Recursos Tributarios
Recursos Tributarios
DERECHO FINANCIERO
BOLILLA VI:
1- Concepto de tributo.
El tributo es una prestación obligatoria, comúnmente en dinero, exigida por el Estado en virtud de su poder de imperio y
que da lugar a relaciones jurídicas de derecho público.
El elemento primordial del tributo es la coerción por parte del Estado, ya que es creado por la voluntad soberana de aquel
con prescindencia de la voluntad individual, circunstancia que lo distingue de los ingresos de tipo patrimonial.
La Corte ha dicho que la satisfacción de los impuestos es una obligación de justicia que impone la necesidad de contribuir
al cumplimiento de los fines del Estado y la subsistencia de la República.
Los tributos son generalmente establecidos en dinero, pero pueden existir tributos pagaderos en especie.
Con respecto a las características jurídicas del tributo son las siguientes:
Distintos tipos.
Según la clasificación tripartita (predominante en la mayoría de la doctrina), los tributos existentes son:
- Impuestos;
- Tasas; y
- Contribuciones.
Los que están a favor de la unicidad nos dicen que es menos engorroso el sistema para el contribuyente, y es más sencillo
para el ente recaudador, menos burocrático, mejor control y menor evasión.
Entre nosotros, tenemos una tendencia a la unicidad con el monotributo (IVA, impuesto a las ganancias y aportes
previsionales).
Los críticos dicen que es un sistema muy inflexible, que siempre esa rigidez termina causando graves injusticias, porque
hay cantidad de cosas que se escapan.
Si un sistema tributario pretende ser equitativo como lo exige la CN, debe tenerse en cuenta que el Estado va a recaudar
en un lado porque encontró riqueza, en otro porque es propietario, porque ejerce una profesión rentable, etc. estos
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criterios dicen que no aumentan la presión tributaria por el hecho de que halla más o menos impuestos, sino que depende
de las alícuotas que se impongan.
El tema es recaudar, y la mayor cantidad no implica mayor presión tributaria, y es más justo buscar todas las
manifestaciones de la capacidad contributiva para ver dónde se debe establecer el impuesto.
La teoría del beneficio entiende que el tributo es una relación que se da entre el Estado y la población y tiene un sentido
de contraprestación por lo recibido del Estado. La población paga el tributo como contraprestación por aquellos servicios
prestados por el Estado.
Es una posición que no se puede aplicar porque si no el que paga más debería recibir más del Estado.
Las teorías publicistas nos dicen que el fundamento del tributo es una razón de solidaridad social y lo fija unilateralmente
el Estado, considerando la capacidad contributiva del individuo.
La capacidad contributiva es poder determinar que uno está en condiciones de pagar un tributo, es poder establecer la
actitud económica que tiene cada miembro de la sociedad. Esta capacidad debe ser medida por el legislador y debe
tenerse en cuenta a medida que se fijan los tributos.
Presión tributaria.
La presión tributaria es la porción de recursos que se apropia el Estado por vía tributaria.
Para medir la presión tributaria de la sociedad existe una fórmula que se traduce de la siguiente manera:
En la actualidad el indicador de presión tributaria se encuentra entre el 33 y 35%, estando vinculado a los servicios que
presta el Estado.
Evasión fiscal.
Se produce cuando el particular no pago los tributos; si tiene capacidad tributaria y además intención de no pagar se
comete defraudación fiscal.
- A veces la cultura política del gobernante hace que la población pierda interés en pagar sus tributos. Desconfianza
del gobernante en el uso de los fondos en beneficio personal;
- Demasiada presión tributaria;
- Complejidad del sistema impositivo. La gente común no entiende qué debe pagar y debe recurrir a un profesional
para poder hacer frente al sistema.
- Imposibilidad de pago;
- Falta de conciencia y educación tributaria; y
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- Las moratorias que inducen a no pagar a término. Hay dos tipos de moratorias que inducen a la evasión: a) pagar
a plazo con descuento, de modo que no conviene pagar a término y en forma; y b) falta de control del Estado, el
contribuyente sabe que si no paga no pasa nada.
