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Comunicacion 1

El documento aborda la relación entre comunicación, cultura y educación, destacando la importancia de la comunicación como un fenómeno normativo e interpersonal. Se exploran diversos modelos de comunicación y teorías que han surgido a lo largo del tiempo, enfatizando la interacción entre emisor y receptor. Además, se discute cómo la comunicación ha influido en la construcción de la identidad y las dinámicas sociales, especialmente en el contexto de la Conquista de América.

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Comunicacion 1

El documento aborda la relación entre comunicación, cultura y educación, destacando la importancia de la comunicación como un fenómeno normativo e interpersonal. Se exploran diversos modelos de comunicación y teorías que han surgido a lo largo del tiempo, enfatizando la interacción entre emisor y receptor. Además, se discute cómo la comunicación ha influido en la construcción de la identidad y las dinámicas sociales, especialmente en el contexto de la Conquista de América.

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COMUNICACIÓN, CULTURA Y EDUCACIÓN

Profesoras Margarita Alonso y Roxana Álvarez

¡Bienvenidxs al ciclo lectivo 2024!


Comenzamos trabajando qué es la comunicación, su relación con la cultura y la educación.

El objetivo es que a través de este material puedan ir acercándose a las ideas centrales que definen la materia.

LA COMUNICACIÓN
LOS MODELOS DE COMUNICACIÓN
El lenguaje y la comunicación
¿Qué es la comunicación?

COMUNICACIÓN: (Del lat. communicatĭo, -ōnis). Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al
receptor.

Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. Vigésimo segunda edición,[Link][En línea] Consultado: 17
de marzo de 2010.

Existen varias definiciones para dar cuenta de qué es la comunicación. En general, como se desprende de la
definición de la RAE, se atiende a los siguientes elementos básicos: EMISOR, RECEPTOR, MENSAJE, CÓDIGO. La
comunicación contempla el uso tanto de SISTEMAS VERBALES (lenguajes naturales) como de SISTEMAS NO
VERBALES (gestos, tonos de voz, ubicación en el espacio, etc.).

Asimismo, podemos diferenciar entre los SISTEMAS DE COMUNICACIÓN HUMANOS (lengua natural) y SISTEMAS
DE COMUNICACIÓN NO HUMANOS (la comunicación animal). Desde distintos campos del conocimiento, se
realizaron propuestas para explicar el proceso de comunicación. Si bien las reflexiones se remontan al siglo IV a.C.
con Aristóteles, es en el siglo XX, cuando se desarrollan con mayor precisión distintos modelos que intentan dar
cuenta de la comunicación. De esta manera, encontramos una diversidad de aportes desde:

• Las ciencias matemáticas. En 1949 los norteamericanos Claude Elwood Shannon y Warren Weaver publican The
Mathematical Theory of Communication, donde formulan un modelo mecánico y lineal de la transmisión de
información.
• La lingüística En 1934 Karl Bühler propone un modelo en el que explica la comunicación a través de tres polos,
emisor, receptor y objetos, de los que se derivan tres funciones del lenguaje: la expresiva, la apelativa y
representativa. En 1963 el lingüista ruso Roman Jakobson desarrolla un modelo de comunicación que combina
los aportes tanto de Bühler como de Shannon y Weaver, incluyendo sus propias ideas. En 1980 la lingüista
francesa Catherine Kerbrat- Orecchioni realiza una revisión del modelo de Jakobson, e integra elementos tales
como las competencias ideológica y cultural, las determinaciones psi, las restricciones del universo del discurso,
las competencias paralingüísticas, entre otros.

• la antropología, psiquiatría y sociología En los años cuarenta, un grupo de investigadores provenientes de


distintas disciplinas conforman la escuela de Palo Alto (California), que se interesa por estudiar la quinésica y la
proxémica, es decir, los movimientos del cuerpo y la significación de las distancias y espacios normalizados que se
usan en la comunicación. Para estos teóricos californianos, la interacción constituye la esencia de la
comunicación, así como también la relación entre sus elementos. Por eso, el receptor tiene la misma importancia
que el emisor. Asimismo, los contextos múltiples, los diferentes modos de comportamiento (miradas, espacio
interindividual, la palabra, el gesto) y la circularidad son dimensiones que hacen inviable un modelo lineal
matemático para estudiar el proceso de la comunicación, como sucede con el propuesto por Shannon y Weaver.
De esta manera, el aporte de este grupo de Palo Alto consiste en sostener que la comunicación debe ser
abordada desde las ciencias humanas, con un modelo propio, que dé cuenta de la interacción. Estos son solo
algunos ejemplos representativos del intento de sistematización del proceso de comunicación.

