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LA AUTOESTIMA

La autoestima se define como la valoración positiva o negativa que una persona hace de sí misma a partir de su
autoconcepto, el cual se desarrolla a lo largo de la vida mediante la interacción humana, los logros obtenidos, los
reconocimientos y el éxito (González Martínez, 2009). Según Roa García (2013), la autoestima consta de tres
componentes fundamentales:

- Componente cognitivo (autoconcepto): Se refiere al conjunto de conocimientos, ideas, opiniones y creencias


que una persona tiene sobre sí misma, así como la forma en que procesa esta información.

- Componente afectivo: Consiste en el sentimiento de valor que una persona se atribuye a sí misma, es decir,
el grado en que se acepta. Este componente puede ser positivo o negativo.

- Componente conductual: Está relacionado con la intención y la decisión de actuar, alcanzar metas y buscar
el reconocimiento de manera saludable.

Históricamente, el concepto de autoestima ha evolucionado. En un principio, se entendía que la autoestima


deseable era aquella caracterizada por una autoevaluación global favorable, es decir, una “alta autoestima”. Esta
perspectiva se basaba en la idea de que una visión positiva de uno mismo fomentaba emociones y
comportamientos deseables, satisfacía la vida personal y estaba asociada con altos niveles de felicidad (Roca,
2013). No obstante, en los últimos años esta visión ha sido criticada, ya que se observó que el énfasis excesivo en
sentirse bien consigo mismo podía resultar contraproducente. Se señaló que fomentar una alta autoestima de
manera indiscriminada, incluso cuando el comportamiento era inadecuado, no solucionaba problemas como la
delincuencia, los malos tratos, la drogadicción o el fracaso escolar. Además, algunos estudios evidenciaron una
relación entre la promoción de una alta autoestima y un aumento en las conductas agresivas de los jóvenes,
atribuido a fallos educativos como la sobreprotección, la falta de límites, la baja tolerancia a la frustración y el
desarrollo de una autoestima narcisista. Así, se concluyó que insistir en una autoevaluación positiva sin un análisis
realista de las propias limitaciones no resolvía los problemas. Esto llevó a que varios autores comenzaran a
estudiar y conceptualizar la idea de una autoestima óptima, caracterizada por una visión más ajustada y realista
de uno mismo.

MODELOS ACTUALES DE AUTOESTIMA


Roca (2013) define la autoestima sana como una actitud positiva hacia uno mismo que abarca la forma de pensar,
sentir y actuar de la manera más saludable, feliz y autosatisfactoria posible, considerando el presente, el futuro
y nuestra dimensión individual y social. La autora establece que una autoestima sana implica:

1. Conocerse a uno mismo, reconociendo tanto los déficits como las cualidades y aspectos positivos.

2. Aceptarse de manera incondicional, independientemente de las limitaciones, logros o de la aceptación o rechazo


de los demás, pero procurando mejorar aquello que esté bajo nuestro control.

3. Mantener una actitud de respeto y consideración positiva hacia uno mismo.

4. Tener una visión del yo como un ser con potencial, capaz de cambiar y de dirigir esos cambios para desarrollar
las mejores capacidades.

5. Relacionarse con los demás de forma eficaz y satisfactoria.


MODELOS ACTUALES DE AUTOESTIMA
6. Buscar activamente el bienestar y la felicidad, siendo capaz de postergar ciertas gratificaciones inmediatas
para obtener mayores beneficios a largo plazo.

7. Atender y cuidar las necesidades físicas y psicológicas, así como la salud, el bienestar y el desarrollo personal.

Kernis (2003, citado en Roca, 2013) plantea el concepto de autoestima óptima, entendida como aquella que
contribuye a alcanzar metas auténticas y a un mejor funcionamiento general de la persona. Según el autor, esta
autoestima requiere autoconocimiento, identificación de objetivos vitales y la capacidad de tomar medidas realistas
para lograrlos. La autoestima óptima incluye:

1. Mantenerse en contacto con el auténtico yo, que guía la elección de metas y decisiones diarias.

2. Apertura a la información autorrelevante, lo que implica reconocer fallos y déficits personales.

3. Sentir valía personal como resultado de afrontar con éxito los retos de la vida y vivir experiencias
satisfactorias.

4. Poseer una tendencia a la estabilidad, evitando fluctuaciones excesivas en la autoestima.

5. Tener una baja dependencia de logros concretos o de la aprobación externa.

6. Establecer relaciones auténticas, donde se pueda ser uno mismo y ser aceptado por ello.

Kernis subraya la importancia de diferenciar entre una autoestima óptima y una autoestima frágil, caracterizada
por sentimientos positivos vulnerables, que requieren promoción y protección constante y se asocian con problemas
emocionales.

