignación de los sustantivos

a los géneros y clasificadores.

2.1. Motivación en la asignación de género

La lengua MAT organiza los sustantivos según los criterios de animacidad y sexo;

en este sentido, se puede considerar que las clases nominales en que se distribuyen los
200

sustantivos constituyen un sistema de género de dos categorías, masculino y femenino.102

Generalmente, los sustantivos no exhiben una marca morfológica explícita que indique su

género, sino que este se identifica por medio de las concordancias.

El masculino agrupa los sustantivos que denotan humanos de sexo masculino, la

mayor parte de los animales, los cuerpos celestes y los fenómenos naturales, que se

consideran animados, y unos pocos inanimados. Pertenecen al género femenino los que

denotan humanos de sexo femenino; asimismo, unos pocos animales y ciertos inanimados

se consideran también de este género.

Semánticamente, existe una relación entre los criterios de sexo y animacidad. Snell

(1998: 28) indica que casi todos los sustantivos masculinos son animados, mientras que la

mayoría de los sustantivos femeninos son inanimados. Esto condujo a ciertos

investigadores a unificar ambos criterios semánticos en su consideración de las marcas

morfológicas:

Marcas verbales de género MAT (Shepard 1997: 35)


prefijo de sujeto sufijo de objeto
femenino/
o- -ro
inanimado
masculino/
i- -ri
animado

El hecho de que la mayor motivación semántica se encuentre en el género

masculino explica que algunos autores hayan preferido hablar de masculino/no-masculino.

Con respecto al ACH, es interesante notar que el análisis de Meléndez Lozano

(1989, 2000) no ofrece información acerca de los criterios de asignación de género

102
Algunos investigadores prefieren denominarlo “no-masculino”, ya que el criterio de sexo es pertinente
solo en el caso de los humanos; pero, a fin de mantener una coherencia terminológica, se utilizará
“femenino”.
201

gramatical. A partir de los ejemplos, sin embargo, se ha podido ver que las entidades

humanas aparentan responder al rasgo de género natural. La asignación de sustantivos con

referente inanimado parece ser menos transparente. Las marcas de género –excepto unos

pocos casos– tampoco aparecen explícitas en el propio nombre, por lo que la adscripción

de un sustantivo a determinado género se conoce por medio de las concordancias que

genera.

En MAM, los sustantivos se consideran de género masculino, a menos que se los

marque explícitamente con un afijo que indique su carácter femenino. En el caso de los

seres humanos, esta marcación gramatical se vincula con el género natural. No sucede lo

mismo con los animados no humanos, en los que la marca de femenino puede indicar su

gran tamaño o su ferocidad, y aparecer incluso en sustantivos con referentes masculinos.

2.1.1. Inanimados

En MAT, la gran mayoría de los sustantivos que remiten a entidades inanimadas

pertenecen al género femenino: kantiri ‘canasta’, -panko ‘casa’, inchato ‘árbol’. Los pocos

ejemplos de objetos masculinos (koriri ‘dinero’, oviriotsa ‘hilo’, kapi ‘caucho’, kitsapi

‘aguja, alfiler’, suntoratsa ‘correa, cinturón’) parecen corresponder principalmente a

elementos introducidos en la cultura indígena.

En ACH –si bien no se han podido encontrar comentarios explícitos acerca de los

criterios que operan en la asignación de género de sustantivos en estos casos– los

sustantivos con referente inanimado pueden ser femeninos o masculinos, aunque de

acuerdo con los datos relevados predomina este último: huna(F) ‘canoa’, karahi(F) ‘olla’,

beri ‘casabe(M)’, aikuba(M) ’árbol’, irikai(M) ‘sebucán’, a:maka(M) ‘hamaca’, kurupa(M)

‘anzuelo’, weri(M) ‘casa’.


202

Dado que el MAM no marca el masculino, y el femenino solo aparece en

sustantivos con referente animado, podría interpretarse o bien que los sustantivos

inanimados pertenecen al masculino -en tanto categoría no marcada– o que (más

probablemente) los inanimados no se organizan según género sino de acuerdo con el

sistema de clasificadores nominales (ver 2.2).

2.1.2. Cuerpos celestes

Tal como sucede en varias lenguas ya vistas, tanto kashiri ‘luna’ como poriatsiri

‘sol’ se consideran entidades animadas y pertenecen al género masculino. Esto se justifica

en la mitología matsigenka, donde ambos eran dos poderosas figuras masculinas, el

primero padre del segundo (Johnson 2003: 119ss.). También los fenómenos naturales son

considerados masculinos/ animados: imporiko ‘estrella/planeta’, kareti ‘trueno/relámpago’

y yoge ‘arco iris’.

Los términos del ACH para los cuerpos celestes son keri ‘luna’, kaiwia ‘sol’, sali

‘estrella’.

Los textos consultados no proveen información acerca del género al cual pertenecen; sin

embargo, algunos ejemplos permiten reconocer al sol y a la luna como entidades de género

masculino (aunque ‘luna’ también presenta un clasificador numeral):

(1) kaiwia li-hia-u kairi-ku-ehi (ACH-Meléndez Lozano 1998: 98)


sol 3SG.M-salir-MED abajo-INE-ABL
‘el sol(M) sale por el oriente (lit. ‘el sol sale de adentro de abajo’

(2) li-ara ba-kua keri (ACH-Meléndez Lozano 1998: 98)


3SG.M-DEM.INT uno-CL.oblongo luna
‘esa próxima luna(M)’

Tampoco se cuenta con mucha información acerca de los cuerpos celestes en MAM;

sin embargo, en el corpus de Eberhard (2009) aparecen los términos ‘sol’ y ‘luna’; la
203

segunda cuenta con una marca, pero no de género sino de un clasificador que alude a la

forma; esto podría indicar que no son percibidos como entidades animadas:

(3) suni-ani (MAM-Eberhard 2009: 261)


sol-SN103
‘sol’

(4) en-kanĩn (MAM-Eberhard 2009: 420)


luna-CL.redondo
‘luna’

Los fenómenos de la naturaleza también se organizan según el sistema de

clasificadores; así, ‘trueno’ y ‘viento’ reciben el clasificador para ‘elementos que fluyen

(líquido, gas, sonido, aire):

(5) kalolo-sa-tu (MAM-Eberhard 2009: 333)


trueno-CL.fluyente-SN
‘trueno’

(6) ik-sa-tu (MAM-Eberhard 2009: 333)


soplar-CL.fluyente-SN
‘viento’

2.1.3. Animados no humanos

Casi todos los animales pertenecen al género masculino en MAT. Esto incluye a los

mamíferos, tanto grandes como pequeños (maniti ‘jaguar’, otsiti ‘perro’, kapeši ‘coatí’,

etini ‘armadillo’, šaroni ‘agutí’), las aves (chakami ‘trompetero’, tsamiri ‘paujil’, chompari

‘garza blanca’; areani ‘pavo’; kentsori ‘perdiz’), los peces (korio ‘bagre’, komagiri

103
Los sufijos nominales (SN) aparecen al final de muchos elementos léxicos para indicar que son
sustantivos. Su función parece ser únicamente la de marcar nominales –Eberhard (2009: 347-348) descarta
varias posibilidades: no indican definición, ni la continuidad de un nominal en el discurso, ni son marcas de
tema/rema, ni de tópico (aunque pueden haber sido alguna de esas cosas en estadios previos de la lengua–.
Los SN presentan dos formas: -ani (que puede aparecer también como –a) y –tu. En el caso de sustantivos
aislados, la forma sufijada es –tu. En el discurso, se prefieren la forma acortada –a, la forma –tu o la omisión
de la marca. La forma -ani se utiliza principalmente con numerales, pronombres y el demostrativo.
204

‘paco’), los insectos (kairo ‘comején’, šikiri ‘mosca’, sani ‘avispa’). También es de género

masculino maranke ‘culebra’.

Los animales de género femenino son muy escasos, y pertenecen generalmente al

grupo de los reptiles (saniri ‘lagarto’, sagoro ‘lagartija’, kempanaro ‘iguana’) y batracios

(tonoanto ‘rana’, masero ‘sapo’). Otros animales considerados de género femenino son eto

‘araña’, pesori ‘delfín’ y maniro ‘venado’. No se han podido encontrar menciones o

ejemplos de asignación motivada de género; cada especie animal tiene su género inherente,

que es el que rige las concordancias:

(7) y-atsikake-na otsiti (MAT-Snell 1998: 28)


3SG.M.SUJ-morder-1SG.OBJ
‘el perro(M) me mordió’

(8) o-poka-k-e masero (MAT-Snell 1976: 3)


3SG.F-venir-SIM-NO.RFLX sapo
‘el sapo(F) vino’

(9) i-gyitsokyi-ta-k-e (ataba) (MAT-Snell 1976: 3)


3SG.M-huevo-poner-SIM-NO.RFLX (gallina)
‘él (la gallina) está poniendo un huevo’

Esta asignación no motivada explica que, en el ejemplo anterior, se considere de

género masculino a un animal evidentemente de sexo femenino.

En ACH, algunos de los sustantivos que designan animados no humanos pueden

manifestar formalmente el género en sí mismos:

(10)a. kueše-ri b. kueše-to (ACH-Meléndez Lozano 1998: 53)


animal-M animal-F
‘animal masculino’ ‘animal femenino’

Por otro lado, las especies animales parecen tener un género inherente,

determinable a través de la concordancia:


205

(11) li-ara misidu (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 61)


DEM.INT.M pájaro
‘ese pájaro’

Sin embargo, ciertos ejemplos –que aluden a animales superiores– muestran que

tales sustantivos pueden adoptar concordancias de género según el sexo de los referentes, o

bien determinarlo mediante procedimientos léxicos:

(12)a. auli katahula-i (ACH-Meléndez Lozano 1989: 21)


perro negro-M
‘el perro negro’

b. auli baline-to (ACH-Meléndez Lozano 1989: 21)


perro enfermar-F
‘la perra (está) enferma’

(13)a. auli mereki-i104 (ACH-Meléndez Lozano 1998: 74)


perro amarillo-M
‘el perro amarillo’

b. auli ineto mereki-u (ACH-Meléndez Lozano 1998: 74)


perro hembra amarillo-F
‘la perra amarilla’

En MAM, como ya se ha dicho, la marca morfológica corresponde solo al femenino.

Pero el afijo de femenino puede tener varios significados. El más transparente es que

efectivamente se trata de un animal de sexo femenino:

(14) naho-janan-ta-tu (MAM-Eberhard 2009: 304)


agua-jaguar-F-SN
“la nutria de río hembra’

104
Meléndez Lozano (1998: 75) menciona que en ciertas ocasiones se puede reforzar el carácter masculino
mediante ma:to, sin duda un préstamo del español.
206

En otros casos, puede aludir a su gran tamaño (relacionado con la idea de la

maternidad y el consiguiente aumento de volumen del cuerpo). Es interesante mencionar

que los nombres de los animales de gran tamaño suelen incorporar la marca de femenino

aún cuando remitan a ejemplares masculinos.

(15) teh-a-ta-tu (MAM-Eberhard 2009: 341)


serpiente-GENIT-F-SN
‘la madre de todas las serpientes/serpiente grande =(la anaconda)’

(16) hos-a-ta-tu (MAM-Eberhard 2009: 341)


mono-GENIT-F-SN
‘la madre de todos los monos/mono grande (=el mono araña)’

Finalmente, la marca de femenino puede utilizarse para destacar la peligrosidad de

ciertas entidades (nuevamente, en relación con la ferocidad de algunos animales de sexo

femenino, particularmente cuando están con sus crías). Por ejemplo, es posible referirse a

un animal peligroso por medio de la expresión:

(17) na-ta-tu (MAM-Eberhard 2009: 341)


no.especificado-F-SN
‘una cosa peligrosa’

Esta última interpretación también se extiende a otras entidades animadas, como los

espíritus malignos, que no se consideran de sexo femenino pero que son muy temidos:

(18) wan-ta-tu (MAM-Eberhard 2009: 341)


remolino-F-SN
‘espíritu del remolino’

2.1.4. Humanos

Solo en el caso de los humanos está motivada la asignación de género en MAT. Así,

los sustantivos que remiten a humanos de sexo femenino presentan también género
207

femenino. Como la lengua no marca morfológicamente el género, la oposición masculino /

femenino se manifiesta por medio de pares supletivos:

(19)a. tsinane b. surari (MAT-Snell 1998: 27)


‘mujer, hembra’ hombre, macho

(20)a. ina (Snell 1998: 97) b. apa (MAT-Snell 1998: 77)


‘madre’ ‘padre’

(21)a. –šinto (Snell 1998: 100) b. –tomi (MAT-Snell 1998: 100)


‘hija’ ‘hijo’

Uno de los mecanismos para reconocer el género de estos sustantivos es la marca

pronominal que indexa el sujeto a los verbos:

(22)a. i-kamake apa b. o-kamake ina (MAT-Snell 1998 27-28)


3SG.M-morir papá 3SG.F-morir mamá
‘papá murió’ ‘mamá murió’

Algunos sustantivos pueden ser masculinos o femeninos (y adoptar entonces las

concordancias correspondientes) según el sexo del referente: ananeki ‘niño/a’, matsigenka

‘persona matsiguenka (M/F)’

(23) oga-ri tsinane-egi matsigenka (MAT-Snell 1998: 190)


DEM.PRE.F-ENFS mujer-PL matsigenka
‘estas mujeres matsiguenka’

(24) yoga-ri matsigenka (MAT-Snell 1998: 113)


DEM.PRE.M-ENFS matsigenka
‘este (hombre) matsiguenka’

También en ACH pueden encontrarse una base semántica en la asignación de género

de los sustantivos con referentes humanos. En algunos casos, estos nominales manifiestan

formalmente el género: aquellos que tienen como referentes a individuos o grupos


208

humanos, como también algunas relaciones de parentesco. En estos casos, el sustantivo

sufija –ri para marcar masculino singular y –to para femenino singular:

(25)a. witoniwe-ri b. witoniwe-to (ACH-Meléndez Lozano


1989: 28)
persona-M persona-F
‘persona masculina’ ‘persona femenina’

(26)a. nu-taka-ri (Meléndez Lozano 1998: 53) b. nu-taka-to (ACH-Meléndez Lozano


1998: 66)
1SG-nieto-M 1SG-nieto-F
‘mi nieto’ ‘mi nieta’

Según Menéndez Lozano (1998: 66) existe un segundo paradigma de marcas de

género (homofónicos, aunque con diferente distribución, con las marcas pronominales de

3º persona singular):

(27)a. sama-li-ta b. sama-ru-ta (ACH-Meléndez Lozano 1998:


66)
niño-3SG.M-CL.humano niño-3SG.F-CL.humano
‘niño’ ‘niña’

En MAM, cuando no hay una marca explícita de femenino con respecto a los

humanos, se interpreta el sustantivo como masculino, o como que el género no está

focalizado. El infijo femenino –ta se utiliza (a veces combinado con el clasificador para

‘humanos’ cuando el referente es de sexo femenino):

(28)a. talohni-soka-ta-tu (MAM-Eberhard 2009: 340))


anciana-CL.humano-F-SN
‘anciana’

b. jahon-soka-naa-tu (MAM-Eberhard 2009: 344


anciano-CL.humano-PL-SN
‘ancianos’
209

(29)a. hain-soka-ta-naa (MAM-Eberhard 2009: 340)


cantar-CL.humano-F-PL
‘mujeres que cantan’

b. to-soki-tu (MAM-Eberhard 2009: 418)


enfermar-CL.humano-SN
‘hombre/persona enferma’

(30)a. to-ta-tu b. to-tu (MAM-Eberhard 2009: 17)


cuñado-F-SN cuñado-SN
‘cuñada (y todas las primas ‘cuñado (y todos los primos
cruzadas –ego femenino–)’ cruzados –ego masculino–)’

La marca de femenino (así como el clasificador para humanos) aparece incluso en

los nombres propios:

(31)a. maria-soka-ta (MAM-Eberhard 2009: 340)


Maria-CL.humano-F
‘Maria’

b. paulo-soka (MAM-Eberhard 2009: 325)


Paulo-CL.humano
‘Paulo’

En otros casos, la diferencia entre masculino y femenino se da por medio de pares

léxicos:

(32)a. wetwain-tu (MAM-Eberhard 2009: 459)


muchacha-SN
‘muchacha’

b. enki-tu (MAM-Eberhard 2009: 552)


muchacho-SN
‘muchacho’
210

(33)a. nathi-tu b. mĩni-tu (MAM-Eberhard 2009: 17)


madre-SN padre-SN
‘madre’ ‘padre’

(34)a. kanĩn-tu b. kihlan-tu (MAM-Eberhard 2009: 17)


hija-SN hijo-SN
`hija’ ‘hijo’

2.2. Asignación de clasificadores

Como ya se mencionó, el rasgo distintivo de las lenguas aquí analizadas es que a un

sistema de género basado en animacidad y sexo se agrega un segundo sistema

clasificatorio, con características que lo asimilan en mayor o menor medida a los

clasificadores (classifiers) descriptos por Allan (1977). En MAT, este segundo sistema de

categorización consta de una treintena de formas que manifiestan determinadas

propiedades físicas (principalmente tamaño y forma, pero también flexibilidad, estructura

interna y textura) de los referentes a los que aluden, y que puede estar explícito en el

propio sustantivo. El criterio de atribución para los animales es la analogía con ciertos

objetos inanimados (por ejemplo, partes de una planta), generalmente con respecto a

tamaño o forma. Así, las nutrias reciben la marca –poa ‘tronco (=cilíndrico)’ por la forma

de sus cuerpos, y las aves pequeñas se marcan con –kitso ‘semillas’. A veces, la analogía

es con respecto a una parte del animal: las colas no prensiles de ciertos monos los

relacionan con la clase –šitsa ‘lianas’, mientras que los monos con cola prensil se asimilan

a –empe ‘ramas’, por su habilidad para desplazarse entre ellas usando sus colas. Las aves

grandes, como las pavas o paujiles, se clasifican como –sama ‘tubo hueco’ por las

características de su anatomía interna (huesos huecos). Según Shepard (1997),

the most important semantic features treated in the system of numeral


classification appear to be (in approximate order of importance): size,
dimensionality, flexibility, shape or external form, internal structure,
211

inherent property (edibility) and texture. In most cases, the classification


depends upon multiple semantic features (Shepard 1997: 44).

En términos generales, los significados que presentan los clasificadores apuntan a

forma, materia y, particularmente, a partes de plantas y animales (constituyéndose así en

valioso recurso para las taxonomías botánicas y zoológicas): -ki ‘pequeño y redondo’, -pa

‘forma de vaina larga y delgada’, -monki ‘forma cóncava/redondeada’, -ato ‘líquido, agua’,

-pane ‘polvo, granos finos’, -tsego ‘rama’, -penki ‘vaina’, -tega ‘flor’, -pana ‘hoja ancha’,

-biti ‘pelo, plumas pequeñas’.

Semánticamente, los clasificadores del ACH –según indica Meléndez Lozano (1998:

91)–, “son sensibles a ciertas propiedades físicas y culturales de los objetos”. Los diez

clasificadores de esta lengua proveen información acerca de la forma (‘cilíndrico’,

‘redondeado’, ‘alargado/lanceolado’, ‘rectangular’, ‘oblongo’), función (‘contenedor’) o

remiten a características inherentes (‘mamífero’, ‘humano’). A veces, el propio nominal

contiene el clasificador (samalita, ‘niño’, incluye el clasificador –ta ‘humano’). En algunos

casos esta asignación es transparente (auli ‘perro’ utiliza el clasificador numeral para

mamífero’, aikuba ‘árbol’ el clasificador para forma cilíndrica, kubai ‘pez’ el de forma

oblonga’, iba ‘piedra’ el de forma redondeada, tena ‘remo’ el de forma alargada); en otros

casos, parece priorizarse una de varias posibles cualidades (mantel ‘mantel’ y ejaiši

‘sábana’ reciben distintos clasificadores: el primero, el clasificador que remite a ‘delgado’

y la segunda, a la forma rectangular). Finalmente, a veces es poco claro el criterio de

atribución: keri ‘luna’ se clasifica como ‘oblongo’.

Los clasificadores del MAM presentan veinticuatro formas y la asignación se realiza

de acuerdo con los atributos de los referentes de los sustantivos. Los criterios

fundamentales son forma (redonda, chata, de varita, etc.) y consistencia (líquido, polvo);

también por función (casa, contenedor), tiempo, lugar y animacidad. En cuanto a este
212

último criterio, existen varias subcategorías animadas (a las que se puede sumar la marca

de femenino), algunas bastante generales (-soka ‘humano/animado’, -ki ‘ser vivo animal o

vegetal’, -si ‘grupo de personas’), mientras que otros clasificadores apuntan a rasgos

sumamente específicos dentro de los humanos (-ĩu ‘tartamudo’, -hahau ‘enano’, -khuthi

‘lisiado’).

Tal como suele suceder con los sistemas de clasificadores, uno de los criterios

prevalecientes es el de forma. Así, hiutikhattu ‘árbol’ presenta el clasificador -khat para

varitas o palos; sakĩnnũtu ‘arena’, el clasificador –nũ que indica su cualidad de polvo o

granulado. Otro criterio es el de función: siulentu ‘canasta’, exhibe el clasificador –len

para contenedores.

