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Regionalismo Arequipeño

La sociedad arequipeña colonial se caracterizó por una fuerte identidad regional debido a su aislamiento geográfico y actividades económicas basadas en la agricultura y el comercio más que en la minería. La élite local se enriqueció gracias al cultivo y comercio de vinos, estableciendo una economía próspera. Esta identidad regional y autosuficiencia económica llevó a los arequipeños a oponerse fuertemente al centralismo del virreinato y la república, desarrollando un fuerte sentido de aut
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Regionalismo Arequipeño

La sociedad arequipeña colonial se caracterizó por una fuerte identidad regional debido a su aislamiento geográfico y actividades económicas basadas en la agricultura y el comercio más que en la minería. La élite local se enriqueció gracias al cultivo y comercio de vinos, estableciendo una economía próspera. Esta identidad regional y autosuficiencia económica llevó a los arequipeños a oponerse fuertemente al centralismo del virreinato y la república, desarrollando un fuerte sentido de aut
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VIERNES 11 DE MARZO DE 2011

SOCIEDAD, IDENTIDAD Y REGIONALISMO EN AREQUIPA, 1780-1830

SOCIEDAD, IDENTIDAD Y REGIONALISMO EN AREQUIPA, 1780-1830*


POR

JOSE VICTOR CONDORI


Universidad Nacional de San Agustn El presente artculo intenta acercarse a la gnesis de la identidad y regionalismo arequipeo a fines del periodo colonial, su comportamiento durante los aos de Independencia, y a travs de fuentebibliogrfica y la obtenida principalmente en los archivos locales, entender su evolucin poltica en medio de la crisis econmica y poltica de nuestros primeros aos republicanos. PALABRAS CLAVE: Identidad, regionalismo, independencia, caudillismo, repblica, centralismo. __________________________________________________________________________________________________________________
Al pueblo de Arequipa, aplaudido por los unos y temido por los otros, suele mirrsele como dispuesto siempre a lanzarse en las revueltas, sin que haya motivos que justifiquen su conducta. Francisco Garca Caldern 1874 Nosotros estamos constituidos por siete departamentos o provincias, y los habitantes de uno estn en contra de los

otros. El cuzqueo aborrece al limeo y el arequipeo a ambos. Dialogo entre el gobernador del puerto de Islay y un oficial naval norteamericano 1832

Desde sus orgenes coloniales la ciudad de Arequipa se configur como una comunidad regional alejada de los ms importantes centros econmicos y poblacionales del virreinato peruano (Lima, Cusco y Potos), al mismo que se integr en el temprano siglo XVI como otras tantas ciudades y regiones. Debido a la ausencia de grandes ncleos de poblacin indgena o fabulosos yacimientos mineros, los primeros vecinos de Arequipa encontraron en la agricultura y el comercio los principales medios de sustento, que a travs de los aos llegaran a convertirse en los pilares de la economa regional y en unaverdadera fuente de riqueza y prestigio para las principales familias de la lite. Gracias a su particular ubicacin geogrfica, en la periferia de las zonas econmicas ms dinmicas del virreinato, su mayor cohesin social e integracin familiar, y actividades econmicas basadas en el esfuerzo personal antes que en los favores reales o privilegios comerciales; se ir constituyendo en Arequipa una comunidad de intereses y necesidades que con el paso de los aos dar forma a una identidad regional muy particular y sobre todo anti centralista, cuya presencia en la Historia del Per habra de ser ms comprometida e intensa. LA SOCIEDAD AREQUIPEA Segn la visita realizada en 1792, la poblacin de la Intendencia de Arequipa (integrada por las provincias de Arequipa, Caman, Condesuyos, Cailloma, Moquegua, Arica y Tarapac) era de 135.237 habitantes (12% del total del Virreinato). Siendo la provincia de Arequipa la ms poblada con 37.630, seguida de Moquegua (27.197) y Condesuyos (20.110). La ciudad de Arequipa, capital de la Intendencia, tena segn esta misma visita 22.030 habitantes, de los cuales el 71 % eran considerados espaoles, 19 % mestizos, 5% de esclavos y 5% negros, mulatos y zambos libres. Viendo tales estadsticas, llama claramente la atencin el alto nmero espaoles, no solo en la ciudad (15.737), sino tambin, en la provincia (22.882), donde llegaban a alcanzar el 60% del total. [1] Socialmente esta poblacin se hallaba dividida en varios grupos. Una pequea aristocracia conformada por grandes hacendados, comerciantes y mineros; adems de funcionarios civiles, militares y eclesisticos. Por debajo de ella se encontraba un vasto sector medio integrado por profesionales, comerciantes, hacendados, chacareros, artesanos, empleados pblicos, arrieros, etc. Y mucho ms abajo todava, deambulaba un heterogneo grupo de individuos de incierto origen y dudosa reputacin quienes habitaban los alrededores de la ciudad (Pampa de Miraflores y la Ranchera), conocidos en los documentos judiciales como la nfima plebe. [2] No obstante, existir una aparente desigualdad cultural y econmica entre los distintos individuos que conformaban la sociedad local, haba entre ellos muy estrechos lazos e intereses comunes. Por ejemplo, el hacendado viatero, el administrador de su hacienda, el comerciante mayorista de vinos, el arriero, el comerciante local, el abogado apoderado,

el cura diezmero y hasta el bodeguero, estuvieron vinculados por la produccin de vinos y aguardientes y cualquier incremento de impuestos o conflicto social o poltico tenda a perjudicarlos por igual. Tal nivel de cercana se puede claramente comprobar en la documentacin notarial, a travs de fianzas, poderes, obligaciones y testamentos. ECOMOMIA REGIONAL La Agricultura La ausencia de grandes propiedades en el medio rural arequipeo, no fue impedimento para la formacin de considerables fortunas familiares derivadas de la agricultura. Gracias a las ventajosas condiciones climticas de los valles cercanos y al creciente mercado minero sur peruano, en Arequipa pudo consolidarse una de las actividades ms lucrativas de la colonia: la produccin de vinos y aguardientes. Tan afamadas mercancas provenan de los valles de Moquegua, Majes y Vtor y eran masivamente comercializados en los grandes mercados de la sierra sur desde Cuzco a Potos. A fines del siglo XVIII la regin produca ms de 500.000 botijas de vino al ao,los mismos que en un 90% fueron destilados en aguardiente, un producto cuyo consumo se haba masivamente extendido a lo largo del siglo y adicionalmente, tena precios ms elevados (10 a 20 pesos el quintal). Produccin de Vinos en Arequipa (en botijas) Aos Vtor Majes Moquegua 1810 100.410 195.995 304.571 1812 93.495 123.240 257.206 1814 115.185 134.735 275.110 1816 120.370 184.255 339.090 1818 88.570 125.340 213.710 1820 80.530 120.485 219.075
Fuente: AAA, Diezmos de los valles de Vtor, Majes y Moquegua, 1810-1820.

Aunque la distante Moquegua posea la mayor produccin regional (60% del total), fue el cercano valle de Vtor el ms importante para la lite y economa local, no solo por su proximidad, sino tambin, por que all se encontraban las principales haciendas de los vecinos y familias ms destacadas de la ciudad como los Goyeneche, Gamio, Masas, Cosso, Rivero, Barreda, Bustamante, Benavides, Oyanguren, Moscoso, Aranibar, De la Fuente, Lastarria, Ureta, Cuadros, Corzo, Loayza, Berenguel, Butrn, Ugarte, OFelan, etc. A principios del siglo XIX la produccin de Vtor oscilaba entre 80.000 y 120.000 botijas; una parte era vendida en forma de vinos y aguardientes en Arequipa y la otra, comercializada en Puno y La Paz.[3]

De manera opuesta a los mencionados valles de Vtor, Majes y Moquegua, la campia de Arequipa se caracteriz por una produccin menos especializada, aunque igualmentecreciente, que abasteca largamente la demanda local e incluso, en pequeas cantidades era enviada a los mercados ms prximos de la sierra. Destacaban notoriamente los cultivos de trigo y maz. En los inicios del siglo XIX la produccin de trigo alcanz las 90.000 fanegas al ao, destinndose la mayor parte al consumo local, para abastecer los 15 molinos y cerca de 94 panaderas. El maz en cambio, bordeaba las 120.000 fanegas, utilizndose cerca de 90.000 en la fabricacin de cerveza de maz o chicha, una bebida de amplio consumo; y no era para menos, a decir del cronista Ventura Trabada y Crdova, en 1752 existan cerca de 3.000 chicheras en la ciudad y sus alrededores. Adicionalmente, la campia produca tambin papas, alfalfa y vegetales; mientras que de los valles de Caman y Tambo se traa el azcar, algodn y aj. Segn la Gua de Forasteros de 1796, la produccin agrcola anual de la Intendencia fue estimada en 2 millones de pesos.[4] El Comercio La prosperidad agrcola arequipea permiti a la lite disponer de considerables capitales para invertirlos en la importacin de mercancas provenientes de Espaa y denominadas corrientemente efectos de Castilla. Hasta 1778, Arequipa fue solo un centro de redistribucin de efectos provenientes de la capital y los comerciantes locales vivieron subordinados a los intereses de los mayores mercaderes del Per, agrupados en el monoplico Tribunal del Consulado de Lima. Con el establecimiento del Comercio Libre (1778) y la apertura del puerto de Arica al trfico exterior, los vnculos mercantiles de la ciudad se ampliaron y el nmero de mercancas importadas creci sustantivamente. Arequipa, de centro redistribuidor pas a convertirse en un gran depsito para el abastecimiento de los poblados mineros alto peruanos y los ms importante, se rompi la vieja dependencia con Lima, permitiendo a la regin disfrutar de una mayor autonoma comercial. En 1800 la Villa Imperial de Potos consumi cerca de 2800,000 pesos en importaciones de los cuales 1100,000 provenan de esta Intendencia.[5] Incluso antes de aquella fecha, debieron ser ya bastante prometedoras las inversiones comerciales en la regin como para llamar la atencin de los Cinco Mayores Gremios de Madrid, quienes en 1791 decidieron abrir una sucursal en Arequipa, previo a Lima, para dedicarse al comercio de importacin con los mercados del sur andino; entrando en franca competencia con los todopoderosos mercaderes locales como Juan Crisstomo Goyeneche, Mateo Cosso de la Pedrera, Juan Fermn Errea, Jos Daz Barreda, Bernardo Gamio y Garca, Jos Hurtado Villafuerte y Jos Menaut e Hidalgo. La oposicin apareci casi de inmediato, en 1791 el Cabildo de la ciudad acus ante el Tribunal del Consulado a los factores de los Cinco Mayores Gremios por traficar con los productos locales como el azcar, el vino, el aguardiente y el grano. En la defensa de los intereses locales, la lite comercial arequipea haba alcanzado una gran cohesin e identidad.[6] c. La Minera Aunque existieron numerosas minas ubicadas en toda la Intendencia, la minera arequipea no tuvo un papel protagnico dentro de la economa y sociedadregional, contrariamente, se mantuvo a la zaga de otras ms importantes como la agricultura y el comercio. Es curioso, pero, aunque el comercio de vinos y aguardientes