Bibliografía

SERRANO, S. (1984) “Comunicación”. En: La Semiótica. Una introducción a la teoría de los signo.,

Barcelona: Montesinos, pp.37-51.

JAKOBSON, R. (1963) “Lingüística y poética”. En: Ensayos de lingüística general. Barcelona: Seix Barral, 1975,

pp.125-137.

KERBRAT-ORECCHIONI, C. (1986) “La problemática de la enunciación”. En: La enunciación. De la subjetividad en el


lenguaje. Buenos Aires: Hachette, pp. 17-38.

Bibliografía de referencia:

PÉREZ DE STEFANO, L. (2009), “El lenguaje y la comunicación”. En: A. Cucatto (ed.), Introducción a los estudios del
lenguaje y la comunicación, La Plata: Edulp; cap. 2; pp. 97-152.

El siguiente fragmento expone las críticas principales que Kerbrat-Orecchioni hace a su modelo

[...] Nuestro esquema supone que cuando uno habla el otro escucha en silencio y viceversa, es decir que los dos
enunciadores desempeñan alternativamente los papeles de emisor y de
receptor. Esta simplificación abusiva (pues ocurre frecuentemente que los diversos participantes de una
conversación “hablen todos a la vez”) es en rigor aceptable en lo que concierne a los comportamientos verbales
propiamente dichos en los que tal situación suele ser la más normal. Pero es en cambio inadmisible cuando se
trata de comportamientos paraverbales [...] [...]Por otra parte, esta presentación sólo da cuenta del caso más
simple, y finalmente el más raro, de la comunicación: el de la comunicación dual (“cara a cara”) [...] [...]En este
esquema el emisor y el receptor se enfrentan y sus “esferas” respectivas son como
dos burbujas impermeables que se cuidan bien de intersectarse [...] ( Kerbrat-Orecchioni, 1986: 30-31, 36).

Claude Shannon y Warren Weaver (1949) elaboraron un modelo para explicar la comunicación electrónica, dado
que Shannon era un matemático que trabajaba para el Laboratorio Telefónico Bell. Este sistema fue muy utilizado
para explicar también la comunicación lingüística y consta de los siguientes elementos: fuente – transmisor –
señal – receptor – destino. La fuente es la persona o grupo de personas con un objetivo y una razón para ponerse
en comunicación con el punto final del circuito que es el destino. Entre ellos está el mensaje, “señal”, que es
emitido y captado físicamente por el transmisor y el receptor respectivamente. Una de las metas en la
comunicación es que sea de alta fidelidad, en el sentido de que la fuente ha de lograr lo que desea; esto puede
verse limitado por factores que distorsionan la señal, a los que llaman “ruido”. Complementariamente, para
garantizar el cumplimiento del objetivo de la fuente, los mensajes contienen repeticiones o reiteraciones, a las
que técnicamente denominan “redundancia”.
d) Roman Jakobson (1960), buscando especificar las funciones del lenguaje, esquematiza los factores que
constituyen todo acto de comunicación verbal:

La comunicación animal

[...]en los primates, la comunicación con los que les son totalmente extraños es francamente rara. En la mayoría
de ellos la comunicación tiene lugar dentro de un grupo social compuesto por miembros de ambos sexos de
edades distintas, que han pasado gran parte de su vida, si no toda ella, juntos[...] [...]En resumen, (a) las señales
de los primates tienden a estar ligadas al contexto, en el sentido de que el mensaje enviado depende
estrechamente de los rasgos preeminentes de ese contexto, y (b) las señales son multimodales, en el sentido de
que pueden funcionar e intervenir simultáneamente una gran variedad de canales sensoriales, siendo la visión,
la audición y la olfacción los más frecuentes”

(Akmajian, A.-Demers, R.-Harnish, R. (1987), “La comunicación en los primates”. En: Lingüística: una introducción
al lenguaje y la comunicación. Madrid: Alianza; cap. 4, p.60)

La comunicación, ciencia, teoría, objeto de estudio.