En otros casos, el criterio que subyace a la clasificación es menos obvio. Lo que se

relaciona con el habla y las palabras, por ejemplo, comparte el mismo clasificador que los

elementos líquidos, focalizando la naturaleza fluyente de ambos conceptos. El término para

‘bebé’ está formado por el verbo lah ‘ser.nuevo’ y el clasificador de forma esférica -kanĩn

(literalmente, ‘la nueva cosa esférica’), ya que no es posible referirse a un bebé mediante la

utilización del clasificador para humanos -soka. También resulta interesante que los

medios de transporte lleven el clasificador –sen ~ -khen ‘contenedor’, tanto en los casos en

que la persona se ubica efectivamente dentro de él (naa̰isentu ‘automóvil’, ohawasentu

‘avión’) como cuando no (waninikhentu ‘bicicleta’).

Ciertos sustantivos portan obligatoriamente el clasificador; esto sucede cuando la

clasificación cambia el significado del sustantivo. En los demás casos, su presencia es

redundante, y por eso opcional: por ejemplo, sih-nn-tu ‘casa’ (casa-CL.vivienda-SN) no es

una expresión naturalmente utilizada, sino que se prefiere la forma sin clasificador, sih-tu
213

(casa-SN); sin embargo, nusa-halo-khu ‘nuestra tierra’ (POS1PL-tierra-CL.tierra) es

igualmente redundante pero muy común.

3. Clasificación nominal y concordancia

Ya se ha visto que los patrones de concordancia resultan de gran utilidad para

identificar el género al que pertenece un sustantivo, dado que en muchos casos no aparece

explícito en el propio nominal. A continuación, se procederá a describir las concordancias

que presentan los sustantivos del MAT, el ACH y el MAM en otras clases con las que entran

en relación: pronombres, artículos, demostrativos, numerales, adjetivos y posesivos.

En el caso del MAT, el género de los sustantivos (que generalmente no exhiben una

marca morfológica propia) se manifiesta a través de patrones de concordancia que

focalizan por separado el género y la animacidad. Así, los pronombres afijados a los verbos

y los demostrativos concuerdan con el sustantivo para indicar su género gramatical,

mientras que los adjetivos y los numerales manifiestan a través de la concordancia su

animacidad. Los numerales, y también ciertos adjetivos, pueden también presentar una

marca clasificatoria, que se aplica principalmente a animados no humanos e inanimados.

El ACH no siempre marca el género en el propio sustantivo, por lo que esta

información se recupera por medio de la concordancia en pronombres, demostrativos,

adjetivos y verbos. Los numerales, por su parte, pueden exhibir clasificadores que se

vinculen tanto con entidades animadas como inanimadas.

Los nominales del MAM pueden indicar el género (femenino, dado que el masculino

es el formalmente no marcado) mediante la afijación de –ta ‘femenino’. La ausencia de

esta marca implica que se trata de una entidad de género masculino, o bien que el género

no se encuentra especificado. En el caso de los sustantivos con referente humano, la marca

de femenino se agrega luego del clasificador de humano/animado. Esta posibilidad de


214

marcación explícita se extiende a los pronombres, que pueden adoptar formas que reflejen

el sexo femenino de los referentes animados.

En las siguientes secciones se procederá a detallar los patrones de concordancia que

los sustantivos generan en otros elementos.

3.1. Pronombres

Los pronombres del MAT presentan tanto formas libres como ligadas. Las primeras

presentan formas específicas de masculino y femenino en la 3º persona:

Pronombres MAT (Snell 1998: 31)


1SG naro
2SG viro
3SG.M iriro
3SG.F iroro
1PL.INCL aro(egi)105

Los pronombres ligados, cuya presencia es obligatoria en los verbos finitos,

también exhiben diferencias de género en la 3º persona del singular;106 los prefijos

pronominales (que remiten al sujeto), así como los sufijos (objeto), presentan formas

masculinas y femeninas:

105
Si bien (al igual que ocurre con los sustantivos) el pronombre singular puede usarse también en el caso del
plural, todos los pronombres (personales, posesivos y demostrativos) pueden pluralizarse mediante el sufijo –
egi.
106
Los afijos pronominales son:
Pronombres MAT – sujeto Pronombres MAT - objeto
(Snell 1998: 42-3) (Snell 1998: 60)
1SG no- ~-n- 1SG -na
2SG pi- ~ p- 2SG -mpi
3SG.M i- ~ y- 3SG.M -ri
3SG.F o-~ Ø- 3SG.F -ro
1PL.INCL a-~ Ø- 1PL.INCL -ai (real) / -ae (irreal)
215

pronombres de 3º SG M F

prefijo i- ~ y- o-~ Ø-
sufijo -ri -ro

(35)a. i-kanti (MAT-Carlson 1985: 23) b. o-kanti (MAT-Carlson 1985: 24)


3M-decir 3F-decir
‘él dijo’ ‘ella dijo’

(36)a. i-nei-ri (MAT-Carlson 1985: 23) b. o-kemi-ri (MAT-Carlson 1985: 24)


3M.SUJ-ver-3M.OBJ 3F.SUJ-escuchar-3M.OBJ
‘él lo vio’ ‘ella lo escuchó’

Las marcas pronominales de sujeto y objeto corresponden al singular; su

pluralización es por medio del sufijo –igV:

(37) i-kanta-igi (MAT-Carlson 1985: 85)


3M-decir-PL
‘ellos dijeron’

(38) y-ogara-iga-ro (MAT-Carlson 1985: 86)


3M.SUJ-cortar-PL-3SG.F.OBJ
‘él las cortó’

En la lengua MAT es posible, mediante un cambio en las formas pronominales,

hacer un uso pragmático del género:

Affixal forms of pronominal morphemes are obligatory as constituent


units of finite active verbs, a kind of grammatical form, and the
distinction between masculine and non-masculine third person pronouns
helps to identify participants. Occasionally, however, the cues clash. The
clash indicates that the observer's focus of attention has changed to a
different participant. For example, a mixed group of participants is
ordinarily referred to by the masculine pronominal prefix i- with the
plural suffix -ig. If, however, the non-masculine pronominal prefix o-
with the plural suffix -ig refers to the group, it indicates that the
observer's focus of attention is upon a woman who is part of the group
(Wise 1971: 67-8).
216

El ACH también distingue el género solamente en la 3º persona de singular. Los

pronombres pueden aparecer como formas ligadas (índices pronominales), o bien pueden

sumarse a una base pronominal -ja para constituir una forma libre:

Pronombres ligados ACH (Lozano Meléndez 1989: 35)


1 nu- 1 wa-
2 hi- 2 i-
Singular Plural
3M li-
3 na-
3F ru-

Pronombres libres ACH (Lozano Meléndez 1989: 35)


1 nuja 1 waja
2 hija 2 ija
Singular Plural
3M lija
3 naja
3F ruja

El sujeto puede, entonces, aparecer como pronombre libre:

(39) lija jai-riu meda-la (ACH-Meléndez Lozano 1989: 21)


3SG.M ir-M río-ADLT
‘él va al río’

(40) ruja jai-to nu-bana ne-ra (ACH-Meléndez Lozano 1989:49)


3SG.F ir-F 1SG-casa IGN-ADLT
‘ella fue hacia mi casa’

o bien como índice pronominal antepuesto al verbo:

(41) wa-au meda-la (ACH-Meléndez Lozano 1989: 49)


1PL-ir río-ADLT
‘vamos al río’

(42) nu-mai (ACH-Meléndez Lozano 1989: 25)


1SG-dormir
‘yo duermo’
217

El MAM cuenta con tres pronombres,107 cuya presencia no suele ser obligatoria

(pues la morfología verbal explicita la información acerca del sujeto y el objeto) sino más

bien enfática. Su valor no marcado es el masculino singular (que puede interpretarse

también como la no especificación de género y número). Pero, al igual que los nominales,

pueden incorporar la marca de plural -naa y la de femenino –ta (al menos en la 3º

persona, y en correferencia con el sexo, por lo que se limita a entidades animadas), dando

lugar a un paradigma más informativo de formas pronominales:

Pronombres personales MAM (Eberhard 2009: 357-360)


1 tai 1 tai- naa

2 wai 2 wai-naa
singular plural
3 hãi 3 hãi-naa

3F hãi-ta 3F hãi-ta-naa

El sufijo nominal (-ani) es facultativo en los pronombres, que además pueden

funcionar como sujeto u objeto:

(43) wai-ani (MAM-Eberhard 2009: 347)


2-SN
‘vos’

(44) hai-ani anka-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 357)


3-SN valioso-SUJ3-PRES-DECL
‘él/ella es valioso/a’

(45) wai sun-Ø-thunna-wa (MAM-Eberhard 2009: 357)


2 golpear-SUJ3-FUT-DECL
‘él te va a golpear’

107

Pronombres personales MAM (Eberhard 2009: 357)


singular/ 1 tai
número no 2 wai
marcado
3 hãi
218

Otras marcas nominales que pueden aparecer con los pronombres son el

clasificador para humano/animado -soka, el demostrativo -ijah y el sufijo nominal -ani:

(46) hai-soka-ijah-ani (MAM-Eberhard 2009: 360)


3-CL.humano-DEM-SN
‘él (distante)’

(47)a. hai-ta b. hai-soka-ta (MAM-Eberhard 2009: 359)


3-F 3-CL.humano-F
‘ella’ ‘ella’

(48)a. hai-soka-ta-naã (MAM-Eberhard 2009: 360)


3-CL.humano-F-PL
‘ellas’

b. hai-ta-naa-ijah (MAM-Eberhard 2009: 360)


3-F-PL-DEM
‘ellas (distantes)’

Mediante la marca de femenino se enfatiza ese rasgo; su ausencia implica que la

forma refiere a una entidad masculina, o que el género no es relevante.

En ciertas ocasiones, los pronombres aparecen junto con el sustantivo correferente,

dando lugar a una construcción apositiva en la cual el pronombre carga con ciertas marcas

morfológicas no presentes en el sustantivo, tal como puede verse en el siguiente ejemplo

con respecto a los morfemas de CL.humano y de femenino:

(49) nakatosa-naa hai-soka-ta-naa kanih-je-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 360)


negarotê-PL 3-CL.humano-F-PL mucho-ENFS-SUJ3-PRES-DECL
‘las mujeres negarotê son muchas’

El pronombre personal también puede yuxtaponerse a los pronombres posesivos de

2º y 3º persona para indicar que se trata de una forma plural (solamente existe posesivo

plural para la 1º persona):


219

(50)a. wai-naa wa-sen-sa juwa-henso na-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 329)


2-PL POS2-hablar-CL.fluyente mentir-siempre ser-SUJ3-PRES-DECL
‘ustedes, su (vuestra) habla, es siempre mentira’

b. hai-naa na-set-sa takotakon-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 329)


3-PL POS3-hablar-CL.fluyente torcido-SUJ3-PRES-DECL
‘ellos, su habla, es torcida’

3.2. Artículos

Solamente en ACH existe se ha podido registrar una forma de artículo indefinido,

que proviene de la forma del numeral ‘uno’ (Wilson y Levinsohn 1992: 19) y se utiliza

para indicar el carácter individual de un miembro de determinada clase:

(51)a. bake-ri wasielikue-ri (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 19)


uno-SG.M hombre-SG.M
‘un hombre (individuo)’

b. ba-ahí karahi (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 45)


uno-CL.recipiente olla
‘una olla’

3.3. Demostrativos

El MAT presenta un sistema con tres clases de demostrativos, a los que se prefija y-

cuando concuerdan con un sustantivo de género masculinos y Ø cuando se trata de

sustantivos femeninos:

Demostrativos MAT (Snell 1998)


M F

Próximo y-oka Ø-oka


Presencia y-oga Ø-oga
Distancia y-onta Ø-onta
220

De esta manera, es posible identificar el género de determinado sustantivo por

medio de las concordancias:

(52)a. y-oga kentsori’ b. Ø-oka šitatsi (MAT-Snell 1998: 33)


M-DEM.PRE perdiz F-DEM.PRX estera
‘esta perdiz(M) ‘esa estera(F)

Los demostrativos del ACH conforman un sistema de tres categorías y pueden

prefijar los pronombres de 3º persona singular (li- para masculino y ru- para femenino)

para concordar en género con el núcleo nominal:

Demostrativos ACH (Lozano Meléndez 1989)


próximo li-ani (3SG.M-DEM.PRX)
ru-ani (3SG.F-DEM.PRX)
intermedio li-ara (3SG.M-DEM.INT)
ru-ara (3SG.F-DEM.INT)
distancia li-aa (3SG.M-DEM.DIST)
ru-aa (3SG.F-DEM.DIST)

(53)a. li-aa wasielikue-ri kena-u (ACH-Meléndez Lozano 1989: 41)


3SG.M-DEM.DIST hombre-M gordo-M
‘aquel hombre gordo’

b. ru-aa salitueni-ka (ACH-Meléndez Lozano 1989: 65)


3SG.F-DEM.DIST anciana-TOP
‘aquella anciana’

(54) li-aa auli-ka ije-ri beri (ACH-Meléndez Lozano 1989: 23)


3SG.M-DEM.DIST perro-TOP comer-M casabe
‘aquel perro come casabe’

(55)a. li-ani beri (ACH-Meléndez Lozano 1989: 42)


3SG.M-DEM.PRX casabe
‘este casabe(M)’
221

b. li-ara aikuba (ACH-Meléndez Lozano 1989: 42)


3SG.M-DEM.INT árbol
‘este árbol(M)’

(56)a. ru-aa nu-sina (huna) (ACH-Meléndez Lozano 1989: 36-37)


3SG.F-DEM.DIST 1SG-GENIT108 (canoa)
‘aquella (es) la mía [canoa(F)]’

b. ru-ani nu-sina (kamisa) (ACH-Meléndez Lozano 1989: 36-37)


3SG.M-DEM.INT 1SG-GENIT (camisa)
‘esta (es) la mía [camisa(F)]’

El MAM cuenta con una sola forma demostrativa, -ijah ‘aquello’, que se afija sobre

el final de la serie de morfemas nominales e implica una idea de distancia:109

(57) jainsi-ijah-ani (MAM-Eberhard 2009: 347)


comida-DEM-SN
‘aquella comida’

(58) huk-ijah-ani (MAM-Eberhard 2009: 344)


arco-DEM-SN
‘aquel arco’

(59) man-ijah (MAM-Eberhard 2009: 344)


montaña-DEM
‘aquella montaña’

Cuando se la usa con el pronombre de tercera persona hai puede simplemente

señalar una entidad mencionada, sin una indicación deíctica sino simplemente

especificativa. Pero con mayor frecuencia se la utiliza con objetos o personas apartados del

locutor en el tiempo o el espacio:

108
-sina (glosada como GENIT ‘genitivo’), es una posposición utilizada en la relación de pertenencia. Cuando
remite a animales domésticos, se la reemplaza por –ihira (REL.PERT ‘relación de pertenencia’); ver ejemplo
(98).
109
Eberhard (2009: 344) menciona que no pudo encontrar otra forma demostrativa que implique cercanía.
222

(60) hai-ijah-ani (MAM-Eberhard 2009: 344)


3-DEM-SN
‘aquello de allá/aquello antes referido’

(61) hai-ta-naa-ijah wasain joha-let-Ø-nan-wa (MAM-Eberhard 2009: 360)


3-F-PL-DEM cosas comerciar-PAS.INM-SUJ3-PAS-DECL
‘ellas (distantes) son las que comerciaban cosas’

4.4. Numerales

Los numerales del MAT no explicitan el género sino la animacidad del sustantivo al

que modifican. Esta lengua presenta solo tres numerales “verdaderos”: pa-…-ro ‘uno’,

pite- ‘dos’, mava- ‘tres’. Algunas expresiones de cuantificación se construyen de manera

semejante: tovaini / tovaiti ‘muchos’, maganiro / magatiro ‘todos’. La excepción es majani

‘pocos’, que parece haberse fosilizado y se utiliza indistintamente para animados e

inanimados.

Numerales MAT (Shepard 1997:34-35).110


animado inanimado
uno pa iro pa iro
dos pi-te -n- i pite -t- i
tres mava i mava i

La estructura general de las expresiones numerales es: prefijo numeral – marca de

animado/inanimado – sufijo numeral + sustantivo (opcional):

110
Snell (1998) propone una segmentación diferente, al considerar las marcas de animado/inanimado -ni-/-ti-.
Así, la estructura general de las expresiones numerales en concordancia con sustantivos animados e
inanimados:
Numerales MAT (Snell 1998: 37)
ANIM INAN
uno pa-ni-ro pa-ti-ro
dos pite-ni pite-ti
tres mava-ni mava-ti
223

(62) pa-n-iro šima (MAT-Snell 1998: 29)


uno-ANIM-uno pescado(M)
‘un pescado’

(63) pite-n-i masero (MAT-Snell 1976: 3)


dos-ANIM-dos sapo(F)
‘dos sapos’

Como se puede ver en los ejemplos anteriores, los numerales no establecen

diferencias en cuanto a género, solo indican si se trata de una entidad concebida como

animada o no.

Pero los numerales de esta lengua, del mismo modo en que presentan

obligatoriamente la marca de animado/no animado, pueden sumar a esta una segunda

marca clasificatoria que responde a ciertos atributos (tamaño, forma, flexibilidad, textura)

del referente del nominal en cuestión y que se coloca antes de la marca de animacidad:

(64) pa-kana-n-iro otsiti (MAT-Shepard 1997: 36)


uno-CL.carnoso-ANIM-uno perro
‘un perro’

Esto da lugar a una estructura con mayor distancia entre los dos segmentos del

numeral: prefijo numeral – marca clasificatoria – marca de animado/inanimado – sufijo

numeral + sustantivo (opcional).

La posibilidad de la doble marca de categorización (animacidad / clasificación) se

verifica para los numerales ‘uno’ y ‘dos’; en este último caso, la marca clasificatoria se

inserta entre las dos sílabas del prefijo numeral pite-:

(65)a. pa-poa-ni-ro parari b. pi-poa-te-n-i (parari) (MAT-Shepard


1997: 36)
uno-CL.cilíndrico-ANIM-uno nutria dos-CL.cilíndrico-dos-INAN-dos (nutria)
‘una nutria’ ‘dos animales cilíndricos (nutrias)’
224

(66)a. pa-poa-ti-ro sekatsi b. pi-poa-te-t-i (sekatsi) (MAT-Shepard 1997: 36)


uno-CL.cilíndrico-INAN-uno yuca dos-CL.cilíndrico-dos-INAN-dos (yuca)
‘una yuca (tipo de planta)’ ‘dos tubérculos (yucas)’

La marca clasificatoria se selecciona de entre un conjunto de aproximadamente 30

formas, de las cuales podemos mencionar algunas:

Clasificadores MAT (Shepard 1997: 56)


-ai ‘ramificado’
-empe ‘con un extremo afilado’
-kana ‘carnoso y con miembros’
-kitso ‘cosas pequeñas, redondas y numerosas’
-mai ‘enredado, enmarañado’
-mereto ‘elástico’
-motia ‘esférico y elástico’
-naki ‘contenedor’
-pana ‘ancho y plano’
-pa ‘vaina plana’
-patsa ‘carne/fruta’
-poa ‘grande y cilíndrico’
-sama ‘tubular’
-saranta ‘cobertura con soporte interno’
-šitsa ‘hilo, cuerda’
-taki ‘cobertura’
-tonki ‘largo, fino y rígido’
-tsa ‘soga’
-tsei ‘espinoso’
-tsenko ‘con extremidades largas’
225

Estas marcas clasificatorias responden casi por completo a la característica

definición de los clasificadores numerales111 postulada por Allan (1977), aunque presenta

una diferencia: puede aparecer más de una vez dentro de la frase nominal, marcado en el

propio sustantivo y en otros elementos de la frase, en patrones de concordancia:

(67) pa-kana-t-iro tsiti-kana112 (MAT-Shepard 1997: 32)


uno-CL.cuerpo-INAN [CL.planta-CL.cuerpo]=chile
‘un chile (pimiento)’

(68) shivi-tsa ogampore-tsa-ni (MAT-Shepard 1997: 32)


liana-CL.soga grueso- CL.soga-ANIM
‘liana gruesa’

Los numerales del ACH se limitan a formas para ‘uno’ (abai), ‘dos’ (tamai) y ‘tres’

(matali). Probablemente la i final correspondiera al morfema de género masculino, ya que

–según observa Meléndez Lozano (1998: 90)– es posible establecer una concordancia entre

el numeral y el sustantivo:

(69) aba-u karahi (ACH-Meléndez Lozano 1998: 90)


uno-F olla
‘una olla’

Los numerales están compuestos por una raíz (ba- ‘uno’, tana- ‘dos’ y matali-

‘tres’) que generalmente se combina con un conjunto de formas que responden a

determinadas características de los referentes de los sustantivos con que concuerdan:


111
En cuanto a la denominación, conviene recordar la advertencia de Allan (1977: 286) acerca de lo poco
apropiado del nombre, ya que en las lenguas con tal tipo de clasificadores estos también aparecen en
expresiones deícticas y anafóricas. En el caso del MAT, aparecen también en adjetivos.
112
El sustantivo que refiere al chile (pimiento) está constituido aparentemente por dos marcas clasificatorias:
tsiti ‘planta’ y kana ‘cuerpo carnoso’ (utilizado, en combinación con la marca de animado, para los
mamíferos de cuatro patas, tanto de caza –pecarí, tapir, capibara, etc.– como los no comestibles –jaguar,
perro–). Ambas marcas pueden ser utilizadas en el numeral en concordancia con dicho sustantivo, aunque
con diferencias de significado:
pi-tsiti-te-t-i tsiti-kana (MAT-Shepard 1997: 43)
dos-CL.planta-dos-INAN-dos CL.planta-CL.cuerpo
‘dos plantas de chile (pimiento)’
226

Clasificadores numerales ACH (Meléndez Lozano 1998: 91)


-ahi ‘contenedor’
-ahu ‘cilíndrico’
-bai ‘alargado-lanceolado’
-hira ‘delgado’
-iku ‘continente’
-kua ‘oblongo’
-nai ‘mamífero’
-šida ‘rectangular’
-ta ‘humano’
-tui ‘redondeado’

Estas formas se limitan a marcar los numerales, y no se reflejan en relaciones de

concordancia en otras partes de la oración, razón por la que se las puede considerar como

clasificadores numerales:

(70) li-eni ba-nai auli (ACH-Meléndez Lozano 1989: 30)


3SG.M-DEM.PRX uno-CL.mamífero perro
‘este (es) un perro’

(71) ru-ani ba-nai auli ineto (ACH-Meléndez Lozano 1989: 30)


3SG.F-DEM.PRX uno-CL.mamífero perro mujer
‘esta (es) una perra’

(72) kawamai sute-to tama-tui ewi-si (ACH-Meléndez Lozano 1989: 57)


gallina poner-F dos-CL.redondeado huevo-AUTON
‘la gallina puso dos huevos’

(73) taikita nu-kaba bake-to113 ineto kena-u (ACH-Meléndez Lozano 1989: 57)
ayer 1SG-mirar uno.H-F mujer gordo-F
‘ayer vi una mujer gorda’

113
El numeral ‘uno’ no recibe marca de clasificador humano; sobre la forma específica para humanos bake-
sufija las marcas de género -ri (masculino)/-to (femenino). Al respecto, aclara Meléndez Lozano (1998: 91)
que no todo numeral puede recibir un clasificador cuando determina a un sustantivo animado.
227

En Wilson y Levinsohn (1992) la lista de estos clasificadores es más extensa, y se

los considera indicadores de “tamaño, contorno y posiblemente la función del objeto, más

si es animado o no” (Wilson y Levinsohn 1992: 62):

Clasificadores numerales ACH (Wilson y Levinsohn 1992: 62)


–nai ‘mamíferos’
-kua ‘oblongo’
-tui ‘redondeado’
-ahi ‘recipiente’
-ahu ‘largo y delgado’
-bai ‘instrumento cortante’
-dani ‘mata’
-hira ‘delgado como papel’
-iku ‘botella’
-iwa ‘grande y redondeado’
-šiida ‘cuboide’
-ta ‘humano’

También difieren las formas de los numerales: aaba-i ‘uno’, tama-i ‘dos’ y matali-

i ‘tres’. Wilson y Levinsohn (1992) consideran que el elemento –i que presentan dichos

numerales al final forma parte de estos, pero se suprime para dar lugar a un clasificador.