y la importacin de mercancas de Europa dependan del flujo regular de plata (en barras o monedas), esta principalmente se obtena de los centros mineros alto peruanos. [7] Hacia 1799, el nmero de minas productivas en la regin era de 54, de las cuales 53 eran de plata y solo una de oro; y en ellas trabajaban 84 mineros y 649 operarios.[8] Todas las minas de la regin slo representaban el 8% del total, sin embargo producan ms plata que el promedio virreinal; ellas alcanzaban el 20% de toda la plata registrada en las cajas reales. Durante las ltimas dcadas del siglo XVIII, el total de minas de Arequipa producan un promedio de 65,000 a 85,000 marcos de plata, representando un valor entre 600,000 a 700,000 pesos, lo que equivala slo a la tercera parte de la produccin agrcola.[9] Fueron las ms importantes Huantajaya y Cailloma. El mineral de Huantajaya, se ubicaba en el desierto de Tarapac y fue descubierto en 1717 por Juan de Loaiza y Valds, considerado el ms rico de la Intendencia; de l deca el barn Alejandro Von Humboldt:
En el Per casi toda la plata se saca de las grandes minas de Pasco, de Gualgayoc y de HuantajayaLas minas de Huantajaya que estn rodeadas de mantos de sal gema, son principalmente clebres por las grandes masas de plata nativa que encierra en una matriz descompuesta: anualmente dan de 70 a 80,000 marcos de plata. Estas minas se hallan situadas en el partido de vila, cerca del puertecillo de Iquique, en un desierto enteramente falto de agua.[10]

Aunque a finales del siglo XVIII el yacimiento progresivamente comienza a decaer por causa de la pobreza del mineral extrado, el verdadero problema fue siempre su desventajosa ubicacin geogrfica, en un rea tan distante y sobre todo carente de agua, suministros, fuerza de trabajo y hasta un banco de rescate que proporcione el circulante necesario para hacer frente a sus gastos elementales. A principios del siglo XIX la produccin haba decado a menos de 5,000 marcos al ao. Cuando las minas de Cailloma fueron descubiertas en 1620 hizo soar a muchos con el nacimiento de un nuevo Potos y debieron ser muy promisorios sus filones, como para que en 1630 la Corona decida establecer all una caja real. En 1640, el Marqus de Mancera le asign una mita de 800 indgenas para el laboreo de sus minas, tal concesin se mantuvo por cerca de una centuria. En los lmites del siglo XVIII la produccin de Cailloma promediaba los 30,000 marcos por ao, lamentablemente, en 1780 la rebelin de Tpac Amaru lleg al asiento minero y trajo como consecuencia el cierre definitivo de la caja y el traslado de los depsitos de mercurio a la ciudad de Arequipa. La falta de mercurio habra de contribuir significativamente a la crisis de Cailloma:
La clausura forz a los amalgamadores de Cailloma a comprar el mercurio en la Ciudad Blanca, porque ya no estaba disponible en ese centro minero. Esto los obligaba a realizar un viaje de doce a catorce das para cubrir los 400 kilmetros de ida y vuelta, cada vez que necesitaban el mercurio, y no tenan forma de saber si abra o no mercurio disponible para cuando llegaran.[11]

Pese a este gran inconveniente, para 1799 todava encontramos en Cailloma 12 minas de plata las mismas que eran trabajadas por 13 mineros y 114 operarios; pero cuando la caja de Arequipa se qued sin mercurio en 1802, el trabajo minero en la zona se detuvo por

largo tiempo.[12] Aos antes, un ltimo intento por recuperar la minera regional se haba realizado en 1792, cuando un grupo de entusiastas vecinos de la lite de Arequipa decidieron crear una Sociedad de Minera, la misma que fue anunciada por el Mercurio Peruano de esta manera:
Cincuenta y cinco vecinos de la ciudad de Arequipa son los que han tenido el generoso designio de reunirse a formar una Sociedad Mineralgica con el fin de trabajar minas de oro, plata y dems metales no solo en los seis partidos de aquella Intendencia, sino tambin en cualesquiera otras partes donde se juzgue conveniente y til establecer sus operaciones. Estas comenzarn a practicarse a principios del ao venidero, y corrern hasta fines del de 1812, siendo establecida la sociedad solo por el plazo de veinte aos. Su fondo es de cincuenta mil pesos divididos en quinientas acciones, a las que puede suscribirse hasta la conclusin del ao presente cualquier persona de todo estado y condicin, con tal de que sea vasallo de Nuestro Catlico Monarca, y resida en uno de los dos virreinatos de Lima y Buenos Aires.[13]

Tan importante sociedad tuvo como director a Mateo Cosso, tesorero a Juan Crisstomo Goyeneche, Secretario a Martn Arispe y diputados a Francisco de la Fuente y Loayza, Antonio de Alvisuri, Juan Fermn de Errea y Francisco del Suero. La mayora de ellos eran prominentes comerciantes y hacendados de la ciudad y solo Francisco de la Fuente fue un verdadero minero, no cualquiera, el ms rico propietario del mineral de Huantajaya y descendiente directo de su descubridor. Al margen del entusiasmo inicial, para finales de 1793 solo se haba logrado reunir 22,000 pesos, con los cuales se iniciaron algunas obras en Huantajaya que permitieron incrementar la produccin de 28,000 marcos en 1795 a 59,000 en 1799. Lamentablemente y al igual que en Cailloma, la escasez en el suministro de mercurio paraliz temporalmente los trabajos y en 1808 la cantidad de plata registrada fue de solo 3,200 marcos.[14] Como un epitafio, por esos mismos aos el Arcediano de la Catedral de Arequipa, Francisco Xavier Echevarra y Morales sentenciaba que los asientos mineros de Huantajaya y Cailloma solo conservan el nombre, como Troya.[15] INTERES E IDENTIDAD REGIONAL A travs de los aos los intereses econmicos locales fueron modelando una identidad comn entre los miembros de la lite arequipea que inicialmente se manifest en la cerrada defensa de sus amenazados intereses; para este fin contaron con una poderosa institucin, controlada en su totalidad por los ms ricos hacendados y comerciantes : el Cabildo. As, en mayo de 1737 los hacendados del valle de Vtor reclamaron contra algunos negociantes quienes compraban en Majes vinos y aguardientes a bajo precio, para venderlos en Arequipa daando la economa de los productores de Vtor. Por unanimidad, el gobierno de la ciudad acord prohibir la venta del licor majeo en la localidad.[16] Aos despus, en agosto de 1756, lleg a esta provincia la alarmante noticia de la posible comercializacin de aguardientes chilenos en el Alto Per; nuevamente el Cabildo sali en defensa de los intereses locales, solicitando al virrey proteccin contra los intrusos. Curiosamente, hasta los lderes de la iglesia arequipea se sumaron a la protesta, ordenando a los curas de Arica, Ilo e Iquique hacer todo lo posible para evitar el desembarco de vino, aguardientes y harina chilenos. Tal protesta era comprensible, en vista que uno de los ms importantes ingresos del clero arequipeo fue el diezmo a la produccin de vinos, que en la dcada de 1751-1760 haba alcanzado 57.860 pesos, entre 1771-1780, 81.270 y para 1791-1800, la nada despreciable suma de 104.171 pesos.[17]

Luego del establecimiento del comercio libre, los ahora llamados efectos de Europa (tejidos de todo clase, hierro, acero, cuchillos, tijeras, cristales, espejos, porcelana, papel, licores finos, medicinas, armas, etc.) provenientes de Buenos Aires o directamente de Europa se multiplicaron. Con el fin de controlar este mayor flujo de mercancas y realizar un ms eficiente cobro del nuevo impuesto de la alcabala, las autoridades metropolitanas decidieron establecer en la ciudad una aduana, que entrara en funcionamiento para enero de 1780. El rechazo de la lite local no se hizo esperar y en alianza con otros sectores de la sociedad, fueron protagonistas de la mtica Rebelin de los Pasquines.[18] Deseosas de mantener el estatus tanto como evitar la atomizacin de sus propiedades, muchas familias arequipeas profesionalizaron a sus hijos en carreras de notable prestigio como la abogaca, el sacerdocio o el ejrcito. Al respecto, el cura de Cayma Zamcola y Juregui deca que a fines del periodo colonial el nmero de abogados en la ciudad era tan alto que tenamos ms doctores que en Salamanca y ms abogados que en el colegio de Madrid; y tantos mdicos, que matan con la misma libertad que en Londres y Pars.[19] A fin de obtener los deseados ttulos en leyes, las familias deban de financiar costosos estudios en ciudades cercanas como Lima, Cusco y Chuquisaca. A mediados del siglo XVIII y amparados en su prosperidad econmica, la lite arequipea demand ante la Corona el establecimiento de una universidad. Lamentablemente, disputas internas y la abierta oposicin de las autoridades limeas, frustraron su establecimiento hasta despus de la Independencia. Pero, esta no iba ser la nica reprochable intromisin de las autoridades capitalinas. Cuando en 1787 se estableci en el Cusco una Real Audiencia, el Cabildo de Arequipa solicit ser incluido dentro de su jurisdiccin y as poder separarse de la muy distante Audiencia de Lima. Tal peticin cont con la aprobacin del Consejo de Indias e incluso del intendente Antonio lvarez y Jimnez, sin embargo, Lima se opuso rotundamente y dicha posicin fue respaldada por el Rey.[20] Para finales del siglo XVIII, la dependencia de Arequipa a la capital del virreinato se haba reducido solamente a niveles polticos y principalmente fiscales. Por ejemplo, entre 17901796, el tesoro local recaud casi 4 millones de pesos de los cuales Arequipa solo se benefici con el 40%, el monto restante sali de la Intendencia.[21] Con el inicio de las guerras de Independencia (1809), las exigencias fiscales multiplicarn de manera alarmante los donativos, contribuciones y prstamos (patriticos y forzosos), hasta agotar completamente los deprimidos tesoros provinciales, a fin de sufragar las numerosas expediciones militares contra los insurgentes del Per y Amrica del Sur. Curiosamente, mientras en otras regiones sudamericanas se comienza a cuestionar el dominio espaol, en las provincias del virreinato peruano dicho cuestionamiento ser ms bien al control ejercido por la capital. En ese sentido, John Fisher seala:
La necesidad de distinguir entre los intereses y actitudes de la lite criolla de la capital virreinal orientada hacia los peninsulares y aquellas de las lites provinciales, centradas en el Cuzco y Arequipa cuyas motivaciones an en el decenio final del gobierno espaol en Per estn constantemente buscando emanciparse de Lima en lugar de Madrid.[22]