Se habla de ciencias de la Comunicación porque se entiende que para analizar los fenómenos de la comunicación
humana se necesita recurrir a ideas, conceptos y métodos de distintas ciencias (psicología, sociología, filosofía,
lingüística, antropología, etc.)La comunicación aporta un enfoque interdisciplinario sobre los hechos de la cultura
y el intercambio de discursos.

También se habla de Comunicación como una teoría, ya que intenta explicar la realidad a partir de premisas y
conceptos, pero no llega a alcanzar el estatus de una Ciencia o cuerpo de conocimiento completo. Definir a las
ciencias de la Comunicación como una serie de teorías, análisis o investigaciones implica relativizar su campo de
estudio. Hay distintas corrientes de pensamiento que explicaron, a lo largo de casi 50 años, un objeto de estudio,
con múltiples aristas, que abarca los fenómenos sociales provocados por los medios de comunicación, los
cambios en la forma de relación entra la gente producto del desarrollo tecnológico, los valores sociales impuestos
desde los medios de comunicación, las diferentes percepciones de la realidad, los distintos modos de
comunicación humana.

LAS TEORÍAS DE LA COMUNICACION

LA COMUNICACIÓN y LA CULTURA
La Comunicación ya ha sido un concepto trascendente durante el siglo XX, pero se ha transformado en un factor
consustancial del siglo XXI. Esa trascendencia particular se sostiene el hecho de que en todo proceso de
comunicación está presente la figura del OTRO y el Otro por su presencia, incluso por su ausencia, o más aún por
su omnipresencia, es el protagonista del siglo XXI. “El problema del OTRO es el tema de la Comunicación” es una
afirmación central sobre esta cuestión y debe ser comprendida en tanto es la problemática que enfrenta la
Comunicación en cuanto disciplina científica, apoyándonos en la frase del escritor francés Frantz Fanon, “hablar
es existir absolutamente para el OTRO”. Y es un problema que necesitamos analizar ya que es difícil encontrar un
equilibrio en la relación
con el Otro. Si el Otro está demasiado cerca se vuelve inquietante y suele provocar una sensación de rechazo,
pero si el Otro está demasiado lejos la diferencia se vuelve infranqueable. Cuanto mayor es la presencia del
OTRO, hoy en día omnipresente sobre todo por la multiplicación de los intercambios que propone la tecnología y
la hipervisualización que generan los medios de comunicación, más importante resulta conocer las reglas de la
comunicación y sus estrategias.

Pero ya sea a través de medios electrónicos o relaciones interpersonales no hay que perder de vista que no existe
comunicación sin malentendidos, sin ambigüedades, sin pérdidas de tiempo, sin la aparición de significados
inesperados, en definitiva, sin el fracaso de comunicar; no existe comunicación sin la posibilidad de que la
comunicación fracase.

La definición básica de comunicación pertenece al siglo XII, proviene del latín, y responde a la idea de comunión,
de “Tener en Común”; porque la comunicación es antes que nada un fenómeno normativo, interpersonal y de
intercambio con el Otro. No es posible una vida individual y colectiva sin comunicación. En el siglo XVI se
presenta un segundo significado del concepto “comunicación”, que se interpreta como transmisión o difusión.
Este significado está ligado al desarrollo de las técnicas, que aparecen para “comunicarse mejor”. Esta
perspectiva en nuestro tiempo ha adoptado la forma de los intereses políticos y económicos, para los cuales la
comunicación es una herramienta facilitadora del desarrollo social y económico de una comunidad, surgiendo la
dimensión funcional de la comunicación.

La Comunicación construye a los seres humanos, partiendo de su socialización, de la transmisión de cultura,


valores y creencias, por medio de la familia y del aprendizaje en la escuela y, últimamente, a través de un nuevo
protagonista de esta transmisión de cultura que son los medios de comunicación. Más allá de las diversas ópticas
que registra la definición de la comunicación, todas ellas confluyen en el concepto de interacción.