Igualmente, el numeral uno pierde su primer sílaba aa- cuando se le sufija un clasificador.

(74) ba-ahi mitaahia (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 62)


uno-CL.recipiente plato
‘un plato’

(75) ba-hira kaašta (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 63)


uno-CL.delgado.como.papel papel
‘una hoja de papel’

(76) tama-kua kubai (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 62)


dos-CL.oblongo pez
‘dos peces’
228

(77) tama-nai auli (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 19)


dos-CL.mamífero perro
‘dos perros’

(78) tama-kua keri (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 44)


dos-CL.oblongo luna
‘dos lunas (=‘dos meses’)’

(79) tama-hu išidui (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 44)


dos-CL.largo aguja
‘dos agujas’

(80) matali-nai puiti (ACH-Wilson y Levinsohn 1992:62)


tres-CL.mamífero puerco
‘tres puercos’

Nos interesa particularmente la posibilidad de marcar género que puede apreciarse

en el numeral ‘uno’. Este numeral, para concordar con seres humanos, no sufija el

clasificador correspondiente, sino que presenta dos formas especiales: bake-ri (uno-M) para

masculinos y bake-to (uno-F) para femeninos, y no *bata. El numeral dos, por su parte, sí

puede recibir el sufijo para humanos:

(81) bake-ri samalita (ACH-Wilson y Levinsohn 1992:63)


uno.M niño
‘un niño’

(82) tama-ta toniwa-enai (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 45)


dos-CL.humano persona-PL
‘dos personas’

En cuanto al numeral ‘uno’ con el clasificador ‘mamífero’, en Wilson y Levinsohn

(1992) se indica que este último incorpora además la marca de género en concordancia con
229

el sustantivo al que el numeral modifica –comparar con los ejemplos (70) y (71), en los

que el clasificador ‘mamífero’ no agrega la marca morfológica de género–:

(83) ba-na-i auli (ACH-Wilson y Levinsohn 1992:63)


uno-CL.mamífero-SG.M perro
‘un perro’

(84) ba-na-u auli (ACH-Wilson y Levinsohn 1992:63)


uno-CL.mamífero-SG.F perro
‘una perra’

En MAM solo existen tres numerales (Eberhard 2009: 501), dos formas básicas y

una compuesta por las anteriores: kanaka ‘uno’, paah ~ paa ‘dos’ y paa-kanaka ‘dos-uno’

(=tres). Pueden opcionalmente tomar la forma -ani del sufijo nominal, así como otras

marcas nominales, particularmente los clasificadores de forma (en el material de Eberhard

no hay ejemplos de marcas de género ni de clasificadores animados en numerales):

(85) paah-ani (MAM-Eberhard 2009: 347)


dos-SN
‘dos’

(86) kanaka-khat (MAM-Eberhard 2009: 502)


uno-CL.palito
‘un (elemento con forma de) palito’

(87) kanaka-kanĩn (MAM-Eberhard 2009: 420)


uno-CL.redondo
‘una cosa redonda’

(88) paah-kanaka-teh-tu (MAM-Eberhard 2009: 504)


dos-uno-CL.cuerda-SN
‘tres collares’
230

3.5. Adjetivos

En la lengua MAT, la concordancia entre sustantivos y adjetivos también focaliza el

rasgo de animacidad, por medio de dos sufijos: -ni ~ -ñ ‘animado’ y -ti ~ -ty ‘inanimado’ –

según Snell (1998: 29); Shepard (1997: 34-35) considera unas formas ligeramente

reducidas: –n- ‘animado’ /-t- ‘inanimado’–:

(89) tsirepeki-ti mapu (MAT-Snell 1998: 29)


chiquito-INAN piedra
‘piedra chiquita’

(90) tsirepeki-ni otsiti (MAT-Snell 1998: 29)


chiquito-ANIM perro(M)
‘perro chiquito’

(91) tsirepeki-ni tonoanto (MAT-Snell 1998: 29)


chiquito-ANIM rana(F)
‘rana chiquita’

Estas mismas formas, reducidas, aparecen infijadas en el verbo impersonal de

estado, según se lo utilice con animados o inanimados: ai-n-io ‘hay (cosa/s animada/s)’; ai-

t-io ‘hay (cosa/s inanimada/s)’:

(92)a. pashino tsinane ai-n-io (MAT-Shepard 1997: 35)


otra mujer haber-ANIM-haber
‘había otra mujer’

b. ai-t-io arantinki pa-t-iro inchato (MAT-Shepard 1997: 35).


haber-INAN-haber parado uno-INAN-uno árbol
‘había un árbol parado’

En los adjetivos se repite la posibilidad de doble marcación (animacidad /

clasificación) que se pudo ver en los numerales del MAT. No obstante, con respecto al

sufijo –ni ‘animado’ que presenta el adjetivo –concordante con el sustantivo ‘liana’– en el

ejemplo (68), Shepard (1997: 38) observa que en los adjetivos las marcas de
231

animado/inanimado parecen haber perdido su relevancia semántica. Así, los siguientes

ejemplos son considerados equivalentes e intercambiables:

(93)a. kite-poa-ni sekatsi (MAT-Shepard 1997: 38)


amarillo-CL.cilíndrico-ANIM yuca
‘yuca amarilla’

b. kite-poa-ti sekatsi (MAT-Shepard 1997: 38)


amarillo-CL.cilíndrico-INAN yuca
‘yuca amarilla’

En ACH, los adjetivos sufijan obligatoriamente el género del sustantivo al que

modifican (-i ‘masculino’ / -u ‘femenino’), estén en posición atributiva o predicativa:

(94)a. samalita tutu-i (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 35)


niño corto-SG.M
‘un niño pequeño’

b. samaruta tutu-u (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 35)


niña corto-SG.F
‘una niña pequeña’

(95) auli manu-i (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 55)


perro grande-SG.M
‘perro grande’

(96) ru-aa kawamai akaa-u (ACH-Meléndez Lozano 1989: 57)


3SG.F-DEM.DIST gallina alto-F
‘aquella gallina alta’

(97) li-aa samalita ka kena-i (ACH-Meléndez Lozano 1989: 21)


3SG.M-DEM.DIST niño-TOP gordo-M
‘aquel niño (es) gordo’

(98) ramon-ihira auli mereki-i (ACH-Meléndez Lozano 1989: 45)


ramón-REL.PERT perro amarillo-M
‘el perro de Ramón (es) amarillo’
232

En Wilson y Levinsohn (1992: 54-55) se mencionan ciertos sustantivos inalienables

que pueden convertirse en adjetivos, al agregar los prefijos derivativos ka- ‘que tiene’ o

ma ‘que falta’. Estas formas también sufijan el género. Así, de -tahula ‘negrura’ y -bara

‘blancura’.

(99)a. ka- tahula-i (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 55)


DER-negrura-SG.M
‘negro’

b. ma- tahula-i (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 55)


DER.PRV-negrura-SG.M
‘no negro’

(100) iiwina-ši ka-bara-i pitu-i (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 55)


flor-ALIE DER-blancura-SG.M pequeño-SG.M
‘pequeña flor(M) blanca’

(101) a:maka ka-bara-i (ACH-Meléndez Lozano 1994: 467)


hamaca DER-blancura-SG.M
‘la hamaca(M) (es) blanca’

También es obligatoria la marca de género en ciertas raíces verbales que comparten

con el adjetivo la posibilidad de tener un rol predicativo. La diferencia fundamental entre

adjetivo y verbo es que este no puede formar parte de un sintagma nominal.

(102)a. huan mai-ri (ACH-Meléndez Lozano 1989: 25)


Juan dormir-M
‘Juan duerme’

b. ru-aa kawamai ije-to kana (ACH-Meléndez Lozano 1989: 57)


3SG.F-DEM.DIST gallina comer-F maíz
‘aquella gallina(F) come maíz’

En MAM, la función de calificar o describir sustantivos es llevada a cabo por los

verbos. Las cualidades en general se codifican en verbos descriptivos o ‘verbos adjetivales’


233

(Eberhard 2009: 364). Tales verbos son intransitivos y pueden nominalizarse por medio de

un clasificador.

(103) nakhanis-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 364)


estar.enfermo-SUJ3-PRES-DECL
‘él/ella está enfermo/a’

(104) on-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 365)


ser.haragán-SUJ3-PRES-DECL
‘él/ella es haragán/haragana’

(105) walon-tu nahohnto aat-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 364)


armadillo.gigante-SN muy ser.grande-SUJ3-PRES-DECL
‘el armadillo gigante es muy grande’

(106) khokhi-tu khakhos-soki-tu thothon-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 364)


águila.arpía-SN ser.peligroso-CL.anim ser.negro-SUJ3-PRES-DECL
‘el águila arpía, la peligrosa, es negra’

(107) waun-teh-tu (MAM-Eberhard 2009: 504)


ser.rojo-CL.cuerda-SN
‘cuerda roja’

Existe también un subconjunto de seis clasificadores, con características

descriptivas, que también cumplen la función tradicionalmente atribuida a los adjetivos:

(108) jañan-tunni-tu (MAM-Eberhard 2009: 335)


jaguar-CL.negro-SN
‘jaguar negro’

(109) jañan-eini-tu (MAM-Eberhard 2009: 335)


jaguar-CL.pardo.rojizo-SN
‘jaguar pardo rojizo’

(110) jañan-kalokalon-tu (MAM-Eberhard 2009: 335)


jaguar-CL.manchado-SN
‘jaguar manchado’
234

(111) jaho-ĩu-tu (MAM-Eberhard 2009: 335)


anciano-CL.tartamudo-SN
‘anciano tartamudo’

(112) talohna-hahau-ta-tu (MAM-Eberhard 2009: 335)


anciana-CL.enano-F-SN
‘anciana enana’

(113) jahon-khuthi-tu (MAM-Eberhard 2009: 335)


anciano-CL.lisiado-SN
‘anciano lisiado’

3.6. Posesión

Respecto del MAT, Snell (1976: 14) reconoce la existencia de tres tipos: primaria,

secundaria y no posesión. La primera requiere de la presencia simultánea de un prefijo que

indica persona, semejante114 al que indexa el sujeto en los verbos (que para 3º persona

también indica género), y un sufijo posesivo –te ~ -ne ~ -re ~ -(V)e ~ Ø:

(114) no-etini-te (MAT-Snell 1976: 16)


1SG-armadillo-POS
‘mi armadillo’

(115) p-otsiti-te (MAT-Snell 1976: 16)


2SG-perro-POS
‘tu perro’

(116)a. o-ingyi-ne (MAT-Snell 1976: 16) b. i-arakyi-Ø (MAT-Snell 1976: 16)


3SG.F-maní-POS 3SG.M-pertenencias-POS
‘su maní (de ella)’ ‘sus pertenencias (de él)

114
Los prefijos posesivos presentan tres juegos de formas, de acuerdo con la inicial del sustantivo con que se
combinan:
Pronombres posesivos MAT - (Snell 1998: 23)
C / algunos con a o / mayoría con a i (omitida al ser poseídos)
1SG no- n- n-
2SG pi- p- p-
3SG.M i- ir- iri-
3SG.F o- Ø- Ø-
1.PL.INCL a- a- a-
235

(117)b. o-tsibeta-re (MAT-Snell 1976: 19) b. i-tsamai-rintsi-e (MAT-Snell 1976: 19)


3SG.F-canasta.plana-POS 3sG.M-cultivar-NMLZ-POS
‘su canasta plana (de ella)’ ‘su campo cultivado (de él)’

En el caso de las partes del cuerpo, se omite la marca de posesión, y simplemente se

prefija la marca de persona:

(118)a. n-ai (MAT-Snell 1976: 17) b. nam-poretsa (MAT-Snell 1976: 24)


1SG-diente 1SG-intestinos
‘mi diente’ ‘mis intestinos

(119) ira-nigakyi (MAT-Snell 1976: 17)


3SG.M-corazón
‘su corazón (de él)’

Otro tanto sucede con los términos de parentesco:

(120)a. no-hina b. no-hime (MAT-Snell 1976: 21)


1SG-esposa 1SG-esposo
‘mi esposa’ ‘mi esposo’

En ciertos términos de parentesco, la forma varía de acuerdo con la persona:

(121)a. apa b. piri (MAT-Snell 1976: 21)


1SG.padre 2SG.padre
‘mi padre’ ‘tu padre’

c. iri d. iriri
3SG.F.padre 3SG.M.padre
‘su padre (de ella)’ su padre (él)’

(122) a. ina b. piniro (MAT-Snell 1976: 21)


1SG.madre 2SG.madre
‘mi madre’ ‘tu madre’

c. iniro d. iriniro
3SG.F.madre 3SG.M.madre
‘su madre (de ella)’ su madre (de él)’
236

La posesión secundaria (“empleada […] para indicar propiedad anterior o

simultánea en la que tienen que ver por lo menos dos propietarios”, Snell 1976: 14) se hace

explícita por medio de los afijos posesivos primarios y el sufijo –tsi ~ –ntsi ‘no posesivo’.

(123) no-takyi-tsi-te (MAT-Snell 1976: 14)


1SG-cáscara-NO.POS-POS
‘mi cáscara’

(124) no-kago-tsi-te115 (MAT-Snell 1976: 15)


1SG-mazorca-NO.POS-POS
‘mi mazorca’

Finalmente, la denominada no posesión, que se utiliza en los casos de propiedad

indefinida o desconocida, afija solamente –tsi ~ –ntsi ‘no posesivo’.

(125) takyi-tsi (MAT-Snell 1976: 14)


cáscara-NO.POS
‘cáscara’

Ciertos sustantivos necesariamente deben indicar que son poseídos. La mayoría de

los inalienables admite el sufijo de posesión indefinida -tsi: los objetos de uso personal

(hebaron- ‘abanico’, piamen- ‘arco’, pito- ‘canoa’), algunas partes del cuerpo (tsakyi-

‘abdomen’, bagante- ‘boca’, gyto- ‘cabeza’) y otros conceptos relativos (niaga- ‘lenguaje’,

bairo- ‘nombre’, bamparokyi- ‘sombra’, shomporekyitaga- ‘viruela’, abo- ‘camino’, kypa-

‘tierra’). Otros necesitan una posesión más definida, expresada por medio de los prefijos

personales; suelen designar ciertas partes del cuerpo humano y de animales (i-rishi ‘cola’,

i-bentakyi ‘escama’, i-tsei ‘cuerno’), partes de vegetales (o-tega ‘flor’, o-kyitsokyi ‘fruto’,

115
Para la pluralización se añade la marca correspondiente antes de las de NO.POS-POS:
no-kago-pagye-ci-te (MAT-Snell 1976: 18)
1SG-mazorca-PL-NO.POS-POS
‘mis mazorcas’
237

o-pari ‘raíz grande’), partes en relación a un todo (o-tsapia ‘orilla’, o-tsitiaku

‘desembocadura’, o-bangyearo ‘techo’) términos de parentesco, relaciones sociales y

personales (no-hina ‘esposa’, no-hime ‘esposo’, no-tingami ‘jefe’, no-tsipa ‘compañero’,

no-kyisashitarira ‘enemigo’) (Snell 1978). Nótese que los sustantivos que requieren

posesión más definida presentan interesantes claves sobre la asignación de género,

particularmente los ejemplos de partes corporales (que, al pertenecer a entidades animadas,

prefijan la forma i- ‘masculino/animado) y en los que remiten a partes de vegetales o de

otros inanimados como ‘río’ o ‘vivienda’ (que prefijan o- ‘femenino/animado’).

En relación con la posesión, según Wilson y Levinsohn (1992), los sustantivos del

ACH se dividen en dos clases. La primera consiste en los sustantivos alienables

(“sustantivos enajenables”), que pueden aparecer sin marcas que indiquen la posesión:

(126) kubai (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 20)


pez
‘pez’

La segunda clase es la de los sustantivos de posesión inalienable, en los que la

pertenencia se expresa por medio de un prefijo (índice pronominal) o un sintagma nominal

que precede al sustantivo poseído. Semánticamente, refieren a partes del cuerpo, tanto

humano como animal, partes vegetales y relaciones de parentesco. También ciertos objetos

estrechamente vinculados con su poseedor, como por ejemplo las canoas, pertenecen al

conjunto de los inalienables. Estos sustantivos son denominados ‘relativos’ por Meléndez

Lozano (1989, 2000), dado que no constituyen formas libres sino que están siempre en

relación con la entidad poseedora:

(127)a samalita-wiba b. nu-wiba (ACH-Meléndez Lozano 1989: 32)


niño-oreja 1SG-oreja
‘la oreja del niño’ ‘mi oreja’
238

(128)a. li-wali (ACH-Meléndez Lozano 1998: 59)


3SG.M-columna
‘su columna (de él)’

b. ru-ija-be-u (ACH-Meléndez Lozano 1998: 61)


3SG.F-comer-NMLZ-MED
‘su cargador116 (de ella)’

(129)a. makupai-imi b. nu-huna (ACH-Meléndez Lozano 1989:33)


seje-semilla 1SG-canoa
‘semilla de seje (cierta palma)’ mi canoa’

(130)a. li-salihina (ACH-Meléndez Lozano 1998: 24)


3SG.M-padre
‘su padre (de él)’

b. ru-iniri (ACH-Meléndez Lozano 1998:30)


3SG.F-esposo
‘su esposo (de ella) nieto’

Algunos de estos sustantivos pueden autonomizarse sintácticamente a través del

sufijo -si (no aplicable a términos de parentesco ni a ciertos términos de la cultura material

como -huna ‘canoa’):

(131)a. nu-kawai b. kawai-ši (ACH-Wilson y Levinsohn 1992: 20)


1SG-pantalones pantalones-AUTON
‘mis pantalones’ ‘pantalones’

(132) witene-si (ACH-Meléndez Lozano 1989: 33)


piojo-AUTON
‘piojo’

La posesión en MAM se codifica mediante la anexión de alguna de las cuatro formas

prefijales (ninguna de ellas informativa de género) del pronombre posesivo117 al elemento

poseído, que puede estar opcionalmente precedido por el poseedor:

116
Cesto para cargar los niños en la espalda o en el pecho.
117
239

(133) na-sih-a (MAM-Eberhard 2009: 498)


POS3-casa-SN
‘su casa’

(134) na-hen-sa̰-tu (MAM-Eberhard 2009: 498)


POS3-ruido-CL.sonido-SN
‘su ruido’

(135) na-nukhi-tu (MAM-Eberhard 2009: 379)


POS3-brazo-SN
‘su brazo’

(135) Joaquim-soka na-wet-tha (MAM-Eberhard 2009: 498)


Joaquim-CL.humano POS3-child-CL.grupo
‘los hijos de Joaquim’

(137) paulo-soka na-sih-a (MAM-Eberhard 2009: 323)


paulo-CL.humano POS3-casa-SN
‘casa de Paulo’

(138) na-tei-tu (MAM-Eberhard 2009: 324)


POS3-esposa-SN
‘su esposa’

Solo el pronombre posesivo de 1º persona cuenta con una forma para plural, nusa-;

los posesivos de 1º y 2º persona, de ser necesario, pueden agregar la marca de plural -

naa:

(139) hai-naa na-set-sa takotakon-latha-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 329)


3-PL POS3-hablar-CL.fluyente torcido-SUJ3-PRES-DECL
‘Ellos, su habla, es torcida (deshonesta)’

Pronombres posesivos (Eberhard 2009: 328)


singular 1 ta-
2 wa-
3 na-
plural 1 nusa-
240

Las partes del cuerpo se consideran de posesión inalienable; pero generalmente se

utiliza el posesivo de 1º PL, nusa- (cuando se habla de ellas en general, pero también en las

referencias particulares e individuales), ya que se considera que son partes comunes a

todos.