En los sistemas progresivos se busca gravar más fuertemente a aquellos que más riquezas tienen, a lo largo de todas las
manifestaciones de capacidad contributiva; en cambio, el los regresivos constituyen un sistema tributario que grava a
todos por igual, p. ej., el impuesto al consumo, que presume la capacidad contributiva en base al consumo; y el IVA, tiene
una alícuota fija y no discrimina en razón de la mayor o menor capacidad contributiva, se nos cobra a todos por igual. En
este sistema se recauda fácilmente porque los propios sujetos se van cobrando los débitos y créditos.
2- Concepto de impuesto.
Para Fonrouge, con impuestos las prestaciones en dinero o en especie, exigidas por el Estado en virtud del poder de
imperio, a quienes se hallen en las situaciones consideradas por la ley como hechos imponibles.
Por otra parte, el Modelo de Código Tributario para América Latina adopta la siguiente definición: “el impuesto es el
tributo cuya obligación tiene como hecho generador una situación independiente de toda actividad estatal relativa al
contribuyente”.
Podría decirse que el impuesto se diferencia de los demás tributos (tasas y contribuciones) porque éste no se vincula con
ninguna actividad estatal, sino que la obligación nace ante un hecho o situación que, según la valoración del legislador,
revele capacidad de contribuir al sostenimiento del Estado (p.ej. percibir una renta, poseer un patrimonio, realizar un
gasto, etc.). En cambio, las tasas y las contribuciones responden a una actividad o gasto a cargo del Estado que de alguna
forma afecta al obligado o repercute en su patrimonio, y que lo beneficia (p.ej. la actividad que prestan los registros, las
cajas de beneficios sociales, los servicios prestados por los municipios, etc.).
Impuesto: óptimo, neutral, con fines fiscales o extrafiscales y con destino específico.
En cuanto a la neutralidad podemos decir que, el impuesto debe dejar inalteradas todas las condiciones del mercado o no
provocar distorsiones de la demanda y de los precios. No es que no puede generar modificaciones en el mercado, sino
que dichas modificaciones tienen que ser solamente aquellas que se espera que suceda con la imposición del impuesto.
Aquellos impuestos que persiguen un fin exclusivamente fiscal, son los que se imponen obligatoriamente por el deber de
contribuir con el Estado para que éste logre la consecución de sus fines.
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Los impuestos con fines extrafiscales son los que se aplican, por lo general, con el objetivo de desalentar ciertas conductas
(p. ej. el impuesto a los cigarrillos).
Los impuestos con destino específico son aquellos que están destinados a ser utilizados para la atención de determinados
gastos. No ingresan a rentas generales (teóricamente este tipo de impuestos se hallan prohibidos por aplicación del
principio de no afectación de recursos).
o Ordinarios o permanentes y extraordinarios o transitorios: en los primeros, su vigencia no tiene límite de tiempo,
rigen mientras no se deroguen (p.ej. el IVA). En cambio, los segundos tienen un lapso determinado de duración,
transcurrido el cual, supuestamente dejan de existir (p.ej. el impuesto sobre los bienes personales). La realidad
demuestra que ciertos impuestos son legislados como de emergencia, pero son sucesivamente prorrogados.
o Personales o subjetivos y reales u objetivos: los personales son los que tienen en cuenta la especial situación del
contribuyente, valorando los elementos de su capacidad de pago (p.ej. en las ganancias, las deducciones). Los
reales son los que consideran exclusivamente la riqueza gravada, prescindiendo de la situación personal del
contribuyente (impuesto a los consumos.
o Fijos: la alícuota es invariable aunque se modifique la base imponible, p. ej. sellado de actuación.
o Proporcionales: son los que mantienen la relación constante entre su cuantía y el valor de la riqueza gravada, tiene
una alícuota única (p.ej. impuesto al consumo).
o Regresivos: son los que disminuyen su cuantía a medida que aumenta la riqueza gravada. En la práctica casi no se
usa.
o Progresivos: son aquéllos que aumentan a medida que se incrementa el valor de la riqueza gravada. La alícuota
aumenta a medida que crece el monto gravado (p.ej. impuesto a la renta.
o Impuestos directos e indirectos: esta clasificación es la más antigua y existe discrepancia con respecto a su
definición, así encontramos diferentes criterios:
✓ El criterio de traslación: que considera como impuesto directo al soportado definitivamente por el
contribuyente de iure; e indirecto al que se traslada sobre otra persona.