En 1811, los comerciantes cusqueos plantearon la necesidad de crear un Consulado en el Cusco y de ese modo separase de Lima e incluso, propusieron establecer una Capitana General centrada en la ciudad imperial y totalmente independiente del gobierno central. Al no conseguir ni lo uno ni lo otro, aos despus optarn por la franca rebelin. En 1814, un diputado a las Cortes de Cdiz por Huamanga solicit que los impuestos de la minera local, sean administrados por una comisin de la provincia, en lugar del Tribunal de Minera de Lima. Para estar en sintona con tales reclamaciones, el diputado arequipeo en aquellas cortes, Mariano de Rivero y Bezoan insisti en separar la provincia de la jurisdiccin de la Audiencia de Lima para integrarla al Cuzco.[23] Cuando la guerra llegue a la Intendencia de Arequipa (1820-1824) la lite local tendr que redefinir sus lealtades y prioridades, anteponiendo sus intereses econmicos a las posiciones polticas en pugna (el rey o la patria) y con una actitud pragmtica y oportunista enfrentar con relativo xito las dificultades del momento. PRAGMATISMO Y OPORTUNISMO Tan caracterstica actitud de la lite arequipea no fue ms que el resultado de unreconocimiento tcito de cules eran sus intereses y necesidades y la manera de preservarlos por encima de cualquier ideologa o posicin poltica en debate. En ese sentido, el aceptar la situacin imperante no debe ser entendido como una identificacin plena con el gobierno espaol, sino ms bien, como una necesidad de conservar dichos intereses. Si este inters los impela a defender el sistema colonial, lo hacan, pero dentro de las limitaciones que estableca su propia capacidad de sobrevivencia; porque, cuando las autoridades intenten sobrepasarla, ellos respondern con dilaciones o negativas. Por esa misma razn, fue bastante frecuente encontrar en los documentos de la poca, de un lado elogios excesivos al espritu cvico de la poblacin mistiana y por el otro, reproches y hasta condenas a la exigua colaboracin o egosmo criminal de aquella misma poblacin. Si algunos investigadores vieron en tal conducta sentimientos realistas contrastantes, para las autoridades de la poca (no solo realistas sino tambin patriotas) fueron experiencias amargamente desconcertantes, as lo podemos comprobar enmuchos testimonios de la poca. En abril de 1823, el general Jernimo Valdez dirigi una carta de agradecimiento y despedida al cabildo de la ciudad de Arequipa, luego de haber permanecido cerca de dos aos (1821-1823) en el cargo de comandante de los ejrcitos reales de esta provincia. En dicha carta, Valdez se esforzaba por elogiar a la ciudad, manifestndole su eterno respeto y gratitud por haberlo auxiliado eficazmente, desde que tom el mando militar de las tropas de esta provincia... proporcionndole cuanto necesit en todos los ramos... [24] Sin embargo, cuatro aos despus (1827), en su conocida Exposicin al rey Fernando VII Sobre las causas que motivaron la prdida del Per, el mismo general Valdez se refera a esta ciudad como voluptuosa y corrompida en la que no se poda tener moral y disciplina, para justificar las razones por las que su colega el brigadier Mariano Ricafort, perdi toda una divisin de soldados cuando los conduca en julio de 1821 desde Arequipa a Lima. En dicha exposicin sealaba:
La divisin de Ricafort no se qued en esqueleto en aquella marcha por su incomodidad, privaciones y trabajos, puesto que casi su total prdida la sufri los cinco o seis primeros das,

despus de la salida de Arequipa en que de nada careca; as que no fue esta la causa, sino la falta de previsin en haberla formado en una ciudad voluptuosa y corrompida, en que era imposible tener moral y disciplina, ni apenas salud ni robustez (...)[25].

Los elogios y denuestos del general Valdez contra esta ciudad, podran ser dos caras de la misma moneda, ambiguas y contrastantes, determinadas por un comportamiento pragmtico y oportunista de sus pobladores y que estara definiendo a una ciudad con un extendido sentimiento regionalista, cuyas consecuencias, tambin lo sufrira el brigadier Jos Carratal, quien en mayo de 1823 reemplaz al general Valdez en la comandancia general de los ejrcitos de esta provincia. Dicha autoridad a los dos meses de asumir el mando, ya se encontraba amenazando al cabildo arequipeo por su indolencia y nula cooperacin:
Que de no hacerlos efectivos los pedidos de caudal y carnes necesarios a la subsistenciade las tropas de su mando, se ver precisado a abandonar esta capital, contra todos los sentimientos de su inters a defenderla ()[26]

Mucho ms desconcertante y conmovedora fue la experiencia vivida por el general patriota Antonio Jos de Sucre, quien ocup la ciudad del Misti el 31 de agosto de 1823 por espacio de 39 das. En este breve tiempo, el joven militar venezolano disfrut de todas las bondades que el oportunismo arequipeo poda ofrecer; provocando que su apacible nimo fuera progresivamente desplazndose desde la algaraba de los primeros das hasta la turbacin ms absoluta, un mes despus. As lo podemos reconstruir a travs de su correspondencia dirigida al cabildo arequipeo y al propio libertador Simn Bolvar. El da de su ingreso a la ciudad, Sucre agradeca complacido a la poblacin por el entusiasmo que ha manifestado este benemrito vecindario, a la llegada del ejrcito libertador.[27] Una semana despus, ese tono jubiloso se fue progresivamente convirtiendo en reclamo:
Despus de agotados los medios de suavidad para excitar el patriotismo de este vecindario, a socorrer las tropas libertadoras, apenas se ha producido un miserable donativo que a nada alcanza, me veo colocado en el terrible conflicto de ocurrir a otras medidas.[28]

Qu sucedido? Errneamente, Sucre haba credo que su recibimiento casi apotesico iba a traducirse en generosos donativos, pero al no llegar estos con la prontitud y cantidad esperada, la frustracin y la rabia bien pronto hicieron su aparicin; comprendindose desde luego sus airados reclamos al ayuntamiento arequipeo. Quince das despus la situacin del jefe patriota en la ciudad, no haba progresado significativamente, por ello sus reclamos empezaron a sonar intimidantes:
Han pasado tres das de los sealados, para que exhibiese en la comandancia del ejrcito 25,000 pesos a cuenta de los 100,000 pesos de emprstito que se ha pedido. En este concepto dir por ltima vez que a las nueve del da de maana ir yo mismo al cabildo a presenciar la entrega al comisario del ejrcito de los 25,000 pesos que han de reunirse por el pronto.[29]

Al cumplirse un mes del ingreso de las fuerzas patriotas en Arequipa, la turbacin de Sucre fue agravndose por las prolongadas esperas de contribuciones que no llegaban, empujndolo a radicalizar sus amenazas:

La contribucin impuesta sobre el vecindario y particularmente sobre los espaoles y desafectos, deben entregarse hoy y maana. Si a las doce del da primero (octubre) no hubiesen exhibidose le har arrestar en la prevencin de los dragones de Chile y darme parte de ello para tomar las ltimas providencias.[30]

El 7 de octubre, las fuerzas patriotas tuvieron que abandonar la ciudad seguida muy de cerca por el fortalecido ejrcito virreinal. Como coronando sus numerosas frustraciones, el general Sucre tuvo que contemplar perplejo el curioso cambio de los sentimientos de la poblacin en su contra, en comparacin a su ingreso un mes antes. Esta metamorfosis poltica, fue evidenciada por un testigo de excepcin en tales acontecimientos, el coronel Guillermo Miller. El ingls haba acompaado a Sucre en Arequipa y en sus memorias relata un tanto sorprendido estos ltimos instantes:
Antes de que Sucre saliese de la plaza algunos individuos del clero y otros de la municipalidad que haban hecho grandes protestas de patriotismo, hicieron replicar las campanas en celebridad por la entrada de los realistas y al mismo momento sacaron desde un balcn el retrato del rey Fernando[31].

Las mismas personas que haban dado muestras de un espontneo patriotismo al ingreso de las fuerzas colombianas, un mes despus exhiban sus mejores sentimientos monrquicos frente a los ejrcitos reales que llegaban a recuperar la ciudad. Todo un ejemplo de oportunismo poltico mostrado por la poblacin arequipea durante este episodio de la independencia. Equivocadamente podra pensarse, que un espritu de colaboracin tan exiguo, como el mostrado por los arequipeos durante la invasin colombiana, estuvo reservado solo para las fuerzas patriotas, que al fin y al cabo se presentaban como invasoras al mundo local. No es as, el propio virrey La Serna, en enrgica comunicacin dirigida al intendente de Arequipa, coronel Juan Bautista de Lavalle (1816-1824), le expresaba su profundo malestar para con los habitantes de la ciudad quienes miran con indiferencia las disposiciones de este gobierno para reunir fondos...quienes con llorar pobrezas, falta de numerario, obstruccin del comercio... unos a otros se han retrado de dar los auxilios que se les ha exigido[32]. Arequipa no contribua conscientemente con las exigencias del gobierno, y al no presentarse variacin alguna en aquella poca comprometida actitud, un ao despus (1824), las reiteradas protestas del virrey se hicieron mas encendidas:
Cuando considero que este miserable comercio (Cuzco) ha contribuido en tres ocasiones con ms de 50,000 pesos, me asombra y admira que se de Arequipa, que por ttulo alguno puede compararse con el de Cuzco tenga tantas dificultades para dar 30,000 pesos y esto a la verdad no puede proceder de otra causa que de un egosmo criminal[33]

Siguiendo el mismo camino del general Sucre, el virrey pas de las protestas ms encendidas a las amenazas intimidatorias:
Todos los que al recibo de esta, no hubiesen entregado a estas cajas reales la cantidad que se les design, se les notifique que si en el trmino de veinticuatro horas, de hecha la notificacin se les embarguen los efectos a cubrir la cantidad, mas un tercio; y el que ocultase los efectos y se resistiese al pago dispondr VS que en calidad de preso pase a la isla de Chuchito.[34]