(140) nusa-wi (MAM-Eberhard 2009: 423)


POS1PL-diente
‘nuestro/mi diente’

También existe un conector genitivo, -a, utilizado para vincular dos sustantivos (o

un sustantivo y un clasificador, o un sustantivo y un verbo nominalizado) en relación de

poseedor/poseído.

(141) jaho-a-sih-tu (MAM-Eberhard 2009: 355)


anciano-GENIT-casa-SN
‘la casa del anciano’

(142) toh-a-ja-tu (MAM-Eberhard 2009: 355)


abeja-GENIT-CL.liquid-SN
‘el líquido de la abeja (=miel)’

4. Clasificadores

Las marcas clasificatorias del MAT aparecen mencionadas en Snell (1976) como

‘clasificadores de forma’ o como ‘caracterizadores’. Los primeros se definen como un

sustantivo (o una parte de él) “cuya función es denominar la forma de aquello con lo que

ocurre o a lo que se refiere” (Snell 1976: 10). Aclara la autora que los clasificadores de

forma no son poseídos por humanos; solo pueden ser poseídos de manera primaria por la 3º

persona femenina (recordar la relación entre femenino e inanimado que existe en el MAT) y

en pocos casos, por la 3º persona masculina (presumiblemente, estos “pocos casos”


241

remitan a los inanimados de género masculino). Un ejemplo de clasificador de forma es -

kana ‘carnoso y con miembros’. Los caracterizadores, por su parte, son elementos siempre

ligados, pospuestos o antepuestos, que también indican características del elemento con el

que ocurren. Ejemplos de sufijos caracterizadores serían –kyiti ‘diminutivo’; -ni ‘de

rapiña’, -niro ‘silvestre’, -ngye ‘culebra’. Los prefijos caracterizadores son tres: gyi-/g-,

utilizado con la mayoría de las partes externas del cuerpo (gyingokyi ‘articulación’;

gyiempita ‘oreja’; gyirimaši ‘nariz’; gyiti ‘pie’); im-/in-, para los elementos de la naturaleza

(impanekyi118 ‘arena’, ingyite ‘cielo’) y ma- ‘salvaje/feroz’ (matsiti ‘animal salvaje parecido

a un perro –otsiti ‘perro’–, natsontsori ‘jaguar’, maniti ‘puma’, maeni ‘oso’).

Los clasificadores de forma se sufijan a determinados nominales, a los que aportan

su significado para dar lugar a un nuevo elemento léxico:

(143) inkani ‘lluvia’ + -ato ‘agua’ = inkaniato ‘agua de lluvia’ (MAT-Snell 1998: 25)

(144) inchato ‘árbol’ + -tsego119 ‘rama’ = inchatsego ‘rama de árbol’ (MAT-Snell 1998: 25)

(145) paroto ‘topa (árbol de hojas grandes)’ + tsa ‘soga’ > parototsa ‘soga que se saca del árbol
paroto’ (MAT-Snell 1998: 180)

En algunos casos, se pueden identificar dos clasificadores consecutivos:

(146) kyimaro ‘ararauna, guacamayo’ + ngye ‘culebra’ + ni ‘de rapiña’ = kyimarongyeni ‘culebra
ararauna’ (MAT-Snell 1976; 8-9)

A causa de esta posibilidad de especificación semántica, en Snell (1998: 30) se les

atribuye a los clasificadores de forma una función derivacional “que indica la forma, la

configuración o la materia”. Así, a partir de kiraa-ri ‘rojo-NMLZ’, la adición de una marca

clasificatoria incorpora su contenido semántico al término resultante (Snell 1998: 25):

118
Aquí se pueden ver tanto el caracterizador prefijado im- ‘elemento de la naturaleza’ como el sufijo
clasificador de forma –kyi ‘semilla’.
119
Shepard (1997: 56) lo transcribe como –tsenko.
242

(147)a. –tsa ‘soga’ = kiraa-tsa-ri ‘soga roja’

b. -ki120 ‘forma pequeña y redonda’ = kiraa-ki-ri ‘chaquiras o semillas rojas’

c. –tega ‘flor’ = kiraa-tega-ri ‘flor roja’

Shepard (1997: 36) agrega que los clasificadores del MAT se encuentran

semánticamente activos: los objetos introducidos en la cultura, como lápices y papeles, se

incorporan a las categorías -ki ‘CL.palito’ y -pana ‘CL.ancho y plano’ respectivamente.

Los clasificadores del ACH parecen haber perdido la posibilidad de constituirse

como procedimientos de derivación. Meléndez Lozano (1998: 59), indica que los

clasificadores han prácticamente caído en desuso,121 y este hecho es más evidente entre los

jóvenes. No obstante, en el léxico puede apreciarse la presencia de clasificadores como

parte de un procedimiento de derivación (ya no productivo) que, en otra época, dio lugar a

la creación de nuevos elementos léxicos:

(148) nu-tui (ACH-Meléndez Lozano 1998: 93)


1SG-CL.redondeado
‘mi ojo’

(149) ma-tui-kua (ACH-Meléndez Lozano 1998: 52


DER.PRV-ojo-CL.oblongo
‘gusano sp.’

(150) sa’rusaru-kua (ACH-Meléndez Lozano 1998: 59


podrir-CL.oblongo
‘culebra sp.’

(151) li-numa-kua (ACH-Meléndez Lozano 1998: 92)


3SG.M-boca-CL.oblongo
‘costa, borde’

120
Es una contracción de –kitso; no confundir con –ki ‘palito, ramita’.
121
En coincidencia con Wilson y Levinsohn (1992: 63), “Parece que los clasificadores tienden a caer en
desuso… Para referirse a un mamífero, muchas veces no se emplea un clasificador”.
243

(152) ma-numa-ta (ACH-Meléndez Lozano 1998: 93)


DER.PRV-boca-CL.humano
‘silencio’

Con respecto al MAM, se ha mencionado que los clasificadores nominales

constituyen un rasgo característico de las lenguas de la familia nambikwara. El mamaindê

tiene veinticuatro; el nambikwara del sur tiene dieciocho (Kroeker 2001: 44), el lakondê

tiene ocho (Telles 2002: 187) y el sabanê siete (Araujo 2004: 113). Ya se ha visto en varios

de los ejemplos la productividad del sistema, particularmente con respecto a su función

derivativa, mediante la cual es posible especificar con mayor precisión lo designado por el

sustantivo:

(153) kateik-kann-tu (MAM-Eberhard 2009: 330)


mangava-CL.redondo-SN
pelota de (goma de) mangava’

Tal como característicamente sucede en otros sistemas de clasificadores, se verifica

la posibilidad de hacer un uso anafórico: una vez presentado un nominal en el discurso,

puede ser retomado a partir de la sola presencia del correspondiente clasificador:

(154)a. nakatos-tu na-halo-khu un-je-latha-Ø-wa


negarotê-SN POS3-tierra-CL.tierra lejos-ENFS-SUJ3-PRES-DECL
‘La tierra de los negarotê está muy lejos’

b. naintoh, na-khu naih ai-ten-a-Ø-wa (MAM-Eberhard 2009: 336)


CON POS3-CL.tierra todavía ir-DES-1-PRES-DECL
‘aún así, todavía estoy intentando ir (a su tierra)’

Los clasificadores nominales del MAM exhiben una notable variedad semántica:122

122
Eberhard (2009: 340) aclara con respecto a clasificadores y género: “Although gender is a type of noun
classification, the fact that this gender marker can follow the noun classifier is a clue that in Mamaindê these
are two separate morphological categories.”
244

Clasificadores del MAM (Eberhard 2009: 331-335)


-thĩn ~ -nĩn vivienda/pueblo
-kalo chato
-thãn forma de hoja
-kanĩn redondo/esférico
-khat palito, varita
-thũ ~ -nũ polvo/pasta/granulado
-teh ~ -leh cuerda/camino
-soka ~ -soki humano/animado

-sa ~ -ja ~ -na líquido/gas/aire/habla/sonido (‘fluyente’)


-thã cosa abstracta
-si grupo de personas
-ki ser vivo animal o vegetal123
-khu tierra
-weh río
-kun orilla/banco
-na área/espacio
-hen tiempo
-sen ~ -len ~ -khen contenedor
-tunni negro124
-eini pardo rojizo
-kalokalon manchado
-ĩu * tartamudo
-hahau * enano
-khuthi * lisiado

123
Esta es una categoría muy poco precisa y con numerosas excepciones.
124
Aikhenvald (2000: 280) observa que “[c]olour is never used as a basis for noun categorization”, si bien
aclara que ‘lustre’ o ‘visibilidad’ es uno de los parámetros para la categorización nominal en la lengua
australiana anindilyakwa.
245

Los significados codificados por los clasificadores van desde los más usuales y

extendidos de forma, función y consistencia:

(155) hiuti-khat-tu (MAM-Eberhard 2009: 332)


árbol-CL.palito-SN
‘tronco’

(156) ten-nĩn-tu (MAM-Eberhard 2009: 331)


viejo-CL.vivienda-SN
‘casa vieja’

(157) sakĩn-nũ-tu (MAM-Eberhard 2009: 332)


arena-CL.polvo-SN
‘arena’

a otros orientados a cubrir el espectro de la jerarquía de animacidad (desde el inanimado de

‘cosa abstracta’, pasando por ‘ser vivo animal o vegetal’ hasta ‘humano/animado’):

(158) nũsa-jaih-thã (MAM-Eberhard 2009: 333)


POS1.PL-triste-CL.cosa-SN
‘nuestra tristeza’

(159) mãin-ki-tu (MAM-Eberhard 2009: 334)


cajú-CL.planta-SN
‘cajú’

(160) tun-soki-tu (MAM-Eberhard 2009: 337)


gruñir-CL.animado-SN
‘el gruñidor (=piraña)’

(161) na-te-soka-ta-naa-lei-ijah-ani (MAM-Eberhard 2009: 327)


POS3-esposa-CL.humano-F-PL-FUT.N-DEM-SN
‘aquellas que fueron sus esposas en el pasado’

Es notable la variedad de clasificadores específicamente destinados a proveer

información espacial (‘río’, ‘banco’, ‘tierra’, ‘área’) o temporal:


246

(162) naho-kun-tu (MAM-Eberhard 2009: 334)


agua-CL.banco-SN
‘banco del río’

(163) brasil-khu-tu (MAM-Eberhard 2009: 325)


Brasil-CL.tierra-SN
‘Brasil’

(164) wajona-hen-tu (MAM-Eberhard 2009: 334)


menstruar-CL.tiempo-SN
‘la época de la menstruación’

Otros clasificadores que sobresalen por su alta especificidad semántica son los que

aluden a características físicas de algunos humanos –ejs. (111)-(113)–.

A partir de varios de los ejemplos anteriores se hace evidente entonces la riqueza de

mecanismos para la generación de nuevos elementos léxicos; los clasificadores, así,

aparecen involucrados en diferentes tipos de procesos derivativos, tanto para proveer una

mayor especificidad semántica de un nominal, como para crear un sustantivo a partir de

verbos.

5. Síntesis del capítulo

Hemos podido ver ciertas semejanzas entre el MAT y el ACH en cuanto a sus

respectivos sistemas de categorización nominal. En ambos casos se reconoce un sistema de

género gramatical, que opone masculino/femenino, a los que se superponen otros sistemas:

una clasificación basada en la animacidad y otra fundada en rasgos semánticos varios (del

tipo de los clasificadores numerales) en el caso del MAT, y un sistema de clasificadores

numerales, en el caso del ACH. Con respecto a los ‘clasificadores’ del MAT, es interesante

diferenciarlos de los del ACH, que se encuadran en la típica definición de clasificadores

numerales propuesta por Allan (1977). En el MAT, no solo pueden marcar expresiones no
247

numerales (en este caso, los adjetivos), sino que (según observaciones de Shepard 1997:

38) parecen conformar patrones de concordancia. Resulta interesante, al respecto, retomar

algunas observaciones de Derbyshire y Payne (1990) a partir del relevamiento de los

sistemas de clasificación nominal en aproximadamente veinte lenguas amazónicas:

“None of the classifier systems reported here have all the typical
characteristics of canonical numeral systems. […] Nevertheless, we have
used the term ‘modified numeral classifier’ systems for such languages
because they do have other features of what has come to be known as a
characteristic numeral classifier system” (Derbyshire y Payne 1990: 265).

Shepard (1997: 33) propone la distinción entre ‘clasificación numeral verdadera’

(true numeral classification) –cuando la marca clasificadora aparece en expresiones

numerales– y ‘clasificación de tipo numeral’ (numeral-type classification) –cuando la

marca aparece en adjetivos, sustantivos y otras expresiones no numerales, tal como sucede

en el MAT.

El MAM, por su parte, difiere un tanto de las lenguas anteriores, tanto con respecto

al sistema de género –mucho menos extendido en las distintas clases de la lengua: solo se

lo registra en sustantivos y pronombres– como en cuanto al locus de los clasificadores –

que no aparecen en los numerales sino en los propios sustantivos. El rasgo en común que

presentan las tres es la posibilidad de focalizar específicamente la animacidad, si bien esto

se realiza por vías diferentes: el MAT cuenta con un sistema de dos categorías

(animado/inanimado), marcadas en numerales y adjetivos, que presenta más semejanzas

con un sistema de género que con los clasificadores; mientras que tanto en el ACH como en

el MAM son los clasificadores quienes se encargan de dar cuenta de la animacidad.

En el siguiente cuadro se integran los puntos más salientes del análisis de las tres

lenguas.
248

MAT ACH MAM

tres géneros (M/F/N) – – -


motivado en sexo: humano + + +
motivado en sexo: animado
- - (+)
no humano
género para inanimados +1 +2 ?
motivación semántica de los
Asignación + + +
clasificadores
variabilidad en la asignación
(-) – -
del clasificador
clasificadores para animados
+ + +
no humanos
clasificadores para humanos - + +
pronombres (3º) M/ F M/ F M=Ø/F

artículos n/a (M/F) n/a


demostrativos M/ F (M/F) -
Concor- 3
numerales ANIM/INAN (+ CL) M/F / (CL) -
dancia 4
adjetivos ANIM/INAN (+ CL) M/ F (CL)
5 5
poseedor M/ F M/ F -
poseído - - -
género obligatoriamente
(-) (-) (-)
marcado
Marcación animacidad obligatoriamente
- n/a (-)
en el sust. marcada
clasificador
– – (-)
obligatoriamente marcado

1
Mayormente, el femenino.
2
En apariencia, con predominio del masculino.
3
El numeral ‘uno’, en combinación con humanos, sufija género y no clase.
4
Es posible que en los adjetivos se haya perdido la relevancia semántica de la distinción
animado/inanimado.
5
Pronombre posesivo de 3º
249

CAPÍTULO 5

Género, clases nominales y clasificadores

1. Introducción

Este capítulo difiere de los anteriores en que aquí no se van a presentar los sistemas

de categorización nominal de varias lenguas a fin de compararlos entre sí. En el corpus de

lenguas con que hemos trabajado, solo una lengua clasifica los nominales según sexo y

animacidad (dando lugar a una interpretación del sistema como género gramatical), según

forma y consistencia (en un sistema de concordancia con las características propias de las

clases nominales) y según variados y numerosos rasgos semánticos (que conforman un

sistema del tipo de los de clasificadores).

A pesar de no poder contrastarla con otra lengua, consideramos que la lengua

andoké resulta sumamente interesante a los propósitos de esta investigación, por lo que

procederemos a presentar sus características más destacadas en cuanto (a) los criterios de

asignación, tomando en cuenta los diferentes puntos de la escala de animacidad, así como

los rasgos semánticos involucrados en cada caso; (b) en los mecanismos que exhiban

concordancia, su realización en las diversas clases vinculadas con el sustantivo; (c) en los

mecanismos no concordiales, su organización y vinculación con los otros procedimientos

de clasificación.

Este capítulo, pues, se centra en el andoké (AND), una lengua aislada (Landaburu

1979, 1993, 2000; Varese 1983; Patiño Roselli 1987) hablada en el Amazonas colombiano

—en cercanías de la sección media del río Caquetá, en una zona de bosque tropical a 400

km aproximadamente de la frontera con Brasil— por unas doscientas personas. Las

descripciones aquí utilizadas corresponden a Landaburu (1976, 1979, 1993, 2000).


250

2. Criterios de asignación de género, clase y clasificadores

En AND, la categorización nominal –si bien ocupa un lugar preponderante en la

lengua125– no se manifiesta directamente en los nominales, sino a través de índices

referenciales de entidad,126 de los cuales los personales refieren a los participantes de la

interlocución, mientras que los genéricos (que remiten a la 3º persona) proveen

información acerca de las propiedades del referente a través de un conjunto de ocho formas

clasificadas de acuerdo con varios parámetros (animacidad, sexo, distancia, forma,

consistencia). Estos índices constituyen el primer mecanismo de referencia, por lo que no

pueden ser considerados meros pronombres, esto es, elementos en relación de dependencia

con un nombre al que reemplazan y que constituye su antecedente. Es, pues, a través de

estos índices genéricos que se realiza la partición de los sustantivos en diferentes clases.

Los sustantivos animados singulares se adscriben a los géneros masculino y femenino;

en cuanto a las entidades humanas, el criterio de sexo es pertinente; por otra parte, los términos

que designan animales presentan un género inherente que no refleja la oposición de género

natural. Las entidades inanimadas se agrupan en tres clases, dos de las cuales están motivadas

en criterios de forma y consistencia, y la restante opera como clase residual.

Dado que los sustantivos no reciben marca formal que identifique la clase a la cual

pertenecen, esta se reconoce a través de la concordancia.

2.1. Motivación en la asignación de los sustantivos

En la organización de las clases nominales de la lengua AND –tal como sucedía en

las lenguas que presentaban a la vez género y clases nominales– también juega un papel

125
Según Landaburu (1993: 145), « en langue andoke, la première opération d’appréhension linguistique du
référé es une catégorisation générique. Nous entendons par là une opération par laquelle le locuteur, visant
une entité dont il va parler, la confronte aux différentes valeurs d’un paradigme fermé, choisissant, pour la
représenter linguistiquement dans le discours, celle qui lui semble la plus conforme ».
126
«Un nom peut alors éventuellement caractériser l’indice ; il ne peut de lui-même référer à une entité sans
passer par l’indice » (Landaburu 1993: 146).
251

preponderante la animacidad, que opera como eje distributivo en el sistema de

clasificación nominal. Las entidades animadas se distribuyen en tres categorías basadas en

los rasgos de sexo y grado de individuación: masculino (denominada por Landaburu CN31:

yóh ‘hombre’; bei ‘pez’, iño ‘perro’), femenino (CN32: tii ‘mujer’, noe ‘murciélago’,

sip ‘pájaro carpintero’) y colectivo (CN33: hiha ‘gente’).

Los inanimados también se reparten en tres categorías, cuyos fundamentos

semánticos son la individuación, la forma y la consistencia. Así, la CN3 reúne no animados

aunque individuados, cuya forma sea redondeada o hueca, o bien presenten una

consistencia blanda: isi ‘piedra’, púk ‘canoa’, -sod ‘lengua’. La CN2 de inanimados

individuados engloba, en general, elementos alargados: kd ‘árbol’, -k ‘bastón’, -tad

‘hueso’, -kódi ‘diente’, -ñe ‘pluma’. La CN1 continúa manteniendo el rasgo de no

animado, aunque en este caso se pierde el de individuación, por lo que remite a sustancias,

términos abstractos, objetos y plantas: dúu; ptakoi ‘ceniza’; tui ‘cerro’, hp ‘noche’;

sed ‘hoja’; -pe ‘pimpollo’; -tasi ‘piel, corteza’.

2.1.1. Inanimados

En AND, las entidades animadas se vinculan, a través de los índices referenciales,

con alguna de las siguientes clases: la CN 30, que agrupa objetos redondeados y blandos; la

CN2, con objetos rígidos y largos; o la CN1, que sería una clase residual.

Los índices genéricos que remiten a inanimados presentan las siguientes formas:

Índice referencial genérico AND –inanimados


(Landaburu 2000: 278-279)
ICN1 -
ICN2 ó-
ICN30 o-
252

(1) duu b--i (AND-Landaburu 2000: 278)


agua AS-ICN1-PRES
‘eso es agua(CN1)’

(2) púk b-oya127-Ø (AND-Landaburu 2000: 281)


canoa AS-ICN3-PRES
‘esto es una canoa(CN30)’

La CN30, que remite a objetos redondeados, huecos y/o blandos, engloba objetos

(canoas, trampas huecas, recipientes) y elementos vegetales (semillas, frutas, hongos,

palmeras –por su interior blando– y árboles no leñosos). En el léxico anatómico,

pertenecen a esta clase las vísceras (-pitú ‘corazón’; -tú ‘hígado’) así como otras partes

corporales blandas (-son ‘lengua’; -hád ‘testículo’), redondeadas (-kodói ‘rodilla’, -pódi

‘rostro’) o huecas (-yáta ‘vagina’).