✓ El criterio administrativo: para éste los directos se recaudan según listas o padrones (gravan situaciones
más o menos estables) p.ej. el impuesto inmobiliario; y los indirectos son los que gravan actos o
situaciones accidentales, no se pueden crear en listas, p.ej. impuestos al consumo.
✓ El criterio de la situación estática o dinámica de la riqueza gravada: aquí se consideran directos los que
gravan la riqueza por sí misma e independientemente de su uso; y los indirectos no gravan la riqueza en
sí misma, sino en cuanto a su uso que hace presumir la capacidad contributiva.
✓ Posición de Villegas: para él la diferencia está en la delimitación de las facultades impositivas. La aptitud
económica de los obligados al pago se manifiesta por medio de diferentes circunstancias o situaciones
que llevan a las creaciones tributarias del legislador, que para determinar debe atenderse a las diferentes
formas en que se exterioriza la fortuna.
La exteriorización puede ser inmediata, cuando ciertas circunstancias o situaciones objetivas que revelen
aproximadamente un determinado nivel de riqueza. Son directos con prescindencia de su posibilidad de
traslación.
La exteriorización es mediata, cuando las circunstancias o situaciones objetivas que se tienen en cuanta,
si bien hacen presumir un determinado nivel de riqueza, el nivel de aproximación es inferior al anterior.
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o Noticia: el ciudadano se entera por trascendidos, anuncio en los medios de comunicación, rumores o infidencias
que se va a crear un impuesto o se va a modificar uno existente en forma más gravosa.
Ante esto, las conductas pueden ser de distintos tipos:
- Acaparar bienes que sean más caros al sancionarse el impuesto nuevo.
- Prepararse para consumir menos o dejar de usar ciertos objetos que sufrirán incremento de precios.
- Montar el escenario propicio para eludir el impuesto.
o Percusión o impacto: es el hecho por el que el impuesto recae sobre el contribuyente de iure, o sea, aquel que por
estar comprendido en el hecho imponible, debe pagar por designación o coacción legislativa.
o Traslación: es el fenómeno por el cual el contribuyente de iure consigue transferir el peso del impuesto sobre otra
persona (contribuyente de facto). Esta transferencia está regulada exclusivamente por la economía y se efectúa
con total prescindencia de disposiciones legales que expresamente faculten el traspaso de la carga impositiva.
o Incidencia: se materializa cuando una persona se hace efectivamente cargo del impuesto. Esta persona recibe el
nombre de “contribuyente de facto”, y tal situación se explica diciendo que el impuesto pasa a reposar
definitivamente en la persona que lo soporta.
Este contribuyente no se ha encontrado en tal situación por propia voluntad. La ciencia financiera estudia caminos
alternativos para que afronte la carga del impuesto sin deterior (disminución de costos o de gastos).
o Difusión: consiste en la irradiación a todo el mercado de efectos económicos del impuesto mediante variaciones
en la demanda y en la oferta de mercaderías y precios. Como consecuencia del impuesto se producen variaciones
en el consumo, en la producción y en el ahorro.
o Remoción: el sujeto trata de aumentar sus ingresos para tener la misma rentabilidad aún luego de soportar la
carga tributaria.
o Amortización: como el impuesto influye sobre la renta, amortización es la reducción que sufre la renta como
consecuencia del impuesto; p. ej. si tengo una casa y mi renta es un alquiler sobre ella, si me aumentan un
impuesto, disminuye mi renta. (Revilla: pérdida del valor de un bien por el uso en el tiempo).
o Capitalización: es el aumento de la renta como consecuencia del impuesto; p. ej. si me bajan un impuesto la renta
aumenta. (Revilla: es el reflejo del incremento del valor actual del bien como consecuencia del aumento de la
rentabilidad futura).