La historiadora Cristina Mazzeo llam nuestra atencin al respecto, afirmando que la gente siempre fue reticente a la entrega de contribuciones forzadas; por ello se hizo necesaria la presin de las autoridades a fin conseguirlas en medio de la guerra y, aunque el aporte econmico de Arequipa durante la independencia fue significativo, para las autoridades virreinales era insuficiente. Mazzeo seala adems que, la insolvencia arequipea se debi a que se les peda un patriotismo prcticamente impensable ya que de ellos dependa la financiacin de la guerra como as tambin la manutencin del ejrcito de reserva. [35] Quisiramos no obstante, considerar algunas situaciones especficas para este caso. En primer lugar, mientras las economas de Lima y el Cuzco agonizaban con la guerra, Arequipa se convirti en el centro econmico y comercial ms importante del virreinato y en el nico nexo entre la metrpoli espaola y el ltimo bastin realista de Amrica del Sur. En tales circunstancias, esta regin recibi entre 1821-1824 las ms importantes migraciones de comerciantes limeos, peninsulares y extranjeros. Adems del arribo de numerossimos barcos ingleses, franceses y norteamericanos, cargados de toda clase de mercancas, de los llamados efectos de Europa; lo que contribuy al crecimiento notable de la actividad mercantil, convirtindose al menos por aquellos aos, en el eje de la creciente economa local.[36] En segundo lugar, los emprstitos forzados exigidos por las autoridades a los miembros del comercio local y regional, no fueron sealados de forma arbitraria, sino ms bien en funcin de su real capacidad econmica. As por ejemplo, de los 28.269 pesos reclamados a la Intendencia en 1824, 5.500 pesos le correspondieron al rico comerciante espaol Lucas de la Cotera; 3.000 a todo el comercio de Arica; 2.000 al comercio de Moquegua; 1.600 al segundo comerciante ms poderoso de la ciudad Ambrosio Ibez y compaa; 700 a Mariano Miguel Ugarte; 500 a Juan Bautista Arrspide; 300 a la compaa de Ramn Font; 200 al hacendado y minero Mariano Basilio de la Fuente, entre otros.[37] Finalmente, debemos de sealar que varios aos antes del gobierno de La Serna, el virrey Joaqun de la Pezuela (1816-1821) arrib a la misma conclusin sobre el compromiso de la poblacin arequipea. En una carta remitida en 1817 al recin nombrado Intendente Lavalle, le prevena acerca de los habitantes de la ciudad siempre repugnaron a los hombres el servicio al Rey y no usan salir de sus hogares por lo que... habr alguna dificultad en el envi de los cien hombres a Tacna [38]. Cinco meses despus, volva a prevenir al Intendente sobre ese mismo asunto, pero debe tenerse presente que esa provincia hasta ponerse VS a la cabeza no ha dado gente para el servicio de las armas, o en un nmero tan corto que no merece la memoria[39]. En junio de 1820 el virrey Pezuela orden que el Batalln Victoria, compuesto de 700 plazas acantonado en la ciudad de Arequipa, se dirigiese al puerto de Quilca con el objetivo de embarcarse rumbo al Callao. Las razones que tuvo el virrey para este traslado, las explica en su memoria de gobierno:
Por la dificultad de reunir los batallones de Arequipa y Nmero, que ambos se componen de menestrales de todas las castas de esta ciudad, casados, cargados de hijos, de vicios y de oposicin a tomar las armas, siendo as todos los sastres, zapateros y dems oficios, absolutamente necesarios y por ltimo una gente sin vergenza, estmulo y honor, a quien a pesar de esto es preciso tener contenta en las presentes circunstancias de ser ms temible esta chusma que los hombres buenos.[40]

Como gente sinvergenza, estmulo y honor calific Pezuela a los soldados arequipeos que se negaban tomar las armas en los ejrcitos reales. Pero, aunque suene paradjico, reconoca que dichos soldados eran los mejores para la guerra; y as le hizo saber al intendente de la ciudad en otra carta que le envi en octubre de 1817, dicindole en las otras provincias no son sus naturales tan a propsito como los de esta provincia para servir en dicha arma; por lo tanto sera conveniente y an necesario el que proporcione los que sea posible. Y contina destacando, en la misma carta, las cualidades militares de los soldados arequipeos:
Rodil tiene en el da 660 arequipeos que han agradado aqu extraordinariamente, y me prometo mucho de ellos. Dicho su comandante me ha manifestado muchas veces que ni los cambiara por las mejores tropas de las que van a la expedicin.[41]

Como en situaciones anteriores los elogios y denuestos vuelven a estar presentes, ahorarelacionados a los soldados arequipeos; ello pone de manifiesto que la actitud pragmtica y oportunista no fue un patrimonio de las clases altas de la ciudad (hacendados y comerciantes), como podra pensarse, sino tambin de sastres, zapateros y dems oficios que constituan los sectores populares de la ciudad. SENTIMIENTOS REGIONALISTAS Como hemos podido apreciar, aquel peculiar comportamiento estuvo bastante extendido en los diversos grupos que comprendan la sociedad local, y al parecer, todo ello no fue ms que el efecto de un ferviente sentimiento regionalista o como se dira actualmente, un localismo acendrado; que diferenci a los arequipeos de otras localidades, dndole a la ciudad y sus habitantes una condicin diferente, que lentamente se fue consolidando hasta alcanzar durante las guerras de independencia su forma ms definida. Y cuando tuvieron que elegir entre la corona, la patria y su propia seguridad, inteligentemente (o interesadamente) se decidieron por esta ltima. Dicho sentimiento regionalista, preocupado ms del resguardo de la ciudad y la defensa de sus propios intereses, indujo a aquel pragmatismo tan oportunista de sus habitantes durante esta coyuntura; sin embargo, ya se vena manifestando desde las primeras campaas realistas contra los patriotas argentinos en el Alto Per hacia 1809 (sino es antes). En tales campaas participaron importantes fuerzas militares arequipeas, al mando de oficiales tambin arequipeos como el general Jos Manuel de Goyeneche o los coroneles Domingo y Po Tristn.[42] Algunos ejemplos nos servirn para rastrear sus orgenes. En noviembre de 1810, el cabildo de Arequipa rechaz un pedido de armas para auxiliar a la intendencia de La Paz, que se hallaba convulsionada por una revolucin popular. La razn, segn argumentaron, dichas armas eran necesarias para la defensa de la ciudad;[43] y a pesar del peligro que pudo significar el levantamiento de la Paz para la regin, las autoridades locales consideraron que de los 200 fusiles que quedan no son suficientes a mantener el buen orden, atentas a las actuales circunstancias.[44] En medio de estos sucesos, fueronbien conocidas las diferencias polticas existentes entre el virrey Abascal y el general arequipeo Goyeneche; empero, a este ltimo se le mantuvo en el puesto de comandante del ejrcito realista en el Alto Per, debido a sus talentos y sobre todo al ascendiente que mantena entre sus tropas, integradas en gran nmero por soldados arequipeos. Abascal

no se equivoc. Despus del relevo de Goyeneche por el brigadier Joaqun de la Pezuelaen 1813, se produjeron numerosas deserciones de estos soldados en el ejrcito del Desaguadero.
En efecto pronto se not el disgusto que causaba el relevo del general (Goyeneche), as entre los oficiales como entre los soldados, dejndose percibir por primera vez la tristemente trascendental idea de que pues los iba a mandar un jefe europeo se retiraran todos a sus casasEl brigadier Picoaga, coronel de este regimiento, trato de contener este desmn de sus soldados asegurndoles que el general haba salido a pasear a caballo y volvera prontola desercin continu y a fines de mayo pasaban de mil las bajas que contaban los cuerpos por esta odiosa causa. [45]

Soldados reclutados posiblemente a la fuerza, se mantuvieron en el servicio mientras el mando estuvo en manos de un jefe arequipeo de tanto prestigio como Goyeneche. Todo un orgullo de la Ciudad Blanca y vencedor de los patriotas argentinos en Guaqui (1811). Pero, al ser reemplazado por otro oficial no arequipeo, el vnculo que los mantena en elejrcito se rompi y decidieron regresar a sus entraables hogares. Posteriormente, en 1815, otro militar mistiano aunque de un menor talento, Juan Po Tristn y Moscoso, con el fin de levantar la moral de los soldados arequipeos estacionados en Puno y deseosos de ser enviados de vuelta a casa, les tuvo que asegurar estar cuidando de sus familias.
A los que forman la expedicin de la muy noble y fidelsima ciudad de Arequipa, y que en la actualidad sirven de Guarnicin en la de Puno: Compatriotas compaeros y amigos. En la representacin que he recibido hecha a vuestro nombre, y cuyo tenor es contrado a manifestar a vuestros recomendables servicios al Rey y a la causa pblica, cumpliendo con los objetos de la expedicin a que fuisteis destinados, y a pedir se os restituya a esta ciudad, por consideracin de amor y ternura a vuestras familias. [46]

Reafirmando este regionalismo tan manifiesto, Sarah Chambers seala que los arequipeos mostraron en esta poca una mayor disposicin a derramar su ltima gota de sangre cuando les pareca que su propia ciudad estaba directamente amenazada.[47]No era para menos, la Ciudad Blanca represent para muchos arequipeos el centro en torno al cual giraba toda su vida econmica y social; y ello se evidenci no solo en el comportamiento de las tropas locales enviadas al Alto Per, sino tambin en las mismas donaciones monetarias que realizaron durante estos aos, porque segn John Wibel muchas donaciones para la Corona, fueron pensadas para la defensa de Arequipa, antes que del gobierno espaol en general.[48] Finalmente, el 9 de diciembre de 1824 este gobierno espaol lleg a su fin en los campos de Ayacucho cuando el ltimo virrey del Per fue derrotado por fuerzas patriotas; la comunidad de Arequipa tuvo que aceptar la nueva situacin como un hecho consumado y el 6 de febrero de 1825 jur solemnemente la independencia. La experiencia acumulada durante la guerra y sus fortalecidos vnculos le permitirn afrontar los nuevos retos con alguna esperanza. FRENTE A UNA NUEVA REALIDAD a. La crisis de la Independencia Aunque la Intendencia de Arequipa no fue un escenario directo de las guerras de Independencia, los daos sufridos en la economa local fueron