A la CN2 pertenece la mayor parte de los términos botánicos, particularmente

aquellos que remiten a árboles leñosos y tubérculos. Los objetos que se adscriben a esta

categoría son largos y/o afilados (k d ‘bastón de danza’, -si ‘cuerno, espina, punta’). En

lo anatómico, incluye las extremidades (-pn ‘pierna’, -dka ‘pie’, -domi ‘mano’), los

huesos (-sódi ‘costilla’), otras partes duras (-s p ‘muela’, kóni ‘diente’) o alargadas (–di

‘pene’).

La CN1 incluye entidades poco individualizadas, sustancias (‘agua’; ñoi ‘tierra’;

bóasiaki ‘humo’, -e ‘líquido, jugo’), términos abstractos (-ti ‘nombre’, -soofa ‘símbolo,

lengua’, -tamonoi ‘alma’), plantas, ríos y entes míticos como sirenas y fantasmas.

127
En el asertivo, la marca de CN30 o- se presenta como oya-
253

2.1.2. Cuerpos celestes

Tanto ‘sol’ (i ) como ‘luna’ (pód) pertenecen al género masculino (CN31),

hecho que se justifica en los relatos mitológicos, en los que ambos son hermanos. El

término para estrella, ko, también corresponde al género masculino. Esto no se extiende

a los fenómenos de la naturaleza: d-i ‘lluvia’ se considera de la clase inanimada residual

CN1.

2.1.3. Animados no humanos

Los animales pueden pertenecer al género masculino o al femenino, aunque esta

categorización no se correlaciona con el género natural. Así, la mayoría de los animales

pertenecen al masculino (CN31): resulta particularmente interesante que abejas, avispas y

abejorros pertenecen todos a este género, asignación atribuida a la presencia del aguijón

que está conceptualizado como instrumento masculino (Jara 1996: 274). Otros animales,

como las culebras, los murciélagos, los pájaros y los ratones, se consideran de género

femenino (CN32):

(3) [yoh] [sip] ya-dó- b-i-ñe (AND-Landaburu 2000: 280)


hombre carpintero ICN31-capturar-CN3 AS-ICN32- PAS.VIG
‘ella [pájaro carpintero(CN32)] fue capturada por él [hombre(CN31)]’128

Considerados como especie en su totalidad, corresponden a la CN33, que remite a

entidades colectivas.

Los índices genéricos que corresponden a entidades animadas son:

128
Se recurre a la voz pasiva para dar una idea del sentido de la oración; no obstante, como puede verse, la
base no presenta variación en cuanto a modalidad cognitiva ni temporalidad.
254

Índice referencial genérico AND –inanimados


(Landaburu 2000: 278-279)
lejano/ no visible
ICN31 (masculino) ya- o-
ICN32 (femenino) di-/ i- o-

ICN33 (animado colectivo) 

2.1.4. Humanos

En el caso de los seres humanos, la distinción de género gramatical refleja la

distinción de sexo. Como los sustantivos no explicitan el género, esta distinción se

manifiesta por medio de pares supletivos:

(4)a. tii b. yóh (AND-Landaburu 1979: 320)


‘mujer’ ‘hombre’

(5)a. - b. -k (AND-Landaburu 1979: 320)


‘esposa’ ‘esposo’

(6)a. –tí b. -p (AND-Landaburu 1979: 320)


‘madre’ ‘padre’

Cuando se trata de otros términos con referente humano, es por medio de los

índices genéricos que se puede identificar el género del sustantivo:

(7) poso b-yaya129-pé (AND-Landaburu 2000: 278)


jefe AS-ICN31-PAS
‘él era jefe(CN31=M)’

129
La marca de CN31 se presenta en el asertivo como yaya-
255

3. Patrones de concordancia: géneros y clases

Como ya se ha dicho, la clase a la que pertenece determinado nominal no se marca

explícitamente en este, sino que se reconoce a través de variadas concordancias. Como se

podrá ver a través de los ejemplos, el elemento más importante con respecto al fenómeno

de la concordancia es el ya mencionado índice referencial genérico de entidad.

El núcleo oracional en AND presenta una estructura de tipo predicado + base. Esta

incluye el índice referencial de entidad que remite a determinado nominal (el predicado); a

su vez, dicho índice se encuentra rodeado por marcas enunciativas: antepuesta, la

indicación de modalidad cognitiva (b- ‘aserción, presuposición de conocimiento’; ke-

‘afirmación categórica’; ba- ‘duda’; k-/d- ‘ignorancia, duda’) y, pospuesta, la marca de

temporalidad (-i ‘presente, no acabado de acontecer’; ñe ‘recién acontecido, aún vigente’;

-pé ‘no recién acontecido, ya no vigente’). La yuxtaposición de nominal y base permite, a

través del índice contenido en esta última, identificar a qué categoría pertenece

determinado sustantivo, como pudo verse en los ejemplos (1) y (2):

(8)a. duu b. púk


‘agua(CN1)’ ‘canoa(CN30)’

Los índices referenciales presentan también (aunque no en una correspondencia uno

a uno) formas de concordancia en los predicados verbales130:

130
Aunque el verbo queda fuera de los alcances de este análisis, se menciona el tema pues la función
calificativa es llevada a cabo por formas verbales que exhiben marcas de concordancia.
256

Índices referenciales131 AND (Landaburu 2000: 278-279)


marca de concordancia verbal
genéricos CN1 - -i

CN2 ó- -k
CN30 o-
CN31 ya- / o-
CN32 di-~ i / o-

CN33 
-
personales 1SG o-
2SG ha-
1PL ka-
2PL k

Como puede verse en el cuadro anterior, las marcas de concordancia son menos

informativas con respecto a la clase, dado que los índices referenciales 30, 31, 32 y 33, así

como los índices personales (1SG, 2SG, 1PL y 2PL) comparten la misma forma:

3.1. Pronombres

Los pronombres del AND se constituyen a partir de los índices referenciales, a los

que se agregan los sufijos de caso:

Marcas de caso-AND (Landaburu 2000: 281)


NOMINATIVO -

RECIPIENTE, PACIENTE SEGUNDO -a- ~ -e

DATIVO, MEDIATIVO -

131
Además de las ocho formas aquí mencionadas, existe otro índice: i-, glosado como ‘índice definido no
especificado’ (IDNE), que no remite a una clase en particular sino a un sustantivo, cuando es definido. Se lo
puede utilizar como marca del sujeto, o para indicar una estructura posesiva con poseedor no especificado.
Cuando el índice remite a un elemento definido pero no identificado, se utiliza la forma correspondiente a la
clase residual, CN1. En caso de que se tenga certeza de que se trata de una entidad animada, se emplea la
forma animada plural, CN33 (Landaburu 1979: 148-149).
257

INSTRUMENTAL, COMITATIVO -ba


ANTISOCIATIVO, AUSENCIA -ta
BENEFACTIVO -t

ANTIBENEFACTIVO -ká

De esta manera, se conforma un sistema de formas pronominales que indican,

además de persona y número, la función que ese pronombre desempeña en la oración: o-

ká (1sg-ANTIBENEFACTIVO) ‘contra mí’; ya- (ICN31-DATIVO) ‘para él’; di-tá (ICN32-

ANTISOCIATIVO). ‘sin ella’.

(9) púk b-oya-Ø ha- o-ti- (AND-Landaburu 2000: 281)


canoa AS-ICN30-PRES 2SG-DAT 1SG-hacer-CN3
‘esto es una canoa(CN30) que hice para vos’

(10) o-ká b- dok ya-k-i (AND-Landaburu 2000: 281)


1SG-ANTIBEN AS-ICN1 gesto.agresivo ICN31-hacer-CN1
‘me amenaza (lit. ‘esto es un gesto agresivo(CN1) que [alguien(CN31)] hace contra
mí’)’

Con respecto a la marca de nominativo (-), esta corresponde a los índices

referenciales personales:

Pronombres personales AND (Landaburu 2000: 283)


1 o 1 ka
Singular Plural
2 ha 2 k

La marca de nominativo en el índice referencial genérico varía según su ubicación

deíctica o anafórica. Estos últimos sirven para designar, según su CN, una entidad ya
258

mencionada en el discurso, o bien que va a ser mencionada (por lo cual también son

catafóricos):

Pronombres anafóricos/catafóricos-AND (Landaburu 2000: 281)


CN1 ka
CN2 óka
CN30 oka
CN31 yaka
CN32 dika / oka

CN33 ka

Las formas deícticas serán tratadas en 3.3.

3.2. Artículo

La lengua AND no cuenta con artículos.

3.3. Demostrativos

Los demostrativos también se forman a partir de los índices referenciales genéricos,

a los que se sufija una marca de ubicación cercana, de no cercanía y sin especificación con

respecto a distancia:

Demostrativos and (Landaburu 2000: 281))


CN1 ñe CN1 di CN1 i

CN ódo CN2 óa CN2 óya

cercanía CN30 odo no cercanía CN30 oa CN30 oya


no marcado
CN31 yado CN31 yaa CN31 oya

CN32 ñebi CN32 ñebidi CN32 obi

CN33 ñe CN33 di CN33 i


259

Estas formas pueden tanto determinar como sustituir al nominal; en ambos casos,

con formas concordantes en clase:

(11) odo púk (AND-Landaburu 1979: 154)


DEM.PRX.CN30 canoa
‘esta canoa(CN30)’

(12) ñebidi noe (AND-Landaburu 1979: 154)


DEM.DIST.CN32 murciélago
‘aquel murciélago(CN32=F)’

(13) óa yidk (AND-Landaburu 1979: 154)


DEM.DIST.CN2 leña
‘aquella leña(CN2)’

(14) i paa (AND-Landaburu 1979: 154)


DEM.CN1 lugar
‘este lugar(CN1)’

3.4. Numerales

El sistema de numeración de la lengua AND se basa en la combinación de los dos

primeros numerales entre sí y con otros pocos elementos léxicos.

Los numerales propiamente dichos son isidé ‘uno’ y -hmá ‘dos’.132

(15)a. isidé i  (AND-Landaburu 1977: 120)


uno sol
‘un sol (=año)’

b. ya-hma i  (AND-Landaburu 1977: 124)


ICN31-dos sol
‘dos sol(=año)’

132
Aclara Landaburu (1979: 135-136) que isidé ‘uno’ proviene de la unión del demostrativo i y del
clasificador – sidé ‘único’; por su parte, -hmá ‘dos’, es un sustantivo que en general alude a la idea de
paridad, dualidad.
260

Mientras el primero es una forma invariable, el segundo exige un índice prefijado

que remita al referente, por lo que puede utilizárselo para identificar la clase nominal a la

que pertenece un sustantivo. Así, -hmá significa ‘un par de objetos de CN1’; ya-hmá

‘un par de hombres/animales de género masculino(CN31)’; -hmá ‘ellos (CN33=animado

colectivo) dos’.

(16) isidé b- o-tai (AND-Landaburu 179: 136)


uno AS-ICN1 1SG-cabeza
‘mi cabeza es una unidad (o ‘yo tengo una cabeza’)’

(17) isidé b- ya-i-i (AND-Landaburu 179: 136)


uno AS-ICN1 ICN31-ser-CN1
‘él (31) es único’ (o ‘no hay más que uno’)’

(18) -hmá b- o-ák (AND-Landaburu 1979: 136)


CN1-dos AS-ICN1 1SG-ojo
‘tengo dos ojos (o ‘mi ojo es doble’)’

A partir de las formas para ‘uno’ (isidé), ‘dos’ (-hmá) y ‘cantidad’ (paa), en

composición con los términos para ‘mano’ (-domi), ‘pie’ (-dka) y ‘persona’ (- / hihi)

es posible la numeración; así, ‘cuatro’, literalmente, es ‘dos, dos’; ‘seis’ es ‘uno y la otra

mano’; ‘trece” es ‘uno, dos y nuestros pies’; ‘cuarenta’ es ‘dos personas’, etc. (Landaburu

1979: 137-138).

3.5. Adjetivos

La función calificativa, tradicionalmente atribuida a los adjetivos, es llevada a cabo

por verbos en la lengua AND. En tanto las formas verbales incluyen una marca de

concordancia verbal, y que la base predicativa se apoya en un índice cuyo referente puede
261

estar explicitado (por medio del nominal correspondiente) en la misma frase, es posible

también en este caso utilizar las concordancias como medio para determinar la clase a la

que ese sustantivo pertenece:

(19) [tómi] pa-i -hmá (AND-Landaburu 1979: 282)


ananá ser.verde-CN1 ICN1-dos
‘dos [ananás(CN1)] verdes’

(20) duu ñé-i b--i (AND-Landaburu 1976: 28)


agua ser.bonito-CN1 AS-ICN1-PRES
‘el agua(CN1) es bonita’

(21) bopko ñé-k b-oya (AND-Landaburu 2000: 280)


maloca ser.bonito-CN2 AS-ICN2
‘la maloca(CN2) es bonita’

(22) adu b-aya ñé- (AND-Landaburu 1976: 23)


guacamayo AS-ICN31 ser.bonito-CN3
‘el guacamayo (CN31=M) es bonito’

En este último caso, se puede ver cómo la información concreta acerca de la clase

nominal a la que pertenece adu ‘guacamayo’ no proviene de la marca de concordancia en

el verbo (que solo excluye la posibilidad de que sea de CN1 o CN2),133 sino que se reconoce

a partir del índice referencial que compone la base predicativa.

3.6. Posesión

El AND distingue entre posesión inalienable y alienable. La posesión inalienable se

codifica mediante la prefijación al nominal poseído del índice referencial (personal o

genérico) que remite al referente. Este tipo de relación se utiliza con sustantivos que

133
Recordar el amplio rango de -, que recubre todos los índices personales y cuatro de los genéricos.
262

designan partes del cuerpo humano o animal, así como partes de vegetales (23); relaciones

de parentesco (24); relaciones espaciales o lugares (25) y algunos objetos (26):

(23)a. o-dobi b. ha-ák (AND-Landaburu 2000: 283)


1SG-mano 2SG-ojo
‘mano mía’ ‘ojo tuyo’

c. ya-tai (AND-Landaburu 2000: 283)


ICN31-cabeza
‘cabeza de hombre/animal de género gramatical masculino(CN31=M)’

d. di-pódi (AND-Landaburu 2000: 283)


ICN32-cara
‘cara de mujer/animal de género gramatical femenino(CN32=F)’

e. -bi (AND-Landaburu 2000: 283)


ICN1-fruta
‘fruta de árbol/mata de CN1’

(24)a. o-pi b. k-hasi (AND-Landaburu 2000: 283)


1SG-hermano.menor 2PL-hermano.mayor
‘mi hermano menor’ ‘hermano mayor de ustedes’

c. ka-hakoñoe d. ya-yotap (AND-Landaburu 2000: 283)


1PL-vecino ICN31-abuelo
‘vecino nuestro’ ‘abuelo de él(CN31=M)’

(25)a. -bai b. -ohe (AND-Landaburu 2000: 283)


ICN1-cabecera ICN33-puerto
‘origen/ cabecera de algo de CN1’ ‘puerto de ellos(CN33)’

c. ya-id (AND-Landaburu 2000: 283)


ICN31-derecha
‘parte derecha de hombre/animal de género masculino (CN31=M)’

d. ka-dai (AND-Landaburu 2000: 283)


1PL-parte.superior
‘parte descubierta/superior de nosotros (=cielo)’
263

(26)a. ya-p b. ka-piddé (AND-Landaburu 2000: 283)


CN31-hamaca 1PL-taparrabo
‘hamaca de él(CN31=M)’ ‘taparrabo nuestro’

c. ha-sea d. -pko (AND-Landaburu 2000: 283)


2SG-ropa ICN33(=COLEC)-casa
‘tu ropa’ ‘casa de ellos(CN33=COLEC)

Como se dijo antes, la estructura posesiva utiliza las formas de los índices

referenciales personales o genéricos. Pero también es posible utilizar el índice referencial

definido no especificado, i-, en los casos en que no se pueda o no se desee especificar el

término al que se vincula el sustantivo inalienable:

(27) i-pko (AND-Landaburu 2000: 283)


IDNE-casa
‘casa de alguien’

También es posible que el nominal al que remite el índice referencial se encuentre

presente en la frase; en ese caso, la forma del índice permite la identificación de la clase a

la que pertenece el sustantivo:

(28) pód ya-ti (AND-Landaburu 1979: 177)


luna ICN31-madre
‘la madre de la luna(CN31=M)’

(29) ayásé -ni (AND-Landaburu 1979: 177)


sirena ICN1-canto
‘el canto de la sirena(CN1)’

En el caso de los sustantivos alienables, la posesión se expresa por medio de la

sufijación del elemento –koá al poseído, mientras que el poseedor se codifica por medio
264

del índice referencial de la base predicativa (pues esta estructura se interpreta como una

“predicación de posesión”.

(30) ták-koá b-o- (AND-Landaburu 2000: 279)


machete-POS AS-1SG-NOM
‘mi machete (o ‘yo tengo un machete’)’

(31) pahasé-koá b--ha- (AND-Landaburu 1979: 160)


arco-POS AS-2SG-NOM
‘tu arco (o ‘vos tenés un arco’)’

4. Clasificadores

Más allá de la posibilidad de categorizar los sustantivos animados según un sistema de

género (masculino y femenino en singular, animado en plural) y de diferenciar los

sustantivos con referente inanimado en otras tres clases nominales (manifestadas a través

de la concordancia), la particularidad del AND es contar también con un sistema de

clasificadores. En su descripción, Landaburu (1979) los denomina “sustantivos

clasificadores”, y los relaciona con los “nombres relativos” dado que comparten su carácter

de ligados. En efecto, ambas clases requieren de la anexión de un elemento que las

determine. En el caso de los “nombres clasificadores”, estos se sufijan a una forma

demostrativa, o bien a un pronombre anafórico. En análisis más recientes, como el de

Fabre (2002), se considera al AND como una lengua con clasificadores; también se destaca

la semejanza desde un punto de vista semántico (clase natural, forma, consistencia, uso,

etc.) de los clasificadores del kamsá, del uitoto, de las lenguas de la famila Tukano y del

andoké (Fabre 2002: 191).

En el siguiente ejemplo, -h, clasificador que remite a toda especie de roedor, se

pospone al demostrativo de cercanía de CN31=M:


265

(32) yado-h (AND-Landaburu 1979: 134)


DEM.PRX.CN31-CL.roedor
‘este animal de género masculino(CN31=m) roedor’

Dado que cada clasificador se combina con una clase nominal específica (en el caso

de –ha, con la CN3), permite una mayor especificación del referente, al sumar la

información semántica del propio clasificador (a saber, que se trata de un roedor) a la

información provista por la clase con que este se relaciona (si bien en este caso es bastante

vaga, pues la CN3, englobaría tanto la CN30 –objetos redondos y blandos–, la CN31

(animado masculino), la CN32 (animados femeninos) y la CN33 (animados colectivos).

Particularmente, es la forma del demostrativo la que termina por definir que el referente

corresponde a la clase nominal 31.

En este sentido, este mecanismo clasificatorio se corresponde muy cercanamente

con otros sistemas de clasificadores encontrados en las lenguas. De hecho, la definición

que Landaburu (1979) ofrece de los “sustantivos clasificadores” presenta notables

semejanzas con la definición de Allan (1977), incluso en cuanto a las facetas semánticas

que contemplan:

Les bases des noms classificateurs expriment généralement un concept


classificatoire d’autres bases, du point de vue sémantique de la forme
physique, de la consistance, de la grandeur,… etc. Le classificateur permet
de désigner un item par une de ses qualités sensibles parce qu’on ne veut
pas (parce qu’on ne sait pas) le spécifier davantage. Ainsi une cigarette, une
flèche, une aiguille,… peuvent être désignées par –be.
Un même classificateur peut être appliqué à des items de différentes classes
nominales. Un tubercule allongé se dira ka-n (pronom N.1) s’il s’agit
d’arachide (de classe N.1), il se dira óka-n (pronom N.2) s’il agit de
manioc. (Landaburu 1979: 134)

Algunos clasificadores son bastante generales, y se limitan a proporcionar

información en cuanto a la forma, función o característica esencial de la entidad referida:


266

Clasificadores AND-1 (Landaburu 1979: 322-323)


(CN3)-ba forma de disco
(CN3)-be varita delgada y fina
(CN1)-i forma redonda

(CN1)-ide pequeño montón redondo

(CN1)- forma redonda y hueca

(CN1)-de granos redondos, bolitas


(CN1)-d forma de anillo

(CN3)-d recipiente

(CN2)-d cilindros rígidos

(CN1)-die líquido
(CN1)-ma pastas, materias blandas
(CN1)-m materias elásticas

(CN1)-pa corteza

(CN1)-se cursos de agua


(CN3)-yó montículo

También pueden proveer datos básicos acerca de qué tipo de especie animal o

vegetal se trata:

Clasificadores AND-2 (Landaburu 1979: 322-323)


(CN3)-i abejorros y coleópteros

(CN3)-da abejas, hormigas, avispas


(CN3)-h roedores

(CN3)-k sapos y ranas

(CN1)-di tubérculos

(CN1)-n maní

(CN2)-n mandioca
267

(CN1)-pí tubérculos pequeños


(CN3)-s grillos

(CN3)-su mamíferos
(CN1)-sú frutas redondas
(CN3)-tá gusanos, serpientes

En cambio, otros presentan un alto grado de especificidad, delimitando de una

manera muy estrecha los rasgos del referente:

Clasificadores AND-3 (Landaburu 1979: 322-323)


(CN1)-be cabellos de mujer
(CN1)-i la palmera chontaduro (Guliema)

(CN3)-no la trampa mino (para cazar pájaros)


(CN1)-ya tamiz

Es interesante notar que –ño ‘gente, humanos’ es el único clasificador que presenta

dos posibilidades de combinación con las clases nominales (CN 1 y CN3): si bien las

entidades animadas corresponden a las CN31, CN32 y CN33, ciertas entidades míticas como

las sirenas y los fantasmas pertenecen a la CN1.