El impuesto es exigido a quienes están encuadrados en los hechos imponibles. Esas personas se denominan
“contribuyentes de iure”, o sea, los designados por la ley para pagar el impuesto.
Pero suele ocurrir que quien ingresa el importe al fisco, no es en realidad quien soporta su carga. Ésta recae en un tercero,
a quien se denomina “contribuyente de facto”.
La transferencia de la carga impositiva se llama “traslación”, y a veces es prevista por el legislador, así, la mayor parte de
los impuestos a consumo es soportada por el vendedor, pero cuando éste los agrega a los precios de su mercadería, en
definitiva son soportados por los compradores. En otros casos la traslación se produce sin estar prevista por el Estado, es
decir contra su voluntad, ya que aquellos a quien se quiere cargar con el peso impositivo, logran transferirlo a otra persona.
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La ley de IVA exige la traslación, facultando al sujeto pasivo para obtener de otra persona el rembolso del impuesto
pagado.
También la traslación está supeditada exclusivamente a la economía que faculta el traspaso de la carga impositiva, con
prescindencia de las normas legales.
Existen, así cuatro procesos por medio de los cuales el contribuyente de derecho trata de transferir la carga tributaria al
contribuyente de hecho:
o Traslación hacia delante (protraslación): aumenta a quien le siga en la cadena productiva (p.ej. del comerciante al
consumidor).
o Traslación hacia atrás (retrotraslación): se transfiere al anterior de la cadena productiva (p.ej. del comerciante al
productor).
o Lateral u oblicua hacia adelante: se transfiere a otro producto (p.ej. el comerciante de leche se lo transfiere a los
quesos).
o Lateral u oblicua hacia atrás: se transfiere al proveedor de otro insumo que no sea el principal (p.ej. servicio de
marketing; limpieza).
Por su parte, en el mercado de competencia perfecta, la posibilidad de traslación depende de las elasticidades de oferta
y demanda; habitualmente se analiza en modelos de equilibrio parcial. Por ejemplo Núñez Miñana, para el caso de un
impuesto específico, concluye que si la oferta del bien es totalmente rígida, la carga del impuesto recae también
totalmente sobre el productor, mientras que si la oferta fuera totalmente elástica la carga sería soportada por los
consumidores. En el caso de la demanda, cuando fuere totalmente elástica, la carga recaerá totalmente sobre el
productor y, si fuera totalmente rígida, lo haría sobre el consumidor.
Los mercados de la realidad, son de competencia imperfecta y, por ello, mucho menos predecibles. Una opinión sensata
es la de Musgrave quien afirma que el sujeto intenta trasladar el impuesto vía mayores precios, pero “…otro asunto es
que la empresa realmente tenga éxito al hacerlo. El resultado depende de la medida en que haya ejercido ya su poder
de mercado en la situación previa al impuesto”; a lo cual se agrega, si lo ejerció, el impuesto lo incide plenamente, si no
lo ejerció, no se comportó como un verdadero monopolista o la teoría del monopolio no refleja la realidad.
Para Jaracht, en competencia perfecta es imposible para la empresa modificar sus precios de venta. En competencia
monopolista si no alcanzo su punto optimo modifica su oferta y sus precios, pero si lo alcanzo no altera el equilibrio.
3- Concepto de tasa.
Ésta es la prestación pecuniaria exigida compulsivamente por el Estado y relacionada con la prestación efectiva o potencial
de una actividad de interés público que afecta al obligado.
Naturaleza jurídica.
Como quedó establecido por la mayoría de la doctrina y por la Corte Suprema, la tasa tiene carácter tributario, o sea que
el Estado la exige en virtud de su poder de imperio, diferenciándosela así de los precios y de las tarifas.