cuantiosos: el saqueo de las propiedades, la confiscacin de acmilas, el reclutamiento forzoso, los prstamos patriticos y hasta la ocupacin de las principales rutas de comercio, comprometieron sensiblemente las principales actividades econmicas locales. La minera regional, que en las dos primeras dcadas del siglo XIX haba promediado cerca de 30.000 marcos anuales, en estos aos cay estrepitosamente hasta alcanzar los insignificantes 413 marcos en 1823.[49] De la misma forma, aunque no con la misma intensidad, la produccin de vinos y aguardientes tuvo un notorio descenso desde las 500,000 botijas promediadas en la dcada de 1810 hasta caer a menos de 300,000 durante los aos de guerra.[50] Paradjicamente el comercio regional observ un destino muy diferente a sus homlogas agricultura y minera. Con la cada de Lima en manos patriotas en 1821, la intendencia de Arequipa se convirti no solo en el eslabn ms importante entre Espaa y el ltimo ejrcito realista, sino tambin en el nico centro de abastecimiento de todo el Sur Andino.[51] Esta nueva situacin, favorecida por las circunstancias de la guerra, influy sustancialmente en la economa local, permitiendo el crecimiento de la actividad comercial, incrementando los ingresos fiscales e impulsando la migracin de poderosos comerciantes limeos, peninsulares y extranjeros hacia la regin como: Lucas de la Cotera, Francisco Luciano Murrieta, Ambrosio Ibez, Manuel Marc del Pont, Manuel Ranero Caballero, Tomas Crompton, Guillermo Hodgson, Santiago Ygualt, Samuel B. Mardn, Juan Moens, Federico Marriot, entre otros.[52] El crecimiento de la actividad comercial se vio reflejado en los ingresos de la aduana de Arequipa. En el quinquenio de 1815-1819 haba sido de 189,533 pesos, mientras que para 1820-1824, se elev hasta los 252,513.[53] b. El nuevo liderazgo local La crisis de la economa generada por la independencia en la agricultura y la minera y las limitadas posibilidades econmicas durante los primeros aos de la nueva repblica, condujeron a importantes cambios en el liderazgo local, pasando de los tradicionales hacendados y comerciantes a manos de los profesionales y dentro de ellas, a la institucin ms poderosa de entonces: el ejercito. Tales cambios explican la creciente preocupacin de las familias locales por introducir uno o ms miembros dentro de esta ascendente institucin. Como fue el caso del hacendado Manuel Diez Canseco, quien tuvo tres hijos siguiendo carreras militares (Pedro, Manuel y Francisco), llegando a ser generales durante la segunda mitad del siglo XIX. [54] Sin embargo, la vida militar no estuvo solo reservada para los hijos varones, muchas hijas de la lite arequipea fueron casadas a militares con ascendentes carrera como: Francisca Diez Canseco con Ramn Castilla, Cipriana de la Torre con Manuel Ignacio Vivanco, Victoria Tristn con Jos Rufino Echenique, Manuela Flores con Clemente Althaus, etc.[55] Tales enlaces dan fe no solo de la vigorizada imagen del ejercito en la temprana repblica, sino tambin, de las estrategias utilizadas por las importantes familias de la ciudad para mantener su estatus social y extender sus relaciones polticas, que casi siempre significaban posibilidades laborales en la burocracia estatal. El derecho, al igual que durante el rgimen colonial, continu siendo un frecuentado destino para muchos miembros de la lite y ms an, con la proliferacin de numerosos puestos dentro del nuevo orden nacional: Congreso, Tesorera, Aduanas, Cabildo, Subprefecturas y el ejercicio independiente de la profesin. Como ejemplo de ello tenemos a los tres hijos del funcionario real Manuel Paz Soldn: Jos Gregorio, Mateo y Mariano Felipe; quienes llegaron a ser prominentes abogados de la repblica y

reconocidos intelectuales.[56] Curiosamente, aunque los fuertes vnculos familiares de la lite permitieron monopolizar los ms importantes puestos en la administracin, muchas veces estos dependan de los cambios polticos ocurridos en la capital, con el ascenso o cada de algn jefe militar. Ello explica no solo las mencionadas alianzas matrimoniales, sino el apoyo poltico y respaldo econmico que algunos lderes locales proporcionaron a ciertos caudillos militares y sus levantamientos, en la naciente repblica. En enero de 1834 se produjo en la ciudad el primer levantamiento armado en defensa de la constitucin y las leyes, rechazando el golpe militar perpetrado por el gamarrista Pedro Bermdez contra el legtimo gobierno del general Luis Jos de Orbegoso. El lder de aquella rebelin fue el general Domingo Nieto y estuvo respaldado por los liberales arequipeos: Manuel Cuadros juez de la corte superior, el tesorero Jos Mariano Llosa Benavides, el sacerdote Juan Gualberto Valdivia, el coronel Anselmo Quiroz, entre otros. Al respecto un testigo presencial de los acontecimientos nos comenta:
En cuanto la nueva de los acontecimientos de Lima lleg a Arequipa, los hombres que hicieron a la ciudad pronunciarse a favor de Orbegoso, no estaban movidos por el amor al bien, ni porque estimarn que este Presidente vala ms que sus competidores. Vieron la ocasin de apoderarse del poder, de llegar a la fortuna y se apresuraron en aprovecharla. Valdivia (el Den) ejerca una gran influencia sobre el general Nieto y lo empuj a tomar el gobierno militar de todo el departamento. El mismo bajo los auspicios del General, se puso a la cabeza del gobierno civil y distribuy entre sus paniaguados todos los empleos.[57]

c. Intentos de recuperacin econmica Como ya lo sealamos, la minera fue la actividad ms golpeada por las guerras de Independencia, no obstante, hubieron esforzados intentos por recuperarla con ayuda de capitales extranjeros. En julio de 1825 se form una compaa minera entre la ms rica familia del asiento de Huantajaya, los de la Fuente Loayza y el comerciante ingls Guillermo Hodgson, para el trabajo de varias minas de plata citas en el mineral y cerro de San Agustn de Huantajaya por 15 aos.[58]Asimismo, en setiembre de ese mismo, se estableci otra compaa minera entre Santiago Ygualt, Samuel Haigh, Roberto Page, Tomas Crompton y otros, con un fondo de 100.000 pesos con el objetivo de comprar o arrendar minas de oro, plata y cobre en las provincias de Puno, La Paz y Oruro.[59] Por desgracia, tales inversiones no fueron suficientes para derrotar los tradicionales problemas de la minera colonial arequipea: falta de mano de obra y capitales, alto costo de los suministros, de la dinamita y el azogue. En 1826, el Sub Director General de Minera manifestaba que la suma escases de plvora y azogue en aquel departamento por cuya falta de explotacin se halla en la mayor languidez, sin producir por consiguiente todo el producto de que es susceptible [60] No era para menos, las minas de Cailloma que no haban recibido ningn tipo de inversin durante esa poca se encontraban en un estado verdaderamente lastimoso. Un caso excepcional significo el descubrimiento de las minas de oro de Huayllura en 1827, en la provincia de Condesuyo, que en pocos aos lleg a producir unos 6 millones de pesos en oro. Lamentablemente, tuvo una existencia bastante fugaz y para mediados de 1840 las minas se haban extinguido. Al respecto Antonio Raimondi nos dice:
Las minas de Huayllura fueron descubiertas en el ao de 1827 por Angelino Torres. Las primeras minas que se trabajaron fueron en el lugar llamado Pabellones; pero la gran boya de Huayllura fue en 1829 en la mina de Copacabana, cuya veta corre de NNE a SSE, adonde el oro se halla en chapera, habiendo muestras que presentaban el oro en el estado macizo. Con la noticia de hallarse en estas minas una gran abundancia de oro, acudieron de todas partes y en

los aos 1829 y 1830, poca de su apogeo, el asiento de Huayllura lleg a tener 14,000 habitantes y produjo en tres aos ms de 6 millones de pesos.[61]

Los primeros aos republicanos no significaron ningn cambio importante en la produccin de vinos y aguardientes de la regin, contrariamente, sigui acentundose la crisis hasta su colapso total a mediados de siglo. El siguiente cuadro nos presenta una imagen global de la produccin de los tres principales valles. Produccin de Vinos en Arequipa (en botijas) Aos Vtor Majes Moquegua 1825 73.280 70.925 175.230 1826 75.245 45.745 184.450 1827 61.845 58.875 192.685 1828 57.275 52.560 161.785 1829 34.805 39.225 124.810
Fuente: AAA, Diezmos de los valles de Vtor, Majes y Moquegua, 1825-1830.

Muchas fueron las razones que llevaron al colapso de la principal industria local: a) La destruccin ocasionada por las guerras de la independencia en los principales mercados mineros del sur del Per y Bolivia. b) La escasez crnica de trabajadores, motivada por las continuas guerras civiles de principios de la era republicana. c) La falta de mulas y el alto costo del transporte. d) La creacin de Bolivia. Al respecto, un hacendado moqueguano, afirmaba desencantado en 1835: la estpida y mal considerada creacin del Alto Per en una repblica independiente ha sido la ruina de la agricultura moqueguana. e) La competencia de nuevos licores finos provenientes de Europa y los aguardientes de caa, producidos en Bolivia y Per. e) La falta de innovacin de los viateros locales. En vista que durante ms de un siglo se haban acostumbrado a destilar aguardientes y transportarlos al altiplano, tuvieron muy poca inclinacin a cambiar de cultivos o a mejorar la misma produccin hacindola ms competitiva; pese a las magnficas condiciones climticas y edafolgicas de la regin, que permitan la produccin de hasta 18 variedades de uva.[62] Ante la crisis de la produccin vitcola, algunos empresarios arequipeos en 1826 decidieron fundar una sociedad mancomunada con el objetivo de construir una serie de canales de irrigacin y represas a fin de canalizar las aguas del ro Chili en la parte alta de la ciudad de Arequipa. La meta era irrigar 5,000 hectreas de tierras. Esta ambiciosa empresa fue diseada por el maestro caraqueo Simn Rodrguez y se denominProyecto Vincocaya. Su valor estuvo estimado en 100.000 pesos, distribuidos en 100 acciones y auspiciado por el prefecto del departamento general Antonio Gutirrez de la Fuente. Sin embargo, diversos inconvenientes como las lluvias, la ausencia de mano

de obra y la falta de capitales frustraron su desarrollo; y para el ao 1845, fue completamente abandonada.[63] Comercialmente, la independencia signific la ruptura definitiva del monopolio espaol y la apertura del pas y la regin a los mercaderes europeos, principalmente ingleses y franceses. En ese sentido, nicamente las importaciones britnicas al Per pasaron de 199.000 libras en 1826 a 368.000, en 1830.[64] Mientras en Arequipa, tales inversiones alcanzaron los tres millones de pesos en crditos y propiedades en 1824. Al ao siguiente (1825), ya se encontraban instaladas 16 casas comerciales extranjeras, las que progresivamente fueron desplazando a los grandes mercaderes peninsulares y criollos. Las compaas comerciales ms destacadas en estos primeros aos fueron: Gibbs y Crawley, Dickson-Price, Tayleur-MacLaughlin, Jack Hermanos, Willie-Miller, BeggAthenton, Santiago LeBris, Cristbal Guillermo Schutt, etc.[65] Con la apertura del puerto de Islay (1827), en reemplazo del incomodo e incompatible puerto de Quilca, los volmenes de mercancas europeas, principalmente tejidos, se multiplicaron hasta superar completamente la demanda local, provocando comoconsecuencia el quiebre de numerosos comercios y una incontenible cada en los precios, tanto, que hasta los negros pobres podan vestirse con textiles importados.[66]Confirmando lo antedicho, el cnsul britnico en el Per Charles Milner Ricketts informaba ya en 1826:
() el espritu de especulacin, y las descripciones exageradas de la riqueza en el Per, condujeron a la consignacin de muchos barcos con cargamento que exceda largamente las necesidades del pblico y su capacidad de pago. La consecuencia es que las mercaderas britnicas generalmente han visto reducir sus precios y muchas de ellas no devolvern ni su precio de costo.[67]