Otro elemento en común con los clasificadores es su potencialidad para la creación

de nuevos elementos léxicos. En AND (al igual que en muchas otras lenguas), este

procedimiento es muy utilizado en las taxonomías zoológicas y botánicas: -p ‘oblongo’,

que remite a bananas y vainas, se utiliza para la distinción léxica de varios tipos de banana:

5. Síntesis del capítulo

Se presentan aquí, en forma de tabla, los principales puntos considerados a lo largo

del análisis de la lengua AND.


268

AND

tres géneros (m/f/n) –


motivado en sexo: humano +

motivado en sexo: animado no humano -

género para inanimados –


Asigna-
motivación semántica de las clases (+)
ción
variabilidad en la asignación de clase –
clases nominales para animados no

humanos
clases nominales para humanos –
M=CN31/F=CN32 (anim)-
pronombres (3º)
CN30/CN2/CN1 (inan)
artículos n/a
M=CN31/F=CN32 (anim)-
demostrativos
CN30/CN2/CN1 (inan)
Concor- 1
M=CN31/F=CN32 (anim) -
dancia numerales
CN30/CN2/CN1 (inan)
M=CN31/F=CN32 (anim)-
adjetivos2
CN30/CN2/CN1 (inan)
3
poseedor M=CN31/F=CN32 (anim) -
poseído -
pronombres (3º) +4
artículos n/a
Clasifica-
demostrativos +
dores
numerales -
marcados 2
adjetivos -
en
poseedor -
poseído -

1
Solo para el número dos.
2
Función llevada a cabo por verbos.
3
En el caso de poseedor de 3º persona (posesión inalienable).
4
Pronombres anafóricos/catafóricos
269

CONCLUSIONES

El examen de los sistemas de categorización nominal realizado en los capítulos

anteriores nos ha permitido ver los variados modos en que las lenguas pueden clasificar los

sustantivos: la diversidad de criterios semánticos operantes, los distintos patrones de

concordancia involucrados y, en algunos casos, la coexistencia de diferentes sistemas de

clasificación dentro de una misma lengua. Más allá de estas diferencias, es posible también

encontrar numerosos rasgos en común: la importancia de la animacidad, no solo para

distinguir el ‘neutro’ del ‘masculino’ y ‘femenino’ en los sistemas de tres géneros, sino

como frecuente eje articulatorio entre dos (o tres) sistemas coexistentes, que

característicamente asignan género a las entidades ubicadas más alto en la escala de

animacidad y categorizan las más bajas según clases nominales y/o clasificadores, en los

cuales suelen predominar los criterios semánticos de forma, función y tamaño.

1. Generales

En términos generales, la observación de los distintos modos en que las catorce

lenguas aquí presentadas (doce de ellas pertenecientes a diez familias lingüísticas

diferentes, las restantes dos aisladas) organizan la clasificación de sus nominales deja en

claro que la categoría de género no es un fenómeno raro ni aislado en las lenguas indígenas

de nuestro continente. Más aún, en algunos grupos lingüísticos (como el grupo rionegrino

del bloque norteamazónico del tronco arawak) constituye uno de los rasgos más notables

(Aikhenvald 1994: 239).

De acuerdo con los objetivos planteados en la INTRODUCCIÓN, el punto inicial del

análisis se ha centrado en la categoría de género gramatical: a este condicionamiento se


270

ciñó la elección de las lenguas aquí presentadas, y ese fue el foco principal de la

investigación. A la vez que se exploraban los mecanismos formales, la extensión y los

criterios semánticos que operaban en cada lengua, se hizo evidente, en algunos casos, la

presencia de otros mecanismos de clasificación nominal que coexistían con el género. Este

fenómeno ya había sido registrado en numerosas ocasiones, en particular con respecto a las

lenguas amazónicas. Así, Derbyshire y Payne (1990: 243) observan que los sistemas de

clasificación de dichas lenguas no pueden ser asignados a las categorías discretas de

‘clasificadores numerales’, ‘clasificadores concordiales’ o ‘clasificadores incorporados al

verbo’, sino que constituyen más bien “a mixture of two or all three types”. Distinguen,

pues, siete tipos diferentes de lenguas: (1) con clasificadores numerales; (2) con

clasificadores concordiales; (3) con incorporación verbal; (4) con clasificadores numerales

y concordiales; (5) con clasificadores numerales e incorporación verbal; (6) con

clasificadores concordiales e incorporación verbal y (7) con clasificadores numerales,

concordiales e incorporación verbal. Dentro de los concordiales, se observan casos en que

el sistema identificado es de género. Aikhenvald (2000), por su parte, presenta variados

casos de lenguas con más de un sistema de clasificación, y destaca que las combinaciones

típicas son: clases nominales y clasificadores numerales; clases nominales y clasificadores

verbales; clasificadores numerales y clasificadores relacionales y, finalmente,

clasificadores numerales y clasificadores nominales. En ciertos casos, como en el del

palikur, se especifica que la clase nominal involucrada es de género, pero no parece ser un

dato relevante para destacar en otros casos. Por otro lado, Fabre (2002: 191) confiere más

importancia a la categoría de género, al describir la clasificación nominal de las lenguas

arawá como un “sistema bifocal”, con un primer criterio de organización de género

(masculino/femenino) y un segundo basado “en otras consideraciones”. También identifica

concretamente como géneros (de dos categorías, masculino y femenino, casi siempre
271

involucrando sustantivos con referente animado), y no como clases nominales, los

mecanismos existentes en otras lenguas consideradas en su análisis, hecho que indica la

pertinencia de destacar los sistemas basados en sexo y animacidad.

Las características generales de los sistemas de género contemplados, considerados

en sí mismos, presentan semejanzas con muchos otros casos estudiados a lo largo de la

historia de la lingüística. Los géneros en las lenguas amerindias también presentan dos o

tres categorías, fundamentadas –no siempre en la misma medida– en animacidad y sexo; al

igual que en muchas otras lenguas, algunas de las aquí trabajadas son parcas en la

manifestación explícita –como se pudo ver en el MAM, en la que se limita a sustantivos y

pronombres, solo se indica el femenino e incluso esta marca es opcional–, mientras que en

otras es casi omnipresente, ya que puede encontrarse en prácticamente todas las clases de

palabras y presenta formas específicas obligatorias para masculino y femenino –como

sucede con el MOS134–.

Los casos analizados también se encuadran en las tendencias universales acerca de

la función determinativa que cumplen los mecanismos de clasificación nominal. Es notable

la escasa presencia de lenguas con artículo en el corpus seleccionado. Más aún, en los

casos en que se puede registrar una forma determinativa del tipo del artículo, esta suele

presentar rasgos peculiares: en GJI, es el sufijo que actualiza al sustantivo en género y

número el que oficia de determinante. El WAR y el MOS, por su parte, cubren la función del

artículo con otras clases de la lengua (demostrativos y pronombres de tercera persona,

respectivamente).

134

Marcación de género en MOS (Sakel 2004: 88-89)


F M locus de marcación
-si -tyi dentro de la frase nominal: sustantivos, pronombres, adjetivos, numerales ordinales,
posesivos, cláusulas de relativo, nominalizaciones.
ö i pronombres, adverbios de lugar, partículas interrogativas.
-’ - verbos intransitivos y transitivos.
supleción sustantivos, pronombres demostrativos, verbo.
272

Menos presencia aún tiene el artículo en las lenguas con clases nominales y/o

clasificadores: en BAU la forma identificada como artículo presenta características bastante

atípicas y, en el caso del ACH, resulta difícil diferenciar el artículo indefinido del numeral

del cual proviene. Estas posibilidades han sido registradas en diversas lenguas del mundo.

Dryer (2007: 154-156), en su estudio tipológico sobre las partes de la frase nominal,

observa que muchas lenguas utilizan los demostrativos en los contextos en que el inglés

usa los artículos; también es frecuente la utilización del numeral ‘uno’, especialmente en

contextos de uso del artículo indefinido. Con menor frecuencia, se registran también casos

de lenguas (como el tidore, lengua papúa-occidental de Indonesia) en las que los

pronombres de tercera persona funcionan como artículos. Finalmente, los marcadores de

clase nominal también pueden considerarse un tipo de artículo según Dryer (2007: 160).

Es posible vincular esta observación acerca de las posibilidades de determinación

con la idea propuesta por Seiler (1982) y otros miembros del proyecto UNITYP, para

quienes los mecanismos de clasificación se ubican en la dimensión de aprehensión,

entendida como el proceso de captación, representación lingüística e individualización135

de los objetos: en el continuum que va desde la generalización a la individualización, las

técnicas de clasificación nominal se ubican en un nivel de mayor individualización que los

artículos:

135
Dentro de la denominada ‘jerarquía de individuación’ (Timberlake 1977: 162) se proponen las siguientes
oposiciones:

+INDIVIDUADO –INDIVIDUADO
propio común
humano, animado inanimado
concreto abstracto
singular plural
contable masa
referencial, definido no referencial
273

abstracción > colección > masa > clasificación verbal > clasificación por artículos
> clasificación numeral > concordancia ‘clases nominales/número’
> concordancia ‘género/número’ > nombre propio

Gráfico 1. Técnicas de aprehensión lingüística:


continuum generalización/individualización (adaptado de Seiler 1982: 6).

También Croft (1994) destaca la función determinativa de los mecanismos de

clasificación nominal. Entre sus observaciones sobre los universales semánticos de los

sistemas de clasificadores, organiza los distintos tipos de acuerdo con la función semántica

o pragmática que cada uno de ellos lleva a cabo:

Tipo de clasificador Función semántica/pragmática


clase nominal determinación (referencia)
clasificador numeral enumeración
clasificador posesivo posesión
clasificador predicativo predicación espacial

Tabla 1. Funciones de los clasificadores (Croft 1994: 147)

En cuanto a la función determinativa, observa que las marcas de clase suelen

encontrarse en determinantes y en otros elementos de expresiones referenciales,

particularmente los demostrativos.

Un hecho interesante con respecto a los demostrativos surge al compararlos con las

tendencias detectadas en los estudios tipológico-comparativos. Los dos rasgos

característicos de los demostrativos en la mayoría de las lenguas son, según Dryer (2007:

162), que pueden usarse para dirigir la atención del oyente hacia alguna cosa en la esfera

perceptual del par interlocutivo y que dan la posibilidad de introducir contrastes de

distancia que involucren al menos dos posibilidades (cerca-lejos).136 En tres de las lenguas

136
Si bien Dryer (2007) reconoce la existencia de demostrativos que solo cumplen con la primera de estas
características.
274

consideradas en esta investigación (MOS, GYA y MAM), existe solo una forma de

demostrativo, que en MOS no indica grado de cercanía, en GYA se interpreta como referido

al lugar del enunciador y en MAM implica distancia.

Otro rasgo a destacar en relación con la clase de los adjetivos es que en muchas de

las lenguas no existe como tal, y las funciones descriptivas y calificativas son llevadas a

cabo por verbos (TEH, GYA, TAT, MIR, MAM). Este hecho es muy frecuente entre las lenguas,

según Dryer (2007: 169), y por tal motivo aclara que los lingüistas usan el término

‘adjetivo’ en dos sentidos: semánticamente, para denotar un conjunto de palabras de

acuerdo con su significado y, en segundo lugar, como rótulo para una clase de palabras de

una lengua en particular, definida por determinadas características gramaticales que la

distinguen de otras palabras de la misma lengua. En el primero de estos sentidos, se los

puede llamar ‘adjetivos semánticos’ e incluyen palabras descriptivas que dan cuenta de

ciertas ‘propiedades’ como tamaño, color, etc. (Dryer 2007: 168-169). Tales adjetivos

semánticos son los que muchas veces corresponden a formas verbales.

2. Específicas

El criterio operativo implementado para profundizar el análisis de las lenguas fue el

lugar del género dentro de los mecanismos de categorización nominal de las lenguas

seleccionadas; esto llevó al establecimiento de cuatro conjuntos –cada uno de los cuales

fue desarrollado en un capítulo–: las lenguas que cuentan con género gramatical; las que

además presentan clases nominales no basadas en sexo/animacidad; las que exhiben, junto

con el género, un sistema de clasificadores; y, finalmente, el caso que reúne los tres

mecanismos. Dado que clases y clasificadores suelen presentar marcadas semejanzas (más

allá de la diferencia que las define, a saber, presencia vs. ausencia de concordancia),

procederemos a realizar algunas reflexiones finales considerando por separado las lenguas
275

con género y las que cuentan con género y algún otro mecanismo de categorización

nominal.

2.1. Lenguas con género

Entre las lenguas que exhiben un sistema de género como único mecanismo de

categorización, casi todas ellas se encuadran en lo que tradicionalmente se entiende como

género gramatical: un mecanismo que establece una partición dentro de los sustantivos, de

acuerdo con alguna propiedad léxica, y que no responde a la voluntad del hablante sino que

se encuentra predeterminada. El GJI constituye una excepción, dado que los nominales no

se consideran pertenecientes a un género de antemano –no traen un género preasignado

desde el lexicón– sino que se les puede atribuir el que sea necesario según las

características del referente. Dado que el género funcionalmente no marcado es el

femenino, los sustantivos establecen concordancias femeninas a menos que se desee

focalizar –en el caso de los que designan entidades animadas– el rasgo [+ masculino] de

cierto hombre o animal macho. Así, la asignación de género se realiza al momento de la

enunciación, cuando se elige establecer una adecuación a la realidad y correferir con el

criterio extralingüístico de género natural. Este motivo podría llevar a pensar que tal

especificación genérica es válida solo para los animados; sin embargo, es posible también

asignar algunos inanimados al género marcado a fin de señalar un rasgo específico. Según

registran Olza Zubiri y Jusayú (1978: 18), el masculino puede ser utilizado para referir a un

objeto pequeño y estimado. Así, ipa ‘piedra’, puede recibir el diminutivo –čon y dar lugar a

la forma t ipa-čon-ka ‘la piedrita’ (con demostrativo y determinante femeninos); pero

también se puede expresar, utilizando las formas masculinas, que el objeto no solo es

pequeño sino también apreciado: či ipa-čon-kai ‘la piedrecita (querida, estimada)’; este

hecho conduce a afirmar que “el masculino tiene con frecuencia un valor hipocorístico o
276

afectivo” (Olza Zubiri y Jusayú 1978: 18). Al respecto, es interesante notar que

generalmente la relación entre género y diminutivo/apreciativo suele darse con el femenino.

Así, en oromo (lengua cushítica) y en las lenguas bereber el femenino es utilizado para

expresar el diminutivo y con frecuencia expresa afecto (Aikhenvald 2000: 279). En

manambu (sepik-ramu), por ejemplo, val ‘canoa’ pertenece al género femenino cuando es

pequeña, y al masculino cuando se refiere a una de mayores dimensiones (Trudgill 2002:

82-3). Otras lenguas que asocian el femenino con el diminutivo son el dizi (omótica), el

halkomeelem (salish) (Corbett 1991: 11). Es probable, entonces, que el género más

marcado sea el que adopte estas funciones suplementarias: en guajiro, al igual que las otras

lenguas del grupo Caribe del tronco arawak (paraujano, lokono y garifuna), el femenino es

el género funcionalmente no marcado (Dixon y Aikhenvald 1999: 84), y también en lokono

la codificación del afecto se realiza por medio del masculino (Aikhenvald 2000: 279).

Esto nos introduce al otro punto de interés para reflexionar: el uso del género para

codificar otros significados diferentes del sexual. Es sabido que muchas lenguas permiten

utilizar la oposición masculino/femenino –particularmente en sustantivos con referentes no

animados– para expresar variados contrastes semánticos. En español (al igual que en varias

otras lenguas romances) se habla del ‘género dimensional’ para explicar casos donde

formas femeninas y masculinas difieren en cuanto a tamaño: así, ‘anillo’ implica un

tamaño menor que ‘anilla’; pero en ‘barco’, el masculino indica un porte mayor que en

‘barca’. Kopyl (1999) da cuenta de algunas de las teorías desarrolladas al respecto. A fin

de justificar la asociación femenino = grande, Wartburg (1921) propuso que, una vez

desaparecidos de algunas lenguas romances el neutro como género gramatical, los plurales

neutros del latín (terminados en -a) se asimilan con el femenino, en una transformación de

significado según la cual ‘plural’ y ‘colectivo’ se transforman en ‘grande’. Esta posibilidad

de diferenciar tamaño “es adoptada por la lengua como un medio de derivación” (Wartburg
277

1921: 55). También existen explicaciones que vinculan masculino = grande,

particularmente varias teorías animistas o psicológicas que destacaron la mayor estatura y

corpulencia de los animales machos y de los hombres. Dauzat (1952) propone dos cadenas

de asociaciones: masculino = grande / femenino = grueso (por la corpulencia de las

hembras gestantes), y este hecho justifica que tanto el masculino como el femenino puedan

implicar un aumento de tamaño. Esta propuesta, además, toma en consideración los casos

en que el género no es solamente un indicador de tamaño sino también de otras

especificaciones, como forma o destino funcional.

En su investigación, Kopyl (1999) destaca que, al menos en algunas zonas de la

región occidental de España, existe una ‘derivación flexiva’, que puede codificar valores

aumentativos o diminutivos, con respecto a ambos géneros (aunque observa que

predominan los diminutivos masculinos).

Millán Chivite (1994: 55) efectúa un estudio sobre la variedad significativa de la

oposición de género cuando este no se encuentra motivado por el sexo. En dicho estudio,

basado en el DRAE y el Diccionario de María Moliner, cita (retomando la idea de ‘género

dimensional’) ejemplos en los que el masculino implica una reducción de tamaño con

respecto al femenino (banco/banca, caldero/caldera, cesto/cesta, charco/charca), así como

otros en los que el masculino se interpreta como de mayor amplitud (barco/barca,

cuarteto/cuarteta). Enumera, asimismo, otros significados asociados con la oposición de

género: como cuantificador intensivo –regional de Andalucía–: el calor (‘tolerable’)/ la

calor (‘calor intenso’); como distinción entre individual/escindido en

partes/discontinuo/discreto, por un lado, y colectivo por otro (huevo/hueva, cuerno/cuerna,

lindero/lindera)137; como relación parte/todo, particularmente en el caso de árboles:

árbol/fruto (almendro/almendra, granado/granada) o árbol/parte no frutal (tilo/tila –flor–,

137
Al ampliar la observación a los casos de género sexuado, esta correlación del femenino con el colectivo se
mantiene (el guardia/la guardia, el policía/la policía).
278

quisco/quisca –espina– , quino/quina –corteza–)138. Esta idea resulta particularmente

interesante para vincularla con la posibilidad derivativa que poseen muchas marcas de

clase nominal o de clasificador en las lenguas aquí analizadas (vid. infra).

Como ya se ha dicho, otro significado no sexual asociado con el género es el de

marcar la oposición entre individual y colectivo. En ‘leño’ y ‘leña’, es claro que la forma

individual procede del neutro singular del latín lignum, mientras que el colectivo lo hace de

la forma plural ligna. En TEH, por ejemplo, el cambio de masculino a neutro en algunos

sustantivos que remiten a plantas y frutas indica que se las debe considerar como conjunto

y no de manera individual: pe:lko(M) es ‘mutisia’, pero pe:lko(N) significa ‘conjunto de

mutisias’. Otros usos informativos del género son para indicar la oposición individuo/par, con

respecto a ciertas partes del cuerpo –tep’en(M) ‘rodilla’ frente a tep’en(N) ‘par de rodillas’–

o la oposición parte/todo –ge:wte(M) ‘cerro’ y ge:wte(N) ‘campo’–.