LA CULTURA

La Conquista de América. El problema del otro. Tzvetan Todorov, Siglo XXI, México, 2007

Introducción
La Conquista de América, de Tzvetan Todorov, es una interesante contribución al análisis de la historia del
llamado "encuentro de dos mundos". No obstante, las líneas de análisis que sigue el autor en esta obra son más
que historiográficas y se ubican en el campo de la filosofía, y más concretamente en el de la antropología, desde
donde retoma las preocupaciones clásicas sobre el Otro. Estas líneas de análisis son: el descubrimiento del Yo es
posible sólo a través del descubrimiento del Otro, el cual es solamente una abstracción construida por el Yo; otra
establece: el pasado anuncia al presente, y como parte de la búsqueda del Yo actual, es importante el estudio del
Nosotros en el pasado.

A partir de estas líneas, Todorov se propone demostrar en este trabajo lo siguiente: 1) que la conquista de
América vaticina y establece nuestra identidad presente y nuestra nueva relación
con el Otro, y 2) que el triunfo de la Conquista se debió, primero, al "arte de la adaptación y la improvisación" de
los conquistadores; segundo, a su superioridad en la comunicación de los signos, y tercero, al hecho de que en las
múltiples combinaciones de la tríada amor-conquista conocimiento (sobre el Otro) subyacía la firme convicción de
la superioridad europea y, consecuentemente, de que había que asimilar a los nativos.

Regresando a sus premisas originales, Todorov concluye que, en efecto, el descubrimiento del Yo es posible
únicamente a través del descubrimiento del Otro, y más aún, a través del desciframiento de los vínculos entre
uno y otro: del Nosotros. Prueba de estos vínculos en el presente –nos dice el autor– es la existencia de los
regímenes totalitarios. Más aún, continúa Todorov, el pasado vaticina el presente, y lo que vemos en la evolución
de la relación de los conquistadores con los indígenas (particularmente en Durán y Sahagún) es precisamente el
sketch que vislumbra en embrión el diálogo futuro (p. 241): las estrategias para la transformación de una
sociedad esclavista en una sociedad colonial y la de ésta en un nuevo tipo de colonialismo. La Conquista, así,
proyecta nuestra nueva relación con el Otro. Si por una parte Colón fue un mero colector de curiosidades,
descubridor de una tierra más que de sus habitantes, y por lo tanto fue nula su interpretación del Otro, por otra
la Conquista nos enseña que para el éxito de la dominación es necesario lo siguiente: primero, la convicción de la
superioridad ante el Otro, para conocerlo y adaptarse a él, con el fin de transformarlo y asimilarlo a nuestra
cultura. Después de todo, nos recuerda Todorov, si la adquisición de un segundo lenguaje involucra una relación
de poder (uno adopta el lenguaje del Otro cuando se está en situación de inferioridad con éste), los españoles no
serían los que asumirían su asimilación a la cultura indígena. Segundo, el conocimiento e interpretación casi
etnográfica del Otro, considerando que "La buena información es la mejor forma de imponer el poder", nos dice
Todorov (p. 181). Y tercero, la superioridad en el aspecto tecnológico, especialmente en la comunicación: esto
permitirá al colonizador infligir una derrota al Otro principalmente en el manejo y transmisión de los símbolos.

Así Europa triunfó, a través de la Conquista, sobre los indígenas de América; sin embargo, ese triunfo fue,
paradójicamente, su propia derrota. En esta empresa se vaticinaban los paradójicos resultados posteriores: los
indígenas "caníbales" fueron quemados vivos, sus crímenes fueron castigados con la pena de muerte; por ello, a
pesar de que las formas de vestir, la religión, las distintas costumbres características del Viejo Continente, y las
superiores formas tecnológicas de comunicación (como la escritura) fueron impuestas sobre el ritual, la
comunicación entre las personas no fue mejor, ni se establecieron formas superiores de valores morales.
Finalmente –afirma Todorov–, la sociedad azteca, con todo y sus sacrificios humanos, no resultó moralmente
inferior que la sociedad europea con sus masacres masivas (p. 252). La mujer maya, una vez derrotada, no fue
sexualmente violada, como hubiera ocurrido en el contexto europeo, sino arrojada a los perros del español para
ser devorada. Esto es lo que puede pasar si no somos exitosos en descubrir al Otro –concluye el autor–.