Mucho ms dramtico es el informe de 1834 del Cnsul General de Gran Bretaa en el Per, Belford Hinton Wilson, acerca del mismo asunto:
En el ao 1825 y los dos aos siguientes. Per fue inundado con productos extranjeros. Este exceso de oferta produjo una necesidad de confiar en los compradores sin la debida precaucin, y este sistema fue llevado a tal extremo que, difcilmente se exiga otra calificacin que aquella que ser originario del pas. Pronto aparecieron las consecuencias naturales de esta confianza mal fundada, los bienes de este modo vendidos imprudentemente al crdito, nunca fueron pagados, y ninguna ganancia se pudo enviar a Inglaterra ()[68] CENTRALISMO Y AUTONOMIA REGIONAL

El 8 de agosto de 1829 se descubri en Arequipa una conspiracin con fines separatistas alentada por el presidente boliviano Andrs de Santa Cruz, quien intentaba la secesin de los departamentos de Arequipa, Cuzco y Puno para su integracin a Bolivia. Los principales implicados en dicha conspiracin fueron el prefecto de la ciudad Juan Francisco Reyes y el comandante militar de los departamentos del sur, general Manuel Martnez Aparicio, quienes terminaron arrestados.[69] La propuesta de federar el sur andino con Bolivia no era una idea nueva, surgi durante los ltimos meses de la presencia de Bolvar en el Per y aunque aos despus tendra una favorable aceptacin

dentro de la sociedad local, para 1829 todava no contaba con grandes simpatas.[70] La comunidad arequipea an apostaba por una solucin dentro del sistema nacional. Desgraciadamente, todos los esfuerzos de recuperacin econmica y social se vieron frustrados con el inicio de la dcada de 1830. El centralismo limeo se hizo ms asfixiante y se tradujo en la creacin de nuevos impuestos como la contribucin de castas, la contribucin de patentes o de industria y predios rsticos o urbanos.[71] El rechazo de la poblacin local se expres en la evasin de los mismos impuestos y en la incapacidad de las autoridades para cobrarlos. En 1830 Mariano Gutirrez, subprefecto de Condesuyos manifestaba que no le era posible encontrar algn individuo dispuesto a recolectar impuestos a pesar que l haba ofrecido su propia parte de 4% adems del 2% asignado por ley para tales recolectores. Asimismo, Manuel Amat y Len, sub prefecto del Cercado, sealaba que todos los impuestos en Arequipa fueron pagados con la mayor repugnancia y ni un peso vino a ser recolectado sin el uso de la fuerza armada.[72] En 1832 lo adeudado por Contribucin de Castas era de 201.079 pesos y en 1837 de 245.615; mucho ms de lo recaudado ese ao que fue tan solo de 14.876 pesos.[73] Con el objetivo de financiar las guerras contra Colombia primero y Bolivia despus, as como los numerosos pronunciamientos poltico-militares en la regin (Orbegoso, Gamarra, Bermdez, Nieto, Vivanco, Torrico, etc.), los prstamos patriticos o forzados y donativos exigidos a la ciudad se volvieron con los aos mucho ms frecuentes. [74]Siendo el ao ms dramtico 1834, en que se solicitaron numerosos prstamos a los principales vecinos de la ciudad y segn las necesidades de los caudillos de turno. Los mayores montos como siempre correspondieron a las familias ms poderosas como los Goyeneche, Gamio, Ugarte, Masas, Tristn y muy poco a los comerciantes extranjeros. Como testigo de estos hechos Flora Tristn describe irnicamente y no con poca exageracin, a los desolados vecinos con lgrimas en los ojos, yendo y viniendo con bolsas de dinero para pagar las altas sumas exigidas.[75] Menos humor y ms dramatismo se observa en las palabras del Obispo Goyeneche, quien en 1835 escriba a su hermano Jos Manuel residente en Espaa:
Dios no me haga morir aqu: esto no se puede habitar ya, ni en siglos se compondr la horrible desorganizacin en que se ha puesto: es un babel el Per, reducido a bandas de forajidos saqueadores. No se piensa, ni se trata ms de robar: este es el patriotismo.[76]

No era para menos, durante la rebelin de Nieto (1834) se le impuso 30,000 pesos de prstamo al estado y 11,000 a sus hermanos Juan Mariano y Mara Presentacin. Pero, esta fue solo la culminacin de sus frustraciones, porque ya en 1830, por una orden suprema, haban sido gravadas con un prstamo forzoso (en plata chafalona y labrada, alhajas de plata y oro labrado) varias iglesias de la Dicesis, como: la iglesia de San Francisco con 1.405 pesos, el monasterio de Santa Catalina (1.559), la iglesia de San Juan de Dios (1.234), la iglesia de Quequea (1.144), las iglesias de Cailloma (3.812), las iglesias de Moquegua y Torata (4.436), las iglesias de Puquina y Ubinas (1.336), la iglesia Matriz de Tacna (1.500), las iglesias de Tacna (4.426), la iglesia de Tarapac (1.701), las iglesias de Characato e Ichua (675), entre otras.[77] Junto con el inicio del caudillaje militarista, la dcada de 1830 ser escenario de la agudizacin de la crisis vinatera, debido al progresivo cierre de su ms importante

mercado, Bolivia; la abrumadora competencia de licores importados, vinos bolivianos, aguardiente de caa y hasta licores adulterados. Dicha crisis se reflejar nuevamente en los ndices de produccin. Produccin de Vinos en Arequipa (en botijas) Aos Vtor Majes Moquegua 1831 66.780 49.800 215.275 1832 56.300 47.555 125.660 1833 40.315 58.620 96.150 1834 40.075 28.310 67.620 1835 39.510 47.195 98.115

Fuente: AAA, Diezmos de los valles de Vtor, Majes y Moquegua, 1831-1835.

A fin de salvar la otrora pujante industria de vinos y aguardientes, la Junta Departamental propuso la necesidad de prohibir la elaboracin de aguardiente de caa en el Per y el diputado de Moquegua Manuel Hurtado Zapata, present la propuesta al Congreso Nacional. Al parecer los intereses de los destiladores de caa ya tenan fuerte presencia en las esferas parlamentarias, porque este Congreso rechaz aprobar tal prohibicin para toda la nacin, pero prohibi la produccin de alcohol de caa en el departamento de Arequipa.[78] Al no conseguir los resultados esperados, en octubre de 1840 un grupo de 91 vecinos de la ciudad y hacendados del valle de Vtor otorgaron su poder al tambin hacendado Jos Llosa para que ante el gobierno pueda gestionar y en efecto gestione cuantas diligencias sean necesarias a la prohibicin de destilar aguardiente de caa, mieles de purga y otros artculos nocivos.[79] Ese mismo ao, el diputado al Congreso por la provincia de Condesuyos, Mariano Becerra, tambin solicitaba al gobierno se prohba la destilacin de licores hechos con azcar de caa, sealando que su competencia amenazaba a los productores del valle con su total extincin. [80] En definitiva, mientras la mayora de los hacendados seguan buscando una solucin a fin de salvar su economa del colapso total, otros optaron por vender sus vias y dedicarse al cultivo de pan sembrar:
() tanto porque los frutos de esta son de absoluta necesidad, cuanto porque los de aquella son en el da de menos estimacin respecto a la libertad con que fabrican aguardientes no solo de uva sino de cualquier otra fruta; y que la utilidad es ms notoria si se considera los grandes inconvenientes y trabajos a que estn sujetos los viateros para la elaboracin de sus caldos.[81]

Siguiendo el mismo tono decadente, con el inicio de la dcada de 1830, los comerciantes locales (espaoles y nativos) perdieron toda esperanza de participar activamente en el comercio internacional, al ser desplazados definitivamente por los ms activos y poderosos comerciantes extranjeros, quienes a partir de esta dcada monopolizarn completamente las importaciones europeas en la regin, como se comprueba en el pago de los derechos en la aduana de Islay, donde casi han desaparecido los comerciantes locales. Derechos pagados en la Aduana de Islay (en pesos) Comerciante 1836 1837 1838

Jack, Hermanos y Compaa 12.257 33.604 34.467 Tayleur, Mac Laughlin y Compaa 6.836 18.203 17.060 Juan Moens 3.165 10.833 8.817 Gibbs, Crawley y Compaa 5.970 7.943 11.716 Santiago LeBris 7.761 4.844 19.262* Jos Marc del Pont 2.503 2.968 6.959 Cristbal Guillermo Schutt 1.000 6.599 11.268 Dickson, Price y Compaa 816 1.167 4.407 Total 40.298 86.161 113.996
Fuente: ARAR, Libros de la Tesorera de Arequipa, 1836, 1837 y 1838. * A partir de mayo de 1838 se hizo cargo de la casa su asistente suizo Andrs Viollier.