También es frecuente la asociación de formas cóncavas con el femenino y las

convexas con el masculino, por un isomorfismo con los órganos reproductores, tal como

sucede en el JAR en el caso del mortero y su correspondiente mano, o en la relación que

presentan las clases nominales del AND. Croft (1994: 148-149) menciona variados

ejemplos en que el género gramatical se relaciona con una determinada forma: En

alamblak (lengua papúa), el sufijo masculino (-r) puede aplicarse para referir a objetos

altos, largos y delgados o estrechos; el femenino (-t), por otro lado, puede remitir a objetos

cortos o anchos. Las lenguas tshukwe (khoisan) también asocian género y forma; así, uno

de los géneros no solo refiere a entidades masculinas, sino también a objetos resistentes,

altos o delgados; mientras que el que refiere a entidades femeninas incluye asimismo

objetos débiles, cortos o redondos. Heine (1982) menciona otras correlaciones con el

género presentes en varias lenguas africanas, que incluyen tamaño, forma, fuerza,

138
Millán Chivite (1994: 58) observa que en todos los casos el árbol o planta es de género masculino y las
partes de género femenino.
279

orientación y solidez. Las distintas asociaciones semánticas con cada género se pueden ver

en la siguiente tabla:

tamaño fuerza forma orientación solidez


masculino grande fuerte largo alto/elevado sólido
femenino pequeño débil redondo bajo/ancho hueco

Tabla 2.Asociaciones semánticas del género (Croft 1994: 149)

Aikhenvald (2000: 277) menciona otros ejemplos de asociación entre género y

forma y/o tamaño entre las lenguas papúa de Nueva Guinea: en yoggom (lengua ok) y en

olo (torricelli) se asignan al género femenino los sustantivos inanimados de gran tamaño,

mientras que el masculino se relaciona con las formas elongadas; en wära, los objetos

alargados pertenecen al masculino, y los redondeados (o los que constan de muchas partes)

son de género femenino. En abau (aislada), el femenino se relaciona con las formas planas.

Dentro del conjunto de lenguas con género aquí analizadas, es posible establecer

dos subgrupos: tres de las seis lenguas analizadas (MOS, JAR y GJI) cuentan con un género

que opone masculino y femenino, mientras que las restantes (WAR, TEH y GYA) incorporan

una tercera categoría, el neutro. En estos casos, resulta interesante contrastar, en función de

la animacidad, las lenguas que poseen neutro con las que no. Los sustantivos con referentes

altos en animacidad se adscriben a los géneros masculino/femenino, en correspondencia

con el sexo; en algunas de las lenguas (TEH, MOS) esto también se verifica para ciertos

animales –generalmente superiores–, entre los que parecen predominar los relevantes para

la economía del grupo humano (caballos, vacas, etc.). Más allá del género inherente de los

propios sustantivos (que a veces codifican esta diferencia de género mediante pares

supletivos para macho y hembra), estas lenguas suelen presentar mecanismos para la

especificación del género de determinado referente, tanto sea por marcas morfológicas de

género agregadas al sustantivo (GJI, TEH), por medio de las concordancias con respecto a
280

un nominal no marcado en género (MOS, JAR, GJI, TEH) o por procedimientos léxicos (JAR,

GYA, TEH). El WAR, por su parte, difiere de todas las anteriores, ya que el criterio sexual es

solo pertinente para los humanos: los animales, sin importar su sexo, se distribuyen

arbitrariamente entre los géneros masculino y neutro. Finalmente, con respecto a los

sustantivos que remiten a entidades de menor animacidad, es interesante notar que solo el

GYA correlaciona de forma sistemática el género neutro con los objetos inanimados; en las

otras dos lenguas con neutro, esta es una de las posibilidades, compartida con el femenino

y el masculino (TEH) o con el masculino (WAR). En las lenguas que no poseen neutro, los

inanimados se adscriben arbitrariamente al masculino o femenino en MOS y JAR, mientras

que el GJI los considera generalmente pertenecientes al femenino (en tanto género no

marcado), excepto en los casos de uso apreciativo –ya mencionado– del masculino.

Con respecto a la marcación funcional, es interesante notar el importante

predominio (entre las lenguas aquí analizadas) del femenino como género no marcado. Si

bien este hecho solía ser considerado poco frecuente –Corbett (1991: 206, 220) menciona

unas pocas lenguas en las que el femenino es el género funcionalmente no marcado:139

zayse (omótico), maasai (nilótico), seneca (iroqués), dama (khoisan) y guajiro (arawak)–,

es evidente que entre las lenguas indígenas americanas no constituye un fenómeno aislado.

En referencia al GJI, ya se mencionó que el femenino constituye el género no

marcado, que se utiliza por defecto cuando no se desea focalizar el rasgo de sexo. Un

hecho que corrobora el carácter no marcado del femenino es que los verbos avalentes, como

los que remiten a fenómenos meteorológicos, presentan concordancias femeninas:

139
Los criterios que permiten la identificación de la categoría funcionalmente no marcada, se suelen
relacionar con tres situaciones particulares: (i) los casos de concordancia en los que el género regente no es
específico en género (suele verse con regentes no prototípicos: nominalizaciones, interjecciones, frases de
infinitivo, etc.); (ii) cuando el género requerido no es claro pues falta especificidad referencial (como sucede
en lenguas que marcan género en ciertas formas interrogativas: ‘¿Quién (F/M) va a venir?’; y (iii) los
sustantivos (así como las expresiones) que denotan grupos de referentes que, por separado, serían adscriptos
a diferentes géneros: ‘atletas (m+f)’ (Corbett 2007: 268-270).
281

(1) e’it--s (GJI-Ramírez 2001: 43)


llover-PERF-SG.F
‘llueve’

(2) e’it-ee-r aliika (GJI-Ramirez 2001: 44)


llover-PROS-SG.F DEIC.TEMP
‘esta tarde lloverá’

El MOS, por su parte, también considera el femenino como no marcado: cuando se

enfrenta un grupo compuesto por hombres y mujeres, la concordancia verbal se realiza a

través de la forma femenina:

(3) Elena y Fan, mö’-in käeijëdye’-tom San Jose-chhe’-in (MOS-Sakel 2004: 91)
Elena y Juan 3F-PL plantación-COM San Jose-SUP-PL
‘Elena y Juan, ellas tenían una plantación en San José’

También en WAR los grupos mixtos que incluyen hombres y mujeres se consideran

de género femenino y por tanto son referidos con marcas de concordancia femenina:

(4) querec 'ina-nam 'oro wari' (WAR-Everett y Kern 1997: 287)


ver 1SG.RP/P-3PL.F COLEC persona
‘Yo vi a la gente (mujeres y hombres)’

En la lengua JAR, las concordancias verbales predominantes son las de femenino:

todos los pronombres, excepto los de 3º SG (animado e inanimado), refieran a una entidad

masculina o femenina, concuerdan con una marca verbal femenina; asimismo, los

sustantivos femeninos, ya sean no-animados –en los que no opera la distinción SG/NO.SG) o

animados –tanto en SG como en NO.SG–, rigen sufijos verbales femeninos. Los sustantivos

animados masculinos rigen, en singular, sufijos verbales masculinos, mientras que en no-
282

singular rigen sufijos femeninos.140 Finalmente, los sustantivos no-animados masculinos

rigen sufijos verbales masculinos:

sufijo declarativo género


Pronombres ≠ 3SG (animado/inanimado) -ke f
sustantivos animado SG -ke f
femeninos NO.SG -ke f
no-animado -ke f
sustantivos animado SG -ka m
masculinos NO.SG -ke f
no-animado -ka m

Tabla 3. Concordancias verbales del JAR (Dixon 2004)

El carácter no marcado del femenino queda ratificado en las construcciones

interrogativas con himata ‘qué’: ante el desconocimiento del género al que pertenece el

sustantivo que refiere a la entidad sobre la que se pregunta, el hablante utilizará formas

femeninas en su interrogación:

(5) himata ama-ri (JAR-Dixon 1995: 286)


qué ser-INTRR.F
¿qué es eso?

2.2. Lenguas con género, clases nominales y/o clasificadores

En primer lugar, es conveniente aclarar que la consideración conjunta de clases

nominales y clasificadores se motiva en la dificultad en distinguir claramente una de otra,

en términos de las dicotomías analíticas (por ejemplo la de Dixon, Tabla 1 de la

INTRODUCCIÓN). En algunos de los trabajos descriptivos sobre las lenguas particulares, de

140
Se podría retomar la propuesta de Prokosch (1939: 228) con respecto a la vinculación entre género e
individualización al considerar estas oraciones:

a. jomee tafa-ka b. jomee mee tafa-ke (JAR-Dixon 1995: 265)


perro(M) comer-DECL.M perro(M) 3PL comer-DECL.F
‘el perro está comiendo’ los perros están comiendo’
283

hecho, se retoma esa tabla para destacar que el sistema de clasificación en cuestión

comparte rasgos con uno y otro:

clases nominales clasificadores


realización en patrones de concordancia
pueden marcar al sustantivo
asignación del sustantivo a una única clase
sistema posiblemente abierto
extenso número de morfemas
clasificatorios
posibilidad de modificar el
contenido semántico del elemento
nominal en el que ocurren
variación en la asignación de clases

Tabla 4. Características del MIR compartidas con clases nominales y clasificadores


(Seifart 2005).

clases nominales clasificadores


realización en patrones de + – marcados solo una vez
concordancia
pueden aparecer marcando al (+) (+) no afijados al sustantivo
sustantivo
clasifican a todos los sustantivos (+) (–) no clasifican a todos los sustantivos
asignación del sustantivo a una + – el sustantivo puede asignarse a
sola clase varias clases
sistema cerrado (–) (+) sistema abierto
cantidad reducida de clases (2-20) – + extensa cantidad de clases (más de
20)
pueden fusionarse con otras – + no fusionadas con otras categorías
categorías gramaticales gramaticales
no hay variación individual + – variación individual de acuerdo con
usos formales / informales

Tabla 5. Características del BAU compartidas con clases nominales y clasificadores


(Danielsen 2007: 140).
284

En cuanto a la articulación entre el sistema de género gramatical y el/los otro/s

mecanismo/s presente/s en cada lengua, nuevamente la animacidad se constituye en un

criterio de suma importancia. Los géneros del TAT y del PIA (masculino/femenino), así

como los del MIR (masculino/femenino/neutro) organizan los sustantivos que se refieren a

entidades animadas (si bien solo están semánticamente correlacionados con el sexo de

dichas entidades cuando son humanas); en el caso de las entidades inanimadas, el MIR, que

posee un género neutro, lo alterna con las numerosas clases que presenta la lengua (que,

por cierto, también pueden utilizarse en algunos animados no humanos, en alternancia con

el género); mientras que en las lenguas con masculino/femenino, los inanimados solo

pueden pertenecer a alguna de las clases nominales. Al respecto, se establece una jerarquía

de dicotomías que comienza con el criterio de animacidad (y que recuerda la gradación

conceptual propuesta por Oppert (1884; ver INTRODUCCIÓN), que Gómez-Imbert (2007:

407) grafica con respecto al TAT de la siguiente manera:

[animado]
– +

‘INAN’ [singular]
– +

‘ANIM.PL’ [femenino]
– +

‘ANIM.M’ ‘ANIM.F’

Gráfico 2. Organización de la categorización nominal del TAT según animacidad, número y


género. Adaptado de Gómez-Imbert (2007: 407)

La misma lengua presenta luego una segunda operación de clasificación, en la cual

se realiza una sub-organización dentro de los sustantivos inanimados, donde el número


285

interviene para diferenciar una clase animada “genérica” de una con un mayor grado de

singularización y especificación semántica (Gómez-Imbert 2007: 408):

[animado]
– +

[singular] [singular]
– + – +

‘INAN’ ‘ CL: cilíndrico/ ‘ANIM.PL’ [femenino]


filiforme/palmera/ – +
fila/etc.’
‘ANIM.M’ ‘ANIM.F’

Gráfico 3. Organización de la categorización nominal del TAT según animacidad, número, género
y clase nominal. Adaptado de Gómez-Imbert (2007: 408)

En PIA se aprecia una articulación semejante de criterios. El MIR, por otra parte,

difiere de las anteriores en dos maneras: en primer lugar, por presentar un ‘área de

superposición’ entre género y clases, que se da en los sustantivos que remiten a ciertas

entidades animadas no humanas; así, el criterio de animacidad no establece una división

tan clara como en el TAT y el PIA. Por otro lado, el MIR cuenta con un género neutro, que en

muchos casos puede reemplazar a cualquiera de las clases nominales que se aplican

principalmente a inanimados (y que tienen una notable especificidad semántica) como

marca menos específica, ‘genéricamente inanimada’ de concordancia.

El BAU se diferencia de los anteriores por integrar más estrechamente el género y

las clases nominales, dado que en este caso no hay una repartición que asigne los animados

a géneros y los inanimados a clases (con posibles solapamientos, como en el MIR), sino

que, en primer lugar, todo el conjunto de los sustantivos se clasifica según género en

masculinos o femeninos (si bien esta división solo se funda en motivos semánticos en el

caso de los humanos y algunos pocos animales; el resto de los sustantivos se engloban en

el masculino –por esa razón a veces llamado ‘no femenino’–). Las clases nominales, por su
286

parte, no se limitan a organizar los inanimados, sino que existen clases que caracterizan

entidades animadas: CN.humano, CN.animal, o bien (solo para animales) alguna de las

clases que indican forma: CN.largo.y.fino (por ejemplo, para serpientes y anguilas).

También en MAT, ACH y MAM se relativiza la animacidad como eje de articulación

entre el género y los clasificadores. En las dos primeras lenguas, el género atraviesa todo el

conjunto de los sustantivos (si bien difieren en que en MAT los inanimados generalmente

son de género femenino –al igual que los animales–, mientras que entre los inanimados del

ACH parece predominar el masculino); el MAM cuenta con un sistema de género que marca

el femenino solamente en entidades animadas, por lo que no fue posible identificar si los

inanimados se adscriben al género masculino (no marcado) o si no corresponde la

categoría de género en ese caso. Los clasificadores, por su parte, se limitan a los

sustantivos inanimados tan solo en el MAT; tanto el ACH como el MAM presentan

clasificadores para animados: CL.humano y CL.mamífero en el caso del ACH, y mayor

variedad en el MAM: CL.humano/animado, CL.grupo.de.personas, CL.ser.viviente

(vegetal/animal), así como otros que aluden a características particulares de algunos

humanos (CL.tartamudo, etc.).

Cuando la división entre mecanismos clasificatorios no se produce a partir de la

animacidad, es evidente que los sustantivos pueden categorizarse de acuerdo con más de

un criterio, que generalmente se hace evidente por medio de las concordancias que genera

en diferentes clases, o bien por estar la categoría marcada en el propio sustantivo. Así, en

el ejemplo III(1),141 la concordancia en el demostrativo indica que senti ‘melón’ es

masculino en BAU, a la vez que el adjetivo y el numeral indican que pertenece a la clase

CN.oval; de la misma manera, en ACH aikuba ‘árbol’ es de género masculino y presenta la

141
El número romano indica el capítulo y el arábigo el ejemplo dentro de ese capítulo.
287

CN.cilíndrica; y en IV(112), el género femenino y el clasificador para ‘enano’ se

encuentran indicados en el propio sustantivo.

Más allá del papel que juega la animacidad en los casos de coocurrencia de

mecanismos clasificatorios, otra faceta que se presta a discusión es qué tipo de relación se

entabla entre clases y clasificadores y los elementos léxicos. Las teorías morfológicas que

establecen los distintos tipos de relaciones que pueden existir entre las palabras toman

usualmente como conceptos fundamentales los de flexión, derivación y composición:

relaciones morfológicas

flexión formación de palabras

derivación composición

Gráfico 4. Subdivisiones de la morfología (Haspelmath 2002: 16)

Dentro de una larga tradición de análisis, los criterios diferenciales entre estos conceptos

suelen establecerse en tablas comparativas, que los presentan como procedimientos

claramente separados y sin áreas de superposición. Un ejemplo de esta perspectiva, con

respeto a la flexión y la derivación, es presentado por Haspelmath (2002):

Flexión Derivación
(i) pertinente para la sintaxis no pertinente para la sintaxis
(ii) obligatoria opcional
(iii) no reemplazable por una palabra reemplazable por una palabra simple
simple
(iv) mismo concepto que la base concepto nuevo
(v) significado relativamente abstracto significado relativamente concreto
(vi) semánticamente regular posibilidad de irregularidad semántica
(vii) menos relevante para el significado de muy relevante para el significado de la base
la base
288

(viii) aplicabilidad ilimitada aplicabilidad limitada


(ix) expresión en la periferia de la palabra expresión cercana a la base
(x) menor alomorfía de la base mayor alomorfía de la base
(xi) posibilidad de expresión acumulativa expresión no acumulativa
(xii) sin posibilidad de iteración posibilidad de iteración

Tabla 6. Propiedades de la flexión y de la derivación (Haspelmath 2002: 71).

Esta visión dicotómica suele requerir de la selección de una de las tres primeras

propiedades de la tabla anterior como el criterio decisivo para distinguir entre flexión y

derivación. A fin de evitar esta selección arbitraria, se ha propuesto una visión de

continuum, (Bybee 1985, T. Payne 1997). Desde este punto de vista, algunos procesos

serían considerados prototípicamente flexivos (la morfología de concordancia verbal del

inglés (-s en walks) mientras que al otro extremo se sitúan los procedimientos

prototípicamente derivativos (sustantivos de acción en –ment del inglés). Entre ambos

extremos, se pueden encontrar multiplicidad de estadios intermedios.

Otro abordaje dicotómico puede encontrarse en Aikhenvald (2007), quien menciona

como rasgo fundamental que la morfología derivativa resulta en la creación de una nueva

palabra con un significado nuevo, mientras que la morfología flexiva involucra la

especificación de una característica gramatical obligatoria de una determinada clase de

palabra. En la Tabla 7 (que muestra varios puntos de contacto con la Tabla 6) se detallan

una serie de propiedades prototípicas de ambos procesos:

Flexión Derivación
(1) usualmente obligatoria opcional
(2) proceso final (si es afijo, en el borde de proceso pre-final (si es afijo, entre la raíz y
la palabra) la flexión)
(3) forma una palabra completa deriva una base que toma elementos
flexivos
289

(4) característica definitoria de una clase usualmente específica de una clase de


de palabra (sustantivos = caso) palabra
(5) no cambia la clase de palabra puede derivar una base de una clase
diferente de palabra, o agregar alguna
especificación semántica a una raíz sin
cambiar su clase
(6) puede indicar relaciones gramaticales nunca indica relaciones gramaticales entre
entre palabras y/o participar en la palabras o participa en concordancia
concordancia
(7) usualmente no presenta vacíos en el frecuentemente presenta vacíos en el
paradigma paradigma
(8) en general, es semánticamente regular con frecuencia es semánticamente irregular
(9) suele conformar sistemas relativamente puede formar sistemas grandes
pequeños
(10) tiende a presentar alta frecuencia probabilidad de frecuencia más baja
(11) tendencia a ser monosilábico puede ser monosilábico o no

Tabla 7. Flexión y derivación (Aikhenvald 2007: 36)

La propuesta de Aikhenvald resulta quizás más cercana a la problemática de las

lenguas aquí analizadas, pues toma en cuenta la posibilidad de que un mismo conjunto de

morfemas puede combinar funciones flexivas y derivativas,142 es decir, participar en la

concordancia y a su vez ser usado para formar nuevas palabras. Por otro lado, esta

perspectiva relativiza la dicotomía al aclarar que ninguna de las propiedades de la tabla

anterior es definitoria por sí misma, sino que pueden encontrarse excepciones con

facilidad, por lo que

The status of each particular category in a language as inflectional or


derivational should be established on language-internal criteria. What is

142
Observación que ya Payne (1990) había realizado con respecto al yagua, aclarando que esta ambigüedad
morfológica es una característica general de los sistemas de clasificación de las lenguas del Amazonas
occidental.
290

inflectional in one language can be derivational in another (Aikhenvald 2007:


37).

En varias de las lenguas consideradas en este trabajo es evidente la productividad

derivativa que presentan algunas de las clases o clasificadores, al contribuir al contenido

semántico de los sustantivos a los cuales clasifican proveyendo información acerca de la

forma o de la función que cumplen. Esto se pudo ver en numerosos ejemplos, en particular

los provenientes del mundo botánico,143 donde a partir de un nominal que alude en general

a determinada especie vegetal, se pueden crear nuevos términos referencialmente

diferentes entre sí; por ejemplo, en MIR:

(6)a. h-o b. h-h (MIR-Seifart 2005: 114)


banana-MCE.3D.oblongo banana-MCE.2D.redondo
‘una banana (fruta)’ ‘una semilla de banana’

c. h-ko d. h-i
banana-MCE.1D.puntiagudo banana-MCE.racimo
‘una planta de banana’ ‘un cacho de bananas’

e. h-bábaj
banana-MCE.bolsa
‘una bolsa de bananas’

Esta funcionalidad no se limita a las taxonomías botánicas, sino que dan lugar a

nuevos elementos léxicos en otros dominios, como se ve en PIA

(7)a. kuupæ-na (PIA-Krute 1988: 147) b. kuupæ-du (PIA-Krute 1988: 107)


arma-CL.tubo arma- CL.bolitas
‘escopeta’ ‘municiones’

143
Característica ya observada por Adams y Conklin (1973) en los sistemas clasificadores del sudeste
asiático. Estos autores identificaron tres formas básicas en dichos sistemas: largo/rígido, plano/flexible y
redondeado, relacionadas con el entorno botánico: árbol/tronco, hoja y fruta, respectivamente.
291

Entre las funciones semánticas de los clasificadores nominales, Aikhenvald (2000:

84) distingue entre las que destacan diferentes propiedades del referente del sustantivo

clasificado –por ejemplo, nirgil ‘pieza de carbón ardiente’ en yidini puede recibir el

clasificador buri (CL.fuego) o wirra (CL.objeto.movible)- y aquellas que provocan un

cambio de sentido en un sustantivo polisémico, ya que estas no son semánticamente

redundantes sino que se comportan como un mecanismo de derivación.144 Así, en tariana

(Aikhenvald 2000: 93), a partir de episi ‘hierro (sustancia), hierro en general’, se pueden

derivar episi-da (hierro-CL.redondo) ‘hacha’; episi-aphi (hierro-CL.hundido) ‘sartén’; episi-

pukwi (hierro-CL.anillo) ‘anillo de metal’. En estos ejemplos es posible ver cómo la marca

de clasificación transforma un sustantivo genérico o colectivo en uno contable. El tariana,

particularmente, es otra de las lenguas en las que los clasificadores, además de servir como

afijos derivativos, funcionan como marcas de concordancia.