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o Naturaleza de tributo: nuestra doctrina más destacada ha resaltado la naturaleza tributaria de las tasas,
considerando que es erróneo sostener que son asimilables a los precios o a las tarifas.
o Principio de legalidad: el sometimiento de las tasas a este principio parece una obviedad, atento a que ello está
implícito si se trata de un tributo. La expresión ley se toma en un sentido amplio y comprende a las ordenanzas
municipales.
o Actividad efectiva: de acuerdo a esta definición, su hecho imponible, está integrado con una actividad que el
Estado cumple y que está vinculada con el obligado al pago. La actuación estatal vinculante es el elemento
caracterizador más importante de este instituto. La corte suprema ha sostenido que es de la naturaleza de la tasa
que su cobro corresponda a la concreta, efectiva e individualizada prestación de un servicio relativo al
contribuyente.
o Prueba de la prestación: la discusión versa sobre quien tiene la carga de la prueba, la doctrina y la jurisprudencia
coincidieron en determinar que es el contribuyente quien debe probar la no prestación del servicio por parte del
Estado.
o Destino del producido: algunos autores afirman que la circunstancia de que el producto de la recaudación sea
exclusivamente destinado al servicio respectivo también es una característica de la tasa. Así lo dispone el modelo
del Código Tributario para Am. Latina “su producto no puede tener un destino ajeno al servicio que constituye el
presupuesto de la obligación” (art.16). en cambio, otros autores manifiestan que las tasas son tributos cuyo
producto debe ser empleado para financiar los gastos del Estado en general, sin afectaciones particulares.
o Divisibilidad del servicio: son divisible, pues son fijados por el Estado como contraprestación a un servicio que se
recibe del mismo. Hay contraprestación.
o Obligatoriedad y gratuidad de los servicios: existen servicios esenciales para la satisfacción de las necesidades
públicas, que deben ser obligatoria y gratuitamente prestados por el Estado; pero cuando éste decide, en función
de su poder de imperio, cobrar sumas de dinero a los receptores de esa actividad, se dice que las mismas son
tasas, de pago obligatorio (p.ej. la tasa de justicia).
La principal diferencia que caracteriza a la tasa y la diferencia de los impuestos y contribuciones es la naturaleza de la
relación entre el organismo público y el usuario del servicio o la persona a la que interesa la actividad, y que debe analizarse
si hay de por medio una relación contractual (pago fundado en la voluntad de las partes) o una relación legal (pago por
mandato de la ley, independiente de la voluntad individual): en el primer caso habrá ingreso del derecho privado y en el
segundo tasa.
- Para Fonrouge, la tasa se diferencia del precio por la naturaleza de la obligación, la que, si surge de un contrato
con voluntad de partes, se cobra un precio, pero si la obligación surge de la ley es tasa.
- Jaracht establece que si lo preponderante es la prestación del servicio entonces es una tasa, si lo preponderante
es el pago del usuario entonces es un precio. La naturaleza del servicio es gratuita, pero a través de la norma se
establece el pago de dinero. En cambio, el precio no necesita de la ley para ser pago. Lo que tiene en común la
tasa y el precio son las contraprestaciones.
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La actividad vinculante debe ser realizada gratuita y obligatoriamente por el Estado, salvo casos excepcionales. Son
funciones y servicios de ineludible cumplimiento para satisfacer las necesidades más elementales de la población y ya no
se tolera su falta de cobertura por el Estado. Son necesidades esenciales, constantes, vinculadas existencialmente al
Estado y, en principio, a cargo de él aun cuando en ciertos casos es posible delegar algunas funciones en particulares, con
estricto control estatal.
Entre los distintos criterios cabe mencionar, que ciertos autores sostienen que las tasas deben adecuarse a las ventajas
que obtienen los particulares del servicio administrativo; en otros casos, el monto estaría condicionado al costo del
servicio; finalmente también se pretende tomar en cuenta la capacidad económica del obligado.
- Criterio de las ventajas: propugna que la medida de la tasa consiste en la ventaja que obtiene el particular por el
servicio prestado; posición que Fonrouge considera inadmisible porque con frecuencia, dice él, el obligado no
obtiene beneficio alguno y hasta puede ser perjudicado por la actividad que le impone el Estado.