El Descubrimiento de América

Es un lugar común afirmar que el afán de encontrar nuevos mundos tenía como principal motivación la apertura
de nuevos mercados, la incorporación de nuevas áreas de explotación colonial y, en corto, el enriquecimiento de
los hombres que se sumaron a las distintas
circunnavegaciones de la época. Todorov, sin embargo, afirma que a estas motivaciones habría que sumar la del
"servicio a Dios; la del simple regocijo de contemplar a la naturaleza, y la necesidad de buscar nuevas historias
que contar. Así, lo divino, lo natural y lo humano, fueron los ejes sobre los que giró la empresa del llamado
Descubrimiento de América" (p. 14). A decir de este autor, Colón deseaba sobre todas las cosas difundir la
religión católica alrededor del mundo, razón por la cual expresó en repetidas ocasiones su deseo de reconquistar
Jerusalén. Sabía, sin embargo, que para tal empresa requería de vastos recursos materiales, los cuales pretendía
encontrar en el Nuevo Mundo. De esta manera, los propósitos religiosos y de enriquecimiento eran
complementarios para el explorador genovés. Pero, además, en repetidas ocasiones Colón afirmó que, aun
cuando no hubiera ninguna recompensa material para sus travesías, la sola posibilidad de observar las bellezas de
estas tierras (lo verde de sus bosques y los diversos colores de los pájaros) ya constituía en sí una recompensa.
Esta pasión por la naturaleza del navegante europeo queda de manifiesto en sus diarios de viaje, llenos de
descripciones detalladas de animales y plantas. Finalmente, Colón deseaba enormemente ocupar el lugar que
Marco Polo había dejado como relator de historias épicas, pues después de todo sus mismas travesías se
inspiraban por las historias de su predecesor (p. 13).

Por otra parte, lo Divino es ante todo el prisma del cual Colón interpreta lo Natural y lo Humano. Él no va al
encuentro de lo desconocido, sino al encuentro de sus preconcepciones. Observa a través de sus creencias, e
interpreta sólo en función de ellas. Así, descubre el paraíso terrenal y rectifica la "falsa" idea que se tenía de las
sirenas como seres hermosos. Por eso se convierte en hábil intérprete de los signos de la naturaleza: conoce a los
astros y adivina con certeza la cercanía de tierra firme o del oro, y así, a pesar de las barreras del lenguaje, dice
entender a los nativos del Nuevo Mundo. En realidad, sin embargo, lo único que Colón entendía era lo que ya
había en sus fundamentos religiosos y lo que había leído en las historias de Marco Polo. Por eso, cuando los
signos de lo Natural o de lo Humano chocaban con sus preconcepciones, optaba por creer en las segundas,
argumentando que los primeros estaban equivocados: esto lo conduce, por ejemplo, a afirmar que había
entendido perfectamente, de voz de los nativos, que Cuba era una tierra vasta en riquezas, aunque después
asegura que los nativos se equivocan cuando afirman que Cuba es una isla. Estas preconcepciones determinan
que Colón percibiera al Otro de una manera altamente etnocéntrica: el indígena es simplemente diferente,
homogéneo y carente de atributos culturales. Todo lo que el explorador destaca como característico de los
nativos se reduce al color de su piel y a su estatura, diferentes a las del europeo, pero semejantes entre ellos;
para Colón, todos tienen la misma estatura, la misma desnudez, y todos andan pintados igual (p. 36). Más aún,
ninguno tiene lengua, ley, ni religión. De esta manera, afirma Todorov, Colón descubrió América, pero no a los
americanos. Su percepción etnocéntrica del Otro, proveniente de la convicción de superioridad que el europeo
tenía, aniquiló toda intención de conocimiento etnográfico real del Otro (aunque no de su invención), y sentó las
bases para la justificación del esclavismo y de la asimilación de los indígenas. Para Colón los nativos no eran más
que parte del paisaje natural del Nuevo Mundo, seres raros tales como pájaros, plantas, animales diversos que no
tienen derechos ni voluntad, y que constituyen especímenes dignos de cualquier colección para ser mostrada en
Europa. De estos nativos no hay nada que aprender, ni su lengua, ni sus costumbres, mucho menos las diferencias
que (además, imperceptibles) tienen entre sí.
Así, para Colón no hacía falta conocer a los indígenas; era suficiente con inventarlos desde la perspectiva de sus
preconcepciones religiosas o novelísticas, como nobles salvajes, como los mejores seres en el mundo, o como los
más crueles, hostiles y cobardes, cuya esclavitud se justificaba por sus criminales prácticas caníbales. Por eso
había que transformarlos, que asimilarlos. De hecho, como para Colón lo diferente era sinónimo de ausencia, en
el Nuevo Mundo no existía nada, sino que todo estaba por fundar: nuevos nombres, nuevas creencias religiosas,
nuevas costumbres. Y ésa es precisamente la misión que Colón descubre para sí: la asimilación de los indígenas
(después de todo, el intercambio de oro por religión era justo desde su perspectiva) y la edificación del Otro
sobre los cimientos de sus preconcepciones.