Basándose en diferentes enfoques teóricos, Kernis identifica cuatro formas de autoestima frágil: la defensiva-
inflada, la contingente, la inestable y la discrepante. Estas se oponen a las cuatro formas de autoestima óptima:
genuina, verdadera, estable y congruente. Además, el autor aclara que estas características pueden presentarse
en mayor o menor grado en una misma persona, variar según la situación o cambiar con el tiempo, lo que
determina si la autoestima de una persona es más defensiva o genuina, contingente o verdadera, inestable o
estable, y discrepante o congruente.
MODELOS ACTUALES DE AUTOESTIMA
La autoestima genuina se basa en una valoración realista de uno mismo, con apertura a percibir de manera
objetiva la información relevante sobre uno mismo, admitiendo los propios fallos y limitaciones. En contraposición,
la autoestima defensiva-inflada o narcisista se caracteriza por una excesiva tendencia a los sesgos de
automejora, lo que implica minimizar o negar información que contradiga una autoimagen positiva y magnificar
los aspectos favorables de uno mismo.

La autoestima verdadera presenta sentimientos de autovalía sólidos, que no dependen excesivamente del éxito o
el fracaso. Una persona con autoestima verdadera experimenta decepción ante un fracaso y alegría ante un
éxito, pero sin exagerar su importancia ni poner en riesgo sus sentimientos de valía personal. Al contrario, la
autoestima contingente depende del refuerzo externo y de la obtención de resultados positivos, lo que vincula la
valía personal a factores externos y al reconocimiento de los demás.

La autoestima estable implica una autovalía bien anclada y poco influenciada por los acontecimientos cotidianos,
lo que genera pocas oscilaciones en el nivel de autoestima. En cambio, la autoestima inestable es frágil y
vulnerable, por lo que se ve afectada constantemente por los sucesos cotidianos, las evaluaciones ajenas y los
pensamientos propios, dando lugar a fluctuaciones frecuentes y severas.

La autoestima congruente se caracteriza por sentimientos coherentes y una baja discrepancia entre lo que la
persona siente explícita e implícitamente sobre sí misma, mostrando autenticidad en su autopercepción. En el
extremo opuesto, la autoestima discrepante se da cuando existe una gran diferencia entre los sentimientos
explícitos y los implícitos, lo que genera incoherencias en la autovalía percibida.

Finalmente, se considera deseable tener una autoestima óptima, que se enmarque en los polos positivos de los
componentes anteriormente descritos.

COMPONENTE COGNITIVO DE LA AUTOESTIMA


El componente cognitivo de la autoestima se identifica con el autoconcepto, definido por Rice (2000) como la
percepción cognitiva consciente y la evaluación que las personas hacen de sí mismas, es decir, sus pensamientos
acerca de quiénes son. Existe una estrecha relación entre autoconcepto y autoestima, ya que un autoconcepto
positivo conduce a una autoestima positiva y viceversa. Ambos conceptos resultan de un proceso prolongado
influenciado por experiencias personales y sociales, éxitos, fracasos y las valoraciones recibidas de los demás
(Roa García, 2013). El autoconcepto y su valoración pueden desarrollarse en diversas áreas:

- Autoconcepto físico (autoimagen): La percepción que se tiene sobre la apariencia, presencia física y
habilidades para realizar actividades físicas.

- Autoconcepto académico/laboral: Se forma a partir de las experiencias, éxitos, fracasos y evaluaciones en


el ámbito académico o laboral.

- Autoconcepto social: Resultado de las relaciones sociales, la capacidad para resolver problemas sociales, la
adaptación al entorno y el grado de aceptación por parte de los demás.

- Autoconcepto personal: Incluye la percepción de la propia identidad, así como el sentido de


responsabilidad, autocontrol y autonomía.