- Criterio del costo del servicio: propugna que la medida de la tasa se encuentra en relación del costo del servicio
prestado por el estado y que si la suma que debe pagarse es mayor se desvirtúa la naturaleza de la tasa. Este
criterio fue seguido por numerosa jurisprudencia de nuestro país, pero morigerándolo, tras establecer, la Corte
Suprema, que la relación medida de la tasa-costo del servicio no debe responder a un cálculo matemático exacto
sino conforme a un criterio de razonabilidad.
- Criterio de la capacidad contributiva: en la búsqueda de la forma o medida de distribución del costo del servicio
surge este criterio que queda sentado en un fallo de la Corte Suprema de la siguiente manera: La Corte Suprema
de Justicia de la Nación estableció que “no se ha considerado injusto y se ha tenido más bien como equitativo y
aceptable que para la fijación de la cuantía de la tasa retributiva de los servicios públicos se tome en cuenta, no
sólo el costo efectivo de ellos con relación a cada contribuyente, sino también la capacidad contributiva de los
mismos representada por el valor del inmueble o de la renta, a fin de cobrar a los menos capacitados una
contribución menor que la requerida a los de mayor capacidad, equilibrando de ese modo el costo total del
servicio público”. (“Banco de la Nación Argentina c/ Municipalidad de San Rafael” 1956).
Si bien en la actualidad sigue aludiéndose a la relación de la tasa con el costo del servicio prestado, se trata, en opinión de
Fonrouge, de una fórmula vacía de sentido y que más se conserva por apego a viejos conceptos. Para este autor tasa e
impuesto resultan instituciones análogas, con la salvedad que para la calificación jurídica de la tasa se requiere que exista
un servicio organizado con finalidades de interés colectivo, aunque no sea prestado en beneficio del obligado; que la tasa
no sea confiscatoria; y que, finalmente, sea discreta y razonable respecto de la actividad desarrollada. Quedando así en
claro su adhesión al criterio de la capacidad contributiva.
Las tasas judiciales son las que emanan de la actividad jurisdiccional con poder de imperio, entre ellas:
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Las tasas administrativas son aquellas que emanan del poder de policía, entre las que encontramos:
Para Fonrouge, debe hablarse en general de contribuciones especiales, como el género y la contribución de mejoras sería
una especie dentro de aquél, junto con las contribuciones para vialidad y las contribuciones con fines sociales o
económicos. Entonces para este autor contribución especial sería: “la prestación obligatoria debida en razón de beneficios
individuales o de grupos sociales, derivados de la realización de obras públicas o de especiales actividades del Estado”.
Siguiendo esta línea, Fonrouge toma como concepto de contribución de mejoras lo establecido en el artículo 17 del
Modelo de Código Tributario OEA/BID, en el que se incluye como tal “la instituida para costear la obra pública que produce
una valorización inmobiliaria y tiene como límite total el gasto realizado y como límite individual el incremento del valor
del inmueble beneficiado”.
Antecedentes históricos.
A pesar de que en ciertas épocas esta contribución fue utilizada para financiar obras públicas (pavimento, calles, caminos)
hubo gran confusión en los tribunales sobre su verdadera naturaleza.
La mayoría de los fallos consideraron las contribuciones de mejoras como auténticas manifestaciones del poder tributario
del Estado, otros, como carga real que gravaba a los inmuebles.
Se pueden encontrar fallos que las clasifican como impuestos especiales, como tasas e incluso como precio o retribución
de un servicio.
Después, las contribuciones de mejoras fueron siendo remplazadas por impuestos y perdieron gran parte de su
trascendencia.
Hoy ya no se duda que son tributos, no precios, además de su clara diferenciación con los impuestos y las tasas.
Para determinar la proporción razonable, lo más aproximadamente posible, las leyes de contribución de mejoras suelen
establecer tres pasos:
- Se especifica cuáles son los inmuebles valorizados por la obra pública. Se establecen bases concretas, como por
ejemplo, la fijación de un determinado límite geográfico dentro del cual están comprendidos los inmuebles que
se consideran valorizados.
- Se especifica qué parte del costo de la obra debe ser financiada por los beneficiarios.