Varias de las lenguas aquí tratadas, particularmente las detalladas en el capítulo 3,

exhiben esta posibilidad; ya se han visto ejemplos con respecto al PIA, TAT y MIR, donde la

productividad derivativa es notablemente rica. Nos limitaremos a una de estas lenguas, el

MIR, a modo de ejemplo.

Los marcadores de clase nominal del MIR se pueden adscribir a los procedimientos

flexivos en ciertos aspectos. En cuanto a la obligatoriedad, los marcadores de clase son

exigidos por ciertos sustantivos (por ejemplo, í:- ‘huevo-MCE.3d.redondo’; gwáj-:baj

‘hamaca-MCE.contenedor’), denominados por Seifart (2005) ‘obligatoriamente

clasificados’, mientras que otros, los ‘opcionalmente clasificados’, pueden aparecer sin el

marcador (como m‘madera’). Dentro de los ‘opcionalmente clasificados’ (en particular

los que remiten a elementos de la naturaleza, especies vegetales, ciertos animales –sobre

144
Esta distinción se suele corresponder con las ‘propiedades inherentes’ y las ‘propiedades
configuracionales’ (Aikenvald 2000: 272) de la entidad referida (‘permanentes’ vs. ‘temporarias’ para Berlin
1968).
292

todo los pequeños y gregarios, como los insectos– y algunos humanos) reciben una

interpretación general –que en el caso de animales y vegetales abarca toda la especie

biológica– y no individual:

(8) mni:k (MIR-Seifart 2005: 115)


hormiga
‘hormiga(s)

Por lo tanto (y como ya se mencionó antes), a través de la sufijación de una marca

de clase es posible individualizar al referente:

(9) mní:k- (MIR-Seifart 2005: 115)


hormiga-MCE.3D.redondo
‘(una) hormiga’

Dado que los sustantivos sin marca de clasificación son gramaticalmente no

contables, esta individualización es necesaria para la eventual anexión de una marca de

número:

(10) h-ó-:n (y no *h-:n) (MIR-Seifart 2005: 6)


banana-MCE.3D.oblongo-PL
‘bananas’

Otra de las características flexivas es la participación de los marcadores de clase en

patrones de concordancia, dentro de la frase nominal –ejemplos (11) a (15)– y con el

verbo, que indexa el sujeto por medio de la marca de clase correspondiente –ejemplos (16)

y (17)–:

(11) í-o h-o (MIR-Seifart 2005: 240)


DEM.PRX-MCE.3D.oblongo banana-MCE.3D.oblongo
‘esta banana’
293

(12) tsa- í:- (MIR-Seifart 2005: 116)


uno-MCE.3D.redondo huevo-MCE.3D.redondo
‘un huevo’

(13) tsa-ba tómi-ba (MIR-Seifart 2005: 116)


uno-MCE-3D pajaro.carpintero-MCE.3D
‘un pájaro carpintero’

(14) bodo-gwa tsts:-gwa (MIR-Seifart 2005: 133)


remar.NMZ-MCE.2D.recto ser.blanco.SUB-MCE.2D.recto
‘remo blanco’

(15) :-h mh-h k:m-h (MIR-Seifart 2005: 169)


DEM.DIST-MCE.2D.redondo ser.grande.SUB-MCE.2D.redondo tortuga-MCE.2D.redondo
‘aquella tortuga grande’

(16) m--t gwabohkn-h gwa:-h (MIR-Seifart 2005: 66)


madera-MCE.arbol-ABL clavar-MCE.2D.redondo metal-MCE.2D.redondo
‘el hacha (‘metal redondo’) está clavada en el árbol’

(17) kat:-ko :-ko pihh-ko (MIR-Seifart 2005: 80)


caer-MCE.1D.puntiagudo DEM.DIST-MCE.1D.puntiagudo pescar.NMZ-MCE.1D.puntiagudo
‘(lo puntiagudo) cayó, aquella (puntiaguda) caña de pescar’

La función derivativa ya fue ejemplificada en (6), donde los marcadores de clase

específica se suman al sustantivo desprovisto de marca h ‘banana’ (y por tanto

interpretado genéricamente como ‘sustancia banana’145), dando lugar a nuevos términos en

la lengua. También se verifica otro rasgo de los procedimientos derivativos, la iteración, ya

que es posible la afijación sucesiva146 de distintos marcadores de clase específica:

(18) h-kó-á:mi (MIR-Seifart 2005: 149)


banana-MCE.1D.puntiagudo-MCE.hoja
‘una hoja de una planta de banana’

145
En términos de Seifart (2005: 202)
146
El máximo registrado es de dos marcadores; Seifart (2005: 121) observa que “the number of successively
affixed class markers in one and the same noun seems to be restricted not so much by a structural constraint,
but rather by semantic consideration, i.e. it only makes sense to modify a concept to a certain degree of detail
in a single referring nominal expression”.
294

(19) h-díh- o
banana-MCE.polvo-MCE.botella (MIR-Seifart 2005: 121)
‘una botella de banana seca pulverizada’

(20) h-o-í: (MIR-Seifart 2005: 120)


banana-MCE.3D.oblongo-MCE.trozo
‘un trozo de banana ’

En ningún caso la sufijación de un marcador de clase cambia la categoría de una

palabra. Como puede verse en el ejemplo (14), la adición del marcador de clase se realiza

una vez nominalizado el verbo (por medio de un tono bajo en la primer sílaba). Las

modificaciones que introduce un marcador de clase –y por medio de las cuales se da lugar

a una nueva palabra– se limitan al plano semántico; más allá de la especificación

observada en los ejemplos (6) y (18) – (20), existe la posibilidad de transformar sustantivos

animados en inanimados, por medio de la sufijación de un MCE:

(21) bó:a-h (MIR-Seifart 2005: 121)


anaconda-MCE.tubo
‘exprimidor de mandioca’

Asimismo, es posible convertir sustantivos inanimados en animados (mecanismo utilizado


con frecuencia sobre los verbos nominalizados, usualmente con referente inanimado) a
través de una MCG animada:

(22) ajn-:b (MIR-Seifart 2005: 119)


disparar.NMZ-MCG.SG.M
‘tirador’

Usualmente, los marcadores de clase en los sustantivos se sufijan directamente a la

raíz, tanto sea en el caso de sustantivos, expresiones pronominales o numerales. En el caso

de los verbos nominalizados, no obstante, se colocan en posición más exterior, como uno
295

de los últimos sufijos. En los verbos no nominalizados, pueden aparecer otros elementos

flexivos y derivativos entre la raíz y los marcadores de clase (Seifart 2005: 106).

Así pues, retomando los criterios presentados en la Tabla 7, podemos ver que los

marcadores de clase del miraña, en términos generales, difícilmente podrían encuadrarse

dentro de una de las columnas que diferencian los procedimientos flexivos de los

derivativos, sino que:

(I)-presentan rasgos flexivos, tales como:

- participar en patrones de concordancia;

- ser semánticamente regulares;

- registrar alta frecuencia;

(II) a su vez, participan características de los derivativos:

- pueden agregar una especificación semántica a una raíz sin cambiar su clase;

- conforman un sistema relativamente grande.

Con respecto a otras características, resulta de utilidad vincularlas con las

subparticiones dentro del sistema de la lengua, que se pueden acercar más hacia un

procedimiento flexivo (F) o a uno derivativo (D):

- los marcadores de clase son exigidos por los sustantivos obligatoriamente clasificados

(F), mientras que los opcionalmente clasificados pueden carecer de ellos (D);

- en ciertos casos (sustantivos, demostrativos, pronombres de 3º persona) se sufijan

directamente a la raíz (D), mientras que en otros casos (verbos nominalizados,

predicados nominales) aparecen en el borde, dando lugar a otros elementos flexivos

y/o derivativos entre el marcador y la raíz (F);

- los sustantivos obligatoriamente clasificados los exigen para formar una palabra

completa (F), mientras que en los opcionalmente clasificados cumplen una función

derivativa (D);
296

- en cuanto a la regularidad paradigmática, el conjunto de los marcadores de clase

general presenta una integración más ceñida (F) que el de los marcadores de clase

específica.

- Si consideramos además las propiedades enumeradas en la Tabla 6 (Haspelmath

2002), los marcadores de clase específica presentan la posibilidad de iteración (D),

mientras que los marcadores de clase general expresan acumulativamente (F) los

rasgos de animacidad, sexo y número.

Por otro lado, Croft (1994: 151-152) cuestiona la denominación de ‘clasificadores’

que reciben ciertos términos de medida para sustancias como ‘un litro de leche’ o ‘una

ramita de canela’. Aclara que anteriormente Greenberg (1977), Becker (1975) y Adams

(1989) no los contabilizaban dentro de los sistemas de clasificadores, pues en realidad no

clasifican la sustancia como tal sino que brindan una medida para su contabilización.

Considera que tampoco los términos que especifican grupo, disposición o parte (es decir,

muchos de los que, según se ha visto, se encuentran involucrados en los procesos de

derivación) deberían considerarse clasificadores, y propone denominarlos

‘pseudoclasificadores’. La función principal de estos ‘pseudoclasificadores’ es la de

individualizar unidades (no solo de elementos no contables, sino también en el caso de

contables: ‘dos hileras de árboles’, ‘tres hojas de palmeras’ (Croft 1994: 161-162).

Una percepción semejante de este fenómeno en particular es presentada por

Corbera Mori (2002). En su reflexión acerca de varios sistemas de categorización

descriptos como ‘clasificadores’, propone la revisión de algunos datos de lenguas

indígenas sudamericanas que, originalmente interpretados como clasificadores, serían más

bien términos de clase. Entre los ejemplos que utiliza para apoyar esta propuesta, algunos
297

se refieren a partes de especies vegetales, como en panará (jê) (Dourado 2001: 207; citado

en Corbera Mori 2002: 307):

(23) –so ‘hoja’


a. p ri-so (palo-término de clase) ‘hoja’
b. pakua-so (banana-término de clase) ‘hoja de bananero’
c. kwati-so (buriti-término de clase) ‘paja’

(24) -s ‘semilla’


a. s w-s (cosa-término de clase) ‘semilla’
b. mõ-s (maíz-término de clase) ‘maíz’
c. tũ-s (capín-término de clase) ‘arroz’

Pero también da cuenta de casos en que se utiliza en otros dominios, como en el

ejemplo (25) del chayahuita (cahuapana) (Hart 1988, citado en Corbera Mori 2002: 308) y

el (26) de resígaro (arawak del norte) (Allin 1976, citado en Corbera Mori 2002: 310) :

(25) -i ‘líquido’


a. nanë-rin ‘llorar’ / nanë-i ‘lágrimas’
b. iya-rin ‘orinar’ / iya-i ‘orina’
c. onka-rin ‘sudar’ / onka-i ‘sudor’

(26) –gú ‘largo y plano’


a. ké-gú (mano-término de clase) ‘dedo de la mano’
b. hiipá-gú (pie-término de clase) ‘dedo del pie’
c. vaa-gú (cuchillo-término de clase) ‘machete’

Más aún, Corbera Mori (2002: 311) trae a colación una observación de Ramírez

(1997) acerca de una lengua de la familia tukano, el ye’pâ-masa, en la cual estos elementos

derivativos se interpretan como ‘sustantivos dependientes’, “verdadeiros lexemas e não

morfemas gramaticais” (Ramírez 1997: 99).


298

Estos datos ratifican la pertinencia del enfoque de Grinevald (2000) para la

organización de los procedimientos de clasificación nominal. Al tomar como criterio el

continuum léxico-gramatical (entendiendo ‘léxico’ en el sentido de (a) parte del léxico y de

su dinámica de construcción de palabras y (b) semánticamente composicional y

‘gramatical’ como parte de la morfosintaxis de la lengua), es posible dar cuenta de la

diferencia entre los términos de clase, más cercanos al extremo léxico del continuum por su

claro origen léxico, que dan lugar a procesos de formación de palabras semejantes a los del

inglés en –man (policeman, mailman…) o tree (orange tree, palm tree, walnut tree…).

En segundo lugar, esta perspectiva permite la intervención de la semántica, como

puede verse en la distinción entre clasificadores mensurales (los ‘pseudoclasificadores’ de

Croft 1994) y sortales (que aluden a propiedades inherentes, como en ‘un ANIMAL ciervo’).

La hipótesis de Grinevald (2000: 72) con respecto a las propiedades semánticas de los

diferentes tipos de clasificadores correlaciona los numerales, genitivos y nominales con un

determinado perfil semántico (comparar con la Tabla 1):

Tipo de clasificador perfil semántico


clasificador numeral categorías físicas
(dos-REDONDO naranjas)
clasificador genitivo categorías funcionales
(su-TRANSPORTE canoa)
clasificador nominal categorías esenciales/materiales
(HOMBRE Juan)

Tabla 8. Propiedades semánticas de los clasificadores (Grinevald 2000: 72)

El enfoque de prototipos para los sistemas de categorización nominal permite dar

cuenta de la especificidad de cada caso particular, incluso los que se ubican en los ‘límites

difusos’ entre un tipo y otro, que pueden corresponder a “two levels of blending between
299

systems: one is the blending of classifiers systems among themselves, and the other is the

blending of classifiers systems with other nominal classification systems, either more

lexical or more grammatical ones” (Grinevald 2000: 81). Ambos niveles resultan

particularmente adecuados para la descripción de muchas de las lenguas indígenas

sudamericanas. Retomando el caso del MIR, los distintos marcadores de clase que presenta

la lengua: marcadores de clase general (MCG) –seis formas de gramaticalización fuerte, que

presentan variación alomórfica y/o que fusionan más de una categoría gramatical–, los

distintos tipos de marcadores de clase específica monosilábicos (MCE-MS) –dieciocho

formas entre las que se destaca un “conjunto central” de ocho, semánticamente más

generales y de mayor frecuencia de uso; dentro de ese “conjunto central” existe una con

variación alomórfica: –ba ~ -ba– y los marcadores de clase específica polisilábicos (MCE-

PS) –menos frecuentes y más específicos– pueden organizarse según la escala de

gramaticalización:

léxico
gramatical

MCE-PS MCE-MS MCE-MS MCE-MS MCG


(resto del –ba ~ -ba (del
conj. central) conj. central)

Gráfico 5. Grados de gramaticalización de los marcadores de clase (adaptado de Seifart 2005:


102).

Si bien la posibilidad de dar lugar a nuevos términos a través de la categorización

de los nominales es clara en muchos ejemplos de las lenguas aquí presentadas, es cierto

que, en muchos otros casos, el clasificador se limita a dar cuenta de un rasgo inherente del

sustantivo, por lo que ni agrega una especificación semántica ni cambia la referencia del
300

sustantivo. Esto se pudo ver con claridad en aquellos clasificadores que especificaban

‘humano’ o ‘mamífero’. No obstante, de la misma manera en que el género podía codificar

otros significados (tamaño, individual o colectivo, peligrosidad,147 etc.), estos

clasificadores que denotan características inherentes pueden se utilizados de manera

metafórica, y agregar así un rasgo extra de significación a un determinado sustantivo.

Se mencionó antes que, si bien el PIA puede indicar el género (masculino o

femenino) de las entidades animadas y la clase nominal (más de cien) de las inanimadas, se

puede combinar, en un uso peyorativo, una clase nominal y un sustantivo con referente

humano:148

(27) isahu-č'e ra-hu (PIA-Krute 1988: 155)


mujer-CN.pelo grande-F
‘mujer grande y peluda’

De modo recíproco, también el PIA utiliza la marca de femenino -hu en ciertos

términos como isahu ‘herida’, rehu ‘madriguera’ e isæhu ‘abertura corporal’, en una

extensión semántica semejante a la mencionada con respecto al JAR, donde se vincula el

femenino con la concavidad. Otro ejemplo de extensión metafórica es la identidad que

existe en el TAT entre los marcadores de masculino - ~ -k y el clasificador de inanimado

cilíndrico, que (según Gómez-Imbert 2000: 338) se aplica a “árboles de tronco compacto

… bastón ceremonial, mano de mortero … caña de pescar, palanca del exprimidor de yuca,

… arpón, hierro …lápiz”. Esto recuerda la relación que presentan las clases nominales

animadas e inanimadas en la lengua AND, en la que ha podido identificarse un rasgo común

147
Al igual que un tamaño grande podía vincularse tanto al femenino como al masculino, es interesante ver
que otro tanto sucede con el rasgo de ‘peligrosidad’: para el MAM se relaciona con el femenino,
probablemente por la ferocidad con que las hembras defienden sus cachorros.; mientras que en uitoto
(Petersen 2007: 391), las especies que se caracterizan por su gran tamaño, peligrosidad o voracidad se
asignan al masculino.
148
Corbett (2007: 278) registra el uso de concordancias no humanas para referir de modo insultante a
humanos en grebo (Niger-Congo).
301

que vincula la clase de los objetos rígidos y largos (troncos de árboles, instrumentos largos

y afilados) con la clase de los animados masculinos, y la clase de los objetos redondeados

y huecos con los femeninos, hecho que, en palabras de Landaburu (1993: 151), “semble

signifier, par delà l’idée de sexe au sens biologique, la prégnance cosmique de

l’opposition dureté/pénétrabilité”.

+ individuado – individuado

no animado N2 N30 N1

animado N31 N32 N33

masculino femenino

rígido blando
alargado redondeado
convexo cóncavo

Tabla 8. Relaciones entre criterios semánticos del AND (adaptado de Landaburu 1993: 149)

Esto nos lleva a la reflexión final, que se relaciona con el valor que presentan las

consideraciones semánticas de los diferentes sistemas de clasificación nominal aquí

mencionados: géneros, clases nominales y clasificadores. Como ya se ha mencionado, la

distinción entre los dos primeros responde, primeramente, a la tradición lingüística, pero

también a la existencia de determinados rasgos semánticos. La creencia de que estos deben

ser tomados en cuenta a la hora de estudiar los sistemas de categorización es lo que nos ha

llevado a considerar por separado (género y clases nominales), por ejemplo, lo que Seifart

(2005) interpreta como dos tipos de clases nominales dentro de la lengua MIR. De la misma

manera, con respecto al AND consideramos que el análisis resulta más fructífero si lo que se

describe como un solo sistema de clases nominales se escinde en dos sistemas, uno de

género y otro de clases nominales. Al atender, pues, a los fundamentos que operan en la

organización e imbricación del género con los demás mecanismos de clasificación, se hace
302

más fácil atisbar las creencias, las asociaciones, las presuposiciones codificadas en la

lengua; en una palabra, es posible acceder al menos a una parte de la cosmovisión de los

hablantes de esa lengua.


303

ABREVIATURAS

1, 2, 3 1º, 2º, 3º persona COM comitativo


1D unidimensional CON conectivo
2D bidimensional CONT continuo
3D tridimensional COP cópula
ABL ablativo CP clasificador posesivo
ABS absoluto DECL modo declarativo
AC acusativo DEIC.TEMP deíctico temporal
ADLT adlativo DEM demostrativo
AH marca temporal ‘ahora’ DEM.DIST demostrativo de distancia
ALIE alienable DEM.INT demostrativo intermedio
ANIM animado DEM.NO.VIS demostrativo no visible
ANIM.DOM animal doméstico DEM.PRE demostrativo de presencia
APL aplicativo DEM.PRX demostrativo de
proximidad
ARR movimiento hacia arriba DEM.VIS demostrativo visible
ART artículo DER derivativo
AS modalidad cognitiva asertiva DER.PRV derivativo privativo
AUM aumentativo DES desiderativo
AUT evidencial de autenticidad DET determinante
AUTON autonomizador DEV deverbal
AUX auxiliar DIM diminutivo
CDE cambio de estado DL dual
CL clasificador ENF pronombre enfático
CN clase nominal ENFS marca de énfasis
COLEC colectivo EP especificador de
predicado
CO marcador contrastivo EVID evidencial
EXCL exclusivo NO.SG no singular
F femenino NO.RFLX no reflexivo
304

FL flexión OBJ objeto


FO focalizador PAS pasado
FUT modalidad futura PAS.INM pasado inmediato
FUT.N futuro nominal PAS.VIG pasado aún vigente
GENIT genitivo PERF perfecto
H humano PL plural
ICN índice de clase nominal PL.H plural de humanos
IDNE índice definido no especificado PN raíz pronominal
IGN índice genérico de lugar POS posesivo
IMPF imperfecto PRED marcador predicativo
INAN inanimado PRES presente
INCL inclusivo PROS prospectivo
IND índice verbal de persona R morfema de relación
INE inesivo REL.PERT relación de pertenencia
INF infinitivo RP repetidor
IMP imperativo RP/P realis-pasado/presente
INT modalidad de intención SG singular
INTRR interrogativo SGTV singulativo
LO marcador de relación local SIM simulfactivo
M masculino SN sufijo nominal
MA marca temporal ‘esta mañana/mañana’ SOC sociativo
MED voz media STAB estabilizador
MNR modo no real SUB cláusula subordinada
MR modo real SUJ sujeto
MV marca verbal SUP superesivo
N neutro SUST sustituto
NEG negación TOP topicalizador
NMZ nominalizador V marcador de raiz verbal
305

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