La mirada del otro y hacia el otro

Tratar de entender cómo viven y cómo piensan otras sociedades, buscando más de una explicación, más de una
interpretación, puede ayudar a comprender a los distintos grupos de personas que conforman lo que
denominamos “humanidad”. Aunque se hable en general, aunque se sepa que el hombre es biológicamente el
mismo aunque tenga piel de distinto color, distinta altura, distinto peso, distinto pelo, que sufre, siente y ama,
tiene distintas
claves para interpretar el mundo y para aproximarse al mundo y a los otros seres. Lo hace siempre desde su
propia cultura. No podemos decir que las costumbres diferentes a las nuestras estén bien o mal; no se trata de
juzgar. Por ahora nos tenemos que formar para abrir los ojos, tener alertas los oídos, agudizar el sentido crítico y
tener siempre presente el respeto y la tolerancia hacia los demás. Para ellos es necesario reflexionar acerca de la
cultura y la comunicación en nuestra vida cotidiana, en nuestras prácticas educativas.

El mundo globalizado nos enfrenta hoy con miradas que hace unos quince años eran mucho menos cotidianas
para nosotros: podemos enterarnos de cómo se vive en un pueblo del otro lado del mundo sin salir de casa. Esto
añade un grado de complejidad a los estudios culturales y comunicacionales que hace un par de décadas eran
absolutamente impensables. Ya no se trata de estudiar tribus o sociedades diferentes y reflexionar sobre ellas. A
través de las nuevas tecnologías y los medios sociales (social media), el otro está aquí, en casa, con su visión del
mundo y sus costumbres. Y además, nosotros somos otros para ellos. Además, esto tiene su correlato en el
mundo físico: el flujo de las corrientes migratorias en los últimos años, por todos lados, nos acerca a ese mundo
que retrató tan precisamente la película Blade Runner, un relato sobre un futuro multirracial, en el que conviven
seres humanos de todos los orígenes, mezclando costumbres de distintas culturas. Y no tanto por la decadencia
de esa Tierra olvidada, sino por la mezcla de sus habitantes. El mundo es plural, aunque a muchos no les guste. Y
una mirada amplia, flexible, respetuosa –lo que no significa estar de acuerdo completamente con todo lo
diferente– es lo que hace falta para comprender el entorno en el que vivimos.
Sabemos que existe una mirada hegemónica que impera en una sociedad y en un tiempo histórico determinado,
¿pero cómo se impone y –lo que es más importante– cómo se legitima? Las personas no son tontas ni sumisas,
con lo cual está claro que existen mecanismos que llevan a que esas ideas se acepten –o al menos se toleren– por
parte de la mayoría de los miembros de esa cultura. Una de las formas más antiguas (y eficaces) de hacerlo es a
través del etnocentrismo. Es un buen ejemplo para entender cómo funcionan las estrategias para legitimar
cierta mirada sobre el mundo, ya que este tipo de mecanismos pueden aplicarse de distintas formas, en
diferentes sociedades y en diversos períodos históricos.

ACTIVIDADES PARA REFLEXIONAR SOBRE ESTE PRIMER EJE.

1. Pensar al otro. ¿Qué plantea el texto sobre ese otro, como se lo describe, porque hay que someterlo?
2. ¿Crees que existen hoy en la actualidad, miradas parecidas?

Adjuntamos a continuación un texto de Rodolfo Kush, un antropólogo argentino, en con su texto Introducción
a América, del libro América Profunda.

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