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- Se establece cómo va a ser distribuida esa porción a cubrir entre esos beneficiarios, para lo cual se recurre a
parámetros variables. Puede ser por ejemplo, la diferencia de distancia en km. o mt. de cada inmueble en relación
a la obra.
Pero estos procedimientos sólo conducen a presunciones. Según la jurisprudencia, lo que interesa es que la contribución
sea graduada en prudente y razonable relación con el presunto beneficio obtenido por el obligado, ya que éste es el
elemento justificativo del tributo. Así lo ha resuelto reiteradamente la Corte Suprema.
Algunos autores consideran que es de la esencia de este tributo que el producto de su recaudación se destine al
financiamiento de la obra. El Modelo de Código Tributario recoge este criterio al establecer que “el producto no debe
tener un destino ajeno a la realización de la obra o las actividades que constituyen el presupuesto de la obligación” (art.
17).
Jarach critica esta posición, al decir que es mucho más razonable la recuperación de los costos de la obra para su utilización
en el financiamiento de otras obras futuras.
El tributo conocido como derecho de peaje se utiliza en muchos países para cubrir los gastos de construcción,
mantenimiento y administración de obras públicas, ya sean caminos, puentes, autopistas, etc.
Con respecto a sus orígenes, existen noticias de su utilización en la antigüedad (Egipto y Persia), pero las referencias
concretes ubican sus orígenes en Roma, en los tiempos de la República, con el portorium, el cual, pese a su denominación
no sólo se aplicaba en las fronteras y en la entrada de la ciudad, sino para el uso de caminos y puentes, y vinculándoselo
con el moderno concepto de peaje.
Naturaleza jurídica.
Todos coinciden en que nos hallamos ante un tributo, vale decir, de una prestación en dinero que el Estado exige o autoriza
en ejercicio de su poder de imperio; por lo tanto, constituye una obligación de derecho público, establecida por ley para
fines de interés general y de pago obligatorio.
Pero las discrepancias comienzan cuando se trata de ubicar al peaje entre las categorías que integran el género tributo.
Unos lo llaman derecho de peaje; otros sistema de cuotas (México); el Dec.-Ley Nacional 17.520 lo llama simplemente
peaje; y, según Fonrouge, contribución de peaje.
La mayoría de la doctrina se inclina en el sentido de que es una variedad de tasa, criterio con el que Fonrouge discrepa,
ya que para él el peaje es una contribución especial fundada en ley, de pago obligatorio por los usuarios de la obra pública,
en razón de los beneficios o ventajas que obtienen por tal circunstancia.
La Corte Suprema ha definido al peaje como contribución caracterizada por la circunstancia de que el legislador la asocia
con un proyecto de construcción, conservación o mejora.
Su constitucionalidad en la argentina.
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Esta institución comenzó a agitar la opinión desde principios de 1965. Hasta entonces, una anacrónica interpretación de
la CN, específicamente respecto de los arts. 10 a 12, sobre circulación interprovincial, había difundido la errónea creencia
de que el peaje estaba en pugna con ella; sin embargo, la mayoría de los autores argentinos se pronuncian acerca de su
validez.
Siempre se ha creído en la compatibilidad del peaje con las disposiciones constitucionales, sin que procedan restricciones
en cuanto a la necesidad de asegurar otros medios de comunicación que no exijan pago alguno, a condición de que el
importe de la contribución sea razonable y no se utilice como un medio normal de cubrir gastos generales sino con destino
específico.
En nuestro, esta contribución se encuentra normada por ley 17.520 y sus posteriores modificaciones.
En el tiempo que lleva de funcionamiento ha demostrado su eficacia, y lo que es muy importante, la aceptación general
por parte de los usuarios que han advertido los beneficios que derivan de las obras realizadas con este medio de
financiación.
Se trata de tributos establecidos a favor de entes públicos o semipúblicos, económicos o sociales, para asegurar su
financiación autónoma teniendo como manifestación más importante los destinados a fines de seguridad social.