- Autoconcepto emocional: Se refiere a los sentimientos de bienestar y satisfacción, equilibrio emocional,


aceptación personal, y la confianza en las propias capacidades y posibilidades.
COMPONENTE AFECTIVO DE LA AUTOESTIMA
El componente afectivo de la autoestima se refiere a los sentimientos que una persona experimenta hacia sí
misma, es decir, a la valoración emocional que realiza sobre los distintos aspectos de su autoconcepto. Según
Roca (2013), esta dimensión afectiva implica que las emociones influyen directamente en el nivel de autoestima.
Las emociones positivas, como el optimismo y la alegría, contribuyen a una visión más favorable de uno mismo y
a un nivel más alto de autoestima, mientras que las emociones negativas, como la depresión, fomentan una
autoestima baja.

Brown y Marshall (2001, citados en Roca, 2013) sostienen que las emociones tienen un papel más relevante que
las cogniciones en la configuración de la autoestima, aunque son más complicadas de medir. Afirman que las
emociones autoevaluativas, como el orgullo o la vergüenza, tienen un impacto significativo en la autoestima y
desempeñan una función importante en la autorregulación y en el proceso de mantener o recuperar una
percepción positiva de uno mismo. Además, este componente afectivo incluye los sentimientos de pertenencia y
los sentimientos de dominio, es decir, la capacidad de influir en el entorno.

COMPONENTE CONDUCTUAL DE LA AUTOESTIMA


El componente conductual de la autoestima se refiere a cómo la percepción y valoración que una persona tiene
de sí misma influye en su manera de actuar. Según Kernis (2003), las propias acciones son fundamentales para
desarrollar una autoestima óptima, ya que esta surge cuando se actúa conforme a los propios valores y
necesidades, manejando con éxito los retos de la vida y persiguiendo auténticas metas personales. Kernis resalta
que los objetivos o metas deben cumplir ciertos criterios: Ser autodeterminados y estar vinculados a la
satisfacción de necesidades como la autonomía, la competencia y las relaciones, facilitar la autorrealización,
contribuir a la autenticidad y al crecimiento personal, y estar alineados con los valores personales.

Por otro lado, James (1890, citado en Roca, 2013) señala que una autoestima sana depende de la congruencia
entre las pretensiones o el “yo ideal” y las conductas o el “yo real”. De esta forma, una manera de aumentar la
autoestima o de hacerla más segura consiste en incrementar los logros o en ajustar las pretensiones y metas a
las capacidades reales de la persona.

CÓMO MEJORAR LA AUTOESTIMA


Para mejorar la autoestima es fundamental trabajar en varios aspectos clave. Uno de ellos es el autoconocimiento,
que implica reconocer tanto fortalezas como limitaciones para desarrollar una visión más realista de uno mismo.
Este proceso se puede lograr mediante ejercicios de introspección y apertura a las perspectivas de los demás, lo
que facilita la creación de una imagen personal más completa y equilibrada.

Otro factor importante es establecer metas y objetivos claros, coherentes con la propia identidad. Definir
principios que orienten las decisiones, fijar objetivos alcanzables y planificar los pasos necesarios para lograrlos
contribuye al bienestar personal. A medida que se avanza hacia estas metas, la autoestima se refuerza,
favoreciendo un buen funcionamiento global.

También es necesario cuidar el diálogo interno, evitando las autoexigencias y la crítica excesiva. Ellis (citado en
Roca, 2013) destaca que muchas perturbaciones emocionales surgen de evaluaciones irracionales y exigencias
arbitrarias. La solución propuesta es fomentar la autoaceptación incondicional y sustituir las exigencias por
preferencias personales más realistas y saludables.
CÓMO MEJORAR LA AUTOESTIMA
El autocontrol emocional es otro aspecto esencial. La represión excesiva de las emociones puede inhibir la
autoconciencia y la autenticidad, mientras que la falta de control emocional puede generar consecuencias
negativas, como pérdida de control sobre las propias acciones o conflictos interpersonales. Por ello, es importante
encontrar un equilibrio adecuado.

En el ámbito educativo, la autoestima y el autoconcepto son determinantes tanto para el alumnado como para el
profesorado. Un docente que confía en sus capacidades tenderá a esforzarse más y obtener mejores resultados,
lo que refuerza su autopercepción como buen profesional (Sebastián, 2012). En general, la percepción y
valoración que cada persona tiene de sí misma afecta su equilibrio psicológico, sus relaciones y su desempeño
profesional, por lo que entender la autoestima y su impacto contribuye a mejorar la vida personal y profesional,
especialmente en el entorno educativo.

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