Curiosamente, a diferencia de sus homlogos espaoles del siglo XVIII, los comerciantes extranjeros no lograron integrarse completamente dentro de la sociedad local y a pesar que algunos se casaron con distinguidas damas arequipeas (Samuel B. Mardon, Juan Federico Johnson, Guillermo Mathews, Samuel Went, Cristbal Guillermo Schutt,Federico Marriot y Heinrich Witt) siempre fueron considerados extranjeros. Es un extranjero bueno o malo, ms no se convierte por completo en hijo del pas, en uno de los suyos, deca el vizconde Eugenio de Sartiges en 1834.[82] Pese a ello, algunos intentaron invertir sus capitales en la produccin de vinos y aguardientes adquiriendo haciendas en el valle de Vtor, como fue el caso de Juan Federico Johnson, Samuel Went y Juan Moens.[83] Finalmente, un factor determinante, en el deterioro de la economa local durante estos aos crticos, tambin estuvo en palacio de gobierno, ocupado por el general cuzqueo Agustn Gamarra, acerca de l seala Wibel:
Gamarra enajen a mucho de los ms poderosos grupos de Arequipa durante su presidencia de 1829-1833. El nombr relativamente a pocos profesionales arequipeos para puestos nacionales en contraste con el gobierno de La Mar, al cual haba derrocado, y a menudo negaba cargos a los muchos lderes de la regin. Gamarra hizo poco por ayudar a la decadente economa de la regin, y a los hacendados y comerciantes de Arequipa les preocupaba que su rivalidad con Santa Cruz pueda adems interrumpir el comercio con Bolivia.[84]

El comercio con Bolivia no se interrumpi, pero llev al gobierno de Santa Cruz a aumentar hasta en un 30% los impuestos para la importacin de los vinos arequipeos y a partir de 1832, a establecer un puerto libre en Cobija que comenz, aunque por poco tiempo, a rivalizar con el puerto de Arica, tan deseado por el presidente boliviano; comprometiendo peligrosamente los intereses de numerosos comerciantes locales y arrieros. Al respecto Phillip Parkerson seala:
Ante el constante rechazo peruano de ceder Arica, el gobierno de Bolivia hizo todo lo que poda para atraer el comercio extranjero a su propio puerto. Incluyendo la adopcin de una tarifa mnima al comercio a travs de Cobija dentro de los lmites establecidos en su decidida proteccin de la industria nacional. Junto con la disminucin de la tarifa para Cobija, la proteccin del puerto requera que la tarifa de productos importados por Bolivia por medio de los puertos peruanos fuese correspondientemente elevada.[85]

Se entiende entonces, los intentos de algunos arequipeos por derrocar al gobierno de Gamarra. En uno de ellos producido en 1831, estuvieron implicados los tarapaqueos Antonio Gutirrez de la Fuente, Ramn Castilla y el diputado Ildefonso Zavala. En 1832, otro diputado, pero por Arica, Francisco de Paula Gonzales Vigil present una mocin para destituir a Gamarra por violaciones a la constitucin.
Los cargos contra Gamarra, variaban desde el castigo arbitrario a los oponentes polticos hasta el aumento de un impuesto menor sin consultar al congreso, perdieron por 36 votos sobre 32. Los diputados de la mayora de los departamentos peruanos, incluyendo la natal Cuzco de Gamarra, dividieron sus votos sobre esta resolucin. Arequipa sin embargo, fue el nico departamento que tena la mayora de sus votos por la destitucin de Gamarra.[86]

En las elecciones para la Convencin Nacional de 1833 fueron elegidos mayoritariamente opositores al gobierno de Gamarra y pertenecientes al llamado partido liberal como: Francisco Xavier de Luna Pizarro, Jos Luis Gmez Snchez, Francisco de Paula Gonzales Vigil, Anselmo Quiroz, Pedro Antonio de la Torre, Ildefonso Zavala y Manuel Hurtado y Zapata,[87] quienes influyeron decididamente en la eleccin del general Orbegoso como presidente provisional. Por todas estas circunstancias se comprende que, cuando en enero de 1834 Pedro Bermdez, hombre de confianza de Gamarra, dio un golpe de estado contra el gobierno de Orbegoso, la principal oposicin proviniera del departamento de Arequipa y en ella estuvieron implicados connotados personajes liberales, precisamente los que ms esperanzas haban depositado en el nuevo gobierno. REFLEXION FINAL En la dcada de 1830 se desencaden una crisis generalizada dentro de la comunidadarequipea y su necesidad de sobrevivencia la llev a adoptar alternativas urgentes que lamentablemente dividieron a la lite en dos grupos muy notorios: Los profesionales y burcratas y los hacendados y comerciantes. Los primeros, buscarn el remedio en el respaldo poltico a los diferentes caudillos de turno, llmese Nieto, Orbegoso, Salaverry, Santa Cruz o Vivanco; siempre y cuando les aseguren oportunidades laborales y profesionales. Mientras que los segundos, optarn por apoyar cualquier proyecto de separacin de Lima y su integracin a Bolivia, con el fin de resucitar ese viejo y lucrativo vnculo comercial colonial. Las aspiraciones de ambos grupos se vern momentneamente realizadas con el establecimiento de la Confederacin PeruanoBoliviana (1836-1839); lamentablemente, con la derrota de este proyecto poltico, sern derrotados tambin los proyectos secesionistas del sur del Per, obligndolos a buscarlas mismas soluciones pero ahora dentro de los inseguros lmites de la nacin. As, para un futuro no muy lejano y como si se tratase de un gran banquete, la mesa estar bien dispuesta para todo aquel caudillo que sacie las aspiraciones de uno u otro grupo o de ambos. BIBLIOGRAFIA GENERAL FUENTES DE ARCHIVO Archivo Arzobispal de Arequipa (AAA), Diezmos.

Archivo Municipal de Arequipa (AMA), Libro de Actas del Cabildo Archivo Regional de Arequipa (ARAR), Intendencia, Protocolos Notariales, Libros del Tesoro. BIBLIOGRAFIA BASICA Bonilla, Heraclio, comp. Gran Bretaa y el Per 1826-1919. Vol. I, Lima: IEP, 1975. Buller, Carlos, Peninsulares y Criollos: el surgimiento de una lite comercial importadora en Arequipa durante el tardo siglo XVIII. Tesis de Bachiller, Lima: PUCP, 1988. Brown, Kendall, Borbones y Aguardiente. La reforma imperial en el sur peruano: Arequipa en vsperas de la Independencia. Lima: IEP, 2008. Chambers, Sarah, De sbditos a ciudadanos: honor, poltica y gnero en Arequipa, 17801854. Lima: La Red, 2003. Condori, Vctor, El vino en Arequipa Colonial. Boletn de Lima, Vol. XXXI, N 158, Lima, 2009. Condori, Vctor, Bolvar y Arequipa. Boletn de Lima, Vol. XXXI, N 155, Lima, 2009. Fisher, John, Gobierno y Sociedad en el Per Colonial. El Rgimen de la Intendencias, 17841814. Lima: PUCP, 1981. Deustua, Jos, La minera peruana y la iniciacin de la repblica, 1820-1840, Lima: IEP, 1986. Gallagher, Mary, Imperial Reform and the Struggle for Regional Self-Determination: Bishops, Intendants and Creole Elites in Arequipa, Peru (1784-1816). Ph D. University of New York, 1978. Mazzeo, Cristina, Vicisitudes de la guerra de independencia del Per, 1817-1824. Lima: PUCP, 2003. Tristn, Flora, Peregrinaciones de una paria, Tomo II, Arequipa: UNSA, 1997. Wibel, John, The Evolution of a Regional Community within Spanish Empire and Peruvian Nation: Arequipa, 1780-1845. Ph D. Stanford University, 1975.

SOCIETY, IDENTITY AND REGIONAL AREQUIPA, 1780-1830


__________________________________________________________________________________________________________________ This article tries to approach the genesis of identity and regionalism Arequipa in the late colonial period, their conduct during the years of Independence, and through literature sources and obtained mainly in

local archives, to understand their political evolution in the middle of economic and political crisis of our first republican years. KEY WORDS: identity, regionalism, independence, warlordism, Republic, centralism. __________________________________________________________________________________________________________________

* El presente artculo es un avance de un trabajo ms extenso que venimos realizando sobre la Economa y Poltica en Arequipa entre 1826-1845.
[1] Los datos sobre la visita de 1792 la encontramos en Fisher, 1981: 274-276;

Gootenberg, 1995: 6-16 y Brown, 2008: 49-53 y 282-283.


[2] La composicin socioeconmica de Arequipa a fines del siglo XVIII la obtenemos de los

importantes trabajos de Wibel, 1975; Gallagher, 1978; Buller 1988; Chambers, 2003; Brown, 2008. Para el siglo XIX, tenemos Ponce, 1980 y Betalleluz, 2004.
[3] La produccin de vinos y estructura de propiedad en los tres valles ms importantes de la regin se han extrado del Archivo Arzobispal de Arequipa (AAA), Diezmos de los valles de Vtor, Majes y Moquegua: 1870-1820. La misma fuente fue utilizada por Carlos Buller en su tesis Lconomie du vin Arequipa. Les valles de Vitor, Majes et Moquegua entre 1770 et 1850,EHESS, Paris 2009. [4] La informacin sobre la produccin agrcola no especializada en vino (Buller:

2007), conformada por el maz, el trigo y la papa, se halla en AAA, Diezmos de Arequipa: 1780-1830. Asimismo, encontramos importante informacin en Cosso 1804, Barriga 1941, Tomo I: 58-59; Wibel, 1975: 63-69; Brown, 2008: 50-62.
[5] El comercio regional y el impacto de las reformas borbnicas son el tema principal de

la tesis de Buller (1988). Hay informacin igualmente importante en Wibel, 1975: 121160; Chambers, 2003: 55-72; Brown, 2008: 105-166 y 215-223.
[6] Con relacin a los Cinco Mayores Gremios de Madrid, principalmente Capella y

MatillaTascn, 1957. Acerca de sus actividades en el Per: Pinto 1985; Medrano y Malamud 1988. En Arequipa: ARAR Intendencia Causas Ordinarias 79: 24 mayo 1820; Wibel, 1975: 146-147; Brown, 2008: 219-221.
[7] Pese a la importancia econmica de la Intendencia de Arequipa dentro de este periodo,

no existe todava un trabajo orgnico y sistematizado sobre la minera arequipea en la poca colonial y primeros aos de la republica, hasta ahora solo disponemos de breves referencias. Por lo pronto podemos revisar Wibel, 1975: 69-73; Fisher 1977: 213-233; Malamud, 1982: 56-57; TePaske y Klein, Vol. 1, 1982: 2-83; Deustua, 1986: 81-86; Brown, 2008: 83-98; Flores Guzmn, 2008: 345-369.
[8] Fisher, 1977: 196-197. [9] Wibel, 1975: 72; Brown, 2008: 84-85.