Si bien son impuestos por el Estado, no figuran en el presupuesto general, y de aquí deriva la expresión parafiscal, que da
idea de algo paralelo, al lado o al margen de la actividad estatal.
En cuanto a su naturaleza jurídica, en el análisis que realiza Fonrouge, podemos encontrar los siguientes ítems:
- Las contribuciones denominadas parafiscales no constituyen una categoría jurídica distinta de la tributación
general o política.
- Son tributos porque son establecidos por el Estado en ejercicio de un poder de imperio; son creadas por ley; se
aplican coactivamente; y son de observancia obligatoria para quienes se hallan en las situaciones previstas por el
instituto creador.
- Son contribuciones especiales por tratarse de prestaciones obligatorias debidas en razón de beneficios
individuales o de grupos sociales, derivados de especiales actividades del Estado; y se destinan a financiar
objetivos estatales.
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Durante la década del ´90 y por aplicación de las leyes de desregulación económica han quedado poquísimas
disposiciones que mantienen entidades de fomento y sus contribuciones; entre las que cabe mencionar las de
agricultura, bosques, ganadería y pesca.
o Contribuciones profesionales y sindicales: constituyen las cuotas o aportes a las agrupaciones de profesiones
liberales a los sindicatos u otros tipos de asociaciones obreras. Son contribuciones inherentes a la condición de
afiliado y que se exigen para obtener una especie de licencia o permiso para ejercer una profesión o para
desarrollar tareas laborales.
En el caso de las profesiones liberales existen Colegios que exigen el pago obligatorio de la matrícula y una
contribución anual a cargo del matriculado para poder ejercer su actividad.
Los sindicatos son agrupaciones organizadas de trabajadores, las que pueden organizarse en una federación, y
éstas a su vez en una confederación; y pueden obtener personería gremial que le otorga personalidad jurídica. La
agremiación es libre y se constituyen por propia iniciativa de los trabajadores. En éstos, la exigencia de la
contribución sindical se limita sólo a los afiliados al sindicato.
o Contribuciones de seguridad social: la seguridad social constituye un conjunto de actividades que presta el Estado
y que son financiadas mediante las aportaciones de patronos y empleados, en nuestro país las primeras se
denominan aportes personales y las que realizan los empleados contribuciones.
En el orden nacional todos los regímenes han sido establecidos por ley y son administrados por la Secretaría de
Seguridad Social del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, bajo su dirección funcionan 3 cajas: 1) para el
personal del Estado y servicios públicos; 2) para trabajadores autónomos; y 3) de la industria, comercio y
actividades civiles.
En las provincias coexisten con entes estatales algunos entes no estatales; p. ej. Colegios profesionales, Cajas
Forenses, etc.
La Corte Suprema ha dicho que este tipo de contribuciones exigen 2 recaudos esenciales: 1) que entre los
beneficiarios del régimen y los obligados a contribuir medie una relación jurídica justificante; o bien 2) que éstos
últimos obtengan un beneficio concreto, específico y diferenciado, distinto del interés común en el bienestar de
un sector determinado de la población.
El sistema nacional de previsión social corresponde al régimen jubilatorio; y el de asistencia social a los subsidios
familiares y obra social.
Éstos se dan cuando los habitantes o los ciudadanos de un país resultan obligados a suscribir títulos por una suma
proporcional a la renta o al capital que poseen.
Su naturaleza jurídica se encuentra discutida en la doctrina; para algunos se encuentran en un punto intermedio entre el
empréstito propiamente dicho y el impuesto, se diferencian de los primeros por carecer del elemento voluntariedad y de
los segundos porque son rembolsados.
En la opinión de Fonrouge, este tipo de empréstitos no serían tales, sino un tributo impuesto por el Estado, en virtud de
su poder de imperio, al desaparecer la voluntariedad en la aceptación, la que siempre debe mediar en el empréstito
común. Igual opinión comparte Villegas.
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Esta es una figura híbrida, no fácilmente determinable dentro de los recursos financieros, su rasgo característico está dado
por el procedimiento mediante el cual el Estado exige compulsivamente sumas de dinero a los particulares.
Su constitucionalidad.
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