[10] Ensayo poltico sobre el reino de la Nueva Espaa, Humboldt, 1822, Tomo III: 260-267. [11] Brown, 2008: 95. [12] Fisher, 1977: 197; Brown, 2008: 95. [13] Mercurio Peruano, 169: 16 agosto 1792, Fol. 246. [14] Fisher, 1977: 222. [15] Memorias para la historia de Arequipa, Barriga, Tomo IV, 1952: 3. [16] AMA, Libro de Actas del Cabildo 21: 3 mayo 1737, fs. 468. [17] Brown, 2008: 108, 164. Sobre los diezmos a la produccin vitcola en la regin, el

Archivo Arzobispal de Arequipa cuenta con informacin casi completa entre 1770 y 1850. Tambin es til, aunque ms general, Diezmos en Arequipa, 1780-1856 de Huertas y Carnero 1983.
[18] La Rebelin de los Pasquines (enero 1780), fue el primer levantamiento de una

ciudad del virreinato peruano contra la introduccin de las llamadas Reformas Fiscales Borbnicas, en ella participaron casi todos los grupos de la sociedad local y desde la publicacin del libro de Guillermo Galdos Rodrguez en 1967, ha sido materia de numerosos estudios, con aportes bastante significativos. Es importante revisar: Wibel, 1975: 16-52; Buller, 1988: 78-86; Cahill, 1990: 251-259; Quiroz Paz Soldn, 1990: 99132; Brown, 2008: 256-279; Condori, 2008: 49-76.

[19] Zamcola y Juregui, 1958: 23-35. [20] Con respecto al origen de la universidad de San Agustn existe valiosa informacin

enAMA, Libros de Actas del Cabildo 25: 1792-1798; Documentos para la Historia de la Universidad de Arequipa de Barriga 1954 y en el captulo IV de la tesis de Mary Gallagher, 1978: 139-170.
[21] Brown, 2008: 243. [22] Fisher, 1983: 117-139. [23] Fisher, 1981: 166-167, 242. [24] AMA, LAC 29: 25 de abril de 1823. [25] Exposicin del General Valdez..., CDIP, XXII pp. 315 384. [26] AMA. LAC 29: 18 de julio de 1823.

[27] Carta de Sucre al Excelentsimo Ayuntamiento de Arequipa, 31 de agosto de 1823,

Vargas Ugarte, 1971: 80.


[28] Ibdem, 5 de setiembre de 1823: 85. [29] Carta de Sucre al Excelentsimo Ayuntamiento de Arequipa, 12 de setiembre de

1823, Vargas Ugarte, 1971: 87. 1823, Vargas Ugarte, 1971: 90.

[30] Carta de Sucre al Excelentsimo Ayuntamiento de Arequipa, 30 de setiembre de

[31] Memorias del General Guillermo Miller, 1975, Tomo II: 62. [32] Mazzeo, 2003: 65-66. [33] ARAR. Intendencia Administrativos 108: 8 junio 1824. [34] ARAR, Intendencia Administrativos 108: 8 junio 1824. [35] Mazzeo, 2003: 45. [36] Con relacin a la economa regional durante las guerras de Independencia tenemos

Los efectos econmicos de la independencia en Arequipa, 1820-1824, Condori (artculo indito).

[37] ARAR. Caja Nacional de Hacienda. Libro Mayor 1824. [38] Mazzeo, 2003: 14. [39] Mazzeo, 2003: 16. [40] Pezuela, Joaqun de la, Memorias de Gobierno, 1947: 735. [41] Mazzeo, 2003: 16. [42] Arequipa 1796-1811: La relacin del gobierno del Intendente Salamanca, Fisher, 1968:

102103.
[43] Chambers, 2003: 44. [44] AMA, LAC 26: 29 de setiembre de 1810. [45] Memoria para la Historia de la Armas Espaolas en el Per, Garca Camba, 1846, Tomo

I: 95.

[46] Proclama del Brigadier Po de Tristn, CDIP, Tomo III, Vol. 8: 9.

[47] Chambers, 2003: 44. [48] Wibel, 1975: 283.

[49] Deustua, 1986: 254-255. Fisher, 1977: 243. Existe tambin un detallado registro de la produccin
minera en el Per por provincias desde 1790-1834, en el informe enviado en julio de 1836 por el Cnsul ingls Belford Hinton Wilson, Accounts and Papers, 1843, [Link]: 11-27. [50] AAA, Diezmos, 1800-1825. [51] Condori (artculo indito) [52] Para conocer la presencia de comerciantes extranjeros durante el periodo de

Independencia revisar Witt, 1992: 60-69; Wibel, 1975: 269-302; Condori (artculo indito).
[53] ARAR, Libro de la Caja Real, 1816-1825. Wibel, 1975: 274. [54] Wibel, 1975: 344; Diez Canseco, 1950. [55] Una construccin interesante de genealogas de algunas familias de la lite local en

Wibel, 1975: 478-494.

[56] Acerca de los hermanos Paz Soldn: Pareja Paz-Soldn, 1964; Moreyra Paz Soldn,

1974: 37-76; Milla Batres, 1994: 32-35; Tauro del Pino, 1987: 1576-1577; Luis A. Snchez, 1921; Carlos Paz Soldn, 1928: 83-85 y Wibel, 1975: 489.
[57] Tristn, 1997, Tomo II: 63. (El resaltado es nuestro) [58] ARAR, Rafael Hurtado, 675: 3 julio 1825; 12 octubre 1825. Manuel Primo de Luque,

722: 19 setiembre 1825. Tambin revisar Haigh, 1967: 22. Wibel, 1975: 375.
[59] ARAR, Francisco Xavier Linares, 749: 10 setiembre 1825. [60] Tomado de Deustua, 1986: 85. [61] Sobre el mineral de Huayllura encontramos referencias en Raimondi 1885; Paz

Soldn, 1962: 483; Babinski 1883; Bonilla, 1975, Tomo I: 222-223 y Wibel, 1975: 375.
[62] Las razones que esgrimimos acerca del colapso de la produccin de vinos y

aguardientes durante la primera mitad del siglo XIX, han sido tomadas de Condori 2009.
[63] La ms extensa referencia sobre este ambicioso proyecto se encuentra en Barriga,

1941, Tomo I: 341-354 y Wibel, 1975: 361-362. As tambin, encontramos alguna informacin del proyecto en Rivero y Ustariz, 1857: 169; Ramrez Fierro, 1994: 84; Romero, 2006: 280.

[64] Gootenberg, 1997: 319. Con relacin a las mismas inversiones, pero durante la

independencia revisar Bonilla, 1981: 110.


[65] Las referencias que tenemos de las compaas y comerciantes extranjeros en

Arequipa durante los primeros aos republicanos, provienen principalmente de ARAR, Libros de la Tesorera de Arequipa 1827, 1928, 1929 y 1930. Adems, volver a consultar Witt, 1992: 60-69 y Wibel, 1975: 368-375.
[66] Wibel, 1975: 365. Un elaborado estudio sobre el nivel del precios en el Per durante

el siglo XIX, lo encontramos en "Carneros y Chuo, Price Levels in Nineteenth Century Peru", Gootenberg, 1990: 1-56.
[67] Bonilla, 1975, Tomo I: 23. [68] Bonilla, 1975, Tomo I: 88-89. [69] La conspiracin de 1829 fue descubierta por el coronel Manuel Amat y Len y otros

oficiales como el coronel Mateo Estrada, los tenientes coroneles Ramn Castilla, Narciso Bonifaz, Juan Crdenas y los sargentos mayores Jos Palma y Manuel Valdivia. Para ms informacin consultar Herrera Alarcn 1961. Adems, Quiroz Paz Soldn, 1990: 426-431; Wibel, 1975: 324-325; Basadre, 1983, Tomo I: 254-255.
[70] Antes de su salida definitiva del Per, Bolvar concibi el proyecto de unir al Per con Bolivia. En
mayo de 1826, escribi al prefecto La Fuente para explicarle los beneficios seguros que esta federacin prometa al departamento de Arequipa. El Libertador propona que el Per deba ser dividido en dos estados los cuales junto con Bolivia podran ser miembros iguales de la gran federacin. Bolvar afirmaba que Arequipa debera tener los mayores intereses desde que la federacin de Bolivia y el Per preservara el dominio comercial que Arequipa haba gozado sobre el Alto Per durante el periodo colonial. Este intento aparente de reconciliacin con la ciudad, fue rechazado por la lite local, cuando descubrieron que la propuesta de federacincontena una provisin para separar las provincias de Arica y Tarapac del resto del departamento y ceder estos territorios a Bolivia. Para la lite local, la separacin de dichas provincias amenazaba con privar a la ciudad de Arequipa de sus vnculos comerciales con Bolivia; en el sentido que los bolivianos podran usar el puerto de Arica para sus importaciones, prescindiendo de sus antiguos abastecedores arequipeos. Tomado de Bolvar y Arequipa, Condori, 2009: 14-19. [71] Un buen estudio sobre los impuestos en los primeros aos de la republica se

encuentra en 'Taxation in Early Republican Peru, 18211851, Jacobsen, 1989: 311339.

[72] Wibel, 1975: 338-339. [73] ARAR, Libro Mayor del Tesoro de Arequipa: 1832 y 1837. [74] Los prstamos y donativos por diferentes motivos: para auxiliar a la oficialidad, para

socorrer a los ejrcitos de la patria, para satisfacer los haberes, para ocurrir a los gastos que demandan las circunstancias o para atender las actuales urgencias del erario, se exigirn a los principales vecinos de la ciudad de manera casi ininterrumpida entre 1827 y 1835; durante los aos de la confederacin (1836-1838)tales emprstitos

recaern principalmente en los comerciantes extranjeros y a partir de 1839, nuevamente en los vecinos locales. Los datos son tomados de ARAR, Libros del Tesoro de Arequipa 1827-1845.
[75] Tristn, 1997, Tomo II, 39-91. [76] Malamud, 1982: 117. [77] ARAR, Libro Manual del Tesoro de Arequipa 29, 1830. [78] Wibel, 1975: 356-357. Para conocer la situacin de la industria del vino en el

departamento de Moquegua a mediados del siglo XIX revisar: Medios que se proponenal actual congreso constitucional del Per y al gobierno supremo para salvar de su total destruccin la casi arruinada agricultura de la importante provincia de Moquegua. Dvila 1853.
[79] ARAR, Notarios, Mariano Garca Caldern 597: 7 octubre 1840, fol. 303-304. [80] Wibel, 1975: 356. [81] ARAR, Notarios, Jos Mara Pastor 758: 19 julio 1836, fol. 349. [82] Sartiges, 1973: 156. [83] AAA; Diezmos del valle de Vtor 7: 1826-1859; ARAR, Notarios, Mariano Garca

Caldern 597: 7 octubre 1840, fol. 303.


[84] Wibel, 1975: 382-383. [85] Parkerson, 1984: 69. [86] Wibel, 1975: 383. [87] Calendario y Gua de Forasteros, Lima 1834: 21-25.

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